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viernes, 13 de octubre de 2017

DRÁCULA PADRE E HIJO

Eduard Molinaro, reputado director clásico gabacho, que gozó de fama internacional gracias a su película “Vicios pequeños”, realiza una parodia del cine vampírico –y gótico- como ya lo hiciera Roman Polanski en “El baile de los Vampiros”, adaptando la novela “Paris Vampire” de Claude Klotz, y para ello, no se le ocurre otra cosa que contratar a Christopher Lee para que haga, por enésima vez, del Conde Drácula, aunque poco tiene que ver el carácter de esta versión con el que ya interpretó previamente con los films de “Hammer”, o con el de Jess Franco. Claro, que Lee tenía la fea costumbre de no rechazar papeles, pero como tendría que estar hasta los cojones de  hacer de Drácula, que tras esta película ya nunca volvió a interpretarlo. Por otro lado, el hacer una comedia de Molinaro en aquél 1976, era una señal de prestigio, y quizás por eso no lo rechazó.
La película es de lo más tonta; El Cónde Drácula logra enamorar a una joven  que le servirá para engendrar un hijo muy deseado. Poco después ella muere, y el hijo de Drácula, Ferdinando, resulta ser un jovencito un tanto trasto. Llegan hasta nuestros días, y huyendo del bolcheviquismo, Drácula y su hijo acaban escapando, separando sus destinos durante el viaje, a París. Allí Drácula se desenvolverá a sus anchas en el mundo del cine, y chupando la sangre de bellas jovencitas, mientras que Ferdinando no se adapta a su condición de Vampiro, queriendo convertirse en humano a toda costa. La cosa se complicará cuando ambos se enamoran de la misma mujer.
La comedia Francesa es característica por ser más serena, menos desmadrada que otras muestras Europeas y aunque queda claro desde el principio que “Drácula, padre e hijo” es una comedia paródica sin mayores pretensiones, el cómo se va desarrollando la acción hace que por momentos no parezca una comedia, si bien es cierto que el comportamiento del conde Drácula es el de un padre abnegado que lucha para que su hijo sea como ha de ser un vampiro, y le sale rana, es tan propio de la comedia, que casi da pena que esta no haya salido un pelín más alocada. Vamos, que es de ritmo agradable, está bien filmada, pero no esbozamos ni una sola sonrisita mientras la vemos, a pesar de que los gags son numerosos, muchos de ellos, filosóficos o de contenido político. Muy a la Francesa.
Al final, lo más interesante es poder ver  a Christopher Lee haciendo de Drácula en una comedia, sin más. Por ver la gracieta. Aunque tampoco sería la primera parodia en la que Lee hace de vampiro, sin ir más lejos, hizo el caricáto en los años 50 en “Agárrame ese Vampiro”, italianada del director Steno, antes de convertirse en un director habitual de las películas de Bud Spencer.
Pasable, sin más.

sábado, 30 de mayo de 2026

SANGRE PARA DRÁCULA

Y seguimos con el rey de los vampiros, matando dos plumíferos de un tiro porque, así, cumplimos con la cuenta pendiente de reseñar al film que, en doble sesión, acompaña/ba a aquel simpático y bizarro hito que fue "Carne para Frankenstein". "Sangre para Drácula" la parieron básicamente los mismos, pero el resultado es algo distinto. Justo, hace unas semanas leí en las páginas de "Fangoria" una entrevista de por ahí los dosmiles con el director de ambas, Paul Morrissey. Comentaba que con la reseñada ahora pretendía algo un poco más serio. Contenido. Menos demencial. Y, efectivamente, el mejor y más cómodo modo de definirla sería diciendo aquello de: "Coge "Carne para Frankenstein" y despréndela de todos sus excesos, especialmente los sanguinolentos, pero también los delirantes y obtendrás "Sangre para Drácula"". Considerando que la del "Moderno PrometeDo" únicamente funciona y entretiene gracias a esos mismos elementos tan llamativos, lo que quedará será un rollo patatero, tanto como para que los censores británicos no lo incluyeran en la lista de "Video Nasties", lo opuesto a lo ocurrido con su coetánea.
Drácula está en las últimas. Se muere de hambre porque no localiza vírgenes en Rumanía a las que churrupetear la hemoglobina. Su Renfield particular -Anton- le convence para trasladarse a Italia (país co-productor, obvio es) en busca de muchachas de himen intacto. Y proceden. Terminarán instalados en el casoplón de una familia aristócrata al borde la ruina compuesta por padre y madre + sendas hijas jóvenes y... ¿vírgenes? No todas, algunas se lían entre ellas o con el atractivo leñador que tienen empleado. A Drácula le costará dios y ayuda (y alguna indigestión) echarse un trago.
La idea de un Conde decadente se ha visto ya varias veces en el cine, aunque desconozco si este fue el primer caso, una decisión lógica viniendo de creadores tan subversivos como Morrissey y los suyos. Pero funciona. Lo cierto es que el personaje, y sus vivencias, son lo mejor de todo el film, en parte gracias a un grandioso, y muy adecuado, Udo Kier, quien tuvo que someterse a un régimen severo con el fin de quedarse en los huesos. Molan también esos paralelismos con la adicción a la heroína y Drácula sufriendo tremendos tembleques o vomitando la sangre de las víctimas equivocadas, imágenes estas que han devenido medianamente icónicas con respecto a la película y, un poco también, al fantástico de los setenta. PERO, ese temible pero, ahí quedan los méritos de "Sangre para Drácula". Bueno, vale, lo olvidaba, y el desenlace, que es cuando, por fin, recuperamos el gran guiñol truculento de "Carne para Frankenstein", con furia y crueldad. Lástima que la cosa se reduzca a diez minutos, porque lo demás es... pues eso, pura chapa. Diálogos y más diálogos, repetición de ideas (cuando el vampiro seduce y chupa a las hijas golfas para luego descubrir con horror que la ha cagado, son dos escenas básicamente idénticas que se suceden seguidas), una especie de metáfora sobre la guerra de clases, por aquello de aportar su granito intelectual, y poco más de llamativo, gracioso e ingenioso. Por supuesto definir "Sangre para Drácula" como terror es ser muy generoso. Supongo que lo más abundante acá es el drama. Cierto culebrón. Y unas gotitas de comedia. En fin, todo muy de los setenta.
Otros que regresan de "Carne para Frankenstein" son el histriónico "Igor" de aquella (extrañísimo Arno Jürging), aquí como el sirviente de Drácula y sin aparcar ni por un momento su tendencia a la mueca desaforada. En radical contraste está Joe Dallesandro y su guapo rostro inmóvil, soltando las frases que le dicta el guion como quien recita la lista de la compra. Complementan el elenco actoral dos nombres de peso, Vittorio De Sica como padre de familia y nada menos que Roman Polanski interpretando a un pueblerino. La guinda viene por parte las chavalillas, que actúan igualmente con sosería y, aunque un par de ellas se pasan media peli en pelotas y fornicando, gastan unos aspectos bastante anoréxicos capaces de asesinar la libido de un muerto de hambre -sexualmente hablando... bueno, y también en el otro sentido- de mi porte.
Tras la cámara, Andy Warhol poniéndose medallas que no le pertocan y Carlo Rambaldi ocupándose de los efectos especiales. Dada su escasez, supongo que el hombre se aburrió tanto como nosotros.

viernes, 29 de marzo de 2013

THE TOMB OF DRACULA

De primeras, si yo les digo que este “anime” es una adaptación de unos tebeos de “Marvel”, ustedes pueden pensar que se trata de una rareza este “Tomb of Dracula”, pero es que de siempre, a la Marvel le gustó juguetear con los derechos de sus personajes con respecto a los compradores de ojos rasgados.
Prueba de ello, es el extraño “Spider-man” nipón, que haciendo uso de los derechos, los Japoneses destruyeron en forma de tele-serie al más puro estilo Power Rangers. No le respetaron ni la identidad secreta.
Para esta vez, la tarea de adaptar el cómic de Marvel recayó en la factoría “Toei animation”, uno de los máximos exponentes de la animación nipona; suyos son personajes tan archi populares como “Mazinger-Z”, “Los caballeros del zodiaco” o “Sailor Moon”. Uno de esos tratos incomprensibles entre Yankees y Japos.
Sin embargo (y teniendo en cuenta que mientras “Tomb of Drácula” si que es propiedad de la Marvel, “Dracula” no lo es) esta adaptación bastante libre de los cómics creados por Marc Wolfman y Gene Colan es una pequeña obra maestra del cine de animación en general y del anime en particular.
La premisa no es complicada: El Conde Drácula, le levanta la novia humana a Satán haciéndose pasar por el. Se enamoran, y pronto tendrán un hijo, que Satan en venganza le arrebatará (y que más tarde resucitará en forma se súper héroe o algo así…). Cómo venganza también, le convertirá a Drácula en humano, por lo que esté andará por ahí buscando a las mozuelas que él antes convirtió, con el fin de que le peguen un bocaito, y así volver a recuperar sus poderes.
Por otro lado, los descendientes de Jonathan Harker, y de Vang Helsing, intentarán destruirle.
Obviamente, esta película, poco o nada tiene que ver con los cómics, en los que aparecían personajes como “Blade” o incluso “Spider- man”, y convertían a Drácula en un súper villano un tanto atípico. Eso no es óbice para que los Japoneses se saquen de la manga, también, un Drácula muy “Sui Géneris”. De hecho, no deja de llamarme la atención el mero hecho de que Drácula, una vez convertido en humano, lo primero que hace es comerse una hamburguesa… o la moraleja final, que nos aconseja que olvidemos todo lo que sabíamos de Drácula hasta ahora, porque aunque vampiro, en realidad se ha tratado de uno de los grandes hombres de la historia. Cosas de Chinos Japoneses.
En cuanto a la animación, pues la clásica y ochentera de la Toei, es decir, muñecos que apenas se mueven y mucho movimiento de cámara para que eso tenga ritmo. Una chapuza.
Pero la historia, el como está contada, lo sórdido del tono en general, el terror que puede llegar a causar en algunos momentos, y la propuesta en general ( y les recuerdo que no me va la animación) a mí me ha encantado.
Dirigen la cosa Akinori Nagaokay  Minoru Okazaki
En su momento se estrenó en nuestro video clubs con el título de “Drácula”. ¿No se acuerdan de haberla alquilado siendo infantes?

miércoles, 7 de agosto de 2013

EL POBRECITO DRACULIN

Ahora que caigo, hay que ver la cantidad de reseñas sobre Drácula que tenemos en este blog ( y más que no aparecen en el enlace, por una vulgar cuestión de acentos), ya sea en su vertiente más seria, como en la paródica. Para que no se diga, incluiremos una más a la colección. Una de cachondeo.
Y vamos con una película de la que yo he ido detrás durante mucho tiempo, y que después de verla, decido que si no la hubiera visto, me hubiera ahorrado un dolor de cabeza.
Porque es que cuando una película setentera., cómica, de ambiente terrorífico, con un cómico más o menos popular (en su momento lo fue mucho) no ha sido pasada por televisión hasta la saciedad, o como en mi caso, no se ha visto nunca, e incluso, es muy posible que a cualquiera que le preguntes, no sepa de que le estás hablando, es porque esa película ha pasado inadvertida totalmente. Y esto es, digo yo, porque resultó en su momento poco divertida. Joe Rígoli, su protagonista (y director de una de las primeras películas comerciales rodadas en vídeo en nuestro país, “Zocta, solo en latierra se puede ser extraterrestre”), que en la televisión contaba con su target de audiencia, sin embargo en cine, ni tan siquiera parodiando al mismísimo Conde Drácula, lograba un público masivo, y solo congregó en las salas unos 285.000 espectadores (que ya quisieran hoy para sí, cualquiera de las películas españolas que se estrenan), que era bastante poco para lo habitual.
Me refiero a “El pobrecito Draculín”, la más triste de las parodias hispánicas-sobre Drácula-. Mucho mejores “Tiempos duros para Drácula” y sobretodo “El jovencito Drácula”, ambas también de la década de las tetas y los felpudos.
En ella, el hijo del conde Drácula, alias Draculín, tras vivir la leche de tiempo en una discoteca, decide volverse a la mansión familiar en Transilvania, donde se reencontrará con el criado de la familia, Vladimir, y donde se sucederán las tramas de enredo en torno a una serie de señoritas, unos traficantes de diamantes y unos viajeros con un homosexual en sus filas, que por unos motivos u otros, acaban pernoctando en la mansión.
Espantosa.
Porque es que a pesar de la lograda ambientación, de contar en el reparto con nombres como los de Víctor Israel, Josele Román, “Piper”, o Lita Claver “La maña”, la película, no es que no llegue a entretenida… es que no llega ni a graciosa, y por mucho que el tempo de esta sea rápido y todo suceda a velocidad vertiginosa,  nos aburrimos sobremanera. Además, que es que Joe Rigoli, con ese acento argentino medio castellanizado  y esas caras, cae mal. Los chistes, son de mal gusto y malos, que no tengo nada en contra de los chistes de mal gusto, los adoro, pero  decir que “El Conde Drácula, ha muerto porque mordió a una mujer con leucemia”, es una mamarrachada que no hace puta gracia.
Por lo demás, técnicamente correcta, pero nada más.
Dirige Juan Fortuny, de quien lo que más destaco es la escritura del guión, por la parte española, de la película “También los ángelescomen judías”, y que en labores de dirección, se hizo popular gracias a títulos como “Las ratas no duermen de noche” para lucimiento y posterior regodeo de Paul Naschy, o “El rey de la carretera” con Xan Das Bolas.
Su incursión en la comedia paródica no pudo ser más desafortunada, a pesar  de su apellido…
En cuanto a “Dráculadas”, ahora ando detrás de la porno soft con John Leslie y John Holmes, “Drácula Chupa”.

lunes, 14 de noviembre de 2016

DRÁCULA MASCAFIERRO

Víctor Manuel “El Güero” Castro (“La Pulquería”, “JarriPuter”), es un director clásico del cine de “ficheras” Méxicano, una especie de  Mariano Ozores de allí, que hizo del género de “ficheras” –para que lo entiendan, el equivalente a nuestro destape- lo que ningún otro director. Sin embargo, con el auge (que aún perdura) del “Video Home”, su estilo cómico se va mermando, máxime, cuando el mayor presupuesto que tienes para hacer una película es  lo que cuesta una batería nueva para la cámara. Y en esa etapa entra esta “Drácula Mascafierro”.
“Drácula Mascafierro” es, a todas luces, una de las peores películas que he visto en mi vida. En consecuencia, eso es bueno, porque como con cualquier película mala en condiciones, estas todavía tienen la capacidad de sorprenderme. Además desde principio a fín. Porque mientras la veía, y conociendo un poco los “modus operandis” del género, “Drácula Mascafierro” parece una película de los ochenta. Entonces, como estos “Video Homes”, siempre van como una década por detrás, pensé para mí mismo que la película de marras debió ser grabada en los noventa, a juzgar por la textura del vídeo utilizado, como de peli porno de Fracoise Papillón. Pero cuan fue mi sorpresa al ver el rodillo final de créditos al comprobar que está rodada en ¡¡2002!! Y mi sorpresa viene dada porque a esas alturas, solo en un país como México se puede rodar una película para su explotación en vídeo como “Drácula Mascafierro”; un porno soft como los de finales de los setenta, pero con look de los 90, cuyo cutrerío es tan sobresaliente, que no solo este se limita a los saltos de eje o de continuidad, sino que, en un alarde de dejadez total, se llegan a mezclar dos temas musicales en una sola pista, sin hallar  un motivo para desvelar el porqué de la ejecución de ese acto. O el montaje: es el más desastroso e incompetente que he visto jamás. Eso por no hablar de uno de los protagonistas, que mientras rodaba esto debería rodar más cosas, y como al principio tiene bigote, y luego deja de tenerlo por exigencias de cualquier otro guión, para justificar su ausencia posterior, graban una escena en la que le vemos afeitandose el bigote y diciendo que “Está del bigotito hasta la chingada”.
Pero lo mejor de todo es que, además del look de peli porno, la película tiene estructura de peli porno, solo que no llegan a follar. Amén de contener las señoras rollizas menos apetecibles de la historia del cine erótico (o debería decir “la Señora”, porque siempre sale la misma tipa, que las otras que aparecen lo hacen de pasada). Así pues, tenemos ahí a unos señores que dicen ordinarieces, y después un numerito erótico muy rancio y poco sugerente, un mirón que dice guarrerías mientras espía a la parejita de turno, más señores diciendo ordinarieces, otro numerito erótico… y así durante la hora y cuarto que dura la película, amén de las escenas de relleno, esto es, si una mujer va a follar en un yate, antes del numerito erótico, graban toda la travesía que debe durar como cinco o seis minutos. Y así.
No hay historia, pero para justificar el título de la película, han de meter un Drácula, así que entre chiste obsceno y chiste obsceno, dejan claro al espectador que Roberto “El Flaco Guzmán”, la estrella,  es Drácula, que está  vivo en la actualidad, que tiene 2000 años, y que ya no se le pone dura. Y así tenemos justificado todo el coqueteo que tiene esta cinta con el género fantástico. Por lo demás, la producción es tan frugal, que cuando Drácula va a morder a alguna de las chicas (siempre a la misma) no se molestan ni en ponerle colmillos. Vamos, que muerde así, con los dientes al natural.
El desarrollo de la misma película me hace intuir a mí la siguiente cuestión; quizás esta película esté fraguada desde alguna productora porno. Porque si bien la estructura, como ya he dicho, es similar a cualquier muestra del género, hay un par de detallitos que lo delatan. Por un lado, uno de los actores, lleva una camiseta en la que pone “Golden Vídeo XXX”, lo que significa que algo de ello hay. Por otro lado, en una de las habitaciones donde graban, aparecen pósters de películas porno. Vuelven a justificarse preguntando los actores si eso es una casa o un burdel, en referencia a los pósters. Yo creo que blanco y en botella, lo que me lleva a pensar otra cuestión… ¿No será esta la versión cortada de una peli porno del montón? Para que me entiendan, una peli porno a la que le han amputado el porno, como pasaba con el “GoreX” de Ángel Mora, en su versión light.
En cualquier caso, no hay información en Internet que corrobore esta teoría.
Como fuere, de lo mala, mala, malísima que es, y con esos diálogos tan soeces que se gasta, lo cierto es que me la tragué del tirón, sin pestañear, y riéndome mucho… porque efectivamente, tenemos ante nuestras narices una genuina “Mala pero divertida”, independientemente de si nació, o no, como película porno. Muy divertida. Para ver con los amigotes, funciona.

sábado, 3 de diciembre de 2016

CONDESA DRÁCULA

El propietario de un museo de cera instalado en Los Ángeles organiza una expo sobre Drácula, y lo hace a lo grande, agenciándose objetos importados desde Transilvania y que, se supone, fueron genuina propiedad del rey de los vampiros. Ese día recibe una caja de más, una bastante grande. ¿Y que contiene?, fácil: a la viuda de Drácula. Vanessa. Una chupasangre con mucha mala hostia que se encoñará de él y recorrerá las calles en busca de alimento. La novia de aquel y un detective que parece salido de una novela negra unirán fuerzas para detener al monstruo y recuperar al muchacho.
Cuando vi esta peli en su día, editada en vídeo por "Dister", me pareció un rollo macabeo. Pero desde hace un tiempo me hacía tilín revisarla, únicamente por su director, Christopher Coppola, sobrino de Francis Ford y medio hermano de Nicolas. ¿El motivo?, pues que el muchacho fue alumno del legendario George Kuchar en el San Francisco Art Institute y mantuvieron la amistad hasta el fallecimiento de este. Podemos ver a Christopher en algunos de los video-diarios de Kuchar, en el recomendable documental "It came from Kuchar" y, más curioso si cabe, entrevistando a su ex-profe para las páginas de la revista "Fangoria". Fue ahí cuando Coppola explicó que durante el rodaje de "Condesa Drácula", que si en algo se destaca es en su estilizada utilización de iluminación a base de colores primarios, puso en práctica algunos de los trucos caseros aprendidos bajo tutela Kuchariana ante los horrorizados ojos del resto del equipo técnico. El mismo George Kuchar comenta en la entrevista que le gusta "Condesa Drácula" por su aspecto de comic y por su "extraño look". Entonces Coppola añade: "El problema fue que a la gente no le pareció terrorífica".
Tal declaración nos pone a huevo el que, justamente, es el problema de la peli reseñada. No es ya que no dé miedo, es que resulta altamente sosa. Sí, muy estilizada. Molan los colorines y tal. Pero a veces lo es tanto que te da la sensación de que estás viendo algo estéril, un anuncio de colonia. Lo compensan leves arrebatos de gore "old school", efectos visuales zopencos (ese terrible croma con el murciélago volador) e ideas puntuales que funcionan, destacando la secuencia de la misa negra (el obligado momento "tetil" de la función, a falta de que la prota se quite la ropa, y no será porque no tuviese experiencia previa tal y como luego veremos) con la masacre de satanistas, y ese Helsing senil y exaltado tan gracioso, especialmente cuando entra en la morgue y comienza a clavar estacas a los cadáveres. Son destellos que no arreglan la peli en su totalidad, pero que la hacen un poco más soportable. Logramos llegar al final sin volvernos locos de aburrimiento, pero también sin la sensación de haberlo pasado demasiado bien. "Condesa Drácula" se queda en un "pasable, por los pelos".
En el apartado de curiosidades, podemos citar ese plano en el que nos muestran descaradamente una placa a nombre de Francis Ford Coppola en el asfalto del famoso paseo de la fama o el pequeño papel como policía que se marca George Stover, el mítico astro de la serie Z, musa eventual de John Waters y mano derecha de Don Dohler.
La protagonista, Doña Drácula, no es otra que Sylvia Kristel, la famosa "Emmanuelle" que entonces vivía el peor momento de su carrera. Imagino que no se sentiría muy feliz caracterizada con una peluca cutre y todo ese maquillaje, tal vez ello explique su interpretación tirando a poco entusiasta. La acompañan otro del clan Coppola, Marc. Josef Sommer, un secundario de esos que salen en mil películas. Y Lenny Von Dohlen, al que hemos visto en algunos productos clásicos de los ochenta como "Sueños Eléctricos".
En cuanto al amigo Christopher Coppola, pues seguidamente rodó su título más respetado (y con protagonismo de Nicolas Cage), "El riesgo del vértigo", para volver un poco a cierta oscuridad pariendo mucho cine de género segundón y algunos productos televisivos. Entre sus últimas obras tenemos una "comedia de horror" que no he visto pero tiene pinta de ser curiosa, "The creature of the Sunny Side Up trailer park". Su más reciente aportación es del 2015 y se titula "Sacred Blood".

lunes, 28 de abril de 2008

DRACULA.3000

Alguien decidió llevar a "Leprechaun" al espacio, y la jugada resultó buena. "Leprechaun 4" fue una de las entregas mas divertidas de la saga.
Mas tarde, al de "Crystal Lake" lo criogenizaron para descongelarlo a bordo de una nave espacial en "Jason X", una de las secuelas mas estimulantes de "Viernes 13".
Pues ya que se llevaron al espacio a esos monstruos modernos, alguien debió pensar : ¿Por qué no también a los monstruos clásicos? Así que, en esta secuela bastarda de los "Drácula 2001" y "Drácula II", nuestro Conde favorito se va a tomar por culo, al año 3000 concretamente, en una comedia espacial muy pobretona en cuanto a sangre, de argumento triste y simplón, pero, ojo, tremendamente divertida y entretenida.
Resulta que un Van Helsing del futuro (descendente directo del original) es el capitán de una nave de reconocimiento que tiene como fin explorar otras naves abandonadas que vagan por la galaxia. En una de estas se topan con una proveniente del planeta Transilvania (¡ja, ja, ja, ja!) 
llena de ataúdes y, como es de suponer, en uno de estos está el Conde Orlock, también conocido como Drácula, al que despiertan por error (uno de los tripulantes se corta la mano al intentar abrir el ataúd, derramando su sangre en las cenizas del vampiro) y, claro, este está aquí para limpiar el nombre de todos aquellos chupasangres que se dejaron matar por un Van Helsing.
Es una de las películas más ocurrentes y graciosas que he visto últimamente.
Llena de rostros conocidos, Casper Van Dien interpreta a Van Helsing (¿lo del “Van” es casualidad?) que, lejos de salvar el cotarro matando a Drácula, es mordido por él y convertido en vampiro a mitad de película (¡como me gustó eso!). El resto de la tripulación es la hostia de graciosa también. Tenemos a Coolio interpretando a un gangzta del futuro, que mordido y convertido, antes de atacar a sus victimas suelta chistes sobre el tamaño de su polla y eyacular en las tetas de la muy tetuda Erika Eleniak, quien interpreta a una robot a la que Drácula muerde antes de confesarle lo mucho que le gustan sus tetas, “tan blandas, pero a la vez tan firmes”, dice el Conde mientras se las manosea. Claro que pronto pierde el interés por ella, porque lo que el rey de los vampiros necesita es sangre, y los robots no la tienen, así que… (otra vez, no puedo evitarlo ¡ja, ja, ja, ja, ja!).
Luego está por ahí Tiny Lister Jr. como un negro garrulo y machista que al final se folla a la guapa de la película (el robot) y al inevitable Udo Kier apareciendo en una especie de vídeo diario en el que cuenta los horrores de Drácula.
No se dejen engañar, el vampiro cibernético que aparece en el cartel no sale en toda la película. Aquí Drácula gasta el aspecto clásico de Bela Lugosi, con su capa y todos sus rollos, interpretado por un garrulo con pinta de boxeador. Lo cual es mas gracioso todavía.
Un divertimento tonto, cutre, insustancial, pero con el que te partes el culo de risa. Esta sí que es recomendable.

lunes, 14 de agosto de 2023

DRÁCULA CHUPA...

Sobrevalorada película porno, y enésima parodia en el género sobre el mito de Drácula,  que tiene más nombre que gracia y es infinitamente peor que otros pornos con el vampirismo de por medio, como pueda ser “Sex and the single Vampire”, por ejemplo, que esa es un poco (poco) más divertida.
Lo más curioso de todo es que, no estando excesivamente mal ambientada, se estrenó en medio mundo en su versión amputada de sexo explícito porque por lo visto, cuando los protagonistas no estaban follando, estaban protagonizando unas divertidas secuencias de comedia. De este modo llegó a nuestros cines en 1981 en versión clasificada “S” de la mano de José Frade, ya que hasta 1983 el porno duro no fue legal en España. Y la película obtuvo cierta relevancia con casi 300.000 espectadores en salas de nicho pajero. La versión española es una cosa muy extraña, con cortes abruptos cuando los protagonistas se ponen a follar, en un metraje en el que es difícil enterarse de algo, pero que resulta hilarante porque está doblada al castellano como una película estándar, esto es, con voces habituales del cine mainstream, y eso tiene cierta gracia, el resto de la película, no. No en balde, el guion se iba escribiendo —y reescribiendo— sobre la marcha, recibiendo los actores folios con el texto redactado a mano minutos antes de rodar.
La versión completa y yankie es una película porno al uso, con folladas setenteras que pueden poner cachondo al espectador o no, y con exceso de masturbación por parte del cast masculino; se pajean demasiado para ser un film de corte heterosexual.
Bajo el título internacional de “Drácula Sucks”, posteriormente en algunos territorios se estrenó con el de “Lust at first bite”, parodiando el éxito “Amor al primer mordisco” (“Love at first bite”) rodada un año después de esta.
Por otro lado, la película está cuajada de estrellas del porno de los años 70; John Holmes y la bestia que tenía por falo, John Leslie, Seka, Annete Haven y Jaime Gillis que da vida a un pajillero y barbudo Drácula con el pelo a la permanente.
La película cuenta los avatares del Conde Drácula cuando decide irse a vivir a un manicomio en el que los internos están teniendo extraños comportamientos. Aparecen con mordeduras en el cuello o en el cipote. Por supuesto Van Helsing irá para allá a ver que demonios pasa. Todo una vulgar excusa para dar paso a las escenas de sexo.
Más interesante resulta el director, Philip Marshak, que compaginó el porno con algún escarceo dentro del cine convencional, siendo responsable de la película “Pesadilla interminable” y, por ende, del segmento de la misma incluido en ese maravilloso y loco puzzle que es “Noche en el tren del terror”. A mediados de los 80 el señor Marshak deja la dirección, siendo “Drácula chupa...” su film más popular.

sábado, 23 de mayo de 2026

DRÁCULA 73

A principios de los setenta, "Hammer Films" veía como el pote de habichuelas se vaciaba a velocidad alarmante. Su formula, infalible durante muchos años, ya no funcionaba igual. Tocaba renovarse o morir. Así pues, la adaptaron a los "tiempos corrientes" con el fin de atraer nuevas generaciones. ¿Y en qué consistían estas? pues jovenzuelos surgidos del "Swinging London" en su versión más mediatizada, establecida, asumida y reducida a un puñado de estereotipos. Así las cosas, y tirando un poco de los todavía recientes crímenes del Clan Manson, se inventan la mandanga de que un acólito de Drácula -de nombre "Johnny Alucard", ¡cof cof!-, situado en plenos años setenta, convence a un grupo de irritantes, estridentes, ridículos, insolentes y "enrollados" mozalbetes "greñudos", ataviados con chillones ropajes y aficionados al rock, para practicar una misa negra, por aquello de invocar al demonio. Aunque en realidad la cosa va de despertar al vampiro bañando sus cenizas con sangre. Y así proceden. Superado el susto inicial, Drácula comenzará a exigir muchachas con las que ponerse hasta el culo... aunque siente predilección por una descendiente de la casta de los Van Helsing y, de hecho, su abuelo se parece mucho a como era aquel en épocas victorianas, además de practicar idénticos hobbies. Así, cuando el chupasangre logre atrapar a la muchacha (que sí, que muy rebelde, moderna y tal pero, como ella misma le cuenta al abue, en realidad todavía es virgen y no ha probado la droga... vamos, una poseur) el Van Helsing de los setenta se pondrá manos a la obra -con una leve ayuda de "Scotland Yard"- para acabar con la criatura del averno.
Y bueno, "Drácula 73" (que en v.o. responde al título de "Dracula A.D. 1972". Sí, tardó un año en estrenarse por acá) arranca bastante bien y mantiene el interés hasta la escena de la misa negra, tal vez porque es donde más se estira el chicle del contraste generacional / cultural, lo que resulta novedoso e hilarante (me encantaría ver qué hubiesen hecho con un improbable "Drácula 77"). Sin embargo, una vez el vampiro se eleva y comienza a matar, nos metemos de lleno en lo de siempre, todo muy rutinario, sin sorpresas y un pelo aburrido. Vamos, que más allá del asunto del "moderneo", el guionista, Don Houghton, tampoco se exprimió las meninges. A pesar de ello, pues te comes la película enterita, sin más. Funcional y olvidable entretenimiento. Tal vez contribuyan las siempre agradecidas y estimulantes presencias de Christopher Lee (aunque sale poco, aparece el primero en los créditos) y el gran Peter Cushing. Les acompañan una novatilla Caroline Munro como moza descocada y, por supuesto, la descendiente de Van Helsing (Stephanie Beacham, quien anduvo por algunas películas de Pete Walker y en "Inseminoid"), que está como un quesito y se pasa media peli bamboleando unas peras tremendas casi manoseadas accidentalmente por Cushing en más de una ocasión. No pongo comillas en accidentalmente porque sabemos sin atisbo de duda que el actor era todo un gentleman (muy al contrario, Marlon Brando sí magreó a la actriz en "Los últimos juegos prohibidos"  según san Michael Winner) 
Pocos gallifantes para el director de carrera básicamente invisible, Alan Gibson, quien reincidiría en la materia con una especie de secuela titulada "Los ritos satánicos de Drácula", donde esta vez apostaba por otros géneros o subgéneros de moda entonces. Pero nada, los intentos de modernizarse de "Hammer Films" no dieron los frutos deseados y terminaron chapando... al menos hasta mediados de los 2000, pero esa es otra historia.

lunes, 31 de octubre de 2022

KILLER BARBYS VS. DRÁCULA

Perteneciente a la etapa que más me gusta de Jess Franco —la última, la de vídeo— “Killer Barbys Vs. Drácula” sería uno de los títulos que mejor captan en lo que se convertiría el director una vez llegados al nuevo milenio y, al mismo tiempo, la película que mejor condensa todos los vicios y virtudes de Jesús Franco. Si hubiera que proyectar a algún neófito una de sus películas en vídeo y mostrar su decadencia, “Killer Barbys Vs. Drácula” sería ideal para que comprendiera esta etapa del director que dista de las anteriores porque ahora tiene carta blanca para experimentar más y, si me apuran, incluso para ser más chapuzas. Con el vídeo todo son ventajas.
Como fuere, aquí tenemos una segunda incursión de The Killer Barbies en el universo franquiano en el que tanto Silvia Supestar como sus músicos no son más que un mero adorno. Están como podían muy bien no estar y la película seguiría siendo la misma. Además que no tiene mucho sentido porque si la anterior película, “Killer Barbys”, aparece en un momento en el que, por moda (los temibles 90), se reivindicaba el cine chungo porque la gente de "Subterfuge Records" quería ir de enrollada y colgarse una medallita recuperando a Jesús Franco, para 2002, año en el que se rodó esta secuela, el posible interés que podían suscitar tanto de The Killer Barbies como Jess Franco era 
ya residual.
La cosa, sin un argumento lineal o coherente, ya que la película entera es un ir y venir de personajes al más puro estilo vodevilesco —pero sin demasiado vodevil— cuenta la historia de The Killer Barbies que ¿actúan? ¿ensayan? en las instalaciones del Tivoli World, un mítico parque de atracciones malagueño (ya cerrado). En ese mismo parque se encuentra un individuo que dice ser Drácula, siendo desacreditado cuando de repente se persona la directora de turismo de Transilvania con un ataúd que contiene la momia —muy bien conservada— del verdadero Drácula. Basta que The Killer Barbies se pongan a tocar para que, gracias a su ritmo, el vampiro despierte de su letargo y vaya mordisqueando a todo bicho viviente con el que se topa, sin que la luz natural sea un impedimento en su devenir, reflejándose los rayos de sol en la sudorosa calva de Enrique Sarasola, actor que da vida a Drácula con mucho ímpetu. Luego, distintas y demenciales subtramas se abren, sin que ninguna llegue a su desenlace. Aunque importa tres pitos que lleguen o no…
El caso es que no tenía yo a esta película entre mis favoritas del director, huelga decir que es infame, malísima, sin embargo es tan tonta, descerebrada y loca, que tras un reciente visionado, y habiendo visto auténticos bodrios insufribles dentro de la época vídeo de Franco, lo cierto es que con esta te ríes y, si me apuran, puedo llegar a decir que está entre las tres o cuatro más entretenidas. Ojo, no digo entre las tres o cuatro mejores, sino más graciosas.
Para esta majadería de Franco, entran en co-producción hispano-germana, Jacinto Santos y Carster Frank, habitual actor de Marian Dora, cabeza visible del cine extremo alemán y perpetrador de salvajadas varias con esa troupe, que aquí no solo pone sus dineros e infraestructura al servicio de Jess, sino que nos regala un papel secundario de corte cómico dándole la réplica a Dan Van Hussen, mítica figura de los espagueti western que interpreta a una suerte de Van Helsing ciego que resulta ser lo más divertido del sarao. Más divertido aún en la versión doblada al castellano de la misma, ya que, supongo que por capricho, le dobla el propio Jess Franco con su soniquete inconfundible y, claro, si a eso le añadimos el hecho de que todo el doblaje es una cutrez de narices, no pega, por lo que es difícil que el espectador al reconocerlo no suelte aunque sea una carcajada.
Del mismo modo “Killer Barbys Vs. Drácula” supondría el último papel en un largo para Aldo Sambrell, igual de mítico que Van Hussen y por los mismos motivos, interpretando al gerente del parque de atracciones que está enamorado de Silvia Superstar, esta no le corresponde y, en consecuencia, le llama puta. Sambrell además canturrea canciones de pirata en el mismo escenario del que no se bajan The Killer Barbies, con un coro de señoritas que se parten el ojete ante las cancioncillas que entona. Todo muy gratuito y sin venir a cuento.
El resto del nutridísimo reparto lo componen rostros habituales en la filmografía del tío Jess como puedan ser los de la eterna Lina Romay, Katja Bienert, Fata Morgana, Carmen Montes o José Roberto Vila que además fue contratado en calidad de guionista. Vila entregó un guion de aproximadamente 40 páginas en el que se contaba una historia de corte pop al estilo de las películas que Richard Lester hizo para "The Beatles". Pero una vez comenzado el rodaje, Jess y Lina lo abordaron como les pareció bien, improvisando situaciones sobre la marcha y no respetando en absoluto el guion por el que Vila fue contratado. Por eso en los créditos aparecen tanto Vila como Jess y Lina.
Por si eso fuera poco, se cuenta por ahí que la película se pergeñó con un dinero del productor Jacinto Santos que se sumaría al resto que pondría la producción alemana. En realidad Santos no llegaría a gastarse un duro en la misma porque, con el montante y material técnico de los alemanes, Franco rodaría esta película y todavía le sobraría para sacarse de la manga dos más, “Flores de perversión” y “Flores de la pasión”, por lo que el negocio, en el caso de que lo hubiera habido como antaño, salió redondo. Sin embargo, la película es tan caótica y poco profesional, que tras un pase en la Semana de Donosti en el que el público no tuvo piedad con ella hasta tal punto que Jess Franco salió del cine mosqueado, no llegó a estrenarse en cine en nuestro país, apareciendo en DVD años después a través de "Vella Visión", tras ser rechazada por "Manga Films" que, al escuchar el desastroso audio de la cinta, decidió cancelar su lanzamiento.
Y sin más. Un puro descerebre que, quizás, ha mejorado, contra todos los pronósticos, con el paso del tiempo. Es mala a rabiar… pero te ríes un rato.

viernes, 9 de septiembre de 2016

DRÁCULA, EL RENACER

Roger Corman, que independientemente de los presupuestos que manejara se ha ganado el estatus de clásico por derecho propio, es un individuo que ya sea como director o como productor, está ya por encima de lo que es el mismo cine. Por eso se le excusan producciones como las que acometió en los 90, en compañías como “New Horizons”. Aquellas películas también estaban por encima del mismo cine, de puro insulsas, de pura morralla infumable de los 90, de hacer que los telefilms parezcan menos telefilms que estas pequeñas producciones de Serie B.
Como la que nos ocupa, “Drácula, El Renacer” de 1993. Parece una T.V. Movie del canal “Play Boy”pero sin tetas.
Cuenta la historia de una jamona de tirabuzoneados cabellos rubios que se va a trabajar de restauradora a Transilvania. El caso es que anda por allí un tal Vlad que se la quiere ventilar, pero que cuanto mayor es la ocasión para hacerlo, mas se va a alejando de ella el hombre… Luego hay otro maromo por ahí metiendo baza entre la jamona y Vlad… vamos ¡que lo que vemos es un culebrón sudaca entre Drácula y la restauradora!
Es tan absurda esa trama, como su propia existencia. Como es absurdo el que se la venda como una nueva versión de Drácula. Lo que si es, una buena muestra de cómo la ratilla Corman sacaba partido a cosas que rodaba con tres pesetas en sets de rodaje reaprovechados. Porque claro, esto es una ponzoña insoportable… pero es un “Drácula” y eso siempre vende.
Muy mala, muy rollo.
La editó Universal en VHS en los 90 en nuestro país, en una época nefasta para el cine fantástico en particular.
Dirige Fred Gallo, discípulo de Corman que facturó ponzoñas como “Terminator Man” y que siguió los pasos de su maestro hasta ponerse a producir morralla de la cual vive a día de hoy.
Meramente testimonial.

lunes, 30 de abril de 2012

TIEMPOS DUROS PARA DRÁCULA

Esta película, es una autentica rareza y me parece que la voy a tener que ver una vez mas, para saber si realmente me ha gustado o no. Y es que es una película rara de narices.
Protagonizada por José Lifante, excelente actor secundario por todos reconocido, en uno de los pocos papeles protagonistas que ha interpretado, y dirigida por Jorge Darnell, nos encontramos ante una comedia, que tomando como referente el éxito de EL JOVENCITO FRANKENSTEIN (y como ya pasaba en EL JOVENCITO DRÁCULA) y aprovechando el evidente parecido físico de José Lifante con Christopher Lee, además se marca una planificación entre lo contemplativo y lo artie de agarraté y no te meneés. No se si me ha encantado o la detesto profundamente (muy pocas películas logran dejarte en ese estado). La película empieza con un Conde Drácula moroso y venido a menos, que cuenta a un psiquiatra los motivos de su depresión. Para subsistir, hace visitas turísticas guiadas a su castillo, pero como debe pasta y le han cortado la luz, tiene que hacer todo tipo de despreciables trabajos. Bien, pues el comienzo es una comedia muy sosa con gags muy desfasaditos, en lo que único que merece la pena es la presencia de Lifante. Un puñetero Drácula, medio calvo, al que la luz del sol no le hace absolutamente nada. A parte es una película muy aburrida y pesada, además si su intención es la de hacernos reír, no lo consigue, porque los gags son de vergüenza ajena. Pero avanza la película y vemos que hay un par de momentos de atmósfera muy conseguidos, que el director de la película coloca la cámara en unos lugares superextraños, y de tal manera, que logra a veces imágenes fascinantes (el plano de José Lifante en el diván descalzo, y la cámara colocada de tal forma que sus pies parecen gigantes, me parece cojonudo). Luego a mitad de película, Drácula tiene una serie de pesadillas, rodadas de forma magistral, muy al estilo del Kubrick de LA NARANJA MECANICA, aunque todo muy artie…
La película avanza más aun, y lo que empezó siendo una comedieta ligera, acaba convirtiéndose en un extraño revoltijo de imágenes oscuras, sin sentido, raras, inquietantes, fenomenalmente acompañadas por la música, para luego volver a la comedieta del principio. Un lío, vaya.
En definitíva, una peli muy extraña, casi enfermiza, decadente y sucia…
Yo creo que si, que me ha gustado un montón. Es que (repito) es muy rara.
Además, que hasta hace poco yo no supiera ni siquiera de su existencia, la hace aun mas atractiva para mi. Véanla… si tienen vergüenza y cojones.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

DRÁCULA 3D DE DARIO ARGENTO

Fui a ver "El fantasma de la ópera" de Dario Argento en su pase por el Festival de Sitges del respectivo año. En plena proyección, y a pesar del supuesto tono trágico de la peli, el público comenzó a descojonarse ante lo ridículo de todo ello. Yo, que había crecido siendo fan del italiano, adorando "Tenebre", "Suspiria" o "Phenomena", no podía creer semejante falta de respeto. Sin embargo, a medida que el film avanzaba, tuve que rendirme a la evidencia: Sí, aquel "Fantasma de la ópera" era patético y risible... así que yo también me subí al carro del cachondeo reinante. Fue la primera señal de que Dario Argento estaba perdiendo su "touch". Y de ahí en adelante, todo fue cuesta abajo. Que sí, que aún tuvo tiempo de producir alguna cosa potable, como "Insomnio", su aportación a la serie "Masters of Horror" e incluso la incomprensiblemente denostada "Giallo", pero en general estaba claro que los mejores tiempos de Argento habían llegado a su fin. El día que se anunció que iba a dirigir una nueva adaptación del clásico de Bram Stoker, en 3D y producido por Enrique Cerezo, todos comenzamos a temblar. Y con razón.
No teníamos muy claro qué iba a pasar con tan absurdo proyecto una vez se terminara. Todos dábamos por sentado su pase por algún festival y, con suerte, una edición exclusiva en DVD, igual que le había pasado a otro de los Argentos recientes y más o menos soportables, "La madre de las lágrimas". Pero cual fue mi sorpresa al enterarme de que se estrenaba el Viernes pasado, y en uno de los cines punteros de Barcelona. Eso sí, dentro de un horario algo restringido ya que únicamente la daban a las 20 horas y en 2D. Si la querías en 3D, tenías que esperar hasta las 22. No tuve la más mínima duda de que quería ir a verla (al pase de las 20 horas... no me interesaba TANTO como para perderme la cena). Era totalmente consciente de que sería algo parecido a un churrasco, sin embargo, lo especial de la ocasión bien merecía el sacrificio, ¿cuando podría volver a ver una peli de Dario Argento en un cine de estreno?, seguramente nunca mais. Era todo tan anacrónico que merecía vivirse. ¿Un film italo-español de terror de presupuesto limitado, dirigido por una vieja gloria del cine fantástico europeo, repleto de un erotismo y una truculencia honestos en los tiempos que corren en los que todo es tan aséptico, tan falsamente estilizado, y en el que las multinacionales y sus productos perfectamente fríos dominan el cotarro?. Vivirlo para creerlo. Además, sin contar lo visto en Sitges, hacía muchos años que no iba al pase de una peli de Argento en un cine normal. Las últimas que recordaba eran "Los ojos del diablo" en funciones de co-director junto a George A. Romero y sus dos "apadrinamientos" para Michele Soavi, "La secta" y "El engendro del diablo".
¿Y que tal la experiencia?, pues "bien". Cuando la he calificado de anacrónica, no iba desencaminado. El "Drácula" de Dario Argento se inicia muy dolorosamente, con un supuesto vuelo rasante por una aldea que es puro CGI de saldo. Podéis tomarlo como un aviso, porque todos los efectos informáticos que seguirán están a la misma altura, la del betún caducado. A su lado, lo que hace Asylum parece el puto "Avatar". Lo que sigue, está bastante mejor. Una escena erótica de esas tan almidonadas y torpes típicas del cineasta, en la que una TREMENDÍSIMA Miriam Giovanelli luce TREMENDÍSIMO palmito (y lo volverá a hacer más adelante). Primera sonrisa, ¡que gusto recuperar esa clase de material!. Pronto nos encontraremos con más efectos de ordenador patéticos (el auténtico talón de aquiles del film, atención al tren que reposa parado en la estación), actores tirando a limitados y una ambientación correcta aunque por los pelos de un calvo. Se nota que el dinero escasea desde los créditos iniciales.
La puesta en escena de Argento es muy teatral, largos planos paridos por una cámara bastante reposada, aspecto este incrementado ante la sensación de "cartón piedra" que gasta todo el pack, desde la iluminación hasta los efectos de sonido. Casi todos ellos suenan como si alguien pisara cáscara de huevo. O mejor, como si "Calamardo" estuviera dando tumbos por el plató durante el rodaje.

Claro, de entrada todo esto choca e invita al descojone. Lo que ocurre es que, una vez asumido, comienzas a meterte en la peli, un poquito, y terminas viéndola tranquilamente hasta que concluye. A ver, que es bastante pesadica, y más teniendo en cuenta que nos sabemos la puta historia de Drácula al dedillo (y dan igual los cambios aportados por Argento y su troupe, en esencia es lo mismo de siempre), pero en fin, que se puede ver como si fuera un telefilm de esos insulsos pero pasables. Ayudan un poco las tetas (las mentadas y las de Asia Argento), la epatante pero ridícula e innecesaria aparición de una mantis religiosa gigante (???????), el gore (no excesivo, pero bien presente), arrebatos nostálgicos (esos hachazos en primerísimo plano que nos recuerdan a "Tenebre"), la simpática y fantasmagórica banda sonora del inevitable Claudio Simonetti y, sobre todo, ese envejecido Rutger Hauer haciendo de un Van Helsing la mar de bruto, que extermina vampiros y lacayos con una rapidez, facilidad y contundencia que asusta. El actor holandés es sin duda lo mejor de este "Drácula" argentiano. 
Otro "clásico" que encontramos en el apartado técnico es Sergio Stivaletti, habitual chico de los efectos especiales que, supongo, se encarga aquí del poco látex que hay (porque si los de CGI son cosa suya, es pa darle de palos). Precisamente en una entrevista reciente, Stivaletti comentaba que el cine de Argento había perdido fuelle porque en realidad el director era ya un señor mayor cansado del terror y que se moría por rodar historias de amor. Bien, su "Drácula" es prueba de ello. El italiano intenta regodearse en todo el apartado romántico propio del libro de Bram Stoker, como hasta hoy han hecho casi todos los directores que lo han adaptado, pero claro, procede con ese sentido de lo romántico tan hortera, ñoño, acartonado y de "karaoke" que ya mostró en su temible "Fantasma de la ópera". Seamos prácticos, Dario Argento siempre fue un realizador eminentemente visual y en su cine los actores y los guiones no eran precisamente de lo mejor que uno podía encontrar. Claro, si le quitas los delirios estéticos, los colores chillones, la cámara circense y etc, ¿qué queda?... pues cosas como este "Drácula".
En fin, no sé muy bien qué decir. Si la miras con cariño, con afecto, pues tiene un pase y se deja ver, sobre todo si pones algo de paciencia por tu parte... pero por otro lado, no hay duda de que se trata de un producto terriblemente mediocre, cutre, pobre y almidonado. Duele pensar que tras el se encuentre el señor que hizo "Suspiria", "Inferno" o "El pájaro de las plumas de cristal".

lunes, 24 de mayo de 2021

MUERDEME ABAJO, DRÁCULA

Un descendiente del Conde Drácula se gana la vida como fotógrafo de modelos desnudas al tiempo que decide instalar una discoteca en el castillo el cual habita. El constante sonido ambiente de la boité, el ir y venir de señoritas y, en definitiva, el escándalo, crispará los nervios del Conde Stanislaus y su esposa, la Condesa Olivia, familiares del fotógrafo que habitan en el sótano del castillo, y que hartos de tanta juerga urdirán un plan para acabar con tanto libertinaje. Mientras, mucha tetilla por todas partes, mucho felpudo y Giacomo Rizzo, habitual de las comedias sexy italianas, haciendo de mamporrero de la familia mientras corre para arriba y para abajo detrás de las jamelgas.
Comedia sexy bávara de finales de los 70 bastante subidita de tono y bastante adelantada a su tiempo, que a nuestro país llegó a cines en 1984 reuniendo una cifra anecdótica de poco más de 74.000 espectadores.
El caso es que, pese al extraño sentido del humor alemán que rara vez los españoles llegamos a comprender del todo, la película tiene su gracia, sobre todo en lo concerniente a algunas escenas que guardan cierta deuda con las italianadas con las que, de algún modo, esta película tiene parentesco, o con todo lo concerniente a los vampiros cabreados con su sobrino porque este ha montado una discoteca. Por lo demás, los alemanes son fríos, demasiado quizás, por eso, aunque intentan desarrollar un cachondeo erótico a la mediterránea, les sale una cosa que, pese al despelote, erotiza más bien poco, mientras que, por otro lado, desarrolla sus gags alemanes con bastante brío. Una chorradita que no hará mal a nadie que decida verla.
El dato de mayor interés sería que “Muérdeme abajo, Drácula”, supondría el debut para la gran pantalla de Carl Schenkel, que firmaría la película con el seudónimo de Carlo Omba y que después le pillaría el tranquillo al oficio llegando a dirigir películas hollywoodienses que tuvieron su tirón internacional, tan populares como “A espaldas de la ley” para el lucimiento de un primerizo Denzel Whasington, la película más odiada del ya de por sí odiado Christophe Lambert, “Jaque al asesino”, la prestigiosa “Exquisitas ternuras” o ya, con un pie puesto en su máxima decadencia,  “Tarzán y la ciudad perdida” con la que prácticamente pondría fin a su escueta pero curiosa carrera. Lo que verdaderamente me hace gracia es cómo un director que debuta con un vodevil absolutamente latino, acaba haciendo cine americano más o menos competente mostrando una evolución palpable con cada nueva película que realizaba. Y todo esto, sin trascender ni lo más mínimo.
Para que me entiendan; “Muerdeme abajo, Drácula” es la rareza de su director, sería el “Delicias Holandesas” de Carl Schenkel, de no ser porque, al contrario que Verhoeven, a Schenkel, nunca lo conoció ni su puñetera madre en realidad. Pero la de Tarzán, estaba muy bien.

martes, 30 de octubre de 2012

DRÁCULA DE BRAM STOKER

Vi esta película el día de su estreno, y no la volví a ver más. Supongo que si no la he vuelto a ver hasta esta ultima vez, será porque no me gustó mucho. En cualquier caso, si que la recordaba espectacular. No lo es.
En cuanto a los años 90, siempre se dice que es la peor década del cine, la que peores películas se hicieron. Quizás sea verdad, a pesar de que al revisar alguno de estos títulos, estos mejoran sustancialmente, cuando no es que son y eran cojonudos. Pero amigo, las malas películas de aquella década, fueron muchas. “Drácula de Bram Stoker”, dirigida por un Francis Ford Coppola hasta el cuello de deudas, es una de ellas. Además de ser la peor película sobre Drácula de cuantas se hicieron. Una de esas películas que el paso del tiempo directamente destruye.
Y es que Coppola, se las apaña para hacer una película épica en la que dejar su impronta, en la que se nutre de elementos de todos los Dráculas anteriores; del de Murnau, del de Bela Lugosi, e incluso del de la “Hammer”.
¿Qué es lo que pasa? Que como la historia de Drácula está ya más que sobada, pasa un poquito de explicárnosla para centrarse en todos los efectitos y excentricidades de los que esta película hace gala. Con lo cual, cuesta horrores seguir el argumento (vale, que lo conocemos más o menos, pero no tenemos por qué) que con tanta variación y tanto gilipollerío, al final la película se queda en una colección de imágenes muy mal explicadas.
Por otro lado, los actores están todos para matarlos. No solo Gary Oldman dando vida a los mil y un formatos del vampiro de los Cárpatos, si no Winona Rider con su rictus perpetuo de preocupación (pero atentos a una escena en la que estando ella al trasluz, con un camisón trasparente, somos testigos de lo bonitas que son sus tetas, o al menos su silueta), Keanu Reeves, con corte de pelo a tazón noventero más inexpresivo que de costumbre, Tom Waits, que en vez de Renfield parece un sosias de Gollum, y sobretodo Anthony Hopkins, que cuenta chistes, se desgañita y se exalta de tal manera, que más que Van Helsing, parece Carlos Pumares.
Al desbarajuste actoral, súmenle un diseño de producción de cartón piedra que quizás en la época era hasta resultón, pero que en la actualidad se queda desfasado, recordando más a una producción ochentera de serie B, que a la gran súper producción que es.
Copola, dirige cual maniático, llenando el montaje de transiciones, filtros, encadenados y gilipolleces, que efectivamente, dejan su sello de gran autor en la película, pero que son excesivos.
En definitiva, una mierda pinchada en un palo, anticuada, aburrida, fea, estúpida y terriblemente ñoña. Vamos, para ver de nuevo, y no dar crédito. Me están entrando ganas de ver “Jack”.

lunes, 26 de septiembre de 2011

EL JOVENCITO DRACULA

Curioso título del cine español, dirigido por el hoy laureado Carlos Benpar (CINEASTAS CONTRA MAGNATES, CINEASTAS EN ACCIÓN) y que toma como fuente de inspiración, con descaro y sin ningún tipo de pudor, el éxito del año anterior (1976) EL JOVENCITO FRANKENSTEIN de Mel Brooks.
Desde luego, es una película rara y confusa, que sin embargo me ha dejado un buen sabor de boca.
El nieto de Drácula, ya viejo, deshereda a su hijo Jonathan Drácula por sosainas, y en su lugar deja todo su patrimonio a una jovencita llamada Guillermina, hija de la momia Dolores.
Cuando esta y una amiga suya llegan a Transilvania, se topan con un pueblo monopolizado por Van Helsing, con un bisnieto de Renfield que no duda en engañarlas para acostarse con ellas, y con un bisnieto de Drácula que medio filosofea, y que para heredar el legado, deberá dejarse de rollos filosóficos, abandonar su fuerte ramalazo homosexual y morder a una doncella cuando apenas quedan y cuando este no ha practicado el vampirismo en su puta vida.
Esta peli es lo más curioso que me he echado a la cara en tiempos.
Es la obra de un intelectual desmelenándose por completo, pasándose todo lo serio por los huevos y abogando por el humor, muy a su manera.
Hay chistes “spoof”, guiños directos a la película de Mel Brooks, chistes más chabacanos al estilo hispánico y sin embargo es una película terriblemente personal.
No se confundan, aunque salga en listas de títulos clasificados “S”, tiene algo de destape, pero nada que ver con ese tipo de cine. Esto son palabras mayores comparado con todo aquello.
Rodada con mucho cuidado, incluso detectamos planos de corte arty que en cuando alguna pedantería propia de rata de biblioteca. Predomina el humor verbal al físico y es una película que hay que escuchar con atención. Casi toda ella son diálogos, y aunque a priori parecen de lo mas absurdos, pronto nos damos cuenta de que todos y cada uno de ellos son graciosísimos y están llenos de miga.
El resultado final es más deudor de Monty Python que de la que homenajea y explota.
Después de todo, es un film para que los culturetas se partan la caja con algunas de las referencias y chascarrillos, que el público llano de aquella época no era capaz de detectar, por eso fue un fracaso de taquilla absoluto, y de ahí su condición de rareza.
En el reparto el propio Benpar interpretando a este singular Drácula, un inconmensurable Víctor Israel como Renfield, el indispensable en toda joya rara que se precie Mir Ferry como Van Helsing, una absolutamente caliente Susana Estrada, mas recatada que de costumbre, Verónica Muriel y Marina Ferri.
Una delicia de película, no apta para la mayoría. Y por supuesto, la única comedia del cine español en la que puedes sacar lecturas implícitas e interpretarlas como te salga de los cojones, intercaladas con soltura y oficio con chistes de todo tipo.

lunes, 23 de septiembre de 2019

DRÁCULA BARCELONA

Curioso documental de Carles Prats que reutiliza material ya filmado con anterioridad —material descartado de otro documental suyo, “Llámale Jess”— y material filmado ex profeso, para construir un raro documento en el que se nos contarán los tejemanejes y los pormenores de dos producciones que se filmaron en el mismo set y al mismo tiempo; “El Conde Drácula” de Jess Franco y “Vampyr Cuadecuc” de Pere Portabella. La primera, una adaptación más de la novela de Bram Stoker barata y descuidada y, la segunda, un film vanguardista que retrataba los entresijos de la primera, un producto totalmente artístico, curioso y atípico.
De la manera más formal posible, que es a base de entrevistas a propios y ajenos, Carles Prats nos muestra las interioridades de esas dos películas al igual que desglosa los puntos de conexión entre dos realizadores tan opuestos como Franco y Portabella, que además eran buenos amigos. Miembros del equipo de filmación de ambas películas, así como estudiosos del cine con veneración hacia ambos directores, dan sus impresiones, cuentan sus anécdotas y, en definitiva, nos explican como se realizaron esas dos películas. Así, tenemos declaraciones de, por ejemplo, Jack Taylor, Jordi Costa, Caglos Aguilag, Teresa Gimpera, Álex Zinéfilo, Esteve Rimbau o Jeannine Mestre, pero, lo verdaderamente bueno es que también podemos escuchar las versiones que dan sobre el asunto los propios Christopher Lee y Jess Franco, aunque ya no se encuentren entre nosotros, y Pere Portabella.
El resultado es una película amena, agradable y, sobre todo, interesante, que por otro lado, puede carecer de todo esto si el que se enfrente a “Drácula Barcelona”, se la traen floja los desvaríos pop de Franco o los experimentales de Portabella. Da la casualidad que por la parte que me toca, me interesan ambos.
Por otro lado, ya que Jess Franco ha muerto, algunos de los entrevistados no dudan en desmitificar  al director, no solo hablando “mal” de él, sino asegurando que nadie que le conociera personalmente, podría hablar bien de él.
Por lo demás, absolutamente funcional. Para completistas.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

AMOR AL PRIMER MORDISCO

De entrada la historia es simpática: Drácula ya no es el que era. Quieren convertir su castillo en un gimnasio y le echan a patadas, por lo que él y su fiel servidor Renfield (personaje este con muchas posibilidades, pero desaprovechado) huyen hasta Nueva York, donde les costará mucho adaptarse. Una vez allí, el vampiro conoce a la descendiente moderna de su viejo amor eterno y decide hacérsela suya. El problema es que el ex novio de esta es el nieto de Van Helsing, y no piensa ponérselo fácil.
El mayor problema de "Amor al primer mordisco" es que como comedia resulta terriblemente SOSA... no arranca carcajadas, solo leves sonrisas, y aún así le cuesta mucho. El tono es apagado, demasiado pausado, y seamos francos, bastante aburrido. Algo a lo que contribuye su look telefílmico (su realizador, Stan Dragoti, poco haría por el séptimo arte después).
George Hamilton interpreta al Conde, y no lo hace mal, de hecho, es el actor ideal para parodiar esos aires de nobleza y arrogancia que gasta el chupasangre. Richard Benjamin como el nieto de Van Helsing también tiene su gracia... posiblemente sea lo mejor del film. Y en general este hace gala de algunas ideas potables, como el contraste que hay entre el mega-romanticismo de Drácula y la vulgaridad de la mujer que ama, muy moderna ella y en busca de la eterna independencia (algo muy de los setenta, no olvidemos que la peli fue producida en 1979) o cómo reacciona una hambrienta familia pobre cuando ven al vampiro en su forma de criatura alada. Claro que luego hay chistes terriblemente sobados y obvios, como que Drácula muerda a un borracho y, de rebote, pille un cebollón o la secuencia en la que baila música disco (que, curiosamente, sería recreada años después, y bastante más en serio, en "Noche de miedo").
Lo dicho, una lástima, el material daba para mucho más y mejor. Años después Stan Dragoti anunció una secuela titulada "Love at second bite", finalmente no materializada. Entre medias, Hamilton repetiría en el campo de la parodia de un personaje de ficción más que popular con "Esos Zorros locos, locos, locos".

miércoles, 19 de junio de 2013

VAMPIR CUADECUC

Hacía ya tiempo que le tenía yo ganas a esta película.
Pere Portablella, director de corte experimental, que como tal hacía cosas muy interesantes, pero también piezas absolutamente insoportables (un tío tocando el piano y similares), es el culpable.
Y en cuanto tuve conciencia de la existencia de "Vampir Cuadecuc", quedé completamente enamorado del concepto. Una película en 16 mm a partir del rodaje de “El Conde Drácula” de Jess Franco. ¡Ojo! No es un making of, es... otra cosa. Con lo cual tenemos a Portabella no documentando la creación del film sobre el vampiro, sino experimentando y filmando lo que al señor, en esos momentos, le sale de los mismísimos. Pero, muy a mi pesar, "Vampir Cuadecuc" me ha decepcionado profundamente. Aunque quizás  sea injusto decepcionarme con esto.
El caso es que, cuando vi por primera vez imágenes de esta película (Christopher Lee quitándose las lentillas de vampiro y mostrándolas a cámara), me la imaginé de determinada manera, luego al verla, nada tenía que ver con lo que esperaba, que básicamente era un diario de rodaje. Al estar filmada con dos cámaras, Portabella rueda desde otro ángulo las mismas escenas que Franco y lo monta de tal modo que se convierten en conversaciones eternas en las que no oímos los diálogos, tan solo excentricidades tales como martillos hidráulicos.
Todo esto compaginado con escenas donde, efectivamente, vemos al equipo de "El Conde Drácula" trabajando (maravilloso cuando cubren a Lee con telarañas, usando una máquina con aspecto de ventilador que las fabrica) pero de manera mínima. Digamos que de un 100% de "Vampir Cuadecuc", solo el 3% está dedicado a lo que ocurre detrás de las cámaras o a otros menesteres.
Al final volvemos a lo de siempre con este tipo de cine: Mola muchísimo el concepto, pero el verlo, eso ya es otra cosa. Esto aburre a las vacas. Con todo, el granazo del 16 mm y momentos como el único de toda la película con audio, cuando Christopher Lee lee a cámara un fragmento del “Drácula” de Stroker, son merecedores de tragarse el ladrillo. Además, mientras observamos al actor, da la sensación de que está muy satisfecho con esta versión de Jess Franco (al que, por cierto, nunca vemos dirigiendo pero sí actuando) que, se supone, era por entonces la más fiel a la novela que se había rodado nunca.
Recomendada a esnobs y culturetas recalcitrantes... el resto, mejor ir bien preparados.

lunes, 31 de octubre de 2011

EL DRAGÓN ATACA

EL DRAGÓN ATACA, posiblemente sea la película perteneciente al "Brucexplotation" más enloquecida, demencial y delirante de cuantas pueblan tan entrañable sub-género, pero quizás sea también la menos soportable y pestiño de todas ellas. Y lo que está claro, es que en cuanto a coreografías y escenas de acción, es la peor.
Pero es que la cosa es rara de pelotas:
Bruce Lee, ha muerto. En consecuencia va a parar a un "Más Allá" capitaneado por un rey sátiro, que le recibe de muy malas maneras.
En su afán por volver al mundo de los vivos, se las tendrá que ver con una mafia compuesta por (agarrensé los cojones porque se les van a caer al suelo) El Padrino, El Exorcista, Drácula, Enmanuelle, James Bond y Clint Eastwood. Cada uno en diferentes momentos, se las tendrá que ver con Bruce Lee. Pero este no está solo; tiene como aliados a Popeye y al pequeño saltamontes ( O sea, Kung-Fu).
Nada en esta puñetera película, protagonizada por Bruce Leong, el clon de Bruce Lee que menos se le parece (no se parece absolutamente en nada), tiene coherencia o razón de ser. Unos diálogos que parecen confeccionados por un ente minusvalido de otra dimensión, y unas idas y venidas de ritmo, que convierten esta película en algo muy curioso, pero para nada aconsejable. Aburre hasta al mas curtido.
Obviamente, el unico interés de esta película, radica en el festival de villanos y/o aliados de Bruce Lee, que en cuanto aparecen en escena, el espectador se pregunta ¿Por qué? y no encuentra explicación, porque no la hay. Así, uno de los villanos es Clint Eastwood, pero el Clint Eastwood de LA MUERTE TENIA UN PRECIO. Es decir, un chino ataviado con sombrero de Cowboy, poncho y barbas largísimas, que , vale, te hace soltar alguna que otra risilla.
Bond, es un occidental vestido de traje, con pelo rizado, que está mas cerca de George Lazemby que de Sean Connery. Insípido y absurdo.
Enmanuelle, una tia occidental, que nos muestra todo su cuerpo, pero que tampoco se parece a Silvia Kristel, ni a ninguna de las actrices que la interpretaron.
Drácula, es un chino disfrazado de Drácula.
Y lo mejor, El padrino y el Exorcista. El primero, es un chino normal y corriente, vestido de los años setenta, que sabes que es el padrino, porque así lo llaman en la película, y porque suena el soundtrack de la película, pero vamos, un chino como cualquier otro. Y el exorcista, lo mísmo; un puto chino disfrazado de cura. Pero lo gracioso es, que estos dos personajes, hacen Kung Fu con soltura, siendo dignos rivales de Bruce Lee. ¿Cómo coño van a hacer Kung Fu el padrino y el exorcista? No me digan que no es una locura digna de una mente enferma...
Por otro lado, Popeye, que también hace algo de Kung Fu, y el pequeño saltamontes, si que hacen que te descojones cuando hacen acto de presencia. Un puto Chino disfrazado de Popeye, no se ve todos los días.
También sale un esqueleto que habla y un montón de momias que hacen Kung - Fu, y unas cuantas chinas, enseñando unas tetas poco apetitosas, en su afán de zumbarse, aunque sea pagando, a Bruce Lee.
Por lo demás, un desastre, tanto técnico cómo artistico, en la película de Kung Fu, en la que menos Kung Fu se hace. Desde luego, se ha ganado, por méritos propios, un lugar de honor en la lista de peores películas de la historia. De castigo.
Firma la película Lo Ke, también conocido como Kie Law, o como Joe Law, también como Ke Lo, y como Chi Luo, y como Tzu Lo. La madre que lo parió.
El título internacional, es bien reconocible por los más entendidos. THE DRAGON LIVES AGAIN.