Mostrando las entradas para la consulta XAN DAS BOLAS ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas para la consulta XAN DAS BOLAS ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas

lunes, 1 de febrero de 2021

LA VENGANZA DE DON MENDO

La hija de Don Nuño, Magdalena, bebe los vientos por  Don Mendo cosa mala. Don Mendo es de linaje noble, no obstante no tiene un duro y lo poco que tiene lo pierde en el juego. Ambos mantienen relaciones secretas.
La idea de Don Nuño es casarla con un alguien rico y de posibles, un trabajador del rey, Don Pero Collado. Ella, ávida de aceptación y reconocimiento social, acepta el casorio sin decirle nada al respecto a Don Mendo ni a Pero. Es por esto que, cuando éste último los descubre, Mendo se inventa que es un ladrón que ha ido a robar y, así,  proteger a Magdalena. En consecuencia, acaba penado de muerte. El Marqués de Moncada, gran amigo de Don Mendo,  le rescatará de su encierro y, Mendo, ideará su sanguinolenta venganza.
“La Venganza de Don Mendo” es la adaptación fílmica de la obra de teatro del mismo título, que tuvo a bien escribir Pedro Muñoz Seca. Un astracán sin más afán que el de entretener que, con la tontería, se ha convertido en una de las obras de teatro españolas más representadas de la historia, siendo superada solo por clásicos tan incuestionables como “Don Juan Tenorio”. La adaptación cinematográfica la lleva a cabo nada menos que Fernando Fernán Gómez, que no solo dirige la película, sino que además se pega la machada de escribir el guion para cine, y de interpretar a Don Mendo con una gracia y un salero a prueba de bombas. Dialogada en verso, la película transcurre tontamente y con fluidez, y presume de una comicidad  un tanto extraña de la que hacen alarde todos sus intérpretes —en especial Fernán Gómez—. No podemos dejar a un lado los descacharrantes decorados en los que se rodó la película. Estos están pintados a mano y con colores pastel — hay que tener en cuenta que es una de las primeras películas españolas que se rodó en color, de ahí, que todo lo referente a los colores sea tremendamente exagerado—,  llevándose la palma, en el diseño de producción, el fuego. En la película el fuego está todo el tiempo presente, ya sea en antorchas pegadas a las paredes del castillo donde se desarrolla la mayoría de la acción o en las chimeneas del mismo. Bien, pues en un alarde de genialidad cómica, el fuego de estos lugares está solucionado a base de papel celofán rojo envolviendo unas bombillas, en el caso de las antorchas, moviéndose  gracias a hilos invisibles, en el caso de las chimeneas. En cualquier caso, un recurso cómico que cincuenta y pico años después de su estreno, sigue funcionando y provocando la hilaridad del espectador. Claro, todo esto no es gratuito; obviamente llevar a la pantalla una astracanada como “La Venganza de Don Mendo” supondría un despliegue de medios y  unos gastos económicos que serían impensables en una producción de aquellos tiempos. Y aunque el vestuario es de primer orden, se opta por convertir los escenarios, naturales o no, en decorados de teatro. Así, no se disimula en ningún momento el cartón piedra y el papel pintado en una inteligente resolución.
Por otro lado, la grandeza de la película radica en unos actores en estado de gracia, siendo, como ya he dicho, Fernán Gómez el rey de la función, pero cuyo protagonismo casi es destronado por Juanjo Menendez que compone un Don Pero Collado, Duque de Toro, con el que, literalmente, te descoyuntas de la risa, ya sea escuchándole recitar su diálogo, ya sea con sus exageradísimas expresiones faciales. Paloma Valdés, actriz de corta carrera pero de inconmensurable belleza —que podría competir sin problema alguno con cualquiera de las más populares bellezas contemporáneas—  interpreta a Magdalena de manera teatral y pizpireta, resultando igual de divertida que sus compañeros de escenario. El resto, secundarios de lujo de nuestro cine cuyos nombres son sinónimo de eficacia; así, vemos desfilar por la pantalla maravillosos actores de la talla de Xan Das Bolas, Antonio Garisa, Joaquín Roa, Maria Luisa Ponte…
Un divertimento, sin más, que a nivel histórico ha trascendido y se ha convertido en gran clásico por méritos propios y hasta nuestros días: La obra aún se sigue representando en los teatros, y la película está actualmente en catálogo en DVD.

lunes, 28 de mayo de 2012

LOS PALOMOS

“Los Palomos”, vendría a ser en la cinematografía española, lo más parecido a las películas de crímenes al estilo “Un cadáver a los postres” o “Diez Negritos”, en las que todo se enreda mucho, el espectador se lía, pero forma parte activa de la trama haciendo de detective, por su cuenta y riesgo, durante el visionado.
Un matrimonio de alto copete, invita a cenar en su casa a uno de sus empleados, un zoquete, pelota y lameculos y a su santa esposa, con el fin de liar las cosas, y hacer cargar al matrimonio con un asesinato que ellos habían cometido. En clave de comedia, la madeja se liará, se liará y se liará.
Esta película existe por varios motivos; en primer lugar, la exitosísima obra de teatro en la que se basa, “Los Palomos” de Alfonso Paso. En segundo, el fulgurante éxito de la pareja protagonista que había dado vida a los papeles protagonistas en el teatro, que no son otros que José Luis López Vázquez y Gracita Morales, dando paso a lo que sería una triunfal etapa para ambos actores. Y en tercer lugar, la dirección de Fernando Fernán Gómez, que mientras solventaba los mil y un problemas que tuvo par estrenar “El extraño viaje”, esa obra maestra, y mientras esperaba a que se le diera luz verde al proyecto “Ninette y un señor de Murcia”, se aburría tanto que aceptó hacer esta película de encargo, pero sin que el tuviera mucho aprecio al material sobre el que se pondría a trabajar. Quizás se trataba de una película menor para un autor de tanta prepotencia, y quizás por eso le salió tan divertida.
“Los Palomos”, es una comedia, negra, negrísima, que pasa en un solo escenario, con muy poquitos actores y que se solventa, sobretodo, por la labor actoral de José Luis López Vázquez, que se enfrenta al texto con la eficacia y velocidad de una metralleta. Diálogos absolutamente tronchantes, tramas y subtramas brillantemente resueltas, todo ello concentrado en hora y veinte minutos de metraje, que pasan en un suspiro, gracias al arsenal de carcajadas que nos proporciona. Quizás demasiado teatral en algunos momentos, se le echan en falta algunos escenarios más. Por otro lado, y a pesar de ser una comedia muy española de los sesenta, destaca por encima de otras de mayor repercusión, por la mala leche que se gasta.
Geniales, también, el resto del reparto, Fernando Rey, Mabel Karr, Manuel Alexandre, Julia Caba Alba y Xan Das Bolas. Como detalle fricoso, decir que la banda sonora a base de ritmos jazzeros, la firma un tal Daniel J. White, seudónimo con el que firmaba sus partituras Jesús Franco. Cosa que no es de extrañar si tenemos en cuenta, que mientras que el tío Jess se hacía un huequecito en el mundo del cine y Fernán Gómez triunfaba por todo lo alto, ambos se corrían unas juergas muy gordas, cerraban bares y charlaban acerca de sus aficiones. Vamos, que eran mazo de colegas.
Muy divertida, malsana y recomendable.
Desde aquí quiero dar las gracias a mi amigo Wally Week, que me la descubrió, me la metió por los ojos, y finalmente, me la regaló en dvd para que la disfrute tantas veces como quiera.

miércoles, 7 de agosto de 2013

EL POBRECITO DRACULIN

Ahora que caigo, hay que ver la cantidad de reseñas sobre Drácula que tenemos en este blog ( y más que no aparecen en el enlace, por una vulgar cuestión de acentos), ya sea en su vertiente más seria, como en la paródica. Para que no se diga, incluiremos una más a la colección. Una de cachondeo.
Y vamos con una película de la que yo he ido detrás durante mucho tiempo, y que después de verla, decido que si no la hubiera visto, me hubiera ahorrado un dolor de cabeza.
Porque es que cuando una película setentera., cómica, de ambiente terrorífico, con un cómico más o menos popular (en su momento lo fue mucho) no ha sido pasada por televisión hasta la saciedad, o como en mi caso, no se ha visto nunca, e incluso, es muy posible que a cualquiera que le preguntes, no sepa de que le estás hablando, es porque esa película ha pasado inadvertida totalmente. Y esto es, digo yo, porque resultó en su momento poco divertida. Joe Rígoli, su protagonista (y director de una de las primeras películas comerciales rodadas en vídeo en nuestro país, “Zocta, solo en latierra se puede ser extraterrestre”), que en la televisión contaba con su target de audiencia, sin embargo en cine, ni tan siquiera parodiando al mismísimo Conde Drácula, lograba un público masivo, y solo congregó en las salas unos 285.000 espectadores (que ya quisieran hoy para sí, cualquiera de las películas españolas que se estrenan), que era bastante poco para lo habitual.
Me refiero a “El pobrecito Draculín”, la más triste de las parodias hispánicas-sobre Drácula-. Mucho mejores “Tiempos duros para Drácula” y sobretodo “El jovencito Drácula”, ambas también de la década de las tetas y los felpudos.
En ella, el hijo del conde Drácula, alias Draculín, tras vivir la leche de tiempo en una discoteca, decide volverse a la mansión familiar en Transilvania, donde se reencontrará con el criado de la familia, Vladimir, y donde se sucederán las tramas de enredo en torno a una serie de señoritas, unos traficantes de diamantes y unos viajeros con un homosexual en sus filas, que por unos motivos u otros, acaban pernoctando en la mansión.
Espantosa.
Porque es que a pesar de la lograda ambientación, de contar en el reparto con nombres como los de Víctor Israel, Josele Román, “Piper”, o Lita Claver “La maña”, la película, no es que no llegue a entretenida… es que no llega ni a graciosa, y por mucho que el tempo de esta sea rápido y todo suceda a velocidad vertiginosa,  nos aburrimos sobremanera. Además, que es que Joe Rigoli, con ese acento argentino medio castellanizado  y esas caras, cae mal. Los chistes, son de mal gusto y malos, que no tengo nada en contra de los chistes de mal gusto, los adoro, pero  decir que “El Conde Drácula, ha muerto porque mordió a una mujer con leucemia”, es una mamarrachada que no hace puta gracia.
Por lo demás, técnicamente correcta, pero nada más.
Dirige Juan Fortuny, de quien lo que más destaco es la escritura del guión, por la parte española, de la película “También los ángelescomen judías”, y que en labores de dirección, se hizo popular gracias a títulos como “Las ratas no duermen de noche” para lucimiento y posterior regodeo de Paul Naschy, o “El rey de la carretera” con Xan Das Bolas.
Su incursión en la comedia paródica no pudo ser más desafortunada, a pesar  de su apellido…
En cuanto a “Dráculadas”, ahora ando detrás de la porno soft con John Leslie y John Holmes, “Drácula Chupa”.

lunes, 20 de noviembre de 2023

AMOR A TODO GAS

Primera película para lucimiento musical de Peret que, a su vez, es un remake de un viejo título de los años 50, “Amor sobre ruedas”, dirigido por Ramón Torrado. Para esta versión moderna protagonizado por el rey de la rumba, los productores José Antonio Cascales y Benito Perojo, contaron de nuevo con los servicios de Torrado a la dirección.
Se trata de un vodevil  típico de nuestro cine clásico, con Peret soltando a diestro y siniestro los éxitos más rutilantes de su emergente carrera en 1969, y subiendo y bajando escaleras, entrando y saliendo por puertas, mientras se desenmaraña la trama de enredo que, por supuesto, acabará bien.
Peret es un taxista de Madrid con un especial talento para la rumba. Un día entra en su taxi a una cantante de éxito que ha regresado a España tras una gira triunfal por Latinoamérica. Como esta quiere pasar inadvertida, finge ser la peluquera del hotel al que Peret la ha de llevar. Pero durante el trayecto se genera un feeling entre ambos, liándose la madeja cuando se enamoran, y ella tiene que hacer triquiñuelas para que Peret no descubra que se trata de la afamada cantante. A la par que todo este enredo, no se perderá ocasión para que nuestro protagonista se cante, guitarra en mano y acompañado de sus palmeros, alguna que otra cancioncilla.
A Peret se le presentó la oportunidad y no la dejó escapar, si bien puso todas las pegas del mundo porque no podía aprenderse el guión debido a un problema que sufría de convergencia visual y le impedía enfocar correctamente sus textos. Al respecto, hay quien dice que es que no sabía leer del todo bien. Como fuere, se adaptó el rodaje de tal manera que el cantante pudiera improvisar.
No está mal, una españolada de las de toda la vida, a estas alturas con un tono absolutamente demodé (con ese muestrario de patillazas que lucen los varones, los colores saturados de la fotografía, o esa chupa de cuero arcaica que, en algunos momentos, viste Peret en pantalla), entretenida y agradable, con el aliciente de contar en su reparto con el artista musical de moda entonces y un reparto de actores clásicos que, siempre, da gusto ver.
Así, como partenaire femenina tenemos a Nieves Navarro, y en papeles secundarios (agárrense) contamos con Fernando Sancho, Florinda Chico, José Sazatornil “Saza”, María Isbert, Xan Das Bolas, José María Tasso, Rafaela Aparicio y, entre otros, a un joven e irreconocible Pepe Sancho, que acometía uno de sus primeros roles casi en calidad de figurante.
Como era habitual en nuestro cine, y como buen vehículo para lucimiento del cantante, “Amor a todo gas” fue un éxito sin precedentes que llegó a congregar a casi dos millones de espectadores, siendo una película que, posteriormente, alcanzó altísimos índices de audiencia en televisión y generó una de las canciones más populares de Peret, concretamente la que da título, es decir, “Amor a todo gas”.
El equipo técnico cuenta asimismo con la presencia de José Ulloa, quien empezaba como asistente o, lo que es lo mismo, trayendo cafés al set.
En cuanto al director, Ramón Torrado, está considerado uno de los más grandes artesanos de nuestro cine quien, especializado en lo folclórico y popular. Puso su cámara al servicio de Manolo Escobar en unas cuantas ocasiones, así como dirigió los vehículos para René Muñoz “Fray Escoba” y “Cristo Negro”, amen de un puñado de clásicos de los años 40 y 50 hoy intocables.