Quinta y última película para lucimiento de Peret, que se despide del cine hasta su recuperación en los 90 con papeles serios y secundarios. Del mismo modo, a finales de la década de los 70 abandonaría el mundo de la música, que tanto dinero y fama le había reportado, para dedicarse a dar la palabra del evangelio como pastor, labor que ya no abandonaría hasta mediados de los 90, cuando volvería a la música con mucha más fuerza.
"Si Fulano fuese Mengano" fue un encargo para Mariano Ozores. Este, lejos de hacer un film cuyo argumento sirviera de excusa para presentar las inevitables canciones, hace lo contrario; desarrolla una trama cómica muy a la Ozores, e integra cuatro temas de Peret, que es lo mínimo que se le pide en la película, dando pie a un vodevil propio de su estilo. Queda así la parte musical reducida a la mínima expresión.
La verdad que esta es una película estupenda.
Tenemos a un tipo rico y acaudalado, Raúl, un juerguista que allá por donde va la caga, deja deudas o problemas de cuernos y, en consecuencia, tiene unas cuantas amenazas de muerte y/o secuestro. Por otro lado, tenemos a un obrero de la construcción, Miguel, bueno y honesto, que posee la particularidad de que es exactamente igual que Raúl.
Cuando Raúl sospecha que hay varios frentes que pretenden asesinarle, deja en manos de su secretario, Evaristo Rebollo, el contratar al tal Miguel para que, por una suculenta suma de dinero, se haga pasar por él los siguientes quince días. Su idea es que maten a este pobre desgraciado en su lugar y, después, irse a vivir la vida a Brasil. Miguel aceptará la oferta y se tirará la película entera esquivando intentos de asesinato y procurando enmarañar los desaguisados que Raúl ha dejado por la vida.
Lo bueno de “Si Fulano fuese Mengano” es que, más que una película de Peret, es una de Mariano Ozores. Si suprimimos las cuatro canciones del músico, y en su lugar hacemos protagonizar la película a, por ejemplo, Fernando Esteso, será exactamente la misma y no se resentirá en el resultado. No obstante, la elección de Peret termina siendo muy acertada, porque al margen de lo que su música nos parezca, no tenía frente a las cámaras el carisma de Manolo Escobar, pero casi, y aunque aparece doblado, lo cierto es que como actor funciona bien y se complementa a la perfección con sus partenaires (y verdaderos protagonistas velados de la película) que son José Luis López Vázquez, Antonio Ozores o, esplendido —y, no sabemos por qué, también doblado— José Sazatornil “Saza”. De hecho, en los ochenta, cuando el film se lanzó en vídeo de alquiler, y Peret había pasado a un segundo plano al abandonar su carrera musical, la carátula con la que apareció le posicionaba en tercer lugar, atribuyendo total protagonismo a López Vazquez que, en justicia, lo era.
Además, una de las secuencias más graciosas de todo el cine de Ozores se encuentra en esta película y prescinde de la presencia de Peret. Es aquella en la que el personaje de Saza, padre de la joven a la que Raúl ha dejado embarazada, cree que Evaristo Rebollo (López Vázquez) es el seductor de su hija y, en consecuencia, pide responsabilidades al interfecto. Y le insulta, le zarandea, le atiza y humilla. Ese diálogo no solo es desternillante, sino que todo el acting deja claro cuan grandes eran nuestros actores de aquella época. Saza particularmente.
Asimismo, casi se nos malogran López Vázquez, Antonio Ozores y Peret. Contaba el rumbero en sus memorias que tenían que rodar una escena en la que van en un coche de rally. La producción compró a tal efecto uno en un desguace, sin asegurarse antes de su buen funcionamiento, así que colocaron la cámara sobre el capó mirando al interior y lanzaron a los tres actores a la carretera en una escena en la que el vehículo, conducido por Peret, no tiene frenos. A la voz de acción, el cantante arrancó el coche y salió a conducir, con tan mala suerte que el automóvil tampoco tenía frenos en la vida real. Pero como en la escena el diálogo de Peret hacía referencia a esa misma inconveniencia, el cantante exclamó: “¡Que esto no tiene frenos, pero de verdad!”, el equipo pensó que formaba parte de su actuación y nadie hizo caso, por lo que los tres actores pasaron un mal rato hasta que Peret, conductor experimentado, encontró la manera de detener el auto justo antes de estrellarse contra una fachada.
Salieron ilesos, pero Peret montó un gran pollo a producción y ese día ya no se rodó más. El propio Mariano Ozores tuvo que ir a su camerino a tranquilizarlo y pedirle disculpas.
Al margen de la anécdota, “Si Fulano fuese Mengano” resulta una película fresca y divertida, una comedia de enredo loca de Ozores que, incluso a día de hoy, sigue manteniendo el tipo, y si bien puede que estéticamente se haya quedado añeja, a nivel risas las obras de Ozores siguen funcionando como un tiro. No hay nada más gracioso que ver a López Vázquez, Antonio Ozores o Saza en su salsa y pasándoselo francamente bien con sus tontunas.
El reparto, por supuesto, como solía ser habitual en cualquier película de la época, lo componen, además de los astros ya mencionados, otros del calado de Florinda Chico, Pepe Rubio, Gracita Morales, Helga Line, María Kosty o la televisiva Marisa Medina.
Un divertimento sin par. Además, las canciones son pocas y apenas molestan.
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viernes, 1 de diciembre de 2023
viernes, 8 de diciembre de 2023
EL MESÓN DEL GITANO
“El mesón del gitano”, segunda película para lucimiento de Peret, es la peor de las cinco que protagonizó y un ejemplo claro de lo que representaba el rumbero para según que sectores del público: un reclamo “typical spanish” para atraer a los guiris. Un producto genuinamente rancio y de pandereta. No la salva ni Saza (que curiosamente, estuvo presente en todas las películas de Peret).
En esta ocasión, tenemos a Peret que regenta un mesón que va muy bien porque su compinche Fidel (Saza), es un guía turístico que acaba todas sus rutas allí. Peret, además de tocar la guitarra y cantar, siempre se las ingenia para ligar con alguna ingenua extranjera, poniendo como excusa que la va a llevar a Aranjuez.
La cosa va tan bien, que en un momento dado decide renovar el local, por lo que contratará a una decoradora. El asunto se complica porque, a medida que el negocio funciona, y él se va convirtiendo en un cantante popular, se enamorará perdidamente de la decoradora. Pero la familia de esta se opone rotundamente a que la chica se relacione con un tabernero gitano.
El argumento, poco interesante, nimio, no es más que una excusa para que Peret se eche unos cantes. Ya se que en principio esa es la idea de la existencia de las películas de Peret, pero, por ejemplo, Mariano Ozores en sus incursiones en la dirección de algunas de estas, hacía todo lo posible por darle prioridad al guion y la comicidad, metiendo pocas canciones, situándolas en segundo plano. Amén de darle un agradable toque de modernidad tanto a las películas como al propio Peret.
Sin embargo los números musicales en “El mesón del gitano” por momentos se tornan exasperantes, llegando al borde de lo insoportable en una escena de casi diez minutos, ambientada en el rastro de Madrid en el que una niña pequeña —en la vida real, una familiar de Peret— se pica con este cantando y bailando. Entre que la niña es repelente, y que la escena no termina nunca, uno se ve tentado a darle de facto al stop.
Nada de esto resulta extraño si tenemos en cuenta que tras la dirección se encuentra Antonio Román, director del régimen que, además, participó junto a José Luis Sáenz de Heredia y el propio Franco en la elaboración del guión de “Raza”. De ahí la ranciedad de este producto de Peret, en el que es non grato para la burguesía no solo por gitano, sino también por tabernero.
Como Román le daba a la propaganda que daba gusto, después de la guerra, no tenía problemas a la hora de financiar sus películas ni de recibir premios, así que rodó cosas muy del agrado del fascio como pudieran ser los clásicos “Los últimos de Filipinas” o “La fierecilla domada”. “El mesón del gitano” sería la película que pondría fin a su filmografía.
Junto a Peret en el reparto, además del habitual Saza, tenemos a Eduardo Fajardo, Margot Cottens o José María Tasso y su puto flequillo de los cojones.
Muy mala.
En esta ocasión, tenemos a Peret que regenta un mesón que va muy bien porque su compinche Fidel (Saza), es un guía turístico que acaba todas sus rutas allí. Peret, además de tocar la guitarra y cantar, siempre se las ingenia para ligar con alguna ingenua extranjera, poniendo como excusa que la va a llevar a Aranjuez.
La cosa va tan bien, que en un momento dado decide renovar el local, por lo que contratará a una decoradora. El asunto se complica porque, a medida que el negocio funciona, y él se va convirtiendo en un cantante popular, se enamorará perdidamente de la decoradora. Pero la familia de esta se opone rotundamente a que la chica se relacione con un tabernero gitano.
El argumento, poco interesante, nimio, no es más que una excusa para que Peret se eche unos cantes. Ya se que en principio esa es la idea de la existencia de las películas de Peret, pero, por ejemplo, Mariano Ozores en sus incursiones en la dirección de algunas de estas, hacía todo lo posible por darle prioridad al guion y la comicidad, metiendo pocas canciones, situándolas en segundo plano. Amén de darle un agradable toque de modernidad tanto a las películas como al propio Peret.
Sin embargo los números musicales en “El mesón del gitano” por momentos se tornan exasperantes, llegando al borde de lo insoportable en una escena de casi diez minutos, ambientada en el rastro de Madrid en el que una niña pequeña —en la vida real, una familiar de Peret— se pica con este cantando y bailando. Entre que la niña es repelente, y que la escena no termina nunca, uno se ve tentado a darle de facto al stop.
Nada de esto resulta extraño si tenemos en cuenta que tras la dirección se encuentra Antonio Román, director del régimen que, además, participó junto a José Luis Sáenz de Heredia y el propio Franco en la elaboración del guión de “Raza”. De ahí la ranciedad de este producto de Peret, en el que es non grato para la burguesía no solo por gitano, sino también por tabernero.
Como Román le daba a la propaganda que daba gusto, después de la guerra, no tenía problemas a la hora de financiar sus películas ni de recibir premios, así que rodó cosas muy del agrado del fascio como pudieran ser los clásicos “Los últimos de Filipinas” o “La fierecilla domada”. “El mesón del gitano” sería la película que pondría fin a su filmografía.
Junto a Peret en el reparto, además del habitual Saza, tenemos a Eduardo Fajardo, Margot Cottens o José María Tasso y su puto flequillo de los cojones.
Muy mala.
martes, 18 de marzo de 2025
LAS CORRERÍAS DEL VIZCONDE ARNAU
Una suerte de proto-destape a mayor gloria del eterno José Sazatornil “Saza” y de un actor que, tras una larga trayectoria en el teatro y como secundario en cine, Valentín Tornos, alcanza la popularidad ya como septuagenario gracias al programa-concurso “Un, dos, tres”, donde conmovió a una generación de españoles interpretando, en la “parte negativa” del show, al inefable Don Cicuta —que muy pocos recordamos por cuestiones generacionales, pero del que todos hemos escuchado hablar a nuestros padres—. Además, y al contrario de lo que solía ocurrir con las comedias de la época, esta resultó un fracaso de taquilla con apenas 200.000 espectadores en las salas. Se trata de una tirando más bien a burda, en la que un noble, El Vizconde Arnau, queriendo dejar el legado de poder que un día su apellido tuvo, desea tener hijos. Pero tras dar a luz el primero de todos ellos, su esposa queda impedida, por lo que, para que no se pierda su estirpe, comienza a gestar hijos bastardos con distintas mujeres.
El argumento se centra en las conversaciones que tiene El Vizconde con su abogado (“Saza”), dando pie así a una serie de flashbacks que nos narran las correrías (eróticas) de título, con el único afán de mostrar al espectador un poquito de carne femenina. No mucha, que Franco todavía andaba por ahí dando guerra. Sin duda, un título menor de la comedia española de los 70, perpetrada, también, por uno de nuestros directores más infaustos, Joaquín Coll Espona, responsable del binomio de films protagonizados por José Luis López Vázquez, “El Fascista”.
“Las correrías del Vizconde Arnau” es floja, no destaca en absoluto por el nivel humorístico y mucho menos por el cinematográfico, sin embargo, sí lo hace por tratarse del legado fílmico de Valentín Tornos, que fallecería tan solo uno año y medio después del rodaje, víctima de las secuelas de una trombosis cerebral que lo dejó maltrecho durante sus últimos meses de vida.
Precisamente, y es por esto por lo que el título reseñado tiene cierta popularidad entre cinéfilos de morro fino, cuenta la leyenda que la trombosis cerebral que se llevó a Tornos le vino justamente rodando esta película y, justo, tras dar el director la voz de acción en una secuencia. Hasta ahí todo bien, pero el dato siniestro viene cuando, cuentan, una vez detectado el accidente cerebro-vascular del que el actor había sido víctima, el equipo decidió acabar la jornada rodando los contraplanos de Tornos con este sentado de espaldas a la cámara en dicho estado de trombosis. Una vez finalizado el rodaje de ese día, se avisó al médico de lo sucedido. Después, lógicamente, Tornos no pudo continuar, por lo que fue se terminó con la presencia de un doble que hizo todas sus intervenciones de espaldas, algo que es muy evidente en el film.
También se cuenta que el contraplano en el que Valentín Tornos está sufriendo la trombosis quedó registrado para la posteridad, sin embargo, viéndola por primera vez ya conociendo estos datos, he sido incapaz de localizarlo. Sí que he detectado a los dobles de espaldas, pero nunca el contra plano con el actor ya diezmado, estando yo especialmente atento a este detalle.
Como fuere, el metraje con el doble de espaldas no alcanza un 20% de las intervenciones de Tornos, y este parece estar en perfecto estado de salud durante la mayoría del film, por lo que, en un principio, al actor le debió dar el tabardillo con la película prácticamente terminada.
Ahora, si no conocemos los detalles de esta “anécdota”, “Las correrías del Vizconde Arnau” no es más que una mala comedia de mediados de los 70, muy inferior a los clásicos del género que vendrían coetánea y posteriormente.
Durante muchos años Valentín Tornos sería recordado, como ya he dicho, por Don Cicuta, personaje del que hubo hasta merchandising en unos años en los que la mercadotecnia estaba en bragas en nuestro país, y poco se habló de su trayectoria cinematográfica, mucho menos de esta película que se olvida con la misma facilidad con la que, inicialmente, le damos al play a nuestro reproductor.
El argumento se centra en las conversaciones que tiene El Vizconde con su abogado (“Saza”), dando pie así a una serie de flashbacks que nos narran las correrías (eróticas) de título, con el único afán de mostrar al espectador un poquito de carne femenina. No mucha, que Franco todavía andaba por ahí dando guerra. Sin duda, un título menor de la comedia española de los 70, perpetrada, también, por uno de nuestros directores más infaustos, Joaquín Coll Espona, responsable del binomio de films protagonizados por José Luis López Vázquez, “El Fascista”.
“Las correrías del Vizconde Arnau” es floja, no destaca en absoluto por el nivel humorístico y mucho menos por el cinematográfico, sin embargo, sí lo hace por tratarse del legado fílmico de Valentín Tornos, que fallecería tan solo uno año y medio después del rodaje, víctima de las secuelas de una trombosis cerebral que lo dejó maltrecho durante sus últimos meses de vida.
Precisamente, y es por esto por lo que el título reseñado tiene cierta popularidad entre cinéfilos de morro fino, cuenta la leyenda que la trombosis cerebral que se llevó a Tornos le vino justamente rodando esta película y, justo, tras dar el director la voz de acción en una secuencia. Hasta ahí todo bien, pero el dato siniestro viene cuando, cuentan, una vez detectado el accidente cerebro-vascular del que el actor había sido víctima, el equipo decidió acabar la jornada rodando los contraplanos de Tornos con este sentado de espaldas a la cámara en dicho estado de trombosis. Una vez finalizado el rodaje de ese día, se avisó al médico de lo sucedido. Después, lógicamente, Tornos no pudo continuar, por lo que fue se terminó con la presencia de un doble que hizo todas sus intervenciones de espaldas, algo que es muy evidente en el film.
También se cuenta que el contraplano en el que Valentín Tornos está sufriendo la trombosis quedó registrado para la posteridad, sin embargo, viéndola por primera vez ya conociendo estos datos, he sido incapaz de localizarlo. Sí que he detectado a los dobles de espaldas, pero nunca el contra plano con el actor ya diezmado, estando yo especialmente atento a este detalle.
Como fuere, el metraje con el doble de espaldas no alcanza un 20% de las intervenciones de Tornos, y este parece estar en perfecto estado de salud durante la mayoría del film, por lo que, en un principio, al actor le debió dar el tabardillo con la película prácticamente terminada.
Ahora, si no conocemos los detalles de esta “anécdota”, “Las correrías del Vizconde Arnau” no es más que una mala comedia de mediados de los 70, muy inferior a los clásicos del género que vendrían coetánea y posteriormente.
Durante muchos años Valentín Tornos sería recordado, como ya he dicho, por Don Cicuta, personaje del que hubo hasta merchandising en unos años en los que la mercadotecnia estaba en bragas en nuestro país, y poco se habló de su trayectoria cinematográfica, mucho menos de esta película que se olvida con la misma facilidad con la que, inicialmente, le damos al play a nuestro reproductor.
viernes, 5 de octubre de 2018
LIGERAMENTE VIUDAS
De entre todos los trabajos alimenticios que realizó Javier Aguirre, que van desde el cine de terror a mayor gloria de Jacinto Molina, el
cine infantil al servicio de Parchís, o
la comedia pura y dura —no está nada mal
para un señor que lo que le gusta hacer es cine meramente experimental, lo que
el llama “anti-cine”—, de entre todos los palos que tocó durante el tardo franquismo, justo antes de la llegada del destape (al que Aguirre se acercó ya
en los años 90 con la desfasadísima “El amor sí tiene cura”), si existe una
película que yo utilizaría para mostrarle a un neófito lo que es la españolada,
puede que, con permiso de algún landismo recalcitrante, le hiciese ver esta “Ligeramente viudas” que
probablemente se encuentra entre lo peor de su director, pero que contiene
todos los clichés que ha de tener el subgénero en sí mismo. Porque tenemos un
par de individuos que se dedican a ligar guiris, tenemos dos viuditas que se
descocan para la ocasión, tenemos una trama de enredo que tarda en aparecer,
pero que cuando lo hace, lo hace con contundencia, tenemos picardías, corsés
y todo el contenido picante que una
película española podía tener en 1976, y tenemos a Saza (lo cual es un
aliciente), así como un poco de sainete, otro poco de vodevil, y el heterosexual
que para salvar una situación se hace pasar por mariquita. Un compendio de
todo. Filmes de los sesenta pueden carecer del elemento pseudo erótico así como
filmes de los setenta pueden carecer de cierta mentalidad mojigata por parte de
los personajes que, sin embargo, aquí sí tienen, entonces, siendo mejor o peor
película, lo que sí que es “Ligeramente viudas” es una españolada en toda
regla.
Cuenta la historia de dos mujeres de personalidades opuestas
que pierden a sus respectivos maridos en un accidente, así que deciden afrontar
juntas su nuevo estado civil. Pasado un tiempo prudencial, decidirán disfrutar de su recién adquirida libertad,
por lo que, para divertirse, deciden cazar a un par de solteros vividores y
“ligaguiris”, que para lo que ellas los quieren les sobra y les alcanza. Claro
que mientras que una tan solo se quiere pegar unos revolcones, la otra anda
pensando en tener una actitud más pasiva
con los hombres, lo que generará un sin fin de conflictos en lo que en realidad
es una carrera sin frenos hacia las segundas nupcias.
En realidad, nada
nuevo que no se hubiera visto en pleno 1976 nos ofrece Javier Aguirre en esta
cinta más allá del compendio de clichés, por otro lado tan manidos, de los que
antes les hablé, pero al igual que cualquier españolada, ver esto después de la
siesta en el sofá se convierte, sin duda, en una agradable y divertida
experiencia, máxime si le pilla a uno con la risa tonta.
Al margen de todo esto, especialmente reseñable me parece el momento en el que los protagonistas
van al cine y entran a ver “El asesino están entre los 13”, película que unos
meses antes había estrenado Aguirre. La gracia está en que entre nuestros
protagonistas y dos señores que hacen las veces de acomodadores, van comentando
lo que van viendo en la pantalla, acertando de pleno en las carencias de la
película con sus comentarios, esto es, que si no pasa nada, que si hablan mucho, que si tarda en
salir la sangre. Un ejercicio de metacine que se me antoja lo mejor de la
película, y muestra la capacidad que tiene el director para reírse de sí mismo.
Claro, que supongo que el hecho de odiar el cine alimenticio que hizo siempre
Aguirre, ayudaría a la eficacia del gag. Vamos, que probablemente Javier
Aguirre tan solo escribiera lo que pensaba sobre su anterior película mientras
redactaba el guion de esta.
En los papeles estelares, Esperanza Roy, María Kosti, Paco
Valladares, José Sazatornil “Saza” y Blacky.
Para echar un ratillo, alcanza de sobra.
jueves, 18 de julio de 2013
LA ZORRITA EN BIKINI
Jose Sazatornil "Saza" , un poco joven y con bisoñé,
protagoniza esta extraña película pre-destape dirigida por el incombustible Ignacio F. Iquino, que lo mismo te hacía una de quinquis más sensacionalista de
lo normal, que una comedia, que una de terror. Un todo terreno nacido para
hacer cine, y hacerlo solo por un único y exclusivo motivo: Acumular toda la pasta
posible. Y lo logró…
Huelga decir que todas sus películas son horrorosas, pero
que por unos motivos o por otros, son dignas de dedicarle un visionado,
inclusive las clasificadas “S”, que las suyas tienen un poco más de alma que
las otras.
Un presidiario, que en sus ratos de ocio se dedica a observar
a las vecinas de la cárcel en bikini (??), sale en libertad. Durante sus
trayectos en transporte público, dónde no deja de mirar aviesamente a las
mujeres, conoce a un maricón, a un par de putas, y a una tal zorrita, que le
engatusa y enamora con la idea de embaucarle en un robo de joyas. El
desmadre y el enredo, están servidos.
Una comedia con tetillas de por medio, más concretamente las
de Esperanza Roy, que a pesar de que, a priori, nos promete mucha diversión y
gags, no hay tanto de eso… es más, quitando un poco de sal gruesa en el
conjunto, tiene muy poquitos golpes cómicos, aunque se ve con agrado, y da
gusto ver a Saza muy en su salsa.
Y es que Iquino es un tío muy listo, y al principio de la
película una inscripción nos dice que no le busquemos tres pies al gato a esta
película, que no va de nada, que son solo una serie de situaciones absurdas,
aderezadas con un poquito de drama. Para concluir, demuestra que se las sabe
todas afirmando que pronto dirán de esta película que es una “Iquinada”.
Poco más que decir, porque tampoco es para tanto, ni es
horrorosa, por no verla no pasa nada, y
por verla tampoco. La película está a kilómetros de ser algo parecido a relevante.
Pero con ese título ¿Cómo voy a negarle la reseña?
sábado, 3 de marzo de 2012
EL PECADOR IMPECABLE
De primeras, al ver esta película, intuyes que es una película de los ochenta. Si no sabemos muy bien el año, calculamos que de 1982 aproximadamente. Pero no, es de 1987, aunque lo pobre de su factura apunta que podía haber sido rodada incluso en los setenta. En cualquier caso, da igual.Ese año, Almodóvar ya despuntaba, Fernando Colomo y Trueba, ya apestaban la cartelera con sus comedias Madrileñas para post-modernos de postín, y la comedia más chusca había quedado relegada al video-club. Sin embargo, todavía había lugar en la cartelera para alguna producción que, sin saber muy bien por qué, se colaba en la cartelera española, e incluso alcanzaba “cierta notoriedad”
La peli cuenta la historia de un casi sesentón virgen y reprimido, que tras el fallecimiento de su madre, rompe a follar con toda viuda que se le cruza en su camino y esquiva los envites de su prima, que solo quiere casarse con el y heredar el negocio familiar, una zapatería.
Cutre, sórdida, chabacana, misógina y de un mal gusto sobrecogedor. Una maravilla.
Su director, el mediocre Augusto Martínez Torres, debutaba como realizador adaptando una novela erótica del mismo título perpetrada por Manuel Hidalgo. La novela era aún más chunga que la película, y al adaptarla libremente, Torres suavizó todo lo centrado en el erotismo, porque si no, según el, le habría salido una película porno.
Ni a erótica llega, pero lo cierto es que es tan torpe y básica tanto en la dirección como en el montaje, tan lúgubre la iluminación y tan de estar por casa el sonido directo, que lo que le salió es un pastiche de muchas cosas, y todas malas, dentro de un cine que estaba dando sus últimos coletazos.
Sin embargo, que quieren que les diga… a mí me encanta.
En el reparto, grandes de la interpretación que no han tenido relevo generacional como Alfredo Landa, Saza, Rafaela Aparicio, Chus Lampreave, Julieta Serrano, Zori, Rafael Alonso, y la futura “Scream Queen” Diana Peñalver.
Hay que verla, joder.
sábado, 23 de abril de 2011
PELOTAZO NACIONAL
Mariano Ozores, se despediría del cine en 1993, con una película cuyo título hace referencia al único éxito de Mariano en los 90, DISPARATE NACIONAL, que sin ser de lo mejor que realizó Ozores, si que le da mil patadas a esta, PELOTAZO NACIONAL, que producida por Telecinco, y como pasaría con AQUÍ EL QUE NO CORRE VUELA, está mas preocupada de lanzar a las incipientes estrellas del canal (en este caso Andoni Ferreño, Arantxa del Sol, y hasta incluso un patético Félix “El gato”, en sus quince minutos de fama, antes de mendigar rayas de cocaína a cambio de chistes en los peores tugurios madrileños) que por hacer una comedia solvente. Y así pasó, que no la vio ni cristo.Una serie de políticos y empresarios, hacen triquiñuelas para enriquecerse, lo que le sirve al director de motivo de denuncia, mientras unas cuantas señoritas (que no son Arantxa del Sol), enseñan las tetas. Y nada más. No hay por donde cogerla… diálogos sin sentido ni gracia alguna, casi todo interiores y nada lo suficientemente atractivo como para tener en cuenta la película. Y en el terreno de las chabacanerías, nada lo suficientemente malo e ingenuo como para rendirle culto… ¡nada! La sosería hecha película.
Sin embargo, los actores de verdad, José Sazatornil “Saza”, Antonio Ozores, Juanjo Menendez y Oscar Ladoire interpretando a un extraño homosexual, están estupendos e incluso sueltos y contentos, en una película cuya zafiedad, gags e incluso forma en que está rodada, no es que deje mucho que desear, es que sería ofensiva, si llegase al calificativo.
Una lastima que el maestro de maestros, finalizara su andadura cinematográfica de esta manera tan atroz. Es casi un insulto a los fans.
Después, vendrían los problemas con su serie de Televisión EL SEXOLOGO. Los tiempos cambiaron, las feministas se impusieron y condenaron el sentido del humor al ostracismo, pero eso es otra historia.
Y al Cesar lo que es del Cesar: Yo a Mariano Ozores le admiro profundamente, es una influencia en mi absolutamente esencial, considero que ha creado autenticas obras maestras, considero que es el mejor director de cine Español de la historia, el mas osado y valiente, el que mas arriesgó, el guionista mas ingenioso, sus películas las mas divertidas… es un Dios, pero PELOTAZO NACIONAL, no solo es su peor película… es que es la mierda mas infame que he visto en mi vida... Y aún así, la prefiero a cualquier bodri español bien considerado.
lunes, 20 de noviembre de 2023
AMOR A TODO GAS
Primera película para lucimiento musical de Peret que, a su vez, es un remake de un viejo título de los años 50, “Amor sobre ruedas”, dirigido por Ramón Torrado. Para esta versión moderna protagonizado por el rey de la rumba, los productores José Antonio Cascales y Benito Perojo, contaron de nuevo con los servicios de Torrado a la dirección.
Se trata de un vodevil típico de nuestro cine clásico, con Peret soltando a diestro y siniestro los éxitos más rutilantes de su emergente carrera en 1969, y subiendo y bajando escaleras, entrando y saliendo por puertas, mientras se desenmaraña la trama de enredo que, por supuesto, acabará bien.
Peret es un taxista de Madrid con un especial talento para la rumba. Un día entra en su taxi a una cantante de éxito que ha regresado a España tras una gira triunfal por Latinoamérica. Como esta quiere pasar inadvertida, finge ser la peluquera del hotel al que Peret la ha de llevar. Pero durante el trayecto se genera un feeling entre ambos, liándose la madeja cuando se enamoran, y ella tiene que hacer triquiñuelas para que Peret no descubra que se trata de la afamada cantante. A la par que todo este enredo, no se perderá ocasión para que nuestro protagonista se cante, guitarra en mano y acompañado de sus palmeros, alguna que otra cancioncilla.
A Peret se le presentó la oportunidad y no la dejó escapar, si bien puso todas las pegas del mundo porque no podía aprenderse el guión debido a un problema que sufría de convergencia visual y le impedía enfocar correctamente sus textos. Al respecto, hay quien dice que es que no sabía leer del todo bien. Como fuere, se adaptó el rodaje de tal manera que el cantante pudiera improvisar.
No está mal, una españolada de las de toda la vida, a estas alturas con un tono absolutamente demodé (con ese muestrario de patillazas que lucen los varones, los colores saturados de la fotografía, o esa chupa de cuero arcaica que, en algunos momentos, viste Peret en pantalla), entretenida y agradable, con el aliciente de contar en su reparto con el artista musical de moda entonces y un reparto de actores clásicos que, siempre, da gusto ver.
Así, como partenaire femenina tenemos a Nieves Navarro, y en papeles secundarios (agárrense) contamos con Fernando Sancho, Florinda Chico, José Sazatornil “Saza”, María Isbert, Xan Das Bolas, José María Tasso, Rafaela Aparicio y, entre otros, a un joven e irreconocible Pepe Sancho, que acometía uno de sus primeros roles casi en calidad de figurante.
Como era habitual en nuestro cine, y como buen vehículo para lucimiento del cantante, “Amor a todo gas” fue un éxito sin precedentes que llegó a congregar a casi dos millones de espectadores, siendo una película que, posteriormente, alcanzó altísimos índices de audiencia en televisión y generó una de las canciones más populares de Peret, concretamente la que da título, es decir, “Amor a todo gas”.
El equipo técnico cuenta asimismo con la presencia de José Ulloa, quien empezaba como asistente o, lo que es lo mismo, trayendo cafés al set.
En cuanto al director, Ramón Torrado, está considerado uno de los más grandes artesanos de nuestro cine quien, especializado en lo folclórico y popular. Puso su cámara al servicio de Manolo Escobar en unas cuantas ocasiones, así como dirigió los vehículos para René Muñoz “Fray Escoba” y “Cristo Negro”, amen de un puñado de clásicos de los años 40 y 50 hoy intocables.
Se trata de un vodevil típico de nuestro cine clásico, con Peret soltando a diestro y siniestro los éxitos más rutilantes de su emergente carrera en 1969, y subiendo y bajando escaleras, entrando y saliendo por puertas, mientras se desenmaraña la trama de enredo que, por supuesto, acabará bien.
Peret es un taxista de Madrid con un especial talento para la rumba. Un día entra en su taxi a una cantante de éxito que ha regresado a España tras una gira triunfal por Latinoamérica. Como esta quiere pasar inadvertida, finge ser la peluquera del hotel al que Peret la ha de llevar. Pero durante el trayecto se genera un feeling entre ambos, liándose la madeja cuando se enamoran, y ella tiene que hacer triquiñuelas para que Peret no descubra que se trata de la afamada cantante. A la par que todo este enredo, no se perderá ocasión para que nuestro protagonista se cante, guitarra en mano y acompañado de sus palmeros, alguna que otra cancioncilla.
A Peret se le presentó la oportunidad y no la dejó escapar, si bien puso todas las pegas del mundo porque no podía aprenderse el guión debido a un problema que sufría de convergencia visual y le impedía enfocar correctamente sus textos. Al respecto, hay quien dice que es que no sabía leer del todo bien. Como fuere, se adaptó el rodaje de tal manera que el cantante pudiera improvisar.
No está mal, una españolada de las de toda la vida, a estas alturas con un tono absolutamente demodé (con ese muestrario de patillazas que lucen los varones, los colores saturados de la fotografía, o esa chupa de cuero arcaica que, en algunos momentos, viste Peret en pantalla), entretenida y agradable, con el aliciente de contar en su reparto con el artista musical de moda entonces y un reparto de actores clásicos que, siempre, da gusto ver.
Así, como partenaire femenina tenemos a Nieves Navarro, y en papeles secundarios (agárrense) contamos con Fernando Sancho, Florinda Chico, José Sazatornil “Saza”, María Isbert, Xan Das Bolas, José María Tasso, Rafaela Aparicio y, entre otros, a un joven e irreconocible Pepe Sancho, que acometía uno de sus primeros roles casi en calidad de figurante.
Como era habitual en nuestro cine, y como buen vehículo para lucimiento del cantante, “Amor a todo gas” fue un éxito sin precedentes que llegó a congregar a casi dos millones de espectadores, siendo una película que, posteriormente, alcanzó altísimos índices de audiencia en televisión y generó una de las canciones más populares de Peret, concretamente la que da título, es decir, “Amor a todo gas”.
El equipo técnico cuenta asimismo con la presencia de José Ulloa, quien empezaba como asistente o, lo que es lo mismo, trayendo cafés al set.
En cuanto al director, Ramón Torrado, está considerado uno de los más grandes artesanos de nuestro cine quien, especializado en lo folclórico y popular. Puso su cámara al servicio de Manolo Escobar en unas cuantas ocasiones, así como dirigió los vehículos para René Muñoz “Fray Escoba” y “Cristo Negro”, amen de un puñado de clásicos de los años 40 y 50 hoy intocables.
miércoles, 4 de diciembre de 2013
A MI LAS MUJERES, NI FU NI FA
Película para lucimiento del conocido como “Rey de la
Rumba”, o lo que es lo mismo, Peret, gitano y catalán qué ha estado en lo más
alto de la música de nuestro país, hasta hace bien poquito.
Eran los años en los que hacer una película-vehículo para
algún cantate era mucho mas rentable que cualquier otra, así que casi
todos tenían la suya en las salas, pero las de Peret (ocho películas en su
filmografía), aún siendo un actor espantoso (no en balde se le doblaba la voz
por un profesional, cosa que con Manolo Escobar, por ejemplo, no pasaba) eran
de las más exitosas.
Y siempre se contrataba a algún
artesano que supiera hacer una película para estos individuos, rindiendo al
máximo. Cuando llamaban a Mariano Ozores para dirigirla sería, cuanto menos,
divertidísima. Como la que nos ocupa.
Un psiquiatra especializado en temas sexuales, trata a un manager del mundo
de la música, que dice que le gustan las mujeres de forma exagerada y que por
otro lado recomienda el psiquiatra a su representado, el cantante de Rumba
Pedro.
Pedro queda extasiado con la prometida del psiquiatra a la
que mira el escote durante una actuación, con el fin de estar cerca de ella y
ligársela, concreta cita con el psiquiatra para explicarle, siendo mentira, que
a él las mujeres no le dicen nada, y que tiene miedo de volverse maricón.
Mariano Ozores hacía las películas para estos cantantes,
cómo las podía hacer para cualquier actor de renombre, solo que adaptaba las
tramas para que se pudieran colar sus canciones entre escena y escena, pero
realmente este argumento no dista mucho de uno protagonizado por, pongamos como
ejemplo, Arturo Fernández. De hecho, el elenco de actores que acompañan a Peret
es de primera categoría, y la factura de la película es tremendamente buena, al
estilo de aquellas tan comerciales que hacía Ozores a finales de los
60.
Así pues, se trata de una película con una trama de enredo
del todo disfrutable, entretenida, súper bien rodada, y no negaré que Peret,
aún estando doblado y siendo horroroso, tiene hasta algo de carisma.
Junto a él, grandes de la talla de José Luis López Vazquez, Gracita Morales,
Antonio Ozores, José Sazatorníl (Saza) y la bella Patty Shepard, vista en
muchos títulos de género horrorífico como puedan ser “Al filo del hacha”,
“Slugs, Muerte Viscosa”, “Descanse en piezas”, “La noche de Walpurgis” o “Los
monstruos del terror”.
Funcional entretenimiento.
martes, 1 de marzo de 2011
EL FASCISTA, DOÑA PURA Y EL FOLLÓN DE LA ESCULTURA
Sin abandonar al fascista del título, en pocos años Joaquín Coll Espona pasó del cine con ramalazos “S” al cine político con toques de comedia. Obviamente al director le interesan amabas corrientes, y como las modas imperantes en el cine de la transición así lo piden, Coll se adapta como anillo al dedo.Pero si su anterior película, "El fascista, la beata y su hija desvirgada", funcionaba ligeramente, en esta falsa secuela (hay muchos fachas en ella, y aparece José Luis López Vázquez, pero no es el mismo personaje de la anterior), se impone tanto el rollo político, que la comedia se queda en una mera anécdota. Como consecuencia, nos aburrimos soberanamente.
Tras la muerte de Franco, un grupo ultra-derechista decide hacer una estatua ecuestre del generalísimo. Uno de estos fascistas se quiere beneficiar a la mujer de un escultor rojo, por lo que le ofrece el trabajo, él de primeras se niega por sus convicciones políticas, pero acaba cediendo ante la insistencia de su mujer, que termina liada con el fascista. Todo esto desencadenará supuestas situaciones cómicas.
Un poco de destape, con la escasamente apetecible Nieves Navarro mostrando miserias, Ovidi Montllor muy contento de hacer su papel de escultor rojo, José Luis López Vázquez no tan entregado como suele habitualmente y un ritmo leeeento, leeeento, leeento en una de esas películas que carecen de interés alguno para todos aquellos que no se sientan fascinados por el cómo la historia de un país afectó a sus géneros cinematográficos. A mi sí me fascinan esos factores y, sin embargo, esta peli no me dice ni fu, ni fa.
Un deleite para los sentidos poder ver al gran “Saza” interpretando al facha con absoluta maestría. No me extraña que se encasillara en este tipo de papeles. Recomiendo el visionado con avance rápido, y parando solo en las escenas donde el veterano actor tira de verborrea fachosa asegurando, tras un asesinato para-fascista, que a un rojo no se le asesina; se le ejecuta.
Por lo demás… mala.
Un deleite para los sentidos poder ver al gran “Saza” interpretando al facha con absoluta maestría. No me extraña que se encasillara en este tipo de papeles. Recomiendo el visionado con avance rápido, y parando solo en las escenas donde el veterano actor tira de verborrea fachosa asegurando, tras un asesinato para-fascista, que a un rojo no se le asesina; se le ejecuta.
Por lo demás… mala.
lunes, 15 de octubre de 2018
DOS MEJOR QUE UNO
“Dos mejor que uno”, basada en la novela de José Luis
Olaizola “El señor del huerto”, quizás
suponga una de las últimas películas adscritas a la denominada “tercera vía del
cine español”, categoría esta a la que la película está adscrita, y que
aglutinaba todos aquellos trabajos que deambulaban entre el cine popular y el
cine intelectual con un fuerte componente socio político y económico en su
haber. Esta tendencia fue perdiendo terreno en el momento en que la comedia
madrileña irrumpió con fuerza en nuestras pantallas, sin duda más frívola y
moderna, aunque deudora asimismo de esta
corriente.
Por otra parte, “Dos mejor que uno” lanza un mensaje
fraternal y abiertamente comunista, no exento de buenas intenciones, que junto
a un reparto compuesto por actores de dos generaciones, y una historia amena y modesta,
nada pretenciosa, se convierte en una refrescante propuesta. Cine español
ochentero del que tenía su propia entidad y al que, contra todo pronóstico, los
años no han hecho más que beneficiarle.
Sin embargo, se trata de una película que al deambular un
poco por tierra de nadie, pasó inadvertida en su paso por cines, permaneciendo
prácticamente inadvertida durante todos estos años dando señales de vída
únicamente en dispersos pases televisivos. 52.000 espectadores fueron los que
pasaron por salas. Poca cosa.
Cuenta la historia de dos amigos de la infancia, uno
prudente y apocado, otro completamente histriónico, que son presentados sin que
conozcamos mucho de sus pasados —salvo por un par de flashbacks a su niñez que
nos ponen un poco en situación— pero mientras que uno no da palo y vive más o
menos como un vagabundo, el otro, encargado de vigilar un solar destartalado y
viviendo en una chabola, decide, con permiso del dueño del solar, plantar un
huerto con el handicap que supone el plantar un huerto en pleno casco urbano y
en un descampado en el que no hay agua corriente. Pronto, un montón de amigos y
vecinos trabajarán codo con codo con el fin de llevar esa plantación a buen
puerto. El problema es que una oficina banquera colindante, quiere hacerse con
ese solar para edificar, cueste lo que cueste.
La nota romántica la pone el triangulo amoroso formado por
los protagonistas, enamorados de la misma mujer, que para más inri, está casada
con uno de ellos.
Un film muy agradable y dinámico cuyo mensaje positivo no
deja al espectador que se desanime, pese a que, paradójicamente, el final es
para nada esperanzador.
El reparto está lleno de estupendos actores; por un lado
tenemos a José Sacristan (rey indiscutible de la tercera vía), Antonio Resines,
Jesús Bonilla o Miguel Rellan, representando aquella etapa contemporánea a la
vez que comparten plano con los veteranos Agustín González, Rafael Alonso,
Rafaela Aparicio o Saza.
El director, Ángel Llorente, debutaba con este largometraje
tras haber escrito los guiones de “Volver a empezar” o “El Hueso”. Su carrera
como guionista y director no fue lo suficientemente fructífera y no nos dio
tiempo a ver como hubiera evolucionado este señor, porque nueve años después de
rodar el que es formalmente su último trabajo,
Ángel Llorente fallecía con poco más de 51 años. Una lástima.
lunes, 1 de enero de 2024
AMITYVILLE KAREN
No hace demasiado tiempo, quizás con el uso de las redes sociales, se implantó en la jerga estadounidense el término “Karen”. Este sirve para referirse de manera despectiva a un estereotipo concreto: la típica cuarentona, bocazas, irrespetuosa y que a menudo suele llevar el pelo corto estilo chico. Aquí en España no se maneja —todavía— porque el castellano es rico en terminologías peyorativas y, de toda la vida, hemos empleado vocablos que vienen a significar lo mismo que “Karen”: “Maruja” o “Choni”, serían buenos ejemplos. Es más, diría que el más aproximado al término anglosajón sería concretamente “Choni”.
Una vez sabido esto, comprenderemos la estúpida broma perpetrada por el infame, calvo y miserable Shawn C. Phillips, uno de los nombres más recurrentes del SOV actual que, aparte de realizar sus películas grabadas en vídeo, tiene un canal de Youtube de gama media tirando a baja, en la que opera bajo el irritante nombre de “Coolduder”.
Como ya saben, lo de ambientar cualquier película de baja estofa en el “barrio” de Amityville, no es una cuestión homenajística (en algún caso sí, como en “The Amityville Legacy”), es pura rutina para aparecer primero en las búsquedas de las plataformas en las que se suelen alojar todas estas cosas (porque Amityville comienza por la letra “A”), y esa es la única razón de ser del “Amityvillexploitation”.
En esta ocasión, la acción se centra dentro del vecindario de Amityville, donde tenemos una “Karen” que además de depilarse los sobacos, ponerse mascarillas y perfume barato, gusta de coquetear con los hombres rudos y fortachones (los llamados “Guidos”) y echar reprimendas sin sentido a sus congéneres.
Cerca de donde vive hay un restaurante en crisis, así que Karen aprovechará para robarles una botella de vino que se beberá al calor de su hogar. Claro, la botella está maldita y, en consecuencia, Karen vivirá toda suerte de sucesos paranormales para luego ella asesinar a quien se ponga en su camino.
Al margen de que esta sinopsis suena algo mejor de lo que es, no hay nada en “Amityville Karen” novedoso, original o ingenioso. Esto es materia muerta por parte de Shawn C. Phillips, que le pone menos ganas y menos ilusión al asunto que si le tocara realizar un vídeo de boda. Phillips hace alarde de la vagancia más absoluta porque, al fin y al cabo, la película es lo de menos, tan solo está concebida para figurar, para estar en plataformas o, como Naxo diría, para conseguir clicks.
Entonces, "Amityville Karen" es medio visible durante los primeros diez minutos iniciales, que cuentan con un montaje más o menos dinámico y se nos presenta a Karen de manera más o menos divertida. Pasados esos minutos, la cosa va combinando eternos planos medios en los que los actores conversan intrascendentemente, tías escuálidas que muestran sus tetas, maquillajes y efectos especiales de baratillo, y algo de gore para justificar la adscripción de esta ponzoña al género de terror.
En el terreno de las tetas, ni siquiera se las vemos a la protagonista, Lauren Francesca, la que hace de Karen, habitual en cintas de corte independiente de variado pelaje, que es monilla, resultona y la intuimos unos estupendos pechos. Se las vemos, en cambio, a las secundarias esqueléticas y poco apetecibles que se prestan a desnudarse a cambio de un bocadillo de mortadela en la película de Phillips. Lo cual es casi mejor porque va acorde en baja calidad al resto del artefacto y este, en general, se vuelve más desagradable.
Por supuesto, Shawn C. Phillips tiene un ego inmenso equiparable únicamente a su falta de talento y se asigna un papel secundario; es uno de los camareros del restaurante donde la Karen manga el vino maldito, y le vemos en todo su esplendor, luciendo hechuras de ex obeso que va recuperando su estado natural, prominente calva y rodapiés a lo Saza. Y habla, habla, habla, dando vida a un personaje que, como el propio director, intuyo, vive en casa de sus padres.
La producción la firma Ron Bonk, estandarte del SOV noventero, que -tirando erróneamente de la etiqueta underground- gestiona los papeleos legales de toda esta ralea de películas, dándole igual el resultado de las mismas y poniendo el número de cuenta. Al menos no está matando perros.
Y poco más. Como digo, estas cosas no las veo buscando diversión, sino más bien por razones antropológicas y, en ese sentido, “Amityville Karen” cumple con creces su cometido, aunque para ello tenga que soportar una hora y cuarenta y seis minutos de la más absoluta nada.
Una vez sabido esto, comprenderemos la estúpida broma perpetrada por el infame, calvo y miserable Shawn C. Phillips, uno de los nombres más recurrentes del SOV actual que, aparte de realizar sus películas grabadas en vídeo, tiene un canal de Youtube de gama media tirando a baja, en la que opera bajo el irritante nombre de “Coolduder”.
Como ya saben, lo de ambientar cualquier película de baja estofa en el “barrio” de Amityville, no es una cuestión homenajística (en algún caso sí, como en “The Amityville Legacy”), es pura rutina para aparecer primero en las búsquedas de las plataformas en las que se suelen alojar todas estas cosas (porque Amityville comienza por la letra “A”), y esa es la única razón de ser del “Amityvillexploitation”.
En esta ocasión, la acción se centra dentro del vecindario de Amityville, donde tenemos una “Karen” que además de depilarse los sobacos, ponerse mascarillas y perfume barato, gusta de coquetear con los hombres rudos y fortachones (los llamados “Guidos”) y echar reprimendas sin sentido a sus congéneres.
Cerca de donde vive hay un restaurante en crisis, así que Karen aprovechará para robarles una botella de vino que se beberá al calor de su hogar. Claro, la botella está maldita y, en consecuencia, Karen vivirá toda suerte de sucesos paranormales para luego ella asesinar a quien se ponga en su camino.
Al margen de que esta sinopsis suena algo mejor de lo que es, no hay nada en “Amityville Karen” novedoso, original o ingenioso. Esto es materia muerta por parte de Shawn C. Phillips, que le pone menos ganas y menos ilusión al asunto que si le tocara realizar un vídeo de boda. Phillips hace alarde de la vagancia más absoluta porque, al fin y al cabo, la película es lo de menos, tan solo está concebida para figurar, para estar en plataformas o, como Naxo diría, para conseguir clicks.
Entonces, "Amityville Karen" es medio visible durante los primeros diez minutos iniciales, que cuentan con un montaje más o menos dinámico y se nos presenta a Karen de manera más o menos divertida. Pasados esos minutos, la cosa va combinando eternos planos medios en los que los actores conversan intrascendentemente, tías escuálidas que muestran sus tetas, maquillajes y efectos especiales de baratillo, y algo de gore para justificar la adscripción de esta ponzoña al género de terror.
En el terreno de las tetas, ni siquiera se las vemos a la protagonista, Lauren Francesca, la que hace de Karen, habitual en cintas de corte independiente de variado pelaje, que es monilla, resultona y la intuimos unos estupendos pechos. Se las vemos, en cambio, a las secundarias esqueléticas y poco apetecibles que se prestan a desnudarse a cambio de un bocadillo de mortadela en la película de Phillips. Lo cual es casi mejor porque va acorde en baja calidad al resto del artefacto y este, en general, se vuelve más desagradable.
Por supuesto, Shawn C. Phillips tiene un ego inmenso equiparable únicamente a su falta de talento y se asigna un papel secundario; es uno de los camareros del restaurante donde la Karen manga el vino maldito, y le vemos en todo su esplendor, luciendo hechuras de ex obeso que va recuperando su estado natural, prominente calva y rodapiés a lo Saza. Y habla, habla, habla, dando vida a un personaje que, como el propio director, intuyo, vive en casa de sus padres.
La producción la firma Ron Bonk, estandarte del SOV noventero, que -tirando erróneamente de la etiqueta underground- gestiona los papeleos legales de toda esta ralea de películas, dándole igual el resultado de las mismas y poniendo el número de cuenta. Al menos no está matando perros.
Y poco más. Como digo, estas cosas no las veo buscando diversión, sino más bien por razones antropológicas y, en ese sentido, “Amityville Karen” cumple con creces su cometido, aunque para ello tenga que soportar una hora y cuarenta y seis minutos de la más absoluta nada.
martes, 24 de junio de 2025
DANTE NO ES ÚNICAMENTE SEVERO
Cuando se habla de "La Escuela de Barcelona", aquel movimiento cinematográfico vanguardista y sesentero, hijo bastardo de la "Nouvelle Vague" y que nació con la intención de erigirse en contra del cine del franquismo y el denominado “Nuevo Cine Español”, se habla de este “Dante no es únicamente severo” dirigida entre Joaquím Jordá (responsable de la noventera y curiosa “Cuerpo en el bosque”) y uno de los fundadores de "La Escuela", Jacinto Esteva, como de la película principal de la corriente y una de las mejores de la historia del cine español.
En un principio iba a ser una obra colectiva con las aportaciones de otros miembros del clan como Pere Portabella o Ricardo Bofill Senior, pero las distintas diferencias estéticas y creativas existentes entre los realizadores propiciaron que, finalmente, el proyecto se convirtiera en una sola película dirigida al alimón por Esteva y Jordá. Sin embargo, rodaron su material por separado y, cuando lo tuvieron completo, lo montaron de manera combinada con la idea de que el espectador no pudiera diferenciar la autoría de las distintas secuencias.
No estoy de acuerdo con aquello de que sea una de las mejores, pero sí que, tras verla por primera vez, reconozco su osadía y destellos de genialidad (aunque, si de "La Escuela de Barcelona" hablamos, sigo prefiriendo “Vampir Cuadecuc” o cualquiera de las de Portabella) así como el intento de hacer una película que, en esencia, cuenta una relación romántica desde el surrealismo y la total y absoluta incoherencia. Así pues, tenemos aquí una obra muy visual, no narrativa y, sobre todo, rara. No obstante, también detecto no ya influencia del inevitable Buñuel, si no que, como si de una suerte de Tarantinos primigenios se trataran, los directores toman prestados elementos que ya fueron imaginados previamente por otros en otras películas, rozando por momentos el plagio, sin que nadie ponga el grito en el cielo solo porque se trata de arte y ensayo. Pero ahí tenemos planos de intervenciones oculares reales que cantan por soleares y uno final que directamente ¿homenajea? al más popular de “Un perro andaluz”. Y del mismo modo que la de Buñuel, “Dante no es únicamente severo” no responde a ninguna idea racional ni coherente.
O sea, que la película más representativa de "La Escuela de Barcelona" en realidad no tiene ni un ápice de originalidad, pero, al margen de eso y obviando referencias que el espectador en su momento no tenía por qué reconocer (y tampoco importa demasiado), sí se trata de una obra rompedora visual y narrativamente que, seguro, haría que el público abandonara la sala donde se proyectase en su momento igual que los supuestos culturetas con los que compartí el visionado esta semana, también ellos salieron por patas, probablemente más por la sensación de no entender nada que por aburrimiento. Porque “Dante no es únicamente severo” es una colección de secuencias filmadas y ensambladas sin ningún sentido, pero con mucho brío y oficio, que harán que los “adictos a la imagen”, como se define a sí mismo ese pedazo de personajillo pedante e irritante que es (hasta el nombre parece de coña) Oliver Laxe —ríete tú de Albert Serra—, se lo pasen estupendamente. Así fue en mi caso.
Mucha estética “nouvelvaguera” y yeyé propia del moderneo de la época, y mogollón de material de archivo extrañamente mezclado con aquel rodado ex profeso, hacen el resto. Y resulta, por otro lado, una película que, pese a su marcada intención artística, tiene un tufillo a cine popular y comercial del periodo que contrasta muy bien con toda la locura experimental que se gasta. Solo falta Saza por allí dando la réplica.
Por lo demás, el título fue concebido por sus directores de manera aleatoria, eligiendo la primera frase de la primera página de un libro abierto al azar.
En un principio iba a ser una obra colectiva con las aportaciones de otros miembros del clan como Pere Portabella o Ricardo Bofill Senior, pero las distintas diferencias estéticas y creativas existentes entre los realizadores propiciaron que, finalmente, el proyecto se convirtiera en una sola película dirigida al alimón por Esteva y Jordá. Sin embargo, rodaron su material por separado y, cuando lo tuvieron completo, lo montaron de manera combinada con la idea de que el espectador no pudiera diferenciar la autoría de las distintas secuencias.
No estoy de acuerdo con aquello de que sea una de las mejores, pero sí que, tras verla por primera vez, reconozco su osadía y destellos de genialidad (aunque, si de "La Escuela de Barcelona" hablamos, sigo prefiriendo “Vampir Cuadecuc” o cualquiera de las de Portabella) así como el intento de hacer una película que, en esencia, cuenta una relación romántica desde el surrealismo y la total y absoluta incoherencia. Así pues, tenemos aquí una obra muy visual, no narrativa y, sobre todo, rara. No obstante, también detecto no ya influencia del inevitable Buñuel, si no que, como si de una suerte de Tarantinos primigenios se trataran, los directores toman prestados elementos que ya fueron imaginados previamente por otros en otras películas, rozando por momentos el plagio, sin que nadie ponga el grito en el cielo solo porque se trata de arte y ensayo. Pero ahí tenemos planos de intervenciones oculares reales que cantan por soleares y uno final que directamente ¿homenajea? al más popular de “Un perro andaluz”. Y del mismo modo que la de Buñuel, “Dante no es únicamente severo” no responde a ninguna idea racional ni coherente.
O sea, que la película más representativa de "La Escuela de Barcelona" en realidad no tiene ni un ápice de originalidad, pero, al margen de eso y obviando referencias que el espectador en su momento no tenía por qué reconocer (y tampoco importa demasiado), sí se trata de una obra rompedora visual y narrativamente que, seguro, haría que el público abandonara la sala donde se proyectase en su momento igual que los supuestos culturetas con los que compartí el visionado esta semana, también ellos salieron por patas, probablemente más por la sensación de no entender nada que por aburrimiento. Porque “Dante no es únicamente severo” es una colección de secuencias filmadas y ensambladas sin ningún sentido, pero con mucho brío y oficio, que harán que los “adictos a la imagen”, como se define a sí mismo ese pedazo de personajillo pedante e irritante que es (hasta el nombre parece de coña) Oliver Laxe —ríete tú de Albert Serra—, se lo pasen estupendamente. Así fue en mi caso.
Mucha estética “nouvelvaguera” y yeyé propia del moderneo de la época, y mogollón de material de archivo extrañamente mezclado con aquel rodado ex profeso, hacen el resto. Y resulta, por otro lado, una película que, pese a su marcada intención artística, tiene un tufillo a cine popular y comercial del periodo que contrasta muy bien con toda la locura experimental que se gasta. Solo falta Saza por allí dando la réplica.
Por lo demás, el título fue concebido por sus directores de manera aleatoria, eligiendo la primera frase de la primera página de un libro abierto al azar.
martes, 25 de enero de 2011
OPERACIÓN MANTIS (EL EXTERMINIO DEL MACHO)
La etapa más decadente de Paul Naschy tiene como cenit esta película. El actor y director se apuntó al “spoof”, creyéndose percusor del género en España, cuando ya lo habían hecho, sin mucho éxito artístico, Mariano Ozores y Manuel Summers, por lo que el hostión fue considerable. En co-producción con Japón (ya saben, Masurao Takeda) como venía siendo habitual en esa época, para esta comedia se le concedió a Naschy el mayor presupuesto que había manejado nunca. No se recuperó nada. Y claro, la culpa nunca fue suya, fue del co-guionista Joaquin Oristell y de que la película era demasiado sofisticada y adelantada a su tiempo, no como las de Mariano Ozores que demandaba el público. Que poquita vergüenza tenías Jacinto.La única verdad, es que la película da absoluta vergüenza ajena, por todo en general, y por Paul Naschy en particular. Si no eres cómico no te metas a hacer monerías, porque harás el ridículo. Y él lo hace de todas las formas posibles, sirviéndose para ello de los mas variopintos disfraces. Verle de punk cantando y "subnormaleando" es de antología, pero en plan negativo… da mucha penita.
Tras el asesinato de una influyente mujer, una organización feminista llamada “Matriarka” planea el exterminio del macho, dejando solo 200 tipos para la perpetuación de la especie. Tres súper espías son enviados para solucionar el tema.
La saga que intenta parodiar Paul Naschy es la de James Bond. No se puede ser menos acertado. Desde los años 60, se han hecho parodias de Bond. A mediados de los 80 ¿quién quería ver otra? Y menos en manos de Paul Naschy, que si, que con el terror se ganaría a posteriori cierto prestigio, pero en comedia… hay que ser un tipo con mucha confianza en sí mismo para sostener el peso cómico de un largometraje entero… y también en la película, puesto que al finalizar prometían una secuela. Como si no hubiéramos tenido suficiente.
Si el descalabro funciona en algún sentido, es en su patetismo. Es tan triste ver gags pretendidamente graciosos, y buenos actores cómicos sin atinar, que al final te tienes que reír. Siendo la peli mas difícil de conseguir de Paul Naschy (con permiso de "Las noches del hombre lobo", que no se sabe ni si existe) la convierte en una joyita, rareza y curiosidad.
Dirigida y co-escrita por el propio Naschy, además de intentar hacerse el gracioso interpretando a un Rasputín que te vende caramelos a ritmo de chascarrillo (“¡Que cosas tiene mi Zarina!” como guiño al “¡Que cosas tiene mi novio¡”, una popular coletilla ochentera), tenemos en el reparto a la inevitable Julia Sali, José Sazatornil “Saza”, que protagoniza una escenita junto a una araña de plástico totalmente inmóvil, de lo peorcito que he visto en mi vida, José Luis López Vázquez, Antonio Gamero, Freda Lorente, José Riesgo, Fernando Bilbao…
La verdad es que el despropósito es tal, que siendo la peli mas cara que realizó Paul Naschy, parece la más barata, y es que me da a mi que el presupuesto se fue en pagar a todos estos actores, a quienes, dicho sea de paso, se ve en un estado de gracia menor y muy poquito entusiasmados.
viernes, 22 de diciembre de 2023
SANTA CLAUS
Probablemente “Santa Claus” sea la película más popular y querida de René Cardona padre, un film navideño que supuso un éxito de taquilla en México donde fue proyectada en salas durante años y comprada por productores americanos —más concretamente, por K. Gordon Murray— para alterarle el metraje, pegarle algún que otro corte y estrenarla en cines yankis allá por 1960. Es muy curioso porque, mientras que en México la película recibe un tratamiento de clásico patrio incuestionable, en los USA, más condescendientes, la tienen por una de las peores películas de la historia, cómo no. Es por eso que se le rinden cierto culto, y más desde que la gente de "Mistery Science Theater 3000" la descubrió para los suyos y se pitorreó de ella. Mientras, por otro lado, recibía un premio de cine familiar en un festival de cine de San Francisco.
Asimismo, historiadores y estudiosos del cine de Cardona destacan este “Santa Claus” como una de las más extrañas películas rodadas sobre el personaje, no solo por el diseño de producción (Santa vive en una especie de palacio en medio del espacio), sino también por tratarse de una película que, pese a la marcada paleta de colores de la que hace gala su technicolor, era un pelín siniestra, y combinaba un tema absolutamente infantil, como es Santa Claus, con elementos propios del cine de terror, género este en el que más adelante se especializarían todas las películas que, al igual que esta, se diseñaban y filmaban en los estudios "Churubusco". Obviamente, no la vean buscando terror, porque aunque sí es cierto que es un poco oscurilla, al final se trata de unas pinceladitas muy ingenuas y naíf.
El argumento es, cuando menos, curioso. Santa Claus se prepara para realizar su trabajo en Navidades, ayudado por una serie de niños de todo el mundo (en una secuencia eterna en la que se nos presenta a cada grupo de críos según su correspondiente estereotipo. Imagínense pues, como retrata a los africanos…), cuando, desde el infierno, Lucifer envía a uno de sus demonios con el fin de destruir la Navidad. Y ya de paso, si se tercia, matar a Santa Claus. Para ello irá convenciendo a los niños de que hagan el mal durante esas fechas. Por suerte, Santa es colega del mago Merlín, que con unos polvos mágicos le ayudará a poner todo de nuevo en su sitio, y acabar de una vez por todas con ese satanismo caprichoso y dañino. Lo conseguirá, pero por el camino las pasará putas.
Lo cierto es que, si obviamos un par de secuencias muy largas y aburridas, la película, rancia, añeja, de mensajes dudosos y extraños, se deja ver perfectamente. Porque al final es tan rara y perturbadora que uno no puede dejar de mirar lo que sucede en pantalla, máxime si se tiene el placer de ver la copia que yo vi. Y es que resulta que, para cuando esta película se comercializó en DVD ya en la década de 2000, el negativo del que extrajeron el master para transferir a vídeo estaba ya muy deteriorado y apenas se distinguían los colores. Así que, lejos de restaurarla por la vía básica y elemental, se optó por colorear ese negativo de manera digital, con unos tonos absolutamente vivos y de videojuego. En consecuencia, tenemos una copia rara y marciana que, lejos de estar restaurada, está estropeada, dando la sensación de que estamos viendo una película de dibujos animados a partir de imagen real. El resultado de esto la convierte en una cosa más loca de lo que ya de por sí es y, por momentos, produce dolor de cabeza, sin embargo desconozco ninguna otra película que haya sido alterada de esta manera, por lo que la insensatez al hacer esto, torna esta versión, directamente, en un aborto fílmico.
Por supuesto, “Santa Claus” en el terreno actoral tiene alma de superproducción. El niño que acompaña a Claus en sus cosas no es otro que Cesáreo Quesadas “Pulgarcito”. El chaval, chaparro de tamaño, protagonizó la versión made in Cardona del cuento de Perrault “Pulgarcito” y a partir de ahí ya empezó a llamarse al niño como al personaje, llegando a ser este su nombre artístico. El muchacho funcionó como un tiro en el cine, hasta que se hizo adolescente y le cambió la voz, pero durante el periplo llegó a venir a España para intervenir junto a Marisol en “Ha llegado un Ángel”. José Elías Moreno, fue un actor clásico mexicano, pero se hizo terriblemente popular y querido precisamente por dar vida a Santa en esta producción, y luego tenemos a toda suerte de personalidades habituales en el cine mexicano de la época, que no dejan de llamarme la atención porque hacen acompañar a sus nombres, en los créditos, con sus respectivos motes. Entonces, igual que nosotros tenemos a José Sazatornil “Saza”, “Santa Claus” tiene, además de Cesáreo Quesadas “Pulgarcito”, a José Luis Agirre “Trotsky” como ese malvado demonio que tienta a los niños, y Armando Arriola “Arriolita” como el mago Merlín.
Si creen que ya lo han visto todo en cine navideño, comprobarán como este “Santa Claus” les sorprende. Está relativamente fácil de conseguir, así que, si gustan…
Y ¡Que pasen muy felices fiestas!
Asimismo, historiadores y estudiosos del cine de Cardona destacan este “Santa Claus” como una de las más extrañas películas rodadas sobre el personaje, no solo por el diseño de producción (Santa vive en una especie de palacio en medio del espacio), sino también por tratarse de una película que, pese a la marcada paleta de colores de la que hace gala su technicolor, era un pelín siniestra, y combinaba un tema absolutamente infantil, como es Santa Claus, con elementos propios del cine de terror, género este en el que más adelante se especializarían todas las películas que, al igual que esta, se diseñaban y filmaban en los estudios "Churubusco". Obviamente, no la vean buscando terror, porque aunque sí es cierto que es un poco oscurilla, al final se trata de unas pinceladitas muy ingenuas y naíf.
El argumento es, cuando menos, curioso. Santa Claus se prepara para realizar su trabajo en Navidades, ayudado por una serie de niños de todo el mundo (en una secuencia eterna en la que se nos presenta a cada grupo de críos según su correspondiente estereotipo. Imagínense pues, como retrata a los africanos…), cuando, desde el infierno, Lucifer envía a uno de sus demonios con el fin de destruir la Navidad. Y ya de paso, si se tercia, matar a Santa Claus. Para ello irá convenciendo a los niños de que hagan el mal durante esas fechas. Por suerte, Santa es colega del mago Merlín, que con unos polvos mágicos le ayudará a poner todo de nuevo en su sitio, y acabar de una vez por todas con ese satanismo caprichoso y dañino. Lo conseguirá, pero por el camino las pasará putas.
Lo cierto es que, si obviamos un par de secuencias muy largas y aburridas, la película, rancia, añeja, de mensajes dudosos y extraños, se deja ver perfectamente. Porque al final es tan rara y perturbadora que uno no puede dejar de mirar lo que sucede en pantalla, máxime si se tiene el placer de ver la copia que yo vi. Y es que resulta que, para cuando esta película se comercializó en DVD ya en la década de 2000, el negativo del que extrajeron el master para transferir a vídeo estaba ya muy deteriorado y apenas se distinguían los colores. Así que, lejos de restaurarla por la vía básica y elemental, se optó por colorear ese negativo de manera digital, con unos tonos absolutamente vivos y de videojuego. En consecuencia, tenemos una copia rara y marciana que, lejos de estar restaurada, está estropeada, dando la sensación de que estamos viendo una película de dibujos animados a partir de imagen real. El resultado de esto la convierte en una cosa más loca de lo que ya de por sí es y, por momentos, produce dolor de cabeza, sin embargo desconozco ninguna otra película que haya sido alterada de esta manera, por lo que la insensatez al hacer esto, torna esta versión, directamente, en un aborto fílmico.
Por supuesto, “Santa Claus” en el terreno actoral tiene alma de superproducción. El niño que acompaña a Claus en sus cosas no es otro que Cesáreo Quesadas “Pulgarcito”. El chaval, chaparro de tamaño, protagonizó la versión made in Cardona del cuento de Perrault “Pulgarcito” y a partir de ahí ya empezó a llamarse al niño como al personaje, llegando a ser este su nombre artístico. El muchacho funcionó como un tiro en el cine, hasta que se hizo adolescente y le cambió la voz, pero durante el periplo llegó a venir a España para intervenir junto a Marisol en “Ha llegado un Ángel”. José Elías Moreno, fue un actor clásico mexicano, pero se hizo terriblemente popular y querido precisamente por dar vida a Santa en esta producción, y luego tenemos a toda suerte de personalidades habituales en el cine mexicano de la época, que no dejan de llamarme la atención porque hacen acompañar a sus nombres, en los créditos, con sus respectivos motes. Entonces, igual que nosotros tenemos a José Sazatornil “Saza”, “Santa Claus” tiene, además de Cesáreo Quesadas “Pulgarcito”, a José Luis Agirre “Trotsky” como ese malvado demonio que tienta a los niños, y Armando Arriola “Arriolita” como el mago Merlín.
Si creen que ya lo han visto todo en cine navideño, comprobarán como este “Santa Claus” les sorprende. Está relativamente fácil de conseguir, así que, si gustan…
Y ¡Que pasen muy felices fiestas!
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