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viernes, 22 de enero de 2016

¡BRUJA, MÁS QUE BRUJA!

Partiendo de la base de lo interesantísimo que me parece el cine popular español de los años 60, 70 y 80, hay que tener en cuenta también que muchos de los que cultivaban este tipo de cine, ya en la era de la Ley Miró, se pasaron al bando intelectualoide, no fuera que les fuera a caer encima el yugo de la Miró encima, y si bien, no renegaron del cine que venían haciendo hasta ahora, si que supieron excusar su existencia ante el juicio al que se sometió en los noventa al cine español de consumo. Por citar un par de nombres, los más palpables y prestigiosos a posteriori, fueron José Sacristán y Fernando Fernán Gómez. El primero me interesa muy poquito. Nada de hecho. Ni cuando perseguía a las Suecas. Del segundo, otro gallo canta, ya que como autor y director, me parece una de las propuestas más interesantes de cuantas ha habido en el cine español. Porque si, al final adquirió prestigio y llegó a pedantear con cosas como “El viaje a ninguna parte” por otro lado estupenda película o con “Mi hija Hidelgart”, también es el responsable de obras maestras del cine español como por ejemplo “El Extraño viaje” que es cojonudísima –y tontea, además, con el género fantástico por mucho que digan- combinando todo esto con cosas más populares como “La Venganza de Don Mendo” o “Los Palomos”.
Pero es que además del Fernando Fernán Gómez alagado por la intelectualidad del cine español, ese que es entrevistado durante horas en el pretencioso documental de David “te odiamos a ti  y a toda tu familia” Trueba, tenemos otro Fernando Fernán Gómez que no atina y cuyas películas no gustan a nadie. Ese es el que aquí reivindico, por supuesto. De ese tipo está “Pesadilla para un Rico” tan mala (pero divertida) que es para mear y no echar gota, verla y no acabar de creerla, y que los estudiosos omiten a la hora de  hacer sus retrospectivas en honor al director, y la que nos ocupa, que los mismos plumillas de los que os hablo, no han tenido los cojones de defenestrar, ni ignorar ni pronunciarse al respecto porque de tonta y de jodidamente extraña, es muy probable que los hijos de puta no sepan ni que cojones están viendo.
Pero es muy sencillo; se trata de una comedia negra, negrísima, que también tontea ligeramente con el fantástico que además es un musical y también es una zarzuela. Además de eso, está rodada con un presupuesto tan ínfimo –los productores no se estiraban ni lo más mínimo- que podría considerarse una película de Serie Z.
Fernán Gómez leyó en su momento en la prensa, como en un pueblo de estos perdidos de la mano de dios, un individuo, con el afán de rejuntarse y pacer en el lecho de la esposa de su tío,  parte a este la cabeza en dos con un hacha. Cuando le preguntaron que como es que había hecho esto, dijo al juez que había sido alentado por la bruja local, en realidad, una señora con mucha jeta que vivía de sacarle los cuartos a la credibilidad de estos gañanes de pueblo
A Fernán Gómez le entusiasmó este asesinato tan de aquí, de la españa negra, y decidió hacer una película al respecto, pero lejos de hacer la típica crónica negra del asunto –como si haría Paul Naschy con “El Huerto del Francés”- , el caso en concreto le parece tan  divertido que decide transformarlo en una comedia. Es más, lo convierte en una Zarzuela cinematográfica. Con lo que tenemos una cosa muy rara, tomada como a chufla, en la que cada dos por tres los actores se ponen a hacer playback de Zarzuelas, interpretadas por voces enormemente distintas a las de ellos… mientras, en tono casi vodevilesco, vemos los avatares de este muchacho que quiere quedarse con la mocita que es la mujer de su tío.
No gustó a nadie, en cines la vieron unos discretos 300.000 espectadores, pero a mí esta chabacanería –porque es cutre como ella sola- me parece una película estupenda, entretenida y un claro reflejo de lo loco que estaba el cine español de la transición. Que lastimita comparado con el de ahora.
Así, tenemos vestidos con boina y haciendo de gañanes de pueblo rozando la sobreactuación, al propio Fernán Gómez, a Paco Algora, y bien moza y mostrando su par de tetas bien puestas a Emma Cohen, quien siendo radicalmente más joven que Fernando Fernán Gómez, pronto este le convertiría en su compañera sentimental hasta el día de su muerte.
Haciendo de la bruja que da título a la película, una magnífica Mary Santpere, graciosa como ella sola.
Muy curiosa la película. Para guardarla en un dvd.

miércoles, 20 de noviembre de 2013

PESADILLA PARA UN RICO

Parece mentira que en 1996 un director entonces veterano, prestigioso y hasta con un público adepto como era Fernando Fernán-Gómez, rodara semejante despropósito. Un truño de tal calibre que, sin duda, por derecho propio, entra en la categoría de “Tan malas que son buenas”. Porque se trata de una película -con un presupuesto, se me antoja, paupérrimo- mala a rabiar, estúpida y desfasada, pero concebida para el gran público y con afán de cine negro. Quizás Fernán-Gómez ya estaba gagá y no atinaba,  o es que nunca tuvo talento y lo camuflaba el respaldo de un equipo de profesionales, porque esto parece la obra de un desquiciado, de un loco.
Fernán-Gómez se quejaba de que nunca había tenido la completa libertad para hacer una película como a él le hubiera gustado, donde lucirse como director, que jamás le habían dado ofertas ni presupuestos acordes, pero que, cuando alguien le requería, siempre se le llamaba para parir algo de autor, lo que le cabreaba sobremanera. El hombre se moría por poder facturar algo de género puro y consumo masivo listo para ser degustado por una platea satisfecha. Hasta que por fin ocurrió con, justamente, "Pesadilla para un rico". La idea consistía en fabricar un “hit” del cine español.
Así, creyendo ingenuamente que lo que funciona en televisión ha de funcionar también en taquilla, Fernán-Gómez contrató los servicios actorales de Carlos Larrañaga, entonces muy popular gracias a su papel en la serie “Farmacia de Guardia” y a Beatriz Rico, también muy famosa por el programa juvenil “Hugo” de "Tele 5".
Además, como para darle el sello de calidad al producto, este parte de un argumento que nunca llegó a convertir en libreto el guionista habitual de Luis Buñuel , Luis Alcoriza, que falleció años atrás. Partiendo de esa idea, Fernando Fernán-Gómez elaboró el mongoloide manuscrito de esta película.
Cuenta la historia de un individuo que va a ascender a presidente en una gran corporación empresarial, con el poder que eso conlleva. El día de una fiesta que organiza en su casa para políticos y demás entes, una muchacha proveniente de un ambiente marginal se le sube al coche ya que está siendo perseguida por su pareja y sus amigos delincuentes. Ella y el protagonista terminan follando en un apartamento. Todo va de perlas hasta que la muchacha aparece sin vida en el lecho. Ante tal tesitura, el hombre tendrá que ingeniárselas para hacer desaparecer el cuerpo y que su vida, y sobretodo, su estatus, no corran peligro.
Rodada con una torpeza de principiante, iluminada con linternas y montada por un tipo que, o bien se estaba vengando por algo que le habían hecho en el pasado o como le pagaban poco primaba la desgana, esto es una autentica joya del cine “trash” -del involuntario, el de verdad-, puesto que, aunque inevitablemente con el tiempo sus autores debieron percatarse de que aquello que habían creado era un pedazo de mierda cuyo interés brillaba por sus ausencia, se rodó con idea de hacer un producto, no ya comercial, si no super comercial.
Es el típico guión escrito por un señor ya muy mayor, que al introducir en la trama personajes jóvenes y de ambientes marginales, escribe los diálogos de estos como él cree que se expresan, alejándose tal jerga millones de kilómetros de la realidad y provocando la vergüenza ajena del espectador. Así, si encima vemos como escupe esas mamarrachadas una actriz, follable, eso sí, pero tan limitadita como es Beatriz Rico, las risas están aseguradas. A saber: “Para el carro, que yo de prosti nada”, “¿No tienes un refu al que podamos ir?”, “Me gustas hasta mojarme, pero ahora tengo el Niagara entre las piernas” o, sobretodo, “¿En que estás pringado?” para preguntar que a qué se dedica, son las perlitas que asoman por la boca de la actriz, dando vida a su personaje. Personaje que, por otro lado, proviene del macarrerío y los barrios bajos, dónde los raterillos de unos quince años llevan coleta, suelen violar a sus novias saliendo indemnes y amenazan con una navaja a una Beatriz Rico que rondará los 30 tacos, pero que rula con ellos aquí y allá e incluso es pareja de uno. Las conversaciones que tienen en la discoteca a base de jerga de esta inventada por Fernán-Gómez, que se creería muy probo pero demostró ser un ignorante por lo menos a lo que marginalidad se refiere. Por otro lado, la voz en off de Larrañaga que, de vez en cuando, aparece para contarnos lo que va a hacer o la escenificación de sus pensamientos son pura vergüenza ajena.
Además, diré que la iluminación es nefasta, y si en las escenas nocturnas no se ve absolutamente nada, las de día tampoco mucho más… eso sí, lo suficiente para percatarnos de que, cuando Larrañaga conduce, está en lo alto de un trailer, eso o los neumáticos de su "Jaguar" descapotable han de medir dos metros.
Y ya para rematar, la banda sonora de un tal Alexander Lubomirov Kandov. Se compone de metálicas melodías de sintetizador, cercanas a las canciones de Luixy Toledo pero con intención de Walter Carlos, que no solo no pegan con las imágenes que estamos viendo, sino que, además, son una porquería. Unos chirridos que no dejan de sonar, prácticamente, durante todo el metraje, llegando a poner de los nervios al espectador.
Y es que todo en “Pesadilla para un rico” es ridículo, estúpido, lamentable y risible, situaciones, diálogos, interpretaciones… ¡Todo! Lo que, por otro lado, significa que para los amantes del cine malo esto es una delicatessen. Fíjense que en España se han hecho toneladas, incluyendo las de Michael Skaife (o Miguel Madrid) o las de Germán Monzó. Bien, pues “Pesadilla para un rico” es peor que todo eso y, encima, los responsables en ningún momento son conscientes de ello.
No me despeino afirmando que, probablemente, sea la peor película del cine español. Les invito a comprobarlo. Y no la dirigió ningún “outsider” un poco “borderline” ni ningún paleto, la dirigió Fernando Fernán-Gómez, al que los plumillas tienen mucho respeto y consideran películas suyas como “El Extraño Viaje” o “El viaje a ninguna parte” obras maestras. Pero pasan por alto esta, y cuando no, se refieran a ella como “La película más maldita de Fernán-Gómez” cubriéndola así con una pátina de misterio. Hipócritas…
Fue un fracaso absoluto que consiguió congregar en salas únicamente unos 80.000 espectadores en tiempos en los que el cine español estaba de moda y en alza.
En el reparto, haciéndolo igual de mal que todos, Álvaro de Luna, Carmen Elías, Manuel Alexandre (este lo hace bien, como siempre), y como macarrilla violador, el “triunfito” Naim Thomas.
A descubrir.

viernes, 19 de octubre de 2018

EL MUNDO SIGUE

Una de las películas malditas del cine español, que además traía consigo justa fama de obra maestra, es esta “El mundo sigue” de Fernando Fernán-Gómez. Y por supuesto, se trata de una magnífica película, probablemente una de las mejores películas españolas de aquella época, si bien, ni por asomo sería la mejor película de Fernán-Gómez como director (ese honor lo tiene, a todas luces, “El extraño viaje”) como se venía diciendo hasta ahora, ni tampoco es una obra maestra. Aunque le falta el canto de un duro para serlo.
Fernán-Gómez que en aquellos primeros años 60 trabajó a destajo en cine y teatro con el afán de acumular un buen número de pesetas y, cual Juan Palomo, autofinanciarse esta película que nadie quería financiar, no previó que lo que estaba filmando era un material demasiado explícito para la España de los años 60. Puede que sea la película más antipática y visceral del cine español, así como la más corrosiva y realista. Nada de lo que ocurre es amable en “El mundo sigue”. No hay ni una gota de humor en la película. Y eso, en unos años en que la estética pop de las españoladas de entonces, y el tono festivo de casi todo film rodado en aquella época (incluidos los dramáticos) era lo que se imponía en el cine. De cara al extranjero, España es la tierra del vino, la fiesta y la alegría, cuando Fernán Gómez, bajándose en una novela del falangista  y gafe J.A. Zunzunegui— estaba sugiriendo que los españoles podían no saber nada de nada, pero sí de fútbol y de toros, a la par que nos mostraba una suerte de historias protagonizadas por miserables, en unos tiempos en los que ser un ciudadano de extracto social medio/bajo era bastante parecido a lo que nos mostraba la película. En ella,  una familia completamente disfuncional tiene que soportar las envidias y rivalidades de dos hermanas, una de ellas medio prostituta y la otra casada con un ludópata que se deja el jornal en las quinielas mientras sus hijos se mueren de hambre. Y en torno a esas dos tramas, van sucediéndose otras subtramas menores que enlazan directamente con estas dos principales. Por el camino, veremos  la miseria humana de aquellos años en todo su esplendor, ya sea en forma de prostitución, violencia de género, ludopatía, robos… dicho así parece una tontería, pero para la época lo que muestra la película no era poca cosa. Además del lenguaje explícito de la cinta, que usaba el lenguaje popular de la calle lleno de tacos y  e improperios, que fue suavizado en el guion para su cita con la censura. Pero de ningún modo esta película iba a pasar inadvertida para la censura, cuyo yugo condenó a este film al ostracismo.
“El mundo sigue” no se quedó en las latas de puro milagro. La película, almacenada durante dos años,  se estrenó en el cine Buenos Aires de Bilbao en Julio de 1965, de manera clandestina y de tapadillo. Apenas estuvo un par de semanas en cartel y en programa doble. Ni tan siquiera Fernán Gómez se enteró del estreno de su película. Su estreno a pequeña escala, no se debe a motivos políticos, sino porque las distribuidora  Nueva Films, necesitaba en catálogo películas españolas para así poder cubrir la cuota que le permitiría tener también films extranjeros estadounidenses de corte taquillero. Se decantó por el estreno de “El mundo sigue” como podía haber estrenado cualquier otra.
Después de aquello la nada más absoluta se apoderó de la película.
Sin embargo, en 2015, Juan Estelrich, hijo del co-productor de la cinta Juan Estelrich padre, se hace con el negativo de la película que se encuentra en un estado lamentable por el abandono y el paso del tiempo y decide poner unos estros a su servicio para la restauración digital, con motivo del 50 aniversario, acto este que, entre otras cosas, servirá para que unos y otros se den palmadas en la espalda, ya sea por formar parte de la película, ya sea por desempolvarla y, en el lado bueno de todo esto, la gente de A contracorriente films se encarga de darle una nueva vida comercial en salas, cosa que derivó en una estupenda edición en Blu Ray que me sirvió para descubrirla, verla y, sobre todo, disfrutarla como un enano. Porque aunque veo en la cinta carencias que los estudiosos y eruditos se empeñan en no ver para no emponzoñar la fama de gran película maldita con la que venía la película de serie (tiene algunas torpezas en el montaje, así como algunas interpretaciones que se van de madre y un par de tempos muertísimos), estás son más propias de la época, incluso de la falta de presupuesto que del no saber (las del no saber son más propias de otros films de Fernán-Gómez como “Pesadilla para un rico” que los eruditos o no conocen, o hacen como que no conocen) y, sin duda, estas se ven absueltas gracias a otras muestras de virtuosismo en el montaje, una historia que engancha, y una dirección estupenda. Amén de representar la cara b del cine español de los años 60, un bocado de realidad, y una bofetada a la censura, que consideró esta película lo suficientemente peligrosa como para hacerla desaparecer, y una rara avis. El como se gasta el personaje de Fernán-Gómez la poca pasta que tiene en las quinielas, en una secuencia de más de cinco minutos, acongoja.
Una verdadera suerte que se haya recuperado esta cinta.

miércoles, 11 de junio de 2014

CHELY

Ramón Fernández es ya –por mi parte- un habitual de este blog. Director de comedia que supo dar siempre lo que pedía el público y llenar las butacas de gente.
Pues, además de todo eso, fue percusor del “Cine Quinqui”. Ignoro cual sería la primera película adscrita al subgénero. Decir que "Chely" es la primera, sería muy descabellado por mi parte pero, desde luego, antes de que este explosionara con las películas de Eloy de la Iglesia, en su vertiente más social o  las de José Antonio de la Lomaen su lado más popular, y mucho antes de que cineastas autores como Carlos Saura se infiltraran con la deshonesta intención de dotar de “dignidad” al subgénro con la espantosa “Deprisa, deprisa”, ya estaba el señor Fernández, que venía de generar millones con “No desearás al vecino del quinto” haciendo películas de quinquis en las que el delincuente es el bueno de la función. Como esta “Chely”, que además, por si no funcionaba lo de los delincuentes, ya se encargarían de traer gente a los cines los reclamos de Nadiuska como absoluta protagonista y Fernando Fernán Gómez, que llega, cumple con su contrato de, pongamos, dos días de rodaje y se las pira con viento fresco, quedando ahí en la película, eso si. El guión sería cosa de Juan José Alonso Millán.
Ahora, ¿Cómo siendo precursora es la menos conocida y la única que apenas se reivindica? Pues yo creo que es por su condición de populachera, por ser la menos sensacionalista, y no tener en el reparto delincuentes reales, sino actores que, en esta ocasión, dan el tipo bastante bien.
Cuenta, por un lado, la historia de una jovencita que, muy metida en el mundo de la droga (no sabemos si por consumirla o venderla, la cosa queda ambigua), es encarcelada justo al tiempo que su padre, un viejo profesor, sale de la cárcel. Los amigos de esta, una banda de delincuentes juveniles, se dedican a prostituir a una de las chicas del grupo, para cuando esta está en casa del cliente, irrumpir allí a golpe de pistola y desplumar todo lo que tengan a tiro. Deciden ir a buscar al padre de su amiga y colmarle de atenciones, hasta que este muere en trágicas circunstancias, y la trama se complica.
Desde luego es una obra menor de Ramón Fernández, no es una gran película “quinqui”, y el guión hace aguas por todos lados, así como el ajustado presupuesto. A Fernando Fernán Gómez se lo quitan de encima rápido, quizás porque no  había dinero para pagarle el caché, váyanse ustedes a saber. Sin embargo, el hecho de que esta película apareciera antes que lais famosas, la convierte, sino en pionera, si en algo a tener en cuenta, sobretodo por su carácter de cine palomitero, alejado de malos rollos y amarillismos en pro de la diversión (aunque la chica protagonista ande en movidas de drogas, es muy sutil y no vemos ni gente inyectándose, ni tan siquiera un mal porro que se fumen los chavales) De hecho, "Chely" contiene un sobre exceso de ritmo, pasa todo a tantísima velocidad, que entre eso y lo confuso del guión, hace que te pierdas, pero en absoluto, te aburras.
Así que, se deja ver, sencillamente.
Encarnando a los delincuentes tenemos a Nadiuska, que tiene tanta pinta de quinquillera como yo de sacerdote, Josele Román, que por físico y voz de cazallero sí que da más el tipo, José Maya, y el Aston Kutcher patrio (es clavado), Pedro Mari Sánchez muy popular de niño al interpretar a Críspulo en “La gran familia”. Ya de mayorcito pudimos verle en esa cosa extraña que es “El refugio del miedo” y, paradójicamente, luego trabajaría para Eloy de la Iglesia en algunas de sus películas, sería el doblador de JoséLuis Manzano en “El Pico”. Curioso.
Por la parte de las víctimas de estos desalmados tenemos a  Manuel Alexandre, Ricardo Palacios o Tomás Zori,  y por la de los que simpatizan con los macarras, el antes mentado Fernán Gómez, a Antonio Merino o a Isabel Luque, que no es normal lo buena que estaba esa mujer, y lo bien que está ahora con casi sesenta años El destape, a rasgos generales, está servido.

lunes, 1 de febrero de 2021

LA VENGANZA DE DON MENDO

La hija de Don Nuño, Magdalena, bebe los vientos por  Don Mendo cosa mala. Don Mendo es de linaje noble, no obstante no tiene un duro y lo poco que tiene lo pierde en el juego. Ambos mantienen relaciones secretas.
La idea de Don Nuño es casarla con un alguien rico y de posibles, un trabajador del rey, Don Pero Collado. Ella, ávida de aceptación y reconocimiento social, acepta el casorio sin decirle nada al respecto a Don Mendo ni a Pero. Es por esto que, cuando éste último los descubre, Mendo se inventa que es un ladrón que ha ido a robar y, así,  proteger a Magdalena. En consecuencia, acaba penado de muerte. El Marqués de Moncada, gran amigo de Don Mendo,  le rescatará de su encierro y, Mendo, ideará su sanguinolenta venganza.
“La Venganza de Don Mendo” es la adaptación fílmica de la obra de teatro del mismo título, que tuvo a bien escribir Pedro Muñoz Seca. Un astracán sin más afán que el de entretener que, con la tontería, se ha convertido en una de las obras de teatro españolas más representadas de la historia, siendo superada solo por clásicos tan incuestionables como “Don Juan Tenorio”. La adaptación cinematográfica la lleva a cabo nada menos que Fernando Fernán Gómez, que no solo dirige la película, sino que además se pega la machada de escribir el guion para cine, y de interpretar a Don Mendo con una gracia y un salero a prueba de bombas. Dialogada en verso, la película transcurre tontamente y con fluidez, y presume de una comicidad  un tanto extraña de la que hacen alarde todos sus intérpretes —en especial Fernán Gómez—. No podemos dejar a un lado los descacharrantes decorados en los que se rodó la película. Estos están pintados a mano y con colores pastel — hay que tener en cuenta que es una de las primeras películas españolas que se rodó en color, de ahí, que todo lo referente a los colores sea tremendamente exagerado—,  llevándose la palma, en el diseño de producción, el fuego. En la película el fuego está todo el tiempo presente, ya sea en antorchas pegadas a las paredes del castillo donde se desarrolla la mayoría de la acción o en las chimeneas del mismo. Bien, pues en un alarde de genialidad cómica, el fuego de estos lugares está solucionado a base de papel celofán rojo envolviendo unas bombillas, en el caso de las antorchas, moviéndose  gracias a hilos invisibles, en el caso de las chimeneas. En cualquier caso, un recurso cómico que cincuenta y pico años después de su estreno, sigue funcionando y provocando la hilaridad del espectador. Claro, todo esto no es gratuito; obviamente llevar a la pantalla una astracanada como “La Venganza de Don Mendo” supondría un despliegue de medios y  unos gastos económicos que serían impensables en una producción de aquellos tiempos. Y aunque el vestuario es de primer orden, se opta por convertir los escenarios, naturales o no, en decorados de teatro. Así, no se disimula en ningún momento el cartón piedra y el papel pintado en una inteligente resolución.
Por otro lado, la grandeza de la película radica en unos actores en estado de gracia, siendo, como ya he dicho, Fernán Gómez el rey de la función, pero cuyo protagonismo casi es destronado por Juanjo Menendez que compone un Don Pero Collado, Duque de Toro, con el que, literalmente, te descoyuntas de la risa, ya sea escuchándole recitar su diálogo, ya sea con sus exageradísimas expresiones faciales. Paloma Valdés, actriz de corta carrera pero de inconmensurable belleza —que podría competir sin problema alguno con cualquiera de las más populares bellezas contemporáneas—  interpreta a Magdalena de manera teatral y pizpireta, resultando igual de divertida que sus compañeros de escenario. El resto, secundarios de lujo de nuestro cine cuyos nombres son sinónimo de eficacia; así, vemos desfilar por la pantalla maravillosos actores de la talla de Xan Das Bolas, Antonio Garisa, Joaquín Roa, Maria Luisa Ponte…
Un divertimento, sin más, que a nivel histórico ha trascendido y se ha convertido en gran clásico por méritos propios y hasta nuestros días: La obra aún se sigue representando en los teatros, y la película está actualmente en catálogo en DVD.

lunes, 31 de julio de 2017

RIFIFI EN LA CIUDAD

A los neófitos suele gustarles esta película, porque creen estar viendo una película de Jesús Franco con una narración estándar. A mí me gusta esta película, porque ya le veo el plumero a Jesús Franco. Primero de todo, porque ya estamos ante un “exploitation” de la película francesa, adscrita al cine negro, “Rififí”. Un clásico. Esta “Rififí en la cuidad”, a parte del género, lo único que tiene en común con aquella es la presencia del actor Jean Servais, si bien es cierto que no sería la  primera película a rebufo de “Rififí” dentro de la cinematografía Europea, es decir, que ya hubo más “Rififís” Antes del de Franco. En segundo lugar, le veo el plumero porque ya va flojeando; Sus películas más aclamadas, “Gritos en la noche” o “La Reina del Tabarín”, dónde dio el máximo que podía dar en lo que a academicismos se refiere, ya quedan atrás, y por primera vez se vislumbra el estilo de ese Jess Franco torpe, chabacano, vago, del que la década de los ochenta daría buena cuenta con el cine negro que haría entonces. Esta película, aún de bajísimo presupuesto, contaba con buenos profesionales a su servicio, pero ni por esas. “Rififí en la ciudad” sería su película sementera más franquiana, y se salva de la quema por poseer una cuidada iluminación –muchas veces expresionista- y una buena dirección de fotografía. Por lo demás, puro Franco.
Una trama enrevesada, basada en la novela “Vous Souvenez vouz de Paco?” de Charles Exbrayat, que, perdonen que les diga, fui incapaz de seguir. No me enteré de nada, no por falta de atención –visualmente está bien la peli- sino por la incapacidad  del tito Jess de dotar de ritmo y coherencia a las imágenes filmadas.
Con lo cual yo solo veo a un político corrupto haciendo fechorías, a un detective que pretende nosequé, y gente yendo, viniendo y muriendo a golpe de pistola durante las casi dos horas que dura la película, aderezado todo con los personalísimos numeritos de Jazz que el director introduce en la trama sin demasiado orden ni concierto. Con todo, la vi entera sin inmutarme demasiado.
Sin embargo, las sinopsis de Internet, rezan que se trata de una película en la que  un confidente de la policía es asesinado por  los esbirros de un político corrupto, Leprince, que a su vez, es el responsable del tráfico de cocaína proveniente de centro america. Cuando se presenta a la presidencia del senado, los hombres que asesinaron al confidente, serán asimismo asesinados, por lo que un detective de vuelta de todo, intentará, por sus cojones, resolver este caso como sea.
Bueno, como curiosidad, y para completistas, no es ni de lejos lo peor a lo que nos podemos enfrentar de Franco. Y aunque ya se van viendo pinceladas de lo que se avecinaba, al final solo se trata de una mala película estándar, al menos soportable. La fascinación no brota albergada en algún recóndito lugar en sus fotogramas.
A Jesús Franco le gustaba contar, que cuando Orson Welles vino a españa con la intención de contratar un director de segunda unidad para “Campanadas a medianoche”, eligió a Jess Franco tras ver su película “La muerte silba un Blues”.
Emiliano Piedra, productor español de Welles en aquél tiempo, le dijo que ni se le ocurriera contratar a Franco, ya que era un director horroroso. Para sacarle de dudas, le sentó en una butaca  e hizo que se le proyectara este “Rififí en la ciudad”, ya que la consideraba la mayor mierda jamás filmada. Debió ponerle cualquier otra, porque, según Franco, “Rififí en la ciudad”, es la película suya que más homenajea el estilo de Welles, por lo que al terminar la proyección ordenó que se contratase a Franco inmediatamente, ya que supo vislumbrar el posible homenaje, lo cual ya adecuaba al director Madrileño a ser el segundo de Welles. Verdad o no, lo cierto es que Franco acabó siendo director de segunda unidad de Welles, y “Rififí en la ciudad” una de sus películas más respetadas.
Por otro lado, el protagonista, un popularísimo por aquel entonces Fernando Fernán Gómez que da vida al detective, cuenta que rodaron la película en Marbella, y que siendo Franco uno de los productores, gran amigo suyo y con quién se pegaba unas juergas de cojones, aceptó rodar a cambio del dinero suficiente para mantenerse en Marbella durante el rodaje de la película, y para sus juergas nocturnas. Después percibiría primas según taquillaje. Dice Fernán Gómez, que después de rodar no vería un solo duro. Y no me consta que a corto plazo la película tuviera vida comercial. Aún así, Fernán Gómez en sus memorias, no guarda una mala consideración de esta película –como si la guarda de otras muchas que hizo- ni de Jesús Franco en general, si comentando que se trataba de una película en la que el presupuesto brillaba por su ausencia, y que en consecuencia, flipaba viendo como la cosa avanzaba sin mayores problemas.
Trabajarían juntos, de hecho, en más ocasiones.

lunes, 28 de mayo de 2012

LOS PALOMOS

“Los Palomos”, vendría a ser en la cinematografía española, lo más parecido a las películas de crímenes al estilo “Un cadáver a los postres” o “Diez Negritos”, en las que todo se enreda mucho, el espectador se lía, pero forma parte activa de la trama haciendo de detective, por su cuenta y riesgo, durante el visionado.
Un matrimonio de alto copete, invita a cenar en su casa a uno de sus empleados, un zoquete, pelota y lameculos y a su santa esposa, con el fin de liar las cosas, y hacer cargar al matrimonio con un asesinato que ellos habían cometido. En clave de comedia, la madeja se liará, se liará y se liará.
Esta película existe por varios motivos; en primer lugar, la exitosísima obra de teatro en la que se basa, “Los Palomos” de Alfonso Paso. En segundo, el fulgurante éxito de la pareja protagonista que había dado vida a los papeles protagonistas en el teatro, que no son otros que José Luis López Vázquez y Gracita Morales, dando paso a lo que sería una triunfal etapa para ambos actores. Y en tercer lugar, la dirección de Fernando Fernán Gómez, que mientras solventaba los mil y un problemas que tuvo par estrenar “El extraño viaje”, esa obra maestra, y mientras esperaba a que se le diera luz verde al proyecto “Ninette y un señor de Murcia”, se aburría tanto que aceptó hacer esta película de encargo, pero sin que el tuviera mucho aprecio al material sobre el que se pondría a trabajar. Quizás se trataba de una película menor para un autor de tanta prepotencia, y quizás por eso le salió tan divertida.
“Los Palomos”, es una comedia, negra, negrísima, que pasa en un solo escenario, con muy poquitos actores y que se solventa, sobretodo, por la labor actoral de José Luis López Vázquez, que se enfrenta al texto con la eficacia y velocidad de una metralleta. Diálogos absolutamente tronchantes, tramas y subtramas brillantemente resueltas, todo ello concentrado en hora y veinte minutos de metraje, que pasan en un suspiro, gracias al arsenal de carcajadas que nos proporciona. Quizás demasiado teatral en algunos momentos, se le echan en falta algunos escenarios más. Por otro lado, y a pesar de ser una comedia muy española de los sesenta, destaca por encima de otras de mayor repercusión, por la mala leche que se gasta.
Geniales, también, el resto del reparto, Fernando Rey, Mabel Karr, Manuel Alexandre, Julia Caba Alba y Xan Das Bolas. Como detalle fricoso, decir que la banda sonora a base de ritmos jazzeros, la firma un tal Daniel J. White, seudónimo con el que firmaba sus partituras Jesús Franco. Cosa que no es de extrañar si tenemos en cuenta, que mientras que el tío Jess se hacía un huequecito en el mundo del cine y Fernán Gómez triunfaba por todo lo alto, ambos se corrían unas juergas muy gordas, cerraban bares y charlaban acerca de sus aficiones. Vamos, que eran mazo de colegas.
Muy divertida, malsana y recomendable.
Desde aquí quiero dar las gracias a mi amigo Wally Week, que me la descubrió, me la metió por los ojos, y finalmente, me la regaló en dvd para que la disfrute tantas veces como quiera.

miércoles, 22 de noviembre de 2017

MÁS FINA QUE LAS GALLINAS

Continúo viendo películas de Jesús Yagüe concediéndole el turno esta vez a “Más fina que las gallinas”.
Solo hace falta ver un par de las comedias alimenticias de Yagüe para darse cuenta que estas vienen siempre acompañadas de un puntito de amargura, e incluso de sordidez, en el sentido de cómo es tratado el sexo en sus películas; Si en “La mujer es cosa de hombres” la protagonista, era mantenida por tres hombres casados con los que se acostaba, en esta, el dinero se lo gana prostituyéndose a la vez que tiene un amante en casa que la colma de regalos. En las dos películas, el rol femenino, está interpretado por MariaLuisa San José. Y lo que quiere Alicia, que es como se llama, es abrir una boutique, por eso necesita el dinero, amén de ser una mujer independiente que no necesita de la ayuda de un hombre para salir adelante. Recuerden que estamos en plena transición…
Por otro lado tenemos a José Sacristán, que también estaba en “La mujer es cosa de hombres” y esta vez da vida a un cura que ha abandonado el clero, y en consecuencia, decide ir a Madrid a visitar a la que fue su novia de la infancia. Cuando este descubre que se está prostituyendo, la cosa se irá enredando, dando piel a un final un tanto ambiguo, que da pie a la libre interpretación, si bien, las miradas de los actores nos pueden dar una idea muy clara de lo que sucede ahí.
Por otro lado tenemos a Fernando Fernán Gómez, que sería el amante con el que a veces vive Alicia, que tampoco es que aporte una presencia memorable, tanto Sacristán como San José, están mejor que él, que se limita a hacer las veces de Fernán Gómez.
También Teresa Gimpera aparece en un papel muy secundario.
Huelga decir que estamos en los momentos previos al boom del destape, y por supuesto, vemos a las bellezas de San José y Gimpera al desnudo.
Esta vez Jesús Yagüe mete mano en el guion, y su dirección, que economiza en planos pero que sale adelante con la velocidad que le otorgan los actores a la acción, como viene siendo habitual en el director, resulta de lo más eficaz. Vamós, que está entretenida.
Sólo porque me ha hecho gracia, transcribo aquí la escueta reseña que le dedicó al film el diario “El País”,  cuando la pasaron por televisión en los 90: “Dantesco entramado de putones, pecadores, alternes y vocaciones frustradas”. Y se queda tan ancho… Pero sí, hay que dejar claro que de todo eso hay en el film.

lunes, 11 de mayo de 2015

GULLIVER

Amparada en ser una adaptación libre de “Los viajes de Gulliver” de  Jonathan Swift, lo que verdaderamente ofrece esta película, es la poca vergüenza del director Alfonso Ungría. Pero la poca vergüenza se vio justamente castigada. Lástima que ese castigo que destruyera la película, fuera proveniente de las últimas  cuchilladas de la asquerosa y vil censura.
Resulta que el director Ungría, vio la película de Werner Herzog “Los enanos también empezaron pequeños” sobre una sociedad de enanos que se rebelan, y como aún no se había estrenado en España, aprovecha  la ignorancia habitual del publico de este país y se junta con Fernando Fernán Gómez para, con dos cojones, y sin reconocerlo en ningún momento, plagiar la idea y el concepto de aquella. La única manera de defenderse de esta acusación es, como ya he dicho antes, el ampararse en que adapta “Gulliver”… pero en realidad, y con unos toques castizos, nos cuenta prácticamente lo mismo que la de Herzog, sin la pericia de aquél, por supuesto y  nada de “Los viajes de Gulliver”.
Así tenemos a un delincuente que escapa de la policía y, tras un accidente, acaba en un remoto pueblo perdido y desértico, habitado por enanos. Estos le recogen y es testigo de la sociedad de la que forman parte, con sus dictaduras, jerarquías y en torno al mundo del espectáculo –tauromaquia y teatro-.
Como el hombre es más fuerte que ellos, hará que las cosas en ese pueblo se pongan de su lado y, ofreciendo casinos y todo tipo de ocio a los enanos,  pronto tomará el poder, con las consecuencias que esto pueda acarrearle.
Rodada en 1977, la película no consiguió ser estrenada hasta dos años después. La censura la dejaba completamente amputada, se cebaron con una escena en la que, en teoría, se mostraba una felación, y otras tantas en las que los enanos cometían fechorías (o no). Entre eso, y que las distribuidoras no querían estrenar un producto tan peculiar, se quedó en las latas hasta que, pasados dos años, se estrenó de tapadillo, desplazándose hasta los cines, unos 48.000 míseros espectadores.
Desde los primeros fotogramas, detectando el plagio, la película ya me resulta antipática  y, según va avanzando, me voy aburriendo, me va cayendo más gorda y me  pongo de mala hostia. Además, es el precedente de lo que poco después vendría con la dichosa Ley Miró. Encima, la versión que yo he visto, no tiene la famosa escena de la felación.
Mala no, lo siguiente. Y pedante. Y pretenciosa.
Junto a Fernán Gómez, toda la cuadrilla de enanos del cine español de los setenta y ochenta: José Jaime Espinosa (“Cristóbal Colón de oficio descubridor”, “La Momia Nacional”, “La loca historia de los tresmosqueteros”) o José Rivera “Caracolillo” (“La Biblia en pasta”) junto a actores de tamaño normal de la talla de (jejeje!) José Riesgo.
En cuanto al director Alfonso Ungría, empezó su carrera con una película de prestigio como fue “El hombre oculto”, para pasar a una boicoteada por los mismos productores y nunca estrenada, “Tirarse al monte”. Siguió con típico cine español de mierda, como “África”, donde vemos las tetillas a ElenaAnaya, “El deseo de ser piel roja” o ese panfleto donde un grupo de profesionales nos dejan claro lo comprometidos que son (jajajajajajaja!!) titulado “¡Hay Motivo!”
Que mal me cae todo este universo.

lunes, 13 de agosto de 2018

CRIMEN IMPERFECTO

Salomón, ha heredado la empresa de detectives de su tío, y junto a su asalariado Torcuato, se dedican a lo que ellos llaman “prematrimoniales”, es decir, que investigan casos de adulterio o comportamientos inadecuados antes del matrimonio y cosas así. Un buen día, mientras le proyectan unas películas de prueba a uno de sus clientes, alguien lo asesina ante sus caras sin estos darse cuenta. Cuando llaman a la policía para alentarles del suceso, el cadáver de su cliente desaparece, por lo que decidirán investigar por su cuenta los sucesos acontecidos metiéndose en mil y un líos. La cosa se complica cuando descubren que su cliente en verdad está vivo.
Por norma general, Fernando Fernán Gómez, protagonista principal de esta “Crimen Imperfecto” y director de la misma —bajo un guion de Pedro Masó— siempre que se refería a sus películas de encargo de corte más popular y de entretenimiento, nunca lo hacía de manera positiva. Le pasaba por ejemplo con “Los Palomos” y le pasaba con esta, “Crimen imperfecto” a la que tachó de infantilada.
Y es que este film datado de 1970, puede que, como el título indica, sea algo imperfecto, peca de aburrido en algunos momentos y efectivamente es una astracanada sin mayor relevancia que no llega a entretener del todo. Sin embargo, también es un ejercicio visual de lo más encomiable, ya sea por la estupenda fotografía de Juan Mariné llena de colores de lo más vistosos, por esa estética Pop tan hija de su época, pero que por otro lado casa tan poco con los personajes protagonistas o por ese modernismo (hoy tan retro) que se gastan algunos de los lugares donde sucede la acción (una cafetería en plan futurista —muy de los 70— que parece sacada de una película de Kubrik). Incluso, Fernán Gómez, se acerca involuntariamente al estilo del mismísimo Valerio Lazarov en una escena en la que nuestros protagonistas se fuman un canuto accidentalmente y, en consecuencia, se abusa del uso de gran angular y  los zooms frenéticos para representar así el ciego que llevan. También, a nivel técnico, la agilidad con la que transcurren las escenas, le haría destacar a esta cinta por encima de algunas de sus coetáneas. Como fuere, son elementos que en su momento pasaron inadvertidos siendo reivindicados por algunos estudiosos, muy a posteriori.
Esta película, que en el momento de su estreno fue vista por unos 590.000 espectadores, no tuvo mayor repercusión más allá de eso. La crítica tampoco fue muy halagüeña y no tuvo mayor trascendencia. Así, el paso de los años la ha convertido en una pieza de culto para públicos minoritarios que han sabido ver las posibles virtudes de “Crimen Imperfecto”.
La gracia del asunto está en que muchos de quienes hoy reivindican la cinta, han creído ver una versión apócrifa de los personajes de Ibáñez, Mortadelo y Filemon. Yo no diría tanto, pero si que es posible que algo de inspiración haya habido a la hora de concebirla, y sí,  es cierto que ciertas similitudes con Mortadelo y Filemon tienen estos Torcuato y Salomón. Torcuato viste con un traje negro al más puro estilo Mortadelo mientras que Salomón, de vez en cuando, luce Pajarita. A todo eso hay que incluirle el hecho de que cada dos por tres se disfrazan de algo (los dos personajes, cosa que en el tebeo, el disfrazarse era exclusiva de Mortadelo) y el tono humorístico es el mismo. Amén de los villanos (hay uno que es ¡color verde!) más deudores de las viñetas que los propios protagonistas. Además, la intención de presentarnos un cómic, queda patente en los títulos de crédito que, como si de una declaración de intenciones se tratara, se nos muestran a base de viñetas y bocadillos, mientras suena el tema principal de la película de naturaleza netamente Yeyé.
Todo esto, como digo, acompañado del paso del tiempo le otorgan un interés  especial, así como el hecho de que se trate de una película no del todo popular, pero, sin tirar cohetes, que al final es todo una cuestión estética. Con todo, no deja de ser una película del montón. Pero un primer (y único) visionado, puede hacernos más bien que mal.

viernes, 31 de mayo de 2013

YO LA VI PRIMERO

Un niño de siete años tiene un accidente de bicicleta que lo dejará en coma durante veintitantos años. Un día, ya con 35, le cae en la cabeza un cuadro que le hará despertar de su letargo ante el asombro de sus padres. Su cuerpo ha crecido con los años, pero su cerebro no, por lo tanto, tenemos a un señor de 35 tacos con la mentalidad de un niño de 7 al que hay que reeducar.
Por otro lado, el muchacho toma contacto con su novia de cuando era un jovencito y de la que está muy enamorado, lo que le traerá muchos problemas con el marido de esta.
Todo se solucionará de la manera más extraña e inquietante.
Años llevaba yo queriendo volver a ver “Yo la vi primero”, hasta que, por fin, alguien la ha colgado en internet para regocijo de unos cuantos.
Y es que en plenos años 80, dieron un pase de la película por televisión, que marcó, y mucho, a todo jovenzuelo que la vio en su día. Naxo y servidor entre ellos. Y es que contiene una escena del todo aterradora, y más si la ves a tierna infancia: El protagonista, tiene un sueño. En el, vemos a la niña de la que está enamorado jugando en el parque. De repente, una mano surge de lo alto de un árbol, engancha a la cría y la sube a lo alto de la copa. Una vez arriba, y ante la mirada del protagonista, el señor de la mano misteriosa, que resulta ser el marido de la niña en versión adulta, ni corto ni perezoso le arranca el brazo y comienza a devorarlo con fruición. Esa escena nos marcó para siempre y durante todos estos años la hemos recordado como una de las cosas más aterradoras vistas en una pantalla… hasta que la volví a ver anoche. Obviamente, el mal rollo que causa sigue vigente, pero como en todo momento se nota que es un pedazo de muñeco lo que el señor se lleva al árbol, y que está todo hecho de manera muy cutre, ya da risa  más que otra cosa, pero ahí queda.
Por lo demás, se trata de una película muy setentera dirigida por Fernando Fernán Gómez, que se marca, no obstante, una historia rara de pelotas. Interpretando a este niño grande tenemos a un increíble Manuel Summers, que tiene todas las expresiones propias de un chaval de 7 años, y la verdad que lo hace muy bien.
Curiosamente, la historia y el guión son obra del humorista gráfico Chumy Chumez, y una vez sabido esto, le vemos hasta coherencia al extraño y “malalechero”argumento.
El reparto encabezado por Summers (más conocido como director que como actor), es también de lo más variopinto, contando con el director Leon Klimovsky como padre del niño, Emilio Fornet, Irene Gutierrez Caba o el propio Fernán Gómez.
Una película única en el cine español, que obviamente, traumatizará a todo niño que la vea, pero que a los adultos que la vimos siendo críos, nos provoca, al menos en mi caso, cierta incomodidad, a pesar de corroborar que, en realidad, lo del señor comiéndose a la niña no era para tanto.

lunes, 27 de marzo de 2023

LA CORTE DE FARAÓN

De 1910 data la opereta, zarzuela, o musical —llámenlo como quieran— “La corte de Faraón”, escrita por Miguel de Palacios y Guillermo Perrín y con música de Vicente Lleó.
Se trata de una obra absolutamente inofensiva ambientada en Egipto y cuyos numeritos musicales recuerdan más a una revista de vodevil, que a una epopeya bíblica, y la característica principal de “La corte de Faraón” consiste en unos numeritos musicales picantones en cuyas letras abundan los dobles sentidos y las insinuaciones sexy por parte de las vicetiples que los interpretaban. La cosa, hablando en plata, va de un pastor virgen, un meapilas llamado El casto José, al que se quieren tirar todas las mujeres que se cruzan en su camino. Una chorradita que servía para entretener al público aunque, dicen, verdaderamente contenía mensajes velados de alto contenido político.
Años después de su estreno, la censura decidió prohibir directamente la obra, porque, según ellos, era un canto a la concupiscencia que se mofaba del caudillo, del orden establecido e incluso de Dios. En consecuencia, la obra no se volvería a representar durante años.
“La corte de Faraón” cobró su fama de manera incluso internacional, motivo por el que se adaptó al cine en México donde no vieron ningún comportamiento ácrata en la misma, en un film del año 1944 dirigido por Julio Bracho y para el lucimiento de primeras figuras mexicanas de la época.
Y por fin llegamos a la película española de gran éxito en el momento de su estreno, 1985, que en lugar de adaptar directamente la obra, recrea una situación en la posguerra  en la que un grupo de teatro representa “La corte de Faraón” sin haber pasado previamente la censura. Un censor del clero que se encuentra en el teatro, denunciará la situación, y la policía se llevará a toda la compañía detenida. En comisaría, el comisario les irá interrogando con el fin de averiguar si la obra que han interpretado es o no es antifranquista.
Se trata de un intento por parte de José Luis García Sánchez de emular, como viene siendo habitual en la mayoría de sus películas, el cine de Luis García Berlanga, compartiendo pluma con Rafael Azcona y rodeándose de la creme de la creme del cine español en lo que a actores se refiere.
Pese al enorme éxito de su momento y ese reparto absolutamente maravilloso — a saber: Fernando Fernán Gómez, Agustín González, José Luis López Vázquez, Antonio Banderas, Luis Ciges, Quique Camoiras, Juan Diego, María Luisa Ponte y Antonio Gamero (además de la repelente de Ana Belén)— no es una película que haya resistido bien el paso de los años y la cosa se torna rancia, desfasada y salvo algún momento francamente divertido (como la escena del “descapullamiento”), con tanto numerito musical de corte popular y un montaje tosco que tira de flashback al corte — por lo que a veces cuesta un poco detectar si es un flashback o si es que está avanzando la historia—, acaba resultando un poco pelma. Y es que, desengañémonos; la obra de “La corte de Faraón” de los años 10, opereta, tan atrevida y osada, tan política que la censura tuvo que prohibirla, como la zarzuela, la copla o la música ligera es un género muerto, de otra época. Y quizás en 1985 todavía quedaran generaciones del pasado que supieran apreciarlo o modernos del momento que lo reivindicaran por esnobismo, pero, a mí en la época, siendo niño (y ahora en mi mediana edad) me parece completamente insoportable. Entonces, una película que incluye en su metraje la obra completa original ocupando un 75% de la misma, se pueden imaginar ustedes lo desesperante que se me puede llegar a hacer. Se soporta, como ya he dicho, gracias a los momentos divertidos de entre medias, que son los menos.
Realmente lo que me ha instado a revisar una película que no me ha gustado nunca especialmente, es la lectura del libro “No se lo digas a nadie: Historias secretas de Martes y Trece” en el que cuentan que esta película aparece en sus vidas justo en el impás que sufrieron cuando convinieron que Fernando Conde abandonara la agrupación cómica para irse a hacer teatro. Como Josema y Millán se consideraban actores antes que cómicos, y como estaban en un momento de gran popularidad y decidiendo que hacer con Martes y 13 tras la marcha de Fernando, García Sánchez les ofreció un papel en la película. Pero hay algo que no cuaja, porque Josema tiene un papel de gran importancia, casi de protagonista, mientras que a Millán se le concede uno nimio, casi en calidad de extra —no me quiero imaginar el cuadro de envidia y la lucha de egos de esos dos durante la filmación—. Y, quizás por el nivel de los actores que tienen a su lado, sus presencias se antojan sosas, incluso molestas. Es una lástima, pero “La corte de Faraón” es la muestra de que ni Josema ni Millán son buenos actores si los sacas de sus roles de Martes y 13. Se supone que sus papeles en esta película servían para desmarcarse un poco de su imagen de humoristas, para ver sí podían ganarse la vida como actores si finalmente Martes y 13 desaparecía, pero ninguno de los dos puede abandonar los tics, muecas y gestos que les hicieron populares. Josema actúa como en un sketch cualquiera de sus especiales televisivos, mientras que a Millán, que sale poco, tienen que eliminarle en montaje el exceso de “millanadas” que, intuyo (y se nota además), a buen seguro hizo durante su interpretación, incapaz de olvidarse de que era Millán.
Por suerte para ellos, poco después del estreno de la película, se decidieron a continuar con Martes y 13 sin Fernando y, en el especial de fin de año no se les ocurrió otra cosa que inventar in situ el sketch de “La empanadilla de Móstoles”. El resto es historia. Y como fuera, lo cierto es que mientras que el dúo permaneció en activo, el cine español no les volvió a ofrecer una película (con excepción de las concebidas para su lucimiento como cómicos). Y con la disolución del grupo… casi tampoco. He dicho casi.

lunes, 21 de marzo de 2016

DE HOMBRE A HOMBRE

La transición, los ochenta, fueron sin duda una buena época para el cine español. Una época dónde lo que se imponía en el cine era la comedia porque, de siempre, y hasta los noventa, era lo que se nos daba bien en este país.
Por un lado teníamos a Mariano Ozores, Pajares y Esteso, llevando a millones de espectadores, al pueblo llano, a las salas a la vez que “El nuevo cine Español” capitaneado por Colomo y demás, se abría paso a codazos con sus aires progresistas y culturetas, mirando por encima del hombro ese cine populachero y comercial pero, ni por asomo, llegando a las cuotas de pantalla como si llegaban las comedias de Ozores –y clones- .
Sin embargo, entre medias, había otro tipo de comedia muy de los 80 que no dejaban ni un duro en pantalla, pero que eran verdaderamente entretenidas, e incluso, si buscamos bien, superiores a muchas de ambos subgéneros imperantes antes nombrados.
Películas como “La Miel” de Pedró Masó, “El poderoso influjo de la Luna” de Antonio del Real, entrarían junto con esta “De hombre a hombre” dentro de ese subgénero mediano.
Y quizás como consecuencia del éxito de aquellas películas protagonizadas por el niño Lolo García –y en particular la títulada “Dos y dos, cinco”, pese a que no fue un taquillazo-  Tito Fernández se dirige un guion de Joaquín Oristell, en el que se le coloca como compañero de tropelías de Fernando Fernán Gómez, al niño Jorge Nogera, ni la mitad de guapo, salao y gracioso que Lolo García y se cuenta la historia de un anciano que ante la irremediable decisión de sus familiares de meterle en el asilo, decide fugarse y vivir de ocupa en Galerías Preciados de Madrid (lo que ahora es la Fnac). Por otro lado, como sus papás curran demasiado y parece que no le hacen mucho caso, decide escaparse cuando le llevan de compras a dichos almacenes comerciales, quedandonse dentro del edificio y entablando amistad con el anciano. Un grupo de carteristas capitaneado por Fernando Conde –el tercero de “Martes y 13” que tenía un gracejo increíble y que no tuvo suerte en el cine tras su salida del grupo cómico. Demasiado encasillado, quizás- y un Súper Héroe llamado Silvestre Tex, serán parte importante de una trama en la que el niño protagonista, acaba siendo secuestrado.
Lejos de ser cine infantil ya que está destinada a un público meramente adulto, si que formaría parte de ese subgénero tan de la época al que llamaremos “pelis de niño con viejo” al que también se adscribiría, por ejemplo “Mi amigo el Vagabundo” de Jacinto Molina.
Se trata de una película muy agradable y entretenida, que al contrario que sus coetáneas, apenas congregó 40.00 espectadores a las salas, que hace pensar, como si de un abuelo cebolleta me tratase, que los ochenta fueron unos años de gran creatividad que dio a nuestra cinematografía un tipo de cine único, que jamás volveremos a ver. Y es que lo de ahora… pues como que ni de forma, ni de modo.

miércoles, 18 de abril de 2018

VÍCTOR EN "HISTORIA DE NUESTRO CINE"



En representación de este blog y de Vial of Delicatessens, asistí al coloquio semanal que organiza el programa de La 2 de RTVE "Historia de nuestro cine".
Lo emiten el próximo Viernes 20 de Abril en la 2, pero para verlo en directo o streaming a través de la red, aquí les dejo la dirección de su web:
http://www.rtve.es/television/20180414/semana-dedicada-parodia-historia-nuestro-cine/1713924.shtml

Sin más, les dejo con un corta y  pega de la info que viene en la web de RTVE.

‘Historia de nuestro cine’ revisará la próxima semana el género de la parodia a través de las películas ‘La pandilla de los once’, ‘Crimen imperfecto’, ‘Yo hice a Roque III’, ‘Que nos quiten lo bailao’ y ‘La gran aventura de Mortadelo y Filemón’. El viernes, en el coloquio que modera Elena S. Sánchez, participarán el director y guionista Javier Fesser, el cineasta Víctor Olid y la crítica de arte Mery Cuesta. Junto a ellos, el crítico de cine y colaborador habitual del programa Jordi Costa.
El lunes se emitirá ‘La pandilla de los once’, de Pedro Lazaga, que analizará el crítico, escritor y director, Fernando Méndez-Leite; el martes, ‘Crimen imperfecto’, de Fernando Fernán Gómez, que introducirá el historiador cinematográfico y coordinador del programa Luis E. Parés; el miércoles, ‘Yo hice a Roque III’, de Mariano Ozores, que comentará el crítico de cine Javier Ocaña; el jueves, ‘Que nos quiten lo bailao’, de Carles Mira, que presentará el crítico de cine Jordi Costa.
El viernes, ‘La gran aventura de Mortadelo y Filemón’, de Javier Fesser, que presentará la crítica de cine Andrea Gutiérrez. En el coloquio sobre parodias en el cine español participarán el director y guionista Javier Fesser, que acaba de estrenar en cines ‘Campeones’, participada por RTVE y que se ha convertido en el mejor estreno de cine español del año; el cineasta “underground” Víctor Olid, también actor escritor y locutor, que analiza el cine de Pajares y Esteso en su libro ‘El descacharrante cine de Pajares y Esteso’; y la crítica de arte, comisaria de exposiciones y dibujante de cómics Mery Cuesta. Junto a ellos, el crítico de cine y colaborador habitual del programa Jordi Costa.

‘Historia de nuestro cine’

‘Historia de nuestro cine’ se estrenó en mayo de 2015 en La 2 para revisar en prime time gran parte del cine español desde los años 30 hasta finales del siglo XX y recuperar muchas películas que no se habían emitido en muchos años en otros espacios de cine de RTVE. Presentado por Elena S. Sánchez, coordinado por el historiador cinematográfico Luis E. Parés y dirigido por Francisco Quintanar, el espacio cuenta con un equipo de expertos que introducen cada película.

lunes, 13 de junio de 2016

MARBELLA, UN GOLPE DE 5 ESTRELLAS

La prueba de que Miguel Hermoso era un director bastante manazas la tenemos en que tras “Truhanes”, que le salió cojonuda, y hasta los noventa que se adaptó al cine que se estilaba en la época –el subvencionado- no atinaba el pobre. Solo generaba mierdotes.
Y “Marbella, un golpe de 5 estrellas”, su segunda película, lo deja claro.
Con producción de José Frade, que en aquella época le encantaba introducir en sus películas elenco internacional –Ray Milland  y Timothy Bottons en “Serpiente de Mar”, casi todo el reparto de “Descanse en piezas” y “Al Filo del Hacha”, Sharon Stone en “Sangre y Arena” o  Clayton Rohner, Roddy Mcdowall y Anthony Perkins en “Los gusanos no llevan bufanda”, lo que es muy gracioso porque están ahí para dotar la película de glamour, pero claro, al contratar solo actores alcohólicos, en decadencia e inmersos en la tercera edad,  las películas se convierte en más roñosas y cutres de lo que por si eran- se procura, esta vez, un reparto con lo más granado del cine español de la época , Fernando Fernán Gómez, Oscar Ladoire, Paco Rabal, Emma Suarez (y sus estupendísimas tetas, que muestra sin remilgos) para que secunden al protagonista, un Rod Taylor (mitiquísimo protagonista de “El tiempo en sus manos” o “Los Pájaros”) colorado por los alcoholes y con muy poquitas ganas de estar en la película que estaba, con un guion que el propio director escribió junto a Mario Camus. Pues la cosa se le quedó grande al caballero porque ¡menudo pedazo de mierda!
Queda claro que “Truhanes” le salió así de casualidad o, como decía Carlos Pumares, se la hizo un primo, porque "Marbella, un golpe de 5 estrellas" es la obra del más penoso director de serie Z contando una historia enorme cuyo presupuesto no deja ejecutar debidamente.
Un yanki afincado en Marbella, estando una noche en su yate, observa como una mujer se tira al agua desde un barco. Al ver que nadie la socorre, decide proceder él. Ello provoca las iras del dueño del barco, que embiste el yate del protagonista y se lo deja hecho añicos. Tras denunciarlo y comprobar que "el embestidor" tiene a la policía comprada y él no puede hacer nada al respecto, investigará con el afán de ver a que se dedica. Cuando descubre que se dedica al tráfico de armas, decide suplantarle para agenciarse los respectivos milloncejos.
Mala es decir poco. Y aburrida. Y cutre.
Al ser Marbella una localidad provinciana, a pesar del lujo y la corrupción que se menea por allí, se ve que la película levantó expectación durante su confección, porque rodaban en exteriores y se utilizaba gente local como extra.
La película tuvo una distribución discreta en cines, que logró acumular el número de 222.284 espectadores. Muy pocos, pero en justicia, se merecía menos.
Por otro lado, Frade la distribuyó internacionalmente bajo el título de “Marbella”. Tal cual. Supongo que encontraría su nicho en los videoclubes norteamericanos y poco más.

lunes, 1 de septiembre de 2014

DOÑA MACABRA

“Doña Macabra” es un personaje mítico de la cultura popular Mexicana  cuyas historias de comedia y horror quedaron registradas en una serie de televisión de los años sesenta y en la película que nos ocupa del año 72.
Doña Macabra y su hermana, son conocidas en el barrio porque practican la brujería (o eso creen los paletos de los vecinos) y porque se especula que en el caserón dónde viven, se esconde un gran tesoro. Un matrimonio emparentado con las dos viejas, les engañan para instalarse en su casa con el único fin  de encontrar ese tesoro. Doña Macabra, que descubre sus intenciones, prepara su venganza sangrienta.
El resto de la película el matrimonio se las tendrá que ver con las putaditas que Doña Macabra les va dejando.
Lo que me llama la atención de la película, es que, siendo blanca como es –una comedia mexicana de los años 70- a veces, porque no se tiene medida, o bien por la ingenuidad de la época, las bromitas y trampas que la señora va dejando al matrimonio, si que llegan a ser verdaderamente macabras… es decir, que por un lado son tonterías tipo luces que se apagan, cortinas que se menean, pero por otro, le dan corriente eléctrica a un acuario, para que cuando la mujer de ese matrimonio meta la mano, se electrocute. O bien, encuentran en su cama manos cercenadas y ensangrentadas, cuya sangre, el matrimonio llega a probar para comprobar si es sangre de verdad o no.
Por otro lado, una pantera ataca  al marido, haciéndole graves heridas, y para rematar la faena –spolier- este acaba muerto porque le explota la dinamita que está usando para hacer un boquete y encontrar el tesoro. Todo ello servido con vivos colores setenteros e iluminaciones psicodélicas que le dan un tonillo, efectivamente, macabro (y pop).
Se deja ver perfectamente. Entretenidilla y graciosa.
Dirige el cotarro Roberto Gavaldón, artesano mexicano de los de oficio y prestigio (no un chungo como los Cardona) que entre muchas cosas  dirigió aquel “Don Quijote cabalga de nuevo” al servicio de Cantinflas y con Fernando Fernán Gómez.

viernes, 26 de enero de 2024

PLENILUNIO (2000)

Otra película española de los dosmiles más o menos olvidada. Pero, esta vez, y a diferencia de las varias de aquella década que de un tiempo a esta parte vengo reseñando, está francamente bien… sin embargo, en su momento la crítica fue más bien discreta con la cinta, y el público apenas llegó a 200.000 espectadores que, igual para el año 2000, ya era un éxito.
Se trata de la adaptación de la novela homónima de Antonio Muñoz Molina que, para la ocasión, adapta al cine su propia mujer, la también escritora Elvira Lindo (la de “Manolito Gafotas”) que firma el guión. Y así todo queda en casa. Dirige el que en su momento fuera uno de nuestros directores más prestigiosos de los 90, Imanol Uribe.
Se trata de un thriller serio y sobrio a más no poder, en el que, tras encontrar el cadáver de una niña que ha sido brutalmente asesinada, un inspector de policía investiga a la vez que las pistas le llevan a conocer a una mujer de la que se enamorará. De este modo, somos testigos de las fechorías del asesino en serie que ha cometido tan atroz crimen, un pescadero sexualmente reprimido que vive con sus padres y se pasa la vida mascullando. Con un par de copitas encima, las noches de luna llena sale a asesinar niñas inocentes. Hasta que un día una de sus víctimas resultará no estar muerta, lo que agilizará la investigación.
En un momento de la película, el inspector, interpretado por Miguel Ángel Solá, dice: “Lo que me da más asco del cine es la forma en que hace atractivo un crimen cuando en realidad no es más que crueldad y chapuza”. Y casi parece una declaración de intenciones porque, efectivamente, “Plenilunio” se cuida de hacer que los crímenes del asesino sean interesantes: este es un tipo repugnante y sus crímenes una auténtica chapuza. A ello contribuye la interpretación de Juan Diego Botto que, pese a que no es un actor al que yo considere muy dotado, aquí, maldiciendo por lo bajini, con ese pelo largo y grasiento y fumando cigarrillos como un poseso, no solo está muy bien, sino que consigue que sus apariciones generen algo de inquietud. Podíamos destacar todas sus escenas como lo mejor del film, y estas se van entrelazando con el romance del inspector de policía con una mujer de mediana edad interpretada por Adriana Ozores, que tampoco están exentas de interés por el trato que se le da al romanticismo, frío, tosco y totalmente alejado de lo rosa. Y me resulta muy curioso ver una historia de amor en una película llevada con la solera del que transporta un saco de patatas.
Así que, en definitiva, tenemos aquí una película serena, oscura, densa y en la que cada pocos minutos estamos palpando el mal rollo. Además de tener una fotografía en scope acojonante —de cuando las películas todavía se rodaban en celuloide—, una estupenda banda sonora firmada por Antonio Meliveo y una cuidada dirección por parte de Uribe, que en lo sucesivo, aunque nunca le faltó trabajo, iría perdiendo el prestigio que en los 90 le proporcionó una que, al contrario que la reseñada, le ha sentado bastante mal el paso de los años: “Días contados”.
En papeles secundarios tenemos a un estupendo Fernando Fernán Gómez haciendo de cura comunista, Chete Lera haciendo de Chete Lera, María Galiana o Manuél Morón.
“Plenilunio” fue nominada a cinco premios Goya. No consiguió ninguno.

viernes, 28 de mayo de 2021

EL INQUILINO

José Antonio Nieves Conde,  militante de la Falange Española, también era un intelectual de la época que se dedicaba al cine, y, como tal, dejaba entre ver ciertos ramalazos progresistas en sus películas que, pese a su condición política, le trajeron no pocos problemas a la hora de exhibir en salas. Lo demostró en “Surcos” y, de manera más evidente, en esta “El inquilino” protagonizada por un estupendo Fernando Fernán Gómez que va para arriba y para abajo durante toda la película.
La premisa es sencilla. Un matrimonio con cuatro niños pequeños es desahuciado cuando el edificio en el que habitan va a ser derribado. Esto obligará a Evaristo a buscar un piso lo antes posible. El problema está en que con el sueldo que tiene, aun pluriempleado, no le llega para pagar el alquiler de algo medianamente digno. El grueso de la película lo conforma el cómo Evaristo se las ingenia para conseguir un trabajo que haga aumentar sus ingresos y cómo se las apaña para conseguir algún tipo de vivienda.
Obviamente se trata de una comedia de corte social  de las que se estilaban en la época, que arremete contra la especulación del suelo y denuncia la precaria situación a la que se han de enfrentar los curritos a la hora de establecer un domicilio. En la comunidad cinéfila, “El inquilino”, ha trascendido por eso mismo, por el contenido social, el lúdico no lo llegan ni a tener en cuenta, es como si la calidad de un producto se midiera en función al mensaje que transmite. De hecho, leer las comparaciones con “El Pisito” por parte de los plumillas esnobs de siempre  me resulta un cliché, porque, salvo por la crítica social que vierte esta película —que es mucha— ni de coña Nieves Conde era Ferreri, ni tenía la visión e inventiva de este. Ambos directores se encuentran en las antípodas uno de otro.
La otra puta mierda que dicen los cinéfilos es esa obviedad que reza que la realidad que refleja esta película sigue vigente a día de hoy. Probablemente sea cierto, pero,  si sigue vigente o no, me da absolutamente lo mismo, es irrelevante a la hora de calibrar una comedia. Como si ahora tuviéramos que comprar viviendas en Marte, me la suda.
Lo cierto es que “El inquilino”, es una película española de 1958 del montón, ni muy buena, ni muy mala; correcta, con momentos que francamente son divertidos —como cuando Evaristo cree que un gitano está poniendo su chabola en venta y le pide precio— y otros que hacen que la película entre en bucle —la corrida de toros del final—. En resumidas cuentas, una película que sirve para echar un ratillo. Sin más.
Más interesante resulta el trato que el film recibió por parte de la censura franquista, que vio herida su susceptibilidad precisamente por el mensaje que suelta (y de ahí el que haya trascendido). Tras su estreno en 1958, “El inquilino”, fue retirada por el régimen porque se estaba programando en las salas una película que resultaba subversiva. Nieves Conde tuvo que rodarle un nuevo final feliz, así como someter el metraje a diversos cambios y cortes y, así, pudo reestrenarla al gusto de la censura en el año 1963. Esa versión manipulada es la más común y corriente, la que durante años se ha proyectado en televisión y la que ha visto el público mayoritario que, aun saneada, sigue soltando exactamente el mismo mensaje, y sigue denunciando la especulación inmobiliaria. Vamos, que al final, daba lo mismo haber estrenado esta versión que la otra. Por otro lado, el corte original de 1958, fue recuperado por el equipo de documentación de  Radio Televisión Española y, asimismo, se emitió en televisión. De hecho, es una de las versiones que circula por Internet para descargarse.
Como sea, cualquiera de las dos versiones sirve para, como he dicho antes, entretenerse un rato con una comedia española muy del montón.
Ustedes mismos.

miércoles, 13 de enero de 2010

MADRID AL DESNUDO

Seguimos revisando cosillas que llamen la atención sobre Paul Naschy (no hay que confundirse, al César lo que es del César, pero yo siempre he sido fan de este señor), con un producto que él mismo dirige y no deja de ser una rareza en su filmografía. Ya sabemos que tocó todos los palos, pero "Madrid al desnudo" es cine social, sutilmente camuflado de comedia. Eran tiempos del destape y, lógicamente, aquí hay unas cuantas señoras destapadas y elementos cómicos reconocibles; otra cosa es que al espectador le hagan gracia.
Basándose en una novela, al señor Molina no se le ocurre otra cosa que criticar a la alta sociedad madrileña, poniendo sobre el mantel cuestiones sexuales y de adulterio entre ministros, banqueros, directores de cine y demás fauna que, según cuenta en sus memorias, le costaron algún que otro disgusto. Y para que quede claro del lado que está Naschy, se reserva el papel de chófer de uno de estos gerifaltes. Eso no le exime de que su personaje cometa adulterio y/o tenga unas actitudes machistas que, lejos de sus intenciones, son las únicas que provocan un poco de hilaridad en el espectador.
Coral, y a base de segmentos entremezclados, "Madrid al desnudo" nos propone un soberano ejercicio de aburrimiento, con un guión que no hay por donde cogerlo y donde las mejores partes (por inocentes, graciosas -no en sus intenciones-, políticamente incorrectas y absurdas) son las que protagoniza el propio Naschy, siendo utilizado cual semental por una joven cuyo marido es estéril y apalizado por unos desaprensivos que lo dejan en pelotas en un parque.
Sorprende ver un reparto tan correcto en lo que sin duda es una de las peores películas de su filmografía; las malas hacen mucha gracia por eso mismo, pero esta ni eso.
Por ahí andan Fernando Fernán Gómez y Agustín González, dándole a la jodienda ambos con una descocada Julia Saly. Naschy, como casi siempre, está doblado por un actor de doblaje. Eso es lo normal, pero ¿porqué Agustín González también?. Se me escapa. Además, siendo un producto en el que Molina mandaba, no le veo el sentido.
Que conste que me llena de júbilo el hecho de que en la peli ha de quedar constancia que Naschy es un tío bueno (esos planos a pecho descubierto, esas camisetas ajustadísimas y con mangas cortísimas para que contemplemos sus brazacos) y que es quien se lleva la tía buena a la cama, ¡jajajaja!.
Se cuenta en su ultima biografía que el fracaso en salas de esta película se debe a un toque de las altas y descontentas autoridades. Puede que sea cierto, dios me libre de pensar lo contrario, pero a mi casi me cuadra más la idea de que no la vio nadie porque es horrorosa. Sencillamente, no se puede ver. Yo aguanto porque soy un bicho raro, pero a los cinco minutos ya estaba cansado.
Para completistas 
únicamente.