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viernes, 15 de abril de 2016

DOS Y DOS, CINCO

Cruel y dramática película para lucimiento del niño Lolo García. Un niño que no tenía ni la más mínima pizca de talento o gracia, pero que como tenia el pelo rubio y ensortijado y los ojos azules, protagonizó algunas películas clave de la cultura popular española como puedan ser “La Guerra de papá” y sobretodo “Tobi” de finales de los setenta ambas. En los ochenta, el crío comenzaba a crecer y con su crecimiento, acelerado, porque en las anteriores era muy pequeño, su declive, Así que protagonizó esta “Dos y dos, cinco”, ya con pelito en los cojones, la horrenda “Las Fantasías de Cuny” y ya, de adolescente, una cosa italiana sobre ordenadores titulada “Computron 22”. Y ya, después se acabó el niño Lolo García, casi, para siempre. Gracias a estas películas se ganó el apodo de “El niño de la transición”.
La diferencia principal entre las películas que protagonizó en los setenta y las que hizo en los ochenta, radica, básicamente en la recaudación; mientras que las primeras llegaban a reunir a más de 4 millones de espectadores a los cines, cintas como esta “Dos y dos, cinco” apenas las vieron 150.000 espectadores, por lo que el fenómeno Lolo García, pasó ante la pantalla como un espejismo, sin embargo, ahí queda en la memoria colectiva.
Y es que si “La Guerra de papá” o “Tobi”, son en cierto modo simpáticas y visibles, “Dos y dos, cinco” es una película absolutamente repugnante. Y es que el director, Lluis- Josep Comerón, director de “Un genio en apuros” o “La Rebelión de los pájaros”  se monta un coñazo de órdago, sobre un niño al que sus padres han confinado en una mansión, con todas las comodidades, pero sin que vea a nadie, con el fin de ocultarle que su abuelo, al que idolatra, ha muerto (¡) Sin embargo, ese verano, por un lado conocerá a los niños de las inmediaciones con los que hará el gamberro (el maltrato que sufren gatos, perros, lagartos y demás fauna es absolutamente denunciable. Viendo la peli se me ponía hasta mal cuerpo), y por otro, a un viejo marino que le dará su amistad, en unos planos que son cercanos a la pederastia.
El nefasto director Comerón, debió ver el cielo abierto al pensar el éxito que podía reportarle una película en la que juntaba a Antonio Ferrandis (por entonces muy popular gracias a su personaje de Chanquete en la serie “Verano Azúl”) y al niño Lolo García. Pero se debió pegar una buena hostia.
Mala de pelotas y con intenciones repugnantes, absurda en su planteamiento y en su resolución,  no se me ha ocurrido otra cosa que revisar esta película, aprovechando la coyuntura que ofrecen las descargas en interner, por un simple y llano motivo. Esta película tan antipática, tan rancia, tan aburrida, a mí, de crío, me entusiasmaba. Y recuerdo perfectamente verla una y otra vez en vídeo el fin de semana que mi padre la alquiló. Y viéndola de nuevo, no entiendo que le veía yo de niño a esto. Supongo que el hecho de que la protagonizara otro niño, ya era suficiente para que me gustase, digo yo.
En el reparto, además de Ferrandis y Lolo García, tenemos por ahí a un repelente Jorge Sanz, al que le fue mejor que a García en lo sucesivo.
Una peli estúpida que deja mal cuerpo, eso es todo.

viernes, 12 de noviembre de 2021

LAS FANTASÍAS DE CUNY

Con el pepinazo que supuso “E.T. El Extraterrestre” todavía caliente en el imaginario popular, y con el niño prodigio del cine español Lolo García a punto de convertirse en un señor de 40 años —en realidad cumplía 11—, la productora de Miguel Ángel Gil, Impala, deprisa y corriendo confecciona una película a la medida del niño que encandiló a media España con “La Guerra de papá” y “Tobi”, que a su vez es el enésimo exploit del clásico de Spielberg. Para darle además un toquecito ibérico, que mejor que ambientar todo en un entorno musical con un intérprete de canción ligera —interpretado por Manuel Tejada y con la voz de Francisco— , que con canciones escritas ex profeso para la película, ameniza los tempos muertos de la misma con unas tonadillas  insoportables destinadas a un público adulto, en lo que a priori se supone es una cinta infantil.
Un niño llamado Cuny que se encuentra muy solo debido a que su mamá falleció, y su papá es un crooner de éxito que incluso hace giras por Estados Unidos, una noche recibe la visita de una nave espacial en la terraza de su casa. De esa nave saldrá una niña extraterrestre de la que se hace muy amigo y con la que luego coincidirá en clase.
Cuando le cuenta esta aventura a su padre y a su mejor amigo, “El Probe”, (un niño probeta repelente hasta la extenuación), lógicamente no le creen, piensan que es un chaval muy fantasioso. Cuny poco a poco se va enamorando de la niña y cuando esta se tiene que ir a su planeta, Cuny enfermará. El crooner, investigando, descubre que la niña de la que su hijo se ha hecho amigo y que asegura que viene de las estrellas, es en realidad una niña que murió tiempo atrás, y que Cuny se ha estado relacionando con su espíritu.
“Las fantasías de Cuny” es una muestra de la decadencia de, por un lado, el cine infantil que ya comenzaba a dar sus últimos coletazos en nuestro país y, por otro, Lolo García que a estas alturas de su carrera ya ha perdido la gracia y frescura de cuando era un bebé y le quedan dos telediarios para abandonar el mundo del cine y dedicarse a sus estudios, convirtiéndose con el tiempo en un gran economista alejado de la farándula. Esta película no podía funcionar de ninguna de las maneras. Pero, aunque en un principio la cosa sea poco atractiva para aquel 1984, no sería de recibo un boca a oreja, porque la película es un folletín melodramático largo y aburrido que provoca el desasosiego del espectador más joven y las ganas de suicidarse del adulto, traduciéndose todo esto en un número de espectadores paupérrimo, apenas 108.000, que pasaron por taquilla la semana de su estreno. Además, todo lo referente al extraterrestrismo de la niña, lo de que falleció tiempo atrás y todas esas vainas, son verdaderamente inquietantes. Me recuerdo viéndola de niño en el cine, y no comprendiendo un carajo y sufriendo mal rollo.
Un par de efectos especiales para la nave espacial más o menos resultones y alguna escena de acción rodada al estilo chorizo western que el director practicó durante años, no compensan los eternos, insustanciales y absurdos diálogos de los que se compone el grueso de la película, máxime cuando, al no haber sonido directo en aquella época, los dos niños protagonistas están doblados por la misma actriz de doblaje, Matilde Vilariño, fallecida este año.
Un auténtico tostón cuyo reciente visionado confirmó las sospechas que tenía de que, ni tan siquiera cuando era niño, gustándome como me gustaban las películas de Lolo García, este bodrio logró convencerme.
Acompañan en el reparto a Lolo García y Manolo Tejada, una Isabel Luque un tanto envejecida e irreconocible, que lejos de mostrar cacha como hacía en las películas de Ozores, aquí casi parece una mojigata.
Dirige la cosa Joaquín Romero Marchent, que tuvo tiempos mejores en el pasado con sus westerns (tampoco demasiado mejores) y que firma con esta su última película para la gran pantalla. Regresaría a la dirección de manera eventual en los 90 para hacerse cargo de la secuela de “Curro Jiménez” para la televisión.

lunes, 26 de noviembre de 2018

LA GUERRA DE PAPÁ

La tercera película de Antonio Mercero fue un absoluto éxito de taquilla que llegó a superar con creces los tres millones de espectadores. Sin embargo, la crítica ninguneó  la cinta como si no existiera, porque solo supieron ver en ella una película infantil.Y lo es, que además esa es su principal cualidad. De hecho, de niño, “La guerra de papá” era una de mis películas favoritas. Sin embargo, y sin que esto sirva de óbice, además de un film infantil también se trata de una película con un alto contenido político. ¿Qué sucede? que como todo lo que ocurre en la película se narra bajo el prisma de un niño de 4 años, todo ese contenido político se quedaba enturbiado a favor de lo que realmente importaba en la película que era ver al niño hacer una trastada detrás de otra. Y le quedó a Mercero una película imperecedera y entrañable. Y es que con “La guerra de papá” que adapta una novela de Miguel Delibes titulada “El príncipe destronado” —que curiosamente, es una novela que leí siendo niño consecuencia de ser gran fan del fil,— se consigue un equilibrio entre película y novela muy bien medido en cuanto a que es lo más fiel posible; hasta los diálogos están extraídos directamente de la novela.
Por otro lado, y siendo este el principal motivo del éxito de la cinta, “La guerra de papá” presentó por primera vez al niño Lolo García, tan rico y angelical que casi da grima, y que consiguió enternecer a España entera en esta y otras películas (como por ejemplo, “Tobi”, también de Mercero). Obviamente, y aunque se tiró prácticamente 10 años haciendo películas, a medida que el niño iba siendo mayor, dejó de generar interés en el público siendo su último film como protagonista una cosa italiana muy rara dirigida por Giuliano Carnimeo y titulada “Computron 22”.
La incursión de este niño en la película no fue casual. Había que encontrar un niño muy concreto para que protagonizara esta película, y Antonio Mercero convocó una serie de castings por guarderías de toda España para dar con él. En cuanto lo vio, se dio cuenta del potencial de Lolo García, y en la película podemos ser testigos de esto.
Por supuesto, el niño no sabía ni leer ni escribir, por lo que no podía aprenderse el texto. Todo un problema porque su personaje, Kiko, no para de parlotear durante todo el relato. Como se trataba de un niño muy aplicado, Antonio Mercero subsanó este problema situándose detrás de la cámara y soltándole sus frases al niño, cosa que este, cual lorito amaestrado, hacía sin mayor problema, máxime cuando en aquellos años no se rodaba con sonido directo —las películas se doblaban en su integridad—y, lógicamente, no se escucharía la voz del director. Quedó todo estupendo. Así que la película se convirtió en un mega pepinazo. Prácticamente, y ambientándose esto en 1964, cuenta como un niño de cuatro años pasa el día en casa jodiendo la marrana para llamar la atención de la madre, pues tiene pelusilla de la su recién llegada hermanita, que capta la total atención de su madre. Y al margen de esto, vemos las disputas que hay entre el padre de la familia de tendencia política ultra derechista y su esposa, más situada hacia un entorno izquierdista. Pero esa sería una subtrama secundaria que, como ya he dicho, no enturbia la idea principal que es la de poder ver al niño liándola parda.
Estupenda.
Junto a Lolo Garcia, tenemos las presencias de Verónica Forqué (jovencísima), Teresa Gimpera, Hector Alterio, Vicente Parra, María Isbert o Chus Lampreave.
Un film que me despierta verdadera nostalgia.

viernes, 14 de diciembre de 2018

COMPUTRON 22

Los italianos tienen un extraño concepto de comercialidad que lleva a un señor, que ha hecho del explotar la muerte y la barbarie su sello de identidad, a escribirse un guion de corte meramente familiar, como es el caso de este “Computron 22” cuyo libreto firma, sin ningún tipo de vergüenza, Franco Prosperi, uno de los más populares directores de documentales mondo, responsable de clásicos del subgénero como por ejemplo “Este perro mundo”.
A eso, hay que sumarle la no menor poca vergüenza de  su director, Giuliano Carnimeo que, como buen artesano, no mira en absoluto el material a filmar, sino que, sencillamente, lo filma independientemente de si se trata de un film de terror (“El hombre rata”), una comedia chusca (“Jaimito, médico del seguro”) o una película de corte post apocalíptico (“El exterminador de la carretera”), ya sea firmando bajo pseudónimo anglosajón, ya sea con su propio nombre.
En la otra mano, tenemos a un decadente Lolo García de 10 años de edad, que ya ve sus capacidades actorales mermadas y que, con esa edad, ya no interesa a nadie. Atrás quedaron los tiempos de trabajar a las órdenes de Antonio Mercero y de la bonanza en taquilla, motivo por el cual tiene el papel protagonista en esta película italiana.
Entonces, este “Computron 22” supuso la última película tanto del niño actor como del  director italiano, y no se me ocurre peor trozo de mierda para despedirse de la gran pantalla que este.
Concebida como episodio piloto de una serie televisiva que no llegó a rodarse, el material resultante de este piloto, llegó a estrenarse en salas italianas sin hacer demasiado ruido. Además, aunque se nos venda como una historia de ciencia ficción de corte infantil, en realidad se trata de una adaptación apócrifa y actualizada de “De los Apeninos a los Andes”, es decir, de “Marco”.
Un niño que vive con su potentado abuelo descubre, por medio de una computadora con el software adecuado, que su madre a la que cree muerta, está vivita y coleando en la Argentina. Así, obsesionado con su mamá, reúne algo de dinero y pone rumbo a esas inhóspitas tierras donde, mientras comienza la  búsqueda de su madre, es timado por rateros bien vestidos y esquiva toda suerte de  dificultades. En resumidas cuentas, tenemos una película infectada —de forma tercermundista— por el espíritu spielbergiano de los 80 del que, sin duda, mama, en el que Lolo García es un Marco de andar por casa que viaja lejos en busca de la madre con la ayuda de un Tamagochi de última generación (y de un niño Japonés… a lo Tapón). Cosa esta que no me parece mal, de no ser porque la película es un bodrio de padre y muy señor mío que no hay por donde cogerlo. Eso sí, se trata de una película profética en el sentido de que, en los cinco minutos finales, Prosperi y Carnimeo, vaticinan lo que será en un futuro la tecnología, en el sentido de que, el niño, se pone en contacto con su madre a través de Computron 22 , en lo que parece una versión antediluviana del Whatssapp.
Sin embargo, hay que satisfacer la curiosidad que suscitaba esta extraña película. Una vez satisfecha, lo más sensato —y sencillo— es olvidarla por siempre jamás.

lunes, 21 de marzo de 2016

DE HOMBRE A HOMBRE

La transición, los ochenta, fueron sin duda una buena época para el cine español. Una época dónde lo que se imponía en el cine era la comedia porque, de siempre, y hasta los noventa, era lo que se nos daba bien en este país.
Por un lado teníamos a Mariano Ozores, Pajares y Esteso, llevando a millones de espectadores, al pueblo llano, a las salas a la vez que “El nuevo cine Español” capitaneado por Colomo y demás, se abría paso a codazos con sus aires progresistas y culturetas, mirando por encima del hombro ese cine populachero y comercial pero, ni por asomo, llegando a las cuotas de pantalla como si llegaban las comedias de Ozores –y clones- .
Sin embargo, entre medias, había otro tipo de comedia muy de los 80 que no dejaban ni un duro en pantalla, pero que eran verdaderamente entretenidas, e incluso, si buscamos bien, superiores a muchas de ambos subgéneros imperantes antes nombrados.
Películas como “La Miel” de Pedró Masó, “El poderoso influjo de la Luna” de Antonio del Real, entrarían junto con esta “De hombre a hombre” dentro de ese subgénero mediano.
Y quizás como consecuencia del éxito de aquellas películas protagonizadas por el niño Lolo García –y en particular la títulada “Dos y dos, cinco”, pese a que no fue un taquillazo-  Tito Fernández se dirige un guion de Joaquín Oristell, en el que se le coloca como compañero de tropelías de Fernando Fernán Gómez, al niño Jorge Nogera, ni la mitad de guapo, salao y gracioso que Lolo García y se cuenta la historia de un anciano que ante la irremediable decisión de sus familiares de meterle en el asilo, decide fugarse y vivir de ocupa en Galerías Preciados de Madrid (lo que ahora es la Fnac). Por otro lado, como sus papás curran demasiado y parece que no le hacen mucho caso, decide escaparse cuando le llevan de compras a dichos almacenes comerciales, quedandonse dentro del edificio y entablando amistad con el anciano. Un grupo de carteristas capitaneado por Fernando Conde –el tercero de “Martes y 13” que tenía un gracejo increíble y que no tuvo suerte en el cine tras su salida del grupo cómico. Demasiado encasillado, quizás- y un Súper Héroe llamado Silvestre Tex, serán parte importante de una trama en la que el niño protagonista, acaba siendo secuestrado.
Lejos de ser cine infantil ya que está destinada a un público meramente adulto, si que formaría parte de ese subgénero tan de la época al que llamaremos “pelis de niño con viejo” al que también se adscribiría, por ejemplo “Mi amigo el Vagabundo” de Jacinto Molina.
Se trata de una película muy agradable y entretenida, que al contrario que sus coetáneas, apenas congregó 40.00 espectadores a las salas, que hace pensar, como si de un abuelo cebolleta me tratase, que los ochenta fueron unos años de gran creatividad que dio a nuestra cinematografía un tipo de cine único, que jamás volveremos a ver. Y es que lo de ahora… pues como que ni de forma, ni de modo.

viernes, 9 de agosto de 2019

UN PROFESOR SINGULAR

Sin duda, Marco Ferreri, de una película a otra podía cambiar totalmente su discurso —en el caso de que tuviera uno— con la facilidad con la que uno se cambia de calzoncillos y,  si bien su cine es recordado por las películas más osadas y rompedoras (“El pisito”, “La gran comilona”) no deja de ser cierto que sus películas más irregulares no dejan de ser una buena muestra de sus facultades como autor. Y muchas veces, esas películas no pasaban de ser amables comedietas deudoras del neorrealismo sin una historia  enrevesada que contar. Si “La gran comilona” era una locura concienzudamente elaborada para molestar,  esta “Un profesor singular” es una película que, al margen de ciertos mensajes hippies que se sueltan con la mejor de las intenciones, no pretende más que mostrar una historia inofensiva y hasta familiar si me apuran.
La principal característica de “Un profesor singular” consiste en que es uno de los primeros papeles protagonistas del mundialmente conocido Roberto Benigni así como su única colaboración junto a Ferreri. La película, en la que se le deja manga ancha al actor para improvisar y llevar a su terreno cada una de las escenas de las que se compone la película, al final, no es más que filmar a Benigni interactuando con  un montón de niños. Y ya tenemos film.
Se trata de la historia de un hombrecillo que comienza a trabajar en un parvulario y que se mete enseguida a los niños en el bolsillo porque les insta a hacer toda suerte de divertidos juegos y actividades. Entre tanto, a nuestro protagonista le da tiempo a dejar preñada a una novieta, a la que, junto a un puñado de niños, se lleva Cerdeña para parir en un ambiente natural. También se centra en la amistad de este con un niño medio autista al que espabilará un poco a fuerza de persistencia.
Quizás se trate de la película más normal de Ferreri, así como la más simpática y buenrollera, pero, por descontado, no se trata ni de lejos de una de sus mejores películas. Sería del montón. Con todo eso, no deja de ser una película interesante y una especie de juego en el que da la sensación todo el rato, que cada secuencia ha sido rodada en total libertad, sobre todo,  la parte que concierne a la verborrea interminable, a veces insoportable, del no menos insoportable (y a veces genial) Roberto Benigni, a punto de convertirse en años venideros tanto en icono cómico de su país natal, Italia, como en musa surrealista de autores independientes, underground  y/o artísticos  como  puedan ser Jim Jarmusch o Amos Poe.
Y aunque sea la película más normal de Ferreri, esta se convierte, por ende, en su película más rara, tanto, que salvo por un par de detallitos marca de la casa, parece que fuera de Antonio Mercero y que Lolo García esté apunto de aparecer en el metraje. Lo haría en una infame película italiana, pero por lo pronto, no en esta.

viernes, 28 de junio de 2013

HOLA... SEÑOR DIOS

Me hace mucha gracia que  Manuel Esteba, director de cosas como “Viciosas al desnudo” o “SexoSangriento”, unos años antes del auge del “explotation” dirigiera –y escribiera- una película como “Hola… Señor Dios” de contenido religioso e infantil, pero no ausente de ese toque expoliador (El tío quería hacer un “Marcelino pan y vino”, pero en toda regla…esto sería “Marcelino pan y chorizo”), y sobretodo, sensacionalista.
Un niño descubre que su hermana tiene una enfermedad de la cual la ciencia desconoce su origen, y al escuchar a su madre que pedirá a Dios por ella,  este decide escaparse para ir a Belén a decirle al niño Jesús que la cure. Para ello toma un tren, y bajándose en vete tu a saber dónde, vivirá aventuras.
¿Qué cuales son estas aventuras? Básicamente, encontrarse un burro y hablarle al oído, ser recogido en auto-stop por Antonio Machín y ver aterrizar una nave espacial de juguete, de cuyo interior desciende, otra vez, Antonio Machín diciendo que es el rey Baltasar.
La película data de 1968, se estrenó en 1970, y en los ochenta, lógicamente, salió en vídeo. Siendo el niño protagonista, Carlitos Juliá, rubito y con el pelo rizadillo (y de lo más repelente), y teniendo en cuenta que todos los niños pequeños son iguales, entre las muchas ediciones con las que contaba la película, en una de ellas, se intentaba que pareciera Lolo García, para aprovechar el tirón que en vídeo-club tenían las películas  de este… ahora, si consiguieron engañar a alguien, eso ya no lo se.
En definitiva, que la película, además de un coñazo (es de Esteba, ¿qué se creían?) propone un mensaje repugnante. Se trata el tema de la enfermedad infantil con muy poca delicadeza y, conociendo al director, seguro que es hasta intencionado. A pesar de sus 79 minutos de metraje, parece no acabarse nunca, además no pasa nada, y es que, sin serlo, esto es cine contemplativo.
Una patata hervida machacada con un tenedor para convertirla en puré.
Eso si, Manuel Esteba, dos cojones tenía como dos sandías, más jeta que espalda, muy poquita vergüenza… pero a pesar de su más que nutrida filmografía, también menos talento que inteligencia un futbolista, como demostró, sobradamente, en los ochenta… porque, a pesar de todo, esta “Hola…Señor Dios” está un pelín más cuidada, en general, que las que hizo posteriormente. Pero sin llegar a los mínimos.

miércoles, 2 de enero de 2013

EL CLAN DE LOS NAZARENOS

Que maravillosos tiempos, incluso antes de que yo naciera, cuando en España se hacía cine popular. Maravilloso poster. Tan maravilloso, como engañoso. Se nos vende, bajo el título del “El clan de los nazarenos” a tres individuos, ataviados de semana santa, conduciendo motos y portando metralletas. Una idea muy “cool” para los tiempos que corren, incluso parece una idea desenfrenada de esas que copian Tarantino o Robert Rodríguez, pero que en la época salía de manera natural. Y además, es que es mentira. Efectivamente, en la película, los protagonistas van encapuchados para hacer sus fechorías, pero en ningún momento van de nazarenos como se nos promete en un principio. Simplemente usan pasamontañas morados. Pero para que nadie pueda poner en duda la mezcla de acción y religión, dentro de la película existe un fuerte componente religioso.
Un monje de clausura, harto de dedicar su vida a dios sin encontrar pruebas de su existencia, decide que va a delinquir para ver si así consigue atraer la ira de dios y comprobar si existe o no existe. Para ello se convierte en el líder de una organización criminal, junto a un grupo de delincuentes (un boxeador que mató a un tipo a puñetazos, un quinqui y un asesino) con los que robará, asesinará, secuestrará y extorsionará. Las diferencias entre este grupo, surgirán en el momento en el que hacen acto de presencia una mujer de la que el monje se enamora, y un macarra con ansias de poder y dinero.
Antes alababa las bondades del cine popular español de los setenta, porque venía a cuento y por la idea inicial de esta película, cuanto menos descabellada, pero, sinceramente “El clan de los nazarenos” es un coñazo, que sí que tiene momentos más o menos divertidos, pero que en definitiva es más mala que un día sin pan. Y es que la peli está muy mal explicada. De pronto nos encontramos al grupo de delincuentes actuando, pero no sabemos nada de ellos, y en la tercera escena ya está la trama muy avanzada, como si el montaje fuera malo o la película hubiera sido sometida a severos cortes, cosa que no sería de extrañar. Nos vamos enterando del palo que van los personajes a medida que avanza la película y entre ellos se van contando sus historias.
Y aunque en un principio la cosa arranca y parece que va a ir bien, finalmente, a mitad de película, estando los protas en la casa en la que habitan, se queda parada. Y no avanza. Continúa el metraje, pero la cosa sigue sin avanzar… y el tedio se apodera del espectador. Cuando termina la película, nos damos cuenta de que en realidad es una chorrada sin ningún interés. Conocida también con el título de “El profanador”, una de sus ediciones en video fue titulada absurdamente ¡¡”El clan de los sicilianos”!! así que adjunto abajo el cartel de cine y el de esa ignota edición videográfica (sobre temas caratuliles, pueden ver más aquí).
En los papeles protagonistas tenemos al versátil Javier Escribá, Tony Isbert, Alvaro de Luna o Antonio Sabato. El responsable de este coñazo es Joaquín L. Romero Marchent, conocido por los Spaguetti Western de principios de su carrera, la película “Las fantasías de Cuni”, para lucimiento de un pre adolescente Lolo García, pero sobretodo, por dirigir la mítica serie de televisión “Curro Jímenez”.

martes, 2 de febrero de 2010

EL PAN DEBAJO DEL BRAZO

La fiebre de los remakes asola el mundo sin piedad. Se hacen remakes hasta de películas españolas de éxito. Bien, esto no es ni bueno ni malo, da lo mismo. Pero si en la actualidad el remake es algo que no se estila mucho en la industria de nuestro país (debido lógicamente a que no hay ninguna industria), en los años ochenta Mariano Ozores fue pionero en eso. Con "El rollo de septiembre" lo fue en lo que a "comedia teen" se refiere, y con "El pan debajo del brazo" lo fue en la cosa esta del remake. Y no solo eso, también del autoremake, igual que ahora hacen directores de prestigio como Michael Haneke -caso de "Funny Games"-.
En 1984 Ozores gozaba de un éxito atronador, con cuatro duros hacía películas que generaban millones, así que ávido de dinero, el productor Andrés Vicente Gómez le propuso producirle una película para rodarla lo antes posible. Como Don Mariano estaba muy atareado con alguna de Pajares y Esteso, se negó, alegando falta de tiempo para escribir un guion original (porque, diga lo que diga, no le gustaba dirigir guiones de otros), así que Vicente Gómez le propuso hacer una nueva versión de una película suya de éxito. Ozores aceptó y actualizó a los tiempos de la época el que hasta entonces había sido su mayor éxito, "Crónica de Nueve Meses", y tiró para adelante con el proyecto. Lejos de lo que creía Andrés Vicente Gómez, por lo que fuera la peli se estrelló en taquilla. Pocas veces más (por no decir ninguna) productor y director volvieron a trabajar juntos.
El caso es que "El pan debajo del brazo" está muy bien. Es innegable que Ozores estaba en plena forma, en su mejor momento, y facturó una película como las que estaba rodando en aquellos momentos: como una película de Pajares y Esteso, pero sin Pajares ni Esteso.
Cuenta el cómo tres parejas de distintas posiciones sociales viven lo que supone la noticia de un embarazo, unos con alegría y otros con tristeza, enlazando las historias como solo Ozores sabe hacerlo y metiendo gags típicos de la época, echando mano de humoristas de moda entonces como Fedra Lorente 
(especialmente jamona en esta peli), que por aquel entonces estaba haciendo de “La Bombi” en el "Un, Dos, Tres" y, para garantizarse el éxito, suelta los chascarrillos típicos de su célebre personaje.
Como todo lo de Ozores, imposible aburrirse viéndola. Esta es de las grandes, al nivel de un “Roque” o unos “Liantes”, quizás más ñoña en sus intenciones, pero igualmente divertida, y con un pedazo de reparto de gente tan mítica como su hermano Antonio, su sobrina Adriana antes de convertirse en la respetada actriz que es hoy, Pepe Da Rosa (le metió en el cine después de sus “J.R´s”), Juanjo Menéndez, Juanito Navarro, Lolo García, María Casanova, Arévalo, Luis Lorenzo, María Luisa Ponte... lo más granado de las tarimas y las pantallas, oiga.
Por eso digo que el cine español de ahora es una mierda (porque no hay actores de carisma y por mil millones de cosas más) y el antiguo cojonudo.
Luego en la época de “directos a vídeo”, Mariano Ozores se volvió a remakear con "Ya no va más", explotando 
esta vez el guión de "Los Bingueros", pero esa es otra historia.

lunes, 16 de julio de 2018

LA CABINA

Uno de los grandes hitos de la televisión española y, con permiso de “Verano Azul”, el trabajo más reconocible de Antonio Mercero, uno de nuestros directores de corte popular más queridos y respetados.
“La cabina” supuso un fenómeno social a nivel mundial; no solo la españa de principios de los años 70 quedó aterrorizada ante el relato de Mercero, sino que además, su impacto fue tan grande que el producto se vendió a todo el mundo quedando conmocionado, asimismo, mucho público de otros países.
No puede haber historia más sencilla: Un individuo acompaña a su hijo a tomar el autobús que le llevará a la escuela, cuando se mete a una cabina a telefonear. Esta se cierra y el individuo no puede salir.  Tras varios intentos por parte del populacho por sacarle, finalmente unos operarios cargan la cabina en un camión, y tras un largo viaje por carretera acaban dejando a este en un almacén subterráneo dónde descansan otras cabinas telefónicas con sus ocupantes muertos.
Para la España de 1972, más inocente y poco dada a lo macabro, este mediometraje destinado a la parrilla televisiva, tuvo que suponer un shock muy grande, máxime si el público llano de T.V. no estaba acostumbrado al cine de género o de terror. Sin embargo, vista hoy, 45 años después de su emisión, la cosa se ha quedado un poco ingenua, ya la capacidad de impactar o asustar se ha perdido, como la han perdido, por ejemplo, los clásicos de la Universal. Sin embargo, la idea, el como está ejecutada, el ritmo y la interpretación de José Luis Lopez Vázquez, permanecen inalterables, y se entiende perfectamente por qué “La cabina” obtuvo la repercusión que tuvo. Y desde luego, se deja ver con interés.
Tal fue el impacto de este mediometraje, que incluso, a finales de los 90, la empresa de telefonía Retevisión,, la principal rival por aquél entonces de Telefónica,  rodó un spot en el que López Vázquez aparece encerrado en una cabina —en clara alusión al mediometraje de Mercero— de la que finalmente consigue salir.
Asimismo, entre el aluvión de premios que recibió, se llevó el EMMY, el equivalente al Oscar en lo que a premios de televisión se refiere, en los EUA, que es el mayor galardón al que puede aspirar una producción televisiva.
La historia de “La cabina” se concibió a finales de los años 60. Antonio Mercero y José Luis Garci (Co-guionista de “La Cabina”), cuando estos tenían previsto lanzar una serie de humor para televisión. En busca de argumentos, les pareció gracioso elaborar uno en la que un individuo se queda encerrado en una cabina telefónica y no puede salir. Sin embargo, la cosa no prosperó, la serie no se llegó a hacer, pero a Mercero se le quedó en la cabeza la historia de la cabina. Dándole vueltas a la cabeza, decidió que la historia dejaría de ser cómica para convertirse en una cosa de terror/ciencia ficción de corte surrealista. Pero al no haber una serie televisiva donde albergar esta historia, propuso a Televisión española la producción de este mediometraje. A los directivos de T.V.E no les pareció mala idea, dado que la serie en la que acababa de trabajar Mercero “Crónicas de un pueblo” había sido un éxito, así que le dieron carta blanca. Y obviamente, no les defraudó.
Por otro lado, los críticos se han empeñado en ver siempre en “La cabina” una crítica al régimen franquista, defendiendo esa teoría hasta el absurdo. A colación de esto, Mercero llegó a decir que de crítica social nada, que él tan solo había tratado de hacer una película de terror y  ciencia ficción y punto, pero que él no podía controlar lo que la misma pudiera sugerir a según que mentes y sensibilidades. Dejando claras cuales son sus intenciones,  he llegado a leer a cierto crítico  mediático decir que daba igual lo que dijera Mercero, que la película es una crítica al régimen franquista y que no hay más vuelta de hoja. ¿No te está diciendo Mercero que no, pedazo de gilipollas?
Tras éxito de “La cabina”, las alabanzas por parte de los medios y el público han ido acompañando a Mercero a lo largo de su carrera en cine o televisión; asimismo volvió a ser nominado al EMMY por otro mediometraje, “Don Juan”, pasó factura a todos los géneros en cine y televisión, lanzó a la palestra al niño prodigio Lolo García con “La guerra de papá” y “Tobi” y alcanzó las mieles del bombazo televisivo con “Farmacia de Guardia”.  La verdad, es que es un todoterreno.