sábado, 23 de febrero de 2013

¡...O UNA MALDICIÓN DEL INFIERNO!

Producida por la "Cannon" cuando hacía apenas un año o dos que había sido adquirida por los temibles Golan/Globus, es decir 1980, "¡... o una maldición del infierno!" ("The Godsend" en v.o.) se sube al carro de las, por entonces muy de moda, películas con niño de aspecto angelical, pero aviesas intenciones. Subgénero este en continuo resurgimiento, como bien demostró la reciente -y curiosa- "La huérfana".
El caso que nos ocupa narra las vicisitudes de una feliz y extensa familia (cuatro ruidosos retoños) que un día reciben la visita de una misteriosa dama preñada, interpretada por la hija de Donald Pleasence en su rol habitual (pues eso, tía rara, de mirada inquietante... encasillamiento este del todo justificado). Justo antes de irse le entran los dolores y nace una niña. Dadas las circunstancias, madre e hija pasan la noche en la casa de la familia, pero al día siguiente, la mujer ha desaparecido por completo, dejándose al bebé. Por si no tuvieran ya suficiente con cuatro bocas que alimentar, los protas deciden quedarse a la intrusa y sumarla a su prole. Ea. A los pocos meses, aparece muerto el niño más joven de la familia que, oh misterio, justamente compartía cuna con la cría ilegalmente adoptada. La madre sufre lo suyo, pero se recupera rápido, "Bueno, al menos tenemos a Bonnie" (que asi se llama la niña rara). Viva!. Todo sigue su curso y tras unos cuantos meses más, estando de picnic, ¡pumba!, fallece "accidentalmente" otro de los hijos legítimos de la familia, justo cuando se había quedado solo con Bonnie. Los padres, en lugar de hundirse por completo, que sería lo lógico ¿no?, lo superan una vez más con relativa facilidad y continúan su vida... total, aún les quedan tres hijos más, ¿que más da que palmen a este ritmo?.
Y sí, lo has adivinado, ¡¡también muere otro!!. Esto les afecta un poquito más... pero no demasiado. Lo realmente absurdo aquí es que, a estas alturas, todavía no sospechan de Bonnie que ya se marca caretos bastante inquietantes. Con solo dos hijas en la familia y tras muchos esfuerzos, el padre ata cabos y decide que la adoptada es la culpable de las muertes, pero claro, ahora toca convencer a su histérica esposa (cuyo instinto maternal le pierde y se aferra a Bonnie sin percatarse de que hasta les impide echar el tan deseado quiqui de los Sábados por la noche) y, sobre todo, proteger la última hija que les queda.
En fin, ¿qué puedo decir que no haya insinuado sarcásticamente ya?, que sí, que "¡... o una maldición del infierno!" no es una peli muy verosímil que digamos y a ratos incluso te ríes, ya sea por la escandalosa y absurda ceguera de los padres o por las caras de mala que se marcan las niñas que interpretan a la intrusa... aunque, curiosamente, en otras secuencias funciona muy bien, incluso proporcionando algún sutil escalofrío. Aún así, el resultado final es comedidamente entretenido (o mejor digamos, soportable), a lo que ayuda el look tan característico de su época. Merece destacarse también la ingeniosa teoría del "por qué" de la presencia de Bonnie y sus malvados actos, algo que, al revés de todos los zopencos comentaristas del "Imdb", no desvelaré (¡¡pa una idea original que hay!!).
El director es, en este caso, directora. Se llama Gabrielle Beaumont y, sobre todo, se ha dedicado a la televisión, metiendo mano en series tan míticas como "M.A.S.H.", "El gran héroe americano", "Dinastía", "Los Colby", "Corrupción en Miami" o "Star Trek: La nueva generación". Entre sus largometrajes (también destinados a la caja tonta), nos encontramos con la tercera parte de "El señor de las bestias", nada menos.
No puedo poner el punto final sin comentar lo curioso que me resulta el absurdo y engorroso título español. Así, leído, parece una respuesta al "The Godsend" original que, para algo, se traduce como "Un regalo del cielo", cosa esta que tiene sentido si vemos el cartel patrio, donde adquiere el rol de frase promocional dando pie seguidamente a "¡... o una maldición del infierno!", comentario que suelta uno de los personajes de la peli, pero no refiriéndose a la niña asesina... ¡¡sino a su curro!!. Muy adecuado.