martes, 26 de febrero de 2013

SANGRE FÁCIL

Como ocurre con casi todo lo que aparece por este blog (y lleva mi firma), en mis tiempos fui casi-fan de los señores Joel y Ethan Coen. En realidad los comencé a seguir con interés a partir de "Barton Fink" (curiosamente, "Muerte entre las flores" nunca me gustó. Tendré que revisarla, a ver cómo me sienta con los años y las canas), aunque la cosa no duraría mucho más. De hecho, la última de sus pelis que fui a ver "porque es de los Coen" resultó ser "El gran Lebowski". Y no repetí hasta "Quemar después de leer", que fue un auténtico varapalo para mi psique. Un horror. Casi tanto como "Crueldad intolerable" (título que perfectamente podría tomarse como una advertencia). Hoy hace ya tiempo que los Coen no me llaman más de lo que puede llamarme Woody Allen o Paul Thomas Anderson. Pero eso no impide que si "Cátedra" saca un libro dedicado a repasar su carrera de pe a pá, me lo pille en la biblioteca (lástima que su lectura está resultando algo dolorosa... detesto los libros sobre cine pretenciosos y absurdamente analíticos, aquellos en los que encuentran simbolismos a las cosas más chorras... y este es de esos, me temo).
Estoy pensando seriamente en dar un repaso a la primera etapa de la carrera de los Hermanos Coen, a base de biblioteca o mula si se da el caso. Y nada mejor que comenzar por el principio, es decir, "Sangre Fácil". Su lagometraje de debut. Por aquellos tiempos Joel Coen acababa de montar junto a Sam Raimi la imprescindible "Posesión Infernal" y al chaval se le ocurrió seguir el ejemplo de su colega a la hora de buscar financiación para hacer su primera peli: fabricar un pre-trailer destinado a impactar a los posibles inversores (y que, ojo al dato, contaba con Bruce Campbell de protagonista). Con la pasta obtenida, los brothers pudieron arrancar con "Blood Simple", parida desde la más rutilante independencia (de cuando el "cine indie" lo era de verdad, vamos) y que resultó todo un éxito -a sus niveles cultos, se comprende-, lo que permitió a la pareja dar el salto a la más estricta profesionalidad y de ahí al reconocimiento de los supuestos expertos, premios gordos, etc, etc.
Pero centrémonos en "Sangre Fácil". La historia que cuenta es tan sencilla como efectiva, y bebe muy descaradamente de los clásicos de la novela negra. La esposa del dueño de un bar de carretera decide ponerle los cuernos con uno de sus empleados. Naturalmente, el hombre se entera gracias a las labores de un sarnoso detective y le da una rabieta tan grande, que ataca a su mujer, llevándose de regalo una patada en la entrepierna que duele solo verla. Herido en su orgullo (y en más sitios), acude al mismo detective para que se cargue a la pareja. El problema es que este tiene menos palabra que una fémina y decide traicionarle, iniciando así un continuo y constante carrusel de equívocos. La mujer cree que ha sido su amante el que ha matado al cornudo, el amante cree lo mismo de la mujer, el detective ha perdido un objeto en la escena del crimen y piensa que los dos se lo han mangado y así todo termina del modo más inevitablemente trágico.
Consecuente con lo que por aquellos tiempos significaba el cine independiente yankee, "Sangre Fácil" es una peli que se toma su tiempo para todo. Es lenta, con sus silencios y sus personajes introspectivos, algo que, con 15 o 20 años te parecerá un coñazo, pero que, con la edad, le pillas el gusto, pues contribuye muy mucho a la creación de una atmósfera inquietante, tensa y malsana. De hecho, aún perteneciendo inevitablemente al thriller, tiene algunos momentos que la emparentan totalmente con el terror, como cuando el prota lleva el cadáver del cornudo en la parte trasera de su coche, conduciendo de noche por la carretera y con un siniestro programa de radio de fondo que termina acojonándole. O la pesadilla que la mujer tiene hacia el final. Y ya puestos, también funciona en ese sentido el enfrentamiento de esta con el detective en plan homicida, dando pie a muchas de las secuencias de lucimiento para los Coen, aspecto que abunda generosamente a lo largo de la peli y que fue blanco de críticas en su época, acusando a la peli de artificiosa. Hay muchos momentos destacados... como el de la cámara elevándose únciamente para esquivar en su camino a un borrachuzo adormilgado, varios movimientos de los que Joel Coen seguramente tomó buena nota mientras montaba "Evil Dead" (con la cámara parapetándose tras las aspas del ventilador del techo, o el corto steadycam en la agresión del cornudo hacia su esposa) y detallitos de montaje y fotografía bien cucos y efectivos. Vamos, que a mi me molan... y en general me mola la puta peli entera, creo que funciona muy bien, logra interesar, inquietar e incluso fascinar.
A los hermanos cineastas/guionistas les acompañan en tareas de interpretación la luego más famosa, y esposa de Joel, Frances McDormand, el sosaina John Getz, el entrañable Dan Hedaya (el malo de "Commando") y el carismático M. Emmet Walsh. Barry Sonnenfeld, hoy día responsable de la saga "Men in black" al completo, debutaba junto a los Coen haciendo la que fue su primera ocupación a los inicios de su carrera, dirigir la fotografía.
Como colofón no podemos pasar por alto el abuso que se hace de la canción "It's the Same Old Song" de los "Four Tops" (grupo en el que militaba Levi Stubbs, es decir, la voz de "Audrey" en "La tienda de los horrores") que, aunque llega a sonar hasta tres veces, no molesta por lo buenísima que es... como la peli misma, oye.