De la factoría Apatow, y pasando prácticamente desapercibida en España, “Todo sobre mi desmadre” se postula como una de las comedias más divertidas —quizá la más— de principios de siglo. Y no es solo que sea divertida: es que el guion es impecable y todos los actores están soberbios. La cosa consiste, básicamente, en ver a un grupo de cómicos haciendo el payaso, y hacerlo muy bien.
A Jonah Hill lo nominan a los "Óscar" por papeles como el de “Moneyball”, un drama deportivo de esos que tanto gustan en Hollywood, o por “El lobo de Wall Street”, película por la que debería habérselo llevado. Pero en “Todo sobre mi desmadre” ya se intuyen esos mimbres de gran actor hollywoodiense, de estrella camaleónica que sirve lo mismo para un roto que para un descosido y que, con el entrenamiento adecuado, podría hacer lo que le diera la gana con cualquier papel. Siempre suele estar bien, pero la primera vez que Hill está verdaderamente memorable es aquí, en “Todo sobre mi desmadre”. Y no es poca cosa, porque los papeles de comedia rara vez son agradecidos.
Luego ya, a posteriori, parece que se le ha ido viendo menos…
Aquí interpreta a "Aaron", un ejecutivo musical afable cuyo cometido durante toda la película es pasarlas canutas.
A su vera está el cómico británico Russell Brand, que tiene el caramelito perfecto para lucirse: "Aldous Snow", estrella de rock drogadicta a la que el pobre "Aaron" debe trasladar de Londres a Los Ángeles. Brand está estupendo, sí, pero ese personaje caricaturesco le pone la gloria bastante en bandeja. Hill, en cambio, se lo tiene que currar mucho más. La tercera en discordia es Rose Byrne, magnífica actriz cómica que, acostumbrada a papeles de esposa madura y comedida, aquí se desmelena interpretando a una estrella del pop pasada de vueltas con las drogas, que canta sobre las bondades de su propio trasero. Una mezcla entre Britney Spears y Katy Perry, pero llevada al extremo de la caricatura. También aparece, como jefe de la discográfica, el rapero Sean “Puff Daddy” Combs, que compone una interpretación cómica más que solvente, a pesar de ser, probablemente, uno de los tipos con menos gracia de la industria musical —y fan del aceite para bebés—.
Mención especial merece el título en castellano, que solo puede ser obra de alguna lumbrera —o de algún cachondo— con un peculiar sentido del humor. La gracia consiste en hacer chanza de “Todo sobre mi madre”, cuyo público es prácticamente el opuesto al de la película que nos ocupa. Vale que el título original era complicado de adaptar (“Get Him To The Greek”), pero “Todo sobre mi desmadre” me sigue pareciendo horripilante. Y la broma continúa: recientemente se estrenó “Todo sobre mi padre”, otra comedia más al servicio de Robert De Niro. Aquí el título encaja algo mejor, pero ya está bien con el chiste, que no da para tanto.
“Todo sobre mi desmadre” nace del capricho del director, fascinado por el personaje de "Aldous Snow" que aparecía en “Paso de ti”. Allí, con apenas unos minutos en pantalla, Russell Brand se metía película en el bolsillo. La solución fue sencilla: hacerle una propia. Y Brand, claro, encantado, más aun sabiendo que compartiría protagonismo con Jonah Hill, que ya aparecía en “Paso de ti”, aunque en otro rol.
El resultado es un "spin-off" que supera con creces a su predecesora. Si “Paso de ti” era una comedia romántica con un punto gamberro, “Todo sobre mi desmadre” es directamente un concierto de los "Rolling Stones" al que uno asiste colocado de cocaína para, en pleno clímax, bajarlo todo con quaaludes. Esa es la energía.
La premisa es sencilla: "Aldous Snow", estrella en decadencia, se hunde tras componer una canción buenista sobre niños africanos que acaba siendo considerada la peor de la historia. Vuelve a la bebida. Mientras tanto, "Aaron", fan suyo desde crío y ejecutivo del mismo sello que lo representa, propone organizar un concierto en el "Greek", donde "Snow" actuó diez años atrás con enorme éxito. Su jefe compra la idea y le encarga una misión simple en teoría: ir a Londres, recoger al artista, meterlo en un avión y llevarlo sano y salvo a Los Ángeles en pocos días. La cosa se convertirá en una espiral de drogas, sexo y caos.
El rodaje, según se cuenta en el audio comentario del DVD, fue lo más parecido a una fiesta itinerante. Londres, Nueva York, Los Ángeles, Las Vegas… En una de las múltiples escenas de juerga, una brigada antinarcóticos se presentó en el set dispuesta a registrar al equipo. Pero el jefe resultó ser fan de “Paso de ti” y, al reconocerlos, decidió mirar hacia otro lado. Les dejó rodar en paz. ¿Había drogas allí? Nunca lo sabremos. Aunque, conociendo la obsesión por el control del director, quizá todo fuera menos salvaje de lo que parece.
La actitud casi guerrillera de la película se nota en sus cameos. Russell Brand, que presentaba los premios "MTV" aquel año, aprovechó para acudir con un equipo reducido y grabar casi sobre la marcha las apariciones de Christina Aguilera y Pink. Con Katy Perry también se rodó material que luego no se utilizó. Pharrell Williams aceptó participar tras declararse fan de “Supersalidos”. Y el propio Brand rodó escenas de concierto durante un espectáculo real en el "O2 Arena" de Londres ante 15.000 personas, que quedaron incorporadas a la película.
Como curiosidad, durante el rodaje de una escena con Elisabeth Moss se produjo un pequeño terremoto de magnitud 4,0 en la escala Richter. La reacción asustada de Jonah Hill quedó registrada y puede verse en las tomas falsas del DVD. Merece la pena.
Con un presupuesto de 40 millones de dólares, “Todo sobre mi desmadre” recaudó cerca de 100 millones en todo el mundo. Funcionó especialmente bien en Inglaterra, donde Russell Brand es una auténtica estrella. En España, en cambio, fue un fracaso: apenas 88.093 espectadores. Una cifra ridícula. Y no me extrañaría que el espantoso título tuviera algo que ver.
Sea como sea, “Todo sobre mi desmadre” me parece una comedia enorme. Sin duda, una de las mejores de las últimas tres décadas. Y lo digo sin exagerar.
