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martes, 18 de noviembre de 2025

MALDITOS VECINOS

Dentro de los relevos generacionales de actores cómicos, si durante años el trono lo ostentaron aquellos surgidos de la televisión y, más concretamente, del “Saturday Night Live”, en la pasada década está claro que la corona la portaron esa cuadrilla de locos contemporáneos salidos de distintos lugares, fuesen películas, series de televisión y clubes de comedia, y de la que forman parte actores del todo solventes —algunos de ellos incluso nominados a los Oscar—, como James Franco, Danny McBride, Jonah Hill, Paul Rudd, Dave Franco o Seth Rogen. Sin duda, fueron reclamo para la taquilla y al público les encantaban (no tanto aquí en España, que los números en nada se asemejan a los americanos y hay quien incluso les desprecia). Asimismo, como herederos naturales de la comedia gamberra de toda la vida, ejercieron de paladines en las sex comedies de las dos últimas décadas protagonizado (o escribiendo, o dirigiendo...) algunas de las más punteras de años recientes, con permiso de “Resacón en Las Vegas".
Sin embargo, los tiempos que corren no son buenos para la lírica, y si bien el sexo no es tratado en abundancia en los films correspondientes a lo que nos ha tocado vivir desde finales de los 90, sí que se le pasa una buena factura a la escatología y la incorrección política verbal, es decir, que se habla mucho de follar, de pollas, de tetas y culos, pero no vemos nada de eso en pantalla. Y si lo vemos, suele ser dentro de un contexto netamente cómico y en forma de prótesis de látex, para que ni mamas, ni miembros viriles erectos y purulentos genuninos, aparezcan dentro del encuadre.
A niveles generales, su propuesta funciona (y me funciona).
“Malditos vecinos” se adscribe a esta corriente de la cual les acabo de hablar. Y que sirva de muestra los 270 millones de recaudación mundial que se consiguieron con una nimia inversión de 18 gastados en apenas cinco semanas de rodaje. Se trata de la comedia más taquillera de su protagonista, Seth Rogen, así como la cuarta comedia para mayores de 18 años con mayor recaudación el fin de semana de su estreno, gracias a sus casi 50 millones acumulados. Aquí en España apenas llegaría a congregar 400.000 espectadores. Sin embargo, y a pesar de los excelentes resultados de taquilla, no sería tan redonda como otras propuestas muy superiores con cualquiera de los miembros de esta cuadrilla dentro de sus repartos. “Malditos vecinos” sería una "frat movie" con todos los ingredientes para pasar a la posteridad como tal. De hecho, la película comienza con la pareja protagonista follando delante de su bebé, lo que, entre otras cosas, serviría para que la calificación de la película fuera una R. Me parece una declaración de intenciones estupenda y un magnífico comienzo para una "sex comedy". Por otro lado, combina, en este caso —y siempre bajo producción de Evan Goldberg— elementos de las comedias estudiantiles de los ochenta (puestos al día) con la comedia de enredo más actual y comercial, generando así una película a priori súper atractiva, pero que peca de repetitiva y, por momentos, cursi, motivos estos que no nos privan de pasar un par de horas de lo más entretenidas con las peripecias de estos malditos vecinos y los alcornoques de la fraternidad sita en la casa de al lado.
Un matrimonio que recientemente acaban de ser padres, se instalan en un tranquilo barrio residencial  donde educarán a su hija dentro de un ambiente propicio. La casa contigua está alquilada por una hermandad masculina de una universidad cercana. El matrimonio, inmerso en la treintena, se empieza a emparanoiar con las fiestas que se supone que se van a celebrar allí, por lo que deciden ir a hablar con los vecinos para pedirles que, por favor, no hagan ruido. La fraternidad hará caso omiso y la liarán bien gorda. Como el matrimonio no ha conseguido la paz por las buenas, decidirá hacerlo por las malas, así comenzará una guerra sin cuartel entre adultos y universitarios, con trágicas consecuencias y descacharrantes acontecimientos.
Diversión funcional, sin más. Algunos gags son muy buenos, otros más flojos, otros se puede prescindir de ellos. No obstante, también es un film que, aún con su bajo presupuesto, tiene un acabado técnico excepcional, porque así funciona Hollywood.
Seth Rogen encabeza el reparto secundado por Rose Byrne, actriz australiana de indudable vis cómica a la que ya pudimos ver en “La boda de mi mejor amiga”. Pero, sin duda, el rey de la función es Zac Efron. El chico guapo de la factoría Disney se prodiga aquí como un actor cómico de primer orden, eso sí, agarrándose como clavo ardiendo al arquetipo del  jock, deportista musculado y cortito de miras, que le dará más de una alegría en posteriores trabajos; antes Efron era el chico guapo de “High School Musical”, hoy es ese cachondo de las pelis de risa al que, en su vida privada, un aparatoso accidente doméstico y una serie de operaciones estéticas han convertido en meme de las redes sociales. No obstante, en estas comedias desarrolla un cambio de registro que, aunque le libera del encasillamiento como chico Disney, igualmente le ancla en el de tío bueno tontorrón. Pero su comicidad, tanto en esta como en otras muchas películas posteriores, es indudable.
También tenemos en el reparto, en un rol destacado, a Dave Franco, el hermano pequeño de James Franco. Su presencia en la cinta es toda una anécdota. Dave Franco debería haber aparecido junto a toda la pandilla en la estupenda “Juerga hasta el fin”. Su papel en aquella película consistía en, interpretándose a sí mismo, morir de manera ultra violenta ante los ojos de su hermano James, que también se interpretaba a sí mismo. Seth Rogen, que co-dirigía, pensó que esa escena era demasiado cruel y deprimente, por lo que se eliminó del guion sin ser rodada siquiera. Por tal motivo se las ingenió para tenerle en un papel destacado en “Malditos vecinos” y compensarle, ya que, al fin y al cabo, Dave Franco era un actor emergente que empezaba y le jodió no tener esa gran escena.
“Malditos vecinos”, titulada “Neighbors” en su versión americana, y “Bad Neighbours” fuera de EUA para que no se le confundiera con la serie australiana del mismo nombre, nace en la cabeza de sus guionistas Andrew J. Cohen y Brendan O'Brien, inspirados por el miedo a las responsabilidades en su transición de la juventud a la adultez, lo que dio lugar al libreto que, en un principio, era una cosa sobre adultos en la fraternidad, una temática que recordaba un poco a la de “Aquellas juergas universitarias” motivo este por el cual el director contratado, Nick Stoller, rescribió la película para que las similitudes no fueran tales.  Así, se sacó a Rogen de la fraternidad, y se le metió como vecino adulto en la casa de al lado, declarando la guerra a los chavales. Y para que el peso no recayera únicamente sobre este personaje, se le añadió una esposa y una hija que darían mucha más consistencia a la trama principal. Fue la propia pareja de Rogen la que sugirió que una esposa daría más credibilidad al asunto. Y acertó, Para ello se contrató a Rose Byrne con la que la química ha dado posteriormente para una estupenda serie de la dupla titulada “Platónico”.
Todos esos personajes se escribieron sobre el papel teniendo muy en cuenta el reparto, por lo que a la hora de repartir los 18 millones que se consiguieron de presupuesto, absolutamente todos tuvieron que rebajar sus cachés para ajustarse a este, cosa para la que no hubo mayor problema.
Tras el éxito mundial de la cinta, Seth Rogen tuvo que vérselas con cierta polémica. Resulta que, por aquella época, un universitario británico, bastante poco agraciado y que acusaba una recalcitrante misoginia, había sido detenido por el asesinato de varias personas en California. Resulta que era fan de Seth Rogen y había visto en varias ocasiones “Malditos vecinos”. A una crítica cinematográfica del "Washington Post", Anne Hornaday, no se le ocurrió otra cosa que culpar de la muerte de estas personas a Rogen, aseverando que sus películas no mostraban con realismo lo que podía ser el día a día de una persona poco agraciada físicamente en lo concerniente a sus relaciones sociales. Rogen siempre salía retratado como un individuo gordo y feo sin problemas a la hora de relacionarse románticamente, por lo que el estudiante pudo quedar frustrado y, como consecuencia, cometiera dichos asesinatos. Rogen se defendió al respecto. Por descontado, tales acusaciones de tamaña estupidez se quedaron en mera anécdota, aunque trajeron a Seth Rogen algún que otro quebradero de cabeza.
Como curiosidad, decir también que la ropa que viste el actor en la película pertenece a "Golf Wang", marca deportiva centrada en prendas de golf creada por el rapero new age Tyler The Creator. 
Como “Malditos vecinos” fue un éxito de taquilla y también de crítica, era cuestión de tiempo que se produjera una secuela. Así, en 2016 se rodó una continuación directa en la que repetía la mayoría del equipo, “Malditos vecinos 2”, también dirigida por Nick Stoller y que tuvo menos éxito. Resulta bastante mediocre: comienza igual que la primera, con un polvo de los protagonistas —con la variante de que ella está embarazada y, del meneo, vomita sobre la cara de él— y ya el resto se limita a plagiar gags de la original, cambiando la hermandad masculina por una femenina y el descanso de los protagonistas por la venta de la casa en la que están; con tanto ruido, nadie querrá comprarla. Muy floja. Eso sí, cuenta con la presencia de la deliciosa Chloë Grace Moretz, vista en la franquicia “Kick Ass” o en “Carrie (2013)”
Consumidas "Malditos vecinos 1 y 2" seguidas en programa doble, podrían funcionar. Aunque no se a qué niveles.

martes, 24 de febrero de 2026

TODO SOBRE MI DESMADRE

De la factoría Apatow, y pasando prácticamente desapercibida en España, “Todo sobre mi desmadre” se postula como una de las comedias más divertidas —quizá la más— de principios de siglo. Y no es solo que sea divertida: es que el guion es impecable y todos los actores están soberbios. La cosa consiste, básicamente, en ver a un grupo de cómicos haciendo el payaso, y hacerlo muy bien. 
A Jonah Hill lo nominan a los "Óscar" por papeles como el de “Moneyball”, un drama deportivo de esos que tanto gustan en Hollywood, o por “El lobo de Wall Street”, película por la que debería habérselo llevado. Pero en “Todo sobre mi desmadre” ya se intuyen esos mimbres de gran actor hollywoodiense, de estrella camaleónica que sirve lo mismo para un roto que para un descosido y que, con el entrenamiento adecuado, podría hacer lo que le diera la gana con cualquier papel. Siempre suele estar bien, pero la primera vez que Hill está verdaderamente memorable es aquí, en “Todo sobre mi desmadre”. Y no es poca cosa, porque los papeles de comedia rara vez son agradecidos. 
Luego ya, a posteriori, parece que se le ha ido viendo menos…
Aquí interpreta a "Aaron", un ejecutivo musical afable cuyo cometido durante toda la película es pasarlas canutas.
A su vera está el cómico británico Russell Brand, que tiene el caramelito perfecto para lucirse: "Aldous Snow", estrella de rock drogadicta a la que el pobre "Aaron" debe trasladar de Londres a Los Ángeles. Brand está estupendo, sí, pero ese personaje caricaturesco le pone la gloria bastante en bandeja. Hill, en cambio, se lo tiene que currar mucho más. La tercera en discordia es Rose Byrne, magnífica actriz cómica que, acostumbrada a papeles de esposa madura y comedida, aquí se desmelena interpretando a una estrella del pop pasada de vueltas con las drogas, que canta sobre las bondades de su propio trasero. Una mezcla entre Britney Spears y Katy Perry, pero llevada al extremo de la caricatura. También aparece, como jefe de la discográfica, el rapero Sean “Puff Daddy” Combs, que compone una interpretación cómica más que solvente, a pesar de ser, probablemente, uno de los tipos con menos gracia de la industria musical —y fan del aceite para bebés—.
Mención especial merece el título en castellano, que solo puede ser obra de alguna lumbrera —o de algún cachondo— con un peculiar sentido del humor. La gracia consiste en hacer chanza de “Todo sobre mi madre”, cuyo público es prácticamente el opuesto al de la película que nos ocupa. Vale que el título original era complicado de adaptar (“Get Him To The Greek”), pero “Todo sobre mi desmadre” me sigue pareciendo horripilante. Y la broma continúa: recientemente se estrenó “Todo sobre mi padre”, otra comedia más al servicio de Robert De Niro. Aquí el título encaja algo mejor, pero ya está bien con el chiste, que no da para tanto.
“Todo sobre mi desmadre” nace del capricho del director, fascinado por el personaje de "Aldous Snow" que aparecía en “Paso de ti”. Allí, con apenas unos minutos en pantalla, Russell Brand se metía película en el bolsillo. La solución fue sencilla: hacerle una propia. Y Brand, claro, encantado, más aun sabiendo que compartiría protagonismo con Jonah Hill, que ya aparecía en “Paso de ti”, aunque en otro rol.
El resultado es un "spin-off" que supera con creces a su predecesora. Si “Paso de ti” era una comedia romántica con un punto gamberro, “Todo sobre mi desmadre” es directamente un concierto de los "Rolling Stones" al que uno asiste colocado de cocaína para, en pleno clímax, bajarlo todo con quaaludes. Esa es la energía.
La premisa es sencilla: "Aldous Snow", estrella en decadencia, se hunde tras componer una canción buenista sobre niños africanos que acaba siendo considerada la peor de la historia. Vuelve a la bebida. Mientras tanto, "Aaron", fan suyo desde crío y ejecutivo del mismo sello que lo representa, propone organizar un concierto en el "Greek", donde "Snow" actuó diez años atrás con enorme éxito. Su jefe compra la idea y le encarga una misión simple en teoría: ir a Londres, recoger al artista, meterlo en un avión y llevarlo sano y salvo a Los Ángeles en pocos días. La cosa se convertirá en una espiral de drogas, sexo y caos.
El rodaje, según se cuenta en el audio comentario del DVD, fue lo más parecido a una fiesta itinerante. Londres, Nueva York, Los Ángeles, Las Vegas… En una de las múltiples escenas de juerga, una brigada antinarcóticos se presentó en el set dispuesta a registrar al equipo. Pero el jefe resultó ser fan de “Paso de ti” y, al reconocerlos, decidió mirar hacia otro lado. Les dejó rodar en paz. ¿Había drogas allí? Nunca lo sabremos. Aunque, conociendo la obsesión por el control del director, quizá todo fuera menos salvaje de lo que parece.
La actitud casi guerrillera de la película se nota en sus cameos. Russell Brand, que presentaba los premios "MTV" aquel año, aprovechó para acudir con un equipo reducido y grabar casi sobre la marcha las apariciones de Christina Aguilera y Pink. Con Katy Perry también se rodó material que luego no se utilizó. Pharrell Williams aceptó participar tras declararse fan de “Supersalidos”. Y el propio Brand rodó escenas de concierto durante un espectáculo real en el "O2 Arena" de Londres ante 15.000 personas, que quedaron incorporadas a la película.
Como curiosidad, durante el rodaje de una escena con Elisabeth Moss se produjo un pequeño terremoto de magnitud 4,0 en la escala Richter. La reacción asustada de Jonah Hill quedó registrada y puede verse en las tomas falsas del DVD. Merece la pena.
Con un presupuesto de 40 millones de dólares, “Todo sobre mi desmadre” recaudó cerca de 100 millones en todo el mundo. Funcionó especialmente bien en Inglaterra, donde Russell Brand es una auténtica estrella. En España, en cambio, fue un fracaso: apenas 88.093 espectadores. Una cifra ridícula. Y no me extrañaría que el espantoso título tuviera algo que ver.
Sea como sea, “Todo sobre mi desmadre” me parece una comedia enorme. Sin duda, una de las mejores de las últimas tres décadas. Y lo digo sin exagerar.

sábado, 13 de septiembre de 2025

IL GATTO NERO

Siempre pensé que "La madre del mal", última aportación de Dario Argento a su particular saga de las progenitoras cabronas (ya saben, precedida por "Suspiria" e "Inferno"), era lo que normalmente llamamos un "final deslucido". El fandom -y nuestro Víctor- flipó con ella, pero por la cantidad insalubre de gore bruto y desaforado. Sin embargo, tras la hemoglobina, no había nada. Y lo que había, tampoco valía mucho. De hecho, en mi más reciente revisión, no pude ni terminarla y me fui a dormir pensando aquello de "¿Podría haber un cierre peor que este?". Pues sí, podría. Tal y como descubrí con horror hace unas cuantas lunas.
Dicha joya comporta, además, una serie de problemas extra. De entrada, la ensalada de títulos. Me decantaré por el más "oficioso", "Il gatto nero" (tengan en cuenta que en algunos países llegó a estrenarse como ¡¡la sexta entrega de "Demons"!!). El otro problema es su director, el entrañable Luigi Cozzi / Lewis Coates. Me cae bien, la verdad, y duele admitir que su película es un truño inconmensurable.
Al mentado empacho de títulos debemos añadir un origen "caotizante". De primeras el proyecto nació como esa tercera parte oficial -mucho antes de "La madre del mal"- con guion de Daria Nicolodi y supuesta dirección de Dario Argento. Sin embargo, el asunto se fue al agua y, años después, la Nicolodi cedió su libreto a Cozzi quien, al no querer asumir la responsabilidad de poner fin a una franquicia tan respetada, se sacó de la manga un seudo homenaje, incluyendo en la trama referencias directas a "Suspiria", a Argento y reciclando la famosa banda sonora de "Goblin" para sendos pasajes (también hay guiño a "Seis mujeres para el asesino", recreando a su famoso psycho-killer, cosa que repetirá en el futuro). A Daria Nicolodi no le gustó el desaguisado y se apartó. Entonces, entra en escena Menahem Golan con su nueva y flamante "21st Century" dispuesto a adquirir la cinta. El hombre se había comprometido a rodar una adaptación de "El gato negro" según Edgar Allan Poe (muy de moda entre gerifaltes del subproducto por ahí finales de los ochenta) y, a falta de nada concluso, decide que la peli de Cozzi, con oportunos cambios y añadidos, daría el pego. Así, le pide al director que meta alguna referencia al relato de Poe y filme sendas escenas de un felino negro andando por ahí. El italiano accede (¡faltaría!), dando como resultado el esputo del que ahora les hablo. La presencia de la obra literaria es nula. Se justifica como la película dentro de la película que anda protagonizado la protagonista, ¿suena a galimatías?... pues eso no es nada. Como resultado obtenemos el gag más simpático de "It gatto nero", el director de dicha película dentro de la película no es otro que Michele Soavi, quien por la misma época rodaría "El engendro del diablo" -nacida de primeras como el "Demons 3" oficial. Sin embargo, trifulcas legales desestimarían su pertenencia a la saga... aunque en algunos mercados así es como se vendió, esta vez de manera no oficial. ¡¡Menudas paradojas pajeras!!-.
El caso es que la mentada actriz es pareja de un director de éxito especializado en horrores, quien anda preparando su nuevo gran proyecto, nada menos que un film basado en la existencia de otra de las terribles brujas de Thomas De Quincey (al que ya estrujaron Argento y la Nicolodi en su día), "Levana". Al ser mentada la invocan y despierta muy cabreada, con ganas de reencarnarse en el bebé de la protagonista... o eso creo. Por ello, se pasa el rato atormentándola a base de visiones propias de un mal refrito de "Pesadilla en Elm Street", mientras va despachando al resto del reparto en secuencias de licuosa y divertida truculencia, destacando ese estómago estallando al que tanto partido había sacado ya Cozzi en su "Contaminación: Alien invade la tierra".
Sentadas las bases, lo que queda es jolgorio narrativo y aburrimiento al peso.  Efectivamente, NO estamos ante la tercera de la saga, pero PODRÍA haberlo sido y eso provoca cagarrinas. Como parte del asunto "tributoso", Cozzi procura imitar las maneras de Argento recurriendo a luces de colorines y un inadecuadísimo rock duro -cortesía del grupo de tercera "Bang Tango"- ambientando sonoramente los momentos intensos, aunque luego se expanda a casi toda clase de situaciones. Por supuesto, el afán mimetizador no garantiza nada, porque lo que queda va trufado de muchas incongruencias + momentos absurdos y ridiculizables (con especial fijación en el careto de patata rancia que gasta la temible "Levana", así como esa desconcertante escena en la que todo se revela un disfraz, pero no, pero sí, pero tampoco...)
El reparto viene compuesto por una galería de nombres condenados a participar en esta clase de simpáticos furruños. Florence Guérin (con cierta retirada a Rose Byrne), Urbano Barberini (prota masculino del "Demons" original), Brett Halsey (de impresionante filmografía en la que no falta nadie: Antonio Margheriti, Lucio Fulci, Bruno Mattei, Jesús Franco o ¡Francis Ford Coppola!), Luisa Maneri ("Vicios Pequeños", "Body Count") y, por supuesto, una madurita Caroline Munro haciendo lo que puede.
Me da penica, de verdad, pero esto no hay dios que lo soporte.

sábado, 26 de diciembre de 2020

SUNSHINE

Mi relación con "Sunshine", la peli que Danny "Trainspotting" Boyle dirigió en 2007, según un guion de ese genio llamado Alex Garland (a quien debemos en funciones de escribiente y/o director, títulos de notable catadura como "28 días después", "Dredd", "Ex-Machina", "Aniquilación" o la recomendable serie "Devs"), ha sido tormentosa, pero con un final feliz. Esta es la segunda vez que la reseño en el blog (no busquen la primera, no está) y si me decidí a dar tal paso se debe a ese happy end que mentaba. Durante años he dudado de qué conclusión sacar respecto a ella... y por fin lo tengo claro. En cualquier caso, nunca ha sido negativa del todo, nunca, pero la intensidad de positividad ha ido variando en función de los visionados acumulados.
El sol se apaga. La tierra manda una nave cuya misión es lanzarle una mega-bomba con el fin de reactivarlo. Pero no cumple con su cometido. Siete años después, mandan otra y esta localiza a la primera. En el momento que intentan desviarse para su encuentro, surgen los problemas... que irán incrementándose de forma dramática... y terrorífica, especialmente cuando aparezca un tripulante de la nave original que ha perdido completamente la chaveta.
Justamente, este último punto es el que, durante largo tiempo, me fue rechinando. Ahora les explico el motivo.
Como fan de la astronomía que soy, me encanta mirar hacia el sol y maravillarme ante su poder, ¿como es posible que, a pesar de la inmensa distancia que nos separa, note la calor que desprende esa enorme bola de gas y luz que hay ahí fuera, flotando en el vacío?. Flipo ante todos los elementos que componen el universo y su enormidad. Por eso, en ese aspecto, conmigo los de "Sunshine" me tenían ganado desde el principio, ya que gracias a los avances tecnológicos logran unas imágenes hiper-realistas acojonantes. En general, todo el acabado visual de la peli es PERFECTO, fascinante, algo en lo que los chicos de "DNA Films" son especialistas, sobre todo en el terreno de la ciencia ficción. Boyle se esfuerza en crear imágenes sencillamente bellas, jugando con fuego, luces y destellos. Estética y narrativamente hay montones de ideas excelentes. Así de memoria podría citar el cuarto que genera secuencias de vídeo relajantes, la sala que permite ver el sol en toda su potencia (y que con solo un 3,1 por ciento durante 30 segundos es capaz de quemarte la piel), el mismo astro rey en plena convulsión, la inmensa bomba cuyo proceso de explosión arranca con una serie de destellos, los diseños de las naves (con ese gigantesco escudo dorado) o de los geniales trajes (armatostes de oro creados para luchar contra los rayos solares)... en fin, que en ese apartado (incluidos montaje y audio) "Sunshine" es redonda. Una obra de arte.
Lo que yo consideraba su talón de aquiles era que, llegado el momento, se apartaba de lo meramente científico, la ciencia ficción pura, para adentrarse en el thriller. El, casi, terror. Echando mano de recursos ya demasiado explotados, con el intruso de rigor que comienza a jorobarlo todo y asesinar a la tripulación. Incluso vivía convencido de que fue una imposición del estudio que Boyle aceptó a regañadientes. Pero con el paso del tiempo comenzó a dejar de molestarme e incluso aprendí a apreciarla. Primero porque, en cuanto a calidad visual va en consonancia con el resto de la peli. Y segundo, muy especialmente, porque me percaté de que estaba perfectamente ajustada a la trama y a lo que "Sunshine" cuenta y muestra. El intruso no es un alien... ni un fantasma... tampoco un tripulante que se ha vuelto loco porque sí... lo que mola es que ha perdido la razón totalmente influenciado por el inmenso poder del astro rey. Estar tan cerca de él, verlo y sentirlo de ese modo, le ha hecho darse cuenta que nosotros, los humanos, somos insignificantes en comparación y no tenemos ningún derecho a intentar modificar su naturaleza. Simplemente es nuestra obligación rendirnos ante el destino que nos toque, sea cual sea. Visto así, uno no solo entiende más el razonamiento del villano, también percibe sus actos de otra manera.
Es imposible que viendo la película de Danny Boyle no pienses en "Alien", "2001", "Solaris", incluso "Horizonte Final"... sin embargo, es algo que asumes teniendo en cuenta, ya no sólo el hecho de que algunos de esos films son influenciables clásicos incunables (los dos primeros, of course, el tercero debería revisarlo y el cuarto me mola, pero de eso a clásico incunable, como que no), sino porque cada día cuesta más contar algo diferente u original. La cuestión es cómo procedes, y los artífices de "Sunshine" lo hacen de putísima madre. Tanto que, a día de hoy, me atrevería a decir que es una de mis películas favoritas. Al menos en el apartado ciencia ficción.
El estupendo reparto lo componen, entre otros, Cillian Murphy, Michelle Yeoh, Hiroyuki Sanada, Rose Byrne, Mark Strong, Benedict Wong y Chris Evans. Curiosamente, Wong y Evans acabarían metidos en películas de la "Marvel". El personaje de Murphy está muy inspirado en el astrofísico Brian Cox, que ejerció de consultor durante la realización del film y en los extras del dvd se marca un audiocomentario, de base científica, que es gloria bendita.
Cierra una hermosa canción de "I Am Kloot".
Altamente recomendable.