Era tendencia en nuestro cine popular de los años 80, que cuando una fórmula funcionaba bien, fueran varios los que la copiaran copando la cartelera de títulos de similares características. Y, mira tú por donde, el que solía traer esa fórmula solía ser siempre Mariano Ozores, que abría la veda para que directores, no necesariamente segundones, se sumaran al estilo que en ese momento cultivaba Mariano. Cuando Ozores se metió de lleno en aquellas películas con el divorcio como telón de fondo, por ejemplo “¡Qué gozada de divorcio!”, pronto llegaría Summers a hacer los propio con “El primer divorcio” y, copiando descaradamente, Juan Bosch con “Caray con el divorcio”.
“Cristóbal Colón… de oficio descubridor” fue el pistoletazo de salida que dio inicio a la popular trilogía de parodia histórica, el spoof autóctono, tres títulos de gran tirón popular producidos por José Frade, y en los que la mayor baza cómica consistía en los anacronismos y los chistes de política de la transición. Las tres películas partían de hechos históricos que, con cierto rigor a la hora de ser planteados, acababan siendo destrozados por los chistes sobre UCD o Alianza Popular. La mejor de todas, naturalmente, sería “Cristóbal Colón… de oficio descubridor”, por supuesto, dirigida por Mariano Ozores. A esta le seguirían, más mediocres, “Juana La Loca… de vez en cuando” con Lola Flores y dirigida por José Ramón Larraz, y “El Cid Cabreador” de Angelino Fons y protagonizada por Ángel Cristo. A este combo podíamos sumarle esa joya del cine valenciano parido desde la contracultura como fue “Que nos quiten lo bailao” de Carles Mira, no nos olvidemos de “La Biblia en Pasta” de Summers y la que nos ocupa, “Cuando Almanzor perdió el tambor”.
Pese a tener en plena forma a toda la plana mayor de la comedia popular española, esto es: Antonio Ozores, Juanito Navarro, Florinda Chico, Quique Camoiras, Luis Varela, Vicente Parra, Ricardo Merino.., sin lugar a ninguna duda “Cuando Almanzor perdió el tambor” es la peor de todas estas películas. Un intento de Luis María Delgado por recoger los frutos sembrados por la trilogía de Frade a destiempo y cuando la fórmula ya estaba más que agotada.
La acción se traslada al año 1002 cuando Almanzor tenía bajo su yugo a los cristianos y estos debían pagarle el pertinente tributo. Almanzor pide en pago doce doncellas y, a no tener ninguna disponible, lo que los Reyes Cristianos le envían es a doce putas. El festival de lo vulgar, lo chabacano y lo soez, está servido.
Una parodia histórica de menos de hora y media, con mucho menos presupuesto del que este tipo de películas solían contar y una dirección bastante apocada y perezosa por parte de otro de nuestros artesanos más exitosos, Luis María Delgado. Una metralleta de chistes de fútbol, política y guardias civiles que pierde fuelle a medio camino. Suerte que la presencia de Antonio Ozores, que suelta chascarrillos e improvisaciones a cascoporro, salvan de la quema una película que es de lo peorcito de aquellos años. Cosas como el memorable comienzo, con un plano de Ozores vestido de Almanzor subido a caballo y limpiándose las gafas con un Kleenex (y de la marca Kleenex como reza la cajita que lleva), consiguen que el espectador se ría. Pero nada más. Cuando no está Ozores en plano, el resto es terriblemente tedioso. Y, para más inri, no tenemos NADA de destape. Desde luego, “Cuando Almanzor perdió el tambor” es una auténtica rara avis de la época. Sin chispa, sin gracia, pero una rareza.
También resulta positivo, aunque cutre, que, nada más comenzar la película, una voz en off nos va introduciendo en la historia, acompañándose por una serie de bonitas ilustraciones hechas para lo ocasión por José Ramón Sánchez. El póster original de cines también es cosa suya. Y Sánchez siempre ha sido una maravilla.
El resto ¡No se toca! ¡Caca!
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viernes, 4 de agosto de 2023
viernes, 3 de marzo de 2023
EL TÍO DEL SACO Y EL INSPECTOR LOBATÓN
Extraña, ignota, a todas luces innecesaria, chabacana y fraudulenta secuela de “El violador violado” Dirigida por el experiodista franquista Juan José Porto, que más rancia si cabe que su predecesora, peor rodada y más pobre, llegó a nuestras pantallas en plenos años 90 cuando este tipo de subproductos de serie Z no tenían cabida en nuestros cines. El cine español ya andaba dando cobertura a los Armero, Martínez - Lázaro y Gómez Pereira de rigor en aquellos años y, un subproducto como este, tan tosco, tan de otra época, todavía me estoy preguntando como es que consiguió distribución de algún tipo. Obviamente esta fue ínfima, yendo la película a parar a unos cuantos cines de barrio de provincias y congregando en total a poco más de 1000 espectadores del año 1993, cifra que para aquellos años, es pasar completamente inadvertido. Posteriormente, su vida en vídeo de alquiler no fue mucho más fructífera.
Como fan de “El violador violado”, que según mi fuero considero la peor película española de todos los tiempos, había oído hablar sobre su secuela, esta “El tío del saco y el inspector Lobatón” durante años, sin que nada indicara que existiera o se hubiera estrenado. Llegué a dudar de su concepción al verme incapaz de encontrar un dato que confirmara su existencia. En plena década de 2000, no había nada. Cero. Ni un triste fotocromo, ni un fotograma. Pero justo cuando ya había desistido en la búsqueda de algo relacionado con esta película, cuando uno menos se lo espera, aparece por todos lados teniendo copias de la misma en VHS a precios prohibitivos en Todocolección y, mejor todavía, algún alma caritativa se ha molestado en colgarla en Internet. Y su visionado supera las expectativas.
“El tío del saco y el Inspector Lobatón” traslada la acción ocho años después de lo acontecido en “El violador violado”. El tío del saco tiene a toda la policía en vilo porque durante todo este tiempo el individuo ha violado mujeres de entre 16 a 116 años y no son capaces de capturarle. El inspector Lobatón junto con “El Paja”, también conocido como “El Harry el sucio español”—e interpretado por el entrañable Carlos Lucas— se están volviendo locos en la investigación cuando aparece Dorita, la mujer que violó al tío del saco en el pasado (en la anterior película) y que le busca porque, casadera como está, considera que el tío del saco es el hombre ideal para ella. Como cambia la actriz (María Mateo en la primera película, en esta, Adriana Vega) solucionan este problema haciendo que ella haya cambiado de aspecto gracias a la cirugía estética y fin de la historia.
Realmente esta sinopsis queda bastante clara, pero he tenido que hacer grandes esfuerzos para reconstruirla y redactarla, porque lo cierto es que la película es tal desbarajuste que uno no se entera de nada. Ni falta que hace porque el interés que pueda despertar la trama en el posible espectador es cero.
Pero lo mejor de todo esto es que la sinopsis ocupa tan solo la primera media hora de la película porque “El tío del saco y el inspector Lobatón” es un corta pega descarado y sin ningún tipo de vergüenza. A la media hora exacta de metraje, Dorita cuenta su historia y, a través del flashback, se nos ofrece un resumen de otra media hora de duración de “El violador violado” que con cartelitos explicativos en los que no se entiende nada y metraje rescatado de la misma, nos van contando de inicio a fin todo lo acontecido en la película predecesora. El resto de celuloide hasta llegar a la hora y diez lo componen los títulos de crédito, excesivos en duración y para el lucimiento, al igual que en la primera película, del historietísta granadino Soria —intuyo que amigo de Porto— o el rodillo de créditos final, también largo en exceso, y en el que encima tienen la jeta de incluir al reparto original de “El violador violado” —es decir, Nadiuska, Ricardo Merino, Luis Lorenzo…—que no solo no aparecen ni en uno de los fotogramas originales de este film, sino que, a buen seguro, no vieron ni un duro. Eso sí, añadieron, por todo el morro, un título más a sus respectivas filmografías.
Los actores que sí que aparecen en el negativo original son Quique Camorras, los anteriormente mencionados Adriana Vega y Carlos Lucas, y Antonio Bravo.
Una película absolutamente espeluznante. Terrible. Verla para creerla y, como las genuinas películas malas, sin un ápice de gracia, elementos sorpresivos ni sobreactuaciones épicas como para que los popes del posmodernismo la adopten y generen un culto forzado, gracias a dios. El nombre de Porto no suena a diestro y siniestro en esos pozos de cine malo en Internet, lo cual está muy bien porque hay que tener dos cojones muy gordos, como los que tenemos en "Aquí Vale Todo", para aguantar esto. Y toneladas de paciencia. Y arrojo. Y valentía. Y estupidez.Y...
Como fan de “El violador violado”, que según mi fuero considero la peor película española de todos los tiempos, había oído hablar sobre su secuela, esta “El tío del saco y el inspector Lobatón” durante años, sin que nada indicara que existiera o se hubiera estrenado. Llegué a dudar de su concepción al verme incapaz de encontrar un dato que confirmara su existencia. En plena década de 2000, no había nada. Cero. Ni un triste fotocromo, ni un fotograma. Pero justo cuando ya había desistido en la búsqueda de algo relacionado con esta película, cuando uno menos se lo espera, aparece por todos lados teniendo copias de la misma en VHS a precios prohibitivos en Todocolección y, mejor todavía, algún alma caritativa se ha molestado en colgarla en Internet. Y su visionado supera las expectativas.
“El tío del saco y el Inspector Lobatón” traslada la acción ocho años después de lo acontecido en “El violador violado”. El tío del saco tiene a toda la policía en vilo porque durante todo este tiempo el individuo ha violado mujeres de entre 16 a 116 años y no son capaces de capturarle. El inspector Lobatón junto con “El Paja”, también conocido como “El Harry el sucio español”—e interpretado por el entrañable Carlos Lucas— se están volviendo locos en la investigación cuando aparece Dorita, la mujer que violó al tío del saco en el pasado (en la anterior película) y que le busca porque, casadera como está, considera que el tío del saco es el hombre ideal para ella. Como cambia la actriz (María Mateo en la primera película, en esta, Adriana Vega) solucionan este problema haciendo que ella haya cambiado de aspecto gracias a la cirugía estética y fin de la historia.
Realmente esta sinopsis queda bastante clara, pero he tenido que hacer grandes esfuerzos para reconstruirla y redactarla, porque lo cierto es que la película es tal desbarajuste que uno no se entera de nada. Ni falta que hace porque el interés que pueda despertar la trama en el posible espectador es cero.
Pero lo mejor de todo esto es que la sinopsis ocupa tan solo la primera media hora de la película porque “El tío del saco y el inspector Lobatón” es un corta pega descarado y sin ningún tipo de vergüenza. A la media hora exacta de metraje, Dorita cuenta su historia y, a través del flashback, se nos ofrece un resumen de otra media hora de duración de “El violador violado” que con cartelitos explicativos en los que no se entiende nada y metraje rescatado de la misma, nos van contando de inicio a fin todo lo acontecido en la película predecesora. El resto de celuloide hasta llegar a la hora y diez lo componen los títulos de crédito, excesivos en duración y para el lucimiento, al igual que en la primera película, del historietísta granadino Soria —intuyo que amigo de Porto— o el rodillo de créditos final, también largo en exceso, y en el que encima tienen la jeta de incluir al reparto original de “El violador violado” —es decir, Nadiuska, Ricardo Merino, Luis Lorenzo…—que no solo no aparecen ni en uno de los fotogramas originales de este film, sino que, a buen seguro, no vieron ni un duro. Eso sí, añadieron, por todo el morro, un título más a sus respectivas filmografías.
Los actores que sí que aparecen en el negativo original son Quique Camorras, los anteriormente mencionados Adriana Vega y Carlos Lucas, y Antonio Bravo.
Una película absolutamente espeluznante. Terrible. Verla para creerla y, como las genuinas películas malas, sin un ápice de gracia, elementos sorpresivos ni sobreactuaciones épicas como para que los popes del posmodernismo la adopten y generen un culto forzado, gracias a dios. El nombre de Porto no suena a diestro y siniestro en esos pozos de cine malo en Internet, lo cual está muy bien porque hay que tener dos cojones muy gordos, como los que tenemos en "Aquí Vale Todo", para aguantar esto. Y toneladas de paciencia. Y arrojo. Y valentía. Y estupidez.Y...
lunes, 16 de noviembre de 2020
EL VIOLADOR VIOLADO
“El violador violado”, también conocida como “El tío del saco” o con la combinación estúpida de ambos títulos —“El violador violado (El tío del saco)”— sería una genuina serie Z, y una de mis películas chungas de cabecera. Una verdadera muestra de lo fascinantemente chungo, tan chungo, que afortunadamente jamás ha generado culto alguno. Es, lo que yo llamo, un repelente de modernitos.
Y es que “El Violador Violado” es, probablemente, la peor comedia de la historia, no ya de nuestro cine, sino de la cinematografía mundial, que incapaz de inducir a la risa con su humor, en su desbarajuste reside la posible gracia de todo el asunto.
Tres tramas componen el argumento de esta película; Por un lado tenemos a dos agentes inmobiliarios que han practicado una estafa, han vendido unos apartamentos que en realidad ni se han empezado a construir. Luego tenemos a una especie de médium en cuya casa se refugian los agentes inmobiliarios cuando la cosa se pone fea y se les reclama el dinero que se han quedado de la venta de apartamentos, y lo hacen disfrazados de monjes de váyanse ustedes a saber que congregación y, en un intento de parodia a los caballeros templarios, montan ahí un pifostio incomprensible, eso sí, cargado de lo que su director cree que es desmadrada comedia. Para finalizar, tenemos a un violador que va dando buena cuenta de las jovencitas de la zona, hasta que un día una ninfómana acaba violándole a él.
Se trata de una película terriblemente aburrida y nada graciosa, a pesar de los excelentes actores que rellenan el reparto, cuyas carencias técnicas, su nefasta factura y la pésima aplicación de cualquier medio a su alcance, la convierten en una película sórdida, grotesca y fascinante que, con toneladas de paciencia y las suficientes inquietudes cinéfilas, puede llegar a disfrutarse, eso sí, siempre como la rareza incompetente que es, y jamás como obra “cool”.
Sorprende llamativamente el hecho de que se trata de una película que “tira con lo puesto”, aquí no hay más que una cámara de 35 mm, metros de película posiblemente caducada, y una serie de actores que representan frente a la cámara sus textos. Vamos, prácticamente una película amateur. O al menos lo parece. Además de carecer de medios (que igual esta película no requería más), la grandeza de esta película reside en lo chabacanamente que se usan: Hay desencuadres, desenfoques y, en general, se percibe una falta de ganas total por parte de todos los inmiscuidos en la película. Por no hablar del aspecto pobretón de cada fotograma filmado: Los títulos de crédito se solucionan con cartulinas y no con el rodillo habitual. Sin disimular que son cartulinas, estas vienen decoradas, para que parezcan menos chungas, con las ilustraciones del humorista granadino Soria, cuya trayectoria estuvo limitada a dibujar viñetas para periódicos locales. Añádanle que la banda sonora se compone de una serie de tracks extraídos de “La Antología de la Zarzuela”, para así ahorrarse la composición del soundtrack, o bien, los derechos de autor. Pero lo mejor de todo es la ambientación e iluminación; se ha conseguido, de manera totalmente involuntaria, que esta desmadrada comedia parezca un drama carcelario, o bien, una película de terror. Y da hasta miedo, con esas sombras de foco tras los actores.
No hay que dejar de decir, que el director, Juan José Porto, muy poco ducho a rasgos generales en esto de hacer cine a pesar de tener un currículum más o menos reconocible —suyas son películas como “El ultimo guateque” o “El año en que amamos a Kim Novak”— no acaba de dominar los géneros cinematográficos si le sacamos de los melodramas de corte nostálgico (que tampoco dominaba). Y lo avalan, además de esta comedia, sus escarceos con el cine de terror con esas dos películas, reivindicadas por el fandom más rancio, curiosas y extrañas pero, a todas luces, espantosas y aburridas como ellas solas, que son “Morir de miedo” o “Regreso del más allá” (1982). Está claro que no atina el hombre.
También se trata de una película para el lucimiento del florero Nadiuska, que se encargó de aumentar la líbido del espectador celtibero pre-clasificación “S”, y que, con los tiempos, ya empezaba a dar signos de decadencia. Su presencia es anecdótica ya que a la hora de hacer memoria del visionado, ella queda a un lado; no es que no nos guste, es que nos estorba. Si no estuviera en la cinta, no pasaba nada.
Ricardo Merino, protagonista junto a Luis Lorenzo, dando vida a esos agentes inmobiliarios, da la sensación de no tomarse en serio la película en ningún momento, y haciendo un papel clónico de los que interpretaba el gran Antonio Ozores en las películas de su hermano Mariano, nos ofrece una serie de trabalenguas incomprensibles soltados en momentos en los que el personaje no quiere dar explicaciones, que lleva al espectador a preguntarse qué es lo que opinaría Don Antonio Ozores si es que llegó a ver la película. Merino tiene pinta todo el rato de estar deseando de trincar el cheque y marcharse a su puta casa. Luis Lorenzo, tiene la virtud, el don, o la mala suerte de parecer homosexual incluso cuando, esporádicamente, no lo interpreta (casi siempre interpreta a mariquitas), con lo cual su actuación nos deja fríos e inamovibles, al igual que el resto del reparto que, además de escaso, está mal avenido, con la excepción de María Vico, dando vida a Doña Otilia, cuya sobreactuación finalmente se antoja delirante y casi, casi, casi divertida.
El director Juan José Porto, fue uno de los más afectados por la Ley Miró, que si bien perjudicaba a excelentes artesanos como Mariano Ozores, me pregunto yo que no haría con inútiles como Porto al que encima le salían películas, además de malas, raras. Quizás por eso no volvería a rodar en las siguientes décadas hasta que en 2002 rodó su fallida adaptación de “El Florido Pensil”, con una excepción: Siendo como es “El violador violado” una película tan ignota, descubrimos que, curiosa e innecesariamente, en plenos años 90 (concretamente en 1993), se rodó una secuela (¡), “El tío del saco y el inspector Lobatón”, que contando con protagonismo del reparto original, más las presencias de Quique Camoiras y Adriana Vega, tiene pinta de ser mil veces peor que esta que la precede. Editada de mala manera en vídeo, esta secuela, según los datos del ministerio de cultura, la vieron más de 1000 espectadores en cines. Minucias si lo comparamos con los 40.000 largos que consiguió “El violador violado” que, a día de hoy, serían maná del cielo para cualquier comedia española actual.
Y es que “El Violador Violado” es, probablemente, la peor comedia de la historia, no ya de nuestro cine, sino de la cinematografía mundial, que incapaz de inducir a la risa con su humor, en su desbarajuste reside la posible gracia de todo el asunto.
Tres tramas componen el argumento de esta película; Por un lado tenemos a dos agentes inmobiliarios que han practicado una estafa, han vendido unos apartamentos que en realidad ni se han empezado a construir. Luego tenemos a una especie de médium en cuya casa se refugian los agentes inmobiliarios cuando la cosa se pone fea y se les reclama el dinero que se han quedado de la venta de apartamentos, y lo hacen disfrazados de monjes de váyanse ustedes a saber que congregación y, en un intento de parodia a los caballeros templarios, montan ahí un pifostio incomprensible, eso sí, cargado de lo que su director cree que es desmadrada comedia. Para finalizar, tenemos a un violador que va dando buena cuenta de las jovencitas de la zona, hasta que un día una ninfómana acaba violándole a él.
Se trata de una película terriblemente aburrida y nada graciosa, a pesar de los excelentes actores que rellenan el reparto, cuyas carencias técnicas, su nefasta factura y la pésima aplicación de cualquier medio a su alcance, la convierten en una película sórdida, grotesca y fascinante que, con toneladas de paciencia y las suficientes inquietudes cinéfilas, puede llegar a disfrutarse, eso sí, siempre como la rareza incompetente que es, y jamás como obra “cool”.
Sorprende llamativamente el hecho de que se trata de una película que “tira con lo puesto”, aquí no hay más que una cámara de 35 mm, metros de película posiblemente caducada, y una serie de actores que representan frente a la cámara sus textos. Vamos, prácticamente una película amateur. O al menos lo parece. Además de carecer de medios (que igual esta película no requería más), la grandeza de esta película reside en lo chabacanamente que se usan: Hay desencuadres, desenfoques y, en general, se percibe una falta de ganas total por parte de todos los inmiscuidos en la película. Por no hablar del aspecto pobretón de cada fotograma filmado: Los títulos de crédito se solucionan con cartulinas y no con el rodillo habitual. Sin disimular que son cartulinas, estas vienen decoradas, para que parezcan menos chungas, con las ilustraciones del humorista granadino Soria, cuya trayectoria estuvo limitada a dibujar viñetas para periódicos locales. Añádanle que la banda sonora se compone de una serie de tracks extraídos de “La Antología de la Zarzuela”, para así ahorrarse la composición del soundtrack, o bien, los derechos de autor. Pero lo mejor de todo es la ambientación e iluminación; se ha conseguido, de manera totalmente involuntaria, que esta desmadrada comedia parezca un drama carcelario, o bien, una película de terror. Y da hasta miedo, con esas sombras de foco tras los actores.
No hay que dejar de decir, que el director, Juan José Porto, muy poco ducho a rasgos generales en esto de hacer cine a pesar de tener un currículum más o menos reconocible —suyas son películas como “El ultimo guateque” o “El año en que amamos a Kim Novak”— no acaba de dominar los géneros cinematográficos si le sacamos de los melodramas de corte nostálgico (que tampoco dominaba). Y lo avalan, además de esta comedia, sus escarceos con el cine de terror con esas dos películas, reivindicadas por el fandom más rancio, curiosas y extrañas pero, a todas luces, espantosas y aburridas como ellas solas, que son “Morir de miedo” o “Regreso del más allá” (1982). Está claro que no atina el hombre.
También se trata de una película para el lucimiento del florero Nadiuska, que se encargó de aumentar la líbido del espectador celtibero pre-clasificación “S”, y que, con los tiempos, ya empezaba a dar signos de decadencia. Su presencia es anecdótica ya que a la hora de hacer memoria del visionado, ella queda a un lado; no es que no nos guste, es que nos estorba. Si no estuviera en la cinta, no pasaba nada.
Ricardo Merino, protagonista junto a Luis Lorenzo, dando vida a esos agentes inmobiliarios, da la sensación de no tomarse en serio la película en ningún momento, y haciendo un papel clónico de los que interpretaba el gran Antonio Ozores en las películas de su hermano Mariano, nos ofrece una serie de trabalenguas incomprensibles soltados en momentos en los que el personaje no quiere dar explicaciones, que lleva al espectador a preguntarse qué es lo que opinaría Don Antonio Ozores si es que llegó a ver la película. Merino tiene pinta todo el rato de estar deseando de trincar el cheque y marcharse a su puta casa. Luis Lorenzo, tiene la virtud, el don, o la mala suerte de parecer homosexual incluso cuando, esporádicamente, no lo interpreta (casi siempre interpreta a mariquitas), con lo cual su actuación nos deja fríos e inamovibles, al igual que el resto del reparto que, además de escaso, está mal avenido, con la excepción de María Vico, dando vida a Doña Otilia, cuya sobreactuación finalmente se antoja delirante y casi, casi, casi divertida.
El director Juan José Porto, fue uno de los más afectados por la Ley Miró, que si bien perjudicaba a excelentes artesanos como Mariano Ozores, me pregunto yo que no haría con inútiles como Porto al que encima le salían películas, además de malas, raras. Quizás por eso no volvería a rodar en las siguientes décadas hasta que en 2002 rodó su fallida adaptación de “El Florido Pensil”, con una excepción: Siendo como es “El violador violado” una película tan ignota, descubrimos que, curiosa e innecesariamente, en plenos años 90 (concretamente en 1993), se rodó una secuela (¡), “El tío del saco y el inspector Lobatón”, que contando con protagonismo del reparto original, más las presencias de Quique Camoiras y Adriana Vega, tiene pinta de ser mil veces peor que esta que la precede. Editada de mala manera en vídeo, esta secuela, según los datos del ministerio de cultura, la vieron más de 1000 espectadores en cines. Minucias si lo comparamos con los 40.000 largos que consiguió “El violador violado” que, a día de hoy, serían maná del cielo para cualquier comedia española actual.
lunes, 12 de noviembre de 2018
LA CASA DE LAS CHIVAS
“La casa de las chivas” tiene su origen en una obra teatral
de finales de los sesenta escrita por Jaime Salom, que fue lo suficientemente
exitosa como para que se decidiera adaptar al cine. Para ello, el
productor José Antonio Pérez Giner monta un tinglado y ficha a León Klimovsky como director.
Obviamente, yo de teatro no se nada, así que mi interés
hacia esta película no radica en la obra original. Además, basta echar un vistazo por internet para comprobar que quienes la conocen no la tienen en alta estima precisamente. Lo mismo que la película.
Tampoco suscitaba mi interés una temprana película sobre la
guerra civil dirigida por el manazas de Klimovsky, director que no me llama nada, salvo por alguna de sus obras más de
derribo. Sin embargo, andaba yo tiempo detrás de “La casa de las chivas” porque
se trata de uno de los tres o cuatro guiones que Carlos Pumares, señor este al
que admiro por variopintos motivos, escribió para la gran pantalla y que, durante su vida como director y conductor del espacio radiofónico “Polvo de
estrellas” no dejaba de mencionar de manera despectiva. Según él, los guiones
que escribió para cine, al igual que el resultado final de esas películas, eran
una mierda. Y de ahí mi interés por verlos, resultando estos ignotos y de
difícil localización.
Aunque en esta ocasión, Pumares no firma el libreto en
solitario, lo hace nada menos que en compañía de José Luis Garci y Manuel Villegas López. Y claro, tres plumas
me parecen demasiadas para diferenciar la autoría de cada uno; por lo que
podemos decir que el guión de “La casa de las chivas” lo escribió el viento. O
en todo caso, los méritos han de recaer en el autor original de la obra
teatral, Jaime Salom.
Y asegurando al espectador que estamos ante una película
basada en hechos reales, tenemos aquí un folletín ambientado —con muy pocas
pesetas para ese menester— en la guerra civil, en el cual unos soldados,
presumiblemente republicanos, se alojan en una casa familiar que tienen
requisada, regentada por un padre y sus dos hijas. La mayor de
ellas presta sus servicios sexuales a los soldados a cambio de víveres y
provisiones, a la par que surge una amistad entre estos y la meretriz.
Un buen día, llega un nuevo soldado que demuestra
tener muy poquito interés en las atenciones sexuales con las cuales se le puede
colmar, sembrando la discordia ya que la menor de las hermanas, se
enamora de él. Los problemas están servidos. Incluso le acusan de maricón. Pero
¿por qué este soldado no es como los
demás en cuestiones culturales y sexuales? Pues porque es un aspirante a cura.
Muy mala prensa tiene “La casa de las chivas”, que ha sido
tildada de sosa e insustancial, cuando no, directamente, de mala. Y la
única verdad es que yo entré en un principio en el universo de estas hijas de
la Chiva —que, según los personajes, debió ser en vida un mal bicho— y me dejé llevar por un dramón de
agárrate y no te menees, con soldados salidos y dos mujeres con más ansia de
macho que de cualquier otra cosa, mostradas en su despecho tal y como son las
mujeres despechadas; frías, calculadoras y malas. Claro que los machos de
esta película son mostrados tal y como somos; tontos y capaces de
cualquier cosa con tal de mojar el churro con quién sea. Ergo, quienes mejor
parados salen son los curas.
No está mal esta “La casa de las Chivas”. Me gusta su
cadencia, su triste desarrollar y la sensación de estar viendo algo resuelto
con mucho ingenio al notarse las carencias presupuestarias sin que afecte a la ambientación. Está entretenida, que es lo único que
ha de ser una película.
En el elenco actoral viene compuesto por el grandísimo
Simón Andreu, Ricardo Merino, Charo Soriano, María Kosty, Rafael Hernández…
todos estupendos.
Venga, la recomiendo.
lunes, 22 de octubre de 2018
EL CONSENSO
“El Consenso”, película 100% destape rodada a toda prisa por
Javier Aguirre, resulta un extraño revulsivo para la otra gran corriente
pajillera de la época, el cine “S”. De
hecho, “El Consenso” se sirve de la existencia de esa nueva clasificación para
hacer algún que otro chascarrillo, algún que otro chiste. Sin embargo, al final
la película es una cosa de lo más vulgar y primitiva que, aún haciéndome cierta
gracia, su existencia justifica el trato peyorativo que las películas de
destape tuvieron por el nuevo cine bienpensante a posteriori, lo que, como
muestra de ello, este estatus le concede un valor añadido.
Cuenta la historia de unas prostitutas que quieren tener
mayor presencia en su región. Sin embargo, un grupo de señoras beatas hará
todo lo posible para erradicar la prostitución de la zona. Una de estas beatas
es la novia del farmacéutico y no mantiene relaciones con él hasta que se
casen, por lo que este está salido como un mono. Las putas, aprovecharán esta
situación para obligar al farmacéutico a tener sexo con ellas. Tras pegarse el
festival, el farmacéutico se vuelve el principal benefactor de las prostitutas.
Como ya he dicho, la cosa tiene cierta gracia, pero
conociendo los modus operandi de Aguirre, a él esta película no le hacía ni
puñetera gracia, por lo cual la descuidó en exceso.
Sin embargo es una película un tanto ignota que viene bien
descubrir (o redescubrir) sobretodo para dejar claro que las películas de
Pajares y Esteso, adscritas al destape, son un alarde de sutilidad y buen gusto,
comparadas con otras como esta (y tantísimas
otras) que apelan bastante más a lo chabacano y los bajos instintos. Con todo,
igualmente interesante.
Sobretodo, el principal valor de la cinta reside en poder ver a Ricardo Merino como protagonista,
cambiando de registro según le conviene al personaje —saltando de farmacéutico
virgen a chulo de putas de escena a escena, sin inmutarse— . Por otro lado,
también es siempre un placer para los
sentidos poder ver a Azucena Hernández, que interpreta a la criada de la beata
novia del farmacéutico, gracias a la cual, la beata, interpretada por Helga
Line, dejará de serlo tanto, y que, como en la mayoría de las películas en las
que intervino Hernández, vemos como Dios la trajo al mundo. Aunque yo siempre
he defendido que tras el San Benito que tiene colgado por el tema este del
destape, en Azucena Hernández siempre encontré una simpática, pizpireta y
cómica actriz.
También tenemos a Antonio Garisa, ya entrado en la tercera
edad, dando vida a un obispo que frecuenta y defiende los burdeles, mientras
que en un tercer plano tenemos la intervención, muy secundaria, de Eloy Arenas
y Manolo Cal, cuando eran el dúo cómico Arenas y Cal.
Curiosa, sin más.
viernes, 14 de agosto de 2015
USA, VIOLACIÓN Y VENGANZA
Una especie de mafioso intuye que su contable le va a
delatar a el fiscal y pone remedio al
asunto, mientras que por otro lado secuestran, drogan, y violan a una señorita,
que acaba enamorándose de su violador al permanecer consciente durante una de
estas violaciones en la que la sedan. Textualmente; acaba enamorándose del
violador, a base de sentirle dentro, de sentir tanto placer.
Una gilipollez como un templo, una cosa amoral como pocas, y
más importante aún, coñazo como pocas. Y
mal contada, porque la sinopsis que yo alcanzo a entender –igual soy muy corto
de entendederas o presto muy poca atención, pero no creo- es la arriba mostrada
pero suceden muchas cosas más, sin embargo, en esencia, es eso.
José Luis Merino, uno de nuestros artesanos del género, coquetea
con el “Rape and Revenge” – o lo que él interpreta como “Rape and Revenge-”
y nos lo sirve en una época del cine español zetoso que me encanta; los
primeros ochenta. Consecuencia quizás de esta época, sea el hecho de que si te
dicen que esta película es de Jess Franco, tú te lo creas… porque, mientras la
veía pensaba que parecía una película de Jess Franco. Así que al final, y con estas películas como
muestra y ejemplo, lo que muchas veces consideramos un estilo personal, resulta
que no, que es de todo impersonal, y una pura consecuencia de la ausencia de
medios.
Reflexiones a parte, esta película no hay por donde cogerla,
y peor aún, no solo es aburrida sino eterna, acercándose a las dos horas de
metraje y a pesar de que pasan muchas cosas, hay muchos disparos y muchas
violaciones, finalmente, el dinamismo brilla por su ausencia, y queda una cosa
muy loca e insufrible.
Pero destaca su mentalidad “Exploitation”. Maravillosos
resultan el cartel, directa y descaradamente plagiado del de “Soldado Azul”, su
falta de escrúpulos a la hora de abordar el tema de la violación –vamos, que la
gachí pide más- o el bochornoso hecho de que, pretendiendo ambientar la película
en los Estados Unidos, como bien indica el título, se note tanto que están en España.
Una España, además, excesivamente cañí, a la cual tunean y donde hay un
chiringuito de prensa, sigue habiendo un chiringito de prensa, pero le ponen un
gran cartel, cutre a más no poder, que anuncie algo en Inglés. Más
maravillosamente bochornoso resulta cuando haciendo hincapié en que están en
los USA, ruedan en lugares tan reconocibles como La Zarzuela en Madrid, o vemos
pisos con cuadros, puertas y aspecto definitivamente español.
Quitando estas chorraditas que dotan a la película de cierta
gracia, por lo demás, es inaguantable. Vamos, para ver de aquella manera, y enviarla a la papelera de reciclaje (porque
si tienen el VHS o el Beta, algún zumbado, lo mismo les da 10 pavos por él).
En el reparto, destacan los nombres de Pilar Alcón (“¡Qué
gozada de divorcio!”, “Aquí huele a merto… ¡pues yo no he sido¡”) o Ricardo Palacios, cuya presencia siempre convence por su contundente corpulencia y
actitud. Aquí, hace de megalómano vistiendo túnica a lo Demis Rousos, y fumando
puros a los que rechupetea la punta, que da verdadero asco.
lunes, 21 de julio de 2014
LA NUEVA MARILYN
Cuando el “fanta-terror” llegó a su momento de decadencia y
la productora “Profilmes” -que se la reivindica mucho y resulta entrañable,
pero solo trajo a cines de tercera mierdecitas de cuarta y esa es la única
verdad- estaba ya agonizando, estos,
produjeron una serie de películas que nada tenían que ver con el fantástico,
pero cuyos contenidos eran más acordes con los gustos de la época. Después,
ignoro los motivos reales, la “Profilmes” murió. De esta etapa es esta “La nueva Marilyn” que
según los datos del ministerio de cultura congregó 430.000 espectadores en los
cines, muchos más que la película estandarte de “Profilmes”, “El espanto surge
de la tumba” con 350.000, cifras estas que dejan claras muchas cosas y en el
aire muchas otras.
Vamos, que el cine en este país, siempre ha estado en manos
de estafadores y mafiosos. Lo estuvo entonces y lo está ahora.
Pero centrándonos en lo bonito de este asqueroso negocio,
que son las películas, “La nueva Marilyn”, es una temprana película adscrita al
“Destape” que dirigida por José Antonio de la Loma nos cuenta la típica
historia de una jovencita muy guapa que sale de su pueblo a probar fortuna en
el mundo del modelaje y el espectáculo, aprovechando su parecido con Marilyn
Monroe (la prota es Agata Lys, que estando buena como ella sola, se parece a
Marilyn Monroe por mis santos cojones). Su belleza implica que vaya subiendo
peldaños en todo lo referente al mundo de la moda, pero también, que sea
utilizada por todo hombre que se cruza en su camino, siendo el único que ella
encuentra hecho a su medida, un hombre casado.
Por lo general, el “Destape” suele estar asociado a la
comedia, y ahí radica la gracia de esta película, que en esta ocasión se trata
de un dramón con un final que justifica el título de la película, más que por
el supuesto parecido de la protagonista con Marilyn.
Pero esas cotas de dramatismo se tornan comedia de manera involuntaria
a medida que se suceden las desgracias, teniendo estas que ver siempre con la
cosa del folleteo; no es que a la pobre Agata Lys la utilicen… es que todo
aquel ente masculino que se le acerca quiere follársela. Incluso, intentan
violarla ¡dos veces! durante todo el metraje, cosa esta que además les parece
muy bien a dos testigos de una de las intentonas. Cuando la pobre chica logra
zafarse de las garras de su agresor, un grupo de personas le arropa y dos
jóvenes que hay entre ellos, aún viéndola sufrir y llorar, no para de acosarla
con tocamientos leves y diciéndole obscenidades. Y cuando preguntan que ha pasado, alguien responde: -
Un obseso sexual que ha intentado violarla. – A lo que uno de los jóvenes
responde: - Ya somos dos.
Obviamente, la intención de De la Loma no es que el público
se ría, sino que se consterne… yo me descojonaba.
¡Atención Spoiler! Al final de la película, el personaje de
Agata Lys, acaba muerta por sobredosis de barbitúricos. El detonante para que
ella decida hacer esto, no es el acoso al que está sometida a diario, ni que
intenten violarla sin ton ni son, no. Decide suicidarse cuando descubre que el fotógrafo
que la descubrió y con el que vivió un pequeño romance, es maricón. Cágate
lorito.
Obviamente, todo el sensacionalismo y amarillismo que
desprende la película, es muy de De la Loma, que le gustaba lo sórdido cosa
mala, y que demostró a lo largo de su carrera ser un director de lo más
irregular –por no decir que un manazas- a juzgar por muchas de sus películas,
que si esta “La nueva Marilyn” roza el ridículo por lo exagerado de su
dramatismo (no obstante, es entretenida, lo que ya es mucho), con la saga de
“Perros Callejeros”, yo creo que demostró ser un buen director, aunque el
variado pelaje de su filmografía, muchas veces dejara claro que era todo lo
contrario.
Esta no sería, en todo caso, de sus peores films.
Junto a Agata Lys en el reparto tenemos al siempre eficaz
Ricardo Merino, José María Cases, el a posteriori intelectual y autor de
prestigio Mario Gas y, sobretodo, el enigmático José María Castelví, cuya
carrera se resume de la siguiente manera: Hizo de co-protagonista para está
película, cuatro años después fue cámara para la película-vehículo para Julio
Iglesias “Me olvidé de vivir” y, pasados cuatro años más, dirigió la película
de culto “Poppers”, para no volver a saberse nada de él, al menos en el ámbito
cinematográfico.
miércoles, 11 de junio de 2014
CHELY
Ramón Fernández es ya –por mi parte- un habitual de este
blog. Director de comedia que supo dar siempre lo que pedía el público y llenar
las butacas de gente.
Pues, además de todo eso, fue percusor del “Cine Quinqui”.
Ignoro cual sería la primera película adscrita al subgénero. Decir que "Chely" es
la primera, sería muy descabellado por mi parte pero, desde luego, antes de que
este explosionara con las películas de Eloy de la Iglesia, en su vertiente más
social o las de José Antonio de la Lomaen su lado más popular, y mucho antes de que cineastas autores como Carlos Saura se infiltraran con la deshonesta intención de dotar de “dignidad” al
subgénro con la espantosa “Deprisa, deprisa”, ya estaba el señor Fernández, que
venía de generar millones con “No desearás al vecino del quinto” haciendo películas
de quinquis en las que el delincuente es el bueno de la función. Como esta
“Chely”, que además, por si no funcionaba lo de los delincuentes, ya se
encargarían de traer gente a los cines los reclamos de Nadiuska como absoluta
protagonista y Fernando Fernán Gómez, que llega, cumple con su contrato de,
pongamos, dos días de rodaje y se las pira con viento fresco, quedando ahí en
la película, eso si. El guión sería cosa de Juan José Alonso Millán.
Ahora, ¿Cómo siendo precursora es la menos conocida y la
única que apenas se reivindica? Pues yo creo que es por su condición de
populachera, por ser la menos sensacionalista, y no tener en el reparto
delincuentes reales, sino actores que, en esta ocasión, dan el tipo bastante
bien.
Cuenta, por un lado, la historia de una jovencita que, muy
metida en el mundo de la droga (no sabemos si por consumirla o venderla, la
cosa queda ambigua), es encarcelada justo al tiempo que su padre, un viejo
profesor, sale de la cárcel. Los amigos de esta, una banda de delincuentes
juveniles, se dedican a prostituir a una de las chicas del grupo, para cuando
esta está en casa del cliente, irrumpir allí a golpe de pistola y desplumar
todo lo que tengan a tiro. Deciden ir a buscar al padre de su amiga
y colmarle de atenciones, hasta que este muere en trágicas circunstancias, y la
trama se complica.
Desde luego es una obra menor de Ramón Fernández, no es
una gran película “quinqui”, y el guión hace aguas por todos lados, así como
el ajustado presupuesto. A Fernando Fernán Gómez se lo quitan de encima rápido, quizás porque no había dinero para pagarle el caché, váyanse ustedes a saber. Sin embargo, el hecho de que esta película
apareciera antes que lais famosas, la convierte, sino en pionera, si en algo a
tener en cuenta, sobretodo por su carácter de cine palomitero, alejado de malos
rollos y amarillismos en pro de la diversión (aunque la chica protagonista ande en movidas de drogas, es muy sutil y no vemos ni gente inyectándose, ni tan siquiera un mal
porro que se fumen los chavales) De hecho, "Chely" contiene un sobre exceso de ritmo, pasa todo a tantísima velocidad, que entre
eso y lo confuso del guión, hace que te pierdas, pero en absoluto, te
aburras.
Así que, se deja ver, sencillamente.
Encarnando a los delincuentes tenemos a Nadiuska, que tiene
tanta pinta de quinquillera como yo de sacerdote, Josele Román, que por físico
y voz de cazallero sí que da más el tipo, José Maya, y el Aston Kutcher patrio
(es clavado), Pedro Mari Sánchez muy popular de niño al interpretar a Críspulo en “La gran familia”. Ya de mayorcito pudimos verle en esa cosa
extraña que es “El refugio del miedo” y, paradójicamente, luego trabajaría
para Eloy de la Iglesia en algunas de sus películas, sería el doblador de JoséLuis Manzano en “El Pico”. Curioso.
Por la parte de las víctimas de estos desalmados tenemos a Manuel Alexandre, Ricardo Palacios o Tomás Zori, y por la de los que
simpatizan con los macarras, el antes mentado Fernán Gómez, a Antonio Merino o a Isabel Luque, que no es normal lo buena que estaba esa mujer, y lo
bien que está ahora con casi sesenta años El destape, a rasgos generales, está servido.
jueves, 6 de febrero de 2014
LOS PECADOS DE MAMÁ
Una de las películas más extrañas de Javier Aguirre dentro
de su vertiente comercial (que como director de cine experimental, ya sabemos
que es rarito), y que buscando info de la misma en Internet, lo único que
encuentro es una pequeña reseña de un pase de la misma en televisión en el año
1992, de un crítico del país, que por otro lado, no la firma y que reza de la
siguiente manera. “Una comedia que da reparo ver a estas alturas de nuestro
siglo. Un fiasco camp y de lo más vulgar”. Y se queda tan pancho.
Bueno, hay que ser un mastuerzo para no ver que esta
película es producto de una época, y, sobretodo, que es una comedia, por lo
tanto no es como para indignarse.
Pero el principal punto fuerte de esta película es que, comenzando como una alocada y zafia comedia de destape, según va avanzando se
convierte en un drama de corte social, con el engaño y los cuernos de por medio, y siempre con consecuencias
catastróficas de cara a terceros. Digamos que arranca como una absoluta
gilipollez para volverse algo más
trascendente en su desenlace.
Un padre de familia, con un puesto de trabajo privilegiado,
es adicto a las revistas guarras. Un buen día, su mujer se las pilla y, después del rapapolvo, accede a hacer todas
las guarrerías de las revistas, pero le
coge gusto a la jodienda y en consecuencia, su marido no podrá con tanta
actividad sexual, por lo que no rinde en el trabajo ya que le deja echo polvo.
Así que acepta un traslado a Guinea, a pesar de su racismo exacerbado, con el fin de tomarse vacaciones de
su mujer y el sexo que le proporciona.
Como esta está ya cachonda perdida, no dudará en tirarse al novio de la
sirvienta, un boxeador que responde al nombre de “Rockillo”, lo que
desencadenará una serie de dramas.
Lo dicho, una cosa de risa que se torna seria, que fue un
fracaso de taquilla para lo que Aguirre estaba acostumbrado a facturar (88.000
espectadores), y que tuvo
una segunda vida en el vídeo-club, ya que, conscientes de que el póster original era poco atractivo, diseñaron
un cartel más acorde con los gustos de la época, en la que se la vende como
comedia pura cediéndoles el protagonismo a la criada y al novio
boxeador, vendiéndonos la película como
una posible parodia del mundo de boxeo y de “Rocky” en particular. Nada más
lejos de la realidad.
En el reparto, grandes de la época como Ricardo Merino, María Kosty, Luis Lorenzo y Fernanda Hurtado,
cosa que es una rara avis, puesto que cuando las Hermanas Hurtado hacían
cine, o lo hacían juntas, o lo hacía Paloma Hurtado, nunca una de las gemelas
como es el caso.
Bueno, no es para tirar cohetes, se puede ver y listo. Más
que nada a destacar por película atípica dentro de la españolada, pero nada
más.
lunes, 22 de julio de 2013
TRAUMA
Una cosa dirigida por León Klimovsky y guionizada por J.J.Porto (director de la que sí, de la que de verdad es la peor película de la
historia del cine, “El Violador violado”) no puede ser mala. O mejor
dicho, puede ser malísima, pero ¡Caray,
como nos gusta!
Y es que estamos ante una película que tiene todo tipo de
influencias, y rodada en tan solo un decorado (como las de vídeo de MarianoOzores), y con un tempo pausado de aquellos
que parece que el espacio-tiempo se congela, León consigue que A) esté entretenida y B) que sea interesante… aunque te hueles el final de la
película en el minuto 20.
Un escritor decide irse a alguna parte tranquila sin su
familia, con el fin de conseguir la relajación que necesita para acabar su último
libro. Así pues, en medio del campo, da a parar a un albergue del cual es el
único inquilino. Regenta el albergue una señora (tetuda y morbosísima Ágata Lys), que asegura al escritor que su
esposo yace impedido en una silla de ruedas en la habitación superior.
Pronto acude al albergue una parejita, que pronto es asesinada por un tío (o una tía) al
que nunca vemos la cara, pero que viste gabardina, "Converse All Stars", y rebana
cuellos a base de cuchilla de barbero.
Al poco llegará otra pareja más, un tipo de pelas y una puta
a la que ha contratado, y, obvio, serán rebanados.
El final… mejor descúbranlo. O mejor dicho… descífrenlo.
De todas formas con el/ los títulos (recuerden que el más
conocido es “Violación Fatal”) ya se pueden hacer una idea de quien es el malo
¿Verdad? “Trauma” + “Violación Fatal”… blanco y en botella. Pues no sean tan
listos, que el espantosamente rodado, montado y explicado plano final, hace a
la peli dar un giro de 125º. Y si por
ese plano no fuera suficiente (que no lo es, porque de mal hecho, tienes que
imaginarte lo que pasa), minutos antes, en la escena de asesinato a la puta, se
nos muestra al asesino… pero hay que estar atentos.
La peli es un divertido desastre y una mamarrachada.
A ver cómo lo explico: Digamos que se trata de un
plagio de “Psicosis” clarísimo (hasta el plano de la sangre yéndose por el desagüe
de la ducha copia el amigo Klimovsky… con un Norman Bates convertido en mujer
para la ocasión, una Sra. Bates que sería aquí marido y un hotelito perdido de
la mano de dios) mezclado con un poquito de “Giallo” (mama la picha del primer Argento
en concreto) y un poquitin de “Slasher”, por lo de siempre.
Pues es una mezcla de lo más divertida.
Klimovsky no es que sea un manazas precisamente, sabe algo
de composición, y de dirigir, pero según que veces, la verdad es que el pobre
no atina. Y este sería uno de esos casos.
A ver: Si en la película aparecen la regenta del Albergue,
el escritor y el marido de la regenta al que nunca vemos, y cuando llega una
parejita (de las pocas que aparecen), cuando estas mueren, ella le presenta a
el escritor una excusa, siempre, de por qué esa pareja ya no está allí, todo
parece obvio, y el hecho de que lo sea, hace que piense lo contrario y descubra
en seguida cual es el asesino. Pues miren, eso en una peli con un puñado de
personajes, me parece muy bien, pero en una en la que hay solo siete y escasos…
Pues sí, J.J. Porto, era el tío más incompetente del mundo escribiendo
planteamientos.
Ahora, la película se salva, ya lo creo que se salva… ¿Por
qué? Porque es un plagio de una película muy reconocible, porque los actores lo
hacen tan mal, que a la fuerza te has de
reír ( y es que el 70% de lo que hace mala a una película, son las
interpretaciones), porque Ricardo Merino – como no, interpretando al hombre de
negocios- se está tomando su papel, y por ende, la película a cachondeo y eso
se nota, porque las rebanadas de cuello son suculentas, porque es un desmadre,
una estupidez, porque le vemos las tetas a todo el reparto femenino, y porque
es todo lo que busco en una peli de estas características. ¿Y en qué se traduce
eso? En diversión a raudales. Y si la ves con los mastuerzos de los amigos,
entonces ya no te digo nada…
En el reparto junto a
la musa del destape Ágata Lys y el mentado Merino, tenemos a Henry Gregor, visto en “La saga de los
Drácula”, “Muerte de un Quinqui” o “El Dr, Jeckyll y el hombre Lobo”, como el
escritor, Antonio Mayans como campista que muere tras hacer el amor, o a Isabel Pisano ( “Bilbao”, “Corridas de Alegría”) cuyo aspecto da bastante grima, pero
dan ganas también de follártela… con algo de asco, eso si…
Y dirigiendo el Sr. Klimovsky, conocido por “La
noche de Walpurgis”, pero que hizo en los años 50 la propagandística
“Marihuana”, así como unos cuantos papelitos como actor, como por ejemplo "El Sexo ataca" o "Yo la vi primero", ambas con Summers de por medio.
Si hubiera una segunda entrega de “Malas pero divertidas”,
“Trauma”, iba, pero de cabeza, en los contenidos.
martes, 9 de agosto de 2011
LOS PAJARITOS
Soy fan de las películas para lucimiento de artistas de la canción infantil, y sobretodo, soy fan de Javier Aguirre, ya sea como director popular, o como director vanguardista. Así que si les digo que llevaba tiempo detrás de ver LOS PAJARITOS, deberían creerme.
La película cuenta, cómo una acordeonista ambulante al borde de la pobreza mas absoluta, hace amistad con una niña, un mono y un viejo piojoso, que no tienen ni donde caerse muertos. La idea, es unirse para hacer un tour por los pueblos de España, y acabar actuando en el circo mundial. Por el camino, situaciones más o menos graciosas se sucederán, hasta que empiezan los conflictos, cuando llegados al circo, este resulta que va a ser embargado.
Por lo general, los artistas infantiles de los 80, suelen ser de corte rancio vistos en la lejanía; Pero si hay una artista rancia (más incluso que Teresa Rabal), chusca y que represente los pueblos de España, esa es, sin duda, María Jesús y su acordeón. Yo en mi niñez era fan de prácticamente todos los artistas infantiles, pero de María Jesús, no tenía ni un puto disco, ni había visto la peli hasta anoche. Y es que ¿Dónde está el talento de esta acordeonista? Ni toca mejor ni peor que cualquier otro, ni es guapa, ni tiene nada especial… además, tras ver la película, resulta ser una actriz pésima. Pero en este país de paletos, el horroroso tema de “los pajaritos” caló hondo en las audiencias. De hecho, las orquestas de los pueblos, a día de hoy, siguen tocando tan infame pieza. Pero para que vean: “Los pajaritos”, ni siquiera es una obra original, se trata de una vieja canción caucasiana adaptada para los paletos que lo fliparon con la del acordeón en los 80.
Teniendo en cuenta lo rancio de la presencia de María Jesús, hay que romper una lanza a favor de Javier Aguirre, porque lo cierto es que la película es cojonuda. Sin amedrentarse ante la sosainas de la protagonista, que aunque siempre presente, la aparta a un segundo plano en el argumento, Aguirre construye una tragicomedia llena de ritmo, gags visuales, y secundarios que roban la película (en este caso la pareja formada por Alfonso del Real y Marisa Porcel, sosías de los Ricardo Merino y Paco Camoiras de las pelis de Parchís), dosificando los numeritos de acordeón, dando mas texto a Antonio Garisa (el viejo piojoso) y protagonismo al mono, y reservando el tema de “Los pajaritos” para el final apoteósico.
¿El montaje? Agilísimo, de lo mejorcito en este tipo de películas.
Aunque Aguirre, querido, eres un poquito cabrón. En ROCKY CARAMBOLA, en la que salía un bebé chimpancé, ya te pasaste tres pueblos en la escena del lavabo en la que homenajeas a los hermanos Marx, lanzando al mono de mano en mano, y luego contra la cámara. Aquí, metes a un mono tití en un traje de astronauta y lo clavas a la pared (clava la ropa, se entiende…), para hacer creer a Alfonso del Real, que es un extraterrestre… ¿Qué necesidad hay? ¿Qué tienes en contra de los primates?
Por lo demás, muy entretenida y recomendable. Le ha sacado partido a la basura que tenía para explotar.
sábado, 13 de marzo de 2010
LA GUERRA DE LOS NIÑOS
La primera de las películas de "Parchís" viene con el aval que supone tener tras las cámara a Javier Aguirre, curioso realizador con una extensa filmografía en la que conviven por igual películas de corte ultra-popular -como estas de "Parchís" o, por ejemplo, "Soltera y madre en la vida", alguna de Paul Naschy ("El jorobado de la morgue", "El gran amor del Conde Drácula"), una con Martes y 13 ("Martes y 13, ni te cases ni te embarques"), Landismo puro y duro con "Una vez al año ser hippy no hace daño"... sin olvidarnos del gran "Torrebruno" y su "Rocky Carambola"- con cortometrajes de corte radicalmente experimental ("Espectro Siete: 7 objetos luminosos y 5 complementarios") para nada comerciales, en los que predominan el manejo de los colorines al compás de incomprensibles soniditos. Una carrera y una actitud envidiable que le coloca a la cabeza de los directores españoles que a mí me pueden llegar a interesar.Y estas “guerras de los niños” reportaron mucho dinero a Bermúdez de Castro y demás productores, que veían en el grupito de sosos críos el cuerno de la abundancia.
Sin hacer referencia en la película a "Parchís" propiamente dicho, como sí ocurría en la anteriormente reseñada, Aguirre se quita de un plumazo a los dos “Parchises” más bobos, Gemma y Oscar (rubito de cara angelical posteriormente sustituido por repelente pelirrojo, Frank…) y, siendo Tino, Yolanda y David los protagonistas, les suma la presencia del gordo Rodrigo Valdecantos (que debía ser familia de alguien de la producción) haciendo de Carlitos “El Flaco”, quien prácticamente, y a posteriori, termina siendo el personaje más querido, y autentico protagonista de las pelis de "Parchís" (memorable la escena en la que, destornillador en mano, fuerza la cerradura de una pastelería y se la come entera).
"Don Matías" es el director de buen corazón de un colegio publico, en el que si las familias no andan bien de pasta, no les cobra la cuota, por lo que un empresario, "Don Atilio", le expropia los terrenos. "Parchís" y "el Flaco" harán todo lo imposible para evitarlo.
Lo que me llama la atención de esta primera parte de los avatares de "Parchís", es que es tremendamente violenta. Hay una escena en la que el perro “Superman” ataca al ayudante de "Don Atilio" y, acto seguido, acuden los "Parchís" a darle una paliza, tirándole al suelo y dándole patadas y puñetazos. En el visionado de anoche me dejó cuanto menos impactado. "El Flaco" resuelve todos sus problemas rompiendo un palo de madera en la cabeza de cualquiera que se pone en su camino y, durante todo el metraje, ¡no dejan de delinquir!, lo mismo dan una curra a alguien, que roban vehículos, que secuestran a un tío y lo torturan físicamente, lanzándole flechas al estomago y cortándole mechones de pelo a tijera.
Sin hacer referencia en la película a "Parchís" propiamente dicho, como sí ocurría en la anteriormente reseñada, Aguirre se quita de un plumazo a los dos “Parchises” más bobos, Gemma y Oscar (rubito de cara angelical posteriormente sustituido por repelente pelirrojo, Frank…) y, siendo Tino, Yolanda y David los protagonistas, les suma la presencia del gordo Rodrigo Valdecantos (que debía ser familia de alguien de la producción) haciendo de Carlitos “El Flaco”, quien prácticamente, y a posteriori, termina siendo el personaje más querido, y autentico protagonista de las pelis de "Parchís" (memorable la escena en la que, destornillador en mano, fuerza la cerradura de una pastelería y se la come entera).
"Don Matías" es el director de buen corazón de un colegio publico, en el que si las familias no andan bien de pasta, no les cobra la cuota, por lo que un empresario, "Don Atilio", le expropia los terrenos. "Parchís" y "el Flaco" harán todo lo imposible para evitarlo.
Lo que me llama la atención de esta primera parte de los avatares de "Parchís", es que es tremendamente violenta. Hay una escena en la que el perro “Superman” ataca al ayudante de "Don Atilio" y, acto seguido, acuden los "Parchís" a darle una paliza, tirándole al suelo y dándole patadas y puñetazos. En el visionado de anoche me dejó cuanto menos impactado. "El Flaco" resuelve todos sus problemas rompiendo un palo de madera en la cabeza de cualquiera que se pone en su camino y, durante todo el metraje, ¡no dejan de delinquir!, lo mismo dan una curra a alguien, que roban vehículos, que secuestran a un tío y lo torturan físicamente, lanzándole flechas al estomago y cortándole mechones de pelo a tijera.
En definitiva, un producto que, a pesar de los años, de los momentos edulcorados y del babosismo, sigue entreteniendo, gracias en parte a que no se abusa de las canciones, escogidas con lupa, y se da prioridad a una buena historia y a unas situaciones del todo estimulantes para los niños…. y para los tipos raros como yo.
Además del dominio del tempo del que hace alarde Aguirre, por supuesto.
En el reparto dos de las hermanas Hurtado, Manuel Alexandre y el gran Ricardo Merino.
En el reparto dos de las hermanas Hurtado, Manuel Alexandre y el gran Ricardo Merino.
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