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viernes, 12 de julio de 2013

MAN OF STEEL

De Zack Snyder he visto sus tres películas más conocidas, El Amanecer de los Muertos, 300 y Watchmen, a la que ahora sumo esta Man of Steel. En ninguna de ellas he salido decepcionado, es más, en todas creo que he salido ilusionado y con la sensación de haber aprovechado bien el tiempo. Habrá quien 300 o Watchmen, pudieran saturarles en colorido, o de la primera en la simpleza de la trama, pero si lo único que quiero es que me entretengan, yo creo que Snyder lo consigue, al menos conmigo. Ya adelanto, como se lee, que esta Man of Steel ha sido de mi agrado.

La historia ya la conocemos todos, Jor-el, el padre de Superman, lo manda a la tierra para que viva, ya que Kripton, su plantea natal, está a punto de destruirse. En la Tierra, el joven Kriptionano será cuidado y educado por una pareja de Kansas. En el momento de mayor necesidad, Superman deberá de revelarse al mundo para ocuparse de los últimos de su raza que amenazan con acabar con toda la vida en el planeta.

Así a bote pronto es la historia de Man of Steel, pero hay mucha más chica dentro. Kripton se destruye porque sus habitantes han agotado sus recursos naturales hasta el mismísimo núcleo ¿mensaje ecologista?. Todo el rollo mesiánico y religioso de Superman ya provenía de la idea original del comic, así que no debería de pillar por sorpresa a nadie,  quien se escandalice por ello a estas alturas…. Pues bueno, hay quien se escandaliza por ver a una mujer dar de mamar a su hijo, así que de todo hay. En cuanto a la polémica de si Superman mata o no, en los comics de los años 40, a Superman no le temblaba el pulso a la hora de acabar con sus enemigos, principalmente mafiosos y criminales, solo que más adelante se rehízo la imagen del personaje, no sé si ya por la entrada del Comics Code o incluso algo antes. En universos paralelos Superman ha matado, incluso en nuestro universo también. Vale que Doomsday terminara en coma y no muerto, pero la intención de Superman con su ultimo puñetazo es la de acabar con él. En Superman 2 arroja a Zod contra un muro de la fortaleza de la soledad y este cae por un barranco. Tampoco hace nada por salvar a los otros dos Kriptonianos, así que Superman SI mata. No es habitual en él pero lo hace si es necesario. Y en Man of Steel, que tenemos que recordar es un nuevo Superman, como lo era el Batman de Nolan, matar a Zod es  también una forma de demostrar que Superman es más humano que Kriptoniano, ya que como dice Faora (la Kriptoniana maciza) ellos no tienen moral, por lo que no tienen reparos en crear su mundo sobre las cenizas de otro. Ahí es donde entra el personaje de Zod, el villano, pero puede que no tanto. Zod tienen una causa, salvar a su raza, y se abraza a ella hasta las últimas consecuencias y pese lo que le pese, como es matar a su amigo Jor-el, algo que como dice en el filme, recuerda todos los días amargamente, pero que si tuviera que volver hacerlo, lo haría. Así pues la amoralidad de Zod lo pone en contra de Superman, son polos opuestos con un mismo fin, salvaguardar a los que aman. 

Sobre los actores. Henry Cavill es un Clark Kent más real que aquel alfeñique inocentón que interpretaba Christopher Reeve, y su Superman es más inseguro, más humano. A Cavill no solo le queda muy bien el traje, sino que la capa parece hecha para sus hombros, no hay plano en la que no le caiga bien. Michael Shannon, hace un Zod que si bien no es físicamente amenazante, si dispone de una rabia contenida que lo delata como villano desde la primera escena. Russell Crow no ha tenido que esforzarse mucho, su actual aspecto y edad ya le da ese aire de respetabilidad paterna, de guía en la vida, por lo que su participación en la película es intachable. Kevin Costner es un gran Jonathan Kent, aunque puede que peque de cansino, ya que en todas sus escenas le recuerda a Clark su origen y su necesidad de algún día darse a conocer ante los humanos. Esto es debido a que solo aparece en flashbacks, y por lo tanto no se vea el personaje más desarrollado, pero la verdad es que físicamente no imagino a nadie mejor en la actualidad para hacer del típico granjero de Kansas y que además es buena persona. Ayelet Zurer es Lana la madre biológica de Superman, su papel es escueto, pero la escena en la que posa su hijo en la nave, es bastante emotiva. Diane Lane es para Martha Kent lo mismo que Kevin Costner para el papel de Jonathan Kent, ideal. La verdadera bondad de Clark proviene de esta mujer, que lo ha criado y querido como si lo hubiera parido ella misma. En su actuación podemos ver como una madre mira a un hijo, por lo que no hay nada que objetar. Antje Traue, es Faora, la Kiptoniana, sale, dice su frase, luce palmito, da buenas hostias y ya. No lo hace mal pero tampoco tienen mucho papel, al igual que Amy Adams como Louis Lane,  también cumple pero su personaje puede que no sea muy espectacular. Es decir si, sube a la nave de Zod, está metido en todos los fregados, pero siempre está ahí, como apartada. Puede que las mujeres no hayan tenido grandes momentos en esta película, si es que queréis buscarle un punto negativo a los personajes.

Acción, historia, acción, ese es el resumen de la película. Puntuación: Deseando que salga la secuela.

lunes, 16 de mayo de 2016

SÚPER PRODUCTOR EN HOLLYWOOD

“Súper productor en Hollywood” es poco más que un telefilme de tercera sobre un individuo que roza el enanismo y que, enamorado como está de una actriz, escribe un guion para que esta lo interprete y buscará financiación para llevarlo a cabo. Los tejemanejes con los inversores componen el grueso de una trama que tal como empieza, acaba  y que al finalizar le deja a uno la sensación de que no ha visto nada, porque te deja indiferente. Así  de sencillo. Es un argumento que una vez expuesto queda finiquitado. No pasa nada durante toda la película. Únicamente dejamos que pase el tiempo hasta quitarla, porque de puro mediocre que es, ni siquiera es tan mala como para que la quitemos sulfurados. Ni ofende. Aséptica en el más amplio termino de la palabra.
Sin embargo le dedico esta breve reseña por un par de motivos. El primero de todo el mostrar, una vez más, la jeta que tenían las distribuidoras de vídeo de los ochenta; obviamente, esta película nada tiene que ver con Eddie Murphy, pero como estaba de moda la serie de “Súper detective en Hollywood”, pues cogemos una comedia cualquiera, esta, conocida por nada menos que tres  títulos en los USA – por un lado “Smart Alec” y por otro “Hollywood Dreaming” y por otro “The Movie Maker”- y le ponemos un título lo mas parecido posible a la de Eddie Murphy. Aunque sea solo por el bien lustroso “Hollywood” que luce uno de los títulos originales. Y con dos cojones se distribuye esta cosa como “Súper productor en Hollywood”.
Por otro lado, tiene cierta gracia que se  trata de una primeriza comedia de serie B dirigida por Jim Wilson, que no es otro que el director de “Solamente se vive una vez” y el productor oficial de casi toda las pelis de Kevin Costner. Llevan su firma: “Revenge”, “Bailando con Lobos”, “El Guardaespaldas”, “Wyatt Earp”, “Mensajero del fututo”, “Mensaje en una botella” y “Mr. Brooks”, ahí es nada.
Por otro lado, todo da que pensar, vista su trayectoria, que “Súper productor en Hollywood” puede que sea una película de corte autobiográfico.
Por lo demás, aparece Zsa Zsa Gabor en un cameo. Nada más que decir.

viernes, 19 de agosto de 2022

EL BESO

En los años 60, estando en el Congo Belga, dos hermanas son separadas por problemas de salud yéndose una de ellas con unos miembros de la familia, y la otra con su tía. Justo en el momento de la separación, una vieja loca se cruza con ellos lanzándole improperios y maledicencias a la niña en un extraño idioma, en consecuencia, la tía de esta le planta un beso en la boca pasándole así una especie de maldición vudú. Acto seguido la acción se traslada a los años 80 y, a partir de ese momento, la película se convierte en un batiburrillo de rollos familiares y traspasos de maldiciones, que servirán para mostrarnos una serie de vistosos efectos especiales artesanales y eternas conversaciones insustanciales que, más allá de esclarecernos que es lo que en realidad pasa, nos confunden de tal modo que llega un momento que no sabemos quién es quién o que demonios quiere… eso sí, se van sucediendo las muertes de corte esotérico y aguantamos hasta el final.
“El beso”, película de presupuesto medio amparada para la distribución por una major como era Tri- Star Pictures, es en realidad mala de solemnidad, un aburrimiento sin precedentes que se ve desbordado únicamente por su lioso guion y una estética de transición entre los 80 y 90 que le otorga ese tono grisáceo y aséptico (como le pasaba a todo el terror de finales de los 80) tan característico de la época. Al igual que muchos títulos de entonces abalados por los estudios, "El Beso" ejerce de otro clavo más insertado en el ataúd del cine de terror, siendo especialmente aburrida y antipática, por mucho muñequillo animatrónico que endulce la cosa al final, algún que otro destete y bastante mala baba —a una tipa le trituran la cabeza unas escaleras mecánicas, por ejemplo—.
Como la cosa va de una maldición que se van pasando de tías a sobrinas y viceversa mediante besos, algún crítico, quizás con intención de marcar paquete, osó decir que en realidad la película trataba sobre el sida. Poco más que decir al respecto.
En la parte técnica tenemos los efectos especiales de Chris Walas y el guion corre a cargo de Tom Ropelewski y Stephen Volk. Volk, por lo que se ve, es experto en este tipo de guiones y atmósferas medio raras y sosainas, ya que suyos son también los libretos de “Gothic” de Ken Russell y “La tutora” de William Friedkin. Asimismo, el director Pen Desham no ha dirigido demasiada cosa destacable a parte de “El beso”, pero posteriormente se volvió un solvente productor de cine mainstream con cosas como “Robin Hood, El príncipe de los ladrones” a sus espaldas. A parte de esto, es también un guionista de tercera, habiendo firmado títulos tan populares como “Gnomo Cop”, la anteriormente mentada de Kevin Costner y hasta la historia para el lucimiento de Bill Murray con una elefanta en “Un elefante llamado Vera” ¿Quién da más?
El reparto lo encabezan las poco aprovechadas bellezas de Joanna Pacula y Meredith Salenger.
En cuanto a “El beso”, concluir diciendo que aunque pasó por salas de cine de manera más o menos discreta, esta era una película habitual en la sección de estrenos del año 89 en los videoclubs, aunque por algún extraño motivo no sentí interés por ella, hasta que treinta y pico años después, casi por casualidad, se cruza de nuevo en mi camino y decido verla para decirle a ustedes que me ha parecido.

viernes, 25 de octubre de 2013

ALAS ROTAS

Tardía  explotation” patria de “Top Gun”, perpetrada por el manazas de Carlos Gil, asistente de dirección del mismísimo Spielberg (no se confundan que, básicamente, el asistente del director es el que le trae los cafés, o le masajea los pies) y de otros tantos directores de Hollywood cuando estos ruedan en España, y que cuando consigue una subvención para dirigir él mismo sus propias películas, apuesta por géneros más “Hollywoodescos” y comerciales de lo que nos tienen acostumbrados los directores nacionales.
Y si bien es cierto que cuando se apuesta por cosas “a la americana”, como pasó con títulos ajenos pero de renombre como “Los Otros” o “Lo imposible” que por lo general  son un éxito, las del amigo Carlos Gil pasan completamente inadvertidas. ¿Motivos? Obviamente los presupuestarios, pero  a parte, hago especial hincapié en resaltar la facilidad que tiene el amigo para hacer ridículo todo aquello que filma.
Su carrera como director es mas bien escueta, se reduce a unas pocas series de televisión y a tres películas, una de las cuales, “Las llaves de la independencia”, no se siquiera si llegó a estrenarse. La otra sería un “slasher” con Paul Naschy en sus filas que, aunque evidentemente ridículo y chabacano, a mí me funciona, “School Killer”. Y la que nos atañe, este “Alas Rotas”.
Cuando digo que es una “explotation” de “Top Gun”, no me refiero a plagio, no me sean mal pensados, pues salvo por la temática de  los pilotos de aviones de combate, no se parece en nada a la protagonizada por Tom Cruise en los ochenta, aunque, obviamente, se nutre de su rollo y estética.
Un piloto del ejército del aire está enamorado de su profesión, pero un buen día el médico le dice que tiene un tumor en el cerebro que le hace tener cambios de humor, y que le puede llevar a la muerte. También le prohíbe volar. El muchacho, consternado, decide romper sus pruebas médicas, ocultar a todos los que le rodean su enfermedad, y volar igualmente, en consecuencia, estando en el aire, pierde el control del avión que pilota y se mata. Con dos cojones.
Jamás me topé con una película tomada más en serio por sus responsables, y que sin embargo, provoque tantas risas involuntarias por un lado, y por otro, tantisima vergüenza ajena.
Una vez se nos ha presentado los personajes, se nos han mostrado algunas de las imágenes aéreas -estúpidas al fin de al cabo, no son combates aéreos, ni los hay en la película, son  solo maniobras y acrobacias- filmadas en video para colar en un metraje de 35 mm. que canta por soleares, y se nos ha expuesto la trama principal, la de la enfermedad del protagonista cuyos síntomas nada tienen que ver con los de un tumor real, ya se les acaba lo que tenían que contar… por lo que se tira el resto de la película, o sea, una hora y veinte -porque en cinco minutos se nos cuenta todo esto- intentando tirar para adelante sin que exista más argumento. Entonces es todo relleno, vemos los cambios de humor de protagonista que, incluso, llega a hablarle mal a su hijo de seis años ¡¡¡doblado por un adulto!!! O  a abofetear a su mujer  mientras la acusa de querer follarse a su hermano. Claro, como les oculta su enfermedad, nadie comprende esos cambios de comportamiento. Ni el espectador entiende esas interpretaciones. Por otro lado tenemos al Teniente Coronel, que advierte mucha inutilidad en el aire por parte de nuestro prota y no quiere que si se mata en el aire, esa muerte pese sobre el… así que se pasa la película preguntando al hermano de este si sabe algo sobre la salud del hermano.
O sea: Un tumor que te hace volver bipolar y maltratador, unos pilotos que se suben a los aviones para alardear, y un final desperado para darle más dramatismo a la ya de por sí dramática premisa. Jamás vi yo semejante puta mierda en una pantalla, y por ende, todo se torna divertidísimo, claro…
No deja de llamarme la atención las bochornosas interpretaciones. Como piloto enfermo tenemos a una especie de neandertal italiano, que con rasgos embrutecidos, no comprendo como al director de casting le pareció adecuado para hacer del galán de la función, Fabio Fulco, que además de feo y desagradable, mas que a la víctima de un tumor parece que esté interpretando a un retrasado mental. Es más, debe tener tanto acento italiano que, estando la peli doblada, a este le pone voz el reconocible José Luis Gil (¿Será hermano del director?) que sin ser en absoluto mal actor, ni de doblaje ni físico, dobla a este personaje como con pereza, como si supiera que está doblando una mierda de película y no pusiera ni una gota de interés en hacer bien su trabajo.
Tenemos a Ana Álvarez, malísima actriz que despuntó a parte de por tener un culo estupendo y unas de las mejores tetas del cine español, por hacer de retrasada en las películas “La madre muerta” y “Aquí huele a muerto… ¡pues yo no he sido!” pero que, sin embargo, aunque sale simulándole una felatio a Fabio Fulco no enseña ni las tetas ni el culo en esta película, ergo, no sabemos que pinta en la misma. Interpreta como puede a la esposa de “el del tumor”. Hoy por hoy, está muy envejecida la pobre.
Como Teniente Coronel, tenemos a Ramón Langa, que cuando dobla a Bruce Willis o a Kevin Costner lo hace muy bien, pero cuando le toca dar la cara, menuda mierda de películas ha hecho… Bien, pues aquí le tenemos. Dentro de lo estúpido de su papel, Langa lo hace exactamente igual que siempre, así que bien.
Mónica Van Campen aparece para enseñarnos las tetas y el coño, y actúa tan fétidamente como de costumbre, como una palurda que lee, y aún así, hay que llamarla actriz. Carlos Fuentes, el pobre, pasaba por ahí para hacer, como siempre, de macarrilla, aunque esté interpretando a un monarca. En este caso es un secundario que pinta más bien poco. Y tenemos también el debut (y despedida) en el mundo de la interpretación de Tony Aguilar, ese desagradable locutor de radio fórmula de “Los 40 principales” que durante los noventa se las daba de rapero, y que sobreactúa hasta para decir buenos días. Proporciona regocijo y carcajadas en todas y cada una de sus exageradas apariciones.
Pues todo este montón de enfermiza escoria, convierten a una película, que técnicamente no está mal (Carlos Gil, más o menos, tiene oficio), en un delirio absoluto, que sin que contenga ninguna estridencia, intencionada o no, para provocar la sonrisa al espectador, lo consigue y sin nada del otro mundo, es decir, que aquí no hay monstruos de goma espuma, sangre de color rosa, ni demencia en su argumento. Únicamente una historia de mierda. Se explota una película mítica de veinte años atrás que no por hacerlo a destiempo va a convertir en éxito instantáneo. Unos actores espantosos que enmiendan sus ya de por si lamentables carreras, y un director que yo no se si no tiene ni puta idea de lo que hace, o lo sabe perfectamente.
Total, es una peli española de 2003. Será un chanchullo como lo son todas las películas españolas desde finales de los ochenta.

sábado, 29 de junio de 2024

PROFETAS DE LA CARRETERA

Corría primera mitad de los noventa. Ingenuamente interesado por el, en brevísimo sobreexplotado y desvirtuado, "cine independiente norteamericano", andaba muy enganchado a lecturas como la revista "Film Threat", directores del calibre de Alex Cox (que era inglés, sí, pero ya me comprenden) o Amos Poe y la siempre recurrente, cinematográficamente hablando, estética urbana y decadente transitada por perdedores errantes en busca de una oportunidad. Por eso mismo, el día que leí sobre "Profetas de la carretera" ("Roadside Prophets" 1992) en la mentada publicación, comencé a sentir tembleques. Escrita y dirigida por Abbe Wool, quien había sido pareja sentimental de Alex Cox y es co-autora del guion de la discutible "Sid & Nancy", protagonizada por John Doe (nombre real: John Nommensen Duchac, y anda que no suena bien), actor, cantante y guitarra + bajista de la seminal banda punk "angelina" "X", y, peliculeramente hablando, con toda la pinta de encajar en aquello que ansiaba consumir: Joe, motero de buen corazón, se hace amigo de otro, Dave, recién incorporado a su gris curre en una fábrica. Durante un visita al bar, este le habla de un casino maravilloso donde uno se hace rico y tiene acceso a tías estupendas, situado concretamente en el legendario Eldorado, así todo junto (lugar al que Richard Driscoll dedicó una película entera) Justo entonces, Dave muere electrocutado mientras juega a los marcianitos. A partir de ahí, Joe decide llevar sus cenizas hasta ese supuesto paraíso. Embarcarse en un viaje incierto para localizarlo. Naturalmente, ello desembocará en uno de los formatos predilectos por el cine "indie": la "road movie" de ambientación desértica, con inevitable tufo a "Easy Rider" y, sobre todo, "Paris, Texas", que en "Roadside Prophets" se ve referenciada al incluir al prota de aquella, Harry Dean Stanton, en la banda sonora.
Sin embargo, centrarse en esos datos sería quedarse muy corto. Porque hay mucho, mucho más. "Roadside Prophets" se deja ver, no diré lo contrario, pero al carecer de genuina trama -solo es una acumulación de escenas, en las que el protagonista va conociendo personajes peculiares y viviendo situaciones igualmente nada convencionales- termina siendo un poco coñazo. Esto lo sé ahora, que por fin he tenido oportunidad de verla, porque, aunque sí llegó a España, o nunca la localicé en mis vídeo-clubs (raro considerando que la distribuía MGM) o para entonces todo mi interés se había evaporado, cosa perfectamente posible.
Lo realmente divertido del visionado ha sido, pues eso, ir reconociendo nombres, caras, voces y demás. Un juego que, opino, a poco que sean ustedes unos cinéfilos medianamente curiosos, e interesados por cierta subcultura o contra-cultura a la que el film apela completamente, disfrutarán.
Pero comencemos por el principio, la directora y guionista Abbe Wool. Asumo que "Roadside Prophets" no funcionó ni medianamente, porque jamás retomó las tareas de dirección, limitándose a formar parte de los equipos técnicos en un porrón de títulos más que variados, hasta 2014. Luego desapareció.
El productor, Peter McCarthy, tampoco era manco. Debutó junto a Alex Cox en "Repo Man". Siguió con "No me grites que ya te veo" (vehículo para John Cusack y Tim Robbins en plan pareja cómica), "Voy a por ti" (la "célebre" parodia del "blaxploitation" cortesía de Keenen Ivory Wayans) y lo probó en la dirección. Suyas son "Floundering" (otra con pinta de encajar a la perfección en el molde noventero del cine "indie") o "Death & Taxes" (que puso fin a su carrera en el fatídico 2014). Aunque el ejemplo más raro lo tenemos con "Motín en el planeta prisión", neo-western futurista a mayor gloria de Michael Paré que, por una serie de conflictos varios, McCarthy se vio obligado a co-dirigir.
Justo, en esta última localizamos al director de fotografía de la reseñada, Tom Richmond, ejerciendo como tal. No sorprende que, igualmente, terminaría colaborando con Alex Cox... pero sí nos deja ojipláticos descubrir en su filmografía títulos del "calibre" de "Hard Rock Zombies", "Kill Bots" o "Amityville IV: La fuga del diablo". Un jefe.
"Roadside Prophets" pertenece al catálogo de "New Line Cinema", todavía interesados en apoyar un cine bastante más minoritario a pesar de llevar poco menos de una década petándolo gracias al fenómeno Freddy. Y si la "New Line" de los noventa andaba de por medio, también lo hacía su presidente Bob Shaye. Y quien dice Bob Shaye, dice Lin Shaye, hermana y actriz "nepotista" (hoy día popular por su recurrente rol en la saga "Insidious") que, pal caso, interpreta a una mujer sidosa casada con un hombre canceroso.
Más nombres curiosos: Timothy Leary, famoso defensor de las drogas alucinógenas (quien, graciosamente, se marca un discurso anti-drogas duras), David Carradine pegándose el gusto de cantarnos una canción propia (no olvidemos que darle al estribillo y las cuerdas era su otra gran pasión. Tal vez la primera), John Cusack como alocado revolucionario tuerto, Arlo Guthrie (hijo de famoso cantautor Woody Guthrie), un joven Don Cheadle, el eterno secundario Stephen Tobolowsky y Adam Horovitz, más conocido como uno de los "Beastie Boys" (bajo el nombre de Ad-Rock) Lo cierto es que co-protagoniza el film junto a John Doe en el rol de un chaval desquiciado que, básicamente, persigue al protagonista desesperado por encontrar a sus desaparecidos progenitores. Lo he relegado a este rincón por una cuestión de gustos personales: su personaje resulta de lo más cargante, irritante y agobioso. A mi juicio, uno de los aspectos más flojos del largometraje.
En un momento dado, la pareja aterriza en un pub donde un grupo "lounge" de lo más hortera ("Too Free Stooges") toca una canción romántica. Uno de sus componentes es el omnipresente Flea (de larga y lustrosa carrera musical y cinematográfica) Junto a él dos "crooners", encarnados por un par de personajes sumamente apetitosos. Dick Rude, uno de los más mejores amigos de Alex Cox, actor en sus primeras películas y co-guionista de "Directos al infierno" y Manny Chevrolet, una especie de showman / humorista de segunda. Se convirtió en habitual de la realizadora de video-clips y cortometrajes Modi, una pava surgida del punk que asistió a Penelope Spheeris en el rodaje de "The Decline of Western Civilization", "Los tachuelas" y "Hollywood Vice Squad", donde tenía un papelito junto a su padre, y actor secundario de carácter Ben Frank (pueden verlo también en "Yo soy la justicia") Esa faceta de actriz la continuó explotando para el SOV de culto "Dark Romances" y el célebre punk-film superochero "Lovedolls Superstar" de Dave Markey. Hizo buenas migas con Exene Cervenka, cantante de los mismos "X" donde pululaba John Doe (él y Exene eran pareja), pariendo a pachas el guion de "Bad Day", cortometraje rodado en super 8 a modo de western de espíritu cómico que contaba en el reparto con el mismo Doe y nada menos que Kevin Costner. Así, Modi debutaba como directora. Aunque seguidamente pasaría a centrarse en el videoclipismo, de vez en cuando volvía a las pequeñas ficciones -siempre currando bajo el nombre de su productora "Modivation"- Muchas de ellas vehículos de lucimiento para, justo, Manny Chevrolet (compartiendo plano con otro de los habituales de Modilandia, Henry Rollins) "Rosa Mi Amor" fue el que lo petó más, llevándose varios premios en sendos festivales. Tal vez alguno de ustedes recuerde el monográfico que el programa de "cultura alternativa" del segundo canal de TVE, "Metrópolis", le dedicó a la chica. Tras aquel pequeño subidón, Manny Chevrolet intentó pasarse a la política sin mucho éxito. Y Modi, viendo el aparente fin del negocio musical con la llegada de "Napster", se piró a Texas, fue mamá y abrió una tienda de temática "vintage". Dice que anda currando en una serie formato "streaming", así que no ha dejado del todo las cámaras. Curiosos, pueden visitar su página web.
Efectivamente, la reseña de "Roadside Prophets" era una excusa para hablar de ella.
Pero volvamos al film de Abbe Wool, en plan colofón.
Como ya supondrán a estas alturas, la música tiene un papel preponderante. Aparte de la presencia de los ya mentados Exene Cervenka y John Doe marcándose un par de canciones, localizamos a -inevitablemente- "Beastie Boys", Gary U.S. Bonds, "The Pogues" o "Pray for Rain" -encargándose de la fanfarria incidental-, estos dos últimos muy presentes en el cine de Alex Cox. Aunque, a mi gusto, la guinda la tenemos al final, con una copla bastante guapa canturreada por la reconocible voz rasposa de Keith Morris, vocalista de los míticos "Circle Jerks" -otros Coxistas convencidos- que, pal caso, se parapeta tras el nombre grupal de "Bug Lamp". No es el único "Jerk" que rula por la banda sonora, Zander Schloss, bajista de aquellos, también participa.