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sábado, 29 de junio de 2024

PROFETAS DE LA CARRETERA

Corría primera mitad de los noventa. Ingenuamente interesado por el, en brevísimo sobreexplotado y desvirtuado, "cine independiente norteamericano", andaba muy enganchado a lecturas como la revista "Film Threat", directores del calibre de Alex Cox (que era inglés, sí, pero ya me comprenden) o Amos Poe y la siempre recurrente, cinematográficamente hablando, estética urbana y decadente transitada por perdedores errantes en busca de una oportunidad. Por eso mismo, el día que leí sobre "Profetas de la carretera" ("Roadside Prophets" 1992) en la mentada publicación, comencé a sentir tembleques. Escrita y dirigida por Abbe Wool, quien había sido pareja sentimental de Alex Cox y es co-autora del guion de la discutible "Sid & Nancy", protagonizada por John Doe (nombre real: John Nommensen Duchac, y anda que no suena bien), actor, cantante y guitarra + bajista de la seminal banda punk "angelina" "X", y, peliculeramente hablando, con toda la pinta de encajar en aquello que ansiaba consumir: Joe, motero de buen corazón, se hace amigo de otro, Dave, recién incorporado a su gris curre en una fábrica. Durante un visita al bar, este le habla de un casino maravilloso donde uno se hace rico y tiene acceso a tías estupendas, situado concretamente en el legendario Eldorado, así todo junto (lugar al que Richard Driscoll dedicó una película entera) Justo entonces, Dave muere electrocutado mientras juega a los marcianitos. A partir de ahí, Joe decide llevar sus cenizas hasta ese supuesto paraíso. Embarcarse en un viaje incierto para localizarlo. Naturalmente, ello desembocará en uno de los formatos predilectos por el cine "indie": la "road movie" de ambientación desértica, con inevitable tufo a "Easy Rider" y, sobre todo, "Paris, Texas", que en "Roadside Prophets" se ve referenciada al incluir al prota de aquella, Harry Dean Stanton, en la banda sonora.
Sin embargo, centrarse en esos datos sería quedarse muy corto. Porque hay mucho, mucho más. "Roadside Prophets" se deja ver, no diré lo contrario, pero al carecer de genuina trama -solo es una acumulación de escenas, en las que el protagonista va conociendo personajes peculiares y viviendo situaciones igualmente nada convencionales- termina siendo un poco coñazo. Esto lo sé ahora, que por fin he tenido oportunidad de verla, porque, aunque sí llegó a España, o nunca la localicé en mis vídeo-clubs (raro considerando que la distribuía MGM) o para entonces todo mi interés se había evaporado, cosa perfectamente posible.
Lo realmente divertido del visionado ha sido, pues eso, ir reconociendo nombres, caras, voces y demás. Un juego que, opino, a poco que sean ustedes unos cinéfilos medianamente curiosos, e interesados por cierta subcultura o contra-cultura a la que el film apela completamente, disfrutarán.
Pero comencemos por el principio, la directora y guionista Abbe Wool. Asumo que "Roadside Prophets" no funcionó ni medianamente, porque jamás retomó las tareas de dirección, limitándose a formar parte de los equipos técnicos en un porrón de títulos más que variados, hasta 2014. Luego desapareció.
El productor, Peter McCarthy, tampoco era manco. Debutó junto a Alex Cox en "Repo Man". Siguió con "No me grites que ya te veo" (vehículo para John Cusack y Tim Robbins en plan pareja cómica), "Voy a por ti" (la "célebre" parodia del "blaxploitation" cortesía de Keenen Ivory Wayans) y lo probó en la dirección. Suyas son "Floundering" (otra con pinta de encajar a la perfección en el molde noventero del cine "indie") o "Death & Taxes" (que puso fin a su carrera en el fatídico 2014). Aunque el ejemplo más raro lo tenemos con "Motín en el planeta prisión", neo-western futurista a mayor gloria de Michael Paré que, por una serie de conflictos varios, McCarthy se vio obligado a co-dirigir.
Justo, en esta última localizamos al director de fotografía de la reseñada, Tom Richmond, ejerciendo como tal. No sorprende que, igualmente, terminaría colaborando con Alex Cox... pero sí nos deja ojipláticos descubrir en su filmografía títulos del "calibre" de "Hard Rock Zombies", "Kill Bots" o "Amityville IV: La fuga del diablo". Un jefe.
"Roadside Prophets" pertenece al catálogo de "New Line Cinema", todavía interesados en apoyar un cine bastante más minoritario a pesar de llevar poco menos de una década petándolo gracias al fenómeno Freddy. Y si la "New Line" de los noventa andaba de por medio, también lo hacía su presidente Bob Shaye. Y quien dice Bob Shaye, dice Lin Shaye, hermana y actriz "nepotista" (hoy día popular por su recurrente rol en la saga "Insidious") que, pal caso, interpreta a una mujer sidosa casada con un hombre canceroso.
Más nombres curiosos: Timothy Leary, famoso defensor de las drogas alucinógenas (quien, graciosamente, se marca un discurso anti-drogas duras), David Carradine pegándose el gusto de cantarnos una canción propia (no olvidemos que darle al estribillo y las cuerdas era su otra gran pasión. Tal vez la primera), John Cusack como alocado revolucionario tuerto, Arlo Guthrie (hijo de famoso cantautor Woody Guthrie), un joven Don Cheadle, el eterno secundario Stephen Tobolowsky y Adam Horovitz, más conocido como uno de los "Beastie Boys" (bajo el nombre de Ad-Rock) Lo cierto es que co-protagoniza el film junto a John Doe en el rol de un chaval desquiciado que, básicamente, persigue al protagonista desesperado por encontrar a sus desaparecidos progenitores. Lo he relegado a este rincón por una cuestión de gustos personales: su personaje resulta de lo más cargante, irritante y agobioso. A mi juicio, uno de los aspectos más flojos del largometraje.
En un momento dado, la pareja aterriza en un pub donde un grupo "lounge" de lo más hortera ("Too Free Stooges") toca una canción romántica. Uno de sus componentes es el omnipresente Flea (de larga y lustrosa carrera musical y cinematográfica) Junto a él dos "crooners", encarnados por un par de personajes sumamente apetitosos. Dick Rude, uno de los más mejores amigos de Alex Cox, actor en sus primeras películas y co-guionista de "Directos al infierno" y Manny Chevrolet, una especie de showman / humorista de segunda. Se convirtió en habitual de la realizadora de video-clips y cortometrajes Modi, una pava surgida del punk que asistió a Penelope Spheeris en el rodaje de "The Decline of Western Civilization", "Los tachuelas" y "Hollywood Vice Squad", donde tenía un papelito junto a su padre, y actor secundario de carácter Ben Frank (pueden verlo también en "Yo soy la justicia") Esa faceta de actriz la continuó explotando para el SOV de culto "Dark Romances" y el célebre punk-film superochero "Lovedolls Superstar" de Dave Markey. Hizo buenas migas con Exene Cervenka, cantante de los mismos "X" donde pululaba John Doe (él y Exene eran pareja), pariendo a pachas el guion de "Bad Day", cortometraje rodado en super 8 a modo de western de espíritu cómico que contaba en el reparto con el mismo Doe y nada menos que Kevin Costner. Así, Modi debutaba como directora. Aunque seguidamente pasaría a centrarse en el videoclipismo, de vez en cuando volvía a las pequeñas ficciones -siempre currando bajo el nombre de su productora "Modivation"- Muchas de ellas vehículos de lucimiento para, justo, Manny Chevrolet (compartiendo plano con otro de los habituales de Modilandia, Henry Rollins) "Rosa Mi Amor" fue el que lo petó más, llevándose varios premios en sendos festivales. Tal vez alguno de ustedes recuerde el monográfico que el programa de "cultura alternativa" del segundo canal de TVE, "Metrópolis", le dedicó a la chica. Tras aquel pequeño subidón, Manny Chevrolet intentó pasarse a la política sin mucho éxito. Y Modi, viendo el aparente fin del negocio musical con la llegada de "Napster", se piró a Texas, fue mamá y abrió una tienda de temática "vintage". Dice que anda currando en una serie formato "streaming", así que no ha dejado del todo las cámaras. Curiosos, pueden visitar su página web.
Efectivamente, la reseña de "Roadside Prophets" era una excusa para hablar de ella.
Pero volvamos al film de Abbe Wool, en plan colofón.
Como ya supondrán a estas alturas, la música tiene un papel preponderante. Aparte de la presencia de los ya mentados Exene Cervenka y John Doe marcándose un par de canciones, localizamos a -inevitablemente- "Beastie Boys", Gary U.S. Bonds, "The Pogues" o "Pray for Rain" -encargándose de la fanfarria incidental-, estos dos últimos muy presentes en el cine de Alex Cox. Aunque, a mi gusto, la guinda la tenemos al final, con una copla bastante guapa canturreada por la reconocible voz rasposa de Keith Morris, vocalista de los míticos "Circle Jerks" -otros Coxistas convencidos- que, pal caso, se parapeta tras el nombre grupal de "Bug Lamp". No es el único "Jerk" que rula por la banda sonora, Zander Schloss, bajista de aquellos, también participa.

sábado, 21 de diciembre de 2019

EN TIERRA PELIGROSA 2

"Fire Down Below" es el título original de esta película de Steven Seagal que a España llegó (creo que únicamente en vídeo, aunque no he podido corroborarlo) como "En tierra peligrosa 2". Es 1997 y ya no se estila eso de las secuelas falsas, por lo que la operación se antoja del todo incomprensible. Para la ocasión el de la coleta interpreta a un agente del medio ambiente llamado "Jack Taggert", mientras que "En tierra peligrosa 1" daba vida -es un decir- a "Forrest Taft". Que no, que no es el mismo. Pero esas son las ventajas de que Seagal haya interpretado igual a todos los personajes de sus películas, puedes poner que una es secuela de otra y da el pego. Recordemos que algo así ocurrió de manera legal únicamente una vez, con "Casey Rayback" y sus dos "Alerta Máxima" (claro que me limito a la época buena del actor, si nos referimos a la hornada de subproductos de los últimos años, no tengo ni idea). En cualquier caso, y aunque "Warner Brothers" accediera a poner los dineros de esta nueva aventura Seagaliana, una cosa iba a estar clara desde buen principio: Prohibido dejarle ocupar la silla del director. Para lo cual, ficharon al típico mindundi que venía de la tele y a ella volvería, Félix Enríquez Alcalá (responsable ese mismo 1997 del famoso piloto sobre la "Justice League of America", nunca emitido de modo oficial pero localizable mediante piratería), lo que hace suponer que, aunque Don Steven no firma la dirección, seguro que en el plató mandó cuanto quiso.
"Jack Taggert" se pira hasta los frondosos bosques de Kentucky porque un empresario malvado está llenando de temibles residuos tóxicos unas minas abandonadas y hay que pararle los pies. Intentará integrarse en lo más profundo de la américa profunda (incluso hace una coña/referencia muy oportuna a "Deliverance/Defensa") y será continuamente atosigado por los matones de rigor, comandados por el hijo del empresario. Se defenderá a hostia pura y superará todas las limitaciones propias de la ley para enchironar al malo.
"En tierra peligrosa 2" tiene un par de rasgos curiosos: Una banda sonora trufada de country y blues que llega a su cenit cuando Steven Seagal se presta a tocar la guitarra, su otra gran pasión (junto a la ingesta de donuts, ¡lo siento, tenía que hacer el chiste!). Y una violencia mucho menos contundente de lo habitual. Claro, ver al de la coleta soltando la chapa ecologista y humanitaria para, luego, reventar a los villanos de la manera que solía, era raro. Por eso en esta nueva aventura, aunque reparte mucha y dolorosa estopa, no mata a nadie. A nadie. Ni al más malvado, que graciosamente interpreta todo un icono hippie como es Kris Kristofferson. Del plantel restante destacan Marg Helgenberger, Stephen Lang, Harry Dean Stanton y Richard Masur.
Ciertamente, "En tierra peligrosa 2" no es la mejor peli de Seagal, pero tampoco la peor. Cumple con lo que uno busca en estos productos, pasar el ratico. Las escenas de acción están bien y el panfletismo es algo menos empalagoso, sobre todo porque aparcan totalmente el rollo místico que tanto jodía a la supuesta primera parte (risas).

sábado, 19 de diciembre de 2020

REPO MAN

Alex Cox entra directamente en esa poco grata lista de cineastas de los que creía ser fan pero a los que, en el fondo, únicamente admiraba como concepto. Ciertamente, creo que nunca disfruté del todo ninguna de sus películas. "Walker" tenía gracia con todos esos anacronismos. Y "Directos al infierno" molaba por su naturaleza improvisatoria. También estaban un rato bien los traqueteos de cámara de "El patrullero". Pero siendo honestos, ninguna me parecía genuinamente cojonuda. La idea de un director de cine de supuesta sensibilidad punk, especialmente interesado en hablar de punk y meter a punks en sus películas, era demasiado jugosa como para darle la espalda (aunque viendo la pasable "Sid y Nancy" costara creerlo, con todas las incongruencias "punkistas" y todos esos punks medio retrasados, totalmente adscritos al estereotipo propio del desinformado y que parecen dibujos animados). ¡¡Tenía que molar, cojones!! Y me esforcé mucho en aprender a apreciarlo. Sin éxito. Aunque, tal vez, la mayor frustración era no lograr conectar con la que, se suponía, era su película más venerada y popular, "Repo Man". La vi varias veces, pero siempre me aburría mortalmente. Así que, como suele ser habitual, decidí aprovechar el paso de las décadas para darle una nuevo muerdo.
Otto es un "punk blanco de suburbio", como él mismo se define, sin demasiadas perspectivas en la vida. Un día es liado por un extraño para que mangue un coche ajeno. O, mejor, lo recupere. A partir de ahí, Otto entra a formar parte de los llamados "repo men", tipejos de mala vida especializados en agenciarse por la fuerza automóviles con letras impagadas por sus propietarios. Entonces aparece un coche por el que todo el mundo está dispuesto a matar, uno que en el maletero oculta los cadáveres radioactivos de unos extraterrestres. Otto decidirá hacerse con el, cueste lo que cueste.
Pues mira que puse toda mi atención... pero nada, me sigue pareciendo una peli aburrida, con una historia tontaina que se desarrolla pesadamente, sin rumbo. Incluso los diálogos, que tienen fama de ingeniosos, me sonaron a ristra de chorradas. Así que, confirmado, no me mola "Repo Man". Al final, lo único que me produjo algo de gustirrinín fue, tal y como pasó cuando la consumí siendo chaval, toda la parte "punkista", es decir, la banda sonora. Oír el "Coup D´Etat" de los "Circle Jerks" y verlos interpretando graciosamente una versión "loungue" de su "When the shit hits the fan" vestidos con traje de Domingo. Lo demás, comida pa los cerdos.
A partir de "Repo Man", la carrera de Alex Cox fue desinflándose de manera exponencial. Se metió demasiado en el papel de anarquista / anti-sistema / anti-hollywood y comenzó a encadenar cagada tras cagada. Fracaso tras fracaso. Tal vez el más gordo fuese no aceptar la oferta para dirigir "Robocop" por considerarla fascista!!!. Gesto este que dice mucho de su poca imaginación y limitado talento cuando, en manos de Paul Verhoeven, un director igual de radical políticamente, sino más, se convirtió en una auténtica obra maestra, un blockbuster transgresor que hacía chufla / parodia inteligentemente de todo ese supuesto fascismo de chichinabo propio de los actioners de la década. Por algo Verhoeven es un grandísimo cineasta y Cox... bueno, es lo que es. Acabó poniendo el ojete con "El ganador", peli en la que cedió a los designios comerciales de Hollywood para fracasar a lo bestia y, no solo arrasó con su propia carrera, también con la de Rebecca DeMornay, protagonista, productora e impulsora del proyecto. 
A raíz de la una nueva colaboración entre Cox (dirigiendo) y los "Circle Jerks" en 1995 para el vídeo de "I wanna destroy you" (el gran regreso del combo tras varios años en la inopia), se habló de una secuela legítima de "Repo man" en la que iba a intervenir de la banda, así como dos supervivientes del film original, el prota Emilio Estevez y Harry Dean Stanton. Pero no prosperó. En 2009 un insistente Alex Cox decide hacerla a lo pobre, tirando de cromas cutres y con los actores/amigos disponibles. La titula "Repo Chick" y el resultado es.... muy lamentable, ciertamente.
Hoy por hoy Alex Cox se dedica a la enseñanza audiovisual y dirige películas hechas con sus estudiantes. 

miércoles, 15 de mayo de 2013

EL ÚLTIMO DESAFÍO

"Los Mercenarios" devolvió a (pseudo) primera plana a los héroes del cine de acción de los 80, incluso los 90, demostrando que con sentido del humor y tácticas -más o menos- de la vieja escuela, podían llenar las salas de culos en sus butacas. Lo malo es que en parte todo aquello fue un espejismo. Se trataba de un gran concepto, y conectó con el público, verlos juntos de nuevo resultaba regocijante, entrañable y, ¿por qué no?, sanamente nostálgico. Ahora bien, ¿¿alguien pagaría por consumirlos en vehículos para lucimiento individual??, eso ya era otro cantar. Reunirlos a todos tenía algo de novedoso, lo demás, era más de lo mismo, y a las pruebas me remito. Tanto el intento de Sylvester Stallone como el ahora comentado, con Arnold Schwarzenegger, se saldaron con notorios fracasos. ¡Que tiempos aquellos en los que los nombres de Sly y Arnie bastaban para formar colas en las taquillas!.
Y es que nadie duda que Arnold regresó animado por el éxito de "Los Mercenarios" y del aparente buen recibimiento que tuvo su reaparición en las pantallas. A la hora de enfrentarse a "El último desafío" ("The last stand" en USA), su vuelta oficial, el musculado abuelete (y lo de abuelete no lo digo por decir, hay planos en los que se le ve realmente chocho) iba a tirar de idéntica fórmula que con la peli coral, es decir: cierta recuperación del cine de acción de hace tres décadas, pero pasándolo por el filtro del humor, la auto-parodia y una violencia en apariencia gráfica y colorista, pero parapetada por cierto tono bufo y gran guiñolesco con fines edulcorantes. El verdadero problema aquí fue, creo yo, el trailer, algo engañoso y confuso. A mi me echó para atrás, así se lo digo. ¿Por qué?, porque todo apuntaba que la película prefería aferrarse a la casi-comedia antes que a un tono más serio, que el goteo de bromitas auto-referenciales (sobre todo, con respecto a la edad de su prota) sería continuo y, peor aún, que el cargante Johnny Knoxville iba a ser la inevitable comparsa cómica durante toda la proyección... y yo eso, amigos, no lo puedo sufrir. Sin embargo, vista la peli de cabo a rabo, puedo afirmar que la cantidad de elementos incordiantes, aún estando bien presentes, son bastante menos de lo esperado.
La historia no tiene mayor complicación. Arnold Schwarzenegger interpreta al sheriff de un tranquilo pueblo fronterizo en el que nunca pasa nada. Un día, un importante narcotraficante mexicano escapa de las garras del FBI y decide cruzarlo para pasar al país vecino. Arnold se entera de ello y decide pararle los pies cueste lo que cueste, tarea difícil si tenemos en cuenta que el muchacho viene acompañado de todo un ejército de profesionales dispuesto a allanarle el camino.

Como digo, sí, hay humor, sí, hay chistes a costa de Arnie y, sí, está Johnny Knoxville dando la chapa. Pero menos. De hecho, en general, y sobre todo durante su primera hora, resulta ser un thriller bastante formal, entretenido y bien desarrollado, con algunas secuencias de acción notorias, no demasiado abuso de CGI y, más sorprendente aún, un Schwarzenegger que no es, ni por asomo, prota total y absoluto. Para empezar, los agentes del FBI, y en concreto Forest Whitaker, se comen un buen cacho de esa primera hora. Y para cuando el sheriff entra en acción, viene acompañado de un entregado grupito de ayudantes que le cubren las espaldas. Vamos, un poco como lo que le ocurría a Stallone en la cuarta "Rambo". Acostumbrados a verlos en sus buenos tiempos como casi superhéroes capaces de valerse por si solos con una pistola y un tirachinas, no deja de ser chocante encontrártelos ahora formando parte de un equipo. El verdadero lucimiento del agüelo lo reservamos para el final (bastante más desmadrado y humorístico), cuando se las vea cara a cara con el malo de la función y protagonicen una sangrante y brutal pelea cuerpo a cuerpo que duele. 
De entre medias, pues sí, algo de gore (my cartoon, todo hay que decirlo), algunos chistes bastante graciosos, momentos confeccionados para el puro disfrute de plateas chillonas y, en general, un tono de western moderno voluntaria y desacomplejadamente festivo y tontaina. Sus responsables saben que están pariendo un producto totalmente intrascendente con el único fin de entretener, y lo hacen con gusto. ¿Que si lo consiguen?, pues bastante. No es para echar cohetes, ni tampoco para comprársela en dvd, pero sí para ver una vez y pasar un buen rato.
En el florido reparto, y junto a los mentados, nos encontramos con Eduardo Noriega haciendo de malo (¿se dobla él mismo?, porque si es así, lo hace con el culo!!!), el gran Peter Stormare, Luis Guzmán, la compañera de "Thor" Jaimie Alexander y Harry Dean Stanton en su habitual rol hiper-secundario.
Se trata de la primera peli yankee del asiático Jee-woon Kim, especialmente conocido por "El bueno, el malo y el raro" y sobre todo "Encontré al diablo", pero después del poco éxito, ya veremos si le dejan hacer otra.

lunes, 11 de mayo de 2020

ATRAPADA ENTRE DOS HOMBRES

John Cassavetes dejó muchos proyectos sin realizar antes de su muerte. De hecho, “Atrapada entre dos hombres” (estúpido título castellano para “She’s so lovely”) es una película que a finales de los 80 tenía previsto rodar con Sean Penn, pero justo antes de ponerse manos a la obra, Cassavetes fallecía aquejado de una cirrosis hepática.
El guion se quedó aparcado entre tantos otros proyectos durante más de diez años durante los cuales, Nick, el hijo de John, se forjaba como cineasta. Debutó en el cine con la su primera película, “Volver a vivir” para después pasar a formar parte de la escudería de Miramax y rodar “Atrapada entre dos hombres” bajo el auspicio de los hermanos Weinstein que en principio recibieron el proyecto con los brazos abiertos.
Nick Cassavetes, ofreció rodar la película a Sean Penn, que iba a haberla protagonizado con su padre y este aceptó de buen grado, aunque debían esperar que su agenda le permitiese poder incorporarse al rodaje. Entre tanto, Nick, adaptaba el guion al temperamento de los 90 y reescribia parcialmente algunas cosillas.
Un matrimonio un tanto desarraigado con claras muestras de trastorno mental por parte de ambos, se quiere con locura. Pero él es un estafador y suele desaparecer de casa por periodos largos de tiempo durante los cuales, debido a los celos y la impotencia, ella entra en crisis consumiendo alcohol sin medida. En una de estas, un buen día, se pondrá a tontear con el vecino que, emborrachándola, intenta tener sexo con ella. Esta al  negarse, recibe una paliza. Esa misma noche regresa su marido y verá que su mujer tiene la cara golpeada y, aunque ella le dice que esos golpes son consecuencia de una caída, al día siguiente él se imagina que ha sido cosa del vecino y entrará en una crisis esquizofrénica que propiciará que, enloquecido y buscándole para matarle, dispare accidentalmente a un cuidador social que ha acudido tras la llamada de su mujer. Entonces, es detenido e ingresado en  un manicomio. Pasan 10 años y ella ya ha rehecho su vida con otro hombre que la ha convertido en una ama de casa convencional, pese a que ella desde el primer momento le ha dicho que amaba a su marido que estaba ingresado. Sólo que ahora, su marido está recuperado de su enfermedad y ha salido del sanatorio dispuesto a reunirse con su mujer querida, cosa que al actual marido no le parece nada bien. Se complicará la cosa.
“Atrapada entre dos hombres”, que en un principio levantó gran expectación por tratarse de un guion no realizado de John Cassavetes que, por primera vez, iba a ser filmado, fue maltratado por Harvey Wenstein que en ese momento tenía proyectos que le interesaba más mover que esta pequeña película del hijo de Cassavetes, por lo que tras someterle a diversos cortes con el fin de reducir su duración, hizo con la película una autentica escabechina. Y además fue un destrozo en balde puesto que, para cuando la película se fue a estrenar, el desinterés era total y se estrenó en poquísimas salas y sin apenas promoción. Digamos, que destrozó lo que podía haber sido una de las mejores películas de los 90. No obstante, y con ganas de poder ver algún día el corte del director, el resultado no se resiente demasiado en el sentido que estamos ante una película estupenda. “Atrapada entre dos hombres” es una de las historias de amor más bonitas y menos babosas de cuantas he visto, amén de tratarse de una comedia negra, negrísima con momentos verdaderamente hilarantes. Es comenzar su visionado y quedar embobado con esta extraña y divertida historia de gente histérica.
La mano de Cassavetes padre se ve en todo momento, ya sea en el retrato de esos personajes desquiciados, ya sea en la presencia de las enfermedades mentales que solían ser recurrentes en su filmografía, ya sea en su extraña estructura de dos bloques donde predominan las diálogos y donde se dan muy poquitos detalles sobre los personajes.
En España, como todo lo de Miramax de la época, se estrenó en cines, pero el maltrato al que la película fue sometida en los USA, de rebote, alcanzó a la película por aquí también ya que se estrenó deprisa, corriendo, de tapadillo y en apenas un par de semanas de exhibición tan solo llegó a interesar a 149.000 paupérrimos espectadores del año 1998. Después apareció en vídeo de alquiler y ya no ha vuelto ha tener una edición en condiciones, quedando la película, hasta el día de hoy, inédita en DVD en nuestro país. Una autentica pena.
El siguiente paso de Nick Cassavetes, lejos de abrazar el cine independiente, fue abrazarse al sistema de estudios, facturando pequeños bodrietes mainstream como la infame “John Q” o la rematadamente edulcorada “El diaro de Noah”. Volvería a lo independiente con la correcta “Alpha Dog” y después, digamos que Cassavetes se convirtió en un director impersonal que facturaba toda suerte de peliculitas sin ninguna enjundia. No siguió los derroteros marcados por papá.
Junto a Sean Penn, tenemos a su mujer Robin Wrigth, a la que enchufó para la ocasión, un histriónico y descacharrante John Travolta, y las presencias del gran Harry Dean Stanton, Debi Mazan y James Gandolfini
Muy, muy, muy recomendable.