Corría primera mitad de los noventa. Ingenuamente interesado por el, en brevísimo sobreexplotado y desvirtuado, "cine independiente norteamericano", andaba muy enganchado a lecturas como la revista "Film Threat", directores del calibre de Alex Cox (que era inglés, sí, pero ya me comprenden) o Amos Poe y la siempre recurrente, cinematográficamente hablando, estética urbana y decadente transitada por perdedores errantes en busca de una oportunidad. Por eso mismo, el día que leí sobre "Profetas de la carretera" ("Roadside Prophets" 1992) en la mentada publicación, comencé a sentir tembleques. Escrita y dirigida por Abbe Wool, quien había sido pareja sentimental de Alex Cox y es co-autora del guion de la discutible "Sid & Nancy", protagonizada por John Doe (nombre real: John Nommensen Duchac, y anda que no suena bien), actor, cantante y guitarra + bajista de la seminal banda punk "angelina" "X", y, peliculeramente hablando, con toda la pinta de encajar en aquello que ansiaba consumir: Joe, motero de buen corazón, se hace amigo de otro, Dave, recién incorporado a su gris curre en una fábrica. Durante un visita al bar, este le habla de un casino maravilloso donde uno se hace rico y tiene acceso a tías estupendas, situado concretamente en el legendario Eldorado, así todo junto (lugar al que Richard Driscoll dedicó una película entera) Justo entonces, Dave muere electrocutado mientras juega a los marcianitos. A partir de ahí, Joe decide llevar sus cenizas hasta ese supuesto paraíso. Embarcarse en un viaje incierto para localizarlo. Naturalmente, ello desembocará en uno de los formatos predilectos por el cine "indie": la "road movie" de ambientación desértica, con inevitable tufo a "Easy Rider" y, sobre todo, "Paris, Texas", que en "Roadside Prophets" se ve referenciada al incluir al prota de aquella, Harry Dean Stanton, en la banda sonora.
Sin embargo, centrarse en esos datos sería quedarse muy corto. Porque hay mucho, mucho más. "Roadside Prophets" se deja ver, no diré lo contrario, pero al carecer de genuina trama -solo es una acumulación de escenas, en las que el protagonista va conociendo personajes peculiares y viviendo situaciones igualmente nada convencionales- termina siendo un poco coñazo. Esto lo sé ahora, que por fin he tenido oportunidad de verla, porque, aunque sí llegó a España, o nunca la localicé en mis vídeo-clubs (raro considerando que la distribuía MGM) o para entonces todo mi interés se había evaporado, cosa perfectamente posible.
Lo realmente divertido del visionado ha sido, pues eso, ir reconociendo nombres, caras, voces y demás. Un juego que, opino, a poco que sean ustedes unos cinéfilos medianamente curiosos, e interesados por cierta subcultura o contra-cultura a la que el film apela completamente, disfrutarán.
Pero comencemos por el principio, la directora y guionista Abbe Wool. Asumo que "Roadside Prophets" no funcionó ni medianamente, porque jamás retomó las tareas de dirección, limitándose a formar parte de los equipos técnicos en un porrón de títulos más que variados, hasta 2014. Luego desapareció.
El productor, Peter McCarthy, tampoco era manco. Debutó junto a Alex Cox en "Repo Man". Siguió con "No me grites que ya te veo" (vehículo para John Cusack y Tim Robbins en plan pareja cómica), "Voy a por ti" (la "célebre" parodia del "blaxploitation" cortesía de Keenen Ivory Wayans) y lo probó en la dirección. Suyas son "Floundering" (otra con pinta de encajar a la perfección en el molde noventero del cine "indie") o "Death & Taxes" (que puso fin a su carrera en el fatídico 2014). Aunque el ejemplo más raro lo tenemos con "Motín en el planeta prisión", neo-western futurista a mayor gloria de Michael Paré que, por una serie de conflictos varios, McCarthy se vio obligado a co-dirigir.
Justo, en esta última localizamos al director de fotografía de la reseñada, Tom Richmond, ejerciendo como tal. No sorprende que, igualmente, terminaría colaborando con Alex Cox... pero sí nos deja ojipláticos descubrir en su filmografía títulos del "calibre" de "Hard Rock Zombies", "Kill Bots" o "Amityville IV: La fuga del diablo". Un jefe.
"Roadside Prophets" pertenece al catálogo de "New Line Cinema", todavía interesados en apoyar un cine bastante más minoritario a pesar de llevar poco menos de una década petándolo gracias al fenómeno Freddy. Y si la "New Line" de los noventa andaba de por medio, también lo hacía su presidente Bob Shaye. Y quien dice Bob Shaye, dice Lin Shaye, hermana y actriz "nepotista" (hoy día popular por su recurrente rol en la saga "Insidious") que, pal caso, interpreta a una mujer sidosa casada con un hombre canceroso.
Más nombres curiosos: Timothy Leary, famoso defensor de las drogas alucinógenas (quien, graciosamente, se marca un discurso anti-drogas duras), David Carradine pegándose el gusto de cantarnos una canción propia (no olvidemos que darle al estribillo y las cuerdas era su otra gran pasión. Tal vez la primera), John Cusack como alocado revolucionario tuerto, Arlo Guthrie (hijo de famoso cantautor Woody Guthrie), un joven Don Cheadle, el eterno secundario Stephen Tobolowsky y Adam Horovitz, más conocido como uno de los "Beastie Boys" (bajo el nombre de Ad-Rock) Lo cierto es que co-protagoniza el film junto a John Doe en el rol de un chaval desquiciado que, básicamente, persigue al protagonista desesperado por encontrar a sus desaparecidos progenitores. Lo he relegado a este rincón por una cuestión de gustos personales: su personaje resulta de lo más cargante, irritante y agobioso. A mi juicio, uno de los aspectos más flojos del largometraje.
En un momento dado, la pareja aterriza en un pub donde un grupo "lounge" de lo más hortera ("Too Free Stooges") toca una canción romántica. Uno de sus componentes es el omnipresente Flea (de larga y lustrosa carrera musical y cinematográfica) Junto a él dos "crooners", encarnados por un par de personajes sumamente apetitosos. Dick Rude, uno de los más mejores amigos de Alex Cox, actor en sus primeras películas y co-guionista de "Directos al infierno" y Manny Chevrolet, una especie de showman / humorista de segunda. Se convirtió en habitual de la realizadora de video-clips y cortometrajes Modi, una pava surgida del punk que asistió a Penelope Spheeris en el rodaje de "The Decline of Western Civilization", "Los tachuelas" y "Hollywood Vice Squad", donde tenía un papelito junto a su padre, y actor secundario de carácter Ben Frank (pueden verlo también en "Yo soy la justicia") Esa faceta de actriz la continuó explotando para el SOV de culto "Dark Romances" y el célebre punk-film superochero "Lovedolls Superstar" de Dave Markey. Hizo buenas migas con Exene Cervenka, cantante de los mismos "X" donde pululaba John Doe (él y Exene eran pareja), pariendo a pachas el guion de "Bad Day", cortometraje rodado en super 8 a modo de western de espíritu cómico que contaba en el reparto con el mismo Doe y nada menos que Kevin Costner. Así, Modi debutaba como directora. Aunque seguidamente pasaría a centrarse en el videoclipismo, de vez en cuando volvía a las pequeñas ficciones -siempre currando bajo el nombre de su productora "Modivation"- Muchas de ellas vehículos de lucimiento para, justo, Manny Chevrolet (compartiendo plano con otro de los habituales de Modilandia, Henry Rollins) "Rosa Mi Amor" fue el que lo petó más, llevándose varios premios en sendos festivales. Tal vez alguno de ustedes recuerde el monográfico que el programa de "cultura alternativa" del segundo canal de TVE, "Metrópolis", le dedicó a la chica. Tras aquel pequeño subidón, Manny Chevrolet intentó pasarse a la política sin mucho éxito. Y Modi, viendo el aparente fin del negocio musical con la llegada de "Napster", se piró a Texas, fue mamá y abrió una tienda de temática "vintage". Dice que anda currando en una serie formato "streaming", así que no ha dejado del todo las cámaras. Curiosos, pueden visitar su página web.
Efectivamente, la reseña de "Roadside Prophets" era una excusa para hablar de ella.
Pero volvamos al film de Abbe Wool, en plan colofón.
Como ya supondrán a estas alturas, la música tiene un papel preponderante. Aparte de la presencia de los ya mentados Exene Cervenka y John Doe marcándose un par de canciones, localizamos a -inevitablemente- "Beastie Boys", Gary U.S. Bonds, "The Pogues" o "Pray for Rain" -encargándose de la fanfarria incidental-, estos dos últimos muy presentes en el cine de Alex Cox. Aunque, a mi gusto, la guinda la tenemos al final, con una copla bastante guapa canturreada por la reconocible voz rasposa de Keith Morris, vocalista de los míticos "Circle Jerks" -otros Coxistas convencidos- que, pal caso, se parapeta tras el nombre grupal de "Bug Lamp". No es el único "Jerk" que rula por la banda sonora, Zander Schloss, bajista de aquellos, también participa.
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sábado, 29 de junio de 2024
sábado, 17 de septiembre de 2016
CELL
El año 2007 se estrenó una película basada en un relato de Stephen King que, durante una escueta temporada, dio la impresión que iba a devolver el buen nombre como material adaptable al célebre escritor tras su entrañable etapa dorada por allí finales de los 70 e inicios de los 80. Nada, puro espejismo. Estoy hablando de "1408" que recibió la considerable bendición de la taquilla y parte de la crítica. La verdad es que nunca lo entendí, a mi me pareció un mojón aburrido. Sin embargo, desde entonces el film ha ido arrastrando cierto "buen nombre", tal vez por eso, casi diez años después, a alguien se le ocurrió que sería buena idea, y garantía de éxito, rejuntar de nuevo a los dos protagonistas de aquella, John Cusack y Samuel Jackson, en otra adaptación de King. Hablo de "Cell", producto que no habrá copado las expectativas de sus responsables porque a España ha llegado –que yo sepa- directamente vía televisión.
Hacía años que se iba hablando de la traslación a la pantalla de esta especie de "historia de zombies o infectados según la -afectada- visión del padre de "Carrie". Se mentó a Eli Roth como director, pero nada. Y para cuando se pusieron de acuerdo, habían dejado pasar el tren de la irritante y cansina moda zombie, cosa que seguramente les ha perjudicado.
"Cell" no se diferencia nada de cualquier otra peli del estilo. Estalla una plaga que convierte a los seres humanos en muertos vivientes, o infectados rabiosos, o lo que sea, y el protagonista decide cruzar medio país para reencontrarse con su ex y su hijo. Por el camino irá topándose con personajes más o menos carismáticos que se unirán a su aventura. Y, eventualmente, tendrá que enfrentarse a los monstruos de rigor.
El aspecto "original" o diferente reside en el origen de estos últimos. Muy acorde a tiempos modernos, la infección viene vía movil. Una especie de ruido ensordecedor convierte en maníacos incontrolables a todos aquellos que estaban con la oreja pegada al aparato. Un poco también rollo "The Crazies", por aquello de que algunos de ellos ríen histéricamente y se ahostian voluntariamente contra la pared hasta perder los dientes. Además están unidos mentalmente en plan línea telefónica. Se comportan como bandadas de pájaros y abren la boca para soltar graznidos, en plan "La invasión de los ultracuerpos".
Bien, debo reconocer que no encontré "Cell" tan mala como me la pintaron. Sí es cierto que a ratos roza el ridículo (sobre todo en el momento que estalla la infección), en otros se torna trillada (hacia la mitad, cuando los supervivientes se encierran en una taberna británica infestada de peña un tanto peculiar) y al terminar ha dejado algunos cabos sueltos, cerrando la paradita de modo más confuso que clarificador. Todo eso es verdad. Pero también lo es que tiene sus buenos momentos (la brutal incineración del campo repleto de pseudo-zombies en estado catatónico escuchando el famoso "trololo"). Total, que entra más o menos bien, a lo que ayudan sus actores, no ya porque lo hagan de puta madre, sino porque ¿¿a quién no le caen bien Cusack, Jackson y el siempre eficaz Stacy Keach??.
Dirige Tod Williams (responsable también de "Paranormal Activity 2"). En la producción encontramos a Xavier Gens, director de "Frontier(s)" y "Hitman". Stephen King se medio responsabiliza del guión cinematográfico junto a Adam Alleca (autor del libreto del remake de "La última casa a la izquierda"). Y el omnipresente (y omnipesado) Lloyd Kaufman se marca un cameo.
Pasable.
Hacía años que se iba hablando de la traslación a la pantalla de esta especie de "historia de zombies o infectados según la -afectada- visión del padre de "Carrie". Se mentó a Eli Roth como director, pero nada. Y para cuando se pusieron de acuerdo, habían dejado pasar el tren de la irritante y cansina moda zombie, cosa que seguramente les ha perjudicado.
"Cell" no se diferencia nada de cualquier otra peli del estilo. Estalla una plaga que convierte a los seres humanos en muertos vivientes, o infectados rabiosos, o lo que sea, y el protagonista decide cruzar medio país para reencontrarse con su ex y su hijo. Por el camino irá topándose con personajes más o menos carismáticos que se unirán a su aventura. Y, eventualmente, tendrá que enfrentarse a los monstruos de rigor.
El aspecto "original" o diferente reside en el origen de estos últimos. Muy acorde a tiempos modernos, la infección viene vía movil. Una especie de ruido ensordecedor convierte en maníacos incontrolables a todos aquellos que estaban con la oreja pegada al aparato. Un poco también rollo "The Crazies", por aquello de que algunos de ellos ríen histéricamente y se ahostian voluntariamente contra la pared hasta perder los dientes. Además están unidos mentalmente en plan línea telefónica. Se comportan como bandadas de pájaros y abren la boca para soltar graznidos, en plan "La invasión de los ultracuerpos".
Bien, debo reconocer que no encontré "Cell" tan mala como me la pintaron. Sí es cierto que a ratos roza el ridículo (sobre todo en el momento que estalla la infección), en otros se torna trillada (hacia la mitad, cuando los supervivientes se encierran en una taberna británica infestada de peña un tanto peculiar) y al terminar ha dejado algunos cabos sueltos, cerrando la paradita de modo más confuso que clarificador. Todo eso es verdad. Pero también lo es que tiene sus buenos momentos (la brutal incineración del campo repleto de pseudo-zombies en estado catatónico escuchando el famoso "trololo"). Total, que entra más o menos bien, a lo que ayudan sus actores, no ya porque lo hagan de puta madre, sino porque ¿¿a quién no le caen bien Cusack, Jackson y el siempre eficaz Stacy Keach??.
Dirige Tod Williams (responsable también de "Paranormal Activity 2"). En la producción encontramos a Xavier Gens, director de "Frontier(s)" y "Hitman". Stephen King se medio responsabiliza del guión cinematográfico junto a Adam Alleca (autor del libreto del remake de "La última casa a la izquierda"). Y el omnipresente (y omnipesado) Lloyd Kaufman se marca un cameo.
Pasable.
martes, 19 de marzo de 2013
EL ENIGMA DEL CUERVO
La trama propia del artista que con su obra inspira a un asesino a cometer crímenes, lo que lo obliga a ser parte de la investigación, poner en riesgo la vida de sus seres queridos y mantener una relación de odio/caballerosidad con el psicópata de rigor quien, finalmente, acaba muriendo en sus manos, está más vista que el tebeo. Se han hecho tropecientas pelis partiendo de esa base... pero valerse de un personaje real, y una obra real, es un recurso algo menos explotado. En el caso de "El enigma del cuervo" ese personaje no es otro que el maestro de la literatura de horror Edgar Allan Poe (que, en la vida real, también inspiró con su obra un montón de crímenes... solo que de orden cinematográfico), interpretado bastante bien (aunque algo dado al histrionismo) por el simpático John Cusack.
Curiosamente, no es la primera vez que se convierte al autor de "El pozo y el péndulo" en el prota/héroe de una ficción, hay unas cuantas muchas, aunque la que me vino a la cabeza viendo "El enigma del cuervo" fue la ultra-decepcionante "El espectro de Edgar Allan Poe", del año 1974 y luciendo una caratula vhs-era estupenda, que finalmente resultó ser un tochazo de mucho cuidado únicamente destacable por el extraño nombre del director, Mohy Quandour.
En su momento, Poe fue encontrado muerto en el banco de un parque y la peli usa esa excusa para tejer toda una trama que incluye, cómo no, el riguroso suicidio heróico y por amor (aaaro!) del escritor. Naturalmente, siendo un producto mil por mil Hollywoodiense, la imagen que se da de Edgar Allan Poe dista un poco de ser negativa o totalmente oscura. Sí, era un excéntrico egomaníaco, pero simpático. Sí, era un borracho, pero sin pasarse (cuando se sabe a ciencia cierta que al muchacho le gustaba más empinar el codo que a mi eyacular, que dicho vicio contribuyó a muchas de sus ideas más macabras y que, seguramente, también tendría que ver con su fatal desenlace). Obviamente, sin ser Cusack un guaperas, tampoco es tan feo como era Poe en la realidad. Y, ya puestos, pongámosle una novia que está requeterica y que, inevitablemente, será el verdadero motor de todo lo que ocurra. En un último apunte muy made in Hollywood, cabe resaltar que según "El enigma del cuervo", Poe se consideraba a sí mismo poeta y no era muy feliz escribiendo relatos de horror, cosa esta que hacía únicamente por dinero y para saciar la sed de sangre de una plebe ignorante. Encima, dicha tarea no le aportaba más que desgracias, tormento e infelicidad. ¿Qué nos está queriendo decir Hollywood con ello?.... ¿lo mismo que cada dos por tres nos demuestran George Romero, Wes Craven, Tobe Hooper o Sam Raimi? (sin querer decir que estos y el escritor compartan capacidades). En fin, todo muy mainstream, todo muy standard... y aquí incluyo la eficacia de la peli.
A pesar de la parrafada, "El enigma del cuervo" no está tan mal. Muy bien ambientada y con ese "savoir faire" tan plano pero efectivo de todo producto medio americano, funciona como entretenimiento nocturno, es llevadero, no ofende demasiado (a pesar de un final un poco asá) y se ve con la misma facilidad con la que se olvida. En manos de otro director, sería una tragedia, pero no parece que sus responsables quisieran pasar a la historia del cine con su apuesta y, en ese sentido, la movida les ha salido bordada.
Curiosamente, no es la primera vez que se convierte al autor de "El pozo y el péndulo" en el prota/héroe de una ficción, hay unas cuantas muchas, aunque la que me vino a la cabeza viendo "El enigma del cuervo" fue la ultra-decepcionante "El espectro de Edgar Allan Poe", del año 1974 y luciendo una caratula vhs-era estupenda, que finalmente resultó ser un tochazo de mucho cuidado únicamente destacable por el extraño nombre del director, Mohy Quandour.
En su momento, Poe fue encontrado muerto en el banco de un parque y la peli usa esa excusa para tejer toda una trama que incluye, cómo no, el riguroso suicidio heróico y por amor (aaaro!) del escritor. Naturalmente, siendo un producto mil por mil Hollywoodiense, la imagen que se da de Edgar Allan Poe dista un poco de ser negativa o totalmente oscura. Sí, era un excéntrico egomaníaco, pero simpático. Sí, era un borracho, pero sin pasarse (cuando se sabe a ciencia cierta que al muchacho le gustaba más empinar el codo que a mi eyacular, que dicho vicio contribuyó a muchas de sus ideas más macabras y que, seguramente, también tendría que ver con su fatal desenlace). Obviamente, sin ser Cusack un guaperas, tampoco es tan feo como era Poe en la realidad. Y, ya puestos, pongámosle una novia que está requeterica y que, inevitablemente, será el verdadero motor de todo lo que ocurra. En un último apunte muy made in Hollywood, cabe resaltar que según "El enigma del cuervo", Poe se consideraba a sí mismo poeta y no era muy feliz escribiendo relatos de horror, cosa esta que hacía únicamente por dinero y para saciar la sed de sangre de una plebe ignorante. Encima, dicha tarea no le aportaba más que desgracias, tormento e infelicidad. ¿Qué nos está queriendo decir Hollywood con ello?.... ¿lo mismo que cada dos por tres nos demuestran George Romero, Wes Craven, Tobe Hooper o Sam Raimi? (sin querer decir que estos y el escritor compartan capacidades). En fin, todo muy mainstream, todo muy standard... y aquí incluyo la eficacia de la peli.
A pesar de la parrafada, "El enigma del cuervo" no está tan mal. Muy bien ambientada y con ese "savoir faire" tan plano pero efectivo de todo producto medio americano, funciona como entretenimiento nocturno, es llevadero, no ofende demasiado (a pesar de un final un poco asá) y se ve con la misma facilidad con la que se olvida. En manos de otro director, sería una tragedia, pero no parece que sus responsables quisieran pasar a la historia del cine con su apuesta y, en ese sentido, la movida les ha salido bordada.
martes, 26 de agosto de 2008
LA VIDA SIN GRACE
Sé que esta no es precisamente el tipo de película de la que suelo hablar. Pero, por una vez, me perdonaréis si le dedico unas líneas a este drama intimista que vi ayer noche y me sorprendió mucho y muy gratamente (y si no me perdonáis, ¡¡que os den!!, por supuesto).
John Cusack está co-jo-nu-do como estricto padre de familia cuya mujer, soldado sirviendo en Iraq, fallece durante el combate. El tipo tiene dos hijas, y no sabe como darles la temible noticia. Decide romper con su delimitada existencia llevándose a las crías a una excursión improvisada, durante la que cambiarán algunas cosas.
Se trata de un film increíblemente comedido. Sin sensiblerías, ni ñoñerías... o por lo menos no tantas como solemos ver en Hollywood. Es tierno, pero no baboso. Es triste, pero en cambio te deja un regusto positivo. Su crítica al conflicto bélico es sutil, sin estridencias ni moralina. Y su desenlace directo, conciso, coherente y buenísimo.
Una gran película a la que una banda sonora firmada nada menos que por ese monstro del cine que es Clint Eastwood pone la guinda final.
martes, 2 de diciembre de 2025
REBELIÓN EN LAS ONDAS
Tras el desbarajuste sufrido en 1980 con la película “Times Square” (secuestrada por los productores e inacabada por el director), Allan Moyle se retira de la dirección de manera en principio permanente. No es hasta diez años después que, tras la escritura de un guion destinado a ser vendido a alguna productora indie para ser dirigido por vete tú a saber quién, Moyle se pone de nuevo tras las cámaras.
No fue fácil, el hombre se negaba en rotundo a volver a revivir el pifostio de su película ochentera, pero no pudo rechazar una oferta ofrecida por "SC Entertainment", compañía independiente del Canadá, que prácticamente convence al realizador para que dirija su guion. Y accede, y rueda una película al servicio de un emergente Christian Slater —la primera opción de cast fue John Cusack, quien tuvo buen ojo y rechazó el papel— que termina siendo un rotundo fracaso financiero, esta “Rebelión en las ondas”.
Sin embargo, se trata de una película a todas luces estimable que cosecha un buen puñado de críticas positivas, premios en festivales de cine independiente, incluso es alabada por Ebert y Siskel que la ponen como ejemplo de película fracasada que merece una segunda oportunidad.
Pero después de eso, nada, ni siquiera genera culto. Se distribuye malamente en vídeo y se queda dando vueltas en un limbo del que difícilmente saldrá. “Rebelión en las ondas” es una de esas películas olvidadas que merecen una revisión y, tal vez, una reivindicación… o tal vez no, porque, datada en 1990, quizás en pleno 2025 resulta tremendamente ingenua y anticuada, y es que la tecnología ha avanzado tanto en los últimos treinta años, que las formas de comunicación sobre las que versa la cinta a día de hoy no solo se han quedado obsoletas, sino que, además, son incomprensibles para cualquier espectador menor de 20 años, rango de edad al que la película va destinada.
Resumiendo; “Rebelión en las ondas” se ha quedado tremendamente vieja, casi naíf.
No recuerdo un estreno en salas de la película, ni recuerdo ver copias en ninguno de los videoclubs que yo frecuentaba en el año 1991, pero la pusieron en "Canal +" y, casi de casualidad, la vi uno de los muchos días que la emitieron. Trataba sobre algo que en la época me apasionaba como eran las emisiones de radio pirata, y recuerdo que me entusiasmó.
Un joven bastante retraído, recién mudado a un árido pueblo de Arizona, monta una emisora pirata en el sótano de sus padres y, por las noches, emite un programa del todo rompedor y revolucionario. Reflexiona en voz alta, y transgrede soltando sonidos de pedos o simulando masturbaciones, además de pinchar temas controvertidos de punk y rap, por lo que se granjea un buen número de seguidores en la zona. Su feliz hobby se complicará en el momento que un oyente le llama en directo anunciando que se va a suicidar. O cuando le da por denunciar toda suerte de corruptelas entre el profesorado del instituto. Generará, como bien dice el título español (el americano es “Pump Up The Volume”, “Sube el volumen”), una auténtica revolución en las ondas.
Hacía muchos años que no veía esta película y el recuerdo era dulce. Anoche la volví a ver y, bueno, sin que me desagrade del todo y, pareciéndome a rasgos generales una buena cinta, sí me pareció tonta, como para niñas… y es que, claro, no es lo mismo ver “Rebelión en las ondas” en los 90 cuando se tienen 14 años, que en 2025 cuando se tienen ya 50, poca capacidad de concentración y la sensación de que, a uno, cada vez más, le gustan menos las películas.
Al margen de eso, no deja de parecerme curioso que es una película sobre un influencer que la lía parda… uno de los 90. Solo que en lugar de hacerlo a través de "TikTok" y para una audiencia mundial, lo hace montando un tinglado cojonudo de radiofrecuencias para emitir en un radio de apenas unos kilómetros, en lo que entonces se conocía como radio pirata. Explíquenle a sus sobrinos, hijos o nietos, qué era aquello y para qué servía.
Y encima, acaba en la cárcel.
En el reparto, además de Christian Slater, que arrastraba terribles problemas de alcoholismo ya por aquel entonces, tenemos a la que era su novia en aquel momento, Samantha Mathis, y a la entrañable "Audrey" de “La tienda de los horrores”, Ellen Green, que se marca un papel de lo más insulso y anecdótico.
Por otro lado, Moyle, fan hasta la médula de “American Graffiti”, tanteó a su ídolo George Lucas con el fin de que la producción lo contratase como asesor y supervisor. Y Lucas estuvo a punto de aceptar, pero prefirió producir una película con guion suyo y del director de “Howard, el pato”, también sobre el mundo de la radio, en un fracaso estrepitoso, más malo que pegarle a un padre con un calcetín sudado, titulado “Asesinato en la radio”.
Después de la reseñada, Allan Moyle tuvo un pequeño éxito con otra película sobre la radio, “Empire records”. Y aunque demodé, sosita y anticuada, “Rebelión en las ondas”, es su mejor película.
No fue fácil, el hombre se negaba en rotundo a volver a revivir el pifostio de su película ochentera, pero no pudo rechazar una oferta ofrecida por "SC Entertainment", compañía independiente del Canadá, que prácticamente convence al realizador para que dirija su guion. Y accede, y rueda una película al servicio de un emergente Christian Slater —la primera opción de cast fue John Cusack, quien tuvo buen ojo y rechazó el papel— que termina siendo un rotundo fracaso financiero, esta “Rebelión en las ondas”.
Sin embargo, se trata de una película a todas luces estimable que cosecha un buen puñado de críticas positivas, premios en festivales de cine independiente, incluso es alabada por Ebert y Siskel que la ponen como ejemplo de película fracasada que merece una segunda oportunidad.
Pero después de eso, nada, ni siquiera genera culto. Se distribuye malamente en vídeo y se queda dando vueltas en un limbo del que difícilmente saldrá. “Rebelión en las ondas” es una de esas películas olvidadas que merecen una revisión y, tal vez, una reivindicación… o tal vez no, porque, datada en 1990, quizás en pleno 2025 resulta tremendamente ingenua y anticuada, y es que la tecnología ha avanzado tanto en los últimos treinta años, que las formas de comunicación sobre las que versa la cinta a día de hoy no solo se han quedado obsoletas, sino que, además, son incomprensibles para cualquier espectador menor de 20 años, rango de edad al que la película va destinada.
Resumiendo; “Rebelión en las ondas” se ha quedado tremendamente vieja, casi naíf.
No recuerdo un estreno en salas de la película, ni recuerdo ver copias en ninguno de los videoclubs que yo frecuentaba en el año 1991, pero la pusieron en "Canal +" y, casi de casualidad, la vi uno de los muchos días que la emitieron. Trataba sobre algo que en la época me apasionaba como eran las emisiones de radio pirata, y recuerdo que me entusiasmó.
Un joven bastante retraído, recién mudado a un árido pueblo de Arizona, monta una emisora pirata en el sótano de sus padres y, por las noches, emite un programa del todo rompedor y revolucionario. Reflexiona en voz alta, y transgrede soltando sonidos de pedos o simulando masturbaciones, además de pinchar temas controvertidos de punk y rap, por lo que se granjea un buen número de seguidores en la zona. Su feliz hobby se complicará en el momento que un oyente le llama en directo anunciando que se va a suicidar. O cuando le da por denunciar toda suerte de corruptelas entre el profesorado del instituto. Generará, como bien dice el título español (el americano es “Pump Up The Volume”, “Sube el volumen”), una auténtica revolución en las ondas.
Hacía muchos años que no veía esta película y el recuerdo era dulce. Anoche la volví a ver y, bueno, sin que me desagrade del todo y, pareciéndome a rasgos generales una buena cinta, sí me pareció tonta, como para niñas… y es que, claro, no es lo mismo ver “Rebelión en las ondas” en los 90 cuando se tienen 14 años, que en 2025 cuando se tienen ya 50, poca capacidad de concentración y la sensación de que, a uno, cada vez más, le gustan menos las películas.
Al margen de eso, no deja de parecerme curioso que es una película sobre un influencer que la lía parda… uno de los 90. Solo que en lugar de hacerlo a través de "TikTok" y para una audiencia mundial, lo hace montando un tinglado cojonudo de radiofrecuencias para emitir en un radio de apenas unos kilómetros, en lo que entonces se conocía como radio pirata. Explíquenle a sus sobrinos, hijos o nietos, qué era aquello y para qué servía.
Y encima, acaba en la cárcel.
En el reparto, además de Christian Slater, que arrastraba terribles problemas de alcoholismo ya por aquel entonces, tenemos a la que era su novia en aquel momento, Samantha Mathis, y a la entrañable "Audrey" de “La tienda de los horrores”, Ellen Green, que se marca un papel de lo más insulso y anecdótico.
Por otro lado, Moyle, fan hasta la médula de “American Graffiti”, tanteó a su ídolo George Lucas con el fin de que la producción lo contratase como asesor y supervisor. Y Lucas estuvo a punto de aceptar, pero prefirió producir una película con guion suyo y del director de “Howard, el pato”, también sobre el mundo de la radio, en un fracaso estrepitoso, más malo que pegarle a un padre con un calcetín sudado, titulado “Asesinato en la radio”.
Después de la reseñada, Allan Moyle tuvo un pequeño éxito con otra película sobre la radio, “Empire records”. Y aunque demodé, sosita y anticuada, “Rebelión en las ondas”, es su mejor película.
viernes, 19 de junio de 2015
HOT TUB TIME MACHINE 2
Secuela directa de lo que aquí se llamó “Jacuzzi al pasado”, de la que han pasado ya cinco largos años, y
que repasando precisamente esa reseña, destacaba lo políticamente incorrecto de
los chistes. Bueno, son ya muchos años de comedias yankies, y cinco años desde
que se estrenara aquella, así que el tema de la incorrección y la escatología,
que la hay (y mucha) en esta secuela, ya no me llama tanto la atención.
Tan solo diré que en esta secuela, el sustento y base
principal de la ¿franquicia?, que es John Cusack, desaparece; o no del todo porque su personaje
está bien presente durante toda la película, aunque no aparece más que en un
cameo. También se mantiene el cameo de Chevy Chase, aunque este es bastante más
escueto que en su antecesora.
Para la ocasión, centrándonos en el final de la primera parte,
aquí nuestros protagonistas son famosos, tanto que a uno de ellos se le sube el éxito hasta tal
punto que alguien con una recortada le mata en pleno discurso megalómano. Se
meterán en el jacuzzi del tiempo con el fin de ir al pasado y detener al
asesino, pero por una extraña razón,
aparecen en el año 2025. Resulta que el asesino es alguien del futuro
que ha viajado al pasado para matarlo, así que deberán impedirlo y volver… con
tan mala pata que todavía no existe la sustancia que metida en el jacuzzi permite
los viajes en el tiempo… y la continua alteración de los acontecimientos
cambiarán el rumbo de las cosas tanto en el pasado, como en el futuro, por lo
que el pifostio está servido.
Un poco más de lo mismo de la anterior, pero servido con
menos gracia y salero, en una saga a años luz de “Regreso al futuro”, pero con
las miras demasiado puestas en ella. De hecho, tenemos un par de gags a costa
de las películas de Zemeckis.
No obstante, es una comedia ligera, y por lo tanto, da igual
lo buenas o malas que sean, lo mucho o poco originales que resulten: Siempre
son disfrutables, así pues, pasamos el ratillo tan tranquilamente.
Con lupa están mirando ahora los distribuidores españoles
las comedias americanas que estrenan, ya que aunque en los USA es uno de los géneros
que más millones reporta, en españa no acaba de cuajar el humor americano; en
españa el público no se desplaza al cine a ver una comedia americana. En la
taquilla española, fracasa Will Ferrell, fracasan Seth Rogen, James Franco y Jonah Hill y, en menor medida, fracasan los todopoderosos Ben Stiller y AdamSandler. Y como “Jacuzzi al pasado” no funcionó en la taquilla española como
debería, pues es bastante probable que no se llegue a estrenar en cine. Con
suerte, directamente en DVD y a lo mejor ni eso. Pero no pasa nada; la peli
lleva ya tiempo editada en DVD y Blu Ray en estados unidos, y ya circulan
copias en HD por toda la red como rosquillas. Ergo ¿Qué hacemos? Esperamos a
ver lo hacen en españa con ella? Ustedes sabrán.
En el reparto nombres que más o menos despuntan en los USA
pero que que aquí son completamente desconocidos como los de Craig Robinson
(“Juerga hasta el fin”), Rob Corddry (“Memorias de un zombie adolescente”) y
Clarke Duke (“Mil palabras”)
Dirige Steve Pink, cuyos trabajos más destacables son la
primera parte de esta y “Admitido”.
Entretenidilla, sin más.
martes, 1 de junio de 2010
JACUZZI AL PASADO
Desde "Algo pasa con Mary", aproximadamente, la comedia americana tiene carta blanca para los chistes de pollas y sobretodo lefadas, cosa muy de agradecer para los amantes de los fluidos corporales como elemento cómico. Sin embargo, todos esos gags se han ido mostrados dentro de unos parámetros que, aun políticamente incorrectos, no dejan de ser un tanto sutiles. Hasta ahora, que con esta jodidamente divertida "Jacuzzi al pasado" todo lo que sea sinónimo de buen gusto queda excluido, con un humor basado en chistes de jodienda, sexo bruto y sobretodo de fluidos corporales, siendo las lefadas y los vómitos la punta del iceberg.Ya como elemento secundario, se juega con la nostalgia y algo siempre molón como son los viajes en el tiempo.
Tras un intento frustrado de suicidio, un tipo bastante perdedor toma contacto con sus amigos de toda la vida. Estos, junto con el sobrino de uno de ellos, se lo llevan a un hotel en las afueras con el fin de pasárselo allí como se lo pasaban en la adolescencia y animarle un poco. Tienen en mente un jacuzzi allí dispuesto, con lo que se cargan de alcoholes y drogas para disfrutarlo… pero cerdeando un poco, se les cae entre los cables un bote de "Red Bull" ruso que contiene un extraño fluido prohibido en los USA, por lo que, misteriosamente, viajan en el tiempo hasta 1986. Una vez allí, planean divertirse a tope sin caer en la cuenta de que, si cambian el pasado, el sobrino que les acompaña no llegará a nacer, por lo que tienen que vivir todos los acontecimientos exactamente igual a como lo hicieron en su momento. Por supuesto no harán más que alterarlos, si para bien o para mal es algo que tendréis que descubrir viendo la película.
El caso es que, para los tiempos que corren, si hay un género que no es que sobreviva dignamente, es que supera a los títulos que toma como referencia, es la comedia gamberra. No solo con esta maravilla, el año pasado ya quedé igual de súper satisfecho con "Resacón en Las Vegas". Todo lo contrario a lo que ocurre con otros géneros. Por ejemplo, ayer sin ir mas lejos me pegué una sesión doble en cine, una de risa y otra de miedo (¡no hay mejor forma de pasar la tarde de un Lunes!) y la elegida en el segundo puesto fue "The Crazies", súper aburrida, con poca chicha y clichosa a más no poder, de la que salí bastante agobiado (No obstante, es justo reconocer que la original tampoco era la mojama, precisamente) y aunque en este género también hay grandes sorpresas como "Paranormal Activity" el año pasado, por lo general el terror que se hace hoy día me deja bastante frío. Eso no pasa con las comedias. La americana actual está en plena forma, dándole la vuelta a argumentos más que manidos, pero llevándolo todo al extremo con el fin de causar risa, como en este "Jacuzzi al pasado" que lo consigue con creces, y gracias a unos actores en su salsa que se lo pasan incluso mejor que nosotros.
John Cusack, versátil como siempre y efectivo como pocos, toma el mando protagónico junto con la nueva promesa Clark Duke ("Supersalidos", "Kick-Ass"), Craig Robinson ("The Goods: Live Hard, Sell Hard", "Superfumados") y Rob Corddry ("Semi Pro", "Dos colgados muy fumados: Fuga de Guantánamo") auténtica revelación de la película siendo su actitud "destroyer" el blanco de los mejores chistes.
John Cusack, versátil como siempre y efectivo como pocos, toma el mando protagónico junto con la nueva promesa Clark Duke ("Supersalidos", "Kick-Ass"), Craig Robinson ("The Goods: Live Hard, Sell Hard", "Superfumados") y Rob Corddry ("Semi Pro", "Dos colgados muy fumados: Fuga de Guantánamo") auténtica revelación de la película siendo su actitud "destroyer" el blanco de los mejores chistes.
También se recupera a un envejecido Chevy Chase, venido muy a menos y que no hace ninguna gracia. Es una pena que uno de los grandes aparezca en pantalla y estemos deseando que salga de cuadro porque su presencia estorba.
Dirige Steve Pink, que debutó con su anterior película "Aceptado", con la que suspendió, pero como con "Jacuzzi al pasado" (o su título original "Hot Tub Time Machine", que mola más) ha sacado un sobresaliente, pasa de curso.
Dirige Steve Pink, que debutó con su anterior película "Aceptado", con la que suspendió, pero como con "Jacuzzi al pasado" (o su título original "Hot Tub Time Machine", que mola más) ha sacado un sobresaliente, pasa de curso.
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