En la España de 1980 el fenómeno del vídeo club todavía no estaba instaurado de manera masiva -aunque tampoco tardaría demasiado- y, cuando alguien quería explotar las habilidades de algún humorista en formato largo fuera del ámbito televisivo, una de las opciones consistía en levantar una producción y construir una película a su servicio.
Es por esto que, a imagen y semejanza de lo que unos años después sería habitual en vídeo de la mano de productoras/distribuidoras como Olimpy o Boulevar, se concibe, para total lucimiento del humorista Arévalo y sus chistes, esta “Su majestad la risa” que, por su propia naturaleza y su estructura de programa televisivo de sketchs, pobre como un "homeless", resulta ser una de las películas más extrañas del cine español. Y es rara porque aquí, como si una cinta de casete de gasolinera se tratara, más que la presencia del propio Arévalo, los reyes de la función son los propios chistes. Entonces, la película está estructurada de manera que, mayormente, vamos a escuchar en formato 35 mm los “greatest hits” de Arévalo. Pero sucede una cosa muy curiosa, y es que se recrean diferentes escenarios, no para escenificar chistes, sino para que Arévalo los cuente en distintas atmósferas. Así, tenemos a un anciano (Arévalo disfrazado) que acude a una emisora de radio a contarle chistes al locutor, y esto servirá como nexo de unión para que veamos al cómico en distintos escenarios ataviado con distintos disfraces, contando una y otra batería de chistes. Entonces, si por ejemplo la acción se traslada a una barbería, tenemos a Arévalo en plan barbero, cortándole el pelo a un cliente al que, a su vez, le cuenta unos cuantos chistes. Lo mismo sucede cuando la acción transcurre en una panadería; no se da pie a un chiste ficcionado en torno al lugar, sino que Arévalo cuenta se los cuenta a otro panadero mientras amasan pan. No chistes de panaderos, sino de gangosos, por ejemplo. Y, totalmente surrealista, en una secuencia con su diseño de producción y su vestuario, se sienta a una mesa a varios miembros de un circo (un domador, el jefe de pista, payasos...) para que, desde un atril, un Arévalo disfrazado de mujer les cuente chistes… Un segmento perturbador y sin sentido alguno.
Por supuesto, y como homenaje a los espectáculos de variedades, consciente la producción de que una hora y media de Arévalo se puede hacer un poco paliza, incluye actuaciones musicales de gente que lo petaba en el momento como puedan ser María Jesús y su acordeón, Regaliz o Parchís, que nos ofrecen sus canciones en contextos metidos con calzador en la película. También se nos ofrece un par de numeritos de variedades interpretados en un escenario por la estupenda Mary Santpere. Y poco más…
Sin embargo, el resultado de todo este artefacto es tosco, cutre y desasosegante. El paso de los años puede haber incrementado tal sensación, pero ya en la época esto debía ser un producto menos y sin relevancia alguna, por lo que, en un 1981 en el que la gente iba al cine a tropel, “Su majestad la risa” apenas consiguió reunir 177.000 espectadores (hoy a una comedia española que consiga hacer esos número se la pone un monumento en medio de la plaza del pueblo).
La verdad es que el visionado se hace verdaderamente duro gracias a una dirección que consiste en poco más que dejar una cámara ahí rodando. Y es que el director de este “entretenimiento”, un clásico del cine policíaco de los años 50, Ricardo Gascón, llevaba ya dos décadas sin ponerse detrás de la cámara y está claro que se encontraba algo oxidado, además de intuir que esto era un encargo meramente alimenticio.
Gascón, cuya carrera deambuló entre la dirección y la "ayudantía", no obstante, deja su marca con algunas referencias cinéfilas: el título con el que se bautiza esta colección de chistes es un homenaje directo al film de los años 40 “Su majestad la farsa”, para lucimiento de Eddie Cantor, del mismo modo que, para rellenar metraje, opta por meter una escena en la que algunos personajes van al cine y ven en pantalla el clásico de capa y espada español “Don Juan de Serrallonga”, dirigida en los años 40 por el propio Gascón. Ese momento en concreto es bastante alucinógeno porque, con la excusa de meter a Arévalo en el cine, Gascón recicla aproximadamente 6 o 7 minutos de su vieja película, y la vemos ahí como si nada.
El director fallecería siete años después, con 78 años, siendo este el colofón de su carrera.
Más allá de todo lo comentado, la gracia de “Su majestad la risa” radica en que sus ediciones en vídeo de la época eran la hostia de difíciles de conseguir. Hasta ahora, que alguien ha ripeado la cinta y puesto en circulación en las redes.
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martes, 25 de marzo de 2025
viernes, 22 de marzo de 2013
DIVIERTASE CON NOSOTROS
Cuando nos referimos al Vídeo club, al final este tipo deproductos, son más genuinos, incluso, que las películas. Que si el festival de
chistes, que si el vídeo para lucimiento de algún cómico de la época que si la
revista que ya a mediados de los ochenta empezaba a “ranciear”. Después
vendrían las primeras películas filmadas en vídeo, pero eso sería otra
historia. Pero si, estos si eran productos exclusivos del video club, que
gozaban de tanta popularidad como el estreno de marras.
Y es que este “Diviértase con nosotros”, fue todo un éxito
en lo que por aquél entonces se llamaba “Teatros portátiles” donde se hacían
estas pequeñas revistas que no precisaban de grandes escenarios, triunfando
sobretodo en el teatro chino de Manolita Chen, y no es para menos por el elenco
con el que contaba la obrita… Nada menos que Arévalo, Los Hermanos Calatrava,
Manolo Cal, Florinda Chico y un grupo de
vedettes, intercalando numeritos musicales entre los sketchs que interpretaban
los famosos cómicos. La gracia estaba, en que no solo podíamos verles haciendo
sus shows individuales, si no que podíamos
verles mezclados entre ellos, cosa poco habitual por aquél entonces. Así, pues
la cosa fue un notable éxito, motivo
este por el que esta revista vio la luz en su versión videográfica, que también
se alquiló como rosquillas.
En “Diviertase con nosotros” destacaría los números clásicos
de los hermanos Calatrava ( a los que tras años y años de observación y estudo
AL FIN les veo la gracia y ni me despeino al asegurar que son súper graciosos)
y el momento en el que una de las Vedettes sube al escenario a un pedazo de
subnormal que se pone cachondo, y que a la hora de bailar, vemos un serio
problema de sincronía en él.
A mí la revista, que ya está totalmente extinta y ver una a
estas alturas ya resulta poco menos que anticuado, es un género teatral que me
gusta, así como me gusta el humor de Arévalo y el de los Calatrava (El de
Manolo Cal, sigo todavía sin entenderlo) así que he disfrutado mucho con el
visionado de esta cinta, que reseño aquí, mas como testamento y constancia de
su existencia que por otra casa, pero que si, que está entretenida.
Para incondicionales de la revista de variedades, y
completistas del entrañable sello “Olimpyc vídeo”, que en los ochenta se
atrevió a editar cosas que no se atrevía a editar nadie, y salir airosos del
intento.
lunes, 8 de mayo de 2017
LOS GUSANOS NO LLEVAN BUFANDA
Desde
luego, el interés de esta película radica en lo descabellado y bizarro de su
reparto. ¿A quién se le ocurriría meter en la misma película a Anthony Perkins,
Quique Camoiras, Rody McDowall, José Luis López Vázquez y Beatriz Carvajal?
Pues nada menos que al productor José Frade y al compositor/actor/director
Javier Elorrieta, que estaban convencidos de que, por encima del talento, y con
un pensamiento muy a la americana, lo que prima en el éxito de una película es
el número de estrellas internacionales que contrates para ella, aún estando
estas en decadencia. Con esa premisa rodaron en 1989 “Sangre y Arena” que
cuenta con la particularidad de tener en su reparto a Sharon Stone que aún no
era una súper estrella y con la que ya sonaron campanas en cuanto a su carácter
de mujer caprichosa irracional e insoportable. Y en 1992, disponen todo para
poner en marcha esta “Los gusanos no llevan bufanda”.
Aunque esta
películas con estrellas internacionales probablemente funcionarían bien en el
resto del mundo, ya fuera en ediciones en vídeo, ya fuera en ventas a
televisión, lo cierto es que en España pasaron inadvertidas, si bien es cierto
que, mal publicitadas, y malas como el mismo diablo, lo más probable es que sus
estrenos comerciales en la península importaran un pimiento; no eran esas vías
las que harían que los bolsillos de Frade se llenasen, sino las anteriormente
mencionadas.
Estrenada
internacionalmente con el título de “The Naked Target”, en clara alusión y
explotando el tirón de la saga “The Nuked gun” - “Agárralo como puedas” , “Los gusanos no llevan bufanda” cuenta la historia de un inepto
mensajero neoyorquino que, sin saberlo, es enviado por la CIA a España a una
misión secreta, para la cual se le esposará a la mano un misterioso maletín
metálico. Una vez en España es recibido a tiros, comenzando así una trama
incomprensible, liosa e incoherente que se irá desarrollando entre gags cómicos
de sal gruesa. El tedio más absoluto se apodera del espectador.
Y es que
esta película es una rara avis, quizás, la película más extraña del cine
español. Una mezcla, intuyo que involuntaria, de acción al más puro estilo
americano –pero muy mal rodada- con la comedia española de toda la vida, la de
la pandereta, los cuernos y el esconder al amante dentro del armario.
Para que el
entramado internacional cuadre más, y rodada íntegramente en Madrid, se
soluciona esta papeleta rodando unos planos de Nueva York muy bonitos y
pintones que se colocarán al principio,
durante los títulos de crédito, y así queda cubierta la parte americana de la
película.
Protagonizada,
sin comprender muy bien por qué, por el actor Clayton Rohner, secundario
americano especializado en producciones de serie B, su nombre sonará a amantes
del género de terror al estar su nombre implicado en los repartos de películas
como “Inocentada Sangrienta”, “Lecturas Diabólicas” o más recientemente “The Human Centipede III”,
pero para el resto de los mortales, y más en concreto para el publico del cine
español, un completo desconocido. Rohner encabeza el reparto intentando ser lo
más gracioso posible, sin conseguirlo, y con cara de preguntarse todo el tiempo
qué demonios hace ahí.
Más
decadente resulta la aparición de Anthony Perkins dando vida a una especie de
putero homosexual adicto a los
accidentes de tráfico, con medio cuerpo articulado en plan robot, que va en busca de travestís y que por
motivos meramente cómicos, acaba contratando los servicios de nuestro
protagonista perfectamente disfrazado de mujer por motivos que no vienen al
caso, ni en lo que cuento, ni tan siquiera en la película. Y a pesar de lo
decadente de esta intervención del que fuera antaño Norman Bates en “Psicosis", esta se antoja de largo como lo mejor y más divertido
de la película, lo más desmadrado, y un claro guiño a clásicos de de la serie B
americana como, por poner un ejemplo, “La carrera de la muerte del año 2000”
producida por Roger Corman, en caso de que, efectivamente,
existiera la intención de homenajear por parte del director Javier Elorrieta.
Mucho me temo, que el posible homenaje, sería también involuntario, pero ahí
queda.
Más digno
sería el papel que desempeña Roddy McDowell, que venía directamente del tirón
que el actor adquirió al protagonizar al cazador de vampiros Peter Vincent en
“Noche de Miedo” y que daría vida al contacto español que
capitanea la misión de nuestro protagonista y si bien es cierto que su rol
sería el menos excesivo de toda la película, la cosa se torna bizarra cuando en
la sala de doblaje de la versión española de la cinta se decide que su voz sea
doblada por ¡¡Jesús Puente!! El actor tenía una larga carrera de doblaje a sus
espaldas, pero el tono de su voz y el hecho
de que por aquél entonces gozaba de cierta popularidad por presentar en
televisión diversos programas televisivos, hacen su presencia en la película
demasiado evidente como para que esto no resulte hilarante y, en cierto modo,
incluso ridícula.
Y a todo
este elenco internacional, imagínenselos interactuando con un enloquecido
Quique Camoiras que, sierra mecánica en mano, está a punto de rebanarle los
sesos a Clayton Rohner, o con un José Luis López Vázquez que da vida a un
oficial del ejercito cuya mujer, Beatriz Carvajal, le pone los cuernos, y
creyendo este que el amante de su mujer es el mismo Rohner, la emprende con él a tiro limpio, o con un
Juan Carlos Martín, recién salido de los programas televisivos de Tele Cinco y
que comenzaba con su fallida carrera cinematográfica compartiendo un momento
con Rohner en el que son masacrados a golpe de metralleta en la cornisa de un
edificio. El resultado es del todo hilarante, pero dista mucho de ser de
interés o minimamente divertido, pero si que es una comedia española para nada
convencional. Tampoco es convencional su director, Javier Elorrieta, hijo del
famoso productor José María Elorrieta, y que empezó su carrera como compositor
–suya es la partitura de “Descanse en Piezas” para la
que además hace un papelito- y protagonizó la película “Freddie, El Croupier" , para rápidamente pasarse a la dirección
cinematográfica facturando títulos de cierto prestigio como “La noche de la Ira” , despropósitos deleznables como “Demasiado caliente para ti”
o acabar dirigiendo “Sitcoms” de factura patria que muy bien se podrían reseñar
en este blog como pueda ser “Arévalo & CIA” a mayor gloria del
humorista Arévalo, para acabar sus días en el cine filmando directamente en
vídeo con “Humo y Azar”.
Actualmente,
compagina la dirección por encargo con su tardía carrera paralela como cantante
y de la cual ya cuenta con cuatro discos en el mercado.
Un director
curioso.
viernes, 18 de septiembre de 2015
MACHO PERUANO QUE SE RESPETA

Se trata de la primera película a mayor gloria de este
cómico y todo un éxito de masas en este país congregando a más de 200.000
espectadores en 2015. El éxito del año en Perú. 200.000 espectadores en un país
como Perú, es toda una cifra.
“Macho Peruano que se respeta” sería el cine mainstream de
allí. Conocemos el lado marginal de la serranía indígena con el “Cine Regional
Peruano” que por otra parte, son los que tocan el género del terror como
buenamente pueden, conocemos el cine de acción de ese país con “La gran sangre”, pero no dejan de ser películas minoritarias para un público
prácticamente casual.
Al igual que en Republica Dominicana, la Peruana –si obviamos
esas co-producciones con España más destinadas al público gafapasta español que
al público de corte popular Peruano con títulos como “La teta asustada” o “No
se lo digas a nadie”- es una cinematografía relativamente nueva que va
evolucionando gracias a la tecnología digital que permite que países mas pobres
rueden con menos medios, pero claro, no tienen ni idea de contar una historia
y, mucho menos, de rodarla.
Así este gran éxito, que radica básicamente en ver a la gran
pantalla a Carlos Vilchez, haciendo sus chascarrillos y cucamonas es un
desbarajuste argumental carente de ritmo en el que vemos a una serie de
simpáticos personajes corriendo hacia arriba y hacia abajo, pero en realidad no
sabemos que es lo que está pasando. Luego, cuando uno consulta sinopsis, se da
cuenta de que en realidad, no hay una historia desarrollada. Ni falta que les
hace.
Cuenta como un mecánico de ciudad se pavonea con eso de ser
el machito del barrio, y mientras alardea de que “un macho que se respeta”
nunca se enamora, este cae en las garras de una muchachita de buen ver que le
pega bastante poco. Y no hay más. A eso añadan la ingenuidad propia de las
comedias latinoamericanas, que acaban siendo románticas y de lo más
tontorronas, por no hablar de la blancura de su humor. Cine para todos los
públicos que en Perú funciona. Punto.
Lo que me resulta curioso es comprobar, como todas estas
cinematografías emergentes de la América de habla hispana, aún cambiando de
país y separados por miles de kilómetros, son tan similares entre si. En cada
país funciona exactamente lo mismo, el humor tonto y blanco, la verborrea fácil
y ágil del cómico de turno y las subtramas amorosas imposibles.
Por lo demás, el pulso narrativo, el ritmo, la dirección y
el montaje de “Macho Peruano que se respeta”, chirrían por todos lados.
Eso si, el HD le procura una bonita fotografía y apariencia
de gran producción. En este caso los colores se acentúan haciéndoles vestir a
los actores con los colores mas vivos posibles, lo que contrarresta con lo
hechas polvo que están las calles del lugar donde se rodó.
Dirige el cotarro, Carlos Landea.
Decir, de paso, que no hay existencia alguna, ni del
director, ni de los actores en Imdb. Así de emergente es la cinematografía
Peruana.
martes, 7 de enero de 2025
OLIMPIADA HUMORÍSTICA
En la era dorada del video-club, cuando en tan añorados establecimientos había cabida para toda suerte de productos susceptibles de ser alquilados, eran habituales las cintas dedicadas al humorismo, el teatro y la revista. "Olimpy Vídeo" se podía llevar la palma en cuanto a lanzamientos al servicio de personalidades tremendamente populares, pero, en las estanterías del fondo, en esa sección en la que las caratulas cogían polvo, se amontonaban los títulos de la distribuidora "Boulevar" que, lejos de distribuir cintas para el lucimiento de los más populares humoristas, solía sacarlas de cómicos de provincias más desconocidos o directamente locales. Algunas contaban en sus filas con humoristas verdaderamente raros y desconocidos que, a día de hoy, se convierten en auténticos descubrimientos. Iremos reseñando por aquí, de vez en cuando, algunas de ellas.
Sin embargo, "Boulevar" contaba también con vídeos al servicio de humoristas medianos, más populares para el gran público, pero no a la altura de los todopoderosos Pajares y Esteso o Juanito Navarro y Antonio Ozores, como es el caso del individuo al que está dedicada esta cinta, “Olimpiada humorística”: Manolo de Vega.
A Manolo de Vega ustedes, igual que yo, lo conocen de la época de los 90, cuando en un pico de popularidad pudimos verle a diario, a la hora de comer, como parte del elenco fijo de humoristas de la primera etapa del mítico programa televisivo “No te rías que es peor”. Se prodigaba como un cuentachistes de los de toda la vida que, entre personalidades como la de Pedro Reyes o Marianico el corto, lo cierto es que no destacaba demasiado. Pero Manolo de Vega, que empezó su andadura como cantaor flamenco y en un principio se hacía llamar Fosforito de Valladolid (ya que era pucelano y no andaluz como muchos pensábamos) comenzó, como tantos de los que se dedicaban al humor en los 70 y 80, contando chistes por accidente, cuando fue requerido para homenajear al cómico Joe Correira, fallecido en la década del funk, contando unos en su honor. Y tuvo más éxito con los chistes que con su cante jondo —pizca más o menos lo que le sucedió a Eugenio—. Más tarde, se hizo popular a nivel nacional apareciendo en el programa de Iñigo y no le faltaría el trabajo hasta bien entrados los dosmiles. Pero su época de bonanza serían precisamente los 80, década en la que apareció el vídeo que nos ocupa.
Sin embargo, Manolo de Vega, más que por su humor, se hizo popular en el terreno de la prensa rosa. Ya en los 80 se especulaba con que era un mujeriego con hijos de varias mujeres, que llevaba una vida llena de derroche y excesos, e incluso se le llegó a acusar de maltratador. En los dosmil se arruinó y, víctima de una diabetes en estado muy avanzado, tuvieron que amputarle las dos piernas, lo que le retiró de los escenarios, falleciendo en la miseria en 2015.
Esta “Olimpiada humorística” aparecía en vídeo en 1984, en la época de mayor esplendor del humorista. También es un legado para estudiosos de la comedia española porque la cinta, al final, es un compendio de lo mejor del repertorio del artista y está compuesta por dos o tres baterías de chistes (que a veces De Vega entrelaza entre sí muy a la americana y rozando el monólogo a la stand-up), otro par de gags escenificados en forma de sketch, otro tanto de cante jondo y su celebrada imitación de Eugenio, su humorista favorito.
Lo bueno es que, con toda la perspectiva, la cinta sirve para ver que, quizás, Manolo de Vega ocupaba el lugar que merecía en el mundo del espectáculo, el del medio, ya que al final es un tipo que se nutría de chistes y tics propio de sus coetáneos (hace de gangoso o pasota como Arévalo, muecas como Paco Calatrava o canta como Manolo Caracol) pero que, visto lo visto, y teniendo en cuenta la caterva de humoristas jóvenes de hoy en día con un acercamiento al stand up americano que, pese a tener un nicho de público bastante amplio, en realidad practican un humor mediocre, clasista y condescendiente que no me interesa en absoluto, Manolo de Vega era un individuo que sabía marcar los tempos, contar los chistes y, en definitiva, a poco que tengamos tolerancia con la ranciedad inherente al humorismo de esta época —precisamente “No te rías que es peor” marcó su final ya que, en 1995, el director general de "Radio Televisión Española", Jordi García Candau, retiraba de la parrilla televisiva un espacio que, según este, era claramente fronterizo con el mal gusto—, nos sabrá sacar una sonrisilla y conseguirá captar nuestra atención. No era tan de tercera Manolo de Vega y este tosco y chabacano vídeo de “Olimpiada humorística” da buena fe de ello.
No ha estado mal verlo por primera vez en pleno siglo XXI.
Sin embargo, "Boulevar" contaba también con vídeos al servicio de humoristas medianos, más populares para el gran público, pero no a la altura de los todopoderosos Pajares y Esteso o Juanito Navarro y Antonio Ozores, como es el caso del individuo al que está dedicada esta cinta, “Olimpiada humorística”: Manolo de Vega.
A Manolo de Vega ustedes, igual que yo, lo conocen de la época de los 90, cuando en un pico de popularidad pudimos verle a diario, a la hora de comer, como parte del elenco fijo de humoristas de la primera etapa del mítico programa televisivo “No te rías que es peor”. Se prodigaba como un cuentachistes de los de toda la vida que, entre personalidades como la de Pedro Reyes o Marianico el corto, lo cierto es que no destacaba demasiado. Pero Manolo de Vega, que empezó su andadura como cantaor flamenco y en un principio se hacía llamar Fosforito de Valladolid (ya que era pucelano y no andaluz como muchos pensábamos) comenzó, como tantos de los que se dedicaban al humor en los 70 y 80, contando chistes por accidente, cuando fue requerido para homenajear al cómico Joe Correira, fallecido en la década del funk, contando unos en su honor. Y tuvo más éxito con los chistes que con su cante jondo —pizca más o menos lo que le sucedió a Eugenio—. Más tarde, se hizo popular a nivel nacional apareciendo en el programa de Iñigo y no le faltaría el trabajo hasta bien entrados los dosmiles. Pero su época de bonanza serían precisamente los 80, década en la que apareció el vídeo que nos ocupa.
Sin embargo, Manolo de Vega, más que por su humor, se hizo popular en el terreno de la prensa rosa. Ya en los 80 se especulaba con que era un mujeriego con hijos de varias mujeres, que llevaba una vida llena de derroche y excesos, e incluso se le llegó a acusar de maltratador. En los dosmil se arruinó y, víctima de una diabetes en estado muy avanzado, tuvieron que amputarle las dos piernas, lo que le retiró de los escenarios, falleciendo en la miseria en 2015.
Esta “Olimpiada humorística” aparecía en vídeo en 1984, en la época de mayor esplendor del humorista. También es un legado para estudiosos de la comedia española porque la cinta, al final, es un compendio de lo mejor del repertorio del artista y está compuesta por dos o tres baterías de chistes (que a veces De Vega entrelaza entre sí muy a la americana y rozando el monólogo a la stand-up), otro par de gags escenificados en forma de sketch, otro tanto de cante jondo y su celebrada imitación de Eugenio, su humorista favorito.
Lo bueno es que, con toda la perspectiva, la cinta sirve para ver que, quizás, Manolo de Vega ocupaba el lugar que merecía en el mundo del espectáculo, el del medio, ya que al final es un tipo que se nutría de chistes y tics propio de sus coetáneos (hace de gangoso o pasota como Arévalo, muecas como Paco Calatrava o canta como Manolo Caracol) pero que, visto lo visto, y teniendo en cuenta la caterva de humoristas jóvenes de hoy en día con un acercamiento al stand up americano que, pese a tener un nicho de público bastante amplio, en realidad practican un humor mediocre, clasista y condescendiente que no me interesa en absoluto, Manolo de Vega era un individuo que sabía marcar los tempos, contar los chistes y, en definitiva, a poco que tengamos tolerancia con la ranciedad inherente al humorismo de esta época —precisamente “No te rías que es peor” marcó su final ya que, en 1995, el director general de "Radio Televisión Española", Jordi García Candau, retiraba de la parrilla televisiva un espacio que, según este, era claramente fronterizo con el mal gusto—, nos sabrá sacar una sonrisilla y conseguirá captar nuestra atención. No era tan de tercera Manolo de Vega y este tosco y chabacano vídeo de “Olimpiada humorística” da buena fe de ello.
No ha estado mal verlo por primera vez en pleno siglo XXI.
lunes, 30 de diciembre de 2019
LOS OBSEXOS
Muchas veces achaco el gusto por un tipo de productos que ya
huelen a rancio a la nostalgia, a redisfrutar de aquello que tanto me gustaba
cuando era mozo. Pero va a ser que no, va a ser que es que traigo el gusto
estropeado de serie. Y es que de la etapa de producciones destinadas al mercado
del vídeo de mi admirado Mariano Ozores, yo creía ya haber visto todo, pero
resulta que no, que esta “Los Obsexos”, por los motivos que fueran, no la había
visto nunca. Y yo convencido de que sí…
El caso es que, también por motivos que no vienen al caso,
me pongo a ver por primera vez esta película, y ha resultado una experiencia,
cuando menos, extraña. Porque el ver por primera vez una película con unos
actores de los que he visto todo, un estilo de cine que me se de memoria y,
encima, un film perteneciente a una etapa donde no se encuentra lo mejor del
subgénero, ha sido como ver una película nueva de Ozores. Pero no lo era…
La gracia está en que siendo “Los Obsexos”, la cosa más
cutre, machista, zafia y chabacana que uno se puede echar a la cara —más
incluso que títulos de la época como por ejemplo “Veneno que tú me dieras”—, la
película funciona como un tiro. Al mismo tiempo que me deleitaba por la cutrez
que destilaba toda ella, me entretenía como con las mejores comedias y me maravillaba con los recursos propios del
cine casero con los que Mariano Ozores salvaba la papeleta en situaciones que
no había por donde agarrarlas. En “Los Obsexos”, Ozores convierte un secarral,
un pequeño montículo de campo en una playa nudista ¿Cómo? Con tan solo un
cartelón pintado a mano y clavado en un árbol en el que reza “Playa nudista”,
con una rotulación que en verdad parece perpretada por un retrasado mental.
Pero no me molesta; al contrario me encanta.
Asimismo, en esa misma playa nudista, cuando los
protagonistas, Juanito Navarro y Antonio Ozores, necesitan hacer una llamada
telefónica, ni cortos ni perezosos, y en un giro cómico deudor del spoof, Navarro afirma que estos
nudistas no se privan de nada y que había visto por ahí un teléfono, se gira, y
ahí hay, en unos arbustos, un teléfono de los de toda la vida que, operativo,
usará para hacer esa llamada telefónica y
seguir así con el devenir de los acontecimientos. Momentos estos, en lo
que ya no se toma en serio ni a sí mismo, en los que Ozores es un verdadero
maestro.
Más allá del disfrute que me ha proporcionado ver por
primera vez una película de Ozores que nunca había visto, y el buen uso de un
presupuesto bajísimo, diré que el guion es pobre y casi ininteligible, es
decir, tu ves a los actores haciendo una serie de cosas, pero en ningún momento
acabas de comprender muy bien la trama porque ni está lo suficientemente bien
elaborada, ni importa. Lo único que necesitamos es ver a Navarro y Ozores en
acción, soltando chascarrillos y corriendo detrás de las turistas.
Cuenta la historia de dos camareros de chiringuito que
anhelan dejar ese trabajo y trabajar en
algo que les permita estar todo el día rodeados de mujeres en pelotas.
Pronto un individuo les ofrece trabajo como guías turísticos y lo aceptarán.
Después les ofrecen el puesto de directivos de la empresa de guías, pero será
una encerrona por parte de los auténticos directivos que les quieren encalomar
unos desfalcos que han cometido ellos.
“Los obsexos” de aquella época del vídeo que también dio títulos
míticos, probablemente sea, y lo digo con conocimiento de causa, la peor
película de Mariano Ozores. Pero en este caso es un valor añadido y no deja de
ser un vehículo de lucimiento para Antonio Ozores, Juanito Navarro y un comedido
Arévalo que pese a las carencias y el guion malísimo de Enrique Bariego,
demuestran tener más oficio que nadie y, pese a las adversidades, logran
sacarle al espectador la carcajada. Porque incluso en esta mierda, ellos están
inmensos.
Me ha gustado mucho ver esta película por primera vez… ahora
sí, creo que no me falta ninguna.
martes, 2 de febrero de 2010
EL PAN DEBAJO DEL BRAZO
La fiebre de los remakes asola el mundo sin piedad. Se hacen remakes hasta de películas españolas de éxito. Bien, esto no es ni bueno ni malo, da lo mismo. Pero si en la actualidad el remake es algo que no se estila mucho en la industria de nuestro país (debido lógicamente a que no hay ninguna industria), en los años ochenta Mariano Ozores fue pionero en eso. Con "El rollo de septiembre" lo fue en lo que a "comedia teen" se refiere, y con "El pan debajo del brazo" lo fue en la cosa esta del remake. Y no solo eso, también del autoremake, igual que ahora hacen directores de prestigio como Michael Haneke -caso de "Funny Games"-.En 1984 Ozores gozaba de un éxito atronador, con cuatro duros hacía películas que generaban millones, así que ávido de dinero, el productor Andrés Vicente Gómez le propuso producirle una película para rodarla lo antes posible. Como Don Mariano estaba muy atareado con alguna de Pajares y Esteso, se negó, alegando falta de tiempo para escribir un guion original (porque, diga lo que diga, no le gustaba dirigir guiones de otros), así que Vicente Gómez le propuso hacer una nueva versión de una película suya de éxito. Ozores aceptó y actualizó a los tiempos de la época el que hasta entonces había sido su mayor éxito, "Crónica de Nueve Meses", y tiró para adelante con el proyecto. Lejos de lo que creía Andrés Vicente Gómez, por lo que fuera la peli se estrelló en taquilla. Pocas veces más (por no decir ninguna) productor y director volvieron a trabajar juntos.
El caso es que "El pan debajo del brazo" está muy bien. Es innegable que Ozores estaba en plena forma, en su mejor momento, y facturó una película como las que estaba rodando en aquellos momentos: como una película de Pajares y Esteso, pero sin Pajares ni Esteso.
Cuenta el cómo tres parejas de distintas posiciones sociales viven lo que supone la noticia de un embarazo, unos con alegría y otros con tristeza, enlazando las historias como solo Ozores sabe hacerlo y metiendo gags típicos de la época, echando mano de humoristas de moda entonces como Fedra Lorente (especialmente jamona en esta peli), que por aquel entonces estaba haciendo de “La Bombi” en el "Un, Dos, Tres" y, para garantizarse el éxito, suelta los chascarrillos típicos de su célebre personaje.
Como todo lo de Ozores, imposible aburrirse viéndola. Esta es de las grandes, al nivel de un “Roque” o unos “Liantes”, quizás más ñoña en sus intenciones, pero igualmente divertida, y con un pedazo de reparto de gente tan mítica como su hermano Antonio, su sobrina Adriana antes de convertirse en la respetada actriz que es hoy, Pepe Da Rosa (le metió en el cine después de sus “J.R´s”), Juanjo Menéndez, Juanito Navarro, Lolo García, María Casanova, Arévalo, Luis Lorenzo, María Luisa Ponte... lo más granado de las tarimas y las pantallas, oiga.
Por eso digo que el cine español de ahora es una mierda (porque no hay actores de carisma y por mil millones de cosas más) y el antiguo cojonudo.
Luego en la época de “directos a vídeo”, Mariano Ozores se volvió a remakear con "Ya no va más", explotando esta vez el guión de "Los Bingueros", pero esa es otra historia.
Por eso digo que el cine español de ahora es una mierda (porque no hay actores de carisma y por mil millones de cosas más) y el antiguo cojonudo.
Luego en la época de “directos a vídeo”, Mariano Ozores se volvió a remakear con "Ya no va más", explotando esta vez el guión de "Los Bingueros", pero esa es otra historia.
miércoles, 25 de diciembre de 2013
HOLMES & WATSON MADRID DAYS
Jamás he comprendido como en un país de mierda,
tercermundista como es españa, se desprecia a tal o cual artista, simplemente
por su ideología. Y quienes suelen hacer esto, suelen ser los que, orgullosos,
se dan golpes en el pecho alardeando de su ideología roja, pero que al
despreciar algo tan solo porque tal artista es de un pensamiento contrario al
suyo, ya se están convirtiendo en auténticos fascistas.
A José Luis Garci, le ha pasado siempre eso. Se le supone de
derechas, cosa que a ciencia cierta ni tan siquiera se sabe, y ya solo por eso,
el público “rojeras” le da la espalda. Putos ignorantes.
Incluso, a Garci, en este país le cuesta un huevo hacer cine
– de hecho, anunció que le cuesta tanto que, probablemente, esta sea su última
película-, sus guiones son desestimados por el ministerio de cultura,
simplemente porque no es simpatizante ni del PSOE ni del P.P., y así lo afirmó en
el programa de radio para el que colabora “Cowboys de Medianoche”, cuando
hablaba de llevar este proyecto a cabo y anunciaba que lo más probable, es que
no se rodara nunca.
Finalmente, de aquella manera, lo consiguió.
A mi me la suda a quién vota Garci, o de que partido
político es simpatizante, a mí lo único que me importa es el cine. Y ahí, el
que no reconozca que Garci, de siempre (se trajo un oscar a la escoria España,
y le nominaron más veces) es uno de los mejores directores de cine español, uno
de los que más estilo –propio- tiene, y el
más coherente consigo mismo, es que no tiene ni puta idea de cine, o es
un bocazas, o directamente retrasado.
Y podemos tildar sus películas de cansinas, aburridas,
clasicotas, lentas… de lo que queráis, pero jamás de que sean malas películas.
Al contrario, son películas muy buenas, pero destinadas a un público muy
clásicote. No aptas para todos los públicos, eso si, más de uno se atraganta
con ellas; siendo cine popular, en cierto modo, son anti-populares, pero no por
eso hay que tildarlas de malas.
A todos esos que le critican, me gustaría verles llevando a
cabo una de esas aparatosas películas de época.
Y es que Garci sabe de cine y sabe hacer cine, y eso es
incuestionable. Además, odia el cine español. Puntos a favor, en el factor
simpatía.
Garci, además, tiene la costumbre, bárbara, dicen,
primordial, diría yo, de doblar a sus actores, cuando estos dan el físico, pero
no se les entiende una puta mierda cuando hablan, cosa esta por la que ha
tenido algún que otro problema, con dichos malos actores doblados.
El caso, es que, a su modo, Garci no deja de ser un
“Outsider” haciendo un cine que, en la actualidad, nadie va a ver, solo porque es
de Garci, y que sin embargo rueda infinitamente mejor que cualquiera de los
cineastas de moda españoles, por poner un ejemplo, el repugnante Daniel Sánchez Arévalo. Y solo por eso, y sobretodo,
porque me gusta su cine (incluido el de época, que el único cine de época que
veo, suele ser el de Garci), ya tiene TODO mi respeto. Y no nos olvidemos de
que rodó el binomio de “El Crack”, lo que ya es mucho.
Luego, siendo un director que, en absoluto, siente desprecio
por los géneros, en los albores de los años noventa, se le ocurrió la bonita
idea de traerse a Sherlock Holmes y al Doctor Watson a Madrid, tras la pista
de Jack el destripador, en un proyecto que, por dificultoso, por pago de
derechos y demás, lo más probable es que jamás viese la luz… hasta que,
condenado al fracaso, se llevó a cabo catorce años después, mal estrenándose,
mal promocionándose y acusándosele a Garci de algo que hacen TODAS las
productoras españolas; el auto-comprase localidades de pases inexistentes para
justificar un mínimo de público ante el ministerio. Si lo hizo (que tampoco hay
pruebas), muy mal hecho, pero ¡coño¡ es que solo por ser Garci, la noticia
salió a la luz como si fuese el único productor (que también produce la película
que nos atañe) que hace esa practica fraudulenta, cuando eso, doy fe pues lo se
de primera mano, se lleva haciendo años con todos los bodrios del cine español.
Y es absolutamente deleznable y condenable, pero no exclusividad de Garci, en
el caso de que lo llevara en practica, y a mí, no me consta (si, no obstante,
con la mayoría de películas dirigidas por Gerardo Herrero)
Pero, a la película ¿Qué le pasa? Absolutamente nada. La
película es buena.
La trama es tan sencilla, como que, tras la pista de Jack el
destripador, una serie de asesinatos llevan a Sherlock y Watson hasta Madrid
donde irán investigando mientras se van encontrando con personajes reales de la
farándula Madrileña de 1889 como pueda ser Benito Pérez Galdós, y además, se
nos cuentan las relaciones sentimentales de ambos personajes de ficción, como
novedad añadida.
Todo ello desde un prisma muy Garciano, muy a lo obra
televisiva del rollo “Cañas y barro”, pero con el aliciente de los asesinatos
de Jack el destripador, y con la presencia de nuestros protagonistas Ingleses,
tomando cafeses por ahí en las tascas.
Bien rodado, inmejorablemente ambientado, y eso que por
problemas presupuestarios, los exteriores fuera de Madrid, son solucionados a
base de mostrarnos postales o lienzos pintados a mano, que en absoluto chirrían
por el tono, diría que “Kitsch” de la película, y con un sello Garci totalmente
reconocible, haciendo esas transiciones, fundidos y trasparencias entre escena
y escena, como Garci lleva años haciendo (no en balde, la película también la
ha montado él, y me encanta que en los créditos se deje de modernismos
abominables poniendo “Montaje” en lugar de “Edición”).
Todo en “Holmes & Watson. Madrid days” destila cine,
pese a quien le pese, y como se trata de una película sobre Jack el destripador,
tenemos hasta sus dosis de sangre, las justas, para tampoco escandalizar a su
público potencial, que es de señoras de setenta años.
Así que, si, lenta, densa, larga, pedante… pero en absoluto
aburrida, ni mucho menos cutre y chunga como muchos, no se todavía muy bien por
qué, se empeñaron en hacernos creer, fallidamente. Al contrario, es una
desmesura lo bien solventada, producida, ambientada, fotografiada y filmada que está.
Realista. si Holmes y Watson hubieran existido, y hubieran
visitado Madrid, el ambiente, situaciones, e incluso ellos mismos, serían muy
parecidos a los que Garci nos muestra en esta película.
Siento un tremendo respeto por el cine bien hecho, y esta
película lo está, a parte de parecerme que está entretenida, como al fin de al
cabo todo lo de Garci, cuyo sello, no obstante, es la cadencia lenta, seria, y
como para un publico, muy, muy adulto (viejos, vaya).
Por otro lado, señalar la polémica que levantó el engañoso
trailer, que nos presenta la película como una suerte de "Thriller" de acción
detectivesca, cuando en realidad se trata de una cosa mucho más costumbrista y
a lo Garci. Ese trailer es un absoluto engañabobos. Maravilloso por otro lado,
con esa música de terror sonando mientras vemos escenas punteras de la
película.
Como Sherlock Holmes tenemos a Gary Piquer, habitual en el
cine de géneros interviniendo en películas como “Goma 2” de José Antonio de laLoma, “El niño invisible” con “Bom Bom chip” o “Romasanta” de Paco Plaza. Como
John Watson, tenemos a un actor que a mí no me gusta nada, como es José Luis
García Sánchez. Y todos ellos secundados por actores tales como Carlos
Hipólito, Juan Muñoz (el de Cruz y Raya), Victor Clavijo, Macarena Gómez,
Enrique Villén, Manuela Velasco, Manuel Tejeda…
Si algo se puede decir de negativo a esta película, es lo de
siempre; los actores españoles, que quitando los veteranos, son todos más malos
que la hostia. Y en este “Holmes y Watson. Madrid days”, la cosa no podía ser
menos. Garci lo medio sabe, y a los peores, les dobla.
No la voy a recomendar, porque ustedes, lectores, están
llenos de prejuicios. Yo también, pero defiendo el cine que me gusta.
martes, 10 de mayo de 2011
EL CHISTE
No hay cosa más española, ni con más aceptación popular, que los chistes. Y también es cierto que el chiste como tal es un tipo de humor en claras vías de extinción. Ya no hay cuentachistes, hay monologuistas.
Hasta bien entrados los noventa, muchos eran los que se ganaban la vida, y además a base de bien, contando chistes. Cintas de gasolinera (incluso C.D,s), galas en televisión… Hay contadores de chistes cuya fama y humor les llevó a protagonizar películas. Arévalo, sin ir más lejos, apareció en unas cuantas, Eugenio protagonizó la lisérgica "Un genio en apuros", y ni que decir que uno de los últimos bastiones del chiste, aún en activo, Chiquito de la Calzada, protagonizó sus buenas películas.
Pero en la actualidad el contador de chistes ha quedado relegado a infectas y añejas salas de fiestas, o escenarios de público casual como pueda ser el de los cruceros, donde los cuentachistes siguen siendo la guinda del pastel.
Por todo ello, una película como esta sería impensable en nuestros días. Sin embargo, hace escasas tres décadas sí era viable e incluso, pudiera ser, un gran negocio. Un largometraje centrado en contar chistes al espectador.
Tras esta reflexión, pasamos a la película de marras que data de 1976, época en que los chistes eran una cosa popular; de la tasca, y del café Gijón, del analfabeto y del aristócrata. Un tipo de humor totalmente democrático.
"El chiste" es un homenaje a esa forma de humor. El invento consiste en escenificar una serie de idems que, intercalados con otros contados por actores y cómicos más o menos populares de la época, van dando forma a la película. Obviamente, ante tanta ristra de chistes, algunos son resultones, otros rozan lo patético y es curioso comprobar como funciona mucho más el chiste contado que el escenificado. Digamos que en lo que a escenificación de chistes se refiere, esto es como las películas de "Jaimito", pero de otra manera más directa. A cada chiste le precede un cartel con el título del mismo.
Si me he de quedar con alguno, sin embargo, es con uno escenificado, en el que Manolo Zarzo al teléfono dice: -“ Mañana voy a hacer una matanza. Tengo al cerdo aquí en mi alcoba”. –“¿Que lo tienes en tu alcoba?”- responde el individuo al otro lado de la línea. – “Entonces olerá muy mal”. – A lo que Zarzo responde: -“Que se joda”. En fin, en este caso, seguro que visto, es mucho más gracioso que contado. Pero es que yo no tengo ninguna gracia a la hora de contar chistes. Mucho menos, escribiéndolos.
Por esa pantalla van desfilando, actuando o contando chistes, gente de la talla de Juanito Navarro, Tip y Coll, Antonio Garisa, Paco Cecilio, Lusson y Codeso, Zori y Santos, Rafael Hernández, Emilio Laguna, Tono, Alfredo Mayo, Manolo Zarzo… en fin, una ristra de cómicos considerable.
Como película, el hecho de que cada chiste ficcionado requiera de un escenario distinto, me lleva a pensar lo costoso y jodido de rodar que fue esto.
No obstante, lo raro del asunto (¡hacer una película de chistes!) y lo simpático de la propuesta, a lo que añadimos una duración más que escueta, si tienes una noche tonta y quieres ver algo que pase ligerito, no conlleve mucho esfuerzo y se te olvide con la misma facilidad con la que te pones a verlo, "El chiste" es la película adecuada.
Hasta bien entrados los noventa, muchos eran los que se ganaban la vida, y además a base de bien, contando chistes. Cintas de gasolinera (incluso C.D,s), galas en televisión… Hay contadores de chistes cuya fama y humor les llevó a protagonizar películas. Arévalo, sin ir más lejos, apareció en unas cuantas, Eugenio protagonizó la lisérgica "Un genio en apuros", y ni que decir que uno de los últimos bastiones del chiste, aún en activo, Chiquito de la Calzada, protagonizó sus buenas películas.
Pero en la actualidad el contador de chistes ha quedado relegado a infectas y añejas salas de fiestas, o escenarios de público casual como pueda ser el de los cruceros, donde los cuentachistes siguen siendo la guinda del pastel.
Por todo ello, una película como esta sería impensable en nuestros días. Sin embargo, hace escasas tres décadas sí era viable e incluso, pudiera ser, un gran negocio. Un largometraje centrado en contar chistes al espectador.
Tras esta reflexión, pasamos a la película de marras que data de 1976, época en que los chistes eran una cosa popular; de la tasca, y del café Gijón, del analfabeto y del aristócrata. Un tipo de humor totalmente democrático.
"El chiste" es un homenaje a esa forma de humor. El invento consiste en escenificar una serie de idems que, intercalados con otros contados por actores y cómicos más o menos populares de la época, van dando forma a la película. Obviamente, ante tanta ristra de chistes, algunos son resultones, otros rozan lo patético y es curioso comprobar como funciona mucho más el chiste contado que el escenificado. Digamos que en lo que a escenificación de chistes se refiere, esto es como las películas de "Jaimito", pero de otra manera más directa. A cada chiste le precede un cartel con el título del mismo.
Si me he de quedar con alguno, sin embargo, es con uno escenificado, en el que Manolo Zarzo al teléfono dice: -“ Mañana voy a hacer una matanza. Tengo al cerdo aquí en mi alcoba”. –“¿Que lo tienes en tu alcoba?”- responde el individuo al otro lado de la línea. – “Entonces olerá muy mal”. – A lo que Zarzo responde: -“Que se joda”. En fin, en este caso, seguro que visto, es mucho más gracioso que contado. Pero es que yo no tengo ninguna gracia a la hora de contar chistes. Mucho menos, escribiéndolos.
Por esa pantalla van desfilando, actuando o contando chistes, gente de la talla de Juanito Navarro, Tip y Coll, Antonio Garisa, Paco Cecilio, Lusson y Codeso, Zori y Santos, Rafael Hernández, Emilio Laguna, Tono, Alfredo Mayo, Manolo Zarzo… en fin, una ristra de cómicos considerable.
Como película, el hecho de que cada chiste ficcionado requiera de un escenario distinto, me lleva a pensar lo costoso y jodido de rodar que fue esto.
No obstante, lo raro del asunto (¡hacer una película de chistes!) y lo simpático de la propuesta, a lo que añadimos una duración más que escueta, si tienes una noche tonta y quieres ver algo que pase ligerito, no conlleve mucho esfuerzo y se te olvide con la misma facilidad con la que te pones a verlo, "El chiste" es la película adecuada.
viernes, 16 de febrero de 2024
NEFARIOUS
El trailer de “Nefarious” de alguna manera llamó mi atención y, gracias a este, fui a ver la película al cine justo en el último pase que daba la cadena que frecuento, pocos días después del estreno. Y lo curioso fue comprobar que la sala tenía una buena afluencia de público. Lo que me cuadraba menos era que este, en su inmensa mayoría, lo componía señoras de la tercera edad, audiencia poco habitual en lo que se supone es un thriller psicológico con toquecitos de terror. “Quizás están aprovechando descuentos”, pensé.
Como fuera, al margen de que el trailer ofrecía en una de sus frases promocionales, “Una batalla teológica sin precedentes” y la pinta de ser un “El silencio de los corderos” de gama media, el argumento era también bastante atractivo: Un médico psiquiatra es llamado al corredor de la muerte para determinar si un asesino en serie posee alguna enfermedad mental que le deje exento de acabar frito en la silla eléctrica. Cual es la sorpresa del psiquiatra cuando el reo le dice que está poseído por un demonio ¿Es cierto o solo un plan urdido para escaquearse de una muerte segura? Deberán ver el film para enterarse.
Todo bien, hasta que resulta que el argumento no es más que una estratagema pergeñada por el Ministerio Cristiano de Oklahoma y que, a las claras, pretende dar un mensaje anti abortista, anti eutanasia e incluso diría que, no ya pro-pena de muerte, sino pro-silla eléctrica. El asesino de la película intenta convencer al psiquiatra de que el verdadero asesino es él, porque firmó la eutanasia de su madre e instó a su pareja a que abortara voluntariamente el bebé que esperaban y, en consecuencia, debería ir de cabeza al infierno. Todo eso camuflado de supuesta película de terror que mezcla el thriller con las posesiones demoníacas. Algo hay de esto pero ya saben ustedes con que fines. Por eso el cine estaba lleno de señoras beatorras. No es baladí porque, con el mensaje que ofrece la película, todos los curatas importantes de la iglesia católica de nuestro país fueron invitados por la distribuidora a pases privados para que vieran el film y difundieran su existencia, por eso, buscando info sobre esta cosa tan rara que acababa de ver, me topo con reseñas en Youtube de Monseñor Munilla, Don Javier Luzón y otros tantos meapilas —españoles o extranjeros— que dicen verdaderas maravillas de la película, llegando incluso a repudiar el resto de films de terror, y en concreto las que tienen que ver con exorcismos y demás, por frivolizar con temas muy serios para ellos. Esta era la buena, la que tiene calidad y no el resto de infamias que pueblan la cartelera. Porque el cine que interesa es el que deja bien el catolicismo, el resto, purria. En definitiva, que el Ministerio Cristiano ha hecho una de terror para sacerdotes y devotos cristianos tan aburridos como retrógrados —y peligrosos—.
Ahora, al margen del mensaje cristiano, de los rollos pro-abortistas y demás, “Nefarious” es una película con aires de telefilm barato, un solo escenario y dos actores hablando durante una hora y media que, la verdad, se deja ver y acaba entreteniendo lo suyo. No es mala y el mensaje siempre puede coexistir con lo cinematográfico. Si tenemos mala leche, incluso encontraremos unas buenas dosis de comedia involuntaria en la interpretación REMATADAMENTE sobreactuada del protagonista, Sean Patrick Flannery, al que han peinado de tal forma que parezca que tiene dos cuernecitos de demonio, que hace muecas constantemente (unas veces tics, otras convulsiones) y tartamudea como si del mismísimo Arévalo se tratase. A Flannery lo conoces porque lo viste dando vida a "Indy" en la serie de “El joven Indiana Jones” o en pelis resultonas como “Powder (Pura energía)” o “Los Elegidos”. Luego se sumió en la fe cristiana y comenzó a hacer subproductos de esta índole, aludiendo que esta interpretación es de las que más le ha gustado por una cuestión de fe. Le secunda en el cast, esta vez con una infra actuación que dan ganas de espabilarle a puntapiés, y luciendo bisoñé, Jordan Belfi, quien parece sacado directamente de “The Room”, pero no; este lo mismo vale para un roto que para un descosido y entre el gran número de películas en las que interviene, no he localizado ni una que merezca la pena ser nombrada aquí.
En cuanto a las labores de dirección, recaen en los nombres de Chuck Konzelman y Cary Solomon, ambos concentrados en sus mierdas cristianas y haciendo películas religiosas incapaces de mirar más allá de lo que les permite su devoción, aunque firmaron el guion hace ya más de veinte años de “Araña Mutante” que, creo recordar, estaba simpática.
No me malinterpreten, aunque sea ateo además de detestar profundamente cualquier tipo de fanatismo religioso, soy de la opinión que esta gente debe hacer películas y estas, fanáticas como ellos, deben existir, porque el cine ha de ser una cosa democrática que no entiende de razas, condición política o, por supuesto, credo.
Lo curioso es que esta peli, que está bien pero tiene una factura técnica y una textura de vídeo que tiraría de espaldas a más de uno, haya llegado a nuestros cines en más o menos buena forma, ya que estamos hablando de un subproducto muy de nicho hasta hace poco condenado prácticamente al “direct to video” o a canales temáticos. Su vertiente más hardcore, como muy bien sabrán si son lectores de este blog, sería el cine evangélico gitano. Sin embargo, en menos de 5 años yo he detectado en su pase por salas, como cristianas, además de esta, “El milagro del padre Stu”, para lucimiento y escarnio de un cada día más como una puta cabra Mark Wahlberg y “Sound of Freedom” con Jim Caviezel y Mira Sorvino, que resultó ser una sorpresa porque, además de cristiana, dejó una pasta en taquilla que muchos se cagaron encima. Y dicen que tampoco estaba mal.
Como fuera, al margen de que el trailer ofrecía en una de sus frases promocionales, “Una batalla teológica sin precedentes” y la pinta de ser un “El silencio de los corderos” de gama media, el argumento era también bastante atractivo: Un médico psiquiatra es llamado al corredor de la muerte para determinar si un asesino en serie posee alguna enfermedad mental que le deje exento de acabar frito en la silla eléctrica. Cual es la sorpresa del psiquiatra cuando el reo le dice que está poseído por un demonio ¿Es cierto o solo un plan urdido para escaquearse de una muerte segura? Deberán ver el film para enterarse.
Todo bien, hasta que resulta que el argumento no es más que una estratagema pergeñada por el Ministerio Cristiano de Oklahoma y que, a las claras, pretende dar un mensaje anti abortista, anti eutanasia e incluso diría que, no ya pro-pena de muerte, sino pro-silla eléctrica. El asesino de la película intenta convencer al psiquiatra de que el verdadero asesino es él, porque firmó la eutanasia de su madre e instó a su pareja a que abortara voluntariamente el bebé que esperaban y, en consecuencia, debería ir de cabeza al infierno. Todo eso camuflado de supuesta película de terror que mezcla el thriller con las posesiones demoníacas. Algo hay de esto pero ya saben ustedes con que fines. Por eso el cine estaba lleno de señoras beatorras. No es baladí porque, con el mensaje que ofrece la película, todos los curatas importantes de la iglesia católica de nuestro país fueron invitados por la distribuidora a pases privados para que vieran el film y difundieran su existencia, por eso, buscando info sobre esta cosa tan rara que acababa de ver, me topo con reseñas en Youtube de Monseñor Munilla, Don Javier Luzón y otros tantos meapilas —españoles o extranjeros— que dicen verdaderas maravillas de la película, llegando incluso a repudiar el resto de films de terror, y en concreto las que tienen que ver con exorcismos y demás, por frivolizar con temas muy serios para ellos. Esta era la buena, la que tiene calidad y no el resto de infamias que pueblan la cartelera. Porque el cine que interesa es el que deja bien el catolicismo, el resto, purria. En definitiva, que el Ministerio Cristiano ha hecho una de terror para sacerdotes y devotos cristianos tan aburridos como retrógrados —y peligrosos—.
Ahora, al margen del mensaje cristiano, de los rollos pro-abortistas y demás, “Nefarious” es una película con aires de telefilm barato, un solo escenario y dos actores hablando durante una hora y media que, la verdad, se deja ver y acaba entreteniendo lo suyo. No es mala y el mensaje siempre puede coexistir con lo cinematográfico. Si tenemos mala leche, incluso encontraremos unas buenas dosis de comedia involuntaria en la interpretación REMATADAMENTE sobreactuada del protagonista, Sean Patrick Flannery, al que han peinado de tal forma que parezca que tiene dos cuernecitos de demonio, que hace muecas constantemente (unas veces tics, otras convulsiones) y tartamudea como si del mismísimo Arévalo se tratase. A Flannery lo conoces porque lo viste dando vida a "Indy" en la serie de “El joven Indiana Jones” o en pelis resultonas como “Powder (Pura energía)” o “Los Elegidos”. Luego se sumió en la fe cristiana y comenzó a hacer subproductos de esta índole, aludiendo que esta interpretación es de las que más le ha gustado por una cuestión de fe. Le secunda en el cast, esta vez con una infra actuación que dan ganas de espabilarle a puntapiés, y luciendo bisoñé, Jordan Belfi, quien parece sacado directamente de “The Room”, pero no; este lo mismo vale para un roto que para un descosido y entre el gran número de películas en las que interviene, no he localizado ni una que merezca la pena ser nombrada aquí.
En cuanto a las labores de dirección, recaen en los nombres de Chuck Konzelman y Cary Solomon, ambos concentrados en sus mierdas cristianas y haciendo películas religiosas incapaces de mirar más allá de lo que les permite su devoción, aunque firmaron el guion hace ya más de veinte años de “Araña Mutante” que, creo recordar, estaba simpática.
No me malinterpreten, aunque sea ateo además de detestar profundamente cualquier tipo de fanatismo religioso, soy de la opinión que esta gente debe hacer películas y estas, fanáticas como ellos, deben existir, porque el cine ha de ser una cosa democrática que no entiende de razas, condición política o, por supuesto, credo.
Lo curioso es que esta peli, que está bien pero tiene una factura técnica y una textura de vídeo que tiraría de espaldas a más de uno, haya llegado a nuestros cines en más o menos buena forma, ya que estamos hablando de un subproducto muy de nicho hasta hace poco condenado prácticamente al “direct to video” o a canales temáticos. Su vertiente más hardcore, como muy bien sabrán si son lectores de este blog, sería el cine evangélico gitano. Sin embargo, en menos de 5 años yo he detectado en su pase por salas, como cristianas, además de esta, “El milagro del padre Stu”, para lucimiento y escarnio de un cada día más como una puta cabra Mark Wahlberg y “Sound of Freedom” con Jim Caviezel y Mira Sorvino, que resultó ser una sorpresa porque, además de cristiana, dejó una pasta en taquilla que muchos se cagaron encima. Y dicen que tampoco estaba mal.
lunes, 13 de mayo de 2019
DOLOR Y GLORIA
Con Almodóvar tengo esa extraña relación amor odio que me
lleva a rechazarlo o a admirarlo según que película —al margen de todo aquello
de los papeles de Panamá o el cine subvencionado, matices estos que van más
allá de lo meramente cinematográfico— y según que época. Me entusiasma el
Almodóvar de finales de los 70 y primeros 80, el Almodóvar más contracultural,
me la trae floja el de los 90, el Almodóvar auto consciente de su estatus
internacional y que se auto explota, y detesto profundamente el Almodóvar de la
década de 2000, aquél que pasa de ser un director casi punk a convertirse en un
director para viejas. Ahora, en la presente década que finaliza, tenemos a otro
Almodóvar, que es el que en su senectud, no sabe muy bien el suelo que pisa ni
lo que quiere hacer, deambulando por todo su universo, pero como con un puestón
de valium. En esa etapa, ha parido sus mayores despropósitos de vieja amargada,
ya sea su intento de regresión a la
comedia alocada de antaño con la espantosa “Los amantes pasajeros” o el mas
absoluto drama con la insulta y horrorosa “Julieta” que odio con todas mis
fuerzas; pero sin embargo, también es
capaz de concebir sus mejores películas, como aquella locura con querencia por
los géneros populares —sin dejar de ser una película para viejas— que es la
maravillosa “La piel que habito” o esta carta de amor a sí mismo, esa oda al
ego con consenso del populacho que es “Dolor y gloria”, que califico como una
de sus mejores películas y además de largo.
No tenía ninguna confianza en esta película en la que comete
un acto de soberbia tal como es inspirarse en sí mismo, hasta que una vez vista
compruebo que funciona como catarsis. Almodóvar se pinta a sí mismo como un
viejo que está solo, comido por la enfermedad y los dolores y al que ya le aterra
la imposibilidad de seguir trabajando. Así pues, viejo y cansado, se aleja de
todo el petardeo que le ha acompañado durante todos estos años, y sin dejar de
ser Almodóvar, cierra una etapa, acepta su edad (está a punto de cumplir los
70) y preveo que durante los nuevos años 20, quizá Almodóvar, sin la lacra de
la taquilla a sus espaldas (recordemos que en un momento de su carrera llegó a
meter hasta cuatro millones de espectadores en las salas; “Dolor y gloria”, que
mientras escribo estás líneas está en la fase final de su paso por cine, apenas
llega al medio millón de entradas vendidas), haga, todavía, las que pueden ser
sus mejores películas y puede que “Dolor y gloria” sea el inicio de esta etapa.
“Dolor y gloria” tiene sabor a clásico, a gran cine, pero al
margen de toda esta farfolla, de las pedanterías que se han escrito y demás
intereses creados alrededor de su cine, lo que es, es una muy buena película,
con una puesta en escena estupenda, con una historia cercana e interesante que
quizás no funcionaría tan bien si el espectador no supiera que el protagonista,
Salvador Mayo (en cuyo nombre podemos encontrar el de Almodóvar) es en realidad
el alter ego de Pedro Almodóvar (la
película nos gusta, porque estamos mirando a Almodóvar a través de una cerradura),
y que, por encima de la dirección, el peso de toda ella recae en la
interpretación estupenda de un Antonio Banderas que combina algunos trabajos en
su país natal, en el que se va a jubilar, con esos films de acción americanos
para la televisión por cable, que por otro lado, y a su manera, tanto nos
gustan. Banderas está que se sale.
Pero la película está, por encima de todo, entretenida, es
interesante y cotilleamos a un Almodóvar achacoso, que tontea con la heroína
para paliar el dolor y que nos muestra sus miserias, cosa que está muy bien,
porque lo cuenta, también, muy bien.
La sinopsis sería esta: Un viejo director de cine que ha
disfrutado de las mieles del éxito, no se ve precisamente en su mejor momento
profesional y, además, se encuentra convaleciente por sus muchas dolencias.
Así, a base de flashbacks, somos testigos de momentos de su infancia, a la vez
que tiene varios encuentros con personas relevantes de su pasado.
Un melodrama estupendo. Incluso recomendable.
Junto a Banderas tenemos a Asier Etxeandia (horroroso actor)
Penélope Cruz (también espantosa), Leonardo Sbaraglia, Raúl Arévalo o Julián
López. Pero dan igual todos ellos, la película entera es Antonio Banderas.
lunes, 21 de enero de 2019
EL ASALTO AL CASTILLO DE LA MONCLOA
“El asalto al castillo de la Moncloa” en realidad no trae
nada nuevo. Lo que nos ofrece, no es otra cosa que una vieja película de
dominio público, que en este caso es la titulada “Los amantes del desierto”,
que cae en las manos de un señor con alma de “Exploiter” como era Francisco
Lara Polop y que realiza un redoblaje de esta película introduciendo unos
diálogos cómicos que casi nunca le van bien a las imágenes. Eso ya lo vimos en
la popular “Woody Allen Nº 1, Lily la tigresa” de Woody Allen y en tantas otras,
aunque aquí en España fueron pioneros Tono y Mihura con su “Un bigote para dos”, inencontrable en su
versión original.
Sin embargo, lo que hace especial a esta película es el
contexto histórico en el que la situamos, nada menos que tras las primeras
elecciones generales de nuestro país en la llamada transición democrática,
época esta que afectó en todo momento a nuestra cinematografía y en la que, en
consecuencia, más chistes de política se inventaban.
Así que con la ayuda
de Manuel Castiñeiras y Juán Portillo “Top” (quien fuera pareja radiofónica de
Luis Sánchez Polack “Tip”, antes de que este se uniera en matrimonio
humorístico con José Luis Coll) Polop se escribe unos diálogos que giran en
torno a la política de aquellos días con Alfonso Suárez y Felipe González a la
cabeza del asunto, y se montan un argumento cogido con hilos bajo los que
soltar una retahíla de chistes y chascarrillos en torno a la situación política
que se vivía en la España de aquél ya lejano 1978. Mariano Ozores, qué ya hacía
estos experimentos por placer con sus hermanos y amigos, se encargaría de
adaptar los diálogos a las imágenes bajo dirección de Polop.
Y el caso es que el experimento queda de lo más curioso,
teniendo en cuenta que los diálogos escritos para la ocasión son soltados con
total naturalidad por actores de doblaje profesionales de los de toda la vida,
o sea, cojonudos, por lo que estos quedan bien encajados en la acción y
totalmente creíbles. “El asalto al castillo de la Moncloa” es, finalmente, una
enorme broma.
La película se estrenó en salas, congregó casi 130.000
espectadores y el negocio sale redondo, sin embargo, amén de las críticas que
tachan a la película de oportunista (cosa que es cierta y que sus artífices en
ningún momento ocultaron) salta la polémica cuando Carmen Sevilla, protagonista
de “Los amantes del desierto”, ve la película y al verse doblada y soltando por
su boca toda esa ristra de chistes sobre socialistas, sobre UCD y sobre la
oposición, entra en cólera. La actriz se siente utilizada e interpone una
querella contra Francisco Lara Polop por utilizar su imagen de esa manera en la
cinta, alegando que esta podía verse seriamente dañada. Sin embargo, de poco le
sirvió esta demanda a la actriz, puesto
que fue desestimada al tratarse “Los amantes del desierto” una película
en dominio público con la que el cineasta podía hacer lo que le viniera en
gana. Carmen Sevilla, sufrió lo suyo con este tema cual plañidera, pero lo
cierto es que la broma no era para tanto.
Por otro lado, el principal reclamo de la película, además
de tratarse de un producto de mera actualidad, era la presencia en el doblaje
de Tip y Coll, que hacen las veces de narradores de los hechos acontecidos.
Está claro que “El Asalto al castillo de la Moncloa” en su
momento debió resultar un producto fresco y altamente divertido. Vista hoy, la
cosa no deja de tener gracia, pero se queda tan anclada en su momento, en 1978,
que es como descifrar un jeroglífico. No nos enteramos de nada. No es como esas
comedias de Pajares y Esteso en las que de vez en cuando se soltaba un chiste
político de la época, sino que se trata de una catarata de referencias una tras
otra, sin tregua, y en la que se frivoliza con temas como la legalización del
amancebamiento, el aborto y la píldora “antibaby”, conceptos, estos ya
antidiluvianos. Sin embargo, ese es su handicap, ya que se trata de una
astracanada cuya condición de película es lo que menos importa; se concibió
para ser consumida en ese año 1978 y, con las mismas, que fuera olvidada
también ese año 1978. Una película del aquí y el ahora, que hoy se puede
disfrutar de ella más como concepto que como película, porque en resumidas
cuentas de película tiene más bien poco. En todo caso sería como una cinta de
“Chistes del golpe” de Arévalo en formato celuloide. Vamos, que no es una
película tanto como un ejercicio humorístico. Y un sacacuartos.
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