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viernes, 27 de marzo de 2020

UNA MUJER BAJO LA INFLUENCIA

Un hombre de clase media tiene que lidiar cada día con la rara enfermedad mental de su esposa, enfermedad esta que él trata de llevar con normalidad intentando que su mujer socialice y lleva una vida normal, como si no estuviera enferma. Y parece llevarlo bien hasta que esta señora sufre una serie de crisis violentas y difíciles de afrontar. Decide ingresarla en un psiquiátrico una temporada pero, cuando regresa, todo continúa igual, teniendo incluso brotes de locura más intensos. La manera de sobrellevar todo esto por parte de los dos, y el cómo esto afecta a los hijos del matrimonio, componen el desarrollo de esta intensa y extraña película.
El cine de John Cassavetes, aún pecando la mayoría de las veces de demasiado denso o ininteligible, me resulta sobre todo muy interesante. A Cassavetes hay que echarle paciencia y poner todos los sentidos a la hora de enfrentarse a él. Una vez comprendes lo que está haciendo, ya es muy difícil no sentir fascinación aunque esta venga anticipada de un atroz aburrimiento. Pero ese aburrimiento es necesario, porque el cine de Cassavetes no es cine convencional. En este caso, “Una mujer bajo la influencia” es una película a todas luces realista, y la realidad tiene un ritmo que no es cinematográfico precisamente. En la vida real las cosas van más lentas, son menos dinámicas que el cine. Pues eso, el trasladar los tempos de la vida cotidiana a la pantalla, Cassavetes lo hace de perlas. Por otro lado, me fascina la manera de rodar de Cassavetes; este tiene un sentido de la estética completamente anti académico y combina planos en los que el encuadre viene precedido de una composición previa, con una iluminación concreta y con intenciones artísticas, con otros totalmente caóticos en los que vemos como la cámara se mueve a trompicones y abundan los desenfoques, casi como si un amateur cogiera una cámara de cine por primera vez. Y eso me parece fabuloso.
Por otro lado, a Cassavetes, padre del auténtico cine independiente, nunca se lo han puesto fácil. Cada película le ha costado sangre sudor y lágrimas hacerla realidad.
“Una mujer bajo influencia”, capricho como actriz de Gena Rowlands, es el resultado de una obra de teatro que esta no se vio capaz de llevar a cabo por la dureza de su interpretación, por lo que su marido, John Cassavetes, decidió hacerle una película a su medida. Obviamente, una película de casi tres horas a base de mucha conversación, mucho tempo muerto y donde los actores van a improvisar durante horas según las indicaciones del director, comercialmente era un suicidio, por lo que ningún estudio en Hollywood quería financiar una obra así. Esto, desde luego, no amedrantó a Cassavetes que, ni corto ni perezoso, pidió una hipoteca sobre su casa y  no se puso ni colorado a la hora de solicitar participaciones a sus amigos. Peter Falk, protagonista de la película, amigo de Cassavetes y cómplice de sus fechorías, no solo protagonizó la película, sino que aportó medio millón de dólares a su financiación, por lo que todo quedaba en casa realmente. Luego, con lo que consiguió y con estudiantes del American Film Institute, y filmando en lugares reales, en exteriores de su entorno, consiguió sacar adelante esta película, casi con lo puesto.
Por descontado, una película que se gesta al margen de los estudios no puede esperar que estos la apoyen a la hora de financiarla, por lo que Cassavetes se vio en la tesitura de tener en las latas una película que nadie iba a distribuir. No pasa nada. Se dedicó a distribuirla el mismo cine a cine, hablando con los propietarios y pidiendo favores, por lo que “Una mujer bajo influencia” se convirtió en la primera película que se distribuyó sin el amparo de una distribuidora de estudio, dentro de los circuitos no marginales. Vamos, que si exceptuamos todo el cine de explotación de décadas anteriores de naturaleza eminentemente independiente, Cassavetes inventó el cine independiente tal y como hoy lo conocemos, casi sin proponérselo.
Un apunte personal; Obviamente, los estudios no apoyaron la propuesta de Cassavetes, pero, este entonces ya era una reputada presencia en Hollywood. A lo que voy es ¿Si en vez de ser John Cassavetes quien distribuyera cine a cine su propia película fuera un don nadie sin una carrera previa, hubiera conseguido lo que después consiguio este? Lo más probable es que ese don nadie hubiera quedado relegado al ostracismo, sin su película en los cines, hasta el cuello de deudas y sin casa.
Como fuera, a Cassavetes le costó dios y ayuda poner “Una mujer bajo la influencia” en los cines (aunque también exhibió en universidades, cineclubes y circuitos marginales) pero esto dio sus frutos, ya que arrasó en festivales europeos, consiguió mogollón de premios y hasta dos nominaciones a los Oscars, una para Gena Rowlands como mejor actriz principal y otra como director para Cassavetes. Por otro lado, la película contó con unas críticas absolutamente elogiosas y se ganó un prestigio que, a día de hoy, forma parte de la leyenda de John Cassavetes.
La película, desde luego, no es fácil de ver. Se trata de un intenso dramón con mucho diálogo, con escenas muy duras y que tanto por forma como por contenido resulta desasosegante hasta la desesperación. Es antipática, rancia, con un sentido nulo del espectáculo y con ninguna gana de agradar a nadie. Lenta, casi sin música, con mucha improvisación y larga como el rabo del demonio negro, pero con algo en sus imágenes que cautiva y engancha como la heroína.
Sobre Cassavetes, es más divertido leer que ver sus películas que son muy aburridas, pero el modo, la forma, el cómo se dejaban llevar, como improvisaban, como hacían, al fin y al cabo, un cine muy puro, es algo que me interesa muchísimo y, “Una mujer bajo la influencia”, si tengo el día tonto, puede llegar a entusiasmarme, de la misma forma que puedo detestarla a ella y a todo el cine de arte. Con todo, esta es la segunda vez que la veo y salvo por que tiene una hora ahí que es soberanamente tostón, en su conjunto, me parece maravillosa. Pero hay que verla tomando conciencia de lo que se va a ver y sabiendo que Cassavetes no es precisamente fácil.

lunes, 11 de mayo de 2020

ATRAPADA ENTRE DOS HOMBRES

John Cassavetes dejó muchos proyectos sin realizar antes de su muerte. De hecho, “Atrapada entre dos hombres” (estúpido título castellano para “She’s so lovely”) es una película que a finales de los 80 tenía previsto rodar con Sean Penn, pero justo antes de ponerse manos a la obra, Cassavetes fallecía aquejado de una cirrosis hepática.
El guion se quedó aparcado entre tantos otros proyectos durante más de diez años durante los cuales, Nick, el hijo de John, se forjaba como cineasta. Debutó en el cine con la su primera película, “Volver a vivir” para después pasar a formar parte de la escudería de Miramax y rodar “Atrapada entre dos hombres” bajo el auspicio de los hermanos Weinstein que en principio recibieron el proyecto con los brazos abiertos.
Nick Cassavetes, ofreció rodar la película a Sean Penn, que iba a haberla protagonizado con su padre y este aceptó de buen grado, aunque debían esperar que su agenda le permitiese poder incorporarse al rodaje. Entre tanto, Nick, adaptaba el guion al temperamento de los 90 y reescribia parcialmente algunas cosillas.
Un matrimonio un tanto desarraigado con claras muestras de trastorno mental por parte de ambos, se quiere con locura. Pero él es un estafador y suele desaparecer de casa por periodos largos de tiempo durante los cuales, debido a los celos y la impotencia, ella entra en crisis consumiendo alcohol sin medida. En una de estas, un buen día, se pondrá a tontear con el vecino que, emborrachándola, intenta tener sexo con ella. Esta al  negarse, recibe una paliza. Esa misma noche regresa su marido y verá que su mujer tiene la cara golpeada y, aunque ella le dice que esos golpes son consecuencia de una caída, al día siguiente él se imagina que ha sido cosa del vecino y entrará en una crisis esquizofrénica que propiciará que, enloquecido y buscándole para matarle, dispare accidentalmente a un cuidador social que ha acudido tras la llamada de su mujer. Entonces, es detenido e ingresado en  un manicomio. Pasan 10 años y ella ya ha rehecho su vida con otro hombre que la ha convertido en una ama de casa convencional, pese a que ella desde el primer momento le ha dicho que amaba a su marido que estaba ingresado. Sólo que ahora, su marido está recuperado de su enfermedad y ha salido del sanatorio dispuesto a reunirse con su mujer querida, cosa que al actual marido no le parece nada bien. Se complicará la cosa.
“Atrapada entre dos hombres”, que en un principio levantó gran expectación por tratarse de un guion no realizado de John Cassavetes que, por primera vez, iba a ser filmado, fue maltratado por Harvey Wenstein que en ese momento tenía proyectos que le interesaba más mover que esta pequeña película del hijo de Cassavetes, por lo que tras someterle a diversos cortes con el fin de reducir su duración, hizo con la película una autentica escabechina. Y además fue un destrozo en balde puesto que, para cuando la película se fue a estrenar, el desinterés era total y se estrenó en poquísimas salas y sin apenas promoción. Digamos, que destrozó lo que podía haber sido una de las mejores películas de los 90. No obstante, y con ganas de poder ver algún día el corte del director, el resultado no se resiente demasiado en el sentido que estamos ante una película estupenda. “Atrapada entre dos hombres” es una de las historias de amor más bonitas y menos babosas de cuantas he visto, amén de tratarse de una comedia negra, negrísima con momentos verdaderamente hilarantes. Es comenzar su visionado y quedar embobado con esta extraña y divertida historia de gente histérica.
La mano de Cassavetes padre se ve en todo momento, ya sea en el retrato de esos personajes desquiciados, ya sea en la presencia de las enfermedades mentales que solían ser recurrentes en su filmografía, ya sea en su extraña estructura de dos bloques donde predominan las diálogos y donde se dan muy poquitos detalles sobre los personajes.
En España, como todo lo de Miramax de la época, se estrenó en cines, pero el maltrato al que la película fue sometida en los USA, de rebote, alcanzó a la película por aquí también ya que se estrenó deprisa, corriendo, de tapadillo y en apenas un par de semanas de exhibición tan solo llegó a interesar a 149.000 paupérrimos espectadores del año 1998. Después apareció en vídeo de alquiler y ya no ha vuelto ha tener una edición en condiciones, quedando la película, hasta el día de hoy, inédita en DVD en nuestro país. Una autentica pena.
El siguiente paso de Nick Cassavetes, lejos de abrazar el cine independiente, fue abrazarse al sistema de estudios, facturando pequeños bodrietes mainstream como la infame “John Q” o la rematadamente edulcorada “El diaro de Noah”. Volvería a lo independiente con la correcta “Alpha Dog” y después, digamos que Cassavetes se convirtió en un director impersonal que facturaba toda suerte de peliculitas sin ninguna enjundia. No siguió los derroteros marcados por papá.
Junto a Sean Penn, tenemos a su mujer Robin Wrigth, a la que enchufó para la ocasión, un histriónico y descacharrante John Travolta, y las presencias del gran Harry Dean Stanton, Debi Mazan y James Gandolfini
Muy, muy, muy recomendable.

viernes, 22 de enero de 2021

HARRY Y TONTO

“Harry y Tonto” cuenta la historia de un jubilado que, tras perder su hogar, que se encontraba en un edificio que iba a ser derruido, se ve en la tesitura de mudarse a casa de uno de sus hijos junto con su gato. Al estar allí, siente que no es más que una carga, por lo que decide irse a casa de otra de sus hijas en Chicago. Como viaja con su gato, todo son problemas a la hora de buscar un transporte, por lo que, en su periplo, perderá el avión y el autobús, hasta que finalmente se verá obligado a comprarse un coche teniendo el permiso de circulación caducado desde hace más de 20 años. Durante su travesía, se irá encontrando por el camino, no solo con sus hijos que, más o menos, le irán rechazando, si no, con variopintos personajes que le acompañarán en lo que finalizará siendo, no ya un viaje a Chicago, sino, un viaje alrededor de todos los estados unidos.
“Harry y Tonto”, dirigida por Paul Mazursky, utiliza la amistad entre un anciano y su gato para mostrarnos una atípica road movie cuyo afán es concienciar al espectador sobre la soledad del aciano cuando llega a determinada edad y se queda solo en el mundo, pese a haber tenido unos cuantos hijos durante su larga vida. Se trata de una película bonita, quizás, demasiado calmada. Un melodrama salpicado con algunos gags tirando a serenos que, con la paciencia necesaria (es lenta como una babosa) puede llegar a encandilar al espectador, porque se trata de una película tierna y amable que, con sus altos y bajos, al final deja un buen sabor de boca.
Paul Mazursky, quizás medio popular en nuestro país por  realizar comedias que no gustaron a nadie, como por ejemplo, “Un ruso en Nueva York” con Robin Williams demasiado contenido, o “Presidente por accidente”, con Raul Julia, Sonia Braga y Richard Dreyfuss cuyo cartel de cine prometía un desmadre que en realidad nunca tiene lugar en la película,  es, no obstante, para los americanos, un autor con muy buena prensa entre intelectuales.
En realidad, Paul Mazursky lleva una carrera paralela a la de John Cassavetes: Mazursky también es actor, guionista y productor, y está especializado en una suerte de comedias de tipo realista con toques dramáticos que, por lo general, suelen ser una seña de identidad. Pero es que además,  Mazursky, imita a Cassavetes, da la sensación de que quisiera hacer las mismas películas que él —de hecho, “Tempestad”, es un émulo del estilo y tono del cine de Cassavetes. Es más, cuenta con el propio Cassavetes, y con Gena Rowland como protagonistas—. Así, Mazursky llega a parecerse tanto que casi cuenta distinguir sus películas, si bien, Mazursky tiene una querencia por cierta estética cómica que le identifica. Casi todas sus películas parecen más graciosas de lo que en realidad son. Y esas pinceladas de locura que nunca llega a materializarse del todo son las que le convierten  en un Cassavetes accesible, más para todos los públicos, sin alejarse demasiado del cine de arte y ensayo que al final, camuflado de producción hollywoodiense, es lo que practica en su cine.
“Harry y Tonto”, es una buena muestra de esto que les digo y, probablemente, una de sus mejores películas.
Estrenada en nuestro país en pequeñas salas de arte y ensayo (el “Publi 2” en Barcelona, o el “Lumiere” en Madrid) donde congregó a 52.000 gafapastas de los años 70 que fueron a verla en versión original subtitulada,  “Harry y Tonto” es, a día de hoy, una película completamente olvidada. Tras su paso por esas salas no tuvo vida comercial en vídeo y, si acaso, algún que otro pase televisivo esporádico, con lo que podemos considerarla una película rara, misteriosa y desperada. Una película que, casi, no existe. En Estados Unidos su relevancia posterior a su estreno tampoco ha sido mucho mayor, y eso que es un film que fácilmente podía ser recordado como el que le consiguió un oscar a Art Carney como mejor actor protagonista, arrebatándoselo nada menos que a actores como Jack Nicholson, que optaba a la estatuilla por “Chinatown”, Al Pacino, nominado por “El Padrino II”, Dustin Hofman por “Lenny” y Albert Finney por “Asesinato en el Orient Express”.
Carney era un actor eminentemente televisivo, muy querido por la audiencia gracias a su intervención en la mítica sitcom “The Hooney Mooners” junto a Jacky Gleason, pero sin experiencia en cine, por lo que alzarse con la preciada estatuilla sorprendió a propios y extraños.
El caso es que el guion de “Harry y Tonto” estuvo dando vueltas por los estudios sin nadie que se atreviese a producirlo y con actores como James Gagney o Cary Grant rechazando el papel principal. Cuando Mazursky tuvo la idea de darle el papel de Harry a Art Carney dio en el clavo, porque Carney era muy querido para el público televisivo, y, por este motivo, el estudio dio vía libre al proyecto pensando que, si fracasaba en el cine, en sus pases televisivos seguro que resultaría un éxito. Lo que nadie se podía esperar es que por su interpretación, Carney, consiguiera un Oscar.
También fue un reto porque Carney en 1974, tenía 52 años de edad, justo 20 menos que el personaje al que daría vida, pero finalmente su interpretación fue efectiva y gracias a muy poco maquillaje, al teñirle al actor unas canas y dejarse el bigote, Carney, da el perfil perfectamente. Su sobria interpretación hizo el resto.
En el reparto, a parte de Carney, y que nos pueda interesar por aquí, tenemos a la clásica Ellen Busrtyn y, muy de los 70, tenemos a Larry Hagman, al igual que Carney, actor de amplia carrera televisiva que igual en España se hizo más popular de lo que debía gracias a su interpretación del mítico J.R. en la serie “Dallas”. En “Harry y Tonto”, es uno de los muchos hijos que Harry va a visitar.
En cuanto al gato, Tonto, aunque en la película sale acreditado como un solo gato llamado igualmente Tonto, la realidad es que fueron tres los gatos los que le interpretaron, todos ellos muy inteligentes y disciplinados, y que hicieron buenas migas con el equipo. A Art Carney no le gustaban los gatos; tras trabajar 24 horas con uno acabó siendo un gran amante de los mismos. Por otro lado, el amaestrador de Tonto, quiso regalarle uno de los gatos actores a Paul Mazursky que se moría de ganas por quedarse con uno de los que había dirigido. No pudo ser porque su esposa tenía alergia a los mininos, así que se quedó con las ganas.
Si les gusta el cine reposado, tranquilo, sin muchos giros en la historia, les recomiendo esta película, pero, más aún, si les enternecen ese tipo de películas en las que un humano estrecha lazos con su mascota. En ese caso “Harry y Tonto” les llegará al corazón –spoiler- sobre todo en su tristísimo final – fin del spoiler-.

viernes, 20 de octubre de 2023

DIAGNÓSTICO FATAL: SIDA

A mediados de los 80 la humanidad entró en estado de shock porque había surgido, casi en calidad de epidemia, una nueva enfermedad de transmisión sexual que producía la muerte y, sobre todo, afectaba al colectivo homosexual. Se trataba del síndrome de inmunodeficiencia adquirido, es decir, el SIDA, y por aquel entonces, el desconocimiento sobre como funcionaba era total.
Pronto la ciencia fue descifrando los secretos de dicho virus y rompiendo mitos al respecto, pero el populacho tenía miedo, y no bastaba con anunciar que se contagiaba únicamente por vía sexual; el pueblo respondía ante la enfermedad con desprecio, como si se transmitiera por el aire, y rechazando así a los portadores de la misma.
Por supuesto, el tema era de candente actualizad y, con el fin de arrojar un poco de luz ante tanta ignorancia, la NBC produjo en 1984 el que probablemente sea el telefilm más exitoso en su historia, este “Diagnóstico fatal: SIDA”.
Por supuesto, el título americano, “An Early Frost”, era mucho más sutil que el que se eligió en nuestro país en su edición en vídeo para alquiler, al que habría que sumarle el mal gusto de poner la palabra SIDA en letras bien gordas cuyo fondo representaba el virus creciendo violentamente en una placa de Petri. Asimismo, se anunciaba como “primera película del mundo sobre SIDA”, cosa que era cierta, anticipándose a clásicos modernos mucho más versados en la materia como puedan ser “Philadelphia” o “Compañeros inseparables”.
“Diagnóstico fatal: SIDA” fue un éxito de audiencia fuera de todo precedente consiguiendo 34 millones de espectadores en su primera emisión, superando incluso a los eventos deportivos más punteros de entonces. La critica fue benévola con una cinta cuyos mayores problemas venían dados de la propia censura aplicada por la cadena televisiva que la producía, y ganó tres premios Emmy de las 14 nominaciones a las que aspiraba, así como recibió otras tantas a los Globos de Oro. Sin embargo, no resultó ser la producción de NBC que dejara más beneficios a la cadena, puesto que al tratar un tema tan controvertido, los anunciantes no se atrevieron a promocionarse en la emisión del film. NBC perdió aproximadamente medio millón de dólares de ingresos por publicidad. Con todo, a la larga, tras las repetidas emisiones y las ventas en los distintos formatos domésticos, acabó rentabilizándose por sí mismo.
La sinopsis es sencilla: un joven abogado homosexual es diagnosticado con SIDA y no comprende como puede haberse contagiado, puesto que solo se relaciona sexualmente con su pareja. En el momento que el novio confiesa haber estado con varios hombres durante la relación y que es portador de la enfermedad, se desata el drama, máxime cuando nuestro protagonista acude al hogar paterno a confesar su homosexualismo, y lo que es peor, su enfermedad. El padre no acepta ninguna de las dos cosas.
Obviamente es un folletín médico con más propósitos de educar al espectador que de amenizarle la tarde, pero, curiosamente resulta claramente entretenido y portador de un tempo y una cadencia muy de agradecer. Obviamente con 40 años de antigüedad, y en tiempos en los que ya nadie se muere de SIDA, ha perdido toda su vigencia y resulta un tanto inocente, pero comprendemos a la perfección el impacto que tuvo en el año de su estreno, 1985, cuando del SIDA no conocíamos ni el significado de sus siglas. Al margen de eso, “Diagnóstico fatal: SIDA” resulta una película súper competente.
El elenco actoral parece cosa de John Cassavetes; Aidan Quinn, estupendo como abogado gay —doblado en la versión española por Luis Varela— encabeza el reparto, seguido por Gena Rowlands y Ben Gazzara en la piel de sus progenitores. Por momentos echamos de menos al propio Cassavetes y esperamos en cualquier instante que Peter Falk aparezca en pantalla. De hecho, la serenidad del film, el dramón de lo que cuenta y la tranquilidad general que respira, muy bien podría haber sido pergeñada por John Cassavetes, pero todo es producto de la casualidad. El director de la cinta responde al nombre de John Erman, su carrera es eminentemente televisiva y, además del título que nos ocupa, ha dirigido capítulos de “Star Trek” (la original, la de los 60), “M*A*S*H”, o “Raíces” (con Kunta Kinte y compañía). Lo mejor de lo mejor en televisión clásica.
“Diagnóstico fatal: SIDA” se ha emitido catódicamente en todos los canales y en infinidad de ocasiones, pero a partir de 2000 recibió un cambio de título castellano de forma deliberada, pasando a titularse “Invierno en primavera”. Por suerte, la más o menos reciente edición en DVD mantiene el título castellano inicial.
No está mal el telefilme.

viernes, 3 de julio de 2020

THE SEXPLOITERS

El título no puede ser más explícito ni más acertado, ya que estamos ante un genuino nudie cutie de mediados de los sesenta —de los de más baja estofa— que, efectivamente, tiene como principal premisa explotar el sexo.
Pero en este film, el término “Sexploiter” es utilizado para denominar a señoras y señoritas que se prostituyen a cambio de unas monedas. Obviamente, los sesenta y el subgénero son muy ingenuos, y el tipo de prostitución que estas señoras ofrecen es tan solo dejarse fotografiar por señores de mediana edad que lucen las sienes plateadas en el mejor de los casos, son calvos en el peor o, directamente, igual de feos que gorilas. La cosa comienza con un prólogo en el que una de nuestras protagonistas acude a casa de un gañán que pide ser fustigado con un látigo, en una secuencia desopilante.
Así, estas señoras (o señoritas), acuden a lo que se supone que es una academia de modelos desde la cual les indicarán cual es el servicio que deben ofrecer al cliente. Y, de esta forma, tenemos el festival de bailecitos, destetes, tías jamonas posando en pose provocativa, y tíos asquerosos sacándoles fotos mientras ponen cara de salidos. No hay más.
La gracia del asunto está en el poco cuidado que se le pone a todo lo técnico en la película, por lo que predomina un montaje terrible con saltos de eje criminales, desencuadres a cascoporro, y una escena que representa una sesión de fotos en la que, mientras que las chicas que posan están en el interior de un estudio, el tipo que les saca fotos están en plena calle, en el campo, pero se supone que están todos en el mismo lugar... Por lo demás, nada nuevo que no hayamos visto en otros nudies. No tenemos atisbos de comedieta a lo Herschell Gordon Lewis, no tenemos imaginería pop a la “La vida sexual deFrankenstein”, ni tenemos nada. Si acaso un par de jamelgas muy monas y otras que parecen orcos.
Sin embargo es una película que goza de cierto culto en los USA por tratarse de uno de los nudies más olvidados de la época, que estaba práctimente olvidado hasta que, en un alarde de postmodernismo, alguna distribuidora lo recuperó, restauró —de aquella manera— y lo puso a disposición de los retro-pajilleros.
Más interesante resulta alguno de los implicados en esta película porque, por un lado, tenemos a la dirección a Al Ruban, que firma con esta su única película como director, pero que en años posteriores se convertiría en productor de los films más populares de John Cassavetes (“Opening Night”, “Así habla el amor”) o cintas mainstream como “París Texas”, mientras que toda su carrera la desarrolló haciendo distintos oficios para el cine, ya fuera como actor (aparece en “La cosa del pantano” de Wes Craven) o como director de fotografía de las más variopintas y oscuras películas. También aparece como actor en esta, sin acreditar, del mismo modo que lo hace C. Davis Smith, también involucrado en el cine de Cassavetes, director de sexploits los cuales firmaba con diversos pseudónimos (Charles Lamont sería el más conocido) y que cogió la cámara en infinidad de películas. Ambos, Ruban y Davis Smith, dan vida en “The Sexploiters” a los señores calvos, feos y agorilados a los que hacía mención al principio de la reseña.
Por lo demás, poca cosa. Una gota en un mar de nudies. Ni tan siquiera destaca por ser la niña fea de la clase.

sábado, 1 de julio de 2023

UNCLE KENT

Las tendencias van y vienen, a velocidad de vértigo. No hace tanto, en los circuitos cinematográficos, se daba mucho la murga con la nueva pijada del cine "indie", el "mumblecore", compuesto a base de dramas generacionales protagonizados por treintañeros y/o cuarentones + sus problemas existenciales, "resueltos" a base de interminables diálogos. Es decir, igualito que los culebrones primigenios facturados por John Cassavetes desde cierta independencia, puestos al día en cuanto a referencias culturales, guiños, tacos y explicitez sexual. A todo ello, añadan el ascenso, tímido aún, de cierta tecnología digital que facilitaba mucho las cosas. El vídeo dejó de ser el malo de la película, y ya se podían hacer movidas más "respetables" en las que no había que invertir ni mucho dinero ni, sobre todo, mucho tiempo. Y si no, que se lo digan a Joe Swanberg quien, en funciones de director, guionista y actor, se convirtió en el creador más prolífico de la pandi.
Curiosamente, llegado su momento, y porque hablamos de tiempos modernos y generaciones modernas de yankis formados a base de consumo masivo de cine (y mentalidad capitalista), el "mumblecore" descubrió los placeres -económicos y populares- de rejuntarse con el género del horror, naciendo así el graciosamente llamado "mumblegore",
dando pie a títulos de cierta solera como "Tú eres el siguiente" (con Swanberg en un rol principal) o las primeras películas de Ti West, quien sale en los agradecimientos de "Uncle kent".
Esta narra los avatares de un animador -de dibujos con regusto a Matt Groening- cuarentón y su respectiva crisis amorosa y existencial. El tipo, interpretado por Kent Osborne, de desagradable aspecto -terminaría profesionalmente ligado a varios productos tan conocidos como "Monstruos vs. aliens" y la serie de "Bob Esponja"-, hace garabatos por encargo a través de webcam. Una de sus clientas decide venir a su casa a pasar una semana. Con esta nacerá como una historia de amor raro, semi correspondido pero no del todo, incluidas largas conversaciones sobre sexo y masturbación, así como una escena de trío que, sin llegar a muy explícita, tiene su rollo (perfectamente reflejada en el ultra-comercial póster).
Mmmmmh... a ver... "Uncle Kent" ha dejado en mí un poso algo confuso. Reconozco que no me desagradó, la consumí sin mayores problemas, me aburrí lo justo, y, claro, se me ganaron eso de que el prota dibuje muñequitos, lo de que esté grabada en evidente formato vídeo (y además muy crudamente, cosa que incluye los créditos y la temible y minimalista banda sonora a base de Casio), etc... todas esas mierdas me vuelven loco. Lo que puede cargar un poco son los repelentes personajes, con su pose victimista o progre. La prota, Jennifer Prediger, no está mal, enseña cacho y parece un trasunto menos lésbico de Janeane Garofalo. Hasta "musicalmente" sus nombres se asemejan. Si la Garofalo no se hubiese vendido a Hollywood (total pa lo que le sirvió) digamos que sería como la Prediger.
Normalmente usamos la palabra "interesante" cuando algo nos parece una mierda pero no osamos decírselo a su responsable. Sin embargo, con respecto a "Uncle Kent", puedo echar mano de ella de modo honesto. Sí, es una propuesta interesante. Y c
uriosa. Peculiar. No deslumbra, no inventa la rueda, pero al menos, para una vez, merece la pena.
Me gustaría ver más cosas dirigidas por Joe Swanberg, la verdad. Sobre todo si son de este palo lo-fi, tan crudo. Además, el tío me cae bien. Recientemente descubrí que regenta un video-club retro, al final de una pizzería, allí en la ciudad de Ravenswood. "Analog" se llama y pone a disposición del personal la posibilidad de alquilar películas de su colección (de VHS se entiende), muy variada. Eventualmente organiza proyecciones y charlas, pero no solo de materia "arty", también costrosidades SOV de horror y aledaños. Majo, ¿verdad?.
Cuatro años después hubo un "Uncle Kent 2", luciendo un desconcertante cartel que la emparenta con un exploit de "Scream" o "Sé lo que hicisteis el último verano". Va de rollo metacine, con Kent Osborne visitando convenciones de comic en espera de lograr montante para hacer... pues "Uncle Kent 2". Aquí Swanberg se limita a un papel. He leído que es muchísimo peor que la primera. Debería evitarla pero... nunca digas de este agua no beberé.


Joe Swanberg, feliz en su video-club.

sábado, 28 de marzo de 2020

WENDIGO (ESCALOFRÍO)

Larry Fessenden me cae bien. Ver su calva prominente y su diente mellado en cualquier peli es garantía de gozo. Sin embargo, siempre he dicho que como director no vale un pimiento. Que se le da mejor apadrinar proyectos de otros, porque los suyos propios se saldan con malos resultados. Esta teoría, que los años han corroborado de manera harto dolorosa, comenzó con "Wendigo".
Leí por primera vez sobre ella en alguna página web yanki, y se me hacía la boca agua cuando la calificaban de "genuniamente aterradora". Vamos, que daba mucho yuyu en parte gracias a su condición humilde, su independencia, sus 16 mm y su preferencia por personajes humanos. El día que llegó a nuestros video-clubs como "Escalofrío" fue de manera totalmente inesperada. No tenía ni idea de que la iban a traer aquí. Buenos tiempos aquellos en los aún había sitio para las sorpresas. La alquilé raudo, corrí a casa a verla y ¡¡¡me aburrí como un demonio!!! Ni miedo, ni gaitas. Un coñazo de órdago. Y desde entonces, que he tenido mal concepto de ella y del Fessenden-Director. Pero ya saben que uno de mis hobbys actuales consiste en volver a deglutir aquellos films que en su momento no me funcionaron para confirmar esas virginales impresiones o, por el contrario, descubrir que la madurez, la experiencia y las canas me han ayudado a apreciarlas. Resumiendo, que he vuelto a ver "Wendigo" en una versión remasterizada en la que sus 16 mm lucen de maravilla.
Una familia al completo se traslada hasta una cabaña en plena Norteamérica profunda. Nada más llegar, tienen un encontronazo con unos cazadores bastante paletos (el inevitable mensaje ecologista, tan común en el Fessenden-Director, está bien presente a lo largo del relato). Parece que no, pero tan incómoda situación tendrá terribles consecuencias en el futuro. De mientras, un misterioso indio entrega al hijo pequeño del clan una figura de madera que representa a "Wendigo", un ser mitológico devorador de humanos y que, llegado el momento, será útil para acometer justicia.
Es como si John Cassavetes hubiese dirigido una de terror. Así la definía alguien hace poco y, ciertamente, me habría pensado si alquilarla o no de haberlo sabido en su día. Se trata de una apreciación totalmente certera. Más de la mitad de "Wendigo" se desarrolla como un retrato hiper-realista de la vida de una pareja y su hijo. Sus cotidianidades, conversaciones, etc. Además, al estar filmado todo en 16 mm y, eventualmente, con una cámara nerviosa que no escatima traqueteos, el efecto documental se percibe claramente. La diferencia es que, a ratos, muy a ratos, Fessenden salpica la historia de toques sobrenaturales, incluidas secuencias visualmente muy logradas de crudo stop-motion y otras virguerías que contrastan con el tono general. Y al final te percatas que estás viendo un corto alargado. Se podría haber explicado lo mismo en 25 minutos librándose de toda la paja. Es decir, las secuencias de "vida conyugal". Estas son las culpables de que nos aburramos. Porque estamos con lo de siempre, el que espere una de terror bostezará indiscriminadamente y el que quiera un drama naturista, se descolocará con las escenas puramente fantásticas. Una apuesta valiente y arriesgada que, como tal, se salda con un pequeño fracaso. Y es una verdadera lástima, porque "Wendigo" viene repletita de virtudes, pero están demasiado dispersas y son demasiado pocas como para que el todo termine por convencernos.
Tal vez lo mejor sea su tramo final, intenso y efectivo. Uno de los personajes principales se enfrenta a la muerte y, ciertamente, sufres con/por él/ellos. Te afecta. Cosa que debemos agradecer a las estupendas interpretaciones de Jake Weber y Patricia Clarkson.
Vale, no es la peor del desdentado, pero queda lejos de ser memorable.

viernes, 27 de octubre de 2017

EL TREN DE BERTHA

“El tren de Bertha”, o más bien dicho, sus críticas son un claro ejemplo de la hipocresía (y en el peor de los casos, de la ignorancia) de aquellos que ven cine de calidad –y solo cine de calidad- cuando calibran la película de la que van a hablar según el rasero que más les conviene.
“El tren de Bertha”, no es más que un “Exploitation” de serie B que se aprovechaba del tirón que tenía “Bonny & Clyde” y una consecuencia directa de “Mamá Sangrienta” dirigida, precisamente, por el productor de esta, Roger Corman. Lo que pasa, es que la dirige un asalariado Martin Scorsese, y solo por eso, para esos plumillas, esta película es un ejercicio de estilo, una película a tener en cuenta. Me gustaría saber que pensarían de ella esos mismos, si la hubiera dirigido cualquier otro. Scorsese aborda su segunda película bajo la batuta del productor, Roger Corman, que le pide unos mínimos comerciales que no son de su cosecha (esto es, dosis ingentes de violencia y sexo, aunque luego, Scorsese, convertiría la violencia en un recurso habitual en su filmografía) y se limita a rodar lo que sus jefes le piden, pero obviamente, salvo por algunas cositas que sí serían su sello, aquí no vemos a Scorsese por ningún lado. Sin embargo, está claro que esta película le sirvió de aprendizaje. Al margen de Scorsese, “El tren de Bertha”, es una película interesante.
Basada en las memorias novelizadas de la tal “Boxcar Bertha” que da nombre a la película en su versión original, cuenta la historia de una joven huérfana que  durante la gran depresión”, se asocia a un sindicalista del sector ferroviario. Los avatares del destino propician que ante los problemas con las huelgas y los sindicatos, el sindicalista, Bertha, y un par de hombres más que se encuentran por el camino, formen una banda criminal que se dedica a asaltar trenes con el fin de donar este dinero al fondo para huelgas, sin embargo, ya se les busca por comunistas y criminales. Durante la travesía que nuestros protagonistas atravesarán, seremos testigos de varios baños de sangre.
El principal atractivo de esta película, que al final no deja de ser una peliculita de bajo presupuesto, es el poder ver como se maneja Martin Scorsese con pocos duros y con tan solo tres semanas para rodar. Y no se apaña mal, no crean, pero no mejor que otros directores de películas baratas. Cuando se escribe sobre “El tren de Bertha”, nadie se quiere dar cuenta de la cantidad de desenfoques con los que cuenta la cinta –no por una cuestión estética, sino por incompetencia-, ni de lo mal montada que está, o de ese raccord criminal que no pocas veces provoca la hilaridad del cinéfilo más puñetero y avispado. Por otro lado, el verdadero interés de esta película, radica en ver las carencias y chapuzas de las que hace alarde, y jamás lo contrario. Porque no. Porque “El tren de Bertha” está entretenida, y es curiosa, pero es una película muy mal hecha. Casi Amateur.
Un tal Miguel Ángel Palomo, decía en la prensa: "Un filme comprometido, contestatario, (...) rodado con furia, con dominio visual, y apoyado por una Barbara Hershey que desprende a la par dureza y sensualidad".
Yo me pregunto si vimos la misma película, porque que eso de que es un filme comprometido… Amigo mío, esto es un puto filme comercial cuyo único afán es el de llenar los bolsillos del productor. Que nuestro prota sea un sindicalista no es más que un matiz. Toda esa furia y dominio visual, lo dice usted porque es Scorsese, porque la única verdad es que esta película está rodada con el culo, es una chapuza. Eso si, Barbara Hershey está muy rica, y la vemos hasta las amígdalas en esta película.  Así que lo de la dureza vendrá por las erecciones que provoca la actriz rebosante de juventud y toda ternesca, y la sensualidad por la de veces que sale follando ¿no? Cómo se les ve el plumero. En fin.
Al margen de esto, ciertamente es una película entretenida, con sus altibajos, curiosa y visible. Pero en ningún caso es esa obra revolucionaria que nos quieren hacer creer que es, solo por ser de quien es. Ah, y el guion es flojito.
Como anécdota, decir que cuando Scorsese acabó la película, se la puso a John Cassavetes, quién le dijo que había empleado un año de su vida en hacer una pedazo de mierda y que se alejara del “Exploitation”. Scorsese le hizo caso y se puso a hacer pelis de mafiosos.
En los papeles protagonistas tenemos a la ya mencionada Barbara Hershey que, insisto, no es normal lo buena que está esta mujer (pajilleros, preparados para darle a la pausa y al zoom en la escena en la que ella juega a los dados), incluso en su vejez. Hershey, no quedó muy contenta con la película, y arremete contra Corman diciendo que lo que habia rodado Scorsese estaba muy bien, pero que el film quedó defenestrado por el montaje de Corman que se excede en escenas de sexo y violencia, y que en consecuencia, el público solo vio eso. Yo le digo que, hija mía, si a esta peli le quitas las tetas y la violencia, no solo lo que cuenta importa un bledo al espectador, sino que además sería un coñazo.
También tenemos, en el papel de sindicalista,  a David Carradine, muy joven y totalmente incapacitado para el arte de la actuación, que por aquél entonces salía con la Hershey (con lo feo que era, anda que no tuvo suerte), y que tiene la suerte de hacer una escena en el film junto a su padre John Carradine, que ya estaba mayor el hombre… pero no era consciente de lo mucho que la serie B/Z explotaría todavía su vejez.
Barry Primus y Bernie Casey, habituales en los repartos independientes (e incluso underground) de fuera de Hollywood del momento, completan el reparto.
Está bien. Una curiosidad.

domingo, 2 de marzo de 2014

VACACIONES PERMANENTES

Sin llegar a ser fan, reconozco que siento respeto y simpatía por Jim Jarmusch. Suelo ver todas sus películas y, en general, me gustan. O, mejor, no me desagradan demasiado. Incluso "Flores rotas" que en su época recibió tanto desprecio (la excepción sería "Bajo el peso de la ley", que me parece un coñazo tremendo). Ese respeto viene, en parte, porque Jarmusch se ha mantenido "semper fidelis" a su manera de hacer cine, a pesar de que le ha llovido fama y prestigio, de haberse convertido en el paradigma humano de lo que se entiende por "cine indie norteamericano" y, también, en un personaje de "Los Simpson" (eminentemente ligado a la mentada etiqueta). Otro hubiese aprovechado el momento de gloria para intentarlo en un entorno más convencional, por aquello de experimentar qué se siente currando en, por y para Hollywood. Pero Jarmusch no, el ha seguido a la suyo... aunque también podríamos tildar de acomodaticia esa táctica porque, a fin de cuentas, el payo lleva haciendo la misma película desde que le conozco. Mi pregunta sería: ¿Le salen así honestamente o es que se limita a confeccionar "la peli de Jarmusch que Jarmusch piensa que el público de Jarmusch espera de Jarmusch"?. ¿Por qué no le echa huevos y rueda uno de sus dramas existenciales con estética de vídeo-clip, o hace una "spoof movie" a-narrativa?. ¡¡Porque no le sale de los cojones!!, diréis. Es posible, pero tal y como anda el patio, agradezco que exista un Jim Jarmusch y que se esfuerce tanto en no dejar de actuar como.... Jim Jarmusch.
Realmente, el hombre comenzó a destacar a partir de "Extraños en el paraíso". Es la película que le otorgó renombre y premios (en "Cannes", nada menos). También es en la que desarrolló el que, desde ese mismo instante, iba a ser su estilo recurrente e inconfundible, ese neorealismo minimalista trufado de silencios y un sutil sentido del humor, a base de largas tomas y ritmo pausado. De hecho, para mucha gente "Extraños en el paraíso" es la primera película de su director. Puede que incluso los haya que así lo crean de modo oficial. Pero no, antes hubo otra, "Vacaciones permanentes", poco difundida y no tan bien considerada.
Hay un motivo, amigos. "Vacaciones permanentes" es TOTAL y ABSOLUTA esclava de las tendencias de su época y momento. Tiene todos los tics de una moda que se dio a finales de los 70 e inicios de los 80 y que fue el verdadero gen de lo que hoy entendemos por cine independiente norteamericano, la llamada "new wave" o, mejor aún, "no wave". Era un especie de mini-movimiento muy unido a otras prácticas artísticas de orden contra-cultural como el punk, pero el neoyorquino, que era bastante diferente al británico. Mientras el punk de las islas se mutaba en algo fashion y engrosaba las páginas de la prensa sensacionalista, los creadores de la Gran Manzana prefirieron llevarlo a terrenos más anti-populares y minoritarios, convirtiéndolo en la mentada etiqueta "no wave". Cinematográficamente hablando, de ahí surgieron personajes tan interesantes como Amos Poe, Eric Mitchell, Beth y Scott B, Vivienne Dick, Bette Gordon y tantos otros que se especializaron en unas películas, generalmente rodadas en 16mm o Súper 8, muy influenciadas por el cine underground primigenio yanki (el de los 60 y, prácticamente, el único genuino), John Cassavetes y la "nouvelle vague". El mismo Amos Poe, que se convirtió un poco en el rey de la función, era un imitador compulsivo de Jean-Luc Godard y en sus características películas de entonces asomaban muchos personajes ilustres de la escena, incluida la musical (desde "Blondie", pasando por Robert Gordon hasta los mismos "Cramps", todos ellos ejerciendo de actores). Jim Jarmusch siempre ha reconocido que fue Amos Poe el que le inspiró realmente a dejarse de pamplinas (es decir, abandonar su carrera como estudiante de cine), pillar una cámara y rodar una película. Y esa fue "Vacaciones permanentes" que, como decía, hace gala de todas las tendencias estéticas de aquel infra-cine (que algunos llamarían underground, pero habría que ver qué tiene de marginal un largo, como el comentado, subvencionado por varios estamentos oficiales bien respetuosos). A inicios de los 90 yo andaba obsesionado con el "new/no wave cinema", era un concepto que me flipaba mucho, leía cuanto podía de el y me imaginaba las películas resultantes (a las que no pude acceder hasta la aparición de la mula descargadora). ¿Y en qué consistían las leyes del "no wave"?, pues en desarrollar tu historia en un entorno eminentemente urbano, dando absoluta prioridad a los paisajes más degradados, los edificios abandonados y en ruinas y las paredes de ladrillos repletas de grafitis. Sitúa en dicho escenario a un personaje joven, solitario, inadaptado, que ha perdido la capacidad de ser feliz y dedica todo su tiempo a dar largos paseos sin rumbo o sentarse frente a la ventana a pensar en sus rollos. Procura que en sus periplos callejeros se cruce con personajes extraños y variopintos, a medio camino entre el surrealismo y el lumpen. Candidatos adecuados son: Vagabundos, putas, ladrones, locos, asesinos, gangsters o artistas marginados (o auto-marginados). Narrativamente no te preocupes por explicar mucho, bastará con que te centres en esos encuentros, trufados de diálogos profundos, minimalistas, absurdos y existencialistas (por incoherente que suene, puede hacerse) y, pa rellenar, pues más paseos del protagonista hasta un final sin final. También suele funcionar mucho introducir códigos propios del cine negro clásico, con alguna pistola o tiroteo, pero no es obligatorio (siempre pueden acusarte de ser demasiado comercial). Y hala, ya tienes tu película underground "No wave". Pues bien, todo eso está en los films de Amos Poe. Y buena parte de ello también en la primera película de Jim Jarmusch, motivo por el cual ha quedado tan desfasada, se la ignora tantísimo, se la valora tan poco y resulta tan divertida... aunque no lo pretenda.
"Vacaciones permanentes" ("Permanent Vacation" en v.o.) narra dos días y medio en la vida de Allie, un joven -muy joven- hipster desgarbado que pasa las horas caminando por las sucias calles de Nueva York cruzándose con la peña más estrambótica (un ¿veterano del Vietnam? que cree encontrarse en plena guerra, un negro que cuenta largos y aburridos chistes malos, la encargada de vender palomitas en un cine que, si te descuidas, te explicará entera la película, una hispana loca de lo más descojonable, etc). A veces visita a su madre en el manicomio o a su novia, junto a la que vive en un sucio y deprimente apartamento. Cuando están juntos, hacen lo normal en este tipo de movidas, nada, aburrirse mucho, mirar por la ventana, estar siempre atormentados y dejar pasar largos silencios que únicamente rompen cuando se ponen a discernir sobre importantes cuestiones filosóficas, más profundas que un abismo y que no pegan nada de nada oídas en sus jóvenes e imberbes bocas. O peor, leen pasajes de libros la mar de cultos. Al final, Allie se cansa, hace las maletas y se va a Francia. Claro, hogar de la "nouvelle vague". Fin.
"Vacaciones permanentes" no solo es la típica película "No wave", también es la típica película de un ambicioso estudiante de cine. Tan pretenciosa e intelectual que da asco. O, mejor, que daría asco sino fuese porque, gracias a su pátina ingenua, inocentona y abiertamente amateur, resulta muy divertida. No sé hasta qué punto Jim Jarmusch se toma en serio su propuesta, pero yo diría que mucho. Demasiado. De hecho, algo aprendería al respecto porque, a partir de entonces, todas sus obras harían gala de un agradecido sentido del humor. Pero en el caso que nos ocupa, uno realmente no sabe si las risas son provocadas o son involuntarias. Yo diría que más lo segundo. Jarmusch nos está contando un drama existencial de lo más angustioso.... trufado de momentos inquietantemente casi surrealistas (hay unas gotas de experimentalismo muy curiosas que nunca más volveremos a encontrar en la carrera del cineasta), y no creo que estuviera para gilipolleces. De hecho, si lees el texto dedicado a la película en el estupendo e imprescindible libro "Cine independientes americano: una introducción", que tengo la infinita suerte de poseer, podrás corroborar que Jim Jarmusch, entonces jovenzuelo, inexperto, ambicioso y con poco más hecho a sus espaldas (salvo la versión corta de "Extraños en el paraíso" y un porrón de proyectos en 16 e incluso 8mm con el mismo equipo artístico y creativo de "Vacaciones permanentes" que se irían al garete cuando lograra convertir el corto en largo, ganar un porrón de premios y aspirar a cotas más altas), habla muy en serio de su obra y del contenido de la misma.
Así pues, si a todas las carencias comentadas añadimos sus actores malísimos, su banda sonora chirriante y horrible (cortesía del propio Jarmusch junto al jazzman John Lurie. La última vez que los vi juntos fue en un capítulo de Bob Esponja), sus sutiles desenfoques, la mierda de sonido y cierta torpeza artesanal en todo ello, nos encontramos ante un film realmente simpático e incluso encantador si, sobre todo, nos lo tomamos como hay que tomárselo. Un poco a coña. Me parece imposible ver algo realmente profundo y trascendente en "Vacaciones permanentes". Puedo entender que en la época alguno picara -y picó, ya que se llevó algún premio y todo- pero el tiempo ha hecho mella en ella y hoy resulta muy anticuada y algo ridícula, casi una caricatura involuntaria de lo que entendemos por cine de arte y ensayo. Es lo que tiene sumarse a una moda, que cuando pasa, te arrastra con ella. Me gustaría saber qué opina hoy día el director de su opera prima, algo me dice que no sería muy diferente a lo que opino yo.
Entre el curioso personal que pulula por delante y/o detrás de la cámara (muchos de ellos hacen ambas cosas), encontramos al ya mentado John Lurie (en el dvd editado por el "Fnac" se incluye una bio en los extras y, como era de esperar, se pasa por alto su participación en otras piezas legendarias del "No wave" como "Rome 78" de James Nares, "The offenders" de Beth & Scott B., "Underground USA" de Eric Mitchell o "Subway Riders" de Amos Poe. Es más, incluso Lurie dirigió su propia aportación, "Men in orbit". Junto al Jarmusch triunfador, Lurie abandonó el lado más oscuro del celuloide para colarse en el más... ¿gris?). Richard Boes (actor habitual de Jarmusch y del cine "indie" en general). Sara Driver (también eventual directora y ex de Jimmy). Frankie Faison (el único actor que posteriormente hizo algo parecido a una verdadera carrera). Eric Mitchell (otro esteta del "No wave" que colaboró con los "grandes" de la escena e hizo sus propias pelis -la mentada "Underground USA"-, además de inaugurar una sala exclusivamente dedicada a esa clase de films y que cerró en tiempo récord). Finalmente localizamos a Tom DiCillo como cinematógrafo (quien años después se pasaría a la dirección y debutaría con "Johnny Suede", peli que guarda muchos puntos en común con "Vacaciones permanentes" y todo el cine "No wave" en general -y en la que también actúa Richard Boes, añado-), tarea que comparte con James A. Lebovitz, quien acabó currando para la Troma y en films como "Maniac Cop 2", nada menos.
Curiosa, sí. Interesante, también. Buena, no. Horrible, tampoco. Trascendente, ni de coña.

jueves, 26 de julio de 2012

LUNA NEGRA

El mayor problema que le veo yo a "Luna Negra" es que, así de lejos, mirándolo con mentalidad tierno-adolescente, se trata de un film algo engañoso. Es decir, ES engañoso en dos aspectos. Uno, parece una peli sobre un coche futurista capaz de todo... y no, en realidad el auto tiene un papel secundario. Dos, en la caratula se destaca a John Carpenter casi como padre absoluto del film, cuando únicamente es responsable de la idea de base y de (parte de) un guión que, seguramente, otros muchos terminaron retocando y mutando.
Un ladrón roba por encargo una cinta de cassette con un contenido de lo más importante y básico. En la huída, la esconde en el recoveco de un coche futurista que anda cerca aparcado. Cuando intenta recuperarla, otro ladrón (en este caso, ladrona) roba el auto y lo guarda en una guarida secreta comandada por una gran corporación de lo más malvada. El ladrón prota y los inventores del coche unen fuerzas para rescatar cada uno su respectivo botín.
Y sí, al final el super-coche se marca una pirueta entre espectacular y cutre, pero como digo, eso es todo. La mayor parte del metraje reposa aparcado en un garaje. El auténtico clímax de la función (y uno de sus mejores momentos) es la entrada al custodiado edificio, aunque francamente, el modo en que ambas tramas se unen me parece demasiado burdo y chorras... no sé, no me suelo tragar las pelis que parten de meras casualidades, como es el caso. Sin embargo, asumido ello, y otras carencias, la verdad es que "Luna Negra" funciona como leve entretenimiento para Domingo por la tarde. Nada chirría ni molesta, pero tampoco impresiona o deslumbra. Un film sencillito que deja un regusto potable, y a por otra cosa.
El entrañable reparto es muy de su época. Tommy Lee Jones, todavía no tan arrugado, interpreta al ladrón/anti-héroe de la función, y uno de sus mayores atributos es que comete varios errores que afectan al desarrollo de la peli, y eso mola. No es perfecto. Le sigue la guapa/fea Linda Hamilton, casi recién salida de "Terminator". Robert Vaughn en su inmortal papel de malo-dandy. Richard Jaeckel, William Sanderson, Nick Cassavetes y, muy especialmente, Bubba Smith (el "Hightower" de "Loca academia de policía") y Lee Ving, el mítico frontman de la mítica banda punk-de-goma-pero-guay "Fear" que, como era habitual en la época, hace de malo cabrón.
Harley Cokeliss, director, terminaría con sus huesos en la tele, pero antes de "Luna Negra" firmó una cosica titulada "Warlords of the 21st Century", un pseudo-"Mad Max 2" que en España se lanzó con el título "Destructor".
Ta bien.

viernes, 6 de enero de 2023

DIARY OF A SINNER

Canuxploitation de corte soft setentero y desacomplejado, que le sirve para coger cayo a un emergente Ed Hunt que, haciendo con la pasta del gobierno canadiense sus primeros pinitos, más tarde se convertiría en un director artesanal que dirigiría cosas tan populares como “Invasión a las estrellas”, “El cerebro” y sobre todo “Cumpleaños sangriento”.
Este “Diary of a sinner” es una película concebida para causar morbo y ser explotada en los circuitos de sesión doble y autocines en los pases golfos, sin embargo, Hunt utiliza el material del que parte, es decir, el folleteo, para contarnos una historia que muy bien podía haberse movido por los circuitos arthouse de la época, de no ser por todo tipo de carencias técnicas derivadas del bajo presupuesto que le otorgan un tono general bastante chapucero y unos actores que no acaban de convencernos ni cuando están fingiendo sexo en una escena de folleteo, ni en las eternas conversaciones, supuestamente profundas, de las que está plagado el film.
Digamos que a Ed Hunt le dijeron que hiciera una película de folleteo y este rodó una compleja película sobre la amistad y la desesperación en la que, sin que en ningún momento haya penetración, los protagonistas follan.
Así tenemos una road movie en la que un proxeneta al que le ha dejado la novia y un cura que se ha salido del seminario, se encuentran hundidos y deprimidos hasta tal punto, que deciden jugarse la vida a cara o cruz. El que pierda, deberá suicidarse ante el otro. Sin embargo, antes de lanzar la moneda, ambos decidirán realizar un viaje en coche atravesando la ciudad para, antes de suicidarse, hartarse de follar y disfrutar de todo lo que venga. Así que se lanzan a la vorágine. Durante el periplo les pasará de todo, follarán como posesos y las circunstancias cambiarán, pero ¿Se jugarán la vida finalmente a cara o cruz? Para saberlo hay que ver la película.
La verdad es que estamos ante una rareza, una película extraña con toques melodramáticos a la Cassavetes que asimismo está rodada como con la imperiosa necesidad de hacer ver, que aunque esta sea una película de folleteo, se sabe rodar, de ahí que Ed Hunt a las primeras de cambio ambiente según que escenas eróticas como si de ensoñaciones oníricas se tratase y nos muestre folleteo que roza el cine experimental.
Es por todo esto que me imagino las caras de los pajilleros de turno que fueran a los cines para contar con material que les sirviera para pajas y se encontraran con un cura y un chulo — ¡Ja! ¡Como en “Los Chulos” de Ozores y con Pajares y Esteso!— absolutamente depresivos que están al borde del suicidio y que la trama central de la película se centre en el cómo lo hacen y no en cuanto follan.
Poco más. Una curiosidad del cine canadiense de explotación de los años 70 que de no ser por ese marcianismo del que hace gala, sería una más… O  una peor, porque las señoritas en pelotas que aparecen en los actos sexuales que practican estas dos almas de cántaro, no tienen mucho que envidiarle en fealdad y sordidez a las que aparecían en “Bat-pussy”.
No es especialmente coñazo por otro lado.

martes, 13 de septiembre de 2011

INCUBUS / EL ÍNCUBO

Aún la recuerdo en los estantes del vídeo-club. Siendo jovenzuelo nunca la alquilé porque, según mis queridas revistas especializadas made in France, era un film muy light en cuanto a niveles hemoglobiníacos. Sediento de sangre como iba yo a esas edades (¡y de sexo!), la ignoré. Ayer, bastante más mayor y con unos gustos un pelín más abiertos y menos básicos (pero solo un pelín, no se crean), pensé que era oportuno recuperarla y verla de una puñetera vez. Sabia decisión.
Un ser de origen desconocido se pasea por un pequeño pueblo violando a toda moza que pilla. Al parecer el muchacho calza un buen tamaño de atributos, por lo que las deja destrozadas por los adentros. Encima, el esperma resultante a tal acción es... ¡rojo!. El médico rural aclarará el misterio sobrenatural (bonita rima).
Leído así suena potente... un monstruo de gran polla, violaciones mortales, semen rojo... pero tranquis, que la mayoría de estos datos se explican, pero casi no se ven. Eso no significa que la peli esté virgen de sus dosis de truculencia, algo hay, poco, pero hay, especialmente con la muerte del padre de una familia de granjeros (ya que el íncubo, cuando no viola damiselas, machaca caballeros). Todo el film transpira una atmósfera algo enrarecida, aunque tampoco se aleja tanto como uno supondría de lo que era entonces (1982) el típico producto de horror. "Incubus" dispone de bastantes elementos pensados para satisfacer a una audiencia juvenil, a saber: personajes adolescentes, música rock por doquier, algo de tetas y una delirante secuencia en la que un patético grupo de hard rock escenifica algo así como un sacrificio diabólico delante de un respetable ataviado como mandaban los cánones de la "new wave". Además, el cine en el que se desarrolla tan grato momento está repleto de posters molones como los de "The Rocky horror picture show", "La matanza de Texas" y "Children shouldn´t play with dead things". Eso sí, la verdad es que hasta ese instante, "Incubus" parecía una peli seria y adulta... digamos que la estropea un poco. Nada grave.
Total, que se deja ver con bastante gracejo. Molan más los primeros 45 o 60 minutos, durante los que se desarrolla el misterio y se suceden los crímenes, que el largo y repetitivo clímax final. Pero no está mal, y el desenlace nos reserva un "shock" bastante potable. Protagoniza el lío un lacónico John Cassavetes, que parece estar actuando para un drama conyugal de esos pretenciosos tan suyos. Le acompañan el veterano John Ireland y la jovenzuela Erin Noble, más conocida por su papel de chica rarilla en "Curso 1984".
El dire es John Hough, responsable de "La leyenda de la mansión del infierno", "Escóndete y tiembla", "Pueblo Maldito / Aullidos 4" o la recientemente visitada "Biggles, el viajero del tiempo".

sábado, 25 de diciembre de 2021

SORTILEGIOS

Hace ya muchos años que "Sortilegios" ("Bloodbeat" en v.o., aunque, según el doblaje de la copia que poseo, el título sería "Ritmo Sangriento") se instaló en mi vida. Y, desde aquel momento, siempre he tenido malas palabras para ella, considerándola una de las peores películas deglutidas por estos cansados ojos. Le dediqué una reseña en formato cómic tonto para un fanzine. Incluso la he llegado a mentar por acá, aunque nunca en profundidad. Tenía demasiado asumido que era una fulaña como para tomármela en serio y jamás me senté a verla con todos los sentidos puestos en "on". Hasta ayer, que tras localizar el ripeo de mi VHS, dije "Venga, ya va siendo hora". Y le di al "Play" dispuesto a empezar de cero.
Una familia se reúne en lo más profundo de la américa rural para celebrar la Navidad (motivo por el que esta reseña sale publicada tal día como hoy, así que ¡felices fiestas!). El hijo trae novia nueva que, desde el principio, no acaba de conectar del todo bien con una madre hippie dotada de ciertos poderes sensoriales. Ello coincide con la aparición de un misterioso samurai (??) dispuesto a trocear a los habitantes del lugar, cebándose con nuestra familia protagonista, que tendrá que defenderse mediante artillería mental.
Uno de los elementos más llamativos de "Sortilegios" es su director, Fabrice-Ange Zaphiratos. Primero por ese extraño nombre que gasta y, segundo, por su historia. Fabrice nació en Francia del semen de un genuino cineasta, Henri Zaphiratos. A principios de los ochenta, y con veinte años, se piró a los Estados Unidos, se coló por una chavala con posibles y decidieron hacer una película. Hasta el culo de porros -y esto no es un chiste mío-, escribieron el guion de la aquí comentada. Con ayuda del progenitor de Fabrice-Ange, se agenciaron nada menos que una cámara de 35mm y ¡hala! a rodar. Obviamente el chaval no tenía ni puta idea de cómo se hacían las cosas, así que fue tirando sobre la marcha, viéndose obligado él mismo a interpretar al samurai asesino y, de paso, lanzándose por una ventana en plan "stunt" improvisado. Eso es devoción.
Resumiendo, "Sortilegios" era el capricho de dos pijillos despendolados. Encima, uno de ellos hasta el tuétano de pretensiones artísticas (nacionalidad obliga). Sí niños, Fabrice-Ange Zaphiratos quería dárselas de "auteur". Seguramente habría preferido parir un mega drama o algo así, pero se vería obligado a decantarse por una de terrores porque, de lo contrario, ningún distribuidor hubiese querido moverla. Así, añadió al pifostio unas gotas de slasher, algo de sangre y tetas. Pero, en lo que respecta al resto, iba a delirar a placer. Libremente. Y por eso "Sortilegios" es tan peculiar. Tan extraña. Combina esas dos características, la del cine de género de espíritu "trash" y el rollito artístico y semi-dramático con todas las trifulcas familiares sobreactuadas, algo así como la mutación imposible surgida de combinar los ADN de Joseph Zito y John Cassavetes. A lo que queda no le sobra la lógica, especialmente cuando se trata de otorgar un sentido y una naturaleza a ese samuari loco.
El elemento risible es considerable, destacando en tal apartado el ignoto reparto, sus exageradas maneras y, sobre todo, la generosa galería de muecas (la verdad es que todas las actrices tienen caretos un tanto raros) y, por supuesto, los efectos visuales, a base de sobreimpresión de luces de colores algo torpes y "kame hames has" de andar por casa muy muy graciosos.
¿Significa eso que, tras este visionado atento, sigues considerando "Sortilegios" una basura? Pues ahí está la guasa, la respuesta es NO. Me entretuvo comedidamente. Cuando terminó (82 agradecidos minutos después) me costaba creer la sensación razonablemente positiva que había dejado en mi. Incluso esputé un "¿Ya está?". ¡¡Se hizo corta la hijaputa!!. Esto me recuerda a aquella ocasión en la que, tras años asegurando que el salmón crudo no me decía nada, un día, así a lo tonto, lo probé y desde entonces es un manjar que me flipa mucho. Mi pareja todavía me recrimina por ello (más que nada porque ahora ya no se lo puede zampar todo ella sola). Lo mismo ha pasado con la película de Fabrice-Ange Zaphiratos. Hasta que no me he sentado a deglutirla en condiciones, no he aprendido a apreciarla. O a apreciar el hecho de que sea tan perro verde y que, en fin, al menos resulte más original que muchas de las que se hacían en su época adscritas al género de mis amores.
La música, toda electrónica, es estupenda. Obviamente la firma el colega Zaphiratos que, tampoco sorprende, nunca rodó nada más. Esta es su única película como director. Y, sin embargo, aún hoy vive convencido que es una obra de arte. Hombre, tanto tampoco. Pero ya saben como somos / son los europeans, siempre andan demasiado ocupados intentando ser artistas (en este caso no añado el "andamos", ni por el forro).

sábado, 8 de agosto de 2020

THE RENTAL

Si hay algo que me gusta a día de hoy, es ponerme una película y no lograr ver venir nada de lo que sucederá los siguientes minutos. Y cuanto más se prolonga esa sensación, más me mola. Si al final resulta que todo da un giro bien llamativo, entonces la jodida se me tiene ganado. Eso es exactamente lo que he experimentado viendo "The Rental". Una peli que arranca trilladamente, con un par de parejas acudiendo a pasar el finde en una casa de la playa. Una vez llegan, descubrimos que el tipo que la alquila es un racista de tomo y lomo, lo que crea rencillas con el grupo, especialmente en lo que respecta a una de las chicas. Sin embargo, la peli no se centra en eso. Muy al contrario, avanza. Primero te muestra que bajo la casa hay una puerta misteriosa a la que solo se puede acceder mediante un código. Luego, asistimos a un acto de infidelidad. Y, para rematarlo, los protas descubren que el lugar está repleto de cámaras ocultas que les espían. Llegado a este punto, todas esas ideas siguen flotando en el aire y no sabes por cual se van a decantar. Hasta que logran hacerlas congeniar de manera ocurrente. Vale, ok, ya me cuadra... pues no, todavía queda una sorpresa más en el tramo final, una con ciertas reminiscencias de cine slasher... pero sin el aburrimiento.
Sí, amigos, disfruté comedidamente con "The Rental". Me mantuvo en vilo todo el rato y mi pareja, que estaba muerta de sueño, aguantó despierta hasta el The End. Podría añadir que está entretenida, que tiene sus sustos y que los personajes disponen de chicha, pero a estas alturas creo que ya he dicho suficientes cosas positivas.
Indudablemente, lo de la chicha de los personajes se lo debemos a Joe Swanberg, co-guionista, co-productor y uno de los "popes" del llamado "mumblecore", fugaz especialidad dentro del cine "indie" centrada en dramas generacionales con gente hablando mucho -improvisadamente- sobre sus sentimientos (muy deudor de John Cassavetes). Alcanzó cierto nombre -el estilo y el mismo Swanberg- cuando decidieron mutarlo con el cine de terror, siendo "Tu eres el siguiente" uno de los títulos estandarte (donde el hombre ejercía como actor).
La buenanueva es que el elemento "mumblecore" está muy contenido, sienta bien y añade interés a la historia porque ocupa el espacio justo. Antes de que nos invada el sopor, la peli se vuelca completamente en el género puro y de ahí hasta el final ya no hay quien la pare.
Otro de los aspectos sorprendentes reside en descubrir que el director y co-guionista es Dave Franco, hermano de James al que has visto en un puñado de títulos bien reconocibles. Aunque puede que el más llamativo fuese su versión de Greg Sestero en "The Disaster Artist". Como su igual, Dave parece interesado en desarrollar una carrera en la silla del director. No ha podido tener un inicio más prometedor.
Recomendable.

viernes, 17 de marzo de 2017

CRIMEN EN LA NOCHE

Que se dejen de rollos; ni crítica social, ni película antibelicista ni pollas en vinagre. “Crimen en la noche” es una genuina película de zombies (de un solo zombie) que se sirve de la guerra de Vietnam  en su argumento como se podía basar en cualquier otra, pero nada más. Es un acontecimiento al servicio de la ficción sin más trascendencia que esa. No creo que Bob Clark estuviera pensando en nada de eso cuando la rodó, máxime, cuando es un guión de Alan Ormsby que se inspira en la historia “The Monkey’s Paw” de W.W. Jacobs. Sin embargo, nadie dice nada sobre “Porky´s”, que si que tiene un componente de compromiso social muy grande. En cualquier caso, da lo mismo.
La cosa va de un combatiente de Vietnam que  fallece en acción. Los padres del muchacho reciben una carta que les avisa de la muerte de este. Sin embargo, al día siguiente de la fatal noticia, este aparece en casa absolutamente ileso. Todo es alegría y jolgorio hasta que al muchacho le da por hacer cosas raras como comportarse de manera violenta o matar al perro de la familia.
Poco a poco, se va cargando a más peña de su entorno y a alimentarse de ellos, porque, efectivamente, lo que ha regresado de Vietnam es un zombi. Y la madre que lo trajo al mundo que lo defiende hasta las últimas consecuencias, inconsciente esta de la condición de no muerto de su hijo, aunque a este se le caiga la cara a cachos.
Conocida en el Canadá como “Deathdream” y como “Death of  Night” en los USA, “Crimen en la noche”, que trae consigo muy buena prensa, a mí me parece una mierdecilla lenta y aburrida con un par de buenos momentos, y una historia cojonuda que con más pasta y otra actitud más mercantil, podría haber sido un clásico. Sin embargo al final es una cosa con mucho diálogo, cutre y salchichera que le deja a uno como estaba una vez acaba y que no agarra fuelle hasta su recta final, cuando el protagonista, ya zombificado del todo, se desata.
El dato freako está en el reparto, ya que algunos de los actores, John Marley y Lynn Carlin al menos, eran habituales de la escudería de John Cassavetes. Cosa coherente del todo si tenemos en cuenta que al final, como el cine de vanguardia y la serie B de horror, son géneros marginales, al final van juntos de la mano.
Por lo demás, simplemente decir que otros productos de terror made in Clark me parecen a todas luces superiores a este, en todos los aspectos, ya sea “La noche de los miertos vivientes 2”, ya sea “Navidades Negras". Pero bueno, sea como fuere, para echar el ratillo viéndola, ya  me sirve.

viernes, 22 de septiembre de 2023

NIÑATO

En “La noche se mueve” tenía lugar esta conversación que se ha vuelto más popular que la propia película: “Charles y yo vamos a ver una de Rohmer, “Mi noche con Maud”. ¿Quieres venir?”. “No. Gracias pero no. Una vez vi una película de Rohmer y era como estar mirando crecer a una planta”. Pues exactamente eso es “Niñato”; como estar mirando crecer a una planta. Y es que además, Adrián Orr, licenciado en comunicación audiovisual por la UCM, está educado para filmar cómo crecen las plantas desde el día mismo que decidió ponerse detrás de una cámara. Se trata de un individuo que dice no tener presente los géneros cuando hace una película, que, proveniente de un barrio humilde, se expresa con la pompa propia del que se ha criado en Serrano, y que cita como referentes a cineastas rebuscados y de marcada tendencia artística. Los más obvios serían Pasolini y John Cassavetes, los más rebuscados Cristi Puiu o Maurice Pialat. Por otro lado, Orr era rapero. Concretamente fue DJ del grupo donde en décadas pasadas militaba el propio Niñato que da nombre a la película y de ahí su amistad con él. Así que, con pasado rapero, de barrio humilde y estudiante de comunicación audiovisual y, por otro lado, con ese tipo de referentes, casi, casi me da la impresión de que Adrián Orr es un poco esnob, aunque puede que me equivoque. Como sea, le ha cogido bien el pulso a los cineastas de los que se declara deudor y ha comprendido que el hecho de registrar en imágenes la cotidianidad desde lo artístico, da resultado. Por eso, dentro de lo marginal que es de por sí la propuesta, “Niñato”, ha recogido algún que otro premio mientras que la crítica seria la ha recibido con los brazos abiertos. Yo digo que una película como “Niñato”, no solo no tiene nada de especial, sino que la puede hacer cualquiera. Y soy muy proclive a disfrutar de este cine tosco y desnudo. Me encanta mirar un plano fijo en el que apenas pasa nada (y pasa todo), una película en la que la mirada del espectador forme parte también de la propia película. Pero, sinceramente, el material montado, las intenciones del autor y el etalonaje digital odioso dejan esta película, más que desnuda, vacía. Y es que, aunque audiovisualmente hablando me pueda parecer un concepto atractivo, lo que cuenta “Niñato”, en definitiva, me interesa menos que un comino
Se trata de un retrato de no ficción del emcee madrileño David Ransanz apodado Niñato, una figura del underground que permanece en el underground porque no le queda más cojones, no porque tenga una actitud subterránea al respecto. Como dice en la película, a él le encantaría vender miles de discos. Teniendo en cuenta el nivel global del rap español no podemos decir que Niñato sea de los que peor rapea, pero tampoco destaca ni lo más mínimo y, líricamente, sus rimas son del montón —y de un corte tan buenrollero que me causa grima—. Es un rapper mediocre al igual que su compañero de fechorías, Agustito, que también aparece en la película.
Entonces, “Niñato”, que es una extensión del corto previo “Buenos días resistencia” con el que Adrián Orr comenzó todo esto, es una propuesta sencilla. Durante días grises de otoño e invierno, y a lo largo de 5 años, la cámara de Orr captura el aburrido, rutinario y poco especial día a día de un personaje asimismo aburrido, rutinario y poco especial como es Niñato. Está soltero, cría a tres hijos, no tiene trabajo y vive con sus padres. Por otro lado, su vía de escape es hacer rap, actividad esta a la que dedica el poco tiempo libre del que disponible. También le da al canuto cosa mala.
El material montado de toda la película me parece insípido. Me muestra a un individuo joven de clase obrera —como miles veo yo todos los días, o como yo mismo—, cuidando a sus tres hijos —como los que tienen esos miles que veo yo todos los días—, en un deslavazado collage de momentos muertos, y centrándose sobre todo en la figura de los tres hijos, niñas y niños pequeños, sin nada especial tampoco. Desconozco la intención con que montó este material el director, pero supongo que se decantaría por lo más soso de forma expresa —porque como montara los momentos más intensos no me quiero imaginar el peñazo que sería el resto de lo que tenía grabado—.
Por la naturaleza meramente experimental de la película, no habría que pedirle una coherencia o un argumento a esas imágenes, pero como el director opta por un montaje de ficción en lugar de uno documental, no me queda más remedio que pedírsela, porque, el hecho de que Niñato esté en paro, o viva con sus padres, son detalles que conozco tras leer las sinopsis en prensa, ya que durante el visionado no se aclara uno. Viéndola, dos cuestiones me asaltan constantemente, y esas son, precisamente, si Niñato trabaja o no —en un momento dado, y gracias a uno de los pocos diálogos que tiene la cinta, te puedes imaginar que está en paro, pero nunca se nos muestra claramente ese desempleo—, o dónde vive —en otra escena se ducha en casa de sus padres, pero parece vivir en el piso de enfrente de estos… sigo sin aclararme ahora mismo al respecto—, y al finalizar la película seguimos con las mismas dudas.
Pero lo peor de todo es cómo el director pretende hacer ver al espectador que el individuo que nos está mostrando es poco menos que un luchador, un súper héroe de barrio, un tío fenómeno con una vida difícil. Esto le sirve a la crítica y al público de festivales a los que Orr se lo ha dado mascado, que miran la película con condescendencia desde una posición privilegiada y la tranquilidad que les otorga la clase alta/media a la que pertenecen estos entes, pero yo, pobre como las ratas, solo veo a un individuo sin demasiadas aptitudes vitales al que, si no hubiera tenido tanto hijo, teniendo en cuenta su inestabilidad laboral y su proveniencia humilde, quizás le habría ido un poquito mejor. Adrián Orr consigue que Niñato me caiga mal y que de gracias a dios por haber sido lo suficientemente inteligente en esta vida como para no haber traído retoños al mundo.
Adrián Orr no se lo ha montado mal en absoluto. Con “Niñato” ha conseguido prestigio, premios, y compagina el trabajo con el que se gana la vida como asistente de director de películas más comerciales con la realización de las suyas propias, más minoritarias.
Por descontado, el Hip-Hop está en la película presencialmente, pero, lejos de lucir como un personaje secundario, lo hace como un extra.

martes, 29 de octubre de 2024

GEMIDOS EN LA OSCURIDAD / EL INVISIBLE

Sometida a infinidad de recortes, con una pifia de montaje importante y un guion férreo que no dejó de ser escrito y reescrito durante el rodaje por el director de la película, lejos de resultar un caos incomprensible, “Gemidos en la oscuridad” (rebautizada como “El Invisible” en su edición de vídeo de "Media Home Entertainment") es un pequeño clásico de terror ochentero adscrito a ese subgénero con niño-monstruo encerrado en el sótano. Portadora de una insana mala baba, contra viento y marea, resulta ser una película bastante eficaz.
Tres mujeres con aspecto de "Los Ángeles de Charlie", reporteras de profesión, viajan hasta un remoto pueblo para documentar un festival bávaro que se celebra allí. Naturalmente todos los hoteles están hasta la bandera, dando con sus huesos en un pequeño museo donde el propietario, un señor de mediana edad obeso y un tanto purulento, les ofrece su casa como alojamiento. Vive con su esposa, y el matrimonio guarda un pequeño secreto; tienen a una extraña criatura en el sótano a la que alimentan a base de pollo hervido encerrada. Dará cuenta de las pizpiretas reporteras, como es de rigor.
A estas alturas, para poder comentar la película, no queda más remedio que espoilearla, porque la gracia de la misma reside en su resolución, en la que descubrimos que el niño-monstruo del sótano no es más que un joven con síndrome de down, fruto de la relación sexual incestuosa entre el casero y su hermana (a la que ha presentado a las tres mujeres como su esposa).
La película, más cercana al drama que al terror propiamente dicho, con una ambientación diurna y luminosa, y una ausencia de sangre impropia para un film de 1980 de estas características, por momentos es incapaz de generar una atmósfera inquietante por mucho que lo procura, sin embargo, son tantos los eventos que se suceden (narrados en off, nunca filmados) en la vida del perverso casero y su traumatizada hermana, que la historia se sigue con interés, máxime cuando averiguamos que el monstruo del sótano es hijo suyo. El espectador está loco por verle.
Me resulta hilarante el hecho de que finalmente no se tratase de un monstruo, sino, de un inofensivo síndrome de down encerrado por su progenitores enajenados, sobreviviendo en condiciones inhumanas. Pero más hilarante es todavía cómo se nos le presenta en el póster español para cines  —el que adjunto—, con los ojos en blanco, babeando como una bestia y con síntomas de deformidad que, luego, en la película no son tan notables. Una que, más allá de eso, se disfruta sin demasiados aspavientos, quedando como correcta muestra del género y la época.
Mientras la veía, en el momento en el que descubrimos al síndrome de down del sótano, estuve convencido de que el papel había sido ejecutado por un down auténtico. Además la secuencia final se recrea especialmente en esta discapacidad, ofreciéndonos el muchacho un recital de gruñidos, gestos, muecas y dejes propios de las personas con cromosomas de más. De hecho, la recreación en esos aspectos llega a cotas ofensivas convirtiéndose, inevitablemente, en una comedia involuntaria. Justo al acabar, llega una sorpresa porque, inmediatamente después del plano final, aparece un crédito a toda pantalla que dice: “The Unseen as interpreted by Stephen Furst”, ya saben, "Lenguado" de “Desmadre a la americana”, que ofrece una interpretación absolutamente demencial amparado en el no del todo mal aplicado maquillaje de Marla Manalis, responsable también del aspecto de los “Humanoides del abismo”. Yo completamente convencido de que se había utilizado a un actor subnormal. Se pueden imaginar mi actitud en mi sofá ante esta idea…
Además del buen hacer actoral de Furst, tenemos otro actorazo de corte clásico como es Sydney Lassick, el entrañable "Cheswick" de “Alguien voló sobre el nido del cuco”, que da vida al atormentado casero que fue instado a acostarse con su hermana en la juventud quedando traumatizado por ello. A la hermana la interpreta otra excelente actriz, Leila Goldini, vista en “La invasión de los ultracuerpos” y chica Cassavetes. Finalmente tenemos a Barbara Bach, por entonces muy popular como chica Bond tras aparecer en “La espía que me amó”.
Como ya he dicho, el film es un desbarajuste técnico que partía de una idea de Stan Winston, traspasada a un guion escrito a seis manos que el director, Danny Steinmann, modificó a antojo. Por lo que terminó sin tener mucho que ver con la idea de partida. Es de suponer que Steinmann añadió, asimismo, toquecitos autobiográficos al introducir a un personaje, el novio de la reportera, que, al igual que el propio director, en el pasado fue un jugador de football americano, posteriormente retirado por culpa de un accidente.
Danny Steinmann no llegó a entenderse del todo con la producción, por lo que fue despedido de facto una vez completado el rodaje, sin acceso a la fase de montaje. No quedó muy satisfecho con el resultado final, así que firmó bajo el seudónimo de Peter Foleg.
“Gemidos en la oscuridad” sería la primera película comercial de Steinmann que, tras haber debutado dirigiendo el porno “High Rise”, comenzó una carrera que fructificó nada menos que con “Calles salvajes” y “Viernes 13 5ª parte: un nuevo comienzo”, además de haber sido propuesto para el guion y dirección de la secuela de “La última casa a la izquierda”, que nunca llegó a producirse. Poco después tuvo un aparatoso accidente en bicicleta que le dejó impedido, terminando así con su carrera cinematográfica. Fallecería en 2012.