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sábado, 19 de abril de 2025

LOCURA SANGRIENTA

Entre los cerebros pensantes tras "Locura Sangrienta" ("Silent Madness" en versión original) localizamos dos relacionados directamente con el porno y un tercero que, años después, terminaría en juicios por estafador. Ante semejante panorama, ya sabemos a qué nos exponemos: producto de naturaleza salvajemente creamtística facturado con escasos reales y una intención clara, sacar suco al "boom" del cine slasher del momento, sin miramientos. Tal es así que un buen título alternativo hubiese sido "Locura Grasienta" (me disculpo por el mal chiste, pero la tentación era insoportable).
El culpable de una masacre estudiantil en una fraternidad sale del loquero a causa de un error burocrático. Los años de reclusión no le han ayudado mucho, desde luego, porque, además de una galopante alopecia, anda más grillado que antes. Así, comienza a matar todo lo que se mueve, mientras dirige sus pasos al lugar del crimen original, por donde continúan pululando hermosas y pizpiretas estudiantes. Hasta aquí, todo puro manual. Pero, por aquello de disimular, la historia incorpora algunos pequeños elementos de más que la salvan de la flagrante rutina. Por un lado está la psiquiatra del centro, quien se aliará con un periodista local para detener el homicida (un "Dr. Loomis" con coño, vamos). Y, por otro, los médicos culpables del error y dos enfermeros la mar de chungos -casi peores que el mismo asesino- enviados a por este y todo aquel que sepa la verdad (lo que incluye pacientes sometidos a experimentos no muy legales).
Sin embargo, paradójicamente, dichas buenas intenciones no logran su cometido. Es decir, "Locura Sangrienta" es tan anodina y aburrida como el slasher más común. Cosa que ya tiene delito. No consigues hacer el tuyo ni un poco más entretenido o interesante a pesar de los añadidos. Tal vez contribuya al "bluff" que, por otro lado, evitan recurrir a los que sí habrían aportado algo de color: sangre y tetas. Hemoglobina, mucha menos de lo que cabría esperar a esas alturas del juego. Los crímenes son todos bastante aparatosos y retorcidos, incluso medianamente originales, pero los resultados quedan lejos de impresionar. Solo uno podría ser tildado de gráfico, o brutal, y lo recibe un personaje negativo, vamos, de los que merecen tal castigo. Una tendencia moralista más habitual hoy día que en aquellos tiempos. Mira, en algo fue pionera "Locura Sangrienta". Y respecto al tema ubres, únicamente hay dos y la actriz se las cubre con sus manos. Al respecto merece la pena rescatar una historia (es decir, robar la información de Imdb) porque tiene guasa. Los productores querían más chicha, pero la actriz protagonista convenció a las jóvenes para que no les complacieran. Obviamente, aquella quedó marcada como persona non grata. Hablamos de Belinda Montgomery, quien venía de la tele y a ella volvió. Paralelamente, los del dinero buscaban a una actriz veterana de cierta solera que aportara más prestancia a su película. Tras varios intentos y sendas negativas por parte de Shelley Winters y Maureen O'Sullivan, terminaron fichando nada menos que a Viveca Lindfords, fresca aún de su paso por "Creepshow". Y, al parecer, la vieja dama de Hollywood actuó de manera radicalmente opuesta a la Montgomery, animando a las chavalas al despelote desprejuiciado asegurándolas que sería su pasaporte a lo más alto. Ello, sobra decirlo, motivó un pique entre ambas señoras. Lástima que ganara la Montgomery. Y lo remarco porque una de las jóvenes en cuestión -que no se despelotan- resulta ser Elizabeth Kaitan, por entonces futura "scream queen" a la que volveríamos a ver -a ella y, esta vez sí, sus preciosos senos- en cosas como "Necromancer, magia negra", "Esclavas del espacio" o el séptimo "Viernes 13", entre muchos otros subproductos de los ochenta y noventa. El último nombre destacable de todo el reparto -este con micropene- sería el barrilete de Sydney Lassick (de "Carrie" y "Alguien voló sobre el nido del cuco") como harapiento sheriff.
Al haber sido originalmente confeccionada en 3D, "Locura Sangrienta" gasta toda ella un "look" anti-natural debido a la sobre-iluminación (necesaria para que los truquitos en relieve -muy poco llamativos- funcionen), culpable de que casi todo apeste a decorado de "sitcom" setentera. Se podría señalar maliciosamente al responsable de la fotografía -Gerald Feil- pero no, tengamos en cuenta que este señor es, justamente, el que había fotografiado los efectos en relieve del tercer "Viernes 13", y allí las cosas gastaban un aspecto un pelo mejor. Así pues supongo que, al final, la causa es la habitual en estos casos, un montante más bien limitado.
Graciosamente, lo que personalmente salvaría de la quema es la banda sonora, bastante efectiva. En algunos pasajes recuerda a la de Ennio Morricone para "La Cosa". O eso ha creído detectar mi fino oído. Tal vez, Barry Salmon, compositor, tomó nota de aquella. Quien sabe. En tal caso, bienvenida sea la jeta, porque el resultado funciona.
Seguimos hurgando entre los créditos y damos con más peña curiosa. Del personal que se ocupa de los efectos especiales destacaría a Allan Apone, un tipo que no ha parado de currar como un mamón desde su debut en los setenta aplicando maquillajes a las supuestas imágenes reales del primer "Rostros de muerte" (repetiría en las dos consiguientes secuelas). De ahí pasó a cosas como "Gemidos en la oscuridad", "El legado del diablo", el tercer "Viernes 13" otra vez, "El regreso de los muertos vivientes", "Neon Maniacs" y ya... bueno, a medida que nos adentramos en los noventa y demás, la ristra de títulos inevitablemente despiertan muchas menos pasiones en mí.
Por ahí ronda también un viejo conocido de este blog vinculado a slashers de cierto peso, Martin Kitrosser. Dirigió el quinto "Noche de paz, noche de muerte" (titulado "Juegos Diabólicos") y metió mano en varios "Viernes 13", siendo oficialmente el guionista de, sí, la tercera. No obstante, lo llamativo del colega es que, con los años y una caña, logró un estatus más que envidiable como supervisor de guiones ajenos, tarea esta que ha ido desarrollando en películas tochas, incluidas algunas de Quentin Tarantonto.
Afortunadamente, para hablar del resto de peña ligada a "Silent Madness" hacemos como los cangrejos, vamos hacia atrás y regresamos al tugurio del cine más pestilente. Bill Milling, uno de los guionistas, dispone de una larga ristra de productos dedicados al mete-saca. También algunas marcianadas, como el mondo "La locura americana 2" (aquel con presencia de Jello Biafra y canción de "The Dictators") y alguna "sex comedy" tardía. No obstante, lo llamativo es que el tipo ejerció también como director, y su filmografía viene cargadita de esas mismas pelis pajeras de las que hablaba. Llegados los noventa se desvincula del asunto... más o menos, rodando una "wip" con pinta bien sórdida y protagonismo de una estrella X, Kascha, "Furia enjaulada" (el resto del reparto no tiene parangón, puro "sleaze", molaría echarle el guante) y otras pocas cosas más, entre ellas la comedia "Dinero fácil".
Al segundo culpable del libreto, Bob Zimmerman, ya lo conocemos. Su otro -único- crédito es el thriller "Juez, Jurado y Ejecutor".
Terminamos el agotador repaso con el director de "Locura Sangrienta", Simon Nuchtern. Comenzó su carrera a finales de los sesenta como "sexploiter". En la siguiente década tonteó con el porno y la comedia hasta que recibió el encargo de rodar el falso material truculento del legendario falso snuff titulado, oh sorpresa, "Snuff", aquel oficialmente dirigido por Michael Findlay Sin embargo, hay eruditos, mucho más fiables, que responsabilizan de ello al pornógrafo -y director de fotografía- Carter Stevens / Malcom Worob, por lo que podría tratarse de información errónea. La última película de Nuchtern fue una muy recurrente en nuestros añorados vídeo-clubs por ahí 1985, "Amanecer salvaje", epopeya de acción y moteros con llamativo reparto a base de viejos astros y nombres destinados a brillar (más o menos). Justo, entre los especialistas estaba Solly Marx, quien diera vida al asesino psicópata de "Silent Madness". Círculo cerrado.
A la hora de la imagen ilustrativa, pues volvía a encontrarme ante una de mis habituales diatribas morales. Por un lado, el cartel original, con su llamativa ilustración tirando a exagerada. Y, por otro, la que fuese la impactante caratula del VHS patrio (cortesía de "Grupo Águila"), de cuando se destinaban a llamar nuestra atención desacomplejadamente... y de qué manera.
Nuevamente, la lógica se ha terminado imponiendo: Las dos y no se hable más.

martes, 29 de octubre de 2024

GEMIDOS EN LA OSCURIDAD / EL INVISIBLE

Sometida a infinidad de recortes, con una pifia de montaje importante y un guion férreo que no dejó de ser escrito y reescrito durante el rodaje por el director de la película, lejos de resultar un caos incomprensible, “Gemidos en la oscuridad” (rebautizada como “El Invisible” en su edición de vídeo de "Media Home Entertainment") es un pequeño clásico de terror ochentero adscrito a ese subgénero con niño-monstruo encerrado en el sótano. Portadora de una insana mala baba, contra viento y marea, resulta ser una película bastante eficaz.
Tres mujeres con aspecto de "Los Ángeles de Charlie", reporteras de profesión, viajan hasta un remoto pueblo para documentar un festival bávaro que se celebra allí. Naturalmente todos los hoteles están hasta la bandera, dando con sus huesos en un pequeño museo donde el propietario, un señor de mediana edad obeso y un tanto purulento, les ofrece su casa como alojamiento. Vive con su esposa, y el matrimonio guarda un pequeño secreto; tienen a una extraña criatura en el sótano a la que alimentan a base de pollo hervido encerrada. Dará cuenta de las pizpiretas reporteras, como es de rigor.
A estas alturas, para poder comentar la película, no queda más remedio que espoilearla, porque la gracia de la misma reside en su resolución, en la que descubrimos que el niño-monstruo del sótano no es más que un joven con síndrome de down, fruto de la relación sexual incestuosa entre el casero y su hermana (a la que ha presentado a las tres mujeres como su esposa).
La película, más cercana al drama que al terror propiamente dicho, con una ambientación diurna y luminosa, y una ausencia de sangre impropia para un film de 1980 de estas características, por momentos es incapaz de generar una atmósfera inquietante por mucho que lo procura, sin embargo, son tantos los eventos que se suceden (narrados en off, nunca filmados) en la vida del perverso casero y su traumatizada hermana, que la historia se sigue con interés, máxime cuando averiguamos que el monstruo del sótano es hijo suyo. El espectador está loco por verle.
Me resulta hilarante el hecho de que finalmente no se tratase de un monstruo, sino, de un inofensivo síndrome de down encerrado por su progenitores enajenados, sobreviviendo en condiciones inhumanas. Pero más hilarante es todavía cómo se nos le presenta en el póster español para cines  —el que adjunto—, con los ojos en blanco, babeando como una bestia y con síntomas de deformidad que, luego, en la película no son tan notables. Una que, más allá de eso, se disfruta sin demasiados aspavientos, quedando como correcta muestra del género y la época.
Mientras la veía, en el momento en el que descubrimos al síndrome de down del sótano, estuve convencido de que el papel había sido ejecutado por un down auténtico. Además la secuencia final se recrea especialmente en esta discapacidad, ofreciéndonos el muchacho un recital de gruñidos, gestos, muecas y dejes propios de las personas con cromosomas de más. De hecho, la recreación en esos aspectos llega a cotas ofensivas convirtiéndose, inevitablemente, en una comedia involuntaria. Justo al acabar, llega una sorpresa porque, inmediatamente después del plano final, aparece un crédito a toda pantalla que dice: “The Unseen as interpreted by Stephen Furst”, ya saben, "Lenguado" de “Desmadre a la americana”, que ofrece una interpretación absolutamente demencial amparado en el no del todo mal aplicado maquillaje de Marla Manalis, responsable también del aspecto de los “Humanoides del abismo”. Yo completamente convencido de que se había utilizado a un actor subnormal. Se pueden imaginar mi actitud en mi sofá ante esta idea…
Además del buen hacer actoral de Furst, tenemos otro actorazo de corte clásico como es Sydney Lassick, el entrañable "Cheswick" de “Alguien voló sobre el nido del cuco”, que da vida al atormentado casero que fue instado a acostarse con su hermana en la juventud quedando traumatizado por ello. A la hermana la interpreta otra excelente actriz, Leila Goldini, vista en “La invasión de los ultracuerpos” y chica Cassavetes. Finalmente tenemos a Barbara Bach, por entonces muy popular como chica Bond tras aparecer en “La espía que me amó”.
Como ya he dicho, el film es un desbarajuste técnico que partía de una idea de Stan Winston, traspasada a un guion escrito a seis manos que el director, Danny Steinmann, modificó a antojo. Por lo que terminó sin tener mucho que ver con la idea de partida. Es de suponer que Steinmann añadió, asimismo, toquecitos autobiográficos al introducir a un personaje, el novio de la reportera, que, al igual que el propio director, en el pasado fue un jugador de football americano, posteriormente retirado por culpa de un accidente.
Danny Steinmann no llegó a entenderse del todo con la producción, por lo que fue despedido de facto una vez completado el rodaje, sin acceso a la fase de montaje. No quedó muy satisfecho con el resultado final, así que firmó bajo el seudónimo de Peter Foleg.
“Gemidos en la oscuridad” sería la primera película comercial de Steinmann que, tras haber debutado dirigiendo el porno “High Rise”, comenzó una carrera que fructificó nada menos que con “Calles salvajes” y “Viernes 13 5ª parte: un nuevo comienzo”, además de haber sido propuesto para el guion y dirección de la secuela de “La última casa a la izquierda”, que nunca llegó a producirse. Poco después tuvo un aparatoso accidente en bicicleta que le dejó impedido, terminando así con su carrera cinematográfica. Fallecería en 2012.

lunes, 13 de noviembre de 2023

RATBOY

“Ratboy” es el delirio de una mujer pre-menopausica que, tras dejarle la cabeza como un bombo a su poderoso, célebre y querido novio, se materializa en forma de película que no interesa a nadie y es boicoteada desde dentro —probablemente también por parte de este mismo novio— con el fin de, una vez montada, llegue al menor número de cines posibles.
Efectivamente, “Ratboy” es el debut en la dirección de Sondra Locke, pareja durante un buen puñado de años de Clint Eastwood, quien hace las veces de productor ejecutivo, aunque por algún extraño motivo —que nos imaginamos— no aparece acreditado en modo alguno.
Y es que, desconozco si por los problemas internos durante el mes de rodaje, la tiranía de la que la Locke como directora hacía gala (persiguiendo al actor Robert Townsed diciéndole que si era negro, se comportase ante las cámaras como un negro), o el hecho de que, justo durante la producción, a Eastwood le nombraron alcalde de Carmel y estaría más a eso que al capricho de su novia. Pero “Ratboy” es una de las películas más espantosas que he visto en lustros. Y así debió parecerle también a Warner Brothers que la distribuía y, lejos de potenciar las virtudes de la cinta para conseguirle un gran estreno comercial, prefirió silenciarla.
“Ratboy” tiene una historia insulsa y está fatalmente contada. Podríamos decir que no tiene final, que deambula entre géneros sin un objetivo claro y, sobre todo, es tan aburrida, pero tan, tan aburrida, que en los escasos cines donde se exhibió en Los Angeles y Nueva York el público abandonaba las salas en bandada.
Unos rednecks tienen un híbrido de niño y rata encerrado en un cobertizo. Con el fin de venderlo al mejor postor, avisan a una periodista para que vaya a verlo y le de cobertura en la presa. Esta se apunta a un bombardeo y, lejos de pedir un porcentaje por lo que los paletos saquen, les exige los derechos de explotación comercial del bicho, con el fin de convertir al desgraciado en un espectáculo viviente. En adelante, ella se hará cargo de la horrible bestia y la llevará para arriba y para abajo, viviendo situaciones surrealistas supuestamente cómicas, con personajes que aparecen y desaparecen de escena a antojo (incluida la propia Locke dando vida a la periodista) y sin que nada de esto tenga ningún sentido. “Ratboy” es claramente la obra de una persona que no ha realizado en su vida una película, y lo que es peor, tampoco tiene la más mínima idea de cómo hacerla.
Por supuesto, durante el breve periplo de la cinta, la Locke tuvo que andar negando que esta viera luz verde gracias a la involucración de Eastwood, alegando que ella quería otro estudio y otro productor ejecutivo para su ópera prima y que Clint no quería ni hablar del tema —quizás porque era consciente de que como no se metiera él por medio, ese proyecto no vería la vida ni en mil años. El amor…— y mangoneó todo lo que quiso y más, negando a la directora cambios de escenario o retoques de guion.
Por supuesto, la película se presentó en algún festival europeo (el Festival de Cine de Deaville, por ejemplo) donde de primeras los franchutes le comían el ojete a Clint por su nueva producción, pero, tras los primeros pases, callaron como putas ante lo que era un absoluto espanto. Las críticas fueron feroces con “Ratboy” y la taquilla se quedaba impávida ante las andanzas del niño rata, suponiendo así uno de los grandes fracasos de la Warner Brothers que, probablemente, la estrenó por hacerle un favor a Eastwood quien, a su vez, se lo estaba haciendo a su novia.
Como anécdota, resaltar el hecho de que en Turquía, en un periódico de gran tirada, se publicó en portada una foto del niño rata junto a Sandra Locke. No era un anuncio del rodaje ni nada de esto; se ve que un periodista turco, que andaba por el plató, pensó que el niño rata era real y publicó la noticia diciendo que ese extraño ser había aparecido en un bosque estadounidense, y que la mujer que lo acompaña (la Locke), era una trabajadora social que estaba ayudando al bicho a adaptarse al entorno humano. Es mejor esta anécdota que la película entera.
Los maquillajes, sin ser nada del otro mundo, lo firma un Rick Baker que, probablemente, estaba rebajando su caché como favor a Eastwood —y en consecuencia, se esmeró lo justo—, mientras que en el apartado actoral, además de los anteriormente citados Sondra Locke y Robert Townsed, tenemos a Larry Hankin, Sydney Lassick o el mítico Gerrit Graham.
Como les digo, “Ratboy” es lo peor de lo peor. Una película sin alma. Ni para unas risas. Nada.

sábado, 11 de enero de 2014

LAS AVENTURAS DE TENNESSEE BUCK

Cuando escribí la reseña de "Ojos de fuego", que cuenta con David Keith entre sus protagonistas, dije esto de él: "no hay actor más feo, anti-carismático y erróneo para cualquier reparto". Vale, me pasé un poco. David Keith no es tan feo, ni tan temible, pero tampoco es la Mojama. Y algo de cierto debe haber en todo ello cuando, dando un repaso a su filmografía, nos percatamos de que, tras un inicio prometedor con "Brubaker", "Oficial y caballero" u "Hombres de hierro", rápidamente fue relegado a películas cada vez más intrascendentes y, ya directamente, series de televisión. Viendo la que se le venía encima, es de suponer que Keith se planteara cambiar de aires, y por eso en 1987 debutó exclusivamente como director con, nada menos, "Granja maldita", la relativamente famosa adaptación de H.P.Lovecraft que contaba con producción de Ovidio G. Assonitis (quien a partir de ella se sacaría de la manga toda una falsa saga compuesta de secuelas bastardas partiendo de su título original, "The Curse") y el mismísimo Lucio Fulci. No hace mucho la vi con intención de reseñarla pero me dejó tan frío, me resultó tan insípida que, finalmente, decidí ignorarla (quién sabe si la retomaré algún día en el futuro). El caso es que David Keith quedaría contento con la experiencia, porque al año siguiente volvió a liarse con esto de la dirección y, ya que nadie parecía querer contar con su talento inerpretativo, decidió currarse un auténtico auto-lucimiento protagonizando "Las aventuras de Tennessee Buck", o "The further adventures of Tennessee Buck" in the USA (país co-productor junto a, nada menos, Sri Lanka... nunca había visto yo una película Srilankesense), uno de esos "exploitations" descarados del universo "Indiana Jones" -desde el look del personaje a la tipografía del título, pasando por el cartel, aquí no hay sutilidad que valga- camuflados de parodia.
La historia no es precisamente muy complicada. Un millonario bastante idiota, aficionado a la caza, y su atractiva mujer llegan a Borneo. Contratan al colega Tennessee Buck
(aunque en toda la peli no responde al apodo en cuestión, sino al nombre de Buck Malone) para que les guíe. Una vez se internan en la parte más profunda de la selva, son atacados y capturados por una tribu caníbal. El resto de la movida consistirá en intentar escapar de sus garras.
Bien, como decía, "Las aventuras de Tennessee Buck" se supone una comedia de aventuras. Y sí, hay un puñado de momentos abiertamente bufos y palurdos, además de sendas interpretaciones tirando a histriónicas (el que hace de cazador millonario es especialmente agotador). Sin embargo, llegados a cierto punto -concretamente cuando los protas son capturados por los caníbales- da un pequeño giro e incrementa de modo exponencial -e inesperado- su lado serio, que incluye erotismo y algo de gore. Esta parte se inicia con la escena que la ha hecho "célebre", en la que vemos a su prota femenina, la guapa Kathy Shower, totalmente desnuda y siendo muy sensualmente huntada en aceite por las mujeres de la tribu, tanto como para que se retuerza de placer y sus notorios pezones apunten a la Luna. Seguidamente la cosa se vuelve algo sórdida cuando el jefe de los antropófagos la viola por detrás y, encima, le entrega la cabeza decapitada de su marido, lo que hasta cierto punto sorprende, ya que éste era algo así como el "clown" de la peli. Claro que, según se mire, le ha hecho un favor, porque una vez huídos, y apenas 24 horas después, ella y el Sr.Buck se pegan un lote de órdago (vamos, que la chica tampoco echaba mucho de menos al muerto). La fiesta continúa con una secuencia en plan "Rambo" en la que el héroe va cazando a sus perseguidores a base de trampas, algunas de ellas con efecto truculento incluido. Cuanto más próximo está el final, más vuelve todo a la normalidad, pero afortunadamente para entonces ya no queda mucha película y, resumiendo, que se despide dejándonos un sabor de boca positivo. "Las aventuras de Tennessee Buck" no es la polla, ni mucho menos, pero tampoco puedo decir que resulte insoportable. Seguramente se encuentre entre los "exploiters" más decentes de "Indiana Jones", al lado de "Las minas del rey Salomón" y "Jake Speed, la aventura de África".
Naturalmente, siendo director, David Keith se deja las peyas para mostrarse a sí mismo como un superhéroe invencible, ocurrente, golfo, totalmente deseado por cualquier cosa en este planeta que disponga de vagina, infalible en su cometido y que luce un uniforme "indianajonesco" bien molón (con una primera aparición chocante, durmiendo la borrachera y totalmente cubierto de la sangre de un cocodrilo que el cabrón acaba de despellejar). Y la verdad es que encaja en el papel, incluso esta ocasión me pareció algo menos insufrible. A su lado tenemos a la mentada Kathy Shower, que está un rato rica y venía de posar en las páginas de "Playboy". A lo largo de su trayectoria cinematográfica, y como era de suponer, intervino en un puñado de películas de alto contenido pajillero (sobre todo cuando el "thriller erótico" video-clubero se puso de moda), pero también en chungueces como "American Kickboxer 2", "Cyber-CHIC" o "Commando para matar" de ese ente omnipresente que es Fred Olen Ray. A su ladito, un veterano, Sydney Lassick, de "Alguien voló sobre el nido del cuco" o "Carrie" y que también se dejaba ver en "Patrulla de noche", el infame "exploit" de "Loca academia de policía". Justamente, y curiosamente, en las primera y tercera entregas de esa misma saga podemos ver al cuarto en discordia, Brant von Hoffman, quien interpretara al "Sargento Kyle Blanks" en aquellas y al cazador millonario tonto finalmente decapitado en la que nos ocupa.
David Keith no volvería a dirigir hasta pasados quince años con "Waterville", un "thriller" sin la más mínima repercursión. De mientras, y hasta nuestros días, le hemos seguido viendo en pelis gordas con papeles secundarios, en pelis pequeñas de prota y en un porrón de productos televisivos.

sábado, 20 de octubre de 2012

PATRULLA DE NOCHE

Hay películas que cuando las ves siendo adolescente, te marcan. Las consumes con amigos que se lo pasan igual de bien que tú, y te aprendes diálogos, frases y chascarrillos. Años después las recuperas y tras revisarlas te dices "Joder, pero cómo pudo gustarme tanto esta mierda??!". Cosas de la edad. Sin embargo, a pesar de la "decepción", ir rememorando a cada escena las sensaciones que obtenías cuando la vieras siendo chaval, es algo francamente divertido y hasta emotivo. Bien, eso mismo me pasó ayer con "Patrulla de noche".
Todo comenzó con "Fonda Sangrienta", película que se marcó a hierro candente en mi corazón. Tanto me gustaba que, rápidamente, quise conocer más de su realizadora, Jackie Kong. Así fue como alquilé "Patrulla de noche" y quedé prendado de ella. Resulta que además de la Kong, por ahí rondaba también ese reivindicable individuo de nombre William Osco, del que ya hemos hablado antes. Pareja de la directora en aquella época, Osco se hizo famoso como director de la primera peli porno narrativa ("Mona, the virgin nymph") y productor de la legendaria "La aventuras de Flesh Gordon". Junto a Kong parió algunos títulos de tercera regional como las mentadas ("Fonda Sangrienta", "Patrulla de noche"...) o "El Ser". Curiosamente en el film que nos ocupa, Osco aparece en los créditos con su nombre traducido al francés. 
"Patrulla de noche" se rodó en 1984 y no deja de ser otro de los muchos exploits surgidos a la sombra del éxito de la saga "Loca academia de policía", solo que hecha con menos dinero, menos talento y menos sentido del ridículo. Por otro lado, se trata de un especie de vehículo para el lucimiento de un cómico de segunda que en los USA fue medianamente popular durante unos años, "The Unknow Comic" o, "El cómico desconocido", cuya peculiaridad es que subía al escenario con la cara cubierta por una bolsa de papel. El señor oculto tras dicha bolsa se llama Murray Langston y, sí, es el prota -también sin bolsa- de "Patrulla de noche". Hace no mucho George Clooney dirigió un biopic dedicado a Chuck Barris, creador este de un espacio televisivo -"The Gong Show"- tan amado como odiado (pero visionario, viendo cómo ha terminado hoy la caja tonta) titulado "Confesiones de una mente peligrosa". En ese mismo show, "The Unknow Comic" era uno de los invitados recurrentes y, sí, tiene su pequeña aparición en el film de Clooney, con el mismo Langston recuperando la bolsa para la ocasión.
En "Patrulla de noche" interpreta a un policía la mar de idiota con una doble vida, por la noche actúa en un bareto como "El cómico desconocido". Si esto ya le trae muchos problemas, la cosa se complica cuando de pronto aparece un ladrón que se disfraza como él. El cenit de todo este "drama" llegará la noche en la que los dos coincidirán en un espectáculo al que también acude la policía, incluido nuestro prota que tendrá que ingeniárselas para actuar, no ser descubierto por sus compañeros y detener al criminal.
Bien, esta peli contaba con un presupuesto tan y tan escueto, que se tuvo que rodar únicamente los fines de semana. Y, según un espacio televisivo de esos biográficos, marcó el verdadero final-final de la ya descendente carrera de la morbosa Linda Blair quien, aviso para viciosos, se marca un pequeño destete justo en la escena previa a los créditos finales (y para los que aún no lo sepáis, la muchacha lucía un tetamen de órdago). Sí, mucho me temo que "Patrulla de noche" es así de mala, malísima. Va cargadica de un humor ultra-gilipollas y zopenco, absolutamente ridículo, adornado con las inevitables dosis de chabacanería y chistes guarros. Técnicamente se ve desbalazada y patosa, muy cutre. Y narrativamente, es un caos sin demasiado sentido. Las escenas que ayudan a avanzar la historia / excusa se mezclan con simples galerías de gags malos que únicamente sirven para alargar metraje. Y aunque está claro que el policía prota es también "The Unknow Comic", nunca le vemos ponerse la bolsa en la cabeza con lo que no acaba de quedar del todo claro. Supongo que fue algo hecho a posta, para darle cierto misterio, pero lo único que consiguen es incrementar la confusión general.
Aún así, es tal su grado de estupidez, que en algunos momentos termina resultando genuinamente divertida y, después de todo, no especialmente aburrida. Por ejemplo, ya de chaval me encantaba la escena inicial, cuando el prota le grita a un conductor imprudente, "¿Está usted loco o qué?" y cuando se abre la puerta del coche, sale un tío con camisa de fuerza haciendo muecas exageradas. Que quieren que les diga, a mi ese gag me funcionaba y aún lo hace. O cuando el cómico desconocido comenta "Estoy tan nervioso, tengo mariposas en el estómago", a lo que su mánager le mete una pastilla en la boca, "Toma esto" dice, "¿Qué es?" pregunta él, "Naftalina" contesta ella... otro chiste que me funciona. Y así más y más, a cada cual más estúpido y patético (como el tío que, a pesar de su aspecto totalmente occidental, dice ser Japonés y la lía a tiros en plena calle porque busca un restaurante nipón y el no encontrarlo le desespera). Aunque tal vez sea la aparición del gran Pat Morita, el "Miyagi" de "Karate Kid", lo más marciano del pack, ya que interpreta a la víctima de una violación cometida por lesbianas y que cuando habla, tiene voz de mujer. Ah! y de gags de mariquitas, hay unos cuantos. ¿Qué quieren?, era la época.
El reparto no tiene desperdicio, junto a Langston / "Unknow Comic", Linda Blair y Morita, tenemos a Pat Paulsen (personaje televisivo que intentó acceder a la presidencia de su país), Billy Barty (enano que interpretaba papeles adecuados para su talla en pelis como "Legend", "Willow" o "Masters del universo") como el jefe de la policía que no para de tirarse pedos, Lori Sutton enseñando cacho (su curriculum es la hostia, ha currado para Mel Brooks, Andy Sidaris, Mark Pirro y estuvo en "Los albóndigas en remojo"), Sydney Lassick (de larguísima trayectoria, fue un loco en "Alguien voló sobre el nido del cuco" y un profe en "Carrie"), cameo para Andrew Dice Clay ("Las aventuras de Ford Fairlane") y la "chica Russ Meyer" (y estrella porno) Kitten Natividad luciendo sus inmensas tetorras.
Tras algunas pocas pelis más (entre ellas "Fonda Sangrienta" y la decepcionante "Loca academia de maleantes 1"), Jackie Kong y William Osco se separarían. De ella nunca más se supo y él... bueno, produjo algunas cosas más hasta hace poco, pero nada realmente destacable.
Nota fricosa: En la parte de atrás de la caratula de vídeo aparecía una foto super-engañosa y altamente confundible, con tres policías luciendo armamento y pose a lo "Cazafantasmas". Formaba parte de toda una galería de imágenes promocionales con los agentes ataviados cual conceptos y película populares de la época. Hay otra en plan "Indiana Jones". Hacer notar que los modelos NO salían en el film (ver).
"Patrulla de noche" es, efectivamente, una auténtica mierda... pero una que funciona si te la tomas como hay que tomarla y le das al "Play" dispuesto a dejarte embriagar por sus hedores.