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sábado, 23 de octubre de 2010

TAL PARA CUAL

En un intento por volver a poner de moda a la pareja que ya lo estuvo cinco años atrás (con la sobrevalorada "Grease"), se ideó esta estupidísima, pero por otro lado, muy divertida comedia romántica con componentes fantásticos, que lejos de encumbrar a nuestros protagonistas de nuevo, como era intención, los hundiría en el más repugnante fango. La peli fue un fracaso tanto de crítica como de público.
John Travolta, que aunque no dejó de trabajar nunca, sí fue relegado a un segundo plano, rodando a partir de esta folletines que rozaban la "serie B" (la que nos ocupa, sería un digno precedente) y ya no saldría de ese foso hasta que Tarantino decidió sacarlo de ahí, y Olivia Newton-John protagonizaría su ultima película, puesto que el cáncer la retiró de los escenarios una temporada hasta entrados los noventa, que recuperada, volvería para hacer papelitos poco relevantes en telefilmes y grabar discos que ya nunca encabezarían las listas de éxitos. Esta puñetera película, se los cargó.
Dios está muy cabreado con la humanidad, así que decide enviar a la tierra un nuevo diluvio. Unos ángeles que trabajan para él (encabezados nada menos que por Scatman Crothers y Charles Durning), logran convencerle para que no lo haga. La condición que pone a cambio es que un inventor de tres al cuarto (Travolta) que acaba de robar un banco para pagar sus deudas, sacrifique su vida por la cajera a la que ha atracado (Newton-John) y viceversa, con una semana de plazo. Pero para complicar aún mas la cosa, el diablo (Un decadente Oliver Reed) lo pondrá todo un poquito más difícil.
En su momento era una película más que disfrutable, de aquellas que veía una y otra vez sin descanso, ofreciéndome siempre un funcional entretenimiento. Pero con las mismas, el otro día caí en la cuenta de que no me acordaba ni de un solo de sus fotogramas, así que fue la ocasión ideal para repetir. ¿Cómo me sienta hoy, transcurridos ya veinte años (calculo)? Pues como totalmente desfasado. 
Material de uso, disfrute y visita rápida al water close. Con la misma facilidad que se ve, se olvida. Desde el aspecto de los protagonistas con esos cabellos cardados, esos calentadores, esas camisetas cortas y esas gafas de sol azules con un rayo que cruza por el medio (y que luego resultan ser comestibles), hasta la banda sonora con esos tempranos sintetizadores, que por momentos nos recuerdan al gitano de la cabra. La verdad es que da vergüenza ajena ver todo eso. Es tan de los ochentas, que parece una película actual en la que se exageran las estéticas y maneras de tan querida década… pero no, es una peli de la época. Travolta y la Newton-John representan el joven medio americano del año 83, con esas pintajas y esas mentalidades… al menos en las películas.
Pero entretenida lo es, y un rato largo… quizás los tiempos que corren hacen dificultoso ese disfrute, pero si lo piensas fríamente, en la época no se le podía pedir más a una comedia romántica. Al menos les metían algo de chica en el argumento, que las de ahora, no tienen ni imaginación…
Dirige Jon Herzfeld cuyo último trabajo ha sido dirigir el "making of" de "Los Mercenarios", y le ha dado violentamente al telefilme entre medias de esto y la peli que nos ocupa, haciendo un paréntesis en 2001 para dirigir una de las peores de Robert De Niro, "15 Minutos".
Película maldita, sin duda, esta "Tal para cual".

lunes, 11 de mayo de 2020

ATRAPADA ENTRE DOS HOMBRES

John Cassavetes dejó muchos proyectos sin realizar antes de su muerte. De hecho, “Atrapada entre dos hombres” (estúpido título castellano para “She’s so lovely”) es una película que a finales de los 80 tenía previsto rodar con Sean Penn, pero justo antes de ponerse manos a la obra, Cassavetes fallecía aquejado de una cirrosis hepática.
El guion se quedó aparcado entre tantos otros proyectos durante más de diez años durante los cuales, Nick, el hijo de John, se forjaba como cineasta. Debutó en el cine con la su primera película, “Volver a vivir” para después pasar a formar parte de la escudería de Miramax y rodar “Atrapada entre dos hombres” bajo el auspicio de los hermanos Weinstein que en principio recibieron el proyecto con los brazos abiertos.
Nick Cassavetes, ofreció rodar la película a Sean Penn, que iba a haberla protagonizado con su padre y este aceptó de buen grado, aunque debían esperar que su agenda le permitiese poder incorporarse al rodaje. Entre tanto, Nick, adaptaba el guion al temperamento de los 90 y reescribia parcialmente algunas cosillas.
Un matrimonio un tanto desarraigado con claras muestras de trastorno mental por parte de ambos, se quiere con locura. Pero él es un estafador y suele desaparecer de casa por periodos largos de tiempo durante los cuales, debido a los celos y la impotencia, ella entra en crisis consumiendo alcohol sin medida. En una de estas, un buen día, se pondrá a tontear con el vecino que, emborrachándola, intenta tener sexo con ella. Esta al  negarse, recibe una paliza. Esa misma noche regresa su marido y verá que su mujer tiene la cara golpeada y, aunque ella le dice que esos golpes son consecuencia de una caída, al día siguiente él se imagina que ha sido cosa del vecino y entrará en una crisis esquizofrénica que propiciará que, enloquecido y buscándole para matarle, dispare accidentalmente a un cuidador social que ha acudido tras la llamada de su mujer. Entonces, es detenido e ingresado en  un manicomio. Pasan 10 años y ella ya ha rehecho su vida con otro hombre que la ha convertido en una ama de casa convencional, pese a que ella desde el primer momento le ha dicho que amaba a su marido que estaba ingresado. Sólo que ahora, su marido está recuperado de su enfermedad y ha salido del sanatorio dispuesto a reunirse con su mujer querida, cosa que al actual marido no le parece nada bien. Se complicará la cosa.
“Atrapada entre dos hombres”, que en un principio levantó gran expectación por tratarse de un guion no realizado de John Cassavetes que, por primera vez, iba a ser filmado, fue maltratado por Harvey Wenstein que en ese momento tenía proyectos que le interesaba más mover que esta pequeña película del hijo de Cassavetes, por lo que tras someterle a diversos cortes con el fin de reducir su duración, hizo con la película una autentica escabechina. Y además fue un destrozo en balde puesto que, para cuando la película se fue a estrenar, el desinterés era total y se estrenó en poquísimas salas y sin apenas promoción. Digamos, que destrozó lo que podía haber sido una de las mejores películas de los 90. No obstante, y con ganas de poder ver algún día el corte del director, el resultado no se resiente demasiado en el sentido que estamos ante una película estupenda. “Atrapada entre dos hombres” es una de las historias de amor más bonitas y menos babosas de cuantas he visto, amén de tratarse de una comedia negra, negrísima con momentos verdaderamente hilarantes. Es comenzar su visionado y quedar embobado con esta extraña y divertida historia de gente histérica.
La mano de Cassavetes padre se ve en todo momento, ya sea en el retrato de esos personajes desquiciados, ya sea en la presencia de las enfermedades mentales que solían ser recurrentes en su filmografía, ya sea en su extraña estructura de dos bloques donde predominan las diálogos y donde se dan muy poquitos detalles sobre los personajes.
En España, como todo lo de Miramax de la época, se estrenó en cines, pero el maltrato al que la película fue sometida en los USA, de rebote, alcanzó a la película por aquí también ya que se estrenó deprisa, corriendo, de tapadillo y en apenas un par de semanas de exhibición tan solo llegó a interesar a 149.000 paupérrimos espectadores del año 1998. Después apareció en vídeo de alquiler y ya no ha vuelto ha tener una edición en condiciones, quedando la película, hasta el día de hoy, inédita en DVD en nuestro país. Una autentica pena.
El siguiente paso de Nick Cassavetes, lejos de abrazar el cine independiente, fue abrazarse al sistema de estudios, facturando pequeños bodrietes mainstream como la infame “John Q” o la rematadamente edulcorada “El diaro de Noah”. Volvería a lo independiente con la correcta “Alpha Dog” y después, digamos que Cassavetes se convirtió en un director impersonal que facturaba toda suerte de peliculitas sin ninguna enjundia. No siguió los derroteros marcados por papá.
Junto a Sean Penn, tenemos a su mujer Robin Wrigth, a la que enchufó para la ocasión, un histriónico y descacharrante John Travolta, y las presencias del gran Harry Dean Stanton, Debi Mazan y James Gandolfini
Muy, muy, muy recomendable.

miércoles, 16 de mayo de 2012

CARA A CARA

Esta es la mejor película de John Woo en suelo americano (aunque yo le guardo cierto respeto a Blanco Humano con Van Damme) La historia es una fantasmada de cuidado, pero cuela, te crees que pueden hacer eso que hacen con las caras. Woo consigue crear un ambiente realista donde nada de lo que ocurre lo es. Y lo dicho, cuela. A ello contribuyen los que para mí son dos grandes actores, aunque ahora anden en horas bajas, Nicolas Cage y John Travolta. Nos metemos en harina en el siguiente párrafo.

Sean Archer (Travolta) es un agente en puestos muy altos del FBI, que tiene una vendetta personal con el terrorista más buscado de los USA, Castor Troy (Nicolas Cage). Unos años atrás, Troy  atentó contra Archer, resultando este solo herido y muerto su hijo. Es por ello que para Archer cazar a Troy es algo más que trabajo y pasa por el ámbito puramente personal. En una gran operación para atrapar a Troy y el hermano de este (un pequeño genio en ingeniería y bombas pero infantil y con cierta dependencia hacia su hermano mayor) el terrorista interpretado por Cage queda en coma. Todo estaría perfecto y por fin habría acabado el sufrimiento de la familia Archer, sino fuera porque los hermanos Troy han dejado colocada un bomba sucia en el centro de la ciudad, solo que el FBI no saben dónde, solo que quedan x días hasta que esta reviente. La única manera de hacer “cantar” al hermano de Castor Troy es que Archer se intercambie la cara con el terrorista, entre a la cárcel y se lo sonsaque a “su hermano”. Todo se tuerce cuando Troy despierta y hace que le coloquen la cara de Archer. Ahora Archer es Troy y Troy es Archer, y para colmo de males, como la operación del intercambio de caras era ultrasecreta, nadie (que quede vivo y sea de los “buenos”) sabe la verdad. 

Hay una escena que es magistral, donde vemos que los dos actores pueden hacer más que poner caritas y de verdad actuar. Es cuando Troy con la cara de Archer entra en la celda donde Archer con la cara de Troy, está encerrado. La mirada de asombro de uno y la cara de satisfacción del otro lo dice todo. A partir de ese momento presenciamos un tour de force, Archer, tiene que escapar de prisión y llegar hasta su familia, desmontar toda la tapadera de Troy y recuperar su cara e identidad, pero hay un problema. Ahora mismo el lleva la cara del terrorista más buscado de los USA, así que tendrá que echar mano de los compañeros de su enemigo para conseguir recuperar su vida.

La película es cojonuda, tiene acción made in Woo, sus palomas, sus cámaras lentas, sus armas automáticas con cargadores ilimitados… dos actores en la cúspide de sus carreras, escenas memorables como la del asalto a una casa durante la que suena el Over the Rainbow, y sobre todo el ver como los dos actores interpretan los dos papeles y como los dos lo bordan.
Sencillamente, una muy buena película de acción, y una de mis preferidas.

martes, 25 de junio de 2024

TIMES SQUARE

El gran fracaso del productor Robert Stigwood, que planeaba un nuevo éxito para la gran pantalla como lo fue su anterior película “Fiebre del Sábado noche”, solo que, esta vez, en clave de punk rock. Varios factores impidieron que se repitiera la hazaña, como por ejemplo, que el punk no era tan comercial como el disco (o al menos no atraía tantas personas a los cines en aquel momento), que el film no contenía estrellas en su reparto y, sobre todo, que las continuas irrupciones del productor en el rodaje propiciaron que la película quedara incompleta, con un montón de secuencias que se perdieron y un director, Allan Moyle, que abandonó el rodaje antes de terminar porque se negaba a convertir una historia sobre dos chicas con problemas mentales en un musical impostado con numeritos punk que no aportaban nada a la historia. A eso añádanle el hecho de que “Fiebre del Sábado noche” era una gran película, mientras que “Times Square” es irregular, con un par de buenos momentos, pero a rasgos generales tirando a mala. No por ello deja de ser una interesante; es de culto para la comunidad LGTBI —supuestamente las protagonistas son lesbianas; en el guion así estaba escrito, pero luego se eliminó todo atisbo de lesbianismo por motivos meramente comerciales— y sobre todo, tiene mucho valor el hecho de estar rodada enteramente en el Deuce neoyorquino antes de su remodelación en los 90, por lo que se ve intacta la sordidez de la zona, así como varios de los locales de puterío y, mejor aún, los cines que programaban sesiones dobles o triples de la época. En ese sentido, el retrato de Times Square que se hace en la película, es el más fehaciente y, a efectos estéticos, de gran valor.
Más allá de eso, tenemos una historia bastante ñoña sobre dos chicas que se conocen en una institución mental y, outsiders perdidas como son, acaban fugándose para acabar de okupas en un sucio antro de Times Square en el que intentarán sobrevivir y buscar su identidad. Así, mientras vagabundean, forman una banda de punk que se verá alentada desde las ondas por un locutor de radio que conoce la historia de las dos chicas e intentará apoyarlas. No obstante, cuando la cosa parece mejorar, el estado mental de una de ellas pondrá en jaque todo lo conseguido.
La idea surge por parte de Allan Moyle. Un día compró un sofá de segunda mano y, entre sus cojines, encontró un diario escrito por una joven con problemas mentales, que narraba su historia en el alambre, dejando al director cautivado. De este modo encargó la escritura del guion a Jacob Brakman, partiendo de pasajes de ese diario. Stigwood rápidamente quiso producirlo. Obviamente fue un grano en el culo. Entre otras cosas, convencido como estaba del futuro éxito, empezó a promocionar a la actriz protagonista, Robin Johnson, como una suerte de John Travolta femenina. Se encargó de no dejarla escapar haciéndole firmar un contrato en exclusiva con su compañía de management durante tres años. “Times Square” fracasó, y, en consecuencia, Johnson tuvo que rechazar las ofertas que le venían de otras gentes en favor de las que le ofreciera Stigwood, pero este perdió el interés tras el fracaso. Cuando la actriz quedó liberada del ese contrato, ya no interesaba para el cine, y aunque hizo algunos papelitos más en algunas películas (salía un momento en “¡Jo, que noche!” de Scorsese), al final tuvo que buscarse la subsistencia entrando en una vida laboral normal y corriente lejos de los focos.
Asimismo, Stigwood decidió lanzar una banda sonora en álbum doble del mismo modo que había hecho con “Fiebre del Sábado noche”, pero esta vez con canciones de grupos punk punteros (aunque la mayoría pertenecieran más a la "New Wave". Quizás el único combo genuinamente punk rock sean los británicos "The Ruts"). También se puso muy idiota con la idea de incluir a los "Bee-Gees" que tanto éxito le habían proporcionado un par de años antes, aunque estos no pegaran ni con cola, y ordenó filmar más números musicales con el fin de poder incluir esas canciones. A causa de dicha estúpida imposición, el director se fue de najas. La segunda unidad hizo lo que pudo y se dejó una película incompleta. En montaje, además, mucho material se perdió por el camino y, en definitiva, lo que se estrenó es un auténtico desbarajuste. Pero ahí quedó. La verdad es que es flojucha, pero tiene algo de gracia (no demasiada).
En el reparto, además de Robin Johnson, tenemos a Trini Alvarado muy jovencita, con 13 años, que asistía cada día al rodaje portando consigo una biblia. Después obtendría cierta popularidad al aparecer en films de renombre como “Mujercitas” o “Agárrame esos fantasmas”. Como locutor que ayuda sin salir de su cabina a estas dos jóvenes punks, tenemos a Tim Curry que fue metido en la película de rebote, primero porque al tipo le gustó la historia que se iba a rodar, segundo porque  necesitaban un nombre popular que pudiera vender y Curry estaba en su mejor momento. Eso sí, fue contratado para tan solo dos sesiones, que se irían alargando en el metraje con el fin de que pareciera que estaba presente todo el largometraje.
En cuanto al director Allan Moyle, no tuvo una carrera fulgurante precisamente, pero sí rodó un par de películas interesantes. Suya es la estupenda “Rebelión en las ondas” con Christian Slater haciendo de un locutor que revoluciona a todo un pueblecito desde una emisora pirata, o “Empire Records” también relacionada con el mundo de la música y la radio.
“Times Square” se estrenó de mala manera en España, apenas la vieron 41.000 espectadores en salas destinadas a la versión original subtitulada. No recuerdo una edición en vídeo en la época, pero sí fue emitida en televisión a horas intempestivas, así como contó con una edición en DVD que a día de hoy es bastante difícil de localizar.
Por otro lado, me hace mucha gracia la traducción que en el póster español (aquí adjunto) se hace de la frase promocional “Go Sleazy In Times Square”; “Toda la basca!... a Times Square!”. Y se quedaron tan panchos.

lunes, 10 de marzo de 2008

EL ARTE DE LA VENGANZA

Me gusta la carrera que lleva uno de mis actores favoritos, Ving Rhames. Y es que le ha pasado lo contrario que a otros. Si a John Travolta le redescubrió Tarantino (o eso dicen) y su carrera subió meteóricamente, a Rhames fue descubrirle Tarantino y bajar y bajar, tanto que ya solo hace COJONUDAS pelis que únicamente salen en dvd o ejerce de secundario en producciones mainstream.
Claro, que pensándolo bien, Tarantino no ha relanzado la carrera de nadie. Si os dais cuenta, se supone que hizo lo mismo con Pam Grier y la verdad, desde entonces esta se ha prodigado poco. Robert Foster, tres cuartas de lo mismo y David Carradine tampoco ha hecho mucho desde "Kill Bill".
Pero me estoy yendo por los cerros de Úbeda.
El caso es que el contundente físico de Ving Rhames le viene que ni pintado al personaje de “Clue Ball” Carl en esta estupenda película de videoclub titulada "El arte de la venganza", uno que se sacan de la manga los distribuidores españoles y desvela el final. "Shooting Gallery", el original, es mucho más acertado y molón, pero también engañoso. Aunque hay tiros, el título es el nombre de un club de billar donde se hacen apuestas.
Un excelente jugador se dedica a hacer pequeños timos desplumando a sus oponentes, fingiendo que es un patata. Una organización capitaneada por “Clue Ball” Carl, mafioso que chupa patas de pollo (literalmente), se fija en este muchacho (Freddy Prinze Jr.) y le ficha para que trabaje para él. De mientras, un poli corrupto, que a la vez es jugador, le chantajea con el fin de que prepare una partida con “Clue Ball”.
La peli, que va a un ritmo endemoniado y videoclipero, está francamente bien y, aunque quizás tiene momentos extremadamente infantiloides, la potencia de algunas de sus imágenes, me ha fascinado. Además, desde "El color del dinero", hacía mucho tiempo que no se rodaba una película sobre billar.
El director es otro de esos tipos especializados en telefilms, Keoni Waxman, que no tiene ningún trabajo por el que destaque especialmente. Pero este lo ha hecho muy bien.
Y Freddy Prize Jr., que se ha puesto bastante gordo, en un papel en el que no deja de poner caritas y gesticular, como diciendo “¡Eh miradme, no solo soy un guaperas, también se actuar!” Que iluso.
En definitiva, una peli muy disfrutable con la que se pasa el rato fenomenalmente, siempre que te hayas desprendido de todos tus prejuicios. Ayuda tener en cuenta su naturaleza de producto destinado al vídeo-club.

martes, 4 de agosto de 2026

JAULA SIN TECHO

Ted Post, proveniente de la televisión, es un director que no deja de resultar curioso debido a la carrera que llevó, trufada de capítulos sueltos de series de éxito, amén de incursiones en la gran pantalla tan notorias como “Regreso al planeta de los simios”, “Harry el fuerte” y otras de corte más artesanal y tirando a cutre, como “Los valientes visten de negro”, cinta independiente que, gracias a pequeños pases en cines remotos, consiguió finalmente una distribución que pondría a Chuck Norris en el firmamento de las estrellas, o la que hoy nos ocupa: “Jaula sin techo”, que, de malsana y bizarra que es, por momentos adquiere tonos paródicos.
Cuenta la historia de una familia bastante turbia (posiblemente endogámica), compuesta por una matriarca, sus dos hijas (unos putones) y un hijo de unos veintipocos años con un severo retraso mental que no ha evolucionado intelectualmente desde que nació. De esta manera, su madre le pone trajecitos de bebé, lo acuesta en una cuna y, durante el día, lo mantiene en un parque infantil con barrotes.
Un buen día llega a la casa una asistenta social que, por un lado, intenta conseguir que el muchacho evolucione mentalmente y, por otro, se huele que este no ha crecido por algún asunto turbio que se traen entre manos su madre y sus hermanas. Por ello, sus visitas al hogar de la familia son frecuentes, hasta el punto de que acaba obsesionándose con el “bebé” y el resto del clan, tomando la historia giros inesperados.
No está nada mal esta película.
Y, aunque tiene toda la pinta de ser un exploitation destinado al circuito de cines marginales, en realidad se trata de un film de presupuesto modesto surgido de manera independiente. El hecho de que la dirija un artesano como Ted Post no es más que una circunstancia. Y es que el guionista, Abe Polsky, que ya tenía el libreto escrito, anduvo detrás de Post cerca de un año. Este rechazó hacer la película porque le resultaba demasiado oscura y extraña, y no se veía con ganas de ponerse al mando de semejante cosa. Sin embargo, cuando el proyecto estuvo más avanzado, aceptó, convirtiendo “Jaula sin techo” en una película de culto, principalmente gracias a su dirección.
Durante lustros, popes del cine chungo han añadido este título a sus interminables listados de películas “tan malas que son buenas”, aunque en más de una ocasión han tenido que desestimarla, alegando que extraña es un rato, oscura y bizarra también, pero que, en absoluto se trata de una película incompetente o mal hecha, a tenor de su guion bien resuelto y de una dirección artesanal, pero efectiva. En consecuencia, roza ese umbral, pero ahí anda, con un pequeño culto de cinéfilos finos que la reivindican.
Por otro lado, las risas que pueda provocar no vienen de una posible comedia involuntaria, sino del fino (y negrísimo) sentido del humor de sus artífices, volcado sobre todo en la interpretación del trío femenino protagonista y en la del actor David Mooney, quien dio vida al retrasado mental no evolucionado y estancado en bebé, no sin cierta sorna y rozando por momentos lo ridículo. Para componer su personaje, investigó y observó a niños con deficiencias mentales en varias instituciones para, posteriormente, incorporar sus gestos y actitudes a su interpretación (digo yo que tendría que haber observado bebés, pero bueno...), llevándola al paroxismo. Asimismo, antes de que la producción eligiera a Mooney, un jovencísimo John Travolta hizo una prueba para optar al papel, pero fue rechazado de facto.
La copia que yo he visto estaba doblada, pero conserva los sonidos de bebé reales que emite David Mooney en la versión original. Existe una primera versión con sonido directo, pero, en algún momento del montaje la pista original se perdió y el actor tuvo que doblarse. Por ello, se optó por insertar sonidos y llantos de un bebé real, logrando un efecto aún más inquietante del que ya transmite de por sí. Además, para reforzar la sensación de infantilismo, durante el rodaje Mooney se afeitaba todo el cuerpo, detalle que, sin embargo, pasa completamente inadvertido mientras vemos la película.
En definitiva, se trata de un film, sobre todo, curioso; por momentos desasosegante y puro género setentero que, pese a un par de instantes un tanto tostón, se disfruta perfectamente porque es un catálogo de excentricidades por parte del bebé, de las dos hermanas putones y de la madre que los parió a todos. Y eso por no hablar del estupendo girito final que, al menos yo, no me esperaba ni por asomo.
"Jaula sin techo" no parece haberse estrenado en los cines de nuestro país en su momento. Tampoco recuerdo una edición en VHS, pero sí apareció en la era del DVD en desastrosas ediciones piratas, y la “oficial” fue uno de esos DVD que regalaba la revista "Tiempo". También hubo una edición en Blu-ray de origen pirata hace no mucho, pero, salvo por estas, parece que todos los estamentos la consideran una película menor, casi televisiva y tirando a chunguilla. Pero eso es porque no se molestaron en verla.

jueves, 11 de octubre de 2012

EL CASTIGADOR (THE PUNISHER)

Esta era la segunda vez que se intentaba llevar al
vigilante de la Marvel al cine (la primera con la calavera en el pecho), sin mucho éxito en taquilla y tampoco en crítica que no quedó contenta. 
Yo,. por mi parte, me lo pasé pipa, tanto con esta como con la secuela aunque ya no la protagonizara Thomas Jane. Reconozco que Ray Stevenson fue un muy buen "Punisher", más cercano aun al cómic que Jane, pero aun así no le hago ascos a la versión que dio vida el actor de "Deep Blue Sea". Recuerdo ir a verla al cine con mi amigo Jorge y pasárnoslo genial durante el visionado, no sé si incluso llegamos a aplaudir en algún momento, así que al menos a nosotros nos funciono. Cierto que es escasa en sangre, el momento donde más canta es en la matanza de la familia de Frank Castle, donde no hay ni una sola gota salvo la que derrama el protagonista, pero imagino que sería para no llevarse una calificación por edad que impidiera a mucho chavalito acudir a verla.
Se modificó el origen del personaje, ya no era un veterano de guerra, sino un agente especial de la DEA, y el número de hijos, que aquí se quedó en un niño y no niña + niño como en los cómics. Tampoco la matanza ocurría en "Central Park", sino en una villa en Panamá, pero para compensarlo no solo los villanos matan a la mujer e hijo de Frank, sino que acaban con TODA su extensa familia. Esto es así porque, aunque el malo es muy malo, su mujer es mucho peor, y no estoy diciendo que las mujeres sean unas pécoras de mucho cuidado, pero la película así lo da a entender, al menos con esta señora.
A partir de ahí, la película nos muestra los inicios del "Punisher", como se prepara para llevar a puerto su castigo a los Saint -los villanos-, cuyo cabeza de familia fue interpretado por John Travolta, en un papel por el que no será recordado. Más interesantes que los Saint son los asesinos profesionales que mandan para acabar con el prota, El Tarántula, una especie de mariachi que no llega a dar mucho juego, y el que para mí es uno de los grandes malos del "Punisher" y su universo, El Ruso. Aunque en la película se supone que Castle mata al gigante soviético, perfectamente podría sobrevivir y volver aparecer en alguna secuela, lástima que en War Zone no aparecía.
Poco más nos cuenta la historia, es un simple aperitivo para lo que vendría después, con un Castle ya entregado al 100% en su guerra contra el crimen. A muchos fans les defraudó, como véis en mi caso no fue así, pero es que yo tengo un listón muy bajo cuando se trata de Marvel, joder si hasta la película de "Nick Furia" con David Hasselhoff me gusta.

miércoles, 5 de octubre de 2011

WACKO

No se quien le dijo a Greydon Clark que lo suyo era la comedia...pero es evidente que no sería alguien con mucho ojo. Clark tiene un curriculum que es puro exploitation, y de entre todo el mogollón destacan dos ochenteras "de risa" bastante patéticas (hay una tercera, pero del 77, "Satan's Cheerleaders"). Sin embargo, y ahí si que "mi no comprende", ambas con cierto estatus de culto, "Wacko" y "Joysticks". "Joysticks" no pude ni terminarla, con "Wacko" he hecho un pequeño esfuerzo al tratarse de una "spoof movie" en toda regla, una de esas surgidas a raíz del primer boom "slasher" de los 80, junto a otros blufs como "13 asesinatos y medio" o "Pandemonium".
En plena -y adecuada, dadas las fechas en las que estamos- noche de Halloween, un asesino que luce una calabaza por cabolo y lleva un cortador de césped cual arma asesina, se carga a una chica ante los ojos de su hermana pequeña. Pasados trece oportunos años, hay una fuga en el manicomio. Un policía que lleva todo ese tiempo sin dormir obsesionado con cazar al culpable, se pone manos a la obra convencido de que se trata del psycho-killer del corta césped. Todo ello plagado de humor idiota, chistes picantes, sketches visuales, mucho chorrismo y bastante poca gracia y salero. Que sí, que material sonreíble hay... pero es mínimo.
Al final lo más curioso son las citas cinéfagas y el reparto. En el primer apartado tenemos, dejando a un lado los obvios "slashers" del momento, a "El Exorcista", "La profecia", "Alien, el octavo pasajero", "La isla del Dr.Moreau" y "Psicosis". En el segundo, pues a un Joe Don Baker bastante triste y desatado, George Kennedy interpretando a un padre que espía a sus hijas mientras se duchan (tendría más suerte en el "spoof" con su intervención en la posterior saga de "Agárralo como puedas", donde coincidiría con otro segundón presente en "Wacko", Anthony James), Stella Stevens, la compañera de Jerry Lewis en "El profesor chiflado", el bueno de Charles Napier y un jovencito Andrew Dice Clay parodiando al John Travolta de "Fiebre del Sábado noche". Añadan al pack un grupo muy "new wave" y una ausencia total de sangre y tetas (chistes cochinos hay algunos, pero carne, ninguna).
Mala de cojones, pero lógicamente curiosa por motivos antropológicos. Me pregunto cómo es posible que el "slasher" primigenio nunca esputara una parodia genuinamente en condiciones. Tendríamos que esperar al renacer noventero para "Scary Movie" que, sin ser nada del otro Jueves, por lo menos no era tan miserable como esto.

viernes, 1 de abril de 2016

AMERICAN GIGOLÓ

“American Gigoló” es una de esas películas emblemáticas de los ochenta –emblemática además de por los valores comerciales que todos conocemos, por poner en el mapa tanto a Richard Gere, aún desconocido, como a la marca de Giorgio Armani – que sin ser un auténtico bombazo de taquilla (en españa apenas reunió 400.000 espectadores), si que se ha granjeado, a posteriori, cierto culto. Hasta el inefable Rob Schneider en su “Gigoló” osó parodiar a Richar Gere haciendo pesas colgado del techo. Conocida por todos es su eléctrica banda sonora a cargo de Giorgio Moroder  y su póster es todo un símbolo del cine de los ochenta menos amable y nostálgico. Sin embargo, y desconozco los motivos, yo nunca había visto “American Gigoló”. Hasta hoy.
Cuenta la historia de un Gigoló de Beverly Hills, que presta sus servicios sexuales a toda suerte de señoras maduras, entradas en años y sobradas de millones. En una de estas, su “Chulo”, le consigue un trabajo en el que tendrá que follarse a una mujer delante de su marido, con tan mala suerte que esa misma noche, ella acaba asesinada de manera violenta. Entonces, a la par que el Gigoló se enamora de la mujer del senador, un detective iniciará una investigación para con nuestro hombre, la cual parece indicar que el culpable de dicho asesinato es él. Intentando demostrar su inocencia, no hará más que  complicar las cosas.
Estamos en 1980 y el cine de la anterior década, tan frío, tan serio y tan cojonudo por otro lado, está dando sus últimos coletazos; las superproducciones palomiteras , Spielberg, Lucas y demás ralea, vienen pegando fuerte y le van a dar la vuelta a la industria como si de un calcetín se tratara, y justo en esa transición se encuentra “American Gigoló”, escrita y dirigida por Paul Schrader, que tras hacerse el guion de “Taxi Driver” y dirigir dos películones como son “Blue Collar” y “Hardcore: Un mundo oculto” entra en los 80, como director, en el peor momento posible. “American Gigoló” es una película que bebe del cine recién muerto, justo en un momento en el que se pide todo lo contrario. Al ser una película de estudio, esta abandona toda sordidez y mal rollo en pro de un estilo más aséptico que ya venía estilándose en otras producciones, por lo que la culpa de que “American Gigoló” no sea una de esas películas memorables y perturbadoras, la tiene, exclusivamente, el cambio de década.
Y es que sin que sea una mala película, que en absoluto lo es, si que se ve claramente que Schrader se está mordiendo la lengua, que no puede contar la película como a él le gustaría, porque los estudios ya no quieren eso. Entonces, estando entretenida,  si que notamos que es una película terriblemente contenida que, por otro lado, esa misma contención, impide que las dos tramas principales, la de la vida de Richard Gere como puto, y el asesinato del que le acusan, avancen debidamente, quedándose la película a medio camino de todo y en tierra de nadie. Da la sensación que es más importante el lanzar una banda sonora reconocible y bailable o el darle al asunto una ambientación pop, que el ejecutar la película como está mandado, que seguro, era más oscura y deprimente el en guion de Schrader. Y con todo, el sello de autor se ve por todas partes, eso si, y como ya he dicho antes, de manera contenida.
Al final “American Gigoló” resulta una película rara y totalmente desubicada que, sin embargo, se deja ver. Pero los 80, le sentaron muy mal a la película, y por ende, a un tipo tan de la generación del nuevo Hollywood como Paul Schrader.
Eso si, “American Gigoló” aportó notoriedad a Richard Gere, que por aquél entonces no era todavía la estrella que llegó a ser. Y fue elegido para la película tras las negativas de Christopher Reeve, que cobraba un pastón, y John Travolta que se negó en rotundo a interpretar a un puto. Mejor para Gere, que de aquí iría directamente a protagonizar “Oficial y Caballero”.

martes, 20 de agosto de 2024

VASECTOMÍA

Un banquero, padre de ocho hijos, se plantea tener un noveno. Sin embargo, tras semejante tute, su esposa se niega en rotundo a fornicar con él hasta se haga una vasectomía. El individuo, de carácter mediterráneo (es italoamericano), no quiere pasar por quirófano y ve en la vasectomía un fuerte atentado a su hombría, lo que acarreará conflictos con su mujer, a la vez que deberá lidiar con los problemas propios de su puesto en el banco.
Detrás de ese estupendo póster por obra y gracia de Mort Drucker, uno de los dibujantes clásicos de la revista “Mad” —póster que sugiere desmadre y diversión a raudales—, se esconde una de las comedias más anodinas de los ochenta. Parece que fuéramos a ver algo al estilo de “Los locos del bisturí” o “Jóvenes enfermeras enamoradas”, pero, nada más lejos. “Vasectomía” es en realidad un drama moderado con un par de gags en su haber. Con la excusa comercial de que el protagonista ha de cortarse los conductos deferentes, se nos narra lo que realmente importa, que es una trama de fraudes, herencias y bancos que a los espectadores nos importa un bledo, porque lo que queríamos ver es a Paul Sorvino huyendo por los pasillos del hospital donde ha de ser intervenido. Y efectivamente, le vemos escapar del cirujano, pero nunca en un contexto tan divertido como el que sugiere el póster.
“Vasectomía” es aburrida hasta el extremo; está mal rodada, mal narrada, nos perdemos cada cinco minutos porque la historia va para un lado y para otro sin detenerse nunca en algo concreto, amen de que el par de situaciones cómicas que contiene apenas nos hacen esbozar una sonrisilla. Es MALA a rabiar, una de las peores películas de su época, un verdadero desastre.
Desde el primer fotograma tendemos a pensar que se trata de un mal telefilme rodado para la programación de madrugada de algún canal americano, pero no, se trata de una película legítima, con su estreno teatral en toda regla y que pasó por los cines yankis en 1986, siendo, por otro lado, una producción enteramente tejana que no obtuvo mayor repercusión fuera del estado, donde probablemente haría las delicias de los yuppies rednecks que, en cierto modo, podrían verse retratados en el papel de Paul Sorvino. Sin embargo, con toda la razón, la crítica se cebó con ella, argumentando que Sorvino estaba de pena, gesticulando y justificando cualquiera de sus acciones con el hecho de ser italiano.
Asimismo, al mostrarse partidario de la vasectomía, consiguió ganarse las antipatías de los sectores más conservadores de la América blanca, que condenan cualquier cosa que sugiera no engendrar niños o interrumpir su gestación, sea el aborto, sea la píldora, sea la vasectomía, sea derramar nuestra semilla en el frío suelo.
“Vasectomía” llegó a nuestro país, como tantos otros títulos menores, gracias a la distribución en vídeo, y es la típica película cuya caratula vimos mil veces expuesta en las estanterías de los video-clubs, pero nunca alquilamos. Vista hoy, se ratifica el hecho de que, si no alquilábamos según qué películas en su momento era porque existía un sexto sentido que indicaba que “esta no”. Y no fallaba.
En el reparto, además de Paul Sorvino, contamos con otro clásico secundario de la época como Abe Vigoda (muchos le recuerdan en su esnobismo por “El Padrino”, pero yo le recordaba única y exclusivamente por hacer de padre de John Travolta en “Mira quién habla”) además de a Lorne "Bonanza / Galáctica" Greene, William "Blácula" Marshall y unos cuantos actores y actrices tejanos sin mayor repercusión.
Dirige Robert Burge, de escueta carrera fílmica que, además de esta, también ha dirigido… Es igual, no nos importa que más ha dirigido este manazas.

lunes, 17 de noviembre de 2014

DICE RULES

En su momento de mayor esplendor, en 1991, Andrew Dice Clay se pegó la machada de llenar el Madison Square Garden de Nueva York (esto es decir, miles y miles de personas) y meter en su interior un equipo cinematográfico para que filmara su espectáculo, el “Dice Rules”. De ahí salió esta película, así como un doble álbum que recogía los mejores monólogos de cómico americano.
Claro que su espectáculo apenas duraba cincuenta minutos, con lo que no llegaba a la duración estándar para estrenar en cines, con lo que la completó con una serie de sketchs interpretados por si mismo, en los que nos cuenta como fue su vida hasta convertirse en “The Dice”. Para ello, asume el rol de un retrasado mental – en realidad imita a Jerry Lewis- al que le van sucediendo una serie de cosas en su día a día,  hasta que por fin se pone la chupa de cuero de “The Dice” y con ella puesta, comienza el show. También aparecerá él, entre sketch y sketch comentando lo que acabamos de ver, usando la gorra más grande que he visto en mi vida.
Por otro lado tenemos, durante los títulos de crédito iniciales, un numerito musical  interpretado por él mismo, que vemos claramente, por el local donde está filmado y por el vestuario del cómico, que es un extracto descartado de “Las aventuras de Ford Fairlane”, que le vino de perilla para rellenarle minutos a esta.
Así, tenemos una película atípica, rara y extraña, en la que lo que cuenta es el show del cómico que no empieza hasta pasada media hora. Hasta ese momento, vemos las gilipolleces que acabo de comentar.
La película fue un fracaso absoluto y, dicen, que el principio del meteórico declive de Andrew Dice Clay, que, prácticamente, dura hasta nuestros días en los que la rumorología dice que tiene que trabajar en un gimnasio para poder subsistir. O al menos, hasta que lo rescató Woody Allen para darle un papel en “Blue Jasmine”.
La película, además, está considerada una de las peores de la historia, y se llevó nosecuantos  premios Razzies. Pero es que allá dónde estuviera Clay, estaba esta asociación acechando, gustosa de darle sus anti-premios. Ya lo hicieron con “Las aventuras de Ford Fairlane”.
En cuanto al show de Clay, no gustó a la sociedad bienpensante, que le criticó el hecho de que sus chistes y gags fueran de corte machista, homófono, racista y, en definitiva, todas esas cosas graciosas –huelga decir, que comparto y uso el humor de Clay- que tanto molestan a los americanos, según quien las use.
La crítica, calificó a Dice de misógino y de usar un humor de “Matón de patio de recreo”, y afirmó no hacerle puta gracia como en la película “The Dice”, se ríe de un traqueotomizado, de los paralíticos y de las mujeres.
Por otro lado, Roger Ebert, su eterno enemigo,  lo llama acomplejado y “assholer”.
Rotundo, Ebert,  termina diciendo que, a juzgar por el tipo de público de Andrew Dice Clay, al cual podemos ver en la película, eso parece, más que un show cómico, un mitin fascista, con todos esos garrulos levantando el puño y coreando como brutos el nombre del cómico.
Y es que efectivamente, el público de Clay, al menos en ese show, está compuesto de blancos de la “White Trash”, que ríen sin parar todas las gracietas de Clay, y dónde predominan individuos desdentados luciendo bonitos “Mullets”. Ni un solo negro en el público. Acojonante. Aunque por otro lado, es sabido que Clay, en su vida personal, se mueve con famosos raperos (obviamente, negros) con los que, incluso, colabora en sus canciones.
Pero, que quieren que les diga, a mí Andrew Dice Clay me cae bien, me gusta mucho el humor que hace, me gustan sus películas, y esta, aunque entiendo perfectamente que esté considerada una de las peores de la historia (los treinta minutos previos al show de Clay, son una absoluta vergüenza… graciosa, si, pero de pena) es una película, que a pesar de que, dentro de su show, se me escapan montones de expresiones, jerga y juegos de palabras debido a que la visioné con la única ayuda de unos defectuosos subtítulos en Inglés, me gusta mucho y lo que pude entender me hizo mucha gracia, al igual que reconozco que la imitaciones que Clay hace de Stallone, De Niro, Pacino, Eric Roberts y John Travolta, son unas imitaciones horrorosas ejecutadas, no obstante, dentro de un magnifico gag en el que estos imitados, deciden ir juntos al zoo, donde no ven una puta cebra (¿).
Especialmente celebrado el momento en el que recita, a la vez que su entregado público le ovaciona, el famoso “Moother Goose”; una serie de rimas ofensivas inspiradas en canciones populares, que le valieron el veto de por vida en la Mtv.
“La madre que os parió, hijos de puta”.
En fin, tengo debilidad por este cómico, que les voy a contar. Buenísimo.

sábado, 23 de enero de 2021

AMAZONAS EN LA LUNA

Si existe algo próximo a una secuela de la mítica "Made in USA" esa es, indudablemente, "Amazonas en la luna". No ya por su parecido formal, a base de aunar gags donde se parodian anuncios, programas de televisión y películas, también por la incursión directa de personal implicado en aquella y algunas de sus coñas, entre ellas la "aparición" de "Samuel L. Bronkowitz", el ficticio productor de cine que para la ocasión es acreditado como tal en la película dentro de la película. Si en "Made in USA" aquella era una chota a costa de "Operación Dragón", aquí toca reírse de las epopeyas de "serie B" de ciencia ficción cincuenteras (con especial fijación en "Cat-Women of the Moon") a base de diálogos ridículos, guiños (esos trajes espaciales idénticos a los de "Planeta Prohibido"), efectos especiales voluntariamente chapuceros (hilos sujetando planetas y naves) y el constante salto de escenas, ya sea por la interrupción de divertidos cortes bruscos causados por el supuesto mal estado del celuloide, o la lluvia imparable de anuncios/sketchs (en la versión española la locución de los primeros los hace el mismo doblador de "Made in USA"). Estos se dividen entre los graciosos y los insípidos. En el grupo de los primeros tenemos el del hospital donde un doctor pierde el bebé recién nacido de una ilusionada pareja e intenta disimularlo cambiándolo por un "Señor Potato" -siendo a mi juicio el mejor- . El entierro en el que son invitados una serie de famosos cómicos reales yankis que harán coñas a costa del difunto. El programa de misterio donde el mismo presentador se refiere a todo como "chorradas" (impagable la "recreación" del hundimiento del Titanic). El hijo del hombre invisible que no lo es. O el que se nos reserva para después de los créditos, una parodia de la típica película "exploitation" con supuestos fines moralistas. Luego están los flojicos, que los hay, como el del chaval que quiere comprar condones a escondidas y acaba convertido en una celebridad o el del paté que se estira y rebota para mayor regocijo de los invitados a una fiesta. 
Honestamente, "Amazonas en la luna" no es una película con la que te partas de risa, o te descojones hasta las lágrimas. Para nada. Sin embargo, sí resulta un visionado muy entretenido, pero mucho, que te deja una sensación harto positiva y saludable. Sonríes unas cuantas veces y el buen rollo general se te contagia. Será por esa iluminación tan clara (tan televisiva, cosa que opino es expresa) o porque, aunque hay algunos gags de tirón erótico -luego hablamos de ellos-, el humor no es especialmente escabroso ni ofensivo, en este sentido "Made in USA" era mucho más hijaputa. Así que, a pesar de que el nivel de comedia queda lejos de ser excepcional, puede arreglarte perfectamente una tarde sosa o una noche aburrida.
Aunque para excepcional, y sorprendente, el personal implicado tanto delante como detrás de la cámara. Es realmente impresionante, de verdad. Hagamos el repaso completo. Entre los actores más o menos de primera división, localizamos a Arsenio Hall, Michelle Pfeiffer, Griffin Dunne, Joe Pantoliano, Rosanna Arquette, Steve Guttenberg, Henry Silva, Robert Picardo, Charlie Callas, Ed Begley Jr., Kelly Preston, Marc McClure, Andrew Dice Clay, Carrie Fisher y Paul Bartel. Existe una versión de la película para la televisión y el mercado del dvd estadounidense con unos pocos sketches inéditos para nosotros (bueno, no del todo, ya que figuran en los extras de la edición patria) con Jenny Agutter, Bernie Casey, Ronny Cox y Robert Loggia.
Si descendemos unos peldaños y nos centramos en actores más de culto, localizamos a Sybil Danning (básicamente haciendo el mismo papel que luego haría en "Los Dreggs"), William ("Blackula") Marshall, Dick Miller, Lyle Talbot (habitual en los repartos de Ed Wood) y Joey Travolta (hermano de...)
Tampoco se queda corta la lista de cameos, por ahí asoman Forrest J. Ackerman, B.B. King, Ira Newborn (habitual compositor. Suya es la banda sonora de "Amazonas en la luna", salvo cuando usan música de archivo. Sin ir más lejos, en un momento dado podemos oír un tema que también sonaba en el soundtrack de "Creepshow") y el más curioso del pack, Russ Meyer in person.
Ya que hablamos de tetas, la antes mentada ración de erotismo se la podemos agradecer a las presencias y ubres impresionantes de dos chicas Penthouse, Corinne Wahl y, cómo no, la legendaria Monique Gabrielle que se marca uno de los gags más celebrados.
En la dirección, dos que no necesitan presentación: John Landis (sí, responsable de "Made in USA") y Joe Dante. Les acompañan Carl Gottlieb (director de "Cavernícola" pero conocido y respetado sobre todo por su faceta de guionista, donde encontramos "Tiburón 1 y 2" y "Un loco anda suelto"), el legendario productor Robert K. Weiss (a quien debemos la existencia de un porrón de míticas comedias, comenzando por la misma "Made in USA", pasando por "Granujas a todo ritmo" y terminando con la saga "Agárralo como puedas") y el poco llamativo Peter Horton.
La pareja de guionistas, Michael Barrie y Jim Mulholland, eran auténticos maestros de la comedia televisiva desde los años 70, lo que explicaría muy mucho por qué "Amazonas en la luna" se fija en este medio más que ningún otro.
En definitiva, una película altamente recomendable por su buenrollismo y capacidad de amenizar cualquier velada.