Mostrando las entradas para la consulta Christopher Lloyd ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas para la consulta Christopher Lloyd ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas

sábado, 9 de noviembre de 2024

MI MARCIANO FAVORITO

Felices tiempos aquellos en los que hablar de Jeff Daniels y Christopher Lloyd, dos actores por los que siento mucha simpatía, no suponía automáticamente mentar "Dos tontos muy tontos" ni "Regreso al futuro". Años de calma, cuando el "geekismo" todavía no se había convertido en una secta, o una plaga. Y por eso -por lo de la simpatía- me llevé toda una sorpresa el otro día, tras lustros del primer y único visionado, al (re)encontrármelos compartiendo plano en "Mi marciano favorito". Recordaba la presencia de Lloyd, pero no la de Daniels. Tampoco sorprende la reacción de mis escasas neuronas, porque estamos ante un producto destinado a ser olvidado en tiempo récord. Puro "fast food", consciente y orgulloso, de mano de -nada menos- una Disney todavía no devorada por la fiebre Woke, ni por esa asquerosa codicia que todo lo impregna y destruye. Incluso se permiten algunos gags picantes y un pelo escatos... siempre para los estándares de la compañía del ratón, claro, pero comparado a como está hoy el patio, resulta refrescante.
Supongo que podemos culpar al "Misión: Imposible" cinematográfico, y su tremendo éxito, de la fiebre que le entró a Hollywood con eso de llevar series de televisión más o menos clásicas a la gran pantalla, modernizando tono y maneras. Un proceder que por esos lares siempre ha funcionado, pero en la segunda mitad de los noventa, primera de los dosmiles, se volvió bastante recurrente. 
"Mi marciano favorito" es la puesta al día de un "tv show" sesentero del que tenía constancia, pero jamás había/he visto. Así pues, no puedo recurrir al juego de las comparaciones. En cualquier caso, la cosa va de un extraterrestre llegado de Marte que se hace amigo de un periodista en horas bajas y el consiguiente revuelo que causa en su vida. El alienígena original, Ray Walston, se marca prácticamente el mismo papel en la nueva versión, algo también muy habitual en estos productos, presentarse casi como secuelas del material primigenio, contando con los actores de aquel retomando -más o menos- a sus personajes, si es que aún estaban vivos, claro. Desafortunadamente, no es el caso del compa humano de Walston, nada menos que Bill Bixby, "Bruce Banner" (o "David Bruce Banner") en la famosa y setentera serie de "La Masa". Para la llegada de 1999, año de producción de la puesta al día, el pobre llevaba ya seis bajo tierra.
He leído, en plan reproche, que la película prefiere apostar por los efectos especiales y el humor más "slpastick" en lugar de la típica materia dialoguista y enredante propia de la "sitcom" que era. Hombre, también es normal, digo yo. Se tira mucho de un CGI algo verde aunque pasable, destacando la estrella del sarao, el traje con vida propia
 del marciano. Vendría a ser la comparsa cómica y, ciertamente, acaba resultando irritante y agotadora. Por mucho que he investigado, no lo he detectado en la serie, así que podría ser una invención del film. Ni idea. Y tampoco importa, porque, como decía, este "Mi marciano favorito" noventero cumple con su función más elemental, entretener. Se mueve a toda leche, no da respiro, provoca alguna risilla comedida, aporta puntuales secuencias razonablemente espectaculares (la carrera del coche miniaturizado por las alcantarillas) y, al terminar, deja la sensación de haber consumido una chorrada máxima, pero sin llegar al insulto. Bien. Decente.
A Daniels, Walston y un bastante sobreactuado Lloyd, gozando como una perra a base de explotar esa inconfundible mueca suya de loco que tanto le ha reportado (desde "Alguien voló sobre el nido del cuco" hasta.... ya saben cual), los acompañan algunos nombres sin desperdicio. Una ridículamente atractiva Elizabeth Hurley como tía buena / niña mimada bastante despreciable (¿permitiría hoy el Wokeismo un personaje femenino tan sexual y negativo?), Daryl Hannah como lo opuesto, la angelical / un poco lela rubia que bebe los vientos por Jeff Daniels (¿permitiría hoy el Wokeismo una.....? ¡¡bah, olvídalo!!), el gran Michael Lerner, Wallace Shawn igualmente desatado (en realidad, todos lo están, supongo que el film invita a ello), papelillo para T.K. Carter -el "Nauls" de "La Cosa"-, y Dawn Maxey como apetitosa "bimbo" acosada por el traje parlanchín en un probador (¿permitiría hoy el Wokeismo ver cómo este le azota el culo? ¿en un producto Disney?).
Dirige un inocuo y cumplidor Donald Pretie. Comenzó en la tele, dio su primera oportunidad real a Julia Roberts con "Mystic Pizza" y, aluego, pariría cosas como "Niño Rico", la de Macaulay Culkin, "Miss Agente Especial", "Cómo perder un chico en diez días" o "Bienvenido a Mooseport"... para terminar regresando a la caja tonta. Una carrera fascinante. Me pregunto qué impulsa a un director como este a meterse en el cine. Qué le mueve. Qué le motiva. ¿Ganar dinero? ¿mejor esto que ser dependiente del "McDonalds"?... ¿O solo se trata de severa miopía a la hora de elegir los proyectos? Un genuino misterio para mí.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

CAMINO DEL SUR

"Camino del Sur" es el típico producto surgido a rebufo del inmenso ego y puntual capricho de un actor que, en plena cresta de la ola, se cree capaz de dirigir sus propias películas de lucimiento. Algo bastante recurrente durante los años setenta. Para el caso, hablamos de Jack Nichoslon.
Nunca vi esta película, no me pregunten por qué, pero anoche la dieron en un canal local y me senté a verla de principio a fin.
Cuentan los libros (que suelo leer) que si en el rodaje predominó algo, fue la cocaína. Jack Nicholson está colocado prácticamente en la totalidad del metraje, así como un secundario de lujo, del que al final no quedan más que un par de frases (su papel fue recortado al máximo), John Belushi, y verlo en pantalla vestido de Mexicano sin estallar, es un absoluto crimen.
También se cuenta que las neuras, peleas y locuras entre aquel y Nicholson fueron apoteósicas, y tras ver la película llego a la conclusión de que es mucho más interesante todo lo que la rodea que el resultado final.
Un ladrón de caballos es juzgado y condenado a la horca. Una nueva ley dice que solo se puede salvar si algunas de las mujeres presentes en la ejecución se quiere casar con él. Una decide reclamarle como esposo con la idea de que le ayude a excavar en unas minas en las que cree que hay oro. Inevitablemente acabarán enamorándose.
Una comedieta del oeste, floja, floja, floja.
Jack Nicholson tiende a sobreactuar siempre, pero es que aquí, ayudado por las ingentes dosis de cocaína que se metía, directamente parece que se está tomando su papel a coña, y que simplemente hace el gilipollas. No la salva ni Christopher Lloyd, que suele darle más calidad de lo normal a cada película en la que aparece.
En el papel de la chica, Mary Steenburgen, quien años más tarde coincidiría con Lloyd en otra comedia del oeste, en este caso una gran comedia del oeste, "Regreso al futuro 3"
.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

COSAS QUE HACER EN DENVER CUANDO ESTAS MUERTO

Este film del 95 es pura consecuencia del boom que supuso para el cine descubrir a Quentin Tarantino con "Reservoir Dogs" y, sobre todo, la irritante "Pulp Fiction". Es decir, diálogos chanantes, personajes carismáticos (un grupo de ex convictos), trama propia de cine negro con mafias y asesinos, humor negro y, claro está, su dosis de tiros y violencia. Sin contar dos actores tan ligados al universo Tarantiniano como son Steve Buscemi y Christopher Walken (quienes, junto a Andy Garcia, Christopher Lloyd, William Forsythe, Bill Nunn, Treat williams y otros tantos, conforman un reparto cojonudo).
Dicha deuda Tarantiniana no es, ni por asomo, un problema o una desventaja. Está bien entendida y perfectamente readaptada. Los diálogos de "Cosas que hacer en Denver..." son tremendamente buenos, un pelín artificiales si cabe, pero poco. Las situaciones están resueltas con brío y gracia. Y lo que uno agradece de verdad es su descenso a los infiernos. Dicho de otro modo, que la peli arranca muy positivamente y, poco a poco, se va tornando trágica y cruel, a la par que el pulcro aspecto del dandy de Andy (chiste fácil, pero necesario) va empeorando.
Jimmy el Santo es un ex convicto de buen corazón que no quiere meterse en más problemas. Sin embargo, un mafioso postrado en silla de ruedas le encarga un trabajo que consiste, únicamente, en asustar al nuevo novio de la ex pareja de su hijo (por otro lado, medio retrasado y pedófilo). Jimmy contrata a viejos colegas, todos ellos un tanto tocados por los infortunios de la vida y, claro, el trabajo sale mal. Muy mal. A partir de ese instante, el mafioso se hace con los servicios de un mortal y frío asesino cuyo fin es eliminar a la pandilla. El prota luchará contra reloj con la esperanza de salvar la vida a sus viejos camaradas.
Todo ello mezclado con una bonita y triste historia de amor (algo empalagosa de entrada, aunque luego funciona)... que, de hecho, son dos, si contamos al tierno personaje de la prostituta adolescente (gran momento el de Jimmy machacando a uno de sus clientes).
"Cosas que hacer en Denver cuando estás muerto" es una de esas pelis que no llaman mucho la atención y pasan algo desapercibidas. Sin embargo, un día la descubres y te percatas de que estás ante una pequeña joyita en bruto que merecía más suerte. Igual que su realizador, Gary Fleder, quien acabó refugiado en la caja tonta. Claro que, para ser justos, quizás el mérito debería llevárselo el guionista, Scott Rosenberg, posteriormente autor de los libretos de "Beautiful Girls", "Con Air", "Alta Fidelidad" y..... ¡"Canguro Jack"! (para acabar con sus huesos en la tele).

viernes, 10 de junio de 2011

LA LEYENDA DEL LLANERO SOLITARIO

Después de dos largos años sin antena de televisión, hoy por fin he logrado romper la maldición (rima incluida). Por norma general detesto lo que la caja tonta ofrece, pero sin embargo me gusta mucho la idea de vegetar frente al aparato en cuestión y darle al mando a distancia hasta localizar una película de esas que dices "¡Anda!, la he visto 500 veces... pero va, voy a verla otra vez" o "¡Anda!, vaya mierda de peli... pero va, la veré, total es gratis" o, en su defecto, "¡Anda! nunca he sentido curiosidad por esta... pero ya que estoy, la veré". Y eso mismo me ha ocurrido con el film del que les hablaré a continuación. ¡Que gran invento la televisión!, algo me dice que mucha va a ser la materia que de ella extraiga para este hermoso blog.
El caso es que, sinceramente, no soy persona de western. En general, las pelis del oeste me aburren. Es más, no soporto las intocables creaciones de Sergio Leone. Los únicos westerns que, más o menos, disfruto son los de Clint Eastwood (post-Leone). De hecho, "Sin Perdón" me parece estupenda, y es el único western que tengo en mi dvdteca. Probablemente por eso nunca jamás vi, ni sentí especial interés en ver, esta "La leyenda del llanero solitario". Hasta que hoy la he pillado por casualidad en la tele y he aplicado lo expuesto hace unas líneas.
En 1978 el "Superman" de Richard Donner puso de moda un nuevo modo de enfocar la traslación a la pantalla de los superhéroes, o héroes grandilocuentes. Un modo basado en el realismo y el respeto, sin por ello perder la esencia del personaje retratado ni caer en lo "camp", o en el ridículo involuntario. Y estoy seguro que los artífices de "La leyenda del llanero solitario" quisieron hacer lo mismo, aplicar idéntica fórmula. Así pues, lo que aquí tenemos es un western tardío -de 1981- con un acabado técnico muy loable y digno, espectacular incluso diría yo (toda la parte final repleta de explosiones contribuye a ello), que nos narra el origen del héroe enmascarado, de cómo decidió convertirse en un justiciero y de cómo logró pararle los pies al malo de turno, muy sobriamente interpretado por Christopher Lloyd. Hacer notar lo sorprendente que resulta el contundente grado de violencia que gasta el film, más tratándose de un producto de inicios de los 80 destinado, básicamente, a todos los públicos.
Sin embargo, en aquellos tiempos el western ya andaba algo agonizante, y la peli, con todo su "saboir faire" roza el ridículo cuando, después de unos 45 minutos muy bien llevados, entra en acción el mentado "Llanero Solitario". Vale, no negaré que mola verlo ahí cabalgar con su clásica tonadilla... pero tampoco sería ético negar que al mismo tiempo una sonrisa se me dibujaba en el rostro. Richard Donner supo equilibrarlo todo muy bien para que la súbita presencia de "Superman" en medio de un escenario realista y creíble no resultara demasiado chocante y, por ende, algo risible. William A. Fraker, el dire de esto, no.
En definitiva, "La leyenda del llanero solitario" se toma demasiado en serio a sí misma, y por eso -y porque el western estaba pasado de moda- seguramente se metió el batacazo en taquilla que se metió. Tremendo (de su prota, Klinton Spilsbury, nunca más se supo). Aunque hay quien alude a asuntos turbios durante el rodaje.
Y es una pena porque, después de todo, la peliculilla entretiene lo suyo
.

martes, 27 de noviembre de 2018

INVALUABLE: THE TRUE STORY OF AN EPIC ARTIST

Según el traductor de Google, invaluable vendría a significar inestimable. Y ese es el adjetivo con el que Sam Raimi describió al hombre que se encargó de la mayoría de los efectos especiales (sobre todo los de maquillaje, prótesis y demás, aunque ayudó con el stop-motion) en "Posesión Infernal". La primera, la original, la mejor, como dice la mismísima Betsy Baker, alias "Linda", la novia de "Ash". Claro que Raimi esputó tales declaraciones a inicios de los años 80, durante la promoción del film. No es algo que haya comentado recientemente, porque todos sabemos lo poco que le mola implicarse en nada que tenga que ver con su ópera prima, salvo cuando se trata de estirarla como un chicle para sacar algo de dinerito (véanse los estimables pero no memorables remake y serie de tv). Algo muy respetable... aunque tampoco le costaría nada tirarse al rollo cuando buena parte del resto de los implicados sí lo hacen. Gente como Bruce Campbell, el hermano Ted Raimi y el resto del reparto, más otros nombres semi-conocidos y habituales de ese universo tan fascinante como patético que conforman las convenciones de cine, Scott Spiegel y Josh Becker. Todos juntos y revueltos asoman el careto por  "Invaluable: The True Story of an Epic Artist", documental centrado en la persona de Tom Sullivan, artista, ilustrador y eventual mago de los FX.
Es muy jodido ser tan fan de la peli original como soy yo y decir algo malo de "Invaluable". De hecho, es imposible. Primero porque es un muy buen documental y notablemente entretenido a pesar de aproximarse peligrosamente a las dos horas de duración. Y segundo... pues bueno, es que salta a la vista. Se trata de un viaje ultra-nostálgico y algo melancólico a lo que supuso para esta pandilla parir aquella pequeña película que acabaría convertida en incunable. Desde los primeros tanteos con el Súper 8, hasta el estreno. Sullivan nos hace de guía turístico por aquellos lugares que sirvieron de plató. Acuden a los restos de la cabaña (con la chimenea y el agujero del suelo que se suponía la entrada al sótano como último reducto de lo que una vez fue), a los bajos del casoplón de la familia Raimi donde se rodaron todas las secuencias del mentado sótano, la casita que el equipo alquiló para dormitar durante el rodaje, partes del bosque donde se filmaron escenas completas. Etc. Y justo cuando ya estás con los ojos empañados, no se le ocurre otra cosa a Sullivan que, primero, desempolvar atrezzo (máscaras de poseídos, pedazos del Necronomicón, piernas y manos cercenados.... algo a  lo que contribuye el hermano de Bruce Campbell mostrando el fusil original usado para cazar demonios) y, seguidamente, nos cuenta cómo su mujer le dejó, falleció en un accidente y la lógica depresión de caballo casi suicida que pilló y de la que únicamente le salvó saber que "Posesión Infernal" era adorada por miles de personas que acudían a convenciones donde deseaban poder conocerle para pedirle su estampa. Sí, un auténtico alegato a favor de esa clase de concentraciones repletas de viejas glorias (en un momento dado vemos a Christopher Lloyd) y personajes oscuros ligados a films de culto.
También se habla de "Terroríficamente Muertos" y algo menos de "El ejército de las tinieblas". Pero indudablemente el segmento más importante, y más ameno, va dedicado a la peli que dio el pistoletazo de salida.
Curioso enterarse que Raimi estaba enrollado con Ellen Sandweiss. Y divertido ver a Hal Delrich/Richard DeManincor repetir frases de su inolvidable "Scotty".
Altamente recomendable.

jueves, 21 de marzo de 2013

RETRIBUTION

Otra de aquellas películas que encajan de lleno en la infame categoría de "Cintas que no alquilé ni tan siquiera siendo chaval porque mi sexto sentido me decía que eran una mierda. Muchos años después por fin las consumo y lo confirmo". Vamos, nunca me atrajo "Retribution"... no hasta que hace poco leí en un blog yanki que había una versión censurada. Y donde hay censura, hay algo interesante que ver.
El prota de nuestra historia es un pintor atormentado con un careto muy peculiar. Parece un cruce  entre una anciana, un Vulcano y Christopher Lloyd. Mirarle mucho rato pone nervioso. El caso es que un día intenta quitarse la vida tirándose desde un edificio, pero no la palma, aunque durante la agonía algo raro le pasa. Algo tan raro como que, ya recuperado, se le ponen los ojos verdes y se va cargando a personas que no conoce... pero ellos sí le conocen, o al menos identifican su discurso pre-asesinato. Hay una explicación sobrenatural, claro, pero no la desvelaré, no sea que tengan la insensata intención de verla.
Uno de los muchos problemas de "Retribution" es que en seguida la calas, sabes que todo se va a reducir a crimen tras crimen, en línea recta, y te comienzas a aburrir a los 15 minutos. Y no paras de hacerlo hasta el final. Solo a ratos ocurre algo en la pantalla que llama tu atención, y es ese material censurado que decía, muertes bastantes "gores", destacando la del mecánico, probablemente la más espectacular y salvaje de todas. Pero los veteranos ya saben que eso no compensa el sufrimiento, porque el resto.... tela. Lo más llamativo son los intentos de comedia voluntaria por parte del director, realmente patéticos e inadecuados. Luego, su sentido de la estética, que es así como de un horterismo que espanta. También denota cierta incapacidad para rodar las cosas con normalidad... el ambiente "lumpen" en el que se mueve el prota (enamorado de una puta ataviada en plan "Madonna" pero a lo burro y que, por feo que sea él, le corresponde absurdamente) parece casi de caricatura, exageradamente tebeístico. Y así vamos tirando, pacientemente, entre histrionismos y chunguismos (las escenas de amor son de órdago) hasta un desenlace que, no por resultón, logra el milagro de que nos quede un regusto positivo.
Entre el personal sobresalen nombres propios como los de Kevin Yagher en los efectos de maquillaje (estuvo en algún "Viernes 13", algún "Pesadilla en Elm Street" y lo intentó como director con "Hellraiser 4", de la que terminó renegando), Alan Howarth a la partitura (tiene un curriculum sin desperdicio en el que destacan sus colaboraciones con John Carpenter) y Hoyt Axton, el padre inventor de "Billy Peltzer" en "Gremlins", interpretando a un poli. 
Al prota de cara rara, Dennis Lipscomb, lo había visto en un montón de pelis, como "Juegos de guerra" o "El día después", pero no lo situaba. Y el director, Guy Magar, ha hecho cosas como la tercera de "El Padrastro" y la séptima de "Los chicos del maíz". ¡Guau!.
Perfectamente olvideibol!.

lunes, 21 de agosto de 2017

UNA PANDILLA DE LUNATICOS

Los años 1988, 1989 y 1990,  son ese limbo de transición entre los 80 y 90 durante los cuales las películas que salen de aquella época suelen ser un tanto sosainas y desubicadas. Sin saber el año, no sabríamos deciren que fechas fueron rodadas. Asimismo, en lo que a la comedia se refiere,  de esos años salieron unas cosas asépticas, blancas y carentes de imaginación, de las que esta “Una pandilla de lunáticos” sería un claro exponente. Ya lo dije en la entrada perteneciente a los fotocromos de la misma; que no aguantan el visionado.
Sin embargo, tengo comprobado que según edad y momento con el que se revisa una película, la percepción de la misma puede cambiar… y en mi caso, pongo como ejemplo, también esta “Una pandilla de lunáticos”,  porque viéndola anoche, de madrugada, con las expectativas de dormirme mientras la veía, finalmente me entretuvo y la vi tan ricamente.
Pero no vengo a reivindicarla como comedia imperecedera. Lo cierto es que es una película mala a más no poder, verla y olvidarla. Pero por lo que fuera, anoche la disfruté lo suficiente como para acabarla con una sonrisilla en la cara.
Se trata de una comedia que, aunque inspirada en la novela homónima de Ellis Weiner, homenajea, parodia, (se nutre de) –llámenlo como quieran – claramente en el clásico de Milos Forman “Alguien voló sobre el nido del cuco”. Toma los elementos divertidos de la película de Forman –que los hay- y les da una vuelta para convertir esos elementos en una comedia para todos los públicos. De hecho, en referencia a esta “inspiración”, la crítica yankie del momento, decía de la película que chupa tanto de “Alguien voló sobre el nido del cuco” que parecía que en cualquier momento iba a aparecer por ahí Jack Nicholson. Aunque no lo hacía, porque el personaje del protagonista, Michael Keaton, es un sosias del que hacía Nicholson. Misma enfermedad mental, misma conducta, misma actitud. Y aunque a día de Hoy Michael Keaton sea un actor reivindicado y de prestigio, en aquello años, intuyo que pre-Batman –Aunque en España, “Una pandilla de lunáticos” se estrenó inmediatamente después de la del hombre murcielago, quizás para aprovechar el tirón- no tenía nada que ver con Nicholson, más allá de haber compartido protagonismo en “Batman”.
La idea de base de “Una pandilla de lunáticos”, es la misma que la de “Alguien voló sobre el nido del cuco”; un grupo de enfermos psiquiátricos que salen  del hospital de excursión y la cosa se les complica. En este caso, un doctor quiere llevarlos a un partido de Baseball con tan mala suerte que, presenciando por error un asesinato, a este le malogran llevándole al hospital y dejando a los enfermos a su suerte, que tendrán que ingeniárselas para resolver el entuerto, encontrar a su doctor, y que todo se solucione de tal manera que ni despidan al médico, ni les atiborren a ellos a pastillas.
Simpática, a decir verdad. Veremos dentro de unos años, si la reviso, que tal me sienta verla de nuevo.
Junto a Michael Keaton –y su Mullet- un grupo de actores en absoluto estado de gracia como son Peter Boyle, Stephen Furst acabando sus días de mayor gloria, e inmenso, Christopher Lloyd.
Dirige el asunto Howard Zieff, director asiduo de comedia, quien cuenta, en su escueta filmografía, con títulos que en su momento fueron tan populares como “Combate de fondo” o “La recluta Benjamín”, finalizando sus días en la dirección cinematográfica con esos éxitos de principios de los noventa que fueron “Mi Chica” y “Mi Chica 2” al servicio de Macaulay Culkin y Ana Chlumsky, que aunque no acabó tan drogadicta como Culkin, si que acabó de lleno en la televisión, no acordándose de ella a día de hoy, ni su puñetera madre.

martes, 11 de marzo de 2008

SIMON SAYS

Estupendo slasher a la vieja escuela (no como "Hatchet") que he tenido el placer de ver.
Se nos cuenta la historia de dos hermanos gemelos, uno psicópata -Simon- y otro retrasado mental. El psicópata, envidioso porque sus padres prestan mas atención al otro, decide matarlo y suplantar su personalidad. Vestido con sus ropas, acaba también con sus progenitores, quienes fenecerán aturdidos creyendo que es su favorito el que les ha quitado la vida. Retorcida idea esta.
Años después, un grupo de adolescentes ardientes como monas (no podía ser de otra manera) deciden irse de camping por la zona donde ocurrió el cruento drama. El resto, pues ya os lo podéis imaginar.
Lo mejor es el psicópata, interpretado por Crispin Glover, que gusta de despedazar a sus victimas por medio de artilugios mecánicos que él mismo fabrica con material de serrería. Claro que, como todo slasher que se precie, un buen psicópata debe ir acompañado de un arma con la que identificarle. Y si Jason usaba machete, Freddy unas garras, Michael Myers un cuchillo de cocina y Victor Crowley con un hacha, nuestro ¿Simon? va por ahí con un pico. No está mal.
La película no es nada original ni ofrece nada nuevo, todo lo contrario. Es todo tan obvio que hasta me parece un canteo que precisamente sea Crispin Glover quien interprete al asesino (que lo hubiera hecho, por ejemplo, Kane Hodder, ya hubiera sido cachondeo). Por eso mismo, esta peli me ha gustado más que cualquiera de las mierdas que acostumbro a ver últimamente, porque es un slasher puro. Además, la galería de acuchillamientos, despedazamientos y/o derivados, está regado con una serie de f/x, cortesía de Michael Broom, que nos dejan más que convencidos. Brutotes ellos.
El director (y autor), el canadiense William Dear, es el responsable de uno de los episodios mas flojos de la película "Cuentos Asombrosos", el de la momia. Un artesano con una extensa filmografía en la que predominan las producciones infantiles (destacando ese pequeño hit ochentero que fue "Bigfoot y los Henderson"), las comedias adolescentes alocadas, aventuras de regusto Spielbergiano ("El jinete del tiempo"), pelis para lucimiento de Leslie Nielsen e incluso aquella sobre baseball con Christopher Lloyd y Danny Glover, "Ángeles".
"Simon Says" es su primera incursión el los terrenos sanguinolentos del terror y el slasher. Pues le ha salido “de perilla”. Gente así, que lo mismo sirve para un roto que para un descosido, son dignos de mi admiración… aunque de sus filmografías, luego, no me interesen mas que dos o tres títulos, a lo sumo.
Muy recomendable.

miércoles, 19 de agosto de 2020

MIS FOTOGRUMOS FAVORITOS 2 - BLOCKBUSTERS (2)

Hablemos de "Regreso al futuro", considerada hoy día un clásico de su década y venerada por todos, incluidas las nuevas generaciones. Puedo decir contento que, a diferencia de la película de la que hablé en la pasada entrada, esta todavía no me ha defraudado. Sigo disfrutándola como la primera vez, que fue el 24 de Diciembre de 1985 en el cine Palacio Balañá de Barcelona (cerca de la Estación de Sants. Hoy totalmente chapado). Además, esta sí la tengo en dvd. Junto a sus secuelas, que me gustan también... pero menos. Como la primera, ninguna. 
Para la ocasión he querido recuperar el cartel a todo color que ocupaba una página entera en el "Fotogrumos" del momento y un recuadro dedicado a entrevistar a su protagonista, el pizpireto Michael J. Fox, insertada en otra entrevista más extensa a Robert Zemeckis. Desconozco el motivo por el que decidí no escanear esta entera, pero sí me quedé la última de todas las preguntas, aquella que hace mención a una posible secuela en la que Christopher Lloyd quería enfrentarse a un Doc maligno del futuro. Al final, como todos sabemos, no pudo ser. Pero la idea era graciosa, habría molado verla materializada. Solo espero que no se les ocurra hacer un remake o reboot y tenga que arrepentirme de mis palabrejas.




viernes, 29 de enero de 2021

MAN ON THE MOON

A Milos Forman en los 90 le dio por rodar  biopics. En 1996 dirigió el estupendo “El escándalo de
Larry Flint” y, en 1999, decidió, tras una conversación entre puros habanos con Danny DeVito, el devolver a la vida el genio de Andy Kaufman. Lo hizo a través de una película que al contrario que en las que había aparecido el auténtico Kaufman, resulta ser formidable. Para ello, Forman cuenta con el protagonismo de Jim Carrey, quién para meterse en el papel del comediante americano, lo hizo de forma concienzuda, llegando incluso a pedir a sus compañeros que durante el transcurso del rodaje, no se dirigieran a él como Jim, sino como Andy. Y en consecuencia a sus meticulosas formas de sumergirse en un personaje, se convirtió en un insufrible chalado intratable (de su excéntrica forma de ser, hay un documental completito que, sin ser una maravilla, si nos deja bastante claro de la pasta que está hecho Jim Carrey: “Jim y Andy” de Chris Smith).
Tomando su título de una canción que en 1992 el grupo R.E.M dedicó al humorista, “Man on the Moon” sería una cinta crucial para que el neófito comprenda, casi a la perfección, la idiosincrasia de Andy Kaufman.
Se trata de una película que condensa en poco menos de dos horas, los años de actividad del artistas de variedades, si bien, como dice el propio Jim Carrey en la piel de Kaufman al principio de la película, los hechos han sido alterados con fines dramáticos. Así, vemos muy de pasada la infancia de Kaufman, en la que se nos deja claro que el tierno infante estaba obsesionado con el mundo del espectáculo para, de golpe y porrazo, mostrarnos  a un Kaufman adulto incapaz de hacer reír al respetable en sus actuaciones en los clubes de improvisación dónde inicia su carrera. Sin embargo, el aspirante a estrella, ya con un estilo más pulido,  tiene algo que llama la intención del manager George Shapiro, por lo que Kaufman pasa a formar parte de su cartera de clientes y le consigue un papel en una sitcom titulada “Taxi”, dónde deberá interpretar el rol del extranjero que hasta ahora venía ofreciendo en sus actuaciones. Aunque este tipo de humor a Kaufman le parece estúpido, acepta, y así, obtendrá fama suficiente para poder hacer el tipo de espectáculos para toda la familia que en realidad le gusta. Sin embargo, un incumplimiento por parte de la cadena dónde se emite la serie para la que trabaja, la ABC, que no emiten bajo ningún concepto el especial que tenían apalabrado con el artista, le obligan a tomar cartas en el asunto convirtiéndose en una especie de loco que provoca al público y organiza combates de lucha libre en los que se batirá con mujeres, a las que, para más inri, humillará de manera verbal en el ring. Comienza a organizar así, toda una suerte de montajes que, lejos de reconocerle como el genio del humor que era, le granjean una impopularidad tan grande que incluso en el “Saturday Night Live” para el que trabajaba eventualmente, organiza una votación con el público para establecer así si Kaufman permanecería en el programa, o resultaría despedido. El público votó despedirle.
Por otro lado, somos testigos de cómo introduce en el mundo del espectáculo a su alter ego Tony Clifton, un cantante malhablado y alcohólico de Las Vegas, personaje este con el que ideó otra pantomima;  dejó creer a todo el mundo que Clifton y él eran la misma persona para, en una de las actuaciones del primero, aparecer en escena juntos —cuando hacían estos montajes en la vida real, a Clifton lo interpretaba o su hermano menor Michael Kaufman, o su amigo y gancho Bob Zmuda, a su vez, interpretado en “Man on the Moon” por Paul Giamatti—.
Pronto, un cáncer de pulmón truncará una carrera llena de locura y excentricidad. La lucha contra el mismo, a través de dadaísmo y de la medicina esotérica, completa la película.
No está nada mal la película, pero nada, nada mal. Es una encomiable lección de cine. Milos Forman es perro viejo, y aún criticado, acusado de falta de personalidad incluso, y dándonos una película de fórmula, se las apaña para acabar dando el mejor resultado que se le podía dar a una película sobre la vida de Kaufman.
Curiosamente, el reparto está compuesto por personalidades que vivieron en primera persona los desmanes de Kaufman en vida, algunos interpretándose a sí mismos, otros interpretando a otras personalidades. Así, Danny DeVito, que fue compañero de reparto de Kaufman en “Taxi”, en la película interpreta a su manager George Shapiro, mientras que Shapiro aparece en la película, no interpretándose a sí mismo, sino haciendo las veces de Mr. Besserman. Bob Zmuda es interpretado por Paul Giamatti, pero Zmuda tiene un papel en la película dando vida a Jack Burns. Por otro lado, el resto de compañeros de Kaufman en “Taxi”, Marilu Henner, Carol Kane o Christopher Lloyd se interpretan a sí mismos, al igual que el presentador de televisión David Letterman o el luchador Jerry Lawler. Courtney Love, ex esposa de Kurt Cobain, lider del grupo grunge “Hole” y espantosa actriz dónde las haya, debía gustar mucho a Milos Forman por los motivos que fuesen (también le da un rol importante en “El escándalo de Larry Flint”), pero hace una interpretación de mierda, poniéndose en el pellejo de la novia de Kaufman, Lynne Margulies. En cuanto a las interpretaciones, estas son de lo más eficaces —si exceptuamos la de ese mueble con taras que, como ya he dicho, es Courtney Love— resultando la de Jim Carrey una composición de personaje de lo más elaborada y efectiva. Más que el de“El Show de Truman”, este sería el papel de su vida.
Los años finales de la década de los noventa, fueron cruciales para que al cómico Canadiense se le tomara en serio, y tanto “El Show de Truman” como “Man on the Moon”, le sirvieron a Carrey para ganar sendos Globos de Oro como mejor actor, en 1998 y 1999 consecutivamente. El Oscar se le resistió, así que, ya entrada la década de 2000, los esfuerzos de Carrey por conseguirlo le pasaron factura. No solo no llegó a conseguirlo, sino que nos regaló un buen puñado de películas absolutamente deleznables. Llegados a ese punto, Jim Carrey retomaría su rol de Caricato en 2011 con “Los Pingüinos del Señor Poper”, consciente de que cada actor tiene un registro y un lugar.
Por otro lado, y aunque cosechó críticas de lo más elogiosas —Enterteinment Weekly, sin ir más lejos, la calificó como mejor película del año— “Man on the Moon” significó un fracaso mayúsculo en taquilla, una de las grandes apuestas de Universal que, sin embargo, no generó nada más que deudas. Con un presupuesto inicial de 87 millones de dólares, se esperaba al menos el doble de recaudación en taquilla, pero tan solo obtuvo la mitad siendo 48 millones la recaudación total de la película a nivel mundial. Un fiasco absoluto. No es difícil buscarle explicación a este asunto. En los Estados Unidos Kaufman es de sobras conocido, pero quizás una película sobre la vida de un humorista de los años setenta y primeros ochenta, no es lo suficientemente atractiva como para arrastrar al público a las salas. Y los fans de Carrey, por otro lado, no quieren su crecimiento como interprete; es más prefieren la degradación. A Jim Carrey se le conoció haciendo muecas en “Ace Ventura”, y, más allá de eso, verle en roles serios no es un hándicap; para papeles serios las plateas tenían a John Malkovich. En el resto del mundo, Andy Kaufman tampoco es un personaje tan relevante como para tener en cuenta su biopic. Apenas hizo cine, el poco que hizo casi no se exportó, y sus míticas performances televisivas no llegaron a salir de los USA. Tan solo la serie “Taxi”, dónde para más inri era un personaje secundario, saltaron el charco con óptimos resultados, aun así, Kaufman era, fuera de los USA, un completo desconocido.
En España, los que se acercaron a alguna sala a verla, lo hicieron porque se trataba de una película de Jim Carrey, pero en realidad, se intuye que fueron muy pocos los espectadores con constancia de Kaufman o su obra. En consecuencia, la película tuvo una taquilla totalmente normalizada con un total de 295.655 espectadores. Y es que era un biopic sobre un auténtico desconocido. De cualquier forma, también sirvió para que neófitos se interesaran por la figura en la que se centra la película y ayudó a que, a día de hoy, sea un poco más popular.
En cualquier caso, es magnífica. Si no lo han hecho ya ¡hay que verla!

viernes, 5 de abril de 2013

PIRANHA 3DD

Les comentaba el otro día que mi percepción sobre el "Piraña 3D" de Alexandre Aja cambió en el tránsito del cine a la televisión. Empeoró. Necesitaría volver a verla para estar seguro y, ahora mismo, no me apetece. Asi que la dejaremos de lado de momento, mencionándola únicamente por ser, obvio, la peli que precede a esta de la que pasaremos a hablar a continuación, "Piranha 3DD" o "Piraña 3DD" para cuando llegue a nuestros video-clubs (si llega), porque dudo mucho que se estrene en salas. Todos sabemos que aunque la peli de Aja no fue un mega-hit, funcionó lo suficientemente bien como para generar una secuela a velocidad de vértigo que recayó en manos de John Gulager, hasta ahora responsable de la simpática "Feast" y sus continuaciones, algo que, de entrada, me parecía una buena elección, teniendo en cuenta el tono festivo, colorista y truculento de "Piraña 3D". Pronto comenzaron a llegar las críticas, todas previsiblemente malas... aunque más de lo normal. En ese momento pensé sinceramente que la gente la estaría mal tratando porque los productores habrían optado por exagerar el tono humorístico de la primera hasta el paroxismo, pero que, en ese sentido, la palabra "mala" podría completarse con aquello de "pero divertida". Cuán chocante me resultó ayer noche verla y darme cuenta de que mis apreciaciones eran erróneas. Jolín, con esta llevo ya tres reseñas negativas... ¡¡me gustaría hacer una positiva!!, pero por lo visto no estoy de racha. ¡¿Qué culpa tengo yo de ver una caca tras otra?!, llámenme tonto.
La trama no es demasiado complicada, las pirañas que aterrorizaron a los bañistas de un lago, saltan al de al lado, repitiendo la hazaña. Nuevamente tenemos un parque acuático que será centro neurálgico del banquete y un montón de personajes que pululan por ahí e intentan detener la inevitable tragedia.
Bien, lo primero que sorprende de esta peli es que, al contrario de lo esperado, no opta por desmadrar los elementos grotescos de la primera (el único modo inteligente de continuarla), al revés, los rebaja. Es decir, opta por, en términos generales, tomarse en serio la empresa. De ser comedidos. "Piraña 3DD" es mucho menos cafre, mucho menos gore y mucho menos sexy de lo que debería. Es como si John Gulager y su equipo no acabaran de decidirse por un tono, y van dando bandazos entre la chunguez de animales mutantes tipo "SyFy Channel" y la comedia "teen". Ese mareo termina resultando molesto y directamente indigesto.
Si en la primera teníamos a Richard Dreyfuss en plan "muerte estelar/cameo de famosillo", en esta intentan repetir la jugada con Gary Busey y el padre del director, Clu Gulager. La diferencia es que está hecho sin gracia alguna, sin sentido, sin nada, ni tan siquiera las muertes de ambos son espectaculares o llamativas. Rápidamente pasamos a las inevitables imágenes de toboganes acuáticos con chavalas pechugonas gritando y levantando las manos con algún grupito de "MTV" sonando como fondo. Y ya está... quiero decir que el catálogo de tetas es menor de lo esperado y, todavía peor, no le sacan ningún partido. En cuanto a sangre, vemos bastante poca hasta la masacre final, y aún así, esta va trufada de gags visuales totalmente fallidos y que intentan ser transgresores sin lograrlo. Es decir, toda la puñetera peli quiere ser "ofensiva" de alguna manera, pero se queda corta... hay ideas buenas, como la chavala a la que se le mete una cría de piraña por el coño y que luego, al ser fornicada, pues ya os podéis imaginar lo que le pasa a la minga del follador... ¿a que suena atractivo?, sí, lástima que está plasmado sin garra, sin dinamismo, como a medio gas, procurando no mostrar demasiado ni pasarse de la raya. Seamos escatológicos, pero con cuidadín. Esta actitud tan lamentable se prolonga a toda la parte final, destacando por patética la secuencia en la que una cabeza cercenada acaba metida entre dos tetas tras dar un corto vuelo... es tan forzado, tan "mira que chiste más gracioso me estoy marcando, enséñaselo a tu madre que igual se ofende" que, de verdad, únicamente logra la vergüenza ajena. En serio. Si a todo eso añadimos que los efectos gore son en su 95% CGI del chungo, pues ya apaga y vamonos.
Desesperado ante el negrísimo panorama, y unos personajes más idiotas de lo habitual a los que te suda la polla lo que les pase, los cineastas intentan compensar el estropicio con chistes, guiños... de los que se encarga un David Hasselhoff dispuesto a reírse de sí mismo. Tan dispuesto estaba, que su intervención auto-paródica se alarga... y se alarga.. y se estira... y se sigue estirando a pesar de que ha dejado de ser graciosa desde hace rato. 
Y de hecho, la peli, sin contar los créditos finales, no llega a los 80 minutos. Imaginaos lo poco que había por rascar. ¿Qué hacer?, pues trufar esa parte de tomas falsas, tan poco graciosas como el resto y, ¡¡sí!!, más chistes con David Hasselhoff de por medio. Interminable.
Pone la guinda un Ving Rhames totalmente innecesario, de relleno y tan desaprovechado como el resto de elementos.
De verdad, yo pasé vergüenza ajena en algunos pasajes, y no paraba de decirme "Joder, pero que mala". Nada se salva, ni tan siquiera un cargante Christopher Lloyd. Caray, si es que encima nos medio estafan, ¡¿no se suponía al final de "Piraña 3D" que los peces protagonistas eran las crías y que estaban por venir los adultos, mucho más grandes y feroces?!, ¿dónde queda eso en la secuela?, porque la única piraña grande que sale la tenemos en la prescindible secuencia de una pesadilla. Suspiro. Resignación.
Pues sí, niños, "Piraña 3DD" es TERRIBLEMENTE MALA... pero ya a ese nivel que ni tan siquiera resulta divertida, o curiosa, o bizarra, que va, es pura mediocridad enlatada, pura sosez, es perezosa, es, pues eso, más mala que pegar a un padre.
Claro que también sería posible que su condición de producto TAN destinado a adolescentes me deje fuera de su "target"... así que, bueno, si tienen entre 15 y 19 años, tal vez sea de su agrado. Cosas más raras se han visto.

lunes, 20 de enero de 2014

PSICÓPATA

Está claro que si por algo pasará a la historia David Paulsen, será por su vinculación a dos series televisivas tan longevas como clásicas y famosas, "Dallas" y "Dinastía". En ellas ejerció de director, productor y guionista, nada menos. Vamos, que no creo que actualmente el hombre viva en una chabola. Pero Paulsen tiene un pasado y, tal y como ocurre con muchos profesionales en esto del cine, está directamente ligado al género de mis amores.
Aunque como guionista su nombre aparece previamente en los créditos de "Golpe de mil millones de dólares" (dirigida y co-escrita por Menahem Golan, uno de los dos afamados capitostes de la mítica "Cannon", productores del film ahora reseñado) y "La conspiración del uranio", su carrera como director arrancó en 1976 con "The killer behind the mask", poco conocido pre-"slasher" que anduvo bajo llave durante cinco largos años y fue finalmente lanzado como "Savage Weekend", aunque a España llegó con su primer título literalmente traducido a "El asesino tras la máscara". Un año antes de que eso ocurriera, David Paulsen estrenaba un segundo largometraje, este "Psicópata", conocida en su país de origen como "Schizoid".
De "El asesino tras la máscara" ya hablaré más adelante (cortesía de mi buen amigo Enorm, lo mismo que la comentada) pues hace escasos días que la revisé, pero permítanme rememorar la ocasión en la que localicé ambas en un video-club de lo más cutre que había en la esquina de mi calle (hoy convertido en dentista, muy adecuado) y me las vi casi seguidas en un intento de saciar mi entonces ardiente "davidpaulsenismo" (poco sabía yo lo de su vinculación con culebrones televisivos). Ninguna me gustó, me parecieron jodidamente aburridas y, peor aún, muy escasas en cuestiones hemoglobiníacas (algo primordial para el menda en esos tiempos). Lo que sí me moló entonces, y aún ahora, era el aspecto de los psycho-killers que las protagonizaban. Concretamente, en "Psicópata", el idem luce todo de negro, con sombrero, guantes y unas enormes tijeras plateadas como arma criminal. Un concepto muy "giallo" y que no desentona nada con el resto del film (incluido su inquietante cartel). Se trata básicamente de un "thriller" cargado de pasiones, un sutil erotismo, algo de aparente misoginia, remalazos de "whodunnit" y... joder, ¡Klaus Kinski!, encarnando a uno de sus recurrentes personajes extraños y perturbadores. Muy "giallo" todo, sí.
La responsable de una de esas consultas dedicadas a aconsejar sobre problemas personales, formato prensa, recibe cartas amenazantes a la vez que alguien comienza a asesinar a las amigas con las que comparte -o compartió- un grupo de terapia conducido por un atormentado psicólogo germano -ya saben quién- con el que mantiene un apasionado romance, a pesar de que la hija de este se muera de celos y el ex-marido de ella, y jefe, ronde por ahí obsesionado con recuperarla. Muy culebrón todo, ¿verdad?, visto así la posterior evolución de la carrera de Paulsen resulta coherente.
Asumido que no iba a ver un festival de truculencia y diversión, la verdad es que esta vez "Psicópata" me entró mejor, al borde incluso del entretenimiento. Seguí la trama con relativo interés (pa lo poco que suelo seguirlas a la que se retuercen mínimamente), en parte gracias al innegable carisma del Sr.Kinski (aunque sigo sin creerme lo de su "sex appeal", ¡tampoco nos pasemos!) y la siempre agradecida estética ochentosa de la cinta. Los crímenes eran tan poco salpicantes como los recordaba, pero alguno tiene su gracia, entre ellos la tipa agredida en el yacuzzi. Eso sí, el asesino luce mucho más aterrador en el poster que en la peli. Con todo, no me dormí, me pareció simpática y tampoco me costó demasiado descubrir al malo, tarea esta bastante sencilla.
Como dato fricoso cabe mencionar una escena en la que vemos al remitente de las cartas amenazantes currarse una de estas a base de recortar palabrejas de aquí y allí. Casualmente, el vocablo "murder" (asesinato) lo extrae del eslogan de un aparente cartel cinematográfico del que divisamos la mitad de un título que termina con "... behind the mask". ¿Sería el de la primera peli de Paulsen, marcándose ahí un auto-guiño?. De entrada dudamos porque, como decía antes, se estrenó como "Savage Weekend". Pero lo hizo un año después de "Psicópata", así que es del todo factible que existiera un primer poster con el título desechado.
El reparto es del todo entrañable. Dejando a Kinski a un lado, nos encontramos con Craig ("Doble cuerpo", "Historia macabra", "Pesadilla en Elm Street 3") Wasson, el siempre agradable de ver Christopher ("Regreso al futuro") Lloyd, Donna Wilkes (a la que yo recordaba por su papel en "Tiburón 2", aunque también protagonizó la célebre "Ángel" de Robert Vincent O'Neil. Remarcar que en "Psicópata" pueden verle las tetillas al inicio del film) y a un entrecejudo Joe Regalbuto (el mejor amigo de "El halcón callejero").
En cuanto a David Paulsen, "El asesino tras la máscara" y "Psicópata" figuran como sus únicas incursiones en el rol de director estrictamente cinematográfico, antes de liarse en movidas televisivas para no abandonarlas nunca jamás. Seguramente hoy reniegue de ellas, aunque no debería, al menos en lo que respecta a "Psicópata", porque sin ser nada especial, está un rato maja.