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miércoles, 25 de diciembre de 2013

HOLMES & WATSON MADRID DAYS

Jamás he comprendido como en un país de mierda, tercermundista como es españa, se desprecia a tal o cual artista, simplemente por su ideología. Y quienes suelen hacer esto, suelen ser los que, orgullosos, se dan golpes en el pecho alardeando de su ideología roja, pero que al despreciar algo tan solo porque tal artista es de un pensamiento contrario al suyo, ya se están convirtiendo en auténticos fascistas.
A José Luis Garci, le ha pasado siempre eso. Se le supone de derechas, cosa que a ciencia cierta ni tan siquiera se sabe, y ya solo por eso, el público “rojeras” le da la espalda. Putos ignorantes.
Incluso, a Garci, en este país le cuesta un huevo hacer cine – de hecho, anunció que le cuesta tanto que, probablemente, esta sea su última película-, sus guiones son desestimados por el ministerio de cultura, simplemente porque no es simpatizante ni del PSOE ni del P.P., y así lo afirmó en el programa de radio para el que colabora “Cowboys de Medianoche”, cuando hablaba de llevar este proyecto a cabo y anunciaba que lo más probable, es que no se rodara nunca.
Finalmente, de aquella manera, lo consiguió.
A mi me la suda a quién vota Garci, o de que partido político es simpatizante, a mí lo único que me importa es el cine. Y ahí, el que no reconozca que Garci, de siempre (se trajo un oscar a la escoria España, y le nominaron más veces) es uno de los mejores directores de cine español, uno de los que más estilo –propio- tiene, y el  más coherente consigo mismo, es que no tiene ni puta idea de cine, o es un bocazas, o directamente retrasado.
Y podemos tildar sus películas de cansinas, aburridas, clasicotas, lentas… de lo que queráis, pero jamás de que sean malas películas. Al contrario, son películas muy buenas, pero destinadas a un público muy clásicote. No aptas para todos los públicos, eso si, más de uno se atraganta con ellas; siendo cine popular, en cierto modo, son anti-populares, pero no por eso hay que tildarlas de malas.
A todos esos que le critican, me gustaría verles llevando a cabo una de esas aparatosas películas de época.
Y es que Garci sabe de cine y sabe hacer cine, y eso es incuestionable. Además, odia el cine español. Puntos a favor, en el factor simpatía.
Garci, además, tiene la costumbre, bárbara, dicen, primordial, diría yo, de doblar a sus actores, cuando estos dan el físico, pero no se les entiende una puta mierda cuando hablan, cosa esta por la que ha tenido algún que otro problema, con dichos malos actores doblados.
El caso, es que, a su modo, Garci no deja de ser un “Outsider” haciendo un cine que, en la actualidad, nadie va a ver, solo porque es de Garci, y que sin embargo rueda infinitamente mejor que cualquiera de los cineastas de moda españoles, por poner un ejemplo, el repugnante  Daniel Sánchez Arévalo. Y solo por eso, y sobretodo, porque me gusta su cine (incluido el de época, que el único cine de época que veo, suele ser el de Garci), ya tiene TODO mi respeto. Y no nos olvidemos de que rodó el binomio de “El Crack”, lo que ya es mucho.
Luego, siendo un director que, en absoluto, siente desprecio por los géneros, en los albores de los años noventa, se le ocurrió la bonita idea de traerse a Sherlock Holmes y al Doctor Watson a Madrid, tras la pista de Jack el destripador, en un proyecto que, por dificultoso, por pago de derechos y demás, lo más probable es que jamás viese la luz… hasta que, condenado al fracaso, se llevó a cabo catorce años después, mal estrenándose, mal promocionándose y acusándosele a Garci de algo que hacen TODAS las productoras españolas; el auto-comprase localidades de pases inexistentes para justificar un mínimo de público ante el ministerio. Si lo hizo (que tampoco hay pruebas), muy mal hecho, pero ¡coño¡ es que solo por ser Garci, la noticia salió a la luz como si fuese el único productor (que también produce la película que nos atañe) que hace esa practica fraudulenta, cuando eso, doy fe pues lo se de primera mano, se lleva haciendo años con todos los bodrios del cine español. Y es absolutamente deleznable y condenable, pero no exclusividad de Garci, en el caso de que lo llevara en practica, y a mí, no me consta (si, no obstante, con la mayoría de películas dirigidas por Gerardo Herrero)
Pero, a la película ¿Qué le pasa? Absolutamente nada. La película es buena.
La trama es tan sencilla, como que, tras la pista de Jack el destripador, una serie de asesinatos llevan a Sherlock y Watson hasta Madrid donde irán investigando mientras se van encontrando con personajes reales de la farándula Madrileña de 1889 como pueda ser Benito Pérez Galdós, y además, se nos cuentan las relaciones sentimentales de ambos personajes de ficción, como novedad añadida.
Todo ello desde un prisma muy Garciano, muy a lo obra televisiva del rollo “Cañas y barro”, pero con el aliciente de los asesinatos de Jack el destripador, y con la presencia de nuestros protagonistas Ingleses, tomando cafeses por ahí en las tascas.
Bien rodado, inmejorablemente ambientado, y eso que por problemas presupuestarios, los exteriores fuera de Madrid, son solucionados a base de mostrarnos postales o lienzos pintados a mano, que en absoluto chirrían por el tono, diría que “Kitsch” de la película, y con un sello Garci totalmente reconocible, haciendo esas transiciones, fundidos y trasparencias entre escena y escena, como Garci lleva años haciendo (no en balde, la película también la ha montado él, y me encanta que en los créditos se deje de modernismos abominables poniendo “Montaje” en lugar de “Edición”).
Todo en “Holmes & Watson. Madrid days” destila cine, pese a quien le pese, y como se trata de una película sobre Jack el destripador, tenemos hasta sus dosis de sangre, las justas, para tampoco escandalizar a su público potencial, que es de señoras de setenta años.
Así que, si, lenta, densa, larga, pedante… pero en absoluto aburrida, ni mucho menos cutre y chunga como muchos, no se todavía muy bien por qué, se empeñaron en hacernos creer, fallidamente. Al contrario, es una desmesura lo bien solventada, producida, ambientada, fotografiada y  filmada que está.
Realista. si Holmes y Watson hubieran existido, y hubieran visitado Madrid, el ambiente, situaciones, e incluso ellos mismos, serían muy parecidos a los que Garci nos muestra en esta película.
Siento un tremendo respeto por el cine bien hecho, y esta película lo está, a parte de parecerme que está entretenida, como al fin de al cabo todo lo de Garci, cuyo sello, no obstante, es la cadencia lenta, seria, y como para un publico, muy, muy adulto (viejos, vaya).
Por otro lado, señalar la polémica que levantó el engañoso trailer, que nos presenta la película como una suerte de "Thriller" de acción detectivesca, cuando en realidad se trata de una cosa mucho más costumbrista y a lo Garci. Ese trailer es un absoluto engañabobos. Maravilloso por otro lado, con esa música de terror sonando mientras vemos escenas punteras de la película.
Como Sherlock Holmes tenemos a Gary Piquer, habitual en el cine de géneros interviniendo en películas como “Goma 2” de José Antonio de laLoma, “El niño invisible” con “Bom Bom chip” o “Romasanta” de Paco Plaza. Como John Watson, tenemos a un actor que a mí no me gusta nada, como es José Luis García Sánchez. Y todos ellos secundados por actores tales como Carlos Hipólito, Juan Muñoz (el de Cruz y Raya), Victor Clavijo, Macarena Gómez, Enrique Villén, Manuela Velasco, Manuel Tejeda…
Si algo se puede decir de negativo a esta película, es lo de siempre; los actores españoles, que quitando los veteranos, son todos más malos que la hostia. Y en este “Holmes y Watson. Madrid days”, la cosa no podía ser menos. Garci lo medio sabe, y a los peores, les dobla.
No la voy a recomendar, porque ustedes, lectores, están llenos de prejuicios. Yo también, pero defiendo el cine que me gusta.

lunes, 14 de octubre de 2019

EL CRACK CERO

De un tiempo a esta parte, el cine de José Luis Garci —un cine bien rodado, con personalidad, absolutamente respetable— ha sido tomado a chufla muchas veces simplemente por el contenido de los trailers (a los que sí que les falta algo de habilidad)  o, sencillamente, por que se imposta una actitud festiva ante una serie de películas que no se presta a la fiesta… Vamos, por el gilipolleo. El fandom posmoderno, quería reírse de “Holmes & Watson, Madrid days” cuando no hay nada de que reírse en esa película estupenda. Aunque entiendo que se quisiera convertir a uno de nuestros mejores directores en una mofa, tras un par de películas fallidas y una mala elección de los actores y ciertas chapucillas con respecto al doblaje y esa manía que tiene Garci de doblar a sus actores y ponerles voces de profesionales del medio. Pero en verdad no hay nada de que reírse; Garci es un director clásico con unos encuadres reconocibles a poco que los miremos y una manera de narrar lenta, que se toma su tiempo, que se recrea en los silencios, deliciosa.
Al margen de esta pataleta, por suerte, llega Garci con esta precuela de “El Crack” y tapa bocas. “El Crack cero” en su primera semana de exhibición, ha sido un éxito de taquilla y de crítica, compitiendo con un mastodonte como es el “Joker” de Tod Phillips que se estrenó el mismo día. Y yo me alegro mucho de que al “El Crack cero” le vaya bien, y que los medios se hayan rendido ante el trabajo de un director que, ninguneado como está en la industria de nuestro cine sencillamente por sus preferencias a la hora de ir a la urnas, ha demostrado que una buena película de corte clásico, sin artificios y con material reciclado (todos los exteriores, ese Madrid de los años setenta,  pertenecen a descartes de otras películas de Garci), puede interesar al público de 2019. También es cierto que en la sala de cine en la que la vi, llena de parejas casi octogenarias y cincuentones medio conservadores, yo era el espectador más joven. Y es tan buena, que todos esos subnormales posmodernos que estaban afilando el cuchillo cuando supieron que Garci volvía al ruedo, tuvieron que guardárselo. Estaba oxidado. Su chiste ya no les hacia gracia ni a sí mismos.
Pero es que “El Crack cero” es una estupenda película. Muy Garci, con sus encadenados, sus fundidos a negro y su lentitud maravillosa.
Recrear los tiempos más o menos mozos de esos grandes personajes que son Germán “El Piojo” Areta y  “El Moro”, era una  tarea difícil porque había que suplantar a Alfredo Landa y a Miguel Rellán. En un principio se contó con Víctor Clavijo para el papel de Areta, pero pronto fue sustituido por un actor que tampoco me decía mucho como es Carlos Santos. Y “El Moro” está interpretado por Miguel Ángel Muñoz. Menudo peso sobre los hombros de estos dos actores. Sin embargo, dan los dos el tipo de sobra. Carlos Santos está correcto, es un Areta más que digno, mientras que la gran sorpresa me la he llevado con Muñoz que está esplendido. Y es que hay mucho prejuicio porque este chaval, no creo que sea un mal actor, simplemente que está estigmatizado por haber trabajado durante años en aquella serie vil que fue “Un paso adelante”. Y aquí lo demuestra porque, no imita a Miguel Rellán, pero claramente se ha empapado del personaje, y lo hace muy bien.
Así, la acción nos traslada a unos años antes del primer “Crack” y tenemos la toma de contacto entre Areta y el Moro, que se sumergirán juntos en el primer caso conjunto, el supuesto suicidio de un afamado sastre. La amante de este contrata los servicios de Areta Investigaciones, ya que esta considera que el suicidio no fue tal, sino que fue un asesinato. Así de simple y sencillo, la película se compone de la investigación y los interrogatorios a los que nuestros detectives someterán a los distintos personajes. Estupenda.
En blanco y negro, “El Crack cero” es una película nostálgica para los setentones que añoran los tiempos de la transición y, por ende, las películas de “El Crack”. Y así como el primer “Crack” era más deudor del cine de justicieros de los 70 (con toquecitos noir) esta lo es más del cine negro americano de los años 50 al cual Garci dedica un bonito homenaje. Como fuere, y con tantos años de diferencia y tratándose de una precuela, “El Crack cero” es un agradable colofón, autoral, cinéfilo, garciano, para una de las sagas de cine de género español más cojonudas que ha dado nuestra cinematografía. A ver si la racha en taquilla sigue en sucesivas semanas.
Como curiosidad les dejo aquí con lo que llaman un “deepfake” que rula por Youtube y en el que han sustituido infograficamente a Carlos Santos por un Alfredo Landa notablemente rejuvenecido para la ocasión. Como curiosidad está bien, pero los avances de la tecnología, me producen escalofríos. No quiero ver películas protagonizadas por actores muertos.


miércoles, 16 de septiembre de 2015

LOS FOTOCROMOS DE "EL CRACK"

Uno de mis directores españoles favoritos es Jose Luis Garci que quizás, y más en los últimos años, peque de pesado y cultivar un tipo de cine de época tedioso y para ancianos -al fin y al cabo, lo que ya casi es él-. Pero también es un apasionado del cine de género. Fan de la ciencia ficción de los años 50 y de los "gimmicks" de Castle. Así las cosas, Garci quiso hacer, dentro de sus posibilidades, una película de justicieros. A su estilo. Y rodó "El Crack". Y le salió muy bien, convirtiendo a un icono de la españolada como era Alfredo Landa en un solvente y cañí "Harry, el sucio" - película en la que, de paso, se inspira-, en un anti héroe de acción que responde al nombre de Germán "El Piojo" Areta. Y queda la hostia de bien. Además, es una película emocionalmente dura que, conforme me voy haciendo viejo, como todo lo de Garci, me va gustando más.
"O me devuelves el mechero o te abraso los huevos".
Sin más, los fotocromers.














martes, 24 de mayo de 2016

MIS FOTOGRUMOS FAVORITOS

Aunque hoy se haya convertido en un panfleto lameculero de las distribuidoras y el cine español, y cada nuevo número parezca más un folletín publicitario que una revista de cine, hace años, muchos años, "Fotogramas" era mi lectura favorita. Mis mayores la compraban puntualmente cada mes, y siempre que la ojeaba encontraba imágenes, reportajes, posters o carátulas (durante el auge del video-club) que me fascinaban y disparaban mi imaginación. Luego, cuando dejaron de comprarla, cogí el testigo, aunque para entonces ya no molaba tanto. Llegué incluso a ganar una suscripción para un año. Por lo visto hubo un error en administración, porque, pasados esos 365 días, seguí recibiéndola gratis a mi casa durante bastante más tiempo. Lo malo es que, por entonces, "Fotogramas" iba siempre acompañada de esa basura hipnótica en su condición de aborto impreso que era "Fantastic Magazine".
Pero centrémonos en la buena época de "Fotogramas". Llegué a acumular un porrón de ejemplares, pero un día me dio el siroco (coincidiendo con mi primer intento de emancipación) y los tiré TODOS, uno por uno (junto a los "Pantalla 3", "Imágenes de actualidad" y tantas otras). Suerte de mi amigo Vicente que también los tenía y todavía no se había deshecho de ellos. Un día me comentó si quería echarle un ojal a alguno. Y, lógicamente, le pedí aquellos que encajaban entre finales de los 70 e inicios de los 90. Los que tanto devoré siendo chaval.
Tras darles un repasito bien completo, decidí recuperar algunas páginas concretas por considerarlas raras, curiosas, interesantes o por despertar al nostálgico que hay en mí, últimamente demasiado ocupado.
El resultado a tanto desbarajuste justo a continuación, en riguroso desorden...



Joder, ¿cómo olvidar el impacto que supuso para mi visionar este clásico del "trash" made in el temible René Cardona Jr.?.
Lanzada a rebufo de la moda "Indiana Jones", y con una engañosa caratula, como debe ser (El aparente "pseudo-Indy" de la portada no era el verdadero prota, y encima la palmaba antes de acabar la peli), la alquilé pensando que me encontraría pues con una de aventuras pa la familia... no me esperaba para nada ese festín de truculencia "a la italiana", con primeros planos de cangrejos extrayendo ojos y otras burradas.
Años después, ya superado el trauma, me la agencié en VHS y volví a verla... la diferencia es que esta vez únicamente me pareció jodidamente aburrida. Me deshice de ella.



Pues sí, amigos, la aristócrata del cine respetable y sensible, apreciada por críticos sesudos, feministas y demás hipócritas, tiene dos pecadillos de juventud. Uno ya lo conocemos, haber escrito el guión de la costrosa "Morbus (o bon profit)" de Ignasi P. Ferré. La otra, ¡haber sido "chica bond"!... eso sí, al fondo de todo y sin destacar.


Fue ver este cartel y, súbitamente, recuperar una serie de recuerdos que, la verdad, hasta ese momento andaban totalmente perdidos. Yo consumí este producto animado en su día, pero no alquilándolo... ¿por alguna tele autonómica? (¿existían ya entonces?) o, mejor, ¿en el cine?. No descarto esto último. El caso es que de pronto me vino la imagen de ese lobo patillero levantando el puño enfurecido y gritando eso de "¡Me las pagarás!", siempre como colofón de cada aventura. También recuerdo que la calidad de los dibujos era muy parecida a la de las pelis porno animadas de los 70. Te daba la sensación de que en cualquier momento el lobo y el conejo harían las paces por la vía rectal.


¡¡Ay Garci, Garciiiii!!, tuviste un berrinche de niño mal criado, soltaste el escupitajo, este quedó impreso y, hoy, tantos años después, vemos que no eres hombre de palabra. ¡Volviste a rodar!, y no poca cosa. Sería fácil decir aquello de: Seguramente muchos habrían dado una pierna para que esas palabras se cumplieran... pero también seguro que nuestro Víctor no sería uno de ellos, que siempre se ha declarado miembro honorífico de la "causa Garci".
Eso sí, enardece ver cómo no hemos cambiado nada en España. Ya en aquella época éramos unos envidiosos y rabiosos, unos "haters" que los llaman ahora, y vomitábamos nuestra bilis sin miramientos sobre aquellos que tenían éxito. ¡Biba Hezpaña!.



¿Os podéis creer que nunca he visto esta peli?, sin embargo el cartel me gustaba mucho. Y creo que vi el trailer en alguna cinta y también me gustó. Pero la peli no llegó a ser bendecida por mis bonitos ojos (hasta unos años después). En cualquier caso esta era una de esas imágenes resguardadas en lo más profundo de mi psique, que había olvidado por completo, y que despertó con violencia, como la corrida de un mono, cuando me topé con el cartel durante la sesión de revisaje fotogrumero.


A raíz del éxito de "Loca academia de policía" se ponen de moda las comedias con la palabra loco/loca en el título. Tenemos "Locademia de conductores", "La loca historia de los tres mosqueteros" o "Estos Zorros locos, locos, locos", entre cientos más. Entonces se anuncia el rodaje de una comedia en España con punkis de por medio y la inevitable e irritante "cinefilia respetuosa" de siempre de la mano de un viejo conocido de este blog, Santiago Lapeira. Que no, que dice que el título es una imposición comercial, que lo de "Loca patrulla de verano" es solo para que la peña pague entrada, pero que de homenajes a la moderna comedia yankee ni por el forro, en su lugar el discurso recurrente: cine clásico, carne de Filmoteca y el puto Billy Wilder. Bla, bla, bla.
La parte triste de esta historia no está en el párrafo anterior, sino ante el hecho de que, a pesar de las dolorosas concesiones comerciales que hizo su director, la peli... bueno, ¿alguien sabía de ella?, ¿esto se estrenó? , ¿lo sacaron en vídeo?. No sé... puestos a caer, al menos hazlo con el cuello bien alto, ¿no?.



Joder que puto mal rollo con las películas "mondo".
En fin, ahí va una de las carátulas que más corrieron por los video-clubs y uno de los "mondo" más burracos que recuerdo. Yo, como adolescente adicto a emociones extremas, me comí muchos "mondos" y la verdad es que era un acto sadomasoquista, porque lo pasaba fatal y al terminar me quedaba hecho polvo. Creo que había algo de "oscuro y prohibido" en ello que me alteraba el flujo de adrenalina, no sé. Hoy no sería capaz de comerme otro "mondo", lo reconozco, su solo "look" cerdo y granuloso ya me da mal cuerpo nomás comenzar. Cosas de la edad.



Hubo un tiempo en el que, como a todo jovenzuelo indocumentado, me flipaba John Waters y se me caía la baba ante un anuncio como este que ven aquí. ¡¡Que bizarrada!!. Y alquilé "Pink Flamingos", y flipé, e invité a mis amigos a verla, y fliparon, y la copié de vídeo a vídeo. Hasta que un día descubrí las dos dolorosas verdades con respecto a John Waters que hoy todavía muchos panolis desconocen: UNO- Todo su legado estético formal se lo mangó a los Hermanos Kuchar. DOS- Era y es un puto vendido.
¡Que le jodan!.




De esta no voy a hablar porque ya lo hizo Víctor en su día. Y de hecho, me mandó la peli, pero no llegué a verla, ahí la tengo, en el disco duro esperando a que me decida. Y como en el caso de "Me las pagarás" o "Johnny Peligroso", fue reencontrarme con su extraño y crudo cartel y recuperar todas las inquietantes y desconcertantes sensaciones que obtuve la primera vez que, siendo chinorri, esta imagen casi de peli porno gayer se plantó ante mí desde las páginas de "Fotogramas".



Lo flipante de este anuncio a doble página no son las pelis que promociona, sino... ¡¡lo genialmente cutre de su aspecto!!, hecho a mano por un retrasado, con Letraset pegado toscamente.... en fin, lo opuesto a los mandatos del diseño gráfico. Sin embargo, ahí lo tienen, dos páginas en el "Fotogramas", ¡qué maravilla!, ¡¡hay que ver cómo han cambiado los tiempos, cojones!!.



En una ocasión, hace ahora unos pocos años, editamos un fanzine apadrinado por este blog que incluía un artículo la mar de completo y entretenido sobre la trayectoria del cineasta español Manuel Summers. Bien, el firmante fue Víctor, verdadero interesado en el sujeto. No es ese mi caso. Sin embargo, por nostalgia, me ha hecho gracia recuperar acá para ustedes la publi de lo que fue un auténtico taquillazo (y fenómeno) en su época, "To er mundo e... güeno", la famosa película a base de bromas pesadas mediante cámara oculta. Naturalmente, siendo como era Summers humorista gráfico, la publi no podía limitarse al cartel, tenía que ir acompañada de un simpático dibujillo del interfecto.



Hace unas imágenes más arriba hablaba del "boom" de las comedias con la palabra loco en el título. Pues bien, ¡ahí va otra! y esta con más razón que nunca ya que el director, Hugh Wilson, es el mismo que firmó la madre de todas, la loca academia de maderos.
Lo curioso de "Esos locos cuatreros", aparte de lo mentado y del protagonismo de Tom Berenger, es que se parió en co-producción con España. Y recuerdo que cuando me enteré de eso en su época, ¡se me quitaron las ganas de verla!. Era como si, al ser medio Española, asumiera que el proyecto perdía categoría. ¡Chico listo era ya entonces!. Y la verdad es que, a día de hoy, aún no la he consumido.



¡¡Y mira que en “Fotogramas” había páginas y páginas dedicadas a anunciar lanzamientos videográficos!!, ¿por qué, pues, centrarse en esta?. Lo desconozco. Llámenlo instinto. Fue verla y no dudar un segundo en escanearla. Tal vez por la presencia de “Los albóndigas en remojo”, una de mis “comedias teen” favoritas. Tal vez por el cartel de “Mr.Boo”, que siempre me pareció fascinante. O tal vez porque por segunda vez en este post aparece la peli española “nuevaolera” “Un par de huevos”. No lo sé. Pero en cualquier caso, ¡¿a que es  maravilloso?!.

Si tal apreciación se expande como una enfermedad venérea al resto de imágenes, significa que esta entrada les ha gustado. Y también significa que algún día, en el futuro, habrá otra. Con más imágenes de “Fotogramas” o de alguna otra revista cinematográfica de la época. La cuestión es nadar en nostalgia un ratito y recordar lo que, indudablemente, fueron momentos no mejores, pero sí más inocentes y, por ende, mágicos.

lunes, 30 de diciembre de 2013

BLOOD FEAST

A día de hoy, "Blood Feast" (1963) es mundialmente re/conocida como la primera película abiertamente "gore" de la hitoria del cine. En realidad, antes que sus responsables, Herschell Gordon Lewis (director) y David Friedman (productor) -y Allison Louise Downe (guionista)-, el cine asiático y fugazmente el terror italiano ya habían mostrado material notoriamente truculento. Pero en todas aquellas muestras primerizas el "gore" era algo fugaz, un complemento, nunca el protagonista. Eso no llegó hasta que, ahora sí, Lewis y Friedman, dos hombres de negocios puros y duros, más interesados en los billetes verdes que en la creatividad (y ya ni digamos el arrrrte), se dieron cuenta que el frasco de las habichuelas ya no estaba tan lleno desde que el tipo de cine que solía ser su especialidad, no tenía tanto éxito. ¿Y de cual se trataba?, pues de "nudies", "nudie cuties" o de "roughies". Dicho de otro modo, de todo aquello que, aún mostrando tetas y demás actos eróticofestivos, podía estrenarse en pantallas de cine comerciales sin escandalizar demasiado, ni meterse en marrones legales. Por entonces ya existía la pornografía, pero era algo totalmente marginal, clandestino, y así lo sería hasta los años 70. Aquellos que querían pajearse tranquilos sin que la policía les cortara el rollo tenían que conformarse con ver las películas esputadas por gente como el tándem Lewis/Friedman.
Dada la desesperada situación (y saturación de mercado), ambos buscaban otra fórmula
de idéntico potencial lista para ser exprimida. ¿Y si en lugar de "sexo", ofrecían la violencia más destroyer, gráfica y explícita nunca antes mostrada en una pantalla?. El fin era exactamente el mismo: llamar la atención, regalar la vista con aquello considerado inmoral y semi-prohibido y lucrarse durante el proceso. En lugar de follar, la audiencia vería asesinar. Y ya que el mete-saca no podía mostrarse con todo detalle, iban a recrearse enfermizamente y coloridamente en los actos más truculentos y despiadados (aunque sin olvidar a las mozas de buen ver muy ligericas de ropa, of course). Es decir: pornografía. En la pornografía nos importa un güevo lo que pasa entre polvo y polvo. En el "gore", es tres cuartos de lo mismo. Miren los "slashers", o las películas alemanas consideradas extremas. Pasamos a cámara rápida o pensamos en la lista de la compra cuando los personajes hablan o pasean, pero nos paramos y nos deleitamos gustosamente cuando se nos muestra el acto salvaje, la mutilación.
Aunque el talento de H.G.Lewis como cineasta sea muy limitado, no se trataba ya de que el hombre desconociera el modo de facturar bien las películas, es que a él tampoco le interesaban demasiado las partes que no incluían hemoglobina. No por una cuestión de gusto personal, sino porque el material salpicante era el que la gente pagaba por ver. En sus películas "gore" no hay ritmo, ni suspense, casi ni progresión narrativa, solo una serie de excusas para mostrar la chicha, pa ver cómo el asesino de rigor se pasa tres pueblos con la chica bonita, algo que no tardaría en generar acusaciones de misoginia, ya que en todas las producciones sangrientas de Lewis las que reciben son siempre mozas. Sin embargo, calificarlo de tal cosa es un tanto excesivo, ya que la implicación del cineasta con su material es pura y formalmente mínima, muy superficial (de hecho, el guión de "Blood Feast", y tantas otras de parecido calado, lo firmó una mujer, la esposa de Lewis en la época, la mentada Allison Louise Downe). Es un negocio, es dinero, no hay ninguna otra intención detrás, ningún mensaje, ninguna reflexión, ni buena, ni mala.
Lo sé, sueno como un crítico de cine amigo de Garci, pero no se confundan. Que acepte sin remilgos el binomio "gore" = porno, no significa que lo condene. Es un acto de honestidad. No me importa reconocerlo. Tampoco me excita sexualmente, pero sí me fascina y, muchas veces, noto cómo se me dispara la adrenalina y rebobino para volver a ver el hachazo o el aserramiento. Eso sí, siempre, siempre, teniendo bien claro que se trata de trucajes, de mentira. Jamás me verán con una guarrada real entre manos, ni aunque sea un "mondo". Cualquiera que acabe DE VERDAD con la existencia de un ser vivo en una puta peli solo merece que lo cuelguen de los cojones y le aporren la cabeza con un bate de beisbol... y a aquellos que lo ven, lo gozan y lo permiten, igual. Así se lo digo y así se lo cuento.
Una ricacha quiere montarle una fiesta de cumpleaños a su mimada hija (la guapísima chica "Playboy" Connie Mason, realmente incapaz de actuar, como muchas veces reconocieron sin tapujos los mismos Lewis y Friedman), así que contrata los servicios de Ramses, egipcio de grandes y pobladas cejas que es puro histrionimo desbocado (el culpable, Mal Arnold, años después actuaría en uno de los subproductos ultra-"trash" de Donald Farmer, en concreto "Vampire Cop"), para que monte un banquete. Lo que no sabe la señora, es que el colega va por ahí asesinado a hermosas jovencitas a las que destripa con el fin de meter sus pedazos en una olla y cocinar el delicioso manjar con el que celebrar la resurrección de su querida diosa Ishtar. Suerte tenemos de un policía de lo más enrollado -y pederasta-, que se flipa por los encantos de la moza homenajeada y anda dispuesto a cazar al malvado Ramses.
Contado así, todo suena muy llamativo y "espectacular". El problema es el cómo. Y resulta que Herschell Gordon Lewis y David Friedman eran unos chapuzas de tres pares de cojones. "Blood Feast" es rematadamente cutre e incapaz. Actores terribles, desencuadres, torpes movimientos de cámara, desenfoques, sonido de lata, raccord masacrado, montaje desalmado, efectos especiales de feria (básicamente tripas sacadas del mercado y maniquís impregnados de una rojísima sangre parida con productos de cosmética).... todo ello muy amateur, en el mal sentido. No olviden que hablamos del cine "exploitation" de los años 60, de cuando incluso estas películas, genuinamente independientes y en algunos casos prácticamente caseras, podían encontrar su pequeño hueco en las carteleras y, especialmente, los auto-cines.
"Blood Feast" es, ante todo, un producto entrañablemente risible. Te partes el ojal viéndola, lo que incrementa su indudable encanto. No sé hasta qué punto, consumida en su estreno, pudo resultar realmente impactante para las plateas adultas. En un ataque de romanticismo podemos pensar que todos salían escandalizados, o usaban las famosas bolsitas para vómitos que se regalaban en algunos cines con la entrada, pero lo más probable es que la peña se la tomara a cachondeo. Eso no quita que fue original en su concepto y, sí, innovadora. Ver cuerpos troceados y mutilados de aquella manera, y disfrutarlo a todo color, no era desde luego más de lo mismo, a pesar de lo increíblemente mal ejecutados que están los asesinatos, y lo absurdos que son, como cuando Ramses arranca la lengua de una chica ¡¡con las manos desnudas!!. Fascinante. Aún faltaban muchos años para la llegada del "boom"  de los efectos de látex, del maquillador como la estrella de la función y de la revista que todo lo impulsó, "Fangoria".
Cuando el "exploitation" puro murió, todo este cine, y todos sus responsables, fueron rápidamente olvidados. Y casi nadie se acordaba de ellos ni los reivindicaba hasta su recuperación gracias al floreciente mercado del vídeo en los 80. Ahí sí, ahí comenzó la mítica respecto a Herschell Gordon Lewis, "Blood Feast", el "gore" y la madre que los parió. Claro que, antes de eso (y de que Lewis se retirara del cine y se dedicara con mucho éxito a escribir sobre merchandising, economía de mercado o no se qué polladas) la carrera del cineasta aún esputó un puñado de obras de la más truculenta baja estofa como "Wizard of gore" o la demencial "The gore gore girls", que fue la primera peli clasificada X por su bizarra combinación de sexo y violencia. Fíjense que también entonces H.G. seguía siendo pionero utilizando la etiqueta "gore" incluso en los títulos de sus películas, treta esta que era puro gancho para todos los aficionados a las salpicaduras (y que a mi, de chaval, me volvía totalmente loco de placer).
Una vez recuperada y reivindicada la labor del amigo Herschell, lo demás es ya pura historia, historia compuesta básicamente de remakes no legales ("Fonda Sangrienta" y "Bloodsucking Pharaohs in Pittsburgh", ambas comedias), remakes sí legales ("2001 Maniacos", su segunda parte y el otro "Wizard of gore"), documentales, reconocimiento mainstream y secuelas. A mediados de los 80, Fred Olen Ray anunció un "Blood Feast 2", con Michael Berryman en el reparto, que nunca se llevó a cabo. Esto únicamente lo consiguieron los mismos Herschell Gordon Lewis y David Friedman, juntos de nuevo, en el 2002 con la peli que representaba su verdadero "return", "Blood Feast 2, all u can eat", a la que, seis años después, siguió "The Uh-oh show". Ambas rematadamente malas (o directamente horrendas) y en las que se apuesta mucho más abiertamente por el humor, por el cachondeo y el delirio. Cierto que, salvo "Blood Feast 1" que intentaba ser seria, Lewis ya solía tirar de la risa, aunque fuese en pequeñas dosis (de hecho, hasta cierto punto "2000 Maníacos" es la primera "comedia gore" de la historia. Y "The gore gore girls" se pretendía genuinamente una coña, solo que estaba tan mal parida y era tan retorcida, que nadie lo notó) pero ese humor era siempre extremadamente negruzco. En sus últimas producciones -especialmente "The Uh-Oh Show", pues aún "Blood Feast 2" a ratos resulta un tanto perturbadora- el cineasta parece especialmente interesado en desmarcarse del lado más mal rollero y enfermizo del tipo de cine que él mismo ayudó a crear. O casi directamente creó, con ese anti-clásico altamente recomendable, tanto por su condición de curiosidad, de pieza de estudio antropológico como de amplio generador de carcajadas que es "Blood Feast". Y es que la edad no perdona, amiguitos.

viernes, 6 de diciembre de 2019

MI MUJER ES MUY DECENTE DENTRO DE LO QUE CABE

Paulino es un español medio de la época que vive con su esposa, una ex cabaretera a la que tiene encerrada entre cuatro paredes y sometida a, prácticamente, una dictadura. Ella asume su rol de esposa con resignación.
El día que Paulino en representación de la comunidad de vecinos sube a un piso a cantar las cuarenta por las continuas fiestas que realizan en el domicilio, conocerá a Paloma, poco más que un putón verbenero neo hippie y reivindicadora del amor libre, y se enamorará de ella precisamente porque ofrece una imagen fresca y pizpireta, todo lo contrario que su esposa, que es sosa y mojigata porque él la ha convertido en eso. Dejará a su esposa para irse con Paloma y, poco a poco, la irá encerrando en la casa y convirtiendo en otra mujer sin voluntad a imagen y semejanza de su ex esposa. Es entonces, cuando ve que su mujer vuelve a los escenarios, cuando se da cuenta de lo que ha perdido.
Españolada típica  de cuando, aún con Franco vivo, el cine se volvió algo más permisivo con el tema sexual y, con esa excusa, se atrevió a mostrar cacha y algún escote. Salvo eso,  no ofrece nada de particular, ni mejor que otro tipo de películas de su misma época. En cualquier caso, el material mostrado causaría el resquemor de la progresía de hoy día. No en valde, “Mi mujer es muy decente dentro de lo que cabe” es la película más misógina y machista que existe sobre la faz de la tierra. El personaje de Paulino, interpretado por Sacristán, es poco más que un carcelero que impone su ley y voluntad anulando la de su mujer o su amante. El film muestra sin remilgo que el que manda es el hombre y que la mujer no es más que un complemento que lo más que debe hacer es obedecer,y lo hace de la manera más natural. Pero lo “mejor” de esto, es que la actitud de Paulino no se denuncia, que va. La película tan solo retrata una actitud por parte del protagonista masculino que es la normal de la época.  Incluso, su mujer de vuelta al cabaret le continúa siendo fiel, aún cuando sabe que este se está poniendo las botas con una pedazo de rubia, que además le saca la pasta a base de pedir regalos.  No lo tiene en cuenta cuando este se cansa y vuelve con ella. Regresa con él, sin más.
La película es entretenida, como cualquier españolada de tantas que hemos visto y con ese humor español tan característico de la época, pero si es cierto que, al igual que otros títulos permanecen frescos y  vistosos, esta, aunque solo sea por el tratamiento machista que por defecto se le da al personaje, se queda de un rancio que echa para atrás. Que no es que critique el machismo, que me la pela… pero el  cómo se nos muestra aquí es de un anticuado, de un antipático y  de un facha que, la verdad, aún sabiendo que este film tiene más de 40 años y que las cosas eran distintas, echa a uno bastante para atrás, porque, además de normalizarlo, no está mostrado bien del todo.
Por lo demás, una españolada del montón, sin alma ni especial gracia.
Junto a José Sacristán, Conchita Velasco, Antonio Ferrandis, María Luisa San José, Mirta Miller, Fernanda Hurtado, Manuel Aleixandre…
El guion corre a cargo de Garci, Chumi Chumez, Summers y José Dibildos, y por momentos le hace preguntar a uno si será en plan satírico, cosa que dudo. Pero si lo fuese, pues sí, le han echado mala hostia, aunque toda esa mala hostia tampoco compensa un producto en definitiva mediocre.
Dirige Antonio Drove quien firmaría la que, probablemente, sea su película más popular.

viernes, 12 de enero de 2024

TERROR AT TENKILLER

Curioso producto mercantil y desalmado perpetrado por United Enterteinment Pictures, una pequeña compañía dedicada a producir películas de presupuestos paupérrimos distribuidas directamente en vídeo, medio que, sin embargo, les proporcionaría rentables beneficios.  De esta manera, en 1986, disponen de escasos 40.000 dólares para producir una de terror. Como director contratan los servicios de un documentalista, Ken Meyer, al que le entregan el dinero y le imponen dos semanas de rodaje. Este posee una cámara de 16 mm personal que será la que utilice con el fin de ahorrarse el alquiler de la misma y contrata a su hijo, Kevin Meyer, entonces estudiante de la USC, para que actúe. Este se lleva a varios compañeros de clase con el fin de completar el reparto y/o encargarse de la dirección de fotografía. Y para que todo quede en casa, el guión lo firmaría la esposa del director, Claudia Meyer, sin ninguna experiencia en lo que a escritura de guiones se refiere. Así pues, se fueron a rodar todos juntitos a las inmediaciones de un lago perdido en Oklahoma, ambientan la trama en otro lago cualquiera, el Tenkiller Ferry, que sería el que da título a la película, y se facturan una cinta de celuloide absolutamente amateur y de un desarrollo insoportable. El argumento es más sencillo que una cartilla Rubio: dos universitarias se van de vacaciones al lago Tenkiller y, allí, hay un individuo más feo que Picio, y con la cara jodida por el acné, que está asesinando a algunas personas.  A ellas no les importa, se quedan por la zona y pronto tendrán un encontronazo con él. Fin de la historia. Naturalmente, el asesino se irá cepillando todo lo que se menee por el camino, y esa sería la razón de ser de esta cosa que, erróneamente, adscriben al slasher. Yo no creo que podamos catalogar “Terror at Tenkiller” como slasher, porque, sí, se trata de una película de acuchillamientos al uso, pero no solo el asesino va a cara descubierta desde el principio, sino que en todo momento el espectador sabe quién es. Ergo más que un slasher sería una especie de thriller fallido, porque, al conocerse la identidad del homicida desde el primer minuto, uno piensa que será por algún motivo. Pero no; es pura incompetencia de su director y del guion escrito por su puñetera mujer. Y se acabó el suspense.
La película que Meyer entregó a los de UEP era mala, pero eso no preocupaba a sus productores. Cuando vieron la copia terminada, se percataron de que había muy poca sangre, y como consideraban que para vender bien una de terror tenía que tener mucho más plasma, invirtieron unas pocas perras en rodar insertos sangrientos que incluían salpicones y algún desmembramiento. Aún así, el corte final sigue pareciendome bastante poco truculento.
También el sonido directo resultó inutilizable. Se ve que rodaron en plena naturaleza y, en consecuencia, el recital de las cigarras era tan notorio que se comía por completo los diálogos. Así, los de UEP tuvieron que soltar algo más de guita para doblar la película entera. Y le hicieron un Garci a las dos protagonistas, Michelle Merchant y Stacey Logan, porque, ya que estaban, contrataron a otras actrices para que les pusieran voz. Ellas se enteraron cuando la película ya estaba en los video clubs.
Desde luego, ver “Terror at Tenkiller” es poco menos que una tortura. Como si estuviéramos ante un culebrón texano y el grueso de la película se compusiese de interminables conversaciones marujiles entre las dos protagonistas. Nada nuevo en este tipo de producciones terroristas donde lo normal es que nos aburramos como una mala cosa hasta que llegan los asesinatos. El principal problema de “Terror at Tenkiller” es que de estos hay pocos, y cuando comienzan, están tan desangelados que casi nos divertimos más con las conversaciones intrascendentes. Un verdadero desaguisado. No en balde, la gente de "AGFA (American Genre Film Archive)", que como sus siglas indican se dedican a recuperar y restaurar productos de esta calaña proporcionando copias en DCP para sus posibles proyecciones en salas y festivales -así como editar algunos en formato domestico-, reseñan "Terror at Tenkiller" de la siguiente acertada manera: “Una parte de drama de relaciones humanas, otra parte de slasher sórdido y dos mil partes de cosas extrañas. La mejor telenovela slasher jamás realizada en las tierras salvajes de Oklahoma”.
La película no es que se distinga por el culto procesado, no obstante, y como dios manda, ha sido remasterizada en 4K y editada en Blu Ray de lujo por la gente de "Vinegar Syndrome" que, lógicamente, la hace parecer mejor de lo que realmente es.
Por supuesto, el amigo Ken Meyer no volvería a tener relación alguna con el cine, siendo este el único título en el que está acreditado. Su hijo tampoco volvería a salir como actor en más películas, sin embargo, sí que ha dirigido alguna que otra de tercera y llegó a firmar el guion de un producto mainstream titulado “Una sonrisa como la tuya”. Clauda Meyer dejó de escribir guiones, situándose frente a la cámara de modo episódico en un par de telefilmes. Que pena que los Meyer no tengan mayor historia para investigarla… la trayectoria de esta saga empieza y acaba con “Terror at Tenkiller”.

lunes, 30 de octubre de 2017

LA MUJER ES COSA DE HOMBRES

“La mujer es cosa de hombres” es un film cuyo argumento, en la época, mediados de los setenta, quizás resultase bala
dí, sin embargo a día de hoy, realizar una película de estas características sería impensable. Por un lado, la corrección política imperante a día de hoy, prohibiría sin tapujos una película como esta, pero no es difícil pensar, que en aquella época, lo único que hacía la película es mostrar una realidad social, amén de que el retrato que nos ofrece de la mujer, no es de lo más edificante ni apropiado (aunque no dudo, que fiel a la realidad de aquellos días).
Jesús Yagüe, acomete una nueva comedia alimenticia, esta vez, firmando algunas líneas de un libreto que firman José Luis Garci y  José Luis Dibildos.
En ella, Ramona, una mujer moderna, sobrevive gracias a las aportaciones económicas que le hacen sus tres amantes, dos hombres casados, uno viudo y todos ellos bien posicionados, que no se conocen entre ellos, y que hacen escapadas semanales, uno los Miércoles, otros los Viernes, y otro los Domingos, con el fin de pasar ese día con su querida.
Un buen día, Ramona se enamora de un profesor, y decide casarse con él, para lo cual ha de abandonar a sus tres amantes. Les reúne, les cuenta todo, y a partir de ese momento, los tres hombres se hacen amigos. Quizás por aburrimiento, contratan a un detective que descubrirá que el nuevo novio de Ramona es un tal “El Luján”, un chulo que se dedica a conquistar mujeres con el fin de desplumarla. Cuando estos le cuentan a Ramona la verdad sobre su novio, se enredará la cosa para ellos tres y también para ella.
Lo que me ha chocado de “La mujer es cosa de hombres” es que, pese a ser un título puntero de la denominada “Españolada” y tener estructura y ritmo de comedia, en realidad se trata de una cinta casi melodramática, muy serena para lo que cuenta, que tan solo se vuelve disparatada en momentos muy punteros —cuando los tres amantes se emborrachan— para al final tener un desenlace abrupto y muy triste, que casa muy poco con una comedia española de la época. Quizás por eso, se trata de una película que, sin tener demasiados medios para su producción, esté un poco por encima de la media. Y, aún siendo un trabajo alimenticio, la mano de su director, un hombre culto y serio como Yagüe, de marcada ideología izquierdista (aunque el argumento sea un poco machista, insisto, solo en consecuencia de aquella época), se deja notar en una película, que filmada por alguien más alocado que Yagüe, sería sin duda mucho más disparatada. A mí, me gusta así, tal cual ha quedado.
Desde luego, cumplió con las expectativas del público, y pese a que a día de hoy ser un film que permanece un tanto olvidado, en su momento pasó del millón de espectadores siendo un éxito del cine Español.
El reparto es de lo más golosito; María Luisa San José, que sale preciosa, José Sacristán antes de ser un señor pedante, el gran Rafael Hernández y Antonio Ferrandis. Todos están estupendos, pero sin duda, Ferrandis se lleva la palma.
La película, dentro de su sobriedad, es divertida y entretenida.

lunes, 16 de julio de 2018

LA CABINA

Uno de los grandes hitos de la televisión española y, con permiso de “Verano Azul”, el trabajo más reconocible de Antonio Mercero, uno de nuestros directores de corte popular más queridos y respetados.
“La cabina” supuso un fenómeno social a nivel mundial; no solo la españa de principios de los años 70 quedó aterrorizada ante el relato de Mercero, sino que además, su impacto fue tan grande que el producto se vendió a todo el mundo quedando conmocionado, asimismo, mucho público de otros países.
No puede haber historia más sencilla: Un individuo acompaña a su hijo a tomar el autobús que le llevará a la escuela, cuando se mete a una cabina a telefonear. Esta se cierra y el individuo no puede salir.  Tras varios intentos por parte del populacho por sacarle, finalmente unos operarios cargan la cabina en un camión, y tras un largo viaje por carretera acaban dejando a este en un almacén subterráneo dónde descansan otras cabinas telefónicas con sus ocupantes muertos.
Para la España de 1972, más inocente y poco dada a lo macabro, este mediometraje destinado a la parrilla televisiva, tuvo que suponer un shock muy grande, máxime si el público llano de T.V. no estaba acostumbrado al cine de género o de terror. Sin embargo, vista hoy, 45 años después de su emisión, la cosa se ha quedado un poco ingenua, ya la capacidad de impactar o asustar se ha perdido, como la han perdido, por ejemplo, los clásicos de la Universal. Sin embargo, la idea, el como está ejecutada, el ritmo y la interpretación de José Luis Lopez Vázquez, permanecen inalterables, y se entiende perfectamente por qué “La cabina” obtuvo la repercusión que tuvo. Y desde luego, se deja ver con interés.
Tal fue el impacto de este mediometraje, que incluso, a finales de los 90, la empresa de telefonía Retevisión,, la principal rival por aquél entonces de Telefónica,  rodó un spot en el que López Vázquez aparece encerrado en una cabina —en clara alusión al mediometraje de Mercero— de la que finalmente consigue salir.
Asimismo, entre el aluvión de premios que recibió, se llevó el EMMY, el equivalente al Oscar en lo que a premios de televisión se refiere, en los EUA, que es el mayor galardón al que puede aspirar una producción televisiva.
La historia de “La cabina” se concibió a finales de los años 60. Antonio Mercero y José Luis Garci (Co-guionista de “La Cabina”), cuando estos tenían previsto lanzar una serie de humor para televisión. En busca de argumentos, les pareció gracioso elaborar uno en la que un individuo se queda encerrado en una cabina telefónica y no puede salir. Sin embargo, la cosa no prosperó, la serie no se llegó a hacer, pero a Mercero se le quedó en la cabeza la historia de la cabina. Dándole vueltas a la cabeza, decidió que la historia dejaría de ser cómica para convertirse en una cosa de terror/ciencia ficción de corte surrealista. Pero al no haber una serie televisiva donde albergar esta historia, propuso a Televisión española la producción de este mediometraje. A los directivos de T.V.E no les pareció mala idea, dado que la serie en la que acababa de trabajar Mercero “Crónicas de un pueblo” había sido un éxito, así que le dieron carta blanca. Y obviamente, no les defraudó.
Por otro lado, los críticos se han empeñado en ver siempre en “La cabina” una crítica al régimen franquista, defendiendo esa teoría hasta el absurdo. A colación de esto, Mercero llegó a decir que de crítica social nada, que él tan solo había tratado de hacer una película de terror y  ciencia ficción y punto, pero que él no podía controlar lo que la misma pudiera sugerir a según que mentes y sensibilidades. Dejando claras cuales son sus intenciones,  he llegado a leer a cierto crítico  mediático decir que daba igual lo que dijera Mercero, que la película es una crítica al régimen franquista y que no hay más vuelta de hoja. ¿No te está diciendo Mercero que no, pedazo de gilipollas?
Tras éxito de “La cabina”, las alabanzas por parte de los medios y el público han ido acompañando a Mercero a lo largo de su carrera en cine o televisión; asimismo volvió a ser nominado al EMMY por otro mediometraje, “Don Juan”, pasó factura a todos los géneros en cine y televisión, lanzó a la palestra al niño prodigio Lolo García con “La guerra de papá” y “Tobi” y alcanzó las mieles del bombazo televisivo con “Farmacia de Guardia”.  La verdad, es que es un todoterreno.

lunes, 11 de septiembre de 2017

RADIO SPEED

“Radio Speed” también conocida como “La Ràdio Folla” (título en catalán que, traducido literalmente, sería "La radio loca") es una película Catalana del popularísimo Francesc Bellmunt, que por un lado pasa a engrosar la lista de películas ambientadas en la radio -muy de moda en el cine español progre de los 70 y 80-, y por otro lado sería la antitesis postmoderna de películas como “Solos en la madrugada” del Garci.
Y es que Bellmunt, conocido sobretodo por “La Orgía”, con “Radio Speed” lo que intenta es plasmar en una sola película todos sus gustos; quiere ofrecer una comedia catalana contemporánea, quiere darle unos toques de thriller, y quiere darle su sello de autor, y su pinceladita vanguardista, por lo que tenemos un revoltijo de géneros y conceptos que por momentos pueden ser interesantes, pero que acaban volviéndose indigestos. Digamos que comienza como una comedia propia de la movida como “La Vida Alegre” de Colomo, para terminar pareciéndose a “Arrebato” de Zulueta.
Entonces, “Radio Speed” resulta una extraña mezcla de Colomo, Agustín Villaronga,  Ivan Zulueta y Mariano Ozores. Ahí es nada.
Y una película absolutamente malsana en el aspecto y desarrollo. Una cosa rarísima.
Cuenta el día a día de una emisora de radio en la cual, un locutor de un programa nocturno de esos que llaman lo oyentes a contar sus penas,  anuncia en directo el horario de un hospital de guardia dónde hacen falta urgentemente transfusiones de cierto tipo de sangre. Resulta que es justo el grupo sanguíneo del locutor, por lo que, instado por los oyentes, se acerca al hospital a donar. Tras donar la sangre, el locutor empieza a cambiar de personalidad, pasando de ser un tipo coherente y cabal a ser un individuo oscuro y violento que utiliza la radio para tener conversaciones de tipo sexual, con la intención de follarse a sus interlocutoras, o menospreciar a los oyentes que no le caen en gracia. La cosa se irá complicando poco a poco hasta que el espectador no sabe que cojones está viendo. Las subtramas las ponen un grupo de variopintos actores secundarios, cada una de ellas más extraña. No perder el ojo al personaje llamado “Sipi”.
La película resulta trasnochada y un poco antigua, además el hecho de irse convirtiendo poco a poco en “Arrebato”, le hace flaco favor, pero como es tan rara en ningún momento aburre y la continuamos viendo por curiosidad.
Y ahí radica todo interés, en el hecho de ser más rara que un perro verde. Por lo demás, Bellmunt se hace la picha un lío con su propio material, y al final confunde al espectador soberanamente de forma involuntaria, porque en esencia, lo que quiere contar no es tan raro como lo resultante, que lo es, 50% intencionadamente, 50% por incapacidad de poner en escena todo eso.
El guion lo escribe Bellmunt a medias con otro tío raro como es Carles Benpar.
El reparto lo componen Sergi Mateu, Carmen Conesa, Pep Munné o Pere Ponce.

lunes, 12 de noviembre de 2018

LA CASA DE LAS CHIVAS

“La casa de las chivas” tiene su origen en una obra teatral de finales de los sesenta escrita por Jaime Salom, que fue lo suficientemente exitosa como para que se decidiera adaptar al cine. Para ello, el productor José Antonio Pérez Giner monta un tinglado y ficha a León Klimovsky como director.
Obviamente, yo de teatro no se nada, así que mi interés hacia esta película no radica en la obra original. Además, basta echar un vistazo por internet para comprobar que quienes la conocen no la tienen en alta estima precisamente. Lo mismo que la película.
Tampoco suscitaba mi interés una temprana película sobre la guerra civil dirigida por el manazas de Klimovsky, director que no me llama nada, salvo por alguna de sus obras más de derribo. Sin embargo, andaba yo tiempo detrás de “La casa de las chivas” porque se trata de uno de los tres o cuatro guiones que Carlos Pumares, señor este al que admiro por variopintos motivos, escribió para la gran pantalla y que, durante su vida como director y conductor del espacio radiofónico “Polvo de estrellas” no dejaba de mencionar de manera despectiva. Según él, los guiones que escribió para cine, al igual que el resultado final de esas películas, eran una mierda. Y de ahí mi interés por verlos, resultando estos ignotos y de difícil localización.
Aunque en esta ocasión, Pumares no firma el libreto en solitario, lo hace nada menos que en compañía de José Luis Garci y  Manuel Villegas López. Y claro, tres plumas me parecen demasiadas para diferenciar la autoría de cada uno; por lo que podemos decir que el guión de “La casa de las chivas” lo escribió el viento. O en todo caso, los méritos han de recaer en el autor original de la obra teatral, Jaime Salom.
Y asegurando al espectador que estamos ante una película basada en hechos reales, tenemos aquí un folletín ambientado —con muy pocas pesetas para ese menester— en la guerra civil, en el cual unos soldados, presumiblemente republicanos, se alojan en una casa familiar que tienen requisada, regentada por un padre y sus dos hijas. La mayor de ellas presta sus servicios sexuales a los soldados a cambio de víveres y provisiones, a la par que surge una amistad entre estos y la meretriz.
Un buen día, llega un nuevo soldado que demuestra tener muy poquito interés en las atenciones sexuales con las cuales se le puede colmar, sembrando la discordia ya que la menor de las hermanas, se enamora de él. Los problemas están servidos. Incluso le acusan de maricón. Pero ¿por qué  este soldado no es como los demás en cuestiones culturales y sexuales? Pues porque es un aspirante a cura.
Muy mala prensa tiene “La casa de las chivas”, que ha sido tildada de sosa e insustancial, cuando no, directamente, de mala. Y la única verdad es que yo entré en un principio en el universo de estas hijas de la Chiva —que, según los personajes, debió ser en vida un mal bicho— y me dejé llevar por un dramón de agárrate y no te menees, con soldados salidos y dos mujeres con más ansia de macho que de cualquier otra cosa, mostradas en su despecho tal y como son las mujeres despechadas; frías, calculadoras y malas. Claro que los machos de esta película son mostrados tal y como somos; tontos y capaces de cualquier cosa con tal de mojar el churro con quién sea. Ergo, quienes mejor parados salen son los curas.
No está mal esta “La casa de las Chivas”. Me gusta su cadencia, su triste desarrollar y la sensación de estar viendo algo resuelto con mucho ingenio al notarse las carencias presupuestarias sin que afecte a la ambientación. Está entretenida, que es lo único que ha de ser una película.
En el elenco actoral viene compuesto por el grandísimo Simón Andreu, Ricardo Merino, Charo Soriano, María Kosty, Rafael Hernández… todos estupendos.
Venga, la recomiendo.

viernes, 27 de abril de 2018

LOS NUEVOS ESPAÑOLES

Roberto Bodegas, irregular director más conocido por la gente de mi generación por haber dirigido en los 80 la película “Matar al Nani”, es un director muy politizado, siempre con unas películas con cierta denuncia social, que sin embargo pertenece a una escuela puramente populista, es decir, no se rige por los cánones del cine de autor, sino por los del de consumo usando este para mostrar metáforas y alegatos. “Los nuevos españoles” es un claro ejemplo de esto.
Bodegas se sirve de una comedia al uso, con actores muy de ese determinado momento, para criticar, en plena dictablanda, lo que viene siendo la imagen de las grandes corporaciones el como un trabajador se puede tornar robot al servicio de una empresa. En defínitiva, nos enseña y critica el nacimiento de los individuos de “las hipotecas de plazo fijo”, para que me entiendan.
Escrita en colaboración con  José Luis Garci y el productor de la misma, José Luis Dibildos,  “Los nuevos españoles”, que toma su título de un slogan creado por la compañía aérea Iberia en la época, bien podría ser una de esas películas progresistas adscritas a aquella corriente de finales de los setenta a la que llamaron “Cine de la tercera vía” que proponía propuestas más politizadas, concienciadas y de autor, eso sí, sin perder la estructura de este tipo de comedietas al estilo “Mi mujer es muy decente… dentro de lo que cabe” con la que comparte tono y maneras.
La película cuenta como una empresa que trabaja en los seguros es absorbida por la Brewster, una corporación americana que someterá a sus trabajadores a duros cursillos en los que les harán perder toda personalidad en pro de la eficacia, motivándoles en el trabajo con premios por sus méritos. Asimismo, conviertes a las esposas de estos individuos en  vulgares criadas que complacerán a sus maridos en todo lo necesario.
Si bien puede que su punto de partida sea interesante, “Los nuevos españoles” se ve lastrada por un efecto reiterativo de lo que nos expone, es decir, que nos presenta la situación y una vez presentada, esta se estanca secuencia a secuencia, contándonos lo mismo durante la mayoría del metraje, para luego el desenlace, casi inexistente, importarnos un bledo.
Floja y con una comedia soterrada que en ningún momento funciona, porque Bodegas en realidad no quiere hacer una comedia, sino un drama social.
Lo bueno es el estupendo plantel de actores compuesto, principalmente, por José Sacristán, Antonio Ferrandis, Rafael Hernández, Maria Luisa San José, Josele Román, Amparo Soler Leal, Manuel Alexandre, ManoloZarzo, Lone Fleming…