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lunes, 12 de noviembre de 2012

HAPPINESS

Me la suda enormemente Todd Solondz y su cine Indie tristón y provocador. Me la suda sobremanera. De hecho, atraído por su sinopsis y lo que había leído en la época, acudí en su momento a ver “Happiness” al cine. Era un momento de mi vida, en el que estaba más predispuesto a ver gafapastadas cuando todavía no había tanto gafapasta, cuando todavía no era una moda, y nadie te podía acusar de “hipster” por ver una película independiente de estas características. Y me pareció una puta mierda. Sin embargo, el otro día charlando con un amigo, pensé que igual si la viera ahora, igual hasta me gustaba. Así que me la pongo ni corto ni perezoso, y descubro, no solo lo terriblemente anticuada que se ha quedado la película, si no que además es un coñazo insoportable. No me ha gustado NADA.
“Happiness” tiene el honor de ser la primera película no porno que mostraba una corrida chorreante en pantalla. Hasta ahí bien, muy transgresora y todo el rollo. El año siguiente llegaron los hermanos Farrelly con la sobrevalorada “Algo pasa con Mary”, se pusieron a juguetear con la lefa y convirtieron las secreciones en algo alegre y divertido, y le jodieron el chiringuito a Solondz, elevando las corridas cinematográficas a la categoría de comedia cafre. Ya nunca más ofendería una corrida en pantalla. Por lo que a estas alturas, ver una corrida chorreante, por mucho que la lama un perro, ya no dice absolutamente nada. Ni el impacto cuando el niño violado le dice a su madre que ha hecho caca con sangre, es el mismo que podía causar en el año 98, solamente porque en 2012, ya estamos curados de todo espanto.
La peli, centrandose en la historia de un psiquiatra con una vida normal, pero que le gusta pajearse con revistas infantiles, y que cuando tiene ocasión no duda en drogar y sodomizar a los amiguitos de su hijo de once años, cuenta, además, otras tantas historias sobre personajes disfuncionales, a saber; una gorda reprimida que tras ser violada asesina y descuartiza a su portero que es quien la violó, una chica feúcha y asocial con muy mala suerte en las relaciones de pareja, un gordo “nerd” y reprimido que se pajea llamando al azar a números de la guía telefónica incapaz de establecer una relación sexual real, un matrimonio sexagenario que se divorcia y un par de cosillas más sin importancia. Todo muy sórdido y escandaloso, pero no gratuito: El hijo de puta de Solondz pretende satirizar el modo de vida Americano. Y para ello hace una película larguísima (dos horas y cuarto) y aburridísima, prácticamente insoportable. Mas avispado, como muchos más medios, mas suavizado y tras un estudio, Sam Mendes le plagió –al menos el concepto- y se sacó de la manga “American Beauty”, mucho más bonita y entretenida, pero igualmente pretenciosa, con lo cual, “Happiness” y todas sus pretensiones se quedan, vista a día de hoy, en nada.
Sin embargo, yo pienso que el problema de esta película radica en la forma que está contada y en su condición de película independiente cultureta. Si cogemos los elementos sórdidos de los que hace gala la película, y lo metemos en una comedia cafre (no nos olvidemos de que “Happiness” no deja de ser una comedia negra, pero muy fina), sin duda sería una gran comedia, solo que en esos parámetros sería una película impensable. Lo mismo si la trasladamos a cinematografías más oscuras.
Así que si, Solondz tenía los elementos adecuados para hacer una película impactante, pero es su condición, su pedantería, y sobretodo el como está rodada, lo que convierte a “Happiness” en una película totalmente insoportable y tramposa. Ahora, eso si, como toda película, tiene un momento sublime: Cuando el pederasta ve jugando al amigo de su hijito, al que pronto drogará y violará, Solondz pone una música de comedia romántica que demuestra muy mala baba por su parte, y por otro lado un sentido del humor tremendo.
Otro punto a su favor, es que todo el reparto está estupendo, desde Phillip Seymour Hoffman como pajero teléfónico, pasando por Jon Lovitz al inicio de la película, donde le espeta a su aspirante a novia que él es el Champang, y ella la mierda, hasta, por supuesto, Dylan Baker interpretando al perturbado pederasta. Por lo demás, una puta mierda, y Todd Solondz un manazas.

sábado, 2 de mayo de 2020

APRENDE COMO PUEDAS

Estamos en 1996. El éxito de la trilogía de "Agárralo como puedas" aún colea, aunque ya comienza a enfriarse. En su momento significó el regreso por la puerta grande del clan ZAZ = Zucker / Abrahams / Zucker tras la época de vacas flacas que siguió a su primer gran hit, "Aterriza como puedas". Pero las cosas están cambiando. El grupo se partió y cada uno ha ido tirando por su lado. Jerry Zucker logró integrarse en el "mainstream" y alejarse de la comedia (hasta que le vio los dientes al lobo). Pero el hermano David y Jim Abrahams no tuvieron tanta suerte, viéndose obligados a seguir estirando del "spoof" les gustara o no. Y mientras el segundo dirigió títulos más o menos pasables como "Hot Shots" y secuela o "Mafia, ¡estafa como puedas!", hasta que dijo "basta ya de cachondeo!", dedicándose a otros menesteres, es David el que progresivamente se hunde en la mediocridad, facturando películas que casi ni siquiera salen a la luz o viéndose engullido por la lamentable saga "Scary Movie". Entre medias produce este "Aprende como puedas" ("High School High" en v.o.), parodia oficial del subgénero de aulas conflictivas.
Es curioso el modo en el que la coletilla "...como puedas" ha perseguido a estos señores a lo largo de sus carreras en lo que se refiere al mercado Español. Sin embargo, no somos el único caso. En Francia tienen la suya propia ("Y a-t-il un......"?"), lo mismo que en Colombia ("¿Y dónde está....?").

Como todo buen "spoof", el argumento de "Aprende como puedas" se puede contar sin que se note demasiado su condición de comedia, dice así: Richard Clark es un profesor idealista que abandona su puesto de enchufado en una escuela prestigiosa solo para ricos -y blancos!- decidido a ejercer en el espectro opuesto, el peor centro de enseñanza de todo el país. Allí tendrá que enfrentarse a varios retos, como lograr que sus alumnos aprendan algo, enamorar a una guapa profesora y, sobre todo, evitar que unos matones/traficantes, comandados por un misterioso capitoste oculto en la sombra, lo arruinen todo.
Es evidente que no estamos ante el momento más inspirado de la factoría Zucker, pero tampoco en el peor. Lo que tenemos es una comedia simpática, entretenida, con sus buenos gags y un humor un pelo menos surrealista al que nos tenían acostumbrados. Quizás es ese forzado y atolondrado "happy end" lo peor del conjunto. De haberlo enfocado con más pitorreo pues no molestaría, pero las risas son demasiado comedidas, por lo que nos queda un regusto algo amargo. Aún así, lo que verdaderamente importa es que has pasado poco más de 80 minutos distraído, sin complicaciones, y eso a mi ya me vale.

Ayudan a tal sensación el carisma de su protagonista, Jon Lovitz, un comediante que me cae especialmente bien y creo que, en general, ha sido desaprovechado. Le siguen una Tia Carrere que ya comenzaba a adentrarse en una decadencia que aún dura hoy, los veteranos Louise Flecther y John Neville, el eterno malote Marco Rodríguez (el asesino del supermercado en "Cobra") y el secundario de culto Nicholas Worth.
Entre los guionistas localizamos al mítico Pat Proft. El director, Hart Bochner, empezó en esto del cine como actor. Era el interés amoroso de "Supergirl" en la peli homónima del 84 y el bocazas farlopero de "La jungla de cristal". Aunque ha dirigido alguna cosita más, a día de hoy la interpretación sigue siendo su principal dedicación.

Pa ver y olvidar con una sonrisa en los labios (de arriba).

sábado, 5 de abril de 2025

TRAXX

Ya que últimamente he largado tanto sobre mi juvenil obsesión justiciera, ha llegado el momento de echar mano de una película que me llevaba loco, aunque no entiendo el motivo. Anduvo reseñada por acá en los albores de este blog y terminó reciclada / estampada -no muy certeramente- en las páginas de "Malas pero divertidas". Les estoy hablando de "Traxx", producción del año 1988 cuya finalidad consistía en, por un lado, convertir en estrella cinematográfica a una personalidad mediática en los USA, aquí cero conocida, de nombre Shadoe Stevens y, por otro, parodiar alegremente el género que nos interesa, con continuas alusiones a "Harry Callahan", "Rambo" y demás.
Contado así, por encima, el argumento no dista nada de cualquier producto serio sobre vengadores urbanos: Traxx es expulsado de la policía por sus violentas maneras. Ello le obliga a convertirse en mercenario, participando en cualquier guerra disponible. No obstante, un día, cansado, decide abandonar y regresar al hogar. Allí descubrirá que el crimen se ha apoderado de todo, por lo que desempolva las armas y toma medidas. El capo de la mafia local contratará a unos asesinos implacables para ponérselo difícil.
Bien, ahora añadan detalles como que, en su retiro, Traxx decide dedicarse a cocinar galletas (cosa que se le da fatal). O que nunca sale herido de ninguna refriega, aniquilando a sus enemigos con mortal precisión sin perder esa blanca sonrisa suya, una a juego con unos brillantes ojos azules y sendas chollas rubias dolorosamente ochenteras (como toda la película en sí, incluidas las canciones seudo-funky). Deduzco que mi mediana obsesión tendría algo que ver con la exagerada condición semi-superhumana del personaje, pues hasta cierto punto le emparentaba con otra fijación recurrente, "Charles Bind". Todo ello remojado a base de un humor muy muy tonto, algo políticamente incorrecto (con gags en los que fenecen impedidos u otros de orden semi-homofóbico sin desperdicio. "Mata a esta maricona", ordena el capo a uno de sus esbirros cuando ve las amaneradas maneras de su estilista) y ciertas similitudes con el universo Troma que en la época me pasaron totalmente desapercibidas. No hacía tanto que "El Vengador Tóxico" lo había petado y, oiga, ¿¿por qué no??. Traxx es también un justiciero dedicado en cuerpo y alma a limpiar de escoria una ciudad sumida en el caos, con gente cayendo por las ventanas, grotescas bandas criminales en cada esquina y villanos de pura caricatura. El pueblo llano le adora y compra camisetas con su imagen. Incluso hay ciertas transiciones a base de canción horterilla en las que le vemos triunfar en su gesta, igual que ocurría con las desventuras del deforme "Melvin". Incrementado todo ello por el tufo a desmadre y unos actores exagerando sus interpretaciones a base de mueca y exceso (atención al "hijo punki" del capo y su estrafalario aspecto). La escabechina es menos licuosa que en un film de la (ex)factoría de New Jersey, pero está presente. Los muertos se suman por decenas. También asoman algunas breves ubres. Y hay buenos gags. Me encanta el principio, con unos tipos tomando por rehenes a los animales de una tienda. Llega Traxx, se carga a los criminales y cuando su superior le recrimina, él exclama "Dígale eso a la madre del perrito muerto". Igualmente funciona muy bien la inesperada y estupidísima defunción del capo mafioso. Aunque, en general, y a pesar de los esfuerzos, lo más que consiguen sacarte es una sonrisilla afectuosa. La salva de ser un desastre total el que, con tanta locura, no resulte demasiado previsible. Tiene cierta capacidad de sorprender, aunque sea a base de sacrificar una historia genuinamente interesante. Defecto que conocían muy bien los reyes del "spoof", los ZAZ (en paz descanse la A) y, por ello, siempre procuraban dejar una buena base bien escrita antes de comenzar a trufarla de ocurrencias absurdas (por cierto, Shadoe Stevens llegó a colaborar con ellos, prestando su radiofónica voz para "Made in USA", nada menos). Decía que el film no es un desastre completo.... creativamente hablando, pero sí financieramente. De ahí que Stevens nunca despegara como comediante cinematográfico. El mismo año que hizo "Traxx" participó en "El superdetective de la costa oeste" (producto televisivo distribuido en España como si fuesen dos películas) y regresó a la gran pantalla durante los 90 junto a Billy Cristal en "El showman de los sábados" (eso sí, mediante rol diminuto), pero sería la última vez. A partir de ahí mutó en carne de caja tonta, desarrollando paralelamente otras actividades como radio -su especialidad- o escribir libros para críos. Entre la roña previa hay una joyita que merece ser destacada, "Shadoevision" de 1986, telefilm ultra-barato hoy casi inencontrable a mayor gloria del individuo. Una comedia de ciencia ficción dirigida nada menos que por ¡Chuck Cirino! (y con cameo coleguero de Jon Lovitz).
El resto del reparto de "Traxx" no tiene desperdicio. La chica guapa es Priscilla Barnes, actriz que a lo largo de su carrera ha alternado mucho telefilm, alguna película de cierta solera ("Mallrats", "Mumford, algo va a cambiar tu vida", "Los renegados del diablo") y una variada gama de subproductos según las artes de Roger Corman, Fred Olen Ray, Jeff Leroy o la productora "TomCat Films". Entre los títulos destacados de su currículum localizamos "Licencia para matar", el fracasado intento de modernizar a "James Bond". Allí coincidió por segunda vez con uno de los rostros más reconocibles de "Traxx", Robert Davi. También te sonarán los de Willard E. Pugh -el alcalde de "Robocop 2"-, John Hancock, Hugh Gillin, la mirada de loco de Raymond O'Connor y Wally Amos.
Como director Jerome Gary nunca hizo, ni ha hecho, gran cosa (incluida la reseñada). Por contra, en tareas de productor su nombre va asociado a "Pumping Iron", el documental a mayor gloria de un jovenzuelo Arnold Schwarzenegger. Y, justo, este es el protagonista de uno de los guiones previos de Gary DeVore, responsable del libreto de "Traxx", "Ejecutor". Debía de ser colega de su director, John Irvin, porque para él también escribió "Los perros de la guerra". Otra de sus amistades recurrentes era Peter Hyams, a quien le tecleó "Apunta, dispara... y corre" y supervisó "Timecop", "Muerte Súbita" y "The Relic". El último libreto original de DeVore fue "Pentathlon", tardío vehículo de lucimiento para Dolph Lundgren dirigido por Bruce Malmuth.
Lo crean o no, "Traxx" lleva el sello "De Laurentiis Entertainment Group".