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martes, 18 de junio de 2024

SUMMERS EL REBELDE

Manuel Summers, director que venero y del que he pasado buena cuenta por aquí, consigue, por fin, una reivindicación dentro del mundo académico que siempre le había negado el pan y la sal, más por cuestiones políticas que artísticas. Por todos es sabido que el padre de Summers era un gobernador del régimen franquista y que el propio director no comulgaba del todo con la izquierda. Con todo eso, sin embargo, la derecha se le echó encima, siendo una de las víctimas más perjudicadas por la censura de la época, ya que esta le consideraba un hombre peligroso al no tener un filtro político contrario con el que lanzar mensajes en las películas. En resumidas cuentas, se le cogió manía por todas partes a nivel político. Así, Summers se abrazó al cine comercial hasta el final de sus días, luchó en contra de la crítica que desde sus inicios le había defenestrado, y se alió a los productores más conservadores en su cruzada contra los cineastas progresistas que se beneficiaban de las ventajas de la nueva ley Miró. Summers fue un auténtico outsider.
Por otro lado, el historiador y  Doctor Cum Laude en Comunicación Audiovisual Miguel Olid (debe ser primo mío), cuenta todo esto que he resumido yo en unas líneas en un documental que si bien a su paso por los distintos festivales llegaba a una duración estándar de 82 minutos, en su emisión por la televisión pública queda reducido a 58: “Summers, el rebelde”.
Lo mejor de todo es que Olid, comienza con su relato afirmando que en un principio el cine de Summers no era el que más le interesase —de hecho no le gustaba— y que es un acto de justicia poética el realizar un documental sobre el que probablemente es uno de nuestros mejores cineastas. El resultado tras 8 años de investigación, es esta estupenda película que, aunque avanza de manera común con la fórmula de cabezotes parlantes y mucho y buen material de archivo, no se conforma con el chupapollismo propio de este tipo de documentales, y a los comentarios positivos por parte de la familia (David Summers, Guillermo Summers, Beatriz Galbó…) o amigos (Garci, Tote Trenas…) se suman los de las voces discordantes, contemporáneas o provenientes del material de archivo, que vienen a decir poco menos que Summers hacía unas películas que o bien eran mierda, o eran flojas, o eras procaces, soeces, controvertidas…
Asimismo, podemos ver montones de entrevistas de la televisión pública en las que Summers decía lo que pensaba sin pelos en la lengua, con perlas de actitud tales como: “A mí ningún crítico puede decirme que mi película es mala mientras esta se tire nueve meses y medio en cartelera”.
Por lo demás, un repaso lógico a la carrera del director, sin llegar a profundizar en según que aspectos (la incursión en Estados Unidos de Summers, materializada en la película “Ángeles Gordos” después de pasar sus películas de adolescentes por productos exploit en cines del Deuce neoyorquino, sigue siendo una de las cuestiones que más en el aire queda siempre que se habla o escribe sobre el director sevillano), en un documental que significa, por fin, la reivindicación de uno de los mejores directores de cine españoles, cuya figura se vio ninguneada y vilipendiada por cuestiones meramente políticas, aun siendo vox populi que su obra (ya fuera en la etapa más autoral, en la más populachera, e incluso trayendo de Europa la cámara oculta para estrenar ese formato en cines y que toda España se lo comiera con agrado), estaba muy por encima de la del resto de sus coetáneos y merecía, no solo su estudio, sino también su divulgación y reivindicación. Y el documental de Miguel Olid, junto con el estupendo pack con sus mejores películas en Blu Ray que recientemente ha editado "A Contracorriente films", lo hacen… aunque sea en una época en la que, quizás, a nadie le importe el cine de Summers. O importe desde el esnobismo.

lunes, 19 de noviembre de 2018

MI PRIMER PECADO (CHARLIE AND THE HOOKER)

Manuel Summers es el claro ejemplo de un director de corte muy personal que supo hacer un cine de autor que a su vez resultaba del todo populachero. Además de ser un señor con un estilo propio anclado en los sesenta y setenta. Sus películas protagonizadas por adolescentes que se enfrentan a mil y un problemas, fueron del interés de las plateas de aquellos años. Y en parte, lo fueron gracias al sensacionalismo que le gustaba arrojar al director sobre el espectador.
Con la muerte de Franco, todos los españoles vieron una puerta abierta para hacer uso de su libertad, máxime en el gremio de los artistas. Así, Manuel Summers, que ya venía de hacer montones de películas sobre adolescentes embarazadas, hizo una película más sobre adolescentes en la que se pasaba de picante. En “Mi primer pecado”, también conocida como “La primera experiencia”, además de tener pre-adolescentes masturbándose cómo locos ante los Penthouse y Playboy de marras, tenemos una relación más o menos carnal entre un jovencito y una prostituta.
En consecuencia, con la censura todavía activa, y dado el alto contenido sexual de la cinta, esta no pudo ver luz aún con Franco muerto. Así que durante todo 1976 la película se quedó en las latas a la espera de que censura diera el visto bueno. Sin embargo, con la entrada de la democracia, la censura tenía los días contados, por lo que esta  quedó abolida el 1 de Diciembre de 1977. Cuatro meses después, cuando ya sí, los cineastas pudieron ejercer su libertad, “Mi primer pecado” se estrenó en salas de toda España congregando casi a un millón de espectadores a las salas. Uno más de lo éxitos de Summers.
Vista hoy, la película resulta de lo más cerda, sórdida y desagradable. Sin embargo, mucho me temo que la realidad sexual de los adolescentes de la España post-franquista, debía ser algo muy parecido a lo que se nos muestra aquí.
En ella, dos monaguillos, pasan las tardes después del cole masturbándose en grupo como jodidos monos salidos. Unas veces usan revistas, otras veces, ayudados por las grabaciones que de manera clandestina hacen de las confesiones de las feligresas que pasan por el confesionario de su parroquia.
En una de estas, descubren una atractiva muchachita que cuenta unas peripecias del todo carnales que les sirven a los muchachos de estímulo, hasta tal punto que llegan a seguirla por la ciudad y restregarse con ella en los autobuses. Tras una serie de infortunados encuentros, uno de los muchachos, Curro, entablará una amistad con ella, enamorándose perdidamente al mismo tiempo. La cosa se complicará cuando descubre que su amada es en realidad, una zorra, una puta.
Summers en estado puro, y con más desvergüenza que de costumbre, consigue que “Mi primer pecado” sea una película condenadamente entretenida y, por si sus otras películas de similar temática no lo eran lo suficiente, zafia hasta decir basta. A día de hoy, ver a esos jóvenes sucios y piojosos pelándosela en círculo, y haciendo concursos para ver quién se corre primero, resulta del todo turbador. Hoy, recurriendo al tópico, no se podría hacer una película así.
De hecho, la película es lo suficientemente sensacionalista como para que los americanos decidieran estrenarla doblada al Inglés en los cines de sesión golfa, convirtiendo a “Mi primer pecado” en un clásico de los circuitos Grindhouse, compartiendo tiempo y espacio con marcianadas como “Los maestros tullidos” y tirándose la tira de años exhibiéndose en los cines de la Calle 42 de Manhattan.
Como el nombre del protagonista, Curro, tenía difícil traducción al Inglés, los yankies le bautizaron Charlie, y la película pasó a titularse “Charlie and the hooker”, o lo que es lo mismo, “Carlitos y la puta”. Acertadísimo y comercial título.
Un clásico del cine de pajilleros que, paradójicamente, mientras aquí en España se le cataloga de melodrama, los americanos no tuvieron problema a la hora de catalogarla como “Sex Comedy”.
Estupenda; como casi todo lo que hizo Summers.
Junto a Currito Summers, que durante su niñez todos sus personajes se llamaron como él, Curro,  protagoniza la cinta Beatriz Galbó. Para más cerderío decir que Galbó se convertiría en la pareja de Summers aquellos años, por lo que, teniendo en cuenta que Currito Summers tiene una escena con ella en la cama, y otra en la que la besa, y teniendo en cuenta que era sobrino del propio Summers, esta cinta ¡¡comete semi-incesto!!
Como curiosidad, la versión internacional de la película cambia el nombre a todos los artífices, así,  Currito Summers pasó a ser bautizado como Francis Summer, la Galbó pasó a ser Beatrice Galbo, y nuestro querido Manuel Summers, pasó a firmar la película como Emmanuelle Summers. ¡Toma ya!

lunes, 27 de julio de 2020

¡YA SOY MUJER!

Si Manuel Summers viviera a día de hoy y se le ocurriera hacer una de las películas que hacía en los setenta, probablemente, le metieran en la cárcel sin ningún tipo de titubeos. Sin embargo la sociedad en los setenta era muy distinta a la actual y actitudes como forzar a una chica o intentar tener sexo con una menor se mostraban en pantalla con total naturalidad, no porque el director sea un amoral, sino porque las cosas en aquella sociedad tardofranquista eran así, y  Summers tan solo las retrataba sin hipocresías. Así, en este film suyo, vemos  de todo. Para empezar vemos desnuda a una menor (o al menos parece una menor. Como sea, no he sido capaz de contrastar la edad de la actriz Cristina Ramón cuando hizo esta película, la cual, después, apenas si apareció en media docena de títulos, todos ellos de corte erótico, por lo que intuyo que, si no era mayor de edad, estaba cercana a serlo), vemos niñas mostrándose sin rubor el vello púbico, vemos perros follando, adolescentes teniendo conversaciones sobre la eyaculación y la menstruación, confesando haber sido acosadas por pederastas o, más fuerte aún,  siendo  la protagonista menor, directamente acosada sexualmente por el padre de una amiga.
Lo que trata Summers, por supuesto, es de contarnos una historia dentro de un universo que parece que conocía muy bien como era el de las inquietudes sexuales adolescentes y no duda en mostrarnos una escena en la que el grupo de amigas juega a los papás y las mamás, como tantos pre-púberes de aquellos años (y supongo que actuales), que descubrían su temprana sexualidad con niños del mismo sexo. Y aquí, con Franco vivo, no pasaba nada porque, repito, las cosas eran así entonces, así de sórdidas y así de naturales. Mientras, la película, precisamente por estas anomalías sexuales aquí normales, se estrenaba en USA en cines para pajilleros bajo el título de “I`m a woman already”, como otras tantas películas de la filmografía de Summers.
Como sus películas anteriores “Adiós, cigüeña, adiós” y “El niño es nuestro” habían funcionado muy bien, Summers se procuró prácticamente el mismo reparto infantil y adolescente de aquellas y cambió de tercio esta vez dándole protagonismo a las chicas, a su despertar sexual y a sus miedos.
Celia es una niña de 12 o 13 años que comienza a experimentar cambios físicos a la vez que va creciendo junto a los niños de su clase. De este modo, va teniendo con ellos sus primeros morreillos, sus primeros tocamientos, sus primeras decepciones. En un determinado momento, el anciano profesor de religión de las chicas fallece por ahogamiento, por lo que es sustituido por un nuevo cura joven y atractivo que traerá por el camino de la amargura a la chicas, sobre todo a Celia, que se enamora perdidamente de él. Para que el cura la haga caso, en secreto de confesión, se inventa tórridas relaciones sexuales con todo tipo de hombres que, más que excitar al cura, le hacen pensar que la niña necesita ayuda psicológica o de lo contrario acabará sus días como una puta.
La película da lo que se espera de una propuesta de Summers, que es un funcional entretenimiento y un drama adolescente que, pese a lo rancio del asunto, por algún motivo funciona. Además, las películas de Summers cobran valor con el paso del tiempo porque poseen una manera de contar historias que hoy no podría ser de ninguna manera, y que se podría tachar absolutamente de sensacionalista, amén de ser una manera de hacer cine que conectara con los bajos instintos del gran público, que no dejaba, ni por lo más remoto, de ser cine de autor.
Vamos, que uno a estas alturas sabe a lo que se expone con Summers. Y está bien.
Obviamente, es uno de los grandes éxitos de Summers que llegó a llevar a los cines a 1.800.000 espectadores, que no es moco de pavo, y, seguramente, más que por el retrato sociológico del que les he estado hablando todo el tiempo, esto se deba al morbo.
En el reparto, habituales de la escudería Summers como su sobrino Currito Summers, su amante adolescente Beatriz Galbó, los hermanos Rodríguez o Emilio Fornet.

lunes, 4 de febrero de 2019

ADIOS, CIGÜEÑA, ADIOS

“Adiós, cigüeña, adiós” es uno de los grandes éxitos de Manuel Summers, un film que visto hoy resulta del todo entrañable y que aunque se reseñe por ahí la osadía que tuvo el director al tocar un tema tan peliagudo como es la sexualidad adolescente con Franco vivo, lo cierto es que, paradójicamente, la sociedad española  en temas sexuales —no siendo explícitos— no era tan pacata como lo pueda ser hoy en día.
Entonces, “Adiós, cigüeña, adiós”, nos cuenta la historia de un grupo de niños y de las picardías sexuales que cometen en su día a día, como es habitual en la filmografía de Summers de aquellos años, para pronto centrarse la historia en dos de ellos, un muchacho de 15 años y una chica de 13, que se enamoran. En consecuencia y en una relación sexual que, prácticamente, resulta una violación en toda regla —la muchacha todo el tiempo le dice al  muchacho que por favor no la penetre, a lo que este hace caso omiso—, ella queda embarazada. Así, y para evitar que sus padres se enteren de ese temprano embarazo, con la ayuda de los amigos de su entorno, vivirán esa preñez en clandestinidad.
Con un reparto donde predominan las niñas guapas y los chavales más feos que se puedan ver en el cine (¡como le gustaba a Summers hacer películas con niños feos!), Summers se desenvuelve como pez en el agua en lo que a sexualidad infantil y adolescente se refiere, haciendo de su filmografía casi una temática exclusiva. Rara es la película de Summers que no trata la sexualidad entre menores o la nostalgia, o como pasaba en “Me hacefalta un bigote”, las dos cosas juntas. Y es que con fama de sensacionalista —en USA sus películas tuvieron gran éxito en los circuitos Grindhouse— en realidad, si en sus películas hay sordidez, lo cierto es que esta no se alejaba en absoluto de la que tenía lugar entre los infantes en la vida real, ya sean las pajas colectivas, ya sea, como ocurre aquí, los embarazos antes de tiempo. Como niño de los setenta, no me despeino al decir que la sexualidad que refleja Summers en sus películas, es la sexualidad que yo pude vivir siendo un niño. Totalmente verídica. Al margen de eso, cabe destacar en “Adiós, cigüeña, adiós”, la fluidez de la narración, la agilidad de los acontecimientos y el buen hacer de Summers en todos los sentidos. Al final, las películas de Summers de esta época, además de clásicos, son el verdadero reflejo de la sociedad de aquellos días.
“Adiós, cigüeña, adiós” se tiró en cartelera más de un año, cosa habitual en la filmografía de Summers, y la vieron más de tres millones de españoles, aunque en otros lugares, como Latinoamérica, el éxito de esta película fue aún mayor superando en número de espectadores otros grandes títulos del mainstream internacional.
Tal fue el éxito, y como la trama no estaba cerrada del todo, que se rodó después una secuela, “El niño es nuestro” de la que les hablaré en otro momento.
A destacar, siempre, la presencia de Currito Summers, el niño pelirrojo y espabilado de la película, el alma de la fiesta en cualquiera de las películas de su tío, que nos dejó prematuramente hace un par de años. Un actor que a mí me gusta mucho, tanto de niño, como de adulto.

viernes, 21 de noviembre de 2014

ME HACE FALTA UN BIGOTE

Exceptuando las dos películas que dirigió después para lucimiento de los “Hombres G”, se puede decir perfectamente, que la última película de Summers, sería “Me hace falta un bigote”. Una película rara, que condensa en hora y veinte, sino todo el cine de Summers, si las películas que le dieron la fama; esto es, que “Me hace falta un bigote”, sería secuela inconfesa de su obra más famosa “Del rosa al Amarillo”, sería, también,  película de cámara oculta,  sería biopic,  película típica suya de adolescentes, y por ultimo, también sería película de los “Hombres G”… y el que no la haya visto se preguntará ¿Cómo es eso? Fácil. Summers rueda una película en la que el protagonista es él mismo, en la que figura que está rodando una película de cámara oculta, la cual quiere terminar inmediatamente, porque como ha recibido una carta de la que fue el primer amor de su vida, y eso le remueve la nostalgia,  decide rodar una película en la que cuenta como fue esa relación con esa señora, a la que amó con toda su alma cuando tenía 10 años.  A partir de que comienza con la escritura del guión,  la narración se torna “flashback”, la imagen se pone en blanco y negro, y nos cuenta su propia historia infantil, la historia de el niño que se enamora de una niña, que, siendo un par de años mayor que él, dice estar enamorada de Jorge Negrete, que lleva un bigote más negro que un teléfono. Y el niño llega a la conclusión de que le hace falta un bigote. ¿Y lo de los “Hombres G”? bueno, pues en un momento de la primera parte de la película, Summers, llama por teléfono a su hijo, líder de ese grupo, y se pegan un cameíllo a costa de eso.
 No es ni de lejos la mejor película de Summers, pero si que es una buena forma de hacerse un auto homenaje – y un testamento al fin de al cabo- y de saciar el ego que todo artista tiene, pegándose el gustazo de protagonizar su propia película, haciendo de si mismo, y contando una anecdotilla de su vida. Claro, se pegó un gustazo que, sin embargo, pasó del todo inadvertido ya que tan solo fueron a ver la película a los cines 73.000 espectadores, que para una película española del año 1986, era una miseria. Menos mal que luego se resarció con  Sufre Mamón” y “Suéltate el pelo”.
A mi me gusta el cine de Manuel Summers, y por lo tanto, me gusta “Me hace falta un bigote”, pero también es cierto que, igual que me parece una película originalísima, una machada de alguien con mucho oficio a sus espaladas, me parece que en el momento que la película se vuelve rancio “flashback” en blanco y negro, pierde el interés para mí. Porque amoríos de críos y sexualidad temprana de la posguerra, ya lo contó muy bien en sus películas pasadas, aquí lo que me interesa es toda la primera parte, con él rodando, llamando a su hijo, comentando proyectos con Jorge Grau y todo lo referente al “metacine” que ofrece toda esa parte inicial. Luego ya, incluso me aburro con los críos vestidos de falangistas, calibrando qué es y que no, un pecado.
Sin embargo, me encanta como combina todos los elementos que dotaron de personalidad sus películas.
En el reparto, además de la familia Summers tenemos a Luis Escobar, Jesús Hermida, el antes mentado Jorge Grau,  Carlos Lucas o Juan José Alonso Millán.
Recomendable para completistas de Summers, si es que hay alguno por aquí.

viernes, 18 de enero de 2019

NO SOMOS DE PIEDRA

“Juguetes rotos” puede que sea uno de los films más personales de Manuel Summers, sin embargo fue un descalabro en taquilla de padre y muy señor mío. Ante esta tesitura, el director lepero optó por cultivar, en lo sucesivo, una suerte de cine popular que gustara al gran público que, como confesó el propio director “al fin de al cabo es el que paga”. En consecuencia de esto, Summers concibe “No somos de piedra”, una comedieta ligera con alto contenido sexual que, por protagonismo absoluto de Alfredo Landa, se adscribe al “landismo” casi de forma accidental.
Con un guión a pachas con Juan Miguel Lamet, “No somos de piedra” se sostiene sobre dos tramas que ocupan el grueso de la película, en lo que es una estructura narrativa un tanto extraña para una película española de los años sesenta. Por un lado, la película cuenta como un hombre de familia numerosa  tiene que lidiar con las calenturas que le provoca la presencia de la nueva niñera, una ex prostituta proveniente de un programa de inserción social para señoritas de la vida, que entre lo jamona que está y las minifaldas que gasta, hacen pasar a nuestro protagonista unos momentos muy malos. Por otro lado, harto de tantos hijos, tendrá que ingeniárselas para que, por medio del engaño y las malas artes, su esposa comience a tomarse la píldora anticonceptiva, cosa esta a la que se opone al ser una mujer de moral cristiana. Los tejemanejes que se trae Landa para conseguirlo conforman el material cómico y, ergo, traen consigo los mejores gags.
Summers era un valiente, porque con “No somos se piedra”, pese a ser la película menos Summers de cuantas hizo, aborda temas que eran más que peliagudos, máxime teniendo al caudillo vivo. Entonces, Summers introduce el sexo en su comedia en la medida de lo posible; estamos en 1968 y ver carne por encima de la rodilla es ya un atrevimiento. Pues vemos el muslamen de Ingrid Garbo. Por otro lado, la osadía de hacer una apología de la píldora anticonceptiva —contrarestada por la oposición total de la esposa del protagonista principal, artimaña esta muy inteligente para poder contar lo que le da la gana— se me antoja todavía más suicida que el mostrar minifaldas. Lo que me extraña es que no hubiera en la época una controversia sonada al respecto al ser tomado el tema con toda ligereza. Y a lo mejor no la hubo por el mero hecho de que “No somos de piedra” no fue un fracaso tan grande como el de “Juguetes rotos”, pero apenas la vieron 390.000 espectadores, con lo que la estrategia comercial tampoco le fue muy bien.
Sin embargo, sí que se trata de una pieza seminal para todo lo que vendría después. Summers se agarró al cine comercial como un clavo ardiendo, eso sí, siendo lo suficientemente inteligente como impregnar su sello de autor, dando unos toques de sensacionalismo a todas esas cintas de adolescentes embarazadas que vendrían después y que significarían las obras más significativas de su carrera.
Por lo demás,“No somos de piedra” se deja ver, sin más. Osadías a parte, se trata de una comedia populachera como tantas y tantas se parían a finales de los años sesenta, siendo del montón en cualquier caso.
Junto a Landa en el reparto, tenemos a Laly Soldevila, Emilio Laguna, una jovencísima Terele Pávez pre “Los escondites”, Maricarmen Prendes y Tip y Coll, que aparecen en la cinta en calidad de actores, es decir, que no hacen de ellos mismos.
 Ver y olvidar, sin más.

lunes, 28 de octubre de 2013

ÁNGELES GORDOS

No por muchos es sabido que el gran Manuel Summers fue un director de “éxito” en los U.S.A. Sus películas sobre adolescentes que se enfrentan a embarazos no deseados y que tontean con la masturbación y demás argumentos, tuvieron su hueco en los circuitos “Grindhouse” Neoyorquinos. Como lo leen, se estrenaban en sesión doble junto a “slashers” o películas de “kung-fu” como si de “exploitations” se tratara, puesto que, de tan raras para el espectador caucásico, alimentaban sobremanera el morbo de los mismos.
Así que no es de extrañar que los productores americanos pronto le ofrecieran rodar en los Estados Unidos. De este modo nace “Ángeles Gordos”.
Claro que la mentalidad de los mecenas poco tenía que ver con la de Manuel Summers. Me refiero a que, seguramente, esos querrían una película lo más morbosa posible, pensando, quizás, que Summers era un director perverso y mercenario, cuando su cine en un principio, al menos en nuestro país, era considerado casi de autor. El tema es que le financiaron una película para exhibirla en las salas de las famosas calles 42 y 74 de Manhattan; Ya saben,  cuanto más sórdido, mejor.  Pero para la propuesta, Summers, ajeno a las “grindhouse movies” y  la “explotaition”, se lo tomó como lo que en realidad era, su salto al charco en esto del cine. Así que gozando de plenas libertades, rodó, sin despeinarse, y con la ayuda de Chumy Chumez en el guion, una bonita comedia romántica a la americana, pero además, tuvo la certeza de añadir un aliciente, aplicarla a los problemas que tiene la gente obesa para relacionarse. Una película divertida, entrañable, entretenida y excelentemente filmada, que con cuatro duros que le dieron parece “alta comedia”.
En U.S.A. fue un rotundo fracaso. Habría que ver la cara de los productores cuando seguramente esperaban una historia de jovencitas que abortan en Londres, o adolescentes perdiendo la virginidad con su maestra, y recibieron algo de muy sutil buen gusto y apta para todos los públicos. En España no fue mucho mejor, pero, irónicamente, se trata, sin duda, de una de las mejores obras de su director.
Rodada en Nueva York, nos cuenta la historia de un joven músico de Broadway, obeso para más señas, que contesta a un anuncio de la sección de contactos del periódico, en el que una mujer busca novio. Las características de este, gustos y aficiones de ella, coinciden exactamente, así que surge el amor en la distancia. Pero claro, al ser un grasiento y purulento gordo de mierda, en vez de enviarle a la chica una foto suya, por vergüenza, le envía la del galán del musical en el que trabaja. Por otro lado, ella, resulta ser otra gorda que trabaja como criada, que le hace a él exactamente lo mismo: le envía una foto de la hija de su patrona, con lo que se liará la madeja cuando ella acude a  New York a conocerle. Pura comedia de enredo, con un argumento muy de película de aquí, pero mejorado por los escenarios y excelentes (aunque desconocidos) actores.
Y un argumento muy en vigencia porque, hoy día, ya no en los contactos del periódico, pero sí en las páginas de internet destinadas a lo mismo, es habitual  lo de las fotos. Si no de otras personas, sí  de las que buscan pareja, pero de veinte años atrás, como ustedes, queridos y pajilleros lectores, muy bien sabrán (Ja!).
Así pues, una más que recomendable película.
En el reparto destaca  Michael McManus, que luego hizo de secundario en cosas como “Poltergeist” o “Loca Academia de policía 4” o Jack Aaron, visto en las series “M.A.S.H”, “Ironside” o “Kojac” y del que Summers era admirador.

lunes, 11 de agosto de 2008

URTAIN, EL REY DE LA SELVA... O ASÍ

"Urtain, el rey de la selva... o así" es un documental mondo con todas las de la ley. Y quizás, Manuel Summers, ni siquiera lo sabía.
Lo que vi ayer es una película FASCINANTE. También tremendamente moderna, con un montaje trepidante con mil planos por segundo y el virtuosismo que se gastaba Summers dando coherencia a cientos de imágenes de archivo.
La idea principal es la de contar la historia del boxeador Urtain. ¿Y como lo resuelve Summers? De la mejor forma posible. Haciendo un documental donde, además de contarnos el propio Urtain su vida, se escenifican momentos de esta, interpretándose el boxeador así mismo, quedando una película de lo mas extraña. Si a eso le añadimos el trillón de imágenes de archivo, la mala leche que se gastaba y los cientos de planos de gente corriente de la calle (peleándose, el propio Summers entrevistando a ancianos... algo que al de Lepe siempre le ha gustado mucho) queda una película que roza lo demencial. Además, durante el metraje vemos al propio director dirigiendo, corrigiendo a los actores en las tomas falsas y algunos planos de cámara oculta. En definitiva, una película increíble.
Y es que Summers era un tío muy inteligente.
Comienza con Urtain hablando sobre la naturaleza humana, que todos llevamos una bestia dentro. Eso le sirve al director para sacarse de la manga un montón de escenas de leones devorando animales, ejecuciones reales, imágenes de muertos de las guerras... con una voz en off narrándolo todo, y haciendo chufla de materia tan seria... incluso mete unas imágenes de la bomba atómica, nos explica lo dañina que es y al final afirma que, las cosas como son, se trata de una buena bomba. La primera media hora es un mondo en toda regla. Y ese tono ya no se abandonará hasta el final.
Luego, mete cámara oculta, con brutales peleas de gente de la calle, viejos en el geriátrico, entrelazados con gags, en los que Urtain sale disfrazado del "Guerrero del Antifaz", de "Tarzan"... y hasta un gag interpretado por Tip y un par de viejos que, aunque absurdo, tiene bastante que ver con lo que hasta ahora el director nos está contando: El hombre, que tanto alardea de ser la especie inteligente, no es mas que una bestia asesina.
Por fin, en el minuto cuarenta y cinco, mas o menos, comienza a narrarnos la vida del boxeador. Pero todo con este tono entre cruel y negro. Incluso se permiten el lujo de rodar un combate con niños... y creo que las leches se las meten de verdad.
Ya os digo, una de las pelis mas extrañas que he visto en mi vida. Y además una que, desde ya, entra dentro de mis favoritas. Una locura.

jueves, 24 de enero de 2013

EL SEXO ATACA

Si hay una pareja cómica que de verdad se adelantó a su tiempo, que en los años en lo que se estilaba era contar chistes, apostaban por un humor ferozmente surrealista a base de diálogos absurdos, y que además supieron ganarse al público con ese humor, esos fueron Tip y Coll. Sobretodo en sus primeros años. Ya avanzados los ochenta y entrando en los noventa, que aun permanecían en activo,  su humor fue flojeando, eso si, tras 30 años de carrera humorística. A mi lo que me vuelve loco es el look que se gastaban, vestidos de enterradores.
Su paso por el cine, sin embargo, no fue muy brillante. La mayoría de sus intervenciones se limitaban a cameos en películas cómicas para lucimiento de otros cómicos, y la película que hicieron para lucimiento propio, “La garbanza negra que en paz descanse” es algo flojilla.
Por otro lado, no hay director que haciendo un tipo de cine extraño, entre el arte y ensayo y la mamarrachada, y que adaptaba a nuestro cine subgéneros extranjeros como el “Spoof”, la cámara oculta e incluso, mucho más suavizado, eso si, el “mondo”, que conectara tan bien con el publico popular y llenara las salas como Manuel Summers.
Lógicamente, la unión de los humoristas y el director, no podía ser nada malo.
“El Sexo Ataca”, al igual que “Urtain, el rey de la selva… oasí”, coquetea con el género “Mondo” en su vertiente más sexual y blanca, al estilo “Estamos hechos así ¡Ayuda!” o “America de noche prohibida”. Y a parte es la película en la que más se lucen Tip y Coll, y la mejor que hicieron, por supuesto. El guión está escrito a pachas entre Tip y Coll y Summers y estos son los maestros de ceremonias de los extractos que vamos viendo, imágenes de archivo, chistes escenificados, skechts, animaciones y entrevistas a gente especialmente garrula de las calles, vamos a suponer que de Lepe (de dónde era originario el director), explicando, de la manera mas surrealista posible, los intríngulis del sexo, las filias y demás curiosidades.
El título original de la película es “El sexo ataca (primer acto)” ya que, como pasó con “La Biblia en pasta”, Summers quería hacer más entregas de la película, pero como la taquilla en estas ocasiones no era muy alta, ambos  proyectos de saga se quedaron en los primeros títulos.
Es especialmente graciosa la introducción de la película, donde vemos a un presentador de televisión advirtiéndonos que estamos ante una película asquerosamente machista, en la que solo se mostrará el sexo femenino, pero que cuando el estado, la democracia y el gobierno estén preparados, no tendrán inconveniente en mostrar también el sexo masculino. Así durante toda la película vemos a las señoritas en pelota picada, y a los caballeros que las acompañan en  gayumbo largo.
También nos cuentan, a modo de ficción, el rodaje y posterior montaje y doblaje de una película porno, extracto este que resulta especialmente simpático y con el que se cuenta con la presencia del director Leon Klymovsky y donde se “denuncian” los dobles de cuerpo y las dobles versiones, todo ello con un sentido del humor incisivo, que camuflado de chuflilla, va a poner el dedo en la yaga.
Hilarantes resultan las entrevistas a la gente del pueblo, dónde el propio Summers pregunta a las personas de más bajo nivel social cosas tan sencillas como ¿Qué es un orgasmo?. ¿Qué es el clítoris?. ¿Qué es el onanismo?... Las respuestas de la gente son cuanto menos sorprendentes, y dejan claro algo que ya sabíamos: que la gente es tonta. De hecho todo el documental gira en torno a lo mismo, lo idiota que es la gente y lo poco informada que está acerca del sexo.
En las escenificaciones, contamos con la presencia de  no- actores habituales de las películas de Summers como Celedón Parra, y otros profesionales como Gracita Morales, Emilio Fornet, Cristina Galvó o José Riesgo (el entrañable Julián de Barrio Sesamo) y la presencia, además de Kilmovsky, de Jorge Grau.
En definitiva, una película muy divertida e interesante, con el sello del director  en cada uno de los fotogramas, provocadora y adelantada a su tiempo, que recomiendo encarecidamente.

lunes, 28 de julio de 2008

SUÉLTATE EL PELO

Secuela de "Sufre Mamón", el vehículo de lucimiento para los "Hombres G", con "Suéltate el pelo" Manuel Summers, director, diría adiós al cine y, poco después, a esta porculera vida.
Si aquella era muy buena, esta es una mierda como un templo de grande.
Al año siguiente del exitoso estreno de "Sufre Mamón", la factoría Summers estrenó esto, metiendo a unos "Hombres G", ya consagrados, en una trama que no hay dios que se la crea, en la que David Summers es estafado y encarcelado.
Una niña de catorce años le manda una carta de amor en la que incluye 10.000 pesetas. David decide devolvérselas y, durante el encuentro, la niña se despelota y abraza al cantante mientras un fotógrafo saca fotos de todo. Este hace chantaje a los "Hombres G", diciendo que si no pagan las publicará. Pagan y, aun así, se publican. Tarde o temprano los "Hombres G" se tomarán la revancha para desmantelar a esa red de estafadores.
Aquí las cancioncitas se suceden cada tres minutos, y si el argumento ya es insoportable, las cancioncitas lo hacen directamente invisible.
Una auténtica tontería.
Lástima que Manuel Summers dejara como testamento esta película.

viernes, 4 de agosto de 2023

CUANDO ALMANZOR PERDIÓ EL TAMBOR

Era tendencia en nuestro cine popular de los años 80, que cuando una fórmula funcionaba bien, fueran varios los que la copiaran copando la cartelera de títulos de similares características. Y, mira tú por donde, el que solía traer esa fórmula solía ser siempre Mariano Ozores, que abría la veda para que directores, no necesariamente segundones, se sumaran al estilo que en ese momento cultivaba Mariano. Cuando Ozores se metió de lleno en aquellas películas con el divorcio como telón de fondo, por ejemplo “¡Qué gozada de divorcio!”, pronto llegaría Summers a hacer los propio con “El primer divorcio” y, copiando descaradamente, Juan Bosch con “Caray con el divorcio”.
“Cristóbal Colón… de oficio descubridor” fue el pistoletazo de salida que dio inicio a la popular trilogía de parodia histórica, el spoof autóctono, tres títulos de gran tirón popular producidos por José Frade, y en los que la mayor baza cómica consistía en los anacronismos y los chistes de política de la transición. Las tres películas partían de hechos históricos que, con cierto rigor a la hora de ser planteados, acababan siendo destrozados por los chistes sobre UCD o Alianza Popular. La mejor de todas, naturalmente, sería “Cristóbal Colón… de oficio descubridor”, por supuesto, dirigida por Mariano Ozores. A esta le seguirían, más mediocres, “Juana La Loca… de vez en cuando” con Lola Flores y dirigida por José Ramón Larraz, y “El Cid Cabreador” de Angelino Fons y protagonizada por Ángel Cristo. A este combo podíamos sumarle esa joya del cine valenciano parido desde la contracultura como fue “Que nos quiten lo bailao” de Carles Mira, no nos olvidemos de “La Biblia en Pasta” de Summers y la que nos ocupa, “Cuando Almanzor perdió el tambor”.
Pese a tener en plena forma a toda la plana mayor de la comedia popular española, esto es: Antonio Ozores, Juanito Navarro, Florinda Chico, Quique Camoiras, Luis Varela, Vicente Parra, Ricardo Merino.., sin lugar a ninguna duda “Cuando Almanzor perdió el tambor” es la peor de todas estas películas. Un intento de Luis María Delgado por recoger los frutos sembrados por la trilogía de Frade a destiempo y cuando la fórmula ya estaba más que agotada.
La acción se traslada al año 1002 cuando Almanzor tenía bajo su yugo a los cristianos y estos debían pagarle el pertinente tributo. Almanzor pide en pago doce doncellas y, a no tener ninguna disponible, lo que los Reyes Cristianos le envían es a doce putas. El festival de lo vulgar, lo chabacano y lo soez, está servido.
Una parodia histórica de menos de hora y media, con mucho menos presupuesto del que este tipo de películas solían contar y una dirección bastante apocada y perezosa por parte de otro de nuestros artesanos más exitosos, Luis María Delgado. Una metralleta de chistes de fútbol, política y guardias civiles que pierde fuelle a medio camino. Suerte que la presencia de Antonio Ozores, que suelta chascarrillos e improvisaciones a cascoporro, salvan de la quema una película que es de lo peorcito de aquellos años. Cosas como el memorable comienzo, con un plano de Ozores vestido de Almanzor subido a caballo y limpiándose las gafas con un Kleenex (y de la marca Kleenex como reza la cajita que lleva), consiguen que el espectador se ría. Pero nada más. Cuando no está Ozores en plano, el resto es terriblemente tedioso. Y, para más inri, no tenemos NADA de destape. Desde luego, “Cuando Almanzor perdió el tambor” es una auténtica rara avis de la época. Sin chispa, sin gracia, pero una rareza.
También resulta positivo, aunque cutre, que, nada más comenzar la película, una voz en off nos va introduciendo en la historia, acompañándose por una serie de bonitas ilustraciones hechas para lo ocasión por José Ramón Sánchez. El póster original de cines también es cosa suya. Y Sánchez siempre ha sido una maravilla.
El resto ¡No se toca! ¡Caca!

lunes, 7 de octubre de 2019

EL NIÑO ES NUESTRO

Tras el éxito que obtuvo “Adiós, cigüeña, adiós”, lo más normal era que se rodara una secuela. Así que retomamos la acción justo dónde acaba la primera película para ver como la pandilla protagonista está sacando adelante al bebé de Paloma y Arturo, encargándose por turnos de su cuidado, e incluso ejerciendo de curas en una improvisada ceremonia de bautizo. Sin embargo, un día el bebé enferma y tienen que llevarle al médico, por lo que no les queda más remedio que confesar que el bebé es fruto de la unión sexual de los dos adolescentes. Ante la ira de los conservadores padres de los muchachos, enviarán al niño a un hospicio y, a la madre, la internarán en un colegio.
No contenta la pandilla con el devenir de los acontecimientos, decidirán, por su cuenta y riesgo, recuperar al bebé por todos los medios.
Al igual que “Adiós, cigüeña, adiós” el final de “El niño es nuestro” no queda del todo cerrado, quizás, con la idea ya preconcebida de continuar haciendo películas con estos personajes. Sin embargo, y aunque la película metió en las salas un millón setecientos mil espectadores, la cosa ya no era como en el primer título, que metió casi cuatro, y ya no se rodó una tercera parte.
El principal problema de “El niño es nuestro” es que es reiterativa con respecto a la anterior y se alarga una situación que ya no da más de sí, por lo que se nos plantean unos hechos durante el primer tercio de la película, para luego alargar el chicle hasta el máximo durante más de la mitad del film. Está entretenida, es divertida —a día de hoy completamente antigua y desfasada— pero es ligeramente inferior a su predecesora.
Por supuesto, el trabajo de los niños actores es el principal soporte de la película, y Currito Summers, sabedor su tío Manolo del gancho que tenía con el público, acapara los mejores momentos, los mejores chistes, e incluso se le hace protagonizar una subtrama en la que el muy granujilla se enamora de una niña dentona y con coletas.
Se deja ver, pero queda claro que es un trabajo que Summers realizó por explotar el filón de su anterior película. La historia que quería contar, ya estaba contada.
Me quedo con sus películas más morbosas y sensacionalistas, como por ejemplo “Charlie and the hooker”, es decir, “El primer pecado”.
Para completistas.

viernes, 5 de junio de 2020

PUBERTAD... ADOLESCENCIA, LA EDAD DIFÍCIL

La factoría Balcázar, sacando partido al cine adolescente de Summers y, en concreto, a “Adiós, cigüeña, adiós”,  en una película de idéntica finalidad, pero sin un ápice del talento que tenía el de Huelva. Por supuesto, si las películas de Summers eran un pelín sensacionalistas, esta ya riza el rizo.
Cutre, escabrosa y con un malsano y conservador punto de vista, cuenta la historia de una serie de adolescentes y sus tempranas experiencias con el sexo contrario. Mientras que en colegio se les educa para que sitúen todo lo relacionado con el sexo dentro del contexto del amor y la familia, Óscar, el protagonista, tiene ideas al respecto mucho más liberales. Tras una serie de experiencias sexuales y una sucesión de desprecios, acaba dejando embarazada a una chica. Como es un embarazo inadecuado, los padres de esta optarán por hacerle abortar, cosa esta que, en unos tejemanejes de los adolescentes, no llegará a suceder. Por supuesto, no faltarán imágenes de quirófano que nos mostrarán con todo lujo de detalles el sangriento nacimiento de un bebé.
Por supuesto, es su condición de película rara y casi extinta la que motiva el visionado, porque, como se podrán imaginar, sentarse frente a esta serie Z de corte lacrimógeno, es tan agradable como hacerlo frente a un pelotón de fusilamiento. Cero valor cinematográfico, cero interés general, pero interesante como subproducto raro, misterioso y desperado.
Por lo visto la película, rodada en  1975, permaneció en las latas hasta que finalmente pudo estrenarse en 1979, cuando estas películas de adolescentes que se hacen padres antes de tiempo y con los films intelectuales de la nueva comedia madrileña campando a sus anchas en los cines, ya no importaban un carajo. En consecuencia, fracasó en taquilla, teniendo posteriormente alguna ignota edición videográfica como toda constancia de su existencia. Ahora, gracias a Internet y sus inquietos usuarios, podemos localizar una cochambrosa copia sin que escarbemos mucho, y así podemos quitarnos el mono de rareza. Pero la magia de lo raro y oscuro, desaparece cuando le damos al play y comprobamos en propias carnes el por qué este tipo de películas permanecen ocultas; porque es donde mejor están.
Dirige el inefable Alfonso Balcázar, firmando la cinta esta vez con uno de sus seudónimos, Albagran, que  es una forma de hispanizar el otro pseudónimo con el que firmaba películas de posible tirón más internacional, Al Bagran. Se quedó a gusto.
El prota, Jaime Gamboa, es un clónico de Pedro Mari Sánchez pero con parálisis facial, incluso llegó a aparecer en unas cuantas películas más, pero pronto, al tiempo que esta película se estrenaba, abandonaría la interpretación para siempre. Es tan inexpresivo, que sabemos que en una escena en la que vacila a su profesor, se está haciendo el chulito porque el tono del actor de doblaje que suplanta su voz así nos lo hace ver, que por lo que a su interpretación se refiere, podía estar en un velatorio.
También tenemos por ahí, más perdido que un hijo puta en el día del padre, al coreógrafo y bailarín Nacho Duato, que asomaba su careto por primera vez en una película.
Ahora, si quieren, ya pueden borrar el archivo.

viernes, 31 de mayo de 2013

YO LA VI PRIMERO

Un niño de siete años tiene un accidente de bicicleta que lo dejará en coma durante veintitantos años. Un día, ya con 35, le cae en la cabeza un cuadro que le hará despertar de su letargo ante el asombro de sus padres. Su cuerpo ha crecido con los años, pero su cerebro no, por lo tanto, tenemos a un señor de 35 tacos con la mentalidad de un niño de 7 al que hay que reeducar.
Por otro lado, el muchacho toma contacto con su novia de cuando era un jovencito y de la que está muy enamorado, lo que le traerá muchos problemas con el marido de esta.
Todo se solucionará de la manera más extraña e inquietante.
Años llevaba yo queriendo volver a ver “Yo la vi primero”, hasta que, por fin, alguien la ha colgado en internet para regocijo de unos cuantos.
Y es que en plenos años 80, dieron un pase de la película por televisión, que marcó, y mucho, a todo jovenzuelo que la vio en su día. Naxo y servidor entre ellos. Y es que contiene una escena del todo aterradora, y más si la ves a tierna infancia: El protagonista, tiene un sueño. En el, vemos a la niña de la que está enamorado jugando en el parque. De repente, una mano surge de lo alto de un árbol, engancha a la cría y la sube a lo alto de la copa. Una vez arriba, y ante la mirada del protagonista, el señor de la mano misteriosa, que resulta ser el marido de la niña en versión adulta, ni corto ni perezoso le arranca el brazo y comienza a devorarlo con fruición. Esa escena nos marcó para siempre y durante todos estos años la hemos recordado como una de las cosas más aterradoras vistas en una pantalla… hasta que la volví a ver anoche. Obviamente, el mal rollo que causa sigue vigente, pero como en todo momento se nota que es un pedazo de muñeco lo que el señor se lleva al árbol, y que está todo hecho de manera muy cutre, ya da risa  más que otra cosa, pero ahí queda.
Por lo demás, se trata de una película muy setentera dirigida por Fernando Fernán Gómez, que se marca, no obstante, una historia rara de pelotas. Interpretando a este niño grande tenemos a un increíble Manuel Summers, que tiene todas las expresiones propias de un chaval de 7 años, y la verdad que lo hace muy bien.
Curiosamente, la historia y el guión son obra del humorista gráfico Chumy Chumez, y una vez sabido esto, le vemos hasta coherencia al extraño y “malalechero”argumento.
El reparto encabezado por Summers (más conocido como director que como actor), es también de lo más variopinto, contando con el director Leon Klimovsky como padre del niño, Emilio Fornet, Irene Gutierrez Caba o el propio Fernán Gómez.
Una película única en el cine español, que obviamente, traumatizará a todo niño que la vea, pero que a los adultos que la vimos siendo críos, nos provoca, al menos en mi caso, cierta incomodidad, a pesar de corroborar que, en realidad, lo del señor comiéndose a la niña no era para tanto.

martes, 24 de mayo de 2016

MIS FOTOGRUMOS FAVORITOS

Aunque hoy se haya convertido en un panfleto lameculero de las distribuidoras y el cine español, y cada nuevo número parezca más un folletín publicitario que una revista de cine, hace años, muchos años, "Fotogramas" era mi lectura favorita. Mis mayores la compraban puntualmente cada mes, y siempre que la ojeaba encontraba imágenes, reportajes, posters o carátulas (durante el auge del video-club) que me fascinaban y disparaban mi imaginación. Luego, cuando dejaron de comprarla, cogí el testigo, aunque para entonces ya no molaba tanto. Llegué incluso a ganar una suscripción para un año. Por lo visto hubo un error en administración, porque, pasados esos 365 días, seguí recibiéndola gratis a mi casa durante bastante más tiempo. Lo malo es que, por entonces, "Fotogramas" iba siempre acompañada de esa basura hipnótica en su condición de aborto impreso que era "Fantastic Magazine".
Pero centrémonos en la buena época de "Fotogramas". Llegué a acumular un porrón de ejemplares, pero un día me dio el siroco (coincidiendo con mi primer intento de emancipación) y los tiré TODOS, uno por uno (junto a los "Pantalla 3", "Imágenes de actualidad" y tantas otras). Suerte de mi amigo Vicente que también los tenía y todavía no se había deshecho de ellos. Un día me comentó si quería echarle un ojal a alguno. Y, lógicamente, le pedí aquellos que encajaban entre finales de los 70 e inicios de los 90. Los que tanto devoré siendo chaval.
Tras darles un repasito bien completo, decidí recuperar algunas páginas concretas por considerarlas raras, curiosas, interesantes o por despertar al nostálgico que hay en mí, últimamente demasiado ocupado.
El resultado a tanto desbarajuste justo a continuación, en riguroso desorden...



Joder, ¿cómo olvidar el impacto que supuso para mi visionar este clásico del "trash" made in el temible René Cardona Jr.?.
Lanzada a rebufo de la moda "Indiana Jones", y con una engañosa caratula, como debe ser (El aparente "pseudo-Indy" de la portada no era el verdadero prota, y encima la palmaba antes de acabar la peli), la alquilé pensando que me encontraría pues con una de aventuras pa la familia... no me esperaba para nada ese festín de truculencia "a la italiana", con primeros planos de cangrejos extrayendo ojos y otras burradas.
Años después, ya superado el trauma, me la agencié en VHS y volví a verla... la diferencia es que esta vez únicamente me pareció jodidamente aburrida. Me deshice de ella.



Pues sí, amigos, la aristócrata del cine respetable y sensible, apreciada por críticos sesudos, feministas y demás hipócritas, tiene dos pecadillos de juventud. Uno ya lo conocemos, haber escrito el guión de la costrosa "Morbus (o bon profit)" de Ignasi P. Ferré. La otra, ¡haber sido "chica bond"!... eso sí, al fondo de todo y sin destacar.


Fue ver este cartel y, súbitamente, recuperar una serie de recuerdos que, la verdad, hasta ese momento andaban totalmente perdidos. Yo consumí este producto animado en su día, pero no alquilándolo... ¿por alguna tele autonómica? (¿existían ya entonces?) o, mejor, ¿en el cine?. No descarto esto último. El caso es que de pronto me vino la imagen de ese lobo patillero levantando el puño enfurecido y gritando eso de "¡Me las pagarás!", siempre como colofón de cada aventura. También recuerdo que la calidad de los dibujos era muy parecida a la de las pelis porno animadas de los 70. Te daba la sensación de que en cualquier momento el lobo y el conejo harían las paces por la vía rectal.


¡¡Ay Garci, Garciiiii!!, tuviste un berrinche de niño mal criado, soltaste el escupitajo, este quedó impreso y, hoy, tantos años después, vemos que no eres hombre de palabra. ¡Volviste a rodar!, y no poca cosa. Sería fácil decir aquello de: Seguramente muchos habrían dado una pierna para que esas palabras se cumplieran... pero también seguro que nuestro Víctor no sería uno de ellos, que siempre se ha declarado miembro honorífico de la "causa Garci".
Eso sí, enardece ver cómo no hemos cambiado nada en España. Ya en aquella época éramos unos envidiosos y rabiosos, unos "haters" que los llaman ahora, y vomitábamos nuestra bilis sin miramientos sobre aquellos que tenían éxito. ¡Biba Hezpaña!.



¿Os podéis creer que nunca he visto esta peli?, sin embargo el cartel me gustaba mucho. Y creo que vi el trailer en alguna cinta y también me gustó. Pero la peli no llegó a ser bendecida por mis bonitos ojos (hasta unos años después). En cualquier caso esta era una de esas imágenes resguardadas en lo más profundo de mi psique, que había olvidado por completo, y que despertó con violencia, como la corrida de un mono, cuando me topé con el cartel durante la sesión de revisaje fotogrumero.


A raíz del éxito de "Loca academia de policía" se ponen de moda las comedias con la palabra loco/loca en el título. Tenemos "Locademia de conductores", "La loca historia de los tres mosqueteros" o "Estos Zorros locos, locos, locos", entre cientos más. Entonces se anuncia el rodaje de una comedia en España con punkis de por medio y la inevitable e irritante "cinefilia respetuosa" de siempre de la mano de un viejo conocido de este blog, Santiago Lapeira. Que no, que dice que el título es una imposición comercial, que lo de "Loca patrulla de verano" es solo para que la peña pague entrada, pero que de homenajes a la moderna comedia yankee ni por el forro, en su lugar el discurso recurrente: cine clásico, carne de Filmoteca y el puto Billy Wilder. Bla, bla, bla.
La parte triste de esta historia no está en el párrafo anterior, sino ante el hecho de que, a pesar de las dolorosas concesiones comerciales que hizo su director, la peli... bueno, ¿alguien sabía de ella?, ¿esto se estrenó? , ¿lo sacaron en vídeo?. No sé... puestos a caer, al menos hazlo con el cuello bien alto, ¿no?.



Joder que puto mal rollo con las películas "mondo".
En fin, ahí va una de las carátulas que más corrieron por los video-clubs y uno de los "mondo" más burracos que recuerdo. Yo, como adolescente adicto a emociones extremas, me comí muchos "mondos" y la verdad es que era un acto sadomasoquista, porque lo pasaba fatal y al terminar me quedaba hecho polvo. Creo que había algo de "oscuro y prohibido" en ello que me alteraba el flujo de adrenalina, no sé. Hoy no sería capaz de comerme otro "mondo", lo reconozco, su solo "look" cerdo y granuloso ya me da mal cuerpo nomás comenzar. Cosas de la edad.



Hubo un tiempo en el que, como a todo jovenzuelo indocumentado, me flipaba John Waters y se me caía la baba ante un anuncio como este que ven aquí. ¡¡Que bizarrada!!. Y alquilé "Pink Flamingos", y flipé, e invité a mis amigos a verla, y fliparon, y la copié de vídeo a vídeo. Hasta que un día descubrí las dos dolorosas verdades con respecto a John Waters que hoy todavía muchos panolis desconocen: UNO- Todo su legado estético formal se lo mangó a los Hermanos Kuchar. DOS- Era y es un puto vendido.
¡Que le jodan!.




De esta no voy a hablar porque ya lo hizo Víctor en su día. Y de hecho, me mandó la peli, pero no llegué a verla, ahí la tengo, en el disco duro esperando a que me decida. Y como en el caso de "Me las pagarás" o "Johnny Peligroso", fue reencontrarme con su extraño y crudo cartel y recuperar todas las inquietantes y desconcertantes sensaciones que obtuve la primera vez que, siendo chinorri, esta imagen casi de peli porno gayer se plantó ante mí desde las páginas de "Fotogramas".



Lo flipante de este anuncio a doble página no son las pelis que promociona, sino... ¡¡lo genialmente cutre de su aspecto!!, hecho a mano por un retrasado, con Letraset pegado toscamente.... en fin, lo opuesto a los mandatos del diseño gráfico. Sin embargo, ahí lo tienen, dos páginas en el "Fotogramas", ¡qué maravilla!, ¡¡hay que ver cómo han cambiado los tiempos, cojones!!.



En una ocasión, hace ahora unos pocos años, editamos un fanzine apadrinado por este blog que incluía un artículo la mar de completo y entretenido sobre la trayectoria del cineasta español Manuel Summers. Bien, el firmante fue Víctor, verdadero interesado en el sujeto. No es ese mi caso. Sin embargo, por nostalgia, me ha hecho gracia recuperar acá para ustedes la publi de lo que fue un auténtico taquillazo (y fenómeno) en su época, "To er mundo e... güeno", la famosa película a base de bromas pesadas mediante cámara oculta. Naturalmente, siendo como era Summers humorista gráfico, la publi no podía limitarse al cartel, tenía que ir acompañada de un simpático dibujillo del interfecto.



Hace unas imágenes más arriba hablaba del "boom" de las comedias con la palabra loco en el título. Pues bien, ¡ahí va otra! y esta con más razón que nunca ya que el director, Hugh Wilson, es el mismo que firmó la madre de todas, la loca academia de maderos.
Lo curioso de "Esos locos cuatreros", aparte de lo mentado y del protagonismo de Tom Berenger, es que se parió en co-producción con España. Y recuerdo que cuando me enteré de eso en su época, ¡se me quitaron las ganas de verla!. Era como si, al ser medio Española, asumiera que el proyecto perdía categoría. ¡Chico listo era ya entonces!. Y la verdad es que, a día de hoy, aún no la he consumido.



¡¡Y mira que en “Fotogramas” había páginas y páginas dedicadas a anunciar lanzamientos videográficos!!, ¿por qué, pues, centrarse en esta?. Lo desconozco. Llámenlo instinto. Fue verla y no dudar un segundo en escanearla. Tal vez por la presencia de “Los albóndigas en remojo”, una de mis “comedias teen” favoritas. Tal vez por el cartel de “Mr.Boo”, que siempre me pareció fascinante. O tal vez porque por segunda vez en este post aparece la peli española “nuevaolera” “Un par de huevos”. No lo sé. Pero en cualquier caso, ¡¿a que es  maravilloso?!.

Si tal apreciación se expande como una enfermedad venérea al resto de imágenes, significa que esta entrada les ha gustado. Y también significa que algún día, en el futuro, habrá otra. Con más imágenes de “Fotogramas” o de alguna otra revista cinematográfica de la época. La cuestión es nadar en nostalgia un ratito y recordar lo que, indudablemente, fueron momentos no mejores, pero sí más inocentes y, por ende, mágicos.

domingo, 10 de julio de 2011

F.B.I. FRIKIS BUSCAN INCORDIAR

Decido revisar esta película seis años después de haberla visto por primera vez y un par de veces. Tampoco es la primera vez que escribo unas líneas sobre ella, ya le dediqué algunos torpes renglones en su momento. Y me sigue encantando, y me siguen entusiasmando según que “Freaks”. Además, es una prueba fehaciente de que si ya en 2004 –que conste que yo si defiendo algunos tipos de telebasura- se acusaba a la televisión de ser una mierda, ahora, con tanto canal, con tanto TDT, si que la televisión es una autentica mierda. Antes al menos teníamos cuatro furcias, tres maricones y cinco o seis retrasados mentales para reírnos de ellos, teníamos unos “entertainments” de maneras y éticas mas o menos cuestionables como eran Javier Sardá o Javier Cárdenas, pero ¿Ahora?, ¿Qué coño es lo que tenemos ahora? Nada más que estúpidas rifas para timar a los televidentes y porno soft de quinta categoría.
Y en aquellos, aun recientes, pero ya lejanos años de euforia televisiva, con el programa “Cronicas Marcianas” dominando el “Share” a base de mostrar sin tapujos todo tipo de debilidades humanas (y todo tipo de indecencias), precisamente a Javier Cárdenas, colaborador de dicho programa, se le ocurre hacer una película de bromas, con estos freaks que amenizaban las noches televisivas, como principal reclamo, victimas y/o verdugos de las bromas de cámara oculta ( o no) que el periodista filmaría en Mini-DV. Nada nuevo, las películas de cámara oculta ya existían; los Austrialanos eran expertos, y Manuel Summers había conseguido grandes éxitos de taquilla con cosas como TO ER MUNDO E GÜENO, o TO ER MUNDO E MEJÓ.
La campaña televisiva a la que fue sometida la película, así como las querellas que algunos de lo protagonistas de la película, interpusieron contra su director, la convirtieron en un éxito.
Y vista hoy, la cosa está entretenida, por supuesto, pero nos damos cuenta de lo efímeras que son las cosas. Ya nadie se acuerda de “La pitonisa Lola” o del maravilloso Joan Antoni Estades de Montcaire i Bisbal. Carmen de Mairena caló hondo y por eso su recuerdo aun pervive, pero no tardara en sumirse en el mas absoluto de los olvidos. Y claro está, que como estos personajes ya no están de actualidad, las bromas que protagonizan han perdido gracia (que no fuerza… recuerden que Paco Porras, casi muere en el mar, remolcado por una lancha motora), porque dichas bromas tienen mucho que ver con lo que estos pobres retardados nos ofrecían en la pequeña pantalla.
De todas formas, la película me sigue pareciendo una obra maestra del humor cafre, y sigue teniendo un lugar de honor en mi dvdteca, pero llego a la siguiente conclusión; dentro de unos quince años, ¿Cómo quedará esta peli en el recuerdo?, un individuo que la vea de primeras, sin saber absolutamente nada de los personajes que la protagonizan, ¿Qué opinará sobre ella?, pues probablemente, ambas cuestiones se respondan con otra pregunta; ¿Esto que cojones es?
No obstante, como película, si la desparejamos de su pareja, la televisión, si que con el tiempo, puede llegar a convertirse en “aquella extraña película de bromas que protagonizaban cuatro retrasados mentales de la televisión de aquellos años”. O al menos, eso espero.
Por cierto, acojonante la intervención de Carlos Pumares, haciendo una acertada crítica de la película PEARL HARBOUR: “Te cuenta una derrota, como si fuera una victoria”.

miércoles, 7 de enero de 2009

LA PATRIA DEL RATA

El rata es un delincuente juvenil encarcelado tras hacer mil y una diabluras. Gracias a un amigo suyo que mueve unos hilos, es liberado como si fuese uno de los presos políticos excarcelados tras la muerte de Franco, aunque lo que de verdad quiere el amigo es que el criminal se una a un grupo terrorista que va a formar. El rata no acepta la proposición, ya que quiere enmendar su vida, así que recurre a los distintos partidos políticos de izquierdas a pedir trabajo, aprovechando su condición de preso que ha luchado contra Franco y se encuentra que, precisamente, por ser preso político los partidos no quieren saber nada de él, así que, de nuevo, se ve obligado a delinquir, atracando un banco que termina en secuestro y una niña minusválida de por medio.
Una película de maleantes bastante sobria, que se centra más en desenmascarar a la izquierda de la transición que en endiosar al delincuente, aunque eso también está: Las escenas dulzonas del rata con la niña minusválida, parecen extraídas directamente de "E.T." para que veamos lo bueno que es el tipo en realidad.
Dirigida por Francisco Lara Polop, artesano que rodó clásicos de la comedia más cafre y chabacana como "Virilidad a la Española" con Fernando Esteso o "Le llamaban J.R." y "J.R. Contraataca", películas que parodiaban la serie de t.v. "Dallas" para lucimiento del cómico Pepe Da Rosa , "La patria del rata" viene escrita por ¡¡¡Manuel Summers!!! Desconozco si está basada en algún delincuente real, pero esto huele a ficción mas que a otra cosa.
Se deja ver bastante bien, está entretenida, pero dista mucho de películas como las que vengo reseñando hasta ahora. 
Además “El Rata” tira de metralleta, y eso se agradece.