Una de las grandes obras maestras de la comedia española contemporánea, debut como director de Miguel Hermoso y, probablemente, una de las mejores películas, independientemente del género, de la historia del cine español.
"Truhanes" cuenta la historia de dos hombres, Ginés (Paco Rabal) y Gonzalo (Arturo Fernández), que, por avatares del destino, se encuentran entre las paredes de la prisión de Carabanchel. Gonzalo es un criminal de guante blanco que se dedica a la compraventa de antigüedades –robadas- y ha sido traicionado por sus socios, mientras que Ginés, Natural de Bullas, provincia de Murcia, es un carterista de tres al cuarto que ha dado con sus huesos en la cárcel en más de una ocasión. El caso es que estando ambos allí, deciden llegar a un trato; Ginés cuidará de Gonzalo durante su estancia en la cárcel, ya que al primero por experiencia y veteranía se le respeta, mientras que el segundo es carne de cañón en presidio. A cambio, una vez fuera, Gonzalo ayudará a Ginés a reemprender su vida.
Cuando Ginés sale de la cárcel y da con el paradero de su compañero Gonzalo, las más disparatadas situaciones cómicas, pero también dramáticas, se sucederán a lo largo del metraje.
El gen de esta película se remonta a 1974, año este en el que tras finalizar sus estudios en la escuela de cine, el director Miguel Hermoso, es condenado a prisión al ser detenido cuando filmaba una manifestación. Se le acusaba de propaganda ilegal. Al morir Franco, hubo una amnistía por lo que los presos condenados en esos cargos saldrían en libertad, pero al director le dio tiempo a pasar allí un mes y medio (de los ocho previstos). La sensación nada más entrar, la soledad del primer día –y que tan bien reflejada se ve en la película con la llegada a prisión del personaje de Arturo Fernández durante los títulos de crédito-, fueron los sentimientos que, años después, motivaron el rodaje de esta película.
Hermoso estuvo trabajando en publicidad durante una década que le sirvió de auténtica escuela a la hora de abordar un rodaje, en contraposición a la escuela de cine. Así que, tras tener los huevos pelados de rodar spots, decidió que ya era hora de ejecutar su primer largometraje, este “Truhanes”.
Eran tiempos en los que para rodar una película bastaba con que la idea gustara a un productor que decidiera financiarla. Hermoso movió su guion por las diferentes productoras. Pero la cosa no acababa de cuajar. Se llegó a decir incluso que un argumento como ese no funcionaría en taquilla a no ser que lo protagonizaran Pajares y Esteso, amos de la taquilla en aquellos días. Sin embargo, Miguel Hermoso tenía claro quiénes serían sus protagonistas; Paco Rabal y Arturo Fernández.
Como fuere, y ante las dificultades presentadas por los diferentes productores/inversores, Hermoso decidió producir él mismo su película, por lo que se vio obligado a invertir en ella todos sus ahorros y a empeñar sus bienes, hogar incluido y, así, afrontar los riesgos que una producción conlleva. Claro, en la época no era tan difícil como lo pueda ser hoy exhibir después la película producida, máxime cuando se cuenta con dos estrellas en el reparto.
Por otro lado, tampoco fue fácil lidiar con el ego de sus actores protagonistas que no eran conscientes de que iban a enfrentarse a papeles imprescindibles en sus respectivas filmografías. Es por ello que tanto Paco Rabal, como su hermano Damián, a su vez su representante, mostraban cierta reticencia ante el papel de Ginés ya que este requería que Rabal no luciera el peluquín que acostumbraba a ponerse normalmente, y es que aunque el actor ya era un hombre maduro, todavía tenía arraigado el concepto de galán clásico en sus entrañas; Rabal. Aparecer calvo en la película, pensaba él, acabaría con esa posición. Finalmente, y muy acertadamente, accedió.
Por su parte, Arturo Fernández – más galán todavía- se encontró, por un lado, con que la imagen de hombre guapo y casi aristocrático que daba en el teatro podía verse afectada en una película en la que no solo tenía que aparecer en muchas de sus secuencias desaseado y mal vestido, sino que en algunas de ellas, cual mamarracho, debía aparecer con un traje varias tallas más pequeñas, y no es que sean manías de típico actor presumido, es que Arturo Fernández vivía de interpretar al galán de toda la vida. El público no quería verle en otro rol, por lo que tenía mucho que perder y nada que ganar en el caso de que la película resultara un fiasco. Pero ese no era el mayor inconveniente, el mayor problema era compartir protagonismo con Paco Rabal, al que Fernández consideraba un maestro. No puede ser que haya dos gallos en el mismo gallinero. Fernández pensaba que, a pesar de contar con mayor número de escenas que su partenaire, el papel que se iba a calar en el público era el de Paco Rabal quien se llevaba las mejores escenas en un guion y, por tanto, acabaría eclipsándole. El propio Miguel Hermoso fue a verle al teatro donde trabajara durante le pre producción y le convenció para hacer la película alegando que, efectivamente, Rabal era el motor, uno que de ninguna manera arrancaría sin la gasolina de Arturo Fernández. Y ambos actores están memorables en la película, si bien es cierto que mientras los premios y honores se los llevaba Paco Rabal, hay quien decidió premiar a Arturo Fernández por su labor, cosa que el actor agradeció y no se esperaba. A título personal, decir al respecto que abogamos desde estas ciber páginas por la actuación de Fernández por encima de la de Rabal. Los dos están muy bien, pero el primero está de antología.
Claro que el nivel actoral de la película es muy grande a todos los niveles, y si memorables están Rabal y Fernández, no menos los secundarios, sobretodo en la primera parte, que transcurre en prisión, con las presencias del eterno Emilio Fornet, Fernando Bilbao o sobretodo, Rafael Díaz, visto en películas como “¡Ay, Carmela”, secundario invisible del cine español que compone el personaje de “El Lupas”, un entrañable intelectual del lumpen, que roba escenas a cada momento que puede.
Todos estos secundarios brillan con luz propia en todas las escenas en las que sus personajes se reúnen en la celda de uno u otro y tienen conversaciones totalmente improvisadas que dotan de frescura, química y saber hacer el material.
Por otro lado, y directamente del cine folclórico y sugerida para el papel por el propio Paco Rabal, Lola Flores interpreta a la hermana de Ginés, que en un momento, y debido a una fuga, da cobijo en su hogar a nuestros protagonistas. Flores, que nunca había tenido la oportunidad de actuar más allá de ser el icono que era, en una película para su propio lucimiento, demuestra que todo el poderío que tenía como folclórica, lo tenía también como actriz ajena a todo eso, dando unos resultados, en sus escasos minutos en pantalla, del todo eficaces y a la altura de sus protagonistas.
La película se estrenó en el festival de San Sebastián, cosechando un gran éxito. Por aquel entonces el evento no tenía películas a competición, así que "Truhanes" tan solo recibió el premio que le otorgó el público a Paco Rabal en calidad de actor, pero fue un pistoletazo de salida que, aunque de discreto paso por salas congregando unos 350.000 espectadores, sí hizo ganar mucho dinero a su productor/director con la venta a, prácticamente, todas las televisiones del país que la emiten con mucha regularidad, y a otras tantas Europeas, convirtiéndose así en un film muy popular con el paso de los años.
Y es que “Truhanes” sería una rara avis de los ochenta, que vino a las pantallas en tiempos en que en el cine español lo que primaba era una comedia de corte erótico y sexual, ya viniera este desde el desmadrado objetivo de Mariano Ozores, o desde el de los miembros adscritos a la nueva comedia madrileña capitaneada por Colomo o Trueba. “Truhanes”, que también tendría sus dosis de destape, sin embargo, era un tipo de película extraña y distinta que no se adscribía a ninguna de las dos corrientes imperantes. A eso añádanle que, sí, se trata de una comedia, pero con pinceladitas dramáticas y que mezcla subgéneros teniendo gotitas de cine policiaco, obviamente del cine presidiario y, considerando en cuenta los personajes secundarios que pululan por la cárcel, muy extraño es que no aparezca en esos listados de cine quinqui elaborados por fans del subgénero empeñados en incluir cualquier película en la que aparezca un delincuente. El resultado final de este cóctel de conceptos es verdaderamente divertido y, por muchos años que pasen, la película nunca se queda desfasada u obsoleta, asimismo, posiblemente sea una de las comedias españolas menos disparatadas que, sin embargo, mayor número de carcajadas provoca al espectador, y que deja ese regustillo tan agradable en el subconsciente colectivo.
Por otro lado, técnicamente esta bien rodada, mejor montada y de corte clásico, un ejemplo de ritmo del mismo modo que muestra, también de forma maestra, como hilar tramas y subtramas y que todas acaben desembocando en el mismo lugar. Un trabajo bien hecho.
Miguel Hermoso, que sería un solvente director a lo largo de su carrera con buenos films a sus espaldas como “Como un relámpago” o “La Luz Prodigiosa” y films directamente malos como el fallido biopic sobre la anteriormente mentada Lola Flores “Lola, La película”, jamás volvería a rodar nada semejante.
El prestigio, a posteriori, generó que diez años después se produjera una serie de 26 episodios basada en la película y en la que repetirían los personajes principales, Ginés y Gonzalo, nuevamente interpretados por Paco Rabal y Arturo Fernández, en una suerte de sitcom a la española, un vodevil televisivo que no casaba nada con los personajes y dirigiría el propio Miguel Hermoso. Sin ser algo que no pueda disfrutarse en una tarde tonta, comparada con la película resulta infinitamente inferior.
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sábado, 19 de abril de 2008
lunes, 29 de abril de 2024
CITY OF BLOOD (CIUDAD ENSANGRENTADA)
Thriller sudafricano con toquecitos de terror en el que un médico forense cercano a la tercera edad —con cierto parecido a Paco Rabal—, investiga una serie de asesinatos de prostitutas blancas, realizados por alguien negro, que resultará ser un antiguo líder de una tribu local que ha vuelto a la vida tras muchos años muerto.
Una cosa insípida con investigaciones que llevaran a nuestro protagonista a hurgar en archivos y esquinas callejeras, lo que se traduce en ver al Paco Rabal de tercera caminando mucho, haciendo muchas preguntas a más personas de la tercera edad y sorprendiéndose en demasía cuando descubre que la proveniencia de los asesinatos pueda ser de corte sobrenatural. Vamos, el tedio más absoluto propio de un telefilme de cuarta categoría, rodado con los medios de una película de primera.
Al margen del aburrimiento generalizado, se trata de una producción sudafricana, por lo que el tempo es distinto al de las americanas y tiende a aburrirnos más todavía. Es igualmente desconcertante que el espectador tenga más información de la que necesita desde el minuto uno, gracias a un prologo que prácticamente nos revela el desenlace.
Por lo demás, estamos ante una película desangelada cuyos problemas propiciaron que, habiendo sido rodada en 1983, no se estrenara hasta bien entrado 1987 en los países de habla inglesa. Naturalmente, a España llegó en formato videográfico vía José Frade, en una versión mucho más digerible que la concebida originalmente (tampoco demasiado), porque está recortada deliberadamente, sin ningún tipo de problema, en unos 10 minutos.
Una cosa insípida con investigaciones que llevaran a nuestro protagonista a hurgar en archivos y esquinas callejeras, lo que se traduce en ver al Paco Rabal de tercera caminando mucho, haciendo muchas preguntas a más personas de la tercera edad y sorprendiéndose en demasía cuando descubre que la proveniencia de los asesinatos pueda ser de corte sobrenatural. Vamos, el tedio más absoluto propio de un telefilme de cuarta categoría, rodado con los medios de una película de primera.
Al margen del aburrimiento generalizado, se trata de una producción sudafricana, por lo que el tempo es distinto al de las americanas y tiende a aburrirnos más todavía. Es igualmente desconcertante que el espectador tenga más información de la que necesita desde el minuto uno, gracias a un prologo que prácticamente nos revela el desenlace.
Por lo demás, estamos ante una película desangelada cuyos problemas propiciaron que, habiendo sido rodada en 1983, no se estrenara hasta bien entrado 1987 en los países de habla inglesa. Naturalmente, a España llegó en formato videográfico vía José Frade, en una versión mucho más digerible que la concebida originalmente (tampoco demasiado), porque está recortada deliberadamente, sin ningún tipo de problema, en unos 10 minutos.
El Paco Rabal del que les vengo hablando desde hace un rato es Joe Stewardson, actor inglés todo terreno que aunque protagoniza esta cinta, en realidad su labor en el cine se reduce a interpretar papeles secundarios de variado pelaje, apareciendo por ejemplo en “Puños fuera” al lado de Bud Spencer, “Juego de buitres” de James Fargo y cosas de aún más baja alcurnia.
Asimismo el director de este desaguisado es Darrell Roodt, sudafricano como el demonio y como la propia película. “City of Blood (ciudad ensangrentada)” es una de sus primeras incursiones en cine y preludio de una carrera un tanto atípica que se completa con títulos de corte popular como puedan ser “Sarafina”, al servicio de Whoopy Goldberg, “El enemigo público número uno… Mi padre” con Patrick Swayze, “Tierra de odios” con Ice Cube o, ya bajando mucho el listón, “Drácula 3000”. Más demencial si cabe, suya es “Mandíbulas 6: El legado”.
“City of Blood (Ciudad ensangrentada)” es la película que pondría en el mapa al director y le permitiría rodar a posteriori todo eso que les he dicho y más. Y nada de ello excesivamente interesante.
Asimismo el director de este desaguisado es Darrell Roodt, sudafricano como el demonio y como la propia película. “City of Blood (ciudad ensangrentada)” es una de sus primeras incursiones en cine y preludio de una carrera un tanto atípica que se completa con títulos de corte popular como puedan ser “Sarafina”, al servicio de Whoopy Goldberg, “El enemigo público número uno… Mi padre” con Patrick Swayze, “Tierra de odios” con Ice Cube o, ya bajando mucho el listón, “Drácula 3000”. Más demencial si cabe, suya es “Mandíbulas 6: El legado”.
“City of Blood (Ciudad ensangrentada)” es la película que pondría en el mapa al director y le permitiría rodar a posteriori todo eso que les he dicho y más. Y nada de ello excesivamente interesante.
martes, 8 de abril de 2008
JUNCAL
Lo primero de todo: Aclarar aquí que odio los toros. Me parece un espectáculo lamentable, no ya solo por su crueldad y su bestialidad. Me parece espantoso por lo aburrido que es todo lo relacionado con la tauromaquia. Es decir, que si los toreros, en lugar de matar animales, torearan, por ejemplo robots, me parecería igual de aburrido. Sin embargo, siento una extraña atracción por todo lo patrio. Soy fan de Lola Flores, de Peret y de las películas de Joselito. Nada me pone los pelos más de punta que una saeta bien “cantá” o admirar durante horas un bodegón bien “pintao”. Por eso no os debe extrañar que me encante la imagen de los toreros, jóvenes paletos, dispuestos a lo que sea con tal de conseguir la gloria. Me encanta, con todo su patetismo y su garrulismo. Repito, estoy en contra de todo tipo de violencia animal (hago especial hincapié, que luego hay malentendidos), es la actitud del torero la que me fascina y como buen hortera que soy, me encanta su look. No hay nada que me parezca más chulo que un tío vestido de luces, con todo el paquete de lado. Me he zampado, con dos cojones, todas las pelis de toreros, de el Cordobés, del Platanito, e incluso una que protagonizó el Juli antes de convertirse en figura, titulada "Sueño de luces", bastante costrosa, que hoy está ilocalizable, precisamente porque el propio torero se encargó de que ese bodrio desapareciera de circulación… pero en su momento la alquilé.Si a eso añadimos la profunda admiración que siento hacia TODOS nuestros actores clásicos, está claro que "Juncal" es una serie que me marcó lo suyo.
"Juncal", serie ¡filmada en cine! de siete capítulos, que se emitió hace ya 20 años en televisión, nos cuenta la historia de un torero que pudo ser muy grande, pero por culpa de una cogida (que se joda) se quedó a medio camino. Ya viejo, este hombre no ha pegado palo, ha vivido de las mujeres y ha sido un caradura, pero todo eso le ha pasado factura y se ha quedado solo, así que planea recuperar a su familia, a la cual abandonó años atrás.
Basada en las andanzas de Bienvenida y creada y dirigida por Jaime de Armiñan, un auténtico aficionado al toreo y lo cañí que le gusta plasmar todas sus inquietudes en la pantalla, nos encontramos ante una serie muy amena, donde se toca el tema de la tauromaquia, pero por encima, en "Juncal" eso es lo de menos, lo importante es Paco Rabal, actor como la copa de un pino, que por culpa del éxito de esta serie se encasilló en el papel, a pesar de que ya llevaba tropecientos años de carrera. Hay que mencionar también que a este actor, libre de prejuicios, le tengo especial simpatía por haber intervenido en autenticas joyas de fantástico europeo (con dos cojones, Paco) como puedan ser "La invasión de los zombies atómicos" o "El tesoro de las cuatro coronas" ¡haciendo de "La Masa" en un circo! Y ya al final de su carrera, su última película fue "Dagon, la secta del mar", lo que deja muy claro que “el que dirán” se lo pasaba por los cojones. Tenía el estatus suficiente para hacer lo que le saliera de los idems.
Lo dicho. Da gusto ver a Rabal en esta serie. Sus monólogos, o las conversaciones con su compañero de aventuras “el Búfalo”, interpretado por El Brujo, son totalmente antológicas.
No es la trama sobre su hijo abandonado y también torero lo que nos interesa, lo grande es ver a "Juncal" en el bar, o seduciendo a una señorita, recitando un poema o tirándose el pisto.
Y luego, lo bien que se mantiene la serie, en cuanto a ritmo… podía muy bien haber sido rodada ahora.
Con todo el rollo que os acabo de soltar, la reseña se titula "Juncal" porque de algún modo tenía que titularse, pero en realidad, con este texto, lo que quiero es reivindicar un poquito la figura del torero (que el garruleo también mola) y, sobre todo, la de Paco Rabal.
No es la trama sobre su hijo abandonado y también torero lo que nos interesa, lo grande es ver a "Juncal" en el bar, o seduciendo a una señorita, recitando un poema o tirándose el pisto.
Y luego, lo bien que se mantiene la serie, en cuanto a ritmo… podía muy bien haber sido rodada ahora.
Con todo el rollo que os acabo de soltar, la reseña se titula "Juncal" porque de algún modo tenía que titularse, pero en realidad, con este texto, lo que quiero es reivindicar un poquito la figura del torero (que el garruleo también mola) y, sobre todo, la de Paco Rabal.
jueves, 26 de septiembre de 2013
EN EL OESTE SE PUEDE HACER... AMIGO
Conscientes ya del éxito que tenían tanto Terence como Bud
juntos o por separado, y ya con el estilo característico de mamporros y humor,
se explota aquí otra formula que sería exitosa dentro de las películas de
estos dos; la de juntar a Spencer con un niño. En “Zapatones” o “El Sheriff
y el pequeño extraterrestre” así fue o con un adolescente en “Aladino”, pero el
precedente es esta divertidísima “En el Oeste se puede hacer… amigo”. Aquí, al
niño repelente que va con Bud no le gana ningún otro. Renato Cestié, visto más de
pequeño todavía en “Bahia de Sangre” de Mario Bava, da vida a Chip, el joven que tras morir su tío
es semi-adoptado por el bueno de Coburn
(Bud Spencer), cuando de casualidad estos le salvan la vida. Por otro lado
tenemos a Sonny (inmenso Jack Palance), que convencido de que Coburn ha
desvirgado a su hermana, le persigue por todo el Oeste con el fin de, primero,
hacerle esposar con ella, y matarle por deshonrarla de segundas.
De mientras el Sheriff-Reverendo del pueblo (Paco Rabal, aún
prestigioso, adscrito a los géneros hasta el fin de sus días), chantajea a
Coburn y a Chip, porque quiere quedarse con las tierras del muchacho que, intuimos,
valen más de lo que ofrece por ellas.
En co-producción con España –el magnífico guión es nada
menos que de Rafael Azcona, firmando, no obstante, como “Raphael” Azcona- nos enfrentamos a un muy divertidísimo
“Spaghetti Western” donde la verborrea juega un papel vital en la trama, ya
que, por el contrario a muchas producciones similares, su humor se aleja
notablemente del “slapstick” habitual en favor de unos diálogos, contra todo
pronóstico, brillantes, sin dejar de lado, por supuesto, las cada vez más
famosas hostias del Spencer ( ¡¡Esa mano abierta!!).
Nunca Bud Spencer había estado tan bien en otra película, ni
tan Bud Spencer (jamás, si exceptuamos alguna de sus películas de ultima
hornada o aquellos telefilmes de “Big Man”, dejó de interpretar su propio
estereotipo). Sin embargo, la presencia de un decadente y, sin embargo en
estado de gracia –está graciosísimo- Jack Palance, le hace una sombra terrible,
convirtiéndose Palance, sin duda, en lo mejor de la película.
Paco Rabal, con tremendo sentido del humor, haciendo de malo
de la función y a la vez, de caricato, cumple mucho mejor que en sus películas
prestigiosas, e incluso, llegas a partirte el culo con sus apariciones.
En definitiva, una de las mejores comedias del Oeste
italianas de las que llevo vistas.
Dirige Mauricio Lucidi, quien, al igual que Jess Franco en España se encargó de montar “Don Quijote de Orson Welles”, él lo montó en su
versión Italiana.
sábado, 16 de enero de 2021
DAGON, LA SECTA DEL MAR
Si damos un repaso a la trayectoria de la "Fantastic Factory", encontramos mucha y dolorosa incapacidad: "Faust, la venganza está en la sangre", "Beyond Re-Animator", "Arachnid", "Rottweiler", "La monja". Incluso cuando intentaron ir más "en serio" con "Darkness" o "Romasanta, la caza de la bestia". Tal vez, por eso mismo, "Dagon, la secta del mar" sobresalga como algo especial. No es que sea mejor, en realidad es una película regulera tirando a malucha, pero estaba un poco por encima del resto del catálogo. Seguramente se lo debamos a su director, el gran y fallecido Stuart Gordon, que aunque tampoco anduvo muy inspirado, al menos aportó sendos fugaces destellos de talento que compensaban el despiporre general. Pero vamos, si tenemos en cuenta que los responsables de "Dagon, la secta del mar" son el director, el guionista (Dennis Paoli) y el productor (Brian Yuzna) de "Re-Animator", es para echarse a llorar.
Y como en aquella, la base aquí es un escrito de H.P.Lovecraft, que vomitó todo el asco que sentía por la vida marina en una historia en la que un pueblo pesquero, adorador de un dios monstruoso que habita los abismos, poco a poco va mutando en pez. Hasta allí llegan unos turistas que, evidentemente, lo pasarán canutas.
La lista de "pros" y "contras" de "Dagon, la secta del mar" es notable. En el primer grupo tenemos algo de atmósfera, unos efectos prácticos decentes (con secuencia gore bastante angustiosa), la agradecida ausencia de sustos baratos, un héroe atípico (por inútil) y varios rostros entrañables en el reparto como José Lifante o Paco Rabal. En el segundo, pues unos efectos infográficos de vergüenza ajena, unos cuantos actores limitados, la a ratos insufrible falta de ritmo, demasiados momentos para la risa involuntaria (ese "They fuuuck herrr!" que suelta Rabal en la versión original con un inglés mas bien zarrapastroso) y un clímax tópico que provoca cierta modorra.
Como con muchas otras aportaciones de "Fantastic Factory", "Dagon, la secta del mar" la vi en el Festival de Sitges. E igual que en todas aquellas ocasiones, al terminar, los medios y el público no sabían cómo reaccionar. Llegada la rueda de prensa, Julio Fernández, productor ejecutivo, se sentía obligado a pedir disculpas ("Estamos aprendiendo" era la excusa recurrente). Y, eventualmente, algún periodista lanzaba preguntas capciosas, como aquella en la que uno preguntó a Stuart Gordon si la película era "una serie B o una serie Z", a lo que el director, no sin cierta sorna, respondió con un seco "Si!" en castellano. Aunque lo que nunca olvidaremos es el shock de oír hablar a Macarena Gómez. Nadie sabía si comenzar a descojonarse o aproximarse a ella y abrazarla.
En definitiva, "Dagon, la secta del mar" es una cosa muy muy mediocre pero que no muta directamente en basura gracias a aislados momentos de buen hacer. Y, después de todo, tampoco aburre tanto como podría. Algo es algo.
Y como en aquella, la base aquí es un escrito de H.P.Lovecraft, que vomitó todo el asco que sentía por la vida marina en una historia en la que un pueblo pesquero, adorador de un dios monstruoso que habita los abismos, poco a poco va mutando en pez. Hasta allí llegan unos turistas que, evidentemente, lo pasarán canutas.
La lista de "pros" y "contras" de "Dagon, la secta del mar" es notable. En el primer grupo tenemos algo de atmósfera, unos efectos prácticos decentes (con secuencia gore bastante angustiosa), la agradecida ausencia de sustos baratos, un héroe atípico (por inútil) y varios rostros entrañables en el reparto como José Lifante o Paco Rabal. En el segundo, pues unos efectos infográficos de vergüenza ajena, unos cuantos actores limitados, la a ratos insufrible falta de ritmo, demasiados momentos para la risa involuntaria (ese "They fuuuck herrr!" que suelta Rabal en la versión original con un inglés mas bien zarrapastroso) y un clímax tópico que provoca cierta modorra.
Como con muchas otras aportaciones de "Fantastic Factory", "Dagon, la secta del mar" la vi en el Festival de Sitges. E igual que en todas aquellas ocasiones, al terminar, los medios y el público no sabían cómo reaccionar. Llegada la rueda de prensa, Julio Fernández, productor ejecutivo, se sentía obligado a pedir disculpas ("Estamos aprendiendo" era la excusa recurrente). Y, eventualmente, algún periodista lanzaba preguntas capciosas, como aquella en la que uno preguntó a Stuart Gordon si la película era "una serie B o una serie Z", a lo que el director, no sin cierta sorna, respondió con un seco "Si!" en castellano. Aunque lo que nunca olvidaremos es el shock de oír hablar a Macarena Gómez. Nadie sabía si comenzar a descojonarse o aproximarse a ella y abrazarla.
En definitiva, "Dagon, la secta del mar" es una cosa muy muy mediocre pero que no muta directamente en basura gracias a aislados momentos de buen hacer. Y, después de todo, tampoco aburre tanto como podría. Algo es algo.
lunes, 13 de junio de 2016
MARBELLA, UN GOLPE DE 5 ESTRELLAS
La prueba de que Miguel Hermoso era un director bastante
manazas la tenemos en que tras “Truhanes”, que le salió cojonuda, y hasta los
noventa que se adaptó al cine que se estilaba en la época –el subvencionado- no
atinaba el pobre. Solo generaba mierdotes.
Y “Marbella, un golpe de 5 estrellas”, su segunda película, lo deja claro.
Con producción de José Frade, que en aquella época le
encantaba introducir en sus películas elenco internacional –Ray Milland y Timothy Bottons en “Serpiente de Mar”, casi
todo el reparto de “Descanse en piezas” y “Al Filo del Hacha”, Sharon Stone en
“Sangre y Arena” o Clayton Rohner, Roddy Mcdowall y Anthony Perkins en “Los gusanos no llevan bufanda”, lo que es muy
gracioso porque están ahí para dotar la película de glamour, pero claro, al
contratar solo actores alcohólicos, en decadencia e inmersos en la tercera
edad, las películas se convierte en más
roñosas y cutres de lo que por si eran- se procura, esta vez, un reparto con lo
más granado del cine español de la época , Fernando Fernán Gómez, Oscar Ladoire, Paco Rabal, Emma Suarez (y sus estupendísimas tetas, que muestra sin
remilgos) para que secunden al protagonista, un Rod Taylor (mitiquísimo
protagonista de “El tiempo en sus manos” o “Los Pájaros”) colorado por los
alcoholes y con muy poquitas ganas de estar en la película que estaba, con un
guion que el propio director escribió junto a Mario Camus. Pues la cosa se
le quedó grande al caballero porque ¡menudo pedazo de mierda!
Queda claro que “Truhanes” le salió así de casualidad o,
como decía Carlos Pumares, se la hizo un primo, porque "Marbella, un golpe de 5 estrellas" es la obra del más
penoso director de serie Z contando una historia enorme cuyo presupuesto no
deja ejecutar debidamente.
Un yanki afincado en Marbella, estando una noche en su yate, observa como una mujer se tira al agua desde
un barco. Al ver que nadie la socorre, decide proceder él. Ello provoca las iras del dueño del barco, que embiste el yate del protagonista y se lo deja hecho añicos. Tras
denunciarlo y comprobar que "el embestidor" tiene a la policía comprada y él no puede hacer
nada al respecto, investigará con el afán de ver a que se dedica. Cuando descubre que se dedica al tráfico de armas, decide suplantarle para agenciarse los respectivos milloncejos.
Mala es decir poco. Y aburrida. Y cutre.
Al ser Marbella una localidad provinciana, a pesar del lujo
y la corrupción que se menea por allí, se ve que la película levantó
expectación durante su confección, porque rodaban en exteriores y se utilizaba
gente local como extra.
La película tuvo una distribución discreta en cines, que
logró acumular el número de 222.284 espectadores. Muy pocos, pero en justicia,
se merecía menos.
Por otro lado, Frade la distribuyó internacionalmente bajo el título de “Marbella”. Tal cual. Supongo que encontraría su
nicho en los videoclubes norteamericanos y poco más.
viernes, 11 de noviembre de 2022
LA LOLA SE VA A LOS PUERTOS
En un último intento por incentivar el cine folclórico en plenos 90 (esta es de 1993) y para que la ranciedad nos salga hasta por las orejas, se recupera para el cine a Rocío Jurado que regresaba tras un montón de años sin aparecer en una película, aunque en general, incluso en sus tiempos de bonanza, se había prodigado mas bien poco en el medio. Su intervención en esta “La Lola se va a los puertos” le valió un premio Yoga a la peor actriz.
Por supuesto, y pensado quizás que se jugaba sobre seguro, se devuelve al cine a la Jurado con un remake de la película del mismo título de 1947 dirigida por Juan de Orduña concebida al servicio de Juanita Reina, que a su vez estaba inspirada en la obra homónima escrita por los hermanos Machado. “La Lola se va a los puertos” es un clásico total y absoluto de nuestro folclore del que se han adaptado incluso zarzuelas.
Para esta revisión por todo lo alto se contó con los talentos de actores como Pepe Sancho o Paco Rabal, del mismo modo que se contó con la prestigiosa pluma de Joaquín Oristell para escribir parte del guion, y la dirección de Josefina Molina, reputada realizadora televisiva que a principios de los 90 estaba disfrutando de una carrera cinematográfica con títulos exitosos y alabados por la crítica como puedan ser “Esquilache” o “Lo más natural”.
Ambientando la acción en los años 20 —la obra original está ambientada en mil ochocientos y pico— y como excusa para insertar el mayor número de canciones posible, tenemos a la tal Lola que se gana la vida por los tablaos tocando flamenco con su guitarrista Heredia. Pronto un potente terrateniente, Don Diego, se encapricha de Lola y la contratará para que cante en la fiesta de compromiso de su hijo, en la finca de la que es dueño. Una vez allí, este potentado la propondrá quedarse allí a cantar en exclusiva para él y, si se tercia, echarle algún que otro polvo de vez en cuando. Como al guitarrista Heredia le ha salido un contrato de 6 meses para irse a tocar la guitarra él solo, la Lola acepta quedarse con el hacendado con la idea de sacarle hasta el tuétano, sin intención de sucumbir a sus deseos sexuales. La cosa se complica severamente cuando el hijo de Don Diego se enamora perdidamente de la Lola, esta le corresponde, y se arma el cristo cuando tanto a Don Diego como a la prometida del hijo de este les entra la pelusa y luchan cada uno por lo suyo.
Un auténtico folletín para público de otras épocas, tristón y decadente, que no se sostiene a pesar de que el elenco principal esté ahí echando todo el resto. Hasta a las señoras de 90 años les pareció tosca y anticuada.
Por supuesto la película supuso un fracaso de taquilla —el pasado éxito de Isabel Pantoja en el género con “Yo soy esa” no fue más que un espejismo— que no llegó a congregar más de 160.000 espectadores cuando las expectativas de público eran bastante altas. Y ahora sí, con este fracaso podemos decir que estamos ante la última película para lucimiento de una folclórica del sigo XX… a no ser que me deje alguna por ahí de después. El último clavo del cochambroso ataúd.
Desde luego, lo que me resulta del todo curioso es este resurgir del cine folclórico en plenos años 90, década en la que aunque aún existían las estrellas de la canción ligera, el éxito masivo de este género ya era residual. Pero que no se diga que no lo exprimieron hasta la última gota.
Como curiosidad, decir que leí una reseña norteamericana de “La Lola se va a los puertos” que resaltaba el cante jondo de la Jurado para la película, lamentaba que esta no hubiera cultivado más el flamenco en lugar de la canción ligera y que esta película permaneciera inédita en Estados Unidos puesto que le parecía esencial su visionado si se era un estudiante de flamenco o un aficionado yankee. Como El Pollito de California ¡Ea! Y quizás tenga razón y sea una buena película para el aficionado americano. Yo, como no soy aficionado, ni americano, tuve que limpiar la grasaza de mi pantalla de TV al terminar.
Por supuesto, y pensado quizás que se jugaba sobre seguro, se devuelve al cine a la Jurado con un remake de la película del mismo título de 1947 dirigida por Juan de Orduña concebida al servicio de Juanita Reina, que a su vez estaba inspirada en la obra homónima escrita por los hermanos Machado. “La Lola se va a los puertos” es un clásico total y absoluto de nuestro folclore del que se han adaptado incluso zarzuelas.
Para esta revisión por todo lo alto se contó con los talentos de actores como Pepe Sancho o Paco Rabal, del mismo modo que se contó con la prestigiosa pluma de Joaquín Oristell para escribir parte del guion, y la dirección de Josefina Molina, reputada realizadora televisiva que a principios de los 90 estaba disfrutando de una carrera cinematográfica con títulos exitosos y alabados por la crítica como puedan ser “Esquilache” o “Lo más natural”.
Ambientando la acción en los años 20 —la obra original está ambientada en mil ochocientos y pico— y como excusa para insertar el mayor número de canciones posible, tenemos a la tal Lola que se gana la vida por los tablaos tocando flamenco con su guitarrista Heredia. Pronto un potente terrateniente, Don Diego, se encapricha de Lola y la contratará para que cante en la fiesta de compromiso de su hijo, en la finca de la que es dueño. Una vez allí, este potentado la propondrá quedarse allí a cantar en exclusiva para él y, si se tercia, echarle algún que otro polvo de vez en cuando. Como al guitarrista Heredia le ha salido un contrato de 6 meses para irse a tocar la guitarra él solo, la Lola acepta quedarse con el hacendado con la idea de sacarle hasta el tuétano, sin intención de sucumbir a sus deseos sexuales. La cosa se complica severamente cuando el hijo de Don Diego se enamora perdidamente de la Lola, esta le corresponde, y se arma el cristo cuando tanto a Don Diego como a la prometida del hijo de este les entra la pelusa y luchan cada uno por lo suyo.
Un auténtico folletín para público de otras épocas, tristón y decadente, que no se sostiene a pesar de que el elenco principal esté ahí echando todo el resto. Hasta a las señoras de 90 años les pareció tosca y anticuada.
Por supuesto la película supuso un fracaso de taquilla —el pasado éxito de Isabel Pantoja en el género con “Yo soy esa” no fue más que un espejismo— que no llegó a congregar más de 160.000 espectadores cuando las expectativas de público eran bastante altas. Y ahora sí, con este fracaso podemos decir que estamos ante la última película para lucimiento de una folclórica del sigo XX… a no ser que me deje alguna por ahí de después. El último clavo del cochambroso ataúd.
Desde luego, lo que me resulta del todo curioso es este resurgir del cine folclórico en plenos años 90, década en la que aunque aún existían las estrellas de la canción ligera, el éxito masivo de este género ya era residual. Pero que no se diga que no lo exprimieron hasta la última gota.
Como curiosidad, decir que leí una reseña norteamericana de “La Lola se va a los puertos” que resaltaba el cante jondo de la Jurado para la película, lamentaba que esta no hubiera cultivado más el flamenco en lugar de la canción ligera y que esta película permaneciera inédita en Estados Unidos puesto que le parecía esencial su visionado si se era un estudiante de flamenco o un aficionado yankee. Como El Pollito de California ¡Ea! Y quizás tenga razón y sea una buena película para el aficionado americano. Yo, como no soy aficionado, ni americano, tuve que limpiar la grasaza de mi pantalla de TV al terminar.
martes, 9 de agosto de 2011
LOS PAJARITOS
Soy fan de las películas para lucimiento de artistas de la canción infantil, y sobretodo, soy fan de Javier Aguirre, ya sea como director popular, o como director vanguardista. Así que si les digo que llevaba tiempo detrás de ver LOS PAJARITOS, deberían creerme.
La película cuenta, cómo una acordeonista ambulante al borde de la pobreza mas absoluta, hace amistad con una niña, un mono y un viejo piojoso, que no tienen ni donde caerse muertos. La idea, es unirse para hacer un tour por los pueblos de España, y acabar actuando en el circo mundial. Por el camino, situaciones más o menos graciosas se sucederán, hasta que empiezan los conflictos, cuando llegados al circo, este resulta que va a ser embargado.
Por lo general, los artistas infantiles de los 80, suelen ser de corte rancio vistos en la lejanía; Pero si hay una artista rancia (más incluso que Teresa Rabal), chusca y que represente los pueblos de España, esa es, sin duda, María Jesús y su acordeón. Yo en mi niñez era fan de prácticamente todos los artistas infantiles, pero de María Jesús, no tenía ni un puto disco, ni había visto la peli hasta anoche. Y es que ¿Dónde está el talento de esta acordeonista? Ni toca mejor ni peor que cualquier otro, ni es guapa, ni tiene nada especial… además, tras ver la película, resulta ser una actriz pésima. Pero en este país de paletos, el horroroso tema de “los pajaritos” caló hondo en las audiencias. De hecho, las orquestas de los pueblos, a día de hoy, siguen tocando tan infame pieza. Pero para que vean: “Los pajaritos”, ni siquiera es una obra original, se trata de una vieja canción caucasiana adaptada para los paletos que lo fliparon con la del acordeón en los 80.
Teniendo en cuenta lo rancio de la presencia de María Jesús, hay que romper una lanza a favor de Javier Aguirre, porque lo cierto es que la película es cojonuda. Sin amedrentarse ante la sosainas de la protagonista, que aunque siempre presente, la aparta a un segundo plano en el argumento, Aguirre construye una tragicomedia llena de ritmo, gags visuales, y secundarios que roban la película (en este caso la pareja formada por Alfonso del Real y Marisa Porcel, sosías de los Ricardo Merino y Paco Camoiras de las pelis de Parchís), dosificando los numeritos de acordeón, dando mas texto a Antonio Garisa (el viejo piojoso) y protagonismo al mono, y reservando el tema de “Los pajaritos” para el final apoteósico.
¿El montaje? Agilísimo, de lo mejorcito en este tipo de películas.
Aunque Aguirre, querido, eres un poquito cabrón. En ROCKY CARAMBOLA, en la que salía un bebé chimpancé, ya te pasaste tres pueblos en la escena del lavabo en la que homenajeas a los hermanos Marx, lanzando al mono de mano en mano, y luego contra la cámara. Aquí, metes a un mono tití en un traje de astronauta y lo clavas a la pared (clava la ropa, se entiende…), para hacer creer a Alfonso del Real, que es un extraterrestre… ¿Qué necesidad hay? ¿Qué tienes en contra de los primates?
Por lo demás, muy entretenida y recomendable. Le ha sacado partido a la basura que tenía para explotar.
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