Al margen de las películas de Paul Smith y Michael Coby y sus descarados exploits de las de Bud Spencer y Terence Hill, podemos hablar de otro fenómeno estrictamente italiano, que quizás prosperó algo menos a nivel popular, pero convertiría las películas de Spencer + Hill en un género en sí mismo. Me refiero a aquellas similares a las de la pareja europea por antonomasia, en las que otros actores adoptarían los roles que ellos deberían asumir (sin que estos los interpreten ni Paul Smith ni Michael Coby). Para que me entiendan, películas como las de ellos, pero sin ellos (ni sus clones). “Forajidos 77” tendría ramalazos de esto que digo y “Dos primos y un destino”, con Tomas Milian y Renato Pozzetto, pese a ser una cinta más dentro de la saga de "Monnezza", uno de los personajes que popularizaría Milian en su cine, bien podría ser un producto más de los que protagonizaron Spencer y Hill.
Pero el caso que nos ocupa es más flagrante. Y se trata de una gran rareza.
Es una secuela directa del clásico “También los ángeles comen judías”, una comedia ambientada en el Nueva York de los años 30, al igual que su predecesora, que, a pesar de contar con su estreno en salas en Italia e incluso ser exportada a España, pasó inadvertida para el imaginario popular. No sin razón, porque se trata de una de Bud Spencer y Terence Hill sin Bud Spencer ni Terence Hill. Hablo de “El contragolpe” (el título, obviamente, trata de parodiar el del clásico americano “El golpe”) de 1973.
Y es que cuando Enzo Barboni puso en marcha su coproducción ítalo-hispano-americana “También los Ángeles comen judías”, lo que tenía en mente era hacer una película con Bud Spencer y Terence Hill, pero, a causa de problemas burocráticos que venían por parte de la producción estadounidense, se contrató a Spencer, pero no a Hill, por lo que se buscó un sustituto, en este caso Giuliano Gemma, que no había hecho nunca comedia. Así las cosas, se le pidió que, para la ocasión, imitara lo máximo que pudiera el estilo de Terence Hill y, obediente, Gemma así lo hizo.
Barboni rodó su película lo mejor que pudo; sin embargo, poco antes del estreno les advirtió a los productores que no se fliparan, que esto no iba a ser un gran éxito como las películas de “Trinidad”, porque aquí no estaba Terence Hill. Barboni se equivocaba, porque lo cierto es que hizo una de las mejores del subgénero, y Bud Spencer y Giuliano Gemma tenían la química suficiente como para que no se echara de menos a Hill. Hay quien dice que Bud funcionaba mejor con Giuliano que con Terence. Y la película resultó ser un éxito internacional. En España la vieron en el cine casi dos millones de espectadores.
Debido a semejante pepino, todavía caliente, Barboni escribió una secuela para seguir explotando la gallina de los huevos de oro, pero, consciente de la apretada agenda de Bud Spencer, contó con los servicios de Giuliano Gemma, que interpretaría el mismo rol que en la anterior, "Sonny", y escribió un papel para un sustituto de Spencer, que interpretaría el sueco Ricky Bruch, con un físico similar, quizás más mazado, pero espantoso actor en general y, en particular, espantoso imitador de Bud Spencer.
Bruch en realidad no era actor. El año anterior se hizo muy popular en Alemania porque, como atleta de élite, había ganado la medalla de bronce de lanzamiento de disco en las olimpiadas de Múnich, y como el público potencial de las películas de Barboni se encontraba en Alemania, quiso usar al deportista como reclamo. Luego aparecería en un par más de películas, pero su carrera como actor no prosperó más allá de “El contragolpe”.
Asimismo, aunque utiliza a un personaje principal de “También los ángeles comen judías”, el film no tiene continuidad con aquella.
"Sonny" es un tipo muy pobre que sueña con ser gánster. Con malas artes logrará embaucar a un mafioso que le ofrecerá una calle a su cargo en Nueva York, que a su vez está protegida por un tal "Rocky" quien resulta ser el cura del barrio que, además de exboxeador, regenta una destilería clandestina. Se creará un conflicto de intereses que desembocará en enredos y secuencias de peleas al estilo Spencer-Hill.
Esta vez la cosa resultó un fracaso. En España la vieron medio millón de espectadores de la época y ni siquiera tuvo edición en vídeo. La única forma de consumirla hoy es recurriendo a la descarga ilegal de una copia proveniente de su emisión en el canal 8 Madrid.
De título original “Anche gli angeli tirano di destro” (que podría haberse traducido como “También los ángeles se levantan con el pie izquierdo”), y conocida en según qué otros países como “Charlestón”, “El contragolpe” resulta una estupenda comedia de hostias, enredos y situaciones resueltas a base de slapstick y malentendidos que quizás no obtuvo el éxito que merecía porque en realidad es una película de Terence Hill y Bud Spencer en la que ellos no están; es decir, falta el reclamo principal por mucho que Gemma vuelva a interpretar el papel de "Sonny". Y no creo que el gigante sueco, que a buen seguro enviaba los discos que lanzaba al quinto coño, resulte tan atractivo para el público de este tipo de películas como sí lo era Bud Spencer. Por supuesto, no es tan divertida como “También los ángeles comen judías”, pero sí que es estimable y a tener en cuenta.
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martes, 7 de abril de 2026
lunes, 22 de febrero de 2016
SI ME ENFADO...
Ya hemos hablado de Paul Smith en otras ocasiones diciendo
prácticamente lo que voy a decir aquí, así que no me extenderé mucho.
Paul Smith actor estadounidense
que un buen día viajó hasta Israel para hacer un papel en la película “Exodo”,
hizo muy buenas migas con ese país. Tanto que se quedó alli. Iba viajando de
aquí para allá por motivos políticos y laborales, haciendo pelis en Alemania,
USA y demás, pero fijó su residencia el Tel Aviv. Pronto, las películas de Bud Spencer y Terence Hill pegaron el pepinazo en medio mundo. Y como más o menos
Paul –Lawrence- Smith se parecía un poco a Bud Spencer, a un productor sin
escrúpulos Israelí, se le ocurrió hacer una película explotando en, no tan notorio parecido. Así,
este tenía que hacer ver que era Bud Spencer,
tenía que imitarlo y dar mamporros a tuti plen en esa película. Esa
película se tituló “Fishke Bemilu’im” y se convirtió en un éxito mayor que
cualquiera de las verdaderas películas de Bud Spencer, a menos en Israel, por lo que se quedó allí como clon oficial del
actor Italiano, si bien era cierto que el público en realidad pensaba que era
el verdadero Bud Spencer. Y gracias a esto, Paul hizo películas como clon de
Spencer en Italia y Alemania tan ricamente. Lo mejor de todo es que gracias a
su popularidad, y a que era estadounidense, en los años ochenta pudo volver a
su país a hacer cine mainstream. Pero claro, allí no era una estrella. En
Israel si, y como su mujer, familia y amigos eran de allí, pronto volvió al
país que le había tratado tan bien y se fue a pasar sus últimos años de vida al
país del que llevamos un rato hablando (dije que no me extendería… en fin, ya
saben como va esto). Y todo esto gracias
a la película “Fishke Bemilu’im” que en su edición en vídeo en nuestro país se
tituló “Si me enfado… lo rompo todo” y que tras mucho buscar, por fin pude
encontrar, más que nada porque alguien tuvo la bondad de colgar en la red un
montaje de aquellos.
Y claro, como era de suponer, en nuestro país, la gente picába
con la película. Y muchos tampoco distinguían al original del clon.
Yo en aquella época era
más o menos fan de Spencer/Hill, la edad era la idónea ya que era yo muy
niño y de la misma manera que les digo que en su momento piqué con la estafa
videoclubera que era la película “Otra Loca Academia de Policía” (remítoles al
pest seller), también les digo que, a pesar de lo tuneadísima que estaba esta
carátula para que Smith pareciera Bud Spencer, cuando examiné la misma siendo
infante con el fin de alquilarla, desistí porque me parecieron nombres muy
extraños los que en la carátula aparecían, y no veía el nombre de Bud Spencer por ningún lado. Así
que, tonto de mí, nunca la alquilé… de hecho todo el interés por los clones me
vino ya de más mayor, cuando desarrollé cierta (odio llamarlo así) cinefágia.
¿La película? Es lo de menos, lo bueno es la historia que
hay detrás. Pero como además esta ya la sabían porque la he contado más veces
en este blog, que menos que comentarla aunque sea por encima.
Dos amigos de los campos de trabajo Israelíes, deciden
asociarse e ir a buscar trabajo a Tel Aviv, con el fin de salir un poco de la
miseria que arrastran. Una vez en la ciudad tendrán que usar sus puños para
salir de las dispares situaciones que vivirán, ya sean estas acudir a fiestas
de disfraces donde un grupo de funk autóctono se canta canciones horrorosas
enteras sin que la cámara cambie de plano ni una vez, ya sea Paul Smith seducido por un homosexual,
que más que seducir, acosa con el clásico “no sabes lo que te pierdes”.
Pues además de lo bizarra que resulta, lo exótica y el hecho
de que los homosexuales son retratados en esta película como seres casi
diabólicos –uno de los malos es homosexual y resentido- o que las peleas,
tratando de imitar las de Spencer/Hill, acaban siendo una cosa extrañísima y
hasta violenta porque hay moratones y sangre (cosa que en las de Spencer/Hill,
no), lo cierto es que, siendo mala como es –y ha de ser- la película es
condenadamente entretenida, lo que resulta ser un valor en alza si además
añadimos todo lo demás que he dicho antes. Así que si, merece la pena verla
también, aunque no haya mucho más que contar. ¿Les parece poco?
viernes, 17 de octubre de 2014
NOSOTROS NO SOMOS ÁNGELES
El “Exploitation” Italiano es absolutamente fascinante,
descarado y rozando la ilegalidad. No contentos con plagiar todo éxito
norteamericano que se les ponía a tiro, también tenían que auto plagiarse y hacer las versiones de los éxitos autóctonos
con la idea de arañar unos cuantos miles de dólares.
Así nace el fenómeno Michael Coby y Paul Smith o como vulgarmente se les conoce en círculos
más o menos especializados “Los clones de Bud Spencer y Terence Hill”.
Obviamente, Bud y Terence lo petaron no solo en Europa, sino
que en estados unidos llegaron a tener algo de éxito.
Todo esto nos remite a los años setenta y tras el éxito de
“Le llamaban Trinidad”, que a algún despiadado productor Italiano, se le
ocurrió plagiar la película y para ello contrató a dos actores que se
parecieran a los astros, o al menos, que juntos pudieran crear confusión entre
las plateas europeas. Estos fueron el
americano Paul Smith y el Italiano
Michael Coby: el primero sería el sosias de Bud Spencer, y el segundo lo sería
de Terence Hill, y si bien es cierto que el primero tiene un gran parecido con
Spencer, el segundo, nacido con el nombre de Antonio Cantafora se parecía a
Hill únicamente en que era delgado y rubio. Pero efectivamente, juntos daban el
pego, y podían pasar por los auténticos ante el espectador más despistado,
máxime cuando, al estar rodadas las películas de Bud y Terence en Inglés, eran
doblados por los mismos actores que solían doblar a Bud Spencer y Terence Hill
en las versiones italianas de sus películas.
Así, el “exploitation” que generó “Le llamaban Trinidad”,
pasó a llamarse “Carambola”… y coló, ¡vaya si coló! La película fue lo
suficientemente rentable como para generar una secuela y tres
películas más con esta pareja, hasta que el engaño dejó de ser efectivo.
En España, pasó algo curiosísimo. Se estrenó la película
“Carambola” y pasó inadvertida, apenas congregó 30.000 espectadores de los años
setenta. Pero la secuela se estrenó con el título de “Les llamaban los hermanos
de Trinidad”, y esta si, congregó cerca
de los 700.000 espectadores. Así que se re-estrenó “Carambola” un año después
con la premisa de ser “De los creadores de “Les llamaban los hermanos de
Trinidad”” y metió en salas 500.000 espectadores más… pero ya la película
posterior, que es la que nos ocupa, no logró engañar a nadie y no la vio en
cine ni el Tato. Las ultimas, directamente, ni se estrenaron. Quizás en vídeo.
No obstante, y antes de pasar a comentar la película,
contaré una anécdota: Resulta que el productor de su última película como clones
“Simón y Mateo”, Edward L. Montoro, decidió estrenarla en Estados Unidos bajo
el título de “Convoy Buddies”, y para ver si los yankies picaban, borró de los
créditos los nombres de nuestros protagonistas, pasando a rebautizarles como ¡Bob Spencer y Terrance Hall! Esto cabreó
muchísimo a Smith que decía que el nombre era la única identidad de un actor, y
denunció a Montoro, ganando el litigio y siendo indemnizado por daños y
prejuicios. En consecuencia, se acabó el fenómeno de los clones de Bud Spencer
y Terence Hill, siguiendo cada uno de los actores sus carreras por separado. En
el caso de Smith, la cosa fue a mejor, ya que, tras hacer una película en
solitario como clon de Spencer en Israel –“Si me enfado… lo rompo todo”-, dónde
esta particular pareja gozó de mayor éxito, se trasladó a Hollywood, donde se
ganó un huequito en el “Star System”, haciendo de Brutus en el “Popeye” de
Robert Altman, y haciendo papeles en “El
Expreso de medianoche”, “Dune” e incluso un auto-homenaje en “Maverick”
junto a Mel Gibson, aunque siguió
haciendo roñas, incluso en España, donde participó en nuestra “Mil gritos tiene
la noche” de Juan Piquer Simón.
Por su parte, Coby, llegó a trabajar con directores como
Fellini, Skolomovski o Michael Winner, pero su carrera deambuló por la serie B
más feroz apareciendo en films como “Demons II”, “El Jugador” de Argento, y
fue la identidad secreta de “Supersonic
Man” de Juan Piquer Simón…. Así que
¡Ambos trabajaron a las ordenes de Juan Piquer Simón¡ ¿Conocería este estas
películas?

Por su parte, “Nosotros no somos ángeles” sería consecuencia
del éxito de “También los ángeles comen judías” y en algunos países como
Francia, llegó a estrenarse como tercera parte del binomio “Trinidad”, convirtiéndolo
en trilogía aunque nada tenía que ver. Aún así, esto tiene algo de sentido
porque esta película aprovechaba todos los tópicos del cine de Terence Hill y
Bud Spencer; Es decir, se parecía en el póster y en el título a “También losángeles comen judías” y Paul Smith aquí es luchador de lucha libre como lo era
Spencer en la que expolia, pero por otro lado, la película transcurre en el
lejano Oeste, pero ya con la mecánica instaurada, lo que les permite a nuestros
protagonistas, pelearse por la propiedad de un automóvil , como lo hacían Hill
y Spencer en “Y si no nos enfadamos”. Vamos, para que el público pique, si no
es por un lado, por otro. Huelga decir que en todas sus películas, nuestros
actores se peleaban (un tanto chusqueramente) e imitaban gestos y ademanes de Bud
y Terence, con el fin de asemejarse lo máximo posible.
“Nosotros no somos ángeles” tiene la trama más confusa y
peor explicada de la historia del cine. Vemos a nuestros actores haciéndolo
como los otros, pero todo lo demás falla, no solo el entretenimiento (esto es aburridísimo)
si no la dirección y la estructura de la película, con lo que nos enteramos de
poco, pero la película trata de contar la historia de dos hermanos que,
peleándose por un coche Europeo que han comprado, deciden poner una empresa de
automóviles en el oeste, donde este
vehículo aún no ha llegado, y donde los republicanos se oponen a tal progreso, lo que les acarreará un montón de
problemas que tendrán que resolver a base de mamporros y buenos sentimientos.
Ni que decir tiene, que las peleas de esta película están a años luz de las de
las películas de Terence Hill y Bud Spencer. Pero eso es lo grande de todo
esto. Con este tipo de películas, es mejor lo que hay detrás que las pelis en
si mismas, que siempre son insoportables.
Dirige la película bajo pseudónimo de Frank Kramer,
Gianfranco Parolini, artesano italiano como cualquier otro, que firmó cosas
como “Los 3 Supermen”, reputados
“Spaghetti Westerns” como “Adiós Sabata” o “Seis balas, una venganza, una
oración” y otras marcianadas como "Yeti: el abominable hombre de las nieves" o "El secreto del imperio de los incas".
Ahora vayamos con una de las ediciones videográficas de esta
película en nuestro país, y que muy bien podría ir en nuestra sección “Aquellas carátulas maravillosas”. Porque si en Italia eran expoliadores, aquí en
nuestros videoclubes, con tal de que alquiláramos como borregos, hacían con la
carátula lo que les salía de los cojones.
Vale que la peli se vende como si fuera de Terence Hill y
Bud Spencer –fíjense bien en el cartel que ilustra la reseña- pero si
presidiendo el póster tenemos una ilustración de Paul Smith… ¿Qué necesidad
había de poner otra del propio Terence Hill al lado y no de Michael Coby?. Y
por si eso fuera poco, miren el dibujillo de debajo de los actores. Ahora miren
este cartel de “Loca academia de Policía IV” que les he colocado a la derecha.
Saquen sus conclusiones.
En cualquier caso, resulta todo esto del todo fascinante.
Igual que el fenómeno “Clones”. Ahora ¿Las películas? Una puta mierda. Pero hay
que verlas y coleccionarlas… al menos yo no puedo evitarlo.
viernes, 2 de septiembre de 2016
EL SUPERSHERIFF
No les dije en la anterior reseña de “El Sheriff y el
pequeño Extraterrestre” que, en un émulo por hacer pasar la película por
Americana, incluso yéndose a los USA a rodarla, se les pasó una cosa a los
Italianos; en una secuencia de pelea en un supermercado, aparece, en plena
pared, un enorme troquelado de ¡Asterix! ¿Cómo va a haber en un supermercado de
la América profunda un troquelado de Asterix? Si ni sabrán quién es… Perdonen
el inciso.
Como “El Sheriff y el pequeño Extraterrestre” funcionó
estupendamente en toda Europa –no tanto en España que no llegó a los 700.000
espectadores, cuando las pelis de Bud Spencer sobrepasaban, en algunos casos,
los dos millones de espectadores- el
paso natural era hacer una secuela, así que con el mismo equipo técnico, y
contratando esta vez más exteriores para que se vea bien que no están en
Europa, se pone en marcha este “El
Supersheriff” que continúa las hazañas de Bud Spencer y Cari Guffey por las
carreteras de varios estados, en una película mucho menos resultona que la que
le precede. Es un absoluto coñazo.
Para esta ocasión, huyendo del gobierno, el Sheriff y el
Alien, se instalan en un pueblecito de la América profunda que responde al
nombre de Monroe. Allí, Bud, pedirá trabajo como Sheriff, lo que le permitirá
poner orden en ese pueblo en el que
reina la delincuencia y la sin razón. Por otro lado, por allí pululan una serie
de extraterrestres medio nuevaoleros,
que deciden secuestrar al pequeño Extraterrestre, por lo que Bud Spencer
se liará a hostias él solito, con toda una horda de Aliens y Cyborgs, como
si de “Jack Brooks, Monster Slayer” se
tratase.
Al final, haciendo ver como que salva al niño. Estos se van
en coche al espacio, espacio este que es representado por una habitación negra
con lucecitas brillantes en la pared que emulan a las estrellas, en la que
vemos claramente que el coche está quietecito y estacionado. Pero Bud Spencer
hace como que está volando por el espacio y
que no le hace ninguna gracia.
Pues al contrario que con la anterior, con esta secuela si
que me he aburrido de lo lindo, a pesar de que ocurren muchas cosas, y que con el éxito de la anterior, le echaron
algo más de pasta a la producción; de hecho tenemos mogollón de tíos con
purpurina y pelucas al más puro estilo “Plan Nine from Outer Space” cada cual
más risible, y sin embargo, viéndolos, me quedo igual que estaba. Porque no se
trata de una cosa consecuencia de la inutilidad y la inegenuidad, sino de una
dejadez extraordinaria, al saberse que el producto que se fabrica, está comprado
de antemano. Vamos, que en una película de Bud Spencer, todo lo que no sea Bud
Spencer, da exactante lo mismo. Por eso lo Naïf, pierde todo el valor que
pudiera tener, si de otra película se tratase.
En definitiva, más de
lo mismo pero peor, mediocre a más no poder. Y claro, ya no funcionó tan bien
en los cines como la anterior, por eso no hubo trilogía.
En cualquier caso, insisto, se trata de películas familiares
de Bud Spencer, pedirle peras al olmo es de lo más despiadado e ingenuo, así
que, miren. ¡Ni tan mal!, pero me costó acabarla, esa es la verdad.
Repite en la dirección Michele Lupo.
lunes, 23 de diciembre de 2019
SIMÓN Y MATEO
“Simón y Mateo” es una de las películas más divertidas de
Paul Smith y Michael Coby, ya saben, los clones de Bud Spencer y Terence Hill.
Una chabacanería donde las máximas cotas de humor las ponen los chistes sobre
cuernos —y cornudos, al más puro estilo garrulo italiano— y donde nuestros dos
protagonistas tienen conversaciones absolutamente demenciales. Un guion que
hace parecer a sus protagonistas poco menos que deficientes mentales. Así, se
nos presenta a un par de ladrones de poca monta que deciden pasarse a echar un
rato a la oficina de empleo (no tienen la más mínima intención de trabajar) y
allí les ofrecen un trabajo que no podrán rechazar. Tienen que llevar un camión
con una carga de sprays anti-mosquito hasta una dirección concreta en Marsella.
Durante el periplo descubren que no es la oficina de empleo la que les ha
enviado a hacer ese trabajo, ni que lo que transportan son sprays anti-mosquito
y pronto se las tendran que ver con un clan mafioso que es el que los ha metido
en semejante lío. Ante tal tesitura, y mientras se pelean entre ellos por
chorradas, nuestros protagonistas resolverán sus diferencias con los mafiosos a
mamporro limpio.
Ambientada en la actualidad del momento (los años 70) y
consciente la producción de que lo que vende es una burda imitación de las
películas de Bud Spencer y Terence Hill, nada como introducir elementos que la
hagan parecerse a “Y si no… nos enfadamos” con unos toquecitos de “También los
ángeles comen judías” y ya tenemos el producto servido. La cosa funcionó bien
y, antes de que se fuera de madre, les dio tiempo a rodar una secuela para después, por su propia naturaleza y, para siempre, desaparecer lo que fue la pareja
de clones más descarada de la historia del cine.
Eran tiempos de sesiones dobles, salas de barrio y Drive-in,
por lo que la venta de las películas de serie B y Z europeas, estaba a la orden
del día. Con esto quiero decir que si bien las películas de Bud Spencer y
Terence Hill llegaban de alguna manera a los Estados Unidos, estas de los
clones también lo harían. Y se desató la polémica el día que la Venture Films
de Edward L. Montoro —que distribuyó en USA las películas de Juan Piquer Simón
o el “Tiburón 3” de Castellari— adquirió “Simón y Mateo” para su distribución en cines
americanos. Algo de popularidad debían tener entonces las de Spencer/Hill,
sobre todo, sus westerns, por lo que Montoro decidió hacer más notoria la
condición de plagio de “Simón y Mateo” haciendo figurar en los créditos a Paul
Smith y Michael Coby bajo los nombres de Bob Spencer y Terrence Hall en lo que
se llamó en los USA “Convoy Buddies” (cuyo póster hemos elegido para ilustrar
esta reseña), cosa esta que cabreó particularmente a Paul Smith quien había
firmado un contrato en calidad de estrella principal. En la versión USA, no
solo no aparece su nombre, sino que el pseudónimo que se le endosa aparece en
segundo lugar después del de Terrence Hall, motivo por el cual Paul Smith
denunció a Montoro en un juicio en el que no se sabe a favor de quién falló el
jurado.
La película, una co-producción de Italia con España, cuenta
con papeles secundarios para Eduardo Fajardo que interpreta al padrone del clan
mafioso que hace la vida imposible con el camión a nuestros protagonistas,
Francisco Merino o Fernando Bilbao, así como la dirección está a cargo de
Giuliano Carnimeo, artesano y responsable de títulos tan populares como
“Jaimito, médico del seguro”, “El hombre rata” o “Computrón 22”. Se dice que
las películas de Smith y Coby no eran del todo horripilantes gracias al trabajo
solvente de los artesanos que las dirigieron. Algo de razón hay en eso.
Como anécdota, decir que estas películas, igual que las de
Spencer/Hill, se rodaban sin sonido directo, por lo que se doblaban dejando a
Bud y Terence una pareja de dobladores fijos que, para acabar el chiste,
también doblaron a Smith y Coby en sus películas. Y más marciano todavía, en
España, doblaron a estos actores los mismos que doblaban a Bud Spencer y
Terence Hill en sus películas… cosas de aquella época.
Por lo demás, “Simón y Mateo”, que en nuestro país llegó a
reunir en salas a casi medio millón de espectadores, es una película agradable
y, como ya he dicho en otras ocasiones, a la altura de las de la pareja
original Spencer/Hill que tampoco es que estuvieran mucho más dotados para la
actuación que Smith/Coby. Si acaso, las coreografías de pelea, si que eran
mejores, que estas son una puta mierda.
viernes, 23 de septiembre de 2022
Y SI NO, NOS ENFADAMOS (2022)
Antes de que se estrenase siquiera, el sector rancio del fandom que le ha tocado padecer a Bud Spencer y Terence Hill, ya echaba pestes sobre la idea de que se lanzase un remake del clásico “Y si no, nos enfadamos”. Esputaban bilis como los pedazo de retrasados mentales que son.
A mí, de primeras, no me pareció mal del todo, un remake de una película de Bud Spencer y Terence Hill y que para más inri no tuviera nada que ver con el binomio Trinidad… me hacía cierta gracia la idea. El único problema al que me enfrentaba con respecto a este peliagudo tema, era la manera en la que lo abordarían, porque no creo que “Y si no, nos enfadamos” sea un producto fácil de remakear precisamente. Pero lo último que se pierde es la esperanza.
Al final hay que darle la razón a todos estos tontos del culo por sus capacidades para la clarividencia, porque el resultado de esto es poco menos que una abominación. Todo mal. Pero yo digo todo esto tras ver la película, no antes, porque al contrario que ellos yo no soy adivino.
La cosa, producida para Netflix, es una especie de de secuela/remake de la película dirigida por Marcelo Fondato en 1974 que nos sitúa en un extraño lugar costero. Una breve introducción nos resume lo acontecido en la película original y nos presenta a unos dobles de Terence Hill y Bud Spencer tras unas vidrieras —para que no podamos distinguirlos bien— discutiendo sobre la autoría del mini bólido rojo y con capota amarilla que era objeto de deseo y conflicto en la primera película. Y resulta que han pasado algunos años y han tenido hijos que son exactamente igual que ellos. Mientras ellos discuten, a los niños no se les ocurre otra cosa que conducir el mini bólido, hasta que unos tipos que piden ayuda en la carretera les roban el cochecito, generando así la enemistad entre ellos. De este modo se traslada la acción a la actualidad, los niños ya son mayores, y se repite, punto por punto, el argumento del “Y si no, nos enfadamos” primigenio recreando de nuevo todos los momentos míticos y los arquetipos, no ya de la película en sí, si no de todo el cine de Hill/ Spencer (a saber; salchichas y cerveza, el rally inicial, el duelo de las motos, los macarras chungos, pero muy tontos…), omitiendo, sin embargo, las secuencias más complicados de rodar a día de hoy, esto es, persecuciones y peleas que conllevan una mayor elaboración. Cambian personajes y situaciones y listo, habemus filme. Eso sí, el tema de “Dune Buggy”, el “Coro dei Pompieri” (ya saben… lalalalalala, lalalalalala…) y todo lo que ha de estar, está, no sea que la platea cincuentona no asocie y se cabree.
El problema de la película, a parte de ser hiper aburrida, reside en que la dirección se la han encomendado a un par de directores nacidos en el año 86, Niccoló Celaia y Antonio Usbergo, conocidos como dupla con el irritante nombre de YouNuts!, que son populares por dirigir videoclips de música urbana —trap y esas cosas—, ergo, sus gustos e influencias, más allá de que por edad lo que les ha tocado remakear les pilla un poco fuera de época, son los propios de un millenial; esta gente ha visto más series que películas. Entonces lo que tenemos aquí no llega ni a ser un ejercicio de nostalgia posmoderno, porque los directores son demasiado jóvenes para que les pille el posmodernismo.
“Y si no, nos enfadamos 2022” es una película sobreproducida, con un exceso total de planos aéreos, steadys y cámaras lentas en las peleas. Pero lo más excesivo es que se gasta un look a medio camino entre una película de Rob Zombie y otra de Tarantino, que verdaderamente tira de espaldas. Un daño colateral si quienes dirigen son atolondrados treintañeros. Pero esta es la opinión de un señor de mediana edad con mogollón de prejuicios a la hora de enfrentarse a según que productos, aún así, procurando ser objetivo, diré que si esto no fuera un remake de una película de Bud Spencer y Terence Hill de los que tampoco soy fan, fan, fan acérrimo, pecaría de esas mismas fallas de novato: Mucho aspaviento, mucho montaje, y querer parecerse a Tarantino. En definitiva, puta mierda.
En el reparto, el sosias de Bud Spencer es Edoardo Pesce, un actor de los de nueva hornada que ha ganado premios por aparecer en películas de Matteo Garrone, es en realidad un guaperas con la cara un poco redonda que ha tenido que engordar un poquitín (muy poco) para parecerse al bueno de Bud, mientras que para dar vida al trasunto de Terence Hill tenemos a Alessandro Roja del que podemos decir más o menos lo mismo que de Pesce. Ambos, además, son populares por intervenir en la serie de gran audiencia en Italia, “Roma criminal”. Y por supuesto, no puede faltar en una comedia italiana que se precie Christian De Sica, dando vida al malo malísimo —y megalomaníaco— de toda esta historia y cuya presencia se antoja ya, a estas alturas, una parodia de sí mismo. Con todo, esa misma presencia es al final lo mejor de una película destinada a ser odiada de por vida. O peor aún, olvidada en pocos meses.
A mí, de primeras, no me pareció mal del todo, un remake de una película de Bud Spencer y Terence Hill y que para más inri no tuviera nada que ver con el binomio Trinidad… me hacía cierta gracia la idea. El único problema al que me enfrentaba con respecto a este peliagudo tema, era la manera en la que lo abordarían, porque no creo que “Y si no, nos enfadamos” sea un producto fácil de remakear precisamente. Pero lo último que se pierde es la esperanza.
Al final hay que darle la razón a todos estos tontos del culo por sus capacidades para la clarividencia, porque el resultado de esto es poco menos que una abominación. Todo mal. Pero yo digo todo esto tras ver la película, no antes, porque al contrario que ellos yo no soy adivino.
La cosa, producida para Netflix, es una especie de de secuela/remake de la película dirigida por Marcelo Fondato en 1974 que nos sitúa en un extraño lugar costero. Una breve introducción nos resume lo acontecido en la película original y nos presenta a unos dobles de Terence Hill y Bud Spencer tras unas vidrieras —para que no podamos distinguirlos bien— discutiendo sobre la autoría del mini bólido rojo y con capota amarilla que era objeto de deseo y conflicto en la primera película. Y resulta que han pasado algunos años y han tenido hijos que son exactamente igual que ellos. Mientras ellos discuten, a los niños no se les ocurre otra cosa que conducir el mini bólido, hasta que unos tipos que piden ayuda en la carretera les roban el cochecito, generando así la enemistad entre ellos. De este modo se traslada la acción a la actualidad, los niños ya son mayores, y se repite, punto por punto, el argumento del “Y si no, nos enfadamos” primigenio recreando de nuevo todos los momentos míticos y los arquetipos, no ya de la película en sí, si no de todo el cine de Hill/ Spencer (a saber; salchichas y cerveza, el rally inicial, el duelo de las motos, los macarras chungos, pero muy tontos…), omitiendo, sin embargo, las secuencias más complicados de rodar a día de hoy, esto es, persecuciones y peleas que conllevan una mayor elaboración. Cambian personajes y situaciones y listo, habemus filme. Eso sí, el tema de “Dune Buggy”, el “Coro dei Pompieri” (ya saben… lalalalalala, lalalalalala…) y todo lo que ha de estar, está, no sea que la platea cincuentona no asocie y se cabree.
El problema de la película, a parte de ser hiper aburrida, reside en que la dirección se la han encomendado a un par de directores nacidos en el año 86, Niccoló Celaia y Antonio Usbergo, conocidos como dupla con el irritante nombre de YouNuts!, que son populares por dirigir videoclips de música urbana —trap y esas cosas—, ergo, sus gustos e influencias, más allá de que por edad lo que les ha tocado remakear les pilla un poco fuera de época, son los propios de un millenial; esta gente ha visto más series que películas. Entonces lo que tenemos aquí no llega ni a ser un ejercicio de nostalgia posmoderno, porque los directores son demasiado jóvenes para que les pille el posmodernismo.
“Y si no, nos enfadamos 2022” es una película sobreproducida, con un exceso total de planos aéreos, steadys y cámaras lentas en las peleas. Pero lo más excesivo es que se gasta un look a medio camino entre una película de Rob Zombie y otra de Tarantino, que verdaderamente tira de espaldas. Un daño colateral si quienes dirigen son atolondrados treintañeros. Pero esta es la opinión de un señor de mediana edad con mogollón de prejuicios a la hora de enfrentarse a según que productos, aún así, procurando ser objetivo, diré que si esto no fuera un remake de una película de Bud Spencer y Terence Hill de los que tampoco soy fan, fan, fan acérrimo, pecaría de esas mismas fallas de novato: Mucho aspaviento, mucho montaje, y querer parecerse a Tarantino. En definitiva, puta mierda.
En el reparto, el sosias de Bud Spencer es Edoardo Pesce, un actor de los de nueva hornada que ha ganado premios por aparecer en películas de Matteo Garrone, es en realidad un guaperas con la cara un poco redonda que ha tenido que engordar un poquitín (muy poco) para parecerse al bueno de Bud, mientras que para dar vida al trasunto de Terence Hill tenemos a Alessandro Roja del que podemos decir más o menos lo mismo que de Pesce. Ambos, además, son populares por intervenir en la serie de gran audiencia en Italia, “Roma criminal”. Y por supuesto, no puede faltar en una comedia italiana que se precie Christian De Sica, dando vida al malo malísimo —y megalomaníaco— de toda esta historia y cuya presencia se antoja ya, a estas alturas, una parodia de sí mismo. Con todo, esa misma presencia es al final lo mejor de una película destinada a ser odiada de por vida. O peor aún, olvidada en pocos meses.
lunes, 29 de agosto de 2016
EL SHERIFF Y EL PEQUEÑO EXTRATERRESTRE
Yo lo siento mucho, pero si hay películas con las que el
paso del tiempo se ha cebado más de la cuenta, esas son sin duda las de BudSpencer y Terence Hill. Siempre hay excepciones, porque como todo hijo de
vecino también tienen sus obras maestras (“Y si no… Nos enfadamos”, el binomio
“Trinidad” o “También los Ángeles come judías” –esta sin Terence- que son todas
ellas cojonudas), sin embargo son el estupendo ejemplo de que algo que disfruté
en mi niñez, ahora ya en la mediana edad, me cuesta verles la gracia. Incluso
las señas de identidad, que son las peleas, me molestan cuando hacen acto de
presencia. Ya está uno harto de ver a
Bud Spencer dando bofetadas a los mismos, y de las mismas maneras.
Sin embargo, “El Sheriff y el pequeño Extraterrestre”, sigue
vigente y teniendo cierta gracia, más que nada por el imposible tandem que
forman Bud Spencer y el niño Cary Guffey.
Y si bien esta película es un intento italiano por
aprovecharse del tirón de “Encuentros en la tercera fase” también es cierto que
en muchos aspectos se anticipó a “E.T. El Extraterrestre”.
Cuenta la historia de un pequeño pueblo norteamericano en el
que aterriza una nave espacial. El alienígena de su interior, resulta ser un
niño pequeño de unos ocho años, que topa con el Sheriff del pueblo, que intenta
llevarlo a su casa, incrédulo este de que a quien tiene bajo su tutela, resulta
ser un Extraterrestre en realidad. Tras muchas exhibiciones de un aparato con
poderes que lleva el niño consigo, finalmente se hace cargo de la situación y
lo entrega al gobierno. Pero como estos quieren experimentar con el niño, y el
ejército quiere quedarse con el aparatito espacial para dominar el mundo, al
Sheriff le da pena, lo rescata de las manos del gobierno, y lo preparará todo
para que los padres del chico vengan a recogerlo en su nave espacial el día
señalado. Todo ello una burda excusa para ver lo que queremos ver, que no es
otra cosa que al tío Spencer dando sopapos aquí y allá.
Pues que quieren que les diga, a mí el argumento me parece
de lo más pareado al de “E.T. El Extraterrestre”… ¿Plagiaría Spielberg? En
cualquier caso, que se jodan estos italianos, porque, quien roba a un ladrón…
Y es que, cuando los italianos idearon esta producción para
lucimiento de Bud Spencer, fijaron tanto sus ojos en “Encuentros en la tercera
fase”, que a la hora de seleccionar al niño actor que habría de protagonizar la
película junto a Spencer, se fijaron en el niño que es abducido por los
extraterrestres en dicha película, Cary
Guffey. El chaval tenía su aquel para la gente del cine, porque si
podemos verle en esta película, fue porque había sido tentado por Stanley
Kubrick para que protagonizase “El Resplandor”, sin embargo, como sus padres no
querían que su hijo participase en una película de horror tan terrorífica, la siguiente
oferta que tuvo vino por parte de Italia, que al tratarse de una película
familiar, ya les pareció mejor. Y aquí le tenemos.
En realidad, la peli, de precioso título internacional –
“The Sheriff and the Satellite Kid”- no deja de ser un producto más a la Bud
Spencer con o sin niño –como en “Zapatones” que iba con un negrillo- al que a
estas alturas le falta ritmo y situaciones divertidas por doquier, aunque si lo
miramos por el lado de la nostalgia, pues miren ustedes; me las puse ayer
noche, y me zampé la hora y media del tirón. Tampoco son estas películas tan
malas o aburridas como para tener que pasarlas rápido o directamente quitarlas.
Vamos, que ahí permanecen.
El pequeño Guffey, luego hizo un par de películas más, acabó
en la serie “Norte y Sur”, pero esta sería su película más importante. Y su
secuela… de la que el próximo día les hablo.
En cuanto a la dirección, Michelle Lupo, artesano Italiano
sin ninguna personalidad, que dirigía algunos productos Spencer con la misma
eficacia –o ineficacia- con la que dirigía Peplums o Spaghetti Westerns.
jueves, 26 de septiembre de 2013
EN EL OESTE SE PUEDE HACER... AMIGO
Conscientes ya del éxito que tenían tanto Terence como Bud
juntos o por separado, y ya con el estilo característico de mamporros y humor,
se explota aquí otra formula que sería exitosa dentro de las películas de
estos dos; la de juntar a Spencer con un niño. En “Zapatones” o “El Sheriff
y el pequeño extraterrestre” así fue o con un adolescente en “Aladino”, pero el
precedente es esta divertidísima “En el Oeste se puede hacer… amigo”. Aquí, al
niño repelente que va con Bud no le gana ningún otro. Renato Cestié, visto más de
pequeño todavía en “Bahia de Sangre” de Mario Bava, da vida a Chip, el joven que tras morir su tío
es semi-adoptado por el bueno de Coburn
(Bud Spencer), cuando de casualidad estos le salvan la vida. Por otro lado
tenemos a Sonny (inmenso Jack Palance), que convencido de que Coburn ha
desvirgado a su hermana, le persigue por todo el Oeste con el fin de, primero,
hacerle esposar con ella, y matarle por deshonrarla de segundas.
De mientras el Sheriff-Reverendo del pueblo (Paco Rabal, aún
prestigioso, adscrito a los géneros hasta el fin de sus días), chantajea a
Coburn y a Chip, porque quiere quedarse con las tierras del muchacho que, intuimos,
valen más de lo que ofrece por ellas.
En co-producción con España –el magnífico guión es nada
menos que de Rafael Azcona, firmando, no obstante, como “Raphael” Azcona- nos enfrentamos a un muy divertidísimo
“Spaghetti Western” donde la verborrea juega un papel vital en la trama, ya
que, por el contrario a muchas producciones similares, su humor se aleja
notablemente del “slapstick” habitual en favor de unos diálogos, contra todo
pronóstico, brillantes, sin dejar de lado, por supuesto, las cada vez más
famosas hostias del Spencer ( ¡¡Esa mano abierta!!).
Nunca Bud Spencer había estado tan bien en otra película, ni
tan Bud Spencer (jamás, si exceptuamos alguna de sus películas de ultima
hornada o aquellos telefilmes de “Big Man”, dejó de interpretar su propio
estereotipo). Sin embargo, la presencia de un decadente y, sin embargo en
estado de gracia –está graciosísimo- Jack Palance, le hace una sombra terrible,
convirtiéndose Palance, sin duda, en lo mejor de la película.
Paco Rabal, con tremendo sentido del humor, haciendo de malo
de la función y a la vez, de caricato, cumple mucho mejor que en sus películas
prestigiosas, e incluso, llegas a partirte el culo con sus apariciones.
En definitiva, una de las mejores comedias del Oeste
italianas de las que llevo vistas.
Dirige Mauricio Lucidi, quien, al igual que Jess Franco en España se encargó de montar “Don Quijote de Orson Welles”, él lo montó en su
versión Italiana.
viernes, 24 de marzo de 2017
CARAMBOLA
“Carambola”, probablemente sea la más popular de las
películas protagonizada por los clones de Bud Spencer y Terence Hill, PaulSmith y Michael Coby, de los que ya he hablado tanto por aquí, que con pinchar
en sus nombres ya les debería bastar para saber quienes son, si es que a estas
alturas, y visitando un blog como este no lo saben ya.
Así pues, “Carambola” es una de las consecuencias directas
del éxito de “Le llamaban Trinidad” y en
la que Paul Smith y Michael Coby procuran imitar a Spencer y Hill al máximo. Y
lo consiguen hasta tal punto que parece que estés viendo una película de ellos.
Porque, si algo me ha llamado la atención, es que la película es tan difrutable
como las de los originales, incluso más, que algunas de las mas flojas de la
pareja clonada.
Porque, si efectivamente, en las películas Israelíes en las
que Paul Smith hace las veces de Bud Spencer (“Si me enfado… lo rompo todo”) si
que puedo destacar la pobreza de medios con los que esas películas están
realizadas, aquí la producción no dista mucho de las de Bud Spencer y Terence
Hill. Es más, Carambola podría estar protagonizada por ellos perfectamente.
Teniendo en cuenta que en Italia “Carambola” funcionó de
perlas en Italia, e incluso, en nuestro país llevó casi 700.000 espectadores a
las butacas –váyanse a saber ustedes si engañados por el póster de la película
y el parecido de los clones, o por ser un western cómico-, me pregunto yo: ¿No
será que el hecho de que estas películas resultaban un éxito solo por ser
películas con clones? Yo creo que es más que probable, porque se trata de un
guion que perfectamente podrían haber hecho los auténticos, o que hubiera
resultado atractivo con otros personajes que no imitaran los arquetipos de
Spencer y Hill. Además el director, Ferdinando Baldi, ya había trabajado con
Terence Hill en otras ocasiones (en “El clan de los ahorcados”, por ejemplo).
Cuenta la historia de un experto del billar –graciosísimo el
verle ejecutar jugadas imposibles de billar, siendo estas resueltas con ¡Stop
Motion!- que es encarcelado por usar un revolver no reglamentario, y de un
busca bullas que es encarcelado por eso mismo, por montar bronca, y que estando
ambos en la cantera realizando trabajos forzados, uno de ellos mata en un
accidente a uno de los guardias y se ven obligados a fugarse de allí. Todo se
enredará cuando descubramos que en realidad no han matado a nadie y que todo es
una encerrona en la que se les mete, y de la que ellos saldrán a base de
mamporrazo, arte Italiana esta, en la que Smith y Coby, no son tan vistosos
como Spencer y Hill.
Funcional entretenimiento. Un Spaghetti Western de corte
cómico y autoconsciente, y espoliador de lo que espolia, que es su principal
atractivo.
Del dire, Ferdinando Baldi, decir que en una más que
prospera carrera, dirigió varias
películas del dúo Smit-Coby, llegó a dirigir, con anterioridad, al mismísimo
Orson Welles en “David y Goliat”, pero sobretodo, es popular para los
integrantes (y los asiduos) de este blog, por dirigir esa joyita del trash que
es “El tesoro de las cuatro coronas” de la que ya hemos hablado en varias
ocasiones, ya sea en formato podcast, como en formato “Pest Seller” en “Malas pero divertidas”.
jueves, 3 de abril de 2008
TAMBIÉN LOS ÁNGELES COMEN JUDÍAS
Como todo hijo de vecino, en su momento disfruté total y plenamente de todas y cada una de las películas protagonizadas por el tándem Terence Hill – Bud Spencer. Me encantaban.
En la actualidad no es que reniegue de la pareja cómica, ni mucho menos, pero sí que les he perdido un poco de estima, porque, seamos serios, en general todas esas películas eran mas malas que el Sida. Solo unas pocas realmente merecen la pena. De ambos juntos, "Dos superpolicías" y "Si no, nos enfadamos". De Terence Hill rescato "El superpoderoso", "Renegado Jim" o "Don Camilo".
De Bud Spencer en solitario, ninguna.
En la actualidad no es que reniegue de la pareja cómica, ni mucho menos, pero sí que les he perdido un poco de estima, porque, seamos serios, en general todas esas películas eran mas malas que el Sida. Solo unas pocas realmente merecen la pena. De ambos juntos, "Dos superpolicías" y "Si no, nos enfadamos". De Terence Hill rescato "El superpoderoso", "Renegado Jim" o "Don Camilo".
De Bud Spencer en solitario, ninguna.
Sin embargo, hay una que es millones de veces mejor que todas las que han hecho juntos, "También los ángeles comen judías", que aunque no entra dentro de mis favoritas, sí entra dentro de las que más veces he visto junto con "Gremlins", "Rocky", "Ed Wood" o "Regreso al futuro".
Y es que es una maravilla.
Aunque, en esta película Enzo Barboni (E.B. Clucher y E.B. Vanders para los vagos que distribuían la edición en vídeo ¿?), tira de imágenes de archivo a tutti plen para ambientar el Nueva York de los años 20. No obstante, las rodadas para la película están muy bien ambientadas y dan el pego totalmente.
Desconozco el motivo por el cual, en una película que parecía concebida para ser protagonizada por Hill-Spencer, se prescinda de Terence Hill y, en su lugar, coloquen a un Giuliano Gemma en estado de gracia, quien emula Hill tanto en las coreografías de puñetazos, como en las maneras de actuar y ¿saben una cosa? me gusta más la percha y el estilo de Gemma. Lástima que no lo sustituyeran nada más que para esa ocasión, porque es que incluso hacía mejor pareja con Spencer que el propio Terence Hill, pero, ya se sabe, Giuliano Gemma es moreno, Bud Spencer es moreno... ¿Se imaginan a Zipi y Zape, morenos los dos? Pues los productores de estas películas tampoco.
Lo que me gusta de "También los ángeles..." es su pestazo a clásico, su pestazo a "spaguetti western" (sin serlo) y su tono sepia, cerdo y sobretodo, esa trama en la que dos desgraciados de buen corazón se meten a mafiosos para salir de la miseria, a fuerza de puñetazos y metralleta metiéndose en toda clase de líos y viéndoselas con brutos de todo tipo, como el Navaja, interpretado por un habitual de las Italianadas de la época, Giovanni Cianfriglia.
Por ahí rula también haciendo de chivato el patrio Víctor Israel.
En fin, que vista recientemente esta peli no ha perdido ni un ápice de frescura. Los años, la factura de la peli y ¡¡¡lo bien rodada que está!!!, la han convertido indiscutiblemente en un clásico Italiano, una obra maestra a la altura del "Amarcord" de Fellini o el "Perfume de mujer" de Dino Risi. O mejor, que yo estas dos no las he visto (ni disfrutado) tantas veces como ela reseñada.
Por cierto NO COMPREN LA EDICIÓN EN DVD DE "IMPULSO RECORDS", que es una basura, el master una mierda y se ve tan mal que parece un "screener". Si conservan el vhs, no tiren su copia hasta que salga, por lo menos, en Blu-Ray.
Y es que es una maravilla.
Aunque, en esta película Enzo Barboni (E.B. Clucher y E.B. Vanders para los vagos que distribuían la edición en vídeo ¿?), tira de imágenes de archivo a tutti plen para ambientar el Nueva York de los años 20. No obstante, las rodadas para la película están muy bien ambientadas y dan el pego totalmente.
Desconozco el motivo por el cual, en una película que parecía concebida para ser protagonizada por Hill-Spencer, se prescinda de Terence Hill y, en su lugar, coloquen a un Giuliano Gemma en estado de gracia, quien emula Hill tanto en las coreografías de puñetazos, como en las maneras de actuar y ¿saben una cosa? me gusta más la percha y el estilo de Gemma. Lástima que no lo sustituyeran nada más que para esa ocasión, porque es que incluso hacía mejor pareja con Spencer que el propio Terence Hill, pero, ya se sabe, Giuliano Gemma es moreno, Bud Spencer es moreno... ¿Se imaginan a Zipi y Zape, morenos los dos? Pues los productores de estas películas tampoco.
Lo que me gusta de "También los ángeles..." es su pestazo a clásico, su pestazo a "spaguetti western" (sin serlo) y su tono sepia, cerdo y sobretodo, esa trama en la que dos desgraciados de buen corazón se meten a mafiosos para salir de la miseria, a fuerza de puñetazos y metralleta metiéndose en toda clase de líos y viéndoselas con brutos de todo tipo, como el Navaja, interpretado por un habitual de las Italianadas de la época, Giovanni Cianfriglia.
Por ahí rula también haciendo de chivato el patrio Víctor Israel.
En fin, que vista recientemente esta peli no ha perdido ni un ápice de frescura. Los años, la factura de la peli y ¡¡¡lo bien rodada que está!!!, la han convertido indiscutiblemente en un clásico Italiano, una obra maestra a la altura del "Amarcord" de Fellini o el "Perfume de mujer" de Dino Risi. O mejor, que yo estas dos no las he visto (ni disfrutado) tantas veces como ela reseñada.
Por cierto NO COMPREN LA EDICIÓN EN DVD DE "IMPULSO RECORDS", que es una basura, el master una mierda y se ve tan mal que parece un "screener". Si conservan el vhs, no tiren su copia hasta que salga, por lo menos, en Blu-Ray.
domingo, 7 de agosto de 2011
ALADINO
La Cannon , que con toda la fama (merecida) de cutre que tiene con sus películas baratas, con la tontería, tenia montado un emporio que no solo ocupaba la exhibición de las Américas, si no también la de Europa, con lo que el mercado mundial, quedaba copado. ¿Y que triunfaba en Europa a finales de los ochenta? Pues por lo que respecta a Italia, España y sobretodo Alemania, las películas de Bud Spencer y Terence Hill. Así, mientras que ese mismo año 1987, en USA la Cannon se lo montaba con MASTERS DEL UNIVERSO o YO SOY LA JUSTICIA 2, en Italia se hacían una de Bud Spencer, y dirigida por Bruno Corbucci, que hace poco había triunfado internacionalmente con la pareja cómica que nos atañe con DOS SUPER POLICIAS EN MIAMI. Pero los señores Menahen Golan y Yoran Globus, recogieron los restos de ese fenómeno social, y con su película “Spenceriana” pusieron fin, tras un fracaso, a una relación que, seguro, en un principio, intuían fructífera. Los Spencer/Hill, ya no pegaban tan duro.Y al fracaso de ALADINO, seguramente ayudó lo extraño de la propuesta:
Un joven de Miami llama do Al Haddin (que original, por dios!!), pobre, no obstante como cualquier niño sucio del neo-realismo, se encuentra en la tienda de antigüedades donde trabaja una costrosa lámpara de aceite. Esta resulta ser la lámpara de Aladino, así que pronto aparecerá el genio para hacer realidad, sus churretosos y pobretones deseos. La amistad surge entre amo y genio, y pronto se propondrán acabar con la red organizada de mafiosos que tiene explotada a la madre de Al Haddin. De mientras, y como no puede ser de otra manera, las situaciones cómicas se suceden.
Lo primero que me ha llamado la atención tras esta revisión, tras muchos, muchos años de haberla visto por primera vez, es que se trata de una película tremendamente pobre. Si, está rodada en Miami para que parezca americana, pero todo en ella es cutre y chabacano. El primer deseo de Al Haddin, es un Rolls Royce, y cuando el genio concede el deseo, vemos un cochecillo, que si, parece un Rolls, pero es mucho mas pequeño, y no se le ve el glamour por ninguna parte.
Siendo esta una película que requiere de efectos especiales, estos, se solucionan artesanalmente a base de infames trasparencias que hacen parecer a las de SUPERMAN IV el más competente C.G.I, sosas desapariciones e infectos chromas, como en la escena en la que el genio y Al Haddin huyen del gobierno montados en una alfombra voladora. No solo notamos el chroma, si no que la alfombra, al estar en realidad en el suelo, vuela mas tiesa que una plancha de madera, y para mas inri, vemos claramente que el genio está sentado en una banqueta sobre la alfombra, la cual intentan disimular con sus ropajes. Lejos de provocar hilaridad, el tercermundismo de los f/x, da mucha pena.
Sin embargo, la producción intentó incluir elementos vendibles para forrarse… Como la saga de KARATE KID triunfaba, buscaron a un Al Haddin lo mas parecido posible a Ralf Maccio, y efectivamente, el muchacho elegido, Luca Venantini (visto en MIEDO EN LA CIUDAD DE LOS MUERTOS VIVIENTES o EL EXTERMINADOR DE LA CARRETERA) es un clónico de Ralf Maccio muy logrado… de hecho, en la época yo me creía que era el, ayudado, por supuesto, por el doblaje español, en el que se encargaron de contratar al mismo actor que dobló a Maccio. Por otro lado la relación entre el genio y Al Haddin, es muy similar a la de Daniel San y el Señor Miyagi.
Ahora, ¿En que radica el fracaso de la película? primordialmente en la dirección de Corbucci, que tras el dinamismo y velocidad de DOS SUPER POLICIAS EN MIAMI, hizo esta como sin ganas, ventilándose los planos rápidamente, como si fuera una peliculilla de mierda que le ha tocado hacer. Y, por supuesto, en que no hay más que una pelea en toda la película, y eso, en una película de Bud Spencer, es intolerable… claro que aquí ya estaba mayor el hombre.
Por lo demás, se deja ver, aunque se ha quedado tremendamente desfasada con el paso del tiempo, no así su banda sonora, cuyo tema principal, entre el Disco y la electrónica, me parece de lo más pegadizo y bailable.
jueves, 10 de octubre de 2013
Y EN NOCHEBUENA SE ARMÓ EL BELÉN
1994: Nueve años después de su ultima película juntos, “Dos
Súper policías en Miami”, treinta y cinco años después de coincidir por primera
vez en “Aníbal” y
veintisiete desde que compartieran pantalla por primera vez en un “Italo-Western” y dieran vida a Cat Stevens y Hutch Bessy en “Tu perdonas… ¡yo no!”, Terence Hill decide ponerse detrás de las cámaras ( ya lo hizo antes en “Don Camilo” y “Lucky Luke”) para dirigir lo
que hasta la fecha es la última película que harían juntos él y Bud Spencer, esta “Y en nochebuena se armó el Belén”.
Se rumorea que por aquél entonces, no es que la pareja de
cómicos se llevara mal, es que directamente no se podían ni ver -aunque los
motivos nunca han salido a la luz- y
aunque no tenían pensado volver a hacer una película juntos, el público
reclamaba su vuelta (sobretodo el Alemán) y decidieron hacerlo con una formula,
que según la forma de pensar de los
productores Alemanes, sería un éxito:
Bud y Terence, en un nuevo “Euro-Western”
(esta vez si, porque la película es Alemana, país donde son más queridos que
en el suyo propio) y con temática navideña de por medio para estrenar en cines
durante las fechas correspondientes.
Yo recuerdo quedarme flipado al pasar delante de la marquesina
de un cine de Madrid, y ver que, en plenos años 90, se estrenaba una nueva
película de Bud Spencer y Terence Hill. Me pareció curioso, pero durante esos
años estaba en otra honda, con la edad del pavo, y no fui a verla. Ni yo, ni
nadie… porque fue un fracaso. Normal, ellos ya estaban bastante
viejos, la peli era muy ñoña y estaba desfasada para la época. Pero alquilarla en vídeo, si que la alquilé… Y me pareció
espantosa, carente de ritmo, mal dirigida, mal montada y aburrida a horrores.
Sin embargo, y he aquí la prueba de que me hago mayor, vista
recientemente, me ha encantado… porque es una película familiar y muy bonita,
sin más pretensión que la de entretener a los FANS de la pareja,
y que ni es tan aburrida, ni está tan mal hecha como pensaba de
jovencito, si no que está rodada decentemente, y que donde Terence Hill falla
un poco dirigiendo es en el pulso
narrativo, pero es igual, porque se trata de una fábula para Navidad, atípica,
divertida y un bonito broche final, no solo para una pareja que hizo películas
juntos durante cuatro décadas, sino,
también, para un sub- género como es la comedia del Oeste.
En esta ocasión, Terence y Bud son hermanos, uno de ellos, caza
recompensas, es interrumpido por su hermano durante la caza de un forajido que viene a llevarle a ver a su madre ya que hace
años que no se hablan. Tienen que vérselas con el forajido y llegar a tiempo a
la cena de Navidad….
Me ha encantado, fíjense. Por eso digo que hay que darles
segundas oportunidades, incluso a las películas que más odien.
De hecho, no se porque no se pasa muy a menudo esta película
en televisión por Navidad…que además es la única que retrata el tema
olvidándose por completo de lo religioso; ni se nombra a Jesús, ni, obvio,
hay un Papá Noel, ni nada de eso… solo una cena, con una familia que
se reúne y que como es de prever, acaba aquello como el rosario de la aurora,
a hostia limpia.
Entrañable.
viernes, 20 de septiembre de 2013
LA COLINA DE LAS BOTAS
A lo que voy es que viendo películas de uno u otro género, lo cierto es que ninguno de los dos acaba
de entusiasmarme en su estado más puro. Es más, diría que me aburren bastante. No así cuando estos se adscriben a otro género mayor, en concreto,
y en este caso, la comedia. Entonces la cosa me entusiasma y me vuelve
loco. Ergo, no me gustan las películas de Kung –Fu, ni me gustan los “Spaghetti
Western”; me gustan las comedias de Kung- Fu, y me gustan las comedias del Oeste. Claro, como todos ustedes saben, si hay cómicos representativos de las comedias
del Oeste, estos son Bud Spencer y Terence Hill…. Pero hay un antes y un
después en sus míticas películas del Oeste, las que rodaron antes de “Le
llamaban Trinidad” en los años 60 y las que rodaron después.
Bueno, pues yo me las estoy viendo.
No se en qué momento se descubre que hay química entre ambos
actores, que son graciosos y que su humor
“slapstick” y a base de mamporros iba a ser la marca de la casa durante el
resto de las carreras de ambos (yo creo que es a partir de la película “Los 4
Truhanes”), pero lo cierto es que (salvo el título mencionado antes) durante
los sesenta sus películas son “Spaghetti Western” al uso, tirando a malos, en
los que la comedia brilla por su ausencia. Es tras “Le llamaban Trinidad” que
ese humor se hace consciente en posteriores películas y cuando se crea la
pareja cómica tal y como la conocemos, aunque ese humor impregnara,
irremediablemente, incluso los productos que protagonizaron por separado. Antes, tan solo existían cosas como esta “La colina de
las botas”.
Dirigida por Giuseppe Colizzi, quien fue el primero que rodó
películas con ambos actores juntos y que, probablemente, los descubriera como
pareja cómica al ser, también, el primero que rodó con ellos un film ajeno al “Spaghetti Western”, “Mas fuerte, muchachos”, nos
encontramos ante un folletin de interminable metraje, dentro de una duración
estándar, para lucimiento de Terence Hill en solitario, pero con Bud Spencer en
el reparto, que de mal montada y explicada, acabamos hasta los
mismísimos cojones debido a la falta de acción y la casi ausencia de
argumento. Este más o menos vendría a contarnos la historia de un individuo que
está siendo perseguido por unos forajidos, y se esconde en las caravanas de un
circo. Los trabajadores del circo se alían con el, en su aventura.
Bueno, es lo de menos porque si hay tiros, mamporros y
demás, la diversión estará asegurada… pero es que no los hay.
Entoces, se trata de un “Spaghetti Western” muy mediocre,
aburrido y soso, que solo destaca porque es el preludio de lo que vendría
después, tanto con el binomio de “Trinidad”, como con las comedias fuera del
sub-género de Hill/Spencer que ya son míticas. Pero el gen, desde luego, y lo
que más se asemejaría a lo que ya conocemos, sería la anterior, como ya he
dicho, “Los 4 Truhánes”. Esta es muy mala.
miércoles, 5 de febrero de 2020
LOS (POCOS) FOTOCROMOS DE "... Y SI NO, NOS ENFADAMOS"
A estas
alturas ¿Qué podemos decir de “…Y si no, nos enfadamos"? Un clásico de la comedia de mamporros y uno
de los títulos más queridos de Bud Spencer y Terence Hill, en el que ambos se
disputan la paternidad de un mini bólido con capota amarilla que han ganado en
una carrera de coches. Cuando unos mafiosos se lo destrozan impunemente,
nuestros hombres harán todo lo posible para que
les compren uno nuevo… a base de hostias.
Dirigida por
Marcello Fondato, la principal característica de esta película, que recaudó
tanta pasta como cualquier peli de "Marvel" de hoy, es que está rodada en Madrid
y en ella aparecen lugares verdaderamente emblemáticos como puedan ser la casa
de campo o las inmediaciones del estadio Santiago Bernabeu. Se trata de una
pasada que a día de hoy sigue funcionando y que sirvió, a los que la vimos
siendo niños, para darnos cuenta de que, igual, Bud Spencer y Terence Hill no
eran un par de actores americanos como creíamos, juzgando otros films de
factura menos mediterránea y que puede que
fuesen más cercanos. Y tanto que lo eran…
Sin más, aquí
les dejamos los pocos fotocromos de los
que disponemos pertenecientes a esta película.
(Víctor Olid)
(Víctor Olid)
lunes, 11 de agosto de 2014
CHISPITA Y SUS GORILAS
Y mira que me gusta un subgénero tan de aquí como
es el de “películas vehículo para lucimiento de cantantes”, especialmente la rama dedicada a benjamines.
En aquellos tempranos ochenta, todo el "boom" del artisteo
infantil lo viví intensamente y siendo
fan de casi todos ellos. Consumía sus casetes, y sobre todo, cienes de veces,
sus películas.
Yo supongo que los universitarios y
veinteañeros que pululan por aquí, quizás, ni de oídas conozcan a Chispita. Era una niña monísima y encantadora (hoy una cuarentona del montón) que cantaba
de maravilla. Sevillana ella, sacó un disco de gran éxito (en el que venía el
"hit" “La vuelta al mundo en Góndola”) y otro que pasó inadvertido. Con este
segundo desapareció del mapa. Pero entre disco y
disco, junto a otros improvisados cantantes infantiles, los archi famosos -gracias a la serie “Verano Azul”- Miguel Angel Valero y Miguel Joven, “Tito y
Piraña”, que grabaron su propio vinilo bajo el nombre común de "Los Pirañas" (en el que venía la canción de “Comer, comer” y
donde mayormente cantaba Piraña, ya que Tito lo hacía como los perros, relegándole así a coros), protagonizaron
una película que de puro “exploitation” no se como no se les caía a los
productores la cara de vergüenza, porque esta, en poco más de hora y veinte le pasaba factura no solo a Chispita y a “Tito y Piraña” (con ese cartelón, como para no llevar a los críos al
cine, debieron pensar nuestros padres) , si no que, además, y vistas ambas
películas recientemente, tiene serios ramalazos de “Annie” (las dos musicales
sobre niña huérfana pobre que acaba viviendo con señor mayor rico y señorita de
mediana edad de medio buen ver, y un personaje femenino directamente
relacionado con la cría, antagonista, que rebosa maldad), ramalazos de “Las aventuras de Enrique y Ana” (en ambas hay
personajes adultos estrafalarios aparentemente salidos de un universo ficticio
ajeno al costumbrismo del que provienen los protagonistas), además de guiños a
Bud Spencer y Terence Hill. Tito y Piraña, uno gordo y uno flaco, reparten leña
como si de los actores italianos se tratase, y por si el espectador más idiota
no se diera cuenta, lo adornan todo con posters de las películas de aquellos y,
además, se añade una escena en la que ambos salen disfrazados
como ellos en “Quien tiene un amigo tiene un tesoro” soltando un
forzadísimo diálogo: -“Hola, Bud Spencer”. –“Hola Terence Hill”, se dicen en un
momento dado Miguel Ángel Valero y Miguel Joven.
Por otro lado la película es súper cutre, no solo en lo
referente a la ambientación (todo rodado en pisos reales y exteriores
cochambrosos al más puro estilo neo-realista, pero a lo chabacano), sino también en
la dirección y el montaje; Lo primero corre a cargo de Luis María Delgado (“Loca
por el circo”, “Mírame con ojos pornográficos”) y es de lo más dejada, a años luz
de lo que este hacía en los setenta con Alfredo Landa o Fernando Esteso. Lo segundo, con tantos saltos de eje y fallos de raccord, parece amateur.
Y bueno, esos defectos acaban siendo, siempre, virtudes.
Además, este tipo de productos, negocios puros y duros, deberían estar por
encima del propio cine. ¿Cómo no me va a gustar “Chispita y sus gorilas”? ¡Es
pura nostalgia!
Cuenta la historia de una niña que, al morir su madre,
descubre que esta la había adoptado. Huyendo del maltrato
al que la somete la novia de su padrastro, se hace amiga de dos muchachos muy
fuertes, que la defienden de todo
peligro, con los que monta un conjunto musical del enorme éxito, motivo por
el que el padrastro la buscará para aprovecharse.
Como dato extra , sin más, diré que Chispita se puso delante de la
cámara en las series yankis “Matt Houston” y “Vacaciones en el Mar”, y Miguel
Ángel Valero y Miguel Joven lo hicieron, juntos, en “Padre no hay más que dos”.
Valero, por su parte, apareció además en “Buenas noches Señor Monstruo” y “El Rollo de Septiembre” antes de abandonar definitivamente el mundo del
espectáculo para dedicarse a sus estudios y acabar ejerciendo de profesor universitario. Joven creo que es camarero en su Málaga natal.
Muy entrañable todo.
lunes, 18 de septiembre de 2017
POPEYE
Popeye es un personaje que de siempre me ha obsesionado.
Poco a poco he ido coleccionando una buena cantidad de sus cortometrajes
animados, o de los largometrajes a base de cortos que se estrenaban en cines
españoles, que me instaron incluso a montar el mío propio, aprovechando la
coyuntura que me ofrece el dominio público de esos cortos, y ser uno de los
responsables del sello “Vial of Delicatessens”.
Y ahora esa obsesión se
acrecenta con el descubrimiento de las tiras cómicas de su creador, Segar, y de Bobby London, quién magistralmente
continuó con el trabajo de Segar en los ochenta, modernizando a los personajes
y utilizándoles como portavoces de sus protestas hacia unos editores que eran
más tontos que la madre que los parió, y cuya estrechez de miras contribuyó al
despido de uno de los más grandes dibujantes de Popeye, y cargarse así una
obra maestra del cómic contemporáneo y
quedarse tan panchos. Pero eso es otra cuestión mucho más larga de la que
quizás les hable en otro momento. Pero si gustan, “Kraken” está editando esas
maravillas en España ahora mismo. Del autor que más dibujó a Popeye, Bob
Sagendorf, poco he visto, y lo poco que he visto tampoco era muy
sugestivo, como tampoco lo es lo de su
actual dibujante en prensa, Hy Eisman. Me gustan, sí, pero lo de Segar y London
es que me vuelve loco.
Al margen de esto, que yo soy consumidor de Popeye hasta
límites insospechados, me resistía a volver a ver la famosa película de RobertAltman. Es unánime, todos la vimos de pequeños esperando una cosa, y recibimos
otra, en el recuerdo, bastante aburrida. Así que en plena fiebre “Popeyera”,
considero que es un buen momento para recuperarla y ver como afecta el
visionado a mi mediana edad, y sin volver a
haberla visto desde que era un infante. “Popeye” es una cosa muy rara,
muy bizarra, y he llegado a la siguiente conclusión; o bien mi amor hacia el
personaje me ha hecho perder toda objetividad, o bien “Popeye” es una película
muy buena pero muy poco indicada para el
público infantil.
Como fuere, “Popeye” cuenta la historia de un marinero rudo
y tuerto, que en busca de su padre perdido, llega a un lugar llamado Puerto
Dulce, y se amoldará a esa fauna a las mil maravillas. Conocerá a Rosario
(Olivia) de a cual se enamorará, a Pilón que come hamburguesas, a Perendengue
que las cocina, y a Brutus, el pretendiente de Rosario, al cual se la
levantará y se convertirá en su acérrimo enemigo. Hasta adoptará a un bebé que
habla al que llama Cocoliso; y por supuesto, encuentra a su padre. Es así de
sencillo. No hay más, eso es lo que cuenta.
Lo que pasa, es que la película, y por eso no me gustó de
niño, es una extravagancia de tomo y lomo; sin embargo, es lo más fiel que hay
a las primeras tiras de Segar a las que antes hacía referencia, ya que en ellas
se basa, a pesar de que cuando se rodó, el concepto de Segar y sus años 30,
estaba ya bastante desfasado. El Popeye al que estaba acostumbrado todo el
mundo, posiblemente fuera en de los dibujos animados de los años 50 y 60, o
bien, el de los 80 de la factoría Hanna Barbera. Entonces, si buscamos ese
Popeye, está claro que no lo vamos a encontrar en esta película. Es más, la
película es rara hasta si la comparamos con las tiras de Segar. Pero eso no es
malo en absoluto.
En definitiva, que me ha gustado, y mucho.
La película está considerada uno de los grandes fracasos de
Hollywood, pero este fracaso es relativo. Relativísimo, porque la película tuvo
un coste de 20 millónes de dólares de la época, y recaudó en taquilla cerca de
sesenta. Pero para las expectativas de los directivos de Paramount eran de
sobrepasar los 100, por lo tanto, al no alcanzar esas cifras, relegaron la
película al ostracismo. Nuestro país era un fiel reflejo de la medianía de
taquilla, y siendo una película distribuida por Disney, que tenía los derechos
de explotación para Europa, 426.000 espectadores no están mal, pero no son nada del otro mundo.
Todo esto viene dado por la falta de cabeza y el exceso de
coca de “El chico que conquistó Hollywood”, Robert Evans. La adaptación al cine
del musical “Annie” era un proyecto acariciado por los grandes estudios. En
concreto, los derechos del mismo se los disputaban Universal y Paramount, para
los que trabajaba Evans. Tras una ardua lucha para conseguirlos, se ve que el
mejor postor fue Universal, quienes se quedaron con los derechos y produjeron
uno de los musicales más célebres de los 80.
Evans, caprichoso y testarudo como pocos, que quería
quedarse sin si musical de moda con el que hacerle la competencia a “Annie”, y
sabiendo que Paramount tenia un buen número de personajes de cómic y de ficción
en su poder, congregó una reunión con los ejecutivos para ver con cual de todos
esos personajes podían realizar una superproducción. En cuanto alguien dijo
Popeye, Evans ya no se lo pensó más. Se puso manos a la obra con la producción
de esa cinta. Los derechos del personaje pertenecían a la King Factures
Sindicate a efectos televisivos, radiofónicos y editoriales, pero, Paramount
conservaba los derechos de explotación del personaje para cines y teatros, con
lo que era totalmente lícito hacer una película con el personaje, que no solo
se valdría de su fama para triunfar, sino que además, serviría para darle un
empujón de audiencia a la serie que sobre el personaje estaba en aquellos
momentos en televisión “La hora de Popeye”, los míticos dibujos animados de
Hanna-Barbera, con los que nos criamos todos los cuarentones. Así pues, el tema
del papeleo fue sobre ruedas.
Robert Evans, no era muy listo, pero no muy inteligente, y
contratando al historietista Jules Feiffer para que escribiera el guion, pensó
en películas exitosas del estudio, y se acordó de “Cowboy de medianoche”, por
lo que quería a su director, John Schlesinger, y a la estrella de la película,
Dustin Hofman (¿) como director y protagonista, respectivamente, se su
adaptación de Popeye.
Feiffer, conocedor de los cómic, lógicamente, escribió un
libreto que adaptaba fielmente el universo creado por Segar, al mismo tiempo
que introducía elementos propios de los cortometrajes para cine de la factoría
Fleischer. Así, tenemos en la película personajes primigenios de “Thimber
Teather” –que es como se llamaba la tira de Popeye en su momento- como puedan
ser Castor Oyl, hermano de Olivia, o su primer novio, Ham Gravy, o detallitos
como el hecho de que a Popeye no le gusten las espinacas, y tenemos una fuerte
presencia de Brutus, como en los dibujos animados de Fleischer, mientras que en
la tira cómica este aparecía tan solo de pasada.
Aunque Schlesinger no era el director adecuado, finalmente
se contrató a uno que tampoco lo era demasiado, por su condición autoral;
Robert Altman. Robert Evans estaba hasta
los cojones que Altman llevara varios fracasos de taquilla seguidos desde que
rodó “Nashville”. Y estando de farra una
noche, se lo encontró en un bar, alicaído, borracho, enfarlopado. Evans ante
tan patética imagen, tuvo una idea; para que Altman volviera a estar en primera
linea, debería dirigir un éxito comercial, y como “Popeye” estaba concebida
para que fuera eso mismo, contrató a Altman para dirigir la película. Es entonces
cuando entran en casting Robin Williams como Popeye, Shelley Duvall como
Rosario (Olivia) y Paul Smith –el clon de Bud Spencer- com Brutus. Y sin duda,
es el mejor casting que puede tener una película. A mí no se me ocurre ninguno
mejor que ese.
Disney que entró en proyecto porque estaba en su momento de
mayor decadencia y quería hacer películas de imagen real que enganchara a un
público más o menos adulto, puso toda la carne sobre el asador.
Previo al inicio del rodaje, se construyó en Malta un enorme
plató que representaría el pueblo donde transcurrían las tiras de “Thimble
Theater”, Puerto Dulce. Un plató que, un tanto abandonado, aún permanece en el
lugar dónde se construyó, y que supone una de las atracciones turísticas de la
zona
Una vez iniciado el rodaje todo eran problemas, sobretodo
entre productor y director. Evans se presentaba en el rodaje y no hacía más que
increpar a Altman, que llevaba cinco fracasos a sus espaldas, que si no
convertía esta película en un éxito, estaba acabado. Y Rober Altman pedía que
se le dejara hacer su trabajo y que no tocara los cojones.
Es muy probable que el tono Bizarro y enrarecido de la
película, más que una cuestión estilística, sea debido a los excesos
lisérgicos, ya que la cocaína circuló
por ese rodaje como en pocos. Altman y Evans la consumían con avidez, lo que
originó que en uno de sus constantes enfrentamientos, acabaran a puñetazos, a
hostia limpia, mientras que Robin Williams y Shelley Duvall, estaban más
centrados en esnifar entre toma y toma que en interpretar sus, por otro lado,
ensayadísimos papeles. Paul Smith, que no tenía los mismo hábitos que las
estrellitas, no consumía ningún tipo de drogas, motivo este por el que fue
ninguneado. Evans llegó a decirle que si llega a saber lo soso que era, hubiera
contratado a ese actor Italiano al que
suplantaba –refiriendose a Bud Spencer- pero que por el caché de aquél, tendría
tres Paul Smiths haciendo nada.
Por otro lado, Altman no se hacia con la dirección, estaba
tan drogado que cuando había muchos actores en plano, no sabía bien lo que
hacer. Los técnicos también le daban a la cocaína cosa mala, y todo era un
pifostio de tres pares de cojones. Por eso es una película tan extraña.
Cundo se estrenó, aunque dobló su presupuesto, no fue
suficiente para Evans, con lo que declaró a la película y a su director, non
gratos.
La película tampoco recibió críticas halagueñas, y en
general, se prodigó como uno de los grandes fracasos de la historia del cine.
Vista ahora, yo creo que ni tanto ni tan calvo. La verdad es que está muy bien,
y todo ese halo de rareza, yo creo que la convierte en una película única, más
cercana a cierto cine de autor Europeo ( “Sweet Movie” tiene algunas
similitudes estéticas) que al cine comercial americano, y sin embargo, su
estética le viene muy bien al universo Popeye.
Robert Altman, por otro lado, recuperaría el prestigio
perdido poco a poco, y con los años.
También, y como todos esos films que Hollywood se empeña en
marginar y etiquetar de fracaso –Ya sea “Ishtar”, ya sea “Howard, un nuevohéroe”, ya sea “Cuatro Fantásticos” (esta hundida en el fango más por parte de
los fans)- se trata de una película injustamente olvidada. Y lo que son las
cosas, teniendo en mi psique durante años y años la percepción de que “Popeye”
era una basura infecta, hay que ver cuanto me ha gustado verla la otra noche.
Mucho, de hecho.
miércoles, 16 de octubre de 2013
DON CAMILO
Existe, en la literatura popular Italiana, una serie de
libros escritos por Giovaninno Guarreschi sobre un pueblo, en el cual el
alcalde rojo y el cura fascista del mismo están siempre a la que salta,
metiéndose el uno con el otro y enfrentándose a una gran rivalidad, pero todo
de boquilla, porque en el fondo son amigos desde el colegio y les une una gran
amistad, todo ambientado en la posguerra italiana. Además, el cura tiene
la peculiaridad de que charla, animosamente, con Dios.
Estas novelas son las de “Peppone y Don Camilo”, cuya fama
está fuera de todo precedente en Italia.
En los años 50, estos
libros se adaptaron al cine en una serie de películas de gran éxito
protagonizadas por los cómicos Fernandel y Gino Cervi. Tan famosos se hicieron estos personajes, que llegaron a
adaptarlos, en forma de serie televisiva en Colombia, incomprensiblemente.
Y Terence Hill, en plenos años ochenta, y en el momento de
máxima popularidad, adaptó al cine dicho material en un tocho de dos horas de
duración.
Ahora bien, “Don Camilo” sería el debut en la producción y
la dirección del amigo Terence y aunque posiblemente, posteriores – y
escasas- incursiones en ese oficio fueron un tanto más precarias, hay que
reconocer que para su desvirgue, no le ha ido mal la cosa. Es decir, que quizás no sea una obra maestra, pero es, como dicen los mayores, “una
película muy bonita”. Un film de corte familiar y populachero, cuyo querido
personaje la verdad es que no le pega nada a Terence Hill…
Cierto es que el humor de las antiguas es ligeramente
más ácido y se posiciona hábilmente en el lado del cristianismo; en la versión
de Hill, se suaviza todo el componente político, quedando siempre ambos
personajes, comunista y fascista, bien parados ingeniándoselas para que ambos
caigan bien al espectador.
La película intenta desmarcarse un poco del estilo de lo que durante años había hecho Terence Hill junto a Bud Spencer, pero de
aquella manera… es decir, que está todo rodado en otro tono y que hay momentos
que se acercan, obviamente, al neorrealismo, pero el amigo Terence, si no mete
mamporros –seña de identidad tanto suya como de Spencer- revienta, así que,
de forma mucho más comedida, hay un par de peleas. Por el contrario, si en sus
películas habituales no había ni una gota de sangre, en esta sí la hay… nada
grave, simplemente que, como los jugadores de los equipo de fútbol propiedad
del ayuntamiento por un lado, de la iglesia por otro, acaban siempre como el
rosario de la aurora peleándose en el campo, pues vemos raspones y morados en
los rostros y anatomías de estos actores de figuración… tampoco vayan ustedes a
asustárseme.
Y si, Terence Hill sale airoso en su aventura en solitario, y sale airoso como director…
lástima que después, la cosa de dirigir le costaría un poco más. La película
está francamente entretenida y resulta del todo entrañable.
A Terence le gusta tanto el personaje, que hace un par
de años acabó dirigiendo e interpretando una serie para la televisión italiana,
“Don Matteo”, que prácticamente es igual que esto… supongo que la llamará así por una cuestión de derechos.
Completa el reparto, como el alcalde Peppone, el actor Colin
Blakely, secundario de lujo en mogollón de producciones británicas.
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