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viernes, 25 de enero de 2019

PARADISE

Tras el éxito de la película de Randal Kleiser “El Lago azul”, los canadienses en plena era del “Canuxploitation” deciden aprovechar el tirón rodando una película que, salvo por las circunstancias que llevan a los jóvenes protagonistas a un paraje paradisíaco, cuenta exactamente lo mismo que el éxito Hollywoodiense. “Paradise” resulta ser un plagio malsano y descarado de “El lago azul”, en el que se incrementan los elementos a explotar, así, se aumentan las escenas de sexo hasta rozar el soft, y se busca una pareja protagonista lo más parecida posible a la original, en este caso, el infame Willie Aames y la pizpireta Phoebe Cates, que debutaba en el cine, tienen un parecido bastante notable con los Christopher Atkins y Brooke Shields a los que imitan. Para mayor parecido, se filma un amasijo de planos de los chavales buceando en pelotas entre corales y peces exóticos. Ya tenemos un producto que recuerde a otro para vender.
Eso sí, dónde “El lago azúl” es todo fotografía, en “Paradise” son todo cutres decorados; dónde “El lago azúl” es todo banda sonora, en “Paradise” la música parece compuesta con un  Casio PT6 (sin incluir la poco adecuada canción pop que se marca Pohebe Cates en la banda sonora); y si en “El lago azul” no había tiempo para la comedia, aquí se incluyen un par de chimpancés: Uno de ellos, el macho, se masturba compulsivamente delante de los jóvenes —para solaz de ella y escándalo de él— y la hembra queda embarazada y cuando da a luz ¡pare un mono adulto de otra especie! Supongo que no habría bebés de chimpancés disponibles en el set, y con un orangutancillo que tendría por ahí el cuidador, vamos servidos.
Al margen de todas estas deficiencias, para tratarse de una versión barata de la de Kleiser, la cosa no está tan mal; entretiene y a fin de cuentas no es mucho peor. También hay que tener presente que “El lago azul” no deja de ser una película un tanto sobre valorada cuyo éxito se debe, en gran medida, al morbo que pudiera causar entre el público el ver  a dos adolescentes en pelotas toda la película, en ver como a ella le baja la regla y, finalmente, en ver como follan. Pues “Paradise” tiene todo eso en dosis mayores.
Por lo demás es estúpida; en plena época víctoriana, en algún lugar de Bagdad (o por ahí),  huyendo de un árabe esclavista, un par de adolescentes acaban en un Oasis paradisíaco en medio del desierto y se quedan allí. Esa es la excusa para que veamos como van descubriendo poco a poco su sexualidad. Para darle vidilla, los hombres del esclavista de vez en cuando les encuentran y ellos se las ingenian para escapar ¡sin marcharse del oasis! Finalmente, y al igual que “En el lago azul”, ella queda preñada. Fin de la historia.
Cuando estaban rodando, los actores, se quejaban al productor porque dicen que no consideraban necesario ese exceso de  escenas de sexo. Así que Aames y Cates se negaron a rodar tantas como venían en el guion. Como los productores no pudieron obligarles a rodar dichas escenas, contrataron a un par de dobles de cuerpo que las hicieran. Aún así, a Phoebe Cates le vemos hasta las amígdalas —motivo por el que es absurdo que se redujeran las escenas eróticas. Ya solo con la incursión de un par de ellas, el resto es de recibo— y a Willie Aames  le vemos cortar el viento con su nabo pendenciero al aire, o usarlo cual aleta de tiburón en el agua, tan ricamente.
Aún cediendo la producción a las exigencias de reducción de material erótico por parte de las estrellas, cuando estas vieron el montaje final ninguno de los dos actores quedó contento y exigieron que la cinta se sometiera a cortes, a lo que los productores dijeron qué, por supuesto, el nivel de erotismo lo marcarían ellos y no dos actorcillos de mierda. Con todo, se ve que la versión que les proyectaron a los actores era mucho más fuerte que la que finalmente quedó. Se ve que en aquella, incluso, la Cates, o mejor dicho su doble de cuerpo,  le hacía una fellatio al Árabe esclavista, sin que ella supiera que su personaje iba a hacer eso. Sin embargo, todo esto no sale en la versión teatral.
Willie Aames continúo con la promoción de la película a pesar de su descontento, pero Phoebe Cates, se retiró de la misma asqueada, y a día de hoy, reniega de esta película considerándola una cosa repugnante.  Por cierto, que tenía tan solo 17 años cuando la rodó…
Aames fue nominado a los Razzie y acabó apareciendo en subproductos españoles como por ejemplo “Goma 2” de José Antonio de la Loma, mientras que Phoebe Cates fue la que se hizo famosa paseando su palmito en algunas sex comedies como “Aquél excitante curso” o “Escuela privada… para chicas” y, sobre todo, haciendo de niña buena en “Gremlins”. Luego se casó y se dedicó a sus labores. Y ha envejecido fatal. Está fea como un demonio.
Como anécdota, decir que la película fue duramente criticada en su momento, no ya por ser un plagio de “El lago azul”, sino por la imagen que dan del árabe esclavista, totalmente estereotipada y que puso en alerta a todas las asociaciones humanitarias.
Al margen de eso, los críticos se pitorreaban de “Paradise”. Quizás sea porque he visto a estas alturas toneladas de mierda y me he acostumbrado a ella, pero qué quieren que les diga, el film es obvio que es un plagio descarado, pero no me parece tan, tan, mala.
El director de esta caquilla, responde al nombre de Stuart Gillard cuyo cenit profesional fue rodando “Las tortugas ninja III”, haciéndose posteriormente fuerte en televisión.

viernes, 21 de enero de 2022

JOY

Las películas de Emmanuelle, expoliadas e imitadas a lo largo y ancho del mundo, podrían muy bien ser las percusoras de ese nuevo cine erótico contemporáneo y de corte comercial, muy del gusto de las señoras casadas, que tiene sus máximos exponentes en cintas como “9 semanas y media” o, más recientes, las de la saga de “50 sombras de Grey”.  Estas películas, que consiguieron popularidad y taquillas decentes —en el caso de “50 sombras…”, millonarias— no dejan de ser “series B” de lujo que, aún inspirándose o adaptando novelas de a duro, tienen sus ojos bien puestos en el cine exploit de los 70 y 80. Ahí entraría la película de la que paso a hablarles a continuación, y que sería un precedente directo para “9 semanas y media” con la que guarda más de un punto en común.
“Joy” es una producción franco-canadiense de presupuesto más o menos holgado, que se inspira en la autobiografía de una mujer liberal llamada Joy Laurey. Más o menos, viene a ser una puesta al día de las aventuras de Emmanuelle Arsan en versión nuevaolera, con todos los clichés de las películas de los 80, pero con similares intenciones. La principal, claramente, era convertirse en exitosa franquicia.
Para su ejecución, los productores Benjamin Simon y Stephen J. Roth (que venía de producir “Paradise”, ese exploit de "El lago azul", y que no pararía hasta formar parte activa de la producción de títulos mainstream como “Los fantasmas atacan al jefe” o “El último gran héroe”) contrataron a un artesano que filmara bien las escenas eróticas, pero que fuera apañado y baratito, así que le ofrecieron el proyecto a Sergio Bergonzelli, metido por aquel entonces en cosas de presupuestos ínfimos y que, con algo más de dinero, supo demostrar que muchas veces se puede filmar algo más o menos digno (“Joy” es infinitamente mejor que otras cintas suyas como “Apocalipsis Sexual” o “Eros Hotel”, por ejemplo) y con un rodaje que desplazaba localizaciones a lugares como México, Nueva York u otras ciudades, supo hacer lo que, sin duda, podemos considerar la “Emmanuelle de los 80”, puesto que la película se exportó bien y consiguió beneficios.
Para internacionalizar un poco la cosa, a Bergonzelli le hicieron firmar la cinta bajo el seudónimo de Serge Bergon.
La cosa va de una atractiva muchacha de sociedad, modelo y “viva la virgen” que vive su sexualidad desacomplejadamente. De niña descubrió a sus padres follando en el salón de casa y desde entonces desarrolla un complejo de Electra de tres pares de cojones, por lo que acaba estableciendo relaciones con un hombre mayor que, harto del hastío sexual del que durante su vida ha follado todo lo que ha querido, cada vez será más exigente en sus apetencias, llegando a instar a Joy a participar en orgías multitudinarias. Tras un par de ellas, a Joy no le parece ni medio normal que a este hombre le parezca bien que a ella se la jodan otros tíos en su presencia y entrará en conflicto con él.
Sencillo argumento —el típico y necesario para toda aspirante a nueva Emmanuelle—. Ya saben, un fino hilo argumental que sirve para ir desarrollando lo que de verdad interesa que son las escenas de folleteo estiloso.
La película, así de golpe, puede resultar un poco ladrillo y hortera, con escenas eróticas que causan cierta vergüenza ajena; sin embargo, filmando las orgías, Bergonzelli se apunta un tanto, ya que ambienta estas de manera psicodélica, creando una atmósfera onírica y luminosa que, estéticamente, queda de lo más resultona y, efectivamente, es lo que pedía el cine erótico de tercera en los 80. Se le puede echar un vistacillo.
Por otro lado, hay fans de la película que aseguran que Bergonzelli no tiene nada que ver con esta película, que Serge Bergon es una persona real y no un seudónimo. Probablemente esto sean rumores y nada más, ya que lo cierto es que no hay más información  al respecto sobre el tal Serge Bergon más allá de su relación con esta película y, en cualquier caso, Bergonzelli nunca ha manifestado no ser él quien dirigiera “Joy” (tampoco es que sea un director con la suficiente relevancia como para hacer declaraciones de este tipo).
Como fuera, la película se estrenó en nuestro país con un número de espectadores nada despreciable, casi 300.000, y además se convirtió en un pequeño clásico de nuestros vídeoclubs, que la alquilaban entre los mayores de 40 con bastante asiduidad. La distribuyó Polygram.
En cuanto a la actriz que dio vida a esta Joy, Claudia Udy, que era guapa pero que tenía las tetas peor operadas y más feas de toda la “serie B” mundial, aparecería después en títulos más o menos populares como “Skull: El crimen perfecto”, “Fuera de control” o “Amanecer Salvaje”, pero nunca trascendería en adelante como para ser considerada la nueva Sylvia Kristel. Y es que era una actriz espantosa.
El señor de mediana edad que se la beneficia, Gérard- Antoine Huart, aprovechó el tironcillo que en Europa tuvo “Joy” y al año siguiente sería el protagonista de “Emmanuelle 4”, la última secuela oficial de la franquicia original, repitiendo un poco el rol de cincuentón salido y sofisticado que había realizado aquí.
Desde luego, “Joy”, a rasgos generales, no debió funcionar mal, ya que a continuación, y como se tenía previsto, se realizaron un sinfín de secuelas que rozaban ya la “serie Z” más infame, y que ya no contaban con Claudia Udy en su reparto. La mayoría fueron producidas por Benjamín Simon y, básicamente, repetían la formula abierta con “Joy”, pero trasladando a nuestra heroína a algún exótico país en el que dar rienda suelta a sus fantasías eróticas. Estas secuelas serían “Joy & Joan”, “Joy In Love”, “Joy à Hong Kong”, “Joy à San Francisco”, “Joy en Afrique”, “Joy à Moscu” y “Joy & Joan chez les pharaons”. Muchas de ellas rozando el porno, algunas concebidas para la programación nocturna de la televisión francesa y con la actriz porno Zara Whites sustituyendo a la Udy como principal reclamo. Intuyo que cualquiera de estos títulos tienen que ser terribles.

miércoles, 20 de enero de 2016

LOS FOTOCROMOS DE "LA COCINA DEL INFIERNO"

Oportunamente, teniendo en cuenta que Sly ha ganado un globo de oro como mejor actor secundario, y que en esa misma categoría le acaba de salir una nominación al Oscar, vamos a pasar a colgar los fotocromos de una de las mejores películas de Stallone -aquí también como guionista y director- pero que, sin embargo, es de las que mas inadvertidas han pasado.
La cosa es más o menos como "Rocky" pero cambiando de época y de deporte, estando esta vez en los años 30 y con la lucha libre de por medio. Ni idea de por qué no funcionó en su momento.
Ahora, vaya puta mierda de título "La Cocina del Infierno" para una peli que se titúla, en su versión original, "Paradise´s Alley".
Gossen!!!













miércoles, 1 de noviembre de 2023

MINUTOS MUSICALES 16: MELODÍA VITAMÍNICA

No se vayan a creer que me paso las 24 horas del día consumiendo punk rock. Sería terriblemente aburrido. Tampoco que mi dieta cinéfaga se limite a terror o películas chusqueras. Imagínense el nivel de desesperación (sobre todo teniendo en cuenta cómo anda el género últimamente). Mis apetencias son más variadas. Incluso podrían considerarse incoherentes. Contradictorias. No obstante, sí es un hecho que, a la hora de sentarse ante el ordenador para darle a las teclas, el punk en lo musical, y el terror (+ el trash) en lo cinematográfico, son mucho más divertidos, estimulantes, amenos y permiten una buena dosis de cachondeo. Incluso sano desprecio. De ahí la preferencia por ambos temas. Y ya que hablamos de punk rock...

PRIVATE FUNCTION
Soy de esa calaña que, a la hora de meterse música vía intravenosa, únicamente acudo al pasado. Mayormente. Sobre todo en cuestiones de géneros específicos... como, sí, el punk. Prácticamente jamás escucho bandas actuales. Ni tengo idea de su mera existencia. Salvo que, accidentalmente, una de ellas llegue a mis peludos oídos y me sorprenda. Y así ocurrió recientemente con un combo australiano llamado "Private Function". No solo escuché una canción suya que me gustó, es que, directamente se ha ganado un puesto entre mis favoritas. Raro, raro, raro.
La interfecta se titula "Don't Wanna Go Out On The Weekend", pertenece al lp graciosamente titulado "370HSSV 0773H" (pónganse bocabajo para leerlo correctamente, se llevarán una sorpresa), y la podrán escuchar a continuación. Respecto al resto de la discografía de "Private Function", pues no está mal. Se deja oír. Entretiene. Sin embargo, ninguna de sus restantes canciones está a la altura pegajosa y gozosa de lo que sigue...


THE BOYS
Bien, superada la marcianada de recurrir a un tema reciente, vayamos a lo habitual, hurgar en el pasado... y de qué manera. Damos un salto atrás en el tiempo hasta el Londres del 77, es decir, en plena macro-eclosión del punk como moda, como tendencia capaz de llenar los bolsillos de empresarios sin escrúpulos. Y, hurgando, rescatamos a uno de los muchos grupos surgidos justo con su despuntar, "The Boys". Estos pertenecen, claramente y con honores, a la llamada segunda división. No lo petaron como "Sex Pistols" o "Damned", pero sí dejaron cierta huella. Sobre todo durante el periodo. Su especialidad era una cosa más melódica que el resto de sus coetáneos. Digamos que estaban más cerca del "power pop" que del punk propiamente dicho. Y tienen algunos temas bien majos, aunque la mayoría resultan algo pastelosos. Sonando como artificiales, a laboratorio. Graciosamente, sí fueron rompedores en una cosa: reivindicar su adoración por los "Beatles", entonces considerados el gran enemigo del punkismo (junto a "Rolling Stones"). Es decir, en ese sentido los "Boys" fueron de lo más punk, yendo a la contra de su propio gremio. Tal admiración dio como resultado una de mis canciones favoritas del rollo 77 o, directamente, una de las mejores versiones punk jamás grabadas, justamente se trata de "I Call Your Name", composición Lennon-McCartney llevada al terreno del imperdible, acelerada hasta el delirio, pero sin perder su esencia poppy... y suena así de irresistible...


WHITE FLAG
Seguimos nadando en el pasado, pero ahora centrados en plenos años ochenta. Terreno yanki. Escena punk/hardcore de Los Angeles. Entran en el plano "White Flag", un combo de chavales con ganas de cachondeo. Ya su nombre es una coña a costa de los muy respetados "Black Flag". Gustan de salir al escenario vestidos con atuendos heavy-metal-moñarra. Y, ocasionalmente, provocan a su público mostrándose a favor de causas consideradas anti-punkas. Mi tipo de peña. Sus primeros arranques fueron todo lo acelerados, gritones y ruidistas que cabría esperar. Pero, poco a poco, comenzaron a desarrollar una vena más melódica. Más "power pop". Cosa que les relaciona en parte con el mentado caso de "The Boys", hasta el punto de versionear también a los "Beatles". Con los años romperían filas, pero volverían a rejuntarse animados por uno de sus mayores fanes, Ken "The Posies" Stringfellow. Para entonces sonaban totalmente a pop vitamínico, incluso ocasionalmente un pelo AOR, y así llegaron hasta Barcelona, donde pude verlos en un concierto majete (sala "Magic") pero que tampoco me cambió la vida. Tiempo después palmó su carismático frontman Pat Fear (caracterizado por un notable mostacho setentero), aunque la banda siguió.
A la hora de rescatar alguno de sus temas, la verdad es que hay unos cuantos entre los que elegir. Pero, dadas las circunstancias, procuro siempre decantarme por los más escuetos y enérgicos, así que aparcaré los otros (como "Everything means nothing" o "Face Down") quedándome con "Instant Breakfast" que, creo, combina muy bien las dos etapas más remarcables de la carrera de los bandera blanca, un mucho de energía y un algo -ni que sea sutilmente- de melodía.


THE CARPETTES
El plan inicial consistía en finiquitar este repaso con una banda opuesta a las maneras de las tres comentadas hasta ahora. Es decir, una con preferencia por el ruidismo extremo y la velocidad desbocada. No a la manera de "White Flag", sino mucho más agresivamente. Sin embargo, y por lo visto hasta el momento, opino que es más lógico seguir tirando de energía con ribetes melódicos. Y nadie encaja mejor en ese término de "The Carpettes".
Si "The Boys" eran la "serie B" del punk británico de los setenta, "The Carpettes" vendrían a ser la "serie C". No tanto por calidad como por categoría. El típico ejemplo de combo señalado por el infortunio. Por mucho que lo intentaron, jamás lograron destacar. Ni hacerse un nombre. Y, para cuando ocurrió, era ya tarde y en un lugar tan lejano como Japón. "The Carpettes" lo intentaron sonando primero a punk rock cafre, sin éxito. Luego vino su "etapa de oro", amoldándose a una cosilla más aceptable, o "new wave", posando en plan niños buenos/guapos en las fotos y lanzando dos lp´s que, en mayor o menor medida, han acabado resultando su legado más preciado por el personal, "Fight Amongst Yourselves" y "Frustration Paradise", sin duda gracias a que fue el respetable sello "Beggars Banquet" quien los sacó a la luz. Merece destacarse el tema "Youth Rebellion", perteneciente al primero de ellos.
Enterrados los "Carpettes" -temporalmente-, y en pleno "boom" del segundo (o tercer) punk, aquel a base de crestas, gritos y tachuelas, el frontman intenta poner en marcha una banda afín a los sonidos de "GBH" o "Discharge". Y acude a la discográfica especializada del momento a mostrarle la respectiva maqueta. Sin embargo, reciben un feo rechazo y.... bueno, el resto ya se lo he contado. Hoy día los "Carpettes" siguen recorriendo escenarios segundones o nostálgicos, recordando sus modestos clásicos. Ya se conocen el percal, les sobra grasa y les chorrea desencanto, pero, en fin, mejor eso que nada.
De todo su legado, inevitablemente me he decantado por uno de los temas de su etapa más primigenia, por potente y extremadamente gustoso, "Small Wonder"....

miércoles, 18 de febrero de 2026

NICK ZEDD MOVIES 2011 - 2017

Decía Lydia Lunch, musa del supuesto underground noventero, que su ex-pareja Nick Zedd (descanse en paz) era un escritor y pensador brillante, pero a la hora de coger la cámara, caca de la vaca. Por eso, ella y Richard Kern decidieron poner algo más de esmero en sus propios cortometrajes (¡tampoco mucho!), para evitar parecerse a la estética costrosa de Zedd. Durante un tiempo creí firmemente que el muchacho era un auténtico negado, un cutre genuino incapaz de hacer nada mínimamente “bien”. Pero tras ver su obra entonces más reciente, comencé a pensar si no sería así por su naturaleza supuestamente subversiva. Es decir, que Nick Zedd se creía tanto sus preceptos anti-establishment y anti-académicos que rodaba/grababa de ese modo porque así es como le salía. Claro, en súper 8 y 16mm quedaba "cool", molaba mucho. En vídeo no tanto. Este incrementaba los aspectos negativos y aportaba un poso de dejadez y desinterés por la materia que ofendía. No obstante, en el fondo es algo que merece ser aplaudido, porque lo que Nick Zedd hacía, en esencia, era seguir siendo igual, independientemente del formato con el que trabajase. Sus películas y vídeos siempre partían de una base: Desagradar. Molestar. Fuese por su contenido, fuese por su acabado. Y desde luego es algo que cumplió a rajatabla hasta el día de su muerte. Aunque también podría ser un puto manazas, sin más. Supongo que esta duda es la que, incluso ya fallecido, continúa haciendo de él un creador tan interesante... a pesar de los pesares.
El día que anunció en redes que ponía a la venta un dvd auto-producido con sus cortos más recientes (¡¡calificándolo de "Histórico"!!), casi todos facturados vídeo mediante en México a partir del año 2011, me volví loco y corrí a comprarlo. La broma salía cara... pero la curiosidad compensaba el dispendio. Naturalmente, una vez efectué el pago, más allá de la confirmación de "Paypal", no recibí ningún mensaje de 
aviso o agradecimiento. Nada, silencio absoluto. Y así fue a lo largo de los quince días de espera, durante los que comencé a rayarme. ¡¿Y si el cabrón me había estafado?!. ¿Lo hizo?... no... pero en cierto modo, sí.
Llegó, abrí el sobre y me encontré con una cosa extremada y saludablemente cutre. Una caja llena de polvo, de evidente segunda mano. Una austera fotocopia a color mal recortada como portada. ¿Y dentro?, un dvd-r con los títulos escritos a mano, todos bien apretujados. Pero todavía quedaban más sorpresas, como ponerlo en el reproductor y darme de bruces con un menú rojo compuesto por un único "Play". Nada más. ¡¿Y he pagado una cantidad más que notable por ESTO?!... ¡¡qué maravilla, joder!!. En la era de la alta tecnología, con programas creados para que cualquier mindundi pueda producir algo medianamente con cara y ojos, encontrarme ante semejante chuzo me emocionó. Sin embargo, lo mejor aún estaba por llegar, ¡el contenido!.
"DeMonica" está dedicado a Doña Zedd y mantiene viva la estética típica de lo que era el Nick Zedd del nuevo milenio: Plano fijo de la tipa, pintada de verde para fusionarse con el croma detrás dispuesto de una pintura bastante chula del mismo director compuesta de tres pollas entrecruzadas mientras eyaculan. La mujer se desgañita pasando por diferentes estados emocionales, de la risa al llanto, de ahí a... ya no me acuerdo... pero bueno, que eso es todo, una tontunada como un camión de grande que ni gusta ni disgusta. Lo sorprendente es que Zedd necesitó a un "equipo técnico" para confeccionarlo.
"Death of a Muffinhead" se suponía era el corto que justificaba la existencia del dvd-r. Decía Zedd que era lo mejor que había hecho en años. Y sí, a nivel plástico está muy bien, pero me temo que el mérito pertenece en realidad al tal "Muffinhead", artista neoyorquino que es quien se curró los disfraces que pululan por delante de un puñado de cromas cutrones y una cámara tirando a perezosa. Y es que pereza es la palabra clave para definir la carrera digital de Zedd. Siempre me ha dado la sensación de que se limitaba a sacar jugo a aquello que otros le ofrecían. Lo cogía, lo mal grababa y ponía su nombre al resultado sin aportar demasiados méritos propios. El caso es que el corto va de, eso, una especie de mariposa antropomórfica que es cazada por una araña. Esta la mata a cuchilladas, brota sangre azul y se acaba. Simpático y lo suficientemente escueto como para no aburrirnos.
Desde que me enteré de la existencia de "Attack of the Particle Disruptors" siempre me pareció que era un título sensacional. Y cuando supe que en realidad se trataba de una serie de cuadros de Zedd animados por ordenador, a los que les habían metido voces, pues tampoco me desagradó. El problema es que mi inglés es limitado, sobre todo si lo recitan y le meten efectos para alterar la voz, por lo que digamos que no me enteré de nada. O no me apeteció enterarme. En cualquier caso, un corto curioso que no puedo juzgar en profundidad.
Nunca me han gustado mucho los video-clips. Es más, les tengo algo de manía. Los considero un desperdicio de creatividad. Así que no me entusiasmaba demasiado la idea de ver aquellos dirigidos por Nick Zedd, especialmente los de "La Bae", una chola española afincada en México entre rapera y regetona (creo que encaja muy bien en eso que llaman trap) que canta canciones de letras mierdosas obsesionadas en lo que son hoy día los temas recurrentes: la gente me odia en internet pero porque molo mucho ("I love my haters") y me encantan los selfies ("Travelling and selfie"). Los vídeos están a la altura, mogollón de imágenes entrecruzadas, mala sincronización y la habitual falta de imaginación de Zedd, en este caso multiplicada por las pocas ganas que le pone. El vídeo-clip de "Dr.Shinto" que sigue, "Frustration", no es mucho mejor. Pero sí tiene más gracia. Arranca con un puñado de imágenes de la ciudad. De ahí pasamos a la pareja del director tumbada en la cama desnuda, con las tetazas al aire colgando hacia los lados y el muñecote de un bebé de esos que gatean subiéndole por el canalillo. La coña añadida es que el juguete ha sido tuneado por Zedd a base de plastilina para que adquiera un aspecto monstruoso. Todo ello muy toscamente grabado y montado. Caca maja. El último clip, "Love always Love" de "Demonic Sweaters", tampoco es que vaya a ganar un Oscar, es igual de perezoso que todo lo demás: Jóvenes delante de un croma bailando y moviéndose con torpeza. A sus espaldas, espirales rollo LSD. Me recordó a uno de los cortos más innecesarios pero fascinantes del Zedd de la buena época, "Why do you exist", que en realidad no era más que una imitación de esas películas que facturaba Andy Warhol con planos fijos de personas variopintas haciendo el huevo. Eso mismo, pero al estilo Nick Zedd, con gordas tetudas, punkitas monas y otras perlas. Aparte de por el efecto nostalgia, nada más que destacar.
Antes hablábamos de pereza, y el corto "Paradise Lost" es la esencia de la misma. Coge un rollo de súper 8 en blanco y negro, ponlo en la cámara y filma a boleo todo lo que tengas por delante en tu sala de estar. Estantes, cuadros, sillas, tu mujer, tu hijo, nada. Con barridos y, sobre todo, desenfoques, la (otra) especialidad de Zedd. Acaba el rollo tal cual, telecínalo, ponle un título, música rara de fondo y ya tienes listo un corto nuevo. Vale, creo que la cosa iba de inmortalizar el hogar antes de abandonarlo por causas mayores... pero, macho, pa eso sácate un vídeo con el móvil y listos.
Tampoco mucho más estimulante es "The extremist manifesto", probablemente el trabajo menos interesante del "pack", ya que únicamente se trata de una excusa para poner imagen a uno de esos manifiestos discutibles que se marcaba Zedd de tanto en tanto. Una voz algo sobreactuada y risible lo recita en castellano, mientras la cámara se limita al plano fijo de un muñecote de "H.R.Pufnstuf". Sin más. Al acabar, igual te has convertido en un creyente de la causa Zeddiana... pero, francamente, lo dudo.
Por su parte, "Cockfight" vendría a ser una especie de vídeo-diario. Nick Zedd cámara en mano haciendo el turista por México. ¿Y qué es lo que graba?, pues a unos mariachis, unos niños jugando, una reunión social con una vieja estrella ¿¿del cine??, una cruda pelea de gallos y la actuación de un hilarante grupo de heavy-pop chicano. Sin más.
A pesar de lo anodino de "Paintings", el último corto del dvd-r, se trata de uno de los más potables. Zooms lentos hacia (o desde, no recuerdo) pinturas de Zedd. Una tras otra hasta que termina. Más que un cortometraje parece un catálogo... pero está majo.
Conclusionando: Guste o disguste, nadie hacía cortos como Nick Zedd. Tenía su manera, su estilo y su lenguaje. ¿Mediocre y prescindible?, puede, pero también único e intransferible. Y yo, a la larga, lo valoro más que la misma calidad.

jueves, 7 de agosto de 2014

SLUMBER PARTY MASSACRE 2

Durante la segunda mitad de los 80 "Freddy Krueger" y sus andanzas por la calle Elm se habían impuesto totalitariamente en el cine de terror. Todos los exploiters que hicieran honor a la etiqueta se sumaban a la tendencia reinante en busca de billetes verdes. Y el legendario oportunista Roger Corman no podía -ni debía- ser menos. Me lo puedo imaginar diciendo: "¿Pa qué molestarnos en crear una franquicia a lo "Elm Street" si ya la tenemos?". "¿Cual Sr.Corman?". "Hombre, aquella de "Slumber Party Massacre"". "Pero, jefe, eso era un "slasher" en plan "Viernes 13", no tiene nada que ver con el rollo "Freddy" y tampoco tuvo buenas críticas, ni mucho éxito". "¡¿Y qué más da, pringao?!, convierte a esa peli en un "Pesadilla en Elm Street" reduciendo las conexiones argumentales a un mínimo, mete pesadillas, mete sangre, mete tetas y mete a un asesino carismático, de look chanante y que suelte todo el rato chascarrillos y gracietas. O te vas a la puta calle". "OK, Boss, usted manda y yo obedezco". Dicho y hecho. Si el psycho-killer del "Slumber Party Massacre" original era un tipo de aspecto bastante mundano, sin ninguna característica demasiado sobresaliente, el hecho de que muriera en aquella era la excusa perfecta para hacer de él un personaje sobrenatural situado en el espectro opuesto, vestido de "Rocker from hell", cambiando su taladro convencional por uno en forma de guitarra eléctrica (que, imagino, se comería buena parte del presupuesto), muy llamativo, muy sobreactuado y muy aficionado a soltarse la lengua con chispeantes frasecillas graciosas cargadas de humor negro, la mayoría de ellas esputadas justo antes de cometer homicidio. Olé y olé.
Vi "Slumber Party Massacre 2" (1987) cuando llegó cual novedoso producto a nuesos video-prostíbulos cortesía de "Lax Vídeo" (gracias Enorm!). Me encantó, sobre todo por cierta secuencia de la que aluego hablaremos más extensamente. De hecho, me copié la puta peli. Con los años terminó ripeada en un dvd-r, que es el que revisé la otra noche, convencido de que mis impresiones iban a descender un porrón de peldaños.
Algo que no deja de sorprenderme es que aterrizara en nuestras fronteras con el título original intacto, más si tenemos en cuenta que, entonces -y aún ahora-, la primera no se había estrenado por aquí. Pero, ciertamente, ¿a quién cojones podía importarle?, en la época en la que los video-clubs dominaban la tierra, poco le preocupaban esos detalles al consumidor medio (y ahora, aún le preocuparían menos). De dicha entrega precedente ya hablé trágica y extensamente en su momento, así que nos ahorraremos esa parte.
La hermana de la única superviviente de la slumber party anterior va a cumplir años, así que montan otra. Poco a poco comenzará a tener pesadillas y visiones espeluznantes en las que el asesino del taladro la acosa. Finalmente, todo devendrá aterradora realidad cuando este se presente en la fiesta y monte la consiguiente escabechina. Como ven, un dechado de creatividad esplendorosa.
Para complementar el expolio del universo Elm Street, y aparcando el aspecto del asesino protagonista, podemos destacar sendas ideas y conceptos, por ejemplo las pesadillas, que se alternan de modo muy tonto y arbitrario con la realidad. Ahora duermo y me despierto gritando, ahora digo "Buenos días", salgo por la puerta y cortamos a mi otra vez durmiendo, etc, etc. Igual la intención de los filmmakers fuese inquietarnos, crearnos zozobra ante la duda de qué pertenecía al mundo de los sueños y qué a nuestro aburrido universo. Pero no lo consiguieron, logrando únicamente confundirnos y dar llamativas muestras de su incapacidad. Otros detalles bien deudores del amigo "Krueger" son las alucinaciones macabras, destacando esa en la que un pollo despellejado cobra vida y ataca a la chavala prota o, mejor aún, la famosa/infame secuencia en la que una de sus amigas luce un grano enorme en la faz que, al estallar, le echa litros de pus directos a la boca. De órdago. Incluso tenemos una escena en la que la protagonista se queda sobada mientras se da un jabonoso baño. Aquí no sale ninguna mano del agua, pero sí mucha pintura roja.
Ya sea por sus propios indudables conocimientos, o porque han leído a fondo mi respectiva reseña, sabrán que tras "Slumber Party Massacre 1" había toda una ridícula historia de feminismo panfletario, cosa por la cual Roger Corman contrató a un director con vagina (y que adaptaba el guión de un escritor con vagina). Bien, digamos que ahora la tontería vuelve a repetirse... aunque con matices. Vamos, que el rollo feminista creo que, en esta ocasión, es parte del entramado "exploitation" del business, que está ahí porque los posibles fans lo esperan. Digo yo. El caso es que también es una jaca la que se encarga de dirigir "Slumber 2", cuya trama puede entenderse como una metáfora del miedo al sexo. Nuestra protagonista es una virgen locamente enamorada de un jugador de futbol americano todo cachas, guapo y encantador. Cada vez que sueña con él y sus músculos, el asesino del taladro le interrumpe la polución nocturna para decirle que quiere hacerle el amor. Llegado su momento, este se convierte en algo físico y real justo cuando la niña se dispone a perder su himen y mutarse en mujer. Por lo visto la idea inicial era que el actor que daba vida al guaperas encarnara también al asesino, por aquello de -según palabras de la directora- "Mostrar dos caras de la misma moneda", y aunque finalmente la cosa no se materializó, algo quedó como bien prueba el "susto final" que no desvelaré por si alguno de ustedes tiene intención de verla. Curioso, sí, pero no deja de ser una enorme chorrada propia de mentes estrechas y almidonadas.
Pesadillas e hímenes a un lado, hay otra cosa que tiene una presencia constante en la película, y es la música. El rock. Supongo que impuesto ahí por maese Corman como parte del reclamo hacia la platea juvenil. El caso es que la prota toca en un poco verosímil conjunto de pop-rock. Y la excusa para liar la party es ensayar. De este modo, nos trufan la banda sonora de cancioncillas y hasta se marcan una especie de secuencia video-clipera en la que las girls bailotean al son de la canción de una película que echan por la tele, la excusa perfecta para que Corman pueda reciclar algo de su extensa filmoteca, en este caso "Rock and roll high school", célebre comedia estudiantil a mayor gloria de los "Ramones" (vilmente sustituidos por algo con unos royalties más asequibles, claro). A todo esto hay que sumar, como decía arriba, que el propio asesino le da al rockanró y de hecho -¡ahora sí!- hasta interpreta su propia canción. Lo han adivinado, amigos, este es el “magic moment” que me encandiló de chaval. Justo cuando se dispone a cazar a las chavalillas, aparecen unas luces de colores y el "driller killer" nos regala toda una actuación mientras canturrea una simpática tonadilla muy apropiadamente titulada "Let´s Buzz". Si "Slumber Party Massacre 2" merece ser recordada por algo, es por este material (que, seguro, localizan en youtube sin problemas). Y no acaba aquí la cosa, hasta la llegada del "The End" todavía nos comeremos más canciones, algunas de ellas en formato rockabilly y bien majas. Las hay que incluso suenan como acompañamiento de acosos y crímenes, nada menos. Sobra decir que, en el proceso, y acorde a la filosofía "Freddy", nuestro simpático asesino nos dedica unas cuantas miraditas, incluso nos habla directamente como parte del cachondeito.
¿Y qué más les puedo decir?, bueno, pues que la "muerte" del "driller killer" es una auténtica chufla. Que hay una coñeta final en los créditos, justo cuando dan la brasa con lo del copyright. Que los personajes lucen apellidos míticos ligados al cine de terror (sin ir más lejos, dos policías que aparecen se hacen llamar "Krueger" y "Voorhees", ¿alguien da más?). Y que el pifostio casi no alcanza los 80 minutos (¡¡fascinante!!).
En cuanto a recursos humanos, merece la pena que le echemos un ojo al reparto y demás.
Crystal Bernard interpreta a la angelical protagonista y a lo largo de su carrera no ha hecho gran cosa más (mucha televisión), salvo por una puta marcianada, "Welcome to paradise", un dramón de contenido abiertamente cristiano que no sería digno de mencionar si no fuese por su director y co-guionista, Brent Huff, "action hero" de serie Z en cuyo curriculum uno encuentra los directores y títulos más asombrosos, destacando entre ellos Bruno Mattei (para quien protagonizó "Serpiente Sam, nacido para luchar" o "Cop Game"), Fred Olen Ray (en "El poder de las armas") o Worth Keeter (en "Scorpio One"). También compartió protagonismo con Sho Kosugi en "Las nueve muertes de ninja", nada menos. Y como director posee varios films, destacando, además del citado, uno titulado "Mercenarios de élite", con protagonismo de Robert Davi y Roddy Piper y que se presentaba como todo un precedente de –lo han adivinado- "Los mercenarios/The expendables". ¡Qué pazote!.
Kimberly McArthur sobresale por sexy tanto como esos generosos pechotes que oculta tras un biquini y que, desgraciadamente, no nos muestra. Pero que no cunda el pánico, la chavala venía de la factoría "Playboy", donde se dejó fotografiar y filmar en pelota picada un porrón de veces (y, créeme, merece la pena que busques en Google). Volvería a hacerlo en películas de categoría como "Los locos del bisturí" (tremendo despliegue de glándulas mamarias), "Quien tiene una suegra tiene un tesoro" o "Malibu Express" del inevitable Andy Sidaris (el Russ Meyer del cine de acción de serie Z). Según Imdb, cuando firmó el contrato para actuar en "Slumber Party Massacre 2", impuso una condición: que no se desnudaría. Resulta fácil deducir que, pa entonces, la pobre estaría ya hasta el coño de enseñar las tetas. No se lo tenemos en cuenta.
Tampoco son mancas Juliette Cummins y Heidi Kozak. De la primera ya hablé cuando la reseña de "Viernes 13, 5ª parte", allí era la hermosa pelirroja de tetillas escuetas, las mismas que también muestra en "Slumber 2" (y que se erige como el único top-less de toda la puta peli), volveríamos a verla en otra secuela horrorífica de renombre, "Psicosis III". A la segunda también podemos localizarla en un "Viernes 13", el séptimo, además de otras cosillas como "Society" (la de Brian Yuzna). Dos chicas con "pedigree".
La directora, Deborah Brock, tiene un currículo bastante curioso. Todavía dentro de parámetros Cormanianos, se encargó de llevar las riendas de un producto infantil, "Las aventuras de Andy Colby", y de la tardía secuela de, nada menos, "Rock and roll high school", titulada "Rock and roll high school forever" y con protagonismo de Corey Feldman, de cuando vivía obsesionado con ser Michael Jackson. En funciones productiles la Brock ha puesto su contundente apellido a títulos tan curiosos como "Cariño, he agrandado al niño", "Frío como el acero. Buscando venganza" (secuela de aquella, protagonizadas ambas por el olvidado Brian Bosworth) y, esta sí es rara, la tragicomedia indie a mayor gloria de Vincent Gallo (que pa algo es prota, dire y co-guionista) "Buffalo '66".
Los resultones efectos de maquillaje (no hay mucha truculencia, solo unas ajustadas dosis) corren a cargo del ya fallecido James Cummins (sin aparente vinculación familiar con Juliette Cummins) de lustrosísima trayectoria, repleta de títulos bien reconocibles como "Extraños invasores", "Cosmos mortal" (aquella chunguez producida por Carlos Aured), "House, una casa alucinante", "Profundidad seis" e incluso anduvo por "El exterminador", "La cosa" y "Muertos y enterrados". También dirigió (y guionizó) sus propias películas, todas ellas destinadas al rincón más lúgubre del mercado videográfico, como "The Boneyard" que posee cierto culto (sobre niños zombie y caniches mutantes), "Dark: 30" (ni puta idea) o "Harbinger" (ni puta idea).
En cuanto a la saga “Slumber Party Massacre”, conoció una tercera entrega justo cuando el “slasher” renacía de la mano de “Scream” (¡¡que casualidad!!), dirigida y escrita por otro par de chatis, encabezonadas en mantener el rollo feminista (aquí el asesino del taladro es impotente) y que retomaba el tema realista, sin sueños ni polladas (las modas mandan, amigo). Curiosamente tiene “buena prensa” y por lo visto es bastante generosa en cuanto a sanguinolencias, pero debería verlo para creerlo.  Se comenta la existencia de una cuarta parte titulada “Cheerleader Massacre”, firmada por el temible Jim Wynorski, pero los expertos niegan que tal costrosa cosilla pertenezca a la franquicia. Expertos que decidieron formar piña y crear un absurdo culto hacia “Slumber Party Massacre”, sus secuelas, sus spin-offs y sus loquecojonessea. Tremendo.
Cuando decidí revisar "Slumber Party Massacre 2" llevaba varias noches dedicadas al visionado de películas prestigiosas (justificado especialmente en el caso de la muy notoria "12 años de esclavitud") y el cuerpo me pedía mierda. Pero de la güena.
No hace falta decir que la elección resultó ser mano de Santo.