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viernes, 14 de agosto de 2015

USA, VIOLACIÓN Y VENGANZA

Una especie de mafioso intuye que su contable le va a delatar a el fiscal y pone  remedio al asunto, mientras que por otro lado secuestran, drogan, y violan a una señorita, que acaba enamorándose de su violador al permanecer consciente durante una de estas violaciones en la que la sedan. Textualmente; acaba enamorándose del violador, a base de sentirle dentro, de sentir tanto placer.
Una gilipollez como un templo, una cosa amoral como pocas, y más importante aún, coñazo  como pocas. Y mal contada, porque la sinopsis que yo alcanzo a entender –igual soy muy corto de entendederas o presto muy poca atención, pero no creo- es la arriba mostrada pero suceden muchas cosas más, sin embargo, en esencia, es eso.
José Luis Merino, uno de nuestros artesanos del género, coquetea con el “Rape and Revenge” – o lo que él interpreta como “Rape and Revenge-” y nos lo sirve en una época del cine español zetoso que me encanta; los primeros ochenta. Consecuencia quizás de esta época, sea el hecho de que si te dicen que esta película es de Jess Franco, tú te lo creas… porque, mientras la veía pensaba que parecía una película de Jess Franco.  Así que al final, y con estas películas como muestra y ejemplo, lo que muchas veces consideramos un estilo personal, resulta que no, que es de todo impersonal, y una pura consecuencia de la ausencia de medios.
Reflexiones a parte, esta película no hay por donde cogerla, y peor aún, no solo es aburrida sino eterna, acercándose a las dos horas de metraje y a pesar de que pasan muchas cosas, hay muchos disparos y muchas violaciones, finalmente, el dinamismo brilla por su ausencia, y queda una cosa muy loca e insufrible.
Pero destaca su mentalidad “Exploitation”. Maravillosos resultan el cartel, directa y descaradamente plagiado del de “Soldado Azul”, su falta de escrúpulos a la hora de abordar el tema de la violación –vamos, que la gachí pide más- o el bochornoso hecho de que, pretendiendo ambientar la película en los Estados Unidos, como bien indica el título, se note tanto que están en España. Una España, además, excesivamente cañí, a la cual tunean y donde hay un chiringuito de prensa, sigue habiendo un chiringito de prensa, pero le ponen un gran cartel, cutre a más no poder, que anuncie algo en Inglés. Más maravillosamente bochornoso resulta cuando haciendo hincapié en que están en los USA, ruedan en lugares tan reconocibles como La Zarzuela en Madrid, o vemos pisos con cuadros, puertas y aspecto definitivamente español.
Quitando estas chorraditas que dotan a la película de cierta gracia, por lo demás, es inaguantable. Vamos, para ver de aquella manera,  y enviarla a la papelera de reciclaje (porque si tienen el VHS o el Beta, algún zumbado, lo mismo les da 10 pavos por él).
En el reparto, destacan los nombres de Pilar Alcón (“¡Qué gozada de divorcio!”, “Aquí huele a merto… ¡pues yo no he sido¡”) o Ricardo Palacios, cuya presencia siempre convence por su contundente corpulencia y actitud. Aquí, hace de megalómano vistiendo túnica a lo Demis Rousos, y fumando puros a los que rechupetea la punta, que da verdadero asco.

sábado, 12 de octubre de 2019

WE ARE MONSTERS

Sonny Laguna y Tommy Wiklund son ya viejos conocidos de este blog. Después de que el primero dirigiera en solitario el "slasher" "Blood Runs Cold", comenzaron a currar juntos con "Wither", descarada imitación -rozando lo legal- de "Posesión Infernal" (y por lo visto les va el tema, porque ya han anunciado un nuevo proyecto titulado "Haunted Evil Dead" con cabañas habitadas por entes malignos. ¡Eh! nada que objetar, ¡les comprendo!). El momento álgido de su carrera compartida fue cuando dieron el salto al mercado norteamericano con la simpática "Puppet Master: The Littlest Reich". Pero antes de eso estuvo esta "We are monsters", otro de sus refritos de subgéneros propios del cine de terror o exploitation. 
Si ves una peli de Laguna + Wiklund en la que una mujer es secuestrada por unos tipos, encerrada en una cabaña y sometida a toda suerte de abusos, incluidos los de índole sexual, ¿qué es lo que puedes esperar? Muy sencillo, su versión/aportación del/al famoso e infame "rape and revenge", películas de violación y venganza a las que pertenecen títulos tan populares como "La última casa a la izquierda" o sobre todo "La violencia del sexo".
Sigamos con el cuestionario. Dejando de lado la "rape", ¿qué es lo que más destaca en esta clase de productos? pues muy sencillo: la "revenge". Sabes que, antes de llegar al the end, la víctima de turno logrará zafarse de sus agresores y acometer la esperada, deliciosa, merecida y necesaria venganza. Y por lo general, esta suele ser casi más regocijantemente brutal y truculenta que la misma violación. Viniendo de estos dos chavales, que ya han demostrado con anterioridad su tendencia a regodearse en el material más gore de sus películas, pues imaginaos el clímax de "We are monsters", una auténtica burrada en la que no faltan genitales castigados.
Por lo demás, pues los actores cumplen bastante bien y el acabado técnico, a nivel general, está decente.
Que la movida dure menos de 80 minutos contribuye a que sea aún más soportable. Y no me estoy refiriendo a las escenas extremas (cualquiera que haya consumido esta clase de cine, las aguantará sin demasiados problemas), sino al aburrimiento, que afortunadamente nunca termina de imponerse del todo.
Bien.

sábado, 12 de agosto de 2023

LA VENGANZA DE DAPHNE

Como muchos otros jovenzuelos de mi época, durante un tiempo tuve asumido que cualquier producto con el sello Troma era garantía de los excesos truculentos y desmadrados presentes en "El vengador tóxico" o "Mutantes en la universidad" (no porque sí, sus dos mejores películas. Digamos que el chiste comienza con la primera y termina con la segunda) Luego, tras hurgar en los estantes más pringosos del vídeo-club y llevarme a casa muchos de sus otros títulos, descubrí la terrible realidad. Troma no solo producía material propio, al que imprimía esas señas de identidad que tanto nos gustaban -y que terminarían quemando en seguida-, también se agenciaba cine ajeno, normalmente semi-amateur y muy regional, le cambiaba el título por uno bien llamativo, le fabricaba un póster super-atractivo, y lo lanzaba al mercado, para mayor disgusto de inocentes como el que entonces era yo. Resumiendo, "La venganza de Daphne" fue, probablemente, el mayor hostiazo que me di con una película Tromática. La odié apasionadamente y desde entonces -les hablo de aproximadamente treinta y pico años- no había vuelto a verla. Era pues momento de enfrentarme a mis demonios.
La primera sorpresa fue descubrir que la versión descargada se veía increíblemente bien. Esperaba un ripeo costroso de vhs. Pero no, aquello era, indudablemente, una remasterización por todo lo alto. Tras indagar, lo entendí. Hacía nada, muy poquito, que los chavales de "Vinegar Syndrome" la habían recuperado de la oscuridad y editado en formato digital, con todos los honores. Dicho de otro modo, ahora muchos la han descubierto y, acorde a los tiempos que corren, dicen maravillas de ella... ni que sea porque estamos ante un producto genuinamente "trash".
Obviamente, "La venganza de Daphne" NO es de terror. Para nada. Y la tipa del engañosísimo cartel, la mentada Daphne, tiene un rol extremadamente secundario. La verdadera trama es, por así decirlo, un drama... uno de tirón legal -por todas las aburridas trifulcas con abogados, demandas y tal-. Pero, claro, parido por gente bastante incompetente, lo que le da ese "touch" que la hace especial.
Unos señores de mediana edad pillan una caravana y se marchan a pasar un finde chachi. En eso que, a medio camino, recogen a una chica rubia de buen ver. Solo tiene 17 años, pero ello no impide que uno de los integrantes, un poco paleto y muy racista, se la quiera beneficiar. La llevan a su cabaña, beben, hacen el tonto, y cuando lo intentan, la chica se rebota con apoyo moral de uno de los machos del clan, Steve. Este, decidido a evitar que los otros se propasen, la acompaña a su dormitorio y, ¿qué ocurre?, que la menor no puede resistirse a sus encantos -a pesar de la abismal diferencia de edad, las arrugas y ese pelo de cacerola horripilante-, se quita la ropa y, suponemos que como agradecimiento, se lo tira. Obviamente a Steve lo interpreta Richard Gardner, es decir, el director, productor y co-guionista del entuerto (mal cineasta, sí. Tonto, no) Salvo por una oscura peli setentera previa en la que co-firmó el libreto, la reseñada es su único crédito oficial. Vamos, que el hijoputa quería magrear a una chavalilla y se sacó una peli de la manga para ello. Una vez consumado el acto, Steve se va a su dormitorio... ¿hein? ¿no le apetece retozar? ¿y no se suponía que la protegía?. Es entonces cuando dos de los otros tres colegas que quedan, aprovechan la ocasión entrando en la habitación de la churri y la violentan. Ella huye a la civilización y los denuncia a la policía. Así, lo que parecía un "rape and revenge" da un inesperado giro casi telefilmesco a drama. Es decir, aquí la rubia no se dedica a asesinar a sus agresores. No way. Lo que vemos son las angustiosas consecuencias de dicha denuncia. El rechazo social que ello provoca. Todo a base de diálogos, y diálogos, y diálogos, y diálogos. Claro, ahora comprendo perfectamente la DESILUSIÓN que sufrí la primera vez que la vi y el absoluto ODIO que me provocó. Normal.
Dicho rechazo social motiva que uno de los integrantes de la pandi, el único que NO mojó el churro, ¡se suicide! Y el que sí lo mojó, acude a la mafia para pedir que asesinen a la chati. Y... bueno, el lío sigue y sigue hasta que aparece Daphne y se acaba la peli.
A ver, ¿por ande empiezo? "La venganza de Daphne" es el título español que recibió el muy Tromático "Deadly Daphne´s Revenge" ("La venganza mortal de Daphne"). A su vez, este sustituía al original, más sosaina, "The hunting season" ("La temporada de caza") El sopor que provoca es a ratos compensado por una serie de características propias de su condición de mojoncito. Cosas como una notable ristra de errores técnicos. Raccord destruido a lo bestia (aparece un francotirador que cambia de vestimenta de un instante a otro sin venir a cuento). Manos que asoman por delante de la cámara cuando no deberían. Generosos fundidos a negro, algunos algo arbitrarios, sin mucho sentido. E incongruencias con la lógica del tiempo transcurrido. En este apartado mi favorita es la escena en la que el mentado francotirador ronda la cabaña donde está la rubia, a la que tiene que matar. Y ronda, ronda y ronda, hasta que se hace de noche. Y ahí sigue el tío, rifle en mano, indeciso, cuando ha tenido el blanco a tiro innumerables veces. También localizamos un puñadito de planos puestos como de cualquier manera, con Daphne entrando en escena de espaldas, mirando por la ventana y ya está. Sin aportar nada y sin tener muy claro el por qué. De hecho, cuando la subtrama de esta señora cobra verdadero sentido, casi parece como que el director se olvide por completo de la violentada y se saque "otra peli" de la manga. Es cierto que a Daphne se la muestra y menta en el metraje previo, pero tan poco y de manera tan aleatoria, que esa relevancia que cobra hacia el final descoloca un poco. Todo acompañado de pequeños momentos para la risa involuntaria, destacando las sobreactuaciones mega-dramáticas (ojito a la chica violada, Laurie Tait Partridge, puro descojono) y el doblaje. No se cómo sonará en inglés, pero en castellano "¿¡Crees que eres el único que quiere echarse un polvo con una joven marchosa?!" resulta altamente hilarante. Mucho menos graciosas son ciertas dosis de una crueldad animal que, ciertamente, parece no fingida y, por ende, resulta bien desagradable.
Mala como el demonio, pero también lo suficientemente curiosa, "La venganza de Daphne" es, tal y como diría don Víctor, toda una excentricidad. 

martes, 2 de agosto de 2016

THE MUTILATION MAN

Andy Copp es un personaje muy interesante. Artista. Fanzinero. Blogero. Entregado aficionado al cine de género, con especial devoción por el terror y las películas bizarras. Llegó a realizar programas para la televisión de acceso público o video-reseñas subidas a youtube, siempre en torno al tipo de materia que le molaba. Paralelamente desarrolló una carrera en estas cosas del cine independiente de cero presupuesto, underground o auto-producido. Llámenlo como quieran.
Copp ralizó varios largometrajes y cortometrajes. Moviéndose entre la narración convencional según los cánones del “exploitation” de los 70 y la experimentación pura. Títulos como "Black Sun" (sobre un hombre convertido en máquina), "The atrocity Circle" (un especie de "rape and revenge") o "Quiet Nights of Blood and Pain" (dos veteranos de guerra que le pillan gusto a matar más allá del campo de batalla), son un buen ejemplo.  Sin embargo, su obra más conocida posiblemente sea la primera en formato largo,  “The Mutilation Man”, rodada en súper 8, 16 mm y vídeo.
“The Mutilation Man” tiene todos los tics propios de los que hizo gala el cine fantástico noventero de línea dura, aquel oculto en la sombra mientras en las salas triunfaban cosas más descafeinadas. Es decir, narración fragmentada, banda sonora a base de estridencias, apabullante aluvión de imágenes a ritmo videoclipero y gore supuestamente brutal. Todo condimentado con material documental (y real) de crímenes de guerra, por aquello de incrementar el mal rollo deseado. Táctica a larga perjudicial, ya que le resta potencial perturbador a la ficción, por mucho que esta intente chocarnos. Resumiendo: Que con la moto del "experimentalismo" y/o lo arty, por aquello de "otorgar méritos intelectuales a la obra", te cuelan un festival de atrocidades que es lo que el fan verdaderamente busca (importándole un pimiento el resto). Cortometrajes como "Alicia" o "Aftermath", y largometrajes como "Subconscious Cruelty" son otro buen ejemplo de tan irritante tendencia.
“The Mutilation Man” es rara, aburrida, ingenua en su provocación y se ve anticuada. La influencia de Jodorowsky y “El Topo” canta como una almeja, por el look de “el hombre mutilación” y su continuo caminar entre ruinas encontrándose con personajes de lo más estrambóticos a los que les encanta comerse al prójimo o martirizar a chicas desnudas encerradas en zulos. Influencia esta reconocida por el señor director (junto a otra bien evidente, “Tetsuo, the iron man”). De por medio, sadomaso high-tech e imágenes de un chaval sufriendo el maltrato de su alcohólico padre (interpretado por el cineasta cult Jim Van Bebber, responsable de "Gore en las calles", "My sweet Satan" o "The Manson Family". Concretamente en estas dos últimas el dire de la peli reseñada colaboró en los efectos especiales... o no se qué polladas).
Bien, ese niño sufriente se supone que es el mismo Andy Copp, quien vivió una infancia de pesadilla por culpa de un progenitor que mamaba demasiado. Él se refugiaba en sus queridas películas de terror para sobrellevarlo. Desafortunadamente no lo logró y cuando cumplió los 40, se quitó la vida. Descanse en paz.
Eso no significa que “The Mutilation Man” sea la obra de un genio, como muchos van vitoreando por ahí. Ya saben, estando en vida, ni caso. Fallece, y todo son homenajes y entusiastas críticas desmedidas (y más aún si se trata de algo raro, "No entiendo ni torta, ergo, esto es la obra de un visionario"). La peli sigue siendo un rollo. Un sinsentido gratuito. Lo que, a su vez, tampoco significa que a estas alturas de la reseña Copp haya dejado de ser un personaje interesante, por supuesto.

jueves, 27 de diciembre de 2012

CALLES SALVAJES

Verano en Torredembarra. Solía ir cada año a pasar quince días en casa de mi amigo Dani. Nada más llegar al pueblo, el coche se detuvo delante del cine para ver qué daban y, si se prestaba, acudir ese mismo fin de semana. "Dan una que se llama "Calles Salvajes"". "Guau", pensé, "Esa ha de ser muy heavy". Poco tiempo tuve de fantasear. La madre de Dani corrió a soltar la sentencia: "No, esa no la veréis, estas películas son muy violentas". El coche arrancó y nos alejamos de allí. Tuve que esperar unos años para poder comerme "Calles Salvajes", en formato VHS, claro, el mismo con el que la revisé ayer por la noche.
Todo comienza con el encontronazo, algo tonto, entre una panda de macarras punkis que llevan emblemas de "The Damned" en sus chupas y un grupito de golfas deslenguadas, pero de buen corazón, capitaneadas por una Linda Blair luciendo, a través de una prenda fina y bien ceñida, sus imponentes pechotes (papel este inicialmente previsto para la frontman del grupo "The Runaways"). La acompaña una jovencita Linnea Quigley pre-Scream Queen en el papel de sordomuda empalagosamente inocente y monjil. El caso es que el mentado encontronazo empeora mucho cuando los macarras violan a la virginal muchacha. Y se dispara del todo cuando se cargan a una de las chicas de la pandilla, nada menos la que estaba en estado y lista para contraer matrimonio (que sí, que muy chulonas y callejeras ellas, pero cuando se trata de casarse, por la iglesia y con el vestido más blanco de todos). Como no podía ser de otro modo, la ex-niña exorcisada pillará una ballesta (incómoda cuando se trata de vengarse, aunque muy "cool") e irá a por los malotes.
Probablemente la madre de mi amigo tenía razón, "Calles Salvajes" nos hubiera impactado mucho en 1984 por sus elementos crudos y ultra-violentos. Era todo muy "joputa", como se estilaba entonces. El problema es que los años no pasan en balde y la pobre ha envejecido mal. Ahora es casi ridícula. Por lo menos, la que sí da un poco de pena/risa es la amiga Linda luciendo esa pose de chuloputas y ese vestuario pretendidamente golfo (aunque lo compensa dándose un baño en pelota picada y mostrándonos esas tetazas que, de tan grandes, flotan en el agua). Tampoco pasan examen los típicos diálogos "supuestamente juveniles y pasotistas" de los macarras, así como su actitud exagerada de continuo cachondeito y descerebre. Y como ocurre en casi todas las pelis de la época que intentaban retratar un ambiente alternativo entre punkero y nuevaolero, las canciones "rockeras" del "soundtrack" son horriblemente pastelosas, así como la banda que aparece tocando en un escenario... algo que desde que tengo uso de razón, me lleva siempre a la misma pregunta: "¿Pero cómo pueden todos bailar con tanta entrega y diversión una música tan aburrida y monótona?". Misterios del cine juvenil de los ochens.
Pero no seamos tan duros con "Calles Salvajes", dejando de lado todas esas apreciaciones, la peli se deja ver 
(a pesar de su fotografía ultra-oscura, aunque tal vez sea cosa de la edición VHS) y entretiene razonablemente, pese a ese clímax final innecesariamente eterno. Digamos que es un compendio entre varios de los temas recurrentes del "exploit" de la década: aulas turbulentas, bandas callejeras en conflicto y un poco de  "rape and revenge". Muy completa, y pasable para un visionado casual.
Junto a la Blair y la Quigley encontramos al carismático John Vernon y a la neumática (y muy atractiva) Rebecca Perle, quien volvería a mostrar sus encantos en "En la cuerda floja" y "Vampiro del espacio". Como dato curioso, señalar que en un principio "Calles Salvajes" iba a dirigirla Tom DeSimone, responsable de "Hell Night" -de nuevo con Linda Blair-, pero por alguna razón desconocida fue sustituido. Con todo, su hermano Bob sí aparece en la peli, en un rol segundón de profe, y haría tan buenas migas con el sustituto que actuaría también en su siguiente peli, la muy recuperable "Viernes 13 - 5ª parte", haciendo de ambulanciero farlopero. Les hablo del malogrado Danny Steinman.
Danny Steinman, que curiosamente falleció hace escasos días (el 18 del mes en curso), es un personaje muy interesante. Venía del porno (¡como Tom DeSimone!, por lo visto era lo normal entonces) y se metió en el cine más o menos "standard" con el aburrido pseudo-slasher "Gemidos en la oscuridad" (que firmó con seudónimo). De ahí pasó a la peli hoy comentada y la quinta entrega de las aventuras de "Jason Voorhees". Esta última, aunque funcionó bien en taquilla, fue muy mal recibida por todo el mundo. De hecho, se la considera la peor... y no por su acabado, sino por sus intenciones. Se dice de ella que tiene una estructura totalmente de peli pornográfica, que es la que más crímenes ofrece (al menos hasta entonces) y la más amoral (recordemos que una de las chicas moría de un machetazo en el coño, cosa luego censurada). Yo opino que era la más honesta de las secuelas del clásico de Sean S. Cunningham, por ser la que se dejaba de monsergas y daba a los fans de la franquicia lo que queríamos ver, un tío con una máscara matando con saña a todo quisqui (aunque luego resultara que ese tío no era quien debía ser). Sin embargo, los incontables problemas que hubieron durante el rodaje, así como todo lo narrado, hundieron la carrera de Steinman, que nunca más volvería a dirigir. Dicen que también influyó un grave accidente de bicicleta, y que estuvo en la lista de posibles directores para un remake de "La última casa a la izquierda" finalmente pospuesto... y es una pena, porque una revisión de ese clásico del cine chungo en manos de este señor seguro que hubiera sido mucho más cabrona y retorcida que lo que finalmente se estrenó. RIP.

domingo, 7 de febrero de 2016

LOS FOTOCROMOS DE "LA VIOLENCIA DEL SEXO"

La violencia del sexo / El día de la mujer” (“I spit on your grave / Day of the woman”) es a día de hoy, como todos sabéis, un clásico de culto. La peli que ¿inauguró o popularizó? un polémico subgénero muy de su época, los 70, el “rape and revenge”, en el que mujeres sexualmente violentadas acometían luego truculenta venganza sobre sus agresores. Hubo algún idiota (o alguna idiota) que tildó tales películas de feministas. Sí, seguro. Eran productos de mentalidad ultra-exploitation cuyo único fin consistía en despertar el morbo de la platea masculina. Y a sus responsables los derechos de la mujer les importaban un pimiento. No lo critico, solo lo expongo. Igual que me parecen idiotas esos que pretenden encontrar en la saga de “Perros Callejeros” elementos de “crítica social” acordes al momento de su gestación. Nunca entenderé, ni soportaré, ni apoyaré, esa hipócrita intelectualización del cine de explotación. Esta clase de productos ni quieren ni merecen ninguna clase de respeto. Son morralla de baja estofa, y molan así, siéndolo.
Me parece especialmente cínico, e incluso preocupante, lo de la etiqueta feminista. Más cuando se hace desde una óptica abiertamente positiva (la solución para todo = cortar pollas!!). Eso sí, al macho bigotudo o legañoso que dispara sobre los agresores de su familia lo llamaremos fascista. Claaaaro. En mi país machismo y feminismo terminan en ismo, y los ismos, como los extremos que se tocan, significan lo mismo.
El caso es que “La violencia del sexo” generó, imitaciones aparte (como ese “Venganza Desnuda” de Cirio H. Santiago), una pseudo-secuela tardía de idéntica trama, con la misma protagonista y grabada en maravillosamente costroso vídeo de los 80 por el incapaz de Donald Farmer. Así como un remake decente que esputó sus propias secuelas. Todo eso está muy bien, pero a mí me la trae bien floja. Básicamente porque cuando en su época vi “La violencia del sexo” me pareció un rollazo de tomo y lomo. Además de que me decepcionó en cuanto a violencia se refiere. Esperaba bastante más, la verdad.
También es cierto que tal vez debería darle una segunda oportunidad. No la he vuelto a ver desde entonces y creo, solo creo, que me la zampé en versión original sin subtítulos. Y entonces dominaba menos el idioma de Peter Kramer.
El caso es que localizar los fotocromos de su estreno en España (concretamente en Sitges, en el Cine Retiro) fue toda una inesperada sorpresa, para mí y para Alex Gardés, que como siempre tuvo el detalle de prestármelos. Y aquí los tienen, en toda su crudeza y cutrismo. Destacan, como ya era un clásico en la época, esos cuadritos puestos ahí para censurar las vergüenzas de los cuerpos desnudos, que van de los pezones y el felpudo al ojete.
Tal vez el cuadrito se lo tendríamos que poner a su director, Meir Zarchi, por haber hecho "La violencia del sexo", ¿o no?.













sábado, 13 de noviembre de 2021

DER TODESENGEL / ANGEL OF DEATH: FUCK OR DIE

Algunos recordamos lo dolorosa y profundamente que el llamado ultra-gore alemán nos dio por el ojete ahí en los noventa. No entendíamos cómo productos tan infames en su mayoría -especialmente los de Andreas Schnaas, el Covid-19 del cine- podían despertar semejantes pasiones y hasta alcanzar ventas considerables -para lo que eran, por supuesto-, aunque intuíamos sin demasiado esfuerzo que se trataba únicamente del gore. El gore por el gore, importando un pimiento todo lo demás. Una tendencia que fue febrilmente común entre el aborregado y hostiable fandom de aquellos tiempos. Entonces, como toda irritante moda, la tontería pasó. Se fue por el desagüe, y con ella la mayoría de los oportunistas de rigor. Sin embargo, para bien o para mal, dejó huella. Sobre todo en su tierra, y transcurridos unos años surgieron un puñadito -tampoco muchos- de tipejos dispuestos a mantener la llama bien viva. Aunque, en la mayoría de casos, el plumero era tan evidente en su condición exploiter como para mezclar todo aquel ultra-gore con el otro gore, el porno. De entre el mogollón destacó Andreas Bethmann. Y no lo digo por ese peinado estilo yunque tan impresionante que lucía, sino porque es el que hizo más ruido... con permiso del hijoputa de Marian Dora y sus jodidísimas películas. Pero esa es una historia un pelo distinta, cuyas pretensiones artísticas la apartan de lo que era común en el mundillo: hacer basura de género totalmente explotativa destinada al pajero medio.
Otra diferencia notoria con respecto a la obra de Dora, es que esta resultaba genuinamente perturbadora y traumática porque, nos guste o no, estaba muy bien facturada. Había algo de talento en sus horribles imágenes. Mientras que Bethmann y sus iguales eran unos... bueno, unos negados. Sus películas, todas grabadas en vídeo, por supuesto, denotan un amateurismo que quema los ojos. No tanto en lo técnico que, sin llegar a ser brillante, cumple con unos mínimos. Me refiero más bien al resto. El modo de narrar, los temibles diálogos, lo elemental de las tramas o los patéticos actores. Una de las cosas que más sorprenden de Andreas Bethmann y su "cine" es que todos los hombres que asoman en él, o casi todos, tienen una pinta de poligoneros machaca-cráneos que espanta. ¿Es así el fandom medio Alemán? Porque lo flipas. Y es que Andreas era un genuino fanático. No solo hacía sus películas y distribuía las de otros con su sello "X-Rated Kult Video", también publicaba dos revistas afines ("X-Rated" y "Art of Horror") y se declaraba incondicional de señores como Aristide Massaccesi, Jess Franco y el euro-trash al completo, tanto como para dedicarles sendos libros con títulos como "Jess Franco Chronicles" o "Porno Holocaust, die Filme des Joe D'Amato".
Para hacernos una idea visual de todo el pifostio, nada como echar un ojo a uno de sus "hits", este "Der Todesengel" de 1998, graciosamente titulado en inglés "Angel of Death: Fuck or Die" (es decir, "Ángel de la muerte: Folla o muere") y que, ya lo adelanto, tuvo secuela en el 2007. Se trata de un "rape and revenge" pasado por el pervertido filtro del porno-gore germano. Existe una versión mucho más extensa (de dos horas y pico) que la que he visto. Suponía que contendría material estrictamente pornográfico (ya que en la reseñada todo es muy "soft"), pero al parecer no es así. Tampoco he logrado descifrar cual es la diferencia exacta. Sin embargo, celebro haber topado con un "Der Todesengel" de 90 minutos, porque uno con mayor minutaje puede ser parecido a meter la punta del nabo en una licuadora.
En cualquier caso, la movida va de una modelo fotográfica que, de camino a una sesión, es asaltada por dos tipos repulsivos que se dedican a buscar chicas para explotar sexualmente, matar mucho y entonar interminables diálogos "tarantinianos" sin gracejo. Estos la violan y, por alguna razón inexplicable (la peli está repletita de ellas), la dejan viva. Las consecuencias de tan magra experiencia harán de nuestra protagonista una justiciera psicópata que no solo saldrá a la caza de sus agresores, también se cepillará a cualquier barón o hembra con intenciones carnales que se le cruce por el camino.
Andreas Bethmann (quien, by  the way, interpreta al fotógrafo de la policía) pretende ofendernos, dejarnos en shock a base de ultra-violencia hiper-gratuita, personajes amorales y sexo enfermizo, pero no lo consigue. Y no lo consigue porque todo en esta peli es risiblemente acartonado, mal ejecutado y está a años luz del realismo. Que la prota le corte la cabeza a un tipo y la use para frotarse el coño nos deja fríos, porque aunque aquella no está especialmente mal moldeada, se nota de pega. Que reciba sangrantes latigazos por parte una dominatrix, tampoco nos dice nada, porque son graciosamente contenidos. Y así con todo. Aunque yo creo que el culmen son los actores y, sobre todo, las actrices. Sin ir más lejos, la protagonista es de una nulidad que espanta, casi tanto como esas horribles tetas de goma. Mucho mejor es la segundona Katharina Herm, por talento, belleza y ubres. Lástima que haya hecho tan poca cosa. Y ya que estamos con el personal, mentar la presencia de Timo Rose, otro "pope" del ultra-gore post noventero en funciones de director y cuyo nombre, como pueden deducir, no solo entra de lleno en nuestra lista de nombres graciosos, también mola porque no puede ser más HONESTO respecto a la calidad de sus obras.
No obstante, y a pesar de mi aparente linchamiento tecleado, lo cierto es que Bethmann me cae en gracia. Supongo que es algo que no puedo evitar cuando me las veo con otro infeliz dispuesto a plasmar sus fantasías cámara de vídeo mediante (sobre todo si es extranjero). Y me encanta que sea tan jodidamente políticamente incorrecto. Adoro imaginar que las feministas le cogerían por los huevos y clavarían en un palo puntiagudo. De hecho, suya es la paternidad de una película cuya caratula me parece fascinante por lo ofensiva que resulta (no a mi, pero sí para determinados círculos). La dejo cerca y se hacen una idea. Obviamente he tenido que censurarla (ya saben, blogger y sus tonterías), pero si buscan bien por la red, pueden localizarla íntegra. Maravilloso.
Por desgracia, nada dura eternamente. Alcanzados mediados de los dosmildiez, el bueno de Andreas confesó estar ya un poco harto de tanta sordidez y suciedad, e intentó facturar una película que resultara algo más aceptable para el "media". Ni que fuese por técnica, estética o narrativa (la movida iba de casa encantada y el gore era escaso). Sin embargo, no salió del todo bien. Sus fieles la encontraron demasiado "light" y al resto le importó tres cojones. Así que, en 2014, regresó a "terreno conocido". Y, desde entonces, no se sabe nada del Bethmann "direktor", aunque sí ha producido algunos vídeos con entrevistas a peña de la farándula.

sábado, 18 de enero de 2014

ANGEL DE LA VENGANZA

Por lo visto, "Angel de la venganza" / "Angel of vengeance" / "War Cat" nació siendo un proyecto del director "cult" Ray Dennis Steckler quien pidió ayuda logística a su amigo, y compañero de armas en esto del cine chusco, Ted V. Mikels. Pero tras dos únicos días de rodaje, y una bulla con los productores, el asunto pasó a manos del segundo, que finalmente terminó firmándola y enfrentándose de este modo a la que vendría a ser su casi última película real. Y digo "casi" porque luego facturó otra más ("Mission: Killfast") para, pasados algunos años -y tras un experimento en formato corto-, reaparecer convertido en videoasta (hasta ese momento había ido tirando de celuloide... roído, gastado, pero celuloide al fin y al cabo), uno consciente de su legendaria condición y dispuesto a explotarla todo cuanto fuera posible. Mikels dejó de hacer cine "camp" de modo involuntario para facturarlo calculadamente, pensando siempre en satisfacer a su público según lo que creía que este podía esperar/desear de él. Se dedicó a grabar secuelas de sus films más populares ("The astro zombies" y "The corpse grinders") y otras muestras de horror zetoso (salvo marcianas y poco afortunadas excepciones). Una lástima. Por todo ello, y a pesar de los pesares, cuesta mucho no sentir alguna clase de simpatía hacia "Angel de la venganza"... claro que también cuesta mucho sufrirla entera sin dormirse, veamos por qué...
Nadie en su in/sano juicio puede negar que Mikels y cía tuvieron una idea brillante hasta entonces extrañamente no explotada por la competencia, a pesar de lo obvia que resultaba y resulta: coger "Rambo", justo cuando reinaba en la cultura popular, y convertirlo en una tía (que semejantes bestias del cine "trash" -Steckler & Mikels- unieran fuerzas a mediados de los 80 para parir un "rip-off" femenino de "Rambo"
hubiese sido materia de sueños húmedos en mis años mozos). Ignoro cómo fue la cosa a nivel económico, pero al César lo que es del César.
Sin embargo, antes de entrar en el terreno de "Rambo", "Angel de la venganza" recuerda a otra película... o a otro subgénero. Veámoslo: Una chica de muy buen ver, morenaza, jamona y, sobre todo, pechugona (cosa esta que sí guarda en común con Sylvester Stallone, ¡chas-pun!), se larga de cabañismo a escribir un libro. En el desierto de al lado vive instalado un especie de comando paramilitar protoparanoíco que pasa las horas esperando una tercera guerra mundial, montando minibatallas con moteros, secuestrando chicas y que van más salidos que una jauría de monos. Los zánganos descubren a la prota haciendo footing y se encaprichan de ella. Tras varios encontronazos, consiguen secuestrarla y violarla en fila india. Vale, hasta aquí la cosa está clara, "La violencia del sexo", "rape & revenge" pero al estilo Ted V. Mikels, osea, muy mojigato. Y no lo digo por decir. En alguna ocasión el baranda ha llegado a comentar lo mucho que le desagradaba la incursión de imágenes reales de cirugía médica en "The undertaker and his pals" (distribuida por él), material este que finalmente extirpó. Y también tenemos el pringoso e inquietante trasfondo cristiano-baboso de "Heart of a boy". ¿Qué significa ello?, pues que todas las escenas de forcejeo carnal son "off camera", o están convenientemente cortadas a tiempo por un fundido. De hecho, no hay ni tetas (y mira que las de la prota, Jannina Poynter, camarera de profesión, pintan jugosas). En la escena del forcejeo, la chica lleva sus partes pudientes perfectamente cubiertas por una sábana. Y tampoco es que todo ese material resulte demasiado desagradable o mal rollero, algo que, a la larga, lo hace incluso más "ofensivo".
Llegados a este punto, la chica pide una oportunidad y se presta para ser perseguida y cazada. Y aquí es donde arranca el rollo "Rambo". Continúa siendo un "rape & revenge", solo que esto último no se consuma a base de cuchilladas o castraciones, sino de metralletas, granadas, bazookas, ropa color caqui y una cinta en el pelo. Nuestra prota monta trampas en las que caen todos y cada uno de sus perseguidores y se permite tímidas muestras de truculencia, como cuando clava unas ramas en los ojos de un pobre diablo o degolla gustosamente al personaje más repulsivo del clan. Aquí es donde Ted V. Mikels hace gala de esa hipocresía y doble moral tan
típica de los de su ralea. Sexo no, pero violencia sí. De hecho, y según cuenta él mismo, las secuencias más notorias en ese apartado, por su gratuitidad y pretendida sordidez, no solo fueron una imposición de los productores, sino que señala a Ray Dennis Steckler como directo responsable (lo que no coincide con los datos, según los cuales aquel únicamente dedicó un par de días a rodar con moteros). Todo este material es, además, altamente descojonable y se centra en dos asesinos psicopáticos que parecen haber sido creados únicamente para alargar metraje, ya que su aportación a la narración es mínima. A mitad de peli salen de una armería donde acaban de atracar y matar al dueño, se sientan en su coche y el más cafre exclama: "¡Estoy harto de la maldita ciudad, vamos al campo a respirar aire puro!", el otro suelta un "Seeeeh, yujuuuu!" y ponen rumbo al monte. Allí dejarán un reguero de cadáveres como muestra de su crueldad infinita. Se cargan a una inofensiva pareja de enamorados y a un par de granjeros de mediana edad. Y es este el momento más hilarante de "Angel de la venganza", cuando el más chungo del par, después de acabar con los currantes de la tierra, se detiene ante la jaula de una mamá conejo a punto de parir, esputa el siguiente discurso: "No habéis conocido a vuestro padre, y tampoco conoceréis a vuestra madre" y dispara..."off camera". La moral de cuento de hadas del realizador queda vilmente delatada.
"Angel de la venganza" es PURA Y DURA serie Z. Tosca, cutre y estática, carece de ritmo alguno, y no hay nada más aburrido que una peli de acción sin ritmo. Cuesta soportarla entera, básicamente porque es más mala que el hambre... peeeero, claro, por todo lo expuesto, chorrea encanto y, si te pilla con la actitud adecuada (o un puñado de colegas con ganas de fiesta), hasta puede disfrutarse y todo.
En cuestiones interpretativas, y por raro que parezca, destacan algunos pocos rostros. Por ejemplo, el más reconocible de todos es el de David O'Hara -felizmente aún activo hoy día-, en cuyo curriculum sobresalen por méritos própios "Hard Rock Zombies" y sendos films de.... sí, ese que no podía faltar. Y hablando del rAy de Roma, también este dirigió a Jeffrey C. Hogue, actor, productor y co-guionista de "Angel de la venganza", en un par de joyazas.
No olvidemos a Pierre Agostino y sus patillas. De este señor ya hablamos largo y tendido en otra reseña, pero lo resumiré diciendo que, además de para Mikels (y Castellari), también ha currado en infra-películas de N.G.Mount y, justamente, Ray Dennis Steckler. Y así, con esta estupenda pirueta final, cerramos el círculo y terminamos la reseña. ¡Alehop!.

PD: A la hora de elegir el material ilustrativo, he optado por dos. Un poster yankee no demasiado divulgado extraído de las páginas de mis queridas revistas franchutes y la caratula del VHS español cortesía del amigo Enorm y en la que, como ven, han cambiado el color de pelo de su protagonista. Esta es la que les dejo a continuación (cabe destacar que la ilustración de la parte trasera es un calco de la que lucía la película "The Gladiator" de Abel Ferrara)