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jueves, 5 de agosto de 2010

PACTAR CON EL DIABLO

Últimamente me ha entrado una especie de fiebre con Al Pacino. No hago más que ver películas de Al Pacino, degustar su filmografía, disfrutar de las buenas y también de las malas, de sus buenas interpretaciones y también de las malas… incluso estoy disfrutando más de las malas películas/ malas interpretaciones que de las buenas.
Un abogado provinciano (Keanu Reeves), sin ningún escrúpulo y tras ganar un juicio en el que un pederasta culpable sale inocente, es contratado por un extraño bufete de Nueva York, así que allí se va con su esposa (Charlize Theron) a comenzar lo que será una prospera vida. El jefe de ese bufete (Pacino), pronto le hará saber las cosas buenas de la vida… no en vano es el diablo.
Dentro de la extensa filmografía de Al Pacino, hay tres partes muy diferenciables. Sus inicios en los setenta, gracias a los cuales hoy es una leyenda y permite que una película de tercera categoría sea un reclamo solo porque sale el. Su asentamiento desde 1982 hasta 1997, donde los buenos papeles conviven con otros no tan buenos, siendo "Donnie Brasco" el final de esta etapa. Y el declive, que comenzó también en 1997 con esta película y continúa hoy en día, en el que vamos viéndole envejecer, siendo conscientes de sus dolencias ("Relaciones Confidenciales" es una muestra palpable y directa de lo mayor que es este hombre), de sus babeos, sus sobreactuaciones, sus infra-actuaciones, de la caricatura de sí mismo en la que se está convirtiendo película tras película, y de cómo un actor espantoso ha hecho creer a todo un planeta que es un actor cojonudo. El Al Pacino del declive es el que yo reivindico (¡¡¡que se jodan "El Padrino" o "Serpico"!!!), del que me río y del que disfruto como un enano desde hace un par de meses, y "Pactar con el diablo" es la culpable de todo esto.
La peli, que va de moderna y agresiva, tonteando con el terror y el erotismo, e incluso con la escatología, es inevitablemente un tostón que adolece de todos los elementos de los que presume, y reduce con cuentagotas las intervenciones de Pacino, precisamente por tener en filas a un “grande” y hacer de esos momentos algo histórico. También pasaba eso con Marlon Brando. En la época en la que hacía esta película Pacino también se creía “el más grande” y eso se nota a cada arqueamiento de ceja y no-parpadeo de los muchos que hay . Y efectivamente, si quitas a Pacino de la película, la cosa se va a la mierda porque es muy mala, pero hay que sufrirla, solo por verle a él, pareciendo ciego, poniendo cara diabólica, comprobar el postizo dental que luce solo para parecer más joven, gritando como loco y, lo mejor, hablando en español (en la versión original).
Es pionera en el sub-género del “Pacinismo” y eso lo comprobé anoche. En ello, una obra maestra.

miércoles, 9 de septiembre de 2015

LOS FOTOCROMOS DE "RELACIONES CONFIDENCIALES"

Siempre es un placer para mí ver a Al Pacino (por aquí le llamamos Al Pa) en acción. Y en la eterna discusión en si es mejor Pacino que De Niro, al final gana Al Pa porque, si bien es cierto que durante la década pasada, al igual que su rival, hizo mucha mierda ("88 Minutos", "Asesinato Justo" que al fin y al cabo están entretenidas) también es cierto que cercano a los 80 años, se las ha ingeniado para hacer unas películas de corte independiente, o producciones funcionales de "Milleniun Films" -Vamos, "Nu image" para el cine...-  en las que al menos su presencia no sea muy ridícula, que él quede representado con dignidad, como un actor mayor todavía con carisma. Valga como prueba sus telefilmes para la HBO o las recientes  y bonitas (¡tres en un año!) "La sombra del actor", "Danny Collins" o "Mr. Manglehorn". Quiere morir sin ser un caricato. De Niro, sin embargo sigue en la linea de hace 10 años, aunque parece que quiere enmendarlo también.
Pero antes de esta nueva etapa, Al Pa,  hizo bastante el ridículo. Lo hizo aquí y allá, en especial junto a Adam Sandler en "Jack y su Gemela", y en su película más decadente, "Relaciones Confidenciales" que es a la que pertenecen estos fotocromos de hoy.
No es en absoluto una mala película, pero si que es una en la que Al Pacino está especialmente ridiculo. De 2003, es de esas películas en las que a Al ya le pesan los años, e inconsciente de que ya no puede hacer papeles de cuarentón como hasta ahora, se empeña en hacer de señor de su edad, interpretándolo como si fuera un señor de cuarenta haciendo de uno de cuarenta (¿hein?). Todo muy forzado y patético. Así que babea, tiembla, balbucéa... un espanto. Pero ¡ojo! que la peli está entretenida.
No obstante, Al Pacino está acabando su carrera con más dignidad, y esto solo sería un pequeño tachón en su filmografía como actor.
Les dejo con los fotocromos.









domingo, 4 de abril de 2010

CONVERSACIONES CON AL PACINO

Lawrence Grobel, considerado “el Mozart de los entrevistadores” por los que entienden gracias a sus charletas con, entre otros, Marlon Brando, recopila en un libro lo que han sido todas las entrevistas que hizo a Al Pacino desde 1979 hasta 2006, con lo que consigue lo más parecido a una biografía, y por acá somos muy cotillas y nos gusta mucho leerlas.
Pacino solo pretende no parecer idiota a la hora de responder, y aunque al final llegamos a la conclusión de que estamos ante un “intelectual de barrio”, no resulta muy pedante... salvo cuando habla con entusiasmo de Shakespeare.
Nos enteramos de episodios de su infancia en el Bronx, de cómo le sientan las críticas, qué opinión le merecen ciertos directores y ciertos actores, las pelis que le gustan, los papeles que rechazó… Altamente recomendable y de fácil lectura, engancha de tal manera que las trescientas y pico páginas nos las pulimos en tres sesiones de dos horas de lectura. Y es que la cosa no tiene desperdicio.
Muy interesante es descubrir que, a parte del Pacino actor que todos conocemos, el del cheque, el del cine comercial, también existe el Pacino director underground y de vanguardia con películas inéditas (hasta que en los USA sacaron un jugoso "pack") financiadas con su propio dinero y al margen de la industria. Una trilogía que, salvo la conocida "Buscando a Richard" que incluso se estrenó en nuestro país, se vio abocada a limitadas proyecciones en museos y otros antros de público más artístico. "The local sticmatic" de 1982, que no se atrevió a dirigir contentándose con interpretar el rol protagonista y producir, trata sobre dos extraños tipos que se dedican a acercarse a los actores famosos para luego darles una paliza. "Chinese Coffy" es una obra de teatro adaptada al cine, en la que se lanzó de cabeza a la dirección. La verdad es que estaría bien descubrir todos estos films.
Por otro lado, si hay que ponerle un pero al libro, y se trata de gusto personal, sería que cuando Pacino parlotea sobre teatro o Shakespeare, aburre a los muertos. Pero eso no es óbice para leerlo completito.

lunes, 18 de diciembre de 2017

INTERIOR. LEATHER BAR.

Me hace gracia la carrera que lleva James Franco, primera estrella Hollywoodiense que no hace ascos a un drama desgarrador, como tampoco a protagonizar —y guionizar— la comedia más gamberra que se le ponga a tiro, siendo incluso nominado al Oscar por papeles como el que interpretó en “127 horas”.
Todo esto no es óbice para que en su tiempo libre dirija películas que van desde el cine casero más extraño, al arte y ensayo más pedante, pasando por la vanguardia más feroz, en films que muchas veces solo se estrenan en festivales, si es que llegan a hacerlo. De esta vertiente en Internet ya se habla de que una de sus últimas películas, “The Disaster Artist”, inspirada en el libro del mismo título de Greg Sestero del mismo nombre que narra los avatares del rodaje de “The Room”, y que muchos dicen que es cercana a la obra maestra. Habrá que verlo eso.
El caso es que James Franco es un hombre de cine (de TODO el cine) y solo por eso me cae bien, y siempre que puedo, o me entero de su existencia, suelo ver las películas de corte independiente que suele realizar, aunque a sabiendas de que la mayoría de las veces me voy a encontrar con un mojón encorsetado. No es el caso de “Interior. Leather Bar”.
Esta pieza absolutamente vanguardista que deambula entre el documental y el vídeo diario, sin llegar a ser una cosa del otro mundo, sí que resulta de lo más interesante.
El planteamiento es el siguiente: Como a la película “A La Caza” se le cercenaron 40 minutos de metraje para que pasara censura —metraje este que se perdió después— y no le encalomaran una X, Franco y el co-director Travis Mathews, deciden recrear (imaginar más bien) esos 40 minutos que faltan a la película teniendo en cuenta que en ellos solo había escenas de sexo explícito homosexual en los que se sugería que el personaje de Al Pacino, participaba en esas prácticas sexuales. Bien, pues “Interior. Leather Bar” no es el resultado de esa recreación, si no una película que nos muestra el proceso de creación de esa recreación (¿me entienden?), sin duda mucho más interesante.
En él, vemos como Franco y Mathews planean el film, y sobre todo, cómo un amigo actor de Franco, el contratado para hacer el rol de Al Pacino, se plantea si seguir adelante con aquello cuando ve que donde tiene que participar es un festival explícito de pornografía gay, que es en lo que se convierte el set de este experimento, al dejarse llevar los actores con el tema carnal como les indica Franco. Ante esos maricas chupándose las pollas, tragando semen y acariciándose los huevos, el actor no se siente cómodo y se cuestiona si su aparición en este film no truncará su carrera,  por lo que comienza el conflicto ante un James Franco sin miedo a las represalias con tal de llevar a cabo su discurso. “Por el amor de Dios, que vas a rodar una película para Disney”,  le dice el actor al director en un momento de la cinta, para advertirle de que se le está pirando la pinza y eso puede repercutir en su estatus de estrella mainstream.
Como solo dura una hora, y el tema —y sobre todo, el resultado del corte final, casi un making of—, la película se deja ver estupendamente, a pesar de las muchas mamadas masculinas que en ella se suceden, con el reparo que nos da eso a los heterosexuales reprimidos.
No es más que un caprichito de millonario excéntrico que es lo que es James Franco, pero está muy bien que sus caprichos sean de corte creativo, y, por supuesto, sensacionalistas.

sábado, 7 de octubre de 2023

THE OFFER

No soy fan de "El Padrino". Ni me gusta, ni me disgusta. Me deja frío. Lo sé, lo sé, ¡sacrilegio! ¡a todo el mundo le mola el clásico de Francis Ford Coppola, considerada casi unánimemente una de las mejores películas de la historia! Pues a mi no. Tampoco la desprecio, simplemente no conecto con ella. Sin embargo, como devoto del séptimo arte, soy perfectamente consciente de su peso, su trascendencia y todo el respectivo mamoneo. Que representa la punta del iceberg del llamado "Nuevo Hollywood", periodo este que siempre me ha fascinado. ¿Y a quién no?.
Pero si hay algo que me gusta tanto o más que una película, es una que hable sobre cómo se hacen las películas. Da igual si la retratada es un clásico intocable como "Psicosis" o una basurilla del calibre de "Plan 9 from outer space". Gozo infinitamente viendo las trifulcas de un rodaje, los problemas, las alegrías y, sobre todo, la maravillosa hermandad que se forja entre los implicados. Una que, dramáticamente, se rompe de forma despiadada en cuanto el trajín llega a su final. Si, además, todo el viaje viene recreado con talento, saber hacer y de forma entretenida, ya ni te cuento. Pues justo eso es "The Offer", una serie de diez capítulos marca "Paramount Television" donde se narra al detalle los pormenores de la creación de "El Padrino", siempre según recuerdos y vivencias de su principal productor, Al Ruddy.
Además, "The Offer" tiene un punto extra. No se trata únicamente de los tejemanejes de Hollywood. También la mafia, por obvias razones, anda metida en el embolao. Ambas tramas se van intercalando a medida que los episodios se acumulan. Y, ocasionalmente, una imita a la otra. Veremos como, de entrada, el hampa italiana rechaza la existencia del libro de Mario Puzo y, seguidamente, se opone a la película para, finalmente, cambiar de opinión, hasta el punto de colaborar en su confección usando estrategias no demasiado legales. Y veremos al mentado productor, Al Ruddy, estrechar lazos con el Capo. Una amistad de la que terminas muy colgado, a pesar de los pesares. Y, por supuesto, veremos la implicación de Coppola, las locuras del legendario Bob Evans, el apetito voraz de Puzo y las apariciones de sosias de Marlon Brando, Al Pacino, James Caan, Talia Shire, Diane Keaton o Robert Duvall. También Frank Sinatra, enemigo jurado de "El Padrino", encarna a un villano de opereta. Y, aunque ajenos al film protagonista, añadan Robert Redford y Burt Reynolds al puré.
Es de esas series que enganchan. Terminas un capítulo y ya te pirras por ver el siguiente. Y cuando concluyes, incluso te queda un poso de tristeza. A ver, perfecta no es. Sobran algunas concesiones a la generación Woke. Sendas pinceladas de humor poco inspirado. Efectos especiales CGI cantosos (la explosión del coche es muy cutre), pero queda compensado por el entretenimiento y el disfrute. Incluso la emoción. Vives con estos personajes tan carismáticos. Sufres cuando sufren y te alegras cuando triunfan. Gracias en parte al talento del reparto, por supuesto, encabezado por Miles Teller como Ruddy (también co-productor del pifostio), dos estupendos Dan Fogler y Patrick Gallo como Coppola y Puzo (cuya gordura y devoción por el buen comer les hace inseparables), genial Matthew Goode en la piel de Bob Evans, grande Giovanni Ribisi como temible/entrañable Capo mafioso, incluso Juno Temple funciona, aunque sea una actriz que me chirría un poco, tal vez por ser la sonrisa más fea del firmamento peliculista moderno. Sin olvidarnos de Paul McCrane, quien diera vida a Emil en "Robocop", o un inesperado y entrañable Lou Ferrigno en la piel de -obvio- un matón de la mafia.
Sin embargo, la cosa que realmente me atrapó de "The Offer" es el modo en que se retrata el enfrentamiento entre los dos Hollywoods. Se diría que el antiguo y el que era moderno a inicios de los setenta. Pero yo lo veo de otra forma. Bob Evans compite encarnizadamente con un ejecutivo de "Gulf + Western" -entonces propietaria de "Paramount"- que quiere quitarle el puesto. En un momento dado lo consigue y cuando comienza a aplicar su criterio, antepone el dinero, el complacer a la audiencia sin tomar riesgos, apostando por cine de género "tonto", de puro consumo (se cita "Aeropuerto 80"). Más que representar al viejo Hollywood, en ese personaje veo aquel que acabaría sustituyendo a la generación de Bob Evans cuando esta, devorada por su propio ego (+ excesos drogadizos y etc), la cagó acumulando grandes fracasos y dando pie a la era del blockbuster en los años ochenta, a los Spielbergs y Lucas, al cine comercial destinado a comer el ojete del público, a los espectáculos audiovisuales, los efectos especiales, las tramas sencillas del bien contra el mal y la búsqueda del entretenimiento como reclamo principal. Una etapa de esplendor económico y taquillas tremendas dominada por ejecutivos trajeados sin idea de cine, anteponiendo el comercio al -ejem- arte y el "auteurismo" propios de la década previa. En "The Offer" ese personaje pierde y acepta su derrota... de momento. Todos sabemos que, no mucho después, volverá para tomarse la revancha y, esta vez sí, quedarse (y yo que lo celebro).
De entre los varios diálogos memorables, dejen que recupere la siguiente perla esputada por -el personaje de- Bob Evans: "La gente educada nunca dice la verdad". Me dio que pensar, tal vez sea hora de aplicármelo. Comenzaré ahora mismo con 
una como un templo: "The Offer" es COJONUDA.

viernes, 22 de enero de 2021

HARRY Y TONTO

“Harry y Tonto” cuenta la historia de un jubilado que, tras perder su hogar, que se encontraba en un edificio que iba a ser derruido, se ve en la tesitura de mudarse a casa de uno de sus hijos junto con su gato. Al estar allí, siente que no es más que una carga, por lo que decide irse a casa de otra de sus hijas en Chicago. Como viaja con su gato, todo son problemas a la hora de buscar un transporte, por lo que, en su periplo, perderá el avión y el autobús, hasta que finalmente se verá obligado a comprarse un coche teniendo el permiso de circulación caducado desde hace más de 20 años. Durante su travesía, se irá encontrando por el camino, no solo con sus hijos que, más o menos, le irán rechazando, si no, con variopintos personajes que le acompañarán en lo que finalizará siendo, no ya un viaje a Chicago, sino, un viaje alrededor de todos los estados unidos.
“Harry y Tonto”, dirigida por Paul Mazursky, utiliza la amistad entre un anciano y su gato para mostrarnos una atípica road movie cuyo afán es concienciar al espectador sobre la soledad del aciano cuando llega a determinada edad y se queda solo en el mundo, pese a haber tenido unos cuantos hijos durante su larga vida. Se trata de una película bonita, quizás, demasiado calmada. Un melodrama salpicado con algunos gags tirando a serenos que, con la paciencia necesaria (es lenta como una babosa) puede llegar a encandilar al espectador, porque se trata de una película tierna y amable que, con sus altos y bajos, al final deja un buen sabor de boca.
Paul Mazursky, quizás medio popular en nuestro país por  realizar comedias que no gustaron a nadie, como por ejemplo, “Un ruso en Nueva York” con Robin Williams demasiado contenido, o “Presidente por accidente”, con Raul Julia, Sonia Braga y Richard Dreyfuss cuyo cartel de cine prometía un desmadre que en realidad nunca tiene lugar en la película,  es, no obstante, para los americanos, un autor con muy buena prensa entre intelectuales.
En realidad, Paul Mazursky lleva una carrera paralela a la de John Cassavetes: Mazursky también es actor, guionista y productor, y está especializado en una suerte de comedias de tipo realista con toques dramáticos que, por lo general, suelen ser una seña de identidad. Pero es que además,  Mazursky, imita a Cassavetes, da la sensación de que quisiera hacer las mismas películas que él —de hecho, “Tempestad”, es un émulo del estilo y tono del cine de Cassavetes. Es más, cuenta con el propio Cassavetes, y con Gena Rowland como protagonistas—. Así, Mazursky llega a parecerse tanto que casi cuenta distinguir sus películas, si bien, Mazursky tiene una querencia por cierta estética cómica que le identifica. Casi todas sus películas parecen más graciosas de lo que en realidad son. Y esas pinceladas de locura que nunca llega a materializarse del todo son las que le convierten  en un Cassavetes accesible, más para todos los públicos, sin alejarse demasiado del cine de arte y ensayo que al final, camuflado de producción hollywoodiense, es lo que practica en su cine.
“Harry y Tonto”, es una buena muestra de esto que les digo y, probablemente, una de sus mejores películas.
Estrenada en nuestro país en pequeñas salas de arte y ensayo (el “Publi 2” en Barcelona, o el “Lumiere” en Madrid) donde congregó a 52.000 gafapastas de los años 70 que fueron a verla en versión original subtitulada,  “Harry y Tonto” es, a día de hoy, una película completamente olvidada. Tras su paso por esas salas no tuvo vida comercial en vídeo y, si acaso, algún que otro pase televisivo esporádico, con lo que podemos considerarla una película rara, misteriosa y desperada. Una película que, casi, no existe. En Estados Unidos su relevancia posterior a su estreno tampoco ha sido mucho mayor, y eso que es un film que fácilmente podía ser recordado como el que le consiguió un oscar a Art Carney como mejor actor protagonista, arrebatándoselo nada menos que a actores como Jack Nicholson, que optaba a la estatuilla por “Chinatown”, Al Pacino, nominado por “El Padrino II”, Dustin Hofman por “Lenny” y Albert Finney por “Asesinato en el Orient Express”.
Carney era un actor eminentemente televisivo, muy querido por la audiencia gracias a su intervención en la mítica sitcom “The Hooney Mooners” junto a Jacky Gleason, pero sin experiencia en cine, por lo que alzarse con la preciada estatuilla sorprendió a propios y extraños.
El caso es que el guion de “Harry y Tonto” estuvo dando vueltas por los estudios sin nadie que se atreviese a producirlo y con actores como James Gagney o Cary Grant rechazando el papel principal. Cuando Mazursky tuvo la idea de darle el papel de Harry a Art Carney dio en el clavo, porque Carney era muy querido para el público televisivo, y, por este motivo, el estudio dio vía libre al proyecto pensando que, si fracasaba en el cine, en sus pases televisivos seguro que resultaría un éxito. Lo que nadie se podía esperar es que por su interpretación, Carney, consiguiera un Oscar.
También fue un reto porque Carney en 1974, tenía 52 años de edad, justo 20 menos que el personaje al que daría vida, pero finalmente su interpretación fue efectiva y gracias a muy poco maquillaje, al teñirle al actor unas canas y dejarse el bigote, Carney, da el perfil perfectamente. Su sobria interpretación hizo el resto.
En el reparto, a parte de Carney, y que nos pueda interesar por aquí, tenemos a la clásica Ellen Busrtyn y, muy de los 70, tenemos a Larry Hagman, al igual que Carney, actor de amplia carrera televisiva que igual en España se hizo más popular de lo que debía gracias a su interpretación del mítico J.R. en la serie “Dallas”. En “Harry y Tonto”, es uno de los muchos hijos que Harry va a visitar.
En cuanto al gato, Tonto, aunque en la película sale acreditado como un solo gato llamado igualmente Tonto, la realidad es que fueron tres los gatos los que le interpretaron, todos ellos muy inteligentes y disciplinados, y que hicieron buenas migas con el equipo. A Art Carney no le gustaban los gatos; tras trabajar 24 horas con uno acabó siendo un gran amante de los mismos. Por otro lado, el amaestrador de Tonto, quiso regalarle uno de los gatos actores a Paul Mazursky que se moría de ganas por quedarse con uno de los que había dirigido. No pudo ser porque su esposa tenía alergia a los mininos, así que se quedó con las ganas.
Si les gusta el cine reposado, tranquilo, sin muchos giros en la historia, les recomiendo esta película, pero, más aún, si les enternecen ese tipo de películas en las que un humano estrecha lazos con su mascota. En ese caso “Harry y Tonto” les llegará al corazón –spoiler- sobre todo en su tristísimo final – fin del spoiler-.

martes, 8 de junio de 2010

RATS

La “Nu Image” en la actualidad cuenta en su nómina con Robert De Niro, Al Pacino, Bruce Willis o Antonio Banderas. Se forra con las nuevas pelis de Stallone y va a "Cannes" a presentar sus productos, sin ningún tipo de vergüenza. Se han hecho grandes ¿Quién se lo iba a decir al Israelí Boaz Davidson?.
Pero todo eso no nos tiene que hacer olvidar
 que, si hoy “Nu image” son los responsables de que Pacino y De Niro sigan comiendo, ha sido posible al éxito que en videoclubes les reportaron, no hace ni diez años, todas aquellas peliculitas entrañables protagonizadas por violentos animales terrestres, marítimos y/o extraterrestres.
Pensando en ello (y cautivado, fascinado y alegre por los derroteros que se marca una compañía que ya desde sus inicios me cayó simpática), anoche decidí ver una de sus películas estandarte, la más entrañable y también una gran “explotation”, "Rats".
El título del que se beneficia más vendría a ser "Willard", aquel peliculón en el que Crispin Glover, completamente chiflado, controla a las ratas del viejo caserón en el que habita (a su vez remake de un film setentero).
En "Rats" no tenemos a Crispin Glover, en su lugar contamos con el chalado de un hospital psiquiátrico que dice tener telepatía con tan repugnantes roedores y lleva años alimentándolos mediante carne humana. De hecho, tales refrigerios, sumados a los experimentos científicos a los que fue sometida una de ellas, han hecho que esta alcance el tamaño de un perro, y dé buena cuenta, junto a otras ratas mas pequeñitas, del personal del hospital, a la par que una periodista se infiltra haciéndose pasar por loca, con unos fines que no acabo de enterarme muy bien cuales son.
Seamos serios, la peli es un porquería, es más mala que el mismo demonio; una infografía de pena con la que detectamos, sin ningún tipo de problema, cuales son las ratas reales y cuales las falsas. Una trama confusa y poco interesante. Un descuido general de todo el material dramático… sin embargo, los señores de “Nu Image" saben muy bien que aquél que osa ponerse delante de la tele a ver una película de ratas asesinas, quiere ver eso, ratas comiéndose a toda esa panda de hijos de puta… Y de eso "Rats" tiene a raudales, gore brusco, sangre a borbotones, cacas gigantes, descargas eléctricas, una rata gorda y grande de lo más chanante y un Ron Perlman pre-"Hellboy" dándoselas de listo y recibiendo su justo castigo.
A ratos es tremendamente aburrida, pero al final, cuando ves que no has dado al avance rápido ni una sola vez, cuando descubres que en los momentos con chicha has disfrutado como un enano, le das al stop y te vas a dormir con un buen sabor de boca, y con mil ojos, no sea que debajo de la cama ande alguno de esos asquerosos roedores.
Me encanta el rollito mainstream que lleva ahora “Nu image”, y todo por hacer tropecientas malas / buenas películas como esta.
Dirige Tibor Takacs, el de "La Puerta" y "Lecturas Diabólicas", que a día de se hace cargo de bodrietes simpáticos como "Mega Snake", "Arañas Devoradoras" o "N.Y.C.: Tornado Terror". Todo un señor director, desde luego.

viernes, 1 de febrero de 2013

TIPOS DUROS

En mi pubertad y adolescencia, y desde que vi la película “El Rector”, sentí una gran admiración por James Belushi. Era mi actor favorito. Devoraba sus películas, iba al cine a verlas aunque el tuviera un papel secundario. Ya, según iba creciendo, fui descubriendo a su hermano John, y a medida que la fama de James iba descendiendo, lo hacía también mi fanatismo hacia el. Ya hacía películas muy malas, telefilmes en su mayoría.
Sin embargo,  como cuanto más mayor me hago, más desaparecen mis prejuicios cinematográficos, y como inevitablemente, la nostalgia se apodera de uno, estoy viviendo, junto con mi amigo Chema, que más o menos vivió el mismo fanatismo por el actor, una segunda etapa Jim Belushi. La misión es recuperar en dvd toda su filmografía, cosa esta, que estoy consiguiendo poco a poco. Chema anda más interesado en sus películas más clásicas y populares (“El rector”, “Súper Agente K-9”, “Millonario al instante”), y yo ando más interesado en su etapa más video clubera y oscura, de la que hay bastantes títulos y de los que, prácticamente, no he visto ni uno. Así pues,  ya saben que irán leyendo  sobre Belushi de vez en cuando por aquí.
Lo malo es que no todos sus títulos son lo suficientemente interesantes como para reseñarlos, este es un completismo un tanto absurdo, pero los que me llamen la atención, si que irán apareciendo por aquí.
Este “Tipos duros” del año 1999, cuenta la historia de un antiguo mafioso que en un momento dado, traiciona al capo robándole 12 millones de dólares y largándose con ellos a un pueblecito de la America profunda. El capo se entera de que ha sido el, y le manda a dos matones para que se lo carguen.
En plena contienda, entre huidas, tiros y peleas, aparece en el camino de los mafiosos el Sheriff del condado, que desestabilizará los planes de todos.
Se trata de un telefilm para la televisión por cable. Pero no es un telefilm cualquiera, este es de los buenos, producido nada menos que por Richard Donner y Joel Silver, con lo que no se escatima en medios.
Lo mejor de la película es que es una película de acción dura y pura, y no da nada más que eso, acción pura y dura, montada toda ella con una soltura y un ritmo acojonante. El bombardeo de imágenes al que se nos somete, no da lugar al aburrimiento, y eso que el argumento brilla por su ausencia. Aquí se trata de pegar tiros y pegar tiros.
Belushi, en su peor momento profesional (recordemos que hace no mucho lo rescató Roman Polanski dándole un papelito en “El Escritor”, y que vive una segunda juventud en televisión gracias a series como “El mundo a través de Jim” y “Los defensores”), y físico, está tan gordo que casi parece Bud Spencer, y se tiene que dejar perilla para disimular su purulenta papada. Verle correr en la película, que lo hace y mucho, da bastante pena.
Lo bueno es que James Belushi, hace muchos años que dejó de ser actor para pasar a ser tan solo James Belushi, con lo que en una película como esta, en la que el argumento es duro y serio, este no puede parar de soltar chascarrillos de dudosa gracia a lo James Belushi. Y eso siempre mola. Al igual que Al Pacino, desde que hizo “Esencia de mujer” parece que está siempre haciendo de ciego, Belushi desde que hizo “Súper Agente K-9” hace siempre, y sin excepción, del agente Dooley. Y es porque ya por aquél entonces estaba haciendo de James Belushi.
Por lo demás, un telefilm de lujo, que para pasar un ratillo frente al televisor, ya nos vale.
Junto a Belushi, un menos envejecido Timothy Dalton y la tetuda Vanessa Angel, cuyas operaciones estéticas ya empezaban a deformar el rostro de una de las más bellas secundarias del Hollywood de tercera.
En la dirección Louis Morneau, director de “Bats”, y especialista en telefilmes y secuelas video cluberas como “Carretera al infierno 2” o “Nunca juegues con extraños 2”.

lunes, 12 de agosto de 2013

PIMP BULLIES, VICTIMAS DE UN PROSTÍBULO

Esta película si que es una marcianada de tomo y lomo, solo a tener en cuenta porque, si hay algo del todo exótico, es esto.
Desde que el cine se democratizó con lo del vídeo digital y  la informática, en República Dominicana están que no paran, filmando películas como locos y creando una industria, que aún pobre en recursos, va subiendo como la espuma.
Como nueva industria que es, y por el carácter de los Dominicanos, estos no tienen mayores pretensiones en su cine que la de entretener, por ello, se han especializado en comedias. Comedia que estrenan, comedia que es un mega-éxito en aquél país. Aunque actualmente están intentando meter gente en las salas con otros géneros, parece ser que les sigue el drama, el cine de acción en tercer termino, y lo que no acaba de cuajar del todo es el cine de terror, aunque han tenido algún que otro éxito como “Andrea”, y otras que ya iré comentando por aquí más adelante.
El tema es que quieren ir lo más deprisa posible, y aunque la comedia Dominicana se impone como el género predilecto, y es dónde ese país ha desarrollado un estilo propio, en otros géneros el modelo a seguir es, como no, el cine americano. Sobretodo cuando de acción se trata. Como muestra, “La Soga”.
Ahora cambiemos de tema.
Ving Rhames ha desarrollado una carrera en la que se siente la mar de a gusto, combinando sus interpretaciones en productos meramente “mainstream” con otros de corte video clubero –últimamente, se prodiga exageradamente más  en estos últimos- y así con la tontería, entre lo que actúa y las películas que produce, se ha convertido en uno de los actores más peculiares y prolíficos, hasta tal punto que, bien por edad y la necesidad de estar activo que en los actores, ya mayores, eso conlleva, o bien por adicción al trabajo, se le ha visto asomar la cabeza , incluso, en ponzoñosas producciones de “The Asylum”, como pueda ser “Zombie Apocalipse”.
Por otro lado, el actor de origen Cubano Steven Bauer, que tuvo en los ochenta el cenit de su popularidad con títulos como “El precio del poder” o, ya como protagonista absoluto, “Ladrón de Pasiones”,  lleva muchos años haciendo papeles secundarios en Hollywood, que cada vez se suceden menos, por lo que no es extraño verle asomar el hocico en el cine latino.
En cualquier caso, ambos son estrellas de Hollywood reconocibles.
En otro orden de cosas,  tenemos el cine de acción Dominicano, que intenta parecerse al yankie lo más posible, y al veterano director Alfonso Rodríguez, con ocho películas dirigidas (eso en Republica Dominicana, es una barbaridad… tengan en cuenta que la producción cinematográfica de este país era inexistente prácticamente, hasta la llegada del video en la pasada década), contando con los éxitos que supusieron “Macho de mujer” y “Yuniol”.
Bien, pues hace una película sobre prostitutas, proxenetas y disparos, y no duda un segundo en contar con los servicios, en papeles muy destacados, tanto de Ving Rhames como de Steven Bauer. Y a Bauer menos, pero a Ving Rhames, verle en una película Dominicana, me parece la cosa más genial y marciana del mundo (imagínense…. debo ser el único puto fan del cine Dominicano que hay en este puto país y que lo sigue más o menos de cerca. De hecho, tengo amigos Dominicanos que me ponen más o menos al día. Empiezo a aficionarme con según que películas y de golpe y porrazo, me topo una de ellas con uno de mis actores favoritos U.S.A. Pues para fliparlo…). Recibiría el guión, le gustaría, aceptaría, y bajaría considerablemente su caché. O eso, o es que es incapaz de decir no a un proyecto.
A lo que voy es: El cine Dominicano es un cine que se rueda bajo mínimos. No es como “Bollywood”, dónde hemos podido ver a Stallone o dónde Brandon Routh se ha instalado cómodamente, que es una cinematografía que supera en ganancias y costes de producción incluso a la Hollywoodiense. La cinematografía Dominicana, aún con sus estrellas, sus taquillazas en salas y su ascendente producción, no deja de ser una cinematografía prácticamente amateur (de ser cercana a alguna, lo sería, salvando un poco las distancias, al “Nollywood”), dónde, a parte de los actores, la cámara y el programa de edición, no hay nada más. Y aunque este “Pimp Bullies, víctimas de un prostíbulo” es estéticamente muy bonita, con mucho filtro y mucho colorido, se notan las carencias por todas partes. De hecho, la acción se desarrolla en Nueva York, y ni por un segundo se pone en duda que están en Santo Domingo (donde por otro lado, está rodada íntegramente toda ella). Entonces, la gracia de todo esto, está en ver a Ving Rhames y Steven Bauer en una película prácticamente casera.
Y al estar la película ambientada en Nueva York y, supongo, tener algunas aspiraciones hacia el mercado Americano, está rodada en Inglés casi en su totalidad, menos cuando trasladan la acción a Santo Domingo, donde el idioma es el español. Bien, pues el último actor que tiene el 90 por ciento de su diálogo en español, es el único Americano puro de la película, y el único que no tiene ni pajolera idea de hablar otro idioma que no sea el Inglés ¡Ving Rhames! que tuvo que aprender sus diálogos en nuestro idioma. El caso es que, al muy cabrito, se le da bastante bien, y aún con acentazo, se le entiende perfectamente, actúa en español intentando entonar como un Dominicano y está todo el tiempo diciendo tacos como “Puta” o “Coño”. Vamos, que una gozada, y solo por eso, merece  la pena, penita, pena, ver la película. Inevitablemente, te descojonas.
Bauer,  por su lado, tiene un papel menos relevante, y al ser el español su idioma oficial, no resulta tan raro verle ahí, si tenemos en cuenta que ya le había visto en una horrorosa comedia chilena de Súper Héroes junto a Jordi Mollá. Ni el título recuerdo. Eso si, está viejo y gordo el hijo de la gran puta, lejos quedaron sus tiempos de galán, en los que, explicando a Al Pacino (en “Scarface”) cómo se hace con la lengua para comerse un coño, este le recrimina con el ya mítico “¡Qué asco!, pareces un lagarto!”.
Por lo demás, la película es bastante floja, no mantiene el ritmo que debe tener una de acción, la producción es tan pobre, que aunque hay acuchillamientos con machete (Rhames que es más bruto que un arado) la cámara nunca nos muestra la sangre, así como no nos muestra impactos de disparo en el cuerpo, simplemente, porque no hay dinero para mostrarlo. La historia es bastante poca cosa e intenta ser una película transgresora en cuanto a sexo, y en las escenas de folleteo, se nota cierto pudor ante el tema de mostrar la carne y el como mostrarla, precisamente, porque al ser una industria tan nueva, no saben cómo afrontar una cosa tan delicada.
En general, no podemos decir que estemos ante una buena película. Es un poco ful.
La sinopsis, porcierto:
Dos chicas Dominicanas se lamentan en la calle, una de ellas lo hace porque tiene un hijo gravemente enfermo y no tiene dinero con qué pagar el tratamiento. Un proxeneta que está por ahí fumándose un puro (Rhames) las escucha y se aprovecha de la situación para prostituir a la muchacha en su burdel de Nueva York, dónde ella, casta y puritana de origen, conocerá la droga y la mala vida, hasta que acaba muerta. Muchos años después un individuo con pinta de tipo duro anda investigando la muerte de esa puta. Y no cuento más porque si no, espoiléo.
Muy mala, pero para saciar curiosidades de cine exótico esto es una delicatessen.

jueves, 24 de mayo de 2012

CEBO PARA UNA ADOLESCENTE

Francisco Lara Polop, en sus comienzos, antes de rendirse ante una industria que pedía tetas y cachondeo, no solamente hizo sus trabajos de mayor calidad, sino que ya arrastraba consigo un cierto gusto por el morbo y el amarillismo. Y eso es lo que nos ofrece “Cebo para una adolescente”, morbo y amarillismo, con el handicap de que estando vivo Franco, poco se podía mostrar en pantalla. Lara Polop llegaba al límite, en cualquier caso.
Tras acabar sus estudios de Inglés, 
una adolescente es contratada como secretaria por una empresa bilingüe. El jefe se encapricha de ella y la colma de regalos y atenciones, sacando a su familia del cuchitril donde viven y metiendolos en un piso confortable.
Durante un viaje a Londres, el jefe la enamora y se la beneficia, con falsas promesas de amor eterno. A la vuelta, todo cambia, sometiendo a esta a un ninguneo y un desprecio, teniéndola en cuenta únicamente para satisfacer sus bajos instintos. Claro que ella está enchochada… hasta que conoce a un joven periodista del cual se enamora de verdad. Al descubrirlo, el jefe somete a la chica a un chantaje que le hará la vida imposible.
Mucho oficio es el que detecto tras ver esta película, ejecutada con una destreza y un dominio de las cámaras, del cual, unos años después, Lara Polop se olvidaría en pro de las películas “S” y demás morralla, que por otro lado tanto dinero recaudaba. La película engancha desde el minuto uno, porque intuimos por donde van a ir los tiros y queremos ver como se va desarrollando el entuerto.
Con el guión escrito por el propio Lara Polop junto a Manuel Summers – que hace las veces de compositor del soundtrack- la baza gorda, trama interesante a un lado, son el dominio del tempo y sobretodo los actores, que están soberbios. Así tenemos a una jovencita y extremadamente bella Ornella Muti, que está para comérsela en bikini, o con esos setenteros pantalones que llegan casi hasta los sobacos, al francés Phillip Leroy, que entre peli gabacha y “poliziesco” Italiano todavía tenía tiempo para hacerse alguna peliculilla en las españas, y sobretodo un Emilio Gutiérrez Caba con pelazo y patillas, que trata por todos los medios, parecerse al Al Pacino de la época, al de “Serpico” o “Tarde de perros” y para ello no escatimará en imitar look, gestos y miradas del actor. Algo delirante y curioso, y supongo que normal para la época.
Por otro lado, los madrileños disfrutamos el doble de esta película, al hacer un buen uso de exteriores reconocibles. Un gustazo el poder ver los cines de la Gran Vía de aquella época y las pelis que proyectaban, así como el parque del retiro, el de atracciones e incluso el extrarradio. Mucho mejor que muchas vídeo-guías turísticas, oiga.
Con todo, una buena muestra de lo que podía haber sido el cine español, si hubiese seguido por estos derroteros. Pero…

lunes, 11 de marzo de 2019

PRETTY WOMAN

Comenzaba la década de los 90 con este bombazo de taquilla que dejó a todas las chonis y marujas de la época completamente engatusadas con esta historia; casi les entraban ganas de meterse todas a putas. Una revisión del cuento de “La Cenicienta” en clave moderna, en la que cambiamos a una fregona por una meretriz, en un alarde de incorrección política noventero maravilloso.
La historia es sencilla; Un estresado hombre de negocios se da un pasero por Sunset Boulevard y al ir a preguntar por una calle se topa con una furcia barata y arrastrada que le cobra por la información. Le acompaña hasta el lugar, y una vez allí, el hombre de negocios decide que no es mala idea subirse a la golfa al hotel, y eso es lo que hace. Una vez allí, la contrata como escort durante toda la semana, y mientras la ramera se compra ropa y disfruta de la vida potentada, el putero se enamorará de ella, y finalmente será retirada de las calles.
Una chorrada como un templo que consiguió congregar en los cines de nuestro país nada menos que 5 millones de espectadores del año 90. Ahí es nada. Además, es un seguro de vida en cuanto a los shares de nuestro país, ya que se trata de la película con mayor número de espectadores por cada vez que se ha emitido desde que lo hiciera por primera vez en televisión en 1994, cuando TVE-1 consiguió 10 millones de espectadores de audiencia. Rara vez, su emisión, posteriormente, ha bajado de los 5 millones de espectadores y jamás ha tenido menos de 1 millón, en las casi 30 veces que se ha programado la película.
Al margen de esto, me parece una de las comedias románticas menos imaginativas de la historia, con un discurrir soso e insustancial, el guion más incompetente que ha tenido a bien ejecutar una producción mainstream y unas interpretaciones de juzgado de guardia, sobretodo por parte de Julia Roberts que a partir de ese momento se convirtió en una mega estrella a la que, con el paso de los años, se le ha ido deformando la cara hasta convertirse a sus 50 tacos — aún estando follable— en una caricatura de la veinteañera que era en esta película. Por otro lado a Julia, le vino que ni pintado el papel. No le costaría en exceso conseguirlo ya que la gran mayoría de las actrices convocadas para la prueba lo rechazaron alegando que se trataba de un papel denigrante para la mujer.
Asimismo, Richar Gere, que no transmite ningún tipo de emoción en su interpretación, fue la consecuencia de que Al Pacino, el más firme candidato a interpretar su papel tras un par de lecturas del mismo, consideró que esa película era una estupidez y se fue a hacer “Esencia de mujer” con la que, por fin,  se alzó con el Oscar a mejor actor, por lo que Richard Gere hizo la película, cobró el cheque y, eso sí, se convirtió en uno de los sex symbols masculinos mayores de 40 más importantes de la década.
Por lo demás, la película es un ñordo de tamaño considerable. Se ve con agrado, porque es insípida, se pasa rápido porque es como para tontos. Y punto pelota. Sin embargo, es un hecho, que se trata de una de las películas más importantes de la década de los 90, y un claro ejemplo de los derroteros por los que iría el mainstream de la época.
Lo mejor de todo al final, es que se trata de una sórdida historia, la de un putero que se enamora de la puta que frecuenta y la acaba retirando. Como cualquier historia del puticlub de al lado de la casa de tus padres, vaya.
Garry Marshall, solvente artesano hollywoodiense, dirige con el automático puesto. Suyas son también “Los locos del bisturí”, “Princesa por sorpresa” o “Un mar de líos”. Así que ya saben como va la cosa, si es que no lo sabían ya antes de leer esta review.
Asimismo deberían saber, que las patas que luce la Roberts en el poster, pertenecen en realidad a una doble de cuerpo.

lunes, 15 de febrero de 2021

LENNY

Lenny Bruce, haciendo honor al  título de su  biografía serializada para Play Boy “How to talk Dirty and influence People”, es probablemente el comediante blanco que más ha influenciado entre los cómicos stand up más prestigiosos, en parte por un lenguaje obsceno y rompedor en el escenario, en parte por un estilo crítico y ácido como pocos cómicos se atrevieron a cultivar en plenos años 60.
Lenny Bruce fue arrestado por obscenidad durante uno de sus shows, cosa esta que tocó el punto flaco del cómico ya que, aunque luego fue absuelto, este arresto, más que de escarmiento sirvió de revulsivo y, Bruce, comenzó a hacer más chistes de pollas, de religión, de política y de fluidos corporales. Su carrera entonces se convirtió en un toma y daca con la justicia siendo sus últimos shows auténticos panfletos en pro de la libertad. Más que rutinas cómicas, eran mítines.
Sus problemas con las drogas y una personalidad exultante hicieron el resto.
Muchos años después, en 2003, y, a título póstumo, su discurso obsceno fue “perdonado” —como todo lo póstumo, hipócritamente y cuando ya no hace ninguna falta— en un acto celebrado en Nueva York a cargo del Gobernador George Pataki. Fue una especie de reconocimiento para un cómico cuyo único “delito” fue apelar a la libertad de expresión hablando sobre follar en sus espectáculos.
La película, inspirada en la obra de teatro del mismo título, rodada con solvencia por  Bob Fosse en glorioso blanco y negro, recrea momentos de la vida de Lenny Bruce; sus inicios, sus romances, los mejores momentos de su carrera, los momentos bajos y su muerte por sobredosis de morfina.
Trata la vida del cómico con una seriedad pasmosa, dejando el humor y los chistes en exclusiva para las distintas recreaciones de sus shows stand up y, ahí, en cierto modo es donde radica el acierto de la película, en su visceralidad, en su intención de hacernos conscientes de la gravedad del asunto que trata, y el infierno que vivió Bruce en pro de la libertad de expresión. Sin embargo, en muchos aspectos no deja de ser una película bastante irregular con pretensiones de gran cine que enturbian en conjunto. Y, quizás por esas mismas pretensiones, a nivel crítico “Lenny” funcionó como un tiro.
No queda muy compensada, en su afán de tontear con el documental ficcionado, toda la parte de entrevistas a personajes que anduvieron en la vida de Lenny, sobre todo al inicio de la película, para luego olvidar la parte documental en pro de la ficción más pura. Por cierto, la voz que conversa con los personajes durante las entrevistas, es la del propio Bob Fosse.
Para interpretar a Lenny Bruce, se barajaron los nombres de Neil Diamond y Al Pacino, pero tras una magistral prueba quién se llevó el gato al agua fue Dustin Hoffman, que ofreció una transformación a todas luces elogiable. Hoffman, que estuvo meses estudiando el comportamiento y actitud de Lenny Bruce para meterse en su piel,  jamás quedó contento con su interpretación refiriéndose a esta como una actuación imperfecta. No obstante, al respecto, ese 1974 Hoffman fue nominado al Oscar en la categoría de mejor actor, si bien no se lo llevó frente a un imparable Art Carney por su interpretación en “Harry y Tonto”. Mark Kermode en un vídeo Top-Ten de las mejores interpretaciones de la historia del cine, incluyó la de Hoffman en el número ocho de la lista. Una lista del todo personal y subjetiva, pero cuando ha sido tenido en cuenta para esta, será porque no habría mucho de imperfecto en su actuación. A título personal, tampoco puedo decir que su performance de Lenny Bruce, esté ante las mejores interpretaciones del actor. Correcta sin más.
Buena película, con sus altibajos.

viernes, 26 de agosto de 2016

PIG

De la década pasada  data este “Pig” que se adscribe a esa corriente del cine independiente deudora del “Torture Porn” y que tiene, como única pretensión, el provocar al espectador, pero dotado todo de un halo realista -en parte gracias a la pátina de realidad que ofrecen  el vídeo- con el fin de conseguir mal rollo en el espectador, a base de mostrar todo lo que no se debe hacer a una persona, preferiblemente del sexo femenino.
Quizás es que uno ya está curtido y se insensibiliza ante todo lo que ve en una pantalla sabiendo que es ficción, pero si es cierto que otras películas en la misma línea, como la recientemente editada por “Vial of Delicatessens”, “The Bunny Game”, quizás  mejor rodada, técnicamente menos cutre, lo único que consiguen es mi es una sensación de pasividad pasmosa. No me provocan nada. Así bien, si digo que “The Bunny Game” me pareció hasta entretenida, si que he de decir que en realidad este subgénero es una absoluta mierda, no es cine, más bien defeca en el cine, es como el “Ultra Gore” Alemán, pero con menos talento aún, ya que si el subgénero germano procura al menos cierto estatus a la hora de mostrarnos el gore, esta corriente americana se lo ahorra, con lo que al final, lo que estamos viendo son vídeos semicaseros con muy mala baba.
Pero el público ya no pica, me parece a mí.
El caso de este “Pig” fue sonado.
La película muestra, básicamente, como un redneck tortura, golpea, folla, mata a una serie de personas que tiene secuestradas por ahí, por los alrededores de su autocaravana. La marcada de paquete está en que la película cuenta con un plano secuencia de 70 minutos. El fallo es que el espectador nota en todo momento los trucos que usa para meter el corte, y la realidad es que es una película malísima y Adam Mason, su director, tan inútil, que consigue que una cosa que en un principio ha de provocarnos arcadas por lo que vemos, nos cause una partida de culo monumental. Toda ella, todos los métodos que usa el Psycho Killer que la protagoniza, son verdaderamente ridículos. El momento de mayor hilaridad llega cuando después de ver como aniquila a una muchacha, como se bebe su sangre, como le saca las visceras y se las obliga a comer a otra muchacha que tiene por ahí, sube hasta una especia de jaula que tiene un poco más arriba del lugar dónde opera, y vemos a una chica, que hace como de retrasada mental que es tan mala actriz, que no podemos más que descojonarnos. Máxime, cuando haciendo ver que está embarazada lleva puesto un enorme cojín, que se mueve constantemente, ya que la retrasada va de arriba abajo jugueteando con la sangre y víctimas que su compañero redneck va dejando a su paso.
Para colmo de males, al final de la película, en un alarde de querer ser original, el director nos prepara un final sorpresa increíblemente estúpido. En definitiva, que esta pedazo de mierda está más cercana a aquella basura titulada “La Matanza Caníbal de los Garrulos Lisergicos” que a cualquier cosa malrollera existente. Verdaderamente es espantosa.
En su momento, con una campaña de marketing idiota que consistía en que incluso el propio director despreciara su película soltando a la prensa perlas tales como “No qusiera que mi familia y amigos la vieran y, honestamente, me importaría una puta mierda si no la viera nadie” o “Es una película asquerosa, construida a base de máximo desprecio”, causaron el efecto contrario y consiguió que nadie quisiera distribuir esta puta mierda. Entonces, como honestamente, al director le importaba una mierda que no la viera nadie (puto falso e hipócrita de mierda…), ante la imposibilidad de poder darle una vida comercial a la película, decidió colgarla en internet de forma gratuita para que todo el mundo se la pudiera bajar. Menudo subnormal el Adam Mason este.
El director, responsable también de otra mierdecilla titulada “Broken”, sigue erre que erre a lo suyo, mientras escribe guiones para películas de Al Pacino como la reciente “Misconduct” aún inédita.

lunes, 17 de noviembre de 2014

DICE RULES

En su momento de mayor esplendor, en 1991, Andrew Dice Clay se pegó la machada de llenar el Madison Square Garden de Nueva York (esto es decir, miles y miles de personas) y meter en su interior un equipo cinematográfico para que filmara su espectáculo, el “Dice Rules”. De ahí salió esta película, así como un doble álbum que recogía los mejores monólogos de cómico americano.
Claro que su espectáculo apenas duraba cincuenta minutos, con lo que no llegaba a la duración estándar para estrenar en cines, con lo que la completó con una serie de sketchs interpretados por si mismo, en los que nos cuenta como fue su vida hasta convertirse en “The Dice”. Para ello, asume el rol de un retrasado mental – en realidad imita a Jerry Lewis- al que le van sucediendo una serie de cosas en su día a día,  hasta que por fin se pone la chupa de cuero de “The Dice” y con ella puesta, comienza el show. También aparecerá él, entre sketch y sketch comentando lo que acabamos de ver, usando la gorra más grande que he visto en mi vida.
Por otro lado tenemos, durante los títulos de crédito iniciales, un numerito musical  interpretado por él mismo, que vemos claramente, por el local donde está filmado y por el vestuario del cómico, que es un extracto descartado de “Las aventuras de Ford Fairlane”, que le vino de perilla para rellenarle minutos a esta.
Así, tenemos una película atípica, rara y extraña, en la que lo que cuenta es el show del cómico que no empieza hasta pasada media hora. Hasta ese momento, vemos las gilipolleces que acabo de comentar.
La película fue un fracaso absoluto y, dicen, que el principio del meteórico declive de Andrew Dice Clay, que, prácticamente, dura hasta nuestros días en los que la rumorología dice que tiene que trabajar en un gimnasio para poder subsistir. O al menos, hasta que lo rescató Woody Allen para darle un papel en “Blue Jasmine”.
La película, además, está considerada una de las peores de la historia, y se llevó nosecuantos  premios Razzies. Pero es que allá dónde estuviera Clay, estaba esta asociación acechando, gustosa de darle sus anti-premios. Ya lo hicieron con “Las aventuras de Ford Fairlane”.
En cuanto al show de Clay, no gustó a la sociedad bienpensante, que le criticó el hecho de que sus chistes y gags fueran de corte machista, homófono, racista y, en definitiva, todas esas cosas graciosas –huelga decir, que comparto y uso el humor de Clay- que tanto molestan a los americanos, según quien las use.
La crítica, calificó a Dice de misógino y de usar un humor de “Matón de patio de recreo”, y afirmó no hacerle puta gracia como en la película “The Dice”, se ríe de un traqueotomizado, de los paralíticos y de las mujeres.
Por otro lado, Roger Ebert, su eterno enemigo,  lo llama acomplejado y “assholer”.
Rotundo, Ebert,  termina diciendo que, a juzgar por el tipo de público de Andrew Dice Clay, al cual podemos ver en la película, eso parece, más que un show cómico, un mitin fascista, con todos esos garrulos levantando el puño y coreando como brutos el nombre del cómico.
Y es que efectivamente, el público de Clay, al menos en ese show, está compuesto de blancos de la “White Trash”, que ríen sin parar todas las gracietas de Clay, y dónde predominan individuos desdentados luciendo bonitos “Mullets”. Ni un solo negro en el público. Acojonante. Aunque por otro lado, es sabido que Clay, en su vida personal, se mueve con famosos raperos (obviamente, negros) con los que, incluso, colabora en sus canciones.
Pero, que quieren que les diga, a mí Andrew Dice Clay me cae bien, me gusta mucho el humor que hace, me gustan sus películas, y esta, aunque entiendo perfectamente que esté considerada una de las peores de la historia (los treinta minutos previos al show de Clay, son una absoluta vergüenza… graciosa, si, pero de pena) es una película, que a pesar de que, dentro de su show, se me escapan montones de expresiones, jerga y juegos de palabras debido a que la visioné con la única ayuda de unos defectuosos subtítulos en Inglés, me gusta mucho y lo que pude entender me hizo mucha gracia, al igual que reconozco que la imitaciones que Clay hace de Stallone, De Niro, Pacino, Eric Roberts y John Travolta, son unas imitaciones horrorosas ejecutadas, no obstante, dentro de un magnifico gag en el que estos imitados, deciden ir juntos al zoo, donde no ven una puta cebra (¿).
Especialmente celebrado el momento en el que recita, a la vez que su entregado público le ovaciona, el famoso “Moother Goose”; una serie de rimas ofensivas inspiradas en canciones populares, que le valieron el veto de por vida en la Mtv.
“La madre que os parió, hijos de puta”.
En fin, tengo debilidad por este cómico, que les voy a contar. Buenísimo.

viernes, 11 de agosto de 2017

OFICIAL Y CABALLERO

No había visto yo nunca – y desconozco el motivo real, puesto que a mí las pasteladas románticas suelen gustarme- este “Oficial y Caballero” considerado ya un clásico con 36 años de edad, y la verdad es que el estatus de clásico del que goza se lo tiene de sobra merecido. Se trata de una película cojonuda y de una vigencia absoluta, que se mantiene como si hubiera sido rodada ayer. Y puedo decir esto pues llegué a ella virgen, no hay condicionante por mi parte a la hora de evaluarla, y  “E.T´s”, “Goonies”, “Indianas Jones” y “Star Warses” aparte, “Oficial y Caballero” es una de las mejores muestras para comprender por qué el cine de los ochenta era tan cojonudo, al margen del cine espectáculo nacido en aquella década, tan popular hoy entre el populacho. Si hablamos de “Oficial y Caballero”, tan alejada -y tan cercana en cierto modo- de todo aquello, hablamos de gran cine, del que perdura, del que se disfruta dando igual la década en que nos veamos la película y del que se ha ganado a pulso el estatus de clásico del cual disfruta.
Protagonizada por Richar Gere y Debra Winger (aunque nombres como el de Travolta, que rechazo el papel, Geena Davis, Jennifer Jason Leigh,Jeff  Bridges o Christopher Reeve, se barajaron para protagonizar la película), cuenta la historia de un par de cadetes aspirantes a pilotos de los Marines de los USA que, aún advertidos de la presencia por la zona de “Caza-oficiales” (mujeres casaderas que buscan cazar a un oficial en busca de una vida mejor), se encoñan con un par de ellas, y mientras que uno acaba tomándose la relación más en serio –motivo este que le inducirá al suicidio- el otro ofrece sexo honesto desde el principio. Entre tanto, tendrán que lidiar con el vehemente del Sargento instructor, que se las hará pasar putas en su camino hacia la graduación.
Resulta muy curioso, que esta película que costó tan solo 6 millones de dólares y que recaudó más de 200 (en nuestro país la vieron más de dos millones y medio de personas), haya llegado a convertirse en lo que es hoy, puesto que durante su concepción no las tenía todas consigo; Don Simpson, el productor, ávido de cocaína y pastillotes, odiaba el guion, no le gustaba la película en general, ni le gustaba Debra Winger. Los continuos días de lluvia ponían en peligro los rodajes diarios y cuando escampaba, se quedaba una luz natural muy chunga, que por otro lado y pese a todo, favoreció el look de la película. Para más inri, la pareja protagonista se llevaba a matar, Winger decía que Gere era un desaborío y Gere le tenía envidia a la Winger, acusándola de, cuando ambos estaban en escena, robarle los planos, de ser más carismática que él.
Por otro lado, ese maravilloso final en el que Richard Gere, ya licenciado, entra en la fábrica de papel en la que trabaja Debra Winger, y a pesar de todo lo anteriormente vivido, se la lleva en brazos para darle la vida que ella buscaba –huelga decir que su amor se intuye verdadero-, un final tan icónico como la propia película, un final que madres de la época y jovencitas adolescentes recuerdan con especial excitación, y un final que posiblemente sea el verdadero motor del éxito de la película, a punto estuvo de no ser rodado; Tanto Don Simpson, como el director Taylor Hackford, como el propio Richard Gere, coincidian en que el final era una moñada  y que los derroteros de la cinta iban por otros senderos más duros. No se iba a rodar ese final. Pero ante la insistencia del guionista Douglas Day Stewart, que si que defendía el guion, como para que se callara, Hackford decidió rodarlo en una sola toma con la idea de desecharlo. Sin embargo, cuando lo rodaba, en las instalaciones reales de una fábrica de papel, dos de las trabajadoras que hacían de extra para la escena, al ver a Gere saliendo de allí con Winger en brazos, se emocionaron y se pusieron a llorar como dos benditas. Supo entonces Hackford, que ese final iba a funcionar. Cuando finalmente montaron la escena, con la música de Joe Cocker, y lo vieron juntos Gere, Simpson y el director, decidieron incluirlo porque, aunque en un principio eso no les gustaba, comprendieron que le daría un sentido distinto a la película, y que eso les iba a proporcionar un éxito mayor. Y así fue. De hecho, lo más recordado de la película, es su final.
La película fue un éxito mundial sin precedentes.
Por otro lado, le valió el Oscar como actor secundario a Louis Gosset Jr. que interpreta al hijoputa del sargento, y que como le pasó a todos los actores negros que ganan Oscars como secundarios –caso mismo de Cuba Gooding Jr.- después del premio, pocos papeles relevantes protagonizaría después, encasillandose Gosset en papeles de militar con mala hostia.
Debra Winger por el contrario, despegaría en su carrera, aunque poco después acabaría hasta el coño de Hollywood reduciendo así su intervención según avanzaba el tiempo, Richard Gere se convertiría en galán y Súper-Estrella en una carrera que se prolongó hasta, prácticamente, nuestros días, y el director, Taylor Hackford, rodaría unos cuantos films de éxito, si bien, ninguno llegaría a las cotas de popularidad y calidad que el que nos ocupa. Como muestra de su trabajo, citaré, “Noches de Sol”, al servicio de Gregory Hines y “Pactar con el diablo”con Al Pacino.
Qué gran película.

viernes, 25 de julio de 2014

THE LAST GODFATHER

Curioso proyecto, co-producción de Corea del Sur con USA, en la que el famoso cómico Sur Coreano Hyung-Rae Shim al que pudimos ver haciendo de maestro tortuga en “Dragon Ball Zero”, se pone delante y detrás de las cámaras para parir una película muy extraña, que aún tratando de ser lo más americana posible, indefectiblemente, tiene más ramalazos orientales que otra cosa.
Un capo mafioso decide retirarse y nombrar sucesor de la familia a un hijo que tuvo en Corea del Sur, en una canita al aire. Cuando este llega a Chicago, resulta ser retrasado mental y de aspecto avejentado, lo que no es óbice para que el capo decida mandar a sus esbirros adiestrar al chico, que como buen retrasado, no parará de hacer gracietas y meterse en líos de los que saldrá airoso, sin él proponérselo. De entre medias, un enamoramiento y una traición, para darle algo de consistencia a un producto para lucimiento de un cómico, que si en Corea del Sur es una súper estrella, en occidente no tiene ni puta gracia.
Lo gracioso de la película es que, si el retrasado en un principio es el chino, al final, resultan más retrasados el resto del reparto, Harvey Keitel, que interpreta al capo, más que ningún otro, con gesto todo el tiempo de saber que ha tirado su carrera al retrete, y que esta película le convierte en caricato mayor, superando con creces a sus partenaires generacionales, Pacino y De Niro, que también andan chocheando de producción en producción, nunca llegando a estos derroteros.
Por otro lado tenemos a Jason Mewes, que si le sacamos de su eterno rol de Jay (de las películas de Kevin Smith… no me hagan explicárselo) se encuentra más perdido que un hijo puta el día del padre. Pues imagínenselo vestido con traje de firma, haciendo de mafioso italiano, con esa voz de drogata que tiene. Vergüenza ajena provoca. El resto de secundarios, vistos en mil y una películas de mafias, no tienen la responsabilidad de dar la cara que conlleva la fama, pero aún así, son más dignos de Keitel o Mewes.
Y luego tenemos al señor director haciendo de retrasado mental. Hyung-Rae Shim es poco más que un clown, un comediante cuyo estilo es más que reconocible en su país, y por eso, sin saber apenas una palabra de Inglés, y calzando, sin disimularlo, zapatones de payaso durante todo el metraje, se centra en hacer una comedia más propia de Corea del Sur que de los USA, apostando por un estilo de humor infantil, trasnochado y meramente “Slapstick”. El resultado de ello, se tradujo en fracaso tanto en su país, como en los Estados Unidos, de hecho, comprendo el fracaso de la película, que no deja de ser una acumulación con todos los tópicos y servidos, no con especial talento, en un remedo de las películas de “Pez fuera de la pecera” como, sirvan de ejemplo, “Bean”, “Los Visitantes ¡No nacieron ayer!” y tantas otras.  O sea, un pedacito de mierda de la que todos sus implicados (en especial Harvey Keitel) se arrepienten. Ahora ¿Si me gusta? Tengo que reconocer que si, que me ha hecho mucha gracia, más que nada por el despropósito, por marciana, por bizarra, y porque parece mentira que nadie le dijera a Hyung-Rae, que salir en una película americana con esos zapatos era demasiado arriesgado.
Como ver un capítulo de Doraemon.
Shim, es también el director de “Dragon Wars”.

miércoles, 28 de septiembre de 2016

LOS FOTOCROMOS DE "MILLONARIO AL INSTANTE"

Una de las comedias pertenecientes al mejor momento de la carrera de mi admirado James Belushi, que no funcionó excesivamente bien en taquilla (yo fui a verla como un bendito, el día de su estreno, al extinto cine Palacio de la Música) con sus 260.000 espectadores, y que contó con una carrera videografica breve, apareciendo en VHS en su momento, pero no existiendo una edición en DVD o blu ray por el momento en nuestro país.
Dirigida por el prestigioso Arthur Hiller  (que por cierto, murió el pasado 16 de Agosto y en las redes sociales, los usuarios, no le han dedicado ni un pensamiento) director de "Torbruk" pero también de "No me chilles que no te veo", de "Autor, Autor" con Al Pacino, pero también de "Arde Hollywood", y sobretodo, director de "Love Story" , "Millonrio al instante" es conocida en los USA con dos títulos, uno "Taking Care of Bussines"y  "Filofax" el otro, se trata de una de las películas más divertidas de Belushi, y una de mis favoritas de su filmografía.
Junto a él, tenemos a un enorme Charles Grodin.
Disfruten de los fotocromos.