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martes, 2 de julio de 2024

THE RARE BLUE APES OF CANNIBAL ISLE

Extraña película malaya destinada al público infantil que, estrenada en cines angloparlantes (esto es, Estados Unidos, Inglaterra y Australia) a mediados de los 70, dejó un poso en todos esos niños que la vieron en su momento. Lo que pasa es que, quizás por el poco interés que en ese momento suponía preservar copias de lo que en realidad era una película barata y tercermundista, tras el estreno se destruyeron casi todas, por lo que desapareció de la faz de la tierra dejando a toda una generación huérfana de monos azules.
Con la era de internet comenzaron a aparecer publicaciones con recortes de prensa y un póster bastante artesanal de la película, que servían como única y no demasiado fehaciente prueba de su existencia, sin embargo eran unos cuantos los usuarios que en los foros aseguraron haberla visto en el cine en su momento y que, embargados por la nostalgia, intentaban volver a verla sin éxito. Además, había mucha confusión con respecto al título original porque unos recortes la anunciaban como “Cap’N Krock and  the Rare Blue Apes”, existía un póster que rezaba “Mr. Quack, Quack and the Rare Blue Ape”… cuando el título oficial parecía ser “Pirates in Cannibal Isle”. Un verdadero pifostio.
Como fuera, el caso es que la película se tiró cerca de 50 años perdida en algún lugar, hasta que los señores de AGFA dieron con una copia en 35 mm íntegra algo deteriorada. No dudaron en restaurarla para su posterior estreno en cines para sibaritas y, sobre todo, su lanzamiento en flamante Blu Ray, que tuvo a bien editar la gente de Vinegar Syndrome dentro de un pack con otras tantas películas perdidas (y ahora encontradas) bautizado “Lost Picture Show”.  El título con el que se oficializarían las fichas de las bases de datos sería “The Rare Blue Apes of Cannibal Isle”.
Se trata de un musical infantil de lo más grotesco y desasosegante, casi parece una pesadilla generada por una mente enferma, en la que predominan los señores disfrazados de criaturas antropomórficas, a lo Espinete y Don Pimpón, pero con un aspecto verdaderamente feista. Y hasta terrorífico.
Un niño que apenas habla vive con su familia y tiene como mascota un pato al que llama Mr. Quack, Quack. Están todos hasta los cojones del pato y planean echarlo a la olla para pegarse un festín y, a cambio, buscarle al niño un animal más adecuado como mascota. Por supuesto, él no está de acuerdo, por lo que decidirá escaparse de casa con el pato a cuestas, llegando a una extraña isla donde una serie de estrafalarios hombres-cocodrilo les hacen prisioneros. En la jaula en la que los meten, se encontrarán con un insólito simio de color azul que les contará su origen, y, después, juntos, tendrán que abandonar esa isla llena de cocodrilos deseosos de comérselos, y esquivar los innumerables peligros que les asolan en los parajes de Malasia.
A todo esto, decir que cada dos por tres la película cuenta con numeritos musicales que, mediante estridente teclado analógico como toda instrumentación, llega a poner de los nervios al espectador.
Realmente “The Rare Blue Apes of Cannibal Isle” es una experiencia abrumadora, con un montón de gente disfrazada en lo que podemos considerar el equivalente malayo (y lisérgico) a películas como “Dentro del laberinto” o “Cristal Oscuro”, con todos esos disfraces de gomaespuma, animatroneados o no según conveniencia (o presupuesto) y un mal rollo general que tira de espaldas (recordemos que es una película malaya y, por muy infantil que sea, el respeto por los animales no es algo que se tuviera contemplado, por lo que, sin llevarnos las manos a la cabeza, lo cierto es que el pato protagonista y un lagarto que formará parte de un guiso de los cocodrilos, no son tratados en pantalla todo lo bien que se debería).
Por lo demás, es una película que no para. Y aunque los angloparlantes estén que no cagan con ella, a mí me ha hecho gracia por aquello de la desmesura que se gasta, sobre todo por su condición de película perdida y a mí eso me chifla, pero no me ha impresionado ni lo más mínimo porque en España tenemos una idiosincrasia cinematográfica similar a la malaya y, en cuanto a musicales estridentes para niños, disponemos de la también casi perdida (porque solo quedan las copias en beta o vhs que no estén destruidas) “La canción de los niños”; y para locura lisérgica de crío huyendo con pato a cuestas está “Oscar, Kina y el laser”.
Por otro lado, la relación de “The Rare Blue Apes od Cannibal Isle” con estas películas españolas no se queda ahí. “La canción de los niños”, musical infantil igualmente desasosegante, fue dirigido por Ismael González que durante aquellos años se dedicaba a rodar títulos “S” tales como “Los pornoaficionados” o “Escuela de grandes putas”. El director de “The Rare Blue Apes…” es Donn Greer, quien interrumpía su carrera como "sexploiter" para ponerse a los mandos de aquella. Suyas serían “Alice in Acidland” o “Sweetcherooo!”. Tras la reseñada, no volvería a dirigir nada más.
Como les digo se trata de una auténtica anomalía, exótica y extraña gracias, más que a los personajes disfrazados, a esa insólita combinación de actores occidentales y asiáticos que le otorgan un aire enrarecido. Y, por supuesto, los monos azules, absolutamente horripilantes e insoportables... casi como la experiencia de ver el film completo.
Si buscan, podrán encontrar un ripeo del Blu Ray por ahí a disposición de los internautas. Y si buscan más todavía, encontrarán incluso los subtítulos en español, así que no es necesario comprarse el pack completo de Vinegar, a no ser que les sobren los 180 pavos que cuesta… Y ni por esas, porque mientras escribo esto hace ya unos días que se ha agotado.

viernes, 12 de enero de 2024

TERROR AT TENKILLER

Curioso producto mercantil y desalmado perpetrado por United Enterteinment Pictures, una pequeña compañía dedicada a producir películas de presupuestos paupérrimos distribuidas directamente en vídeo, medio que, sin embargo, les proporcionaría rentables beneficios.  De esta manera, en 1986, disponen de escasos 40.000 dólares para producir una de terror. Como director contratan los servicios de un documentalista, Ken Meyer, al que le entregan el dinero y le imponen dos semanas de rodaje. Este posee una cámara de 16 mm personal que será la que utilice con el fin de ahorrarse el alquiler de la misma y contrata a su hijo, Kevin Meyer, entonces estudiante de la USC, para que actúe. Este se lleva a varios compañeros de clase con el fin de completar el reparto y/o encargarse de la dirección de fotografía. Y para que todo quede en casa, el guión lo firmaría la esposa del director, Claudia Meyer, sin ninguna experiencia en lo que a escritura de guiones se refiere. Así pues, se fueron a rodar todos juntitos a las inmediaciones de un lago perdido en Oklahoma, ambientan la trama en otro lago cualquiera, el Tenkiller Ferry, que sería el que da título a la película, y se facturan una cinta de celuloide absolutamente amateur y de un desarrollo insoportable. El argumento es más sencillo que una cartilla Rubio: dos universitarias se van de vacaciones al lago Tenkiller y, allí, hay un individuo más feo que Picio, y con la cara jodida por el acné, que está asesinando a algunas personas.  A ellas no les importa, se quedan por la zona y pronto tendrán un encontronazo con él. Fin de la historia. Naturalmente, el asesino se irá cepillando todo lo que se menee por el camino, y esa sería la razón de ser de esta cosa que, erróneamente, adscriben al slasher. Yo no creo que podamos catalogar “Terror at Tenkiller” como slasher, porque, sí, se trata de una película de acuchillamientos al uso, pero no solo el asesino va a cara descubierta desde el principio, sino que en todo momento el espectador sabe quién es. Ergo más que un slasher sería una especie de thriller fallido, porque, al conocerse la identidad del homicida desde el primer minuto, uno piensa que será por algún motivo. Pero no; es pura incompetencia de su director y del guion escrito por su puñetera mujer. Y se acabó el suspense.
La película que Meyer entregó a los de UEP era mala, pero eso no preocupaba a sus productores. Cuando vieron la copia terminada, se percataron de que había muy poca sangre, y como consideraban que para vender bien una de terror tenía que tener mucho más plasma, invirtieron unas pocas perras en rodar insertos sangrientos que incluían salpicones y algún desmembramiento. Aún así, el corte final sigue pareciendome bastante poco truculento.
También el sonido directo resultó inutilizable. Se ve que rodaron en plena naturaleza y, en consecuencia, el recital de las cigarras era tan notorio que se comía por completo los diálogos. Así, los de UEP tuvieron que soltar algo más de guita para doblar la película entera. Y le hicieron un Garci a las dos protagonistas, Michelle Merchant y Stacey Logan, porque, ya que estaban, contrataron a otras actrices para que les pusieran voz. Ellas se enteraron cuando la película ya estaba en los video clubs.
Desde luego, ver “Terror at Tenkiller” es poco menos que una tortura. Como si estuviéramos ante un culebrón texano y el grueso de la película se compusiese de interminables conversaciones marujiles entre las dos protagonistas. Nada nuevo en este tipo de producciones terroristas donde lo normal es que nos aburramos como una mala cosa hasta que llegan los asesinatos. El principal problema de “Terror at Tenkiller” es que de estos hay pocos, y cuando comienzan, están tan desangelados que casi nos divertimos más con las conversaciones intrascendentes. Un verdadero desaguisado. No en balde, la gente de "AGFA (American Genre Film Archive)", que como sus siglas indican se dedican a recuperar y restaurar productos de esta calaña proporcionando copias en DCP para sus posibles proyecciones en salas y festivales -así como editar algunos en formato domestico-, reseñan "Terror at Tenkiller" de la siguiente acertada manera: “Una parte de drama de relaciones humanas, otra parte de slasher sórdido y dos mil partes de cosas extrañas. La mejor telenovela slasher jamás realizada en las tierras salvajes de Oklahoma”.
La película no es que se distinga por el culto procesado, no obstante, y como dios manda, ha sido remasterizada en 4K y editada en Blu Ray de lujo por la gente de "Vinegar Syndrome" que, lógicamente, la hace parecer mejor de lo que realmente es.
Por supuesto, el amigo Ken Meyer no volvería a tener relación alguna con el cine, siendo este el único título en el que está acreditado. Su hijo tampoco volvería a salir como actor en más películas, sin embargo, sí que ha dirigido alguna que otra de tercera y llegó a firmar el guion de un producto mainstream titulado “Una sonrisa como la tuya”. Clauda Meyer dejó de escribir guiones, situándose frente a la cámara de modo episódico en un par de telefilmes. Que pena que los Meyer no tengan mayor historia para investigarla… la trayectoria de esta saga empieza y acaba con “Terror at Tenkiller”.

sábado, 16 de agosto de 2025

EFFECTS

El equipo de filmación de una pequeña película de terror se reúne una noche y, entre copas y esnifadas, proyectan un corto en el que una tipa es crudamente asesinada por un misterioso encapuchado, cosa que desencadenará una serie de hechos dramáticos.
"Effects" es una curiosísima y extrañísima película de finales de los setenta que, por problemas con su distribuidor, tuvo una exhibición ultra-limitada para, rápidamente, desaparecer, ganándose así una condición legendaria motivada, principalmente, porque muchos de sus responsables, delante y detrás de la cámara, andaban ligados al universo de George A. Romero. Tras un primer lanzamiento por parte de "Synapse Films", fueron las buenas gentes de "AGFA" quienes dieron con el negativo de 16 mm para restaurarlo y relanzarlo por todo lo alto.
Los conchabados con el padre de "La noche de los muertos vivientes" serían el actor Joseph Pilato, partido en dos por una horda de zombies en "El día de los muertos". John Harrison, quien además de dirigir cosas como "El gato infernal", "Book of Blood" o sendos capítulos de la reciente versión cajatontil de "Creepshow", logró notoriedad al componer, justamente, la increíble banda sonora de la versión fílmica de esta última. En "Effects" interpreta al director de cine de ideas malévolas. Seguidos por el gran Tom Savini, responsabilizándose también de los muy inconfundibles efectos especiales -los de la película, y los de la película dentro de la película- (con esos chorretones y esa sangre tan roja propia de sus aportaciones setenteras, léanse "Martin / El regreso de los vampiros vivientes" o el "Dawn of the dead" original) y Pasquale Buba, habitual montador en Romeradas varias.
La dirección corre a cargo de Dusty Nelson, así mismo co-autor del guion junto a William H. Mooney (cuyo otro único crédito en ese campo lo compone un telefilm dirigido por John Harrison). "Effects" fue su largometraje de debut, a partir del cual encadenaría cosas de lo más marcianas, como un lógico capítulo para la serie apadrinada por Romero "Tales from the darkside", dos films de ninjas ¿¿?? ("Los asesinos de Sakura" y "El fantasma blanco") y, esta sí es güena, "Necromancer" (seguida de una última película en 2002, un especie de drama de aventuras titulado "Atrapados por el fuego"). Destaco la presencia de "Necromancer" porque, aparte de haberla reseñado acá en su momento, hablamos de una prototípica "serie Z" prototípicamente yanki y bastante chusquera / tontuna, cosa que contrasta razonablemente con las maneras de "Effects". Mexplico.
Había leído que esta era algo lenta y le costaba arrancar, pero lo cierto es que me entró bastante bien. A lo mejor puse mucho cariño de mi parte dadas las circunstancias, no lo niego. Y su aspecto crudillo, ciertos desenfoques y toda la materia de metacine, pudieron influir. La cuestión es que "Effects" no es del todo previsible, consigue que los personajes resulten interesantes, el corto "snuff" está muy logrado (realmente da el pego... y algo de mal rollo) y, llegado cierto punto, la trama mete un volantazo que te deja pasmado. Vale que a partir de ahí comienza a pesarle un poco el culo, pero se soporta. Lo suficiente para no perderse ese final de impacto. Merece ser visionada.
La cuestión acá es que, considerando "Necromancer" un puro tebeo delirante de venta en mercadillos, sorprende la cierta sobriedad y "originalidad" de "Effects". Desconozco qué se torció en el camino para Dusty Nelson, pero algo se torció, desde luego. Quizás el que "Effects" nunca llegara a estrenarse debidamente le traumó y decidió apostar por una mayor "comercialización" en busca de una salida garantizada de sus películas. Ni idea, aunque si visitas su página web notarás la total ausencia de "Necromancer" (y "Los asesinos de Sakura"). ¿¿Nos sorprendemos??.

martes, 8 de abril de 2025

LA VENGANZA DEL SEXO

Un científico “fanático” (como dicen en la película) anda pensando en cómo perfeccionar la raza humana. Y para sus investigaciones tiene una serie de autómatas deformes a los que enviará a secuestrar personas a las que, en su laboratorio, drogará y pondrá a tener relaciones sexuales, extrayéndoles no sé que líquido corpóreo que él mismo beberá. Su idea es controlar el sexo, porque el sexo domina el mundo… y él ¡dominará el sexo!
Durante las escabechinas un investigador intentará descubrir qué está sucediendo e inmiscuirá hasta límites insospechados.
“La venganza del sexo” es un clásico argentino del "sexploitation" que, con los años, se ha ganado un merecido culto internacional. Se trata del film más conocido de su director, Emilio Vieyra, un auténtico apestado de la cinematografía argentina al que, en su país de origen, ni si quiera se le tuvo en cuenta por el tipo de películas que hacía: pequeñas plastas de "serie B" barata financiadas por productores norteamericanos y su explotación para el extranjero. Los historiadores y eruditos pomposos y estirados de La Pampa ni siquiera reparan en él cuando escriben la historia de su cine. Como hacía subproductos con look americano, en ni tan siquiera se estrenaban en su tierra, aunque “La venganza del sexo” sí que lo hizo, aunque dos años después del rodaje: las críticas fueron feroces. Y no es para menos porque, al margen del marciano argumento, sencillo como los contenidos de una cartilla Rubio, a “La venganza del sexo” no hay por donde cogerla. Sobre todo por la presencia de lo que en la película llaman “autómatas” de rostro impertérrito, evidenciando así que son tíos con caretas horrorosas de papel maché —sobre todo la del esbirro principal, quien se hizo extremadamente popular entre ciertos sectores del fandom por su aspecto extremadamente ridículo—, que andan de un lugar para otro llevando individuos y señoritas de buen ver al científico. Por supuesto, y en consecuencia, la comedia involuntaria es una de las bazas fuertes de la película.
Por lo demás, esta muestra desnudos, secuencias sensuales y una suerte de parafernalias que, de no ser porque apuntaba a otros mercados, hubiesen sido inviables en Argentina.
No obstante, la versión que se hizo popular fue la montada en Estados Unidos bajo el título de “The curious Dr. Humpp” que resulta notablemente inferior a la argentina, ya que lo que tenemos en realidad es una alteración del material rodado por Vieyra al que le han añadido ingentes cantidades de "porno soft", sobre todo numeritos lésbicos (con demasiado pelo asomándole por debajo de las bragas a las tipas) con personajes que aparecen en el material rodado originalmente sin orden ni concierto y que, tras la escena de folleteo (y/o masturbación) son  asesinados por el esbirro principal del Dr. Humpp. Dicha versión, cuyos insertos están dirigidos y no acreditados por otro experto del "sexploit" sesentero, Jerald Intrator, es la que prevalece y la que, al final, se ha ganado el culto de los fans. Y esa es la razón por la que los señores de "AGFA" y "Something Weird Video" hicieron la pertinente restauración con el fin de lanzarla en un Blu Ray con todos los honores y ambas versiones.
Por supuesto, “La venganza del sexo” es sustancialmente mejor que “The curious Dr. Humpp” y su folleteo semiduro, pero, en cualquier caso, y quitando los momentos de risas y el evidente encanto kitch, es bastante rollete, y por momentos el visionado se hace pesado. Eso sí, cuanto beneficia el blanco y negro a las películas de estas características.
Emilio Vieyra cuenta en su haber con otros clásicos argentinos del despiporre horrorífico como puedan ser “Sangre de vírgenes” o “Placer sangriento”.

lunes, 7 de febrero de 2022

LOVE AFTER DEATH

Película perteneciente a la filmografía de un extraño director de cine del que los estudiosos del tema poco han podido averiguar. Se trata de un director de procedencia dominicana pero con nacionalidad puertoriquense, que se traslada a Nueva York con el fin de desarrollar su carrera cinematográfica allí. Así, completaría su extraño y escueta currículum con películas que van desde la comedia costumbrista “Soñar… no cuesta nada joven” hasta el biopic sobre un célebre delincuente puertorriqueño, “Toño Bicicleta”. Además se sabe que grabó unos cuantos discos de spoken word (palabra hablada o poesía) en los años 50 de escasa repercusión (y que se pueden encontrar en el mercado de segunda mano). Su nombre no puede ser más musical, Glauco del Mar.  Y más allá de esto, poca info existe acerca de él y parece que se lo hubiera tragado la tierra a partir de los años 70.
Esta “Love Alter Death”, también conocida como “Unsatisfied Love” es una cosa de lo más marciana. Producida por el Charles Abrams —otro extraño productor neoyorquino con cuatro títulos producidos—, la película es una producción del llamado Nuyorican Cinema, es decir, películas destinadas al publico latino de Estados unidos, realizadas por un equipo puertoriqueño y habladas en español, pero rodadas en la ciudad de Nueva York con producción americana. Toda una corriente que tuvo su tiempo de auge durante los años 60 y de la que no se habla en los libros de cine. Con lo que tenemos una cinta que, rescatada de las catacumbas por la gente de Something Weird video y American Genre Film Archive (AGFA)—para su restauración en 2K—, fue tomada por sudamericana por sus distribuidores videográficos, obviando todos estos detalles sobre el Nuyorican Cinema de los que les he hablado más arriba. Los de Something Weird la lanzaron en DVD directamente como si fuera una película argentina, mientras que en su más reciente edición en Blu Ray, la lanzaron diciendo que se trataba de una película rodada en algún lugar de Sudamérica, así, en tono despectivo, cosa esta, que no hace más que acrecentar el oscurantismo que, ya de por sí, trae consigo la cinta. En una página web que se dedica precisamente a rescatar datos sobre estas películas de procedencia puertorriqueña-neoyorquina, se preguntan como sus distribuidores la toman por argentina cuando no hace falta más que verla para darse cuenta de que es una producción estadounidense (vamos, nuyoriqueña)… en fin un lío.
Como fuere, resulta ser un sexploit al uso pero con cierta gracia.
Un individuo se queda catatónico. Ante esta situación su esposa y su médico, que da la casualidad de que están liados, no se percatan del estado de nuestro protagonista y le dan por muerto, por lo que le entierran estando vivo. Una vez bajo tierra, el individuo despierta de su catatonia y, como puede, se escapa de su tumba escarbando con el fin de vengarse de su esposa infiel. Mientras, decidirá tirarse a un buen número de jamonas a las que seduce (o le seducen) por el camino. La policía se percata de que el individuo se ha escapado de su tumba, por lo que comenzará a investigar, porque sospechan que pudiera ser que le hubieran enterrado estando vivo. El final es una de las cosas más estúpidas y desconcertantes que he visto en mi vida.
Rodada en español y mal doblada al inglés (y se desconoce de si esta película conoció vida comercial en español), aunque la mayor parte del tiempo es prácticamente muda, “Love After Death”, con todas esas señoras a las que en muchas ocasiones, y en glorioso blanco y negro de 1968, les vemos hasta las amígdalas, es una película entretenida y curiosa, más descarada que otras muestras similares de la época, y mucho más extraña porque, aunque se trata de un sexploit en el que el argumento es una mera excusa para mostrarnos el folleteo, esta película tiene visos de querer deambular por todos los géneros posibles. Así, tiene momentos que parecen de pura vanguardia, momentos de comedia vodevilesca (y puramente latina, con infidelidades, hombres escondidos en el armario, etc), ciertos ramalazos de cine de terror, y una buena parte de cine negro. Todo ello en cutre salchichero, faltaría más, pero mezclado con mucho gracejo. Por lo demás, soft bastante sucio y atrevido, muchos y orondos culos, lesbianismos varios, y un protagonista muy simpático que nos ofrece una sobreactuación de las que da gusto ver; Guillermo de Córdova, quien nunca más volvió a aparecer en una película. Para una en la que sale, se pone las botas.
Poco más. Recomendable para mentes inquietas y paladares exquisitos. Y como dura poco menos de hora y cuarto, no se hace especialmente dura.

martes, 16 de julio de 2024

SCARY MOVIE (1991)

No confundan esta “Scary Movie” con ninguno de los spoofs made in Wayans que surgieron a colación de “Scream” a finales de los 90 y en los albores de 2000. En realidad nos encontramos ante un producto semi amateur rodado en 16 mm en el año 1991, que estaría dejado de la mano de dios y completamente olvidado en sus latas tras su estreno local en Austin, Texas (lugar de donde la película es originaria), de no ser porque, recientemente, ha sido rescatada por AGFA (American Genre Film Archive) para su distribución en cines retro y lanzamiento con todos los honores en Blu-Ray.  Pero, al margen de tratarse de una pequeña bosta amateuroide de la época en la que Leif Jonker y coetáneos estaban en activo ¿qué tiene de especial esta “Scary Movie”? básicamente que cuenta con el protagonismo de John Hawkes antes de convertirse en una suerte de actor secundario de carácter en productos del alto copete hollywoodiense. Le hemos podido ver en “La familia que tú eliges” o “Tres anuncios a las afueras” por poner dos ejemplos recientes. También tenemos en un papel poco relevante para Butch Patrick, nada menos que "Eddie Munster" en “La familia Monster”, en lo que denota un toquecito posmoderno de la época. Por lo demás, pues tan solo una mala película llevada adelante con palos y piedras que no pasa de simpática y que, más que un último rescoldo de los slashers de la década anterior, sería uno de los primeros homenajes al subgénero; Un "nerd" va a una feria de Halloween, acompañado de sus “amigos” que le harán blanco de todas sus bromas, con la intención de entrar en una atracción tipo pasaje del terror, muy popular en la época en la que transcurre la cosa. El "nerd" va con la mosca detrás de la oreja porque previamente escuchó en las noticias que un psicópata se ha escapado del autobús que le trasladaba a prisión. Tras sufrir unas cuantas bromas pesadas por parte de sus acompañantes y de los viandantes de la feria, el muchacho comienza a emparanoiarse con la idea de que el psicópata pueda haberse escondido en la atracción, por lo que, una vez dentro, cuando todos esos individuos enmascarados van a por él, este se verá en la tesitura de tener que defenderse de ellos. El espectador no sabe si toda esa carnicería es obra de la mente perturbada del muchacho o si en realidad el psicópata está dentro de la atracción, y ahí radica la gracia de la película.
Nada del otro mundo, leída la sinopsis es mejor de lo que vemos en pantalla, que transcurre a gran lentitud a pesar de apenas durar una hora y pocos minutos.
Algún momento gore divertido, la ambientación general tiene su encanto y poco más. Un producto semi amateur de principios de los 90 como hay tantos. Tampoco es que John Hawkes sea un actor muy a tener en cuenta como para revisar este trabajo primerizo con interés (yo creo que a todos nos la suda John Hawkes).
Pero los americanos son una raza a parte y muy graciosos; no creo que esta película disfrute de mucho culto a rasgos generales, aunque al tratarse de una producción acaecida por completo en Austin, las autoridades competentes tienen a “Scary Movie” en alta estima, y el alcalde declaró el día 18 de octubre como “Día de Scary Movie” por la contribución que ha hecho la película a la industria cinematográfica de la ciudad. Y es que se ve que cuando Austin ha tenido presencia en el cine, ha sido porque ha habido alguna que otra producción de Hollywood ambientada allí, pero, a rasgos generales, poco se ha hecho en cine desde Austin para el mundo. Y, efectivamente, “Scary Movie” es una de las pocas películas enteramente autóctonas.
El director de la cinta, Daniel Erickson, que puede alardear de que eligió a Hawkes para su primer protagonista tras hacerle un casting, no se prodigaría mucho más después, tan solo rodaría en 2010 una cosa grabada en vídeo ¡con maniquís!  titulada “Eve’s Necklace” de la que poco más se sabe, pero (y quizás sea porque de algún modo mantuvieron la amistad) cuenta de nuevo con la presencia de John Hawkes, esta vez siendo ya una celebridad, poniendo su voz al maniquí protagonista. Que curiosidad, a ver si doy con ella.

viernes, 29 de octubre de 2021

BAT PUSSY

La gente de Something Weird Video, que se dedicaban —y ahora, sus herederos continúan con la labor– a rescatar viejas películas eróticas y nudies de los años 60 y 70 para editarlas en DVD, acudió a mediados de los 90 al almacén de una vieja sala X de Memphis a comprar, por 1000 dólares, un lote de bobinas de películas de 16 y 8 mm y loops pornográficos que descansaba en el almacén del cine desde los años 70. Entre toda esa basura, con películas más o menos conocidas y otras no tanto, apareció una bobina que venía etiquetada bajo el título de “Bat Pussy”. Se trataba de una película porno sin títulos de crédito de dudosa procedencia y, al visionarla, los señores de  Something Weird Video se dieron cuenta de que estaban ante una de las piezas de cine porno más extrañas que existían sobre la faz de la tierra. Y, muy acertadamente,  la editaron en vídeo con su sello.
A raíz de esa edición, “Bat Pussy” se convirtió automáticamente en un film de culto, primero, porque no hay ninguna información al respecto de su producción, todo es oscuro, sucio y decadente, amén de estar protagonizada por una pareja de palurdos sin ningún atractivo físico. Es más, resultaban desagradables. Por otro lado, los historiadores del porno, tras adjudicarle un año de producción que oscila entre 1970 y 1973 gracias a una revista que lee uno de los protagonistas fechada en 1970, descubrieron que, posiblemente, esta fuera la primera parodia porno de la historia, cosa que ya en sí era un descubrimiento, además, se aventuraron a considerarla la peor película porno jamás realizada. Así comenzó, en los círculos de cinéfilos más finos, la “batpussymania”.
La película nos muestra a la pareja de palurdos metidos en una cama manteniendo sexo oral, y soltando por sus bocas, sin parar,  unos diálogos totalmente incongruentes donde abundan los insultos y los desprecios, sin que el redneck que lleva la batuta en la escena consiga una erección eficiente de ninguna manera. Diez minutos más tarde, cuando ya estamos hartos de ver a esos dos asquerosos chupándose los sexos sin pasión alguna, vemos a otra palurda en pelotas tumbada en un sofá, que suelta también sus soflamas en contra de la delincuencia y las películas porno. En consecuencia, se pone un traje de Batman y sale a la calle. Se intercalan las escenas de esta pánfila con las de la pareja chupándose e insultándose, y pronto vemos a la mamarracha vestida de Batman dando saltos con su pelota loca por el campo. Súbitamente, se topa con un individuo que intenta violar a una muchacha y evita la agresión dándole golpes al tío con la pelota… Y volvemos de nuevo a la pareja del principio, que sigue chupando y hablando sin parar. De pronto, en esa habitación irrumpe nuestra Batwoman de pacotilla, se monta un trío con los dos paletos, la meten un consolador por el coño, y fin. No hay penetraciones en la película, ni erección por parte del tío —pecoso y pelirrojo—,  ni más acto sexual que los que acabo de describir. Chupadas a una polla blanda. Por no haber, no hay ni títulos de crédito.
Al margen de eso, la película llama la atención porque, en su tosco montaje, podemos escuchar a alguien dando indicaciones a la pareja protagonista, a las que hacen caso omiso y, más inquietante todavía, alguien detrás de la cámara suelta un sonoro eructo durante el acto sexual que se está filmando, con el que no se inmuta nadie, salvo el espectador que tiene que echar un poco para atrás para comprobar que, efectivamente, el director o quien sea —porque no parece haber mucha más gente tras la cámara—, se echa un eructo mientras filma.
La verdad es que es una película muy curiosa para ver, porque apenas llega a una hora, y todo lo que nos muestra es tan extraño, decadente y bizarro, que bien merece el visionado. Si verdaderamente existen las películas snuff deben parecerse bastante a esto.
Tras muchos años de investigación, los estudiosos han llegado a conclusiones como el año de producción o lugar del rodaje, basándose en los acentos de los protagonistas (acentos sureños que ubican en Tennessee, lugar donde se encontró la película), pero no han sido capaces de descubrir los nombres de los actores, del director o de algún miembro del equipo técnico (en el caso de que lo hubiera), de los que no hay constancia de su existencia. Y, a día de hoy, todo esto es un misterio. Probablemente estén ya criando malvas, porque tampoco nadie ha reclamado la autoría de la cinta tras las muchas ediciones y remasterizaciones (la última en Blu Ray y 2K, tócate los cojones) a las que han sometido al celuloide la gente de Something Weird Video y el American Genre Film Archive -AGFA- (acompañada esta de una estupenda caratula ilustrada por el gran Johnny Ryan).
Y, sí, probablemente sea la película más desastrosa de la historia, no solo del porno. “Batpussy” es, verdaderamente, rara, misteriosa y desperada, ideal para visualizar estando amargado y lleno de manías.