Al margen de las películas de Paul Smith y Michael Coby y sus descarados exploits de las de Bud Spencer y Terence Hill, podemos hablar de otro fenómeno estrictamente italiano, que quizás prosperó algo menos a nivel popular, pero convertiría las películas de Spencer + Hill en un género en sí mismo. Me refiero a aquellas similares a las de la pareja europea por antonomasia, en las que otros actores adoptarían los roles que ellos deberían asumir (sin que estos los interpreten ni Paul Smith ni Michael Coby). Para que me entiendan, películas como las de ellos, pero sin ellos (ni sus clones). “Forajidos 77” tendría ramalazos de esto que digo y “Dos primos y un destino”, con Tomas Milian y Renato Pozzetto, pese a ser una cinta más dentro de la saga de "Monnezza", uno de los personajes que popularizaría Milian en su cine, bien podría ser un producto más de los que protagonizaron Spencer y Hill.
Pero el caso que nos ocupa es más flagrante. Y se trata de una gran rareza.
Es una secuela directa del clásico “También los ángeles comen judías”, una comedia ambientada en el Nueva York de los años 30, al igual que su predecesora, que, a pesar de contar con su estreno en salas en Italia e incluso ser exportada a España, pasó inadvertida para el imaginario popular. No sin razón, porque se trata de una de Bud Spencer y Terence Hill sin Bud Spencer ni Terence Hill. Hablo de “El contragolpe” (el título, obviamente, trata de parodiar el del clásico americano “El golpe”) de 1973.
Y es que cuando Enzo Barboni puso en marcha su coproducción ítalo-hispano-americana “También los Ángeles comen judías”, lo que tenía en mente era hacer una película con Bud Spencer y Terence Hill, pero, a causa de problemas burocráticos que venían por parte de la producción estadounidense, se contrató a Spencer, pero no a Hill, por lo que se buscó un sustituto, en este caso Giuliano Gemma, que no había hecho nunca comedia. Así las cosas, se le pidió que, para la ocasión, imitara lo máximo que pudiera el estilo de Terence Hill y, obediente, Gemma así lo hizo.
Barboni rodó su película lo mejor que pudo; sin embargo, poco antes del estreno les advirtió a los productores que no se fliparan, que esto no iba a ser un gran éxito como las películas de “Trinidad”, porque aquí no estaba Terence Hill. Barboni se equivocaba, porque lo cierto es que hizo una de las mejores del subgénero, y Bud Spencer y Giuliano Gemma tenían la química suficiente como para que no se echara de menos a Hill. Hay quien dice que Bud funcionaba mejor con Giuliano que con Terence. Y la película resultó ser un éxito internacional. En España la vieron en el cine casi dos millones de espectadores.
Debido a semejante pepino, todavía caliente, Barboni escribió una secuela para seguir explotando la gallina de los huevos de oro, pero, consciente de la apretada agenda de Bud Spencer, contó con los servicios de Giuliano Gemma, que interpretaría el mismo rol que en la anterior, "Sonny", y escribió un papel para un sustituto de Spencer, que interpretaría el sueco Ricky Bruch, con un físico similar, quizás más mazado, pero espantoso actor en general y, en particular, espantoso imitador de Bud Spencer.
Bruch en realidad no era actor. El año anterior se hizo muy popular en Alemania porque, como atleta de élite, había ganado la medalla de bronce de lanzamiento de disco en las olimpiadas de Múnich, y como el público potencial de las películas de Barboni se encontraba en Alemania, quiso usar al deportista como reclamo. Luego aparecería en un par más de películas, pero su carrera como actor no prosperó más allá de “El contragolpe”.
Asimismo, aunque utiliza a un personaje principal de “También los ángeles comen judías”, el film no tiene continuidad con aquella.
"Sonny" es un tipo muy pobre que sueña con ser gánster. Con malas artes logrará embaucar a un mafioso que le ofrecerá una calle a su cargo en Nueva York, que a su vez está protegida por un tal "Rocky" quien resulta ser el cura del barrio que, además de exboxeador, regenta una destilería clandestina. Se creará un conflicto de intereses que desembocará en enredos y secuencias de peleas al estilo Spencer-Hill.
Esta vez la cosa resultó un fracaso. En España la vieron medio millón de espectadores de la época y ni siquiera tuvo edición en vídeo. La única forma de consumirla hoy es recurriendo a la descarga ilegal de una copia proveniente de su emisión en el canal 8 Madrid.
De título original “Anche gli angeli tirano di destro” (que podría haberse traducido como “También los ángeles se levantan con el pie izquierdo”), y conocida en según qué otros países como “Charlestón”, “El contragolpe” resulta una estupenda comedia de hostias, enredos y situaciones resueltas a base de slapstick y malentendidos que quizás no obtuvo el éxito que merecía porque en realidad es una película de Terence Hill y Bud Spencer en la que ellos no están; es decir, falta el reclamo principal por mucho que Gemma vuelva a interpretar el papel de "Sonny". Y no creo que el gigante sueco, que a buen seguro enviaba los discos que lanzaba al quinto coño, resulte tan atractivo para el público de este tipo de películas como sí lo era Bud Spencer. Por supuesto, no es tan divertida como “También los ángeles comen judías”, pero sí que es estimable y a tener en cuenta.
Mostrando las entradas para la consulta Bud Spencer y Terence Hill ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas para la consulta Bud Spencer y Terence Hill ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas
martes, 7 de abril de 2026
viernes, 17 de octubre de 2014
NOSOTROS NO SOMOS ÁNGELES
El “Exploitation” Italiano es absolutamente fascinante,
descarado y rozando la ilegalidad. No contentos con plagiar todo éxito
norteamericano que se les ponía a tiro, también tenían que auto plagiarse y hacer las versiones de los éxitos autóctonos
con la idea de arañar unos cuantos miles de dólares.
Así nace el fenómeno Michael Coby y Paul Smith o como vulgarmente se les conoce en círculos
más o menos especializados “Los clones de Bud Spencer y Terence Hill”.
Obviamente, Bud y Terence lo petaron no solo en Europa, sino
que en estados unidos llegaron a tener algo de éxito.
Todo esto nos remite a los años setenta y tras el éxito de
“Le llamaban Trinidad”, que a algún despiadado productor Italiano, se le
ocurrió plagiar la película y para ello contrató a dos actores que se
parecieran a los astros, o al menos, que juntos pudieran crear confusión entre
las plateas europeas. Estos fueron el
americano Paul Smith y el Italiano
Michael Coby: el primero sería el sosias de Bud Spencer, y el segundo lo sería
de Terence Hill, y si bien es cierto que el primero tiene un gran parecido con
Spencer, el segundo, nacido con el nombre de Antonio Cantafora se parecía a
Hill únicamente en que era delgado y rubio. Pero efectivamente, juntos daban el
pego, y podían pasar por los auténticos ante el espectador más despistado,
máxime cuando, al estar rodadas las películas de Bud y Terence en Inglés, eran
doblados por los mismos actores que solían doblar a Bud Spencer y Terence Hill
en las versiones italianas de sus películas.
Así, el “exploitation” que generó “Le llamaban Trinidad”,
pasó a llamarse “Carambola”… y coló, ¡vaya si coló! La película fue lo
suficientemente rentable como para generar una secuela y tres
películas más con esta pareja, hasta que el engaño dejó de ser efectivo.
En España, pasó algo curiosísimo. Se estrenó la película
“Carambola” y pasó inadvertida, apenas congregó 30.000 espectadores de los años
setenta. Pero la secuela se estrenó con el título de “Les llamaban los hermanos
de Trinidad”, y esta si, congregó cerca
de los 700.000 espectadores. Así que se re-estrenó “Carambola” un año después
con la premisa de ser “De los creadores de “Les llamaban los hermanos de
Trinidad”” y metió en salas 500.000 espectadores más… pero ya la película
posterior, que es la que nos ocupa, no logró engañar a nadie y no la vio en
cine ni el Tato. Las ultimas, directamente, ni se estrenaron. Quizás en vídeo.
No obstante, y antes de pasar a comentar la película,
contaré una anécdota: Resulta que el productor de su última película como clones
“Simón y Mateo”, Edward L. Montoro, decidió estrenarla en Estados Unidos bajo
el título de “Convoy Buddies”, y para ver si los yankies picaban, borró de los
créditos los nombres de nuestros protagonistas, pasando a rebautizarles como ¡Bob Spencer y Terrance Hall! Esto cabreó
muchísimo a Smith que decía que el nombre era la única identidad de un actor, y
denunció a Montoro, ganando el litigio y siendo indemnizado por daños y
prejuicios. En consecuencia, se acabó el fenómeno de los clones de Bud Spencer
y Terence Hill, siguiendo cada uno de los actores sus carreras por separado. En
el caso de Smith, la cosa fue a mejor, ya que, tras hacer una película en
solitario como clon de Spencer en Israel –“Si me enfado… lo rompo todo”-, dónde
esta particular pareja gozó de mayor éxito, se trasladó a Hollywood, donde se
ganó un huequito en el “Star System”, haciendo de Brutus en el “Popeye” de
Robert Altman, y haciendo papeles en “El
Expreso de medianoche”, “Dune” e incluso un auto-homenaje en “Maverick”
junto a Mel Gibson, aunque siguió
haciendo roñas, incluso en España, donde participó en nuestra “Mil gritos tiene
la noche” de Juan Piquer Simón.
Por su parte, Coby, llegó a trabajar con directores como
Fellini, Skolomovski o Michael Winner, pero su carrera deambuló por la serie B
más feroz apareciendo en films como “Demons II”, “El Jugador” de Argento, y
fue la identidad secreta de “Supersonic
Man” de Juan Piquer Simón…. Así que
¡Ambos trabajaron a las ordenes de Juan Piquer Simón¡ ¿Conocería este estas
películas?

Por su parte, “Nosotros no somos ángeles” sería consecuencia
del éxito de “También los ángeles comen judías” y en algunos países como
Francia, llegó a estrenarse como tercera parte del binomio “Trinidad”, convirtiéndolo
en trilogía aunque nada tenía que ver. Aún así, esto tiene algo de sentido
porque esta película aprovechaba todos los tópicos del cine de Terence Hill y
Bud Spencer; Es decir, se parecía en el póster y en el título a “También losángeles comen judías” y Paul Smith aquí es luchador de lucha libre como lo era
Spencer en la que expolia, pero por otro lado, la película transcurre en el
lejano Oeste, pero ya con la mecánica instaurada, lo que les permite a nuestros
protagonistas, pelearse por la propiedad de un automóvil , como lo hacían Hill
y Spencer en “Y si no nos enfadamos”. Vamos, para que el público pique, si no
es por un lado, por otro. Huelga decir que en todas sus películas, nuestros
actores se peleaban (un tanto chusqueramente) e imitaban gestos y ademanes de Bud
y Terence, con el fin de asemejarse lo máximo posible.
“Nosotros no somos ángeles” tiene la trama más confusa y
peor explicada de la historia del cine. Vemos a nuestros actores haciéndolo
como los otros, pero todo lo demás falla, no solo el entretenimiento (esto es aburridísimo)
si no la dirección y la estructura de la película, con lo que nos enteramos de
poco, pero la película trata de contar la historia de dos hermanos que,
peleándose por un coche Europeo que han comprado, deciden poner una empresa de
automóviles en el oeste, donde este
vehículo aún no ha llegado, y donde los republicanos se oponen a tal progreso, lo que les acarreará un montón de
problemas que tendrán que resolver a base de mamporros y buenos sentimientos.
Ni que decir tiene, que las peleas de esta película están a años luz de las de
las películas de Terence Hill y Bud Spencer. Pero eso es lo grande de todo
esto. Con este tipo de películas, es mejor lo que hay detrás que las pelis en
si mismas, que siempre son insoportables.
Dirige la película bajo pseudónimo de Frank Kramer,
Gianfranco Parolini, artesano italiano como cualquier otro, que firmó cosas
como “Los 3 Supermen”, reputados
“Spaghetti Westerns” como “Adiós Sabata” o “Seis balas, una venganza, una
oración” y otras marcianadas como "Yeti: el abominable hombre de las nieves" o "El secreto del imperio de los incas".
Ahora vayamos con una de las ediciones videográficas de esta
película en nuestro país, y que muy bien podría ir en nuestra sección “Aquellas carátulas maravillosas”. Porque si en Italia eran expoliadores, aquí en
nuestros videoclubes, con tal de que alquiláramos como borregos, hacían con la
carátula lo que les salía de los cojones.
Vale que la peli se vende como si fuera de Terence Hill y
Bud Spencer –fíjense bien en el cartel que ilustra la reseña- pero si
presidiendo el póster tenemos una ilustración de Paul Smith… ¿Qué necesidad
había de poner otra del propio Terence Hill al lado y no de Michael Coby?. Y
por si eso fuera poco, miren el dibujillo de debajo de los actores. Ahora miren
este cartel de “Loca academia de Policía IV” que les he colocado a la derecha.
Saquen sus conclusiones.
En cualquier caso, resulta todo esto del todo fascinante.
Igual que el fenómeno “Clones”. Ahora ¿Las películas? Una puta mierda. Pero hay
que verlas y coleccionarlas… al menos yo no puedo evitarlo.
lunes, 23 de diciembre de 2019
SIMÓN Y MATEO
“Simón y Mateo” es una de las películas más divertidas de
Paul Smith y Michael Coby, ya saben, los clones de Bud Spencer y Terence Hill.
Una chabacanería donde las máximas cotas de humor las ponen los chistes sobre
cuernos —y cornudos, al más puro estilo garrulo italiano— y donde nuestros dos
protagonistas tienen conversaciones absolutamente demenciales. Un guion que
hace parecer a sus protagonistas poco menos que deficientes mentales. Así, se
nos presenta a un par de ladrones de poca monta que deciden pasarse a echar un
rato a la oficina de empleo (no tienen la más mínima intención de trabajar) y
allí les ofrecen un trabajo que no podrán rechazar. Tienen que llevar un camión
con una carga de sprays anti-mosquito hasta una dirección concreta en Marsella.
Durante el periplo descubren que no es la oficina de empleo la que les ha
enviado a hacer ese trabajo, ni que lo que transportan son sprays anti-mosquito
y pronto se las tendran que ver con un clan mafioso que es el que los ha metido
en semejante lío. Ante tal tesitura, y mientras se pelean entre ellos por
chorradas, nuestros protagonistas resolverán sus diferencias con los mafiosos a
mamporro limpio.
Ambientada en la actualidad del momento (los años 70) y
consciente la producción de que lo que vende es una burda imitación de las
películas de Bud Spencer y Terence Hill, nada como introducir elementos que la
hagan parecerse a “Y si no… nos enfadamos” con unos toquecitos de “También los
ángeles comen judías” y ya tenemos el producto servido. La cosa funcionó bien
y, antes de que se fuera de madre, les dio tiempo a rodar una secuela para después, por su propia naturaleza y, para siempre, desaparecer lo que fue la pareja
de clones más descarada de la historia del cine.
Eran tiempos de sesiones dobles, salas de barrio y Drive-in,
por lo que la venta de las películas de serie B y Z europeas, estaba a la orden
del día. Con esto quiero decir que si bien las películas de Bud Spencer y
Terence Hill llegaban de alguna manera a los Estados Unidos, estas de los
clones también lo harían. Y se desató la polémica el día que la Venture Films
de Edward L. Montoro —que distribuyó en USA las películas de Juan Piquer Simón
o el “Tiburón 3” de Castellari— adquirió “Simón y Mateo” para su distribución en cines
americanos. Algo de popularidad debían tener entonces las de Spencer/Hill,
sobre todo, sus westerns, por lo que Montoro decidió hacer más notoria la
condición de plagio de “Simón y Mateo” haciendo figurar en los créditos a Paul
Smith y Michael Coby bajo los nombres de Bob Spencer y Terrence Hall en lo que
se llamó en los USA “Convoy Buddies” (cuyo póster hemos elegido para ilustrar
esta reseña), cosa esta que cabreó particularmente a Paul Smith quien había
firmado un contrato en calidad de estrella principal. En la versión USA, no
solo no aparece su nombre, sino que el pseudónimo que se le endosa aparece en
segundo lugar después del de Terrence Hall, motivo por el cual Paul Smith
denunció a Montoro en un juicio en el que no se sabe a favor de quién falló el
jurado.
La película, una co-producción de Italia con España, cuenta
con papeles secundarios para Eduardo Fajardo que interpreta al padrone del clan
mafioso que hace la vida imposible con el camión a nuestros protagonistas,
Francisco Merino o Fernando Bilbao, así como la dirección está a cargo de
Giuliano Carnimeo, artesano y responsable de títulos tan populares como
“Jaimito, médico del seguro”, “El hombre rata” o “Computrón 22”. Se dice que
las películas de Smith y Coby no eran del todo horripilantes gracias al trabajo
solvente de los artesanos que las dirigieron. Algo de razón hay en eso.
Como anécdota, decir que estas películas, igual que las de
Spencer/Hill, se rodaban sin sonido directo, por lo que se doblaban dejando a
Bud y Terence una pareja de dobladores fijos que, para acabar el chiste,
también doblaron a Smith y Coby en sus películas. Y más marciano todavía, en
España, doblaron a estos actores los mismos que doblaban a Bud Spencer y
Terence Hill en sus películas… cosas de aquella época.
Por lo demás, “Simón y Mateo”, que en nuestro país llegó a
reunir en salas a casi medio millón de espectadores, es una película agradable
y, como ya he dicho en otras ocasiones, a la altura de las de la pareja
original Spencer/Hill que tampoco es que estuvieran mucho más dotados para la
actuación que Smith/Coby. Si acaso, las coreografías de pelea, si que eran
mejores, que estas son una puta mierda.
viernes, 23 de septiembre de 2022
Y SI NO, NOS ENFADAMOS (2022)
Antes de que se estrenase siquiera, el sector rancio del fandom que le ha tocado padecer a Bud Spencer y Terence Hill, ya echaba pestes sobre la idea de que se lanzase un remake del clásico “Y si no, nos enfadamos”. Esputaban bilis como los pedazo de retrasados mentales que son.
A mí, de primeras, no me pareció mal del todo, un remake de una película de Bud Spencer y Terence Hill y que para más inri no tuviera nada que ver con el binomio Trinidad… me hacía cierta gracia la idea. El único problema al que me enfrentaba con respecto a este peliagudo tema, era la manera en la que lo abordarían, porque no creo que “Y si no, nos enfadamos” sea un producto fácil de remakear precisamente. Pero lo último que se pierde es la esperanza.
Al final hay que darle la razón a todos estos tontos del culo por sus capacidades para la clarividencia, porque el resultado de esto es poco menos que una abominación. Todo mal. Pero yo digo todo esto tras ver la película, no antes, porque al contrario que ellos yo no soy adivino.
La cosa, producida para Netflix, es una especie de de secuela/remake de la película dirigida por Marcelo Fondato en 1974 que nos sitúa en un extraño lugar costero. Una breve introducción nos resume lo acontecido en la película original y nos presenta a unos dobles de Terence Hill y Bud Spencer tras unas vidrieras —para que no podamos distinguirlos bien— discutiendo sobre la autoría del mini bólido rojo y con capota amarilla que era objeto de deseo y conflicto en la primera película. Y resulta que han pasado algunos años y han tenido hijos que son exactamente igual que ellos. Mientras ellos discuten, a los niños no se les ocurre otra cosa que conducir el mini bólido, hasta que unos tipos que piden ayuda en la carretera les roban el cochecito, generando así la enemistad entre ellos. De este modo se traslada la acción a la actualidad, los niños ya son mayores, y se repite, punto por punto, el argumento del “Y si no, nos enfadamos” primigenio recreando de nuevo todos los momentos míticos y los arquetipos, no ya de la película en sí, si no de todo el cine de Hill/ Spencer (a saber; salchichas y cerveza, el rally inicial, el duelo de las motos, los macarras chungos, pero muy tontos…), omitiendo, sin embargo, las secuencias más complicados de rodar a día de hoy, esto es, persecuciones y peleas que conllevan una mayor elaboración. Cambian personajes y situaciones y listo, habemus filme. Eso sí, el tema de “Dune Buggy”, el “Coro dei Pompieri” (ya saben… lalalalalala, lalalalalala…) y todo lo que ha de estar, está, no sea que la platea cincuentona no asocie y se cabree.
El problema de la película, a parte de ser hiper aburrida, reside en que la dirección se la han encomendado a un par de directores nacidos en el año 86, Niccoló Celaia y Antonio Usbergo, conocidos como dupla con el irritante nombre de YouNuts!, que son populares por dirigir videoclips de música urbana —trap y esas cosas—, ergo, sus gustos e influencias, más allá de que por edad lo que les ha tocado remakear les pilla un poco fuera de época, son los propios de un millenial; esta gente ha visto más series que películas. Entonces lo que tenemos aquí no llega ni a ser un ejercicio de nostalgia posmoderno, porque los directores son demasiado jóvenes para que les pille el posmodernismo.
“Y si no, nos enfadamos 2022” es una película sobreproducida, con un exceso total de planos aéreos, steadys y cámaras lentas en las peleas. Pero lo más excesivo es que se gasta un look a medio camino entre una película de Rob Zombie y otra de Tarantino, que verdaderamente tira de espaldas. Un daño colateral si quienes dirigen son atolondrados treintañeros. Pero esta es la opinión de un señor de mediana edad con mogollón de prejuicios a la hora de enfrentarse a según que productos, aún así, procurando ser objetivo, diré que si esto no fuera un remake de una película de Bud Spencer y Terence Hill de los que tampoco soy fan, fan, fan acérrimo, pecaría de esas mismas fallas de novato: Mucho aspaviento, mucho montaje, y querer parecerse a Tarantino. En definitiva, puta mierda.
En el reparto, el sosias de Bud Spencer es Edoardo Pesce, un actor de los de nueva hornada que ha ganado premios por aparecer en películas de Matteo Garrone, es en realidad un guaperas con la cara un poco redonda que ha tenido que engordar un poquitín (muy poco) para parecerse al bueno de Bud, mientras que para dar vida al trasunto de Terence Hill tenemos a Alessandro Roja del que podemos decir más o menos lo mismo que de Pesce. Ambos, además, son populares por intervenir en la serie de gran audiencia en Italia, “Roma criminal”. Y por supuesto, no puede faltar en una comedia italiana que se precie Christian De Sica, dando vida al malo malísimo —y megalomaníaco— de toda esta historia y cuya presencia se antoja ya, a estas alturas, una parodia de sí mismo. Con todo, esa misma presencia es al final lo mejor de una película destinada a ser odiada de por vida. O peor aún, olvidada en pocos meses.
A mí, de primeras, no me pareció mal del todo, un remake de una película de Bud Spencer y Terence Hill y que para más inri no tuviera nada que ver con el binomio Trinidad… me hacía cierta gracia la idea. El único problema al que me enfrentaba con respecto a este peliagudo tema, era la manera en la que lo abordarían, porque no creo que “Y si no, nos enfadamos” sea un producto fácil de remakear precisamente. Pero lo último que se pierde es la esperanza.
Al final hay que darle la razón a todos estos tontos del culo por sus capacidades para la clarividencia, porque el resultado de esto es poco menos que una abominación. Todo mal. Pero yo digo todo esto tras ver la película, no antes, porque al contrario que ellos yo no soy adivino.
La cosa, producida para Netflix, es una especie de de secuela/remake de la película dirigida por Marcelo Fondato en 1974 que nos sitúa en un extraño lugar costero. Una breve introducción nos resume lo acontecido en la película original y nos presenta a unos dobles de Terence Hill y Bud Spencer tras unas vidrieras —para que no podamos distinguirlos bien— discutiendo sobre la autoría del mini bólido rojo y con capota amarilla que era objeto de deseo y conflicto en la primera película. Y resulta que han pasado algunos años y han tenido hijos que son exactamente igual que ellos. Mientras ellos discuten, a los niños no se les ocurre otra cosa que conducir el mini bólido, hasta que unos tipos que piden ayuda en la carretera les roban el cochecito, generando así la enemistad entre ellos. De este modo se traslada la acción a la actualidad, los niños ya son mayores, y se repite, punto por punto, el argumento del “Y si no, nos enfadamos” primigenio recreando de nuevo todos los momentos míticos y los arquetipos, no ya de la película en sí, si no de todo el cine de Hill/ Spencer (a saber; salchichas y cerveza, el rally inicial, el duelo de las motos, los macarras chungos, pero muy tontos…), omitiendo, sin embargo, las secuencias más complicados de rodar a día de hoy, esto es, persecuciones y peleas que conllevan una mayor elaboración. Cambian personajes y situaciones y listo, habemus filme. Eso sí, el tema de “Dune Buggy”, el “Coro dei Pompieri” (ya saben… lalalalalala, lalalalalala…) y todo lo que ha de estar, está, no sea que la platea cincuentona no asocie y se cabree.
El problema de la película, a parte de ser hiper aburrida, reside en que la dirección se la han encomendado a un par de directores nacidos en el año 86, Niccoló Celaia y Antonio Usbergo, conocidos como dupla con el irritante nombre de YouNuts!, que son populares por dirigir videoclips de música urbana —trap y esas cosas—, ergo, sus gustos e influencias, más allá de que por edad lo que les ha tocado remakear les pilla un poco fuera de época, son los propios de un millenial; esta gente ha visto más series que películas. Entonces lo que tenemos aquí no llega ni a ser un ejercicio de nostalgia posmoderno, porque los directores son demasiado jóvenes para que les pille el posmodernismo.
“Y si no, nos enfadamos 2022” es una película sobreproducida, con un exceso total de planos aéreos, steadys y cámaras lentas en las peleas. Pero lo más excesivo es que se gasta un look a medio camino entre una película de Rob Zombie y otra de Tarantino, que verdaderamente tira de espaldas. Un daño colateral si quienes dirigen son atolondrados treintañeros. Pero esta es la opinión de un señor de mediana edad con mogollón de prejuicios a la hora de enfrentarse a según que productos, aún así, procurando ser objetivo, diré que si esto no fuera un remake de una película de Bud Spencer y Terence Hill de los que tampoco soy fan, fan, fan acérrimo, pecaría de esas mismas fallas de novato: Mucho aspaviento, mucho montaje, y querer parecerse a Tarantino. En definitiva, puta mierda.
En el reparto, el sosias de Bud Spencer es Edoardo Pesce, un actor de los de nueva hornada que ha ganado premios por aparecer en películas de Matteo Garrone, es en realidad un guaperas con la cara un poco redonda que ha tenido que engordar un poquitín (muy poco) para parecerse al bueno de Bud, mientras que para dar vida al trasunto de Terence Hill tenemos a Alessandro Roja del que podemos decir más o menos lo mismo que de Pesce. Ambos, además, son populares por intervenir en la serie de gran audiencia en Italia, “Roma criminal”. Y por supuesto, no puede faltar en una comedia italiana que se precie Christian De Sica, dando vida al malo malísimo —y megalomaníaco— de toda esta historia y cuya presencia se antoja ya, a estas alturas, una parodia de sí mismo. Con todo, esa misma presencia es al final lo mejor de una película destinada a ser odiada de por vida. O peor aún, olvidada en pocos meses.
viernes, 24 de marzo de 2017
CARAMBOLA
“Carambola”, probablemente sea la más popular de las
películas protagonizada por los clones de Bud Spencer y Terence Hill, PaulSmith y Michael Coby, de los que ya he hablado tanto por aquí, que con pinchar
en sus nombres ya les debería bastar para saber quienes son, si es que a estas
alturas, y visitando un blog como este no lo saben ya.
Así pues, “Carambola” es una de las consecuencias directas
del éxito de “Le llamaban Trinidad” y en
la que Paul Smith y Michael Coby procuran imitar a Spencer y Hill al máximo. Y
lo consiguen hasta tal punto que parece que estés viendo una película de ellos.
Porque, si algo me ha llamado la atención, es que la película es tan difrutable
como las de los originales, incluso más, que algunas de las mas flojas de la
pareja clonada.
Porque, si efectivamente, en las películas Israelíes en las
que Paul Smith hace las veces de Bud Spencer (“Si me enfado… lo rompo todo”) si
que puedo destacar la pobreza de medios con los que esas películas están
realizadas, aquí la producción no dista mucho de las de Bud Spencer y Terence
Hill. Es más, Carambola podría estar protagonizada por ellos perfectamente.
Teniendo en cuenta que en Italia “Carambola” funcionó de
perlas en Italia, e incluso, en nuestro país llevó casi 700.000 espectadores a
las butacas –váyanse a saber ustedes si engañados por el póster de la película
y el parecido de los clones, o por ser un western cómico-, me pregunto yo: ¿No
será que el hecho de que estas películas resultaban un éxito solo por ser
películas con clones? Yo creo que es más que probable, porque se trata de un
guion que perfectamente podrían haber hecho los auténticos, o que hubiera
resultado atractivo con otros personajes que no imitaran los arquetipos de
Spencer y Hill. Además el director, Ferdinando Baldi, ya había trabajado con
Terence Hill en otras ocasiones (en “El clan de los ahorcados”, por ejemplo).
Cuenta la historia de un experto del billar –graciosísimo el
verle ejecutar jugadas imposibles de billar, siendo estas resueltas con ¡Stop
Motion!- que es encarcelado por usar un revolver no reglamentario, y de un
busca bullas que es encarcelado por eso mismo, por montar bronca, y que estando
ambos en la cantera realizando trabajos forzados, uno de ellos mata en un
accidente a uno de los guardias y se ven obligados a fugarse de allí. Todo se
enredará cuando descubramos que en realidad no han matado a nadie y que todo es
una encerrona en la que se les mete, y de la que ellos saldrán a base de
mamporrazo, arte Italiana esta, en la que Smith y Coby, no son tan vistosos
como Spencer y Hill.
Funcional entretenimiento. Un Spaghetti Western de corte
cómico y autoconsciente, y espoliador de lo que espolia, que es su principal
atractivo.
Del dire, Ferdinando Baldi, decir que en una más que
prospera carrera, dirigió varias
películas del dúo Smit-Coby, llegó a dirigir, con anterioridad, al mismísimo
Orson Welles en “David y Goliat”, pero sobretodo, es popular para los
integrantes (y los asiduos) de este blog, por dirigir esa joyita del trash que
es “El tesoro de las cuatro coronas” de la que ya hemos hablado en varias
ocasiones, ya sea en formato podcast, como en formato “Pest Seller” en “Malas pero divertidas”.
lunes, 22 de febrero de 2016
SI ME ENFADO...
Ya hemos hablado de Paul Smith en otras ocasiones diciendo
prácticamente lo que voy a decir aquí, así que no me extenderé mucho.
Paul Smith actor estadounidense
que un buen día viajó hasta Israel para hacer un papel en la película “Exodo”,
hizo muy buenas migas con ese país. Tanto que se quedó alli. Iba viajando de
aquí para allá por motivos políticos y laborales, haciendo pelis en Alemania,
USA y demás, pero fijó su residencia el Tel Aviv. Pronto, las películas de Bud Spencer y Terence Hill pegaron el pepinazo en medio mundo. Y como más o menos
Paul –Lawrence- Smith se parecía un poco a Bud Spencer, a un productor sin
escrúpulos Israelí, se le ocurrió hacer una película explotando en, no tan notorio parecido. Así,
este tenía que hacer ver que era Bud Spencer,
tenía que imitarlo y dar mamporros a tuti plen en esa película. Esa
película se tituló “Fishke Bemilu’im” y se convirtió en un éxito mayor que
cualquiera de las verdaderas películas de Bud Spencer, a menos en Israel, por lo que se quedó allí como clon oficial del
actor Italiano, si bien era cierto que el público en realidad pensaba que era
el verdadero Bud Spencer. Y gracias a esto, Paul hizo películas como clon de
Spencer en Italia y Alemania tan ricamente. Lo mejor de todo es que gracias a
su popularidad, y a que era estadounidense, en los años ochenta pudo volver a
su país a hacer cine mainstream. Pero claro, allí no era una estrella. En
Israel si, y como su mujer, familia y amigos eran de allí, pronto volvió al
país que le había tratado tan bien y se fue a pasar sus últimos años de vida al
país del que llevamos un rato hablando (dije que no me extendería… en fin, ya
saben como va esto). Y todo esto gracias
a la película “Fishke Bemilu’im” que en su edición en vídeo en nuestro país se
tituló “Si me enfado… lo rompo todo” y que tras mucho buscar, por fin pude
encontrar, más que nada porque alguien tuvo la bondad de colgar en la red un
montaje de aquellos.
Y claro, como era de suponer, en nuestro país, la gente picába
con la película. Y muchos tampoco distinguían al original del clon.
Yo en aquella época era
más o menos fan de Spencer/Hill, la edad era la idónea ya que era yo muy
niño y de la misma manera que les digo que en su momento piqué con la estafa
videoclubera que era la película “Otra Loca Academia de Policía” (remítoles al
pest seller), también les digo que, a pesar de lo tuneadísima que estaba esta
carátula para que Smith pareciera Bud Spencer, cuando examiné la misma siendo
infante con el fin de alquilarla, desistí porque me parecieron nombres muy
extraños los que en la carátula aparecían, y no veía el nombre de Bud Spencer por ningún lado. Así
que, tonto de mí, nunca la alquilé… de hecho todo el interés por los clones me
vino ya de más mayor, cuando desarrollé cierta (odio llamarlo así) cinefágia.
¿La película? Es lo de menos, lo bueno es la historia que
hay detrás. Pero como además esta ya la sabían porque la he contado más veces
en este blog, que menos que comentarla aunque sea por encima.
Dos amigos de los campos de trabajo Israelíes, deciden
asociarse e ir a buscar trabajo a Tel Aviv, con el fin de salir un poco de la
miseria que arrastran. Una vez en la ciudad tendrán que usar sus puños para
salir de las dispares situaciones que vivirán, ya sean estas acudir a fiestas
de disfraces donde un grupo de funk autóctono se canta canciones horrorosas
enteras sin que la cámara cambie de plano ni una vez, ya sea Paul Smith seducido por un homosexual,
que más que seducir, acosa con el clásico “no sabes lo que te pierdes”.
Pues además de lo bizarra que resulta, lo exótica y el hecho
de que los homosexuales son retratados en esta película como seres casi
diabólicos –uno de los malos es homosexual y resentido- o que las peleas,
tratando de imitar las de Spencer/Hill, acaban siendo una cosa extrañísima y
hasta violenta porque hay moratones y sangre (cosa que en las de Spencer/Hill,
no), lo cierto es que, siendo mala como es –y ha de ser- la película es
condenadamente entretenida, lo que resulta ser un valor en alza si además
añadimos todo lo demás que he dicho antes. Así que si, merece la pena verla
también, aunque no haya mucho más que contar. ¿Les parece poco?
lunes, 29 de junio de 2015
EL HEREDERO DEL BILLON DE DÓLARES
Un empresario
italiano poseedor de una potente corporación muere aplastado por el
logotipo de su empresa (¡) colgado en lo alto del edificio donde este está
dando una rueda de prensa, dejando como único heredero de su empresa y por
ende, del billón de dólares que posee, a su sobrino que vive en Italia y que
nunca le ha pedido ni un centavo. Esto cabréa a los directivos de la empresa,
que durante la estancia de este señor en los estados unidos, harán lo posible y
lo imposible por engañarle, con el fin de que este no llegue el día señalado a
la hora convenida para firmar la herencia y que la pierda, así la empresa pasa
a ser, directamente, propiedad de sus directivos.
Entre tanto, este italiano de pueblo, vivirá innumerables
aventuras en los Estados Unidos.
Esta película es histórica por varios motivos.
Resulta que a algún pez gordo de la Fox, se entera de que
hay un actor Italiano proveniente del “spaghetti Western” que lleva a las salas
a millones de espectadores de toda Europa con una serie de películas que tienen
un patrón muy definido: Los mamporros y las risas. Este actor resulta ser
Terence Hill. Tras estudiar sus películas, y tras contratar a un director de
“Exploitations” como era Jonathan Kaplan – este venía de dirigir nada menos que
“Night Call Nurses” (un “Sexploitation”) o “Truck Turner” (uno de los
“Blaxploitation” de mayor fama)- ponen un pastizal para realizar una comedia a
medida de este extranjero, una comedia de acción, con mucho mamporro y
persecuciones, al servicio de es tal Terence Hill. Si la cosa salía bien (y los de
Fox estaban convencidos de que así sería) y Terence Hill entraba en el
corazoncito del publico norteamericano como lo hizo en el Europeo (aunque a Fox
se les escapa que lo verdaderamente exitoso no era Hill, si no la dupla que
formaba con Bud Spencer) la inversión iba a ser sustancialmente beneficiosa.
¿Qué pasó? Que el puto italiano no cuajó, y la película fue un fracaso de tres
pares de cojones. Además uno muy perjudicial para Fox que ya había tenido algún
que otro fracaso más.
Este fracaso, propició que la película no se publicitara
bien en el resto del mundo. No querían venderla como “El fracaso americano de
Terence Hill”, por lo que se estrenó medio de tapadillo en el resto de mundo
pasando inadvertida, siendo conocida finalmente como “aquella película semidesconocida
que hizo Terence Hill en los USA”.
De hecho, a mediados de los setenta que en nuestro país
cualquier cosa que llevara el sello Spencer-Hill congregaba en los cines cerca
de los tres millones de espectadores, “El Heredero del Billón de Dólares” tan
solo atrajo a 730.000, una miseria para tratarse de una película de Terence
Hill. En la decadencia de estos, a mediados de los ochenta, cualquiera
de las películas de ambos actores, hacían poco menos de esa cantidad, pero aquí
estaba el rubio en pleno auge.
Y es que hay que tener también en cuenta que pintan al
personaje de Terence Hill como poco más que un retrasado mental sin opinión ni
personalidad, un “Echáo pa’lante” sin cerebro que, en su Italia natal, hace de
la cultura popular americana su modo de vida. Estos matices rozan lo ridículo,
obligando al pobre de Terence, incluso, a interpretar un teatrillo,
escenificando con un niño una escena de una película de John Wayne, dando a
entender a sus partenaires americanos que eso es lo que hace habitualmente y
que, en esta ocasión, lo escenifica para impresionarles. Verdaderamente
patético.
Pero pequeñas gilipolladas aparte (esta o la manera de morir
de su tío Millonario), no se trata en absoluto de una mala película. Es más, es
exactamente como debía ser el debut Americano de Terence Hill, una historia
como las que él solía interpretar solo que a la americana. De hecho, aquí
tenemos escenas de mamporros, solo que las coreografías nada tienen que ver con
las de sus películas Italianas, tan infantiles y blancas, que va. Aquí, los
mamporros son sustituidos por peleas de tipos duros en las que Terence reparte,
si, pero también se lleva alguno. Por otro lado, la dirección es encomiable. No
solo durante el ir y venir del personaje de Hill, que se tira toda la película
corriendo; contiene unos planos aéreos de los más bellos que he visto en una
película, con Terence peleando por la mujer a la que ama al borde de un
precipicio, en lo alto de la montaña, mientras el helicóptero que porta la
cámara se aleja, se acerca y da vueltas alrededor de la misma, en perfecta
sintonía con la coreografía de los actores… Planos absolutamente acongojantes
que evocan al mejor cine de Hollywood, que, efectivamente, es el de los setenta. De hecho, técnicamente,
es la mejor película en la que veremos a Terence Hill. Y en cuanto a niveles de
entretenimiento, le va a la zaga. Hay un par de cagadas, la xenofobia campa a
sus anchas por la producción, pero en realidad se trata de una película con un
ritmo trepidante y jodidamente entretenida, tanto que me aventuraría a decir,
incluso, que si no es la mejor película de Terence Hill, poco le falta para
serlo. Y es que los americanos son los americanos. Pero claro, ese concepto tan
mediterráneo que traía Mario Giroti (por si no lo saben todavía, que lo dudo,
el verdadero nombre de Terence Hill) ¿Qué pinta entre los americanos? Nada,
absolutamente nada. Y así le fue a la película, lógicamente.
Podía haber salido bien la cosa, como le salió a Antonio Banderas con Los Reyes del Mambo… pero no salió.
A Hill le rodearon de los mejores actores, por supuesto, así
en el reparto, junto a él, tenemos al gran Jackie Gleason (“Nada en común”, “Su
juguete preferido”), Valerie Perrine –sigo sin entender como los pajilleros ven
atractiva a este feto- vista en la saga de “Superman”, “¡Que no pare lamúsica!” o “Los locos del Cannon-ball” o Dick Miller, que comparte puñetazos
con Terence Hill, nada menos.
En cuanto al director Kaplan, luego se convertiría en uno de
los directores de estudio más eficaces, firmando películas tan famosas y
taquilleras como “Falsa Seducción”, “Proyecto X” o, sobretodo, “Acusados”. Ahí es nada. Eso si, ¿saben dónde
ha acabado?... ¡¡eso es!! ¡¡muy bien!! en la tele.
En definitiva, a mí me ha gustado la peli. Y los planos aéreos,
incluso, llegaron a emocionarme. Así pues, ¡Se la recomiendo!
jueves, 3 de abril de 2008
TAMBIÉN LOS ÁNGELES COMEN JUDÍAS
Como todo hijo de vecino, en su momento disfruté total y plenamente de todas y cada una de las películas protagonizadas por el tándem Terence Hill – Bud Spencer. Me encantaban.
En la actualidad no es que reniegue de la pareja cómica, ni mucho menos, pero sí que les he perdido un poco de estima, porque, seamos serios, en general todas esas películas eran mas malas que el Sida. Solo unas pocas realmente merecen la pena. De ambos juntos, "Dos superpolicías" y "Si no, nos enfadamos". De Terence Hill rescato "El superpoderoso", "Renegado Jim" o "Don Camilo".
De Bud Spencer en solitario, ninguna.
En la actualidad no es que reniegue de la pareja cómica, ni mucho menos, pero sí que les he perdido un poco de estima, porque, seamos serios, en general todas esas películas eran mas malas que el Sida. Solo unas pocas realmente merecen la pena. De ambos juntos, "Dos superpolicías" y "Si no, nos enfadamos". De Terence Hill rescato "El superpoderoso", "Renegado Jim" o "Don Camilo".
De Bud Spencer en solitario, ninguna.
Sin embargo, hay una que es millones de veces mejor que todas las que han hecho juntos, "También los ángeles comen judías", que aunque no entra dentro de mis favoritas, sí entra dentro de las que más veces he visto junto con "Gremlins", "Rocky", "Ed Wood" o "Regreso al futuro".
Y es que es una maravilla.
Aunque, en esta película Enzo Barboni (E.B. Clucher y E.B. Vanders para los vagos que distribuían la edición en vídeo ¿?), tira de imágenes de archivo a tutti plen para ambientar el Nueva York de los años 20. No obstante, las rodadas para la película están muy bien ambientadas y dan el pego totalmente.
Desconozco el motivo por el cual, en una película que parecía concebida para ser protagonizada por Hill-Spencer, se prescinda de Terence Hill y, en su lugar, coloquen a un Giuliano Gemma en estado de gracia, quien emula Hill tanto en las coreografías de puñetazos, como en las maneras de actuar y ¿saben una cosa? me gusta más la percha y el estilo de Gemma. Lástima que no lo sustituyeran nada más que para esa ocasión, porque es que incluso hacía mejor pareja con Spencer que el propio Terence Hill, pero, ya se sabe, Giuliano Gemma es moreno, Bud Spencer es moreno... ¿Se imaginan a Zipi y Zape, morenos los dos? Pues los productores de estas películas tampoco.
Lo que me gusta de "También los ángeles..." es su pestazo a clásico, su pestazo a "spaguetti western" (sin serlo) y su tono sepia, cerdo y sobretodo, esa trama en la que dos desgraciados de buen corazón se meten a mafiosos para salir de la miseria, a fuerza de puñetazos y metralleta metiéndose en toda clase de líos y viéndoselas con brutos de todo tipo, como el Navaja, interpretado por un habitual de las Italianadas de la época, Giovanni Cianfriglia.
Por ahí rula también haciendo de chivato el patrio Víctor Israel.
En fin, que vista recientemente esta peli no ha perdido ni un ápice de frescura. Los años, la factura de la peli y ¡¡¡lo bien rodada que está!!!, la han convertido indiscutiblemente en un clásico Italiano, una obra maestra a la altura del "Amarcord" de Fellini o el "Perfume de mujer" de Dino Risi. O mejor, que yo estas dos no las he visto (ni disfrutado) tantas veces como ela reseñada.
Por cierto NO COMPREN LA EDICIÓN EN DVD DE "IMPULSO RECORDS", que es una basura, el master una mierda y se ve tan mal que parece un "screener". Si conservan el vhs, no tiren su copia hasta que salga, por lo menos, en Blu-Ray.
Y es que es una maravilla.
Aunque, en esta película Enzo Barboni (E.B. Clucher y E.B. Vanders para los vagos que distribuían la edición en vídeo ¿?), tira de imágenes de archivo a tutti plen para ambientar el Nueva York de los años 20. No obstante, las rodadas para la película están muy bien ambientadas y dan el pego totalmente.
Desconozco el motivo por el cual, en una película que parecía concebida para ser protagonizada por Hill-Spencer, se prescinda de Terence Hill y, en su lugar, coloquen a un Giuliano Gemma en estado de gracia, quien emula Hill tanto en las coreografías de puñetazos, como en las maneras de actuar y ¿saben una cosa? me gusta más la percha y el estilo de Gemma. Lástima que no lo sustituyeran nada más que para esa ocasión, porque es que incluso hacía mejor pareja con Spencer que el propio Terence Hill, pero, ya se sabe, Giuliano Gemma es moreno, Bud Spencer es moreno... ¿Se imaginan a Zipi y Zape, morenos los dos? Pues los productores de estas películas tampoco.
Lo que me gusta de "También los ángeles..." es su pestazo a clásico, su pestazo a "spaguetti western" (sin serlo) y su tono sepia, cerdo y sobretodo, esa trama en la que dos desgraciados de buen corazón se meten a mafiosos para salir de la miseria, a fuerza de puñetazos y metralleta metiéndose en toda clase de líos y viéndoselas con brutos de todo tipo, como el Navaja, interpretado por un habitual de las Italianadas de la época, Giovanni Cianfriglia.
Por ahí rula también haciendo de chivato el patrio Víctor Israel.
En fin, que vista recientemente esta peli no ha perdido ni un ápice de frescura. Los años, la factura de la peli y ¡¡¡lo bien rodada que está!!!, la han convertido indiscutiblemente en un clásico Italiano, una obra maestra a la altura del "Amarcord" de Fellini o el "Perfume de mujer" de Dino Risi. O mejor, que yo estas dos no las he visto (ni disfrutado) tantas veces como ela reseñada.
Por cierto NO COMPREN LA EDICIÓN EN DVD DE "IMPULSO RECORDS", que es una basura, el master una mierda y se ve tan mal que parece un "screener". Si conservan el vhs, no tiren su copia hasta que salga, por lo menos, en Blu-Ray.
jueves, 10 de octubre de 2013
Y EN NOCHEBUENA SE ARMÓ EL BELÉN
1994: Nueve años después de su ultima película juntos, “Dos
Súper policías en Miami”, treinta y cinco años después de coincidir por primera
vez en “Aníbal” y
veintisiete desde que compartieran pantalla por primera vez en un “Italo-Western” y dieran vida a Cat Stevens y Hutch Bessy en “Tu perdonas… ¡yo no!”, Terence Hill decide ponerse detrás de las cámaras ( ya lo hizo antes en “Don Camilo” y “Lucky Luke”) para dirigir lo
que hasta la fecha es la última película que harían juntos él y Bud Spencer, esta “Y en nochebuena se armó el Belén”.
Se rumorea que por aquél entonces, no es que la pareja de
cómicos se llevara mal, es que directamente no se podían ni ver -aunque los
motivos nunca han salido a la luz- y
aunque no tenían pensado volver a hacer una película juntos, el público
reclamaba su vuelta (sobretodo el Alemán) y decidieron hacerlo con una formula,
que según la forma de pensar de los
productores Alemanes, sería un éxito:
Bud y Terence, en un nuevo “Euro-Western”
(esta vez si, porque la película es Alemana, país donde son más queridos que
en el suyo propio) y con temática navideña de por medio para estrenar en cines
durante las fechas correspondientes.
Yo recuerdo quedarme flipado al pasar delante de la marquesina
de un cine de Madrid, y ver que, en plenos años 90, se estrenaba una nueva
película de Bud Spencer y Terence Hill. Me pareció curioso, pero durante esos
años estaba en otra honda, con la edad del pavo, y no fui a verla. Ni yo, ni
nadie… porque fue un fracaso. Normal, ellos ya estaban bastante
viejos, la peli era muy ñoña y estaba desfasada para la época. Pero alquilarla en vídeo, si que la alquilé… Y me pareció
espantosa, carente de ritmo, mal dirigida, mal montada y aburrida a horrores.
Sin embargo, y he aquí la prueba de que me hago mayor, vista
recientemente, me ha encantado… porque es una película familiar y muy bonita,
sin más pretensión que la de entretener a los FANS de la pareja,
y que ni es tan aburrida, ni está tan mal hecha como pensaba de
jovencito, si no que está rodada decentemente, y que donde Terence Hill falla
un poco dirigiendo es en el pulso
narrativo, pero es igual, porque se trata de una fábula para Navidad, atípica,
divertida y un bonito broche final, no solo para una pareja que hizo películas
juntos durante cuatro décadas, sino,
también, para un sub- género como es la comedia del Oeste.
En esta ocasión, Terence y Bud son hermanos, uno de ellos, caza
recompensas, es interrumpido por su hermano durante la caza de un forajido que viene a llevarle a ver a su madre ya que hace
años que no se hablan. Tienen que vérselas con el forajido y llegar a tiempo a
la cena de Navidad….
Me ha encantado, fíjense. Por eso digo que hay que darles
segundas oportunidades, incluso a las películas que más odien.
De hecho, no se porque no se pasa muy a menudo esta película
en televisión por Navidad…que además es la única que retrata el tema
olvidándose por completo de lo religioso; ni se nombra a Jesús, ni, obvio,
hay un Papá Noel, ni nada de eso… solo una cena, con una familia que
se reúne y que como es de prever, acaba aquello como el rosario de la aurora,
a hostia limpia.
Entrañable.
lunes, 29 de agosto de 2016
EL SHERIFF Y EL PEQUEÑO EXTRATERRESTRE
Yo lo siento mucho, pero si hay películas con las que el
paso del tiempo se ha cebado más de la cuenta, esas son sin duda las de BudSpencer y Terence Hill. Siempre hay excepciones, porque como todo hijo de
vecino también tienen sus obras maestras (“Y si no… Nos enfadamos”, el binomio
“Trinidad” o “También los Ángeles come judías” –esta sin Terence- que son todas
ellas cojonudas), sin embargo son el estupendo ejemplo de que algo que disfruté
en mi niñez, ahora ya en la mediana edad, me cuesta verles la gracia. Incluso
las señas de identidad, que son las peleas, me molestan cuando hacen acto de
presencia. Ya está uno harto de ver a
Bud Spencer dando bofetadas a los mismos, y de las mismas maneras.
Sin embargo, “El Sheriff y el pequeño Extraterrestre”, sigue
vigente y teniendo cierta gracia, más que nada por el imposible tandem que
forman Bud Spencer y el niño Cary Guffey.
Y si bien esta película es un intento italiano por
aprovecharse del tirón de “Encuentros en la tercera fase” también es cierto que
en muchos aspectos se anticipó a “E.T. El Extraterrestre”.
Cuenta la historia de un pequeño pueblo norteamericano en el
que aterriza una nave espacial. El alienígena de su interior, resulta ser un
niño pequeño de unos ocho años, que topa con el Sheriff del pueblo, que intenta
llevarlo a su casa, incrédulo este de que a quien tiene bajo su tutela, resulta
ser un Extraterrestre en realidad. Tras muchas exhibiciones de un aparato con
poderes que lleva el niño consigo, finalmente se hace cargo de la situación y
lo entrega al gobierno. Pero como estos quieren experimentar con el niño, y el
ejército quiere quedarse con el aparatito espacial para dominar el mundo, al
Sheriff le da pena, lo rescata de las manos del gobierno, y lo preparará todo
para que los padres del chico vengan a recogerlo en su nave espacial el día
señalado. Todo ello una burda excusa para ver lo que queremos ver, que no es
otra cosa que al tío Spencer dando sopapos aquí y allá.
Pues que quieren que les diga, a mí el argumento me parece
de lo más pareado al de “E.T. El Extraterrestre”… ¿Plagiaría Spielberg? En
cualquier caso, que se jodan estos italianos, porque, quien roba a un ladrón…
Y es que, cuando los italianos idearon esta producción para
lucimiento de Bud Spencer, fijaron tanto sus ojos en “Encuentros en la tercera
fase”, que a la hora de seleccionar al niño actor que habría de protagonizar la
película junto a Spencer, se fijaron en el niño que es abducido por los
extraterrestres en dicha película, Cary
Guffey. El chaval tenía su aquel para la gente del cine, porque si
podemos verle en esta película, fue porque había sido tentado por Stanley
Kubrick para que protagonizase “El Resplandor”, sin embargo, como sus padres no
querían que su hijo participase en una película de horror tan terrorífica, la siguiente
oferta que tuvo vino por parte de Italia, que al tratarse de una película
familiar, ya les pareció mejor. Y aquí le tenemos.
En realidad, la peli, de precioso título internacional –
“The Sheriff and the Satellite Kid”- no deja de ser un producto más a la Bud
Spencer con o sin niño –como en “Zapatones” que iba con un negrillo- al que a
estas alturas le falta ritmo y situaciones divertidas por doquier, aunque si lo
miramos por el lado de la nostalgia, pues miren ustedes; me las puse ayer
noche, y me zampé la hora y media del tirón. Tampoco son estas películas tan
malas o aburridas como para tener que pasarlas rápido o directamente quitarlas.
Vamos, que ahí permanecen.
El pequeño Guffey, luego hizo un par de películas más, acabó
en la serie “Norte y Sur”, pero esta sería su película más importante. Y su
secuela… de la que el próximo día les hablo.
En cuanto a la dirección, Michelle Lupo, artesano Italiano
sin ninguna personalidad, que dirigía algunos productos Spencer con la misma
eficacia –o ineficacia- con la que dirigía Peplums o Spaghetti Westerns.
lunes, 11 de agosto de 2014
CHISPITA Y SUS GORILAS
Y mira que me gusta un subgénero tan de aquí como
es el de “películas vehículo para lucimiento de cantantes”, especialmente la rama dedicada a benjamines.
En aquellos tempranos ochenta, todo el "boom" del artisteo
infantil lo viví intensamente y siendo
fan de casi todos ellos. Consumía sus casetes, y sobre todo, cienes de veces,
sus películas.
Yo supongo que los universitarios y
veinteañeros que pululan por aquí, quizás, ni de oídas conozcan a Chispita. Era una niña monísima y encantadora (hoy una cuarentona del montón) que cantaba
de maravilla. Sevillana ella, sacó un disco de gran éxito (en el que venía el
"hit" “La vuelta al mundo en Góndola”) y otro que pasó inadvertido. Con este
segundo desapareció del mapa. Pero entre disco y
disco, junto a otros improvisados cantantes infantiles, los archi famosos -gracias a la serie “Verano Azul”- Miguel Angel Valero y Miguel Joven, “Tito y
Piraña”, que grabaron su propio vinilo bajo el nombre común de "Los Pirañas" (en el que venía la canción de “Comer, comer” y
donde mayormente cantaba Piraña, ya que Tito lo hacía como los perros, relegándole así a coros), protagonizaron
una película que de puro “exploitation” no se como no se les caía a los
productores la cara de vergüenza, porque esta, en poco más de hora y veinte le pasaba factura no solo a Chispita y a “Tito y Piraña” (con ese cartelón, como para no llevar a los críos al
cine, debieron pensar nuestros padres) , si no que, además, y vistas ambas
películas recientemente, tiene serios ramalazos de “Annie” (las dos musicales
sobre niña huérfana pobre que acaba viviendo con señor mayor rico y señorita de
mediana edad de medio buen ver, y un personaje femenino directamente
relacionado con la cría, antagonista, que rebosa maldad), ramalazos de “Las aventuras de Enrique y Ana” (en ambas hay
personajes adultos estrafalarios aparentemente salidos de un universo ficticio
ajeno al costumbrismo del que provienen los protagonistas), además de guiños a
Bud Spencer y Terence Hill. Tito y Piraña, uno gordo y uno flaco, reparten leña
como si de los actores italianos se tratase, y por si el espectador más idiota
no se diera cuenta, lo adornan todo con posters de las películas de aquellos y,
además, se añade una escena en la que ambos salen disfrazados
como ellos en “Quien tiene un amigo tiene un tesoro” soltando un
forzadísimo diálogo: -“Hola, Bud Spencer”. –“Hola Terence Hill”, se dicen en un
momento dado Miguel Ángel Valero y Miguel Joven.
Por otro lado la película es súper cutre, no solo en lo
referente a la ambientación (todo rodado en pisos reales y exteriores
cochambrosos al más puro estilo neo-realista, pero a lo chabacano), sino también en
la dirección y el montaje; Lo primero corre a cargo de Luis María Delgado (“Loca
por el circo”, “Mírame con ojos pornográficos”) y es de lo más dejada, a años luz
de lo que este hacía en los setenta con Alfredo Landa o Fernando Esteso. Lo segundo, con tantos saltos de eje y fallos de raccord, parece amateur.
Y bueno, esos defectos acaban siendo, siempre, virtudes.
Además, este tipo de productos, negocios puros y duros, deberían estar por
encima del propio cine. ¿Cómo no me va a gustar “Chispita y sus gorilas”? ¡Es
pura nostalgia!
Cuenta la historia de una niña que, al morir su madre,
descubre que esta la había adoptado. Huyendo del maltrato
al que la somete la novia de su padrastro, se hace amiga de dos muchachos muy
fuertes, que la defienden de todo
peligro, con los que monta un conjunto musical del enorme éxito, motivo por
el que el padrastro la buscará para aprovecharse.
Como dato extra , sin más, diré que Chispita se puso delante de la
cámara en las series yankis “Matt Houston” y “Vacaciones en el Mar”, y Miguel
Ángel Valero y Miguel Joven lo hicieron, juntos, en “Padre no hay más que dos”.
Valero, por su parte, apareció además en “Buenas noches Señor Monstruo” y “El Rollo de Septiembre” antes de abandonar definitivamente el mundo del
espectáculo para dedicarse a sus estudios y acabar ejerciendo de profesor universitario. Joven creo que es camarero en su Málaga natal.
Muy entrañable todo.
domingo, 7 de agosto de 2011
ALADINO
La Cannon , que con toda la fama (merecida) de cutre que tiene con sus películas baratas, con la tontería, tenia montado un emporio que no solo ocupaba la exhibición de las Américas, si no también la de Europa, con lo que el mercado mundial, quedaba copado. ¿Y que triunfaba en Europa a finales de los ochenta? Pues por lo que respecta a Italia, España y sobretodo Alemania, las películas de Bud Spencer y Terence Hill. Así, mientras que ese mismo año 1987, en USA la Cannon se lo montaba con MASTERS DEL UNIVERSO o YO SOY LA JUSTICIA 2, en Italia se hacían una de Bud Spencer, y dirigida por Bruno Corbucci, que hace poco había triunfado internacionalmente con la pareja cómica que nos atañe con DOS SUPER POLICIAS EN MIAMI. Pero los señores Menahen Golan y Yoran Globus, recogieron los restos de ese fenómeno social, y con su película “Spenceriana” pusieron fin, tras un fracaso, a una relación que, seguro, en un principio, intuían fructífera. Los Spencer/Hill, ya no pegaban tan duro.Y al fracaso de ALADINO, seguramente ayudó lo extraño de la propuesta:
Un joven de Miami llama do Al Haddin (que original, por dios!!), pobre, no obstante como cualquier niño sucio del neo-realismo, se encuentra en la tienda de antigüedades donde trabaja una costrosa lámpara de aceite. Esta resulta ser la lámpara de Aladino, así que pronto aparecerá el genio para hacer realidad, sus churretosos y pobretones deseos. La amistad surge entre amo y genio, y pronto se propondrán acabar con la red organizada de mafiosos que tiene explotada a la madre de Al Haddin. De mientras, y como no puede ser de otra manera, las situaciones cómicas se suceden.
Lo primero que me ha llamado la atención tras esta revisión, tras muchos, muchos años de haberla visto por primera vez, es que se trata de una película tremendamente pobre. Si, está rodada en Miami para que parezca americana, pero todo en ella es cutre y chabacano. El primer deseo de Al Haddin, es un Rolls Royce, y cuando el genio concede el deseo, vemos un cochecillo, que si, parece un Rolls, pero es mucho mas pequeño, y no se le ve el glamour por ninguna parte.
Siendo esta una película que requiere de efectos especiales, estos, se solucionan artesanalmente a base de infames trasparencias que hacen parecer a las de SUPERMAN IV el más competente C.G.I, sosas desapariciones e infectos chromas, como en la escena en la que el genio y Al Haddin huyen del gobierno montados en una alfombra voladora. No solo notamos el chroma, si no que la alfombra, al estar en realidad en el suelo, vuela mas tiesa que una plancha de madera, y para mas inri, vemos claramente que el genio está sentado en una banqueta sobre la alfombra, la cual intentan disimular con sus ropajes. Lejos de provocar hilaridad, el tercermundismo de los f/x, da mucha pena.
Sin embargo, la producción intentó incluir elementos vendibles para forrarse… Como la saga de KARATE KID triunfaba, buscaron a un Al Haddin lo mas parecido posible a Ralf Maccio, y efectivamente, el muchacho elegido, Luca Venantini (visto en MIEDO EN LA CIUDAD DE LOS MUERTOS VIVIENTES o EL EXTERMINADOR DE LA CARRETERA) es un clónico de Ralf Maccio muy logrado… de hecho, en la época yo me creía que era el, ayudado, por supuesto, por el doblaje español, en el que se encargaron de contratar al mismo actor que dobló a Maccio. Por otro lado la relación entre el genio y Al Haddin, es muy similar a la de Daniel San y el Señor Miyagi.
Ahora, ¿En que radica el fracaso de la película? primordialmente en la dirección de Corbucci, que tras el dinamismo y velocidad de DOS SUPER POLICIAS EN MIAMI, hizo esta como sin ganas, ventilándose los planos rápidamente, como si fuera una peliculilla de mierda que le ha tocado hacer. Y, por supuesto, en que no hay más que una pelea en toda la película, y eso, en una película de Bud Spencer, es intolerable… claro que aquí ya estaba mayor el hombre.
Por lo demás, se deja ver, aunque se ha quedado tremendamente desfasada con el paso del tiempo, no así su banda sonora, cuyo tema principal, entre el Disco y la electrónica, me parece de lo más pegadizo y bailable.
miércoles, 16 de octubre de 2013
DON CAMILO
Existe, en la literatura popular Italiana, una serie de
libros escritos por Giovaninno Guarreschi sobre un pueblo, en el cual el
alcalde rojo y el cura fascista del mismo están siempre a la que salta,
metiéndose el uno con el otro y enfrentándose a una gran rivalidad, pero todo
de boquilla, porque en el fondo son amigos desde el colegio y les une una gran
amistad, todo ambientado en la posguerra italiana. Además, el cura tiene
la peculiaridad de que charla, animosamente, con Dios.
Estas novelas son las de “Peppone y Don Camilo”, cuya fama
está fuera de todo precedente en Italia.
En los años 50, estos
libros se adaptaron al cine en una serie de películas de gran éxito
protagonizadas por los cómicos Fernandel y Gino Cervi. Tan famosos se hicieron estos personajes, que llegaron a
adaptarlos, en forma de serie televisiva en Colombia, incomprensiblemente.
Y Terence Hill, en plenos años ochenta, y en el momento de
máxima popularidad, adaptó al cine dicho material en un tocho de dos horas de
duración.
Ahora bien, “Don Camilo” sería el debut en la producción y
la dirección del amigo Terence y aunque posiblemente, posteriores – y
escasas- incursiones en ese oficio fueron un tanto más precarias, hay que
reconocer que para su desvirgue, no le ha ido mal la cosa. Es decir, que quizás no sea una obra maestra, pero es, como dicen los mayores, “una
película muy bonita”. Un film de corte familiar y populachero, cuyo querido
personaje la verdad es que no le pega nada a Terence Hill…
Cierto es que el humor de las antiguas es ligeramente
más ácido y se posiciona hábilmente en el lado del cristianismo; en la versión
de Hill, se suaviza todo el componente político, quedando siempre ambos
personajes, comunista y fascista, bien parados ingeniándoselas para que ambos
caigan bien al espectador.
La película intenta desmarcarse un poco del estilo de lo que durante años había hecho Terence Hill junto a Bud Spencer, pero de
aquella manera… es decir, que está todo rodado en otro tono y que hay momentos
que se acercan, obviamente, al neorrealismo, pero el amigo Terence, si no mete
mamporros –seña de identidad tanto suya como de Spencer- revienta, así que,
de forma mucho más comedida, hay un par de peleas. Por el contrario, si en sus
películas habituales no había ni una gota de sangre, en esta sí la hay… nada
grave, simplemente que, como los jugadores de los equipo de fútbol propiedad
del ayuntamiento por un lado, de la iglesia por otro, acaban siempre como el
rosario de la aurora peleándose en el campo, pues vemos raspones y morados en
los rostros y anatomías de estos actores de figuración… tampoco vayan ustedes a
asustárseme.
Y si, Terence Hill sale airoso en su aventura en solitario, y sale airoso como director…
lástima que después, la cosa de dirigir le costaría un poco más. La película
está francamente entretenida y resulta del todo entrañable.
A Terence le gusta tanto el personaje, que hace un par
de años acabó dirigiendo e interpretando una serie para la televisión italiana,
“Don Matteo”, que prácticamente es igual que esto… supongo que la llamará así por una cuestión de derechos.
Completa el reparto, como el alcalde Peppone, el actor Colin
Blakely, secundario de lujo en mogollón de producciones británicas.
viernes, 20 de septiembre de 2013
LA COLINA DE LAS BOTAS
A lo que voy es que viendo películas de uno u otro género, lo cierto es que ninguno de los dos acaba
de entusiasmarme en su estado más puro. Es más, diría que me aburren bastante. No así cuando estos se adscriben a otro género mayor, en concreto,
y en este caso, la comedia. Entonces la cosa me entusiasma y me vuelve
loco. Ergo, no me gustan las películas de Kung –Fu, ni me gustan los “Spaghetti
Western”; me gustan las comedias de Kung- Fu, y me gustan las comedias del Oeste. Claro, como todos ustedes saben, si hay cómicos representativos de las comedias
del Oeste, estos son Bud Spencer y Terence Hill…. Pero hay un antes y un
después en sus míticas películas del Oeste, las que rodaron antes de “Le
llamaban Trinidad” en los años 60 y las que rodaron después.
Bueno, pues yo me las estoy viendo.
No se en qué momento se descubre que hay química entre ambos
actores, que son graciosos y que su humor
“slapstick” y a base de mamporros iba a ser la marca de la casa durante el
resto de las carreras de ambos (yo creo que es a partir de la película “Los 4
Truhanes”), pero lo cierto es que (salvo el título mencionado antes) durante
los sesenta sus películas son “Spaghetti Western” al uso, tirando a malos, en
los que la comedia brilla por su ausencia. Es tras “Le llamaban Trinidad” que
ese humor se hace consciente en posteriores películas y cuando se crea la
pareja cómica tal y como la conocemos, aunque ese humor impregnara,
irremediablemente, incluso los productos que protagonizaron por separado. Antes, tan solo existían cosas como esta “La colina de
las botas”.
Dirigida por Giuseppe Colizzi, quien fue el primero que rodó
películas con ambos actores juntos y que, probablemente, los descubriera como
pareja cómica al ser, también, el primero que rodó con ellos un film ajeno al “Spaghetti Western”, “Mas fuerte, muchachos”, nos
encontramos ante un folletin de interminable metraje, dentro de una duración
estándar, para lucimiento de Terence Hill en solitario, pero con Bud Spencer en
el reparto, que de mal montada y explicada, acabamos hasta los
mismísimos cojones debido a la falta de acción y la casi ausencia de
argumento. Este más o menos vendría a contarnos la historia de un individuo que
está siendo perseguido por unos forajidos, y se esconde en las caravanas de un
circo. Los trabajadores del circo se alían con el, en su aventura.
Bueno, es lo de menos porque si hay tiros, mamporros y
demás, la diversión estará asegurada… pero es que no los hay.
Entoces, se trata de un “Spaghetti Western” muy mediocre,
aburrido y soso, que solo destaca porque es el preludio de lo que vendría
después, tanto con el binomio de “Trinidad”, como con las comedias fuera del
sub-género de Hill/Spencer que ya son míticas. Pero el gen, desde luego, y lo
que más se asemejaría a lo que ya conocemos, sería la anterior, como ya he
dicho, “Los 4 Truhánes”. Esta es muy mala.
miércoles, 5 de febrero de 2020
LOS (POCOS) FOTOCROMOS DE "... Y SI NO, NOS ENFADAMOS"
A estas
alturas ¿Qué podemos decir de “…Y si no, nos enfadamos"? Un clásico de la comedia de mamporros y uno
de los títulos más queridos de Bud Spencer y Terence Hill, en el que ambos se
disputan la paternidad de un mini bólido con capota amarilla que han ganado en
una carrera de coches. Cuando unos mafiosos se lo destrozan impunemente,
nuestros hombres harán todo lo posible para que
les compren uno nuevo… a base de hostias.
Dirigida por
Marcello Fondato, la principal característica de esta película, que recaudó
tanta pasta como cualquier peli de "Marvel" de hoy, es que está rodada en Madrid
y en ella aparecen lugares verdaderamente emblemáticos como puedan ser la casa
de campo o las inmediaciones del estadio Santiago Bernabeu. Se trata de una
pasada que a día de hoy sigue funcionando y que sirvió, a los que la vimos
siendo niños, para darnos cuenta de que, igual, Bud Spencer y Terence Hill no
eran un par de actores americanos como creíamos, juzgando otros films de
factura menos mediterránea y que puede que
fuesen más cercanos. Y tanto que lo eran…
Sin más, aquí
les dejamos los pocos fotocromos de los
que disponemos pertenecientes a esta película.
(Víctor Olid)
(Víctor Olid)
martes, 20 de agosto de 2013
NOSFERATU EN VENECIA
Cuando la industria americana cerraba las puertas a algunas
de sus estrellas, y pensando quizás
–erróneamente- en conseguir un prestigio, fueron muchos los actores que se
marcharon a Europa a trabajar.
Otros, acabaron en Europa porque, por su alcoholismo o su
drogadicción, directamente, fueron declarados “non gratos” en Hollywood. Eso
ocurría a finales de los ochenta y primeros noventa, justo cuando comenzó la
producción de esta “Nosferatu en
Venecia”, editada en vídeo en su momento en nuestro país con el título de
“Nosferatu, Príncipe de las tinieblas”. Por eso, la presencia de estrellas en
esta película.
Y es que, tras la versión de Werner Herzog, los Italianos
deciden contratar de nuevo a Klaus Kinski para que repita como Nosferatu (si,
otra peli de Drácula… va a ser verdad que es el personaje más adaptado al cine,
solo por debajo de Sherlock Holmes), pero como los italianos, italianos
son, se ahorran todo el maquillaje,
haciendo aparecer a Kinski, que ya estaba reseco, viejo y lleno de
arrugas, tan solo con los ojos pintados,
los colmillos característicos (en este caso paletos característicos) y su
plateada melena al viento.
La película es una basura de las que hacen época, un
desbarajuste de tomo y lomo, que hacen que esto no sirva ni para comida de cucarachas.
Porque, en primer lugar; desconozco los motivos, las peleas,
las desavenencias y los malos rollos en producción, pero en la dirección de
esta mierda, metieron baza , Lewis Coates, Mario Caiano (“Con la esvástica en
el vientre”), Mauricio Lucidi (la versión italiana de “El quijote de Orson
Welles” o “La venganza de Hércules”) e incluso el zumbado de Kinski, sin embargo,
el único acreditado de entre los directores es Augusto Caminito, que se
atribuye su total autoría. Así que yo creo que es una de esas películas que en
realidad se hacen solas.
Tras ver la película, de confusa (es una sucesión de escenas
sin mucho orden ni concierto) y mal montada, no alcanzo a hacer una sinopsis
precisa, así que recurro a Internet para ver
alguna, y veo que tampoco se han enterado demasiado quienes la han
hecho. Les puedo decir que el Príncipe de la tinieblas, Nosferatu, es
resucitado por parte de unos gitanos, y decide irse a Venecia a seducir a
una princesa, hasta que llega un cazador de vampiros para hacerse cargo de el.
Eso es todo.
Cuando digo que “Unos gitanos le resucitan”, es porque lo hacen unos gitanos… no Rumanos
¡Andaluces y con traje de faralaes! De hecho, aparece “La chunga” bailando el
flamenco que resucitará al vampiro.
Por otro lado, el cine de género italiano, a finales de los
ochenta y primeros noventa, sufre una total perdida de entidad; si en los
primeros ochenta los realizadores eran unos estetas consumados, en los noventa, quizás por
abaratar costes, la fotografía sufre una bajada de calidad, es como si las
imágenes de sus películas no fueran tratadas, revelando en bruto el negativo,
quedando una estética de lo más sosa y fría, como de telefilme. Eso pasaba en
“Bestia Asesina”, en “Mi novia es un zombie”, y ocurre, de manera desmesurada,
en “Nosferatu en Venecia”. Así que, para mí, una estética muy fea.
Abuso de transiciones, flash backs que nos confunden, montaje
descolocado, cero de ritmo, escenas sangrientas que no funcionan… una maraña de
cosas que hacen que debieran habernos pagado por visionarla.
Junto a Klaus Kinski, que tendría como actor todo el
prestigio del mundo, pero que aceptaba salir en cualquier película de mierda
para luego liarse a bocados con los directores, tenemos a Donald Pleasence,
habitual en el cine Italiano, ya fuera en cosas de género como la anteriormente
mentada “Bestia Asesina”, como en pelis de Bud Spencer y Terence Hill, y
Christopher Plummer como el Van Helsing de turno, quien, aunque le echa
entusiasmo al asunto, su recital de gestos acaban provocando la risa del espectador.
Mala hasta decir basta.
martes, 17 de enero de 2012
SEVILLA CONNECTION
La única película protagonizada por “Los Morancos de Triana”, es a su vez, la ultima película que dirigió José Ramón Larraz súper habitual por aquí, y sin lugar a dudas la peor de su carrera con mucho, a pesar de que en la misma predominan los ñordos. Y es que, siendo yo defensor de las comedias de Larraz ( LA MOMIA NACIONAL, POLVOS MÁGICOS, JUANA LA LOCA… DE VEZ EN CUANDO), no se si por la poca gracia de los afamados cómicos que la protagonizan (cualquier Andaluz es igual de gracioso que estos dos… o sea, nada), o bien porque verdaderamente a SEVILLA CONNECTION no hay por donde cogerla, la verdad es que anoche me costó HORRORES el completar el visionado de esta ponzoña, en el que abundaron los bostezos y la irritación de ojos, pero en ningún momento las carcajadas.
De hecho la película data de 1992, y este tipo de productos funcionaba en salas quizás más de lo que lo hiciera el sub-género en los 90, de muestra las protagonizadas por “Martes y 13”. Sin embargo, la película de “Los Morancos”, que todavía están en activo y gozan de un éxito de cojones, no funcionó exactamente bien. Y tampoco me extraña.
Benny y Johnny, son dos policías Sevillanos adiestrados en Miami, que son reclutados por la policía de Triana para investigar un caso de tráfico de drogas y armas en plena Expo 92.
Esa sería la sinopsis. Entre medias montones de gags sin gracia, idas y venidas de los actores a no se sabe donde, escenas de acción rodadas con el culo, y en general, dejando al espectador la sensación de no saber muy bien que es lo que está ocurriendo a cada momento. Ahora ¿Acaso lo sabían los artífices del film?
El caso es que los títulos de crédito comienzan con imágenes de “Los Morancos” haciendo el gamba por Miami. Es decir, que esas escenas se rodaron en genuinamente allí… ¿Por qué? ¿Qué necesidad había? El resto está desarrollado en Sevilla, y los títulos de crédito, créditos son… pero quizás, y tiene toda la pinta, José Ramón Larraz quería imitar el estilo de las películas policíaco-cómicas en la ultima época de Bud Spencer y Terence Hill, como DOS SUPER-POLICÍAS o DOS SUPER-POLICÍAS EN MIAMI, cuyos títulos de crédito se parecen bastante a los de este pedazo de mierda. Todo es posible en el mundo de las “explotation”.
Un desbarajuste supino sin ninguna gracia ni interés, en el que lo único que destaca es el poder ver, fuera de temporada, rostros conocidos de la comedia o el fantástico Español como Antonio Gamero, José Lifante, Alfonso del Real o Jack Taylor, que apenas dice dos palabras en toda la película, haciendo el rol de un norteamericano.
Por lo demás, que quieren que les diga, pero esto no sirve ni para darle de comer a las hienas. De hecho, nunca gozó de mucha popularidad, ni con la fiebre “revival” existe guapo que se atreva a reivindicarla 20 años después de su estreno. Y no seré yo el gilipollas que lo haga.
De hecho la película data de 1992, y este tipo de productos funcionaba en salas quizás más de lo que lo hiciera el sub-género en los 90, de muestra las protagonizadas por “Martes y 13”. Sin embargo, la película de “Los Morancos”, que todavía están en activo y gozan de un éxito de cojones, no funcionó exactamente bien. Y tampoco me extraña.
Benny y Johnny, son dos policías Sevillanos adiestrados en Miami, que son reclutados por la policía de Triana para investigar un caso de tráfico de drogas y armas en plena Expo 92.
Esa sería la sinopsis. Entre medias montones de gags sin gracia, idas y venidas de los actores a no se sabe donde, escenas de acción rodadas con el culo, y en general, dejando al espectador la sensación de no saber muy bien que es lo que está ocurriendo a cada momento. Ahora ¿Acaso lo sabían los artífices del film?
El caso es que los títulos de crédito comienzan con imágenes de “Los Morancos” haciendo el gamba por Miami. Es decir, que esas escenas se rodaron en genuinamente allí… ¿Por qué? ¿Qué necesidad había? El resto está desarrollado en Sevilla, y los títulos de crédito, créditos son… pero quizás, y tiene toda la pinta, José Ramón Larraz quería imitar el estilo de las películas policíaco-cómicas en la ultima época de Bud Spencer y Terence Hill, como DOS SUPER-POLICÍAS o DOS SUPER-POLICÍAS EN MIAMI, cuyos títulos de crédito se parecen bastante a los de este pedazo de mierda. Todo es posible en el mundo de las “explotation”.
Un desbarajuste supino sin ninguna gracia ni interés, en el que lo único que destaca es el poder ver, fuera de temporada, rostros conocidos de la comedia o el fantástico Español como Antonio Gamero, José Lifante, Alfonso del Real o Jack Taylor, que apenas dice dos palabras en toda la película, haciendo el rol de un norteamericano.
Por lo demás, que quieren que les diga, pero esto no sirve ni para darle de comer a las hienas. De hecho, nunca gozó de mucha popularidad, ni con la fiebre “revival” existe guapo que se atreva a reivindicarla 20 años después de su estreno. Y no seré yo el gilipollas que lo haga.
martes, 13 de mayo de 2008
EL LUCHADOR
Hacemos un paréntesis con la saga de "Death Wish" pero seguimos disfrutando del bueno de Charles Bronson. Y es que el debut de Walter Hill en la dirección no pudo ser más acertado.
Bronson interpreta aquí a un buscavidas que toma contacto con un organizador de peleas callejeras (James Corbun) y, juntos, logran ganar un poco de dinero. Pero el tipo no puede estarse quietecito, y dinero que gana, dinero que apuesta donde sea, dejando pellas por ahí y debiendo a quien no debe. Por suerte, Bronson, que es un buen hombre, está por ahí para sacarle de apuros.
Bronson interpreta aquí a un buscavidas que toma contacto con un organizador de peleas callejeras (James Corbun) y, juntos, logran ganar un poco de dinero. Pero el tipo no puede estarse quietecito, y dinero que gana, dinero que apuesta donde sea, dejando pellas por ahí y debiendo a quien no debe. Por suerte, Bronson, que es un buen hombre, está por ahí para sacarle de apuros.
El plato fuerte de esta peli, a parte de Charles Bronson (y su permanente rictus de ser incordiado por los rayos del sol), son las peleas, que están coreografiadas con maestría. Una especie de boxeo victoriano combinado con patadas, del que Bronson es aquí el más grande. Nada de mariconadas, Charlie no pierde ni un solo combate desde el principio de la película.
Muy bien ambientada en los años cuarenta, "El luchador" gasta un halo dramático que le viene muy bien y la ausencia de música incidental hace que sea más cruda y violenta, a pesar de que no haya sangre y las yoyas sean limpias, como las de Bud Spencer y Terence Hill.
Muy buena y muy de acción... pero una acción muy extraña. Es setentera, aunque parece anterior, como si, efectivamente, estuviera rodada en los años cuarenta.
Clásico.
Muy bien ambientada en los años cuarenta, "El luchador" gasta un halo dramático que le viene muy bien y la ausencia de música incidental hace que sea más cruda y violenta, a pesar de que no haya sangre y las yoyas sean limpias, como las de Bud Spencer y Terence Hill.
Muy buena y muy de acción... pero una acción muy extraña. Es setentera, aunque parece anterior, como si, efectivamente, estuviera rodada en los años cuarenta.
Clásico.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)










