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martes, 31 de marzo de 2009

LAS LOCAS AVENTURAS DE BATMAN Y ROBIN

Seguimos con el pack "batsploitation".
A mi las películas, maneras, sentido del humor y cutrerío de los Filipinos, siempre me han gustado mucho, así que, tras comprobar en el pack que había una de esa nacionalidad, anoche fue el momento perfecto para ponerla.
Un par de universitarios están flipados con los comics de Batman. Uno, guapo y deseado, se siente identificado con Robin. El otro, feo y rechazado por sus compañeros, se siente identificado con el Joker.
En una de estás, un delincuente amigo del feo le propone unirse a él en una serie de atracos a bancos que tiene planeados, y este acepta. Llegan a la conclusión de que no pueden actuar a cara descubierta, así que el feo propone adoptar las personalidades de los villanos del comic, él será el Joker y el delincuente, que se llama Chupín, será el Chupinguino. Una vez embutidos en sus respectivos disfraces, comienzan con los atracos.
Pronto en los periódicos darán la noticia de que el Joker y el Pingüino son los responsables de esta oleada de crímenes, por lo que el guapito convence a su hermano para que, al igual que esos malhechores, ellos se conviertan en Batman y Robin.
Comienza tremendamente bien esta película. Los 20 primeros minutos son geniales, llenos de diversión y apuntando muy buenas maneras. Pero justo en el momento en el que la cosa tenía que ponerse más buena todavía, que es cuando los cuatro protagonistas ya han adoptado las personalidades de sus héroes, la cosa decae entre chiste barato y escena de acción cutre salchichera, hasta el extremo de que todo lo que tenía de divertida al principio, lo tiene ahora de aburrimiento, hasta el extremo de darle al avance en varias ocasiones. Y hacía tiempo que no le daba yo a ese botón en mi mando.
Viendo la imagen grasienta y deteriorada de la película, suponía yo que era de finales de los 70, principios de los 80, también por el look que se gastan los actores, y lo pobretón del asunto. Al comprobar hoy que se trata de una pr de una producción de 1993, he quedado sorprendido por dos cosas: lo precario que es todo y que no ofrecen ni una sola referencia al "Batman" de Tim Burton, teniendo en cuenta lo reciente que está una de otra, centrándose totalmente en la serie de Adam West, por lo menos en lo que a vestuario se refiere, que si no, ni eso. Con lo que digo que el cine Filipino no ha cambiado ni un ápice en 20 años.
Por otro lado, el equipo de esta película no era nuevo para mi, y supongo para ustedes si les digo este nombre: ¿Se acuerdan de Redford White? Era el prota de aquellas joyas inencontrables de video-club como "Rocky Tan-Go!" y "Rambo Tan-Go!". Bien, Reford White, no aparece en esta película, pero sí lo hace Panchito, un cómico Filipino habitual de aquellas películas que aquí interpreta al Chupinguino. Por otro lado, el director es Tony Y. Reyes, que también dirigió algunas de aquellas parodias, no ya las mencionadas, sino otras con Reford White que no llegaron a nuestros videoclubes, títulos tan sugerentes como "Hee-Man: Master of None", "Goosebusters" o "Bobocop", respectivas parodias de… ¿hace falta que ponga los títulos?
Y también decir que "Las locas aventuras de Batman y Robin", horroroso título, es un musical, con unos numeritos de vergüenza ajena y canciones directamente denunciables, destacando el del final, con casi todos los personajes del universo D.C, y parte de los de Marvel.
La película se ha editado en versión original con subtítulos. Bien, yo no se cual es el idioma oficial o el que más se habla en Filipinas, pero aquí suena una especie de dialecto mezclando en filipino, el inglés y el castellano, que hace que soportes un poquito más la película por lo delirante del asunto. Para que se hagan una idea, la cosa suena mas menos así “ Chupey pey wan, everybody knows, que te doy chua wa pong dieciocho, retrasado”. Que maravilla de dialecto.
Lógicamente, se trata de una película muy mala, pero también muy curiosa, así que si tienen ocasión, péguenle un vistacillo.

viernes, 26 de noviembre de 2021

HEE-MAN: MASTER OF NONE

Al margen de las condiciones exóticas de estas películas, y que muchos de los masters de las mismas se perdieron siendo las copias de VHS españolas de la época, la única constancia audiovisual que justifica su existencia —amén de todos los posters, fotocromos y fotografías—, poco más se puede decir de las parodias de Redford White (de cuya historia ya dimos buena cuenta en el especial que desde "Neon Maniacs" dedicamos a su figura). Son todas malísimas, tercermundistas y con olor a orina. Sin embargo, y en justicia, lo que nos llegó a España es lo mejor de su cosecha, las de “Rambo” y “Rocky”, o la de “Los Intocables de Redford White” —la parodia al film de Brian De Palma, que solo existe en la traducción al castellano— son cojonudas si las comparamos con lo que no nos llegó. Sin ir más lejos, esta “Hee-Man: Master Of None”, el "spoof" no oficial que Redford White dedica a la línea de juguetes “Masters del Universo” de "Mattel". En búsqueda de contenidos para sus películas, White se dio cuenta de que su hijo pequeño jugaba con los dichosos muñequitos y eso fue más que suficiente para comprobar el tirón que en el país tenían los mismos. Para documentarse se vio un par de episodios de la serie de la "Filmation" de la que tomó nota cómo se transforma el príncipe "Adam" en "He-Man" y zumbando. Acto seguido, y en la ejecución de la película, la producción entera se pasa por los huevos la historia, orígenes e idiosincrasia de los juguetes o su serie televisiva.
Esto es una auténtica basura de dimensiones estratosféricas como bien sabía cuando me senté ante la televisión antes de darle al "play", con la osadía de tragármela de la única manera existente: En filipino tagalo sin subtítulos ni nada. La comprensión de los diálogos en este caso da un poco lo mismo porque toda la película técnica o artísticamente es insustancial e intrascendente, y tampoco hay mucho que rascar tras consultar las escasas sinopsis que rulan por Internet —y que ayudan a la comprensión de lo que uno está viendo—.
La cosa va de una aldea en algún lugar del tercer mundo donde tenemos, en una mano, a una serie de "Masters del Universo" comandados por un "Skeletor" al que resuelven la papeleta poniéndole una careta de lo más cutre que representa media calavera y debieron comprar en cualquier tienda de disfraces. Al resto de "Masters" se les pone una especie de armadura fabricada con plástico y papel maché que se basa en los diseños originales de las que usan los muñecos, pero en chabacano, y por eso sabemos que son ellos, porque, al no haber presupuesto para más, estos "Masters del Universo" no llevan el casco que les sirva para ser identificados. Identificamos a "Tri-Klops", pero en lugar del casco de los tres ojos que suele usar en otras adaptaciones, lleva enormes orejas de goma y una cresta (!!!). Y así con todos.
En la otra mano tenemos a Redford White dando vida a un tal príncipe "Herman" que, lejos de vestir como el "príncipe Adam" de los dibujos animados, lleva puesta una suerte de pieles marrones que lo mismo le servirían para interpretar a "Pablo Mármol". Cuando las cosas van mal, saca la espada del poder y se transforma en un "He-Man" escuálido. El resto de la película es un ir y venir de los personajes haciendo chistes de cocaína y de discapacidad, de homosexualismo —con la refrescante presencia de uno de los habituales secundarios de las películas de White, Roderick Paulate, el "Margarito Pirulí" de “Rocky Tan-Go”, que siempre hace de maricón— y el típico humor filipino propio de estas películas que deja picueto al espectador. Añadan a eso mucho, mucho combate de espada. Y aquí ya no hay más que rascar.
No obstante, lo realmente reseñable, es que este pedazo de mierda, esta bazofia sin nombre, estrenada única y exclusivamente en cines de todo Filipinas el día de Navidad de 1985, consiguió ser la película más taquillera de ese año, por encima de "blockbusters" americanos de la época tales como “Regreso al futuro”, “Rocky IV” o “Los Goonies”. Y eso tiene un mérito que te cagas, como no.
Por otro lado, y con la cantidad de elementos para la hilaridad que contiene esta película, ya soy demasiado viejo y he visto la suficiente mierda como para que cualquier cosa desmadrada o improbable me sorprenda. Pero, eso sí, la curiosidad ha quedado saciada.
Dirige Tony Y. Reyes, popular artesano del cine filipino responsable de, entre otras muchas, “Las Locas Aventuras de Batman y Robin”.

viernes, 7 de diciembre de 2018

T.T. EL EXTRATERRESTRE

Es muy curioso, que cuando una película de éxito más o menos modesto pasa por la disección del cine “exploit”, a esta le salen primos tontos más o menos dignos que con el paso del tiempo generan un culto incluso mayor que la película a la que expolia; el caso más claro lo tenemos en “Gremlins”, cuyos familiares retarder hoy en día son piezas de indiscutible culto tales como “Ghoulies”, “Critters”, “Munchies” o también cosas más de andar por casa descalzo como puedan ser “Hobgoblins”o “Esclavos del diablo”.
Sin embargo, películas de envergadura internacional, gordas como nutrias y que se ven en todo el mundo, tienen, además de esos primos tontos, otros que pasan hambre. Los casos más palpables serían los de “Star Wars” o sobre todo “E.T. El extraterrestre” que tiene la suerte de tener los “exploitations” más tercermundistas y pobres de la historia. No conformes con un “Amigo de las estrellas” o un “Mi amigo Mac”, que serían los “Exploits” más o menos dignos, tiene que soportar el mal aliento que desprendemos los españoles con “El E.T.E y el Oto”, el hambre africana de “Nukie”, o la lepra turca de “Badi”, donde solucionaron el E.T. poniéndole una almohada en la cabeza a un enano.
Pero los filipinos son palabras mayores porque tienen dosis más altas de cara dura y un sentido de lo bizarro que les viene de serie y que muchas veces no lo traen consigo otros países por exóticos que estos sean.
Por eso, de entre todas esas ponzoñas brilla con luz propia el “E.T.” filipino.
Recién editado por Trash-O-Rama distribuciones bajo el título de “T.T. El Extra Terrestre” pero conocida internacionalmente con el estupendo título de “Little Boy Blue: Tiny Terrestrial”, se esconde una película que más que ramalazos “exploit” los tiene de parodia. Digamos, que pese a su factura olorosa y tercermundista con actores desdentados que entran y salen, con exteriores que son poco más que descampados, destaca, por un lado, que el E.T de turno, además de ser azul, es una mezcla de E.T con un Mogwai del tamaño de un retrasado mental, que le fascina la imaginería católica con sus vírgenes y sus rosarios, y que emite unos sonidos y tiene un aspecto que son demasiado desagradables como para que el público empatíce con dicho extraterrestre. Casi estamos deseando que entre alguien y lo quite de en medio de un disparo. Por otro lado, el cuarteto protagonista formado por abuela extraña y tres niños, uno de los cuales agita sus brazos por encima se su cabeza cada vez que habla, en clara alusión a su discapacidad mental. También deseamos que les disparen a estos.
Lo que “T.T, El Extra Terrestre” hace, es mofarse de la de Spielberg, en tanto, los protagonistas son conscientes de la existencia de la película “E.T. El Extraterrestre” y en cuanto reciben la visita de este Little Boy Blue, le llaman T.T. en alusión al de la película. En ese sentido, los numeritos humorísticos se van sucediendo a la par que, de un modo u otro, va siguiendo la estructura narrativa de la película original.
Para acabar de hacerla un film de interés trash, “T.T. El Extra Terrestre” fusila la banda sonora original de “E.T. El Extraterrestre”, pero también la de “Regreso al futuro” y tantas otras, como es costumbre en todo este tipo de cine de derribo.
Entonces, pasa lo que pasa con la gran mayoría de films de naturaleza exótica; que habiendo visto ya tanto, esta no nos sorprende ni lo más mínimo. Con todo está simpática, y podía estarlo aún más de no ser porque la película se acerca peligrosamente a las dos horas.
Dirige Eddie Reyes, que aunque no volvería a dirigir hasta 2004 con una cosa titulada “Tukso Si Charito 2”, fue asistente del director de célebre títulos de la basura filipina tales como “Las locas aventuras de Batman y Robin”, de Tony Reyes del que puede que hasta sean hermanos.
Como curiosidad, se puede ver. Y hasta te echas unas risas.