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viernes, 7 de enero de 2011

ESCLAVOS DEL DIABLO

Se habla mucho de las exploitations de "Gremlins", ya saben, las pelis de monstruitos como "Ghoulies", "Hobgoblins", "Munchies" y "Critters", e incluso me atrevería a decir que "Leprechaun" es consecuencia también de ello, pero nunca se habla del manazas de George Pavlou y sus "Esclavos del diablo" (y no me extraña), o como su título original indica acertadamente "Little Devils: The Birth". Que cachondo, “The Birth”. Para los más despistados decir que significa “el nacimiento”. Que ingenuos al pensar que esto tendría una continuidad.
Y es que a Pavlou, tras cargarse los escritos de Clive Barker (como en "Transmutations"), aun le quedó tiempo en 1993 (que trasnochado ¿no?), de hacer su particular versión de "Gremlins".
Unos mafiosos quieren cortarle los dedos a un extraño “nerd” que les debe dinero, cuando aparece por allí un simpático individuo dispuesto a pagar la deuda. Este, que se dedica a escribir relatos pornográficos, sigue su estúpida vida, intentando esquivar a su casera, una vieja que se lo quiere follar, e ingeniándoselas para seducir a una cachonda que además es stripper. Cuando ve descender por su ventana, haciendo rafting, a un pequeño diablito, descubrimos que se trata de unos pequeños monstruos que el “nerd” crea en su casa moldeándolos con arcilla. ¿Cómo cobran vida? Quizás estaba muy despistado viendo la película, pero eso para mi es un misterio. Sobra decir que los bichejos la lían parda.
Lo crean o no, ya hay muñecos más cutres que los "Munchies". Para "Esclavos del diablo" dieron forma a unos ligeramente “animatroneados”, como cualquier figura de acción que podamos encontrar en todas las jugueterías, y los colocaron ahí de forma estratégica, para que se movieran según requería la escena. Madre del amor hermoso, ¡que cosa tan chunga!.
Podríamos salvarlos de la quema si al menos los muñecajos molaran, pero es que en mi vida he visto unos más espantosos y con menos carisma, ni en una película, ni en la vida real. Además, los ojos son dos diodos led rojos que se encienden. Si creían los productores que así iban a dar el pego (y no digamos ya miedo) iban listos. Por eso me hace mucha gracia el “The Birth” del título original… como si con esto fueran a crear franquicia… ¡me meo de risa!
Ahora bien, esta película es tan rematadamente mierdosa y tonta, que me cae bien. Aunque nunca recomendaría su visionado a los menos curiosos.
El caso es que el tema de los diablillos (que, además, tienen todo tipo de armas, usan cuerdas para el rafting y disparan con metralleta), no da mucho de sí, así que se introducen en el argumento montones de insustanciales subtramas que hacen del producto algo delirante. Por un lado tenemos a los mafiosos que prestan dinero al “nerd” para sus fines satánicos. Por otro el protagonista, escritor frustrado y extremadamente simpático, tanto… que cae antipático. La stripper a la que este se camela y la casera dominatrix que le ofrece al prota vivir gratis en su edificio a cambio de sexo. Y luego, ya en el minuto 50, comienza la historia de los diablitos, que es la menos interesante de todas.
En cuanto al tema que nos interesa de verdad, violemcia, sangre, gore, etc… esto tiene mas bien poco, por no decir nada.
En definitiva, me la he guardado en un dvd, así que eso es por algo, pero hay que tener huevos para enfrentarse a esto.
En el reparto, tenemos a todo un actor de culto, Marc Price, visto en "Muerte a 33 revoluciones por minuto", "Loca academia de combate" y en la insoportable "Los tomates asesinos se comen Francia"
. La chica es la apetecible Nancy Valen, vista en "Porky´s Contraataca", "El chico celestial" o "Loverboy" al lado de Patrick Dempsey.
George Pavlou no volvió a hacer más películas después de esta.

viernes, 7 de diciembre de 2018

T.T. EL EXTRATERRESTRE

Es muy curioso, que cuando una película de éxito más o menos modesto pasa por la disección del cine “exploit”, a esta le salen primos tontos más o menos dignos que con el paso del tiempo generan un culto incluso mayor que la película a la que expolia; el caso más claro lo tenemos en “Gremlins”, cuyos familiares retarder hoy en día son piezas de indiscutible culto tales como “Ghoulies”, “Critters”, “Munchies” o también cosas más de andar por casa descalzo como puedan ser “Hobgoblins”o “Esclavos del diablo”.
Sin embargo, películas de envergadura internacional, gordas como nutrias y que se ven en todo el mundo, tienen, además de esos primos tontos, otros que pasan hambre. Los casos más palpables serían los de “Star Wars” o sobre todo “E.T. El extraterrestre” que tiene la suerte de tener los “exploitations” más tercermundistas y pobres de la historia. No conformes con un “Amigo de las estrellas” o un “Mi amigo Mac”, que serían los “Exploits” más o menos dignos, tiene que soportar el mal aliento que desprendemos los españoles con “El E.T.E y el Oto”, el hambre africana de “Nukie”, o la lepra turca de “Badi”, donde solucionaron el E.T. poniéndole una almohada en la cabeza a un enano.
Pero los filipinos son palabras mayores porque tienen dosis más altas de cara dura y un sentido de lo bizarro que les viene de serie y que muchas veces no lo traen consigo otros países por exóticos que estos sean.
Por eso, de entre todas esas ponzoñas brilla con luz propia el “E.T.” filipino.
Recién editado por Trash-O-Rama distribuciones bajo el título de “T.T. El Extra Terrestre” pero conocida internacionalmente con el estupendo título de “Little Boy Blue: Tiny Terrestrial”, se esconde una película que más que ramalazos “exploit” los tiene de parodia. Digamos, que pese a su factura olorosa y tercermundista con actores desdentados que entran y salen, con exteriores que son poco más que descampados, destaca, por un lado, que el E.T de turno, además de ser azul, es una mezcla de E.T con un Mogwai del tamaño de un retrasado mental, que le fascina la imaginería católica con sus vírgenes y sus rosarios, y que emite unos sonidos y tiene un aspecto que son demasiado desagradables como para que el público empatíce con dicho extraterrestre. Casi estamos deseando que entre alguien y lo quite de en medio de un disparo. Por otro lado, el cuarteto protagonista formado por abuela extraña y tres niños, uno de los cuales agita sus brazos por encima se su cabeza cada vez que habla, en clara alusión a su discapacidad mental. También deseamos que les disparen a estos.
Lo que “T.T, El Extra Terrestre” hace, es mofarse de la de Spielberg, en tanto, los protagonistas son conscientes de la existencia de la película “E.T. El Extraterrestre” y en cuanto reciben la visita de este Little Boy Blue, le llaman T.T. en alusión al de la película. En ese sentido, los numeritos humorísticos se van sucediendo a la par que, de un modo u otro, va siguiendo la estructura narrativa de la película original.
Para acabar de hacerla un film de interés trash, “T.T. El Extra Terrestre” fusila la banda sonora original de “E.T. El Extraterrestre”, pero también la de “Regreso al futuro” y tantas otras, como es costumbre en todo este tipo de cine de derribo.
Entonces, pasa lo que pasa con la gran mayoría de films de naturaleza exótica; que habiendo visto ya tanto, esta no nos sorprende ni lo más mínimo. Con todo está simpática, y podía estarlo aún más de no ser porque la película se acerca peligrosamente a las dos horas.
Dirige Eddie Reyes, que aunque no volvería a dirigir hasta 2004 con una cosa titulada “Tukso Si Charito 2”, fue asistente del director de célebre títulos de la basura filipina tales como “Las locas aventuras de Batman y Robin”, de Tony Reyes del que puede que hasta sean hermanos.
Como curiosidad, se puede ver. Y hasta te echas unas risas.

jueves, 6 de enero de 2011

TRANSMUTATIONS

Absoluto pedazo de mierda inglesa, caprichito argumental de Clive Barker (de hecho, firma el guion, pero el resultado le gustó tan poco que, básicamente, le animó a tomar las riendas de la dirección en futuras auto-adaptaciones), que, dirigida por un auténtico manazas como es George Pavlou, se hace a día de hoy completamente insoportable.
Un individuo crea un medicamento que deforma a las personas y las relega a un mundo subterráneo donde campar a sus anchas. Estos, rabiosos, secuestran a una tiparraca con el fin de deformarla también, pero no le hace efecto el medicamento. El encorbatado protagonista se adentrará en ese sub-mundo, con el fin de rescatarla.
También conocida como "Underworld" y distribuida por la mítica “Empire” para los estados Unidos, "Transmutation" es una película a la que los video-clips de los “Pet Shop Boys” han influido claramente. Y si no ha sido así, yo no noto diferencia entre una cosa y otra. De hecho, la película entera es un ejercicio estilístico, entre lo hortera y post-moderno de claro tufo británico. Incluso me atrevo a decir que este estilo hortero-futurista fue una influencia total y palpable en Alex Proyas y su también mega-insoportable "Dark City".
Con serias dificultades para entender un argumento soso y mal llevado a la pantalla, tenemos que esperar más de una hora y cuarto para ver algo de chicha, y cuando llega tampoco es que compense. Olvídense del fardón póster, tan de "serie B", y tan prometedor. La película, directamente, no se puede ver, y los maquillajes de los mutantes no son tan guapos como el del individuo del póster. Una lástima.
En el reparto tenemos a una actriz que nunca jamás volvería a hacer género (no me extraña) como es Miranda Richardson. También anda por ahí como “Mad Doctor” el entrañable Denholm Elliot ("Entre pillos anda el juego").
En cuanto al director, George Pavlou, dirigió luego dos pelis más, otra adaptación / insulto a Clive Barker, "Rawhead Rex", y "Esclavos del diablo" (que muy pronto veréis por aquí reseñada). Luego se puso a currar en la tele, hizo como productor un polémico documental sobre Sid Vicious, y el tiempo le puso en su lugar: en la actualidad se dedica a vender lavadoras en un pueblecito a las afueras de Londres.

lunes, 20 de junio de 2011

ATTACK OF THE BEAST CREATURES

Producto de naturaleza amateur, tan tosco como efectivo en algunos aspectos, que gozó de cierta consideración, precisamente por tratarse de una película realizada por no profesionales.
Un barco naufraga, y su tripulación acaba dando con sus huesos en una isla de verdoso follaje, la cual exploran nada mas llegar.
Todo parece tranquilo, hasta que uno de los náufragos ve un lago, y decide lavarse allí la cara. Ese lago resulta ser de algo parecido al ácido, así que su cara y manos se acaban deshaciendo. Pero eso no es todo, según transcurren los días y las discusiones entre los protagonistas, un buen día son atacados, por unos pigmeos chiquititos, de una voracidad extrema y a los que en la noche, se les iluminan las bombillas que tienen por ojos.
Ambientada, no se sabe muy bien por qué en los años 20, THE ATTACK OF THE BEAST CREATURES, resulta ser una peliculita entrañable, dotada de unos movimientos de cámara bastante potentes y unos efectos especiales la mar de resultones en cuanto a gore, que se gana la simpatía del espectador en cuanto hacen acto de presencia los pigmeos y el ataque que da título a la película. Estos son unos monigotes rojos, muy mal hechos y totalmente inmóviles, que se tiran al cuello como perros rabiosos, mientras emiten un característico soniquete durante todas sus intervenciones.
A la película, según se mire, podíamos meterla perfectamente en el mismo saco que a pelis como GREMLINS, GHOULIES, HOBGOBLINS o ESCLAVOS DEL DIABLO y demás películas de bichejos, sin ningún tipo de problemas, pues seguramente, esta no deje de ser consecuencia de la primera, aunque con intenciones honestas, en el caso de que efectivamente, esta fuera ideada de esa manera.
Buena ambientación a base de trajes de los años 20 y mucha selva, look pobretón muy bonito, y funcional entretenimiento.
El director, Michael Stanley, un individuo alejado de los circuitos comerciales, a pesar del “éxito” de su película, se tiró la tira de años sin rodar, hasta que en 2008, se atrevió a rodar otra vez, ahora en vídeo con la película DOING AGATHA.