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viernes, 30 de abril de 2010

GHOULIES II

Aunque esta sea la favorita de los fans, yo me declaro devoto absoluto de la primera, que era sórdida, original y una genuina película de terror. "Ghoulies II" no deja de ser una vuelta de tuerca al humor de los "Gremlins" y el resto de bichillos. Se ve que es más rentable poner a una serie de seres haciendo gamberradas graciosas, que directamente devorando a los atolondrados humanos. Pero ojo, eso no quiere decir que no la tenga en alta estima, todo lo contrario, es super divertida.
Un hombre roba unos pocos "Ghoulies" a unos satanistas con intención de destruirlos, pero sus planes se truncan y los bichos acaban dentro del camión de “La guarida de Satán”, una atracción de feria donde se acoplan perfectamente y se convierten en las estrellas.
La verdad es que está muy bien y, aun siendo la comicidad de los bichejos mucho más palpable que el horror o el gore, tiene un par de escenas con más carnaza que su predecesora (¿quizás el humor es una carta blanca para mostrar atrocidades 
en ese contexto…?), como, por ejemplo, esa mítica escena en la que tiran un al payaso a un barreño de agua y, cuando sale, lo hace sin un brazo, pues había un "ghoulie" con una cuchilla de afeitar esperándole… pero sin duda, lo mejor de la peli es el "ghoulie" gigante que se come a los pequeños.
Si en el primer film los bichejos eran meros comparsas de los actores, y apenas hacían acto de presencia, en esta secuela son los absolutos protagonistas y los humanos solo víctimas para ellos. Una decisión lógica puesto que las criaturas creadas por John Carl Buechler fueron aquello que más funcionó en la entrega previa. Por eso, es un enigma (porque además tres de los "ghoulies" eran ya claramente reconocibles) que en "Ghoulies IV" desaparezcan en pro de unos enanos con careta. Pero bueno, esa ya tocará. Como "frikada", decirles que uno de los dibujos que decoran la atracción de “La guarida de Satán” es el cartel de
"El regreso de los muertos vivientes". Un guiño maravilloso.
En el reparto William Butler ("Viernes 13 - 7", "La matanza de Texas 3" o la versión Savini de "La noche de los muertos vivientes"),  el veterano Royal Dano ("House II", "Killer Clowns from outer space", "La mitad oscura" o "Locos invasores del espacio") o el enano Phil Fondacaro, habitual de la "Empire", rival de Warwick Davis y estrella en toda "serie b con enano" que se precie (hemos podido verle en "Hard Rock Zombies", "Troll" o "La tierra de los muertos vivientes"). En la dirección de "Ghoulies II" encontramos al veterano -y cabecilla del clan- Albert Band, responsable también de "El perro de Satán" y la infantilada "Prehysteria".
El tema estrella de la banda sonora, “Scream until you like it” está a cargo del grupo heavy "W.A.S.P." Aunque me horroriza su escucha, la caratula del single, "ghoulies" incluidos, me encanta, y por eso la incorporo a la reseña.

domingo, 2 de mayo de 2010

GHOULIES IV: LOS GHOULIES TRAS EL AMULETO MALDITO

Una especie de dominatrix le da una somanta de palos a unos tipos que están en un almacén. Después dibuja un pentagrama en el suelo y aparecen dos enanos con caretas. También tenemos a un poli portando en el cuello un amuleto que la dominatrix hará suyo para entregárselo a un extraño espíritu encapuchado. Mientras, los enanos corretean por ahí haciendo gracietas.
Menuda tomadura de pelo más espantosa.
Esta secuela oficial (aunque tenga pinta de todo lo contrario), perpretrada por el clásico de la "serie Z" Jim Wynorski, nada tiene que ver con las tres películas anteriores, salvo por dos cosas; la magia negra siempre presente y la recuperación en el cast de Peter Liapis, que interpreta al mismo personaje que en "Ghoulies 1", pero parece que sea otro… de hecho, en aquella aparecía como un prometedor estudiante que se dedica a organizar su recién heredada casa… desde luego la evolución natural del personaje no era que se metiera a policía. No obstante, Wynorski, muy avispado en ese aspecto e, intuyo, consciente de que el espectador podría confundirse, ya se encarga de dejarnos claro que se trata del mismo individuo insertando un par de escenas del film de origen, donde se le ve con los "Ghoulies" haciendo rituales, así justifica también que lleve el amuleto en el cuello. En fin, basura argumental.
Por otro lado, los bichejos de toda la vida son cambiados como si fueran cromos por esos dos sosos y desesperantes enanos con careta, que supongo están ahí para justificar el título.
Me cae simpático Wynorski, pero directamente, "Ghoulies IV: Los Ghoulies tras el amuleto maldito" no se puede ver.

domingo, 4 de octubre de 2015

LOS FOTOCROMOS (EL POSTER Y LA CARATULA DEL BETA) DE "GHOULIES"

Mi amigo de la adolescencia Francisco heredó la cinefagia de sus hermanos mayores. Y uno de ellos entró a trabajar en una distribuidora, “Trebol Films”, lo que permitía que tuviese a su disposición posters y fotocromos de las películas del catálogo de la casa, siendo el quinto “Viernes 13” el que trajo más cola. La imagen del falso “Jason” que anduvo colgada en la pared de mi cuarto durante años fue cortesía del muchacho.
Y, llegando a la materia que nos interesa, “Trebol Films” trajo a los cines de España “Ghoulies”, uno de los más famosos y exitosos productos surgidos a raíz del “boom” de “Gremlins” producido por “Empire”, la factoría de Charles Band. Y sí, molaba mucho eso de ver a un monstruito verde cabezón saliendo del interior del váter. Incluso traumatizó a algunos niños allí en los siempre impresionables USA. Era un concepto brillante y muy atractivo. Y ahí estaba el problema, que al ver la película con semejantes expectativas, resultaba que los mentados “Ghoulies” tenían un papel muy secundario y para nada la liaban parda ni eran tan graciosos como los bichos de Joe Dante. Y encima gastaban un aspecto bastante poco espectacular, gracias a las artes limitadas aunque entrañables de John Carl Buechler. “Ghoulies” era una peli de terror adolescente al uso, solo que cambiando al asesino enmascarado por unos satanistas. That´s all.
A mi no me gustó. Me decepcionó. Me aburrió. La idea era demasiado buena para semejante monótono resultado. Sin embargo muchos picaron, tanto como para generar una secuela directa más o menos digna y un par más tirando a chungas, como la tercera en clave de comedia estudiantil y, muy especialmente, una cuarta totalmente desvinculada de la saga, con unos enanos enmascarados haciendo de “Ghoulies” y dirigida por el temible Jim Wynorski.
En realidad el auténtico devoto de “Ghoulies” es Víctor, pero el caprichoso destino ha querido que sea yo el que recibiera los fotocromos de manos del legendario y "missing in action" Alex Gardés, y aquí se los dejo (aunque desconozco si están todos) y, de paso, les dejo también el poster de “Trebol Films”… paradójicamente este y el respectivo fotocromo con el cartel son idénticos y podría parecer absurdo que ponga ambos… pero los pongo, porque me sale de los huevos y porque el poster conserva sus fetichistas pliegues.
En cuanto a “Trebol Films” y Frank, pues me temo que la primera no duró muchos años más y el segundo, anduvo rulando por mi vida un tiempo hasta que se fue a la mili, dejó de ser “gordi”, pilló novia, se casó… y hasta aquí puedo leer.












jueves, 29 de abril de 2010

GHOULIES

Tras ver anoche por enésima vez esta película, me quedó una sensación absolutamente nostálgica de “Caray, ¡qué tiempos los de la "Empire"!” y es que, casi en exclusiva, estas producciones son las que logran sacarme sensaciones tales como sabores, olores y sobre todo terrores. Da igual si algunas son pestilentes, forman parte de mi vida, mi formación como persona y, por lo tanto, son obras maestras.
A lo que me enfrentaba era al asqueroso factor “resistencia del paso del tiempo” que tanto temo, eso que hace que cierta peli con la que lo flipabas en la infancia, vista ahora, resulte ser poco menos que una patata hervida… Bien, las de "Empire" están por encima de eso. Es tanta la nostalgia y el buen rollo que al final desprenden, que no afectan en absoluto un visionado actual. Y, ¿saben por qué? Por la fotografía. Es una apreciación. Tienen un tono, una textura que las hace atemporales. Yo al menos lo percibo así.
El hijo de un hechicero es salvado de un ritual de magia negra, hasta que años más tarde hereda la casa de su progenitor y con ella todos los libros sobre hechizos y tal. Se fascina con el contenido y da rienda suelta a toda esa magia insalubre, trayéndose del infierno a su padre, a dos enanos y, como no, a los "Ghoulies". El festín está servido.
Dejando a un lado el famoso film del que esta es consecuencia, sin duda, con "Ghoulies" estamos ante la mejor película de bichejos de cuantas se han hecho. No es que los muñecotes sean un alarde de movilidad, pero tampoco son peluches sin vida como los de "Hobgoblins". Disponen de una cualidad que los hace destacar por encima de los otros: Son criaturas del infierno que fueron concebidas con el fin de provocar el terror. Y echando una vista retrospectiva, ¡vaya si lo conseguían! Recuerdo que "Ghoulies" me aterrorizaba, quizás no tanto los bichos como ese resucitamiento del padre del prota, el ambiente espiritista y, sobre todo, la escena en que una jamona seduce a uno de los cachondos que acuden a los rituales del colgado del prota, para pronto estrangularle con una larguísima lengua. Me ponía los pelos de punta.
En el factor reproches, la recordaba más sangrienta y apenas hay gore.
Poco más que decir. Deliciosa banda sonora de Richard Band, como de costumbre. Charles Band produciendo y en su mejor momento. Actores de serie z que nunca despuntaron demasiado como Peter Liapis, al que pudimos ver también en "Wishmaster" y repitió en la extraña y salida de madre "Ghoulies IV" de Jim Wynorski, o Scott Thompson, quien venía de "Loca academia de policía". Ted ("Terrorvision") Nicolaou en el montaje y Luca Bercovici dirigiendo. Llegó a encargarse de un par de pelis más no tan destacables y escribió algún guión para, finalmente, centrar su carrera en la actuación, que es a lo que se dedicaba generalmente.
Una delicia.

sábado, 13 de abril de 2019

SESIÓN DOBLE : GHOULIES + THE TOYBOX (LA CARAVANA DEL MAL)

GHOULIES : Todo un clásico de la factoría "Empire" que arrastra la fama de ser una explotación del "Gremlins" de Joe Dante. Sin embargo, y aunque corren muchas historias e historietas al respecto, no está del todo claro si es así, simple casualidad... o una mezcla de ambas cosas. Independientemente de eso, la cruda realidad es que "Ghoulies" es, en esencia, una película bastante mala. ¿Entrañable? Puede. Nadie duda que el concepto del ghoulie surgiendo del cagadero es estupendo. Así como las colaboraciones de varios habituales del clan "Empire" como Richard Band echando un cable con la banda sonora o el fallecido John Carl Buechler ocupándose de los cutre-efectos especiales. Pero todo ello no la salva de ser un producto mediocre, con estructura de slasher, tirando a aburrido y algunas interpretaciones que dan grima.
Una pareja se instala en el antiguo caserón familiar donde años atrás él estuvo apunto de ser pasto de un sacrificio satánico. Obviamente las fuerzas del mal saldrán a reclamar lo suyo y el muchacho comenzará a comportarse raro. Tanto como para invocar a los "Ghoulies", a un par de enanos y liar a sus amigos en movidas oscuras. Para desgracia de él, el maestro original surgirá de la tumba dispuesto a recuperar el mando.
Sobrevalorada por el fandom y perfectamente prescindible, en el reparto localizamos nada menos que a Jack "Cabeza Borradora" Nance. 
Tuvo varias secuelas. La segunda es sutilmente superior, pero el resto son terribles.

THE TOYBOX (LA CARAVANA DEL MAL) : La idea de una caravana encantada es un concepto tirando a ridículo que solo el talento de un buen director -y/o un guionista- pueden salvar de la quema. "The Toybox" va exactamente de eso, de una familia que ha sufrido la pérdida de la madre y deciden pegarse un viaje en una vieja caravana comprada a precio de saldo por el padre. Obviamente esta guarda un oscuro secreto, fue la guarida de un feo y temible psycho-killer que aparecerá en formato fantasma y les hará las mil putadas.
Tom Nagel, director, se esfuerza mucho en no caer en ese ridículo del que hablaba. Y de entrada lo consigue. Pero finalmente la cruda realidad acaba imponiéndose y "The Toybox" se convierte a ratos en una comedia involuntaria por mucho semi-gore y mal rollo que haya. Incluso osan acabar con la vida de una cría, pero tampoco se dejan llevar por excesos.
Denise Richards, en un momento muy bajo de su antaño lustrosa trayectoria (y apariencia física), se deja ver como la sufrida madre.Antes que "The Toybox", Tom Nagel había firmado la también muy olvidable "ClownTown" y ha hecho sus pinitos como actor tanto en zetismos de "Asylum" como en superproducciones hollywoodienses.


jueves, 30 de septiembre de 2010

EL AMO DEL CALABOZO

Un baranda que domina mucho el tema de los ordenadores (y en 1984, lo que tiene más mérito) es elegido por un sosías de Belcebú como contrincante para combatir en otra dimensión. La idea consiste en confrontar hechicería y tecnología, a ver cual gana. El muchacho deberá pasar siete pruebas, a cada cual más bizarra, antes del enfrentamiento final. También su novia anda metida de por medio (sí amigos, en aquellos años el concepto del informático que no se come una rosca todavía no existía) y, claro, tendrá que salvarla.
Lo más chulo de "El amo del calabozo", "The Dungeonmaster" en versión original, es su significado, esencia y naturaleza como producto. Se trata de un especie de campo de pruebas para Charles Band y su legendaria "Empire Pictures", que entonces aún no existía oficialmente, pero poco le faltaba (de hecho, la peli fue distribuida en cines a través del sello). En sus muy escasos 73 minutos de duración (muy escasos pero muy agradecidos) reúne a varios de los nombres que terminarían otorgando entidad a la empresa (así como muchos de sus tics, y unos cuantos propios de la década). Es un trabajo colectivo, y cada una de las siete pruebas de las que hablaba al principio son como pequeños cortometrajes narrativamente diferenciables los unos de los otros escritos y dirigidos por distintos realizadores que se estrenaban para la ocasión (bueno, y técnicos, ya que Band dio la oportunidad de mandar a algunos de ellos, más acostumbrados a ser mandados). De esta guisa nos encontramos con un par de episodios muy acordes a la especialidad de sus responsables. Es decir, el bueno de John Carl Buechler, del que en este blog se ha hablado mucho, padre de los "Ghoulies" y director de "Troll", firma el segmento más "de terror", que incluye zombies y, ¡¡sí!!, uno de sus característicos y entrañables cutre-monstruos. Dave Allen, el ya fallecido mago del stop-motion (tan imprescindible para Charles Band como lo era Buechler), es el responsable de un sketch que incorpora, ¡¡sí!!, una estatua gigante moviéndose fotograma a fotograma (por lo visto el tipo aún no dominaba mucho el tema pues resulta un pelín torpe). De las demás mini-historias se encargan Ted Nicolaou (habitual montador de la casa y director de la mítica "Terrorvision") que aquí se curra un cacho muy deudor de "Mad Max 2" o Peter Manoogian ("Eliminators", "Arena" o "Demonic Toys"). Al resto, no los conozco... bueno, salvo al mismo Charles Band, que en funciones de director desarrolla el sketch más ridículo de todos, en el cual el prota se enfrenta, nada más y nada menos, que ¡¡¡a la banda jevillarra "Wasp"!!!! (y no olvidemos que "Wasp" se encargarían de aportar un carismático tema al soundtrack de "Ghoulies 2").
En el reparto destaca el gigantón Richard Moll (el de la serie "Juzgado de guardia" -gracias don Olid por el dato correcto-, el cadáver viviente de "House, una casa alucinante" y habitual en muchas producciones fantásticas de segunda o tercera división) y, en el lado opuesto -por tamaño-, el enano Phil Fondacaro, otro nombre ineludible en toda producción "Empire" que se jacte de serlo (allá donde sea necesario un tío de su talla, está él... eso incluye no solo films como "Troll" o "Ghoulies 2", también cosas como "El retorno del Jedi" -por los "Ewoks"- y, cómo no, "Willow"). Gracias a una pequeña ayuda de "Imdb", descubrimos a Kennet J. Hall interpretando a un hombre lobo. Este caballero, además de múltiples curreles junto a David De Coteau y Fred Olen Ray, tiene en su haber la realización de "Evil Spawn"/"Engendro Satánico", ¡ahí es nada!. Como no podía ser de otro modo, de la mitad de la banda sonora se encarga Richard Band, por supuesto.
Y sí, mucho me temo que este film es más interesante por todo lo expuesto hasta ahora que por si mismo. "El amo del calabozo" es, en fin, una chorradita entretenida por los pelos, que hace gala de una lógica escasez de medios y con la que puedes echarte algunas risas afectivas. Como decía, los tics ochenteros son muchos, tales como sus efectos de ridículos rayos de colores (que son mogollón), las vestimentas, el rollo futurista de los ordenadores (tan desfasados ya), etc, etc... pero se ve con cierto agrado por su condición de pieza de arqueología y delirio general (acrecentado por esos constantes sketches tan distintos los uno de los otros... y tan anodinos).
En 1988 "Empire" da un redoble salto mortal con "Pulse Pounders", un producto de lo más exótico compuesto de tres segmentos. Uno de ellos es otra adaptación de H.P.Lovecraft con parte del reparto de "Re-Animator" (Jeffrey Combs, Barbara Crampton y David Gale, nada menos). Y los otros dos son... ¡secuelas!... o mejor, mini-secuelas de "Empire movies" previas. Por un lado "Trancers 2" y por otro, lo adivinaste, "The Dungeonmaster 2", con los mismos actores protagonistas (incluido Richard Moll). Sin embargo, los por entonces muy agravados problemas financieros de la empresa hicieron que el film terminara cayendo en un limbo del que no ha salido nunca. ¿Nos lamentamos o no?.

sábado, 28 de marzo de 2026

EL ACTOR DEL TERROR

El actor especializado en cine de terror "Conrad Radzoff" no se lleva demasiado bien con sus directores. En apenas quince minutos de película, se carga a dos de ellos. Así pues, ya vemos cómo las gasta. Por ese motivo, cuando tras palmar por causas naturales y terminar como cadáver / entretenimiento en manos de un grupo de fans para dar color -paliducho- a una reunión social, revive gracias a la ayuda de una médium (en una escena de sobreactuación desaforada) y comienza a cepillárselos mediante crímenes que van de lo majo o truculento, a lo completamente tonto. Y eso es "El actor del terror" ("Frightmare" como título original, "Horror Star" como más popular segunda opción), película de inicios de los ochenta algo oscurilla, de buen arranque aunque plomizo desarrollo y no especialmente bendecida por los favores del fandom moderno, uno que queda en las antípodas de aquel que la protagoniza. Eran otros tiempos, y por ello aquí los devotos del terror son una panda de fiesteros, con cierta predilección por estéticas "new wave", que pasan mucho tiempo de charla y chirigota, pero poco viendo cine. Habitan un enorme edificio victoriano en cuya entrada destaca una hilarante placa donde reza "Horror Film Society" (también presente en su coche oficial, funerario por supuesto) y con variados posters en las paredes ("Las colinas tienen ojos", "Nueva York bajo el terror de los zombi", "Ssssilbido de muerte") o memorabilia en los estantes (parte cedida por Forrest J. Ackerman y David Del Valle, dos reputados expertos y/o coleccionistas). En lo que sí superan a los fans de hoy día es en devoción, tanta como para mangar el fiambre del Vincent Price, Peter Cushing o Christopher Lee de la ficción... y, justo, recurren a una añeja película de este último cuando se supone que estamos viendo al "Conrad Radzoff" más joven en el apogeo de su carrera, impogtando un cagajo que el parecido físico entre el famoso "Drácula" y el del "actor del terror", Ferdy Mayne, sea escaso. De inmenso currículum iniciado nada menos que en los años cuarenta, Mayne reserva una llamativa sorpresita, fue "dios" en "Noche en el tren del terror", película con la que, para bien o para mal, mantenemos una relación bastante estrecha (busquen la respectiva edición patria en dvd). Aunque decir que ese es su rol más icónico sería injusto considerando que dio vida al "Conde Von Krolock" de "El baile de los vampiros" (cuyo poster igualmente luce en los muros de la "Horror Film Society", toma guiño legañoso). También lo has visto en "Los desmadrados piratas de Barba Amarilla", "Conan, el destructor", "Aullidos 2" y un montón de productos añejos mejor considerados pero que, en fin, quedan fuera de nuestros intereses.
Le acompañan Luca Bercovici, que cuando no dirigía (como con "Ghoulies" y "Rockula"), gustaba también de actuar (en el "Parásito" de Charles Band, por ejemplo), Scott Thompson, el "Copeland" de la franquicia -iniciada con- "Loca academia de policía" y que, básicamente, encarna al mismo personaje que interpretara en, justo, "Ghoulies", el del colgado incapaz de quitarse las gafas de sol (pero, eso sí, que dedica un ratico a leer una novela de Stephen King), Jennifer Starrett como la chica buena del clan, un jovenzuelo Jeffrey Combs y, en el grupo de los veteranos, Chuck Mitchell (el mismísimo "Porky" de ya saben qué franquicia -es decir, la uno y la tres-), Nita Talbot, Leon Askin y Barbara Pilavin. Escribe y dirige Norman Thaddeus Vane, de poco lustrosa trayectoria. Otra suya que me sonaba haber visto chorromil veces en los vídeo-clubs es "Midnight" de 1988. Palmó en 2015.
Jeffrey Combs no es la única conexión indirecta de "El actor del terror" con la posterior "Re-Animator". Su personaje fallece decapitado, cosa especialmente graciosa dadas las circunstancias. Y su compañera de reparto, doña Starrett, gasta un aire a lo Barbara Crampton. Encima, ambas actrices responden al mismo nombre en sus respectivas ficciones, "Meg". ¡Asstupendo todo!.
Chapo el chiringo con una llamativa estampa (ausente en el film) escaneada de las páginas de un "Fangoria" de la buena época, de esas que le ponían los dientes largos a un jovenzuelo impresionable de mi porte.


lunes, 13 de junio de 2022

ROCKULA

Una de las últimas películas producidas por Cannon y posiblemente la peor tratada de aquellos postremos años de producción, entre 1987 y 1988.
“Rockula”, que no pertenecía a los productos gordos que Cannon facturaba aquellos años (“ Masters del Universo”, “Superman IV”…) —se trata de una producción de millón y medio de dólares—, se rodó en 1988, justo antes de que la compañía de Menahen Golan y Yoran Globus se declarase en bancarrota, y sí ya de por sí los productos a los que habían metido pasta sufrieron los daños colaterales del estipendio Cannon, imagínense ustedes los productos pequeñitos que se salían del punto de mira comercial de los israelíes. Por este motivo, “Rockula” se estrenaría en pocos cines, de tapadillo y sin importarle a nadie en absoluto. Su vida posterior en vídeo-clubs sería ínfima y su distribución internacional mínima, por eso nunca llegaría a nuestro país en modo alguno.
En cualquier caso, esta comedia de terror musical es, igualmente, una de las películas más flojas de aquella época, motivo también por el que no se ha convertido en un producto de culto; no se la reivindica ni a hostias, porque aunque tiene todas las papeletas para un redescubrimiento por parte de los fans de la nostalgia (estética new wave, neones y luces rojas y azules a cascoporro, un protagonista con su propio fandom como es Dean Cameron — uno de los bromistas de “Juerga Tropical”, esta sí, una película de verdadero culto—, y sobre todo, la dirección de Luca Bercovici, el director de “ Ghoulies” que ejecutaba, con esta, su segunda película), no es ni la mitad de divertida de lo que se nos propone y los numeritos musicales aburren a las bestias hediondas; es mala de cojones. 
Aunque por otro lado, cuenta con una página de fans en Facebook que podríamos considerar una irreductible aldea gala (al final todo tiene su fandom). 
Un vampiro joven, de 400 años de edad, se lamenta porque todavía no ha podido perder la virginidad. Resulta que en su momento se le lanzó una maldición bajo la cual, su amada, morirá a manos de un pirata que le quita la vida a esta con una pata de jamón, justo antes de que el vampiro pueda hacer el amor con ella. Cada 20 años esta amada se reencarna y vivirá de nuevo el romance con este vampiro, pero cada 20 años vuelve a ser asesinada por un pirata en circunstancias parecidas. En esta última reencarnación, nuestro vampiro intentará por todos los medios que su amada no muera y, así, perderá de una vez por todas su maldita virginidad.
Por otro lado, este vampiro es de lo más atípico, puesto que no es partidario de morder en el cuello a humanos y se alimenta de la sangre que le donan en el hospital, además de gustarle el ajo, mantener discusiones acaloradas con su reflejo en el espejo y forma parte de un grupo musical llamado Rockula, con el que queda patente la modernidad del personaje.
El caso es que la trama se va desarrollando torpe y lentamente y, para más inri, de vez en cuando interrumpida por el numerito musical de rigor que se suele desarrollar sobre un escenario y que, más que animar la papeleta, nos sume en la más profunda de las depresiones. Además que nada de lo que cuenta es divertido o novedoso y todo el tiempo tengo la sensación de haber visto esto antes. ¡Ah! Sí, lo he visto… en “Besos de vampiro”, “El Vampiro Adolescente” y “El aprendiz de Vampiro ”. Mira que son todas malas… pues esta es la peor.
Luca Bercovici, posteriormente, no volvería a alcanzar la notoriedad que como director obtuvo con “Ghoulies” rodando un buen puñado de películas mediocres. Sin embargo, se montó su empresa de producción en Bulgaria y ahí anda, produciendo películas y series en ese extraño país…

lunes, 22 de noviembre de 2021

LA LUNA DEL LOBO

Daniel Petrie Sr. fue uno de esos artesanos canadienses que hicieron las americas y se buscaron un lugar en Hollywood. De hecho Petrie es el patriarca de un clan de cineastas y ejecutivos de estudio que se han dedicado en cuerpo y alma al cine.
No obstante Daniel Petrie, lejos de tener atisbos autorales, se toma la dirección como un trabajo, se trata de hacer películas al peso y por eso el director desde que emigrara a los estados unidos en los años 50 se siente cómodo en el ámbito televisivo. Así que factura a lo largo de su dilatada carrera tropecientos telefilmes y tropecientos episodios de las más variopintas series. Eso no es óbice para que eventualmente se ponga tras las cámaras en proyectos de mayor enjundia y envergadura, y que incluso se saque de la manga algún que otro clásico ochentero; suyas son películas como “Un paquete con seis”, “Distrito Apache” o “Cocoon: el retorno”, pero su hábitat natural es la televisión.  Dentro de este campo ha ganado infinidad de premios aunque no tiene ninguno que sea especialmente relevante como sí lo fueran sus películas para cine, pero, eso sí, Petrie es el inventor de la estructura del telefilme clásico tal y como lo conocemos. Lo suyo es hacer dramas para proyectar después de las noticias como el que fabrica relojes: Automáticamente y dando el resultado esperado.
En ese sentido “La luna del lobo” es el paradigma del telefilm y, por ende, del aburrimiento. Y mi acercamiento al mismo se debe, más que por la carrera de Petrie, por la temática; no deja de ser una película de hombres lobo.
Basada en una novela de Leslie H. Whitten “Moon Of The Wolf”, la cosa va sobre el caso de una mujer degollada que aparece en un condado de Louisiana. Aunque el cuerpo está hecho un estropicio, las autoridades sospechan que el autor de este asesinato haya podido ser uno de los amantes de la interfecta, por lo que se iniciará una investigación que lleva a pensar al Sheriff (y al espectador) que cualquiera puede ser sospechoso. Se barajan hipótesis como que la mujer puede haber sido devorada por perros salvajes, hasta que finalmente descubrimos que el asesino es uno de los implicados en todo este fregado, que se transforma en hombre lobo las noches de luna llena.
Imagínense un telefilme al uso de los años setenta. Un planteamiento inicial y luego todo el rato planos medios de gente haciendo preguntas  a otra gente que les responde. Se van dejando pistas justo en el momento en el que la imagen funde a negro para dar paso a la publicidad, y se vuelve al punto donde lo habíamos dejado tras los anuncios. Y así hasta el final. Pues eso es “La luna del lobo”, puro tedio, casi una tortura que es imposible ver entera sin que hagamos escapaditas al smartphone ahora que existe.
Claro que la cosa se anima cuando hace acto de presencia el hombre lobo, de maquillaje somero y que pretende imitar el look clásico del personaje, el de la Universal de los años 40, mientras que viste impecablemente con camisa diplomática y pantalones de pinzas.
La película carece de sangre o elementos escabrosos, pero al menos vemos al lobo traspasando vidrieras, saltando y dando zarpazos como dios manda. Solo que esto ocurre al escaso cuarto de hora de terminar la película. Hasta entonces, un eterno bla, bla, bla de señores y señoras con los 50 ya cumplidos. Únicamente para completitas.
El reparto está lleno de secundarios ya talluditos del cine clásico como puedan ser Royal Dano (“Ghoulies 2”), David Jansen (“Terror Nuclear”), Geoffrey Lewis (“Doble Impacto”), John Davis Chandler (“El fuera de la ley”) o  Barbara Rush (“Cuando los mundos chocan”).
“La luna del lobo”, al ser un título televisivo con unos cuantos años de antigüedad, pasó recientemente a engrosar las listas de películas americanas en dominio público, por lo que me extraña bastante que no exista ni una sola edición en DVD de la película en España. Claro que ¿Quién quiere conservar una copia de esto?

viernes, 26 de noviembre de 2010

PÁNICO ANTES DEL AMANECER

Jeff Lieberman era, justo durante el tránsito de los 70 a los 80, un realizador especializado en "fantastique" que prometía mucho. Confeso adorador de Brain De Palma y capaz de, ocasionalmente, sacarle mucho brillo a sus películas, el legado de Lieberman lo completan cosas tan dignas y entrañables (la mítica "Gusanos" -su mejor obra- o esta que ahora comento) como decepcionantes y aburridas ("Blue Sunshine" o "Remote Control", que debería revisar, pero retengo como muy mala). Esa inconsistencia acabó relegando al realizador al grupo de los olvidados, hasta que en el 2004 parió un film de horror reclamando su justo lugar ("Satan Little Helper").
A inicios del 2000 había leído yo muy buenas críticas (en la prensa extranjera, se entiende) de este slasher de culto, y me moría por verlo. Un ex-amigo lo consiguió en vhs, lo consumí y me llevé una tremenda decepción. Ahora puede localizarse a 1 euro en dvd como "Pánico, la pesadilla acaba de comenzar" y con ese precio, no podía negarle una segunda oportunidad (cosa de la que me alegro).
La trama es la de siempre, es en detalles concretos donde se vuelve diferente (y mejor). Un grupo de jovenzuelos van de acampada a lo más profundo del monte. Allí habita una familia compuesta por, entre otros, dos orondos psicópatas gemelos que se disponen a hacerles la vida imposible.
Dice Alexandre Aja que "Pánico antes del amanecer" fue plagiada sin compasión por "Km 666 / Wrong Turn" (curiosas acusaciones estas si tenemos en cuenta que el mismo Aja plagió material ajeno para su "Alta Tensión"). A ver, a mi me parece una apreciación un tanto exagerada. En 1981, año de producción del film comentado, ya se habían parido cosas como "La matanza de Texas", "Deliverance", "Viernes 13" o "Las colinas tienen ojos" (original, of course), con las que "Pánico..." (conocida como "Just Before Dawn" en los países de habla inglesa) tiene muuuucho en común. En lo que tal vez sí se adelantó moderadamente (y ahí vendría el sentido de la acusación de Aja) es que fue la primera en combinar elementos del slasher con elementos del survival, práctica esta hoy día muy generalizada. Pero por lo demás, que "Km 666" plagiara esta peli es tan probable como que plagia los mismos referentes que Jeff Lieberman tenía en 1981 (aunque él insista en que por entonces no había visto "La matanza de Texas" ni "Las colinas tienen ojos", pero sí confiesa la influencia de "Deliverance").
"Pánico antes del amanecer" hace gala de los defectos propios del género (o subgénero) en aquellos tiempos, su ritmo a veces exageradamente pausado o las absurdas secuencias dedicadas a mostrarnos cómo los jovenes protas se divierten. Pero también es verdad que posee aciertos no tan habituales en los slashers de entonces, como algunos encuadres o resoluciones visuales (jugando con luces o desenfoques) muy potables y que ayudan a crear cierta atmósfera incómoda. En este sentido, la minimalista pero efectiva banda sonora de Brad Fiedel hace mucho (y además, solo asoma en los momentos más adecuados, los justos, dejando fragmentos huérfanos de música incidental buscando así un mayor suspense). A Fiedel, actualmente muy reputado, podemos oírlo en algunas de las mejores partituras del cine de James Cameron, destacando los dos primeros "Terminators". El nivel de truculencia es tirando a bajo para los tiempos que corrían, pero por otro lado la peli incluye una muerte hacia el final que, por retorcida e inverosímil, pero efectiva, ha pasado ya a los anales de la historia del cine de acuchillamientos.
En el reparto destacan el veterano y entrañable George Kennedy, Gregg Henry (segundón de rostro muy reconocible. Lo has visto en "Payback" junto a Mel Gibson, "Star Trek: Insurrección", un montón de productos televisivos y, curiosamente, varios films de Brian De Palma posteriores a "Pánico antes del amanecer", ¿favor personal del director de "Carrie" a su fan, Jeff Lieberman?), Chris Lemmon (hijo de Jack, al que yo recordaba por su intervención en "Wishmaster") o Ralph Seymour (estaba en "Ghoulies", pero también "Los albóndigas atacan de nuevo", "Killer Party", "Fletch, el camaleón" y ¡"El imperio del sol"!).
Resumiendo, sin ser la polla (hay quien la tiene por un absoluto clásico ochentero) sí se trata de una peli repleta de aciertos y que se deja ver con agrado. Encima, en el soundtrack tenemos el "Heart of Glass" de "Blondie".... ¡¿se puede pedir más?!.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

EL MORADOR DE LAS TINIEBLAS

Prototípica producción "Empire" (es decir, Charles Band) de finales de los 80, justo cuando la mítica compañía comenzaba a derrumbarse (bueno, según he leído fue justo al año siguiente). ¿Tuvo algo que ver eso con el hecho de que "El morador de las tinieblas" (el título original es igual de guapo, "Cellar Dweller") sea... lo que es?... ¡no!, se trata de una característica común a la mayoría de productos de la casa.

Y cuando dices "lo que es", ¿a que te refieres?. Bien, "El morador..." no es una basura total y completa, tiene su gracia, aunque limitada y, probablemente, solo detectable por fans del cine de horror dispuestos a todo con tal de ver monstruos, hachas y sangre, aunque tampoco sea mucha (como yo, mismamente). De hecho, la recordaba peor y estaba tan dispuesto a sufrirla que, tras los agradecidos 70 escasos minutos que dura, pensé: "Coño (ya saben que yo pienso mucho en eso), pues no es tan horrible"... aunque nunca se la recomendaría a mi abuelo (si lo tuviera).

Un dibujante de comics muy E.C. (interpretado fugazmente por Jeffrey Combs) utiliza un libro de magia negra para los guiones de sus tebeos protagonizados por el monstruo de turno. Naturalmente ello hace que este se materialice en carne, hueso y pelo y arrase con todo. Unos años después, una chica muy mona, pero muy sosa, se emperra en retomar la obra del dibujero y, claro, revive a la criatura, que hará estragos en una comunidad de artistas.

Como suele pasar en este tipo de films, el modo en que el proceso creativo de un comic es trasladado a la pantalla resulta del todo absurdo. La chica (ya cuesta creerse que una tipa así, tan "chic" ella, aspire a hacer tebeos) tiene un estilo muy curioso, a ratos parecen los monigotes de un niño de 12 años, y a ratos Wally Wood estaría orgulloso. Además, la muy zángana es capaz de currarse una página entera, con sus viñetas rectas y sus distintas tonalidades de gris, usando un único rotulador, sin lápiz previo. ¡Menudo genio!.
En el lado netamente positivo, tenemos el modo en el que se ríen de los típicos artistas pretenciosos y pedantes. Todo ello se lo debemos al guionista, que no es otro que Don Mancini, el padre de "Chucky" oculto tras un oportuno alias (Kit Du Bois) y que califica a "Cellar Dweller" en entrevistas recientes de "pedazo de mierda". Perdona chato, pero si lo es, en parte es culpa tuya.
El director no es otro que el legendario John Carl Buechler, creador de bichos de látex tan cutres como encantadores (y característicos, ahí están los "Ghoulies" de ejemplo) y eventual director de películas con mala fama, tipo "Troll" o la séptima entrega de "Viernes 13". El reparto también resulta curioso, Jeffrey Combs a un lado, destacan Yvonne de Carlo (la mamá de la familia "Munster") y Brian Robbins (quien tendría más suerte como productor ejecutivo de "Smallville").

Resumiendo, que "El morador de las tinieblas" resulta torpe, tonta y tosca, pero con la actitud correcta, puede ser hasta entretenida.

viernes, 7 de enero de 2011

ESCLAVOS DEL DIABLO

Se habla mucho de las exploitations de "Gremlins", ya saben, las pelis de monstruitos como "Ghoulies", "Hobgoblins", "Munchies" y "Critters", e incluso me atrevería a decir que "Leprechaun" es consecuencia también de ello, pero nunca se habla del manazas de George Pavlou y sus "Esclavos del diablo" (y no me extraña), o como su título original indica acertadamente "Little Devils: The Birth". Que cachondo, “The Birth”. Para los más despistados decir que significa “el nacimiento”. Que ingenuos al pensar que esto tendría una continuidad.
Y es que a Pavlou, tras cargarse los escritos de Clive Barker (como en "Transmutations"), aun le quedó tiempo en 1993 (que trasnochado ¿no?), de hacer su particular versión de "Gremlins".
Unos mafiosos quieren cortarle los dedos a un extraño “nerd” que les debe dinero, cuando aparece por allí un simpático individuo dispuesto a pagar la deuda. Este, que se dedica a escribir relatos pornográficos, sigue su estúpida vida, intentando esquivar a su casera, una vieja que se lo quiere follar, e ingeniándoselas para seducir a una cachonda que además es stripper. Cuando ve descender por su ventana, haciendo rafting, a un pequeño diablito, descubrimos que se trata de unos pequeños monstruos que el “nerd” crea en su casa moldeándolos con arcilla. ¿Cómo cobran vida? Quizás estaba muy despistado viendo la película, pero eso para mi es un misterio. Sobra decir que los bichejos la lían parda.
Lo crean o no, ya hay muñecos más cutres que los "Munchies". Para "Esclavos del diablo" dieron forma a unos ligeramente “animatroneados”, como cualquier figura de acción que podamos encontrar en todas las jugueterías, y los colocaron ahí de forma estratégica, para que se movieran según requería la escena. Madre del amor hermoso, ¡que cosa tan chunga!.
Podríamos salvarlos de la quema si al menos los muñecajos molaran, pero es que en mi vida he visto unos más espantosos y con menos carisma, ni en una película, ni en la vida real. Además, los ojos son dos diodos led rojos que se encienden. Si creían los productores que así iban a dar el pego (y no digamos ya miedo) iban listos. Por eso me hace mucha gracia el “The Birth” del título original… como si con esto fueran a crear franquicia… ¡me meo de risa!
Ahora bien, esta película es tan rematadamente mierdosa y tonta, que me cae bien. Aunque nunca recomendaría su visionado a los menos curiosos.
El caso es que el tema de los diablillos (que, además, tienen todo tipo de armas, usan cuerdas para el rafting y disparan con metralleta), no da mucho de sí, así que se introducen en el argumento montones de insustanciales subtramas que hacen del producto algo delirante. Por un lado tenemos a los mafiosos que prestan dinero al “nerd” para sus fines satánicos. Por otro el protagonista, escritor frustrado y extremadamente simpático, tanto… que cae antipático. La stripper a la que este se camela y la casera dominatrix que le ofrece al prota vivir gratis en su edificio a cambio de sexo. Y luego, ya en el minuto 50, comienza la historia de los diablitos, que es la menos interesante de todas.
En cuanto al tema que nos interesa de verdad, violemcia, sangre, gore, etc… esto tiene mas bien poco, por no decir nada.
En definitiva, me la he guardado en un dvd, así que eso es por algo, pero hay que tener huevos para enfrentarse a esto.
En el reparto, tenemos a todo un actor de culto, Marc Price, visto en "Muerte a 33 revoluciones por minuto", "Loca academia de combate" y en la insoportable "Los tomates asesinos se comen Francia"
. La chica es la apetecible Nancy Valen, vista en "Porky´s Contraataca", "El chico celestial" o "Loverboy" al lado de Patrick Dempsey.
George Pavlou no volvió a hacer más películas después de esta.

viernes, 7 de diciembre de 2018

T.T. EL EXTRATERRESTRE

Es muy curioso, que cuando una película de éxito más o menos modesto pasa por la disección del cine “exploit”, a esta le salen primos tontos más o menos dignos que con el paso del tiempo generan un culto incluso mayor que la película a la que expolia; el caso más claro lo tenemos en “Gremlins”, cuyos familiares retarder hoy en día son piezas de indiscutible culto tales como “Ghoulies”, “Critters”, “Munchies” o también cosas más de andar por casa descalzo como puedan ser “Hobgoblins”o “Esclavos del diablo”.
Sin embargo, películas de envergadura internacional, gordas como nutrias y que se ven en todo el mundo, tienen, además de esos primos tontos, otros que pasan hambre. Los casos más palpables serían los de “Star Wars” o sobre todo “E.T. El extraterrestre” que tiene la suerte de tener los “exploitations” más tercermundistas y pobres de la historia. No conformes con un “Amigo de las estrellas” o un “Mi amigo Mac”, que serían los “Exploits” más o menos dignos, tiene que soportar el mal aliento que desprendemos los españoles con “El E.T.E y el Oto”, el hambre africana de “Nukie”, o la lepra turca de “Badi”, donde solucionaron el E.T. poniéndole una almohada en la cabeza a un enano.
Pero los filipinos son palabras mayores porque tienen dosis más altas de cara dura y un sentido de lo bizarro que les viene de serie y que muchas veces no lo traen consigo otros países por exóticos que estos sean.
Por eso, de entre todas esas ponzoñas brilla con luz propia el “E.T.” filipino.
Recién editado por Trash-O-Rama distribuciones bajo el título de “T.T. El Extra Terrestre” pero conocida internacionalmente con el estupendo título de “Little Boy Blue: Tiny Terrestrial”, se esconde una película que más que ramalazos “exploit” los tiene de parodia. Digamos, que pese a su factura olorosa y tercermundista con actores desdentados que entran y salen, con exteriores que son poco más que descampados, destaca, por un lado, que el E.T de turno, además de ser azul, es una mezcla de E.T con un Mogwai del tamaño de un retrasado mental, que le fascina la imaginería católica con sus vírgenes y sus rosarios, y que emite unos sonidos y tiene un aspecto que son demasiado desagradables como para que el público empatíce con dicho extraterrestre. Casi estamos deseando que entre alguien y lo quite de en medio de un disparo. Por otro lado, el cuarteto protagonista formado por abuela extraña y tres niños, uno de los cuales agita sus brazos por encima se su cabeza cada vez que habla, en clara alusión a su discapacidad mental. También deseamos que les disparen a estos.
Lo que “T.T, El Extra Terrestre” hace, es mofarse de la de Spielberg, en tanto, los protagonistas son conscientes de la existencia de la película “E.T. El Extraterrestre” y en cuanto reciben la visita de este Little Boy Blue, le llaman T.T. en alusión al de la película. En ese sentido, los numeritos humorísticos se van sucediendo a la par que, de un modo u otro, va siguiendo la estructura narrativa de la película original.
Para acabar de hacerla un film de interés trash, “T.T. El Extra Terrestre” fusila la banda sonora original de “E.T. El Extraterrestre”, pero también la de “Regreso al futuro” y tantas otras, como es costumbre en todo este tipo de cine de derribo.
Entonces, pasa lo que pasa con la gran mayoría de films de naturaleza exótica; que habiendo visto ya tanto, esta no nos sorprende ni lo más mínimo. Con todo está simpática, y podía estarlo aún más de no ser porque la película se acerca peligrosamente a las dos horas.
Dirige Eddie Reyes, que aunque no volvería a dirigir hasta 2004 con una cosa titulada “Tukso Si Charito 2”, fue asistente del director de célebre títulos de la basura filipina tales como “Las locas aventuras de Batman y Robin”, de Tony Reyes del que puede que hasta sean hermanos.
Como curiosidad, se puede ver. Y hasta te echas unas risas.

lunes, 20 de junio de 2011

ATTACK OF THE BEAST CREATURES

Producto de naturaleza amateur, tan tosco como efectivo en algunos aspectos, que gozó de cierta consideración, precisamente por tratarse de una película realizada por no profesionales.
Un barco naufraga, y su tripulación acaba dando con sus huesos en una isla de verdoso follaje, la cual exploran nada mas llegar.
Todo parece tranquilo, hasta que uno de los náufragos ve un lago, y decide lavarse allí la cara. Ese lago resulta ser de algo parecido al ácido, así que su cara y manos se acaban deshaciendo. Pero eso no es todo, según transcurren los días y las discusiones entre los protagonistas, un buen día son atacados, por unos pigmeos chiquititos, de una voracidad extrema y a los que en la noche, se les iluminan las bombillas que tienen por ojos.
Ambientada, no se sabe muy bien por qué en los años 20, THE ATTACK OF THE BEAST CREATURES, resulta ser una peliculita entrañable, dotada de unos movimientos de cámara bastante potentes y unos efectos especiales la mar de resultones en cuanto a gore, que se gana la simpatía del espectador en cuanto hacen acto de presencia los pigmeos y el ataque que da título a la película. Estos son unos monigotes rojos, muy mal hechos y totalmente inmóviles, que se tiran al cuello como perros rabiosos, mientras emiten un característico soniquete durante todas sus intervenciones.
A la película, según se mire, podíamos meterla perfectamente en el mismo saco que a pelis como GREMLINS, GHOULIES, HOBGOBLINS o ESCLAVOS DEL DIABLO y demás películas de bichejos, sin ningún tipo de problemas, pues seguramente, esta no deje de ser consecuencia de la primera, aunque con intenciones honestas, en el caso de que efectivamente, esta fuera ideada de esa manera.
Buena ambientación a base de trajes de los años 20 y mucha selva, look pobretón muy bonito, y funcional entretenimiento.
El director, Michael Stanley, un individuo alejado de los circuitos comerciales, a pesar del “éxito” de su película, se tiró la tira de años sin rodar, hasta que en 2008, se atrevió a rodar otra vez, ahora en vídeo con la película DOING AGATHA.

viernes, 7 de febrero de 2014

BAD MILO!

Son estas comedietas estúpidas las que se están terminando de cargar el cine fantástico, y los fans que las ensalzan, los culpables de que, cada vez más, este tipo de filmes se extiendan como la peste, al menos a nivel festivalero. Y  ellos encantados, como no, porque la media del espectador  de cine de terror, responde al perfil de un retrasado mental. Se contenta con poco.  Aquél tipo de espectador que no ve películas de terror si no se va a partir el culo con ellas. El tipo de espectador que más odio. Y para esos está concebida esta peliculilla.
Pero a parte de esta observación,  “Bad Milo¡” si la apartamos de los parámetros del fantástico, si tan solo fuese una comedia, tampoco funcionaría. Y miren que a mí me gusta el humor barato y de “caca, culo, pedo pis”. Y es que, prejuicios a parte, “Bad Milo¡” es un coñazo.
Cuenta la historia de un individuo vulgar y corriente al que, aquejado desde hace tiempo de problemas estomacales, se le diagnostica un pólipo intestinal, pero resulta que no, que lo que tiene dentro es un monstruito que se alimenta de carne humana y que sale del culo de nuestro protagonista cuando este está estresado, por lo que cuando sale, se carga a dos o tres personas. El caso es que el tipo acaba cogiendo cariño a su monstruito e intenta domesticarlo sin éxito. Y el desenlace viene a contarnos, que es un monstruito de herencia ya que el padre del protagonista también tiene uno. ¡Que chorrada!
El principal problema de la película es el querer pasarse de simpática.  Y después, el poco carisma del bicho, lo trillado de todo el asunto –cosas así, hemos visto mil veces, y mil veces mejor- y lo tontainas que resulta la película a rasgos generales. Da la sensación de que, a destiempo, eso si, su director quiera ser  Frank Henenlotter, sin conseguirlo en absoluto. Le falta un toque de mala leche, de sordidez y de talento.
Amén de los chistes, que detectas que son chistes por los pelos, no resultando gracioso ninguno de ellos ni por asomo.
Y luego, ya lo repugnante, es el comprobar como se cree el director estar metiéndose a su público en el bolsillo, haciendo que su monstruito se coma la polla de un tío que se está masturbando de cara a una pared, y darle  un toque lacrimógeno al final de la cinta, con idénticas intenciones.
Y el festival del guiño con calzador… aquí lo tenemos a “Ghoulies”, a “E.T. El Extraterrestre”, a la serie “Dinosaurios”, a “Estoy Vivo”, a “¿Donde te escondes hermano?”… pero nada. Absolutamente espantosa.
Por otro lado la película adolece de lo mismo que la mayoría de las películas festivaleras de procedencia “Indie”; que son demasiado festivaleras, demasiado “indies” y esto quiere decir que son todas iguales y están cortadas por el mismo padrón, independientemente de lo repugnante que puesda ser una por encima de otra. Y  encima, contienen ingentes (e indecentes) cantidades de gore de aquel que no viene demasiado a cuento, solo con el fin de contentar a su público potencial, obeso, lleno de granos, virgen y cuasi retrasado. En ese sentido, la película ha triunfado. Pero a mí me parece una puta mierda, amigocomo soy de este tipo de propuestas no obstante, así que imagínense…
El director de esta simpática comedia de horror (o al menos eso cree él) es Jacob Vaughan, que se dedica a montar las películas de los demás siguiendo sus instrucciones y cuando tiene el día libre rueda sus tonterías. En este caso, este “Bad Milo!” sería su segundo largo.
Malísima.

martes, 14 de septiembre de 2010

BLOOD SCARAB

Las películas de la ultima hornada de Don Glut son simpatiquísimas, pero también aburridas, pesadas, reiterativas, cargantes… y además, cuando ya has visto una, has visto todas (que sabio dicho).
"Blood Scarab" no difiere mucho de otros productos suyos como "Countess Dracula´s orgy of blood". Como siempre ha sido desde que Glut era infante, en sus películas siempre hay sitio para sus monstruos favoritos. Y el argumento suele brillar por su ausencia, a la vez que el cine de Glut 
tiene la virtud de mostrarnos las tetas peor operadas de todo USA.
"Blood Scarab" es una aventura contemporánea de la "Condesa Bathory", que entre numerito lésbico y numerito lésbico, se pega sus buenos baños en sangre, mientras una chulísima momia egipcia se escapa de su sarcófago y siembra el terror. A todo esto decir que por ahí rula un "Conde Drácula" de lo mas voyeur, con su bigote postizo y el atractivo de un Bigote Arrocet (valga la redundancia), que por una incompetencia de su sirviente "Renfield", acaba achicharrado bajo los rayos del sol. Y el escarabajo del título, también hace acto de presencia por ahí.
Bien, pues a las virtudes y defectos antes mencionados referentes al cine (actual) de Donald Glut, añádanle ración extra de simpatía y de todo lo demás, pero también de zoquetismo, porque vaya un "Drácula" el que sale aquí… parece que es de cachondeo, una parodia o algo así, pero no, la peli es seria en lo suyo. La peluca de "Rendfield" tampoco ayuda a que nos la tomemos en serio, amén de la maravillosa momia creada por el master de los F/X John Carl Buechler, que como es papá de los "Ghoulies", pues le ha salido una momia muy ghoulie.
Poco más que decir, se puede ver, pero también se puede no ver… vamos que te deja indiferente. Eso no es malo del todo.

domingo, 15 de noviembre de 2015

LOS FOTOCROMOS DE "CRITTERS"

Como no podría ser de otra manera, supe por primera vez de “Critters” gracias a mis amadas revistas franchutes. Nada más ver las primeras fotos consumirla se convirtió en toda una obsesión, una de la que pude desquitarme cuando se estrenó en Barcelona. Acudí raudo al cine y ¿qué ocurrió?, pues que me gustó… pero no me maravilló. Aún así, fabriqué mi propio critter, y lo hice con dacha negra, cartulina y corcho, en una época en la que látex y gomas varias no eran productos tan accesibles. Digamos que los monstruitos de la película estuvieron a la altura de mis expectativas, pero no el resto. De ahí que rápidamente perdiera interés.
Cuando llegó la segunda parte, no corrí. La alquilé en vídeo. Al apretar el “eject” ya me había olvidado de ella. De hecho, lo único que realmente me motivó a verla es que en un festival de cine fantástico franchute fue premiada como “lo peor del año”, y supongo que me daba morbo ver por qué. Sinceramente, no creo que “Critters 2” fuese peor que muchos otros “exploitations” de “Gremlins”… porque eso era “Critters 1”, no lo olvidemos. Surgió a rebufo de la famosa producción de Spielberg, solo que tenía más calidad y más atributos positivos que “Ghoulies”, “Munchies” o “Hobgoblins”. Siempre consideré que “Critters” era a “Gremlins” lo que “Piraña” a “Tiburón”, la “copia buena" que adquiere entidad propia… y no deja de resultar gracioso que el director de “Gremlins”, la peli expoliada, fuese Joe Dante, el mismo de “Piraña”, la peli expoliante. ¡El cazador cazado!.
Del resto de las secuelas de “Critters” no puedo decir gran cosa. Creo que intenté ver la cuarta, pero no tuve cojoncillos de superar los primeros quince minutos. En cambio sí los he tenido para reunir aquí los fotocromos de la peli original del insulso Stephen Herek, cortesía del gran Alex Gardés. Soy consciente de que, aunque no me considere ni tan siquiera simpatizante de la causa critter, hay muchos ahí fuera que sí. Y que los bichos no dejan de ser un icono menor de su época. Por ello espero que, si ustedes pertenecen a semejante club, gocen del espectáculo…












lunes, 15 de septiembre de 2014

LA MALDICIÓN DEL CUARENTA Y NUEVE

Tal y como va la cosa con el cine, se tiende a reivindicar los ochenta como la era dorada del video club. Sin embargo, con el DVD ya instaurado en nuestros hogares, nadie se acuerda de una segunda era dorara, relativamente reciente. Hoy un video club, es un capricho que se permite alguien cuya economía está saneada, un local casi excéntrico que no le reporta beneficios. Pero recién salido el DVD, los videoclubs fueron, al menos durante unos años, un negocio. Y eso generaba mercado.
Es por eso que a principios de la década pasada, con el nuevo sistema domestico para ver cine, pasó un poco lo que en los años ochenta. Aparecieron de debajo de las piedras montones de pequeñas distribuidoras que traían a los estantes, sus “Direct to vídeo”. De 2000 a 2009, más o menos, salieron al mercado montones de títulos destinados al ámbito del DVD, en su mayoría de terror. Pequeñas ponzoñas que hacían la visita al videoclub, sin duda, más deliciosa. Productoras como la “Nu Image” salen de este segundo boom del vídeo club, al igual que sellos ya desaparecidos como “Luna Nueva” o “Big Time” o… que se yo. Localizar estos DVDs a día de hoy en tiendas de segunda mano o en rastrillos, es un autentico placer para mí, porque bien es cierto que conseguir cualquier joya del VHS ochentero es relativamente fácil en Internet, debido a la nostalgia, el coleccionismo, e incluso, el esnobismo hay cientos de usuarios montando y ripeando esos títulos. En cambio, estos de la década de dos mil, si, se pueden encontrar en la red, pero por norma general, con más dificultad.
Esta introducción viene a cuento por que la película que paso a reseñarles (y la película, quizás, sea lo de menos) pertenece a los años de ese segundo boom, y está concebida como película para ser alquilada en aquellos casi extintos recintos, además de haberla adquirido recientemente y a un precio de risa en un rastrillo.
Se trata de un “Slasher” línea sobre natural –es decir que mantiene la estructura del “Slasher”, pero el asesino, al igual que Freddy Kruegger, no es un señor con máscara, sino un ente sobrenatural-  dirigido por un pequeño artesano de los efectos especiales que en este blog nos cae muy bien y que responde al  nombre de John Carl Buechler, creador de los “Ghoulies” y director de cosas como “Troll”, “Cellar Dweller” o “Viernes 13 Part. VII”, entre otras tantas.
La película en realidad es bastante malilla. Y es que como director, aún con la simpatía que despierta, el señor Buechler anda un poco justo.
Un grupo de parejas se reúnen en  unas desérticas colinas, con el fin de ir a buscar una mina de oro que, según las leyendas locales,  está escondida por esa zona.  Esto hace que despierten a un viejo espíritu del salvaje oeste, un minero que en su momento hizo un pacto con el diablo y que lanzó una maldición en la que, cualquiera que intentara llevarse su oro, sería castigado. Así que aparece para cargárselos de formas variopintas, aunque no por ello originales.
A un nivel global, cuando yo me pongo un “Slasher” videoclubero, se a lo que me expongo. Por eso soy permisivo con ellos. Esto es; todos los putos tópicos, largas y eternas conversaciones, tempos muertos, aburrimiento por doquier, todo ello salvable única y exclusivamente, por las cantidades de sangre que tengan los asesinatos.  Entonces, “La maldición del cuarenta y nueve”, tiene todo eso, pero además, los asesinatos son sosos, el asesino no tiene ningún carisma, ni es aterrador, ni hay excesiva sangre. Además cuesta horrores llegar al final, pero ¡Cojones! Me cae simpático el producto en su mera existencia.
Para rematar el nivel de “malísmo” de la película diré, que la mayoría  de esta transcurre de día (y no paran de hablar) y la ambientación es tan nula, que vemos el rostro del asesino todo el tiempo ¡Por el amor de dios, Jonh Carl, quita un par de foquitos, pídele al director de fotografía que ilumine menos el rostro… que se yo!
Pero, como ya les digo, al tratarse de un “Slasher” videoclubero comprendido en esta época, me cae simpatiquísimo, lo reivindico y me lo zampo entero con una sonrisa en la cara.
En cuanto al reparto, junto a los cuatro protagonistas puestos ahí para que “El del cuarenta y nueve” se los cargue, y esto dota a la película de mayor simpatía si cabe, tenemos un buen puñado de rostros conocidos del cine de género y de serie B americano, haciendo papeles secundarios, pero que son el guiño que Buechler lanza al aficionado que va a alquilar la película. Así, van circulando por la pantalla los rostros de Karen Black ( vista en  “Easy Rider”, “Aeropuerto 75”, “Pesadilla diabólica” o “Invasores de Marte), John Phillip Law ( “El viaje fantástico de Simbád”, “Noche en el tren del terror” o “Thunder III”), el fetiche de Rob Zombie, Richard Lynch (“Cromwell, rey de los bárbaros”, “Invasión U.S.A.” o “La venganza de los muñecos 2 –Puppet Master III”), Michael Kove (“Karate Kid”, “Rambo” o “Justicia Final”) o, interpretando al viejo minero fantásma, Vernon Wells (“Fortaleza infernal”, “Mad Max 2” o “El Chip prodigioso”). Ahí es nada.
Así que, tanto como recomendarla no, pero si decirles que le echen un vistacillos. John Carl Buechler, del que si me pongo aquí a citar las películas para las que ha hecho maquillajes o efectos especiales no termino nunca, siempre es una garantía de algo… No sabemos si bueno o malo, pero algo, eso seguro.

viernes, 1 de septiembre de 2023

EL GENIO DE LA LÁMPARA

Tenía yo curiosidad por ver como era la otra película de Alexander Cassini tras la extraña y, en cierto modo vanguardista “Star Time”. Y claro, me enfrento a una película dirigida al público infantil, pergeñada por un individuo que por raro tampoco se le puede considerar un buen cineasta. Y su segunda y última película resulta ser esta “El genio de lámpara” que es lo más estándar que puede hacer este hombre. Claro, no se trata de una película mainstream para su estreno en salas, “El genio de la lámpara” se concibió por pocos duros y para el mercado del vídeo y la televisión por cable. No obstante, para tirar adelante con el proyecto, Cassini se tuvo que asociar con Full Moon Entertainment con el bueno de Charles Band como productor ejecutivo, pero se trata de una película no auspiciada por la Full Moon, quiero decir que, aunque el nombre de la productora figura en los créditos, no aparece en el catálogo de la productora. Como tampoco Charles Band en los créditos, su asociación con Cassini es puramente mercantil. De este modo, el director se traslada con su equipo a Rumanía para abaratar costes y, así, dar forma a esta extraña película sobre un genio de la lámpara que es pura "serie B" barata para niños.
Un arqueólogo está en Egipto buscando sarcófagos en una extraña gruta, cuando aparece una lámpara mágica custodiada por una momia. En otro lugar, tenemos a un niño repelente y sabiondo que no se lleva bien con nadie y tiene ciertos problemas de adaptación. No sabemos muy bien como, pero esta lámpara acaba yendo a parar a manos del niño, que acabará liberando al genio que hay en ella. Este comienza a concederle deseos, pero como es un poco inepto, lo hará mal, por lo que generará todo tipo de problemas, como traer a la vida real todos los personajes de la tele del chaval. Por supuesto, la película se convertirá en un ir y venir del chico y el genio, mientras un agente de seguridad nacional les hace la cobertura. Por lo demás, salen caballeros medievales, señores vestidos de época e incluso un repugnante hombre serpiente.
Anodina hasta decir basta, el principal problema que tiene "El genio de la lámpara" son sus dos protagonistas; el niño, un tal Matt Koruba, es tan hostiable que a los pocos minutos de aparecer en escena a uno ya le entran ganas de quitar la película de lo puramente repipi que es, y esa cara de guapito que tiene, con ese puto peinado noventero y esos irritantes ojos verdes. El que hace de genio no mejora mucho las cosas, un tipo que sobreactúa de mala manera, consciente de que está en una película barata para críos. El actor en cuestión, Tom Fahn, se dedica habitualmente a doblar dibujos animados de tercera fila, llamándome la atención, en su filmografía, el haber sido la voz americana de Condorito en “Condorito: La película” (que es uno de los espantos más espantosos que han pasado por mis retinas. Con lo que yo adoro al personaje…) Y luego tenemos, en la parte femenina, a Stacy Randall de la que si digo que ha intervenido en films tan populares como “Puppet Master 4”, “Trancers 4”, “Ghoulies IV” o “Trancers 5”, lo mismo se quedan igual que estaban.
Desde luego, yo tenía curiosidad por ver esta película, no me pregunten por qué. Quizás porque me parecía rematadamente rara. Pero desde luego, verla ha sido un verdadero suplicio. Me imagino la cara de cualquier niño al que, ingenuamente, sus padres le pongan semejante producto. No es especialmente cutre, los F/X están dentro de lo tolerable, pero sabe absolutamente a nada.
Lo más cachondo es que pude localizar una copia doblada al castellano, lo que quiere decir que esta película, el algún momento, ha debido ser pasada por alguna televisión, porque me consta, a no ser que alguien venga con datos que demuestren lo contrario, que no se comercializó en formato físico alguno en España en su momento, finales de 1999 o primeros 2000.