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lunes, 28 de junio de 2010

TERROR EN EL TREN DE LA MEDIANOCHE

Hacía tiempo que andaba queriendo echarle el guante a esta película.
Tocadas las doce de la noche, un jefe de estación de pueblo ve pasar un extraño tren que no está en el itinerario. Le cuenta el fenómeno al cura, que le aclarará que dicho tren pasa solo cuando alguien muere, y le advierte que con el mundo de los difuntos no se juega. Mientras lo investigan, el mismo cura intercede para que el jefe de estación se case con la zorra del pueblo, que no puede dejar su coño quieto.
Increíble. Lo que he sentido viendo esta película es justo la sensación que quiero sentir cuando me pongo una de esas soberanamente chungas.
Hay muy poquitos actores; los clásicos Rafael Hernández, como jefe de estación, y José Riesgo… si, el Julián de "Barrio Sésamo", haciendo de cura.
Hernández, un tipo calvo, siempre viejo, feo y un pelín grimoso, además es el galán de la función… ¿Cómo osan? Hay una escena en la que el cura, intentando llevar por buen camino a la zorra, le pregunta que con qué joven del pueblo le gustaría casarse, a lo que ella responde que con el jefe de estación. – “Muy buena elección”- contesta el cura. No es que la tipa sea el mega-pibón, pero ¿quién coño se puede creer que una moza de más o menos buen ver beba los vientos por Rafael Hernández? Hilarante.
Lo bueno de esta peli de 1980 es que trata de ser una de terror realista, que se estampa violentamente contra un muro y no consigue ninguno de sus propósitos: es más lenta que una tortuga asmática (en serio, no he visto película más eterna), los pocos efectos especiales de los que se dispone son tan malos, que siempre aparecen en pantalla desenfocados o en planos de menos de un segundo, por aquello de evitar lo pobre del asunto (como ejemplo, la escena en la que Hernández desentierra a una difunta y vemos muy de pasadillo el cadáver, verde, porque el muñeco debía ser de vergüenza ajena).
Se introducen en el guion gags propios del vaudeville de la época, que en absoluto vienen a cuento en una trama tan rural y tan seria, como por ejemplo, las varias confusiones del prota, que cree ver fantasmas cuando son vecinos, o uno muy celebrado: En sus apariciones, al tren lo acompaña una música de órgano totalmente crispante. En una conversación telefónica con el cura, el prota asegura oírla, y pronto viene el estúpido gag, cuando el cura le dice que no, que en realidad está escuchando una cinta de música de iglesia… ¡¡QUE ESTUPIDEZ TAN GRANDE!! La sola idea de meter ahí ese gag, lo convierte en una genialidad.
¿Y da miedo la peli? En absoluto... aunque consigue crear una atmósfera agobiante, agobiantísima, que acelera el corazón incluso (¡en serio!) gracias a la banda sonora, a base de ¿theremin? y órgano de iglesia, tocado fatal, como si le hubieran dejado los instrumentos a un retrasado mental. Y resulta ser lo mas efectivo de la película, pues, sin los artífices saberlo, consigue poner al espectador realmente nervioso… además, no deja de sonar.
En definitiva, que me ha encantado lo que he visto. Una peli española genuinamente de terror, tan, tan mala y tan, tan divertida (sin pretenderlo tampoco), que desde ya forma parte de mis chungadas favoritas. Una autentica joya, vaya.
Dirige Manuel Iglesias, caballero que no se ha prodigado mucho, llevan también su firma títulos que son puro arte: "Jóvenes Viciosas" o "La zorra y el escorpión".

martes, 19 de marzo de 2013

DON CIPOTE DE LA MANGA

Extraña y ochentera película española que, con serios problemas para desarrollar un argumento tontísimo, nos cuenta la historia de un individuo atacado por un vampiro. En consecuencia, las noches de luna llena le entran irrefrenables ganas de folleteo. Durante el resto del tiempo, va con su socio a vender motivos religiosos por la manga del mar menor, mientras emprende su particular cruzada contra el sexo y el pecado, lo que dará lugar a supuestas situaciones cómicas.
La película es muy mala. Si aquellos percebes que se creen doctos en temas cinematográficos desprecian lo que viene a ser una comedia común de los años ochenta, deberían ver esto para que se revolvieran en sus propios vómitos, porque lo grande de “Don Cipote de la Manga” es un atentado a todo lo establecido en la realización de cine. Una rareza de las que hay pocas, dos o tres a lo sumo, como pasaba con “El Violador violado” de J.J. Porto.
Y es que, la película es soportable únicamente gracias a ese tono de comedia española que desprende, pero, indudablemente, estamos ante una serie z de la peor calaña, donde el poco sentido de la trama se pierde al no tener absoluta idea, su director, de cómo hilar unas escenas con otras.
Curiosamente, tras ver varios de sus carteles, la película nos vende el estar adscrita a la cosa esa del “destape” ¡Menuda engañifa! Se utiliza el sexo como elemento cómico en el guión (el sexo de siempre ha sido el más importante de los elementos cómicos), pero no vemos ni una mísera teta, lo que teniendo en cuenta el concepto de la película, y la época en la que se rodó, la convierte en una cosa más rara todavía.
Lo curioso, también, es que el guión fue co-escrito por Antonio Mayans, uno de los cuatro que firmó, junto con el de la película porno “Detectives del placer”, del que también es director, o la última de Jess Franco “Al Pereira vs. Alligator Ladies". Tiene así mismo un papelito secundario sin mayor relevancia.
Los actores de aquella época eran todos muy buenos, y unos currelas, por eso no es de extrañar que aceptasen hacer cualquier tipo de película. Así pues, el reparto no es nada desdeñable, teniendo como protagonistas al eterno secundario Carlos Lucas, Paco Cecilio, Gracita Morales, Rafael Hernández y Azucena Hernández.
En cuanto al que da la voz de acción, Gabriel Hernández, cuenta con una filmografía reducida a tres títulos dirigidos y dos producidos, uno de ellos es, precisamente, “El tío del saco y el inspector Lobatón”, ignota secuela de la ya de por sí ignota “El Violador violado” arriba mentada.
Solo par curiosos.

viernes, 16 de abril de 2021

JENARO EL DE LOS 14

“Jenaro, el de los 14”  es una película que riza el rizo siendo el emblema, no de una, sino, de dos filmografías; por un lado la de Alfredo Landa -y por ende del “Landismo”-,  y por otro la de Don Mariano Ozores. Y no es que sea mejor o peor que cualquier otra de las que hicieron, es que la película cae justo en una época en la que los dos reclamos están en plena forma, esto es, que Mariano Ozores está en el mejor momento de su carrera y Alfredo Landa también, así la película consiguió, sin el más mínimo esfuerzo, congregar en las salas a  1.086.000 espectadores en lo que es uno de los máximos exponentes de la españolada; Si quiero explicarle a un contacto extranjero lo que es una españolada, a buen seguro que una de las primeras cintas que se me pasaría por la cabeza para mostrarle, sería esta.
El argumento es sencillo: Jenaro es el pregonero de un pueblecito de la España profunda, que un  buen día consigue 14 aciertos en la quiniela. Si no sale ninguna otra quiniela con esos aciertos, el paleto se embolsará 65 millones de las antiguas pesetas. Obviamente, le saldrán moscones y aprovechados por todas partes y, cuando va a Madrid a cobrar su premio, Jenaro se verá inmerso en las más disparatadas situaciones, que van desde un padre que obliga a su hija a fingir un embarazo del tal Jenaro -que nunca se acostó con ella- con el fin de hacerles casar, hasta una pareja de estafadores que pretenderán sacarle los cuartos a nuestro protagonista, usando la seducción y la lascivia como armas. Por otro lado, la chica de la que está enamorado desde siempre, yendo a Madrid en busca de trabajo, acaba como prostituta en la capital, lo que complicará un pelín más las cosas.
Tras el reciente visionado de la película, lo que principalmente me llama la atención es lo fresca que se mantiene cuarenta y cinco años después de su estreno. Mantiene un humor bastante actual, si bien es cierto que estéticamente se queda anticuada, hecho este que no entorpece en absoluto su total disfrute. “Jenaro, el de los 14”es una película totalmente entretenida, que hace alarde de un montaje frenético y, por momentos (como cuando Jenaro lee el pregón), hasta vanguardista, supongo que accidentalmente.
En cuanto al humor, como ha de ser, es de sal gruesa. Valga como muestra, un botón:
-Jenaro ¿Tú has invertido? -¿Yo invertido? ¡Yo soy muy macho!
Y esto siempre funciona.
Se trata de una de las pocas películas de Mariano Ozores que no cuenta con un guion al 100% suyo, teniendo en este caso como partenaires, ya sea con el argumento o con la historia, a Vicente Coello, Juan José Daza y Juan José Porto. El resultado del conjunto, da una película histórica de nuestro cine, y por lo tanto, denostada por estudiosos y plumillas -como prácticamente la totalidad de la comedia de evasión española-.
Reparto de chilena a un nivel altísimo; Desprenden carisma por el metraje, junto a Landa,  un inmenso Juanjo Menendez, más discreta Maria Luisa San José, Josele Román, estupendo como siempre Rafael Hernández,  Don Jaime de Mora y Aragón y Mirta Miller, tan mítica como mala actriz.
“Jenaro, el de los 14” es una película absolutamente recomendable, porque funciona y porque, viéndola, se parte uno el culo.

viernes, 26 de febrero de 2021

ENSEÑAR A UN SIN VERGÜENZA

Una de las más aclamadas  obras del teatro español, “Enseñar a un sinvergüenza” de Alfonso Paso, obra esta que a pesar de ser estrenada en 1967 se sigue representando en nuestros días y que cuenta con una secuela titulada “¿Qué pasó con el sinvergüenza?” datada cuarenta años después, tiene su propia adaptación cinematográfica en la década de los setenta, homónima,  que se saldaría con un éxito de taquilla.
José Rubio, protagonista de la versión teatral y también de la cinematográfica era un aval, y si la obra teatral ya era un éxito, lógicamente, también lo sería la película. Si además le añadimos la belleza y desparpajo de Carmen Sevilla, pues la cosa acaba arrastrando a  1.073.000 espectadores a las salas, además de contar con todo tipo de críticas —cierto es que en aquellos años, la crítica solía cebarse con nuestro cine de corte más popular—, pero imperando las favorables.
Cuenta la historia de Lorenzo, un vividor que se gana la vida como fotógrafo amateur de modelos y jugador póquer, que un buen día conoce a Rosana, mujer madura y virgen pero terriblemente estricta e inteligente, que se gana la vida como profesora, guía turística y divulgadora cultural en televisión. Lorenzo decide tomar clases particulares ya que se considera un tanto inculto y Rosana accede a impartirle clases a 10.000 pesetas cada una. En realidad se trata de un plan de Lorenzo para llevarla al huerto. De hecho, consigue que Rosana se enamore de él y se convierta en una pizpireta y desinhibida mujer que pide a gritos un buen pollazo. Pronto descubrirá que su galán es más sinvergüenza de lo que ella creía.
Sin ser ni de lejos lo mejor de nuestro cine de comedia, sí que se trata de una cosa de lo más socarrona y dinámica, rodada con solvencia y marcando un tempo de comedia que muy poquitas veces baja a pesar de un guión que, quizás, por ser una adaptación de un libreto de corte teatral, no acaba de funcionar a la perfección en la gran pantalla.
En 1970 el Franquismo estaba  vigente y sin embargo la película se las apaña para esquivar a la censura, dejando ver desnudez parcial en los cuerpos de José Rubio y, sobre todo, Carmen Sevilla, otorgando todo ello a la película un tono suave y semi erótico del que beberían muchas comedias sexy de finales de la década de los setenta. La película, estéticamente, además de precursora, puede darse golpes en el pecho y alardear de su estilo.
Llama la atención, por lo improbable que esto sería en una película de hoy, lo temerario de la actitud de Pepe Rubio en su actuación, ya que durante los títulos de crédito y en algún plano más ya dentro del metraje, este se pone de pie en el asiento de copiloto de un descapotable, con los brazos extendidos por las calles de Madrid. A pelo, sin arneses ni sujeciones. Para haberse matado. Aunque obviamente esto es otro alarde, el de “todo vale”, a la hora de hacer una película de comedia en España. Asimismo también resultarían hoy improbables un par de escenas en las que el protagonista, machista redomado por su propia naturaleza,  invita a los malos tratos dando bofetaditas o en su defecto, golpes de Kárate, a una Carmen Sevilla que no acaba se sucumbir a sus encantos y peticiones.
Por otro lado, resulta curiosa la mala folla que se gasta la película, al ver cómo Carmen Sevilla, prácticamente analfabeta en la vida real, interpreta a una erudita que, precisamente, enseña a hablar con corrección al personal en un programa de televisión. Ay, mih oveitau…
 De secundarios tenemos a Manuel Alexandre, una divertida Mari Carmen Prendes y los cameos siempre estupendos de Rafael Hernández y Tip y Coll, curiosamente por separado e interpretando roles de ficción.
Dirige la película el director y guionista Agustín Navarro, que tras una carrera no del todo destacable, dejaría la profesión con la película que le sigue a esta en su filmografía “La casa de los Martínez”, en 1971. El director falleció en 2001.

viernes, 25 de agosto de 2017

LOS HIJOS DE...

Esta extraña comedia, de desmedida mala hostia y particular sentido del humor, básicamente se sustenta de dos tramas que se entrelazan; por un lado, tenemos una  mujer que acaba de enviudar, porque por ir a sacar unas fotos en un safari, su marido es devorado por un león. Como la deja viuda y sin un duro, contrata al novio de la chacha para que se cargue al león, cosa a la cual accede, no sin ciertas reticencias.
Por otro lado, tenemos a un joven al cual su novia lo deja por no tener un padre reconocido. Así que la madre de este le enrolla con la viuda del comido por la fiera, a cambio de que estos le solucionen la vida en lo referente a lo económico.
Muy curiosa, muy divertida y muy negra, resulta esta película del mítico Luis María Delgado, que en hora y pocos minutos se saca de la manga una de esas comedias atípicas dentro de la cinematografía española. Sin duda se trata de una de las películas más autorales de Delgado, y la más personal ya que es su película más pura, y no al servicio de alguna celebridad como acostumbraba. Por eso se rodea de nombres como Pedro Osinaga, María José Cantudo o Rafael Hernández, y la cosa queda, por lo menos, curiosa y simpática.
Y aunque tuvo otras películas personales, Delgado, al igual que Álvaro Sáenz de Heredia, era conocido por hacer películas para el cantante  o humorista de turno, siendo las más destacadas “Hamelín” con Miguel Ríos, “La Garbanza Negra que en paz descanse” con Tip y Coll, “¿Dónde estará mi niño?” con Manolo Escobar, “Loca por el circo” con Teresa Rabal, “Chispita y sus gorilas” con Chispita y el Tito y el Piraña, o esa maravilla que es “Ni se te ocurra… dejar de verla” con Cruz y Raya.
Por eso, y aunque me encantan todas estas películas, yo creo que “Los hijos de…”, por otro lado tan ignota y desconocida, es una cosa aparte para poder juzgar a Luis María Delgado en su justa medida y calibrarlo debidamente.
Entretenida y diferente, amén de, por un lado, tener una dirección encomiable a la par que chapuceras maneras de solventar según que situaciones, yo creo que bien merece la pena echarle un vistazo.
Aunque es una película que apenas ha trascendido  después de su estreno en salas, lo cierto es que en su momento llegó a meter en cines 359.000 espectadores del año 1976. Un moderado éxito en su época, que coño.

lunes, 30 de octubre de 2017

LA MUJER ES COSA DE HOMBRES

“La mujer es cosa de hombres” es un film cuyo argumento, en la época, mediados de los setenta, quizás resultase bala
dí, sin embargo a día de hoy, realizar una película de estas características sería impensable. Por un lado, la corrección política imperante a día de hoy, prohibiría sin tapujos una película como esta, pero no es difícil pensar, que en aquella época, lo único que hacía la película es mostrar una realidad social, amén de que el retrato que nos ofrece de la mujer, no es de lo más edificante ni apropiado (aunque no dudo, que fiel a la realidad de aquellos días).
Jesús Yagüe, acomete una nueva comedia alimenticia, esta vez, firmando algunas líneas de un libreto que firman José Luis Garci y  José Luis Dibildos.
En ella, Ramona, una mujer moderna, sobrevive gracias a las aportaciones económicas que le hacen sus tres amantes, dos hombres casados, uno viudo y todos ellos bien posicionados, que no se conocen entre ellos, y que hacen escapadas semanales, uno los Miércoles, otros los Viernes, y otro los Domingos, con el fin de pasar ese día con su querida.
Un buen día, Ramona se enamora de un profesor, y decide casarse con él, para lo cual ha de abandonar a sus tres amantes. Les reúne, les cuenta todo, y a partir de ese momento, los tres hombres se hacen amigos. Quizás por aburrimiento, contratan a un detective que descubrirá que el nuevo novio de Ramona es un tal “El Luján”, un chulo que se dedica a conquistar mujeres con el fin de desplumarla. Cuando estos le cuentan a Ramona la verdad sobre su novio, se enredará la cosa para ellos tres y también para ella.
Lo que me ha chocado de “La mujer es cosa de hombres” es que, pese a ser un título puntero de la denominada “Españolada” y tener estructura y ritmo de comedia, en realidad se trata de una cinta casi melodramática, muy serena para lo que cuenta, que tan solo se vuelve disparatada en momentos muy punteros —cuando los tres amantes se emborrachan— para al final tener un desenlace abrupto y muy triste, que casa muy poco con una comedia española de la época. Quizás por eso, se trata de una película que, sin tener demasiados medios para su producción, esté un poco por encima de la media. Y, aún siendo un trabajo alimenticio, la mano de su director, un hombre culto y serio como Yagüe, de marcada ideología izquierdista (aunque el argumento sea un poco machista, insisto, solo en consecuencia de aquella época), se deja notar en una película, que filmada por alguien más alocado que Yagüe, sería sin duda mucho más disparatada. A mí, me gusta así, tal cual ha quedado.
Desde luego, cumplió con las expectativas del público, y pese a que a día de hoy ser un film que permanece un tanto olvidado, en su momento pasó del millón de espectadores siendo un éxito del cine Español.
El reparto es de lo más golosito; María Luisa San José, que sale preciosa, José Sacristán antes de ser un señor pedante, el gran Rafael Hernández y Antonio Ferrandis. Todos están estupendos, pero sin duda, Ferrandis se lleva la palma.
La película, dentro de su sobriedad, es divertida y entretenida.

lunes, 12 de noviembre de 2018

LA CASA DE LAS CHIVAS

“La casa de las chivas” tiene su origen en una obra teatral de finales de los sesenta escrita por Jaime Salom, que fue lo suficientemente exitosa como para que se decidiera adaptar al cine. Para ello, el productor José Antonio Pérez Giner monta un tinglado y ficha a León Klimovsky como director.
Obviamente, yo de teatro no se nada, así que mi interés hacia esta película no radica en la obra original. Además, basta echar un vistazo por internet para comprobar que quienes la conocen no la tienen en alta estima precisamente. Lo mismo que la película.
Tampoco suscitaba mi interés una temprana película sobre la guerra civil dirigida por el manazas de Klimovsky, director que no me llama nada, salvo por alguna de sus obras más de derribo. Sin embargo, andaba yo tiempo detrás de “La casa de las chivas” porque se trata de uno de los tres o cuatro guiones que Carlos Pumares, señor este al que admiro por variopintos motivos, escribió para la gran pantalla y que, durante su vida como director y conductor del espacio radiofónico “Polvo de estrellas” no dejaba de mencionar de manera despectiva. Según él, los guiones que escribió para cine, al igual que el resultado final de esas películas, eran una mierda. Y de ahí mi interés por verlos, resultando estos ignotos y de difícil localización.
Aunque en esta ocasión, Pumares no firma el libreto en solitario, lo hace nada menos que en compañía de José Luis Garci y  Manuel Villegas López. Y claro, tres plumas me parecen demasiadas para diferenciar la autoría de cada uno; por lo que podemos decir que el guión de “La casa de las chivas” lo escribió el viento. O en todo caso, los méritos han de recaer en el autor original de la obra teatral, Jaime Salom.
Y asegurando al espectador que estamos ante una película basada en hechos reales, tenemos aquí un folletín ambientado —con muy pocas pesetas para ese menester— en la guerra civil, en el cual unos soldados, presumiblemente republicanos, se alojan en una casa familiar que tienen requisada, regentada por un padre y sus dos hijas. La mayor de ellas presta sus servicios sexuales a los soldados a cambio de víveres y provisiones, a la par que surge una amistad entre estos y la meretriz.
Un buen día, llega un nuevo soldado que demuestra tener muy poquito interés en las atenciones sexuales con las cuales se le puede colmar, sembrando la discordia ya que la menor de las hermanas, se enamora de él. Los problemas están servidos. Incluso le acusan de maricón. Pero ¿por qué  este soldado no es como los demás en cuestiones culturales y sexuales? Pues porque es un aspirante a cura.
Muy mala prensa tiene “La casa de las chivas”, que ha sido tildada de sosa e insustancial, cuando no, directamente, de mala. Y la única verdad es que yo entré en un principio en el universo de estas hijas de la Chiva —que, según los personajes, debió ser en vida un mal bicho— y me dejé llevar por un dramón de agárrate y no te menees, con soldados salidos y dos mujeres con más ansia de macho que de cualquier otra cosa, mostradas en su despecho tal y como son las mujeres despechadas; frías, calculadoras y malas. Claro que los machos de esta película son mostrados tal y como somos; tontos y capaces de cualquier cosa con tal de mojar el churro con quién sea. Ergo, quienes mejor parados salen son los curas.
No está mal esta “La casa de las Chivas”. Me gusta su cadencia, su triste desarrollar y la sensación de estar viendo algo resuelto con mucho ingenio al notarse las carencias presupuestarias sin que afecte a la ambientación. Está entretenida, que es lo único que ha de ser una película.
En el elenco actoral viene compuesto por el grandísimo Simón Andreu, Ricardo Merino, Charo Soriano, María Kosty, Rafael Hernández… todos estupendos.
Venga, la recomiendo.

viernes, 27 de abril de 2018

LOS NUEVOS ESPAÑOLES

Roberto Bodegas, irregular director más conocido por la gente de mi generación por haber dirigido en los 80 la película “Matar al Nani”, es un director muy politizado, siempre con unas películas con cierta denuncia social, que sin embargo pertenece a una escuela puramente populista, es decir, no se rige por los cánones del cine de autor, sino por los del de consumo usando este para mostrar metáforas y alegatos. “Los nuevos españoles” es un claro ejemplo de esto.
Bodegas se sirve de una comedia al uso, con actores muy de ese determinado momento, para criticar, en plena dictablanda, lo que viene siendo la imagen de las grandes corporaciones el como un trabajador se puede tornar robot al servicio de una empresa. En defínitiva, nos enseña y critica el nacimiento de los individuos de “las hipotecas de plazo fijo”, para que me entiendan.
Escrita en colaboración con  José Luis Garci y el productor de la misma, José Luis Dibildos,  “Los nuevos españoles”, que toma su título de un slogan creado por la compañía aérea Iberia en la época, bien podría ser una de esas películas progresistas adscritas a aquella corriente de finales de los setenta a la que llamaron “Cine de la tercera vía” que proponía propuestas más politizadas, concienciadas y de autor, eso sí, sin perder la estructura de este tipo de comedietas al estilo “Mi mujer es muy decente… dentro de lo que cabe” con la que comparte tono y maneras.
La película cuenta como una empresa que trabaja en los seguros es absorbida por la Brewster, una corporación americana que someterá a sus trabajadores a duros cursillos en los que les harán perder toda personalidad en pro de la eficacia, motivándoles en el trabajo con premios por sus méritos. Asimismo, conviertes a las esposas de estos individuos en  vulgares criadas que complacerán a sus maridos en todo lo necesario.
Si bien puede que su punto de partida sea interesante, “Los nuevos españoles” se ve lastrada por un efecto reiterativo de lo que nos expone, es decir, que nos presenta la situación y una vez presentada, esta se estanca secuencia a secuencia, contándonos lo mismo durante la mayoría del metraje, para luego el desenlace, casi inexistente, importarnos un bledo.
Floja y con una comedia soterrada que en ningún momento funciona, porque Bodegas en realidad no quiere hacer una comedia, sino un drama social.
Lo bueno es el estupendo plantel de actores compuesto, principalmente, por José Sacristán, Antonio Ferrandis, Rafael Hernández, Maria Luisa San José, Josele Román, Amparo Soler Leal, Manuel Alexandre, ManoloZarzo, Lone Fleming

martes, 6 de septiembre de 2011

LAS CHICAS DEL BINGO

Curiosa y, hasta hace poco, ilocalizable película, descaradamente rodada a rebufo de "Los Bingueros", que, obviamente, no obtuvo los mismos resultados en taquilla. Y les diré por qué es extremadamente curiosa; podría muy bien ser un “spin off” de "Los Bingueros", en cuanto que los protagonistas de esta, con los nombres de los personajes cambiados pero interpretados por los mismos actores, son los secundarios de la película de Mariano Ozores. Así pues, tenemos a una Africa Pratt, como trabajadora del bingo que tiene casi el mismo perfil de la trabajadora que interpretaba en "Los Bingueros", y lo mismo pasa con el cameo de Antonio Ozores y el papel de Florinda Chico. Obviamente es todo producto de la más pura casualidad, pero ahí está la cosa.
Siendo muy coral, la película cuenta la historia de distintas trabajadoras del bingo que, entre cartón y cartón, ligan con viejos, y fuera del trabajo viven su propio drama. Una deja el pueblo para realizarse, otra tiene una turbulenta relación con su novio, otra mantiene al marido porque este está en paro, y otra siente debilidad sexual por los “languis” y los “estropeaos”.
Deambulando entre el drama y la comedia, "Las chicas del bingo" resulta ser una película de lo más amena y entretenida, que pasa en un suspiro. Ochentera hasta la médula y, en ocasiones, y en consecuencia, ridícula, es de lo más llamativo encontrarse una escasez considerable de destape y escenas de sexo, máxime considerando época en la que se rodó y tratando como trata el mundo crápula. Dentro de la crudeza de lo que cuenta, casi podría ir destinada a toda la familia.
Por la pantalla rulan secundarios de lujo que hacen a las chicas del bingo la vida más fácil, o más difícil: Manolo Zarzo, Agustín González, Rafael Hernández, Emilio Linder o José Bodalo, complementan 
el granado reparto, junto a los arriba mentados, María Kosty, María José Cantudo, y Silvia Aguilar.
El director del invento es Julián Esteban, que aunque como director no se prodigó mucho, sí que es guionista, bajo el seudónimo de Julius Valery, de "El lago de los muertos vivientes" según -dicen- Jean Rollin y "Sexo Caníbal" de, justo, el director original de aquella antes de pirarse a último segundo, Jess Franco.

viernes, 11 de marzo de 2022

SÁBADO, SABADETE

“Sábado, Sabadete” se concibe en una mala época para el cine “S”, justo cuando este está en declive, el porno legalizado y el subgénero emitía ya sus últimos estertores.
Sin embargo, y teniendo en cuenta lo paliza que era a rasgos generales el cine de dicha clasificación, “Sábado, Sabadete” es también una de las películas más divertidas y con inventiva de cuantas se rodaron.
Como he explicado en anteriores reseñas, Rodjara, su director, se lía la manta a la cabeza porque necesita dinero para completar su película de animación “El pequeño vagabundo”, y con lo que gana dirigiendo “Sábado, Sabadete”, sufraga los gastos de su proyecto de animación. Y aun siendo una película con todas las carencias propias del cine “S”, también deja claro que Rodjara era un director, al menos, distinto a los que, de manera alimenticia, se incorporaban al cine erótico. Como que tiene algo más de estilo.
La cosa es sencilla; cinco alegres jovenzuelas se van de vacaciones al campo con el fin de acampar y pasar una temporada en un entorno rural. En consecuencia, y poniéndose en pelotas cada cinco minutos,  se las tendrán que ver con paletos de enorme miembro viril a los que las chicas complacerán sin mayor problema. Asimismo la película cuenta con una subtrama en la que una de las chicas no tiene por norma acostarse con el primero que llega, lo que creará un conflicto entre sus liberadas amigas, que la tomarán por lesbiana.
Siendo “Sábado, Sabadete” más una película de despelote que de escenas de folleteo —desde luego no complacerá a los amantes del soft— cuenta con una baza fuerte que es su sentido del humor. Entre despelote y despelote, despliega un arsenal de gags, unos más afortunados que otros, que ayuda a que el visionado sea soportable. Sin ir más lejos, me entró la risa tonta cuando un  guarda forestal baja por el monte con un burro, y le dice a este que “hay cosas de la vida que él jamás entenderá porque es muy burro”. Una chorrada, pero a mí me hizo gracia.
Por lo demás, lo de siempre: Mucho alboroto, chicas pizpiretas y vodevil barato en lo que puede que sea una de las últimas películas del cine “S” y, al igual que su director, una de las más olvidadas, pese a la reivindicación de nicho que de un tiempo a esta parte se viene haciendo del amigo Rodjara.
Con Ricard Reguant como ayudante de dirección, cuenta en su blog que, durante el rodaje,  hubo tiempo para ligarse a alguna de las chicas y que resultó una filmación divertida, destacando también el hecho de que una de las actrices secundarias fue apuñalada por su novio, que estaba pasado de drogas, al tiempo que rodaban la película. Por suerte no falleció, pero estos hechos dejaron conmocionado al equipo del film.
Por otra parte, la película está trufada de caras conocidas del cine español, esos actores de profesión que tenían que comer y se apuntaban a un bombardeo; mejoran la película las intervenciones de Rafael Hernández (posiblemente uno de los mejores secundarios del cine español, injustamente ninguneado y olvidado), el entrañable José Riesgo (Julián de “Barrio Sésamo”) y, en un papel ínfimo, un primerizo Ramón Langa aparece brevemente acreditado bajo el seudónimo de Ramón L. Cartón. Nada relevante y, si no conoces el dato, ni notarás su presencia.
Otra curiosa película del no menos curioso Rodjara, y hasta aquí el ciclo. Por lo menos hasta que consiga agenciarme sendas copias de sus últimos títulos de animación “Una novia para 7 hermanos” y “Ali-Babá (El tesoro)”.

martes, 10 de mayo de 2011

EL CHISTE

No hay cosa mas española ni con más aceptación popular que los chistes. Y también es cierto, que el chiste como tal –Ya no hay cuentachistes, hay monologuistas- es un tipo de humor en claras vías de extinción.
Hasta bien entrados los noventa, muchos eran los que se ganaban la vida, y además a base de bien, contando chistes. Cintas de gasolinera (incluso C.D,s), galas en televisión… incluso hay contadores de chistes cuya fama y humor les llevó a protagonizar películas. Arévalo, sin ir mas lejos, apareció en unas cuantas, Eugenio protagonizó la lisérgica UN GENIO EN APUROS, y ni que decir, que uno de los últimos bastiones del chiste, aun en activo, Chiquito de la Calzada, protagonizó sus buenas películas.
Pero en la actualidad el contador de chistes, ha quedado relegado a infectas y añejas salas de fiestas, o escenarios de público casual como pueda ser el de los cruceros, donde siguen siendo, los cuentachistes, la guinda del pastel.
Pero ya no hay contadores de chistes. Y una película como esta en nuestros días, sería del todo impensable. Sin embargo, hace escasas tres décadas, si era viable, e incluso, pudiera ser, que un gran negocio, una película centrada en contar al espectador chistes.
Tras esta reflexión, pasamos a la película de marras que data de 1976, época en que los chistes eran una cosa popular; de la tasca, y del café Gijón, del analfabeto y del aristócrata. Un tipo de humor totalmente democrático.
EL CHISTE, es un homenaje a esa forma de humor. El invento consiste en escenificar una serie de chistes, que intercalados con otros contados por actores y cómicos más o menos populares de la época, van dando forma a la película. Obviamente, ante tanta ristra de chistes, algunos son resultones, otros rozan lo patético, y es curioso comprobar como funciona mucho más el chiste contado que el escenificado. Está claro, que esta modalidad de humor, si no es contada, desde luego a base de imágenes, esta no va a funcionar. Digamos que en lo que a escenificación de chistes se refiere, esto es como las películas de Jaimito, pero de otra manera mas directa. A cada chiste le precede un cartel con el título del chiste que se va a representar.
Si me he de quedar con alguno, sin embargo, me quedo con uno escenificado, en el que Manolo Zarzo al teléfono, dice: -“ Mañana voy a hacer una matanza. Tengo al cerdo aquí en mi alcoba”. –“¿Qué lo tienes en tu alcoba?”- responde el individuo al otro lado de la línea. – “Entonces olerá muy mal”. – A lo que Zarzo, responde: -“Que se joda”. En fin, en este caso, seguro que visto, es mucho mas gracioso que contado. Pero es que yo no tengo ninguna gracia a la hora de contar chistes. Mucho menos, escribiéndolos.
Por esa pantalla, van desfilando, actuando o contando chistes, gente de la talla de Juanito Navarro, Tip y Coll, Antonio Garisa, Paco Cecilio, Lusson y Codeso, Zori y Santos, Rafael Hernández, Emilio Laguna, Tono, Alfredo Mayo, Manolo Zarzo… en fin, una ristra de cómicos considerable.
Como película, el hecho de que cada chiste ficcionado, requiere de un escenario distinto, me lleva a pensar lo costoso y jodido de rodar que fue esto.
No obstante, lo raro del asunto (¡hacer una película de chistes!) y lo simpático de la propuesta, a lo que además le añadimos una duración mas que escueta, si tienes una noche tonta, y quieres ver algo que pase ligerito, que no conlleve mucho esfuerzo su visionado y que se te olvide con la misma facilidad con la que te pones a verlo, EL CHISTE, es la película adecuada.

jueves, 17 de mayo de 2018

TERAPIA AL DESNUDO

Realizada con el principal objetivo de sacar partido del tirón mediático del que entonces gozaba el recientemente fallecido José María Íñigo, “Terapia al desnudo” podría encuadrarse asimismo dentro del ciclo de películas protagonizadas en aquella época por Carmen Sevilla, las cuales, y al mismo tiempo que intentaban aprovecharse de la relajación de costumbres a nivel sexual propia del tardofranquismo, contaban asimismo con el plus de explotar la morbosa y espléndida madurez de la más tarde célebre presentadora del “Telecupón”.
Dirigida por Pedro Lazaga, “Terapia al desnudo” nos cuenta la historia de Pablo (Íñigo), un tipo en apariencia normal y corriente que sufre un accidente de tráfico cuando lleva consigo una maleta que contiene varios millones de pesetas procedentes del robo a un banco. A resultas del choque Pablo pierde la memoria y, ante la imposibilidad de poder interrogarlo, las autoridades deciden esperar a que se recupere en la clínica en la que trabaja la sexualmente insatisfecha doctora Esteve (Carmen Sevilla). Ya ingresado en esta institución Pablo desarrollará gracias a la conmoción cerebral causada por el mencionado accidente toda una serie de poderes hipnótico-telepáticos, consiguiendo que de esta manera se hagan realidad sus deseos más íntimos, como por ejemplo - y sobre todo - la posibilidad de ver desnudas a las enfermeras encargadas de su cuidado.
Con una premisa inicial que perfectamente podría pertenecer a uno de aquellos films de la Tercera vía que escribió Garci a mediados de los 70, “Terapia al desnudo” es, sin embargo y al contrario que aquellas, una película sin ninguna gracia ni sentido de la oportunidad que además practica un erotismo de muy baja, bajísima intensidad (de hecho, el único pelo que aquí se ve es el del mostacho del protagonista), y en la que, desafortunadamente, ni siquiera lo prometedor y teóricamente original de su argumento está lo suficientemente explotado en lo que a situaciones cómicas se refiere: de este modo, los casi noventa minutos que dura la película se basan en el estiramiento hasta la náusea de la anécdota de la influencia mental que Íñigo ejerce en sus semejantes (o, mejor dicho, "semejantas") y en mostrar durante la mayor parte del metraje al presentador de “Directísimo” postrado en una cama sin decir palabra y poniendo cara de sátiro, teniendo todo ello como consecuencia que al final la propuesta resulte mucho más sórdida y malrollera que simpática.
De hecho, y antes que viendo una comedia de la época, tanto por el tema que trata como por el ritmo plomizo que arrastra parece que estuviéramos ante un título del hoy tan reivindicado fantaterror, dentro de una trama paracientífica característica del subgénero sin el más mínimo desarrollo ni grandes sorpresas y en la que, para más inri, abundan además el relleno argumental y la psicología de baratillo. Si finalmente merece la pena el visionado de esta peli, una de las cinco que Lazaga dirigió en 1975, es debido precisamente al hecho de lo altamente equivocado a todos los niveles de su concepto de base: así las cosas, los contados momentos realmente eficaces que “Terapia al desnudo” ofrece vienen dados por lo absurdo del hecho de que alguien en algún momento pensara que una comedia erótica protagonizada por José María Íñigo pudiera llegar a funcionar, tanto cinematográficamente como a nivel de taquilla.
Aparte de los chistes a costa del bigotón del amnésico protagonista, y de los desfiles de lencería cortesía de una muy maciza (y perdón por el micromachismo) Carmen Sevilla, lo único que a día de hoy lograría dibujar una sonrisa en el rostro del espectador contemporáneo sería el continúo e inapropiado bombardeo de diálogos misóginos (“De una mujer no importa el nombre, lo que importa es que haga el amor”, declara Íñigo en un momento dado), así como los chistes racistas a costa del hecho de que el bigotudo paciente haya dejado embarazada a una enfermera de color; “Cuando despiertes espero que veas las cosas menos negras.”, le llega a decir Carmen Sevilla a su compañera después de administrarle un sedante (¡¿?!)
Además de estos chascarrillos machistas y xenófobos, lo que verdaderamente redime a "Terapia al desnudo" es el hecho de que exponga sin demasiados remilgos - aunque, eso sí, siempre en tono de comedia - la doble moral imperante en la época, así como el hecho de que la pervertidora influencia que el personaje protagonista ejerce entre los empleados del hospital no esté enfocada desde un punto de vista excesivamente negativo. Por desgracia, Lazaga también opta por centrarse en los aspectos más vulgares, simples y vodevilescos que su argumento pudiera deparar, dentro de una historia en la que el revoltijo de ideas y el todo vale acaban convirtiéndose en norma.
Arropando a un interpretativamente inepto Íñigo, y haciendo más o menos soportable lo desastroso del libreto y la desgana con la que el director aborda el proyecto, tenemos a un variopinto e insuperable plantel de actores entre los que destacan veteranos como Alfredo Mayo junto a principiantes como una muy jovencita (y muy rica... con perdón) Rosa Valenty, además de los ubicuos Manolo Zarzo y Rafael Hernández y un Juan Luis Galiardo que, al igual que ya hiciera en "Una señora llamada Andrés" o "El apartamento de la tentación", aquí también interpreta al marido de Carmen Sevilla.
Mención aparte merece la andaluza, la cual se toma en todo momento en serio tamaño despropósito de película al enfrentarse a su personaje de desinhibida mujer de mediana edad exactamente con la misma voluntariosa pero distante profesionalidad con la que, por esa misma época, daba la réplica a Paul Naschy en "Muerte de un quinqui"  o cuando le tocaba ponerse a las órdenes de Gonzalo Suárez o Eloy de la Iglesia.
Finalmente, y a pesar de ser una película muy, muy flojita, hay que reconocer que gracias a su condición de excentricidad "Terapia al desnudo" es un título que destila un innegable atractivo bizarro, por lo que supongo que sería recomendable al menos para aquellos infatigables degustadores de rarezas de la historia de nuestro cine.

jueves, 20 de enero de 2011

EL RETORNO DEL HOMBRE LOBO

La creación más famosa de Jacinto Molina, "Waldemar Daninsky", mola, más que por su condición de licántropo, por ser un personaje totalmente atemporal. Con esto no quiero decir que las películas protagonizadas por él sobrevivan bien al paso del tiempo (todo lo contrario, lo llevan bastante mal). A lo que me refiero es que "Daninsky" lo mismo está en el medievo ("La bestia y la espada mágica"), que en los años setenta ("Dr.Jekyll y el hombre lobo"), que en los años cuarenta ("La marca del hombre lobo"). Esto lo convierte en individuo tremendamente impersonal, dando la impresión de que son distintos hombres lobos en cada película. Y esta es una adscrita a las protagonizadas por el "Waldemar Daninsky" barbudo, que aún consideradas por los “Naschystas” las mejores de su filmografía, a mi me parecen las peores. Son aburridas y no demasiado malas, con lo cual el elemento “risas” lo borramos de un plumazo..
Dirigida por el propio Jacinto Molina, "El retorno del hombre lobo" cuenta que tras ser ejecutados en la edad media, tanto la Condesa de "Bathory" como su siervo, el licántropo "Daninsky", serán resucitados en "tiempos actuales" por unas muchachas de vacaciones en los Cárpatos y unos profanadores de tumbas, respectivamente. Así pues, el pitote está servido.
A Paul Naschy ya le gustaban este tipo de “crossovers”, y si normalmente suelen funcionar, en esta, la primera de "Waldemar Daninsky" que se atrevió a dirigir el propio Naschy, la cosa resulta un revoltijo, entremezclado de conceptos e ideas, por los que es fácil perderse, en parte debido a un montaje más o menos torpe, y una dirección del todo incompetente.
Pero el atractivo de esta película radica en lo estético (toda es visualmente fascinante), por lo que es fácil perdonar unas cosas por otras.
En el reparto, y junto a Naschy, Julia Saly, Azucena Hernández y Rafael ("Terror en el tren de la medinoche") Hernández como uno de los profanadores. El otro es el orondo y terrorífico Ricardo Palacios.
En definitiva, muy regular.

lunes, 20 de abril de 2020

4 LOCOS BUSCAN MANICOMIO

Rafael Gordon, director, podríamos decir, independiente, ha desempeñado una carrera siempre amparado bajo su propia productora con la que ha realizado numerosos cortometrajes además de sus largos de corte histórico (“La Reina Isabel en persona” o “Teresa, Teresa”), que ha llevado a cabo sin recibir ni una sola subvención por parte de ninguna institución gubernamental, con la excepción de su documental sobre Ouka Lele, por el cual si la recibió. Y ha compaginado sus labores de dirección con las de guia turístico  o asesor cinematográfico en Antena 3. Si revisamos su filmografía podemos decir, sin despeinarnos, que nos encontramos ante un autor, a priori, formal, serio e incluso aburrido. Sin embargo, no todo en su carrera es tan sobrio como estas películas ya que es el autor de una de las comedias españolas más desmadradas de cuantas se hicieron en los 80. En ese sentido, sus primeros pinitos para la gran pantalla no pudieron ser más afortunados, ya que esta “Cuatro locos buscan manicomio”, bien podría ser un equivalente a los “chistes de locos”. ¿Ustedes han escuchado chistes sobre locos? Esta película es exactamente eso. Y es que este film, accidentalmente, incluso podría pecar de experimental en tanto a que no tiene un argumento definido. La cosa va de cuatro locos (loquísimos) que se escapan de un manicomio. Eso sucede durante los primeros cinco minutos de metraje y, a partir de ahí, tan solo una sucesión de secuencias cómicas. Sin más. Todo muy a saco y con un gran predominio del slapstick. Así, los títulos de crédito serían una serie de dibujos tipo cómic de Bruguera, con letreros que incluyen faltas de ortografía (impagable ver en el reparto a Bigote Arrocef… si, si… Arrocef, terminado en F), que dan paso  a una secuencia inicial en la que vemos una especie de hotel-residencia que hace ver que es un manicomio, y que, no necesita más atrezzo que un cartelón pintado a mano donde reza “clínica psiquiátrica”. Todo muy precario y zetoso. Pronto entrará en cuadro un Paco Cecilio con la energía de un “Looney Toone”. A partir de ahí, ya solo irá en aumento la locura a una velocidad de vértigo, y ya todo serán persecuciones, caídas y chistes malos sin descanso. No se trata de una película buena en absoluto, pero es imposible aburrirse porque dentro de que en la misma no pasa nada destacable, pasan muchísimas cosas. Y cuando termina uno se queda con buen sabor de boca, entre otras cosas porque  tiene la sensación de haber visionado una película extraña de cojones. Blanca hasta la extenuación (en una época en la que lo que predominaba era el destape), una fotografía alegre con muchos y vistosos colores, y un ir y venir de los personajes a ningún sitio, convierten a esta película en una rara avis. El cómo los cuatro locos del título hacen trampa para ganar al bingo, es tan hilarante como cutre y el espectador se descubre a sí mismo esbozando una gran sonrisa.
Lo bueno también es que todo es barato, rodado con lo puesto, es como una película casera rodada en 35 mm. y, en definitiva algo que llama poderosamente la atención. Desde luego, una de las muestras más curiosas de la serie Z española.
Con todo, la película asimismo tiene fama de maldita. Se ve que una vez rodada, la distribución de la misma es pauperrima, casi inexistente y pese a que se editó en vídeo —de manera también muy precaria— y se ha pasado en alguna televisión autonómica a horarios intempestivos, no la ha visto casi nadie. Por suerte, rula por la red un ripeo de la película para que eso se solucione.
No me malinterpreten, “Cuatro locos buscan manicomio” es una película espantosa… pero dentro de lo chunga que es ¡mola mucho!
En el reparto, junto a Paco Cecilio (mira que me cae mal este actor) tenemos a Silvia Aguilar, Jenny Llada (vestidas…), Tom Hernández, Blaki, Aldo Sambrell y Bigote Arrocet… perdón, ArroceF, cada cual más loco y enfebrecido.
Hay que echarle un ojillo.

viernes, 19 de diciembre de 2014

AMANECE COMO PUEDAS

De igual modo que hemos hablado otras veces del cine andaluz, es de recibo  hablar sobre otras corrientes cinematográficas regionales, incluso más minoritarias que esta,  de nuestro país.
Con este “Amanece como puedas”, se pretendía poner en el mapa el cine Valenciano, y todos los medios cinematográficos, revistas especializadas, programas de T.V. sobre cine, se hicieron eco de esta película allá por 1989. Se supone que la película iba a estar realizada en Valencia y con equipo Valenciano –pero, curiosamente, gran parte del elenco actoral está compuesto por Catalanes- y en teoría  la cosa podía convertirse en un pequeño éxito que sería sonado. Pero no lo fue. De hecho el cine Valenciano como corriente, no tuvo la entidad que si tuvo el andaluz; así que como industria independiente, la cosa no fraguó.
Pero la cosa tiene su gracia: Resulta que en el papel esta película se tenía que haber titulado “Benifotrem” porque la  historia transcurre en un pueblo ficticio llamado así. Pero claro, “Benifotrem” es un juego de palabras en valenciano, que aunque en la película se explica que significa “Descendientes de ramera”, quienes saben valenciano afirman que significa “ven a follar”. Sea como fuere –porque yo no se valenciano- los productores tuvieron miedo de que un título tan políticamente incorrecto les diera problemas y como “Amanece que no es poco” acababa de tener un discreto éxito y “Agárralo como puedas” estaba en alza,  pues se estrenó con ese horroroso y engañoso título que expolia, obviamente, los dos anteriores. Luego en los títulos de crédito, debajo del título oficial, pone entre paréntesis “Benifotrem”, pero vamos, que les dio lo mismo porque la película fue un fracaso de taquilla que no logró congregar más de 45.000 espectadores, y ya no se volvió a escuchar hablar de la cinematografía valenciana, al menos, como corriente cinematográfica.
La peli es  lo que, debido a la peli de Robert Altman, a mí me gusta  llamar un “Shortcut”, es decir, una película que cuenta muchas historias entrelazadas. En este caso, las de una serie de personas de ciudad que no se conocen y que, por circunstancias de la vida, acaban pasando un fin de semana en el costero pueblo de Benifotrem. Todos ellos vivirán supuestos momentos hilarantes, cómicos y enloquecidos.
En realidad, la comedia es de lo más serena. Es un verdadero coñazo cuyos gags, pretendiendo ser graciosos, no lo son en absoluto. Pretende ser moderna…No obstante resulta rancia y además, no se entiende un carajo porque aunque se escribieron un montón de personajes y un montón de situaciones que les ocurren a estos, lo que no hay, es una historia. Además que es una completa chapuza toda ella y dan ganas de quitarla a mitad de visionado. Sus ganas de vivir me horrorizan, que diría Robert Crumb: La película es tan “enrollada” y “en la onda” que para que no quede duda de ello, cuenta con banda sonora, e incluso, una actuación dentro de la peli de aquél grupo musical ochentero, tan irritante hoy y tan cachondo en la época como eran“Los Inhumanos”, así pues, con ello les digo todo. Mala a rabiar.
Buscando info por ahí, me topo con esta crítica en un diario, que paso a transcribirles, porque me ha hecho mucha gracia leerla: “Produce sonrojo contemplar las imágenes de esta aberrante retahíla de burdos gags, supuestamente chispeantes y con humor levantino. Un guión inexistente, un montaje chapucero y unos diálogos de encefalograma plano dan como resultado una de las peores películas de la década. Y no es una exageración”. Bueno, se me ocurren muchas películas peores que esta de la década de los ochenta, de me ocurren como doscientas peores que esta de los noventa, pero si, esta peli manda cojones.
En el reparto tenemos rostros populares como los de OvidiMontllor, Guillermo Montesinos, Juanjo Puigcorvé, Roberto Hernández, QuetaClaver o Rafael Moleón
Dirigiendo y escribiendo los gags, Antoni P. Canet, que años después se granjeó un prestigio gracias a su documental “Las alas de la vida” sobre un médico que padecía la enfermedad de Atrofia sistemática múltiple. Un documental de corte social bastante competente y digno. Mejor, porque desde luego, la comedia no era lo suyo.