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miércoles, 19 de marzo de 2008

ROCKY IV

La cuarta entrega de la mejor saga de todos los tiempos, "Rocky IV" es, sin lugar a duda alguna, la más floja de todas. Y, aun así, la considero una obra maestra. Imaginaros pues lo que pienso del resto de la saga.
El otro día me dio por echarle un ojo, ya que es la que menos veces he visto, y lo cierto es que disfruté a tope. Me fijé especialmente en la banda sonora, llena de esos sonidos electrónicos tan ochenteros. Tan horteras que hasta chirrían. Pero a la vez, molones. Y además me he dado cuenta de un par de cosas.
Dejemos a un lado el flojo argumento, el cambio de tono de la saga y otras nimiedades, -brillantes de todas formas, ¡eh!- y llegamos a la conclusión que "Rocky IV" es una película muy importante para todo el cine de entretenimiento de los 80.
Lanzó a Dolph Lundgren. Y es harto probable que si no se hubiera concebido, tampoco existirían clásicos de la "serie B" como son, por ejemplo, "Masters del universo", "Vengador" o "Red Scorpion".
Carl Wheathers ya había salido en las entregas anteriores, pero es muy probable que sin la popular muerte de su personaje "Apollo Creed" tampoco hubiera existido su pasote de peli "Acción Jackson". Todas esas películas, y bastantes más, son consecuencia de "Rocky IV".
Además, como tiene que ser, como está mandao, como dios manda, LOS AMERICANOS SON LOS BUENOS Y LOS RUSOS LOS MALOS. Claro que sí. ¿Ustedes piensan lo contrario? Pues váyanse a tomar por el culo. Yo estoy totalmente americanizado, disfruto de sus pelis, su comida, su refrescante "Coca Cola" y de todo lo que venga de allí. Es más, la primera vez que viajé al extranjero fue a los USA, desde luego que a Rusia no iré jamás. Y el resto de países, me la traen floja (bueno Italia también me mola mucho, por culpa igualmente de su cultura cinematográfica) No ofrecen nada que me interese, por lo tanto, para mi también los americanos son los buenos y los rusos los malos.
Claro que al final de la película, Stallone suelta un panfleto de paz y amistad, que deja aun mas claro lo buenos que son los yankis, que no quieren enemistades entre los países, con un plano de Gorbachev levantándose a aplaudir al bueno de Rocky… Y así es como debe ser.
No hay película más americana que "Rocky IV". De hecho, esa imagen de Rocky con la cara destrozada y envuelto con la bandera ESTADOUNIDENSE ha dado la vuelta al mundo. "Rocky IV" es un icono de los 80 y de América.
Y se conserva aun muy fresca (como toda la saga), por ello, mas que reseñarla, la homenajeo aquí en AVT.

viernes, 5 de noviembre de 2021

THE MAKING OF ROCKY VS DRAGO

Se habla mucho últimamente en la redes sociales, sobre todo, en las pertenecientes a los fans más acérrimos de Stallone, del nuevo corte de “Rocky IV” en el que ha estado trabajando Sly durante los últimos meses del año 2020. Obviamente se trata de la película más floja de la saga de Rocky, pero sin embargo la más taquillera, por ende, posiblemente la que más interés tenga entre el fandom, y quizás el motivo principal por el que Stallone decide echarle horas de su tiempo a una nueva versión de esta precisamente y no de cualquiera de las otras secuelas.
El caso es que Stallone ha querido hacer un nuevo montaje definitivo desde cero, porque había muchas cosas que no terminaban de gustarle en la versión que se estrenó en cines hace ya más de 35 años. Y claro, montársela desde cero con todo el material filmado en la mesa de montaje, es un trabajo de chinos, y sonadas fueron las quejas de los fans cuando Sly anunció que había eliminado al famoso robot-asistenta de Pauly de esta nueva versión. Al final, no se sabe si lo ha eliminado o no.
Como fuere, la idea es estrenar esta nueva versión de “Rocky IV”, que llevará por título “Rocky Vs Drago: The Ultimate Director’s Cut”, en una sola sala asociada a Fathom Events, con difusión en directo On Line para todo el país, con una sesión de ruegos y preguntas posterior que también se retransmitirá en directo para todos los fans, el próximo 11 de Noviembre de 2021. Después de esto, la película se distribuirá a través del vídeo bajo demanda y, supongo, que se hará una buena edición en Blu-Ray.
Lo curioso también es que, consciente de la expectación que provoca con cada nuevo movimiento en los fans, Stallone decidió filmar todo el proceso de montaje de esta nueva versión de una manera casera, con lo cual, se ha sacado de la manga otra nueva película que ha colgado recientemente en su canal de Youtube para su visionado gratuito y que lleva por título “The Making Of Rocky Vs Drago”. Para ello se llevó consigo a las sesiones de edición a su amigo el director John Herzfer, responsable de la estimable “15 Minutos” —que ya dirigió a Sly en “Plan de escape 3” y “Camino hacia el éxito”— y que se encargaría de la dirección y montaje de este material. Para ello no utilizó más que su teléfono móvil, cosa esta que me parece una forma estupenda de realizar una película.
En “The Making Of Rocky Vs Drago” vemos, básicamente, a Stallone montando de nuevo “Rocky IV” y sudando la gota gorda. Que le vemos montando es un decir, porque en realidad la están montando un par de editores profesionales, siguiendo, eso sí, las ordenes de Stallone que ve el resultado del trabajo en una pantalla enorme en la misma sala. Sin embargo, queda claro que aunque Sly no toca los ordenadores, sabe un rato de planos y cortes. Entonces Stallone monta y habla. Filosofa y eleva su película a la categoría de arte, mientras bromea con sus socios y se queja porque no para de comer unos chupa chups de café que deben estar muy ricos: - ¿por qué comeré estas porquerías? – Dice Stallone.
Por otro lado, vemos también momentos en su casa, donde la cámara se detendrá en la ristra de merchadising que posee Stallone de sus películas, los bustos esculpidos en bronce de su persona, y en definitiva, la oda al ego que es la casa de Stallone al fin y al cabo, donde también le vemos disfrutar de la versión definitiva que acaba de montar en la enorme y moderna sala de cine de la que dispone en casa para esos menesteres.
Todo muy improvisado sobre la marcha, muy guerrillero y muy de andar por casa.
El caso es que me lo puse por curiosidad y acabé viéndolo entero, y pasé una hora y media de lo más entretenida  y disfrutando de las distintas opciones que me ofrece esta peli. A saber; por un lado, lo casero del making of en general, rodado según iban pasando los días de trabajo y sin mucho esfuerzo, por otro la verborrea de Stallone, que no para de darle a la sinhueso y además, de vez en cuando, hace algunos pequeños alardes de su marcada megalomanía que pueden resultar desternillantes, y por último, que por mucho que pese a sus fans, esta película, o documental, o making of, o como cojones les guste llamarlo, es la manifestación más fresca y creativa que ha dado Stallone en los últimos años. Y encima, nos la regala,  la cuelga en Youtube.
Yo creo que merece la pena echarle un vistacillo. Solo tienen que pinchar aquí.

lunes, 3 de mayo de 2021

STALLONE: FRANK, THAT IS

Desconozco si existe algún documental biográfico sobre Sylvester Stallone, pero nos sabemos todos su vida tan al dedillo que, si no existe, tampoco creo que haya necesidad. Sin embargo, hay un personaje oscuro, simpático y popular por ser su hermano, cuya carrera, aunque alguna vez nos hayamos topado con algo de su cosecha, es un absoluto misterio. El hermano de Rocky; Frank Stallone.
Este dinámico documental repasa toda la vida del Frank desde que es niño hasta el momento actual en el que se gana la vida como cantante de  Big Band, en una película con estructura de cabezotes parlantes, pero que resulta del todo interesante porque, palabras bonitas hacia Frank Stallone  por parte de los entrevistados a parte, el documental incide en la espiral de mala suerte que ha vivido el hoy crooner.
Y es que la vida de Frank Stallone ha sido un cúmulo de despropósitos del azar. Cuando las cosas parecían que iban a ir bien, siempre una serie de acontecimientos se lo pusieron los suficientemente difícil como para pegarse una buena hostia, además de ser una presencia totalmente ensombrecida por el estrellato de su hermano. Sly le enchufaba, cierto, y por eso generó mala fama, sin embargo, cuando con su primer grupo, Valentine,  ficharon a un extraordinario teclista, este abandona el grupo y justo en ese momento triunfa por todo lo alto con su música. Era John Oates. Mientras, Valentine se dan de hostias porque, a la banda, que ha conseguido cierta notoriedad gracias a la canción que compusieron para “Rocky”, “Take It Back”, se les toma a cachondeo hasta tal punto que, en una sala de conciertos en la que son contratados, no son anunciados como Valentine, sino como “Rocky’s Brother”. Si el no conocer —o no querer conocer— el nombre de la banda por parte de sus contratantes no fuera suficiente, tras grabar su primer disco con RCA, esta empresa cambiara su política y desarrollando nuevos proyectos. De ese modo, ese álbum queda relegado al ostracismo y no llegando a nada. Más mala suerte.
Y toda la carrera de Frank es así, llena de infortunios. Tuvo un ramalazo de suerte cuando los Bee Gees abandonaron su participación en la banda sonora de “Staying Alive” y, casi por descarte, se la encargaron a él consiguiendo así el momento de mayor gloria en su carrera, que fue el éxito de “Far from Over”. Y con ese exitazo la discográfica lanzó su primer disco en solitario con todos los medios posibles —tras el éxito de “Far from Over”  se suponía que este hombre iba a vender más discos que Conchita Piquer—, con tan mala suerte que ese disco no funcionó en absoluto.
De todo eso, de las rivalidades con su hermano, y, pasando un tanto por encima, de su carrera como actor de productos de serie B/Z en los que se explotaba su apellido y sus escarceos en el cine mainstream (en los que no estaba enchufado por Sly), nos habla este documental acompañándose de abundante material de archivo que incluye súper ochos y fotografías pertenecientes a la familia y en las que vemos a los hermanos Stallone hechos unos pipiolos, montado todo con tanta pericia, que la hora y cuarto de metraje que dura se nos pasa como si fueran 20 minutos. Muy bueno, muy entretenido y entrañable.
Sin embargo, y aunque se nos presenta a Frank Stallone como un individuo amargado y lleno de manías,  considero que la mala suerte, principal protagonista del documental, no es tanta; Stallone ha vivido de la música y del cine durante toda su vida y en las escenas filmadas en su casa no parece que viva en un cuchitril precisamente ¿Que no ha llegado a ser una megaestrella como su hermano? Vale, pero su carrera es, de largo, mucho más entrañable e interesante que la de Sylvester. Se puede morir tranquilo.
Curiosamente, el director Derek Wayne Johnson, que compagina su carrera de actor con su labor como realizador de documentales, debe ser un absoluto flipado de “Rocky”, porque todos los documentales que ha rodado giran en torno a la película, ya sea este, ya sea “John G. Alvidsen: El gran desconocido”, ya sea “40 Years of Rocky: The Birth of a Classic”.
Muy interesante y entrañable todo.

sábado, 2 de agosto de 2025

SHOCK TREATMENT

"Brad" y "Janet" han dejado de ser aquella pareja inocente recién casada que eran al arranque de "The Rocky Horror Picture Show" para convertirse en un matrimonio en crisis. Acuden a la grabación de un famoso programa de televisión dedicado a solventar esa clase de entuertos y, justo, terminan concursando. Durante la refriega, declaran enfermo mental a "Brad" y lo encierran en una institución (dispuesta en el mismo plató), mientras que "Janet" pasará a estrella mediática. Tras todo ello se oculta un misterioso personaje con intenciones altamente pérfidas.
Efectivamente, "Shock Treatment" es la "secuela", por así decirlo, del clásico de las sesiones a medianoche. Una que, irónicamente, todavía fracasó más en su paso por salas. Tanto que ha tardado muchos años -viene fechada en 1981, seis después de la otra- en recibir alguna clase de reconocimiento. O conocimiento, pues todavía los hay que ignoran su mera existencia. Siguiendo los mismos pasos de "Rocky Horror...", "Shock Treatment" nunca llegó a estrenarse legalmente en nuestro país, siendo reducida su difusión a sendos pases en una televisión digital, de cuando su precedente se hizo medianamente popular por acá y había cierta demanda. Ahí es donde yo la consumí por primera vez y, créanme, aunque como película en sí no me gustó demasiado, caí rendido a su banda sonora. Efectivamente, es tan musical como "Rocky Horror...", labor esta firmada en ambos casos por el talentoso Richard O´Brien (quien, igualmente, encarna un rol bastante más destacado esta ocasión. De hecho, suyo es el careto del cartel). Personalmente prefiero las composiciones que hizo para "Shock Treatment", tal vez porque gastan un toque algo más "new wave" -era la época después de todo-, tanto como para terminar pillándome el respectivo CD, que todavía conservo con cariño al lado de mis otros "musicales excéntricos" favoritos, la misma "Rocky Horror...", "El fantasma del paraíso" o "La tienda de los horrores".
O´Brien no es el único que repite. Hay unos cuantos más delante de la cámara (Patricia Quinn, Charles Gray, Nell Campbell...) y detrás, como el productor Lou Adler y el director Jim Sherman de extraña carrera, una a la que puso fin, más o menos, el fracasazo de "Shock Treatment". ¿¿Y por qué ello?? Bueno, hay quien dice que fue cosa de las expectativas. La peña esperaba más de lo mismo, y no, la película ahora reseñada es bastante diferente de "The Rocky Horror Picture Show", comenzando por el hecho de que sus dos protagonistas vienen interpretados por actores distintos. Susan Sarandon no quería saber nada del asunto, así que ficharon a la adecuadísima Jessica Harper, quien ya había dado buena cuenta de sus capacidades vocales en la mentada "El fantasma del paraíso". El "Brad" original, Barry Bostwick, sí estaba interesado, pero compromisos previos se lo impidieron, así que terminó sustituido por Cliff De Young, que encaja muy bien en el rol, le pone mucho interés (además, hace doble papel) pero no tuvo demasiada suerte el resto de su carrera. Basta decir que terminaría currando para "The Asylum".
Puede que también contribuyera al descalabro la trama. En realidad es muy sencilla, muy elemental, pero es el cómo está estructurada donde vienen los problemas. Richard O´Brien siempre se ha quejado de que ello se debió al exceso de reescrituras que sufrió el guion, uno destinado, principalmente, a ridiculizar la televisión y, también, el lado más conservador de la sociedad estadounidense. Y sí, "Shock Treatment" resulta algo caótica, confusa y estridente. Además, todo se desarrolla a gran velocidad y cuesta un pelín incluso no quedarse rezagado... aunque eso sería más bien una virtud, porque aburrida tampoco es. Si la desmelenada historia no te atrapa, lo harán sus barrocos decorados, el abuso de colores chillones (sobre todo rojo, a su vez en alto contraste con el muy presente blanco), los llamativos atuendos de algunos personajes (los mismos uniformes de los médicos), el continuo cambio de puntos de vista (mucha refilmación de pantallas de televisión) y el tono casi "cartoon" de todo ello. Nada realmente grave. De hecho, en mi reciente revisionado me ha gustado bastante más. Es cierto que las canciones siguen siendo mi parte favorita (con especial preferencia por "In my own way" y "Breaking Out", el tema más "punkero" cortesía de unos ficticios "Oscar Drill and the Bits") y las escenas donde suenan están muy bien resueltas en un sentido visual (me mola especialmente la que acompaña a "Lullaby", rodada de una sola tacada -y a la primera toma- con la cámara desplazándose de una ventana a otra según les toca canturrear a los actores). Así que sí. Tenía preparado un chiste sobre que, a diferencia de lo habitual tratándose de musicales, en "Shock Treatment" sobran las escenas de diálogo, pero no, toda ella está muy decente y merecería una justa revalorización.
No obstante, sigo insistiendo que, si no han escuchado su banda sonora, se están perdiendo algo muy bueno. En un principio iba a convertir esta reseña en una dosis más de nuestros eventuales "Minutos Musicales", pero prefiero centrarme en soltar rollo respecto a la película y, si quieren saber cómo suena, se pasan por YouTube y buscan, que ya son ustedes mayorcitos.
Por cierto, uno de los actores secundarios es nada más y nada menos que Rik Mayall, quien pocos años después alcanzaría la gloria como comediante gracias a la serie "The Young Ones". En "Shock Treatment" pueden verle joven, pizpireto y cantando y bailando con soltura. El chaval era un portento, desde luego.

domingo, 20 de noviembre de 2016

LOS FOTOCROMOS DE "ROCKY IV"

Teniendo en cuenta que en este sacrosanto blog el devoto de la saga "Rocky" es Víctor, mejor les enlazo su reseña de “Rocky IV” que seguro dirá cosas más interesantes que las que pueda aportar yo. En mi caso, me limitaré a explicarles un recuerdo personal.
Fui a ver la cuarta y ultra-politizada aventura del Sr.Balboa cuando se estrenó en Barcelona, concretamente en el aún activo cine Palacio Balañà. La cola era inmensa y hubo un leve altercado porque alguien intentó colarse. Tal fue el caos, que acudió la policía para calmar los nervios. Tremendo. El cine, obviamente, estaba lleno hasta la bandera. No cabía un alfiler. De hecho, mis amigos y yo tuvimos que ir a la parte de arriba, cosa que no solíamos hacer. Lo que ahora recuerdo como más entrañable es que el público se volvía loco durante los combates. Gritando y animando a su luchador favorito que, lógicamente, era Rocky. Uno de nuestro grupo gritaba "¡Mata a ese puto ruso!" para mayor disgusto de la fila de delante, que se giraba molesta exigiendo que calláramos. En el fondo todos lo pensábamos. No lo de callarnos, sino lo de que el yanki se cargara de una vez al malvado russkie. Da risa. Y a la vez da canguelo, puro lavado de cerebro. Pero así es como fue.
En cualquier caso, no considero "Rocky 4" una gran peli, ni mucho menos. De hecho, de la saga solo me gusta la primera y un poco también la sexta. El resto... entretenimientos tontunos de quita y pon. Entrañables a un nivel, digamos, generacional.
Ahí van los fotocromos de la interfecta. Creo que no completos, pero sí bien majos, sobre todo por aquellos que lucen a los dos luchadores juntos. Impresionante Lundgren, ¿verdad?. Ya te digo.










lunes, 30 de agosto de 2021

JOHN G. AVILDSEN: EL GRAN DESCONOCIDO

Derek Wayne Johnson, director de “Stallone: Frank, that is”, es un absoluto fanático de “Rocky” y “Karate Kid” y por ende del director de las mismas, John G. Avildsen, al que considera asimismo una especie de mentor. De este modo, Johnson, basándose en el libro sobre el director “The Films of Jonh G. Avildsen: Rocky, The Karate Kid, and other underdogs”  de Larry Powell y Tom Garret, se lía a grabar entrevistas para crear este documento que sirve de complemento visual al libro de Powell y Garret y de homenaje casi póstumo, ya que el director de “Rocky” falleció poco después de que el documental viese la luz.
Se trata de una divertida propuesta a base de entrevistas, material de archivo y filmaciones superocheras del propio director, que al mismo tiempo que nos hace participes de convenciones y homenajes en los que se proyectan las principales películas de Avildsen. Súmenle a eso la ristra de anécdotas de rodaje que se cuentan en el documental, muchos datos biográficos, y obtenemos un trabajo que nos deja la mar de satisfechos. Sin embargo, me llama poderosamente la atención el hecho de que este documental nace como una reivindicación del director desde una perspectiva desconocida para mí, porque, no es que nos muestre a un clásico del Hollywood moderno, sino que nos presenta a un director ninguneado y olvidado, prácticamente como si se tratara de un outsaider que nunca recibió el crédito que se merecía. Esto me choca porque no hace falta ser un erudito para encontrar en la figura de Avildsen a un director esencial del cine de estudios en los setenta y ochenta, cualquiera que sea mínimamente aficionado el cine sabe situar en seguida al director y asociarlo a una posición privilegiada.  Para dejarnos claro que eso no es así, lo primero que hace el documental es mostrarnos al público llano que no tiene ni pajolera idea del director cuando se pregunta por él. Aunque lo cierto es que los entrevistados son unos infraseres que lo más probable es que tampoco sepan dónde tienen la mano izquierda. Lo que sí que queda claro con estas entrevistas es que, aunque la gente no sabe quien es Avildsen, todo el mundo aprecia y sabe cuáles son sus películas, al menos “Rocky” y “Karate Kid” y, centrándose en esas dos, el documental da cuenta de la vida y obra del director.
Podrían haberlas omitido y centrarse en el resto, que las tiene muy buenas, buenas, regulares y horrorosas, sin embargo son pocos los minutos que se le concede a cintas como “Escuela de rebeldes”, “Mis locos vecinos” o “La fuerza de uno”, para basar el grueso de la película en las sagas anteriormente citadas nombrando al resto de pasada, por lo que el discurso del documental queda en entredicho. Sus inicios en el cine de derribo con películas como “Desmadre en la escuela” o “Turn on to love”, desaparecen del documental como si prácticamente no hubieran existido y dándonos a entender que el inicio de su carrera comienza con “Joe, ciudadano americano”.  Con lo interesante que hubiera sido saber algo a cerca de estas producciones tan ignotas.
Con todo, el material biográfico que se nos muestra, así como la documentación sobre “Rocky” y “Karate Kid” es tan abundante y amena,  que pasamos un rato estupendo, además de ver lo patético que puede llegar a ser un director de cine no reconocido por la masa: Avildsen entra en los restaurantes y, si no le reconoce el camarero, le pregunta a este que si sabe a que se refiere eso de “dar cera, pulir cera”. Cuando el camarero le responde que eso pertenece a la película “Karate Kid”, Avildsen aclara: “pues yo la dirigí” para ganarse las atenciones del camarero. Esto lo cuenta el propio Alvidsen en primera persona en el documental, y contradice, también, el discurso que tiene toda la película que viene a decirnos que, si en realidad no triunfó, fue porque era un director humilde y sencillo carente de ego. Mis cojones.
En definitiva, muy majo el documental, muy entretenido.

martes, 27 de mayo de 2025

LOS PECADORES

“Creed” es, posiblemente, mi película favorita del presente siglo; una que, con un "Rocky" al filo de la tercera edad, me hizo vivir en el cine una serie de sensaciones que no vivía desde, tal vez, la adolescencia. Por eso tenía a su director, Ryan Coogler, un joven negro nacido el año 1986,  en un altar.
Tras “Creed”, el siguiente paso fue ver su debut, “Fruitvale Station”,  una película sobre la represión policial, híbrida entre el "hood film" y el cine indie de corte social, que confirmaba su talento y demostraba que lo de “Creed” no había sido potra. "Fruitvale Station" se alzaba como una opera prima muy por encima de la media, verdaderamente notable.
Claro, tras esa vuelta de "Rocky" —que es lo que al final fue “Creed”— lo normal es que los estudios se disputasen a tan talentoso director, por lo que "Marvel Studios" requirió sus servicios para las películas de “Black Panther”. Y no me gustaron ninguna de las dos. Me parecieron unos soberanos coñazos. Al margen de subjetividades, en mi fuero interno asumía que Coogler no había perdido ese talento mostrado en sus dos primeras obras. El motivo podía ser, perfectamente, que, siendo dos productos de estudio, los encorbatados señores de "Marvel" no le habrían permitido hacer lo que le diese la gana.
Por eso, una nueva película autoral de Ryan Coogler era lo que necesitaba ver. Además, con un tema fascinante: todo el folclore del blues asociado a la magia negra, rodada en celuloide, con cámaras de 70 mm y en Panavisión, utilizando película especialmente sensible a esos formatos. Cojonudo.
Una vez supe de la existencia de la interfecta, “Los pecadores”, ya no quise saber más hasta verla. Y he tardado porque cada vez es más difícil que una película aguante en cartelera lo suficiente como para, cuando uno decide acudir, se siga proyectando. Ayer, por fin, pude hacerlo.
“Los Pecadores”, de la que además todo quisqui habla maravillas, ha supuesto para mí una decepción mayúscula, y la prueba palpable de que, a lo mejor, Ryan Coogler no es tan bueno.
La cosa va de dos hermanos gemelos, gangsters, que tras unos años viviendo como reyes al servicio de Al Capone en Chicago, deciden regresar a su Mississippi natal con el fin de abrir un local de blues y hacer fortuna con ello.  Cuando por fin lo inauguran, aquello acaba plagado de vampiros que querrán chuparles la sangre.
La decepción se debe a que, si la primera hora viene precedida de una seriedad acojonante, con los dos gemelos reclutando a los trabajadores y bluesman que les acompañarán en su travesía hacia la creación del mejor local del blues de todo Mississippi presagiando una peli de horror buena que te cagas (una hora de metraje que me dejó boquiabierto por su dirección, su diseño de producción, su estética, y en la que puede que veamos al mejor Ryan Coogler), durante la segunda hora, en la que aparecen los vampiros, se me desmorona todo porque lo que estaban viendo mis ojos era muy parecido —demasiado parecido— a “Abierto hasta el amanecer” de Robert Rodríguez. Solo cambia el contexto y la ambientación, pero el planteamiento es exactamente el mismo. Y a partir de que hacen acto de presencia los chupasangres y acorralan a los protagonistas dentro del club de blues, el parecido con aquella posmoderna película noventera es tan evidente, que cuando finalizó “Los pecadores” me quedé a ver los créditos para comprobar si aparecía alguno de “Inspired in the motion picture...” o “Based on characters created by Quentin Tarantino” (guionista de "Abierto hasta el amanecer"). Pero no apareció ningún crédito que justificara la total similitud entre ambas.
Al llegar a casa, busqué reseñas que aseguraran que se trataba de una mezcla entre “Cruce de caminos” (de la que no tiene nada) y el film de Robert Rodriguez, pero no se decía de manera condescendiente o negativa, sino, más bien, como si fuera algo positivo. En ningún momento se acusaba al film de plagio, que es lo que, indefectiblemente, es esta “Los pecadores” —y dando la razón a Seth Rogen en la estupenda serie “The Studio” cuando dice que “los buenos copian, los grandes roban”—. De hecho, todo el mundo parece encantado con ella y se la tilda de lo mejor del año.
A mí, hasta que aparecen los vampiros —que hubiera sido mejor no aparecieran, pero ya que aparecen ¡no conviertas lo que has construido hasta ese momento en una pantomima como has hecho, Ryan! — me estaba pareciendo una peliculón de órdago, con esa ambientación, ese granazo del celuloide y todo el rollo de folclore blusero… para luego mutar en un “Abierto hasta el amanecer” con ínfulas. Porque Coogler es muy consciente del prestigio adquirido y, no solo plagia una película que por estúpida que sea tiene su lugar en la cultura popular, sino que procede con la intención de mejorarla y de que se diga: “esta es la buena”.
En justicia, por lo bien rodada que está y la destreza técnica, que es inmejorable, "Los pecadores" se lleva un cinco pelado; en lo referente a la segunda hora me parece espantosa, espantosa, espantosa.
Pero claro, piénsenlo: Ryan Coogler es un joven talento que flipaba con la saga de “Rocky” y decidió hacer su propia versión / aportación. En 1996, año del estreno de “Abierto hasta el amanecer”, tendría 10 añitos, una edad idónea para alucinar con esa película. Y ahora, igual que tenía el capricho de rodar su “Rocky”, tendría el de hacer su “Abierto hasta el amanecer”, teoría que no carece de sentido.
Esperaremos a la próxima, pero si lleva derroteros similares, me bajo del Coogler.
Por lo demás, tenemos a Michael B. Jordan mostrando palmito, a Delroy Lindo rescatado para la ocasión como lo fue en su momento Fred Williamson, y navajazos, metralletas Thompson, estacazos y degluciones de ajo como para que un 90% de la platea salga flipando del cine.

miércoles, 16 de noviembre de 2016

LOS FOTOCROMOS DE "ROCKY V"

Durante mucho tiempo, la oveja negra de la Saga de "Rocky"" fue la quinta parte. Mirándolo de forma retrospectiva, con la distancia  y la experiencia acumulada, no creo en absoluto que "Rocky V" sea la peor de la saga ni mucho menos. Diria que el puesto de peor, se la disputan las 2 y la 4, y aún así, cualquiera de ellas sería cojonudísima, así que da lo mismo. Stallone es Stallone.
Sin más dilación, les dejo con los fotocromos.








miércoles, 6 de octubre de 2010

KARA SIMSEK 1

Amigos, hoy he decidido dejar de ver películas Turcas. Sabemos que los Turcos se hacían sus propias versiones de los éxitos de Hollywood, y patatín, patatán. Y, hace unos cinco años, cuando estas se pusieron de moda entre "hipsters" tenían un pase, ya saben, la novedad, el descubrir… pero ya no me hacen gracia, he visto todo lo que tenía que ver, y bueno, se acabó el efecto sorpresa.
Por eso, al hablar de "Kara Simsek 1", no me voy a extender mucho (¡que bien! ¿no?), pero sí que es un colofón de lujo. Como podrán haber intuido, es el plagio (o en este caso, versión) de "Rocky". Más concretamente de "Rocky IV", por el tema del boxeador chungo que mata a boxeador buenazo y boxeador retirado venga a boxeador buenazo.
El hecho de haberla visto en Turco a pelo y sin subtítulos, no ha facilitado mucho la comprensión de los diálogos, y como en esta película hay demasiados, tan solo destacaré las cosas graciosas. Los combates; Filmados a base de plano general, plano medio, en los que ni se tocan y se nota. El entrenamiento del Rocky de turno (Aquí llamado Samsar), que a base de correr a 1000 por hora envuelto en bolsas de la basura y/o el equivalente Turco al "Pryca", mas las contundentes hostias que le mete a las rocas, no solo solucionan el combate final, si no que además hacen que nos echemos las obligadas risillas. Una escena en la que está Samsar currando en la obra y se cae una viga encima de tres o cuatro tíos. Nuestro fornido protagonista la agarra antes de que los aplaste y los tíos se tiran al suelo. Samsar aguanta, sufriendo gran dolor, pero demostrando mucha fuerza física, y los tíos, que tienen espacio de sobra para salir de ahí, se quedan tirados en el suelo, ya que esperan a que venga una grúa, mientras el pobre Samsar aguanta como puede. Esa escena es la única que realmente vale la pena.
Y poco más, ya saben.
Dirige Çetin Inanç, que a pesar de su basta filmografía, no detecto en ella ninguna película de las que hace unos años se hicieron famosas en la piel de toro, por parte del mas inquieto -y algo lerdo- fandom.
Como curiosidad inexplicable, ya que los traductores tampoco proceden de forma precisa con las palabras “Kara Simsek”, decir que la serie "El coche fantástico" se llama en Turquía igual que esta peli… ¿por qué? He dedicado tiempo a resolver la duda, pero sin éxito.

martes, 5 de enero de 2010

JOHNNY TAN-GO RAMBO

Tras ver "Johnny Tan-Go Rambo", seguida de "Rocky Tan-Go", entiendo muchas cosas. Es curioso porque resulta que "Rocky Tan-Go" es una secuela de "Johnny Tan-Go Rambo", por eso en los títulos de crédito de esta aparecen imágenes de la otra a modo de resumen. Estas dos películas, que parodian aquellos éxitos de Stallone, en realidad lo que nos “cuentan” son los avatares de la familia Atrasado, solo que el doblaje impide la comprensión de todo esto. Por ello el reparto es idéntico, aunque los malos hagan otros papeles.
"Johnn Tan-Go Rambo" es ligeramente superior a "Rocky Tan-Go", pero seguimos en las mismas. Ausencia total de argumento y gags que no hacen ninguna gracia, además que las referencias a "Rambo" no aparecen hasta el ultimo cuarto de las ¡¡dos horazas!! que dura.... ¿Por qué?.
"Johnny Tan-Go" es un autentico manazas y por eso su padre, sargento, decide hacerle ingresar en el ejército. Resulta que el resto de reclutas son igual de zoquetes y ya la sucesión de gags, descaradamente mangados de la instrucción de Bill Murray en "El pelotón chiflado" y la confusión de un mando superior que los considera soldados muy aptos. Así que los mandan a la guerra, donde prosigue la siguiente hora y donde, sin saber por qué, empiezan todos a morir cruelmente y el nivel de los gags, que ya andaba por los suelos, baja ligeramente.
Y eso es esta peli.
Por cierto, aquí se introduce un personaje homosexual (y que es prácticamente más protagonista que Redford White) llamado Margarito Pirulí e interpretado por un tal Cachupoy, era de lo único que me acordaba después de 25 años de haberla visto por primera y única vez. A destacar también un esmirriado actor de extensa filmografía llamado Palito.

viernes, 26 de noviembre de 2021

HEE-MAN: MASTER OF NONE

Al margen de las condiciones exóticas de estas películas, y que muchos de los masters de las mismas se perdieron siendo las copias de VHS españolas de la época, la única constancia audiovisual que justifica su existencia —amén de todos los posters, fotocromos y fotografías—, poco más se puede decir de las parodias de Redford White (de cuya historia ya dimos buena cuenta en el especial que desde "Neon Maniacs" dedicamos a su figura). Son todas malísimas, tercermundistas y con olor a orina. Sin embargo, y en justicia, lo que nos llegó a España es lo mejor de su cosecha, las de “Rambo” y “Rocky”, o la de “Los Intocables de Redford White” —la parodia al film de Brian De Palma, que solo existe en la traducción al castellano— son cojonudas si las comparamos con lo que no nos llegó. Sin ir más lejos, esta “Hee-Man: Master Of None”, el "spoof" no oficial que Redford White dedica a la línea de juguetes “Masters del Universo” de "Mattel". En búsqueda de contenidos para sus películas, White se dio cuenta de que su hijo pequeño jugaba con los dichosos muñequitos y eso fue más que suficiente para comprobar el tirón que en el país tenían los mismos. Para documentarse se vio un par de episodios de la serie de la "Filmation" de la que tomó nota cómo se transforma el príncipe "Adam" en "He-Man" y zumbando. Acto seguido, y en la ejecución de la película, la producción entera se pasa por los huevos la historia, orígenes e idiosincrasia de los juguetes o su serie televisiva.
Esto es una auténtica basura de dimensiones estratosféricas como bien sabía cuando me senté ante la televisión antes de darle al "play", con la osadía de tragármela de la única manera existente: En filipino tagalo sin subtítulos ni nada. La comprensión de los diálogos en este caso da un poco lo mismo porque toda la película técnica o artísticamente es insustancial e intrascendente, y tampoco hay mucho que rascar tras consultar las escasas sinopsis que rulan por Internet —y que ayudan a la comprensión de lo que uno está viendo—.
La cosa va de una aldea en algún lugar del tercer mundo donde tenemos, en una mano, a una serie de "Masters del Universo" comandados por un "Skeletor" al que resuelven la papeleta poniéndole una careta de lo más cutre que representa media calavera y debieron comprar en cualquier tienda de disfraces. Al resto de "Masters" se les pone una especie de armadura fabricada con plástico y papel maché que se basa en los diseños originales de las que usan los muñecos, pero en chabacano, y por eso sabemos que son ellos, porque, al no haber presupuesto para más, estos "Masters del Universo" no llevan el casco que les sirva para ser identificados. Identificamos a "Tri-Klops", pero en lugar del casco de los tres ojos que suele usar en otras adaptaciones, lleva enormes orejas de goma y una cresta (!!!). Y así con todos.
En la otra mano tenemos a Redford White dando vida a un tal príncipe "Herman" que, lejos de vestir como el "príncipe Adam" de los dibujos animados, lleva puesta una suerte de pieles marrones que lo mismo le servirían para interpretar a "Pablo Mármol". Cuando las cosas van mal, saca la espada del poder y se transforma en un "He-Man" escuálido. El resto de la película es un ir y venir de los personajes haciendo chistes de cocaína y de discapacidad, de homosexualismo —con la refrescante presencia de uno de los habituales secundarios de las películas de White, Roderick Paulate, el "Margarito Pirulí" de “Rocky Tan-Go”, que siempre hace de maricón— y el típico humor filipino propio de estas películas que deja picueto al espectador. Añadan a eso mucho, mucho combate de espada. Y aquí ya no hay más que rascar.
No obstante, lo realmente reseñable, es que este pedazo de mierda, esta bazofia sin nombre, estrenada única y exclusivamente en cines de todo Filipinas el día de Navidad de 1985, consiguió ser la película más taquillera de ese año, por encima de "blockbusters" americanos de la época tales como “Regreso al futuro”, “Rocky IV” o “Los Goonies”. Y eso tiene un mérito que te cagas, como no.
Por otro lado, y con la cantidad de elementos para la hilaridad que contiene esta película, ya soy demasiado viejo y he visto la suficiente mierda como para que cualquier cosa desmadrada o improbable me sorprenda. Pero, eso sí, la curiosidad ha quedado saciada.
Dirige Tony Y. Reyes, popular artesano del cine filipino responsable de, entre otras muchas, “Las Locas Aventuras de Batman y Robin”.

martes, 27 de noviembre de 2012

DRIVEN

La decadencia de Silvester Stallone, antes de reinventarse dando al publico lo mismo que le encumbró, se hace palpable únicamente durante un periodo de cinco o seis años a lo sumo, desde 1999, hasta 2006 que volvió triunfante con “Rocky Balboa”. Pero yo pienso que no es que el público se olvidara de el, y a las taquillas de sus últimas películas me remito, es que durante ese tiempo, las películas que facturó Stallone, fueron muy malas. Por ahí andan “El Protector”, “D-Tox”, “Get Carter” o “Spy Kids 3-D”, donde se convirtió en una vulgar parodia de si mismo. Algunas de ellas más visibles, otras menos, pero sin duda, la que nos ocupa ahora, “Driven” es, cuanto menos, espantosa. Histórica también, puesto que se trata de la peor película de Stallone, y mucho me temo que, también lo es, de ese marcapaquetes de director que es Renny Harlin, que rueda esta cinta como diciendo “Ahí, mira como coloco la cámara, mira que edición más vibrante ¡cómo molo!”. El resultado es, agradablemente espeluznante, e involuntariamente gracioso.
El más prometedor piloto de formula 1, se siente presionado por sus managers y por lo importante de las carreras que va a disputar en los campeonatos. Para ello, el dueño de la escudería llama a un viejo veterano que truncó su carrera a causa de un accidente que casi le quita la vida, para que de apoyo moral a la joven promesa, que por otro lado, se trae unos rollitos de culebrón sudaca con la novia de su máximo rival, que es, como diría Armand Asante en “Los reyes del mambo”, más puta que las gallinas. Gracias a Stallone, todo saldrá bien.
La película es tan aburrida como lo son, en si mismas, las carreras de formula 1. Con una infografía primigenia de la mas baja estofa, e innecesaria para según que planos, para dar a las escenas de carreras (que poco cinematográficas son, por cierto) un dinamismo, que por momentos resulta hasta ridículo.
Pero la gracia radica en los complejos de Stallone, que aún siendo un estandarte del cine de consumo, no deja de ser el autor más brillante del siglo ( y lo digo sin despeinarme), e introduce elementos personales en sus guiones, porque el guión de esta basura, lo firma el. En este caso, el rollo personal, se le aplica al complejo de viejo que ya en 2001 venía arrastrando el actor/director/ guionista. Lo de “Ya estoy mayor para esto”, no es cosa solamente de “Los Mercenarios”. Stallone, consciente de que tiene una edad, se vende en la película como estrella, pero se encaloma a sí mismo un papel secundario, el de Joe Tanto, la vieja leyenda de la formula 1, que da la doctrina y los buenos consejos a las nuevas generaciones. Cosa esta que es muy común en las películas más personales de Stallone por otro lado, pues lo mismo ocurría en “La cocina del infierno”. Así pues, es muy divertido ver sus moralinas, su sapiencia y su rictus de “Ay, chiquillos” en pantalla, digamos, que si no lo llega a salvar de nuevo “Rocky Balboa”, Stallone en los últimos años, daba mucha penilla, y da la sensación de que el mismo pedía a gritos que se apiadaran de el. “Estoy mayor, pero dadme una oportunidad, que todavía tengo mucho que ofrecer”, parecía decir. Pero, obviamente, “Driven”, no era el mejor ejemplo de lo que podía hacer Stallone, de hecho, es una de las mayores patatas hervidas de la pasada década, que los años 00, dicho sea de paso, están en tierra de nadie, cinematográficamente hablando.
En cuanto a la dirección, Renny Harlin es un catálogo de excesos, también muy gracioso, pretende ser un revolucionario visual, con esos montajes trepidantes y millones de planos aéreos, pero en realidad es todo lo que hace una payasada que, siendo efectivamente “chanante”, no logra sacarle ni una emoción al espectador. Especialmente estúpida, resulta la escena en la que el prota, en un ataque de cuernos, coge el coche de formula 1 y sale a toda hostia por las calles de Chicago, y Stallone sale con el suyo detrás de el para secarle las lágrimas. Patético.
En el reparto, a parte de Stallone, un buen número de losers como son Burt Reynolds, Til Schwiger, Kip Pardue, Robert Sean Leonard o Stella Warren, que se quedó en el intento de ser una reconocida sex Symbol, precisamente porque si te fijas bien, es una tía bastante fea.
Ni para pasar el rato, porque encima, es larga de pelotas.

viernes, 27 de noviembre de 2015

REENCUENTROS

Pensándolo, es muy cierto que Jonh Belushi es un icono, pero también es cierto que de las siete películas en las que apareció, fueron un fracaso seis, solo fue un exitazo “Desmadre a la americana”, todo lo demás pinchó, a veces de forma catastrófica, lo que le convierte en un verdadero cómico de culto. Porque la veneración por Belushi viene a posteriori y no por gran actor, sino por yonkie. Y el culto a películas como “1941” o “Granujas a todo ritmo”  se inicia años después, que en el momento, fueron fracasos gordos.
Si bien empezó con papeles episódicos en películas como “Camino del Sur” o la que nos ocupa “Reencuentros”, “Old Boyfriends” en su versión original. Nada, es una intervención que apenas sobrepasa los 25 minutos, pero que sirve para comprender por qué Belushi es tan amado; es que gozaba de un carisma y una personalidad tal que traspasaba incluso las películas en las que aparecía. Y no hay que olvidar que Belushi es quien es gracias a sus intervenciones en el “Saturday night Live” y que de ahí le viene el éxito y la fama; cuando murió, en el cine, no estaba más que empezando y, a juzgar por los fracasos, con bastante mal pie. Pero cuando salía en una peli, el espectador se queda bocas contemplando el alarde de energía que soltaba el actor.
“Reencuentros” es la progre historia de una loca del coño que tras divorciarse, decide pegarse el festival de pollas follándose a sus ex novios, así se va a una ciudad y fornica con uno, lo intenta con otro en otra ciudad, y mientras cala hondo en el primero de todos ellos, cuando este se va a buscarla, le da tiempo a echarse otro caliqueño con un tercero.
La película pasó inadvertida, porque pocas cosas se han visto más malas que esta. Un coñazo de corte medio feminista, con una música épica que le acompaña en toda suerte de escenas románticas y que no le va nada bien al asunto, que supuso el debut de su directora, Joan Tewkesbury, y que después quedó relegada a la dirección televisiva porque es obvio que la chica no era en exceso talentosa.
Belushi interpreta en la cinta a su novio del instituto, el cual la humilló diciendo a sus compañeros que se había acostado con ella siendo mentira. Cuando se reencuentran años después, ella está dispuesta a, ya que él alardeaba de ello, que se la tire de verdad.
Y ahí radica todo el interés del asunto, el poder ver en acción a Belushi en una de sus películas más ignotas. Una vez concluye su parte, el resto de la película carece de interes. De hecho, circula por la red una versión de la película montada por un fan, en la que solo vemos las escenas en las que aparece Belushi.
La película la protagoniza Talia Shire, hermana de Francis Ford Coppola y la Adrian de “Rocky”, papel por el que consiguió después este protagonista, y por el cual ya nunca haría ninguna película trascendente más allá de la saga de “Rocky”. “Reencuentros” estaba concebida para su lucimiento, pero se lució más bien poco. Y es que ¡que bazofia tan grande por dios!
Junto a Belushi y Shire, Keith Carradine (hermano de David y de Robert e hijo de John) interpreta a otro novio más y Richard Jordan (“Dune”, “A la caza del Octubre rojo”) interpreta al que al final se lleva el gato al agua.  De hecho, en la época del vídeo, era el actor que lo partía de todo el reparto, puesto que al estrenarse directamente en vídeo en nuestro país –y he aquí la prueba de que Belushi no era nadie, al menos en España,  hasta que le reivindicaron los esnobs- en la carátula (que no tiene desperdicio) es él el que figura como estrella, más allá de sus compañeros. También es cierto que la carátula de vídeo es un poco engañosa, ya que se nos muestra la película como una especie de thriller, o algo así, prometiendo acción cuando en realidad se trata de un culebrón rosa y dramático que sonrojaría al más acostumbrado a las ñoñerías.
No obstante en su estreno americano, al largarse el público a mitad de película durante sus proyecciones, de puro coñazo que era, a los señores distribuidores de Embassy, no se les ocurrió otra cosa que cambiar el póster; si en la primera versión aparecía Talia Shire abrazando a un señor anónimo, en la versión nueva, con las que inundaron paneles de autopistas y marquesinas, aparecía ella en primer plano, custodiada por un Belushi que presidía el póster, micrófono en mano, y cuya frase promocional venía a decir algo así: “Talia Shire buscaba el amor de su vida, pero esta vez será Belushi el que la mande a la mierda”. No he podido encontrar casi info de la peli en toda la red, menos aún este póster que tan bien hubiera ilustrado lo que digo.
Jonh Belushi, su representante, y la madre que parió a todos ellos, por supuesto, se llevaron un monumental cabreo al ver el uso que se hacía de la figura de Belushi en la promoción, pero al ser tal el fracaso, pasaron de todo lo referente a denuncias y malos rollos.
Y es que Belushi, cuando se estrenó esto, era ya súper famoso, tanto que le colaron ahí como protagonista para ver si se salvaba la película. Lo único que se consiguió es que la gente pidiera que se le devolviera su dinero a la entrada del cine, porque habían pagado para ver una película protagonizada por John Belushi, y en esta él aparecía un momento. Así que no remontaron y la película se fue al garete; eso si, las críticas fueron más que favorables para el señor Belushi.
Por lo demás, mierda. Lo más interesante, lo que acaban de leer aquí.

jueves, 4 de abril de 2013

UNA BALA EN LA CABEZA (2013)

Desde que Silvester Stallone estrenara “Rocky Balboa”, justo después de sus peores años, y al resultar ésta todo un retorno a la épica, tendemos a pensar que cada nuevo estreno de Stallone, será todo un acontecimiento. Y así ha sido  hasta ahora, con esos “Los Mercenarios” y demás, hasta el sonoro fracaso de su ultima película “Una bala en la cabeza”.
Y es que, si quitamos a Stallone de sus proyectos más míticos y/o extravagantes, este vuelve a las mierdas que nos estaba ofreciendo antes, esos “Get Carter”, “El protector” y demás, títulos a los que ésta “Una bala en la cabeza” se asemeja más, en formas y contenido, que a esos Rambos, Rockys y mercenarios que le han devuelto el respeto perdido.
Poco antes, también resulto un fracaso “El ultimo desafió”, la vuelta al cine de Schwarzenegger, con lo que una vez más queda patente que lo que al publico interesa de los “action heros” en grupo, no interesa una mierda por separado.
Sin embargo, entendiendo el fracaso de estas películas, no sería justo decir que “Una Bala en la cabeza” es una mala película de Stallone. No, el está fetén, fresco, dando hostias como panes, derramando carisma de abuelo.
Lo justo sería decir que estamos ante una mala película de Walter Hill, que si bien tomó el pulso al cine de acción actual con “Invicto”, aquí parece uno más de tantos directores forjados en la televisión.
Pero tampoco sería justo decir que es una mala película.
El guión es malo, lleno de tópicos, soso, plano… pero sin embargo lo cierto es que la película está francamente entretenida, con peleas coreografiadas excelentemente y Stallone, volviendo a meter tatuajes en sus anabolizado cuerpo y, por ende, en sus películas, quizás para ganarse al sector juvenil más macarra. Es como una pequeña obsesión.
Además, la fardada que se marca la película, con ese maravilloso combate final entre Stallone y Jason Momoa (el Conan de Nu Image) no a base de puños desnudos, no, sino ¡a base de hachazos!.
Basada en uno de los cómics mas vendidos de todos los tiempos, el homónimo “Una bala en la cabeza” de Wilson y Matz, la película viene a contarnos lo mismo que el cómic: Un asesino a sueldo al que han hecho la doce trece sus contratadores, se alía con un policía que quiere capturarlos, mientras que el asesino pretende vengar la muerte de su compañero, matándolos a todos.
Lo peor de la película, es sin duda, el aire de “Budy movie” que se gasta, siendo en co- protagonista, Sung Kang (visto en macarradas como “Fast & Furious 5” y pronto en la 6, o “Ninja Assasin”) que interpreta al policía, totalmente hostiable. Estamos deseando que Stallone le pegue un tiro a ese gilipollas durante toda la película.
Pero por lo demás, y siendo conscientes de lo que estamos viendo, la película se deja ver, e incluso vibramos en algunos momentos.
Eso si, querido Stallone: con la edad que tienes, déjate de peliculitas y vuelve con cosas más vistosas y excéntricas, que con los “Fast & Furious” copando la taquilla, con el público joven en el bolsillo, el tuyo más juvenil tiene ya casi cuarenta tacos y te quiere ver haciendo de Rocky.
En cuanto a Walter Hill, casi, casi, que se retire. La unión no ha sido tan fructuosa como cabía de esperar.

martes, 21 de mayo de 2013

PENITENCIARÍA II

Algo de dinero le reportaría a Jamaa Fanaka la primera “Penitenciaría”, porque poco después, esta vez  ya despojado de ínfulas artísticas, rueda la secuela de su peli más famosa, con la siguiente premisa:
Estando Martell “Too Sweet” en libertad condicional, y llenándoseles a todos la boca con la frase “condenado por un crimen que no cometió”, pretende despojarse de su pasado boxístico carcelario al que, sin embargo, todos sus allegados quieren darle continuidad.
Un antiguo preso compañero suyo que se la tiene jurada porque nuestro protagonista no accedió a ser enculado por él en la celda, viola a una amiguita de Martell, por lo que de buenas a primeras, decide colgarse los guantes para demostrar que puede ser alguien (¡).
Así que en el gimnasio le colocan a los mejores entrenadores, entre los que figura Mr. T ¡¡haciendo de si mismo!!, con el fin de volver a prisión a disputar un combate. Será vencido, no sin recibir después la revancha. ¿Les suena esto?
Obviamente, para esta película, Fanaka se inspira indirectamente en la saga de “Rocky” que tan buenos resultados le dieron a su amigo Silvestre Stallone. De hecho, se rodó a la vez que “Rocky III”, y fue Stallone quién sugirió a Fanaka que contratara como actor a Lawrence Thero a.k.a. Mr.T, para  un papelito. Y ahí le tienen, haciendo sus apariciones como entrenador terriblemente vistosas, acompañado de una lámpara de genio que expulsa una suerte de humo violeta…
“Penitenciaría 2”, aunque menos pretenciosa que su predecesora, no llega al (mínimo) nivel de esta, y a pesar de ser más de género, sin embargo es terriblemente aburrida, larga, pero también se nota que el tema se termina ya con la primera película, y aquí ya es estirar el globo hasta que revienta.
Luego está el tema del humor; Fanaka se desmarca por ahí con un par de gags, que no obstante, no funcionan. No así las dosis de humor involuntario que también lo hay; valga como prueba el eterno plano final por el que, superpuesto, va apareciendo el rodillo de créditos en el que todos los actores, desde el ring, bailan y saludan a cámara, algunos de ellos con la expresión de “por favor que el director diga ¡corten!” en sus rostros.
En cuanto al plantel, además de León Isaac Kennedy y Mr. T (que hace de bueno, para cambiar de tercio), encontramos nombres a posteriori populares, como los de Ernie Hudson (visto en “Cazafantasmas” o “Kamikaze Detroit”), Glynn Turman (“Gremlins”, “Hombres de honor”) o un jovencito y diminuto Tony Cox, el elfo de “Bad Santa” y un habitual de las películas de Aron Seltzer y Jason Friedberg, quienes, por cierto, meten baza en la nueva “Scary Movie 5”.
Mala, malísima, sórdida y cutrona, “Penitenciaría 2” en realidad ha perdido todo con el paso de los años. Es prácticamente inaguantable. Aún así, Fanaka rodó, poco después, una tercera parte bastante superior, convirtiendo el pifostio en trilogía.

domingo, 22 de agosto de 2010

MI TEORÍA EXPENDABLE

A raíz del estreno de "The Expendables / Los mercenarios", no he parado de oír / leer lo muy mucho molona que es, lo muy mucho ochentera que es y, en general, todo de críticas entusiastas, exageradas y algo desmedidas. Bien, yo no estoy muy de acuerdo con todo ello. Veamos, que la peli es entretenida y entrañable, no se lo discuto a nadie. Lo es. La secuencia del trio maravillas (Stallone, Schwarzenegger, Willis) es antológica, inolvidable y solo ella merece el precio de la entrada. Y que el film intenta recuperar un estilo de cine de acción que ya no se lleva, tampoco se lo discuto a nadie... eso sí, que lo consiga o lo haga bien, ya es otro cantar.
Personalmente opino que "Rocky 6" y "Rambo 4" (es decir, "Rocky Balboa" y "John Rambo") son mucho mejores películas, mucho más arriesgadas (el mega-drama de la primera y la ultra-violencia de la segunda) y, curioso esto, mucho más personales para su actor / director, Sylvester Stallone. Está claro que en esos tiempos la carrera de Stallone estaba prácticamente acabada, y el tipo ya no tenía mucho que perder. De ahí que lo diera todo en estos films y no pensara tanto en sus resultados ya que, esencialmente, pintaba que iban a ser dos testamentos. Por ese motivo van destinadas a un público más adulto (o que vivió el auge de ambos personajes en directo y siendo un impresionable adolescente, como yo), y la prueba la tenéis en "Rambo 4" y su explosión de violencia, gore y barbaridades. Los mismos productores aseguran que apostar por esa línea les había hecho perder público potencial, y que para "The Expendables", por entonces en plena pre-producción, no iban a tirar por derroteros tan sangrientos, tan oscuros, tan duros y tan poco humorísticos. Es decir, tras el inesperado exitazo de "Rambo 4", se enfocó la que iba a ser la nueva peli de Stallone con otras intenciones, ganarse al mayor número posible de espectadores, sobre todo más jóvenes (de ahí las incursiones de Jason Statham y Jet Li), invertir más y arriesgar menos.
Stallone en ese aspecto no les ha fallado, ha hecho un film totalmente parido para ser disfrutado por el público, ha suavizado la violencia (comparada con la de "Rambo 4"), ha metido mucho más humor, mucha más autoparodia y ha ido a por todas, dejando la personalidad en la puerta y sin aportar gota de malrollismo y oscuridad a su trillada historia.
En ese sentido, "John Rambo" me parece mucho más fiel al supuesto espíritu que se reivindica en "The Expendables". Al no hacerlo de modo intencionado, ni pretender contentar a todo el público, Stallone logró ser más honesto en esa propuesta que en la que ahora triunfa en taquilla. Da la casualidad que los que más disfrutan y más flipan con el supuesto espíritu "old school" / "vieja escuela" de "The Expendables" son los veinteañeros que todo ese cine lo han mitificado a base de video-club... pero los que estuvimos allí en directo, los que vimos en el cine "Rambo", "Commando", "La jungla de cristal" o, yo que sé, "Delta Force" sabemos que en realidad "The Expendables" es un espejismo... un bonito espejismo, un merecido, muy merecido, homenaje a todo aquello, un cine que en su momento fue despreciado por la crítica y hoy, curioso, parece incluso molar. Sin embargo, y por mucho que lo intente, la última de Stallone es a las pelis de acción de los 80 lo que la "Freeway Cola" a la "Coca Cola".

sábado, 18 de enero de 2020

RAMBO : LAST BLOOD

Cuando Sylvester Stallone estrenó la última entrega de las aventuras de su legendario "Rambo", pronto comenzaron a llegar las críticas negativas. En principio no me sorprendió, ya que vivimos en la era del rajismo descontrolado, especialmente si hablamos de lo que se cuece en redes sociales. Además, algunas de esas reacciones eran comprensibles, tal y como desarrollaré más adelante. Aunque parte de ellas se fundamentaban, única y exclusivamente, en el discurso políticamente correcto. Esas sí me sorprendieron. Es decir, agredían a la peli por considerarla sexista, racista y pro-Trump. En esencia, gracias a un ¿abuso? de imágenes de mal trato a chavalillas, por presentar a los mexicanos como los malos de la función (pero muy muy malos) y por ese alegre canto en pro de las armas y la justicia vengadora. Bien. Siempre he creído que criticar una película basándose únicamente en preceptos morales es una gran cagada. Pero tengamos presente que hablamos de "Rambo". En tiempos tan posmodernos como los que vivimos, en los que lo "cool" es decir maravillas del cine comercial hollywoodiense de los años ochenta, no hay que olvidar que todo ese material, e incluyo aquí a Schwarzenegger, Steven Spielberg o muchos hitos del terror de la década, eran tildados de basura en su estreno. Se consideraban productos motivados única y exclusivamente por intereses comerciales y, por tanto, carentes de ningún valor. Sí, las salas se llenaban de gente para verlas, pero el 99% de los críticos las hundían en la miseria. La audiencia y los gacetilleros supuestamente expertos habitaban mundos opuestos. Era lo normal y aceptado. Claro, hoy nos escandalizamos cuando a una nueva entrega de "Rambo" le caen palos a mansalva, sin embargo también a la peli del 85 se la machacaba por propagandista, racista y violenta. Así es como era y así es como debería ser. En cierto modo, tan negativa reacción ante la nueva epopeya del personaje era/es algo incluso positivo. 
"Rambo: Last Blood", es decir "Rambo 5", viene dirigida por un matao que no nos importa porque, en realidad, todos sabemos que el gran cerebro pensante y ejecutor tras ella es un avejentado Sylvester Stallone. Duele verle en primer plano. Era aceptable comandando a los "Mercenarios". Y muy resultón en "John Rambo", o "Rambo 4", película que -ya lo adelanto- me mola un rato y es mejor que la presente. Pero es que esas ya tienen sus añitos, y es algo que se le nota a Sly. También daba grima Clint Eastwood en "La Mula", aunque al menos ahí interpretaba a un yayo gruñón y no se metía a masacrar malvados narcotraficantes. En realidad ¡les ayudaba! (y ya que hablamos de Clint, no puedo evitar mentar el parecido que en muchos sentidos guarda "Rambo: Last Blood" con "Sin Perdón". Incluso el plano del héroe crepuscular junto a las tumbas de sus seres queridos enterrados al lado de un fotogénico árbol). Si yo fuese Stallone, me plantearía situarme exclusivamente detrás de las cámaras o, cuanto menos, buscar papeles más afines a mi edad. 
John Rambo ha cambiado el chip gracias a su querida sobrina adolescente. Es un hombre nuevo, tiene más ganas de hablar y sonreír, dejar atrás sus apetencias guerrilleras. Bueno, no del todo. Se ha currado una galería de túneles bajo el rancho que habita para sentirse como en casa. Resulta que la sobrina quiere conocer a su desaparecido padre, así que se pira a México y, una vez allí, cae en manos del cartel. Claro, en cuanto tito Rambo se entera, parte para allá dispuesto a recuperarla caiga quien caiga. Y son unos cuantos. Hasta que le toca a él. Le dan tal paliza que lo dejan hecho polvo. Y las cosas se ponen aún más feas. Al final, todo estallará en una especie de masacre situada en los túneles de un Rambo más cabreado que nunca y que recuerdan, muy mucho, a la famosa escena de "...Acorralado parte 2" en la que iba cazando uno por uno a rusos malos usando técnicas de camuflaje y trampichuelas varias.
Antes comentaba que algunas de las reacciones negativas en torno a la película eran comprensibles. Me refería a que, sí, cuesta creer que esta sea una aventura de "John Rambo". Básicamente porque lo han sacado de su entorno natural, la jungla, le han apartado de sus enemigos naturales, policías rednecks o ejércitos de ideologías contrarias, y le han cambiado el look. Lleva el pelo corto, por lo que no necesita usar una mugrienta cinta para sujetárselo y, oiga, cuesta habituarse a eso. Sin embargo, se puede soportar. Lo que realmente me chirría es que Stallone no interpreta a "Rambo", interpreta a "Rocky". Todo el arranque de la peli, con él en plan grandullón torpe pero de buen corazón y constante sonrisa torcida, individuo reposado que se toma la vida con calma y filosofía, nos recuerda al famoso púgil. En ningún momento al lacónico, parco en palabras y serio "John Rambo". Sí, lo justifican con lo de que ha mejorado como ser humano, pero claro, es que Stallone no tiene muchos registros que digamos y pasa factura.
No obstante, si dejamos a un lado todas estas apreciaciones pajilleras, en realidad estamos ante una película perfectamente digerible y bastante entretenida. Hubiese molado más no sumarla a ninguna franquicia y limitarla a ser una de justicieros seniles, pero tampoco es un trauma (¿por qué los villanos nunca tienen la misma edad que el protagonista? Estaría guay ver a un "action hero" abuelo combatir contra malhechores de su misma quinta). Lo que sí llama la atención es la cantidad de violencia salvaje que nos muestra. Es algo que ya hicieron, para sorpresa de todos, con "Rambo 4" -y de manera aún mucho más contundente-. Luego dijeron arrepentirse de ello porque todas esas escenas sangrientas habían asustado a una parte de la potencial audiencia, y por eso rebajaron el nivel en "Los Mercenarios". Sin embargo, para este "Rambo 5" retoman el asunto y se quedan a gusto.
Es dato conocido que buena parte de "Rambo: Last Blood" está rodada en Santa Cruz de Tenerife. De ahí que veamos varios rostros autóctonos como una Paz Vega cada día menos guapa (¡con lo que ella había sido!) y Sergio Peris-Mencheta + Óscar Jaenada haciendo lo que siempre cuando un actor español es fichado por Hollywood: mexicano y, a poder ser, traficante. ¡Ja!.
La peli ha sido un fracaso de taquilla. Son malos tiempos para el cine y, especialmente, para ese de catadura "moralmente discutible". Ya no estamos en los ochenta, amiguitos. Así que es muy posible que este sea realmente el "last" "Rambo" que veamos. Teniendo en cuenta que Stallone suele recuperar a aquel y/o a "Rocky" cuando las arcas se tambalean, y que esta vez no ha cundido, seguramente sí se acabe aquí. Y creo que haría lo correcto. Porque, aunque como peli palomitera "Rambo: Last Blood" funciona, como colofón a una saga mítica, la verdad es que la sella de un modo tirando más bien a deslucido.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

HERBIE A TOPE

Película familiar que pretende tocar la fibra sensible de quienes crecimos con el "Wolkswagen" escarabajo y, ya de paso, atraer a jóvenes admiradores. Lo primero casi lo consigue, lo segundo no lo sé, ya no estoy en ese "target". Los jóvenes americanos tenían una razón para ver la película, y esa no es otra que Lindsay Lohan, a la que conozco por sus escándalos con el alcohol y las drogas. Allí, en los USA, lo es por su participación en series de TV y no sí si en algún programa tipo "Club Disney" o similar, pero bueno eso es lo de menos, vamos con la reseña en sí.
Herbie se hizo famoso en los circuitos de carreras, pero según iban pasando los años fue quedando obsoleto, con lo que le era casi imposible ganar ninguna carrera (no aclaran si por temas mecánicos o que su conductor era un paquete). Sea como fuera, el escarabajo termina en un desguace. De allí acaba pasando a las manos de los Payton (no me preguntéis como, en ese momento estaba en el baño) que son una familia dedicada desde hace tres generaciones a las carreras de "Nascar". El padre, un cameo largo de Michael Keaton, tiene serios apuros para tirar el equipo adelante. El corredor estrella, su hijo, no es tan buen piloto como su padre o su abuelo, así que se las ven bastante jodidas para poder clasificarse. Además, debido a los malos resultados, los patrocinadores les van dejando tirados. Maggie (La Lohan) tuvo un accidente hace un tiempo en una carrera ilegal, así que su padre le prohíbe competir, pero ella no esta dispuesta a dejar de hacer lo que siente en sus venas (joder que asquerosamente cursi queda eso). Así que con un amigo suyo aficionado a la mecánica, acondicionan un poco a Herbie y se van a una concentración de mascachapas....digo, de aficionados al "tunning" y la velocidad. Allí, y por cabezoneria del propio Herbie, acaban desafiando al campeón del momento, Trip Murphy (Matt Dillon) y derrotándole frente a sus fans. Murphy no puede soportarlo y organiza una competición, el que quede primero se batirá con él en duelo, confiando que Herbie llegue a la final para poder derrotarlo. Trip Murphy me recordó un poco al Apollo Creeck de la primera "Rocky", es el antagonista pero tampoco es un malo malvado. Y hasta aquí las comparaciones con el cine de verdad.
Herbie está más vivo que nunca, se mueve, se retuerce y es más expresivo... pero casi todo a costa del CGI, teniendo un par de escenas en las que dan ganas de sacarse los ojos, pero como es una peli para críos, casi que se perdona. Dirige una tal Angela Robinson que no ha hecho mas que series de televisión y un par de pelis chungas, entre ellas esta.
"Herbie a tope" ha tenido una cosa buena, y es que me den ganas de volver a verme todas las películas previas del escarabajo... otra cosa es que lleve esa empresa a puerto.

sábado, 13 de marzo de 2010

LA GUERRA DE LOS NIÑOS

La primera de las películas de "Parchís" viene con el aval que supone tener tras las cámara a Javier Aguirre, curioso realizador con una extensa filmografía en la que conviven por igual películas de corte ultra-popular -como estas de "Parchís" o, por ejemplo, "Soltera y madre en la vida", alguna de Paul Naschy ("El jorobado de la morgue", "El gran amor del Conde Drácula"), una con Martes y 13 ("Martes y 13, ni te cases ni te embarques"), Landismo puro y duro con "Una vez al año ser hippy no hace daño"... sin olvidarnos del gran "Torrebruno" y su "Rocky Carambola"- con cortometrajes de corte radicalmente experimental ("Espectro Siete: 7 objetos luminosos y 5 complementarios") para nada comerciales, en los que predominan el manejo de los colorines al compás de incomprensibles soniditos. Una carrera y una actitud envidiable que le coloca a la cabeza de los directores españoles que a mí me pueden llegar a interesar.
Y estas “guerras de los niños” reportaron mucho dinero a Bermúdez de Castro y demás productores, que veían en el grupito de sosos críos el cuerno de la abundancia.
Sin hacer referencia en la película a "Parchís" propiamente dicho, como sí ocurría en la anteriormente reseñada, Aguirre se quita de un plumazo a los dos “Parchises” más bobos, Gemma y Oscar (rubito de cara angelical posteriormente sustituido por repelente pelirrojo, Frank…) y, siendo Tino, Yolanda y David los protagonistas, les suma la presencia del gordo Rodrigo Valdecantos (que debía ser familia de alguien de la producción) haciendo de Carlitos “El Flaco”, quien prácticamente, y a posteriori, termina siendo el personaje más querido, y autentico protagonista de las pelis de "Parchís" (memorable la escena en la que, destornillador en mano, fuerza la cerradura de una pastelería y se la come entera).
"Don Matías" es el director de buen corazón de un colegio publico, en el que si las familias no andan bien de pasta, no les cobra la cuota, por lo que un empresario, "Don Atilio", le expropia los terrenos. "Parchís" y "el Flaco" harán todo lo imposible para evitarlo.
Lo que me llama la atención de esta primera parte de los avatares de "Parchís", es que es tremendamente violenta. Hay una escena en la que el perro “Superman” ataca al ayudante de "Don Atilio" y, acto seguido, acuden los "Parchís" a darle una paliza, tirándole al suelo y dándole patadas y puñetazos. En el visionado de anoche me dejó cuanto menos impactado. "El Flaco" resuelve todos sus problemas rompiendo un palo de madera en la cabeza de cualquiera que se pone en su camino y, durante todo el metraje, ¡no dejan de delinquir!, lo mismo dan una curra a alguien, que roban vehículos, que secuestran a un tío y lo torturan físicamente, lanzándole flechas al estomago y cortándole mechones de pelo a tijera. 
En definitiva, un producto que, a pesar de los años, de los momentos edulcorados y del babosismo, sigue entreteniendo, gracias en parte a que no se abusa de las canciones, escogidas con lupa, y se da prioridad a una buena historia y a unas situaciones del todo estimulantes para los niños…. y para los tipos raros como yo.
Además del dominio del tempo del que hace alarde Aguirre, por supuesto.
En el reparto dos de las hermanas Hurtado, Manuel Alexandre y el gran Ricardo Merino.