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lunes, 22 de septiembre de 2014

INSTINTO BÁSICO

“Instinto Básico” se ha ganado, por derecho propio, el título de clásico. La sensación cinematográfica de los noventa me pilló siendo un confundido espectador de quince años, y claro, una película que había gustado a tantísimos espectadores, no podía dejar de gustarme a mí. Así que hacía ver como que sí. No obstante, el boom, tal como vino se fue, y pronto ya nadie se acordaba de “Instinto Básico”. La volví a ver con una opinión ya más formada y los gustos más definidos, y me pareció espantosa. Y ya nunca repetí, hasta que en una reciente visita a una tienda de productos de segunda mano tenían el DVD precintado por 20 céntimos. Así que, lógicamente, lo adquirí.
“Instinto Básico” tenía la ardua tarea de superar el paso del tiempo. Algo que para cualquier película noventera es un absoluto reto. Por mi parte, debía enfrentarme a ella veinte años después, con la animadversión que me provocan las películas de aquella década –y más cuando hicieron tanto ruido como esta- teniendo a su favor, únicamente, que ya no gasto tantos prejuicios a la hora de ver cine, a pesar de todo.
Pues tras el visionado puedo decir que “Instinto Básico” ha superado con creces la prueba, y que, vista hoy, no se trata de una grandísima película, pero pocas existen más entretenidas que esta. Con un tempo y una atmósfera rarísima, unos diálogos –eso sí- algo idiotas, y sobretodo una iluminación soberbia que le otorga ese look que, una vez visto por primera vez, ya no se marcha de tu retina y que vas rememorando según vas viendo la película. Es como consumirla por enésima vez, pero dando la impresión de que sea la primera. Una sensación rara.
Ya saben; un “thriller” en el que un policía, de oscuro pasado, se ve inmerso en un caso de asesinato en el que la principal sospechosa es una escritora quien en una de sus novelas describe con pelos y señales  el asesinato que se acaba de cometer, por lo que será la principal sospechosa. Cuanto más avanza el caso, compañeros y psicóloga –a la que el poli se tira-  van complicando la cosa, y más se nos complica a nosotros, a la vez que se van dando pistas, falsas o no, para que el espectador saque sus conclusiones, mientras que el poli cae en una espiral de descarnado sexo con la sospechosa.
Una cosa simple pero efectiva, que como ya digo se disfruta más en la actualidad, en parte por cierto sabor añejo que la acompaña,  en parte porque es una máquina fabricada para combatir el aburrimiento. Y es que detrás de ella está el mejor Paul Verhoeven, el de los primeros noventa, al que precedían un montón de éxitos en los ochenta (¿hace falta mentarlos?).
Así pues, una película que recomiendo fervientemente, y que será recordada con el paso del tiempo. Fue un éxito mundial absolutamente rentable que en nuestro país congregó a 4.000.000 de espectadores y se convirtió en un fenómeno social. Por aquél entonces, en cualquier parte se hablaba sobre “Instinto Básico”, en el cole, en el banco, en la compra… raro será cualquiera que no la alquiló cuando salió en vídeo, y más raro será cualquiera que no se haya masturbado, bien con las escenas sexuales protagonizadas por la Stone, como las protagonizadas por Jeanne Tripplehorn (quien debutaba mostrándonos hasta las amígdalas).  Y bien merecido se tiene Sharon Stone el título de mito erótico, aunque, vista ahora la película, podamos comprobar que sus duros pechines son operados.
Buscando algo de info, doy con algunos datos curiosos, como los referentes a la versión final. Verhoeven presentó a la censura tres distintas. ¿El motivo? Que cada vez que procedía se la clasificaban “X”, lo que afectaría absolutamente a su carrera comercial. Finalmente supo darle el toque para que resultase explosivamente erótica (a día de hoy, este erotismo es nada) y no una vulgar película pornográfica.
Así mismo, la elección de Michael Douglas como duro detective follador, papel que le viene que ni al pelo, no fue la primera. Hasta que se decidió por él se barajaron los nombres de Wesley Snipes, Bruce Willis, Charlie Sheen e incluso ¡Stallone! La verdad es que cualquiera de ellos da bien el papel. Aunque las caras de gusto y gemidos de placer que suelta el hijo de Kirk Douglas, creo que serían difíciles de superar por cualquiera de estos.
El papel de Sharon Stone tiene unos toques de homosexualismo. Vamos, que le da a las pollas, pero también a los coños. Bien, pues este hecho insignificante puso en alerta a los diversos colectivos de lesbianas americanas, que tocando los huevos como los tocaron los maricones en su día con “A la caza”, las liaron pardas porque decían que el personaje de la Stone daba una mala imagen de ellas. Ya saben, fanatismos yankis.
La película ha dado pie a un montón de “exploitations” que, curiosamente, han sido tan recurrentes dentro del mainstream como lo fueron dentro del cine de baja alcurnia –ahí el subgénero caló a lo bestia, lógico considerando su carga sexual- En muchos casos, eran remedos con repartos marcianísimos; por poner dos ejemplos, “Nunca hables con extraños” con Antonio Banderas y  Rebecca de Mornay, o “La marca del asesino” con James Belushi y Lorraine Bracco.
Ha sido una buena experiencia volver a ver "Instinto Básico" que, por si lo habían olvidado, contó con una absurda y tardía secuela, a la cual dedicaré mi próxima reseña.

miércoles, 24 de septiembre de 2014

INSTINTO BÁSICO 2: ADICCIÓN AL RIESGO

…y  quince años después, llegó la secuela.
Recuerdo perfectamente la reacción que tuve nada más ver el póster de esta película: Me descojoné. Porque, que en pleno 2006 veas en una marquesina un póster de “Instinto Básico 2”, es para descojonarse. Y luego, hasta que no he visto la película, como consecuencia al repaso que le di a la primera, no había vuelto a saber de ella. De hecho, he conseguido una copia no sin cierta dificultad.
Lo que no me explico es qué les llevó a Mario Kassar y Andrew Vajna, en un fallido intento de resucitar la “Carolco” (rebautizada en esta ocasión, aunque con logotipo similar, como “C2”), a hacerlo con una secuela de una película que fue pura consecuencia de su momento. En 2006 ni dios se acordaba de “Instinto Básico”, y aunque Sharon Stone, con 48 años que tenía, está más que apetecible (ahora con casi 60 lo está todavía más. Ha envejeciendo mejor que ninguna. Tiene retoques estéticos, si, pero aún así) ya no es el mito erótico que pudo ser en los noventa, por una mera cuestión de edad. Incluso, digamos que como reclamo publicitario tampoco era un aval. No obstante, arriesgaron lo justo, unos setenta millones de dólares, cantidad decente aunque no excesiva. Que sirviera al menos para recuperar en caso de que al público no le interesara. Y así fue. El tremebundo fracaso provocó que no se haya vuelto a ver ni un solo estreno más de esta “Carolco 2”. En los USA, país que tiene tantos millones de espectadores con gustos tan variados, no recaudó nada. Estuvo en cartel tan solo 15 días porque la mayoría de los pases se suspendían ante la ausencia de culos en las butacas, o  a lo sumo se proyectaba para dos o tres espectadores. En Europa fue algo mejor, sin ir más lejos, en España congregó a 450.000 dignos espectadores del 2006, pero no fueron suficientes. En total recaudó 35 millones de dólares, con lo que las perdidas son más que patentes.
Y esto habría pasado aunque la película hubiera estado bien, incluso mejor que la de Verhoeven, porque, simplemente, en 2006 no tocaba otro “Instinto Básico”. Pero es que, encima, es más mala que pegarle a un padre con un calcetín sudado. Y mojigata…. Verhoeven tuvo problemas con la suya porque era "casi pornográfica". Aquí el sexo brilla por su ausencia. Le vemos las tetas a la Stone (dos pegotes de silicona) de refilón y a dios gracias.
No sabemos por qué, la escritora Catherine Tramell está en Londres, escribiendo y follándose a futbolistas drogados. En una de estas, tienen un aparatoso accidente de coche en el que solo muere el futbolista que le acompaña, pero como en su vida ha sido tantas veces sospechosa de asesinato, la policía no se fía un pelo de ella, así que empiezan a investigarla. El psicólogo llega a la conclusión de que esta mujer es un peligro para el resto de los mortales, o como mínimo, para sí misma puesto que es “adicta al riesgo”, por lo que empieza un tratamiento con el doctor. Este se la folla, comienza a morir gente y la escritora manipulará todo a su antojo para salir indemne. Una chorrada.
Se trata de una película totalmente incompetente, aburrida a más no poder, que en un alarde de originalidad repite todos los chascarrillos de la primera – como por ejemplo lo de “Aquí no se puede fumar”- con el fin de lanzar un guiño al espectador, aunque este no se da cuenta porque ni se acuerda ya la otra –Yo sí porque me he visto las dos seguidas- y además… ¡ni que fuera una comedia para ir repitiendo chascarrillos!
La resolución de la incomprensible trama es una absoluta tomadura de pelo.
Para colmo de males, si Catherine Tramell era un personaje seductor, con cierta clase y envuelta en un halo de misterio, en esta, por obra y gracia del espíritu santo, se convierte en una vulgar fulana que seduce a su partenaire a base de decirle guarrerías: frases como “¿Sabes que me masturbo pensando en ti cuando te corres?”, “¿Cómo hago cuando te imaginas que me follas?” o “Como te gustaría correrte en mi boca” o "Yo tocarle el coño y chuparle la boca", salen del gaznate de Sharon Stone, cuando en la película original no tenía que tirar de marranadas para poner cachondo a Michael Douglas (y al espectador) , lo que sumado a la edad de la actriz, se reduce a una vieja diciendo guarradas.
En fin, una mamarrachada mayúscula que hay que ver, pero solo en caso de curiosidad, porque para entretenerse sería un craso error. Esto no hay un dios que lo aguante.
Dirige Michael Caton-Jones, mediocre director de estudio que tiene en su currículum cosillas como “Memphis Bell”, “Doc Hollywood” para lucimiento de Michael J. Fox, cuando ya mostraba síntomas de decadencia, o “El Chacal”. Tras “Instinto Básico 2: adicción al riesgo” se metió a trabajar en televisión.

martes, 3 de febrero de 2009

LAS MINAS DEL REY SALOMÓN

Cuando la productora especializada en plagios, The Asylum, quiso aprovecharse del entonces cercano estreno de la mega-decepcionante "Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal", no necesitaron crear otro héroe semejante al del látigo, corrieron a la fuente original, la novela que lo empezó todo, "Las minas del rey Salomón" (que, supongo, hace años perdió los derechos de autor, de modo que cualquier pazguato con una cámara puede "adaptarla" a su puta bola) y pillaron a su aventurero protagonista, el machacado Allan Quatermain (dice en imdb un colega de los responsables de ese film, que se rodó en 9 días, con 10.000 dólares, en Sudáfrica y con un equipo de diez personas, ¡contando actores y técnicos!). Bien, el resultado a tal desaguisado se tituló "Allan Quatermain and the Temple of Skulls", y el que niegue su condición de exploitation, merece una paliza (los mismos de Asylum tuvieron el morro de poner en el cartel que Quatermain inspiró la creación de Indiana Jones!, con dos cojones!!). Pues oiga, ellos no fueron los primeros en usar tal estratagema... antes estuvieron los chicos de la añorada "Cannon".
En 1985 la creación de Lucas & Spielberg era ya todo un icono. Por entonces se habían estrenado "En busca del arca perdida" e "Indiana Jones y el templo maldito" (concretamente, esta segunda un año antes). Yoram Globus y Menahem Golan vivían su época de mayor esplendor, y pensaron que no estaría mal subirse al carro de esa nueva moda, la aventura de aire clasicote (todo un fenómeno que bien merecería un estudio, pues no solo engendró películas, también productos televisivos y hasta ¡juegos de mesa!, ¿alguien se acuerda de “El templo de cristal”?). Le encargaron el guión a Gene Quintano (guionista de algunas entregas de “Loca academia de policía”, director de "Con el arma a punto" y, ojo al dato, ¡autor del libreto de “El tesoro de las cuatro coronas”! ) que, usando la novela de H.Rider Haggard como mera excusa, se sacó de la manga una imitación descarada de Indiana Jones, pero con el aliciente de que tenía mucho más humor... de hecho, no sé si es voluntario o no, pero casi parece una parodia de las movidas del tipo del látigo. Para el reparto, se buscaron a su Harrison Ford particular, que acabaría siendo Richard Chamberlain, a la chica de turno, la por entonces aún verde, pero guapísima, Sharon Stone (que interpreta, sin disimulo alguno, a una genuina rubia tonta), al eterno John Rhys-Davies (que había interpretado un papel destacado en "En busca del arca perdida" y que, a pesar de su "traición", volvería en "Indiana Jones y la última cruzada") y a otro grande, Herbert Lom. No hay que olvidarse de la música, necesitaban algo grandilocuente y colorista, que sonara a John Williams, y nadie era mejor para eso que el todoterreno Jerry Goldsmith, que facturó un soundtrack maravilloso, con una tonadilla casi tan pegadiza como la que ya sabéis. Todo eso, y un buen pellizco (sorprende ver que, a pesar de su condición de copia, la peli cuenta con medios bastante generosos), se lo pasaron al director que se encargaría de darle forma, el inmortal J.Lee Thompson, entonces en la nómina de la "Cannon" y especializado en vehículos para Charles Bronson.
Ojo al parche que a mi esta peli en su momento me marcó mucho. Lo más divertido es recordar quien me la recomendó... ¡mi profe de castellano!. Sí, estaba yo entonces cursando estudios en EGB y, no recuerdo a santo de qué, el Sr.Seguín (así se llamaba) se puso a hablar de las pelis que había visto recientemente... comentó "Regreso al futuro" y esta de la que os hablo ahora, reseñando que era mejor que las de Indiana Jones. El finde siguiente cogí a mi madre, y juntos fuimos a verla. La verdad es que lo pasamos bomba!!!, y durante un tiempo, Allan Quatermain robó el puesto de honor al Doctor Jones en mi lista de héroes.
La historia no tiene truco, una chica contrata los servicios de un aventurero para localizar a su desaparecido padre, un arqueólogo que busca las minas del rey Salomón y que está en manos de los Turcos y los Alemanes, los malos de la función. Por el viaje habrán mil peligros, explosiones, animales salvajes, caníbales, incluso una araña gigante y un... hipopótamo mutante o algo parecido.
Como decía arriba, si algo hace destacar a esta producción "Cannon" entre el aluvión de plagios de las pelis de Indy (como en "Indiana Jones y el templo maldito" hay un habitáculo que, al cerrar la puerta, activa un techo repleto de pinchos que va descendiendo lentamente... tal cual. Aunque, para compensar, señalaremos que al menos Quatermain pierde su sombrero a los 25 minutos de peli y no lo recupera... en eso resulta ser bastante más realista que el famoso arqueólogo, ¿que no?) es su sentido del humor. Por ejemplo, hay una secuencia que fotocopia sin rubor el momento de "En busca del arca perdida" en la que Harrison Ford es arrastrado por un camión. La diferencia es que aquí es un tren, y Chamberlain se permite el lujazo de hacer surf colocando los pies en los raíles!!!. Otra escena maravillosa es aquella en la que, durante un duelo en avioneta, el aventurero queda colgando del ala de su aparato y, accidentalmente, golpea con los pies la cabeza del piloto alemán, cuyo aeroplano está justo debajo, dejándolo ko!!. Todo eso, más muchas ideas locas (el alemán gay que prefiere al padre de Sharon Stone antes que a ella) y muchas frases graciosas y chascarrillos hacen de este film una verdadera montaña rusa, entretenidísima, divertidísima y muy recomendable para pasar un muy buen rato.
Naturalmente fue vilipendiada por la crítica (los mismos que ahora dicen que Patrick Swayze es un gran actor porque está a punto de morir de cáncer... ¡hipócritas!, por cierto, que interpretó a Allan Quatermain en una adaptación televisiva de la novela) y parte del público (que en estos momentos seguramente la reivindique dada su condición ochentosa), pero eso se la trajo floja a los señores Golan y Globus, que tras llenarse los bolsillos de billetes verdes, produjeron una segunda parte prácticamente con el mismo equipo, "Allan Quatermain en la ciudad perdida del oro", que se tomaba demasiado en serio a si misma y, por ende, resultaba muy aburrida.
Nota curiosa: Con el fin de aprovechar los decorados construidos para la ocasión, y la moda, la "Cannon" estrenó "El templo del oro", protagonizada por Chuck Norris y Louis Gossett Jr., peli esta que, tal vez, algún día aparezca en este blog (y, una vez más, dirigida por el incombustible J.Lee Thompson).

domingo, 6 de septiembre de 2015

LOS FOTOCROMOS DE "BENDICION MORTAL" ( O MI HOMENAJE RACIONAL A WES CRAVEN)

El pasado Lunes, con el final de la parte más perezosa del verano, se anunciaba el chocante e inesperado fallecimiento de Wes Craven, el legendario papá de “Freddy Krueger”, director de títulos que todos conocéis de sobras y productor de los remakes de un puñado de ellos. No es que fuese uno de mis favoritos (como muchos de su quinta, estaba atrapado en el cine de terror contra su voluntad. Siempre opiné que su "Scream 2" era una venganza contra los fans del género, pintándol/nos cual energúmenos retrasados), pero quieras que no como adicto a ese tipo de cine crecí viendo sus pelis y algunas dejaron huella en mi, por ello decidí dedicarle este pequeño tributo en formato fotocromo (cortesía de Alex Gardés) colgando los de uno de sus títulos menores, de cuando se encontraba en la estacada y estaba apunto de renacer de la mano del asesino de la calle Elm (sufriría más caídas y resurrecciones posteriores, aunque últimamente andaba ya en plena decadencia creativa). Les hablo de “Bendición Mortal”, año 1981, que intenté ver recientemente para reseñarla o comentarla en el podcast pero me pareció de lo más sosa y aburrida, así que la ignoré. Lo único realmente destacable es su curioso y florido reparto, compuesto por Ernest Borgnine haciendo de lo que mejor sabía hacer (granjero malhumorado), Michael Berryman haciendo de lo que mejor sabía hacer (retrasado), Jeff East haciendo lo que mejor sabía hacer (poner cara de palo) y una jovencita Sharon Stone algo más carnosa a la que, con toda lógica, van dedicados por entero dos de los fotocromos que siguen a este rollete que concluyo ya no sin antes comentar que el desenlace de “Bendición Mortal” era deliciosamente ridículo y que, nada, descanse en paz Sr. Craven y gracias por las buenas películas, que las hubo.



Sharon 1




Sharon 2








Y mi favorito pal final.

lunes, 13 de junio de 2016

MARBELLA, UN GOLPE DE 5 ESTRELLAS

La prueba de que Miguel Hermoso era un director bastante manazas la tenemos en que tras “Truhanes”, que le salió cojonuda, y hasta los noventa que se adaptó al cine que se estilaba en la época –el subvencionado- no atinaba el pobre. Solo generaba mierdotes.
Y “Marbella, un golpe de 5 estrellas”, su segunda película, lo deja claro.
Con producción de José Frade, que en aquella época le encantaba introducir en sus películas elenco internacional –Ray Milland  y Timothy Bottons en “Serpiente de Mar”, casi todo el reparto de “Descanse en piezas” y “Al Filo del Hacha”, Sharon Stone en “Sangre y Arena” o  Clayton Rohner, Roddy Mcdowall y Anthony Perkins en “Los gusanos no llevan bufanda”, lo que es muy gracioso porque están ahí para dotar la película de glamour, pero claro, al contratar solo actores alcohólicos, en decadencia e inmersos en la tercera edad,  las películas se convierte en más roñosas y cutres de lo que por si eran- se procura, esta vez, un reparto con lo más granado del cine español de la época , Fernando Fernán Gómez, Oscar Ladoire, Paco Rabal, Emma Suarez (y sus estupendísimas tetas, que muestra sin remilgos) para que secunden al protagonista, un Rod Taylor (mitiquísimo protagonista de “El tiempo en sus manos” o “Los Pájaros”) colorado por los alcoholes y con muy poquitas ganas de estar en la película que estaba, con un guion que el propio director escribió junto a Mario Camus. Pues la cosa se le quedó grande al caballero porque ¡menudo pedazo de mierda!
Queda claro que “Truhanes” le salió así de casualidad o, como decía Carlos Pumares, se la hizo un primo, porque "Marbella, un golpe de 5 estrellas" es la obra del más penoso director de serie Z contando una historia enorme cuyo presupuesto no deja ejecutar debidamente.
Un yanki afincado en Marbella, estando una noche en su yate, observa como una mujer se tira al agua desde un barco. Al ver que nadie la socorre, decide proceder él. Ello provoca las iras del dueño del barco, que embiste el yate del protagonista y se lo deja hecho añicos. Tras denunciarlo y comprobar que "el embestidor" tiene a la policía comprada y él no puede hacer nada al respecto, investigará con el afán de ver a que se dedica. Cuando descubre que se dedica al tráfico de armas, decide suplantarle para agenciarse los respectivos milloncejos.
Mala es decir poco. Y aburrida. Y cutre.
Al ser Marbella una localidad provinciana, a pesar del lujo y la corrupción que se menea por allí, se ve que la película levantó expectación durante su confección, porque rodaban en exteriores y se utilizaba gente local como extra.
La película tuvo una distribución discreta en cines, que logró acumular el número de 222.284 espectadores. Muy pocos, pero en justicia, se merecía menos.
Por otro lado, Frade la distribuyó internacionalmente bajo el título de “Marbella”. Tal cual. Supongo que encontraría su nicho en los videoclubes norteamericanos y poco más.

viernes, 5 de agosto de 2022

DIFERENCIAS IRRECONCILIABLES

Recuerdo perfectamente, siendo niño y con la fiebre de “E.T. El extraterrestre” todavía coleando de alguna manera, ir al cine de mi barrio, el Benares, a ver esta película por dos motivos muy concretos: La protagonista era Drew Barrymore, la niña de “E.T.” —de la que en mi adolescencia, y al ser ella también adolescente, estaba enamorado hasta el punto de colgar un póster de esta vestida de boxeador en mi taquilla de la mili— y el pensar firmemente que se trataba de una película de corte familiar/infantil. Que equivocado estaba. En realidad era un folletín absolutamente adulto del que yo no comprendía nada de nada, así que me fui del cine cuando ya iba por la mitad. Y aunque tuve constancia de ella en años posteriores, no fue hasta la otra noche que decidí de nuevo enfrentarme al toro casi cuarenta años después. Ahora sí comprendía todo, pero me aburría solemnemente. No mejoró mucho la cosa tras este nuevo visionado.
“Diferencias irreconciliables” da inicio con la improbable premisa de una niña que se quiere divorciar de sus padres. Esto da pie a una serie de flashbacks en los que el espectador es testigo de los problemas de pareja y/o familiares que arrastran los padres de la interfecta, la pareja formada por Shelley Long y Ryan O’Neal, y que llevan a la pequeña Drew Barrymore a querer divorciarse de ellos: Muchas trifulcas, cuernos, celos, egos desmedidos y ninguneo perpetuo hacia la niña, porque sus padres se dedican al negocio del cine y no le prestan la más mínima atención. Y así todo el rato. Un verdadero aburrimiento con estructura de telefilme, camuflado de alta comedia.
La -única- gracia del asunto estaría en que el argumento completo se basa veladamente —los nombres de los personajes están alterados, lógicamente— en la relación de pareja real que mantuvieron Peter Bogdanovich y Polly Platt y la aparición de una tercera persona que volvería loco de amor al director, como era Cybill Shepherd, a la que convertiría en su amante y que en esta ocasión interpretaría una jovencita Sharon Stone. En ese sentido, se ambientarían todas estas discusiones y trifulcas durante el ascenso y caída como director de Bogdanovich, por lo que tenemos también en la película a un productor que tiene bastante peso en la trama, que le pide al trasunto de Bogdanovich que arregle una película que acaba de producir y que vendría a ser el equivalente a Roger Corman, interpretado por Sam Wanamaker. Pero si no conocemos todos estos datos previamente, la película entera carece de gracia. Tampoco es que conociéndolos la cosa mejore.
Sin embargo, siendo un largometraje de bajo presupuesto que costó tan solo 6 millones de dólares (los actores aceptaron ir a porcentaje porque la producción no poseía liquidez suficiente para pagar sus cachés), logró duplicar su presupuesto en taquilla, amén de conseguir estupendas críticas en su momento. Por supuesto, la cosa gustó a gente que de un modo u otro conocía el entorno de Bogdanovich y satélites y, pronto, “Diferencias irreconciliables” se disiparía en el tiempo siendo a día de hoy una película completamente olvidada.
También cuenta su protagonista infantil, Drew Barrymore, que las trifulcas que retrata la película se trasladaron a la vida real y que aquél rodaje fue un autentico infierno, puesto que todo el equipo estaba discutiendo constantemente de manera muy agresiva y ella se marchaba a llorar a su trailer planteándose incluso dejar el mundo de la interpretación. Barrymore fue una de esas niñas ninguneadas criadas en ambiente cinematográfico y, en consecuencia, a los 12 años ya era alcohólica y adicta a la cocaína, motivo por el cual a los 14 se vio sometida a rehabilitación. Probablemente sea la actriz más joven en escribir sus memorias, y en “Little girl lost”, cuenta a su biógrafo todos sus problemas con las drogas. Quizás el mal ambiente de “Diferencias irreconciliables” fuera el detonante para su descenso a los infiernos, por lo que en cierto modo fue hasta profética en ese sentido.
Dirige Charles Shyer, que debutaría para la gran pantalla con esta película y que en adelante se especializaría en este tipo de comedias insustanciales para públicos maduros y tirando a rancios; “Baby, tu vales mucho”, las dos revisiones de “El hijo de la novia”, “Me gustan los líos” o “Alfie”, compondrían el grueso de una filmografía que tendrá sus seguidores, pero que a mí me deja frío, como si estuviese caminando en pelotas por algún inhóspito tramo nevado del polo norte.
Sin más. Revisada por pura vejez (que no nostalgia).

sábado, 1 de noviembre de 2008

LOCA ACADEMIA DE POLICÍA 4: LOS CIUDADANOS SE DEFIENDEN

La cuarta sigue manteniendo el nivel a buen ritmo, siendo una de las mejores entregas.
La acción se traslada de nuevo a la academia. El Comandante Lassard prepara un programa, en el cual los ciudadanos serán instruidos con el fin de defenderse de la criminalidad y facilitar el trabajo a la policía, plan este que aprueba todo el mundo, excepto el Capitán Harris (recuperado de la primera peli) y al Teniente Proctor (que estando en la tercera película en la academia del Comandante Mauser, no entiendo que cojones hace otra vez en la de Lassard… se pasaban la continuidad por el forro, eso está claro) quienes, como no, intentarán desmoronar el plan.
El cast sigue sin tocarse desde la anterior película y la estructura, idéntica en toda la saga. La academia intenta hacer algo innovador, y los pelotas con ansias de poder pretenden joderlo. Es a,e,i,o,u. Pero esta cuarta, seguramente, sea la mas divertida de todas, e intenta adaptarse a los nuevos tiempos, sustituyendo en los títulos de crédito la mítica banda sonora por un rap de tercera categoría e incluyendo en el metraje escenas de skaters, patinando por las calles, pues en aquellos momentos estaban muy de moda. Para ello, contrataron a los grandes del skate, como pueda ser el mítico Tony Hawk.
Por otro lado, se hace un guiño a Jason Voorhees, en una escena en la que, con el fin de gastarle una broma a dos chicos del programa de Lassard, los protas fingen una detención y en el camión blindado, tras una ridícula sesión de voodoo a cargo de Hightower, de un saco en el que se supone que hay un cadáver surge un violento Tackelberry con una mascara de hockey y sierra mecánica. Los chavales salen disparados.
No faltan los ingredientes recurrentes: Trama casi nula, gags estúpidos y final espectacular del que los protagonistas salen airosos, siendo este el más espectacular, por los aires, con especialistas saltando de avioneta en avioneta, o de avioneta a globo.
Localizamos a una muy jovencita y apetecible Sharon Stone, que después de esta se vino a España a rodar un bodriaco sobre el toreo, en el que se la ven hasta las amígdalas, llamado "Sangre y Arena".
Muy entretenida, quizás la mejor de la franquicia en mi opinión. Llegados a este punto, estalló la “policeacademymanía” que se tradujo en una floja serie de dibujos animados, merchandising de todo tipo y muchos chavales que querían ser policías. Incluso recuerdo haber tenido, fruto de aquellos días, una cinta de la banda sonora de la serie con canciones escritas para la ocasión que daban bastante vergüenza ajena ("Van de azul"… ¿Se acuerdan?) y que lamento no haber conservado.
La saga continuaría, pero por unos derroteros ya muy tristes.
La dirección esta vez corre a cargo de Jim Drake, que, como es habitual, tiene una larga trayectoria televisiva, carente de todo interés.

viernes, 3 de junio de 2022

ENSALADA BAUDELAIRE

Lo primero que nos viene a la cabeza, según vamos viendo esta película española del año 78, es la semejanza que guarda con esa mamá del "home invasion" que es “Funny Games” de Michael Haneke. Por supuesto a fans del cine español y fantaterroristas  varios se les llena la boca  a la hora de poner este film ignoto como referente del cineasta alemán, cuando no, le acusan directamente de plagiar una obra que, hasta hace relativamente poco, permanecía oculta. Lo más probable y sensato es pensar que Michael Haneke no tenga pajolera idea de la existencia de “Ensalada Baudelaire” y que atribuyamos todo parecido a la caprichosa casualidad. Pero, sí es cierto que esta película se adelanta en el tiempo —aunque existen referentes anteriores— a lo que hoy en día es un subgénero, y que, salvo por algunos momentos torpes propios del cine de la época que hacen parecer esta historia una comedia involuntaria, lo cierto es que estamos ante una buena película de desarrollo desasosegante, pese a la pasividad de sus protagonistas Xavier Eloriaga y Marina Langner, en contraste con el desfase de los co-protagonistas, Lorenzo Santamaría, cantante melódico que tuvo su mayor momento de bonanza en los 70, y Ricardo Masip, que elevan el arte de la sobreactuación a cotas verdaderamente descojonantes.
Un matrimonio de la alta sociedad, cuya relación se basa más en la conveniencia y el desprecio que en el amor, deciden salir a pasar el día en su yate. Una vez en alta mar, se encuentran en la zona donde van a echar el ancla con una serie de individuos en sus respectivas embarcaciones. En un alarde por hacerse notar, ella, invita a una pareja a subir a su yate para que les haga compañía. Y pasan la mañana estupendamente hasta que estos comienzan a comportarse de modo extraño. Tratan como el puto culo la máquina polaroid de nuestro protagonista, tiran cosas por la borda o pintan pollas en cubierta con un pintauñas. Cuando nuestro matrimonio se cansa de su comportamiento y los echa del barco, estos usarán la fuerza para reducirles y tomar el control del mismo, secuestrándoles in situ. Entonces veremos que uno de los dos intrusos no es una chica, sino un homosexual travestido y someterán al matrimonio a sus perversos jueguecitos, haciendo con la esposa lo que les viene en gana ante la mirada de su marido que permanece atado y amordazado.
Está bien la cosa. Quizás en algunos momentos se pone cutre en exceso y se acusa una incapacidad absoluta por parte de los responsables de otorgarle a la historia un desenlace digno (de hecho, como se soluciona este asunto es tan risible como el ver a Lorenzo Santamaría en bañador meneándose hacia arriba y hacia abajo durante toda la película) y, a falta de un buen final, se avisa en off al espectador para que no se levante de su butaca, porque si este final no le ha gustado, tienen en la manga dos finales más a cual peor. Pero en general, se pasa un buen (o mal) ratillo viendo “Ensalada Baudelaire”.
Se trata del debut y despedida para la gran pantalla del director Leopoldo Pomés, cuyo trabajo más destacado a parte de este, consistía en llevar la cámara en aquél celebrado anuncio de Freixenet del año 92 que dirigía Bigas Luna, y que reunía en pantalla a Antonio Banderas y Sharon Stone para felicitarnos las fiestas.
Por otro lado, el libreto está firmado a pachas entre Pomés y destacados miembros del mundo del arte como son el escritor y arquitecto Óscar Tusquets y Román Gubert, historiador de cine y cómic especializado en pornografía, con tropecientos libros a sus espaldas y un prestigio y reconocimiento unánime a nivel cultural. Choca, que lo que para ellos seguramente fuera una película seria y respetable, en realidad resulte ser una divertida "serie B" que se exportó al extranjero, eso sí, como parte de la programación de los grindhouse de la época y autocines, donde se exhibió bajo los títulos de “Sex & Violence” o “Andrea”. Lo mismo que ocurría con la laureada  “La Caza” de Carlos Saura.
“Ensalada Baudelaire” consiguió arrastrar a los cines a poco más de 200.000 espectadores y, en resumidas cuentas, está bien, se ve con agrado y, más importante todavía, se parte uno el ojete con las interpretaciones de los dos sádicos, malvados y homosexuales secuestradores.

lunes, 8 de mayo de 2017

LOS GUSANOS NO LLEVAN BUFANDA

Desde luego, el interés de esta película radica en lo descabellado y bizarro de su reparto. ¿A quién se le ocurriría meter en la misma película a Anthony Perkins, Quique Camoiras, Rody McDowall, José Luis López Vázquez y Beatriz Carvajal? Pues nada menos que al productor José Frade y al compositor/actor/director Javier Elorrieta, que estaban convencidos de que, por encima del talento, y con un pensamiento muy a la americana, lo que prima en el éxito de una película es el número de estrellas internacionales que contrates para ella, aún estando estas en decadencia. Con esa premisa rodaron en 1989 “Sangre y Arena” que cuenta con la particularidad de tener en su reparto a Sharon Stone que aún no era una súper estrella y con la que ya sonaron campanas en cuanto a su carácter de mujer caprichosa irracional e insoportable. Y en 1992, disponen todo para poner en marcha esta “Los gusanos no llevan bufanda”.
Aunque esta películas con estrellas internacionales probablemente funcionarían bien en el resto del mundo, ya fuera en ediciones en vídeo, ya fuera en ventas a televisión, lo cierto es que en España pasaron inadvertidas, si bien es cierto que, mal publicitadas, y malas como el mismo diablo, lo más probable es que sus estrenos comerciales en la península importaran un pimiento; no eran esas vías las que harían que los bolsillos de Frade se llenasen, sino las anteriormente mencionadas.
Estrenada internacionalmente con el título de “The Naked Target”, en clara alusión y explotando el tirón de la saga “The Nuked gun” - “Agárralo como puedas” , “Los gusanos no llevan bufanda” cuenta la historia de un inepto mensajero neoyorquino que, sin saberlo, es enviado por la CIA a España a una misión secreta, para la cual se le esposará a la mano un misterioso maletín metálico. Una vez en España es recibido a tiros, comenzando así una trama incomprensible, liosa e incoherente que se irá desarrollando entre gags cómicos de sal gruesa. El tedio más absoluto se apodera del espectador.
Y es que esta película es una rara avis, quizás, la película más extraña del cine español. Una mezcla, intuyo que involuntaria, de acción al más puro estilo americano –pero muy mal rodada- con la comedia española de toda la vida, la de la pandereta, los cuernos y el esconder al amante dentro del armario.
Para que el entramado internacional cuadre más, y rodada íntegramente en Madrid, se soluciona esta papeleta rodando unos planos de Nueva York muy bonitos y pintones que se colocarán  al principio, durante los títulos de crédito, y así queda cubierta la parte americana de la película.
Protagonizada, sin comprender muy bien por qué, por el actor Clayton Rohner, secundario americano especializado en producciones de serie B, su nombre sonará a amantes del género de terror al estar su nombre implicado en los repartos de películas como “Inocentada Sangrienta”, “Lecturas Diabólicas” o más recientemente “The Human Centipede III”, pero para el resto de los mortales, y más en concreto para el publico del cine español, un completo desconocido. Rohner encabeza el reparto intentando ser lo más gracioso posible, sin conseguirlo, y con cara de preguntarse todo el tiempo qué demonios hace ahí.
Más decadente resulta la aparición de Anthony Perkins dando vida a una especie de putero  homosexual adicto a los accidentes de tráfico, con medio cuerpo articulado en plan robot,  que va en busca de travestís y que por motivos meramente cómicos, acaba contratando los servicios de nuestro protagonista perfectamente disfrazado de mujer por motivos que no vienen al caso, ni en lo que cuento, ni tan siquiera en la película. Y a pesar de lo decadente de esta intervención del que fuera antaño Norman Bates en “Psicosis", esta se antoja de largo como lo mejor y más divertido de la película, lo más desmadrado, y un claro guiño a clásicos de de la serie B americana como, por poner un ejemplo, “La carrera de la muerte del año 2000” producida por Roger Corman, en caso de que, efectivamente, existiera la intención de homenajear por parte del director Javier Elorrieta. Mucho me temo, que el posible homenaje, sería también involuntario, pero ahí queda.
Más digno sería el papel que desempeña Roddy McDowell, que venía directamente del tirón que el actor adquirió al protagonizar al cazador de vampiros Peter Vincent en “Noche de Miedo” y que daría vida al contacto español que capitanea la misión de nuestro protagonista y si bien es cierto que su rol sería el menos excesivo de toda la película, la cosa se torna bizarra cuando en la sala de doblaje de la versión española de la cinta se decide que su voz sea doblada por ¡¡Jesús Puente!! El actor tenía una larga carrera de doblaje a sus espaldas, pero el tono  de su voz y el hecho de que por aquél entonces gozaba de cierta popularidad por presentar en televisión diversos programas televisivos, hacen su presencia en la película demasiado evidente como para que esto no resulte hilarante y, en cierto modo, incluso ridícula.
Y a todo este elenco internacional, imagínenselos interactuando con un enloquecido Quique Camoiras que, sierra mecánica en mano, está a punto de rebanarle los sesos a Clayton Rohner, o con un José Luis López Vázquez que da vida a un oficial del ejercito cuya mujer, Beatriz Carvajal, le pone los cuernos, y creyendo este que el amante de su mujer es el mismo Rohner,  la emprende con él a tiro limpio, o con un Juan Carlos Martín, recién salido de los programas televisivos de Tele Cinco y que comenzaba con su fallida carrera cinematográfica compartiendo un momento con Rohner en el que son masacrados a golpe de metralleta en la cornisa de un edificio. El resultado es del todo hilarante, pero dista mucho de ser de interés o minimamente divertido, pero si que es una comedia española para nada convencional. Tampoco es convencional su director, Javier Elorrieta, hijo del famoso productor José María Elorrieta, y que empezó su carrera como compositor –suya es la partitura de “Descanse en Piezas” para la que además hace un papelito- y protagonizó la película “Freddie, El Croupier" , para rápidamente pasarse a la dirección cinematográfica facturando títulos de cierto prestigio como “La noche de la Ira” , despropósitos deleznables como “Demasiado caliente para ti”  o acabar dirigiendo “Sitcoms” de factura patria que muy bien se podrían reseñar en este blog como pueda ser “Arévalo & CIA”  a mayor gloria del humorista Arévalo, para acabar sus días en el cine filmando directamente en vídeo con “Humo y Azar”.
Actualmente, compagina la dirección por encargo con su tardía carrera paralela como cantante y de la cual ya cuenta con cuatro discos en el mercado.
Un director curioso.

lunes, 8 de septiembre de 2014

LOVELACE

Pasa el tiempo y el anunciado biopic sobre Linda Lovelace – actriz porno que se hizo súper popular comiéndose pollas en la película porno “Garganta Profunda”- se estrena en los USA, sin hacer excesivo ruido. Y acaba saliendo en DVD, y en españa, ni rastro de ella. Suerte que tenemos las descargas ilegales.
Y cuando una de estas películas no termina de llegar a españa, malo. Siempre suele ser porque son una puta mierda. Y al comenzar el visionado y ver ese logotipo de “Milleniun Films” (ya saben, “Nu Image”) hace presagiar que lo que vamos a ver, no es ese producto mainstream de dos horas y media que esta historia pedía a gritos, y que por otro lado, muy ingenuamente, yo esperaba. Y efectivamente, “Lovelace” es ese tipo de biopic funcional que omite montones de cosas, que suaviza los acontecimientos y que convierte a Linda Lovelace, más tonta y ávida de dinero que otra cosa, en martir y santa, cuando la única verdad, independientemente de lo que ocurriese con su marido maltratador, es que le gustaba la fama más que a un tonto un lápiz, y que se hizo famosa por ser la primera que se comía una polla hasta los huevos delante de una cámara. Cuando ya comerse una polla entera no era una cosa exclusiva, entonces se reconvirtió al cristianismo y luchó contra la pornografía hasta las últimas consecuencias (yo creo que como medio de vida finalmente). Pero claro,  Harry Reems ya se había corrido en su cara, y ella se había relamido cuando le dio por luchar contra lo que le había reportado la fama. “Quien vea la película está presenciando mi violación” Muy exagerado todo.
Bien, pues de todo eso la película habla por encima. Su reconversión  al cristianismo extremo se omite,  su lucha contra la pornografía se resuelve en los minutos finales, y la película tiene el infortunio de contarnos la historia dos veces. Esta se centra en el periodo comprendido desde la adolescencia hasta el estrellato de la actriz: por un lado nos cuenta como fue esta historia desde el punto de vista popular, lo que la gente conoció acerca de la actriz y la película que le dio la fama, y una vez llegada su noche de gloria en el pase privado de “Garganta profunda” que dio el magnate Hugh Hefner para famosos y demás, la película retrocede en el tiempo para contarnos lo mismo pero desde el punto de vista de Linda Lovelace, lo que se resume en paliza tras paliza que le propinaba su marido Chuck Traynor, que además, la prostituía siempre que podía.
Esto hace a la película tremendamente reiterativa y  convierte la funcionalidad que pretende tener en una falta de ritmo más o menos palpable, que hace que la cosa decaiga. Pero al final la película con una hora y veinte de duración se ve tranquilamente, sin estridencias de ningún tipo, ni trasgresión alguna. Así que la mayor pega que le pongo, es que, en mi opinión, habría que haberle echado más pasta a esta producción. Luego ya, le falta un poco de mala baba al asunto, y por otro lado, el casting no me parece muy acertado porque ¡¡¡Es todo el mundo muy guapo!!! Y  hay que recordar que la gente implicada en  “Garganta Profunda” era toda bastante fea. La Lovelace, se comía las pollas como si hubiera nacido para ello,  pero era más bien feúcha, de dientes pochos yde físico más bien discreto. Y Harry Reems, parecía Bigote Arrocet. Aquí, hasta Gerard Damiano es guapo.
En resumidas cuentas, es un biopic, estos siempre son agradecidos (si lo era hasta el telefilme sobre Anne Nicole Smith…), y se ve perfectamente, pero es demasiado televisivo, demasiado plano y demasiado blanco y políticamente correcto.
Las estrellas de la película, Amanda Seyfried  (“Caperucita Roja: ¿A quién tienes miedo?”, “La gran boda”) como Linda Lovelace,  Peter Sarsgaard  (“Linterna Verde”, “La llave del mal”) como Chuck Traynor, Hank Azaria ( “Los Pitufos”, “Godzilla (1998)”) como Gerard Damiano, James Franco como Hugh Hefner , secundados por gente como Wes Bentley, Eric Roberts, Cloe Sevigni, Juno Temple, Robert Patrick o Sharon Stone.
Los directores son Rob Epstein y Jeffrey Friedman, que no han rodado nada que yo haya podido ver o que me haya podido interesar.
No obstante, si quieren saber bien, bien la historia de esta actriz y de la película que estuvo a punto de llamarse “El Tragasables”, es mucho mejor ver el documental “Inside Deep Throat” donde se ahonda en todo el asunto, y en la vida de Linda Lovelace y todos los implicados en la película, de manera sobervia.

sábado, 7 de mayo de 2011

QUATERMAIN Y LA CIUDAD PERDIDA DEL ORO

Siempre di por hecho que esta peli se hizo, simple y llanamente, por el exito que supuso la anterior, "Las minas del rey Salomón", uno de los mejores y más divertidos "exploits" que existen de "Indiana Jones". Pero por lo que he leído, se ve que no, que se rodó "back to back" con la primera por aquello de aprovechar decorados, personal y etecés. Y porque, imagino, creyeron que una segunda entrega era algo natural para un film de estas características. Todo eso aún me crea más dudas. Entonces, si el guionista era el mismo (Gene Quintano, responsable también de la historia que engendró "El tesoro de las cuatro coronas" y director de "Con el arma a punto"), así como los productores (la "Cannon", of course), y el film precedente aún estaba fresco, ¿cómo es posible que ambos sean TAN distintos y, peor aún, este en concreto, la secuela, sea TAL INMENSA MIERDA?. Vamos a intentar averiguarlo.
Quatermain (Richard Chamberlain again) y su churri (Sharon Stone again) viven juntos. Ella, como mujer que es, quiere alejar al muchacho de su vida llena de peligros y aventura, vestirlo con traje y llevárselo a la civilización para casarse (urgh!!). Sin embargo, unos hechos inesperados darán un giro a sus planes. Tal giro consiste en partir a la búsqueda de la ciudad perdida del oro y, de rebote, al hermano de Quatermain, que desapareció indagando sobre tan mítico lugar.
Tal vez el problema al que aludíamos antes lo tenemos en el director. Jack Lee Thompson se encargó de la primera, pero para la segunda contaron con el habitualmente telefílmico Gary Nelson (en su curriculum solo destaca un film previo, "El abismo negro" de la Disney), quien tal vez prefirió olvidar los desmadres y el tono paródico del original y apostó por un rollo aventurero más clasicorro. Gran Cagada. Dando tan erróneo paso, "Quatermain y la ciudad perdida del oro" quedaba despojada de su "punch", de aquello que la salvaba de ser una mera imitación chapucera de "Indiana Jones" para convertirse en.... eso, una mera imitación chapucera de "Indiana Jones". La primera mitad del film aún es soportable, el viaje a la ciudad del título anda plagado de peligros tan cutres como unas marionetas-serpiente o muchos cromas mal aplicados. Pero en el momento que llegan, todo se vuelve horriblemente monótono, plasta, predecible, patético (la escena de Chamberlain fingiendo poderes ante un gran pedrusco es de vergüenza ajena) y, en una temible palabra: ABURRIDO. ¡¡Que lejos queda el ritmo endiablado, el "slapstick" y el tono tebeístico de "Las minas del rey Salomón", por dios!!. Naturalmente nunca hubo tercera parte, y ni falta que hacía.
A los protas les acompañan rostros tan reconocibles como los de James Earl Jones, Henry Silva con unos horripilantes pelos y nada menos que Cassandra Peterson, también conocida como la sobrevalorada Elvira.
Lo dicho, mala hasta el absurdo. Ni para echarse una risa sirve.


Hacen buena pareja. Cierto. Pero, en cuanto pueda, la que
está a la izquierda se quedará huérfana de la que está a la derecha.