martes, 28 de diciembre de 2010

EL DÍA DE LOS INOCENTES

Me perdonarán si tal día como hoy cometo la obviedad de recuperar esta reseña escrita originalmente para un fanzine de la Maratón de Cotxeres.
Se tiende a confundir esta película con otra de idéntico título adscrita, también, al slasher y dirigida por Fred "Cuando llama un extraño" Walton (víctima a si mismo de un horripilante remake), sin embargo, son bastante distintas, siendo la que nos ocupa la que merece aquellos adjetivos que tanto valora el acólito del género, a saber: gore, exceso, cutrismo y diversión.
Muchas veces me he preguntado cómo era posible que una peli tan jodidamente mala necesitara nada menos que tres directores y, de paso, qué coño pintan varios posters de películas de Juan Piquer Simón en el despacho de un personaje que se supone es productor de cine. Mientras a la primera cuestión nunca le he encontrado respuesta (ni lo haré jamás), el caso de la segunda es bien distinto. Resulta que el productor de "El día de los inocentes", Steve Minasian (junto a su socio Dick Randall), es el mismo que se encargó de perpetrar "Mil gritos tiene la noche", pieza clave del cine de Piquer Simón (y de "No abrir hasta Navidad", por cierto).
Pero todo eso da igual, en "El día de los inocentes" una vez más se suple la falta de ideas y talento con dos valores seguros, sangre (atención a la cerveza explosiva) y unos cuantos senos bailarines. ¿Que de qué va esta peli?, ¡¡¿es una broma?!!, ¿has visto "El tren del terror"?, pues lo mismo. Un pajillero anormal e inadaptado francamente odioso ("A este le haría putadas hasta yo" llegas a pensar) es blanco de una broma que termina en accidente de la que son culpables la panda "guay" del insti, todos ellos con pinta de haber hecho la mili hace tiempo y superado la menopausia (en especial Caroline Munro, "scream queen" en horas bajas). Obviamente el chaval se pondrá una careta y se tomará la revancha a lo bruto y sin escatimar en mala leche, siempre al son de la partitura compuesta por Harry Manfredini, sí, el mismo de la música de los primeros "Viernes 13".
Lo dicho, diversión asegurada... aunque no precisamente gracias a los estúpidos e innecesarios momentos de comicidad voluntaria (o voluntariosa).
El cartel mola mazo.