Les confesaré algo que viene a decir dos cosas: Cuando he decidido ponerme con esta reseña, he tenido que buscar la sinopsis de la película en Internet. Y eso que la he visto dos veces… ¿eso qué quiere decir? Pues que, o yo no me entero de nada, o "Madres Caníbales" está tan mal explicada que tienes que intuir el argumento.Bien, yo ahora les voy a hacer la sinopsis que haría, si no hubiese consultado la red de redes: Sin motivo aparente, un buen día las amas de casa comienzan, entre mucho paliqueo previo, a comerse a sus hijos... mira tu por donde todos ya bastante creciditos. ¿El motivo por el que se transforman en diabólicas caníbales? No nos queda claro.
Tras consultar la sinopsis en Internet, descubro que lo que les pasa a estas señoras es que el maromo que se las tira durante la primera parte de la peli (un menda bastante garruler) les transmite una extraña enfermedad venérea que las hace convertirse en las madres caníbales. Pues vale.
En cualquier caso da igual, porque la película es tan SUMAMENTE HORRENDA, que no llega a ser útil ni para risas.
Eso sí, la labor de maquillaje, así como sus látex varios, son simpáticos, al igual que esa madre que abre la boca mucho y que, aunque apesta a “animatronic” chusquero, provoca hasta mal rollo.
Ahora, a la película en general le tengo mucha simpatía. Por ser un truño. Verán, es muy fácil reírse con una de aquellas “tan malas que son buenas”, te lo pasas bien, tienen frases memorables, escenas de llevarte las manos a la cabeza… Pero zamparse una peli que no estás entendiendo, resoplar de agobio y que, encima, las escenas con chicha, las únicas por las que merecería la pena aguantar, tampoco merecen el visionado, para hay que tener un par de huevos. Y por eso me caen bien estas (y otras) películas horrendas. Son las feas de la manada, las que no entran ni en el saco de las “malas que dan risa”, las que no conservas en tu colección, a pesar de que presumes de ser eso que llamáis “cinéfago”. A esas, que tiras a la basura o borras de tu disco duro, por inaguantables, yo tampoco las aguanto, pero me caen bien. Seguro que sus directores les pusieron todo el cariño y el esfuerzo a la hora de rodarlas… o quizás no, en cuyo caso, se merecen más aun mi simpatía; no las quiere ni su director.
En este caso, el dire de esta es un tal James Aviles Martin… exótico e hispánico nombre.