Para entendernos, "El monje loco" era un comic mexicano de gran éxito al estilo del "Tales from the crypt" yanki, con el tal monje ejerciendo de “Crypt Keeper”. Lo que nos ocupa es su adaptación “videográfica”. Y digo videográfica, no ya porque solo se explotara en vídeo, sino porque está rodada en su temprana versión de 1984, con maravillosa y costrosa textura, dejando a otras producciones de similar índole al nivel de una súper producción Hollywoodiense. ¡Esto sí que es video señores! con sus colores apareciendo en los cortes y esos tonos verdosos taaaaaan deslumbrantes (si saben algo del formato, sabrán a que me refiero). Cabe decir también que el amateurismo de la producción se respira por los cuatro costados, lo detectamos en los torpes movimientos de cámara y los golpes al trípode, como si de un vídeo de boda se tratase, amén de unos encuadres totalmente incompetentes. En el campo del montaje la cosa mejora… aunque no demasiado.La película consta de dos historias anfitrionadas por el monje loco, que si bien no hace acto de presencia hasta el final de la primera, luego en la segunda se convertirá en un personaje más. Serían las siguientes...
Un seminarista se enamorará de una de sus feligresas hasta llegar a traspasar la frontera entre cordura y locura, y tras ser repudiado por dios decide tomar a su amada, eso si, por la fuerza, lo que desencadenará un trágico final, como no podía ser de otra manera.
Un seminarista se enamorará de una de sus feligresas hasta llegar a traspasar la frontera entre cordura y locura, y tras ser repudiado por dios decide tomar a su amada, eso si, por la fuerza, lo que desencadenará un trágico final, como no podía ser de otra manera.
En el siguiente dos pobres campesinos se ven agobiados por las deudas. Poseen un crucifijo que el propio monje loco quiere, y que como se niegan a entregárselo, les lanza una maldición.
La película no dista en absoluto, tanto en las maneras como en los sosos diálogos, de un culebrón mexicano ochentero, solo falta que salga Verónica Castro por ahí. Y sus argumentos son tan endebles que hay que rellenar metraje como sea; en este caso, en el primer capitulo lo hacen con el cura y su amada, cantándose el “Ave María” al órgano, enterito. Y para alargar mas todavía, el cura más adelante se canta otra canción entera a la guitarra.
La película no dista en absoluto, tanto en las maneras como en los sosos diálogos, de un culebrón mexicano ochentero, solo falta que salga Verónica Castro por ahí. Y sus argumentos son tan endebles que hay que rellenar metraje como sea; en este caso, en el primer capitulo lo hacen con el cura y su amada, cantándose el “Ave María” al órgano, enterito. Y para alargar mas todavía, el cura más adelante se canta otra canción entera a la guitarra.
Más delirante todavía resulta la presencia del monje loco. En los cómics, este tiene un ojo en blanco y medio salido. En la película han solucionado ese tema poniéndole al actor ¡una pelota de ping pong sujeta con una goma! Y les aseguro que no hay intención cómica (o de “spoof”) alguna. Por cosas del rellenar metraje, también el monje aparece tocando el mismo órgano que sirvió al cura de la primera historia para cantarse el “Ave María”, mientras se pega una sobreactuadísima carcajada de varios minutos. Hilaridad asegurada.
Más chocante resulta el confuso desarrollo de la segunda historia, en la que no pasa nada, no nos enteramos de nada, y se hace referencia en el título a un talismán maldito, que no aparece en todo el capítulo. Menudo despropósito.
Obviamente, la película es para darle de comer aparte. El concepto ritmo no existe en esto, que no parece querer avanzar ni a empujones, pero si estamos armados de la paciencia necesaria, al final sabremos encontrarle cosas positivas a semejante joyita del infra-infra-cine, que hay que tener muy en cuenta por pionera (en cuanto a vídeo en México, se entiende) y por completamente desquiciada.
Dirige un tal Julio Aldama, de filmografía discreta para lo que son los Mexicanos, y que de lleno en el “Home vídeo” se marcó un par de películas con títulos tan llamativos como "El exterminador nocturno", "Hermelinda linda" y su secuela "Agente 0013: Hermelinda linda 2".
Más chocante resulta el confuso desarrollo de la segunda historia, en la que no pasa nada, no nos enteramos de nada, y se hace referencia en el título a un talismán maldito, que no aparece en todo el capítulo. Menudo despropósito.
Obviamente, la película es para darle de comer aparte. El concepto ritmo no existe en esto, que no parece querer avanzar ni a empujones, pero si estamos armados de la paciencia necesaria, al final sabremos encontrarle cosas positivas a semejante joyita del infra-infra-cine, que hay que tener muy en cuenta por pionera (en cuanto a vídeo en México, se entiende) y por completamente desquiciada.
Dirige un tal Julio Aldama, de filmografía discreta para lo que son los Mexicanos, y que de lleno en el “Home vídeo” se marcó un par de películas con títulos tan llamativos como "El exterminador nocturno", "Hermelinda linda" y su secuela "Agente 0013: Hermelinda linda 2".
A descubrir, y reivindicar.