Producto de la primera época de "Full Moon Entertainment", el -entonces- nuevo juguete de Charles Band, años antes de su inevitable y despiadada -actual- decadencia. Previamente a "Dollman" (1991), tenemos la primera "Puppet Master", "Subspecies" o "El pozo y el péndulo" y justo después encontramos "Netherworld", "Demonic Toys" o "Semilla negra". Ninguna destaca por sus valores cinematográficos, pero al menos tenían algo de entrañable y simpático, cosa que no podemos decir de las más recientes producciones de la casa. Eran los tiempos en los que a "Full Moon" la distribuía por video-clubs españoles nada menos que "Paramount", lo que no dejaba de resultar un poco chocante. Band se lo montó muy bien dando a todos sus productos un empaque parecido, con un diseño caratulil bien atractivo destinado a los fans del fantástico e incluso de los comics. Muchos fuimos los que picamos.
Situémonos. Resulta que hay un planeta llamado Arturo (????) que, una vez traspasas su atmósfera y te acostumbras al tono sepia que todo lo inunda, encuentras algo que no dista mucho de lo que tenemos en la tierra. Hay personas que hablan en inglés, existe la delincuencia, incluso la policía se llama policía y, por si eso fuera poco, tienen a su propio tipo duro, odiado por sus superiores pero infalible a la hora de imponer la ley, aunque sea a lo bruto. Un día se sube a una nave y sale tras el villano de turno, una cabeza con los dientes podridos pegada a un platillo. Traspasan un especie de agujero de gusano y llegan a nuestro hogar azul. Una vez aquí, resulta que miden solo 30 centímetros de altura (el de la cabeza voladora menos, se entiende), lo que no les frenará a la hora de seguir dando tiros o hacer el mal. Concretamente, el villano engatusa a un delincuente de baja estofa -y su gang- contra el que lucha la prota femenina, hispana y madre soltera para más señas. Esta contará con la ayuda del miniaturizado poli duro, "Brick Bardo", sobre todo cuando sea secuestrada por los chicos malos del barrio.
Resulta muy fácil comparar el personaje de Tim Thomerson, el mentado "Bardo", con "Harry el sucio", pero es que la propia película invita a ello, sobre todo al principio, con el super-poli llegando a la escena de un secuestro con la misma parsimonia, idéntico desdén y actitud pasotista del mítico -y maravilloso- personaje encarnado por Clint Eastwood, del que Thomerson toma prestados muchos tics, especialmente lo de hablar casi en susurros y la penetrante mirada lacónica. Cuando "Brick Bardo" cambia de escenario y el actor decide darle vida de modo sutilmente distinto, el regusto "Harrycallahanesco" inicial se pierde.... para mi mayor tristeza. Y es que, encima, luce un mega-pistolón con la capacidad de hacer estallar los cuerpos contra los que dispara (por aquello de que, una vez en gigantelandia, siga siendo un arma útil) y que nos proporciona algunos de los -pocos- momentos jugosamente "gore" de la función. Pues bien, dicha arma se parece mogollón -si es que no es directamente la misma- a la "automag 44", la versión automática de la famosa "Magnum 44", la que lucía "Harry, el sucio" himself en la ettttupenda "Impacto Súbito".
Como le ocurría a muchos de los productos "Full Moon" del periodo, lo que aquí tenemos es una buena idea, un buen concepto, arruinado por la lógica falta de medios. Supongo que no deberíamos culpar a sus responsables, sino aplaudirles por intentar hacer algo así con tanta poca guita en plenos años 90... pero es que, joder, es taaaaaan coñazo. Es decir, resuelven la papeleta como lo haría un Jim Wynorski cualquiera, a base de diálogos y diálogos, y escenas de transición, sobre todo con el personaje de Thomerson, que cuando va de un extremo del decorado a otro, y supongo que con la excusa del tamaño, se toman su tiempo. Luego, los efectos especiales se resuelven por la vía cómoda, a base de plano y contraplano, rara vez se integra al enanito en una imagen dominada por gigantes, y cuando lo hacen pues tiran de croma chungo. También hay decorados que se tambalean y "madelmans" en plan "stand in". Ya saben cómo es esto, no bases tu puñetera película en un reclamo que luego no explotas, maldito. Claro que esa es la gracia de todo esto, por mucho que nos joda. Y nos jode.
Tal vez la mejor idea de la peli sea que al final el jefe de la banda callejera se rebota al cabezudo criminal espacial y se lo carga de un manotazo, para pasar a ser él el malo de la historia. Eso me gustó, no me lo esperaba. Algo es algo.
En el reparto, y dejando a un lado un actor tan "B" como Tim Thomerson, acostumbrado ya a papeles de esa índole (interpreta a "Jack Deth" en la saga -también "made in Band"- "Trancers", otra historia de poli duro desubicado tras un viaje inesperado a otro mundo/época/dimensión/wathever), tenemos un par de rostros bien reconocibles. El de Frank Collison es especialmente destacable por esa singular mueca de alucinado que ha paseado por "El terror no tiene forma", "Alien Nación", "Corazón Salvaje", "O Brother!", unas cuantas de M.Night Shyamalan y un buen puñado de títulos "mainstream". Aquí, como no podía ser de otro modo y embadurnado con un buen montón de látex, otorga vida a la cabeza volante. El otro aún resulta más llamativo, ya que se trata de un jovenzuelo Jackie Earle Haley, al que conocerás como "el nuevo Freddy Krueger" o el "Rorschach" de "Watchmen", pero que cuando comenzó anduvo por los pantanosos terrenos de la "serie B" (por llamarla de alguna manera) tal y como demuestran sus papeles en "Maniac Cop 3" y "Nemesis". Justamente, en esta última Haley repetía con el director de "Dollman", el entrañable Albert Pyun, de cuya extensa carrera en esto del cine de género de todos los colores y todas las categorías ya hemos hablado otras veces. Únicamente añadir que no era "Dollman" su primera colaboración con Charles Band, previamente se había encargado de dirigir una olvidable y aburrida infra-producción "Empire" titulada "Vicious Lips" (o, como se llamó en otros países, "Pleasure Planet" que mola mucho más). Hay que decir en su favor que intenta compensar todo lo "poco" a base de esa estética de contraluces y humaredas que era su especialidad en los ochenta, pero que pa 1991 ya andaba algo anticuada. Buen intento.
Por alguna extraña razón (la novedad, me supongo), "Dollman" funcionó en lo suyo, tanto como para generar una secuela en la que Band -siguiendo la estela de la "Marvel"- la mutaba con otra de sus películas de éxito, "Demonic Toys", "Juguetes Asesinos" en España. El resultado, "Dollman contra los juguetes asesinos", del año 93, pues... no sé, no la recuerdo muy bien, lo que en mi caso es mala señal. Que las primeras entregas de ambas series funcionaran tanto como para esputar esa secuela conjunta únicamente podía deberse a la -por entonces- ignorancia e inocencia del aficionado medio. Una vez aprendido el truco, no volvimos a picar.
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sábado, 8 de febrero de 2014
miércoles, 29 de mayo de 2013
KILLJOY
Amparándose en varios subgéneros del cine de terror (payasos
asesinos, monstruos sobrenaturales, terror de “ghetto”), con posiblemente uno de los presupuestos más pequeños de toda la producción del señor Charles Band –por no tener, aquí no tenemos ni sangre- y con un payaso de look
diabólico de lo más fardón, “Killjoy” traslada su acción a algún suburbio de
los estados unidos, dónde los pandilleros rapean y campan a sus anchas.
Un “nerd”, está enamorado de una chica de barrio, que sale
con un “gangzta”. Al ir a declararse, es sorprendido por el novio de la
chica y sus amigotes, que le propinarán al una soberana paliza.
Este, acudiendo a la magia negra, invocara a “Killjoy”, un payaso demoníaco
para que cobre vida. Intentando divertirse un poco, los pandilleros acaban pegándole por accidente un tiro al muchacho. Pronto, una extraña camioneta de helados
llegará al barrio, ofreciendo a los pandilleros buenas drogas gratis. Al subir
a la camioneta, estos se meterán en el mundo de “Killjoy”, el payaso
diabólico, que dará buena cuenta de ellos.
Como cualquier película de la “Full Moon”, y como no podía
ser menos, esta es un autentico trozo de mierda… pero al menos es una mierda
entretenida y con estilo. Estilo, no solo por lo fardón del look del payaso que
da nombre a la cinta sino también en la dirección, donde predomina la cámara
al hombro y ese vídeo tan vídeo, que le da un toque especial al resultado.
Sin embargo, “Killjoy” se desmarca un tanto del resto de las
películas de “Full Moon”, ya que siendo esta de las más pequeñitas, carece del
humor sin gracia del resto de sus producciones y la trama se desarrolla de
manera fluida, con lo que al final, y contra todo pronostico, nos lo pasamos
muy bien viéndola.
Y a pesar de que el maquillaje y el look del payaso están de
lo más logrados, el resto de los efectos especiales, generados a base de C.G.I. vídeoclubero de principios de
siglo, maquillajes a base de plastidecor y disparos que no causan heridas, son
de la más baja estofa que he visto yo nunca en una película destinada al consumo
doméstico, lo que en este caso no molesta demasiado y le dan un tonillo
gracioso.
Obviamente, la película está destinada al público afroamericano de barrio (como las dos últimas entregas de “Leprechaun” y algunas de
zombies del mismo pelaje) por lo que no vemos ni un solo actor blanco en la
película, de los tres o cuatro que aparecen.
El no esperar absolutamente nada de ella y que,
finalmente, me entretenga tantísimo (la he visto dos veces seguidas, porque
estaba yo tumbado y no me apetecía levantarme a quitar el DVD, por lo que se ha
reproducido sola de nuevo, y me la he vuelto a comer…) y el aliciente que
supone su duración, setenta minutos escasos, es algo que agradezco bastante.
Y así debieron pensar los compradores del DVD, ya que después generó tres
secuelas, “Killjoy 2”, “Killjoy 3” y “Killjoy goes to Hell”, en las que va variando el actor (en esta es Ángel
Vargas) y el director.
Dirige Craig Ross Jr, que como buen negrata, está especializado en pelis videocluberas de y para negratas. También ha dirigido capítulos de series tan importantes como “Prison Break”.
Dirige Craig Ross Jr, que como buen negrata, está especializado en pelis videocluberas de y para negratas. También ha dirigido capítulos de series tan importantes como “Prison Break”.
Recomendable.
viernes, 24 de agosto de 2018
PUPPET MASTER: THE LITTLEST REICH
“Puppet Master: The Littlest Reich” la decimotercera entrega
de la saga iniciada por David Schmoeller
para la Full Moon de Charles Band en 1989, a rasgos generales una gamberrada.
Una travesura perpetrada por un grupo de talentosos amigos que con la excusa de
otorgarle cierto prestigio a una saga de películas cuyo mayor handicap es que
son muy malas, se lo pasan estupendamente haciéndole una limpieza de cara, donde
lo que predomina es el exceso por el exceso, el grand guiñol en la más amplia
acepción del término. Porque entre otras muchas cosas “Puppet Master: he
Littlest Reich” es la película más sangrienta y salvaje que he visto en mucho
tiempo.
Hay que tener en cuenta que son pequeñas marionetas las que
perpetran estos crímenes, por lo que, aún sangrientos, no hay que tomarse estos
muy en serio; El film pretende ser una suerte de “Braindead, tu madre se ha
comido a mi perro”, para que me entiendan, una astracanada gore. Sin embargo,
todo lo grotesco, excesivo y humorístico solo hace acto de presencia en el film
con la presencia de los muñecajos, porque el resto de la película, las tramas y
los personajes, desprenden seriedad de película adulta. Y esa combinación de
seriedad casi austera —y hasta me atrevería a decir que contemplativa— con el
desfase de sangre y vísceras que suponen las intervenciones de los muñecos, me
parece de una originalidad envidiable.
Ahora; hace unos días que se ha estrenado y el fandom, tan
caprichoso como dañino, no parece haberse tomado estos cambios muy bien, y es
que yo creo que esa panda de pazguatos querían más de lo mismo, es decir, otra
entrega con los muñecos siendo los buenos de la función, en la segunda guerra
mundial, resolviendo conflictos; otra más de la “Trilogía Axis”, o lo que es lo
mismo, otro puto coñazo.
Y es que en resumidas cuentas lo que trae “Puppet Master:
The Littlest Reich” es una nueva entrega un
tanto más sofisticada, con algo más de presupuesto y con rostros populares,
pero al fin de al cabo no deja de ser una serie B en toda regla. ¿Acaso se
esperaban una producción de alto copete? No, no lo es. Y los artífices saben en
el terreno que juegan.
Así que, por lo que a mí
respecta, “Puppet Master: The Littlest Reich” supone lo mejor que le podía
pasar a una franquicia que después de mogollón de entregas y miles de
muñequitos vendidos por el mundo sobrevivía a base de simpatía. Todavía
recuerdo el primer intento de lavado de cara de la misma con “Puppet Master:
Axis of Evil” que consistía en haber sido rodada en 35 mm. en tiempos en los
que Full Moon ya grababa sus productos únicamente en vídeo, y en consecuencia,
abarataba costes por todos lados repercutiendo en el gore, que ya no había, y
convirtiendo la franquicia en una cosa para toda la familia. Aquello si fue
lamentable. Pero esta nueva entrega es genial.
La causa de que los fans
hayan sacado el cuchillo, es que quizás no entiendan el ritmo con el que esta
está rodada, la cadencia que imprime el guion, o la gran broma que en el fondo
es la película; querer darle dignidad a una saga cuyo mayor valor es que no la
tiene es estúpido, así que los directores Tommy Wiklund y Sonny Laguna,
responsables de esa película tan deudora de “Posesión Infernal” y que aquí se
tituló, valga la redundancia, “Wither (Posesión Infernal)” se dejan querer por
el guion de uno de los grandes genios del cine de género independiente de este
siglo, el gran S. Craig Zahler director de las magistrales “Bone Tomahawk” y
“Brawll in cell block 99” y tomándose un poco a cachondeo el material cuando
toca, incluso intentan imitar el estilo del guionista cuando dirige, pausado,
envolvente y luego se desmelenan cuando salen los dichosos muñecos, igual que
Vince Vaughn lo hacía machacando cabezas en “Brawll in cell block 99”. ¿Qué es
lo que me gusta? Que noto la mano de sus autores durante toda la película. Y se
trata de una buena peliculita. ¿El fan medio de la serie? Bueno, probablemente
sea demasiado inepto para comprender lo necesario del cambio y la excelencia, y
la manera de hacer las cosas de los nuevos responsables de la franquicia —que
ya han anunciado que continuarán con la saga—. Pero Laguna, Wiklund y Zahler,
se pueden acostar tranquilos.
La cosa nos sitúa
exactamente 30 años después de una matanza (o sea, que los acontecimientos de
la primera película puede que sí los tengan presentes en este reinicio) que
tenía que ver con el titiritero André Toulon y sus siniestras marionetas. Con
motivo del aniversario de estos asesinatos se celebra en un pueblo americano
una convención en la que los asistentes subastarán muñecos originales pertenecientes
a Toulon, por lo que se reunirán en un hotel. Y por fuerzas místicas de la
naturaleza, las marionetas a subastar cobraran vida, cobrándose vidas. Y
comienza el festival de sangre y vísceras
Estupenda.
Tenemos en la película a
todas las marionetas clásicas, Blade, Tunneler, Pinhead o Torch, a las que les
han variado un poco el aspecto —sobre todo a Blade— con el fin de
modernizarlas, y además se incluye una colección de nuevos muñequitos que
incluyen a un sapito sonriente, unos robots que vuelan con una hélice, y la
estrella de la película, Junior Führer, un bebé gateador con cara de Hitler,
cuya presentación en la película es medio de una escena dinámica es motivo
suficiente para detener la acción, hacer un primer plano del muñeco y que uno
de los protagonistas diga “Es Junior Führer” subrayando así la posible
importancia que pueda tener el nuevo muñecajo en posteriores minutos y/o
películas.
Por otro lado, se le da
especial importancia en la película al mundo del cómic, hasta tal punto que el
protagonista es un dependiente de una tienda de cómics y que además los dibuja,
así como las ilustraciones de los títulos de crédito están realizadas por
Benjamín Marra, un autor de cómic underground con cierto culto en todo el
mundo.
En el reparto tenemos al
soso de Thoman Lennon, la maravillosa Jenny Pellicer, una rubinchi con raíces
noruegas y mexicanas que además de ser una buena actriz, está como para
enamorarse de ella mil millones de veces (de hecho, ya lo estoy!!). Por
supuesto, el plato fuerte lo ponen las presencia secundarias de actores muy
queridos y caracteristicos del cine fantástico, por lo que tenemos a Udo Kier
haciendo de André Toulon, Barbara Crampton (¿Cómo es posible estar tan bien con
60 años?) como la guia policial del tour al que asisten los protagonistas
o Michael Paré, como el detective que
flipará ante los acontecimientos de esa convención.
Como ya he dicho,
esupenda.
miércoles, 30 de enero de 2013
PUPPET MASTER X: AXIS RISING
Nueva entrega de la saga “Pupper Master”, la undécima en
número, y la décima de manera oficial (recordemos que “Puppet Master vs.Demonic toys” no forma parte del catálogo de “Full Moon”), tomando las riendas
de la dirección para la ocasión, el indómito Charles Band. No encuentro una
diferencia palpable entre su dirección y la de David DeCoteau que se encargaba
de la saga desde hace ya tiempo.
Se ve que funcionan mejor cuando se traslada la acción en el
pasado, continuando cronológicamente con “Puppet Master: Axis of evil”
ambientándolo todo en plena segunda guerra mundial. La ambientación, como de
costumbre en los últimos títulos, es de pena.
Resulta que el ejercito nazi tiene a un científico
secuestrado para que idee una formula que haga resucitar a los muertos. Por una
serie de circunstancias, una de las marionetas, Tunneler, cae en sus manos, y
descubre que lo que hace que estas marionetas cobren vida, es un suero verde
que tienen en su interior. El científico intenta sintetizar ese suero para que
sirva para dar vida a las personas humanas, pero entre tanto, se entretiene dando
vida a unas marionetas de su invención. Un inciso: Como los sueros verdes
fosforito no tienen derechos de autor, el Señor Band, tiene la poca vergüenza de
darnos a entender, que el origen del suero verde de “Re-Animator”, tiene su origen
en “Puppet Master”, y no pocos son los planos en los que el científico blande
su jeringa a lo Herbert West. Incluso en un momento de la banda sonora, suenan
los primeros acordes de la banda sonora de “Re-Animator”, cuando aparece en
escena una jeringa repleta de suero verde. Hay que tener mala idea.
Total, que las marionetas de siempre, que desde la sexta
entrega son buenas, y que ahora están junto a un joven militar que las encontró
en su casa, irán en busca de Tunneler y se las tendrán que ver con las nuevas
marionetas malas, esta vez unas cuantas, y que serviran para que los fans
puedan comprarse los muñequitos posteriormente.
Nada nuevo, lo de siempre, muy parecida a “Axis of Evil”,
con mucho e interminable “Bla, bla, bla” de lo más intrascendente y
aburrimiento extremo en cada uno de los fotogramas.
Ni siquiera la presencia de las nuevas marionetas (Una Ilsa
nazi, un hombre lobo nazi, una especie de tanque con cabeza y aspecto de Darht
Vader y un japonés Kamikaze que suelta frasecitas) ni los enfrentamientos entre
marionetas buenas y marionetas malas, hacen de esta película algo fresco y
merecedor de un visionado. A cada nuevo título, la saga va a peor, y eso que el
listón ya estaba demasiado bajo.
Destacable únicamente por la coñita a “Re-animator”, ni tan
siquiera somos testigos de asesinatos y sangre como antaño. La saga ha dejado
de pertenecer al género de terror para pasar a convertirse en cine bélico y/o
de aventuras, de cuarta categoría.
Aburridísima, espantosa, absurda, nada interesante. Y sin
embargo, en los USA se siguen esperando sus entregas con expectación, su
merchadising, y es la saga mimada de “Full Moon”, de hecho, las dos últimas películas
de la serie han sido rodadas en 35
mm. mientras que
ellos llevan ya años trabajando en vídeo para el resto de sus producciones.Ver
para creer.
lunes, 9 de agosto de 2010
PUPPET MASTER: AXIS OF EVIL
La décima entrega de esta ya longeva saga (iniciada en 1989) tiene tantos puntos a su favor, como en contra.Es curioso. En pleno 2010, y en mi ingenuidad, pensaba que con este "Puppet Master: Axis of Evil" me iba a encontrar una actualización de los personajes, quizás una nueva película un pelín más currada, un regalito actual para el nutrido grupo de fans… Pero no; el señor Charles Band no tiene ni el más mínimo respeto por sus personajes-insignia, aquí de lo que se trata es de sacar pasta, mucha y rápido, y sabiendo que los devotos, como tales, comprarán el dvd sea como sea la película, ¿para qué currárselo entonces? Así que contrato a David DeCoteau, que hace pelis como churros, y doy más de lo mismo, pero mucho peor. Eso sí, en la página web de "Full Moon", packs, cofres, ediciones especiales con camiseta y "trading cards", ¡¡que no falten!!… todo un arsenal de "merchandising" ¡para una película que es una puta mierda! Pero, por otro lado, ¿qué película de esta saga no es una puta mierda? Es más, desde la sexta "The curse of the Puppet Master" ("Juguetes Asesinos" en las Hispanias), y con la excepción de "Puppet Master vs. Demonic Toys", que se sale un poco de madre por aquello del “crossover”, todas llevan la misma línea que esta: Los muñecos son los buenos (que hasta la tercera eran los malos), el ritmo es lento y los asesinatos nada del otro mundo. Y ¿para qué hablar del gore? Este es casi inexistente.
O sea (y esta es la parte buena) que se mantiene fiel a lo que es la saga, nada de florituras, las putas marionetas mal moviéndose por ahí, y listo. Pero es que, en esta en concreto, el espectador tiene que enfrentarse a una hora de insustancial “bla, bla, bla” y a diez minutos de muñecotes, menos animados que de costumbre. Así que, sin despeinarme, digo que estamos ante la peor película de la franquicia. Y encima, tienen la poca vergüenza de taparnos la boca con la presentación de una nueva marioneta, como diciendo “Sí, ya sabemos que esto es una mierda, pero mirad, ¡os traemos una nueva marioneta, no os olvidéis de comprar la réplica y completar vuestra colección!” El bichejo en cuestión es, encima, el menos atractivo de los "Puppet Master", un ninja con la sangre del hermano del protagonista dentro que lanza estrellas.
Y como en esta saga no hay un orden cronológico, saltándose a la torera las fechas, volvemos atrás en el tiempo, a los años treinta. Empieza justo en el flash-back de la primera, donde se suicida "André Toulon", presentándonos a un joven amigo del titiritero quien se hace cargo de las marionetas tras su muerte. Un inicio potente que augura una película entretenida (no acaba siendo así) y, en un alarde de frugalidad, resuelven los primeros diez minutos reaprovechado material usado y (descartado también) de la primera película, mezclándolo con lo rodado hoy, quedando todo guay, para luego dar paso a los títulos de crédito y el resto, donde todo se va a la mierda.
El joven amigo de "Toulon" planea matar a sus asesinos, aprovechando que estos, nazis que se han aliado con unos Japoneses (!!), van a poner una bomba en un sitio cuya ubicación conoce. Como tiene las marionetas, estas le ayudarán.
Y si en la primera el papel de "André Toulon" lo interpretó William Hickey, y en el resto Guy Rolfe, en esta, vuelve a ser Hickey quien le da vida… ¡y eso que está muerto! ¡Menudos sinvergüenzas Band y la "Full Moon"!
Y como en esta saga no hay un orden cronológico, saltándose a la torera las fechas, volvemos atrás en el tiempo, a los años treinta. Empieza justo en el flash-back de la primera, donde se suicida "André Toulon", presentándonos a un joven amigo del titiritero quien se hace cargo de las marionetas tras su muerte. Un inicio potente que augura una película entretenida (no acaba siendo así) y, en un alarde de frugalidad, resuelven los primeros diez minutos reaprovechado material usado y (descartado también) de la primera película, mezclándolo con lo rodado hoy, quedando todo guay, para luego dar paso a los títulos de crédito y el resto, donde todo se va a la mierda.
El joven amigo de "Toulon" planea matar a sus asesinos, aprovechando que estos, nazis que se han aliado con unos Japoneses (!!), van a poner una bomba en un sitio cuya ubicación conoce. Como tiene las marionetas, estas le ayudarán.
Y si en la primera el papel de "André Toulon" lo interpretó William Hickey, y en el resto Guy Rolfe, en esta, vuelve a ser Hickey quien le da vida… ¡y eso que está muerto! ¡Menudos sinvergüenzas Band y la "Full Moon"!
miércoles, 13 de junio de 2012
UN CASTILLO ALUCINANTE
Horroroso título español con el que se bautizó a una de las producciones “Full Moon” que Stuart Gordon dirigió para la factoría – y por ende, de las mejores-.
Todavía no andaba muy pervertida la productora que se hizo un hueco en el corazón del fandom con la saga de “Puppet Master”, y todavía hacían películas potables, no por la producción y las artes de Charles Band y su familia, si no por el incuestionable talento de Gordon. Salvando las distancias, “Un castillo alucinante” (“Castle Freak” en el resto del mundo), tienes esos aires y maneras de las entrañables producciones “Empire”.
Básicamente, se nos cuenta la historia de una familia americana que hereda un castillo en un remoto pueblo Italiano. En ese castillo tiempo atrás, vivió una duquesa que fingió la muerte de su hijo, un deforme, y lo encerró en una mazamorra. Cuando esta familia llega allí, el deforme continúa por el castillo y al tomar contacto con la hija ciega del patriarca, este se encapricha, se escapa como puede de la mazmorra, y lógicamente, arma una escabechina.
Stuart Gordon, se pasa por los huevos los presupuestos pequeños, y resuelve contrariedades con talento y un dominio absoluto de la situación, usando en la mayoría del metraje la cámara al hombro, y recreándose en las escenas más sangrientas y efectivas. Sin duda, peli que toca Gordon, peli que se convierte en peli de autor, por lo personal de su manera de rodar y sus tempos tan característicos. Siguiendo con la tradición que comenzó con “Re- Animator” en los tiempos de la “Empire”, en el reparto contamos con un hiper-mega-sobreactuado Jefrey Combs al que da gusto verlo en acción y a una recatada Barbara Crampton, que a pesar de que el filme tienes generosos destetes y felpudos, vemos vestida todo el tiempo.
Como estaba rodada en Italia, en el momento de su estreno, muchos plumillas especializados quisieron ver más allá de los hechos, afirmando que Gordon había rodado una especie de homenaje al cine de terror Italiano. Mentira, o un criterio mínimo. Stuart Gordon rodó una peli a lo Stuart Gordon, sin tener en cuenta a los italianos más que en el momento de cobrar el cheque.
Entretenida, sórdida, y al fin de al cabo cutrecilla, “Un castillo alucinante”, probablemente sea la mejor película de “Full Moon”, y también, una de las mejores de Don Stuart Gordon, al que ya se le echa un pelín de menos tras las cámaras. ¿Saben lo que diría Joaquín Prat? Pues eso, que se la recomiendo.
Todavía no andaba muy pervertida la productora que se hizo un hueco en el corazón del fandom con la saga de “Puppet Master”, y todavía hacían películas potables, no por la producción y las artes de Charles Band y su familia, si no por el incuestionable talento de Gordon. Salvando las distancias, “Un castillo alucinante” (“Castle Freak” en el resto del mundo), tienes esos aires y maneras de las entrañables producciones “Empire”.
Básicamente, se nos cuenta la historia de una familia americana que hereda un castillo en un remoto pueblo Italiano. En ese castillo tiempo atrás, vivió una duquesa que fingió la muerte de su hijo, un deforme, y lo encerró en una mazamorra. Cuando esta familia llega allí, el deforme continúa por el castillo y al tomar contacto con la hija ciega del patriarca, este se encapricha, se escapa como puede de la mazmorra, y lógicamente, arma una escabechina.
Stuart Gordon, se pasa por los huevos los presupuestos pequeños, y resuelve contrariedades con talento y un dominio absoluto de la situación, usando en la mayoría del metraje la cámara al hombro, y recreándose en las escenas más sangrientas y efectivas. Sin duda, peli que toca Gordon, peli que se convierte en peli de autor, por lo personal de su manera de rodar y sus tempos tan característicos. Siguiendo con la tradición que comenzó con “Re- Animator” en los tiempos de la “Empire”, en el reparto contamos con un hiper-mega-sobreactuado Jefrey Combs al que da gusto verlo en acción y a una recatada Barbara Crampton, que a pesar de que el filme tienes generosos destetes y felpudos, vemos vestida todo el tiempo.
Como estaba rodada en Italia, en el momento de su estreno, muchos plumillas especializados quisieron ver más allá de los hechos, afirmando que Gordon había rodado una especie de homenaje al cine de terror Italiano. Mentira, o un criterio mínimo. Stuart Gordon rodó una peli a lo Stuart Gordon, sin tener en cuenta a los italianos más que en el momento de cobrar el cheque.
Entretenida, sórdida, y al fin de al cabo cutrecilla, “Un castillo alucinante”, probablemente sea la mejor película de “Full Moon”, y también, una de las mejores de Don Stuart Gordon, al que ya se le echa un pelín de menos tras las cámaras. ¿Saben lo que diría Joaquín Prat? Pues eso, que se la recomiendo.
sábado, 27 de febrero de 2016
EL ASESINO DE LA ISLA
Nunca he comprendido por qué "The Slayer" tiene tanto culto en su país de origen (los USA mismos). ¿Será porque el título mola?, ¿porque es de los 80?, ¿porque formó parte de los "Video Nasties" británicos?. No lo comprendí cuando la vi hace años en versión original y me aburrió horrores, y no lo comprendí cuando reincidí hace escasos días en versión doblada y con el título mutado a "El asesino de la isla".
Una pintora en crisis existencial acude a pasar el finde con su marido y una pareja amiga a una isla perdida en medio de la nada. Una vez allí, una presencia extraña, misteriosa y desperada irá matando uno por uno a los personajes presentes. La pintora sueña con esos mismos crímenes mientras ocurren y, claro, al día siguiente, cuando lo cuenta, se la toman a chota. Hasta que, todos aniquilados, ella y el asesino se las verán cara a cara.
Cuando digo que "irá matando uno por uno a los personajes presentes", tengan en cuenta que estoy hablando de... er, déjenme que lo calcule... ¡cuatro actores!, lo que dividido entre los 80 minutos que dura la peli se transforma en, ¿qué?, sí, mucho aburrimiento.
"The Slayer" o "El asesino de la isla" es como un slasher, pero yendo un poco más allá, porque el que mata no es del todo humano. Y también lo es en el sentido de que, "coñazomente" hablando, le gana terreno a casi todas las pelis de asesino enmascarado troceando jovenzuelos (salvo "Sábado 14", no lo olviden, ¡a esa no la gana nadie a la hora de los bostezos!).
Sí, hay gore. Pero solo cuatro veces. Sí, hay un intento de atmósfera, con tormenta, lluvia, ventisca y tal, pero no sirve de mucho. Culpen de ello a su limitado director, J.S.Cardone quien, a pesar de todo, haría algo de carrerilla en los años que siguieron a este, su debut. Le verás bajo el "directed by" en la no menos rutinaria "Shadowzone" para Full Moon. O la que podría ser su peli más conocida, "Los malditos, vampiros del desierto", de la que no guardo ningún recuerdo concreto. También suya es la supuesta secuela "8MM 2" (originalmente nacida sin la más mínima relación con la peli de Joel Schumacher, pero obligada a ser segunda parte por los distribuidores). O la más reciente, última y en cierto modo adelantada al respectivo boom, "Zombies", que creo que he visto pero, efectivamente, no recuerdo. Está claro que como director J.S.Cardone no deja huella. En sus facetas de productor y guionista ha parido títulos más conocidos, pero tampoco especialmente memorables, mezclo al tuntún: "Vampires: The turning" (tercera parte del "Vampiros" de Carpenter), "Crash and Burn" (aún para Full Moon), "Alien Hunter" (para Nu Image), la secuela videoclubera "Sniper: Al límite", "La alianza del mal" (dirigida por Renny Harlin) y los remakes "Una noche para morir" (según "Prom Night") y "El Padrastro". Con todo esto, J.S.Cardone debería ser un personaje fascinante y su primera peli un clásico moderno... pero no lo son. Quedémonos en un director invisible y una peli sumamente mediocre.
Una pintora en crisis existencial acude a pasar el finde con su marido y una pareja amiga a una isla perdida en medio de la nada. Una vez allí, una presencia extraña, misteriosa y desperada irá matando uno por uno a los personajes presentes. La pintora sueña con esos mismos crímenes mientras ocurren y, claro, al día siguiente, cuando lo cuenta, se la toman a chota. Hasta que, todos aniquilados, ella y el asesino se las verán cara a cara.
Cuando digo que "irá matando uno por uno a los personajes presentes", tengan en cuenta que estoy hablando de... er, déjenme que lo calcule... ¡cuatro actores!, lo que dividido entre los 80 minutos que dura la peli se transforma en, ¿qué?, sí, mucho aburrimiento.
"The Slayer" o "El asesino de la isla" es como un slasher, pero yendo un poco más allá, porque el que mata no es del todo humano. Y también lo es en el sentido de que, "coñazomente" hablando, le gana terreno a casi todas las pelis de asesino enmascarado troceando jovenzuelos (salvo "Sábado 14", no lo olviden, ¡a esa no la gana nadie a la hora de los bostezos!).
Sí, hay gore. Pero solo cuatro veces. Sí, hay un intento de atmósfera, con tormenta, lluvia, ventisca y tal, pero no sirve de mucho. Culpen de ello a su limitado director, J.S.Cardone quien, a pesar de todo, haría algo de carrerilla en los años que siguieron a este, su debut. Le verás bajo el "directed by" en la no menos rutinaria "Shadowzone" para Full Moon. O la que podría ser su peli más conocida, "Los malditos, vampiros del desierto", de la que no guardo ningún recuerdo concreto. También suya es la supuesta secuela "8MM 2" (originalmente nacida sin la más mínima relación con la peli de Joel Schumacher, pero obligada a ser segunda parte por los distribuidores). O la más reciente, última y en cierto modo adelantada al respectivo boom, "Zombies", que creo que he visto pero, efectivamente, no recuerdo. Está claro que como director J.S.Cardone no deja huella. En sus facetas de productor y guionista ha parido títulos más conocidos, pero tampoco especialmente memorables, mezclo al tuntún: "Vampires: The turning" (tercera parte del "Vampiros" de Carpenter), "Crash and Burn" (aún para Full Moon), "Alien Hunter" (para Nu Image), la secuela videoclubera "Sniper: Al límite", "La alianza del mal" (dirigida por Renny Harlin) y los remakes "Una noche para morir" (según "Prom Night") y "El Padrastro". Con todo esto, J.S.Cardone debería ser un personaje fascinante y su primera peli un clásico moderno... pero no lo son. Quedémonos en un director invisible y una peli sumamente mediocre.
miércoles, 18 de agosto de 2010
DOLL GRAVEYARD
Alguien la hizo creer a Charles Band que las películas con muñequitos se le dan bien… eso, o es que las franquicias muñequiles le son francamente rentables, a juzgar por las inexplicables diez entregas de "Puppet Master". Pero si tenemos en cuenta que en sus dos intentos de auto plagiarse, con "Blood Dolls" y la que nos ocupa, la cosa no ha dado para secuelas, es fácil pensar que tampoco les ha ido muy bien.Y el caso es que, si "Blood Dolls" es sin duda la película más infecta del tío Charles, también es cierto que con "Doll Graveyard" estamos ante su película de muñecos más aceptable, incluso más que cualquier entrega de "Puppet Master".
1910, un padre cruel castiga severamente a su hija porque, jugando con sus muñecos de goma, rompe un jarrón. Así, le hace cavar la tumba donde enterrará para siempre a sus queridos juguetes. 2005, un joven aficionado a las figuras de acción que vive justo en la zona donde eso ocurrió, desentierra por azar uno de los muñecos, al que dedica un lugar en su estantería. La hermana mayor prepara una fiesta, y los tipos garrulos de turno acuden. Para que el jovencito no moleste, le amordazan y rompen alguna de sus figuritas. Sin explicarnos nada, el muñeco desenterrado cobra vida, lo mismo que los restantes, y convierten la fiesta de “teens” en una carnicería.
¿Saben por qué "Doll Graveyard" resulta de lo más potable y entretenida? Por su duración, alcanza los 60 minutos por los pelos. Y en esos sesenta minutos está todo bien condensado y estructurado, y aunque la historia se desarrolla prácticamente en un solo decorado y hay pocos personajes, las matanzas de estos muñecos son suficientemente burrillas como para tenerla en consideración, no escasea la sangre y, curiosamente, de ritmo anda bien servidita, algo no muy habitual en las producciones "Full Moon".
Me resulta muy curioso que, aunque estos muñecos derramen sangre, al igual que a partir de la tercera parte de "Puppet Master", no son los malos de la función. Justifican sus fechorías cargándose a los tipos antipáticos que están haciendo la vida imposible a nuestro “good guy” protagonista. ¿Es que tiene Charles Band algún trauma infantil por el que los muñecos no puedan ser asesinos despiadados y sádicos sin mas?
Eso sí, si en "Puppet Master" las marionetas tienen menos carisma que un calcetín, y en "Blood Dolls" directamente pasan inadvertidas, los de "Doll Graveyard", con su copia del mítico “Tunneler” incluida, no existen.
De lo mejorcito de la "Full Moon" de este siglo. No es ridícula, ni auto paródica, ni cachonda. Es bastante sobria y contundente.
viernes, 1 de septiembre de 2023
EL GENIO DE LA LÁMPARA
Tenía yo curiosidad por ver como era la otra película de Alexander Cassini tras la extraña y, en cierto modo vanguardista “Star Time”. Y claro, me enfrento a una película dirigida al público infantil, pergeñada por un individuo que por raro tampoco se le puede considerar un buen cineasta. Y su segunda y última película resulta ser esta “El genio de lámpara” que es lo más estándar que puede hacer este hombre. Claro, no se trata de una película mainstream para su estreno en salas, “El genio de la lámpara” se concibió por pocos duros y para el mercado del vídeo y la televisión por cable. No obstante, para tirar adelante con el proyecto, Cassini se tuvo que asociar con Full Moon Entertainment con el bueno de Charles Band como productor ejecutivo, pero se trata de una película no auspiciada por la Full Moon, quiero decir que, aunque el nombre de la productora figura en los créditos, no aparece en el catálogo de la productora. Como tampoco Charles Band en los créditos, su asociación con Cassini es puramente mercantil. De este modo, el director se traslada con su equipo a Rumanía para abaratar costes y, así, dar forma a esta extraña película sobre un genio de la lámpara que es pura "serie B" barata para niños.
Un arqueólogo está en Egipto buscando sarcófagos en una extraña gruta, cuando aparece una lámpara mágica custodiada por una momia. En otro lugar, tenemos a un niño repelente y sabiondo que no se lleva bien con nadie y tiene ciertos problemas de adaptación. No sabemos muy bien como, pero esta lámpara acaba yendo a parar a manos del niño, que acabará liberando al genio que hay en ella. Este comienza a concederle deseos, pero como es un poco inepto, lo hará mal, por lo que generará todo tipo de problemas, como traer a la vida real todos los personajes de la tele del chaval. Por supuesto, la película se convertirá en un ir y venir del chico y el genio, mientras un agente de seguridad nacional les hace la cobertura. Por lo demás, salen caballeros medievales, señores vestidos de época e incluso un repugnante hombre serpiente.
Anodina hasta decir basta, el principal problema que tiene "El genio de la lámpara" son sus dos protagonistas; el niño, un tal Matt Koruba, es tan hostiable que a los pocos minutos de aparecer en escena a uno ya le entran ganas de quitar la película de lo puramente repipi que es, y esa cara de guapito que tiene, con ese puto peinado noventero y esos irritantes ojos verdes. El que hace de genio no mejora mucho las cosas, un tipo que sobreactúa de mala manera, consciente de que está en una película barata para críos. El actor en cuestión, Tom Fahn, se dedica habitualmente a doblar dibujos animados de tercera fila, llamándome la atención, en su filmografía, el haber sido la voz americana de Condorito en “Condorito: La película” (que es uno de los espantos más espantosos que han pasado por mis retinas. Con lo que yo adoro al personaje…) Y luego tenemos, en la parte femenina, a Stacy Randall de la que si digo que ha intervenido en films tan populares como “Puppet Master 4”, “Trancers 4”, “Ghoulies IV” o “Trancers 5”, lo mismo se quedan igual que estaban.
Desde luego, yo tenía curiosidad por ver esta película, no me pregunten por qué. Quizás porque me parecía rematadamente rara. Pero desde luego, verla ha sido un verdadero suplicio. Me imagino la cara de cualquier niño al que, ingenuamente, sus padres le pongan semejante producto. No es especialmente cutre, los F/X están dentro de lo tolerable, pero sabe absolutamente a nada.
Lo más cachondo es que pude localizar una copia doblada al castellano, lo que quiere decir que esta película, el algún momento, ha debido ser pasada por alguna televisión, porque me consta, a no ser que alguien venga con datos que demuestren lo contrario, que no se comercializó en formato físico alguno en España en su momento, finales de 1999 o primeros 2000.
Un arqueólogo está en Egipto buscando sarcófagos en una extraña gruta, cuando aparece una lámpara mágica custodiada por una momia. En otro lugar, tenemos a un niño repelente y sabiondo que no se lleva bien con nadie y tiene ciertos problemas de adaptación. No sabemos muy bien como, pero esta lámpara acaba yendo a parar a manos del niño, que acabará liberando al genio que hay en ella. Este comienza a concederle deseos, pero como es un poco inepto, lo hará mal, por lo que generará todo tipo de problemas, como traer a la vida real todos los personajes de la tele del chaval. Por supuesto, la película se convertirá en un ir y venir del chico y el genio, mientras un agente de seguridad nacional les hace la cobertura. Por lo demás, salen caballeros medievales, señores vestidos de época e incluso un repugnante hombre serpiente.
Anodina hasta decir basta, el principal problema que tiene "El genio de la lámpara" son sus dos protagonistas; el niño, un tal Matt Koruba, es tan hostiable que a los pocos minutos de aparecer en escena a uno ya le entran ganas de quitar la película de lo puramente repipi que es, y esa cara de guapito que tiene, con ese puto peinado noventero y esos irritantes ojos verdes. El que hace de genio no mejora mucho las cosas, un tipo que sobreactúa de mala manera, consciente de que está en una película barata para críos. El actor en cuestión, Tom Fahn, se dedica habitualmente a doblar dibujos animados de tercera fila, llamándome la atención, en su filmografía, el haber sido la voz americana de Condorito en “Condorito: La película” (que es uno de los espantos más espantosos que han pasado por mis retinas. Con lo que yo adoro al personaje…) Y luego tenemos, en la parte femenina, a Stacy Randall de la que si digo que ha intervenido en films tan populares como “Puppet Master 4”, “Trancers 4”, “Ghoulies IV” o “Trancers 5”, lo mismo se quedan igual que estaban.
Desde luego, yo tenía curiosidad por ver esta película, no me pregunten por qué. Quizás porque me parecía rematadamente rara. Pero desde luego, verla ha sido un verdadero suplicio. Me imagino la cara de cualquier niño al que, ingenuamente, sus padres le pongan semejante producto. No es especialmente cutre, los F/X están dentro de lo tolerable, pero sabe absolutamente a nada.
Lo más cachondo es que pude localizar una copia doblada al castellano, lo que quiere decir que esta película, el algún momento, ha debido ser pasada por alguna televisión, porque me consta, a no ser que alguien venga con datos que demuestren lo contrario, que no se comercializó en formato físico alguno en España en su momento, finales de 1999 o primeros 2000.
viernes, 15 de diciembre de 2017
THE TOYMAKER

“The Toymaker” pertenece a la franquicia de subproductos con muñeco chungo iniciada por “Robert the doll” y seguida por "The curse of Robert the doll".
“The Toymaker” se ha ganado mis
simpatías por lo loco de su propuesta —aunque luego el resultado no
funcione al 100%— y es que plagia y combina, sin ningún tipo de vergüenza,
elementos de películas tan dispares que uno se pregunta si de verdad sus artífices son estúpidos, o creen que el espectador es subnormal profundo.
Y es que ¿Se acuerdan ustedes de los 15 minutos iniciales de
“Malditos Bastardos” de Tarantino en los
que unos granjeros esconden a un fugitivo del régimen nazi, y estos son
interrogados por un oficial que acaba descubriéndolos y matándolos, a la vez
que la hija de aquellos logra huir campo a través? Pues esa escena, tal cual, está
rehecha en este “The Toymaker”. Cambian algunos diálogos, la ambientación está
resuelta con el culo, pero es la misma escena se mire por dónde se mire.
En su huida, una bala alcanza a la chica, por lo que con mucha dificultad llega hasta el hogar
de un fabricante de juguetes, al que da un libro buscado por los nazis. El contenido de este sirve
para que el juguetero pueda dar vida a sus muñecos, incluido el
mentado Robert. Como en “Puppet Master”. Curioso. Resulta que, a la vez que "The Toymaker", se
ha lanzado la última película de la "Full Moon", nada menos que “Puppet Master
XI: Axis Termination”, la tercera entrega de la “Axi’s Trilogy”, la trilogía
ambientada en la Alemania nazi con las marionetitas siendo las heroínas de la
función. Para más inri, la frase promocional de “The Toymaker”
reza “There´s a new Puppet Master in town” (hay un nuevo Puppet Master en la
ciudad), por lo que no esconden en ningún momento sus referencias.
Y para que no nos olvidemos del origen de esta franquicia "exploit", este juguetero también da vida a un muñequito con forma de payaso (que
los payasos están de moda tras la nueva adaptación de “It”), y a una muñeca
pepona que se llama… ¡Isabelle! Con lo cual tenemos una película que explota
intencionadamente títulos como “Anabelle”. “Pupper Master”, “It” y “Malditos
Bastardos”.
Al personaje del juguetero anciano lo interpreta un actor joven. Quizás con miras a hacer precuelas en las que
este aparezca con menos años (¡como André Toulong en Puppet Master!) El respectivo maquillaje y las prótesis son dignas de una peli amateur, solucionadas a base
de una calva de mierda y algodón para hacer el pelo blanco. Un
cantazo.
No obstante, con las nuevas tecnologías a disposición de
cualquiera hoy en día, resulta que la fotografía es excelente y digna
de una producción mainstream.
Y aunque al final "The Toymaker" es aburrida, me resulta curiosa,
simpática, y he de reconocer que los momentos que mejor funcionan son lo que se
está copiando de Tarantino. Mucho mejor que “Robert the Doll”.
Los responsables de esta cinta y de otras de similar índole
como “Kill Kane” (Plagio de “Kill Bill” ) “The Amityville Asylum” o “Poltegeist Activity” —manda cojones— son la
gente de "North Bank Entertainment", productora capitaneada por el director
Andrew Jones, al que le ha ido muy bien en el mercado del vídeo
con este tipo de películas y al que ya muchos señalan como
el sucesor de Charles Band. Jones es un tipo vivaracho, fan de la "Full Moon" que no duda
en reconocer una obsesión enfermiza por la saga “Puppet Master” con la que se
ha criado. Quiso con esta tercera película del muñeco Robert, hacer su propia
“Venganza de los muñecos”. ¿No les resulta entrañable? A mi sí... a pesar de que con ello me contradiga según lo comentado hasta ahora.
Un tipo que se declara fan de “Puppet Master” y de Charles Band, no deja de ser un ingenuo. ¿O tal vez un oportunista? Ya veremos.
Un tipo que se declara fan de “Puppet Master” y de Charles Band, no deja de ser un ingenuo. ¿O tal vez un oportunista? Ya veremos.
viernes, 30 de abril de 2021
CRAWLSPACE (EL ÁTICO)
Pequeña producción de la Empire en horas más o menos bajas que, reaprovechando los escenarios ya utilizados en “Torok, el Troll”, cuenta con el protagonismo de Klaus Kinski como el mayor de sus reclamos.
Se trata de la historia del hijo de un cirujano nazi que, teniendo un edificio de viviendas en propiedad, alquila pisos del mismo únicamente a estudiantes jóvenes y de buen ver. Al tiempo que hace experimentos con humanos en el ático, se dedicará a espiar a las jóvenes inquilinas, y también se llevará por delante a todo aquel que ose inmiscuirse en su trabajo.
Realmente es una película tirando a floja, pero con todo el encanto de una película Empire de la época y repleta de asesinatos, ratas y sangre bien rojita salpicándolo todo como si fuera acuarela. Quizás peca de aburridilla en algunos momentos y de hacer gala de una lentitud exasperante, pero, Klaus Kinski es, en sí mismo, un aval más que suficiente para ver la película. Kinski estaba como una puta cabra y, en su interpretación siempre grandilocuente, el espectador nota esa chifladura y, en consecuencia, la recibe con hilaridad. Por otro lado, también resulta gracioso el contraste de ver a Kinski, todo un reputado actor, interactuando con una serie de actores y actrices tan del montón. La cosa queda rara y, en su conjunto, “Crawlspace (El ático)” resulta una película bastante peculiar. A eso hay que añadirle lo muy molona que es la fotografía de las películas Empire de la época, y el ambientillo de serie B made in Charles Band que se respira, por lo que, sí, es malilla, tirando a horrorosa, pero contiene otros muchos elementos que la vuelven interesante. A mí, me cae simpática.
Asimismo, a estas alturas hablar de que el rodaje fue un completo desastre por culpa de la locura y la presión a la que sometió al equipo el hijo de puta loco de Kinski, no sería nada nuevo; Sería lo obvio en cualquier película en la que trabajara el actor en aquella época. Esta vez, no solo renegó todo lo renegable, si no que, según el director, David Schmoeller, en tres días de rodaje, Kinski, se pegó seis veces con miembros del equipo, mientras que, por otro lado, no hacía ni puto caso a las indicaciones del director. Kinski hacía lo que le salía del rabo. Como no le gustaba el vestuario que se le había asignado a su personaje, un día, cogió y se fue de compras, eligió nueva ropa que a él le parecía más adecuada para su rol, y pasó los gastos a producción. Al finalizar el rodaje, cuando todo el equipo devolvía el vestuario y demás enseres utilizados al personal de atrezzo, Kinski decidió quedarse con la ropa que había comprado por la patilla.
El actor se comportaba fatal, no hacía más que soltar soflamas, criticar la producción y agredir a todo el que se cruzara en su camino. La cosa se volvía insostenible y tanto Schmoeller como el productor Robert Bessi decidieron que lo mejor era despedir a Kinski y contratar a cualquier otro actor y hacer del rodaje algo llevadero, sin embargo, Charles Band se negó en rotundo a despedirle, ya que consideraba que lo único que podía hacer que esta película atrajera a los espectadores al cine, era la presencia del actor, toda una leyenda. Así que se jodieron y apechugaron.
Sin embargo, Schmoeller, vio el cielo abierto cuando observó que Kinski se había encaprichado de una de las actrices — no se ha desvelado cuál podría ser de la que se encoño, pero todo apunta a que, probablemente, fuera Tané, actriz con la que en la película interactúa poco— y que, siempre que la actriz estaba en el set, con el fin de seducirla, Kinski se comportaba de manera caballerosa y educada, llegaba incluso a obedecer las órdenes del director, por lo que este pidió a la actriz que permaneciera en el set el mayor tiempo posible, incluso después de sus sesiones, ya que así conseguía domarle. La actriz se quedaba el tiempo que buenamente le fuera posible, pero, cuando ella no estaba, Kinski volvía a su estado natural, que era el de cagarse en dios continuamente, romperlo todo y hostiar al personal.
En consecuencia de este rodaje en el que casi todo el equipo acabó siendo agredido por el insoportable actor, en 1999, David Schmoeller rodó un pequeño documental en el que narra todo esto que yo he resumido aquí y en el que se desquita de lo que supuso su rodaje más complicado, para una película que, en resumidas cuentas, no deja de ser una mierdecilla. Su título es “Please, Kill Mr.Kinski” y, desde luego, es un estupendo complemento para visionar en programa doble con “Clawspace (El Ático)” y que el posible disfrute, sea mayor.
En el reparto de la cinta tenemos, co protagonizando con Kinski, a Talis Balsam, que no tiene ningún tipo de parentesco con Martin Balsam, pero sí que fue esposa de George Clooney durante algún tiempo, y a la que hemos podido ver en películas como “Trans-Gen, Los genes de la muerte” o “Ellas los prefieren jóvenes”, película para lucimiento de Patrick Dempsey que pasó bastante inadvertida en nuestros cines.
“Crawlspace (El Ático)”, no llegó a estrenarse en nuestras salas, pero al igual que la mayoría del catálogo de la Empire, y distribuida por la mítica Lightning Vídeo, sí que es un clásico de videoclub absoluto.
En cuanto a David Schmoeller, su película más popular, también a las órdenes de Charlie Band esta vez para la Full Moon, sería “La venganza de los muñecos”, franquicia a la que dio el pistoletazo de salida y a la que, casi, casi, pone el broche, ya que suya es también la dirección, a medias junto a propio Charlie Band, Jeff Burr y David DeCoteau de una de las últimas entregas de la saga, “Puppet Master: Blitzkrier Massacre”, aunque también se le pueden reconocer títulos como “Trampa para turistas”, sin duda su mejor película, o, también bajo el seno de la Full Moon, “El otro mundo”.
Se trata de la historia del hijo de un cirujano nazi que, teniendo un edificio de viviendas en propiedad, alquila pisos del mismo únicamente a estudiantes jóvenes y de buen ver. Al tiempo que hace experimentos con humanos en el ático, se dedicará a espiar a las jóvenes inquilinas, y también se llevará por delante a todo aquel que ose inmiscuirse en su trabajo.
Realmente es una película tirando a floja, pero con todo el encanto de una película Empire de la época y repleta de asesinatos, ratas y sangre bien rojita salpicándolo todo como si fuera acuarela. Quizás peca de aburridilla en algunos momentos y de hacer gala de una lentitud exasperante, pero, Klaus Kinski es, en sí mismo, un aval más que suficiente para ver la película. Kinski estaba como una puta cabra y, en su interpretación siempre grandilocuente, el espectador nota esa chifladura y, en consecuencia, la recibe con hilaridad. Por otro lado, también resulta gracioso el contraste de ver a Kinski, todo un reputado actor, interactuando con una serie de actores y actrices tan del montón. La cosa queda rara y, en su conjunto, “Crawlspace (El ático)” resulta una película bastante peculiar. A eso hay que añadirle lo muy molona que es la fotografía de las películas Empire de la época, y el ambientillo de serie B made in Charles Band que se respira, por lo que, sí, es malilla, tirando a horrorosa, pero contiene otros muchos elementos que la vuelven interesante. A mí, me cae simpática.
Asimismo, a estas alturas hablar de que el rodaje fue un completo desastre por culpa de la locura y la presión a la que sometió al equipo el hijo de puta loco de Kinski, no sería nada nuevo; Sería lo obvio en cualquier película en la que trabajara el actor en aquella época. Esta vez, no solo renegó todo lo renegable, si no que, según el director, David Schmoeller, en tres días de rodaje, Kinski, se pegó seis veces con miembros del equipo, mientras que, por otro lado, no hacía ni puto caso a las indicaciones del director. Kinski hacía lo que le salía del rabo. Como no le gustaba el vestuario que se le había asignado a su personaje, un día, cogió y se fue de compras, eligió nueva ropa que a él le parecía más adecuada para su rol, y pasó los gastos a producción. Al finalizar el rodaje, cuando todo el equipo devolvía el vestuario y demás enseres utilizados al personal de atrezzo, Kinski decidió quedarse con la ropa que había comprado por la patilla.
El actor se comportaba fatal, no hacía más que soltar soflamas, criticar la producción y agredir a todo el que se cruzara en su camino. La cosa se volvía insostenible y tanto Schmoeller como el productor Robert Bessi decidieron que lo mejor era despedir a Kinski y contratar a cualquier otro actor y hacer del rodaje algo llevadero, sin embargo, Charles Band se negó en rotundo a despedirle, ya que consideraba que lo único que podía hacer que esta película atrajera a los espectadores al cine, era la presencia del actor, toda una leyenda. Así que se jodieron y apechugaron.
Sin embargo, Schmoeller, vio el cielo abierto cuando observó que Kinski se había encaprichado de una de las actrices — no se ha desvelado cuál podría ser de la que se encoño, pero todo apunta a que, probablemente, fuera Tané, actriz con la que en la película interactúa poco— y que, siempre que la actriz estaba en el set, con el fin de seducirla, Kinski se comportaba de manera caballerosa y educada, llegaba incluso a obedecer las órdenes del director, por lo que este pidió a la actriz que permaneciera en el set el mayor tiempo posible, incluso después de sus sesiones, ya que así conseguía domarle. La actriz se quedaba el tiempo que buenamente le fuera posible, pero, cuando ella no estaba, Kinski volvía a su estado natural, que era el de cagarse en dios continuamente, romperlo todo y hostiar al personal.
En consecuencia de este rodaje en el que casi todo el equipo acabó siendo agredido por el insoportable actor, en 1999, David Schmoeller rodó un pequeño documental en el que narra todo esto que yo he resumido aquí y en el que se desquita de lo que supuso su rodaje más complicado, para una película que, en resumidas cuentas, no deja de ser una mierdecilla. Su título es “Please, Kill Mr.Kinski” y, desde luego, es un estupendo complemento para visionar en programa doble con “Clawspace (El Ático)” y que el posible disfrute, sea mayor.
En el reparto de la cinta tenemos, co protagonizando con Kinski, a Talis Balsam, que no tiene ningún tipo de parentesco con Martin Balsam, pero sí que fue esposa de George Clooney durante algún tiempo, y a la que hemos podido ver en películas como “Trans-Gen, Los genes de la muerte” o “Ellas los prefieren jóvenes”, película para lucimiento de Patrick Dempsey que pasó bastante inadvertida en nuestros cines.
“Crawlspace (El Ático)”, no llegó a estrenarse en nuestras salas, pero al igual que la mayoría del catálogo de la Empire, y distribuida por la mítica Lightning Vídeo, sí que es un clásico de videoclub absoluto.
En cuanto a David Schmoeller, su película más popular, también a las órdenes de Charlie Band esta vez para la Full Moon, sería “La venganza de los muñecos”, franquicia a la que dio el pistoletazo de salida y a la que, casi, casi, pone el broche, ya que suya es también la dirección, a medias junto a propio Charlie Band, Jeff Burr y David DeCoteau de una de las últimas entregas de la saga, “Puppet Master: Blitzkrier Massacre”, aunque también se le pueden reconocer títulos como “Trampa para turistas”, sin duda su mejor película, o, también bajo el seno de la Full Moon, “El otro mundo”.
jueves, 9 de octubre de 2008
LA PRISIÓN DE LOS MUERTOS
Uno de los últimos productos de Charles Band y su "Full Moon" que dirige un David DeCoteau en baja forman (¡¿más?!).
Unos chavales van al funeral de un amigo a tomar por culo de sus respectivas ciudades. Cuando llegan, resulta que todo había sido una broma y el susodicho amigo no estaba muerto, tan solo quería tenerlos allí para mostrarles una especie de castillo del medioevo que acababa de heredar. En estas que hacen una ouija y despiertan a los antiguos muertos del lugar.
Menudo despropósito. Esto es aburridísimo, una película en la que los horribles actores se dedican a paliquear todo el puto metraje sin sacar nada en claro. Sin una gota de sangre, con unos zombies que da penita verlos, y dirigida con la desgana por montera. Un producto que no entiendo por que existe, no vale ni para los fans de DeCoteau, pues por no haber ni hay tetillas, ni fornidos chavalotes mostrando torso y marcando paquete.
Un esfuerzo sobrehumano tuve que hacer para llegar al final, un final que, por otro lado, no tiene sentido alguno. Nada, como ver la carta de ajuste.
Unos chavales van al funeral de un amigo a tomar por culo de sus respectivas ciudades. Cuando llegan, resulta que todo había sido una broma y el susodicho amigo no estaba muerto, tan solo quería tenerlos allí para mostrarles una especie de castillo del medioevo que acababa de heredar. En estas que hacen una ouija y despiertan a los antiguos muertos del lugar.
Menudo despropósito. Esto es aburridísimo, una película en la que los horribles actores se dedican a paliquear todo el puto metraje sin sacar nada en claro. Sin una gota de sangre, con unos zombies que da penita verlos, y dirigida con la desgana por montera. Un producto que no entiendo por que existe, no vale ni para los fans de DeCoteau, pues por no haber ni hay tetillas, ni fornidos chavalotes mostrando torso y marcando paquete.
Un esfuerzo sobrehumano tuve que hacer para llegar al final, un final que, por otro lado, no tiene sentido alguno. Nada, como ver la carta de ajuste.
viernes, 8 de mayo de 2020
CORONA ZOMBIES
Charles Band, quien en otros tiempos fuera productor de
algunos de los títulos más míticos de la serie B, no solo está en las últimas
de su carrera como productor, sino que además está desesperado, e incapaz de
insuflarle algo de vida a su decadente compañía Full Moon, y supongo que más
con el fin de ponerse una medallita que con el de enriquecerse, para su última
producción tira de algo tan obvio y desfasado como es aprovechar el tirón
comercial que pueda tener algo como el Covid-19, que tiene en vilo a todo el
planeta, para marcarse un exploit a costa de la pandemia, algo con sentido del
humor. Pero lejos de hacer algo potable dentro de sus posibilidades, opta por
aplicar la ley del mínimo esfuerzo —y la mínima imaginación— y se factura en menos de 20 días, un truño monumental,
este “Corona Zombies”.
Cuando el Covid-19 fue declarado pandemia, Band vio el cielo
abierto y se le ocurrió lo de hacer una película sobre el tema. Rápidamente, y
con total desconfianza por si el tiro le salía por la culata, lo primero que
hizo fue elaborar un vistoso póster que colgaría en las redes y que, por
supuesto, llamaría la atención del fandom, muy dado a exclamar “Wooow!”, ante
iniciativas impostadas y para deficientes mentales como esta. El póster está
chulo, se vuelve viral y se empieza a hablar de la película. Es entonces,
cuando se asegura un mínimo de público, cuando decide hacer realidad esta
producción. Dada la situación que atravesamos en la que no es posible sacarse
de la manga toda una película, los más avezados comenzaron a sospechar que
podía tratarse de un simple reciclado, lanzar una película en propiedad
anterior y retitularla para la ocasión. Pero no, Band quiso ir más allá, y amparándose en
viejas (y respetadas) propuestas de material doblado en clave humorística,
como hizo Woody Allen en los años 60 con
“Woody Allen nº1 (Lily, La Tigresa)” —y cito esta porque es la que Band dice
tener como referencia—, Band, decide
coger una de las películas de las que posee sus derechos de explotación, para
doblarla y adaptarla al argumento que nos ocupa. Y lejos de escoger alguna
pieza más ignota u oscura, se decanta por un clásico de la carroña con fama
internacional como es “Apocalipsis Canibal”. Combina parte del metraje de esta
con el de otra película de su compañía, la infame “Zombies Vs. Strippers” y lo
dobla todo. Por supuesto, dentro de la poca coherencia que pueda tener una cosa
así, rueda material nuevo, pero estamos a inicios del confinamiento y el poco
metraje original que filma, lo filma en su puta casa con una actriz de tres al
cuarto. Ya tenemos “Corona Zombies”. Tras lanzar los trailers, y ver claramente
de lo que se trata, la estratagema no da muy buena espina, pero, igual la cosa
podía estar divertida ¿Quién sabe? Pues
no. El resultado de todo esto es poco menos que bochornoso.
La sinopsis global vendría a contar que las personas que
fallecen por Corona virus, pronto vuelven a la vida transformados en zombies
hambrientos. Para acabar con ellos el gobierno crea un escuadrón que los
aniquilará llamado Corona Squad. A partir de aquí solo vemos una combinación de
las dos películas fusiladas y el material original, con un doblaje lleno de
chascarillos y chistes de parvulario, haciendo referencia a los tópicos de las
mascarillas y el papel higiénico (sobre todo al papel higiénico) que sonrojarán
incluso al más curtido en estas lides. Nada. El papel higiénico lo necesitamos
para limpiar las pantallas donde osemos ver esta basura que, no ya es que se
cague en la serie B y en el cine de explotación, sino que, directamente, defeca
sobre el espectador.
Y lo peor es que Charles Band lo sabe. Y ni siquiera ha sido
original en la propuesta. Cuando lo de la gripe aviar, cuyas consecuencias para
nada se parecen a las de la presente pandemia y, por lo tanto, sin el mismo
tirón comercial, algunos desangelados cineastas se aprovecharon de la situación
lanzado infamias como “Gripe Aviar: Virus Mortal” de un tal Olivier Langlois, o
la extraña (por seria) “Flu Birds Horror” de otro tal Leigh Scott, pero aquellas
películas eran inofensivas y menos irritantes que esta, en primer lugar porque
hay detrás el esfuerzo de realizar una película por infame que esta sea, y en
segundo lugar, porque eran un producto exploit algo más genuino. Esta, como si
de una pandemia misma se tratase, hará al fan tonto volverse aún más tonto. Y
tontos es precisamente de lo que vamos sobrados (la prueba está en que, en cuanto se lanzó "Corona Zombies", varias páginas y blogs especializados en el género corrieron a apoyarla con sendas promociones, cegados por quien se encontraba tras ella, solo para formar parte de algo que, a la larga, casi se ha vuelto en su contra. Y sí, se incluyen aquí algunas páginas/blogs patrios).
“Corona Zombies” es como cuando un torpe hace un collage
para un ejercicio del cole, y en este le quedan tantos restos de pegamento y ha
recortado tan mal las estampas, que va el profe y te suspende. Lo que pasa es
que, para más inri, a este le han suspendido en séptimo de EGB cuando tenía
edad para estar en COU.
Por otro lado, decir que en la red rulan varias versiones
del doblaje de la película. Por comodidad, elegí la versión con doblaje latino
que, por lo visto, es aún más infame que el original en el sentido de que
cambia el sentido de los chistes y chascarillos haciendo un fusilamiento de la
versión original. Pero me confirma Naxo que, pese a eso, tampoco hace empeorar
mucho más el resultado.
Como fuere, lógicamente, la cosa es tan alocada que ha medio
funcionado, y ya se rumorea que en breve se estrenará una secuela. Esa no la
veremos.
lunes, 6 de diciembre de 2010
LA REBELIÓN DE LOS MONSTRUOS
Producto “Full Moon”, de los pocos que se editaron en vídeo en nuestro país, y que contaba con una baza fuerte: su cartel bien molón. Curiosamente, las expectativas que los fans se crearon acerca de esta película, por dicho cartel y el retraso mental general, fueron mayores a lo que el producto es en sí, y si bien no es que a mí me vuelva loco, rompo una lanza a su favor. Tan mala, no es. En realidad tiene la extraña virtud de contener un material de relleno bastante más entretenido que el principal reclamo, siendo mejor el “bla,bla, bla” que la presencia de los pequeños monstruos. Aunque ahí también haya mucho “bla, bla, bla”…Un “Mad Doctor" roba la versión manuscrita por la propia Mary Shelley de “Frankenstein”. Por lo visto, ha creado una máquina que convierte en materia viva a los referentes literarios. Así que planea otorgar vida a los monstruos clásicos de los libros y usarlos para gobernar el mundo. Para ello necesita también, previo secuestro, sacrificar a la bibliotecaria a la que mangó el valioso escrito. La tipa es menor de 35, rubia y virgen... en teoría. Pero logra escapar antes de que se complete el experimento, por lo que al alterarse la cosa, los monstruos aparecen en versión reducida. Estos harán todo lo posible por conseguir tener un tamaño normal. De por medias un detective, que trabaja en un video-club, rellena la trama.
Pues a mí me cae simpática, oiga.
El papito de todo esto (y de otras muchas cosas mas), Charles Band, también director del asunto, tan solo quiere hacer una peliculita risueña y jovial gastando dos duros y sin demasiadas estridencias, y lo que consigue es un delirio absoluto, con esos monstruos enanos comandados por el eterno Phil Fondacaro como Mini-Drácula, que no para de hacerle preguntas a su creador para darle un poco de coherencia a su existencia.
Quizás la cosa peca de excesiva, de “psicotrónica”, de rebuscada… pero está absolutamente huérfana de pretensiones, no busca convertirse en una pieza de culto, aunque lo parezca, y aunque carezca de elementos terroríficos significativos (no hay gota de sangre…), tenga un desenlace con el que te quedas igual y un humor menos gracioso de lo que Band se cree, humildemente opino que a originalidad poquitas películas le ganan.
A destacar el papel de detective cinéfilo de tercera que interpreta Justin Lauer. Nunca un protagonista cayó más antipático al espectador... y al resto de personajes. Eso sí, en uno de sus diálogos se marca un guiño al cine de "serie B" en general, y a Jess Franco en particular, que no se lo salta un gitano (aún con esas referencias que cita, alguna de ellas ficticia). Y no me puedo olvidar del papel de la jefa de la prota, interpretada por Kistin Norton ("A.P.E.X."), una lesbiana que se monta un numerito tórrido con un libro de Jane Eyre absolutamente genial, más que por el numerito en sí, porque no pega nada con el resto de una película tirando a infantil más que a otra cosa.
Y para todos esos mentecatos que la tachan de aburrida: La peli dura solo una hora y cinco minutos, en los que pasan montones de cosas. Si te aburres con "La rebelión de los monstruos" es porque en tu cuerpo no queda ni una gota de sangre.
Como curiosidad, decir también que se pasó en la T.V. de los USA, en 3-D del antiguo. De ahí saco el cartel.
martes, 3 de noviembre de 2009
CAVERNÍCOLA
La idea de una comedia situada en plena era prehistórica no se si será mérito del director (Carl Gottlieb, más popular en su faceta de guionista y actor, funciones ambas que hizo en "Tiburón") o del co-guionista (junto al mismo Gottlieb, Rudy DeLuca, mano derecha habitual de Mel Brooks), pero es cojonuda... aunque no del todo original. Hay un precedente producido en Italia y titulado "Cuando las mujeres tenían cola" (por una vez, al revés de lo normal)."Carvenícola" es, junto a "Los guerreros del espacio" o "Detectives casi privados", uno de esos films que marcaron a la audiencia más joven habitual de los vídeo-clubs de los 80. Esa clase de pelis que dejan huella y cuyo recuerdo queda resguardado en un rincón de tu cerebro para siempre, dejándose ver y oír eventualmente.
Un troglodita se pirra por los huesos de la pareja del jefe de su tribu. Es pillado en un intento de agenciársela carnalmente y, por ende, expulsado. Una vez fuera, se reunirá con otro miembro rechazado previamente y varios parias más, que le ayudarán en su intento por hacerse con la moza que le lleva loco, además de enfrentarse a tantos otros peligros. Aunque de crío no te das ni cuenta, el mensaje es evidente: la tribu de los buenos está formada por dos inválidos en mayor o menor grado, una pareja gay, dos individuos de otra raza, un enano, etc.... significativo.
Naturalmente, el humor de "Cavernícola" básicamente es visual (la ausencia de diálogos "normales" es total, aunque sustituidos muy ingeniosamente por sonidos, gestos y palabras reconocibles) y, por eso mismo, recuerda mucho al "slapstick" clásico, sensación esta aumentada por el uso -pero no abuso- de la cámara rápida en algunos certeros momentos (el gag del huevo gigante, por ejemplo). En general los chistes son todos bastante divertidos y ocurrentes (el huevo antes mencionado convertido en frito, el enano hundido en caca de T-Rex...), pero destacan, a gusto personal, aquellos que implican monstruos prehistóricos. El dinosaurio que recibe primero un masaje y luego un doloroso golpe en los testículos gracias a un cavernícola ciego. Otro de ojos saltones y casi bizco. Otro drogado y que demuestra signos inequívocos de disfrutar del momento... aunque uno de los mejores es el abominable hombre de las nieves (interpretado nada menos que por Richard Moll, mítico astro del terror de "serie B", cadáver andante en "House, una casa alucinante" y "Bull" en "Juzgado de guardia") que, tras aterrorizar a los cavernícolas y quedarse solo, comienza a lloriquear cual perrito abandonado pues lo único que hacía era jugar un rato.
Ni que decir que en el tema de los efectos especiales descubrimos nombres tan legendarios como los de Dave Allen para los stop-motion (era habitual en las nóminas de "Empire" y "Full Moon"), Ray Arbogast supervisando (lo mismo hiciera en "Christine", "El retorno del Jedi" o "Están vivos" entre muchas otras) y Jim Danforth en las pinturas mate (suyas son las de "La Cosa", "Commando" o "El día de los muertos").
La ocurrente banda sonora se la debemos al gran Lalo ("Harry, el sucio") Schifrin quien, imagino, también será el compositor del pegadizo tema que improvisan los protagonistas rodeando una hoguera y que vendría a ser el descubrimiento de la música por parte del hombre prehistórico.
Como nota curiosa añadir que el montador no es otro que Gene Fowler Jr., director en su momento del clásico "I was a teenage werewolf".
El reparto es tan completo como exótico. El ex-"Beatle" Ringo Starr de prota, seguido de un jovenzuelo Dennis Quaid, Shelley Long ("Esta casa es una ruina"), Evan Kim (el Bruce Lee de risa en "Made in USA" y el compañero de "Harry Callahan" en "La lista negra"), Barbara Bach (ex-chica Bond, prota de "La isla de los hombres peces" y, a raíz de "Cavernícola" -hasta la actualidad-, recipiente carnal del pene de Ringo), John Matuszak (el mítico "Sloth" de los "Goonies" y, fíjate tú que casualidad, uno de los piratas galácticos de "Los guerreros del espacio"), el pequeñín Cork Hubbert (estuvo también en "Legend") y el gigantón Miguel Ángel Fuentes (se las vio con Charles Bronson en "Justicia Salvaje" pero se le puede encontrar en cosas tan dispares como una peli de "Santo, el enmascarado de plata", "Fitzcarraldo" o "El templo del oro" junto a Chuck Norris).
Entrañable.
jueves, 22 de mayo de 2008
TRAMPA PARA TURISTAS
Copias de "La matanza de Texas" las hay a cientos, puede que a miles, pero copias que ofrezcan un punto de vista realmente diferente e incluso original, hay mínimas, muy pocas. "Trampa para turistas" está entre ellas.
El inevitable grupo de jovenzuelos en plenas vacaciones, en este caso desérticas (destaca una guapísima Tanya Roberts pre-"Ángeles de Charlie"), recalan casi accidentalmente en un especie de "oasis" presidido por un tétrico museo. El dueño del lugar es un tipejo (Chuck Connors, estrella que nunca acabó de despegar, genial como demente) con poderes telekinésicos que le permiten mover los objetos a su puto gusto, con especial predilección por los maniquíes. Naturalmente, se lo hará pasar canutas a los chavales en su afán de transformarlos en figuras inertes.
Aunque de ritmo muy pausado, y prácticamente carente de cualquier atisbo de sangre (la verdad es que sale poquísima), "Trampa para turistas" funciona de puta madre como producto muy setentero gracias, principalmente, a lo inquietantes y escalofriantes que resultan las secuencias en las que los maniquíes cobran vida, incluso aunque sepas que los "acciona" un tipo con poderes mentales. También es interesante destacar el acertado look de este, en su afán de tener el aspecto impoluto de un figurín de cartón piedra sin conseguirlo, y su macabra y monótona voz que, al menos en el doblaje español, mola que te cagas. Llegados a un punto, la peli entra en el terreno del surrealismo cuando las figuras en cuestión comienzan a tener el aspecto de personas de carne y hueso, cerrándose con un impactante y seco desenlace (muy de la década).
Con Irwin ("La noche de Halloween") Yablans y Charles (Empire, Full Moon) Band en tareas de producción, la dirección y co-paternidad del guión corren a cargo de David Schmoeller, seguramente uno de los cineastas más singulares surgidos de la factoría Band que, de vez en cuando, gusta de firmar sus guiones con pseudónimos italianos, vamos, al revés de lo "normal". Pino ("Aullidos") Donaggio se curra la adecuadísima, y logradísima, banda sonora.
"Trampa para turistas" es, sin duda, un pequeño clásico menor que se esfuerza en aquello que muchas pelis de terror del momento casi habían olvidado: Dar miedo.
El inevitable grupo de jovenzuelos en plenas vacaciones, en este caso desérticas (destaca una guapísima Tanya Roberts pre-"Ángeles de Charlie"), recalan casi accidentalmente en un especie de "oasis" presidido por un tétrico museo. El dueño del lugar es un tipejo (Chuck Connors, estrella que nunca acabó de despegar, genial como demente) con poderes telekinésicos que le permiten mover los objetos a su puto gusto, con especial predilección por los maniquíes. Naturalmente, se lo hará pasar canutas a los chavales en su afán de transformarlos en figuras inertes.
Aunque de ritmo muy pausado, y prácticamente carente de cualquier atisbo de sangre (la verdad es que sale poquísima), "Trampa para turistas" funciona de puta madre como producto muy setentero gracias, principalmente, a lo inquietantes y escalofriantes que resultan las secuencias en las que los maniquíes cobran vida, incluso aunque sepas que los "acciona" un tipo con poderes mentales. También es interesante destacar el acertado look de este, en su afán de tener el aspecto impoluto de un figurín de cartón piedra sin conseguirlo, y su macabra y monótona voz que, al menos en el doblaje español, mola que te cagas. Llegados a un punto, la peli entra en el terreno del surrealismo cuando las figuras en cuestión comienzan a tener el aspecto de personas de carne y hueso, cerrándose con un impactante y seco desenlace (muy de la década).
Con Irwin ("La noche de Halloween") Yablans y Charles (Empire, Full Moon) Band en tareas de producción, la dirección y co-paternidad del guión corren a cargo de David Schmoeller, seguramente uno de los cineastas más singulares surgidos de la factoría Band que, de vez en cuando, gusta de firmar sus guiones con pseudónimos italianos, vamos, al revés de lo "normal". Pino ("Aullidos") Donaggio se curra la adecuadísima, y logradísima, banda sonora.
"Trampa para turistas" es, sin duda, un pequeño clásico menor que se esfuerza en aquello que muchas pelis de terror del momento casi habían olvidado: Dar miedo.
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