La discografía de "The Damned" incluye un LP inicialmente destinado a titularse "Strawberries for Pigs" (finalmente reducido a "Strawberries"), una variación de "Pearls before swine", equivalente británico a nuestro "Dar margaritas a los cerdos". Cuando les preguntaron el motivo de su elección, Dave Vanian, carismático voceras, aclaraba que hacía alusión a su audiencia. Les desconcertaba -en plenos años ochenta- ver como durante sus actuaciones la peña únicamente buscaba bronca, mongolismo y, como mucho, exigía los "great hits" de la banda, pero nada ni medianamente parecido a interesarse por sus nuevas composiciones y/o la música en general. Y es que es muy duro ser un "entertainer", muy injusto. Dedicar todos tus esfuerzos creativos a amenizar a la plebe considero es una de las tareas menos gratas que existen (salvo si asumes una condición de "entertainer" destinado a un único objetivo: tu). ¿Por qué? porque, así a rasgos generales, la gente es muy idiota, caprichosa, ignorante, desconsiderada y cruel. Y lo mismo te ponen en un pedestal, que seguidamente eres hundido en la más apestosa y supurante mierda. Casi como si fuese un acto de venganza, un: "Te otorgamos toda nuestra confianza y ¿así nos lo agradeces? -traducción: no dándonos lo que queremos, del modo que lo queremos- Ahora sabrás lo que vale un peine". En la antigua Roma, aquellos dedicados a amenizar la mediocre existencia de las masas eran considerados ciudadanos de segunda (fuesen actores, fuesen gladiadores). Indignos. Prescindibles. Eso hubiesen sido "The Damned" y, también, M.Night Shyamalan, quien más que muchos, y mejor que otros, ha sufrido en sus carnes ese caprichismo del detestable "respetable".
Vale que, hasta cierto punto, él mismo se lo buscó. Tras recibir elogios mil y comidas de rabo infinitas con "El sexto sentido", "El protegido", "Señales" o, un poco menos pero también, "El bosque", hizo una costra tan inmensa y apestosa como "La joven del agua". Y es que, en su deseo de complacer a los culos plantados en las butacas, se dejaba las meninges cumpliendo con aquello que se esperaba de él: un giro final sorprendente, a cualquier precio, sacrificando incluso el trayecto. Y, claro, tan incansable e insistente dedicación en dorar la píldora a la peña, a empacharla, a mimarla, pues se volvió contra él. El problema es que no aprendió la lección, porque luego lo empeoró pariendo un tipo de cine totalmente ajeno a sus maneras, el "blockbuster", o, dicho de otro modo, productos destinados a hacer felices a TODA clase de público. Shyamalan, hasta entonces amigo de tempos reposados, tramas en torno a personajes, hacedor de un estilo muy personal y propio (que, extrañamente, y de primeras, logró conectar con el populacho), decidió convertirse en un nuevo Spielberg, un nuevo Cameron, pariendo películas espectaculares para la familia, que no solo necesitan ritmo y tramas elementales, también mucha guita, por lo que el riesgo de hostiarse se dobla o triplica. Y así ocurrió con "Airbender: el último guerrero" (que ni he querido ver) y la chaposa y cargante "After Earth". Claro, lo único que logró con ello fue, además de perder su sello personal, alimentar el odio, convirtiéndose en motivo de burla y chanza en las ruedas de prensa y, por supuesto, ese lugar tan mágico y a la vez infernal llamado internet.
Es posible que parte de las críticas negativas estuviesen justificadas, porque al fin y al cabo las respectivas películas -al menos la que yo vi- eran bastante olvidables, pero también lo es que tal torbellino exagerado, descontrolado y absurdo salpicó a las menos malas, o directamente decentes, que hizo entre medias, como "El incidente". Recuerdo la hiper-hostilidad que despertó en su estreno, con todo dios poniéndola a bajar de un burro, pisoteándola y riéndose de ella. Incluso de ideas que, ciertamente, no solo no eran tan risibles, es que el mismo director hacia chanza de ellas en el film, sin tomárselas en serio (por ejemplo, cierta charla entre el protagonista y una planta decorativa de plástico). Ya conocen el mecanismo propio del fanatismo: Ciega. Y la peña, que ha quedado claro es -o puede ser- lerda hasta el paroxismo, pues se apuntaba al linchamiento del pequeño -por tamaño físico- cineasta sin tener muy claro por qué, ni disponiendo de unos argumentos razonados y convincentes, agarrándose a un clavo ardiendo con tal de soltar el rebuzno y, así, situarse junto al resto del rebaño.
"El incidente" no es ni mucho menos una mala película. Ni una ridiculizable. Es un thriller solvente, bien facturado, de buen ritmo, entretenido y que parte de una idea refrescante: La naturaleza está tan hasta la polla del ser humano (¿metáfora / revancha por parte del director?) que las plantas comienzan a expulsar una toxina capaz de convertir a todo aquel que la aspire en un suicida dispuesto a quitarse la vida con lo primero que tenga a mano. Así, las respectivas escenas de muertes colectivas son genuinamente impactantes, con obreros saltando desde las azoteas de edificios en construcción, pistolas pasando de mano en mano, tipos apoltronándose bajo podadoras, cuidadores de un zoo dejándose comer por leones, en fin, una buena ristra de ideas retorcidas. De todo esto tratarán de huir los protagonistas, una pareja en crisis y un padre con su hija, acudiendo a pequeños pueblos -de hermoso aspecto- y viendo como, a pesar de ello, el "mal" se sigue extendiendo. Efectivamente, porque esto es Hollywood, y Shyamalan es Shyamalan, no puede faltar la niña + puyita moralista: La familia es lo primero. Tener hijos salva la vida. Las personas voluntariamente solitarias son peligrosas y están zumbadas. Chuminadas. "El incidente" asegura un rataco saludablemente ameno, y no hay nada mejor que eso.
Ahí va el reparto, injustamente relegado a aquellos rostros más conocidos y curiosos: Mark Wahlberg, la ultra "cuqui" Zooey Deschanel, John Leguizamo, Betty Buckley, Jeremy Strong, el bueno de Alan Ruck y Frank Collison, al que siempre recordaré como villano de cabeza flotante en nada menos que "Dollman".
En cuanto al bueno de M.Night Shyamalan, pues finalmente logró reencauzar su carrera. Quitarse de encima los moscardones y la mala prensa. Es lo que tienen las modas, que tal como vienen, se van. Pero dejó huella. El cineasta nunca se recuperó del todo, pariendo thrillers "como los que hacía antes" pero carentes de chispa ("Tiempo", "Llaman a la puerta"), o directamente productos de consumo medio tirando a insufribles u olvidables ("Múltiple", "Glass (Cristal)" esta última secuela tardía de uno de sus films mejor considerados, típica salida de todo creador consciente del descenso de su tirón comercial), especialmente en el caso de "La trampa", que podría haber estado muy bien, pero queda completamente destruida por el ansia nepotista del director, una tendencia por desgracia cada vez más recurrente. Cuidadín Manoj Nelliyattu "M. Night" Shyamalan, que con el currículum que gastas no estás tu para redespertar antipatías. Luego pasa lo que pasa y me lloras.
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sábado, 14 de febrero de 2026
miércoles, 1 de noviembre de 2023
MINUTOS MUSICALES 16: MELODÍA VITAMÍNICA
No se vayan a creer que me paso las 24 horas del día consumiendo punk rock. Sería terriblemente aburrido. Tampoco que mi dieta cinéfaga se limite a terror o películas chusqueras. Imagínense el nivel de desesperación (sobre todo teniendo en cuenta cómo anda el género últimamente). Mis apetencias son más variadas. Incluso podrían considerarse incoherentes. Contradictorias. No obstante, sí es un hecho que, a la hora de sentarse ante el ordenador para darle a las teclas, el punk en lo musical, y el terror (+ el trash) en lo cinematográfico, son mucho más divertidos, estimulantes, amenos y permiten una buena dosis de cachondeo. Incluso sano desprecio. De ahí la preferencia por ambos temas. Y ya que hablamos de punk rock...
THE CARPETTES
PRIVATE FUNCTION
Soy de esa calaña que, a la hora de meterse música vía intravenosa, únicamente acudo al pasado. Mayormente. Sobre todo en cuestiones de géneros específicos... como, sí, el punk. Prácticamente jamás escucho bandas actuales. Ni tengo idea de su mera existencia. Salvo que, accidentalmente, una de ellas llegue a mis peludos oídos y me sorprenda. Y así ocurrió recientemente con un combo australiano llamado "Private Function". No solo escuché una canción suya que me gustó, es que, directamente se ha ganado un puesto entre mis favoritas. Raro, raro, raro.
La interfecta se titula "Don't Wanna Go Out On The Weekend", pertenece al lp graciosamente titulado "370HSSV 0773H" (pónganse bocabajo para leerlo correctamente, se llevarán una sorpresa), y la podrán escuchar a continuación. Respecto al resto de la discografía de "Private Function", pues no está mal. Se deja oír. Entretiene. Sin embargo, ninguna de sus restantes canciones está a la altura pegajosa y gozosa de lo que sigue...
THE BOYS
Bien, superada la marcianada de recurrir a un tema reciente, vayamos a lo habitual, hurgar en el pasado... y de qué manera. Damos un salto atrás en el tiempo hasta el Londres del 77, es decir, en plena macro-eclosión del punk como moda, como tendencia capaz de llenar los bolsillos de empresarios sin escrúpulos. Y, hurgando, rescatamos a uno de los muchos grupos surgidos justo con su despuntar, "The Boys". Estos pertenecen, claramente y con honores, a la llamada segunda división. No lo petaron como "Sex Pistols" o "Damned", pero sí dejaron cierta huella. Sobre todo durante el periodo. Su especialidad era una cosa más melódica que el resto de sus coetáneos. Digamos que estaban más cerca del "power pop" que del punk propiamente dicho. Y tienen algunos temas bien majos, aunque la mayoría resultan algo pastelosos. Sonando como artificiales, a laboratorio. Graciosamente, sí fueron rompedores en una cosa: reivindicar su adoración por los "Beatles", entonces considerados el gran enemigo del punkismo (junto a "Rolling Stones"). Es decir, en ese sentido los "Boys" fueron de lo más punk, yendo a la contra de su propio gremio. Tal admiración dio como resultado una de mis canciones favoritas del rollo 77 o, directamente, una de las mejores versiones punk jamás grabadas, justamente se trata de "I Call Your Name", composición Lennon-McCartney llevada al terreno del imperdible, acelerada hasta el delirio, pero sin perder su esencia poppy... y suena así de irresistible...
WHITE FLAG
Seguimos nadando en el pasado, pero ahora centrados en plenos años ochenta. Terreno yanki. Escena punk/hardcore de Los Angeles. Entran en el plano "White Flag", un combo de chavales con ganas de cachondeo. Ya su nombre es una coña a costa de los muy respetados "Black Flag". Gustan de salir al escenario vestidos con atuendos heavy-metal-moñarra. Y, ocasionalmente, provocan a su público mostrándose a favor de causas consideradas anti-punkas. Mi tipo de peña. Sus primeros arranques fueron todo lo acelerados, gritones y ruidistas que cabría esperar. Pero, poco a poco, comenzaron a desarrollar una vena más melódica. Más "power pop". Cosa que les relaciona en parte con el mentado caso de "The Boys", hasta el punto de versionear también a los "Beatles". Con los años romperían filas, pero volverían a rejuntarse animados por uno de sus mayores fanes, Ken "The Posies" Stringfellow. Para entonces sonaban totalmente a pop vitamínico, incluso ocasionalmente un pelo AOR, y así llegaron hasta Barcelona, donde pude verlos en un concierto majete (sala "Magic") pero que tampoco me cambió la vida. Tiempo después palmó su carismático frontman Pat Fear (caracterizado por un notable mostacho setentero), aunque la banda siguió.
A la hora de rescatar alguno de sus temas, la verdad es que hay unos cuantos entre los que elegir. Pero, dadas las circunstancias, procuro siempre decantarme por los más escuetos y enérgicos, así que aparcaré los otros (como "Everything means nothing" o "Face Down") quedándome con "Instant Breakfast" que, creo, combina muy bien las dos etapas más remarcables de la carrera de los bandera blanca, un mucho de energía y un algo -ni que sea sutilmente- de melodía.
THE CARPETTES
El plan inicial consistía en finiquitar este repaso con una banda opuesta a las maneras de las tres comentadas hasta ahora. Es decir, una con preferencia por el ruidismo extremo y la velocidad desbocada. No a la manera de "White Flag", sino mucho más agresivamente. Sin embargo, y por lo visto hasta el momento, opino que es más lógico seguir tirando de energía con ribetes melódicos. Y nadie encaja mejor en ese término de "The Carpettes".
Si "The Boys" eran la "serie B" del punk británico de los setenta, "The Carpettes" vendrían a ser la "serie C". No tanto por calidad como por categoría. El típico ejemplo de combo señalado por el infortunio. Por mucho que lo intentaron, jamás lograron destacar. Ni hacerse un nombre. Y, para cuando ocurrió, era ya tarde y en un lugar tan lejano como Japón. "The Carpettes" lo intentaron sonando primero a punk rock cafre, sin éxito. Luego vino su "etapa de oro", amoldándose a una cosilla más aceptable, o "new wave", posando en plan niños buenos/guapos en las fotos y lanzando dos lp´s que, en mayor o menor medida, han acabado resultando su legado más preciado por el personal, "Fight Amongst Yourselves" y "Frustration Paradise", sin duda gracias a que fue el respetable sello "Beggars Banquet" quien los sacó a la luz. Merece destacarse el tema "Youth Rebellion", perteneciente al primero de ellos.
Enterrados los "Carpettes" -temporalmente-, y en pleno "boom" del segundo (o tercer) punk, aquel a base de crestas, gritos y tachuelas, el frontman intenta poner en marcha una banda afín a los sonidos de "GBH" o "Discharge". Y acude a la discográfica especializada del momento a mostrarle la respectiva maqueta. Sin embargo, reciben un feo rechazo y.... bueno, el resto ya se lo he contado. Hoy día los "Carpettes" siguen recorriendo escenarios segundones o nostálgicos, recordando sus modestos clásicos. Ya se conocen el percal, les sobra grasa y les chorrea desencanto, pero, en fin, mejor eso que nada.
De todo su legado, inevitablemente me he decantado por uno de los temas de su etapa más primigenia, por potente y extremadamente gustoso, "Small Wonder"....
sábado, 11 de enero de 2020
SAINT BERNARD
Tras sorprender a todos en 2004 con "Skinned Deep", el habitual técnico de efectos especiales y maquillaje Gabe Bartalos lo intenta de nuevo con otra de sus locuras ultra-personales y macro-independientes, "Saint Bernard", fechada en 2013. Dos largometrajes en casi diez años, algo comprensivo si tenemos en cuenta la peculiar naturaleza de sus proyectos, que si en "Skinned Deep" ya cantaba lo suyo, con el caso que nos ocupa se incrementa más todavía. Porque al menos aquella jugaba con elementos propios del cine de terror, y tenía una escasa pero existente trama. En "Saint Bernard" ya no disponemos de esos resortes de seguridad. A pesar de algunos fugaces momentos con monstruos o situaciones horribles, no podemos decir que la peli encaje en el género. Bartalos directamente apuesta por el delirio y el surrealismo más desquiciados y desquiciantes.
La cosa va de un aspirante a director de orquesta que, un día, sufre un ataque de locura incrementado poco después al localizar la cabeza decapitada de un perro San Bernardo y obsesionarse con llevarla allá donde va y protegerla de todos aquellos que pretenden arrebatársela. Con la excusa, vivirá una especie de pesadilla demencial repleta de ilógica y desmelene. Según he leído de boca del mismo señor director, toda esa demencia es pura metáfora. Vamos, que no es un rollo raro porque sí, detrás hay "algo más". El problema es que, uno, toca entenderlo y, dos, toca tener ganas de ello, cosa que no me va nada. No veo pelis para pensar, eso ya lo hago demasiado en mi tiempo libre.
Por lo general, cuando el cine se inmiscuye en el mundo de los sueños comete un error garrafal. O pierde los papeles con exageraciones grandilocuentes o mete material propiamente psicodélico que, al menos yo, no he visto jamás mientras duermo. Lo habitual es vivir situaciones extrañísimas, con alteraciones constantes de los hechos, los lugares y las personas, pero que uno las siente como "normales". Como si fuese lo común y corriente. Una realidad mundana paralela en la que no te preguntas por qué ese tipo con el que hablabas ha cambiado de cara o por qué ahora la pared es de color rojo cuando antes era blanca. Bien, es esa una cualidad que sí vemos en "Saint Bernard", al menos durante buena parte de su metraje. Y lo agradezco.
Realmente el mérito de esta película reside en cómo ha sido confeccionada. Contaba Bartalos en una entrevista que el mejor momento del día era cuando llegaba a casa y dedicaba un rato a currar en su garaje montando los espectacularmente detallados y meticulosos decorados que luego filmaría para su proyecto. Proyectos estos que va confeccionando gota a gota, de modo totalmente libre. A lo que hay que sumar rodajes de guerrilla en medio de calles atestadas de gente y que, como ocurrió con "Skinned Deep", le han traído algún que otro problema. Sumen a la ecuación la valiente decisión de filmar en 16mm, evitando así la frialdad propia del formato digital y esa excesiva nitidez que incluso incomoda, tan común -por desgracia- en el 95% del cine "indie" moderno, especialmente el de género.
A lo largo de la peli nos cruzamos con los rostros de Warwick Davis (que ya estaba en la primera peli de Bartalos), Bob Zmuda, ex-socio de Andy Kaufman, y a Frank Henenlotter en un cameo fugaz. Junto a estos, una breve actuación "live" de la legendaria banda punk inglesa "The Damned", cuyo bajista/guitarra y co-fundador, Captain Sensible, aportó en su día un tema para el soundtrack de "Skinned Deep". Y ya que la menciono, aclarar que la considero mejor que "Saint Bernard". Cuando veo pelis radicalmente raras y anarrativas, tengo la sensación de que el director actúa de forma creativamente arbitraria -independientemente de que pretenda hablar de cosas profundas-, lo que en mi agenda se traduce en vagancia por su parte, de modo que el regusto que me deja es de haber consumido una chorrada prescindible. En este caso, una muy currada y con muchos aciertos visuales, sí... pero chorrada al fin y al cabo.
La cosa va de un aspirante a director de orquesta que, un día, sufre un ataque de locura incrementado poco después al localizar la cabeza decapitada de un perro San Bernardo y obsesionarse con llevarla allá donde va y protegerla de todos aquellos que pretenden arrebatársela. Con la excusa, vivirá una especie de pesadilla demencial repleta de ilógica y desmelene. Según he leído de boca del mismo señor director, toda esa demencia es pura metáfora. Vamos, que no es un rollo raro porque sí, detrás hay "algo más". El problema es que, uno, toca entenderlo y, dos, toca tener ganas de ello, cosa que no me va nada. No veo pelis para pensar, eso ya lo hago demasiado en mi tiempo libre.
Por lo general, cuando el cine se inmiscuye en el mundo de los sueños comete un error garrafal. O pierde los papeles con exageraciones grandilocuentes o mete material propiamente psicodélico que, al menos yo, no he visto jamás mientras duermo. Lo habitual es vivir situaciones extrañísimas, con alteraciones constantes de los hechos, los lugares y las personas, pero que uno las siente como "normales". Como si fuese lo común y corriente. Una realidad mundana paralela en la que no te preguntas por qué ese tipo con el que hablabas ha cambiado de cara o por qué ahora la pared es de color rojo cuando antes era blanca. Bien, es esa una cualidad que sí vemos en "Saint Bernard", al menos durante buena parte de su metraje. Y lo agradezco.
Realmente el mérito de esta película reside en cómo ha sido confeccionada. Contaba Bartalos en una entrevista que el mejor momento del día era cuando llegaba a casa y dedicaba un rato a currar en su garaje montando los espectacularmente detallados y meticulosos decorados que luego filmaría para su proyecto. Proyectos estos que va confeccionando gota a gota, de modo totalmente libre. A lo que hay que sumar rodajes de guerrilla en medio de calles atestadas de gente y que, como ocurrió con "Skinned Deep", le han traído algún que otro problema. Sumen a la ecuación la valiente decisión de filmar en 16mm, evitando así la frialdad propia del formato digital y esa excesiva nitidez que incluso incomoda, tan común -por desgracia- en el 95% del cine "indie" moderno, especialmente el de género.
A lo largo de la peli nos cruzamos con los rostros de Warwick Davis (que ya estaba en la primera peli de Bartalos), Bob Zmuda, ex-socio de Andy Kaufman, y a Frank Henenlotter en un cameo fugaz. Junto a estos, una breve actuación "live" de la legendaria banda punk inglesa "The Damned", cuyo bajista/guitarra y co-fundador, Captain Sensible, aportó en su día un tema para el soundtrack de "Skinned Deep". Y ya que la menciono, aclarar que la considero mejor que "Saint Bernard". Cuando veo pelis radicalmente raras y anarrativas, tengo la sensación de que el director actúa de forma creativamente arbitraria -independientemente de que pretenda hablar de cosas profundas-, lo que en mi agenda se traduce en vagancia por su parte, de modo que el regusto que me deja es de haber consumido una chorrada prescindible. En este caso, una muy currada y con muchos aciertos visuales, sí... pero chorrada al fin y al cabo.
viernes, 22 de marzo de 2019
SKINNED DEEP
A Gabe Bartalos se le conoce, principalmente, por su prolífica carrera como técnico de efectos especiales y maquillaje. En este apartado, y para ahorrarnos el eterno listado de títulos, podemos destacar la cantera de bichos que pueblan el "Basket Case 2" de Frank Henenlotter. Todos ellos cortesía de Bartalos.
Pero al hombre no le basta con eso. Eventualmente le gusta hacer sus propias películas. "Skinned Deep" fue la primera de las dos que pueblan su currículo como director y guionista. Viéndolas se nota que hay amor invertido en ellas y que quedan bien lejos de ser meros productos de consumo. Son trabajos personales y que gastan un tono bastante extraño, delirante y alocado.
A simple vista "Skinned Deep" (apadrinada en su día por la revista "Fangoria") podría ser la eterna derivación de "La matanza de Texas". De hecho, hay una secuencia que directamente recuerda a su segunda parte, en la que Bartalos trabajó aplicando maquillajes. Una familia de chalados se dedican a la caza y captura de personas que seguidamente mutilan y devoran. Algunas de ellas lograrán zafarse y tomarse la revancha.
El aspecto que marca la diferencia es, primero, una estética barroca y recargada aunque también cruda y feista. Segundo, el estrambótico sentido del humor, en ocasiones tan bufo como surrealista. Si a todo ello le sumamos unas dósis de gore gran guiñolesco y que el film está rodado en unos bonitos 16 mm, surge un nuevo vínculo con otra película, la mejor de toda la filmografía de Peter Jackson: "Mal Gusto".
La mentada familia viene formada por un especie de hombre biomecánico con cortante dentadura de acero, un enano histriónico que lanza platos con mortal precisión (interpretado por "Leprechaun" himself, Warwick Davis. Y sí, Bartalos curró también en algunas películas del malvado duende), una abuela aparentemente angelical, un tipo con un cerebro gigantesco y otro del que no hablaré para no estropear la sorpresa. Sus víctimas son una familia paródicamente yanki y una panda de moteros de la tercera edad, entre los que localizamos al legendario Forrest J. Ackerman. El no menos legendario Captain Sensible, del grupo "The Damned", pone música a una secuencia hilarante protagonizada por el del gran cerebro (y que propició a sus autores problemas con la autoridad).
Tal ensalada da como resultado una película peculiar y bizarra, que podría pecar de intentar artificiosamente ser carne de culto, pero que no por ello es totalmente desdeñable. Tiene sus buenos momentos y sus buenas ideas. Curiosa.
Pero al hombre no le basta con eso. Eventualmente le gusta hacer sus propias películas. "Skinned Deep" fue la primera de las dos que pueblan su currículo como director y guionista. Viéndolas se nota que hay amor invertido en ellas y que quedan bien lejos de ser meros productos de consumo. Son trabajos personales y que gastan un tono bastante extraño, delirante y alocado.
A simple vista "Skinned Deep" (apadrinada en su día por la revista "Fangoria") podría ser la eterna derivación de "La matanza de Texas". De hecho, hay una secuencia que directamente recuerda a su segunda parte, en la que Bartalos trabajó aplicando maquillajes. Una familia de chalados se dedican a la caza y captura de personas que seguidamente mutilan y devoran. Algunas de ellas lograrán zafarse y tomarse la revancha.
El aspecto que marca la diferencia es, primero, una estética barroca y recargada aunque también cruda y feista. Segundo, el estrambótico sentido del humor, en ocasiones tan bufo como surrealista. Si a todo ello le sumamos unas dósis de gore gran guiñolesco y que el film está rodado en unos bonitos 16 mm, surge un nuevo vínculo con otra película, la mejor de toda la filmografía de Peter Jackson: "Mal Gusto".
La mentada familia viene formada por un especie de hombre biomecánico con cortante dentadura de acero, un enano histriónico que lanza platos con mortal precisión (interpretado por "Leprechaun" himself, Warwick Davis. Y sí, Bartalos curró también en algunas películas del malvado duende), una abuela aparentemente angelical, un tipo con un cerebro gigantesco y otro del que no hablaré para no estropear la sorpresa. Sus víctimas son una familia paródicamente yanki y una panda de moteros de la tercera edad, entre los que localizamos al legendario Forrest J. Ackerman. El no menos legendario Captain Sensible, del grupo "The Damned", pone música a una secuencia hilarante protagonizada por el del gran cerebro (y que propició a sus autores problemas con la autoridad).
Tal ensalada da como resultado una película peculiar y bizarra, que podría pecar de intentar artificiosamente ser carne de culto, pero que no por ello es totalmente desdeñable. Tiene sus buenos momentos y sus buenas ideas. Curiosa.
jueves, 27 de diciembre de 2012
CALLES SALVAJES
Verano en Torredembarra. Solía ir cada año a pasar quince días en casa de mi amigo Dani. Nada más llegar al pueblo, el coche se detuvo delante del cine para ver qué daban y, si se prestaba, acudir ese mismo fin de semana. "Dan una que se llama "Calles Salvajes"". "Guau", pensé, "Esa ha de ser muy heavy". Poco tiempo tuve de fantasear. La madre de Dani corrió a soltar la sentencia: "No, esa no la veréis, estas películas son muy violentas". El coche arrancó y nos alejamos de allí. Tuve que esperar unos años para poder comerme "Calles Salvajes", en formato VHS, claro, el mismo con el que la revisé ayer por la noche.Todo comienza con el encontronazo, algo tonto, entre una panda de macarras punkis que llevan emblemas de "The Damned" en sus chupas y un grupito de golfas deslenguadas, pero de buen corazón, capitaneadas por una Linda Blair luciendo, a través de una prenda fina y bien ceñida, sus imponentes pechotes (papel este inicialmente previsto para la frontman del grupo "The Runaways"). La acompaña una jovencita Linnea Quigley pre-Scream Queen en el papel de sordomuda empalagosamente inocente y monjil. El caso es que el mentado encontronazo empeora mucho cuando los macarras violan a la virginal muchacha. Y se dispara del todo cuando se cargan a una de las chicas de la pandilla, nada menos la que estaba en estado y lista para contraer matrimonio (que sí, que muy chulonas y callejeras ellas, pero cuando se trata de casarse, por la iglesia y con el vestido más blanco de todos). Como no podía ser de otro modo, la ex-niña exorcisada pillará una ballesta (incómoda cuando se trata de vengarse, aunque muy "cool") e irá a por los malotes.
Probablemente la madre de mi amigo tenía razón, "Calles Salvajes" nos hubiera impactado mucho en 1984 por sus elementos crudos y ultra-violentos. Era todo muy "joputa", como se estilaba entonces. El problema es que los años no pasan en balde y la pobre ha envejecido mal. Ahora es casi ridícula. Por lo menos, la que sí da un poco de pena/risa es la amiga Linda luciendo esa pose de chuloputas y ese vestuario pretendidamente golfo (aunque lo compensa dándose un baño en pelota picada y mostrándonos esas tetazas que, de tan grandes, flotan en el agua). Tampoco pasan examen los típicos diálogos "supuestamente juveniles y pasotistas" de los macarras, así como su actitud exagerada de continuo cachondeito y descerebre. Y como ocurre en casi todas las pelis de la época que intentaban retratar un ambiente alternativo entre punkero y nuevaolero, las canciones "rockeras" del "soundtrack" son horriblemente pastelosas, así como la banda que aparece tocando en un escenario... algo que desde que tengo uso de razón, me lleva siempre a la misma pregunta: "¿Pero cómo pueden todos bailar con tanta entrega y diversión una música tan aburrida y monótona?". Misterios del cine juvenil de los ochens.
Pero no seamos tan duros con "Calles Salvajes", dejando de lado todas esas apreciaciones, la peli se deja ver (a pesar de su fotografía ultra-oscura, aunque tal vez sea cosa de la edición VHS) y entretiene razonablemente, pese a ese clímax final innecesariamente eterno. Digamos que es un compendio entre varios de los temas recurrentes del "exploit" de la década: aulas turbulentas, bandas callejeras en conflicto y un poco de "rape and revenge". Muy completa, y pasable para un visionado casual.
Junto a la Blair y la Quigley encontramos al carismático John Vernon y a la neumática (y muy atractiva) Rebecca Perle, quien volvería a mostrar sus encantos en "En la cuerda floja" y "Vampiro del espacio". Como dato curioso, señalar que en un principio "Calles Salvajes" iba a dirigirla Tom DeSimone, responsable de "Hell Night" -de nuevo con Linda Blair-, pero por alguna razón desconocida fue sustituido. Con todo, su hermano Bob sí aparece en la peli, en un rol segundón de profe, y haría tan buenas migas con el sustituto que actuaría también en su siguiente peli, la muy recuperable "Viernes 13 - 5ª parte", haciendo de ambulanciero farlopero. Les hablo del malogrado Danny Steinman.
Danny Steinman, que curiosamente falleció hace escasos días (el 18 del mes en curso), es un personaje muy interesante. Venía del porno (¡como Tom DeSimone!, por lo visto era lo normal entonces) y se metió en el cine más o menos "standard" con el aburrido pseudo-slasher "Gemidos en la oscuridad" (que firmó con seudónimo). De ahí pasó a la peli hoy comentada y la quinta entrega de las aventuras de "Jason Voorhees". Esta última, aunque funcionó bien en taquilla, fue muy mal recibida por todo el mundo. De hecho, se la considera la peor... y no por su acabado, sino por sus intenciones. Se dice de ella que tiene una estructura totalmente de peli pornográfica, que es la que más crímenes ofrece (al menos hasta entonces) y la más amoral (recordemos que una de las chicas moría de un machetazo en el coño, cosa luego censurada). Yo opino que era la más honesta de las secuelas del clásico de Sean S. Cunningham, por ser la que se dejaba de monsergas y daba a los fans de la franquicia lo que queríamos ver, un tío con una máscara matando con saña a todo quisqui (aunque luego resultara que ese tío no era quien debía ser). Sin embargo, los incontables problemas que hubieron durante el rodaje, así como todo lo narrado, hundieron la carrera de Steinman, que nunca más volvería a dirigir. Dicen que también influyó un grave accidente de bicicleta, y que estuvo en la lista de posibles directores para un remake de "La última casa a la izquierda" finalmente pospuesto... y es una pena, porque una revisión de ese clásico del cine chungo en manos de este señor seguro que hubiera sido mucho más cabrona y retorcida que lo que finalmente se estrenó. RIP.
Danny Steinman, que curiosamente falleció hace escasos días (el 18 del mes en curso), es un personaje muy interesante. Venía del porno (¡como Tom DeSimone!, por lo visto era lo normal entonces) y se metió en el cine más o menos "standard" con el aburrido pseudo-slasher "Gemidos en la oscuridad" (que firmó con seudónimo). De ahí pasó a la peli hoy comentada y la quinta entrega de las aventuras de "Jason Voorhees". Esta última, aunque funcionó bien en taquilla, fue muy mal recibida por todo el mundo. De hecho, se la considera la peor... y no por su acabado, sino por sus intenciones. Se dice de ella que tiene una estructura totalmente de peli pornográfica, que es la que más crímenes ofrece (al menos hasta entonces) y la más amoral (recordemos que una de las chicas moría de un machetazo en el coño, cosa luego censurada). Yo opino que era la más honesta de las secuelas del clásico de Sean S. Cunningham, por ser la que se dejaba de monsergas y daba a los fans de la franquicia lo que queríamos ver, un tío con una máscara matando con saña a todo quisqui (aunque luego resultara que ese tío no era quien debía ser). Sin embargo, los incontables problemas que hubieron durante el rodaje, así como todo lo narrado, hundieron la carrera de Steinman, que nunca más volvería a dirigir. Dicen que también influyó un grave accidente de bicicleta, y que estuvo en la lista de posibles directores para un remake de "La última casa a la izquierda" finalmente pospuesto... y es una pena, porque una revisión de ese clásico del cine chungo en manos de este señor seguro que hubiera sido mucho más cabrona y retorcida que lo que finalmente se estrenó. RIP.
jueves, 20 de noviembre de 2008
DRIVE-IN MADNESS!
Los recopilatorios de trailers tienen una cosa buena, y otra mala. La buena es que algunos de ellos son inéditos, o de films altamente extraños, y en muchos casos mejores que la propia película. La mala es que terminan por saturar y aburrir. Tim Ferrante, ex-fanzinero, colaborador de la revista "Fangoria" y director de "Drive-in Madness!", producción de 1987, intenta evitar ese defecto entrevistando a personalidades del cine de terror y exploitation entre trailer y trailer con el fin de que cuenten sus experiencias personales en relación al título, los drive-ins, es decir, los autocines.
En los años 60, y buena parte de los 70, los autocines de los USA eran sinónimo de serie Z y dobles programas alucinantes. En los 80 llegó el vídeo y los arrasó. De hecho, resulta muy curioso ver cómo este es tildado del malo de la función, cuando actualmente sería el bueno. ¡Lo que hacen el paso de los años y la nostalgia!.
"Drive-in Madness!" habla de pelis exploitation de los 60, más de los 70 y algo de los 80. Así de memoria cito "From Beyond", "La noche de los muertos vivientes", alguna de Paul Naschy, "Deadtime Stories", "Midnight", una cosa -para mi- inédita con pinta estupenda, "Bloodeaters (Butchers of the damned)", algo de erotismo rancio y, eso si, un aluvión tremendo de producciones "Independent-International Pictures", el sello de Sam Sherman y Al Adamson, reyes de los autocines. Sus avances son los más divertidos y exagerados, y destaca un aspecto muy curioso, la manía de meter como fondo sonoro, en casi todos ellos, los jadeos de un monstruo... ¿¿??.
A lo largo del metraje hablan Forrest Ackerman, Linnea Quigley, George Romero, Tom Savini, John Russo... y, entre algún otro que se me escapa, James Karen, especialmente conocido por su papel en "El regreso de los muertos vivientes".
En los créditos finales sorprende encontrarse con dos realizadores de roña directa para vídeo, Donald Farmer y Warren F. Disbrow (este segundo especialmente activo).
Lo dicho, no es que sea muy entretenida (y eso que dura menos de 90 minutos), pero por su contenido resulta inevitablemente simpática.
En los años 60, y buena parte de los 70, los autocines de los USA eran sinónimo de serie Z y dobles programas alucinantes. En los 80 llegó el vídeo y los arrasó. De hecho, resulta muy curioso ver cómo este es tildado del malo de la función, cuando actualmente sería el bueno. ¡Lo que hacen el paso de los años y la nostalgia!.
"Drive-in Madness!" habla de pelis exploitation de los 60, más de los 70 y algo de los 80. Así de memoria cito "From Beyond", "La noche de los muertos vivientes", alguna de Paul Naschy, "Deadtime Stories", "Midnight", una cosa -para mi- inédita con pinta estupenda, "Bloodeaters (Butchers of the damned)", algo de erotismo rancio y, eso si, un aluvión tremendo de producciones "Independent-International Pictures", el sello de Sam Sherman y Al Adamson, reyes de los autocines. Sus avances son los más divertidos y exagerados, y destaca un aspecto muy curioso, la manía de meter como fondo sonoro, en casi todos ellos, los jadeos de un monstruo... ¿¿??.
A lo largo del metraje hablan Forrest Ackerman, Linnea Quigley, George Romero, Tom Savini, John Russo... y, entre algún otro que se me escapa, James Karen, especialmente conocido por su papel en "El regreso de los muertos vivientes".
En los créditos finales sorprende encontrarse con dos realizadores de roña directa para vídeo, Donald Farmer y Warren F. Disbrow (este segundo especialmente activo).
Lo dicho, no es que sea muy entretenida (y eso que dura menos de 90 minutos), pero por su contenido resulta inevitablemente simpática.
miércoles, 2 de abril de 2008
DEMONIC (FOREST OF THE DAMNED)
Después de una experiencia horrible de la mano de Johannes Roberts y su "Hellbreeder", y otra más o menos positiva con "When evil calls", tocaba hacer balance con la que hace tres, "Demonic". ¿Resultado?, hummm, no lo tengo muy claro, pero digamos que, de momento, Roberts sigue ocupando el puesto de los mediocres en mi propia lista.
Y es una pena, porque "Demonic" podría haber sido una película mucho mejor de lo que es. El realizador británico se esfuerza muuuucho por dotar de algo más a este rutinario relato sobre unos ángeles caídos (con aspecto de fémina) que rulan por los bosques con el fin de seducir primero, y devorar después, a todo incauto que cometa el error de mirarles directamente a los ojos, sin importar sexo ni condición.
Dicho esfuerzo queda patente en algunos aspectos como el visual, el look de la fotografía (a ratos excesivamente oscura), el inspirado juego con los infrarrojos, la niebla cuyo fin es dotar de atmósfera a la historia (en un loable pero fallido intento de dar verdadero miedo), los potentes créditos iniciales, incluso la apuesta que el realizador hace por no perder demasiado los papeles y mantenerse sobrio... o, ¿por qué no?, con ideas tan interesantes como la del personaje interpretado por un fugaz Tom Savini, según el cual después de presenciar lo más hermoso del mundo (las demonias en cuestión), ya nada tiene sentido ni valor en esta vida.
Sin embargo todo es en balde, porque el resultado final es de lo más plomizo, vamos, ¡¡que te aburres como una puta ostra!!, y es que cuando partes de unos elementos taaaaan trillados (porque en esencia "Demonic" no deja de ser otra vuelta de tuerca más a "Posesión Infernal") lo menos que debes hacer es tomártelos excesivamente en serio... o por lo menos, compensarlo con abundantes dosis de hemoglobina (como hicieron los responsables de "Carver"), cosa esta que tampoco abunda demasiado en la peliculilla.
Al final, lo más divertido es el cameo de Shaun Hutson, el autor de la famosa novela "Slugs" (que inspiró el film de J.P.Simón), ya sin sus míticas pintas jevillarras (¡la edad no perdona!... y la alopecia tampoco), pero que se interpreta a si mismo con gracia y salero.
Eso si... comprendo que Johannes Roberts esté tan convencido de los valores de su obra como para poner su nombre por encima del título, como hace John Carpenter... pero, seamos realistas, ¡¡¿¿quien es Johannes Roberts??!!, desde luego el director de "La Cosa" no.
Y es una pena, porque "Demonic" podría haber sido una película mucho mejor de lo que es. El realizador británico se esfuerza muuuucho por dotar de algo más a este rutinario relato sobre unos ángeles caídos (con aspecto de fémina) que rulan por los bosques con el fin de seducir primero, y devorar después, a todo incauto que cometa el error de mirarles directamente a los ojos, sin importar sexo ni condición.
Dicho esfuerzo queda patente en algunos aspectos como el visual, el look de la fotografía (a ratos excesivamente oscura), el inspirado juego con los infrarrojos, la niebla cuyo fin es dotar de atmósfera a la historia (en un loable pero fallido intento de dar verdadero miedo), los potentes créditos iniciales, incluso la apuesta que el realizador hace por no perder demasiado los papeles y mantenerse sobrio... o, ¿por qué no?, con ideas tan interesantes como la del personaje interpretado por un fugaz Tom Savini, según el cual después de presenciar lo más hermoso del mundo (las demonias en cuestión), ya nada tiene sentido ni valor en esta vida.
Sin embargo todo es en balde, porque el resultado final es de lo más plomizo, vamos, ¡¡que te aburres como una puta ostra!!, y es que cuando partes de unos elementos taaaaan trillados (porque en esencia "Demonic" no deja de ser otra vuelta de tuerca más a "Posesión Infernal") lo menos que debes hacer es tomártelos excesivamente en serio... o por lo menos, compensarlo con abundantes dosis de hemoglobina (como hicieron los responsables de "Carver"), cosa esta que tampoco abunda demasiado en la peliculilla.
Al final, lo más divertido es el cameo de Shaun Hutson, el autor de la famosa novela "Slugs" (que inspiró el film de J.P.Simón), ya sin sus míticas pintas jevillarras (¡la edad no perdona!... y la alopecia tampoco), pero que se interpreta a si mismo con gracia y salero.
Eso si... comprendo que Johannes Roberts esté tan convencido de los valores de su obra como para poner su nombre por encima del título, como hace John Carpenter... pero, seamos realistas, ¡¡¿¿quien es Johannes Roberts??!!, desde luego el director de "La Cosa" no.
lunes, 11 de junio de 2007
EL REGRESO DE LOS MUERTOS VIVIENTES (BSO)
La primera vez que supe de esta banda sonora y, por ende, de la película (de la que hablaremos en otra futura entrada), fue siendo yo muy jovencito en las estanterías del ya inexistente "Galerías Preciados". Lo que me llamó poderosamente la atención de este disco fue, cómo no, la cubierta, con esos chanantes zombie-punks rodeando una lápida con el título escrito con spray, y que uno de los grupos estrella fueran los "Cramps", que aportaban una canción inédita, "Surfin´Dead" y, por entonces, hacía poco que los había descubierto para mi mayor placer auditivo. Logré que me compraran el disco de marras, llegué a casa, lo puse, y desde entonces no he dejado de escucharlo, ya fuera en cd o, como es el caso actualmente, en mp3.
Lo que tiene de especial la bs de "El regreso de los muertos vivientes" es que se aleja por completo de la música habitual en películas de terror de la época (es decir, el heay metal) y, dentro de su condición de punk, se decanta por grupos un tanto más oscuros de lo normal (el caso contrario serían las bandas que se dejan escuchar en "Lucifer", entre ellas tenemos a los mismísimos "Sex Pistols" nada menos). A los "Cramps" se les unen los temazos de "45 Grave", "TSOL", Rocky Erickson, "The Damned", "Tall Boys", "The Jet Black Berries" y "SSQ". Para el final dejo la joya de la corona, "Eyes without a face", de "The Flesheaters", una canción como la copa de un pino, de una intensidad vocal que quita el hipo y un salvajismo sonoro que corta la respiración, un tema de esos que no te cansas de escuchar y que ponértelo directo al cerebro, vía auricular, te induce a la absoluta locura. Brillante. Solo por esta canción merece la pena hacerse con el disco, pero no nos engañemos, el resto está más que a la altura.
Un absoluto clásico.
Lo que tiene de especial la bs de "El regreso de los muertos vivientes" es que se aleja por completo de la música habitual en películas de terror de la época (es decir, el heay metal) y, dentro de su condición de punk, se decanta por grupos un tanto más oscuros de lo normal (el caso contrario serían las bandas que se dejan escuchar en "Lucifer", entre ellas tenemos a los mismísimos "Sex Pistols" nada menos). A los "Cramps" se les unen los temazos de "45 Grave", "TSOL", Rocky Erickson, "The Damned", "Tall Boys", "The Jet Black Berries" y "SSQ". Para el final dejo la joya de la corona, "Eyes without a face", de "The Flesheaters", una canción como la copa de un pino, de una intensidad vocal que quita el hipo y un salvajismo sonoro que corta la respiración, un tema de esos que no te cansas de escuchar y que ponértelo directo al cerebro, vía auricular, te induce a la absoluta locura. Brillante. Solo por esta canción merece la pena hacerse con el disco, pero no nos engañemos, el resto está más que a la altura.
Un absoluto clásico.
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