Mostrando las entradas para la consulta Andy Kaufman ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas para la consulta Andy Kaufman ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas

viernes, 14 de octubre de 2016

HEARTBEEPS

Andy Kaufman, siempre reticente a hacer el tipo de trabajos por el que se le requería, no quería en un principio protagonizar una película como “Heartbeeps”. Cuenta la historia de dos robots androides, uno chico y otro chica, que debido a un funcionamiento defectuoso son deshabilitados y almacenados. Allí se conocen, y como son defectuosos, empiezan a sentir emociones se enamoran, y deciden escaparse juntos con el fin de salir al exterior y adquirir tantos datos  como puedan. A la escapada se les unirá un tercer androide que cuenta chistes, y un pequeño robotito de aspecto no humano.
Los encargados humanos de los robots defectuosos, saldrán a la búsqueda de estos.
El caso es que tras el mega éxito que supuso “La Guerra de las Galaxias”, gracias a R2 D2 y C3PO, los robots se pusieron muy de moda entre el público infantil, amén del “Naves Misteriosas” de Douglas Trumbull que consiguió excelentes críticas que alabaron su estética. Estos dos factores fueron decisivos a la hora de poner en marcha un proyecto como este “Heartbeeps”.
Los estudios Universal  pusieron en marcha un proyecto dirigido al público infantil protagonizado por robots autonomos, y para que hiciera del robot protagonista querían a Andy Kaufman.
Querían ser los responsables del debut de Kaufman en la gran pantalla, por lo que tras varias negativas, decidieron ofrecerle al humorista un cheque en blanco. Conociendo a Kaufman, no sería de extrañar que en ese cheque en blanco escribiera una cifra absolutamente astronómica que el estudio estuvo dispuesto a pagarle, por lo tanto, Andy Kaufman protagonizo la película. Además, llegó a un acuerdo con Universal en el que después de “Heartbeeps”, Kaufman podría hacer su propia película “The Tony Clifton Story”, una película centrada en la figura de uno de los personajes creados por Kaufman para televisión.
Nada más comenzar el rodaje, los ejecutivos de Universal se dieron cuenta de que Kaufman no era un gran actor. O eso, o quizás estaba haciendo su trabajo a desgana a juzgar la desidia con la que interpretaba a Val, el simpático robotito. Al verlo, comenzaron los miedos y los llantos, ya que aunque en la televisión Kaufman había alcanzado un notable éxito interpretando a un extranjero que no pronuncia bien el inglés en la serie “Taxi”, a lo mejor, es que no era tan bueno. No podía saberse porque tan solo había interpretado un papelito en la película “El hábito no hace al monje” junto a Marty Feldman, y todo juicio sería prematuro; aún no se podía intuir como funcionaría un humorista como Kaufman en un film. Por miedo a que no acabara la película –el mero hecho de su presencia ya era un reclamo- el estudio no le pidió cuentas a Kaufman, además, se tuvo que paralizar el rodaje atendiendo a una importante huelga de actores convocada aquél 1980 por el sindicato de actores, y no era cuestión de marear aún más la perdiz. Una vez finalizada la huelga, se retomó el rodaje y el estudio dejó tranquilo a Kaufman, ya que pensaron que su interpretación en realidad no distaba mucho de las actuaciones confusas y extrañas que ejecutaba en televisión, y si eso en televisión funcionaba ¿Por qué no en cine? Claro que a Kaufman si no se le dejaba actuar con libertad, todo lo que hiciese le parecía poco menos que basura.
La compañera de Kaufman es Bernardette Peters. No fue la primera opción del estudio. De hecho, el papel estuvo apunto de interpretarlo Sigourney Weaver, gran fan de Kaufman, que estaba dispuesta a aparecer en la película solo por pegarse el gustazo de compartir plano con él, sin embargo, su agente logró disuadirla; ya en la preproducción el ambiente no era muy saludable ni profesional. Y Sigourney Weaver desechó la idea.
“Heartbeeps” se estrenó en cines de todo USA con gran expectación por parte de los estudios. Pero al público le importó tres pimientos, ya que se trata de uno de los mayores fracasos de “Universal Studios”. De un presupuesto inicial de 10 millones de dólares –una cantidad de súper producción para ser una comedia- la película apenas recaudó 2 millones, siendo un fiasco de dimensiones espectaculares.
Y es que la película es una tontería mayúscula, un batiburrillo de conceptos que no llega a ninguna parte, con un par de robots supuestamente simpáticos, que en realidad caen bastante antipáticos, además de ser rematadamente ridículos, ya que a pesar del estupendo maquillaje –obra de Stan Winston, que vio recompensado su esfuerzo con una nominación al Oscar en tal categoría en el año 1981, que le fue arrebatado por Rick Baker con su maquillaje en“Un hombre Lobo Americano en Londres”- se ve claramente que son señores disfrazados y carecen de toda gracia. El hablar robótico tanto de Kaufman como de Peters se torna por momentos crispante, así como el ir y venir de humanos y robots por los escenarios futuristas en los que transcurre. Parece mentira que con su escueto metraje, apenas 75 minutos, le sobre a la película media hora larga. Un desastre, un aburrimiento absoluto.
Tal fue el fracaso, que no solo se especuló a cerca de las nefastas consecuencias que traería esta "Heartbeeps" a las carreras de Andy Kaufman y Bernardette Peters, sino que Universal, se echó para atrás a la hora de producir el film sobre Tony Clifton. Kaufman se enfureció por eso.
Por otro lado, a Kaufman la película le pareció espantosa, hasta tal punto que no tuvo inconveniente en anunciar  en el show de David Letterman, que devolvería el dinero de la entrada, de su propio bolsillo, a todo aquél que hubiera osado ir a verla. Letterman añadió a eso, que con un billete de 20 dólares, podría pagar a todos los espectadores y que le devolverían el cambio.
Junto a Kaufman y Peters, tenemos a un jovencito Randy Quaid, lejos de ser algo parecido al fanático loco que es ahora. Aunque da igual su presencia porque, al igual que todo en la película, esta es insignificante.
Dirige el truño Allan Arkush, cuyo mayor mérito fue dirigir el clásico de las “Screwball Comedies” “Rock-n-Roll High School” al servicio de “Ramones”, o “El Club de los chalados II”. En ambos casos, ninguno de estos títulos le acreditan como un gran director. Eso si, pasados unos años de “Heartbeeps”, el director se hizo fuerte en la televisión. Y ahí sigue…

viernes, 29 de enero de 2021

MAN ON THE MOON

A Milos Forman en los 90 le dio por rodar  biopics. En 1996 dirigió el estupendo “El escándalo de
Larry Flint” y, en 1999, decidió, tras una conversación entre puros habanos con Danny DeVito, el devolver a la vida el genio de Andy Kaufman. Lo hizo a través de una película que al contrario que en las que había aparecido el auténtico Kaufman, resulta ser formidable. Para ello, Forman cuenta con el protagonismo de Jim Carrey, quién para meterse en el papel del comediante americano, lo hizo de forma concienzuda, llegando incluso a pedir a sus compañeros que durante el transcurso del rodaje, no se dirigieran a él como Jim, sino como Andy. Y en consecuencia a sus meticulosas formas de sumergirse en un personaje, se convirtió en un insufrible chalado intratable (de su excéntrica forma de ser, hay un documental completito que, sin ser una maravilla, si nos deja bastante claro de la pasta que está hecho Jim Carrey: “Jim y Andy” de Chris Smith).
Tomando su título de una canción que en 1992 el grupo R.E.M dedicó al humorista, “Man on the Moon” sería una cinta crucial para que el neófito comprenda, casi a la perfección, la idiosincrasia de Andy Kaufman.
Se trata de una película que condensa en poco menos de dos horas, los años de actividad del artistas de variedades, si bien, como dice el propio Jim Carrey en la piel de Kaufman al principio de la película, los hechos han sido alterados con fines dramáticos. Así, vemos muy de pasada la infancia de Kaufman, en la que se nos deja claro que el tierno infante estaba obsesionado con el mundo del espectáculo para, de golpe y porrazo, mostrarnos  a un Kaufman adulto incapaz de hacer reír al respetable en sus actuaciones en los clubes de improvisación dónde inicia su carrera. Sin embargo, el aspirante a estrella, ya con un estilo más pulido,  tiene algo que llama la intención del manager George Shapiro, por lo que Kaufman pasa a formar parte de su cartera de clientes y le consigue un papel en una sitcom titulada “Taxi”, dónde deberá interpretar el rol del extranjero que hasta ahora venía ofreciendo en sus actuaciones. Aunque este tipo de humor a Kaufman le parece estúpido, acepta, y así, obtendrá fama suficiente para poder hacer el tipo de espectáculos para toda la familia que en realidad le gusta. Sin embargo, un incumplimiento por parte de la cadena dónde se emite la serie para la que trabaja, la ABC, que no emiten bajo ningún concepto el especial que tenían apalabrado con el artista, le obligan a tomar cartas en el asunto convirtiéndose en una especie de loco que provoca al público y organiza combates de lucha libre en los que se batirá con mujeres, a las que, para más inri, humillará de manera verbal en el ring. Comienza a organizar así, toda una suerte de montajes que, lejos de reconocerle como el genio del humor que era, le granjean una impopularidad tan grande que incluso en el “Saturday Night Live” para el que trabajaba eventualmente, organiza una votación con el público para establecer así si Kaufman permanecería en el programa, o resultaría despedido. El público votó despedirle.
Por otro lado, somos testigos de cómo introduce en el mundo del espectáculo a su alter ego Tony Clifton, un cantante malhablado y alcohólico de Las Vegas, personaje este con el que ideó otra pantomima;  dejó creer a todo el mundo que Clifton y él eran la misma persona para, en una de las actuaciones del primero, aparecer en escena juntos —cuando hacían estos montajes en la vida real, a Clifton lo interpretaba o su hermano menor Michael Kaufman, o su amigo y gancho Bob Zmuda, a su vez, interpretado en “Man on the Moon” por Paul Giamatti—.
Pronto, un cáncer de pulmón truncará una carrera llena de locura y excentricidad. La lucha contra el mismo, a través de dadaísmo y de la medicina esotérica, completa la película.
No está nada mal la película, pero nada, nada mal. Es una encomiable lección de cine. Milos Forman es perro viejo, y aún criticado, acusado de falta de personalidad incluso, y dándonos una película de fórmula, se las apaña para acabar dando el mejor resultado que se le podía dar a una película sobre la vida de Kaufman.
Curiosamente, el reparto está compuesto por personalidades que vivieron en primera persona los desmanes de Kaufman en vida, algunos interpretándose a sí mismos, otros interpretando a otras personalidades. Así, Danny DeVito, que fue compañero de reparto de Kaufman en “Taxi”, en la película interpreta a su manager George Shapiro, mientras que Shapiro aparece en la película, no interpretándose a sí mismo, sino haciendo las veces de Mr. Besserman. Bob Zmuda es interpretado por Paul Giamatti, pero Zmuda tiene un papel en la película dando vida a Jack Burns. Por otro lado, el resto de compañeros de Kaufman en “Taxi”, Marilu Henner, Carol Kane o Christopher Lloyd se interpretan a sí mismos, al igual que el presentador de televisión David Letterman o el luchador Jerry Lawler. Courtney Love, ex esposa de Kurt Cobain, lider del grupo grunge “Hole” y espantosa actriz dónde las haya, debía gustar mucho a Milos Forman por los motivos que fuesen (también le da un rol importante en “El escándalo de Larry Flint”), pero hace una interpretación de mierda, poniéndose en el pellejo de la novia de Kaufman, Lynne Margulies. En cuanto a las interpretaciones, estas son de lo más eficaces —si exceptuamos la de ese mueble con taras que, como ya he dicho, es Courtney Love— resultando la de Jim Carrey una composición de personaje de lo más elaborada y efectiva. Más que el de“El Show de Truman”, este sería el papel de su vida.
Los años finales de la década de los noventa, fueron cruciales para que al cómico Canadiense se le tomara en serio, y tanto “El Show de Truman” como “Man on the Moon”, le sirvieron a Carrey para ganar sendos Globos de Oro como mejor actor, en 1998 y 1999 consecutivamente. El Oscar se le resistió, así que, ya entrada la década de 2000, los esfuerzos de Carrey por conseguirlo le pasaron factura. No solo no llegó a conseguirlo, sino que nos regaló un buen puñado de películas absolutamente deleznables. Llegados a ese punto, Jim Carrey retomaría su rol de Caricato en 2011 con “Los Pingüinos del Señor Poper”, consciente de que cada actor tiene un registro y un lugar.
Por otro lado, y aunque cosechó críticas de lo más elogiosas —Enterteinment Weekly, sin ir más lejos, la calificó como mejor película del año— “Man on the Moon” significó un fracaso mayúsculo en taquilla, una de las grandes apuestas de Universal que, sin embargo, no generó nada más que deudas. Con un presupuesto inicial de 87 millones de dólares, se esperaba al menos el doble de recaudación en taquilla, pero tan solo obtuvo la mitad siendo 48 millones la recaudación total de la película a nivel mundial. Un fiasco absoluto. No es difícil buscarle explicación a este asunto. En los Estados Unidos Kaufman es de sobras conocido, pero quizás una película sobre la vida de un humorista de los años setenta y primeros ochenta, no es lo suficientemente atractiva como para arrastrar al público a las salas. Y los fans de Carrey, por otro lado, no quieren su crecimiento como interprete; es más prefieren la degradación. A Jim Carrey se le conoció haciendo muecas en “Ace Ventura”, y, más allá de eso, verle en roles serios no es un hándicap; para papeles serios las plateas tenían a John Malkovich. En el resto del mundo, Andy Kaufman tampoco es un personaje tan relevante como para tener en cuenta su biopic. Apenas hizo cine, el poco que hizo casi no se exportó, y sus míticas performances televisivas no llegaron a salir de los USA. Tan solo la serie “Taxi”, dónde para más inri era un personaje secundario, saltaron el charco con óptimos resultados, aun así, Kaufman era, fuera de los USA, un completo desconocido.
En España, los que se acercaron a alguna sala a verla, lo hicieron porque se trataba de una película de Jim Carrey, pero en realidad, se intuye que fueron muy pocos los espectadores con constancia de Kaufman o su obra. En consecuencia, la película tuvo una taquilla totalmente normalizada con un total de 295.655 espectadores. Y es que era un biopic sobre un auténtico desconocido. De cualquier forma, también sirvió para que neófitos se interesaran por la figura en la que se centra la película y ayudó a que, a día de hoy, sea un poco más popular.
En cualquier caso, es magnífica. Si no lo han hecho ya ¡hay que verla!

viernes, 9 de octubre de 2020

EL HÁBITO NO HACE AL MONJE

“El hábito no hace al monje”, segunda incursión en la dirección por parte de su protagonista, Marty Feldman, destacaría asimismo por tratarse de una de las poquísimas intervenciones en la pantalla grande por parte de ese genio de la comedia que fue Andy Kaufman.
Cuenta la historia de un monje de clausura que nunca ha salido del convento en el que sirve a dios, al que su abad le pide que haga el favor de ir a ver al famoso filántropo Armaggedon T. Thunderbird, y que le pida, por la patilla, los 5.000 dólares necesarios para que la propietarios del convento no les embarguen el inmueble. Durante el periplo al monje le pasa de todo: Desde fornicar cual bestia parda con la prostituta María de la cual se enamorará, hasta llegar a hablar con dios, para descubrir que todo lo concerniente a la predicación de los evangelios por medio de la televisión, no es más que una estafa. Y ahí, el conflicto con el telepredicador al que va a pedir la pasta.
"El hábito no hace al monje", con su irreverente toquecito (de pasada) a lo Monty Python —con un numerito musical incluido que es muy deudor del de “Christmas in Heaven” que aparece en “El sentido de la vida”— y con una acidez feroz, no llegó a cuajar en la platea norteamericana, entre otras cosas, porque de Feldman se esperaba algo cercano (o al menos, parecido) a “La vida de Brian” que se había estrenado recientemente y se había convertido en un fenómeno social a nivel internacional. Eso, para el público más intelectual y familiarizado con un humor más inteligente, que el de andar por casa no quiso la película, sencillamente, porque hacía mofa de dios, y de la religión católica. Obviamente, “El hábito no hace al monje”, salvo por un par de pinceladas pythonianas acusadas —Feldman no fue el séptimo Python por los pelos— no tiene nada que ver con el cine de la agrupación británica, y hasta me atrevo a decir que esperar algo así de una película como esta es una absoluta necedad por parte de todos los que lo tenían tan claro. Ciertamente, la película es una crítica mordaz al sistema eclesiástico mundial en general y a los tele predicadores evangélicos en particular, a los que se pinta como repulsivos megalómanos con un único fin; ganar el máximo dinero posible a costa de engañar al creyente que, para más inri, es tonto perdido. Y razón no le falta a esta sátira.
Escrita por el propio Feldman, hace uso de un humor muy propio, muy sutil, muy inglés —sobre todo en el primer tercio de la cinta— que se va combinando con el humor más tonto y primario, a veces cercano al slapstick como solía ser habitual en Feldman. La combinación de ambos estilos, unido a que la película es serena en general, hace que, efectivamente, y como se le acusa en los Estados Unidos, no resulte una película graciosa, sin embargo, sí que creo que es una película amena y entretenida. No es una comedia desmadrada, pero sí es disfrutable en gran medida. Por otro lado, sería la última película de Feldman porque año y medio después, este moriría víctima de un infarto, dicen, que provocado por una intoxicación de marisco, o bien, porque era un fumador agresivo que consumía cerca de cuatro cajetillas de tabaco diarias.
Siendo como era “El hábito no hace al monje” una producción de George Shapiro, no es de extrañar que en ella esté, en un papel secundario de importancia, su amigo y protegido Andy Kaufman, que sin desmerecer en absoluto del genio de Feldman, podemos decir, sin despeinarnos, que salva la película. Shapiro, que representaba a Kaufman, ofreció a este para que interpretara algún papel, pero Feldman, admirador del humor de Kaufman, no solo aceptó su intervención, sino que al serle ofrecido, suplicó el tenerle en la película. Andy Kaufman interpreta al megalómano y excesivo Armageddon T, Thunderbird, el tele predicador evangelista que ha de donar el dinero al personaje de Feldman, un papel hecho a la medía del artista de variedades, en el que puede dar rienda suelta a su vena camaleónica así como dar vida a un personaje esperpéntico. Un tipo de personaje atípico que, sin duda, se le hubieran dado bien a Kaufman si es que llega a hacer más cine. Blanco como la leche, y ataviado como un mamarracho, Kaufman interviene la mayoría de las veces subido a un escenario, haciendo dinero con su interpretación de los salmos, siendo vitoreado por la masa idiota que le dará todo a cambio de nada. Los momentos de máxima locura llegan cuando Kaufman habla con dios, interpretado nada menos que por Richard Pryor, quien se ventiló su intervención en el film en un solo día, sin ni siquiera estar en el presente en el set (un equipo de filmación se desplazó a donde requirió Pryor), ni interactuar con sus compañeros de reparto. Huelga decir, que Pryor aparece en la película en calidad de estrella invitada.
Los estudios Universal, aún no muy contentos con el resultado de la película, confiaron en ella tras un test de público en el que fue un éxito, para luego darse de bruces con la cruda realidad, que fue no llegar a recaudar ni tan siquiera los 7 millones de dólares que costó una vez estrenada. Y es que en los pases de prueba con público de acceso gratuito, este no suele reaccionar hacia las películas proyectadas con honestidad. En nuestro país, “El hábito no hace al monje” fue vista por unas escuálidas 79.000 personas. Eso sí, en videoclubes, era un título que se alquilaba con regularidad, visto que en España, Marty Feldman gozaba de una gran popularidad. De hecho, Víctor Israel, Blacky o Ferran Botifoll, tan solo por tener los ojos un poco jodidos, se ganaron, cada uno en su momento, el apelativo de “El Marty Feldman español”.
Por último, como anécdota, comentar que Universal y el propio Marty Feldman fueron demandados por plagio por parte de los guionistas Morton Lachman y Ed Simmons. Ellos, en 1971, escribieron un guion titulado “Albert” que tenía muchas similitudes con el de “El hábito no hace al monje”. Lachman y Simmons, perdieron la demanda porque la titularidad del guión de “Albert” pertenecía a la productora alemana CMB Prods. motivo por el cual no pudieron probar la autoría de dicho guion, pero todo indicaba que algo de cierto podía haber en todo este asunto. Como fuera, demasiado rollo para una película que, a grandes rasgos, pasó inadvertida ante los ojos de todos. Aunque a ustedes igual les suene bastante su póster…

sábado, 1 de febrero de 2014

EL DÍA DESPUÉS DEL JUICIO FINAL

No es la primera vez que "El día después del juicio final" aparece por este blog. Ya lo hizo cuando nos dedicamos a analizar su particular caratula videoclubera hispánica. Entonces me extendí revelando algunos de los aspectos más curiosos de la película, aunque en aquel momento aún no la había consumido. Ahora sí (gracias de nuevo al gran Enorm). Así que perdónenme si ignoro un poco aquel "desvirgue" y me repito en la reseña que sigue, pero es que "El día después del juicio final" no solo es un producto cargadito de peculiaridades, encima resulta que no está ni tan mal.
Unos astronautas llegan a la tierra después de que haya sido sacudida por una guerra atómica que lo ha dejado todo patas parriba. Las calles andan infestadas de bandas y/o mutantes caníbales. Unos y otros se ceban con los escasos supervivientes. El astronauta más chanin de todos decide recorrer mundo y, de este modo, conoce a una moza recién huída de las zarpas del malvado y cruel cabecilla de uno de esos gangs tremebundos. Dispuesto a hacer justicia, planea un asalto a sus aposentos.
A "El día después del juicio final" se la conoce en su país de origen como "The aftermath". El título español es un obvio exploit del "melodrama nuclear"
"El día después", que por entonces había pegado fuerte. Originalmente fue rodada el año 1978 (siete antes de "Defcon-4", film con el que comparte casi idéntica premisa), pero por problemas en la fase de post-producción no se estrenó hasta 1983, lo que debía de resultar muy marciano ya que toda ella apesta a setentismo.
"El día después del juicio final" es una auténtica "labor de amor". En serio. A diferencia de muchos títulos del estilo en aquel periodo, se nota confeccionada por peña que disfruta con el género, en este caso la ciencia ficción, peña como Forrest J. Ackerman, el famoso uber-coleccionista de cine fantástico y creador de la legendaria "Famous Monsters of Filmland", que se marca un notable papel secundario como dueño de un abandonado museo repleto de fósiles de dinosaurio, criaturas estas por las que sienten y sentían especial predilección todos esos peronajes crecidos cuando Ray Harryhausen dominaba las pantallas. Jim Danforth responde a ese patrón. Iniciado en el campo de las stop-motion, terminaría convertido en el responsable de efectos varios en algunos títulos bien gordos. Además de encargarse de un puñado de trucajes en "The aftermath", se marca un cameo como tercer astronauta. El tema de los dinosaurios se extiende incluso al adorno de un collar que lleva el prota y que regalará a un crío que se encuentra entre las ruinas.
Toda esa dedicación salpica también a los efectos especiales, sobre todo los de tipo galáctico y apocalíptico. Inevitablemente limitados por cuestiones presupuestiles, chorrean mucho encanto, sobre todo los maquetones, que son numerosos. Aún así, no resultan excesivamente caseros, manteniéndose a un nivel bien aceptable de verosimilitud. Y en este segmento incluyo también los de maquillaje, en especial esos mutantes caníbales tan graciosos y toscos y la inesperada y sorprendente ración de truculencia. Sí, queridos, "El día después del juicio final" es bastante generosa en cuanto a hemoglobina se refiere. No faltan las cabezas estallando, las extremidades amputadas y los chorreantes impactos de bala. Caramba, ¡si incluso matan niños!. ¿Qué más necesitan sus perturbadas mentes?.
¡Ojo!, no quiero decir con toda esta entusiasta perorata que sea fabulosa y perfecta. Ni de coña. A su modo se acerca mucho a la categoría de "mala pero divertida", solo que se queda más en el segundo término que el primero, aunque sea únicamente por el entusiasmo que desprenden sus fotogramas. Va tan follada narrativamente hablando, es tal su ritmo y velocidad, que en ocasiones parecen olvidarse de rellenar algunos huecos en el guión, o detallar más las acciones de sus personajes, incrustando en medio de la acción momentos más reposados que no aportan demasiado, ni entiendes por qué están ahí y por qué en ese justo instante. Tampoco van mancas las notorias escenas dramáticas y románticas, de tan pastelosas y sentimentaloides que uno no puede evitar echar una nada maliciosa risilla. Sobresale en este aspecto un diálogo entre los dos astronautas pretendidamente profundo y existencial, que es para mear y no echar gota. Si no me creen, ahí va un extracto: "Esto no es ningún secreto para mi. Hace tiempo que odias el mundo y yo se por qué. El mundo nos ha privado de sus encantos, tu y yo hemos visto cómo cambiaba todo lo hermoso de la vida. El plástico, ¡tu odiabas el plástico!. Y yo también. Eso es todo". Decir fascinante es quedarse muy corto.
Todo ello empaquetado con una pizpireta y rimbombante música muy de los años 50 que parece totalmente material de archivo (pero que funciona) y puntuado por un clímax inaudito con un giro francamente radical y nada previsible. Que sí, coña, que a mi me gustó. Me puse a ver "El día después del jucio final" dispuesto a aburrirme mortalmente con el típico subproducto setentero, desangelado e insulso, y lo que me encontré logró algo casi imposible para mi en estos tiempos descreídos que corren: Me entretuvo.
Todo ello es mérito de su director y absoluto protagonista, Steve Barkett, quien guarda(ba) un parecido más que notorio con Sam Rockwell. Es evidente que el colega comparte ambas tareas porque no se corta un pelo en presentarse a si mismo como el héroe resolutivo y valiente de la función (casi mejor digamos superhéroe, en algunos carteles aparece megamusculado, cosa esta nada representativa de lo que vemos en la peli), sobre todo al final, cuando armado con una escopeta y dos granadas arrasa con los malos, sin dejar uno de pie ni recibir un solo balazo a cambio. Realmente explosivo y espectacular. Steve Barkett terminaría actuando en películas del inevitable Fred Olen Ray (el Kevin Bacon de la serie Z) y volvería a dirigir unos años después una ignota película con ninjas, monstruos y satanistas (¡y Richard Harrison!) que daría gusto ver, "Empire of the dark".
Otra de las virtudes de nuestro astronauta protagonista es su imbatible "sex appeal". De hecho, no tarda nada en enamorar a la chica de la peli y tirársela, mostrándonos así sus notables encantos y añadiendo un ingrediente más a la ensalada (tetas, que vuelven a repetirse en una posterior y no tan placentera escena de casi-violación). Dichos senos no pertenecen a una cualquiera, son las mismas ubres que en más de una ocasión magreó y chupó el legendario y fallecido humorista Andy Kaufman. En serio, la portadora fue su pareja en los 70, Lynn Marguiles. Es decir, el papel que interpretaba Courtney Love en "Man on the moon". ¿Y qué hace la ex de "Tony Clifton" en una peli de ciencia ficción de tercera regional?, pues tal vez tenga algo que ver el hecho de que, a su vez, es hermana de Johnny Legend, auténtico personaje "cult", devoto del cine fantástico, amigo de Kaufman (y probablemente de Forrest Ackerman), a quien dirigió en un extraño producto parido en vídeo titulado "My Breakfast with Blassie", actor (lo has visto en "La novia de Re-Animator" y "2001 Maniacos") y músico de rock and roll, suya era la canción que aparecía al final de "Biohazard/Alien 3" dirigida por ¡¡San Fred Olen Ray!!, reseña esta en la que ya hablé de las bondades de Legend por si quieren ampliar información. El mundo de las pelis de género "low budget" es un pañuelo.
Pero es que no acaba aquí la cosa. Resulta que al jefe de los malos lo interpreta Sid Haig, quien volvería a encarnar un personaje muy parecido en otra epopeya post-nuclear de  tirón cutre, "Warlords". ¿Y saben quién dirigía en aquella ocasión?, ¡sí, el RAY de Roma in person!.
Y como guinda del pastel, tenemos al mismísimo Dick Miller, musa de Roger Corman y Joe Dante (y que, no les quepa duda, también actuó para el omnipresente), poniendo voz a una grabación que escucha el protagonista. Jolín, si es que no se puede pedir más.
Con estos ingredientes, ¿cómo iba yo a dedicarle una reseña mala a "El día después del juicio final"?. Absolutamente imposible.

sábado, 16 de julio de 2022

ROCK´N´ROLL HIGH SCHOOL

Si existe una lista de genuinas "cult movies", sin duda "Rock´n´Roll High School" entra de cabeza. Me refiero a la época en la que dicha etiqueta se aplicaba de manera justa, lógica y medida. No como ahora, que es de culto hasta el vídeo de tu abuela pelando patatas. Llevaba años deseando verla. Sin éxito. Incluso lo intenté en versión original a pelo, pero claro, fue un fracaso. Imagínense el sorpresón que supuso descubrirla el otro día, subtitulada, en una tele de esas de pago. No tardé nada en ponérmela entera.
¿Y por qué es de culto? Pues por varias razones. Entre ellas, quien está implicado en su creación y, por supuesto, en torno a qué famosa banda de rock and roll gira la trama. La cosa va de una chica llamada "Riff Randell" que es mega-fan de... ¡los "Ramones"! Su fanatismo choca de frente con la mojigatería y autoridad de la nueva directora en el insti, quien trata por todos los medios de poner fin al mismo rock and roll. Lo pagará caro el día que los alumnos se reboten y se hagan con la escuela al completo, para lo que contarán con ayuda de los mismísimos Joey, Johnny, Dee Dee y Marky.... Ramone, claro.
"Rock´n´Roll High School" es una comedia musical. Al estar fechada un año después del mega-hit "Desmadre a la americana", toma buena nota de aquella... especialmente en lo concerniente a ese fabuloso cartel descaradamente copiado -y muy bien- por el ultra talentoso William Stout, diseñador de producción en "El regreso de los muertos vivientes", del que ilustraba el clásico de John Landis. El humor, aunque a ratos estudiantil y gamberro, también se apunta un poco a cierto "spoof", cierto absurdismo (¿podríamos hablar aquí de influencia de "Made in USA"? podríamos... pero no lo creo) Lo que no encontrarán son tetas. Sí porros, sí coñas a costa de mal trato animal... pero el sexo se limita a una subtrama, totalmente prescindible, en la que el chico guapo del insti es un auténtico inútil a la hora de comunicarse con las chicas (giro original) y vive acomplejado + virgen. La historia que realmente nos importa es la de "Riff Randell" y su pasión por el cuarteto neoyorquino. Y son las escenas en las que suenan canciones de estos o, directamente, los vemos a ellos tocarlas (o interpretar fatalmente, con Marky y Dee Dee mirando a cámara en alguna que otra ocasión) cuando realmente disfrutamos. Obviamente, si los "Ramones" no te van, te quedarás frío. Pero si, como yo, los aprecias, pasarás un rato maravilloso canturreando sus clásicos. De hecho, me ha sorprendido lo mucho que los he vuelto a gozar cuando daba por sentado que, al tenerlos tan sobados, no me dirían nada. Craso error. Todo ello envuelto en un tono extremadamente loco, caótico, refrescante y muy divertido. Casi parece una película de los buenos tiempos de la Troma. Y no me extrañaría ni pizca que esta hubiese tomado buena nota de ella, ya que el parecido entre el desmadre de "Rock´n´Roll High School" y el de "Mutantes en la universidad" resulta indiscutible. Ambas parecen una fiesta filmada, antes que una película propiamente dicha.
Y detrás de todo esto encontramos una ristra de nombres que quitan el hipo, comenzando por el productor, Don Roger Corman que, parapetado tras su flamante "New World Pictures", quería hacer una película sobre música disco. Fue el director, Allan Arkush, quien le convenció para apostar por el rock dinámico y cafre de los "Ramones". Arkush dio forma al proyecto con ayuda de su querido amigo Joe Dante, presente en los agradecimientos, como co-autor de la "story" y en formato cameo haciendo de policía, al ladito de su inseparable Dick Miller. La carrera de Arkush -también efectuando su respectivo cameo, como portero de un concierto- ha durado hasta hoy, aunque más focalizada en la televisión. Antes, dirigió cosas tan peculiares como "Hollywood Boulevard" (junto a Dante), "Deathsport / El juego de la muerte", "Heartbeeps" (con Andy Kaufman), "Get Crazy" o "El club de los chalados 2" (su última película-película)
El reparto tampoco tiene desperdicio alguno: P.J.Soles (de "La noche de Halloween", "Carrie", "El pelotón de los chiflados" y "Alienator"), Vincent Van Patten (de "Noche Infernal"), Clint Howard como el listillo/golfo de la escuela, Dey Young (que acabaría haciendo papeles tontos en películas tan curiosas como "Spaceballs", "Perseguido", "La serpiente y el arco iris" o "Ríete como puedas", ese ignoto vehículo para Michael Winslow), los inseparables Mary Woronov + Paul Bartel, ella como la dictatorial directora del insti, él como impagable estirado profe de música clásica mutado a fan de "Ramones" y, finalmente, el DJ Don Steele (de "La carrera de la muerte del año 2000", "Gremlins" y "¿Y si nos comemos a Raul?"). Entre los asistentes al concierto de "Ramones" encontramos gentes del calibre de Arturo Vega (famoso diseñador del logo de la banda, ese que ahora lleva todo dios en la camiseta) o el mismísimo cantante de los "Germs", el monguito Darby Crash. Tras las cámaras también abundan los nombres de peso. El reputadísimo Dean Cundey se encarga de la dirección fotográfica. Y en tareas de asistente o director de segunda unidad tenemos al -entonces- futuro productor de "Piraña", "Aterriza como puedas", "En los límites de la realidad", "Top Secret!", "Robocop" o "Starship Troopers", Jon Davidson. Le acompañan el mismísimo Jerry Zucker de los ZAZ (la conexión entre esta gente y la peli reseñada es indiscutible... habría que ver quien inspiró a quien, cuanto y de qué manera) y el gran Rob Bottin diseñando (y encarnando) a un ratón gigante en uno de los gags más tontos de toda la película (fíjense que muchos de estos caballeros volverían a coincidir en futuros títulos generalmente míticos. No hay nada como hacer buenos amigos. Solo que, en este caso, el amiguismo se compensaba con sobrado talento... casi lo opuesto a lo habitual, sobre todo si hablamos de cine patrio)
Dada la naturaleza musical de "Rock´n´Roll High School" la banda sonora es, obviamente, impepinable (llegué a disponer de ella en vinilo, aunque creo que fue, sobre todo, por la cubierta) Además de muchos temas de "Ramones", destacan otros tantos de Chuck Berry, Alice Cooper, Devo, "Eddie and the Hot Rods", Fleetwood Mac, Nick Lowe, Paul McCartney & the Wings, "MC5", Todd Rundgren y Brian Eno. ¡¡Tremendo!!
Porque Corman es Corman, y no puede evitarlo, llegó a reciclar algunas imágenes del film en "Slumber Party Massacre 2" (donde las protas lo ven por la tele, aunque con unas canciones mucho más ñoñas como fondo sonoro) y en 1991 produjo una secuela directa, "Rock´n´Roll High School Forever". Gracias a su nulidad, se la señala como la razón de que la carrera de su protagonista, Corey Feldman, comenzara un imparable declive.
En definitiva, que tras tanta espera no me he sentido defraudado.  "Rock´n´Roll High School" está un rato simpática, y entretiene sobre todo en su tramo final. Fans y simpatizantes de "Ramones", no perdérsela.

sábado, 11 de enero de 2020

SAINT BERNARD

Tras sorprender a todos en 2004 con "Skinned Deep", el habitual técnico de efectos especiales y maquillaje Gabe Bartalos lo intenta de nuevo con otra de sus locuras ultra-personales y macro-independientes, "Saint Bernard", fechada en 2013. Dos largometrajes en casi diez años, algo comprensivo si tenemos en cuenta la peculiar naturaleza de sus proyectos, que si en "Skinned Deep" ya cantaba lo suyo, con el caso que nos ocupa se incrementa más todavía. Porque al menos aquella jugaba con elementos propios del cine de terror, y tenía una escasa pero existente trama. En "Saint Bernard" ya no disponemos de esos resortes de seguridad. A pesar de algunos fugaces momentos con monstruos o situaciones horribles, no podemos decir que la peli encaje en el género. Bartalos directamente apuesta por el delirio y el surrealismo más desquiciados y desquiciantes.
La cosa va de un aspirante a director de orquesta que, un día, sufre un ataque de locura incrementado poco después al localizar la cabeza decapitada de un perro San Bernardo y obsesionarse con llevarla allá donde va y protegerla de todos aquellos que pretenden arrebatársela. Con la excusa, vivirá una especie de pesadilla demencial repleta de ilógica y desmelene. Según he leído de boca del mismo señor director, toda esa demencia es pura metáfora. Vamos, que no es un rollo raro porque sí, detrás hay "algo más". El problema es que, uno, toca entenderlo y, dos, toca tener ganas de ello, cosa que no me va nada. No veo pelis para pensar, eso ya lo hago demasiado en mi tiempo libre.
Por lo general, cuando el cine se inmiscuye en el mundo de los sueños comete un error garrafal. O pierde los papeles con exageraciones grandilocuentes o mete material propiamente psicodélico que, al menos yo, no he visto jamás mientras duermo. Lo habitual es vivir situaciones extrañísimas, con alteraciones constantes de los hechos, los lugares y las personas, pero que uno las siente como "normales". Como si fuese lo común y corriente. Una realidad mundana paralela en la que no te preguntas por qué ese tipo con el que hablabas ha cambiado de cara o por qué ahora la pared es de color rojo cuando antes era blanca. Bien, es esa una cualidad que sí vemos en "Saint Bernard", al menos durante buena parte de su metraje. Y lo agradezco. 
Realmente el mérito de esta película reside en cómo ha sido confeccionada. Contaba Bartalos en una entrevista que el mejor momento del día era cuando llegaba a casa y dedicaba un rato a currar en su garaje montando los espectacularmente detallados y meticulosos decorados que luego filmaría para su proyecto. Proyectos estos que va confeccionando gota a gota, de modo totalmente libre. A lo que hay que sumar rodajes de guerrilla en medio de calles atestadas de gente y que, como ocurrió con "Skinned Deep", le han traído algún que otro problema. Sumen a la ecuación la valiente decisión de filmar en 16mm, evitando así la frialdad propia del formato digital y esa excesiva nitidez que incluso incomoda, tan común -por desgracia- en el 95% del cine "indie" moderno, especialmente el de género.
A lo largo de la peli nos cruzamos con los rostros de Warwick Davis (que ya estaba en la primera peli de Bartalos), Bob Zmuda, ex-socio de Andy Kaufman, y a Frank Henenlotter en un cameo fugaz. Junto a estos, una breve actuación "live" de la legendaria banda punk inglesa "The Damned", cuyo bajista/guitarra y co-fundador, Captain Sensible, aportó en su día un tema para el soundtrack de "Skinned Deep". Y ya que la menciono, aclarar que la considero mejor que "Saint Bernard". Cuando veo pelis radicalmente raras y anarrativas, tengo la sensación de que el director actúa de forma creativamente arbitraria -independientemente de que pretenda hablar de cosas profundas-, lo que en mi agenda se traduce en vagancia por su parte, de modo que el regusto que me deja es de haber consumido una chorrada prescindible. En este caso, una muy currada y con muchos aciertos visuales, sí... pero chorrada al fin y al cabo.

domingo, 19 de enero de 2014

LLAMA UN EXTRAÑO

Una canguro recibe aterradoras llamadas en plena noche. Angustiada, avisa a la policía que localiza su procedencia, con la sorpresa de que son efectuadas desde otro teléfono de la misma casa. ¡Glups!. Supe de esta historia siendo muy jovencito y me la contó mi hermana, solo que su versión era algo distinta, incluía una frase que ponía los pelos de punta, la que el acosador le soltaba insistentemente a la canguro: "¿Has ido a ver a los niños?". Bien, poco sabía entonces mi hermana -y yo- que estaba mezclando una leyenda urbana real con lo más llamativo de la trama de una película titulada "Llama un extraño" ("When a stranger calls" en v.o.). Durante años viví confundido pensando que se trataba de "El asesino está al teléfono" de Alberto De Martino, hasta que di con el título correcto y, para mi mayor alegría, resultó ser una estupendamente clásica muestra de cine de género norteamericano, mi favorito. Cosecha del 79, buen año. Curiosamente, "Llama un extraño" suele figurar en todas las listas de cine "slasher", y aunque algo de ello tiene, queda bastante lejos de la fórmula correspondiente y se salta a la torera muchas de sus normas.
Todo comenzó con un cortometraje. El debutante Fred Walton (rebautizado Waton en la caratula del VHS españolo) quería contar la epopeya de la canguro acosada en apenas 20 minutos, pero entonces se estrenó con gran éxito "La noche de Halloween" (que también habla de canguros perseguidas por un psicópata) y se percató de que tenía algo gordo entre manos, así que decidió alargar el guión hasta la duración de largometraje, buscar interesados en financiarlo (que, supongo, en esos momentos serían unos cuantos) y tirarlo palante. El resultado final es una de las mejores películas de su ralea paridas por aquellos entonces, sin duda alguna, pero ¿¿de qué ralea hablamos??. Mmmmh, ya he comentado antes que el "slasher" puro le queda un poquito lejos. ¿Terror?, pues tampoco creo que sea del todo acertado. "Llama un extraño" tiene muchos momentos de puro escalofrío, pero estos se localizan sobre todo al principio y al final. Lo del medio, que es mayoría, encaja mejor en los parámetros del "thriller". Y, eso sí, olvídense de sangrías. En toda la película no hay ni una puñetera gota de sangre... nada de nada. Lo que aquí tenemos es puro suspense, pura tensión apoyada ciegamente en sus muy dotados intérpretes.
Sin embargo, hay un problema. Lo más mejor de "Llama un extraño" está al inicio, en esos 20 minutos que conformarían lo que en principio era el cortometraje ideado por su director. La mini-historia de la canguro in danger es brutal, acojonante, aterradora y funciona como un reloj Suizo. Esos silencios, ese timbre del teléfono que llegado el momento casi se torna infernal y la tenebrosa voz del acosador, así como su discurso, "Quiero bañarme en tu sangre". UF!. Incomparable. Una vez destapada la sorpresa y el asesino capturado, todo da un giro notorio. Casi podría decirse que comienza otra película, u otro corto bien distinto.
Esta parte de "Llama un extraño" olvida por completo a la canguro y se centra totalmente en el detective que persigue al criminal recién fugado del manicomio (que, por cierto, se supone británico... ya saben cómo las gasta el cine yanki con estas cosas, cuesta menos aceptar que un psicópata depravado venga del extranjero). Fred Walton nos lo muestra como un tipo patético y muy desgraciado que lo único que quiere es integrarse, ser amado, pero no lo consigue, llevándose rechazos y palos por doquier. Claro, ¿qué pasa?, que por un lado eso está muy bien, porque el cabrón logra que empatices con él y olvides que es el cruel asesino de dos niños. Incluso sientes lástima, recibiendo de este modo un trato mucho más humano del que, habitualmente, suelen recibir los psycho-killers de las películas "de miedo". Pero, al mismo tiempo, y aunque sigue siendo inquietante cuando acosa a una solterona de la que se encapricha, está lejos de esa voz terrorífica y casi sobrenatural que en su momento nos había reducido el tamaño del esfínter. Cuando no sabíamos cómo era, podíamos ponerle el rostro que quisiéramos y que más cague nos diera. El verlo como el pobre diablo que es afecta especialmente al tercer bloque, con la reaparición de la canguro, convertida ahora en la mamá de sus propis hijos y el acosador volviendo a las andadas. No es que sea fallida, para nada, el momento en que la mujer escucha de nuevo la temible voz que tanto le traumatizó años atrás es tan efectiva como escalofriante. Lo mismo podemos decir del inevitable encuentro cara a cara, a oscuras en el dormitorio y con esos quejosos gemidos surgidos del interior del armario
que te erizan los pelos de todo el cuerpo. Lo único que, para entonces, el otrora casi espectral asesino da un poquito menos de jiñe. Evidentemente, todo lo expuesto solo son chorradillas incapaces de entorpecer el disfrute de "Llama un extraño", solo que en lugar de excelente se queda en muy buena. Como si eso fuese un problema, carallo.
Para revisarla, primero eché mano del ripeo del VHS que un amigo me hizo hace años. Pero, entonces, me dije, "¿Pa qué demonios me pongo el ripeo pudiendo poner el puñetero VHS, que pa algo lo tengo?". Así que saqué el dvd-r, metí la cinta y... en fin, suena cutremente nostálgico, lo sé, pero lo pasé bomba. No tengo cura.
En el reparto de "Llama un extraño" destacan tres nombres de tres intérpretes que se lo curran mucho y bien. El ya veterano Charles Durning, de extenso y muy llamativo curriculum (échale un ojo a Imdb y me ahorras trabajo), la singularmente atractiva Carol Kane, que también luce una filmografía bastante espectacular donde destacan una nominación al Oscar, su papel en "Annie Hall" (de Budi Alien), la famosa serie "Taxi" (interpretando a la esposa de Andy Kaufman) y lo que ha sido casi su especialidad, personajes llamativos y bien extravagantes como la sirvienta loca de "Transylvania 6-5000", el fantasma del presente que no deja de atizar a Bill Murray en "Los fantasmas atacan al jefe" o la abuela de "La familia Addams: la tradición continúa" (sustituyendo a la actriz que le diera vida en la primera entrega). Y, cerrando el círculo, Tony Beckley como el psicópata, fallecido justo un año después de su intervención en el flim. Otros rostros interesantes son los de Ron O´Neal (más conocido como "Super fly"), Rutanya Alda  o Colleen Dewhurst (la madre del asesino de "La zona muerta", por decir una asín a boleo).
Gracias al éxito de la empresa, Fred Walton fue contratado por "Paramount" para dirigir la simpática "Inocentada sangrienta", considerada la película que enterró la primera fiebre "slasher". Le siguió la bien potable "Los crímenes del rosario" y de ahí en adelante, todo productos para la caja tonta, hasta que desapareció del mapa en 1996. Tres años antes reunió de nuevo a Carol Kane y Charles Durning y los dirigió en la continuación del film que le diera la fama, titulado "When a stranger calls back" en USA y "La llamada de un extraño" en España (donde llegó exclusivamente vía vídeo). Esta vez la canguro acosada era la guapa Jill Schoelen, la hija contestona de "El Padrastro" (no deja de ser curioso que se llame de modo muy parecido al personaje que interpetara la Kane en la original, "Jill Johnson"), y el asesino no utiliza únicamente el teléfono para tal menester (con la voz de Lance Henriksen, by the way), también le va hacerlo a través de la puerta. Sea como fuere, la prota de la primera parte se alía con el detective de la misma y deciden ayudar a la atemorizada chica. En fin, la vi hace ya tiempo y, obviamente situada a leguas de distancia de la primens, se podía ver sin morir en el intento. Más teniendo en cuenta su desconcertante condición de telefilm.
Pero no acaba aquí la cosa. En 2006, y en plena fiebre de "remakes de slashers clásicos", era inevitable que le llegara el turno a "Llama un extraño". Y le llegó. Lo paradójico del asunto es que sus responsables tenían una idea parecida a la mía con respecto a la peli de Walton, que el arranque era impecable y, luego, terminaba muy diluida. Así que, ni cortos ni perezosos, decidieron centrar toda su versión en la noche que la protagonista pasa en la casa ejerciendo de canguro. Y sí, claro, de entrada pintaba muy sabrosón pero, una vez más, al final todo se tornó decepción. "Cuando llama un extraño" (que es como fue bautizada en su periplo hispánico) venía dirigida por Simon West,
responsable de la divertida pero muy cafre "Con Air" o de la primera aventura cinematográfica de "Lara Croft". Mala elección si tenemos en cuenta que lo que requiere una peli como esa es, ante todo, atmósfera y contar con el justo tempo reposado -que no aburrido-, algo para lo que un tío como West, acostumbrado a "actioners", explosiones a porrillo y montaje acelerado, no estaba dotado. Y así quedó. "Cuando llama un extraño" tenía un bonito diseño de producción (la casa donde se desarrolla la historia es innecesariamente elegante y modenna), y algún momento potable de suspense (triste hubiese sido no conseguirlo a lo largo de los 87 minutos que dura), pero la recuerdo inerte y desangelada. Y encima, Camilla Belle, la sustituta de Carol Kane, era tan bella como poco carismática. Ahora es cuando digo que debería volver a verla para estar seguro de mis primeras impresiones y me quedo tan ancho.
Todo ello da que pensar: ¿de haber seguido idéntica treta la peli del 79 (lo de centrarse en la noche del acoso telefónico), molaría igual o habría sufrido de las mismas carencias que la versión del 2006?.... mmmmh.. ahí queda la pregunta. Saquen sus propias conclusiones.

sábado, 23 de julio de 2022

FILTHY McNASTIEST: APOCALYPSE FUCK (o EL SEAVER NO OCUPA LUGAR - 1ª PARTE)

Tras facturar los consabidos fan-films sobre "Viernes 13" o consortes con la cámara de vídeo familiar, Chris Seaver descubrió a Troma y decidió cambiar de tercio aplicando las tácticas de la factoría de Lloyd Kaufman (y Michael Herz), es decir: humor cafre, escatología y el habitual tono ultra-desmadrado presente en títulos como "El vengador Tóxico", "Viva la juerga" o "Mutantes en la universidad". De su cosecha "geek" añadió guiños a la cultura popular y los inevitables clásicos del terror moderno. Todo ello cocinado bajo el nombre de "Low Budget Pictures". Armado con sendos dvd´s bajo el brazo, y dispuesto a llamar la atención, se convirtió en una presencia constante en las Cons de media Norteamérica, lo que comenzó a granjearle cierta reputación. Sus películas se vendían muy bien, esputando todo un séquito de admiradores (e imitadores, en breve hablaré de uno de los más "destacados"). Consciente de ello, J.R.Bookwalter comenzó a editarle a través de su flamante sello "Tempe Video" cualquier cosa que pariera. Seaver llegó a ganarse la vida con sus video-costras, por lo que, inevitablemente, se veía en la tesitura de grabar sin descanso (hasta cinco en un año), pero también sin ganas ni ilusión, meramente por sacarse unos reales. Podemos hablar incluso de un "Seaververse" o "Seaverse", con personajes propios (como Deathbone, Bonejack, Teenape, Mulva, Puggly, entre muchos otros) apareciendo continuamente en las películas para mayor algarabía de los incondicionales.
A estos, y la cada vez más notoria fama de Chris Seaver, había que sumar los que le detestaban con pasión y aborrecían su estilo de comedia inmadura, propia de un niñato adolescente que se ríe de sus pedos. Hubo quien le calificó como "el peor filmmaker de la historia". Y, lo crean o no, esa mala fama le pasaría algo de factura con los años. No suele figurar en las enciclopedias del SOV reciente. Y en su actual faceta de YouTuber de la cultura pop ochentera, tampoco es que atraiga multitudes, lo que viniendo de él, y de esa parte del globo terráqueo, es muy raro.
Lo narrado ocurrió a lo largo de los dosmiles. Y puesto que todo aquello que comienza debe acabar, la debacle vino cuando, irónicamente, Chris Seaver logró, por fin, su preciado sueño: entrar a formar parte del imperio Troma. Lloyd Kaufman le fichó legal y oficialmente (llegando a mentarle como director de una secuela de "Sgt. Kabukiman N.Y.P.D." -supuestamente titulada “Sgt. Kabukiman and the Lesbians of Bonejack High”- jamás materializada). Más feliz que una perdiz, comenzó con su película tromática. Sin embargo, contra todo pronóstico, las cosas fueron como el culo y una historia sórdida, nunca del todo aclarada, rompió la relación (aunque la asociación sí dio sus frutos: "Teen Ape Vs. The Monster Nazi Apocalypse", distribuida tiempo después un poco de tapadillo). Tremendamente decepcionado, Seaver se alejó de Troma, chapó "Low Budget Pictures" y comenzó de cero con un proyecto no totalmente distinto, pero más ambicioso y, por tanto, carente de la frescura casera de las películas previas.
Tras muchos años interesado en las costras del chaval, llegué a pillarme un dvd recopilatorio con varios títulos. El problema es que venían en versión original. Y resulta que el 90% de la gracia de su "obra" reside en unos diálogos que, al contrario de las apariencias, están perfectamente escritos, pensados y, en ocasiones, resultan altamente floridos... a pesar de ir cargados de referencias sexuales y tacos. Así pues, dado mi limitado entendimiento del inglés hablado, no disfruté mucho de aquel dvd. Sin embargo, hace poco tuve acceso a varias películas seaverianas con subtítulos en británico y así la cosa cambia (se me da muchísimo mejor leído). Me vi unas cuantas y, lógicamente, no pude reprimir el deseo de dedicarles espacio en este santo ciber-lugar, comenzando por la que consumí primero y, por tanto, más me impactó: "Filthy McNastiest: Apocalypse Fuck", del 2005.
La elegí a modo de desvirgue por la curiosa aparición como actor del "underground horror auteur" Andy Copp (amigo y defensor de Seaver). Resulta que, como en toda subcomunidad que se precie, muchos de los nombres habituales del SOV-ismo yanki colaboran los unos con los otros. Y, parece tonto, pero es algo que me hace bastante gracia. De hecho, sorprende también encontrar en la lista final de agradecimientos a Andrew Shearer, capitoste del colectivo "Gonzoriffic".
La movida gira en torno a un negro gordo con la polla tan pequeña que su super-tetuda novia le abandona. Desesperado, acude al demonio del sexo, D’artagnan (??), quien le concede una buena tranca pero, a su vez, comienza a perpetrar toda clase de fechorías. Entre las perlas tenemos un delirante aborto practicado "in situ" y la recreación / parodia del ridículo baile de Crispin Glover en el cuarto "Viernes 13".
A medida que veía "Filthy McNastiest: Apocalypse fuck" me percataba de que me estaba... er... ¡¡gustando!! Y no solo eso, además ¡¡me reía con su comedia voluntaria (porque de la otra, ni pizca)!! Pero lo más delirante y asombroso es que no me aburrí durante los agradecidos 50 minutos que duró. Costaba creérselo.
Ya estaba claro a santo de qué Chris Seaver había logrado éxito y cierto estatus en su momento. Contrariamente a casi todo el SOV producido en tierras norteamericanas (y, me atrevo a decir, mundiales), aquello no era un puto coñazo previsible, lento y desaborío. Desde luego quedaba lejos de ser perfecto, pero hacía gala de mucho dinamismo, frescura, chispa y, sobre todo, un agradable sentido de la diversión. Que se lo pasaron bien grabando salta a la vista y, sobre todo, se transmite. Seaver, tío listo, sabía cuales eran los males del SOVismo y no estaba dispuesto a replicarlos. ¿Cómo? evitando excederse con la duración y tomarse en serio a sí mismo y su labor. No querer aparentar más. Ni pretender lograr un "look" cinematográfico. Asume lo que hay y lo explota como parte del chiste, grabando con lo puesto, sin elementos extras, sin florituras, cámara de vídeo en mano, dotando de cierto brío a las imágenes.
También comprendía por qué Seaver decía detestar la serie Z. No hay pizca de esta en "Filthy McNastiest...". No es esa su influencia, y canta a la legua. Un poco como le pasaba a "Mal Gusto" de Peter Jackson (que para algo es una de las pelis de cabecera de Seaver) Comparten estéticas y costrosidades con el cine "trash" puro, pero no pertenecen a la misma familia.
Cuando terminó, y aturdido por la sensación positiva que me recorría el espinazo, una duda asaltó mi mente "¿Serán el resto de sus películas igual, o es que, por pura casualidad he ido a pillar una de las mejores?" Tal vez haya sido cosa de la novedad. I don´t know.
Vuelvan la semana que viene al mismo seavercanal, a la misma seaverhora, y descúbranlo.

jueves, 13 de diciembre de 2012

NOCHE SILENCIOSA... NOCHE SANGRIENTA

Después de intentarlo con "Terror en la funeraria", me entraron ganas de recuperar el otro vistoso lanzamiento terrorífico de la no menos apabullante "Chock Video", "Noche silenciosa... noche sangrienta", y gracias a mi buen amigo Pajarillo pude agenciarme una copia VHS y consumirla ayer noche. Y me sorprendió... de verdad os lo digo. Imaginaos cuanto que, al ver que el sueño me acuciaba (ya que me la puse muy tarde), preferí darle al "stop" y concluirla al día siguiente con todos mis sentidos puestos.
Como "Terror en la funeraria", "Noche silenciosa... noche sangrienta" (traducción literal del título en v.o.), es otro producto típicamente setentero distribuido por una incipiente "Cannon" que mezcla los terrores clásicos de la década previa con las modernidades que entonces ya comenzaban a ser demandadas por la audiencia (solo que con resultados mucho mejores). Así pues tenemos una historia de terror gótico, con misteriosos asesinatos en familia, noches siniestras y caserones antiguos en la que, de vez en cuando, irrumpe una secuencia más o menos truculenta, destacando un crimen en la cama, a base de hachazos, bastante notable y gratificante. Vamos, yo no me lo esperaba y cumplió su función. Y, si lo miramos detenidamente, también encontraremos en ella lo que, más adelante, serían elementos típicos del género "slasher", destacando los paseos en cámara subjetiva que se marca el asesino de turno (y que hasta ahora yo atribuía a "Navidades Negras", parida cuatro años después).
La movida, que es bastante culebronesca, gira en torno al capitoste de una mansión de renombre que inexplicablemente fallece en llamas. Unos años después, su nieto, heredero de la casa, pretende venderla, pero un loco peligroso se escapa del manicomio con intención de dirigirse al lugar armado con un hacha y matar a los intrusos y a todos aquellos que esconden un oscuro secreto. Será el nieto quien encuentre un diario y se entere de todo, parte esta muy interesante por un par de aspectos. Por un lado, su estética, de cine mudo y colores sepia, que le otorga un rollo fantasmagórico notorio (más si tenemos en cuenta que lo narrado es especialmente inquietante), por otro, que en ella hacen su aparición varios estetas de lo que unos años antes fue el llamado cine "underground", concretamente el de la "Factory" de Andy Warhol, gente como la actriz Candy Darling o el singular Jack Smith (director de la famosa "Flaming Creatures") entre otros. ¿Qué coño pinta gente del "underground" originario en una peli de terror?, porque no se limita a roles secundarios, sin ir más lejos, la co-protagonisma es una jovencita Mary Woronov, auténtica actriz de culto también habitual de los ambientes Warholianos. Tan curioso como misterioso.
No menos interesantes son las apariciones del mítico John Carradine y la intervención off-camera de, ¡oh!, Lloyd Kaufman, el cansino capitoste de "Troma", aquí en novatillas funciones de productor asociado. Del director, Theodore Gershuny, poco sabía yo, pero tras recurrir al socorrido Imdb descubro que es también responsable de un film de culto titulado "Sugar Cookies" (en España "Lesbianismo Asesino", ¡¡JUAS!!), de nuevo con la Woronov de por medio (por lo visto era entonces su pareja), y que hizo de narrador en "The Battle of Love's Return", ¡el largo de debut del mismo Kaufman!.
"Noche silenciosa... noche sangrienta" no está nada mal, y lo dice alguien que se suele aburrir horrores con la mayoría de productos terroríficos de los 70. La historia se sigue con interés, la atmósfera está bien lograda, esconde algunos pequeños momentos de genuina inquietud y, estéticamente, tampoco va del todo coja en cuanto a aciertos.
Un pequeño título menor a reivindicar.

lunes, 17 de junio de 2013

BIOHAZARD

"Biohazard" tiene el honor de ser la primera película rodada en 35mm (y dentro de ciertos sistemas de producción tirando a profesionales) por el inefable Fred Olen Ray, un personaje de lo más habitual en este blog. Anteriormente, se había movido en los parámetros del amateurismo y los 16mm, como bien demuestran la entrañable "Alien Dead" y la soporífera "Scalps".
Estamos a mediados de los 80, y por entonces Fred Olen Ray mola. Y molará durante años, llegando a convertirse en el absoluto rey de la serie B/Z en su tierra. Desafortunadamente, a partir de los 90 comenzaría a desinflarse y hoy por hoy, aunque no para de currar como un cabrito, lo que hace dista mucho de tener ni tan siquiera un sutil encanto (ya que la mayoría son productos de lo más desangelados destinados a la tele por cable). Y es que "Biohazard" tiene encanto. Es un truñón de órdago, desde luego, pero con cierto gracejo. Veamos por qué.
En España se la conoce con más de un título (como "Experimento secreto"), aunque mi favorito es aquel con el que la alquilé siendo adolescente, ya fascinado por su director, "Alien 3"!!. O mejor, "Alien 3 llega a la tierra", lo que hace que me pregunte si el distribuidor no tendría la intención de hacernos creer que seguía al famoso (y nada desdeñable) "Alien 2 sobre la tierra" de Ciro Ippolito. Suena descabellado pero, a estas alturas ya sabemos que en aquellos tiempos en los video-clubs de España podía pasar cualquier cosa.
La historia que nos cuenta es todo lo trillada que cabría esperar, aunque partiendo de una idea interesante muy poco explotada por su realizador. Una tipa tiene un poder mental que le permite introducirse en dimensiones paralelas, agarrar objetos y traerlos de vuelta. Guay!. Lástima que esto se reduzca a lo anecdótico y sirva de mera excusa para, una vez efectuado el experimento de marras, internarnos en terrenos más que conocidos (incluso ya para su época). La malvada criatura oculta en un sarcófago interdimensional se escapa de las manos del -escueto- ejército y comienza a matar indiscriminadamente. El prota y la chica de los poderes unirán fuerzas para cazarlo. That´s all folks!.
Todo ello rodado a lo Ray, pero un poco más chungamente, que a fin de cuentas era aún novatillo. Largos planos generales, diálogos interminables y, en su mayoría, absolutamente estúpidos (del tipo "rellenametrajes"), una ausencia total de ritmo de ninguna clase y los inevitables elementos "exploitation", aunque a nivel torpón y light. Como era de esperar, "Biohazard" acaba convertida en una auténtica comedia involuntaria con cierto tono inocente que la hace simpática (es especialmente hilarante el momento en que asistimos a un ataque del marciano y, automáticamente, sin salirnos del mismo espacio temporal durante la noche donde se desarrolla todo, vemos como otro personaje comenta ese mismo crimen, demostrando la eficacia de los servicios informativos por aquellos lares), a pesar de que Ray cuele elementos humorísticos paridos de modo expreso, algo que terminaría siendo uno de sus sellos inconfundibles. El más sonado (si exceptuamos el final, que luego comentaré) es aquel en el que el marciano hace trizas y pisotea de modo encolerizado un póster de "E.T. El extraterrestre" (por entonces aún muy reciente). Me pregunto cómo le sentaría la coña a su hijo de cinco años Christopher, que es quien se oculta dentro del disfraz del monstruo, diseñado por Kenneth J. Hall, detalle este justificado de antemano por un científico que asegura que el invasor tendrá una corta estatura. Christopher terminaría convertido en director de ponzoñas para "The Asylum", la mayoría de ellas, y siguiendo la estela paterna, sobre monstruos de dos cabezas, tres ojos y diez anos. Por su parte, Hall sumaría a sus actividades las de guionista oficial de la serie B/Z (escribiría para David DeCoteau) y director. Su primer largometraje venía auspiciado por el mismo Fred, la mítica "Engendro Satánico" (o "Evil Spawn"), sobre la que pueden leer en nuestro libro.
Fiel al que durante años fue su método de trabajo, Olen Ray se agenció decorados ajenos para rodar, destacando el laboratorio donde realizan el experimento y que, si no me falla la memoria, pertenece a Roger Corman, es más, podría ser el mismo sitio donde se rodó "Galaxia Prohibida". Resulta muy regocijante reconocer en la banda sonora algunos efectos extraídos del famoso archivo de la BBC. En España estos iban empaquetados en dos discos o cintas de cassette que cualquier artífice de cortometrajes caseros tenía en su poder. El más explotado es el del grito masculino, aunque también suena por ahí un perro rabioso que, pal caso, pone "voz" a un extraterrestre. Más datos fricazos: la cabeza cercenada que aparece al final en realidad es un préstamo de Steve Johnson, técnico de efectos especiales cuyo trabajo has podido disfrutar en montañas de títulos bien reconocibles (visita Imdb, pinfloi!) y que anduvo casado con una de las musas de Ray, Linnea Quigley. El ya fallecido cineasta zetoso Donald G. Jackson, culpable de "El infierno vuelve a Frogtwon" (también presente en nuestro libro) o la infame "The Demon Lover" (en España atribuida erróneamente al mismo Fred Olen Ray en una de sus ediciones en vhs), asiste al director y se marca junto a él un cameo como paramédico.
Pero hablar de "Biohazard" significa hacerlo de su ya legendario final. De otro modo, nos estaríamos perdiendo lo que, al fin y al cabo, es lo mejor de la película. Imaginaos el percal: Estás viendo el tenso y aterrador desenlace, en el que la chica con poderes mentales confiesa al protagonista que ella también es una extraterrestre de aviesas intenciones. Se produce el silencio, el prota mira asombrado la mutación de la moza que unas horas atrás quería follarse... de pronto su expresión cambia y, a la par que cruza la mano por su cuello simulando una degollación, exclama medio sonriente: "¡Cortad esto ya!". Suena una alegre y dicharachera canción rockandrollera estilo años 50 y comienzan a sucederse los créditos compuestos no sólo de letras, también de numerosas y curiosas tomas falsas. Así como lo leen. En ellas podemos ver errores técnicos, el método express con el que Ray dirige al reparto, risas, cómo un actor escupe sangre falsa al objetivo de la cámara, al hijo del director moviéndose torpemente dentro de su disfraz o a este mismo posando picaronamente con la actriz protagonista justo al final de un rollo. Fascinante. Naturalmente el fin de tan chocante táctica es alargar el escueto metraje de la película, que a duras penas alcanza los 80 minutos (lo que la hace más disfrutable, of course), sin embargo, también es verdad que, aunque puede que inapropiado y cutre para muchos, estas son las cositas que hicieron de Fred Olen Ray alguien "grande" y diferente. Ningún realizador de Z-movies, cuadriculado y con miedo a que su película no disimulara lo suficientemente bien su espíritu zopenco y cafre, osaría mostrar todo ese material. Tomárselo tan a cachondeo. Fred Olen Ray sí, y por eso se salía de la norma, por eso destacó y por eso me fascinaba. Estas chorradas (o los títulos de crédito del inicio de "El misterio de la pirámide") era lo que yo denominaba con afecto "el toque Ray" y lo que convirtió a "Biohazard" en algo más que un simple refrito cutre de las monster movies clásicas. Al menos para mi.
Merece la pena que dediquemos unas líneas a la mentada "alegre y dicharachera canción rockandrollera estilo años 50". Se titula "Rockabilly Rumble" y sus artífices responden al nombre de "Johnny Legend and The Skullcaps". Johnny Legend no es un cualquiera, se trata de un hombre orquesta de reconocible aspecto (es delgado, altísimo y luce una larguísima barba blanca) que si nos interesa es porque, entre muchas de sus actividades, dedicó tiempo a adorar, estudiar y promocionar las veleidades del cine "trash". O del de terror, simplemente. Le has visto como actor en "La novia de Re-Animator" o "2001 Maníacos". Durante los 80 produjo una serie de vídeos en los que se recopilaban trailers de clásicos del "trash" conocidos como "Sleazemania!". Justamente, Fred Olen Ray firmó un par. También ha sido director, su obra más famosa es "My Breakfast with Blassie", protagonizado por el mismísimo Andy Kaufman. Todo un personaje.
En el reparto de "Biohazard" aparecen algunas caras curiosas, destacando la de un acabadísimo Aldo Ray, ya en lo más bajo de su descendente carrera, o la neumática y morbosa Angelique Pettyjohn, conocida a nivel "cult" por su intervención en un capítulo de la serie original de "Star Trek" (en el que William Shatner caía rendido a sus tetas... er digo, pies) o la mítica -y filipina- "Mad doctor of blood island". Otros nombres que repetirían con el realizador son William Fair (volvimos a ver su faz de héroe de tebeo en "Del espacio profundo"), Richard Hench (este incluso estuvo en "Scalps", también en "Del espacio profundo" y en "El misterio de la pirámide", "Mob Boss" o "Prison Ship", en la que repetía Aldo Ray), aunque el más reconocible es David O´Hara, prota de la siguiente peli de Ray, la mentada "El misterio de la pirámide" que también anduvo en "El poder de las armas" o en Z-movies tan míticas como "Hard Rock Zombies" (en nuestro puto libro!!) o "Ángel de la venganza", del legendario Ted V. Mikels. Igualmente, en el apartado técnico encontramos nombres que volveremos a ver, como los de Bart y Bret Mixon (el primero había realizado los créditos animados de "Alien Dead" y ambos terminarían metidos en películas de lo más mainstream) o T.L.Lankford, director y productor que solía currar como guionista para Fred Olen Ray. En este caso no es que se luzca mucho, ya que su función en "Biohazard" es la de escribir diálogos adicionales... y visto lo visto, mejor que se hubiera dedicado a recoger flores o pasear canes meones.
Por sorprendente que suene (¡¿más?!), en 1995 Fred Olen Ray produce "Biohazard: the alien force", dirigida por Steve Latshaw, una especie de remake/secuela que, básicamente, cuenta lo mismo que la original menos por lo de la tía con poderes mentales. ¡Para una idea buena que tienen!. Aquí el bicho surge de un experimento genético... pero el resto, lo mismo. De siempre.
Buena Mierda.

sábado, 25 de mayo de 2024

FREDDY EL COLGAO

¿En qué momento Hollywood perdió el miedo a la comedia de sal gruesa -gruesísima-? cuando se demostró que podía llenarle las arcas de billetes verdes. Por supuesto, no podía ser de otro modo. Lo mismo ocurrió a finales de los sesenta con la violencia sangrante o el realismo sucio. Y finales de los setenta con el terror truculento. En el caso que nos ocupa, podríamos señalar a "Algo pasa con Mary", "South Park" y "American Pie" como las catalizadoras del fenómeno. De pronto, aunque -curiosamente- mostrar desnudos seguía siendo en parte tabú, regodearse en chistes escatológicos ya no era algo de lo que avergonzarse, muy al contrario. Como consecuencia, "sufrimos" -depende de tus gustos- títulos posteriores como "Scary Movie", el fenómeno "Jackass", "Padre de familia" o la que toca reseñar hoy, "Freddy el colgao". Cada una de ellas intentando llevarlo más hacia los extremos... tanto, tanto como para terminar normalizándolo y destruyéndolo... pero no del todo. A día de hoy aún notamos las consecuencias en productos como, por ejemplo, la exitosa -y disfrutosa- serie "The Boys".
Y Tom Green, comediante de origen canadiense, fue un poco la víctima de semejantes excesos. Alguien tenía que pagar el pato, y le tocó a él. Tal vez por ser uno de los primeros en intentar ese más allá, propasarse tres pueblos enteros. Siempre buscando llamar la atención a través del shock (algo de lo que le acusó, abiertamente, la antes mentada "Padre de familia") Y lo consiguió. Solo que no tuvo en consideración el lado malo de tal estratagema, sus posibles consecuencias. Que cuando las aguas se calman, y Hollywood recupera la compostura, lo primero que hace es quitarse  de encima a los moscardones. Y lo que ayer te encumbró, hoy te hunde en la miseria. Por eso, tras su momento de gloria -incluso anduvo liado sentimentalmente, aunque brevemente, con la estrella de moda entonces, Drew Barrymore-, Tom Green desapareció del firmamento mainstream. Viví convencido durante años de que algo sórdido había ocurrido (a lo que contribuyó verle encarnar un personaje secundario en "Bethany", horripilante película del limitadísimo James Cullen Bressack) Y sí, Green protagonizó sendos escándalos menores... pero nada tan jodido como para terminar en alguna lista negra. De hecho, ha seguido muy activo hasta hoy y no le ha ido tan mal. Simplemente ya no deambula bajo los focos más luminosos y flasheantes, los de Hollywood, los del mainstream, pero sigue ahí. Supongo que pasó de moda. Solo que, siendo esta veloz como un rayo, ni siquiera dio tiempo a percatarnos de ello.
Y, justo, cuando más arriba estaba, el actor fue requerido por los grandes estudios para formar parte de algunas comedias del momento, comenzando por "Road Trip (Viaje de pirados)", pasando por "Los ángeles de Charlie" junto a su querida Drew y terminando con su "opus", un film que, además de protagonizar, escribió y dirigió en 2001, libre como un pájaro y con la confianza ciega del imperio que le respaldó, "20th Century Fox", hablo de "Freddy el colgao" o, en su versión original, "Freddy Got Fingered".
Nunca tuve ninguna intención de verla cuando se estrenó. Y una vez en los estantes de los pocos video-clubs disponibles entonces, la evitaba como la peste. No era muy amigo de esa clase de comedia y, además, un colega me la puso a parir, destacando especialmente un gag sobre crueldad animal -o eso parecía según sus palabras- que, básicamente, frenó en seco la poca curiosidad que pudiera tener. Así, a lo largo de los años, cada vez que leía sobre ella, era para machacarla, confirmándose su mala prensa. Sin embargo, hace unas noches caí en la cuenta de que, tal vez, no le había prestado genuina atención, dejándome confundir por la opinión ajena. Seguramente, deduje yo, la pésima fama se debería más a su capacidad de ofender que a una supuesta baja calidad. Había llegado pues el momento de plantar cara.
La primera de mis ideas preconcebidas totalmente destruidas fue su título. "Freddy el colgao" apesta a intento de franquicia, la creación de un nuevo personaje loco y gracioso destinado a protagonizar muchas películas. Pues no. Lo paradójico es que a Freddy no lo interpreta Tom Green. En realidad vendría a ser un personaje secundario. Si traducimos el título literalmente se parecería a "Le metieron los dedos a Freddy". Y, justo, de ESO trata uno de los muchos gags del film. Es decir, el título hace referencia a un chiste específico, pero para nada es algo central en la trama. ¡Bien! diferente y original. Es más, ni siquiera podemos decir que ese tal Freddy sea un colgao, es un tipo recto y estirado que curra en la banca y hermano del personaje de Tom Green, para más señas. Entonces, ¿acaso los distribuidores de este país de inútiles ni siquiera vieron la peli antes de bautizarla, dando por hecho mis mismas ideas preconcebidas? ¿o es que no sabían cómo cojones titularla y, directamente, pasaron a engañar a la audiencia con tal de llevarla a los cines? Sabemos perfectamente lo mucho que ello se estila en España. Algunos lo llaman picaresca para hacerlo más aceptable y entrañable, pero yo prefiero llamarlo por su nombre: la estafa. La jeta. La engañifa. El acto de un mangante. ¡¡¡Viva la piel de toro!!!
Tom Green es Gord, un aspirante a animador (de dibujos) que quiere triunfar. Para ello acude a Hollywood en busca de una oportunidad. El problema es que está muy zumbado y, en fin, no consigue gran cosa. Así que, para mayor desesperación de su padre, regresa al hogar familiar, donde seguirá haciendo barrabasadas sin descanso y, sobre todo, intentando lograr su sueño de ser animador y, ya puestos, la aceptación de su progenitor (sí, supongo que el film toca otro palo de la comedia muy de entonces, el "adulto niño", el aspirante a inmaduro, pero no me apetece meterme ahí. Otro día quizás)
En fin, esto es lo mejor que he podido sacar de un trama sujeta por cuatro hilos donde lo realmente importante es la inmensa, extensa, interminable y larguísima ristra de gags, que van desde lo sumamente ingenioso, a lo sumamente idiota, pasando por mucha materia desagradable a base de violencia, escatología y algunas escenas genuinamente chocantes para tratarse de un producto mainstream, culpables de esa mala prensa que arrastra. Para no hacer spoiler lo resumiré en que asistimos sin decoro a cierta... mmmmh.... ¿semi-zoofilia? ¿cómo llamarían ustedes a la manipulación -sin truco- de unos genuinos genitales animales -al menos los primeros que aparecen, porque hay más de uno-?
No tan llamativos, pero tampoco menos impactantes, son los sketches donde predomina cierta truculencia, cierto gore, con bebés zarandeados desde sus cordones umbilicales, hasta animales muertos destripados, pasando por heridas sangrantes. Tampoco tienen parangón las escenas donde Tom Green atiza sin descanso las insensibles piernas de su novia paralítica, una que se pirra por hacerle mamadas. En ocasiones el humor es más propio del "spoof", con tintes surrealistas, como ese centro para niños sexualmente abusados donde pasan el rato mirando "La matanza de Texas" por la tele....
¿Les he puesto los dientes largos?
¿Tan mala, tan terrible es "Freddy el colago"? Pues no. La verdad es que últimamente comienza a ser medianamente reivindicada, así que, en cierto modo, me estoy uniendo a la manada hipster y posmoderna. Pero tengo un perdón, ya he dicho que no la había visto hasta ayer. Lo mío queda lejos de ser un oportuno cambio de opinión, es genuino. No me descojoné, pero sí me reí. A veces simplemente por lo absurdamente excesivo de todo, lo increíblemente estúpido y ridículo. Me entretuvo (en parte gracias a su escueta duración de 87 minutos), me pilló con la guardia baja en más de una ocasión... en fin, me gustó.
¿Entonces, a qué viene tanta mandanga? Pues, va a sonar trillado, pero creo que "Freddy el colgao" se adelantó a su tiempo. Fue incomprendida. Hoy sería más aceptada. Ganó todos los "Razzies" habidos y por haber. Parte del público huía horrorizado en plena proyección. Algunos actores (entre ellos Gene Wilder) se negaron a participar por considerar el guion de tremendo mal gusto. Y Tom Green asistía frustrado a los pases de prueba donde nadie parecía pillar su intención, justamente reírse de esa nueva "comedia gruesa" a base de rizar el rizo, llevándola a extremos tan absurdos que superaban toda verosimilitud. Sí, es lo de siempre, el humorista con un estilo muy peculiar, muy suyo -el de Green consistía en descontrolarse a base de soltar chascarrillos tontos sin parar, hasta convertirlos en un ataque sónico a los sentidos- cuyo éxito depende completamente de cómo la plebe lo acepte. Le funcionó a Jim Carrey. Le funcionó a Andy Kaufman (aunque no fue fácil). Pero no tanto a Green, o a alguien como Pauly Shore. Muchas malas críticas basan su bilis, precisamente, en las maneras del Canadiense. Es lo que hay.
Por lo visto, tras la figura del "salvaje" Tom Green se ocultaba un tipo la mar de tranquilo, reposado y, seguramente, respetuoso. Una mente creativa condicionada por esa búsqueda del escándalo. De hecho, en una de las tomas falsas de los créditos finales le vemos en pleno gag truculento, embadurnado de sangre, comentar, no sin aparente frustración, un "¿Pero qué cojones estamos haciendo?" Sabía ande se metía, vamos.
En el reparto, un puñado de curiosos rostros reconocibles. Muy significativa es la presencia de Julie "Aterriza como puedas" Hagerty. Complementan la jugada Anthony Michael Hall y los cameos de Shaquille O'Neal o, en este caso inevitable, Drew Barrymore. Sin embargo, he dejado para el final -a pesar de ser coprotagonista- al más desconcertante: Rip Torn. ¿Qué hace un actor de carácter veterano y semejante porte prestándose a tal desquicie? ¿más cuando, en cierto momento, se queda con el culo el aire ejecutando una especie de baile ridículo? alucinante. A-lu-ci-nan-te. Toda una demostración de talento y profesionalidad. Un diez por semejante valentía.
Para mayor gustirrinín, la banda sonora viene trufada de punk rock variado: "Sex Pistols", "Ramones", "Agent Orange", "Green Day", Iggy Pop, "New York Dolls", "The Adolescents" o "Dead Kennedys" versioneando a "The Clash". Hay quien usaría la palabra coherente. Bueno, sería caer en un cliché facilón pero... aceptamos octópodo.