miércoles, 14 de agosto de 2019

LA FOTONOVELA DE "POSESIÓN INFELNAL"

El colega Angelillo nos manda unas fotos que, como fiel seguidor que es, sabía que nos iban a poner morcillones. Y así ha sido. Se trata de una especie de versión resumida en formato fotonovela de la más mejor película del mundo y que en su día publicó la versión nipona de la famosa revista "Starlog". Aunque no entendamos un pijo, nadie puede negar que es la mar de simpática.
Pone la guinda una especie de guía para hacer maquillajes a lá Tom Sullivan en tu propia casa.
Entrañable. Gracias Angelillo.


ACTUALIZACIÓN: El colega Akatsuko ha tenido el detalle de ofrecerse a traducir todo aquello que ha podido con la colaboración de dos nativos japoneses, Kensuke y Mamiko. Les damos las gracias de todo corazón a los tres y les dejamos a ustedes que gocen del espectáculo, que tiene telita porque el tono ha resultado ser más paródico que otra cosa.


Pre-título - Versión en manga/cómic con fotos.

Título – "Las Tripas de los Espíritus" (nombre en Japón de “Evil Dead”)

Subtítulo – Shock Visual de mano de esta sangrienta película – Terror de moda – Premio especial del jurado en el festival de 1983 en Paris.

Línea vertical a la izquierda – Por alguna razón febrero es la época del terror y el fantástico.

Orden de lectura occidental:

1 – Y así sin más, los jóvenes se metieron en esta casa en la que seguro que algo va a ocurrir. ¿Es posible que estos visitantes echen unas risas y se vayan de rositas? En ese momento, en la cabaña ya estaban dispuestos los pilares de la tragedia /ya se mascaba la tragedia (esto último es difícil de traducir de forma equivalente. La intención es decir que algo chungo va a ocurrir, el espectador lo sabe de antemano visualmente)

2 – Hay que ser tonto para meterse en ahí en una situación como esta.

3 – Bueno pues yo voy entrand-EH PERO POR QUÉ???


4 - ¿Por qué los personajes de este tipo de historias grotescas se juntan y son luego tan innecesariamente valientes? Una cuestión incontestable y poco debatida. Quede aquí este casete como prueba de ello, y de paso, para maldecir a unos cuantos.

5 – ¡Me, me pica la cabeza!

6 – ¡Sacadmeeeee! ¡La periodonitis/Esto negro de los dientes no es contagios@, eh! ¡Y que alguien me quite la cataplasta para el cutis esta!

7 -  Ya soy mayor y puedo comer sólido.

8 - Qué pasa (en plan, “y tú qué miras”)

9 – Juju… jujujujuju. Antes de que vuelvas a convertirte en ese cayo malayo te voy a arreglar la jeta


10 – ¡Perdona! ¡Anoche me pasé con el sake!

11 - ¡Me salen cagarrutas de las cuencas oculares!

12 – Voy a echar lo que me bebí por los carrillos.

13 – Necesito un baño.

14 – Si sé que voy a acabar de esta guisa mejor hubiera sido morirme antes. 


15 – ¡Vaya tela de películaaaa!

Parrafada:

¿Qué os ha parecido el collage que ha preparado (un japonés, a lo mejor un lector o alguien de la revista)? Seguro que a algunos os ha dejado fascinados y con ganas de más terror. Pero cuidado con ver demasiadas pelis de terror o splatters. Ahora bien, para nuestro lector/colaborador Posesión Infernal/Las Tripas de los Espíritus es ideal como acompañamiento de unos McNuggets con salsa barbacoa. Os lo recomienda.

"Posesión infernal" recibió el premio especial del jurado y del público en la 12º edición del Festival Internacional de Ciencia Ficción Fantástico de Paris (1982). En este “Pari-Fanta”, según  uno de nuestros colaboradores que lo cubre cada año, los fans parisinos y parisinas se vuelven locos de entusiasmo. A la hora de enfrentarse con una película coñazo, muestran su aprecio a base de vociferar o arrojar latas vacías a la pantalla. Con un público de tal pedigrí, está claro que llevarse un premio oficial es prueba de encontrarse ante una película digna de verdad. Ciertamente, Posesión Infernal, con toda su brutal imaginería, casquería y sangre a borbotón dejó bien satisfechos a los espectadores de París. ¡Albricias!




lunes, 12 de agosto de 2019

CITA CON EL MIEDO

Un individuo soltero y asentado económicamente, Harris, es un asiduo de las redes sociales orientadas a la búsqueda de pareja, donde contacta con toda suerte de mujeres con las que tiene sexo esporádico. En uno de estos contactos, una de estas chicas, Riley, parece especialmente molesta ya que después de tener el sexo de rigor, comienza molestarle telefónica o presencialmente, hasta que llega un momento en el que, tras un par de desplantes de Harris, con el fin de llamar la atención, esta llegará a fingir su suicidio. La cosa se complicará en el momento en el que alguien hackeará la cuenta de twitter de Harris, por lo que conseguirá que se le despida del trabajo. Más serio se torna todo en el momento en el que alguien descarga, desde el ordenador de Harris, 5 gigas de pornografía infantil.
Por supuesto, en el momento que sale una película en el que una mujer acosa a un hombre (cosa que no es tan descabellada con esto de las redes sociales de búsqueda de pareja, y sin distinción de género) ocurren dos cosas, y “Cita con el miedo” no queda exenta  de ninguna de ellas: Por un lado, la inevitable comparación con “Atracción fatal”, que era una película bastante inquietante y marrullera, y por otro, que con los tiempos de corrección política que corren, una película frívola sobre ciber acoso se convierta en un panfleto ultra conservador. Porque todo en la película está diseñado para que el protagonista, que hace uso de su sexualidad libremente a través de las redes, al igual que las mujeres que por ahí pululan con fines idénticos a los de los hombres, caiga antipático al espectador desde el minuto uno. Se folla a las tías y todo ello se nos muestra con la idea de hacernos pensar que lo que está haciendo está mal, que usa a las tías para su beneficio sexual. Es un ogro, un tipo que se merece el calvario por el que va a pasar. Y eso que en esta película el individuo no comete ningún acto reprobable como pueda ser el adulterio, cosa que en “Atracción fatal” si ocurría. En contraposición, la acosadora es presentada como todo lo contrario, como un bello ser encantador que se ha enamorado. Aunque finja su suicidio y de la varila toda la película. Claro qué, todo esto tiene sentido por el devenir de los acontecimientos y como va girando el guion, pero seguir  con este tema, al final sería spoilear la película. Como fuera, a lo que voy, es que la película en absoluto es rompedora, sino todo lo contrario.
Al margen de esto, “Cita con el miedo” es una película que entraría, sin pestañear, a engrosar las listas de las “malas pero divertidas”, pese a su buena factura  técnica y su acabado formal. Y es que es mala a rabiar, pero tan entretenida…
Desde luego, cuesta comprender que un guion tan malo, quemado y requemado como este —descubrí todo lo que iba a suceder desde el primer momento— esté escrito por el mismo individuo que escribió una historia tan original como la de la película “Juegos Sucios” que, dentro de su discreción, al menos conseguía que el espectador estuviera pegado a la pantalla con gran interés. Y es que David Chirchirillo, guionista de aquella, escribe y también dirige esta “Cita con el miedo” tras alguna experiencia made in Asylum (o cualquier otra de esas indistinguibles productoras). No me malinterpreten, el nivel de dirección de Chirchirillo está muy por encima del de los directores de esas producciones, y quizá lo más destacable de la película sea precisamente su dirección, pero el resto es tan flojo, las interpretaciones tan sosas, y todo tan previsible, que el espectador no puede dejar de ver la película mientras esboza una sonrisilla cínica, o se lleva las manos a los ojos para protegerse de la vergüenza ajena que provocan algunas escenas. Llega  a ser sonrojante. Pero en la parte positiva, diré que la corta duración del metraje ayuda a su digestión, amen de tener un ritmazo a prueba de balas y resultar toda la película un divertimento tonto, en el que el espectador con menos coeficiente intelectual puede hacer sus cábalas y llenarse de hilaridad tras resolverlas (está tan claro lo que sucede ahí, que cuando la película pega un giro de guion que supuestamente rompe con todo lo visto hasta ese momento, el espectador ya lo ha descubierto hace una hora y se descojona), quedando al final la sensación de habérselo pasado muy bien durante su visionado. Y eso está muy bien y es de agradecer. Y eso, que la película intenta ser pretenciosa y trascendente… al final es una entrañable película de pipas.
Si la echan un vistacillo, les hará más bien que mal, pese a lo espantoso que es todo.

sábado, 10 de agosto de 2019

NOS4A2

Cuando interpretó al "niño que sale en el póster" de "Creepshow", Joe Hill era demasiado joven para plantearse si sería bueno que se le conociera como "hijo de". Por eso aparece como Joe King. Ya más crecido, decidió dedicarse al novelismo de terrores y lograrlo por méritos propios, cosa esta que le reportaría una mayor satisfacción personal. Así que retorció su nombre real, Joseph Hillstrom King, al de Joe Hill. Y lo consiguió, cosa muy admirable. Sin embargo, a medida que se hacía famoso, la verdad iba saliendo a la superficie. Hoy por hoy Joe Hill no puede evitar que se le venda como "el hijo de Stephen King". Y probablemente se le considere un poco más gracias a ese dato (y a lo mucho que se parece físicamente al él !!).
Como prueba tienen la serie "Nos4a2", que llegó a nuestros lares haciendo especial hincapié en esa conexión familiar. Y de hecho, durante la cabecera únicamente se subtitulan dos cosas, el título (que aquí ha pasado directamente a ser "Nosferatu") y que está basada en una obra de Joe Hill. Sabiendo como sabemos que, salvo en el caso concreto de unos cuantos aficionados, el público masivo no tiene ni puta idea de quién se trata.
Dejando a un lado todo este rollete, centrémonos en la serie, que cuenta la historia de "Charlie Manx", un espíritu inmortal que se alimenta de la energía de niños a los que convierte en algo así como monstruitos caníbales dentudos de poco convincente aspecto. Todo le va de perlas hasta que aparece "Vic McQueen", una rebelde de pega que se pasa toda la puta serie sollozando y tiene la capacidad de viajar allá donde quiere. Ella y una bibliotecaria lesbiana de lo más desagradable, lucharán coño con coño para detener a "Manx". Claro que siendo esto una serie, y tratándose como se trata de la primera temporada, pues lo conseguirán a medias. Ya se sabe.
Elegí "Nos4a2" sin mucha convicción un grisáceo día en el que no sabía que ver. Y me he terminado zampando sus diez capítulos. ¿Porque es cojonuda?. No, por inercia. Ciertamente se trata de un producto bastante común y corriente. Del montón. Se deja ver y se olvida con facilidad. Aturde un poco tanto dramón y tantas angustias existenciales. Y se echa de menos más terror. Pero se puede digerir si no hay nada mejor que hacer.
Joe Hill tiene buenas ideas. También "Horns/Cuernos" partía de una base muy interesante (solo que eso sí terminó siendo un pestiño de puta madre), pero, o los cineastas que las llevan a la pantalla no saben sacarles más jugo o es que todas se quedan en eso, una idea buena sin posibilidad de ser dignamente desarrollada.
¡Ah! Zachary Quinto, el "Spock" de la reciente "Star Trek", pone su raro rostro a "Charlie Manx", aunque quizás el personaje que más me ha gustado sea el de "Bing Partridge", el gordo que le sirve de criado.
¿Que si veré la segunda temporada? (ya anunciada). Pues no sé. Me lo tendré que pensar.

viernes, 9 de agosto de 2019

UN PROFESOR SINGULAR

Sin duda, Marco Ferreri, de una película a otra podía cambiar totalmente su discurso —en el caso de que tuviera uno— con la facilidad con la que uno se cambia de calzoncillos y,  si bien su cine es recordado por las películas más osadas y rompedoras (“El pisito”, “La gran comilona”) no deja de ser cierto que sus películas más irregulares no dejan de ser una buena muestra de sus facultades como autor. Y muchas veces, esas películas no pasaban de ser amables comedietas deudoras del neorrealismo sin una historia  enrevesada que contar. Si “La gran comilona” era una locura concienzudamente elaborada para molestar,  esta “Un profesor singular” es una película que, al margen de ciertos mensajes hippies que se sueltan con la mejor de las intenciones, no pretende más que mostrar una historia inofensiva y hasta familiar si me apuran.
La principal característica de “Un profesor singular” consiste en que es uno de los primeros papeles protagonistas del mundialmente conocido Roberto Benigni así como su única colaboración junto a Ferreri. La película, en la que se le deja manga ancha al actor para improvisar y llevar a su terreno cada una de las escenas de las que se compone la película, al final, no es más que filmar a Benigni interactuando con  un montón de niños. Y ya tenemos film.
Se trata de la historia de un hombrecillo que comienza a trabajar en un parvulario y que se mete enseguida a los niños en el bolsillo porque les insta a hacer toda suerte de divertidos juegos y actividades. Entre tanto, a nuestro protagonista le da tiempo a dejar preñada a una novieta, a la que, junto a un puñado de niños, se lleva Cerdeña para parir en un ambiente natural. También se centra en la amistad de este con un niño medio autista al que espabilará un poco a fuerza de persistencia.
Quizás se trate de la película más normal de Ferreri, así como la más simpática y buenrollera, pero, por descontado, no se trata ni de lejos de una de sus mejores películas. Sería del montón. Con todo eso, no deja de ser una película interesante y una especie de juego en el que da la sensación todo el rato, que cada secuencia ha sido rodada en total libertad, sobre todo,  la parte que concierne a la verborrea interminable, a veces insoportable, del no menos insoportable (y a veces genial) Roberto Benigni, a punto de convertirse en años venideros tanto en icono cómico de su país natal, Italia, como en musa surrealista de autores independientes, underground  y/o artísticos  como  puedan ser Jim Jarmusch o Amos Poe.
Y aunque sea la película más normal de Ferreri, esta se convierte, por ende, en su película más rara, tanto, que salvo por un par de detallitos marca de la casa, parece que fuera de Antonio Mercero y que Lolo García esté apunto de aparecer en el metraje. Lo haría en una infame película italiana, pero por lo pronto, no en esta.

miércoles, 7 de agosto de 2019

LOS FOTOCROMOS DE "LORD DRAGON"







sábado, 3 de agosto de 2019

ESCAPE ROOM

Un poquito de "Saw", otro de "Cube" e incluso un chorrito de "Destino Final". Añade a la mezcla un buen puñado de guita, consecuencia de ir apadrinado por una "major", y obtendrás "Escape Room", intento desesperado por arrastrar a las butacas de los cines los culos milenials echando mano de la nueva tonterida de moda, las mentadas escape rooms. 
A una que se anuncia como el copón bendito son invitados un puñado de personajes ultra estereotipados. Los tenemos todos: el yuppie desalmado, el nerd adicto a los vídeo juegos, la chica tímida, el don nadie de mediana edad, etc, etc. El vencedor se llevará un fajo de billetes a casa. Pronto descubren que el juego es más mortal de lo previsto, lo que les obligará a entenderse y unir fuerzas si quieren sobrevivir. Ni falta hace mentar los traumas que todos ellos arrastran, perfectamente aprovechados por los creadores del pasatiempo asesino. Estos últimos son el punto más flojo. Los guionistas no saben cómo terminar la peli y pierden un poco el pedal liando la troca en busca del gran "Cáspita!" final, lo que induce a la aparición de un villano propio del James Bond más "camp".
No es la primera vez que veo una peli en la que se explota el rollo de las escape rooms (¿escaperoomxploitation?), la diferencia es que la otra era una cosa de bajo presupuesto destinada a la tele por cable. La reseñada es más lujosa, y hace gala de un diseño de producción espectacular e imaginativo, además de unos trucajes convincentes. Pero en realidad, ambas cuentan exactamente lo mismo. Solo que "Escape Room" gana en lo que respecta al factor entretenimiento. De Domingo por la tarde, vamos.
El único rostro del reparto que he reconocido es el de Deborah Ann Woll, la "Karen Page" del "Daredevil" según Marvel/Netflix.
El director, Adam Robitel, venía de rodar el pasable found footage "The Taking of Deborah Logan" y la bastante horrible "Insidious : La última llave". Tiene un futuro prometedor en el que asoman una segunda parte de "Escape Room" y un thriller sobrenatural producido por Sam Raimi.

lunes, 29 de julio de 2019

EJECUTIVO EJECUTOR

Un yuppie que lleva años esforzándose y trabajando duro para conseguir un ascenso en su empresa, se decepciona notablemente cuando le dan la noticia de que el puesto que tanto anhelaba, finalmente, se lo darán a otro individuo. Entre otras cosas, teme la reacción de su  déspota esposa. Esperando al metro, un vagabundo se le acerca a pedirle dinero y con el cabreo, le arroja a las vías justo cuando viene el tren, pasándole este por encima. Nadie le ve hacerlo y  a nadie tampoco parece importarle la muerte de este infeliz. Como sale indemne, planea ir asesinando uno a uno a todos los que suponen una molestia para su bien estar, empezando por su esposa y terminando por el usurpador de su puesto. ¿Cómo saldrá de esta? Pues para eso, mejor vean la película.
Cuando uno es un actor famoso y de prestigio, tiene tendencia a gastar ingentes cantidades de dinero, por lo que, muchas veces, estos actores acaban arruinados. A mediados de los 80 y hasta bien entrados los 90, Michael Caine, con una reputación como actor intacta y una elogiosa filmografía a sus espaldas, era uno de esos actores que tenían un agujero en el bolsillo y más deudas que un adicto a la cocaína, por lo que se vio obligado a hacer películas alimenticias para conseguir dinero, sin importarle mucho el tipo de película que se tratara y aún a sabiendas de que, en el peor de los casos, estas serían una mierda. Sin embargo, estas películas mercenarias, resulta que suelen estar muy bien y esto le lleva a uno a pensar si no será cosa de la casualidad o que, como me temo, el actor es tan enorme que mejora sustancialmente en cualquier película en la que participa. “Lío en Río”, una de sus películas más ninguneadas, es una comedia absolutamente genial, y cosas como “Loca Juerga Tropical” o “Un destino de ida y vuelta” están bastante bien, quizás por el mero hecho de que Michael Caine está en ellas.
“Ejecutivo ejecutor”, de 1990, basada en la novela “A shock by the system” de Simon Brett, es un claro ejemplo de comedia que funciona a las mil perfecciones, pero que, si Michael Caine no estuviera en ella, quizás haría aguas por todas partes. Nada en ella es genial, pero nos quedamos mirando como idiotas única y exclusivamente porque Caine no sale de plano y da gusto verlo. El resto de actores están apáticos y parecen monigotes a su lado.
Siendo justos, diremos que aún ejecutada como con pereza, con desidia, la historia de “Ejecutivo ejecutor” no deja de ser una buena historia que a poco que se le eche una muy buena interpretación, tiene tendencia a salvarse. En definitiva, se ve más o menos bien, pero por Michael Caine.
El film fue un fracaso absoluto a nivel mundial (en España apenas 150.000 espectadores) que en algunos países se estrenaron directamente en vídeo y que, a rasgos generales, paso bastante inadvertida en todo el mundo.
En una entrevista más o menos reciente, Michael Caine dijo acerca de la cinta que se trataba de una película de bajo presupuesto a la que no se le sacó el partido, porque era pequeña, pero no tan pequeña como para salir lo que salió. También dice de ella que si fuera un telefilm de la HBO, no sería de los peores. No es mala esta observación de Caine ya que su director, Jan Egleson, salvo alguna película puntual, se dedicó en lo sucesivo a hacer toda suerte de trabajos televisivos de medio pelo, que es con lo que se ha ganado la vida. Lo demás que ha hecho para cine (una película más) carece de la menor importancia.
El resto del reparto principal lo completan, apáticos, Elisabeth McGovern (“Érase una vez en América”, “Gente corriente”), Peter Riegert (“Desmadre a la Americana”, “La gran locura Americana”) y Swoosie Kurtz (“El Castañazo”, “El mundo según Garp”)
Durante la década de los 90, Michael Caine recuperaría la pasta que necesitaba y poco a poco volvería a elegir los papeles y recuperaría el prestigio, pero aún le dio tiempo a hacer un pedazo de mierda peor que esta (que esta tiene algo de dignidad): “Seducción peligrosa”, la cual, si me da el punto, puede que aparezca por aquí algún día.

viernes, 26 de julio de 2019

GAY CLUB

Las trabajadoras de un burdel de pueblo, sito en algún lugar de Andalucía, aprovechando el cierre de este deciden hacer frente al traspaso del local con el fin de convertirlo, junto a sus amigos homosexuales, en una sala de espectáculos orientado al público gay, imitando un poco las corrientes imperantes en ciudades como Madrid, Sevilla o Barcelona. Como era de esperar, todo son impedimentos para estas personas, ya sea por parte de los bancos a la hora de pedir un crédito, como por parte de las fuerzas vivas de la ciudad que pretenden que el garito no se abra por inmoral e intentando colgar al lugar el San Benito del escándalo público. Naturalmente, aunque estos impedimentos frenan la posibilidad de apertura del local, finalmente salen airosos.
Película absolutamente ignota y desconocida que, sin embargo, lleva lustros siendo de culto para el colectivo gay que la lleva reivindicando desde hace tiempo —le dedican pases privados y reseñas en la red—, y cuya principal baza es que, aún tratándose de una película inmersa en la corriente del destape y aún tirando de estereotipo de manera incluso agresiva, es terriblemente respetuosa con el mundo homosexual teniendo en cuenta los tiempos que corrían y, sobre todo, que la mayoría se sus artífices son heterosexuales, comenzando por su director, Tito Fernández, o por los actores Paco Algora o el estupendo Rafael Alonso, cuya interpretación de un gay con muchísima pluma deja tantísimo que desear que al final resulta desternillante. Asimismo, y centrándose gran parte de la película en las actuaciones en lo alto del escenario del “Gay Club” del título, sí que cuenta en su haber con las presencias de destacadas estrellas del music hall gay de aquellos años como el imprescindible Paco España, o el transformista denominado “La otra Lola” cuya performance consistía en hacer un playback de la folclórica.
Al margen de todo esto que es lo que la convierte en una película distinta, la estructura argumental y los gags pertenecen a la idiosincrasia del destape de la época, y paradójicamente, hay más cantidad de desnudos femeninos que masculinos. Y eso responde al hecho de que, siendo como es “Gay Club” una película de ambiente cabaretero y festivo, por mucho rollo gay que se reivindique, por mucho respeto con el que se aborde el tema, por mucha normalidad que exista a la hora de mostrarnos la situación, al final, y al igual que los espectáculos que se podían presenciar en los locales de ambiente gay, la película no deja de ser un producto destinado a heterosexuales. Permisivos y tolerantes, sí, pero heterosexuales.
Por otro lado, sexualidad aparte, otro aspecto curioso que posee este film es la implicación desprejuiciada que se gasta la película a la hora de denunciar —y ridiculizar— a la derecha española, en tiempos en lo que lo más prudente era no tomar partido hacia ninguna tendencia. En ese sentido y por todo lo que “Gay Club” representa, Tito Fernández rodó una película extraña, valiente y distinta, que para más inri y a pesar de lo simple de su argumento, a niveles de entretenimiento funciona perfectamente.
No hizo ni mucho ni poco en cines, unos 205.000 espectadores, pero el motivo del ignotísmo de esta película, más que a su escasa afluencia de público, se debe a su escasa distribución posterior, no apareciendo nunca en el mercado del vídeo y limitándose esta a un par de pases de madrugada, contraprogramados y casi de tapadillo, en algunas de las distintas cadenas televisivas de este país.
Merece la pena echarle un ojillo.

miércoles, 24 de julio de 2019

LOS FOTOCROMOS DE "LOCA POR EL CIRCO"

Más fotocromos. Esta sí la vi hace muuuuchos años, en el cine, junto a mi padre y en doble sesión con "Evasión o Victoria". Años después la revisé en compañía de Víctor y, ciertamente, la encontré insufrible. Ni siquiera servía para unas risas. Así que la acabamos quitando antes de llegar al "Fin.".
Lo que pasa es que, claro, este vehículo para Teresa Rabal es pura droga nostálgica destinada a aquellos que, como yo, superen los cuarenta (y los cuarenta y cinco, ya puestos). Por eso los cuelo aquí, y porque me parece super entrañable el último fotocromo, que incluye a una especie de versión pirata de "Pablo Picapiedra" combinado con "Tarzán". 
Disfruten.






sábado, 20 de julio de 2019

SESIÓN DOBLE: LA CAZA + FRIEDKIN UNCUT

LA CAZA : En una guardería, una niña le dice a la directora que el hombre adulto que diariamente anda por allá echando un cable le ha enseñado la polla. Además, bien tiesa. Desde buen principio el espectador sabe perfectamente que es falso. El acusado es un tío majo y no ha hecho nada reprochable. Pero eso no le basta a sus vecinos y amigos que, cegados por el odio y la ignorancia, comienzan a señalarle como pederasta y convierten su vida en un auténtico infierno.
Thomas Vinterberg, colega de Lars Von Trier que se apuntó en su momento a la tonterida esa del "Dogma", se marca un dramón cojonudo. Impactante. Duro y angustiante hasta el tuétano y perfectamente interpretado por todos los actores, desde la misma cría al protagonista, un estupendísimo Mads Mikkelsen.
Tenso e intenso, lo que más me mola de "La Caza" es el retrato conciso y sin medias tintas que hace de la sociedad, dispuesta a demostrar lo peor de sí misma cuando cunde el pánico y se sube ciegamente al carro de la estupidez más profunda. Sin hacerse preguntas y pisándose los unos a los otros.

FRIEDKIN UNCUT : William Friedkin dispone de una carrera irregular. No todo lo que ha dirigido hasta el día de hoy es la hostia en patinete (su cacareado documental sobre un exorcismo real es del todo olvidable), pero algunos de esos títulos sí lo son. Todos los conocemos. Es un tipo con mil historias apasionantes que contar, una buena dosis de materia gris y una lengua algo descontrolada que aporta puntuales momentos de hilaridad a lo largo de este excelente documental. Uno que repasa toda su carrera (aunque se salta todos aquellos títulos que Friedkin ya suele ignorar por considerarlos malos o meros encargos sin interés) y la ilustra con algunas visitas a festivales (entre ellos, Sitges, donde se cruza con Dario Argento y se demuestran descontrolado amor mutuo). A todo ello sumen el infinito catálogo de radicales opiniones que Friedkin tiene sobre el mundo del cine y los críticos. Es muy fácil sentirte identificado con lo que suelta, echarte una risa regocijante e incluso aplaudirle con pasión.
Altamente recomendable.

viernes, 19 de julio de 2019

PARCHÍS, EL DOCUMENTAL

Obviamente un documental como este, es esperado como agua de Mayo por todo aquél que fuera niño en los ochenta y hoy ronde una edad comprendida entre los 40 o 50 años, tan solo por el hecho de que se trata sobre un documental sobre Parchís.
Por otro lado, tenía constancia desde hace algún tiempo de que este documental se rodaba y  los palos que iba a tocar, por lo que me olí en su momento algo de sensacionalismo al respecto, motivo por el cual, generaba, por un lado, cierto interés, y por otro, cierta desconfianza.
No obstante, el trailer ya hacía calentar los motores con muy buena pinta, alentándonos de que lo que íbamos a ver podía estar muy bien, y tras el su estreno recientemente en Netflix y el hype generado por todo tipo de espectadores en las redes sociales, espectadores estos que, la mayoría de las veces, se han quedado a en la superficie de lo que en realidad es una historia muy compleja, no me podía imaginar que el documental al que me iba a enfrentar era tan jodidamente bueno, superando, con creces, mis expectativas. Es una obra de referencia desde ya,  no solo en lo concerniente a los documentales sobre el mundo de la música, sino de los documentales en general.
La estructura es la normal y lógica: cabezotes parlantes. Y se resuelve a través de entrevistas a  CASI TODOS los artífices del fenómeno Parchís (no falta ni Rodrigo Valdecantos, ni Javier Aguirre…) se nos cuenta la creación, auge, mega-auge, caída y descenso a los infiernos del grupo infantil más popular de todos los tiempos, pero todo ello mostrado con un ritmo y, creo, que un rigor a prueba de bombas. Un documental que cuando intuyes que se va a terminar, te da pena que se termine.
Entonces, la parte buena del asunto viene en todo lo que se puede suponer más amarillista. No es que “Parchís, el documental” tire de sensacionalismo y cotilleo barato. En absoluto. Lo que pasa es que es un documental que se centra en acontecimientos de hace ya casi cuarenta años, y todos los protagonistas hacen un ejercicio de honestidad y cuentan lo bueno, lo malo y lo regular de lo que supuso el fenómeno Parchís.
Las conclusiones que saco acerca de su visionado son que Parchís era la máquina de hacer dinero de una serie de mafiosos con muy mala leche, que cuando hay dinero a nadie le importa el bien estar de unos niños, mucho menos (o principalmente) a sus padres que les echan a los leones de la misma siniestra y egoista manera que los padres de las víctimas infantiles de Michael Jackson hicieron de mamporreros para él. Y estos actos se justifican con esa sentencia tan manida de que “los niños estaban a gusto”.  Sin embargo, creo que las secuelas de esta fama desmedida, que no se ha cobrado ninguna tragedia, como bien dicen al final del documental, si que ha dejado ciertas secuelas en sus componentes, que gestionan con peor o mayor suerte. Por ejemplo, David, hacia el final del documental, cuenta al resto de sus compañeros que cuando se fue a vivir a Nueva York hace ocho años, no podía imaginarse que en su propio trabajo, una compañera le iba a reconocer y que todo el mundo le iba a felicitar por su paso por el grupo. Sinceramente, creo que este caballero está fantaseando con lo que a él le hubiera gustado que hubiera sucedido. Puede que sea cierto lo que cuenta, pero por cómo lo cuenta, y por el mero hecho de que es el único miembro de Parchís al que más ha transformado el paso del tiempo —es de todos los componentes el que menos se parece al niño que fue— hacen que, desconfiado como soy, no me lo crea, y considere que lo que pasa ahí es que, igual, no lleva demasiado bien el hecho de pasar de ser todo a no ser nada. Sólo digo que pueda ser posible.
Por lo demás, a todo lo que ya conocemos, y sin llegar a ser una cosa del todo  sensacionalista y desmesurada, a la historia de Parchís súmenle desmadre, alcohol, drogas, sexo a destiempo, pederastia, frustraciones, envidias, corrupción por parte de los empresarios, discusiones con los coreógrafos y señoras adultas a las que se follaba Tino en la pubertad. Pero como lo estoy contando yo, si es sensacionalista…
Altamente recomendable, como documento histórico y como documental. Al finalizar, hasta he aplaudido.
Dirige con maestría Daniel Arasanz con amplia experiencia en el mundo del documental sobre música, y que ya era popular por un documental que, paradójicamente, y pese al contraste de envolturas de ambos, era más amable que este: “Venid a las cloacas: La historia de La Banda Trapera del Río”.

miércoles, 17 de julio de 2019

MIS FOTOGRUMOS FAVORITOS 2 - "LOS REVIENTAFANTASMAS"

Hace ya tres largos años que publiqué en este blog una serie de recortes y páginas escaneadas de algunos números de la revista "Fotogramas", concretamente aquellos situados en "la buena época". O, pal caso, los años ochenta. Ya entonces anuncié que algún día habría una segunda tanda. Sin embargo, por avatares del destino, esta se ha hecho esperar. ¡Pero ya está aquí! Y viene con sorpresa, porque no me voy a limitar a meter toooodos los recortes juntos en una entrada. No way!. Los voy a serializar, con la excusa de que algunos de ellos comparten temática. Y así duran más. 
De esta manera, arrancamos con el material que "Fotogramas" publicó en su día en relación al clásico de la comedia yanqui "Los Cazafantasmas". Muy entrañable todo.
Y sí, anuncio que habrán más entradas como esta. Y no solo dedicadas a la revista number one de cine de este país de pardillos -por eso es la number one, justamente-, también a alguna que otra. Pero eso será más adelante, de momento, gocen de lo que sigue...


"Revientafantasmas" era el modo en que "Fotogrumos" osaba rebautizar a aquella nueva y misteriosa comedia que lo estaba petando en USA. ¡¡Rediós!! ¿qué era aquello? ¿tardaría mucho en estrenarse por estos lares? ¡Qué emoción, qué ansiedad! ¿serían respondidas mis plegarias?... sí... y no tendría que esperar demasiado. Ustedes tampoco.


Pues no, no fui capaz de asociar esta imagen icónica a aquel "Revientafantasmas" sobre el que había leído en "Fotogrumos" unos meses antes. Así que cuando me la encontraba en grandes carteles por la autopista, seguía preguntándome "¡¿Qué demonios es eso?!" totalmente fascinado. Pero la respuesta estaba a la vuelta de la esquina.




Y llegó. No muchos meses después, "Fotogrumos" publica en sus páginas el cartel oficial y el inevitable reportaje de dos páginas capaz de hacerte vibrar.


Y llegamos al final de la historia con el inevitable lanzamiento navideño en vídeo.

lunes, 15 de julio de 2019

ABSURDO MUNDO

“Absurdo mundo” es un extraño mondo surgido a raíz de los primeros títulos del género en los 60, que producida a dos manos entre Italia y EUA (cuya versión estrenada tres años después de la italiana, en  1967 es la que estoy reseñando) cuenta con la dirección de Roberto Bianchi por la parte italiana y de un auténtico manazas por la americana, el director de bonito nombre, Albert T. Viola, un exploiter de los de tomo y lomo cuyo cenit es una película del subgénero “Southern Fried” titulada “Preacherman” sobre un individuo que se hace pasar por predicador para ver si puede tirarse a una muchacha. Un film insufrible.
Distribuida en los USA bajo el título de “A Fool’s World” (el original es el también bonito “Mondo Balordo”) por la mítica Crown International Pictures, productora responsable de un buen número de sex comedies de baja alcurnia y máxima diversión en los 80, ponía en el mapa americano de los drive in y los cines de barrio un género sensacionalista y totalmente manipulado como es el mondo. Más allá de esto, básicamente la película, sigue la premisa de mostrar al espectador comportamientos humanos extraños, ya sean sexuales, ociosos, costumbristas o raciales, limitándose a hacer una mixtura de imágenes impactantes, cada una de su padre y de su madre y pertenecientes a otros documentales, a la que se le añade una parte de película original rodada para la ocasión. Nada nuevo en el horizonte, ni nada que no se nos hubiera mostrado con anterioridad (y mejor) de la mano de Gualterio Jacopetti y Franco Prosperi en la mítica “Este perro mundo” o cualquiera de los posteriores mondos estrenados en los cines durante los 70 y 80, algunos de ellos inmerecidamente populares. “Absurdo mundo” peca de ingenua en muchos aspectos, y salvo por algunas imágenes pertenecientes a algún documental sobre África en el que algunos animales salen mal parados —motivo más que suficiente para no verla— es hasta light, ya que no muestra la crueldad que, en cambio, otros títulos si que muestran, ni se recrea en los asesinatos y ejecuciones humanas. Sin embargo, eso es consecuencia del toque americano que dota al film de ese tono kitsch, y tan solo sería un mondo más del montón de no ser por un pequeño detalle: Boris Karloff, en el ocaso de su carrera, con setenta y tantos años, rodaba películas como ánima en pena, con lo cual, hizo un buen montón de películas, algunas de las peores y, también, de las mejores de su filmografía. No decía que no a nada y es por esto que su nombre aparece en esta película. Es el encargado de ponerle la voz en off a las impactantes imágenes de las que somos testigos. Sin importar que era, Karloff aceptó hacer este trabajo. Una intervención menor para él, pero que le da algo de pompa a esta película, siendo quizás uno de los mondos preferidos por los aficionados y los neófitos del subgénero, solo porque Karloff lee las rimbombantes frases que acompañaran a las extrañas imágenes de relaciones sexuales entre enanos, numeritos musicales de travestís, lucha libre femenina, rituales de tribus africanas, exhibición de tullidos y contrahechos y, en definitiva, ese festival de lo macabro y lo amarillo a lo que nos tiene acostumbrados el mondo. Por lo demás, un producto de lo más flojo y, cuando se pone desagradable, muy desagradable. Obviamente, Karloff solo aparece en la versión americana, la de Albert T. Viola. La italiana, no deja de ser más que un mondo al uso que no consiguió sostenerse por si mismo.
Dicen los más viejos del lugar, que hubo salas que exhibieron esta cinta en su momento en España. A mí no me consta y lo único que puede probar la veracidad de esto, es que en IMDB está registrado el título castellano, no habiendo datos al respecto en la web del ministerio de cultura. Pero aquí en España el genero mondo se estrenaba en salas y pegaba, por lo que no me extrañaría ni lo mas mínimo que la película hubiera llegado a nuestros cines. En vídeo, no sabría decirles.
Solo para curiosos.

sábado, 13 de julio de 2019

EL GRAN LIBRO DE SUPERLÓPEZ

Mi dibujante de cómics favorito probablemente sea Jan, el padre de "Superlópez". Crecí con su famoso personaje, así como con muchas otras de sus aportaciones ("Pulgarcito", "Jauja", "Nosotros los Catalanes"...). Conservo todos los tebeos del superhéroe que publicara en su día Bruguera, gozados con fervor a la edad adecuada, y que son, a fin de cuentas, los mejores no solo de "Superlópez", también de la carrera de su autor. Jan no ha dibujado TAN cojonudamente bien, ni ha guionizado con tanta gracia (junto a Efepé o en solitario), como en esos tiempos. Es así, digan lo que digan. El talento desplegado en tebeos como los del "Supergrupo", "Los cabecicubos" o "La semana más larga" es incomparable.
Ya entonces el tipo hacía gala de cierto tufo sermoneador y puretilla que no me sentaba demasiado bien. Esa continua alusión a "No fumes, Lee" resultaba irritante incluso para alguien de mi tierna edad. Y por desgracia es esa una "manía" que, poco a poco, se iría imponiendo hasta resultar insoportable. Ello coincidiría con una notable pérdida de calidad en los dibujos, lo que contribuyó a que sus trabajos fuesen cada vez menos interesantes y, en definitiva, más malos.
Es esta una apreciación que, obviamente, se pasa por alto en el lameculista repaso a la carrera del personaje y su creador que es "El gran libro de Superlópez". Como viene siendo habitual en todo libro especializado publicado en España, el oportunismo canta como una almeja -la entonces recién estrenada película- y las prisas pasan factura. La letra es gruesa y la cantidad de datos que aporta se queda en bastante escasa. De hecho, la mayoría de lo esputado en este sentido está extraído de páginas web, no parece que el autor haya puesto mucho de su parte, más allá de puntualizar las declaraciones del mismo Jan. Amén de la poca vitalidad que transmite y la nula gracia que tiene cuando pretende ser gracioso. Es especialmente aburrida -e inútil en un libro de estas características- la parte dedicada a indagar en los países, ciudades y pueblos visitados por "Superlópez" a lo largo de sus aventuras. Al final, lo verdaderamente interesante lo encontramos en la generosa cantidad de material visual, siendo el apartado dedicado a los proyectos abortados de Jan el más jugoso.
Aunque el verdadero lastre del libro son la dosis insoportable de moralina panfletaria que vomita. Se nota que a Jan no le mola nada que le asocien al comic de superhéroes, aunque sea a través de la parodia. Y seguramente, como Ibáñez y tantos otros, estará hasta los cojones de su más famosa creación. Pero no le queda otra 
que seguir aferrado a ella porque es lo que le ha dado, y le da, de comer. Así pues, para compensar ese lastre -y alejarse de los guiones que le firmaba Efepé, al que sí le gustaban los tebeos de tíos con mallas y se nota-, el dibujante se obsesiona en dotar a sus historietas de conciencia social, tocando temas serios y respetables, arremetiendo contra injusticias de manual y otras lindezas políticamente correctas tan OBVIAS que dan hasta grima, e incluso dejando casi de lado a "Superlópez", quien se convierte en mera excusa para hablar de drogas, desahucios, contaminación y demás asuntos propios del telediario. Eso a mi me parece triste. Deprimente incluso. 
Claro que en ningún momento se tienen en cuenta los arrebatos de machismo con respecto a cómo Jan retrata a las mujeres (especialmente Luisa Lanas) o incluso racismo alimentado por ciertos estereotipos (los villanos asiáticos que hablan con la "ele").
"El gran libro de Superlópez" puede presumir de un logro: Comienzas a leerlo arrastrado por el amor hacia "Superlópez" y Jan, y terminas casi detestando tanto al personaje como a -muy especialmente- su padre.
Una verdadera ocasión perdida. Lástima.

viernes, 12 de julio de 2019

AMITYVILLE 1992

La saga de “Amityville” cuyas películas son irregulares desde la primera entrega, despiertan en mí cierta simpatía que se va tornando sopor a cada nueva entrega.
Al ser Amityville un lugar real, en la actualidad, todas esas compañías de serie Z que desean a toda costa llenarse las alforjas, han perpetrado un sín fín de títulos no oficiales con el tema de la casa encantada más famosa del cine de terror como telón de fondo pero que nada tienen que ver con los títulos iniciales. Sin embargo, estas películas son horrorosas, pero no lo son más que todas las secuelas oficiales. Y, si me apuran, tampoco lo son más que la original. Y de todas las oficiales, me hace cierta gracia aunque sea con una mirada condescendiente y una sonrisilla de medio lado hacia ella, esta horripilante e insoportable “Amityville 1992”.
Un despropósito narrativo y argumental, además de una patochada, que ni tan siquiera transcurre en la casa que da título a la saga.
Un individuo acaudalado compra un reloj antiguo que deposita en una balda de su casa. Justo a partir de entonces comienzan a sucederse las apariciones paranormales y los sucesos extraños. Pronto descubriremos que ese reloj pertenecía a la casa de Amityville y que por eso las pasa putas tanto el maromo que se compra el reloj, como su familia, enfrentándose a demonios.
Como varios títulos de la saga, “Amityville 1992”, se basa en una de las historias de los libros basados en la leyenda de la mansión de Amityville titulados “Amityville: The Evil Escapes” de John G. Jones, libraco este del que también salen la historia de “Amityville IV” y que es la principal fuente de la que nutrirse a la hora de abordar secuelas ya que se trata de un libro de cuentos.
Por otro lado, y concebida como programación de la televisión por cable y el mercado del vídeo, a los distribuidores no les debió parecer muy bien tener fechada la película, por lo que si en su estreno videográfico en 1992 el título se hacía acompañar por el año de producción en números bien grandes, años después, en la era del DVD, se cargaron de un plumazo el 1992 del título pasando a titularse “Amityville: It’s about time”, cosa que da un poco lo mismo, pero que, a título personal, me molesta porque lo de “Amityville 1992” me parecía un título de lo más fardón que viene a decir que se trata de una actualización para los tiempos que corren (corrían) de una saga clásica. Claro que, efectivamente, visto hoy ese título, puede parecer un producto de aire retro y llevar a confusión al respetable. Aunque, insisto, todo lo que hagan con esta película da exactamente lo mismo porque es tan mala, tan absurda y tan aburrida que ¿quién va a echar de menos el título original? Pero quede ahí la anécdota.
Sin duda, y si no tenemos en cuenta las falsas secuelas contemporáneas, estamos ante la peor de la franquicia. Son todas muy malas, pero esta se lleva la palma.
Tony Randel, que dirige la cinta,  ya venía de hacer una chapucilla con “Hellbound: Hellraiser II” e “Hijos de la noche” y después fue el responsable de cosas como “Ticks” o la adaptación del Anime “El puño de la estrella del norte”.Todo lo que hizo fue una fulaña, pero al menos fue un director genuino de cine de terror de serie B en los 90, tiempos en los que no se hacía casi nada de esto. Solo por eso, tiene algo de mérito. Ha seguido dirigiendo, donde le han dejado, hasta la actualidad, ya sea para la tele o peliculitas pequeñas, pero nada de lo que hizo tiene la mayor relevancia.
Sin embargo, a la hora de revisar algún Amityville, yo he elegido el de Tony Randel porque lo recordaba muy malo… así que no será tan mala cosa ¿no?

miércoles, 10 de julio de 2019

LOS FOTOCROMOS DE "ESAS CHICAS TAN PU..."

La verdad es que hace ya tiempo que conservo en mis aposentos un puñado de fotocromos con los que no se qué demonios hacer. Son de pelis o que no he visto, o que no me interesa ver o que algún día esperaba consumir para acompañar su publicación con algún texto ingenioso lleno de color. Sin embargo, la vida da muchas vueltas, hay muchas otras cosas que ver y hacer. La mayoría más interesantes. Por eso recientemente decidí que estaba ya hasta las pelotas de arrastrar todo este material y que lo iba a publicar en el blog aunque no hubiese visto las respectivas películas o, peor aún, estas me importaran un puñetero pimiento. Y eso es exactamente lo que opino de "Esas chicas tan pu...", enésima "pajillada" producida por el cansino Ignacio F. Iquino (bonita rima). Ya que tenemos los fotocromos, y salen chatis en cueros y el sexo atrae visitas, pues hale!, ahí los tienen, listos para ser impregnados por su vil esperma. Disfruten.









lunes, 1 de julio de 2019

SEGUNDO MANDAMIENTO: GERARDO

Musicalmente hablando, mi principal “Guilty Pleasure” es Gerardo. Les refresco la memoria: corría el año 90 cuando irrumpió en la escena americana este Gerardo, un rapero pasteloso más falso que un billete de 175 pelas, generado por una multinacional como producto para que las adolescentes tuvieran una cubierta de CD para correrse —Wayne Newton Dixit—, que hacía del concepto “Latin Lover” una caricatura de una caricatura. Unas letras espantosas, un estilo de mierda y una antipatía a prueba de bombas, amén de un sentido del ridículo nulo, eran la carta de presentación de este veinteañero latino. Torso desnudo con chupa de cuero, extensiones que simulaban una melena larga y rizada y bandana, se plantó en la radio y televisión con un “One Hit Wonder” bajo el brazo que le hizo vender miles de discos, el de “Rico, Suave” ¿recuerdan? Y como fue un éxito discotequero para retrasadas del Valle de San Fernando que fantaseaban con tirarse a un latino, este fenómeno llegó de cuclillas a España, donde pasó con más pena que gloria. Y me pilló en todo el medio.
Recuerdo que a eso de las 9 de la mañana de cualquier día laborable del año 90, en plena adolescencia y obsesionado con el rap que aquellos años me llegaba con cuentagotas, ponía por la mañana, antes de marcharme al colegio, el Canal Plus en abierto porque daban videoclips de actualidad y, muy de vez en cuando, ponían uno o dos de rap que yo, sin mucho criterio, iba recopilando en grabaciones de vídeo. Y de repente, entre vídeos de Mecano o de Lisa Stansfield, apareció el puñetero Gerardo con su “Rico, Suave”. Y quedé prendado de esa puta mierda. Yo detectaba que algo fallaba ahí, qué a pesar de que aquél ritmo y aquella canción me ponían a mover la cabeza y la adrenalina a mil, que aquél individuo era más popero que rapero, que lo que hacía era más cercano a los New Kids on the Block que a Ice-T, pero ese uso que hacia en su rap del spanglish y esas letras descaradas me ganaron por completo.
Canal Plus estuvo un par de meses programando, ya fuera en Los 40 principales o en otros espacios, los vídeoclips de este individuo que tan pronto como irrumpió quedó sumido en el olvido. Yo me agencié la casette de su primer disco, el “Mo’ Ritmo”, que la conseguí por la misma vía que conseguía todas las cassetes de rap en aquella época (mangándola en el Hipercor), y estuve escuchándola ininterrumpidamente durante todo octavo de E.G.B. Y después de octavo, continué escuchándola.
Yo sabía que lo que estaba escuchando no era bueno ni auténtico. De hecho, los pocos de mi quinta que repararon en su existencia, lo hicieron para mofarse, así que llevé mi adoración hacia ese ecuatoriano residente en Hollywood en secreto durante un par de años, ya saben, para no desentonar ni parecer distinto, aunque los cuatro gilipollas que continuábamos escuchando rap después del boom del 89 (ya saben, el del “Rap in’ Madrid” y el “Hey, Pijo”), ya desentonábamos por empeñarnos en escuchar algo que hacía ya un tiempo que había pasado de moda. De hecho, todavía, a mis 43 años, sigo cargando con ese estigma del “ser rapero”, pero eso es otra historia. El caso es que a Gerardo, tampoco los raperos de mi clase lo respetaban, incluso, recibían su rap con mayor virulencia que los otros. Que no era real, que era de pastel, decían, no sin total razón. A mí me daba igual.
Después, un sacó un segundo disco que fue un fracaso absoluto, y aunque a nuestro país llegaron los rescoldos de aquello en forma de videoclip en “Los 40”, ya no volví a oír hablar de Gerardo en lustros. Durante mucho tiempo después, hubo veces que le reconocí en su faceta como actor en películas en las que aparece como puedan ser “Colors” o “No puedes comprar mi amor”, las dos rodadas y estrenadas con anterioridad a su faceta como rapero.
Hasta que llegó Internet. Entonces, en 2006 aproximadamente, teniendo ya al bueno de Gerardo más que olvidado, me acordé de él, y me dio un día por buscarle en la red y descubrí varias cosas: Por un lado, se había convertido en un ejecutivo de la EMI latina en los USA —labor esta de la que vive realmente en la actualidad— y fue quién llevó a los Estados Unidos a Enrique Iglesias o quien fichó a Bubba Sparxxx. Tampoco había dejado de sacar discos desde 1990 y todos y cada uno de ellos, no era más que tristes intentos de repetir el éxito de su single “Rico, Suave”. Para más inri, acababa de sacar su nuevo disco “180º”.
Por cosas del destino, y charlando un día con mi amigo Jorgito sobre este individuo, instando a que recordara la época del “Rico, Suave” ya que a él le había dado por saco contándole lo mucho que me gustaba la música de este individuo en su momento, me dijo que había visto tirado de precio un nuevo CD de Gerardo en una tienda de discos muy popular de Madrid, “La Metralleta”. Y por hacer la gracia, fuimos allí, y me lo compré por unos escasos 5 Euros. El disco nunca se editó en España, pero por el motivo que fuese, allí lo tenían. Lo que pasa es que, cuando yo flipaba con Gerardo tenía 13 años y entonces iba a cumplir 30, por lo que en ningún momento pensé que me fuera a gustar un nuevo disco de Gerardo. Craso error… lo escuche, y lo escuché y lo escuché una y mil veces ¡¡me encantó!! Puede que ya entonces, la nostalgia facilitara el hecho de que disfrutara del escuchar al rapero casi 16 años después de la última vez, pero lo que me fascinó fue una cosa que sucedía en este disco: Mientras que el Gerardo que yo conocía, solo hacía canciones de follar y de vacile, amén de alguna excursión al mundo gangster en alguna canción (como por ejemplo “En mi barrio” que sonaba en el soundtrack de “Depredador 2”), lo que este reciente disco ofrecía era un Gerardo que, como reza el título del álbum, le había pegado una vuelta a su carrera de 180º. Ahora solo le cantaba a Dios y la canción que no era de carácter católico, lo era de carácter positivista, y el idioma del disco era eminentemente español cuando hasta ahora, Gerardo rapeaba mayoritariamente en Inglés, aunque a veces lo hacía en español o spanglish.
Resulta que Gerardo se había convertido al cristianismo y ahora compaginaba sus labores de gerifalte con la música y con su iglesia evangélica (o lo que sea) ya que, también era pastor. ¿Y esta conversión? Pensé que, siendo un muchacho de ventipocos años en los tiempos de “Mo’ Ritmo”, quizás al ir haciéndose adulto había ido profundizando en la fe cristiana y que era la evolución natural de este rapero ecuatoriano, pero ¡que va! Resulta que su disco anterior a este, el homónimo “Gerardo” de 2002, es más de lo mismo de siempre, folleteo, discoteca, e intentos de recuperar el éxito del archiconcido “Rico, Suave”. De hecho su single de aquél disco se titulaba “Sigo siendo Rico”. O sea que su epifanía había sucedido de un año para otro entre 2003 y 2004, no fue una evolución natural a través de los años.  Lo que realmente sucedió, es que Gerardo fracasó en los USA con su segundo disco “Dos” de 1992  y es vetado directamente por el machismo exagerado de muchas de sus canciones, por lo que pasó de ser el rey latino de las discotecas de Hollywood a ser un apestado en la industria musical norte americana. Se arruinó, y ya solo le seguían saliendo bolos en su país natal, Ecuador donde, al haber vivido Gerardo el sueño americano, está considerado poco menos que un Dios. Así que sus siguientes discos, “Así es” de 1994, “Derrumbe” de 1995 y el resto de los que les he estado hablado, fueron  concebidos exclusivamente para el mercado latino, y al de Ecuador en particular. Por eso, en mi reencuentro con el artista, este había abandonado el idioma inglés. Pero su éxito fue decayendo disco a disco, y gracias a dios que medró como ejecutivo en la industria. Por eso, cuando vio que su música calenturienta ya no interesaba a nadie, se sacó de la manga todo el rollo cristiano que plasmó en el disco de “180º” y este se convirtió en el siguiente disco suyo más vendido desde el primero; volvió a estar en boca, al menos, del público latino americano.
Con lo cual, y sabiendo todo esto, nos plantamos en el año 2017 y navegando por E-bay, veo que están todos los CDs de Gerardo a precios irrisorios de 80 ctm y cosas así. Y aunque provenían todos de recónditos países y podía pringar con los gastos de envío, Me los compré todos desembolsando un total de cinco CDs (el último ya lo tenía). Y recuerdo perfectamente cuando los escuché uno por uno, seguidos y del tirón: La semana antes de mi boda que decidí hacer zafarrancho en casa. Me puse a limpiar la casa con la música de Gerardo a toda pastilla. Escuchen bien lo que les voy a decir: Los discos de este farsante, este hortera, este oportunista, este pastelero, que además son malos como la peste, ME ENCANTAN. Además, me gustan de forma honesta, no en un sentido posmoderno o esnob en el que me pueda mofar de ellos, no, no, no. Me flipa la letra, la música y las rapeadas, me los se de memoria y hasta canto las canciones. Es mi mayor y más vergonzoso placer culpable y lo que más me inquieta, es que no comprendo por qué me gustará tanto esta basura.
Sirva esta introducción en la que les cuento mi relación con este rapero ecuatoriano, para reseñarles este documental, “Segundo Mandamiento”, que no es más que una excusa para hablarles de Gerardo y que, básicamente, resume un poco todo esto que les he contado y con el que, como fan del individuo que soy, disfruté como un enano por lo manipulado y sensacionalista que era. En “Segundo Mandamiento”, producido por la televisión ecuatoriana y teniendo algo que ver el propio Gerardo con su confección, se cuenta la historia del rapero desde su llegada a los Estados Unidos siendo un niño hasta la actualidad como pastor evangélico. Se nos cuenta su auge, caida y los problemas que tenía con cierta adicción al sexo de la que le costó salir y que casi destruye su matrimonio, a la vez que escuchamos declaraciones de amigos y conocidos, o al propio Gerardo, en las que todos nos cuentan lo caprichoso y mala persona que este era en sus buenos años, cómo se acostaba con todo lo que se menease costase lo que costase, o cómo en los tiempos en los que estaba arruinado simulaba, con un modo de vida que no podía permitirse, que todo iba bien. Digamos, que nos pintan una biografía en la que Gerardo es lo peor de lo peor, solo para luego vendernos que gracias su encuentro con Dios, ese ser abyecto y follador al que deberíamos odiar, ahora es un hombre bueno, justo y fiel. Pura morralla… pero morralla maravillosa.
Lo otro en que el documental hace especial hincapié es en demostrar que en los tiempos de “Rico, Suave” Gerardo era muy famoso y se codeaba con la creme de la creme de Hollywood (nadie lo puso en duda), así que le vemos posando en fotos junto a James Woods, Jay Leno…
Yo supongo que a ustedes, fieles lectores, todo esto que les cuento, les importa un bledo, pero por si alguno tiene curiosidad por este personaje, o por este documental sobre su vida, todo está en youtube. Yo creo que no hace falta odiarle, amarle o tan siquiera conocerle, para disfrutar de un documental sobre un rapero de mierda que está rodado a modo de publi-reportaje destinado a la prensa del corazón, es decir, harto de entretenido. A mí personalmente, Gerardo, me volvía y me sigue volviendo loco. Aunque sea una puta mierda… o quizás por eso.
Por cierto, hace un par de años también protagonizo un reality junto a su familia, al estilo de los que protagonizaba Ozzy Osbourne. No lo vio nadie y apenas duró una temporada.
Yo creo que el personaje, en resumidas cuentas, bien merece que echemos un vistazo a su discografía y filmografía. Qué también salía en muchas películas.
Por cierto, la foto con los CDs que ilustra la entrada, es la de los míos.