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domingo, 22 de noviembre de 2015

LOS FOTOCROMOS DE "SANTA SANGRE"

Aprovechando que el pasado Miércoles el compañero Víctor nos alegró la vista a todos con los fabulosos y vivarachos fotocromos de “Suspiria”, acabo de sacarme de la manga que esta es la “Semana Argento”. Y no me refiero solo a Dario, en este caso hablamos de su hermano, Claudio, quien produjo/produce muchos de sus desvaríos. En el año 1989 el pequeño de los Argentos tuvo la idea del siglo, rescatar del ostracismo al “auteur” extremo e inconfundiblemente “finalesdelos60iniciosdelos70” –y Chileno- Alejandro Jodorowsky. Ese que tanto os pone ahora con sus rollos psicomágicos y al que se respeta en los estamentos oficiales y en los pisos compartidos por estudiantes jipiosas y porreras. La diferencia es que, antes, con el despuntar de la contracultura, Jodorowsky era un auténtico terrorista del arte. Polémico, transgresor, provocador y algo ridículo. Pelis como la legendaria “El Topo” o la curiosa “La montaña sagrada”  son pilares de la locura drogadiza de su época y que, sin embargo, el paso de los años ha tratado muy mal. La última vez que las revisé daban bastante vergüenza ajena, la verdad. Es curioso que el arte que en su momento representaba la vanguardia y el futuro, se vea hoy tan desfasado.
En la década de los 80 Jodorowsky ya estaba algo más “calmado” y su última película, "Tusk", fue un mero encargo carente del “touch” que solía caracterizarle. Cuando se puso manos a la obra con su return, “Santa Sangre”, lo hizo algo más libre… pero también arrastrando aquella inevitable “domesticación”. A eso súmenle que Claudio Argento (así mismo guionista) le pidió que hiciera una peli con elementos terroríficos. El director aceptó, solo que al pitote añadió delirios robados de Fellini y Buñuel.
El resultado, pues la mejor obra del cineasta Chileno. Pero de largo. Él mismo así lo reconoce. Afirma sin titubear que “Santa Sangre” es perfecta. A mí de chaval me flipó bastante. Me moló por sus escenas truculentas de acuchillamientos tan Argentianas,  pero también por su poesía visual, acrecentada gracias a la estupenda partitura de Simon Boswell. Durante años estuvo entre mis favoritas y otorgó a Alejandro Jodorowsky la etiqueta de ídolo. Eran los tiempos en los que vivía muy confundido porque mientras por un lado seguía adorando el terror más comercial, por otro sentía un inesperado interés por el cine experimental y de vanguardia. “Santa Sangre” era la -para mis inocentes ojos- perfecta combinación de ambos.
O al menos me lo parecía entonces. Hace no mucho la revisé y, como con “El Topo” o “La montaña sagrada” (o la horripilante “Fando y Lis”), saqué la conclusión de que se había quedado algo vieja. No negaré que tiene sus aciertos, que son muchísimos, narrativos y visuales, pero hoy no la tengo en tan buena consideración como solía. Eso no ha impedido que reúna acá sus fotocromos, cortesía del psicomágico Alex Gardés.
En cuanto a Jodorowsky, pues hace mucho que dejó de interesarme. Contribuyó a ello su “estandarización”. Que el media y el público convencional le aceptaran y deglutieran con tanta pasión, y que vieran en él un gurú dispuesto a dar sentido a sus grises existencias. Todo eso me desconcertó. Le restó misterio y magia. Súmenle su decepcionante autobiografía (la compré esencialmente para leer sobre las películas que había dirigido, y el mamón las limitó a un desinteresado párrafo) y que, en fin, el rollo este místico y trasnochado que gasta me agota… además de sus ataques al cine Hollywoodiense claro, tan previsibles y arcaicos como el resto de su discurso.











domingo, 21 de septiembre de 2014

EXPERIMENTO MORTAL (DEATH WARMED-UP)

Dejando a un lado el caso "Hell Night", nos encontramos ante la película que más me ha costado poder ver a lo largo de mi miserable vida. Y no sería porque no me apeteciera. Desde que leí sobre ella por primera vez y calaran hondo en mi psique toda sus supuestas cualidades (que si extraña, que si gore, que si punk, que si defenestrada por un crítico de esos gacetilleros…), que la tenía en el punto de mira. Sin embargo, el juego de las confusiones y decepciones es largo y complejo, como el libro del amor mismo, veamos:
Mi primer intento lo di con "Señal de alarma". Cuando la alquilé en el video-club lo hice pensando que se trataba de "Death Warmed-Up". Mal.
Luego, logré agenciármela en formato de Beta (de ahí he sacado la caratula escaneada) -fue una sorpresa localizarla en vídeo, no tenía ni idea de que había llegado a nuestras tierras- pero al ponerla en el reproductor, resultó ser OTRA película totalmente distinta. Vamos, cinta defectuosa. Imaginaos mi careto.
Y luego tenemos la red. Tras muchos intentos de dar con ella sin éxito, cayeron en mis manos un "Experimento Mortal" que no era este, en realidad se trataba del típico subproducto made in Syfy Channel que compartía título español con la interfecta. Súmenle una versión supuestamente en idioma patrio que al ponerla, ya tumbado en la cama, cenando y dispuesto, resultó estar en italiano (cabreo al canto) hasta que, ¡¡oh, yes!!, mi buen amigo Alejandro me consiguió un ripeo del VHS español que, por fin, pude degustar hace unas noches.
Lo que nos lleva a la siguiente evidencia: Con tanto esfuerzo y tanto buscar, era muy difícil que mis expectativas no estuviesen al nivel de la estratosfera. ¿Logró "Death Warmed-Up" complacerme?. Errrr.... pos no. ¿Es culpa suya o mía?, errrr.... vamos a ello.
"Death Warmed-Up" cuenta con el honor de ser la primera película "exploitation" producida en Nueva Zelanda. De cuando Peter Jackson andaba comiéndose los mocos, básicamente. También cuenta la siguiente historia: Un mad doctor que experimenta con el cerebro tiene unos planes de lo más malévolos. Tanto, que ponen a su ayudante en su contra. Así pues, el mad doctor hipnotiza al hijo de aquel para que se lo cepille. El muchacho entra en casa y acribilla a sus padres, por lo que es encerrado en un manicomio. Años después sale curado y lo primero que hace es juntar a unos amigos e ir a la caza del mad doctor para vengarse. En todo este tiempo, el tipejo se ha instalado en una isla que ha convertido casi en un harén de experimentos fallidos y pueblerinos acojonados ante su temible poder. La cosa se complica cuando uno de los mentados mutantes se rebela y libera a un puñado de zombies que viven encerrados en una nevera. Vaya culebrón.
Más allá de su delirio probablemente involuntario (¿por qué el mad doctor deja vivo al chaval sabiendo que, tiempo después, podrá buscarle para tomarse la revancha?. O ese final tan absurdo), de su gore (tampoco tanto), de su look en 16mm (que es con lo que se rodó), de su estética de colorines, de su inadecuado humor racista (ojo al chiste del indio que regenta un colmado) y de su espíritu ochentoso (fue parida en 1984), "Death Warmed-Up" termina resultando total y completamente tonta. Sosa. No hay nada en ella que pueda decir que me haya llamado la atención... tal vez el grupo de jóvenes protagonistas, guapos, chulillos y que restriegan a sus hermosas jacas frente a los ojos de los pobres mutantes feos y que mola ver como, poco a poco, van cayendo bajo las garras de estos. O esa supuesta -muy cogida con pinzas- adscripción a cierto rollo punk, con unos créditos "a lá Sex Pistols", o algunos cachos del vestuario o la peluquería. "Death Warmed-Up" chupa de un puñado de películas previas, destacando tal vez algo de "Mad Max 2", pero poco bueno saca de ellas. Y, eso sí, mola mucho volver a encontrarse esos paisajes verdes tan característicos de su país productor y que, inevitablemente, recuerdan a "Mal Gusto".
El papá de "Death Warmed-Up" se llama David Blyth. Según he leído, permitió que el famoso showman/egomaníaco Alejandro Jodorowsky le leyera las cartas del Tarot. Visto el resultado, el Chileno le dijo que se dejara de chorradas y que pusiera toda su energía en rodar una nueva película, y Blyth le hizo caso, pariendo el film comentado. Cuando lo presentó al Festival de Sitges de la época, resulta que Jodorowsky era parte del  jurado, quien presionó para premiar la labor del neozolandés. ¿Curioso, eh?. Tras esto, Blyth se vio envuelto en la confección de “House 3/Horror Show”, pero no terminó de cuajar, así que siguió a lo suyo, rodando pelis, documentales y telefilms. Nada destacable salvo, quizás, sus más recientes aportaciones al horror y la fantasía, "Wound" en 2010 (que por lo visto es de lo más gráfica) y "Ghost Bride" en 2013. Tal vez intente verlas algún día.
En fin, muy decepcionado me quedé. Como mera y olvidable curiosidad exótica "Death Warmed-Up" tiene un pase, pero nada más.
¡¡Tanto rollo pa esto!!.

sábado, 31 de octubre de 2026

MISTERIO EN LOS CANALES: EL REGRESO (AMSTERDAMNED 2)

Llevaba unos días preguntándome aquello de "¿¿Qué será de Dick Maas, habrá hecho algo recientemente??" cuando, sin comerlo ni beberlo, descubro esta "Misterio en los canales: el regreso" o, mucho mejor, "Amsterdamned 2" dispuesta en plataformas (cof, cof!!) y me embarga una sensación de felicidad a la par que de tristeza. Maas, como buen cineasta de género desacomplejadamente comercial, tira de la táctica recurrente del Hollywood actual y, también, de aquellos "auteurs" en plena etapa crepuscular: nostalgia. Es decir, recupero uno de mis éxitos más sonados del pasado y genero una secuela -muy- tardía. Incluso, si puedo, contaré con los mismos actores -cuanto menos el protagonista-. "La familia Tronada" ya estaba, eso, muy tronada. Y de "El Ascensor" hizo un olvidable remake en 2001 destinado al mercado yanki, pero que no le abrió las puertas de Hollywood tal y como esperaba (aunque por motivos externos). ¿Cuál quedaba?, pues "Amsterdamned, misterio en los canales". Y ya que el protagonista de aquella (y las otras), Huub Stapel, sigue activo y continúa colaborando eventualmente con Maas, fichémoslo de nuevo para interpretar al policía que en 1988 puso fin a las correrías del temible psicópata submarino allá en la capital de los fumetas.
En 2025 Stapel gasta 71 tacos, más o menos, igual que su personaje, Eric. Anda jubilado, no se adapta a los cambios sociales y vive solo. Un día su antiguo jefe le llama porque en Ámsterdam se están cometiendo crímenes muy parecidos a los que él investigó y que si puede venir a echar un cable. Ello provocará, de entrada, el choque con la policía, joven y guapa, investigadora oficial del asunto. Pero, poco a poco -y como dictan los cánones del cine mainstream-, se irán haciendo coleguitas y, juntos y revueltos, detendrán al villano.
Mientras consumía esta película me di cuenta de lo olvidada que tenía la original y pensé que, tal vez, sería lo suyo revisarla para escribir con más conocimiento de causa. Pero luego entendí que, de haber seguido tal táctica, me habría limitado al juego de las comparaciones, y eso no mola. Al evitar la tentación puedo comentar "Amsterdamend 2" "limpio" de interferencias, centrándome de forma exclusiva en sus atributos... si es que los tiene. ¿Y los tiene? mmmmh, no muchos, la verdad.
El film cumple con lo más esencial. Está decentemente parido. Luce bien (aunque el digitalismo chorrea un poco más de lo sanamente recomendable) y se erige como un thriller de manual, elemental, correcto y, en una palabra: Pasable. Se puede consumir un domingo por la tarde. Incluso, de tanto en tanto, darse el gusto de mirar el móvil o pensar en la compra del día siguiente. Desde luego no me molestaría en acudir a un cine, y mucho menos un "Imax" que es donde, lo crean o no, se proyectaba en su país de origen, lanzándose a lo grande. Así pues, asumiendo que alguien tiró de esta última vía, toca deducir que el/la pobre pringado/a percibió sus muchas carencias doblemente... carencias como cierta sosería, falta de garra, brío y una sensación general (y final) de que Dick Maas la aborda con pereza, sin ganas. Se marca una escena de persecución en los canales -porque siendo la peli que es, es lo que toca- correcta por los pelos y cierra el sarao con un desenlace igualmente básico y poco imaginativo, más considerando la pequeña subtrama incorporada, poco explotada y que, parece ser, ganaría protagonismo en una hipotética "Amsterdamned 3". Esa la pillaría con más ganas, desde luego, pero dudo que se haga. Vamos, me sorprendería mucho descubrir que esta desapasionada segunda dosis ha generado tanto dineral como para planteárselo en serio.
Finalmente, lo más mejor es ver a Huub Stapel en acción (no es el único repitiendo de la peli previa, por ejemplo tenemos a su hija en aquella ejerciendo acá de mamá cuarentona), chocando de frente con la Holanda moderna, y gastando unas pintas que recuerda mucho al viejo Alejandro Jodorowsky. Ya, no es una observación muy seria para una reseña, pero resultaba imposible quitármela de la cabeza durante el visionado. Surrealista, ¿verdad?.
¡Ah! y feliz Halloween / Castañada / loquetoque...

sábado, 5 de mayo de 2012

THE OREGONIAN

Supe de "The Oregonian" gracias al estupendo dibujante americano Johnny Ryan.  Decía que se trataba de la mejor película "de terror" que había visto en años y, tanto le molaba, que incluso se curró un cartel por puro placer. Busqué información al respecto y en seguida me vi atrapado por todo lo que rodeaba a aquella misteriosa peliculilla casi amateur, rodada en 16mm, y que en su periplo festivalero lograba vaciar salas enteras de las que parte del respetable huía ofendido. No es que “The Oregonian” luciera imágenes extremas y desagradables, tipo “A Serbian Film”, para nada... de hecho no hay ni una sola teta, era más una cuestión de estilo narrativo y estética.
Su responsable respondía al nombre de Calvin Lee Reeder, quien se había formado tocando en bandas absurdamente llamadas art-punk, citaba el aburrido “slasher” “Sleepaway Camp” como película favorita y llevaba años currándose cortometrajes que, a pesar del éxito a un nivel “cult”, no terminaban de dejarle satisfecho. Así que, el día que se lanzó con su primer largometraje, decidió tirar la casa por la ventana y hacer literalmente aquello que le diera la puta gana... sin importarle un güevo lo que dijeran público, crítica o la misma protagonista del film, su pareja en la vida real, Lindsay Pulsipher, medianamente conocida por intervenir en la serie “True Blood”, entre otras.
Anduve como un loco buscándola, obsesionado por ella, convencido de que era mi tipo de peli rara, como “Crespià” o “Felony Flats”, pero no había sido editada en dvd. Luego se puso a la venta en itunes, e intenté cazarla por ahí, pero al vivir en este lado del planeta, fue en balde. Mucha desesperación. Finalmente, y tras un tiempo, le pregunté a mi querido bro Luis si sería capaz de localizarla y... pues na, que sí... ayer noche, por fin, y tras pasar una tarde de lo más agradable en el Salón del Comic de Barcelona, pude ver la puñetera “The Oregonian”.
¿Y bien?... joder, pues no lo sé. Seguramente debería volver a verla otra vez para sacar conclusiones más claras y saber realmente qué opino de ella, pero la impaciencia me puede. Digamos que tiene cosas buenas y cosas malas. Entiendo que haya tanta gente que la detesta. No se trata únicamente de que sea –relativamente- difícil de ver entera, es más por el tufo que hace a modernez. El Calvin Lee Reeder este apesta a hipster, un guapito de cara liado con una guapita de cara que tocaba en grupos ruidosos-pero-artys, que como peli favorita cita un clásico del "trash" (no una peli respetable) y que un día decidió hacer cine... ¡y en 16mm, per dieux, no vídeo!, que eso es pa los pobres.
¿Y qué rodar?, pues una inmensa y sudorosa paja... mental por un lado y genuinamente onanística por otro, a la espera de epatar y que todo dios hablara de su peli por ser tan rari-chungui. “The Oregonian” es la mirada al ombligo de un moderno que quiere no serlo. De un pseudo-artistilla convencido de que su mierda rara mola porque es rara. Rara porque sí. Sin más. Sin embargo, mola bastante. Mola estéticamente, por sus 16mm, su cámara tambaleante, su grano, el montaje desquiciado, la música (se nota que Reeder viene de ese campo), etc, etc... también mola por lo rara que es... por su narrativa no lineal y, por ende, totalmente imprevisible... por algunas imágenes bien reposadas y bonitas (la prota andando por los preciosos montes de Oregón) y otras rayantes, pesadillescas y demenciales (mujeres vomitando bilis negra, camioneros que hacen pipí-sangre, el alucinado personaje del tio disfrazado de rana....)... en fin, mola porque es una puta locura. No es arte, no es cine de vanguardia, no es cine experimental, es cine raro porque me sale de los cojones (¡mi tipo!).
Lo fácil sería emparentarla con David Lynch, cosa que han hecho muchos críticos, pero os diré algo, no creo que Lynch sea la influencia, el surrealismo de “The Oregonian” es bastante mayor que el del papá de “Cabeza Borradora”, de hecho, recuerda mucho más a Alejandro Jodorowsky en su etapa más hippie (“Fando y Lis”, “El Topo”, “La montaña sagrada”) pero sin toda la basura mística... y no es que yo sea un erudito, es que Calvin Lee Reeder lo cita como uno de los directores que le abrieron los ojos. Descarao.
Otra etiqueta fácil sería decir “es una pesadilla filmada”. Pos también... pero, curiosamente, uno de los mayores defectos que le veo a “The Oregonian” es que sus secuencias inquietantes y malrolleras no me produjeron ninguna sensación de incomodidad.... las consumí como cualquier otra parte de la peli. Eso es malo. Pero también es cierto que, a pesar de todo, no me aburrí... y eso es bueno. En fin. Básicamente la mini-historia, o la excusa, gira en torno a una tia que tiene un accidente de coche y sale a pedir ayuda cruzándose con los más extraños personajes y las más absurdas situaciones.
“The Oregonian” pretende ser muchas cosas que no consigue ser. Es más vacía de lo que le gustaría a su director, un capricho tonto, una parodia ¿involuntaria? 
de lo que es el “cine raro”, pero al mismo tiempo mola... mola porque desconcierta... mola por cómo está parida... mola porque es una chorrada... mola porque es más cobarde que valiente... mola porque, al menos, y con todo lo bueno y malo que conlleva, no es una mediocridad que te deja indiferente, y eso yo lo agradezco.

miércoles, 27 de julio de 2011

EL DEMONIO DEL DESIERTO

A inicios de los 90, Richard Stanley parecía la gran promesa del nuevo cine fantástico. Había encandilado a muchos -a mi no- con su largometraje de debut "Hardware, programado para matar" y además lucía un aspecto muy peculiar que le daba un "plus" a la imagen de director atípico. Cuando se anunció el rodaje de su segundo largo en 1992, "Dust Devil" ("El demonio del desierto" en paletolandia), todos se frotaban las manos convencidos de que automáticamente sería un nuevo clásico del fantástico. Sin embargo, al poco de terminarse, la peli entró en una espiral de problemas, desde su remontaje en manos de los temibles hermanos Weinstein (los de "Miramax") a las dificultades para su estreno. Total, que prácticamente no tuvo difusión y pronto, la curiosidad y el interés se diluyeron. Finalmente, y tras mucho deambular, Richard Stanley logró hacerse con el negativo y realizar su versión, "The final cut". Esa es la que, por fin, vi ayer noche.
La peli nos cuenta la historia de un especie de demonio enviado del mal cuya misión es acabar con la vida de aquellos que, inconscientemente, lo reclaman... personas perdidas, solas o, directamente, suicidas. La chica prota es una de esas. Pronto, se cruzará con el demonio en cuestión, nacerá una historia de amor y, llegado su momento, las cosas se pondrán feas cuando el muchacho intente cumplir con su cometido. De por medio hay un policía que investiga el caso pero, sinceramente, tampoco aporta mucho... de hecho, fue una de las partes extirpadas en el remontaje de los Weinstein y, oye, ni tan mal.
"Dust Devil" se anunció en su momento como una mezcla de spaguetti western y peli de terror con ciertas gotas del cine de Alejandro Jodorowsky (concretamente de "El Topo"), algo que le pegaba mucho al amigo Stanley, al que le tira el misticismo y todas esas cosas tan jipis. Y sí, la peli a nivel visual es la leche, tiene momentos realmente bonitos y llamativos, en ese sentido el empaque es excelente y el director logra crear una potente atmósfera que nos mantiene en vilo mirando a la pantalla. El problema es que, al mismo tiempo, pretende contarnos una historia... y aquí es donde descubrimos el punto débil de "Dust Devil" (y de Richard Stanley), ya que esta resulta, además de típica en su fondo, algo plomiza. Así, la peli se desenvuelve muy bien en su primera hora, para volverse algo plasta en la parte final. En realidad nada nuevo, en los 90 era muy habitual encontrarse con directores de video-clips que, al pasar al largometraje, denotaban mucho talento para el envoltorio, pero poco interés (y poca capacidad) de cara al contenido. Stanley era uno de esos.
Está claro que la fama de maldita de "Dust Devil" ayuda a su mitificación... pero, siendo prácticos, no hay para tanto.

sábado, 23 de septiembre de 2023

EL JUEGO DE LA MUERTE / DEPORTE MORTAL

Cuando Roger Corman requería de nuevos cachorros a los que explotar en sus rodajes, con la excusa de una primera oportunidad laboral, corría a las aulas universitarias en busca de hambrientos estudiantes de cine. Rara vez confió un curre, especialmente la dirección de un largometraje, a un creador puramente autodidacta. O surgido de movimientos contra-culturales (por mucho que el cineasta se subió al carro de estos cuando el mercado lo demandaba, claro). Es lógico, Corman siempre ha sido un tipo bastante conservador, por lo menos en lo creativo, y no querría fichar a peña dispuesta a salirse del camino recto (la única vez que dio una oportunidad a alguien surgido del underground, se decantó por el más moldeable, menos arriesgado y rompedor de todos, Curtis Harrington) Era su manera de asegurarse el tiro. De no liarse con gente problemática, rebotona y que gastase ínfulas autorales, especialmente porque solía confiarles trillados y despersonalizados productos de género destinados a contentar a toda suerte de audiencias, les gustara o no. Aunque a veces la fórmula fallaba.
Ahí tenemos el sonado caso de Nicholas Niciphor. Cuando Corman vio sus cortos universitarios, se enamoró de él y raudo lo puso a las riendas de "Deathsport", "El juego de la muerte" en España (conocida también como "Deporte Mortal"), una especie de secuela en espíritu de uno de sus mayores éxitos setenteros, "La carrera de la muerte del año 2000". De hecho, contaba con el mismo protagonista, David Carradine.
Sin embargo, el rodaje fue un desastre. Niciphor se veía incapaz de controlar nada, probablemente por la imposibilidad de conectar con lo que estaba contando. No tenía puesto el corazón en el proyecto, incluso tal vez lo detestara... a él y al género al que pertenecía. Se sabe que, antes de aceptarlo, nunca jamás había oído hablar de Roger Corman y desconocía lo que significaba el término "serie B". Todo su conocimiento se limitaba a David Lean y Akira Kurosawa, algo muy propio de un graduado de la Universidad de Califronia.
Sus peleas con el elenco principal eran tal que Carradine llegó romperle la napia de un certero piño (aunque hay quien lo desmiente). Tras 21 días de rodaje, una barbaridad para los estándares habituales de Corman, este echó al aspirante (al que ocultó en los créditos bajo seudónimo de Henry Suso) y puso a su pupilo Allan Arkush como cabeza de buque. Pero "Deathsport" ya estaba condenada, a lo que no ayudaban mucho los excesos porreros de David Carradine y los cocaino-alcohólicos de la actriz, Claudia Jennings, quien palmaría muy poco después en un accidente automovilístico. Y hablando de accidentes, de estos hubo unos cuantos durante la confección de la película. Si la consumen atentos, serán testigos del más impactante, cuando un doble en llamas cruza demasiado cerca de otro figurante y, básicamente, le prende fuego. Este corre como un loco, se tumba frente a la cámara y llegamos a ver el humo del extintor entrar en el cuadro antes del corte. Jevi, jevi.
La cosa va de un futuro pos-nuclear. Los villanos de turno quieren entrar en guerra con la ciudad vecina, para lo que inventan unas "máquinas de la muerte" que no son más que jodidas motos mal tuneadas. La idea es convencer a la atontada plebe de su eficacia, así que se sacan de la manga unos juegos en los que se caza a "criminales" condenados. 
Pa  la ocasión, se han agenciado como presas a dos guerreros místicos que, claro está, les harán la puñeta. Escaparán pero serán perseguidos, en una carrera que no termina nunca y con la que acabas hasta el gorro de ver motos subir y bajar colinas.
Teniendo en cuenta que el mega-hit "La guerra de las galaxias" lo había petado apenas un par de años antes, Corman quiso incorporar pequeñas cositas de este a su "Deathsport" (fechada en 1979), tanto ideas (la fuerza mística de la que se valen los guerreros), como estéticas (esas ropas blancas, esas espadas que, a falta de ser láser, son como de cristal) y sonoras (literalmente llegamos a oír la respiración de Darth Vader y los zumbidos de algunos cazas intergalácticos) Y el resultado pues.... bueno, es lo que es. Una cosilla muy cutrona, como muy dejada, en la que a ratos asoma la risa involuntaria y cierto tedio, pero tampoco nos induce al suicidio. Con un poco de paciencia, se deja ver y hasta resulta medianamente entrañable. En el momento de su estreno fue un batacazo tremendo y nunca pudo dar pie a la continuación que Roger Corman tenía en mente. Casi mejor. Aquello no lo iban a salvar ni Arkush (que se avergüenza de ella) ni un milagro.
Al villano le pone -quemado- rostro nuestro querido Richard Lynch. Una jovencísima Linnea Quigley corretea por ahí -no acreditadamente- haciendo de cortesana. El todoterreno Gary Graver se encarga de la fotografía. Y nada menos que Jerry Garcia de "The Grateful Dead" colabora en la banda sonora, gracias a la conexión de Allan Arkush con la música rock. Sin embargo, según he leído, su trabajo queda diluido entre sintetizadores.
En cuanto al patata de Nicholas Niciphor, lo intentó de nuevo poco después con una comedia ("Adiós mundo loco"), pero fue sustituido a medio rodaje, ¡¡gafe!!. No volvió a probar suerte como director nunca más, centrando el resto de su carrera en escribir guiones (
entre los más curiosos el "Tusk" de Alejandro Jodorowsky) muchos de ellos destinados al mercado Germano. Supongo que ya no le querían en suelo norteamericano y tuvo que buscarse alternativas... algo así como Brian Yuzna... ¡chas-pun!

A continuación, les dejo la caratula del VHS editado por Icaro. Obviamente, los dos barandas motorizados que posan al pie NO aparecen en la película (deben pertenecer a alguno de los muchísimos seudo-exploits de "Mad Max 2" paridos en Italia o Filipinas) Y, si se fijan, casi se diría que a la hora de escribir el apellido Carradine, han cambiado la C por una G, lo que nos trae a la memoria aquel célebre sketch de "Martes y 13" donde rebautizaban al actor como Guarradine. Probablemente solo sea un efecto visual... ¿o no?


miércoles, 6 de noviembre de 2013

AQUARIUS

Durante mucho tiempo consideré "Aquarius" como "la última película buena del cine de terror moderno italiano". Revisada recientemente, cambio el slogan a: "La -casi- única película buena del cine de terror moderno italiano".
Seamos prácticos, visto hoy, el trabajo de gente como Lucio Fulci, Sergio Martino, Umberto -papanatas- Lenzi o, especialmente, Lamberto Bava, resulta bastante aburrido. O, mejor, totalmente mortecino. Sin embargo, "Aquarius" no solo mantiene el tipo, además logra algo casi imposible de encontrar en un producto ítaloparlante adscrito al género de mis amores: No aburre. Y no solo no aburre, ¡entretiene!. Eso sí que es un milagro. Dentro de tal elitista tendencia también cabe el amigo Dario Argento, especialmente en sus mejores tiempos. Y no es puta casualidad, pues los lazos entre el padre de "Inferno" y Michele Soavi, director debutante en "Aquarius", eran bien fuertes. De hecho, la gracia de esta película es que se erige casi como testamento de la era dorada del terror italiano post-Mario Bava por así decirlo, el de los 70 y, muy especialmente, los 80. Y lo firma el pupilo más aventajado posible, el amigo Soavi, en cuyo curriculum previo encontramos el famoso documental que dedicó a su maestro Argento con "Il mondo dell'orrore di Dario Argento" para quien, antes de currar como director, lo hizo como asistente y actor (en "Tenebre", "Phenomena" y "Ópera"). Pero Argento no fue el único, también dio lo suyo para Lamberto Bava en idénticas funciones ("Cuchillos en la oscuridad", "Demons", el remake de "La máscara el demonio" y "Blastfighter, la furia de la venganza", en la primera hacía de -si la memoria no me falla- asesino travesti y en la segunda era el tipo de la media-máscara que reparte propaganda del estreno del film diabólico en el metro). Su vinculación al horror italiano no se queda ahí, ya que Soavi ha ejercido exclusivamente de intérprete en films tan característicos como "Alien 2", "Miedo en la ciudad de los muertos vivientes" (la de Fulci, para quien también colaboró en "El destripador de Nueva York"), "El día del cobra" (de Enzo G. Castellari), "Los invasores del abismo" (de Ruggero Deodato) o "Il gatto nero" (de Luigi Cozzi -amigo de Víctor-). Y aunque curiosamente su nombre siempre va asociado al de Argento, en realidad otro para quien curró a destajo en sus inicios fue el no menos legendario Aristide Massaccesi, más conocido como Joe D´Amato. Michele fue actor, co-guionista no acreditado y asistente en títulos tan variados y demenciales como "Bronx lucha final", "2020 Los rangers de Texas", "Terror sin límite", "Calígula 2" o "Ator el poderoso". Tal vez por ello fue Massaccesi, y no Argento, el primero en producirle un largometraje comercial, es decir, este mismo "Aquarius" que Aristide apadrinó desde su flamante "Filmirage" y que, como guinda del pastel, cuenta con un guión original de Luigi Montefiori, más conocido como George Eastman, el caníbal de "Gomia, terror en el mar Egeo" (dirigida por D´Amato, of course), que pal caso se esconde tras el alias de Lew Cooper. Ahí es nada. Visto lo visto, está claro que solo Michele Soavi podía cerrar el círculo aplicando lo aprendido y, encima, tan bien (y americanizando su nombre a Michael, como debe ser).
Un puñado de actores hambrientos, y su director, ensayan desesperadamente un espectáculo teatral de danza moderna sobre un anónimo asesino. Todo pinta que va a ser un desastre. Esa noche, la prota de la función, aquejada de dolores en el tobillo, hace caso omiso al jefe y se marcha al hospital más cercano para que le venden la pupa. Su presencia motivará la huida de un peligrosísimo psicópata que se le cuela en el coche, se carga a la chica de guardarropía del teatro y desaparece. Llega la policía, registra el lugar, no encuentra nada y se marcha dejando únicamente dos agentes que de poco servirán (uno de ellos encarnado por el propio Soavi). El director decide aprovechar el suceso y convierte su obra en un inesperado biopic del psycho-killer visitante... así que, pa meterse caña con los ensayos, se encierra a si mismo y a los actores en el teatro, escondiendo la llave. Poco saben todos ellos que el homenajeado también ronda por allí, dispuesto a cargárselos y, para más inri, la primera persona a la que asesina es la única que sabe dónde está escondida la llave de la puerta principal. La noche que les espera será de órdago.
"Aquarius" fui a verla el día de su estreno, al cine. Lo recuerdo muy bien porque los Viernes por la tarde solía reunirme con los idiotas de mis ex compañeros de EGB para acudir a las películas. En aquella ocasión, elegí yo. Naturalmente entonces ya sabía mucho sobre la peli de marras gracias a mis queridas revistas francesas, aunque la reconocía más por el título que allí recibió, "Bloody Bird". Al entrar, un sensacionalista cartel que el mismo cine se había sacado de la manga, nos advertía que lo que íbamos a ver era muy fuerte porque resultaba "totalmente verosímil". Menuda chorrada!!. De hecho, y aunque lo pasamos muy bien durante el visionado, al terminar uno de mis "amigos" criticaba el desenlace del film aludiendo, justamente, a su falta de verosimilitud. En fin, jóvenes presuntuosos. A mi todo aquello me daba igual, me la sudaba, había disfrutado como un enanito y salí bien saciado, ya que por entonces lo que buscaba con desesperación en un film de horror era la más generosa y gráfica truculencia y, en ese sentido, "Aquarius" iba la mar de bien servida. ¡Qué tiempos aquellos en los que el cine de terror incluía gore valiente y gráfico, pero en sus justas dosis, sin caer en el exceso por el exceso, ni el humor, ni la estilización en busca de la aprobación de las élites políticamente correctas!, preocupándose más por ser "una de miedo con gore" que "una gore con miedo" o, peor, "una gore con gore" o, ya de pesadilla, "una gore con risas".
El caso es que, menos experimentado en estas lides, consideraba "Aquarius" una muestra moderna de "giallo". Bien cierto es que guarda algunas características propias de esa clase de cine, pero en realidad la obra de Michele Soavi encaja mucho mejor en la etiqueta de "slasher". ¿Una mezcla de lo mejor de ambos bandos?, pues sí, me parece bien. Por parte "slasher" tenemos a un asesino mudo e imparable ataviado con un uniforme negro y una máscara de lo más chanante. Esa cabeza de búho gigante es ya legendaria. Tenemos el grupo de jóvenes servidos para ser asesinados con las más variadas armas y los crímenes más impactantes y sangrientos, que incluyen cosas tan clásicas como hachas o una surrealista pero efectivísima sierra mecánica. Y tenemos el climax en el que la "final girl" y el malo se enfrentan cara a cara, así como la aparente invulnerabilidad del segundo. En el terreno del "giallo" encaja el mini-puzzle que resolver del final, el asesinato enfocado como todo un arte (los cadáveres de las víctimas reunidos es algo muy "slasher", pero no lo de presentarlos de forma tan artística) y, en general, la concepción elegante, bonita y estilizada que Soavi tiene del terror, algo directamente heredado de su amigo y vecino Dario y que destaca especialmente con la hipnótica y pomposa banda sonora, así como con esas plumas flotantes o los números musicales de la obra que ensayan los protagonistas (el sumum de lo cual viene cuando la que conoce la ubicación de la llave es asesinada brutalmente delante de todos, convencidos de que el agresor es el actor disfrazado. Ese es uno de los momentos más "giallo", más Argento, de la fiesta, a base de soundtrack orquestal e iluminación azulada).
Hace unas líneas hablaba de los asesinatos truculentos y salvajes. Déjenme volver a ello. En la época se consideraba "Aquarius" como una película "fuerte" y seguramente en 1987 sí encajaba en la etiqueta. No estábamos tan acostumbrados a ver de modo claro y sin disimulos cómo una sierra mecánica abría el estómago a un tipo, y aquí es algo que está bien presente y, además, rodado de modo muy efectivo, muy tétrico, con una linterna como única fuente de luz, el asesino con la máscara salpicada de sangre y la víctima, gritando agónicamente, rodeados de oscuridad y asentados sobre un Argentiano suelo inundado de agua. Brillante. En posteriores entrevistas Soavi decía que no se consideraba muy amigo del gore (¡ni del terror de los ochenta!, al que acusa de poco imaginativo), pero que aceptaba que un film de terror iba ligado a la muerte y la sangre, y que en cierto modo esta última era lógicamente inevitable. También comentaba que el presupuesto con el que contaron para "Aquarius" era mínimo, y que lo efectos especiales se resolvieron del modo más rudimentario. Hay una chica -embarazada!- que es partida por la mitad y cuando se revela su medio-cuerpo, nos damos cuenta que se trata de un auténtico maniquí al que han pegado unas tripas. No digo que cante hasta el extremo de resultar risible y chapucero, para nada, pero sí es verdad que el momento pasa fugazmente ante nuestros ojos evitando resultar demasiado evidente. Lo mismo que la decapitación del director de la obra de teatro. Pero que nadie se confunda, porque esa pobreza queda totalmente compensada por la inmensa capacidad de Michele Soavi, que se muestra como un cineasta de lo más talentoso a la hora de dotar de ritmo a su película, de sacar buen partido del montaje y, en fin, de jugar con el suspense. "Aquarius" es impactante y sangrienta, sí, pero también emocionante. Digamos que podríamos partirla en cuatro cachos. Arranque, masacre (donde mueren el 90% de los personajes secundarios, sin descanso), enfrentamiento y desenlace. El enfrentamiento es el segmento más delicado porque, casi sin diálogos, y a base de sonido e imagen, el director se centra en el puro suspense, cuando el psycho-killer tiende una trampa a la "final girl" que debe agenciarse la llave de la puerta sin que su agresor se de cuenta, aunque lo tenga a medio metro. Muy logrado momento de puro cine, que eclosiona con el inevitable bis a bis de la  pareja, destacando el instante de él colgando del techo y deslizándose por un grueso cable hacia ella. De infarto.
Quizás uno de los puntos más flojillos de la película sean algunos de sus actores, ya sabemos que en la mayoría de las pelis de terror italianas suelen ser muy malos, ridículos. Aquí se salvan de la pura quema por los pelos, aunque queda sitio para algunas sobreactuaciones notables. Sin embargo, la mayor de todas ellas da el pego, porque se trata del director de la función teatral, un tipo ególatra, cruel y manipulador al que el rollo histriónico le va como anillo al dedo. De hecho, es uno de los personajes que más recuerdo dejan y para mi significó descubrir al actor que le da vida, David Brandon y sus notables orejones. Había protagonizado "Caligula 3" para el mismo Joe D´Amato (un evidente exploitation de la de Tinto Brass, donde ya coincidió con Soavi), y luego también saldría en el "Crímenes en portada" de Lamberto Bava. Pero su rol más extraño y atípico es el primero, haciendo de ángel "Ariel" para Derek Jarman en su epopeya arty-punk "Jubilee" (connotaciones de una carrera paralela en el teatro y otras artes más elevadas y respetadas).
Barbara Cupisti es la guapa "final girl" de rigor que has visto también en películas de algunos clásicos como Fulci ("El destripador de Nueva York", ¡su debut!), Argento ("Ópera"), o el fucking Lenzi ("La porte dell´inferno"), así como en "El engendro del diablo" y "Mi novia es un zombie" del mismo Soavi (a lo tonto él y la moza llevaban años coincidiendo en la pantalla, así que será verdad eso de que son o fueron pareja, apunte este que no he podido corroborar).
Sin embargo, el rostro más mítico de todo el film es el de un -habitualmente- sobreactuado Giovanni Lombardo Radice (alias John Morgen) haciendo de supergay. La fama a nivel fandom le llegó cuando Fulci decidió taladrarle la cabeza en "Miedo en la ciudad de los muertos vivientes" y Lenzi castrarlo para "Caníbal Feroz". Lo vi in person en su visita a un festival patrio, pero -paradójicamente- era más soso que una cocacola con solo cinco cucharadas de azúcar.
Terminamos este repasito con la fea Mary Sellers (sin vínculos con el inspector Clouseau) y que también mostraba su poca atractiva faz en el temible remake de "La máscara del demonio", cortesía de Bava hijo de... Mario, "Contamination .7" (de D´Amato) y "Ghost House", de -oootra vez- Umberto Lenzi currando para "Filmirage". Curiosamente esta costrosa peliculita que consumí en un cine porno justo cuando probaba suerte proyectando otra clase de productos menos grumosos (¡¡vamos, ni el puto "deuce" y sus cutre-cines!!), reciclaba el soundtrack completo de "Aquarius" que -como ya he señalado- está muy bien y tiene un peso importante en la película. Uno de sus tres responsables, probablemente el más reconocible, es Simon Boswell, inevitablemente ligado al universo de Dario Argento y que también ha puesto su talento al servicio de una ralea de films sin desperdicio: "Phenomena", "Demons 2", "Crímenes en portada", "Karate Kimura" (!), "Santa Sangre" (estupenda su partitura para este clásico de Alejandro Jodorowsky producido por el hermano de Dario), "Hardware, programado para matar" y "Dust Devil" (Richard Stanley siempre se ha declarado admirador del dire de "Suspiria"), "El señor de las ilusiones" (de Clive Barker) y, muy recientemente, "The Theatre Bizarre" (obviamente en el capítulo firmado por Stanley) y la horrenda e incomprensiblemente reputada "The ABCs of death".
¿Y qué le pasó a Michele Soavi después?, pues que Terry Gilliam vio "Aquarius" y le gustó tanto, que decidió ficharlo como director de segunda unidad en "Las aventuras del barón Munchausen". Contaba también Gilliam que el amigo dio bastantes problemas durante el rodaje a la hora de agenciarse más dinero del acordado por obra y gracia de cierto "grupo de presión" de poca recomendable casta. Con todo, Soavi declaraba en "L´Ecran Fantastique" que había decidido subirse al carro para vivir la experiencia y aprender. Movidas raras pero, al parecer, no tan graves porque años después Gilliam y el italiano volverían a encontrarse, repitiendo roles, en la espantoide "El secreto de los hermanos Grimm"... así que, nunca se sabe.
Luego llegaron "El engendro del diablo" y "La secta" (esta vez, sí, producidas por su querido Dario Argento, que metió bastante la mano en ambas) y la peli que le consagró, la bonita, curiosa, chorra y rara "Dellamorte Dellamore", subnormalmente titulada en España "Mi novia es un zombie" de la que Martin Scorsese posee una copia en su colección privada. Cuando parecía que Soavi iba a alcanzar la cima (le llegaban ya propuestas desde Hollywood, como dirigir la vomitosa "Abierto hasta el amanecer"), movidas de corte personal/familiar le retiraron del cine durante cinco largos años, truncando su prometedora carrera. Retomó la silla del director para la televisión italiana, donde dirigió algunos telefilms policíacos que ni he visto, ni me apetece ver. Hace poco leí que el muchacho tenía intención de regresar a la big screen y con una de terrores, pero habrá que ver qué pasa, porque los tiempos han cambiado mucho y tal vez su creatividad haya caducado. O no, veremos. De momento y hasta entonces, podremos gozar ad infinitum de este "Aquarius", clásico del terror moderno mundial que, como dicen los yankees, es "highly recomended". Sin duda alguna.