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sábado, 25 de septiembre de 2021

FREAKED, LA DISPARATADA PARADA DE LOS MONSTRUOS

Para bien o para mal, una de mis lecturas de importación recurrentes en los noventa era "Film Threat Video Guide", hermana mucho más focalizada en lo alternativo y marginal -y, por tanto, mejor- de "Film Threat". Fue en sus páginas donde supe sobre un cortometraje del que se hablaba mucho y muy bien, "Squeal of Death", que si destacaba era por su tono de dibujo animado de carne y hueso, a base de dinamismo alocado y absurdismo estridente. Sus responsables eran Alex Winter y Tom Stern. A Winter lo tenía visto como actor, interpretó a uno de los punkis malos en la estupenda "El justiciero de la noche" y a uno de los vampiros malos en la sobrevalorada "Jóvenes Ocultos". Luego se convirtió en el super-colega de Keanu Reeves para la saga de "Bill y Ted". De Stern no sabía nada de nada. Juntos lograron dar el salto a la MTV con un escueto programa de sketchs llamado "The idiot box" donde de nuevo tiraban de las formas de su afamado corto, incluyendo animación en stop-motion y humor un pelo transgresor, antes de que "South Park" lo convirtiera en algo normal y corriente. Los resultados de aquella nueva aventura afirmaron, de una vez por todas, que Winter y Stern estaban listos para su primer largometraje con cara y ojos, "Freaked", subtitulada en España sutilmente como "La disparatada parada de los monstruos".
Un actor de cine y televisión tan famoso como vanidoso y arrogante, acepta a cambio de mucho dinero promocionar un producto químico que sabe es terriblemente dañino. Puesto que tanto en Europa como en Norteamérica está prohibido, lo mandan a Sudamérica (a la ciudad de ¡¡Santa Flan!!). Una vez allí, él, su estúpido socio y una chica de tirón anti-sistema, terminarán en la terrible parada de los monstruos del profesor Elijah C. Skuggs, que les convertirá en bichos deformes (gracias a la mentada y dañina sustancia) y entrarán a formar parte del consabido espectáculo con otras criaturas igual de mutadas. Obviamente, juntas terminarán revotándose a su carcelero.
Después de lo dicho sobre "Squeal of death" y "The idiot box", resulta bastante sencillo suponer qué clase de humor gasta "Freaked": uno extremadamente delirante, con notables connotaciones "cartoonescas" y muy muy absurdo. Podría parecerse un poco al "spoof", pero termina siendo distinto, primero porque no hay citas meta-cinematográficas y segundo porque, además de situaciones surrealistas, tenemos personajes también muy extremos. Muy locos, cosa que no solía darse en el "spoof" primigenio (donde la gracia consistía en situar personajes serios y creíbles en escenarios imposibles, el contraste hacía el resto). Así pues, la abundancia de gags genuinamente graciosos, sea por brillantes, sea por gilipollas-pero-divertidos, es infinita. Y la risa, en mayor o menor grado, está asegurada. Además que, al ser un film tan libre (y tan punk rock, como he leído por ahí), no resulta todo lo previsible que podría. Sí que en algunos aspectos tira de fórmulas (tal vez el clímax final sea lo que más peca en ese sentido), pero siempre hay alguna salida / sorpresita inesperada que te descoloca y hace del visionado algo mucho más estimulante. Sin duda, mi personaje favorito es el de Stuey, el super-fan del protagonista, que se guarda alguna de las ocurrencias más coñeras.
Mentar también el tremendo despliegue de efectos especiales, sobre todo de maquillaje y stop-motion, elaborados por nombres del calibre de Tony Gardner, Screaming Mad George, Steve Johnson y David Allen. No podemos pasar por alto que el diseño de algunas de las criaturas, especialmente las dos del final, beben mucho de los míticos dibujos de Basil Wolverton. "Acusación" que, viniendo de Winter y Stern, es del todo razonable y hasta lógica.
En el reparto localizamos rostros familiares como los de William Sadler, Randy Quaid, un sorprendente Mr.T haciendo de mujer barbuda, Brooke Shields huyendo de su imagen angelical, Keanu Reeves como "chico perro" -¡gracias Romerito!- (un papel NO acreditado por el que cobró nada menos que un millón de dólares!!!!), Morgan Fairchild, Derek McGrath y Bobcat Goldthwait poniendo sobre todo voz a uno de los monstruos. Curiosamente este y McGrath habían coincidido en la cuarta entrega de "Loca academia de policía".
"Freaked" se estrenó y fue un batacazo tremendo en taquilla, cosa bastante comprensiva. Era demasiado extravagante para funcionar entre el público masivo. La carrera de Alex Winter y Tom Stern se vio truncada. Ambos siguieron currando, pero sin alcanzar el triunfo esperado. Concretamente, la siguiente obra de Winter como director fue "Fever", más modesta y totalmente alejada del tono alocado y "cartoonesco" de la reseñada, apostando por el thriller a lo Hitchcock. Aún así, creo que sería interesante echarle un ojo. Luego vino "Smosh, the movie", sobre la que escribió Víctor en su día.
Resumiendo, "Freaked, la disparatada parada de los monstruos" no es un plato para todos los gustos. Solo aquellos que vibren con el humor más absurdista, extremo y demencial (como aquí el menda) disfrutarán del espectáculo. Recomendable.

viernes, 22 de abril de 2016

SMOSH, THE MOVIE

Alex Winter, actor al que hemos visto paseando el jeto por películas como “El justiciero de la nohe” o  “Jóvenes Ocultos”, le debe tener especial cariño a la películas por la que es más reconocible, la que co-protagonizó al lado de un jovenzuelo Keanu Reeves, “Las Alucinantes Aventuras de Bill y Ted”. También intuyo que le debe gustar lo suyo la cultura de Internet. ¿Qué por qué digo esto? Porque el bueno de Winter, tiene una carrera de director paralela a la de actor, bajo la cual ha facturado curiosidades como “La disparatada parada de los Monstruos” o, últimamente, películas y T.V. Movies cuya temática gira en torno a la red de redes. Y la que nos atañe no podía ser menos. Porque “Smosh: The Movie” es un reboot inconfeso y de presupuesto prácticamente inexistente –pese a estar tras la producción empresas independientes como “Fox Searchline” y “Lions Gate”-, tan ínfimo que la película roza por momentos el amateurismo, de precisamente, “Las Alucinantes Aventuras de Bill y Ted”.
Para la ocasión y sin que la pareja de adolescentes protagonistas sean unos auténticos zoquetes como si lo eran los de la pelí que homenajea,  tenemos una inmersión en el mundo de You Tube. Y cuando digo una inmersión, lo digo literal, porque nuestros protas, tras colgar en la red un vídeo en el que uno de ellos no sale muy bien parado, deciden ir a hablar con Steve Youtube, ficticio dueño de Youtube con la intención de pedirle que borren el vídeo del servidor. Steve Youtube les asegura que una vez un vídeo se sube a la red se queda ahí para siempre, a no ser que entres en Youtube y lo borres desde dentro; y no se refiere al servidor, si no al interior de Youtube, desde dentro de los vídeos. Así que los muchachos se meterán en el mundo de Youtube desde un portal dimensional que les trasportará a los vídeos y, desde el interior de estos y con la ayuda de un móvil, irán navegando con el fin de encontrar el vídeo de marras y desde dentro cambiar la situación, encontrándose en el trasiego con youtubers a los que siguen, comentarios que dejaron que son echados en cara y demás zarandajas internautas.
Obviamente, la película con ese presupuesto y con los pocos medios de que dispone, no se acerca ni de lejos a “Las Alucinantes Aventuras de Bill y Ted”, de hecho, el propio visionado de la cinta se antoja meramente anecdótico, porque lo que vemos no trasciende en absoluto. Lo vemos, no nos aburrimos en exceso, tampoco nos entretenemos demasiado, y al final lo único que hace gracia es el hecho de que sea una películita de Alex Winter como las que hacía él, como actor, cuando era jóven.
Dura hora y cuarto que pasa en un suspiro, y con las mismas, nos olvidamos de ella.
Puro y duro Fast Food.
En cuanto a los protas, los tales Anthony Padilla e Ian Hecox (cuyos roles en la película se llaman igual, Anthony e Ian), no tienen ni una pizca del gracejo y/o carisma que  tenían Reeves y el propio Winter allá a finales de los ochenta.

miércoles, 12 de febrero de 2020

IN SEARCH OF DARKNESS

El cine de terror de los años ochenta. Suspirito. Sí, todos estamos ya un poco cansados de la cantinela. Y de que sea la excusa perfecta para que luego cualquier mamón con una cámara (o vídeo cámara, aunque hoy día la diferencia sea casi inexistente) haga una basurilla que no tenga absolutamente nada que ver con lo que se producía en aquella época dorada, pero luego lo venda como "homenaje", "tributo", "recreación" o cualquier recurrente chuminada. Sin embargo, nada de todo eso enfanga la realidad, que el cine de terror (y de género) parido entre 1980 y 1989 viene repleto de obras cojonudas que han dejado una huella imborrable en la historia del séptimo arte. Desde luego, David A. Weiner no me va a llevar la contraria, porque para algo ha invertido un tiempo generoso (y la pasta que algunos insensatos le cedieron a través de crowdfunding) en rodar desde Inglaterra un documental de ¡¡cuatro horas!! sobre, eso, los horrores cinematográficos de la mentada década, repasando aquellos títulos legendarios (+ alguno segundón) y entrevistando a peña que habla, opina y aporta datos, si es que participaron de algún modo en su confección. Nada demasiado revelador, porque ni tan siquiera cuatro horas dan para profundizar. Así que los speechs en torno a cada título son cortitos, a veces prácticamente reducidos a una frase, y puede que haya quien en eso vea un problema... pero para el medianamente informado (que, entiendo, será la mayor parte del público dispuesto a consumir algo taaaaan elefantiásico como "In search of Darkness") no resultará ningún inconveniente, básicamente porque se conocerá todos los datos más elementales al dedillo.
Sin duda, el plato fuerte del documental está en la presencia de los rostros y talentos de Tom Atkins, Doug Bradley, Lori Cardille, John Carpenter, Larry Cohen, Jeffrey Combs, Barbara Crampton, Sean S. Cunningham, Joe Dante (impagable cuando opina sobre "Aullidos 2"), Mick Garris, Stuart Gordon, Kane Hodder, Tom Holland, el ilustrador Graham Humphreys, Bill Moseley, Alex Winter, Brian Yuzna, el inevitable Lloyd Kaufman y unos cuantos más. Claro, ¿qué pasa? que con semejante plantel, y unas ambiciones tan épicas en plan "documento definitivo sobre la década de los 80", se echa mucho de menos a más gente, especialmente si son de los que se suelen dejar ver en toda suerte de documentos audiovisuales, y que van desde Bruce Campbell a John Landis, pasando por Linnea Quigley o Tom Savini. Aunque nada desentona más que los discursos políticamente correctos pro-feminismo, pro-integración, pro-blablabla y demás mierdas tan engorrosas y tan típicamente yankis (porque eso son el 90% de los entrevistados). Pero no es algo a lo que se recurra en exceso y, teniendo en consideración la duración del mamotreto, los minutos desperdiciados son pocos. Gracias a dios.
Al final, paparruchas aparte, hay que reconocer que la cosa se soporta perfectamente, tiene ritmo y, obviamente, apela a la nostalgia y la ternura de todos aquellos cuarentones (y +) que vivieron esos films de manera intensa y apasionada, así que ¡recomendable!.
Actualmente David A. Weiner trabaja en otro documental de idéntica naturaleza/intenciones, solo que versado en la ciencia ficción.

lunes, 10 de mayo de 2021

808

La Roland  T-R 808 Rhytm Composer —popularmente conocida sencillamente como la 808— fue una caja de ritmos  fabricada por Roland Corporation a principios de los años 80 que, sin pretenderlo, se convirtió en uno de los instrumentos musicales más influyentes y revolucionarios de la historia de la música.
La 808, caja de ritmos funcional  y rudimentaria, fue concebida como complemento para los músicos callejeros que desearan llevar percusión como acompañamiento. Si un guitarrista necesitaba una batería, la principal innovación de esta caja consistía en que podía programar sus propios ritmos de batería. Sin embargo, en sus primeros meses de vida, la caja no gozó de la popularidad deseada ya que los sonidos de batería que creaba eran demasiado electrónicos, raros, grandilocuentes, y parecían todo menos una batería convencional. El bombo resultaba atronador, y las líneas de bajo que se podían conseguir eran poco menos que estridentes.
Sin embargo, el bajo precio con el que se comercializó propició que los viejos popes del Hip-Hop comenzaran a experimentar con ella, a sacarle partido y, así, escribir con este aparato una página de la historia, no ya del Hip-Hop, sino de la música electrónica en general, gracias al “Planet Rock” de Afrika Bambaata & The Soul Sonic Force que utilizaba muy sabiamente las programaciones de la 808, o  productores como Rick Rubin que tomaron buena nota de ello. Cuando Marvin Gaye usó 808 en uno de sus más grandes hits, el “Sexual Healing” el mundo de la música supo que esa cajita de ritmos, casi de juguete, había llegado para quedarse.
Generó culto hasta tal punto que, según avanzaba la década, la 808 se convirtió en un aparato esencial en estilos de música tan dispares como pop, Miami bass,  acid house, italo disco, tecno… llegando el culto a la maquinita hasta nuestros días que se utiliza en todo tipo de estilos electrónicos contemporáneos como por ejemplo el trap, cuyo patrón consiste básicamente en la utilización de la 808 para construir beats.
El secreto del sonido de la 808, y su consiguiente culto se debe principalmente a dos motivos: Por un lado, para abaratar costes, Roland utilizó en la fabricación de esta caja de ritmos una partida de transistores defectuosos desechados por otros fabricantes, de ahí que el sonido de las baterías proporcionadas por la máquina fueran tan especiales, mientras que, por otro lado, solo se fabricaron 12.000 unidades de la 808 entre 1980 y 1983. Una vez vendidos, jamás puso en marcha la fabricación de más unidades a pesar del éxito obtenido porque, como se fabricaban con transistores defectuosos, no volvieron a poder reabastecerse con ese tipo de transistores. Roland, cuando la fabricó, no tenía ni idea del impacto cultural que supondría su pequeña máquina de acompañamiento.
Cuando Alex Noyer y Alex Dunn, productor y director respectivamente de “808”, se encontraban en 2012 en la Winter Music Conference, coincidieron con el productor musical Arthur Baker, y tras una conversaciones de corte nostálgico a cerca de las bondades de esta caja de ritmos y los clásicos ochenteros que se concibieron a su merced, Noyer decidió que sería una buena idea producir un documental sobre este aparato histórico. Y se pusieron manos a la obra con él.
La película documenta, bajo estructura de cabezas parlantes, la historia de la 808, su influencia en el mundo de la música, los pormenores y pormayores de su fabricación y, en definitiva, lo importante que fue este instrumento musical. Para ello se sirve de las declaraciones de reputados artistas como Phil Collins, Pharrel Williams, Diplo o Goldie que en un momento u otro han utilizado en sus éxitos los patrones de esta caja de ritmos. Por supuesto, la 808 es esencial  para el mundo del Hip-Hop, por lo que este ocupa más de un 75% del documental, diciendo lo que tuvieran que decir al respecto gente como Rick Rubin, Beastie Boys, el propio Bambaata, T La Rock o Lil Jon.
El documental es sumamente interesante y ayuda al neófito a comprender —y diferenciar— la idiosincrasia de la Roland, además de hacernos partícipes de indudables clásicos de la música electrónica fabricados con este cacharro y que podemos disfrutar, asimismo, en el álbum “808: The Music” y que fue lanzado paralelamente al documental.
“808” gozó de un estreno limitado en salas de cine de Los Angeles, se proyectó en el SXSW de Austin y, después, gozó del beneplácito de las plataformas de streaming  con Itunes y Apple Music a la cabeza, cosechando durante el trasiego, unánimes críticas que posicionan al documental como uno de los mejores que existen de temática musical.