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viernes, 8 de mayo de 2020

CORONA ZOMBIES

Charles Band, quien en otros tiempos fuera productor de algunos de los títulos más míticos de la serie B, no solo está en las últimas de su carrera como productor, sino que además está desesperado, e incapaz de insuflarle algo de vida a su decadente compañía Full Moon, y supongo que más con el fin de ponerse una medallita que con el de enriquecerse, para su última producción tira de algo tan obvio y desfasado como es aprovechar el tirón comercial que pueda tener algo como el Covid-19, que tiene en vilo a todo el planeta, para marcarse un exploit a costa de la pandemia, algo con sentido del humor. Pero lejos de hacer algo potable dentro de sus posibilidades, opta por aplicar la ley del mínimo esfuerzo —y la mínima imaginación— y se factura  en menos de 20 días, un truño monumental, este “Corona Zombies”.
Cuando el Covid-19 fue declarado pandemia, Band vio el cielo abierto y se le ocurrió lo de hacer una película sobre el tema. Rápidamente, y con total desconfianza por si el tiro le salía por la culata, lo primero que hizo fue elaborar un vistoso póster que colgaría en las redes y que, por supuesto, llamaría la atención del fandom, muy dado a exclamar “Wooow!”, ante iniciativas impostadas y para deficientes mentales como esta. El póster está chulo, se vuelve viral y se empieza a hablar de la película. Es entonces, cuando se asegura un mínimo de público, cuando decide hacer realidad esta producción. Dada la situación que atravesamos en la que no es posible sacarse de la manga toda una película, los más avezados comenzaron a sospechar que podía tratarse de un simple reciclado, lanzar una película en propiedad anterior y retitularla para la ocasión. Pero no,  Band quiso ir más allá, y amparándose en viejas (y respetadas) propuestas de material doblado en clave humorística, como hizo Woody Allen en  los años 60 con “Woody Allen nº1 (Lily, La Tigresa)” —y cito esta porque es la que Band dice tener como referencia—, Band,  decide coger una de las películas de las que posee sus derechos de explotación, para doblarla y adaptarla al argumento que nos ocupa. Y lejos de escoger alguna pieza más ignota u oscura, se decanta por un clásico de la carroña con fama internacional como es “Apocalipsis Canibal”. Combina parte del metraje de esta con el de otra película de su compañía, la infame “Zombies Vs. Strippers” y lo dobla todo. Por supuesto, dentro de la poca coherencia que pueda tener una cosa así, rueda material nuevo, pero estamos a inicios del confinamiento y el poco metraje original que filma, lo filma en su puta casa con una actriz de tres al cuarto. Ya tenemos “Corona Zombies”. Tras lanzar los trailers, y ver claramente de lo que se trata, la estratagema no da muy buena espina, pero, igual la cosa podía estar divertida ¿Quién sabe?  Pues no. El resultado de todo esto es poco menos que bochornoso.
La sinopsis global vendría a contar que las personas que fallecen por Corona virus, pronto vuelven a la vida transformados en zombies hambrientos. Para acabar con ellos el gobierno crea un escuadrón que los aniquilará llamado Corona Squad. A partir de aquí solo vemos una combinación de las dos películas fusiladas y el material original, con un doblaje lleno de chascarillos y chistes de parvulario, haciendo referencia a los tópicos de las mascarillas y el papel higiénico (sobre todo al papel higiénico) que sonrojarán incluso al más curtido en estas lides. Nada. El papel higiénico lo necesitamos para limpiar las pantallas donde osemos ver esta basura que, no ya es que se cague en la serie B y en el cine de explotación, sino que, directamente, defeca sobre el espectador.
Y lo peor es que Charles Band lo sabe. Y ni siquiera ha sido original en la propuesta. Cuando lo de la gripe aviar, cuyas consecuencias para nada se parecen a las de la presente pandemia y, por lo tanto, sin el mismo tirón comercial, algunos desangelados cineastas se aprovecharon de la situación lanzado infamias como “Gripe Aviar: Virus Mortal” de un tal Olivier Langlois, o la extraña (por seria) “Flu Birds Horror” de otro tal Leigh Scott, pero aquellas películas eran inofensivas y menos irritantes que esta, en primer lugar porque hay detrás el esfuerzo de realizar una película por infame que esta sea, y en segundo lugar, porque eran un producto exploit algo más genuino. Esta, como si de una pandemia misma se tratase, hará al fan tonto volverse aún más tonto. Y tontos es precisamente de lo que vamos sobrados (la prueba está en que, en cuanto se lanzó "Corona Zombies", varias páginas y blogs especializados en el género corrieron a apoyarla con sendas promociones, cegados por quien se encontraba tras ella, solo para formar parte de algo que, a la larga, casi se ha vuelto en su contra. Y sí, se incluyen aquí algunas páginas/blogs patrios).
“Corona Zombies” es como cuando un torpe hace un collage para un ejercicio del cole, y en este le quedan tantos restos de pegamento y ha recortado tan mal las estampas, que va el profe y te suspende. Lo que pasa es que, para más inri, a este le han suspendido en séptimo de EGB cuando tenía edad para estar en COU.
Por otro lado, decir que en la red rulan varias versiones del doblaje de la película. Por comodidad, elegí la versión con doblaje latino que, por lo visto, es aún más infame que el original en el sentido de que cambia el sentido de los chistes y chascarillos haciendo un fusilamiento de la versión original. Pero me confirma Naxo que, pese a eso, tampoco hace empeorar mucho más el resultado.
Como fuere, lógicamente, la cosa es tan alocada que ha medio funcionado, y ya se rumorea que en breve se estrenará una secuela. Esa no la veremos.

jueves, 30 de septiembre de 2010

EL AMO DEL CALABOZO

Un baranda que domina mucho el tema de los ordenadores (y en 1984, lo que tiene más mérito) es elegido por un sosías de Belcebú como contrincante para combatir en otra dimensión. La idea consiste en confrontar hechicería y tecnología, a ver cual gana. El muchacho deberá pasar siete pruebas, a cada cual más bizarra, antes del enfrentamiento final. También su novia anda metida de por medio (sí amigos, en aquellos años el concepto del informático que no se come una rosca todavía no existía) y, claro, tendrá que salvarla.
Lo más chulo de "El amo del calabozo", "The Dungeonmaster" en versión original, es su significado, esencia y naturaleza como producto. Se trata de un especie de campo de pruebas para Charles Band y su legendaria "Empire Pictures", que entonces aún no existía oficialmente, pero poco le faltaba (de hecho, la peli fue distribuida en cines a través del sello). En sus muy escasos 73 minutos de duración (muy escasos pero muy agradecidos) reúne a varios de los nombres que terminarían otorgando entidad a la empresa (así como muchos de sus tics, y unos cuantos propios de la década). Es un trabajo colectivo, y cada una de las siete pruebas de las que hablaba al principio son como pequeños cortometrajes narrativamente diferenciables los unos de los otros escritos y dirigidos por distintos realizadores que se estrenaban para la ocasión (bueno, y técnicos, ya que Band dio la oportunidad de mandar a algunos de ellos, más acostumbrados a ser mandados). De esta guisa nos encontramos con un par de episodios muy acordes a la especialidad de sus responsables. Es decir, el bueno de John Carl Buechler, del que en este blog se ha hablado mucho, padre de los "Ghoulies" y director de "Troll", firma el segmento más "de terror", que incluye zombies y, ¡¡sí!!, uno de sus característicos y entrañables cutre-monstruos. Dave Allen, el ya fallecido mago del stop-motion (tan imprescindible para Charles Band como lo era Buechler), es el responsable de un sketch que incorpora, ¡¡sí!!, una estatua gigante moviéndose fotograma a fotograma (por lo visto el tipo aún no dominaba mucho el tema pues resulta un pelín torpe). De las demás mini-historias se encargan Ted Nicolaou (habitual montador de la casa y director de la mítica "Terrorvision") que aquí se curra un cacho muy deudor de "Mad Max 2" o Peter Manoogian ("Eliminators", "Arena" o "Demonic Toys"). Al resto, no los conozco... bueno, salvo al mismo Charles Band, que en funciones de director desarrolla el sketch más ridículo de todos, en el cual el prota se enfrenta, nada más y nada menos, que ¡¡¡a la banda jevillarra "Wasp"!!!! (y no olvidemos que "Wasp" se encargarían de aportar un carismático tema al soundtrack de "Ghoulies 2").
En el reparto destaca el gigantón Richard Moll (el de la serie "Juzgado de guardia" -gracias don Olid por el dato correcto-, el cadáver viviente de "House, una casa alucinante" y habitual en muchas producciones fantásticas de segunda o tercera división) y, en el lado opuesto -por tamaño-, el enano Phil Fondacaro, otro nombre ineludible en toda producción "Empire" que se jacte de serlo (allá donde sea necesario un tío de su talla, está él... eso incluye no solo films como "Troll" o "Ghoulies 2", también cosas como "El retorno del Jedi" -por los "Ewoks"- y, cómo no, "Willow"). Gracias a una pequeña ayuda de "Imdb", descubrimos a Kennet J. Hall interpretando a un hombre lobo. Este caballero, además de múltiples curreles junto a David De Coteau y Fred Olen Ray, tiene en su haber la realización de "Evil Spawn"/"Engendro Satánico", ¡ahí es nada!. Como no podía ser de otro modo, de la mitad de la banda sonora se encarga Richard Band, por supuesto.
Y sí, mucho me temo que este film es más interesante por todo lo expuesto hasta ahora que por si mismo. "El amo del calabozo" es, en fin, una chorradita entretenida por los pelos, que hace gala de una lógica escasez de medios y con la que puedes echarte algunas risas afectivas. Como decía, los tics ochenteros son muchos, tales como sus efectos de ridículos rayos de colores (que son mogollón), las vestimentas, el rollo futurista de los ordenadores (tan desfasados ya), etc, etc... pero se ve con cierto agrado por su condición de pieza de arqueología y delirio general (acrecentado por esos constantes sketches tan distintos los uno de los otros... y tan anodinos).
En 1988 "Empire" da un redoble salto mortal con "Pulse Pounders", un producto de lo más exótico compuesto de tres segmentos. Uno de ellos es otra adaptación de H.P.Lovecraft con parte del reparto de "Re-Animator" (Jeffrey Combs, Barbara Crampton y David Gale, nada menos). Y los otros dos son... ¡secuelas!... o mejor, mini-secuelas de "Empire movies" previas. Por un lado "Trancers 2" y por otro, lo adivinaste, "The Dungeonmaster 2", con los mismos actores protagonistas (incluido Richard Moll). Sin embargo, los por entonces muy agravados problemas financieros de la empresa hicieron que el film terminara cayendo en un limbo del que no ha salido nunca. ¿Nos lamentamos o no?.

jueves, 21 de junio de 2012

EL ALQUIMISTA

"El Alquimista" es el quinto largometraje del legendario Charles Band, después de "Metalstorm" y justo antes de arrancar su famosa "Empire" (según Imdb, la firmó con el pseudónimo de James Amante, pero en la versión que vi ayer ponía su nombre. También es cierto que el director original fue despedido a poco de comenzar y el mismo Band, en principio solo productor, se vio obligado a tomar las riendas. Así que, a saber....). Encima, con protagonismo del buenazo de Robert Ginty (alias El Exterminador). Una peli que había intentado ver  infructuosamente varias veces, comenzando por la primera siendo adolescente, que se saldó con una entrega equivocada por parte de la despistada dependienta del vídeo-club.
De entrada nos sitúan en el año 1871, cuando un alquimista enamorado de la chorba de otro, intenta agenciársela. El marido se mete por medio, hay una pelea y la mujer muere accidentalmente apuñalada por su media naranja. El alquimista, muy enfadado, le manda una maldición, convirtiéndole para la eternidad en una especie de hombre lobo sin pelo, obligado a matar y beber sangre para vivir. Bien, pasan algo así como 90 años, y la descendiente directa de la mujer muerta entra en escena, lo que precipitará los acontecimientos. Se abre una puerta en el infierno por la que comienzan a salir demonios y el marido, aún vivo y comiendo ciervos, aprovechará para colarse y vengarse del malvado alquimista.
Estoy convencido de que Charles Band se propuso invertir la mayor cantidad del dinero disponible en dar a su película un acabado visual lo más digno posible, y se nota. Desafortunadamente ello arrasó con un buen cacho del presupuesto... por ese motivo tal vez "El Alquimista" sea, en el resto de sus elementos, tan austera. Toda se desarrolla en el mismo escenario -el bosque- entre cuatro personajes (con la presencia de un quinto al principio y al final). Y claro, cuando no hay mucho que gastar en nada, lo mejor es echar mano de diálogos, por eso los personajes de esta peli se pasan el rato hablando como cotorras, dejando poco espacio para material algo más llamativo y emocionante. Solo al final, en los últimos veinte minutos, veremos monstruos, algo de gore y un pavo derritiéndose a lo "Dracula", pero hay que tener mucha paciencia, sentir nostalgia del cine barato de la época y cierta simpatía por su máximo responsable. Porque por lo demás, "El Alquimista" resulta bastante plomiza.
Ted Nicolaou, entonces futuro director de "Terrorvision", es el montador. Y la música, claro está, pertenece a Richard Band. Al que se echa de menos es a John Carl Buechler, pero que no cunda el pánico, en la siguiente peli de Band ya andaba por ahí con sus entrañables cutre-monstruos.
Suspiro... me quedo más tranquilo, oiga.

jueves, 12 de junio de 2014

EXPLOSIÓN GALÁCTICA

La explosión combinada de tres estrellas (es decir, un trío de supernovas) crea un arco dimensional en la tierra por el que se cuelan toda suerte de ovnis, marcianos, robots y monstruos peleones. Una empalagosa familia, que pasa el finde en una casa situada en pleno desierto, se verá salpicada por tan extraño fenómeno cósmico y tendrá que sobrevivir a ello, cueste lo que cueste.
A Charles Band siempre le ha tirado mucho eso de la ciencia ficción y la fantasía, más que el terror propiamente dicho. A lo largo de su carrera, ya sea como director o productor, podemos encontrarnos muchos títulos que encajarían abiertamente en la/s etiqueta/s. Cosas como "El rayo destructor del planeta desconocido", "El último día del mundo", "El amo del calabozo", "Zone Troopers", "Torok, el troll" o aquel enigmático "The Primevals", son prueba fehaciente de ello (incluyan más o menos violencia, más o menos destete). También es cierto que era un tipo de cine por el que apostaba más a los inicios de su extensa y prolífica trayectoria, durante los aún inocentes años setenta, antes de que Hollywood inventara e impusiera los "blockbusters" y se apropiara casi definitivamente de este tipo de temáticas. "Explosión Galáctica" ("The day time ended" en v.o.) cumple con todos los requisitos. Producida el año 1979 (dos después del boom "Star Wars"), con Band parapetándose tras un ególatra "Charles Band Productions" (no faltaba mucho para que construyese su "Empire"), y cuando el público aún estaba dispuesto a consumir espectáculos baratos paridos a base de actores en decadencia y efectos especiales artesanos. ¡Qué tiempos aquellos!.
Y es que, encima, "Explosión Galáctica" es puro cine familiar de su época, pensado para toda la prole (si es que existe una que pueda tragarse esto entero de un tirón y sin pestañear), lo que significa cero violencia, cero mala leche, cría mona en el reparto y unos peinados y ropajes escalofriantemente ridículos. Los intérpretes se pasan media peli reaccionando a un montón de cosas que ocurren fuera de campo (rara vez comparten plano) y los efectos, toscos pero inevitablemente encantadores, tiran de “stop-motion”, maquetones, animación, muchos rayitos de colores y unos cuantos “mate paintings”. Tras ellos se ocultan personajes eternamente ligados a las fechorías de Charles Band como David Allen y tantos otros que terminarían haciendo carrera en el cine más "mainstream" como Jim Danforth, Randall William Cook, Lyle Conway o Peter Kuran (quien había currado en "Star Wars" y repetiría en sus secuelas). También, dentro del equipo de sospechosos habituales, localizamos a Ted "Terrorvision" Nicolaou en el montaje, David "Trampa para turistas" Schmoeller como co-guionista y... ¡claro!, Richard Band componiendo la agotadora fanfarria.
En el reparto, un par de viejas glorias:  Jim Davis (habría que ver si lo de "vieja gloria" encaja en la filmografía de este señor, famoso por interpretar al patriarca de los “Ewing” en la serie "Dallas". "Explosión Galáctica" fue su última peli) y Dorothy Malone (de lustroso pasado y que terminaría sus días en películas como "Descanse en piezas"), acompañados por el legendario Chris "mecomoloquesea" Mitchum y... otros que no conozco y sobre los que tampoco tengo intención de informarme.
El director, John "Bud" Cardos, es todo un personaje del que ya había hablado con anterioridad. Resumiremos la historia comentando su pasado como ex-“stunt man”, ex-colaborador de Al Adamson, eventual "Director sustituto" y responsable, por encima de todo, de una peli tan maja como "¡Tarantula!". También son suyas "Mutant", "The Dark" y "Acto de piratería".
"Explosión Galáctica" es una tontería como un piano, bastante aburrida. Pero claro, es de aquellas pelis que el paso de los años ha terminado beneficiando, aunque solo sea por su condición ingenua, bien intencionada y artesanal. Al final, como todo buen producto (o subproducto) destinado a padres, hijos, abuelos y animales domésticos, tenemos moraleja, una muy de allí: La familia es lo primero... da igual si es en esta dimensión o en otra, la cuestión es que, si la tienes cerca, todo irá bien y será  maravilloso. Pues bueno.

sábado, 8 de febrero de 2014

DOLLMAN

Producto de la primera época de "Full Moon Entertainment", el -entonces- nuevo juguete de Charles Band, años antes de su inevitable y despiadada -actual- decadencia. Previamente a "Dollman" (1991), tenemos la primera "Puppet Master", "Subspecies" o "El pozo y el péndulo" y justo después encontramos "Netherworld", "Demonic Toys" o "Semilla negra". Ninguna destaca por sus valores cinematográficos, pero al menos tenían algo de entrañable y simpático, cosa que no podemos decir de las más recientes producciones de la casa. Eran los tiempos en los que a "Full Moon" la distribuía por video-clubs españoles nada menos que "Paramount", lo que no dejaba de resultar un poco chocante. Band se lo montó muy bien dando a todos sus productos un empaque parecido, con un diseño caratulil bien atractivo destinado a los fans del fantástico e incluso de los comics. Muchos fuimos los que picamos.
Situémonos. Resulta que hay un planeta llamado Arturo (????) que, una vez traspasas su atmósfera y te acostumbras al tono sepia que todo lo inunda, encuentras algo que no dista mucho de lo que tenemos en la tierra. Hay personas que hablan en inglés, existe la delincuencia, incluso la policía se llama policía y, por si eso fuera poco, tienen a su propio tipo duro, odiado por sus superiores pero infalible a la hora de imponer la ley, aunque sea a lo bruto. Un día se sube a una nave y sale tras el villano de turno, una cabeza con los dientes podridos pegada a un platillo. Traspasan un especie de agujero de gusano y llegan a nuestro hogar azul. Una vez aquí, resulta que miden solo 30 centímetros de altura (el de la cabeza voladora menos, se entiende), lo que no les frenará a la hora de seguir dando tiros o hacer el mal. Concretamente, el villano engatusa a un delincuente de baja estofa -y su gang- contra el que lucha la prota femenina, hispana y madre soltera para más señas. Esta contará con la ayuda del miniaturizado poli duro, "Brick Bardo", sobre todo cuando sea secuestrada por los chicos malos del barrio.
Resulta muy fácil comparar el personaje de Tim Thomerson, el mentado "Bardo", con "Harry el sucio", pero es que la propia película invita a ello, sobre todo al principio, con el super-poli llegando a la escena de un secuestro con la misma parsimonia, idéntico desdén y actitud pasotista del mítico -y maravilloso- personaje encarnado por Clint Eastwood, del que Thomerson toma prestados muchos tics, especialmente lo de hablar casi en susurros y la penetrante mirada lacónica. Cuando "
Brick Bardo" cambia de escenario y el actor decide darle vida de modo sutilmente distinto, el regusto "Harrycallahanesco" inicial se pierde.... para mi mayor tristeza. Y es que, encima, luce un mega-pistolón con la capacidad de hacer estallar los cuerpos contra los que dispara (por aquello de que, una vez en gigantelandia, siga siendo un arma útil) y que nos proporciona algunos de los -pocos- momentos jugosamente "gore" de la función. Pues bien, dicha arma se parece mogollón -si es que no es directamente la misma- a la "automag 44", la versión automática de la famosa "Magnum 44", la que lucía "Harry, el sucio" himself en la ettttupenda "Impacto Súbito".
Como le ocurría a muchos de los productos "Full Moon" del periodo, lo que aquí tenemos es una buena idea, un buen concepto, arruinado por la lógica falta de medios. Supongo que no deberíamos culpar a sus responsables, sino aplaudirles por intentar hacer algo así con tanta poca guita en plenos años 90... pero es que, joder, es taaaaaan coñazo. Es decir, resuelven la papeleta como lo haría un Jim Wynorski cualquiera, a base de diálogos y diálogos, y escenas de transición, sobre todo con el personaje de Thomerson, que cuando va de un extremo del decorado a otro, y supongo que con la excusa del tamaño, se toman su tiempo. Luego, los efectos especiales se resuelven por la vía cómoda, a base de plano y contraplano, rara vez se integra al enanito en una imagen dominada por gigantes, y cuando lo hacen pues tiran de croma chungo. También hay decorados que se tambalean y "madelmans" en plan "stand in". Ya saben cómo es esto, no bases tu puñetera película en un reclamo que luego no explotas, maldito. Claro que esa es la gracia de todo esto, por mucho que nos joda. Y nos jode.
Tal vez la mejor idea de la peli sea que al final el jefe de la banda callejera se rebota al cabezudo criminal espacial y se lo carga de un manotazo, para pasar a ser él el malo de la historia. Eso me gustó, no me lo esperaba. Algo es algo.
En el reparto, y dejando a un lado un actor tan "B" como Tim Thomerson, acostumbrado ya a papeles de esa índole (interpreta a "Jack Deth" en la saga -también "made in Band"- "Trancers", otra historia de poli duro desubicado tras un viaje inesperado a otro mundo/época/dimensión/wathever), tenemos un par de rostros bien reconocibles. El de Frank Collison es especialmente destacable por esa singular mueca de alucinado que ha paseado por "El terror no tiene forma", "Alien Nación", "Corazón Salvaje", "O Brother!", unas cuantas de M.Night Shyamalan y un buen puñado de títulos "mainstream". Aquí, como no podía ser de otro modo y embadurnado con un buen montón de látex, otorga vida a la cabeza volante. El otro aún resulta más llamativo, ya que se trata de un jovenzuelo Jackie Earle Haley, al que conocerás como "el nuevo Freddy Krueger" o el "Rorschach" de "Watchmen", pero que cuando comenzó anduvo por los pantanosos terrenos de la "serie B" (por llamarla de alguna manera) tal y como demuestran sus papeles en "Maniac Cop 3" y "Nemesis". Justamente, en esta última Haley repetía con el director de "Dollman", el entrañable Albert Pyun, de cuya extensa carrera en esto del cine de género de todos los colores y todas las categorías ya hemos hablado otras veces. Únicamente añadir que no era "Dollman" su primera colaboración con Charles Band, previamente se había encargado de dirigir una olvidable y aburrida infra-producción "Empire" titulada "Vicious Lips" (o, como se llamó en otros países, "Pleasure Planet" que mola mucho más). Hay que decir en su favor que intenta compensar todo lo "poco" a base de esa estética de contraluces y humaredas que era su especialidad en los ochenta, pero que pa 1991 ya andaba algo anticuada. Buen intento.
Por alguna extraña razón (la novedad, me supongo), "Dollman" funcionó en lo suyo, tanto como para generar una secuela en la que Band -siguiendo la estela de la "Marvel"- la mutaba con otra de sus películas de éxito, "Demonic Toys", "Juguetes Asesinos" en España. El resultado, "Dollman contra los juguetes asesinos", del año 93, pues... no sé, no la recuerdo muy bien, lo que en mi caso es mala señal. Que las primeras entregas de ambas series funcionaran tanto como para esputar esa secuela conjunta únicamente podía deberse a la -por entonces- ignorancia e inocencia del aficionado medio. Una vez aprendido el truco, no volvimos a picar.

domingo, 10 de julio de 2011

ROBOT JOX

"Robot Jox" fue la película que enterró a la afamada y legendaria "Empire Pictures". Charles Band llevaba unos años apostando por productos de mayor engundia presupuestaria, especialmente desde el éxito de "Re-Animator". Y claro, poco a poco la cosa se le fue de las manos, directo a la bancarrota, justo en plena realización de "Robot Jox", la que era su peli más ambiciosa hasta el momento (de ahí que de ella se encargara el "niño mimado" de la compañía en esa época, el mismo Stuart Gordon). El film quedó flotando en el limbo de los olvidados hasta que, un par de años después, otra compañía se hizo con el y lo lanzó. Claro que para entonces, pensar en recuperar los 10 millones de dólares que había costado era ya un sueño imposible.
En el futuro, y con el fin de ahorrarse guerras, los conflictos entre grandes potencias se resolverán en una arena y a base de robots gigantes ahostiándose hasta convertirse en chatarra. Aquiles es el mejor piloto, y está apunto de enfrentarse a su eterno rival, Alexander, lo que desencadenará el culebrón de rigor.
El mayor problema de "Robot Jox" es que sus ambiciones sobrepasan sus medios. Vamos, que aunque el presupuesto era alto... no llegaba para lo que Stuart Gordon y el magnate de "Empire" pretendían mostrar. Por eso mismo, peleas de robots hay pocas, abunda más el material de personajes/diálogos y sus movidas. Encima, la gran mayoría del film se desarrolla en interiores, por lo que la sensación de calustrofóbia es notoria.
"Robot Jox" siempre está al borde de resultar hiper-cutre, pero se salva por los pelos. Las batallas robóticas se las debemos a las artes del maestro del stop-motion David Allen. Y sí, son bien majas, aunque a inicios de los 90 el efecto "foto-foto" ya comenzaba a resultar algo añejo y pasado de moda.
Sin embargo, y a diferencia de mi primer y ya lejano visionado, esta vez la peli me entró bien... no es que sea la cosa más entretenida del mundo, ni la más vibrante, pero tampoco aburre. Lo que resulta imposible negar es que "Robot Jox" fue visionaria; hasta entonces nadie se había atrevido con robots gigantes, dándoles un enfoque serio y moderno. Un "hurra" por Band y los suyos.
En el reparto destacan el eterno malo de la serie B, Paul Koslo, y Jeffrey Combs en un papel minúsculo. En el apartado técnico, varios integrantes de la factoría "Empire"... aunque esta vez no encontramos a Richard Band en funciones compositivas. Raro, estaría con la gripe, digo yo.
Frikada: Antes de cada combate, los pilotos y su equipo sueltan la coletilla "Crash & Burn". Curiosamente, unos años después, y ya instalado en "Full Moon Entertainment", Charles Band lo usaría como título para otra epopeya de robots gigantes dándose yoyas, lo que llevó a que en algunos países de Europa se la tomaran como un "Robot Jox 2".

viernes, 30 de abril de 2021

CRAWLSPACE (EL ÁTICO)

Pequeña producción de la Empire en horas más o menos bajas que, reaprovechando los escenarios ya utilizados en “Torok, el Troll”, cuenta con el protagonismo de Klaus Kinski como el mayor de sus reclamos.
Se trata de la historia del hijo de un cirujano nazi que, teniendo un edificio de viviendas en propiedad, alquila pisos del mismo únicamente a estudiantes jóvenes y de buen ver. Al tiempo que hace experimentos con humanos en el ático, se dedicará a espiar a las jóvenes inquilinas, y también se llevará por delante a todo aquel que ose inmiscuirse en su trabajo.
Realmente es una película tirando a floja, pero con todo el encanto de una película Empire de la época y repleta de asesinatos, ratas y sangre bien rojita salpicándolo todo como si fuera acuarela. Quizás peca de aburridilla en algunos momentos y de hacer gala de una lentitud exasperante, pero, Klaus Kinski es, en sí mismo, un aval más que suficiente para ver la película. Kinski estaba como una puta cabra y, en su interpretación siempre grandilocuente, el espectador nota esa chifladura y, en consecuencia, la recibe con hilaridad. Por otro lado, también resulta gracioso el contraste de ver a Kinski, todo un reputado actor, interactuando con una serie de actores y actrices tan del montón. La cosa queda rara y, en su conjunto, “Crawlspace (El ático)” resulta una película bastante peculiar. A eso hay que añadirle  lo muy molona que es la fotografía de las películas Empire de la época, y el ambientillo de serie B made in Charles Band que se respira, por lo que, sí, es malilla, tirando a horrorosa, pero contiene otros muchos elementos que la vuelven interesante. A mí, me cae simpática.
Asimismo, a estas alturas hablar de que el rodaje fue un completo desastre por culpa de la locura y la presión a la que sometió al equipo el hijo de puta loco de Kinski, no sería nada nuevo; Sería lo obvio en cualquier película en la que trabajara el actor en aquella época. Esta vez, no solo renegó todo lo renegable, si no que, según el director, David Schmoeller, en tres días de rodaje, Kinski, se pegó seis veces con miembros del equipo, mientras que, por otro lado, no hacía ni puto caso a las indicaciones del director. Kinski hacía lo que le salía del rabo. Como no le gustaba el vestuario que se le había asignado a su personaje, un día, cogió y se fue de compras, eligió nueva ropa que a él le parecía más adecuada para su rol, y pasó los gastos a producción. Al finalizar el rodaje, cuando todo el equipo devolvía el vestuario y demás enseres utilizados al personal de atrezzo, Kinski decidió quedarse con la ropa que había comprado por la patilla.
El actor se comportaba fatal, no hacía más que soltar soflamas, criticar la producción y agredir a todo el que se cruzara en su camino. La cosa se volvía insostenible y tanto Schmoeller como el productor Robert Bessi decidieron que lo mejor era despedir a Kinski y contratar a cualquier otro actor y hacer del rodaje algo llevadero, sin embargo, Charles Band se negó en rotundo a despedirle, ya que consideraba que lo único que podía hacer que esta película atrajera a los espectadores al cine, era la presencia del actor, toda una leyenda. Así que se jodieron y apechugaron.
Sin embargo, Schmoeller, vio el cielo abierto cuando observó que Kinski se había encaprichado de una de las actrices — no se ha desvelado cuál podría ser de la que se encoño, pero todo apunta a que, probablemente, fuera Tané, actriz con la que en la película interactúa poco— y que, siempre que la actriz estaba en el set, con el fin de seducirla, Kinski se comportaba de manera caballerosa y educada, llegaba incluso a obedecer las órdenes del director, por lo que este pidió a la actriz que permaneciera en el set el mayor tiempo posible, incluso después de sus sesiones, ya que así conseguía domarle. La actriz se quedaba el tiempo que buenamente le fuera posible, pero, cuando ella no estaba, Kinski volvía a su estado natural, que era el de cagarse en dios continuamente, romperlo todo y hostiar al personal.
En consecuencia de este rodaje en el que casi todo el equipo acabó siendo agredido por el insoportable actor, en 1999, David Schmoeller rodó un pequeño documental en el que narra todo esto que yo he resumido aquí y en el que se desquita de lo que supuso su rodaje más complicado, para una película que, en resumidas cuentas, no deja de ser una mierdecilla. Su título es “Please, Kill Mr.Kinski” y, desde luego, es un estupendo complemento para visionar en programa doble con “Clawspace (El Ático)” y que el posible disfrute, sea mayor.
En el reparto de la cinta tenemos, co protagonizando con Kinski, a Talis Balsam, que no tiene ningún tipo de parentesco con Martin Balsam, pero sí que fue esposa de George Clooney durante algún tiempo, y a la que hemos podido ver en películas como “Trans-Gen, Los genes de la muerte” o “Ellas los prefieren jóvenes”, película para lucimiento de Patrick Dempsey que pasó bastante inadvertida en nuestros cines.
“Crawlspace (El Ático)”, no llegó a estrenarse en nuestras salas, pero al igual que la mayoría del catálogo de la Empire, y  distribuida por la mítica Lightning Vídeo, sí que es un clásico de videoclub absoluto.
En cuanto a David Schmoeller, su película más popular, también a las órdenes de Charlie Band esta vez para la Full Moon, sería “La venganza de los muñecos”, franquicia a la que dio el pistoletazo de salida y a la que, casi, casi, pone el broche, ya que suya es también la dirección, a medias junto a propio Charlie Band, Jeff Burr  y David DeCoteau de una de las últimas entregas de la saga, “Puppet Master: Blitzkrier Massacre”, aunque también se le pueden reconocer títulos como “Trampa para turistas”, sin duda su mejor película, o, también bajo el seno de la Full Moon, “El otro mundo”.

miércoles, 8 de junio de 2022

GALERÍA DE ESCANEOS BONITOS 10: SUBPRODUCTOS YANKIS (PART ONE, POPURRI)

Imágenes extraídas de las fermosas páginas de "Mad Movies", "L´Ecran Fantastique" y otras revistas franchutes que me alegraron la adolescencia por ahí los años 80/90....

Si algo se le daba bien a los chavales de "Mad Movies" eran los dossieres. Llegaron a publicar unos cuantos en sus páginas, todos muy gozosos. Hoy permitan que me decante por aquellos dedicados a la "serie B/Z" made in Hollywood, con el imperio de Charles Band en cabeza. Concretamente la cosa sumaría tres ejemplares, el 49 (Septiembre del 87), el 54 (Julio del 88) y el 58 (Marzo del 89), lo que se traduce en mucho material. De ahí que hayamos optado por dividir el espectáculo entre cuatro entradas que irán saliendo a lo largo de las próximas semanas. Arrancamos hoy con un popurrí variado. 


Imágenes de "Robot Jox", uno de los proyectos
más ambiciosos de la "Empire" y que marcaría
el principio del fin.


Precisamente, parte de los decorados de "Robot Jox" fueron
reciclados en "Transformations" a la que pertenece este sugerente
fotograma. También se la conoce como "Alien Transformations".
Era uno de los títulos que aparecían en ESTE libro. Si leen
la respectiva reseña, accederán a una curiosa anécdota
del rodaje protagonizada por el actor principal, Rex Smith.



No, "Subterraneans" nunca llegó a existir. Se quedó en uno de los muchos
proyectos de "Empire" jamás materializados. Como podemos deducir por el
cartel, la cosa iba como de monos asesinos, o duendes con malas intenciones,
no sé... en cualquier caso, encajaba muy bien en la obsesión de 
Charles Band por las criaturas pequeñas-pero-hijaputas.



"Vicious Lips", también conocida como "Pleasure Planet" (la versión
en inglés del título con el que aterrizó en nuestros video-clubs, "El planeta
del placer") la dirigió en tiempo récord Albert Pyun. Costó cuatro chavos y 
se nota. La cosa iba de un grupo de rock formado por chicas que aterrizaban
en un peligroso planeta y se metían en líos. La vi en su día, pero solo
recuerdo lo mucho que me aburrí. En cualquier caso, ahí dejo uno de sus
carteles y uno de los marcianos que aparecen en ella.



"Necropolis" era un título muy fácil de localizar en los video-clubs
de España. Yo lo hice. Me aburrí tanto como para que mi cerebro borrara
todo rastro de la experiencia. Esta cosilla costrosa 
venía producida por
un personaje ilustre,
Tim Kincaid. Cuando le entrevistamos y le preguntamos
por ella, dijo que hacerla fue una experiencia desagradable 
en extremo.
Buena o mala "Necropolis", indudablemente es la segunda imagen aquella que
ha calado, la tía con seis tetas. Tanto que, no hace demasiado, Charles
Band se animó a producir una especie de remake/secuela titulado
"Necropolis: Legion",donde el gag tetil se exageraba hasta límites delirantes.

jueves, 2 de enero de 2014

AQUELLAS CARATULAS MARAVILLOSAS (38): PONTE PELUCA, DREAMANIAC



Cuando era más jovenzuelo, había en el video-club una serie de películas que no podía creer, por nada del mundo, que no me gustaran. Vistas a la distancia, sumaban demasiados atributos como para, una vez consumidas, crearme tal sensación de rechazo y modorra, así que de vez en cuando volvía a alquilarlas esperando que algo cambiara. Bien, únicamente funcionó cuando la espera entre visionado y visionado se prolongó, literalmente, más de una década. Por ejemplo, así fue con "Creature" y "Eliminator". A medias con "Terror Caníbal". Luego está "En busca del dragón dorado", que todavía no ha pasado la prueba. Y... bueno, la peli que comentaremos hoy, "Dreamaniac". Ya les adelanto que, de todas las citadas, es la única que ni tan siquiera el paso de los muchos años me la ha hecho más digerible.
"Dreamaniac" marcó el debut de David DeCoteau en el infra-mundo del cine de serie Z. Y resulta que, en aquellos tiempos, yo era muy fan de esta clase de material y de señores tan poco recomendables como Jim Wynorski o, sobre todo, Fred Olen Ray (que últimamente no para de asomar por el blog. Quien tuvo, retuvo). David DeCoteau formaba parte del club. El problema es que, mientras tanto Wynorski como Ray aún poseen algún título más o menos visible y simpático, me percato de que DeCoteau no tiene ¡¡¡NI UNO!!!. Sí, incluyo aquí la insufrible "Creepozoides". Vamos, que era un inútil y lo ha seguido siendo a lo largo de toda su carrera, saliera o no del armario y sin importar si sus películas iban destinadas a fricos pajilleros, niñas reglosas o gays desatados. Pero en 1988 yo todavía no era consciente de todo eso, rendía pleitesía al Sr.David DeCoteau y por ello me resultaba difícil comprender cómo "Dreamaniac", siendo encima una de terror "bien seria" (teniendo en cuenta la preferencia del director por la comedia o el "actioner" chungo), no me gustaba ni pizca, me aburría mortalmente y, sobre todo, encontraba desagradable su extraña estética casi de peli porno, percepción esta nada errónea. Cuenta la leyenda que cuando DeCoteau le proyectó la cosa terminada a Charles "Empire/Full Moon" Band y su pareja de entonces, Debra Dion, esta le dijo: "Has hecho una película porno "high class", solo que sin porno". Y es que, sí queridos, antes de su primer largometraje, DeCoteau se dejó las legañas y aprendió parte del oficio currando en la industria del cine para adultos, así que es normal que se le pegara algo.
"Dreamaniac" (originalmente concebida como "Succubus" y cambiada al título mucho más molón que finalmente se le quedó, y que los señores de "I.V.E." mutaron a "Dream maniac" en la careta que le precede cuando das al "play") nació simple y llanamente como evidente "exploitation" del fenómeno "Pesadilla en Elm Street". No lo digo yo, lo ha reconocido el propio DeCoteau en sendas entrevistas. De hecho, arrancó el proyecto de modo autogestionado, pero poco antes de rodar, Charles Band decidió invertir guita y distribuir el resultado bajo su flamante subsello "Beyond Infinity Films", que como saben -o deberían- se especializaba en ñordas de cuarta categoría firmadas por zineastas como Gorman Bechard, Ken Dixon o el mítico Tim Kincaid (que también venía del porno y reutiliza algunos pasajes de la banda sonora de "Dreamaniac" en sus propias cagarrutas, dicho esto último de modo afectuoso. El compositor para todos los casos se llama Don Great, habitual de la "Empire" en sus primeros años y que, aunque parezca guasa, terminó metido en productos de lo más famosos y "mainstream"). A cambio, Band impuso que se diera más cancha a las secuencias de pesadillas -por si no quedaba lo suficientemente claro con el título- y tetas -por lo evidente-. DeCoteau tomó buena nota de lo segundo, porque de tetas y erotismo de karaoke lo hay pa dar y regalar, incluidos chicos en slips o con el culo al aire, cosa esta que terminaría siendo en el futuro una constante de su cine. Pero de lo primero, no tanto. En realidad, pesadillas bizarras en "Dreamaniac" solo hay una, al principio, y me parece a mi que ninguna más. El resto, en su mayoría, son secuencias de paliqueo eterno, salpicadas de vez en cuando por algo de pajillismo y un poco menos de truculencia.
Y es que la trama no da para mucho. El prota de la historia es un jevimetalero que, a pesar de tener una novieta con la que chingar y que le perdona su aparente narcolepsia, quiere más, así que invoca a una criatura satánica que le haga triunfar entre las girls y, ya puestos, le dedique jugosas felaciones... aunque terminen en castración. Casualmente, esa misma noche la novia monta una fiesta en casa y uno de los invitados se trae a una chica que es igual a la criatura satánica. Bueno, es que ES ella. Sea como fuere, aprovecha la merienda para ir aniquilando a todos los invitados e incrementar la influencia mental que tiene sobre el jevimetalero. Entre mogollón de diálogos intrascendentes e innecesarios, mucha niebla y luces de colores (casi parece una de Andy Milligan... solo que un 5% mejor hecha), se van sucediendo crímenes bastante poco espectaculares. Solo al final hay algunos jugosos, a pesar de lo inverosímiles que resultan (destaco en este sentido la absurda decapitación por taladro gigante).
Realmente, no nos percatamos de que estamos viendo un "slasher" hasta el desarmante primer desenlace, cuando el elemento sobrenatural es exterminado de modo desconcertante. Nada comparado al aterrador segundo final, en el que un personaje califica de "Fabuloso!" todo lo visionado/sufrido hasta el momento. Sí... ¡fabulosísimo!.

Y en el trayecto, nos hemos aburrido como marsopas. Rodada en 16mm durante diez días, y casi sin salir de las cuatro paredes que conforman el escenario (otro punto de contacto con el porno, me temo), a "Dreamaniac" no hay por donde cogerla. Así de simple. Sí, claro, haciendo un gran esfuerzo puedes mirarla con nostálgico afecto, teniendo en cuenta cómo se concebió y por quién, pero creánme si les digo que yo la consumí pasada la medianoche del 31 de Diciembre, con un puñado de copas de champagne en el cuerpo... y ni así le supe ver el lado positivo.
Y es que, una vez más, es el dato paralelo, ajeno al contenido de la película/cinta, lo realmente interesante de esta historia.
A principios de los 70, el ya fallecido y tardíamente reivindicado Curtis Harrington rodó dos películas back to back (1971 y 1972) con protagonismo de Shelley Winters y que se apuntaban a ese extraño subgénero, entre el drama gran guiñol y el "american gothic", iniciado en 1962 por Robert Aldrich con "¿Qué fue de Baby Jane?" (y que siguió en 1964 con "Canción de cuna para un cadáver"). No lo digo por decir, ya que el guionista de ambas, Henry Farrell, lo fue también de "¿Qué le pasa a Helen?", la primera de las dos obras del tándem Harrington/Winters y protagonista de la sospechosa caratula que sigue, cortesía de "Glovisa"...



¿De verdad es necesario que comente algo?, ¿no es suficientemente obvio?. Sí, a la loca con alopecia de "Dreamaniac" (por otro lado, muy efectiva, en su época incluso daba algo de mal rollo) le meten un pelucón rubio y ¡ala!, directa a la caratula de "¿Qué le pasa a Helen?" (aunque, pa la ocasión, dejan únicamente el primer interrogante, eliminando fulminantemente el segundo. Justo al revés de lo que solemos hacer todos). No hay mucho más que añadir, salvo que nunca llegué a alquilar ni ver la película de Curtis Harrington, así que no puedo comentarles nada sobre ella. Sin embargo, sí que vi la segunda, "¿Quién mató a tía Roo?" (esta vez sin implicación directa o indirecta de Henry Farrell) y, en fin, recuerdo que me agradó más de lo que esperaba. Pero ¿qué importa todo eso ante un caso tan salvaje y ridículamente divertido de expolio caratulil como el aquí expuesto?.
Nada de nada.

sábado, 28 de julio de 2018

FILMGORE

Supe de la existencia de "Filmgore" gracias a un llamativo anuncio en la contraportada de uno de los primeros "Fangoria" yankis que me agencié en una tienda de coleccionismo cinematográfico por ahí mediados de los años ochenta. Desde entonces la curiosidad al respecto me mataba. Sin embargo, he tenido que esperar sendas décadas para que un colega me la consiguiera y lograra echarle un ojo. Lástima no haber buscado antes en Youtube, donde pueden localizarla completita.
En esencia se trata de un producto totalmente promocional. Charles Band disponía en su catálogo "Wizard Video" de una serie de títulos destacados -más o menos- por su truculencia. Así que tuvo la idea de cogerlos todos y parir versiones resumidas recopilando únicamente las secuencias más sangrientas, o más elementales para entender la trama, reduciéndolos a un manojo de minutos cada uno. Únelos en un mismo metraje, mete a la palizas de Elvira entre medio soltando chistes horrorosos (como aquel en el que se ve una decapitación y la tetuda exclama: "¡Cuando el director gritó corten no se refería a eso!". Imaginación al poder) y ya tienes una cosucha lista para vender. En cierto modo casi podríamos hablar de un servicio social, ya que actuando de ese modo Band limita a lo más interesante el contenido de algunos títulos poco lustrosos como son "The Astro-Zombies", "Carnaval de Sangre", "Masacre en el Auto-Cine" o la soporífera "El asesino del taladro". En este sentido destaca con honores el famoso "Snuff" de los Findlay. En cambio proceder de igual manera con algunos clásicos de Herschell Gordon Lewis (como "Blood Feast" y "2000 Maníacos") o, sobre todo, la inmortal obra de Tobe Hooper pues hombre, no sé yo si mola tanto. Aunque, siendo honestos, y salvo esta última, todo lo demás son ponzoñas y en realidad poco importa que las troceen. 
Algo así debería molar, ¿no?, ver lo "mejor" de cada título y ahorrarnos el suplicio de la obra en su integridad. Pues ahí está lo raro, que "Filmgore" es un auténtico rollazo. Y puestos a aburrirnos, mejor hacerlo con las pelis enteras. Incluso las peores.
El responsable de este absurdo desaguisado fechado en 1983 es Ken Dixon, que en su haber tiene otros tantos productos del estilo ("Zombiethon", "Famous Tits and Ass" o el maravillosamente titulado "The best of sex and violence") y el sub-clásico de la factoría Band/Empire/Beyond Infinity Films "Esclavas del Espacio".

miércoles, 30 de enero de 2013

PUPPET MASTER X: AXIS RISING

Nueva entrega de la saga “Pupper Master”, la undécima en número, y la décima de manera oficial (recordemos que “Puppet Master vs.Demonic toys” no forma parte del catálogo de “Full Moon”), tomando las riendas de la dirección para la ocasión, el indómito Charles Band. No encuentro una diferencia palpable entre su dirección y la de David DeCoteau que se encargaba de la saga desde hace ya tiempo.
Se ve que funcionan mejor cuando se traslada la acción en el pasado, continuando cronológicamente con “Puppet Master: Axis of evil” ambientándolo todo en plena segunda guerra mundial. La ambientación, como de costumbre en los últimos títulos, es de pena.
Resulta que el ejercito nazi tiene a un científico secuestrado para que idee una formula que haga resucitar a los muertos. Por una serie de circunstancias, una de las marionetas, Tunneler, cae en sus manos, y descubre que lo que hace que estas marionetas cobren vida, es un suero verde que tienen en su interior. El científico intenta sintetizar ese suero para que sirva para dar vida a las personas humanas, pero entre tanto, se entretiene dando vida a unas marionetas de su invención. Un inciso: Como los sueros verdes fosforito no tienen derechos de autor, el Señor Band, tiene la poca vergüenza de darnos a entender, que el origen del suero verde de “Re-Animator”, tiene su origen en “Puppet Master”, y no pocos son los planos en los que el científico blande su jeringa a lo Herbert West. Incluso en un momento de la banda sonora, suenan los primeros acordes de la banda sonora de “Re-Animator”, cuando aparece en escena una jeringa repleta de suero verde. Hay que tener mala idea.
Total, que las marionetas de siempre, que desde la sexta entrega son buenas, y que ahora están junto a un joven militar que las encontró en su casa, irán en busca de Tunneler y se las tendrán que ver con las nuevas marionetas malas, esta vez unas cuantas, y que serviran para que los fans puedan comprarse los muñequitos posteriormente.
Nada nuevo, lo de siempre, muy parecida a “Axis of Evil”, con mucho e interminable “Bla, bla, bla” de lo más intrascendente y aburrimiento extremo en cada uno de los fotogramas.
Ni siquiera la presencia de las nuevas marionetas (Una Ilsa nazi, un hombre lobo nazi, una especie de tanque con cabeza y aspecto de Darht Vader y un japonés Kamikaze que suelta frasecitas) ni los enfrentamientos entre marionetas buenas y marionetas malas, hacen de esta película algo fresco y merecedor de un visionado. A cada nuevo título, la saga va a peor, y eso que el listón ya estaba demasiado bajo.
Destacable únicamente por la coñita a “Re-animator”, ni tan siquiera somos testigos de asesinatos y sangre como antaño. La saga ha dejado de pertenecer al género de terror para pasar a convertirse en cine bélico y/o de aventuras, de cuarta categoría.
Aburridísima, espantosa, absurda, nada interesante. Y sin embargo, en los USA se siguen esperando sus entregas con expectación, su merchadising, y es la saga mimada de “Full Moon”, de hecho, las dos últimas películas de la serie han sido rodadas en 35 mm.  mientras que ellos llevan ya años trabajando en vídeo para el resto de sus producciones.Ver para creer.

lunes, 9 de agosto de 2010

PUPPET MASTER: AXIS OF EVIL

La décima entrega de esta ya longeva saga (iniciada en 1989) tiene tantos puntos a su favor, como en contra.
Es curioso. En pleno 2010, y en mi ingenuidad, pensaba que con este "Puppet Master: Axis of Evil" me iba a encontrar una actualización de los personajes, quizás una nueva película un pelín más currada, un regalito actual para el nutrido grupo de fans… Pero no; el señor Charles Band no tiene ni el más mínimo respeto por sus personajes-insignia, aquí de lo que se trata es de sacar pasta, mucha y rápido, y sabiendo que los devotos, como tales, comprarán el dvd sea como sea la película, ¿para qué currárselo entonces? Así que contrato a David DeCoteau, que hace pelis como churros, y doy más de lo mismo, pero mucho peor. Eso sí, en la página web de "Full Moon", packs, cofres, ediciones especiales con camiseta y "trading cards", ¡¡que no falten!!… todo un arsenal de "merchandising" ¡para una película que es una puta mierda! Pero, por otro lado, ¿qué película de esta saga no es una puta mierda? Es más, desde la sexta "The curse of the Puppet Master" ("Juguetes Asesinos" en las Hispanias), 
y con la excepción de "Puppet Master vs. Demonic Toys", que se sale un poco de madre por aquello del “crossover”, todas llevan la misma línea que esta: Los muñecos son los buenos (que hasta la tercera eran los malos), el ritmo es lento y los asesinatos nada del otro mundo. Y ¿para qué hablar del gore? Este es casi inexistente.
O sea (y esta es la parte buena) que se mantiene fiel a lo que es la saga, nada de florituras, las putas marionetas mal moviéndose por ahí, y listo. Pero es que, en esta en concreto, el espectador tiene que enfrentarse a una hora de insustancial “bla, bla, bla” y a diez minutos de muñecotes, menos animados que de costumbre. Así que, sin despeinarme, digo que estamos ante la peor película de la franquicia. Y encima, tienen la poca vergüenza de taparnos la boca con la presentación de una nueva marioneta, como diciendo “Sí, ya sabemos que esto es una mierda, pero mirad, ¡os traemos una nueva marioneta, no os olvidéis de comprar la réplica y completar vuestra colección!” El bichejo en cuestión es, encima, el menos atractivo de los "Puppet Master", un ninja con la sangre del hermano del protagonista dentro que lanza estrellas.
Y como en esta saga no hay un orden cronológico, saltándose a la torera las fechas, volvemos atrás en el tiempo, a los años treinta. Empieza justo en el flash-back de la primera, donde se suicida "André Toulon", presentándonos a un joven amigo del titiritero quien se hace cargo de las marionetas tras su muerte. Un inicio potente que augura una película entretenida (no acaba siendo así) y, en un alarde de frugalidad, resuelven los primeros diez minutos reaprovechado material usado y (descartado también) de la primera película, mezclándolo con lo rodado hoy, quedando todo guay, para luego dar paso a los títulos de crédito y el resto, donde todo se va a la mierda.
El joven amigo de "Toulon" planea matar a sus asesinos, aprovechando que estos, nazis que se han aliado con unos Japoneses (!!), van a poner una bomba en un sitio cuya ubicación conoce. Como tiene las marionetas, estas le ayudarán.
Y si en la primera el papel de "André Toulon" lo interpretó William Hickey, y en el resto Guy Rolfe, en esta, vuelve a ser Hickey quien le da vida… ¡y eso que está muerto! ¡Menudos sinvergüenzas Band y la "Full Moon"!

sábado, 26 de noviembre de 2022

NECROPOLIS

Llevaba ya una larga temporada queriendo revisar esta pieza de cine zetoso. No la veía desde que en su momento la alquilara y tildara de regular en un fanzine llamado "Fangore" que editaba en 1987 ¿El motivo de tanto interés? Pues que sin llegar a ser oficialmente una producción "Beyond Infinity Films", poco, poquísimo le falta. Estéticamente guarda mucho parentesco con aquellas, además de tener entre sus responsables al normalmente director, aquí co-productor, Tim Kincaid, al gran Ed French en los efectos de maquillaje y tal (aunque pal caso no se luce tanto) y, apadrinando todo el pifostio, Charles Band desde su Empire.
La movida va de brujas. Concretamente de una que, por ahí el 1800 y pico, se carga a una virgen justo antes de que contraiga matrimonio. El novio escaldado, y el resto de pueblerinos, se la cepillan. Ella, como hacen todas las brujas en las películas de terror, antes jurará regresar para vengarse. Y sin saber exactamente por qué, procede en 1986 convertida en toda una seudo-gótica semi-punka. Buscará a los descendientes de aquellos que la mataron (que, mira tu cuan afortunada es la tipa, los pilla a todos juntitos) y comenzará a martirizarlos, hasta que se le reboten.
Nada nuevo. El aburrimiento esperado. Estética acartonada. Dirección sin la más mínima imaginación. Tsunami de diálogos. Pinceladas de truculencia (disfrutable, aunque escasa). Alguna risa involuntaria. Un maquetón cojonudo explotando al final. En fin...
De todo ello podríamos culpar -ni que sea en parte- a su director y guionista, Bruce Hickey, un menda que, previamente, había sido "Danny Zucko" en el "Grease" original de las tablas. Tras su experiencia con "Necropolis", se dedicó mucho al teatro, a parir cortos y películas pero en otra honda, haciendo dramones y tal. No, no me lo invento. Ni es una trola de Imdb. Hickey tiene página web con la respectiva información. Es evidente que no le hace demasiada gracia reconocer su paternidad respecto al film reseñado, lo evita cuanto puede... pero al final se siente obligado a incluirlo en su filmografía, aunque alterando el título a "Neeropolis" y fechándolo en 2016... ¿despiste o estratagema voluntaria para evitar ser localizado por posibles fans de la interfecta y el género en particular? ¿Huye Hickey de la "maldición geek", aquella que te condena a un momento en el tiempo del que no podrás escapar nunca jamás, visitando Con tras Con para poner cara de póquer en las fotos? Si es así, hace muy bien.
Sin duda, la escena más famosa de la película es aquella donde la bruja (interpretada por LeeAnne Baker, sacrificada moza con una filmo compuesta únicamente de películas firmadas por Tim Kincaid y Gorman Bechard. En breve podremos verla con canas y arrugas en el documental "Celluloid Wizards in the Video Wasteland: The Saga of Empire Pictures". Hoy se dedica a escribir) saca cuatro tetas de más para dar de mamar a su séquito de zombies. Tanto es así, que hace poco un decadente Charles Band se lanzó a producir una secuela en formato digital, dirigida por ese ególatra incontrolado de irritante aspecto llamado Chris Alexander, que llevaba por título "Necropolis: Legion" y exageraba la coña de las tetas múltiples hasta límites ridículos. Creo incluso que lanzaron algunos comics. En fin, ¿qué más dará?
Como nota curiosa, (ama)mentar que la banda sonora de "Necropolis" viene compuesta a base de retazos de otras producciones Empire como "Trancers", "Eliminators" o "El alquimista", además de la inevitable fanfarria de archivo firmada por el dúo Tom Milano y Don Great.
Creo que la pillé con tantas ganas que me ha parecido medianamente mejor, o más soportable, que cosas como "Holocausto Robot" o "Cazador de mutantes". Seguramente sea igual de aburrida y prescindible, aunque no se le puede negar cierto encanto.