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miércoles, 17 de noviembre de 2021

EL OTRO BAÚL DE TÍO VICENTE 2

Seguimos revisando y escaneando las páginas de la revista "Casablanca". Esta semana la cosa se ha saldado de la siguiente manera...

El desganado anuncio del rodaje del tercer "Superman". Fíjense que citan como villano de la historia a Richard Pryor que, en parte sí, pero a estas alturas todos sabemos que no del todo.


Una crítica, tirando a previsiblemente mala -aunque no sangrante- de "Historia Macabra". Destacar la siguiente curiosa frase: "Son esas cosas que no se entienden del cine comercial actual, costoso y mecánico". Para leer, tecla Ctrl + botón izquierdo del ratón.



Y, finalmente, mi escaneo favorito (extraído de un ejemplar de Febrero del 83). Una entrevista a ese cáncer para el cine patrio que fue Pilar Miró -por cruelmente irónico que suene- en la que no puede evitar vomitar la rabia que sentía (y la envidia, como dice Víctor) por Mariano Ozores y su obra. La cabrona hizo todo lo posible por eliminarlo (y, de paso, el resto de cine popular que se facturaba por acá). Y lo consiguió... pero solo por un tiempo. Al final, los productos de género recuperaron su lugar en la cinematografía patria, y aunque sean detestables en un 99%, los preferimos al tipo de mierdotes que Doña Miró pretendía imponernos como Belmondo imponía su ley, es decir, a sangre y fuego.


Griten todos al unísono: ¡Graaaaacias ooootra veeeez tío Vicenteeee!

lunes, 16 de agosto de 2021

EL E.T.E. Y EL OTO

No me extenderé mucho presentando la película porque ustedes ya la conocen; Se trata de una parodia de “E.T. El Extraterrestre” protagonizada por Los Hermanos Calatrava y dirigida por Manuel Esteba. Básicamente consta de una serie de recreaciones pobres y chapuceras de las escenas más célebres de la película de la que hace chufla, en un batiburrillo de imágenes sin coherencia ni continuidad que sirven para el lucimiento de la pareja de cómicos que la protagoniza, Los Calatrava, así como para el de los humoristas invitados (Goyito, Manolito Royo) que intervienen como secundarios, cuyas presencias interrumpen toscamente la narración para así poder hacer partícipe al espectador de sus respectivos estilos. Se trata, probablemente, de  una de las obras cumbre de la serie Z española y su nivel de pobreza podría hacerla competir con producciones turcas, paquistaníes o peruanas y, en tal caso, “El E.T.E y el Oto” saldría airosa. Mala y exasperarte, en pleno 2021 la película ya no despierta ni simpatía, sino todo lo contrario.
Con ese atentado al buen gusto y al celuloide que es la por otro lado entrañable “El E.T.E y el Oto”, parece que la cultura popular y los aspirantes a gacetilleros de este país se han cebado en cuanto a invenciones y rumores vertidos en torno a su producción. Es como si hubiera que propagar todos esos rumores para justificar el escribir sobre ella y que haya algo que decir, ya que lo cierto es que “El E.T.E y el Oto” es tan rematadamente mala que no hay nada que resaltar más allá de eso. Y es que, tras un reciente visionado todavía me duelen los ojos, en parte, debido a la infecta calidad de los ripeos existentes.
Entre los rumores expandidos por el fandom, las trolas del director y las de los propios Hermanos Calatrava, vamos apañados.
Uno de lo más extendidos fue que Esteba y Los Calatrava se adelantaron una semana al estreno de la de Spielberg llegando así a coincidir en la cartelera las dos películas. No hay que ser muy listo para saber que eso es una falacia. Tan solo hay que echar un ojo a la base de datos del ministerio de cultura para comprobar que “E.T. El Extraterrestre” se estrenó en nuestro país en Octubre de 1982, mientras que “El E.T.E y el Oto” lo hizo en Marzo de 1983. De hecho, cuenta Manolo Calatrava en sus memorias que la idea de realizar esta parodia surge al ver lo bien que estaba funcionando la película de Spielberg en las salas de nuestro país. Esteba y Los Calatrava fueron  a verla para quedarse con las escenas más potentes, y, ahí sí, después se dieron prisa en hacerla. El rodaje duró una semana y la postproducción otra semana más. Y en cinco meses ya estaban exhibiendo en salas con “E.T. El Extraterrestre” todavía presente en cartelera. La coincidencia de ambas películas en cines se debe exclusivamente a que la programación de la de Spielberg se prolongaba semana a semana gracias a los beneficios.
El otro rumor existente, decía que Steven Spielberg había solicitado copia a la distribuidora de “El E.T.E y el Oto” al saber de su existencia y que, al verla, desestimó el denunciar a la producción tras corroborar su mala calidad. Manolo Calatrava en el libro afirma que duda bastante que Steven Spielberg llegase a  verla porque, de lo contrario, directamente los mataba. De esta misma guisa, a Manuel Esteba en vida le gustaba alardear de que Spielberg vio la película, le telefoneó tras hacerlo y le felicitó ya que según el director judío, Esteba era el único que había captado el mensaje implícito en E.T. sobre la llegada de Jesucristo a la tierra (¿?). Todo mentira, naturalmente, aunque no existen datos que corroboren si Spielberg llegó o no a ver la película.
La idea se gesta tras un sketch que Los Calatrava ejecutan en televisión a propósito del extraterrestre. Con la película “Horror Story” diez años antes, Manuel Esteba deja dinero a deber a la pareja de humoristas, quienes no ve un duro de aquel rodaje. Con la fiebre de E.T. en nuestro país, y tras ver el sketch, Esteba contacta con los hermanos proponiéndoles hacer esta parodia para cine y, a pesar de las desavenencias y el concepto que estos tienen del director, aceptan protagonizarla a cambio de los gastos que pudiera acarrearles el rodaje y un 15% de los beneficios en taquilla. Para completar el reparto se cuenta con los propios hijos de Los Calatrava, Oscar y Curro García, además de otros cómicos invitados que intervinieron gratis.
Diez días antes del estreno, todavía no tienen el cartón de censura con la correspondiente clasificación por edades, tarea esta que desempeñaba  por aquél entonces Pilar Miró. Esta alegó que no tenía tiempo para verla y calificarla, y, pese a que el estreno estaba ya programado, la dejó aparcada y sin la calificación. No podía proyectarse. Finalmente, y tras tener que personarse en su oficina la esposa y socia de Manuel Esteba, a regañadientes, la Miró calificó la película otorgándole un “no recomendada para menores de 14 años” pese a que era completamente blanca y estaba destinada a toda clase de público, especialmente el de corta edad. Con esa calificación perdían asistencia infantil a las salas donde se proyectase.
Se estrenó en 45 salas y, según Manolo Calatrava en sus memorias, el éxito fue rotundo recaudando más de 160 millones de pesetas, de los cuales los hermanos no vieron ni un duro, porque, al ir a reclamar a la productora de Esteba el 15% que por contrato les correspondía, el director se declaró insolvente, repitiéndose lo acaecido 10 años antes con “Horror Story”. Tampoco tiene mucha veracidad la versión de Manolo Calatrava, pues consultando la hoja del Ministerio de Cultura, la película no ganó 160 millones de pesetas, sino 31 provenientes de unos discretos 211.000 espectadores que fueron a verla la semana santa de 1983, o sea que, según esto, Calatrava se pasa en 130 millones de pesetas. No obstante, y teniendo en cuenta el bajo presupuesto de la película, como fuera, resultó un negocio rentable. De todas formas, no solo Esteba no dirigiría más cine, tampoco Los Calatrava volvieron a protagonizar más películas.
En cualquier caso, y tras un reciente visionado de lo más duro, lo cierto es que “El E.T.E y el Oto” es una de nuestras producciones más vergonzosas —y vergonzantes— que, paradójicamente, se convierte en una de las series Z más populares y que, al margen de la inutilidad técnica, destaca por un humor, el de Los Calatrava, que acaba funcionando por infuncional. Algunos gags son denunciables, así como la interpretación de Paco Calatrava como E.T. que hace dudar a los espectadores extranjeros si se trata de un extraterrestre o un deficiente mental.
A modo anecdótico decir que, como se trata de una película rodada sin sonido directo y doblada posteriormente en estudio, los hijos de los Calatrava fueron doblados por actores profesionales y, aprovechando la coyuntura, para proceder con Oscar García, el equivalente español al Elliot Americano, se contrató a José Luis Mediavilla, que es el mismo actor que dobló a Henry Thomas en el E.T. original, con lo que resulta muy gracioso escuchar la reconocible voz española de Elliot interactuar, casi con los mismos diálogos que en la original, con Los Hermanos Calatrava.
Todo muy entrañable. Pero nada más que entrañable.

miércoles, 16 de marzo de 2022

EL OTRO BAÚL DE TÍO VICENTE 9 - QUEJAS Y OPINIONES

Lo de hoy es absolutamente impagable. Una serie de opiniones editoriales y cartas quejosas que, entre Enero y Noviembre del 83, vieron la luz en las páginas de "Casablanca". Leerlas es tan gozoso e hilarante -aunque en algunos casos no les falte razón- como lo era revisar el correo de las revistas heavy metal de, casi casi, esa misma época.
Disfruten (ya saben, tecla Ctrl + botón izquierdo del ratón)... pero antes, no olviden pelotear a quien nos las cedió: ¡Graaaaacias ooootra veeeez tío Vicenteeee!

Comenzamos con una sorprendente (teniendo en cuenta quien la publica), muy inteligente, bien medida y razonada defensa del cine de efectos especiales / espectáculo. Son muy regocijantes la lista de títulos mentados o cuando el autor (cuyo nombre no aparece. Tampoco dispongo ya de las revistas para saberlo, ¡mil perdones!) habla de las "horas de cola" que ha hecho para consumir ciertos blockbusters.
Naturalmente en este blog compartimos del todo sus palabras.


Jesús Cuadrado (perfecto apellido) era un director de películas artys que se quejaba de que nadie en la industria aceptaba sus proyectos porque no eran comedias. Encima, va la intelectual "Casablanca" y machaca una de sus obras recientes. ¡¿Cómo osan?!. Ni corto ni perezoso, escribe a la revista para expresar su descontento. Algo debió ir mal en la carrera del cineasta porque no consta nada suyo en los canales habituales (la secre y cía).


Este artículo es jodidamente divertido. Lo que en principio parece un berrinche en contra de los espectadores jóvenes ruidosos y molestos de la época (impagable la lista de "gustos estéticos" en ropa y peinado), deriva a todo lo contrario. El autor agradece su existencia porque acuden en masa a ver los grandes éxitos y forman kilométricas colas. No deja de ser irónico que, por época, yo entraba dentro de ese grupo. Y, por época, hoy tengo la edad del que escribe (puede que incluso más).


Un clásico: el espectador que se queja de la mala calidad de las proyecciones y los cines.


Carta abierta a Pilar Miró, la señora que intentó destruir el cine comercial / popular español -sin conseguirlo a la larga, aunque hizo mucho daño en su momento-. Justamente, el "quejante" la acusa de ello, de que al haber borrado del mapa esa clase de películas, no ha provocado más que un vacío en las salas. Evidentemente apoyamos del todo esas palabras.

viernes, 30 de septiembre de 2022

BLUE TORNADO

Tardío (y demencial) exploit italiano de “Top Gun” (ahora que está tan de moda) facturado en los 90 con fines comerciales totalmente aviesos y realizada con la cara más dura que se pueda uno imaginar. Y es que, aunque el material de base que utiliza para su desarrollo es idéntico al de “Top Gun”, si los italianos son expertos en algo es en rizar el rizo, así que, no contentos con mangar la estética a la película de Tony Scott —la escena de créditos que nos presenta la flota de aviones es exacta—, también casi le mangan el título a otra producción de éxito de los 80, “El Trueno Azul” y, además, no se les ocurre otra cosa que aderezar el mejunje nada menos que con ¡abduciones extraterrestres!
Así, tenemos a dos pilotos de la OTAN que pasan su tiempo entre rudas conversaciones de tipos duros y juegos de cartas, cuando no, salen con sus aviones a probar una serie de maniobras. En una de estas, estando en el aire observan en lo alto de la colina una extraña luz azul que, cuando uno de estos pilotos sobrevuela sobre ella, se lo traga. El otro piloto regresará solo a la base convencido de que las luces que se han tragado vivo a su colega son de origen extraterrestre y, con toda la OTAN en contra diciendo que se trata de un fenómeno electro magnético, decidirá investigar por su cuenta, lo que le llevará a conocer a una rubia irrelevante que no sirve para otra cosa más que para que nuestro protagonista tenga un interés romántico.
En un momento dado, este piloto saldrá con un anciano en garrota a subir la montaña para llegar a la zona donde las luces alien se tragaron a su compañero,y lo hace con la ropa que lleva, sin la adecuada equipación de escalada (¡¡¡). El desenlace, que no desvelaré por supuesto, es una de las cosas más improbables, tontas, estúpidas y descabelladas que he visto yo en una película.
Lo más interesante de “Blue Tornado” es su reparto eminentemente internacional, al menos en lo que a los papeles estelares se refiere, así, tenemos a una suerte de Maverick llamado Alex interpretado por un decadente Dirk Benedict recién finalizado su periplo en “El Equipo A” al que le secunda una por otro lado en alza y exitosa Patsy Kensit, que lo mismo te hacía un blockbuster hollywoodiense, que aparecía en una película de Pilar Miró, que te salía en esto. El compañero de Alex tragado por la luz azul, no es otro que Ted McGinley, más conocido por interpretar a Stan Gable, el malo de la saga de “La revancha de los novatos”. Finalizamos el cast con la presencia de un David Warner desubicadísimo en su papel de comandante de la tropa aerea, pensando todo el rato en cuando va a cobrar su cheque y, así, regresar a su país. Vamos, un reparto de campanillas.
No menos interesante resulta que, a pesar de lo chapucero del plagio en general, no aparenta ser tan pobretón como cabía esperar y hay que decir que las tomas con aviones reales de la aviación italiana no desmerecen en absoluto de las rodadas para el original “Top Gun”, y sin llegar a la espectacularidad de aquellas —solo por un pelo— por lo menos dan el pego, salvo porque el material aéreo es excesivo y al final la película es un continuo ir y venir de Dirk Benedict para arriba y para abajo, yendo a la biblioteca a buscar libros sobre OVNIS y teniendo largas e intrascendentes conversaciones sobre el tema con sus compañeros de reparto, junto al sin sentido de secuencias de aviones que despegan, vuelan o aterrizan mientras el director de fotografía intenta copiar los tonos de luz sepiaceos que hicieron distinguir la película protagonizada por Tom Cruise. Sin embargo, y contra cualquier pronóstico previamente estipulado, la película no se hace aburrida en exceso. Es más, diría que incluso está entretenidilla, ya sea por su primera mitad que es más que digna, ya sea porque luego la cosa se desmelena, se va volviendo bizarra y perezosa y, ya sí, entran en juego los consabidos momentos de comedia involuntaria. Pero ¡ojo! No está mal dirigida del todo.
El responsable es un pequeño aspirante a lo que viene siendo el típico artesano italiano, Antonio Bido, que por aquello de internacionalizar el producto firmó esta película bajo el seudónimo de Tony B. Dobb (que suena parecido a Tony Scott) y cuya filmografía no es del todo destacable, aunque en los setenta rodó sendos giallos que pueden ser más o menos recordados por los aficionados al género: “El gato con los ojos de jade” y “Sombra sangrienta”. En cualquier caso, tampoco serían de los giallos más célebres (o celebrados).
La verdad es que dar con “Blue Tornado” ha sido dar con una pequeña joya del despropósito, una estafa con más cara que espalda y una absoluta candidata a la categoría “malas pero divertidas”. Me resulta incomprensible como esta película no es más célebre o posee más culto —y es que se la reivindica poco—. Desde luego tiene todos los ingredientes para que estuviera al lado de los grandes títulos exploit italianos de la época, como “Contaminación: Alien invade la tierra” o el “Terminator 2” de Bruno Mattei por citar algunos. Y la única explicación que encuentro es que esta película no es popular por tratarse de un film de los 90 que expoliaba una película que quizás hoy esté de gran actualidad gracias a su secuela, pero que en 1991, año de producción de esta cinta, ya estaba pasada de moda y, la verdad, es que le importaba un bledo a la plebe. Un poco lo mismo que le sucede a nuestra “Alas rotas”. O váyanse ustedes a saber.

viernes, 1 de agosto de 2014

EL PLACER DE MATAR

Hay una época muy curiosa en el cine español, que es la que comprende de entre 1985 hasta 1990. Unos años de transición entre lo que conocíamos como industria, el verdadero cine español, y la mierda forjada a base de subvenciones que impuso Pilar Miró y que conocemos hoy.
Durante esos años, hay una serie de películas perpretadas por futuras putas del sistema cinematográfico actual que, a medio camino entre lo que sería el cine español en adelante y los géneros que se venían cultivando decadas atrás, resultan ser una puta mierda infame e infecta, que a día de hoy, es evidente que han quedado mas relegadas al ostracismo, incluso, que las películas de Ozores y compañía, a las que, a rasgos generales, se las recuerda con cariño.
Uno de los ejemplos más claros sería este “El placer de Matar” dirigido por Félix Rotaeta, actor secundario reciclado en mal director, que habiendo escrito una novela titulada “Las Pistolas”, decide debutar en el largo con esta pedazo de mierda.
Protagonizada por Antonio Banderas, la película cuenta la historia de un profesor y un camello que contratados por un individuo para que se carguen a alguien, descubren que el hecho de matar, como afición, es lo que les gusta, así que juntos, como los que se ponen a intercambiar cromos, deciden, en adelante, compartir su afición secuestrando a jovencitas del lumpen, atándolas a un árbol y a grito de “!plato¡” les disparan a bocajarro. Los disparos, no obstante, parecen de perdigón.
A priori el argumento suena bien ¿verdad? Como yo lo cuento resulta de lo más atractivo. Pero si ven la película comprobarán que el argumento, prácticamente, tienen que intuirlo, porque la película está tan mal rodada, tan mal montada y, sobretodo, tan mal explicada, que uno no se entera de mucho. Esto que denuncio, por otro lado, es motivo más que suficiente para que la cosa me caiga medio simpática. Menudo truño más gordo… de hecho, según vamos viendo la película, a pesar de la acción que hay en ella –al loro con la masacre final con Banderas y el co-protagonista, Mathieu Carriére, disparando a todo lo que se mueve en los bajos de Gran Vía, donde estaba sita en los ochenta “Madrid Cómics” (de hecho aparece la tienda), que resulta, por excesiva, ridícula- y el montón de cosas que pasan, resulta que estamos viendo una película donde, en realidad, no ocurre nada, y donde todo es lineal, no hay en la película ni subidas ni bajadas. Plana. Como si miramos un cuadro. No pasa nada.
Que fuera una puta mierda, no fue óbice para que en el festival de cine de Murcia de ese año, arramblara con los premios, llevándose, incluso el de “Mejor Opera prima”.
En definitiva: una película que parece escrita por un retrasado mental y al final resulta que  no, que son cuatro retardados los que idearon los diálogos y situaciones de esta porquería, Angel Facio, Mario Gas, Domingo Sánchez y el propio Rotaeta… ¡cuatro guionistas para una película en la que los protagonistas parecen autistas! Que poca vergüenza… porque, para colmo, aunque la película podamos adscribirla al género de “Thriller”, esto tiene unas pretensiones de convertirse en película de prestigio que tira para atrás. Por suerte, pasó totalmente inadvertida con poco más de noventa mil espectadores del año 88. Una puta mierda, vaya…
En la producción Antonio Lloréns de Lauren Films, que echaba a la producción menos dinero que al cepillo en misa, y si en casi todas sus producciones eso era algo más que palpable, en las que produjo a Juan Piquer Simón y en esta, parece que, directamente, les diera al equipo un chupachups, y que rodaran con eso.
Hay que recordar que Banderas, aunque le dieran por el culo de forma convincente en las primeras pelis de Almodóvar, no aprendió a actuar hasta que se fue a los USA, por lo tanto aquí, está que da verdadera pena. Soso todo el tiempo, a excepción de una estúpida escena en la que está borracho y cuya actuación hace dudar si efectivamente está beodo o es que interpreta a un joven con problemas mentales.
Junto a él en el reparto, la estúpida de Victoria Abril que, aparte de mala actriz, está ahí para enseñar sus carnes secas y sus tetillas de cabra, como excusa para que el personaje de Banderas pegue algún polvo, Mario Gas, todavía sin el prestigio que creyó ganarse en los 90, con un bigote postizo y una pinta tan ridícula que parece que estemos viendo un sketch de “La hora Chanante”, Vicky Peña, la voz de Tiffany en  el doblaje de “La novia de chucky” y que en esta película está caracterizada de tal forma que recuerda a “La Maña” y Mathiew Carriére, actor Alemán, que sigo sin saber que aportaba a su papel que no pudiera hacer otro actor de aquí…
Rotaeta, unos años más tarde, rodó la típica película Española que detesto, de lleno en el sistema de subvenciones y que es “Chatarra” a mayor gloria de Carmen Maura.
Y dos años después, las espichó.

viernes, 8 de agosto de 2014

LA CAMPANA DEL INFIERNO

Un individuo es dado de alta en el psiquiátrico y de ahí marcha a casa de su tía. Una vez allí, se dedicará a hacerles la vida imposible tanto a su tía como a sus primas, paseando por sus caras su vanidad, su soberbia y su maldad, haciendo bromitas pesadas (el muchacho trabaja el látex y en su dominio de los maquillajes basa sus bromas macabras) o, directamente, torturándoles ¿Por qué? Solo su  director, que entre peli y peli se follaba a la Pilar Miró, lo sabía.
Mucho se ha hablado de esta película y de su fama de maldita (Iker Jiménez, de hecho, le dedicó todo un monográfico especulando sobre si la película estaba maldita por culpa de la providencia o por culpa del mismo diablo). Resulta que el director de la película, Ricardo Guerín Hill -que tras ver la película compruebo que gustaba de colocar la cámara en sitios, cuanto menos, peligrosos- buscando un plano en lo alto del campanario donde está sita la campana que da título a la película, al saltar de un extremo a otro del mismo, tuvo la mala suerte de tropezar y precipitarse al vacío. Durante la caída, por no caer sobre una valla de afilados pinchos, hizo una maniobra que le llevó a estrellarse contra el asfalto muriendo en el acto. Obviamente, se trató de un infortunio, no de una mala jugada del maligno. Que la película sea extraña y claramente malrollera, es otro cantar. Eso si, la muerte del director, sirvió para que la película se convirtiera inmediatamente en un éxito de culto, al menos en el extranjero, donde goza de cientos de cuidadas ediciones en dvd, mientras que en España apenas congregó 600.000 paupérrimos espectadores del año 73 en los cines, y se editó en vídeo de mala manera.
Muerto Guerín, tomo las riendas de la dirección Juan Antonio Bardem.
Siendo justos, valorar la copia final de “La campana del infierno” sería dar palos de ciego, puesto que, si, las imágenes que rodó Guerín están ahí, pero el montaje definitivo no deja de ser la visión de Bardem, que tuvo que intuir lo que Guerín quería para la película, diciendo los más cercanos al director original , que solo este tenía una idea de lo que quería contar en esa película, y que lo llevaba en un secretismo tal, que el resultado de lo que hoy conocemos es posible que no llegue ni a aproximarse a lo que podría haber sido.
En cualquier caso, el puto fandom la endiosa solo porque su director tuvo un accidente. Efectivamente, la película  es todo un ejercicio de estilo, esos montones de planos complicadísimos, esa estética como nunca se había visto en una película española, ese sexo que pasó la censura estando Franco vivo… si, innova. Es más, Guerín probablemente, es un gran esteta, y no dudo que fuese, incluso, un gran director, pero el montaje del que hace gala la película, lo que finalmente se nos muestra y cuenta, es un coñazo. De los buenos además. Una de cal y otra de arena. Pero los idiotas del fandom tildan a esta película de obra maestra, basándose en que su director murió durante su confección. Bueno, si así son felices…
En definitiva, que la película, obviamente, es un desbarajuste por lo obvio, que visualmente es potentísima, pero en definitiva, es un coñazo que hay que cogerlo con pinzas.
Ahora ¿Curiosa? Un rato. Y moderna y arriesgada… pero si el director no pudo acabarla, que lo haga otro suele ser un error. Lo fue con “Lagrimas negras” de Ricardo Franco y que acabo Ricardo Bauluz, lo fue con “The Revenge of the Alligator Ladies” de Jess Franco y que terminó Antonio Mayans y, lógicamente, lo es “La campana del infierno”.
Luego está el factor mito: Se ha oído tanto hablar de la película, se ha leído y se especula tanto, que siempre uno espera ver algo fuera de lo común. Pero tenemos ya las retinas quemadas.
Aunque insisto, lo que da gusto es el sentido estético de  Guerín. Esos planos imposibles que le costaron la vida. Solo por eso…

miércoles, 27 de junio de 2012

HIERRO DULCE

Extraña película española datada en los años ochenta y dirigida por el enigmático Francisco Rodríguez Fernández, que sin subvenciones y parida en ese periodo de transición que separa el cine español popular del cine español impuesto por Pilar Miró, nos ofrece una historia distinta a lo que la pantalla autóctona nos tenía acostumbrados por aquel entonces. Aun con algún ramalazo a lo “Cine Quinqui”, no sabría como etiquetarla. Sin serlo, ni tan siquiera pretenderlo, el tufillo que suelta a cine “Post apocalíptico” deja en el espectador un raro sabor de boca.
Alentado por su padre, un individuo se ve obligado ha hacer un extraño trueque. Tiene que intercambiar un maletín lleno de dinero por algo que en ningún momento se nos revela. Seguimos sin saber muy bien qué ocurre, pero el intercambio se trunca. Durante la vuelta a casa del protagonista, un niño armado con bardeo, se cuela en su coche, y bajo amenaza, ya que este huye de dos quinquis, le hace conducir hasta una explanada del extrarradio Madrileño (luego sabremos que se trata de Getafe). Allí, es medio secuestrado por el abuelo del niño, quien quiere la ayuda de este individuo, ya que es ingeniero, para poner en marcha una fabrica de clavos que está construyendo a base de chatarra. Y durante el periplo, el tipo se verá envuelto en las más variopintas situaciones.
Una película atípica, sencillita, de bajo presupuesto pero efectiva, que cuenta muchas cosas, pero a la vez no cuenta nada, que vemos con agrado y siguiendo las situaciones, entreteniéndonos durante el trayecto.
Porque al final, sin ser una comedia, ni un drama, ni una película de acción ni nada de eso, la atmósfera malsana del descampado donde transcurre, y la sensación de desasosiego que nos trasmite el protagonista, que por más que lo intenta no logra escapar de allí, resulta ser lo importante, más incluso que la historia, y por lo que a mí respecta, me quedo altamente satisfecho tras su visionado.
En el reparto, el inmenso Emilio Gutiérrez Caba, Eduardo Calvo, Enma Suarez, jovencísima y mostrando sin pudor un cuidado felpudo negro y unas enormes tetas (pero inmensas) que la convierten en oscuro objeto de onanismo colectivo. Lola Gaos, Luis Ciges; Aldo Sambrell y el hijo de Manolo Zarzo, David Zarzo, que a medida que se hacía mayor, iba empobreciendo como actor. Casi ná.
Por supuesto, el cartel es tremendamente engañoso y hay muchos de los personajes que aparecen en este, que no lo hacen en la película.

martes, 8 de marzo de 2011

EL ASESINO DE MUÑECAS

Entre "Necrophagus", su primera película como director, y "Bacanal en directo", su despedida del mundo del cine, Miguel Madrid rodó este "El asesino de muñecas" completando así un triunvirato colosal, la quintaesencia de las películas chungas que a mí ya me ha ganado del todo. Una sesión triple con estas tres puede licuar el cerebro a cualquiera.
Esta en concreto, a nivel risas, es solo equiparable al mal rollo que desprenden algunas de sus imágenes. Y es que es una de cal y otra de arena. No toda ella es risible, hay momentos absolutamente desagradables y tensos, pero pronto entra en escena algún acto, diálogo y/o cutrez que te sacan de la atmósfera, en pro de una sonora carcajada. Naxo, ya nos dio sus impresiones por encima en esta entrada.
Como en anteriores películas de Miguel Madrid, cuesta un poco hacer una sinopsis. Pero, hela aquí...
Un joven estudiante de medicina posee la enfermedad mental de la doble personalidad. Durante las vacaciones de sus padres, los jardineros de la mansión de una sexy aristócrata (en realidad el parque Güell de Barcelona), el joven se queda a cargo de los jardines y se dedicará a matar a las parejas que se cuelan ahí a follar, ataviado con una horrorosa mascara y una peluca. Como una de sus perversiones es destrozar muñecas, contrae amistad con un niño de nueve años, malcriado y pirómano, que se dedica también a lo mismo. Pronto, todo devendrá en un triángulo amoroso 
teñido de sangre entre nuestro protagonista, la aristócrata y su hija.
Si la película se sostiene, sin hacer aguas por todos lados (aunque el mismo producto en sí, es una botella de agua, y no de “Solán de cabras” precisamente), es por dos factores; Uno, su protagonista, David Rocha, sobreactuador de profesión, gritón y aullador de aspecto amariconado, con el que no podemos parar de reír. Su interpretación no es exagerada… es lo siguiente a ese calificativo. Hay dos momentos cercanos al delirio: Uno es cuando su madre, explicando a la aristócrata que el chaval les ha salido nenaza porque tiene alergia a la sangre, le acerca un conejo despellejado que van a cocinar, y este pega un sonoro alarido, saliendo escopeteado como si de un “Looney Toon” se tratara. El otro momento es cuando, recién proclamada su amistad con el niño rarito, se acercan a la orilla del estanque (sitado en el parque de la Ciudadela, también de Barcelona) a coger unas piedras. Se supone que David Rocha entra en una especie de trance, toma contacto con su otra personalidad, la que asesina… bien, con la serie de aspavientos que hace el actor, no sabemos si quiere matar al niño, si quiero follárselo, o solo manosearlo. Increíble. En cualquier caso, da asco, grima y pena al mismo tiempo.
El otro factor importante, es el estético. Todo lo referente a ambientación, iluminación, atrezo, con esas muñecas colgadas, llenas de mierda, medio rotas unas, otras carbonizadas… ¡Uf! ¡Que mal rollo! Una fotografía oscura y totalmente cerda, que por momentos resulta turbadora, con una serie de maniquíes convenientemente ataviados. Todo muy arty.
Lástima que una (maravillosa) total incapacidad para hacer las cosas bien manden todo lo competente al garete, pero por otro lado, es eso precisamente lo que hace que tenga estima a esta peli. ¡Viva don Miguel Madrid! alias Michael Skaife, por aquello de internacionalizar su nombre y vender mejor la película.
En el casting, la malograda Inma de Santis (Inma de Santy en sus inicios) que también apareció en "Nunca en horas de clase". Helga Line, actriz en incontables productos de todo tipo en la época, y el anteriormente mentado Rocha, cuya tendencia al exceso no le impidió hacer carrera en el cine, eso sí, solo hasta mediados de los ochenta, trabajando nada menos que con Luis Buñuel en "Ese oscuro objeto del deseo", pero también con Ignacio F. Iquino en "Aborto criminal", con Juan Xiol en "Sexy, amor y fantasía", con Pedro Masó en "La menor", con Mariano Ozores en "El apolítico", con Enrique Guevara en "El último pecado de la burguesía", con Paul Naschy en "Los Cántabros", "Mi amigo el vagabundo", "El caminante" y "El retorno del hombre lobo", con, quizás, la culpable del fin de su carrera como actor, Pilar Miró, en una de las mierdas que hizo o con Ramón Fernández en "Las aventuras de Enrique y Ana". Ahí es nada. Con ese currículo, no se como no le hemos visto en años venideros. ¿O sí lo sabemos?.