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sábado, 8 de marzo de 2025

LOS OJOS DEL GATO

Y ahí va otra muestra más de que 1985 fue un año chévere para el cine de género. Por entonces Stephen King ya había perdido un poco su aureola de prestigio (lejos quedaban "Carrie", "El misterio de Salem´s Lot" o "El resplandor") pasando a ser más como carne de cañón, materia fácilmente adaptable con la que asegurarse unos dólares en taquilla. Tampoco se contrataba ya a directores de prestigio que se encargaran de la tarea, valía cualquier artesano competente. Digamos que con King ocurrió lo que siempre ocurre con los yankis, lo sobre-explotaron y para la llegada de "Los ojos del gato", pues ya no atraía a las masas. Menos aún desde la conversión de Dino De Laurentiis en el productor oficial del "Kinguismo", etapa esta que arrancó muy bien con "La zona muerta" y concluyó algo deslucidamente con "Miedo Azul" o la propia e infame primera y única película del escritor ejerciendo de filmmaker, "La rebelión de las máquinas". Por suerte "Los ojos del gato" cae en zona intermedia. Para el caso, Stephen King no es mero material adaptable, él mismo se encarga del guion, pariendo un largometraje compuesto de historias (sí, repitiendo la fórmula del clásico), siendo las dos primeras exclusivamente confeccionadas para la ocasión y la tercera, y última, la auto adaptación de un relato publicado en las páginas de "Penthouse", ejemplar este que se marca un cameo en la película, entre muchas otras coñas y referencias al universo del padre de "It". Según he visto y leído, en todas partes salen gráficamente numeradas y espoileadas... por eso he decidido evitarlo, para que cuando se sienten ante la tele dispuestos al visionado, puedan jugar al juego de localizarlas. Créanme, la mayoría son tan evidentes como graciosas.
El artesano competente contratado en esta ocasión fue el bueno de Lewis Teague, quien ya tenía experiencia previa trasladando material de Stephen King a la pantalla con la aburrida "Cujo", pero, además, a lo largo de los años -previos y posteriores- fue dejando su estampa en títulos tan entrañables como "La bestia bajo el asfalto", "La joya del Nilo", "Kamikaze Detroit" o "Peligrosamente Unidos". El, asumo, fracaso de esta última le condenó a currar para la caja tonta hasta 2010, luego se retiró (remarcar que en 2007 rodó un corto de curiosísimo título, "Cante Jondo")
Otros individuos a valorar tras las cámaras son Milton Subotsky, co-fundador de los legendarios estudios "Amicus" y especialista en antologías de historias cortas, quien ligó su nombre al del escritor de Maine a lo largo de varios años. Alan Silvestri, compositor destinado a ser recordado por la partitura que ideó para "Regreso al futuro" ese mismo 1985. De hecho, hay quien dice que esta y la de "Los ojos del gato" guardan cierto parecido. Y es verdad. La diferencia es que, mientras en la reseñada utilizó sintetizadores, para la previa, mil veces mejor presupuestada, tiró de orquesta. Carlo Rambaldi, papá de "E.T. El Extraterrestre", quien se encarga de diseñar a cierta resultona criatura, acompañado por nuestro Emilio Ruiz del Río para "la maquetas de fondo". Y chapamos el repaso con el prestigioso y oscarizado Jack Cardiff, ocupándose de la dirección fotográfica.
Todo este bonito plantel -y más del que hablaré luego- dan forma y fondo a "Los ojos del gato", una película, ya lo adelanto, condenadamente entretenida, simpatiquísima, buenrollera y muy muy recomendable. A mí se me pasó en un suspiro hace un par de noches. Todo gira en torno a un felino callejero, la mar de precioso, con un objetivo, llegar hasta el dormitorio de una niña que le pide auxilio así como telepáticamente. En el camino, se topará con un tipo que quiere dejar de fumar y acude a una agencia muy eficaz pero brutalmente radical en sus métodos. Y un gangster adicto a apostar quien propone un juego mortal al amante de su esposa: dar la vuelta completa a un rascacielos desplazándose a través de la estrecha cornisa exterior. Si gana, se queda a la mujer y un buen pellizco de dinero. Si pierde... bueno, le espera el implacable asfalto tras una caída de varios metros.
Estas dos historietas son especialmente eficaces y, aunque quedan lejos del terror puro -yo usaría la palabra thriller-, vienen cargaditas de ideas brillantes, mucho humor (sobre todo la primera) y mucho suspense (la segunda, especialmente si padeces miedo a las alturas). Finalmente llegamos a la última que, sin ser un descalabro ni mucho menos, es un pelo flojilla, ni que sea por comparación. Aquí el gato logra su meta y, ahora sí, le tocará enfrentarse a dos trolls malignos, el diseñado por Rambaldi que amenaza a la cría y la autoritaria madre de esta. A pesar de dicha calidad descendente, el conjunto termina resultado altamente disfrutable. Concluido el show, uno lamenta la ausencia de esta clase de gozoso entretenimiento en el cine de hoy día.
Si como yo son amantes de los gatos, disfrutarán viendo al protagonista en acción, aunque puede que también sufran un poco en algunas escenas. Concretamente una en la que es sometido a una breve electrocución. Ya saben, según se dice no hubo mal trato y todo eran trucajes... y confío que así sea, pero, bueno, en 1985 estas cosas se miraban bastante menos. No obstante, y justamente por ser de la época que es, merece destacarse el trabajo de coordinación con las criaturas peludas. Está super bien resuelto, cosa más que meritoria considerando la -maravillosa- ausencia de CGI (y la no menos maravillosa individualidad de los felinos)
¡¡Ah!! Si no lo digo, reviento. En un momento dado, asistimos al encuentro entre un padre y su hija limitada intelectualmente. La escuela donde se desarrolla el bis a bis se supone para niños especiales, cosa indicada en un letrero. Lo gracioso del caso es que, mientras en inglés leemos "for the exceptional", el doblaje en castellano suelta un "para niños subnormales" que, salvo por mi risotada resultante, hoy se consideraría algo ofensivo.
Ya que estamos, a la cría monger la interpreta una aún muy jovencita Drew Barrymore, fresca de su paso por "E.T. El Extraterrestre" y a puntito de meterse en el infierno del vicio borrachuzo y drogadizo (no olvidemos que con tan solo trece primaveras fue ingresada en un centro de rehabilitación). Por aquello de dar cierta cohesión a la trama, su presencia / apariencia se expande a una niña anónima anunciando comida de gatos y el protagonismo total del último capítulo. Efectivamente resulta algo repelente, pero eso ya lo esperábamos. La acompañan el hoy mal considerado James Woods, perfectísimo en su rol de fumador compulsivo, Alan King, Kenneth McMillan, Robert Hayes en uno de los pocos papeles que podrían hacer sombra a aquel que le dio la fama, el de "Ted Striker" en "Aterriza como puedas", Candy Clark, James Naughton, James Rebhorn, Charles S. Dutton, Tony Munafo (amiguísimo de Sylvester Stallone y muy habitual en sus películas) y Mike Starr (el "Georgie Weiss" de "Ed Wood" y matón ineficaz en "Dos tontos muy tontos"), quien desaparece de la trama de una escena a otra y sin explicación alguna aparente.
A la sacrosanta hora de elegir la imagen ilustrativa, me he encontrado en una seria diatriba. Quería incluir mi favorita, la de tirón gótico con ese caserón absurdo en un páramo + luna llena -sin conexión alguna con el film-, pero también estaba la que en su día fabricó "Filmayer" para el lanzamiento en vídeo, igual de tosca / bella que la de "Miedo Azul". Al final lo más sencillo ha sido juntar ambas, milagro al que ha contribuido la extensión del tocho. Ventajas de padecer incontinencia "reseñista".

sábado, 25 de abril de 2026

CARNE PARA FRANKENSTEIN

Recuerdo perfectamente la rabieta de Forrest J. Ackerman en las páginas de un añejo "Famosos Monsters del Cine" a la hora de escribir sobre esta película. La ponía a bajar de un burro, especialmente centrando sus dardos en los excesos de hemoglobina e inmoralidad y machacando en el trayecto al padrino de todo ello, Andy Warhol, calificando sus nada complacientes primeras películas underground de insufribles. A ver, era una reacción lógica, al fin y al cabo Ackerman representaba al ayer, al cine fantástico apolillado, los clásicos vetustos e intocables, mientras los responsables de "Carne para Frankenstein" estaban, justo, en el espectro opuesto, la modernidad, además una salpicada de contra cultura, transgresión y provocación, más considerando el bagaje de sus responsables. Warhol abrazando el proyecto, aunque muy de aquella manera, casi más por hacer un favor al verdadero instigador, su pupilo Paul Morrissey, quien co-guioniza y dirige... ¿¿o co-dirige?? Siempre hubo un debate de cuanta fue la implicación del eterno y aplicado artesano Antonio Margheriti en la confección de este film (y el otro con el que va de la mano, "Sangre para Drácula", parido al año siguiente y de idénticas intenciones rupturistas -reseña en breve-) como parte del equipo italiano (de donde también sale el responsable de los efectos especiales, el mítico padre -físico- de "E.T.", Carlo Rambaldi). Unos decían que él era el genuino director y que el resto, cumpliendo con su imagen de ex-undergrounds, vivían en el caos y el hedonismo, sin aplicarse demasiado. Otros aseguraban que allí dirigía hasta el apuntador. Y Morrissey intentando convencer de que era SU obra y Margheriti solo respaldó la filmación de las escenas con trucos, pero nada más. Existe otra versión según la cual el director de "Virus" únicamente prestó su nombre al productor, colega suyo, para poder vender mejor la película. En fin, supongo que jamás sabremos la verdad absoluta pero... ¿a quién demonios importa?.
El doctor Frankenstein anda construyendo los cuerpos apolíneos y perfectos del hombre y la mujer del futuro. Tal es su dedicación, que doña Frankenstein se busca mozos atractivos entre la plebe para que la satisfagan sexualmente. Da la casualidad que el último de ellos era amigo del pobre desgraciado al que Doc decapitó para usar el cabolo como el idem de su criatura. En el momento que esta cobre vida (de manera bastante menos aparatosa a lo que nos tienen acostumbrados) y se encuentre con su ex-amigo, las cosas comenzarán a desmadrarse, mucho y muy sangrantemente, sobre todo porque al pobre mastuerzo ya no le tiraba eso del follamen en vida, y ahora, resurrecto, sigue pensando igual para mayor desespero de su creador.
Forrest J. Ackerman tenía razón en dos cosas, la cantidad de sexo y sangre que rula por los fotogramas de esta pieza -encima, toma marcada de paquete, parida en 3D- es generosa. Casi diría que hay más folli folli que hemoglobina, pero está la cosa bastante equilibrada. Tal vez sea el tremebundo desenlace cuando de verdad necesitaremos un chubasquero, rodado ello además con un gran guiñolesco sentido del espectáculo y el drama exacerbado. A ver, no es que la peli chorree humor (menos que sangre, seguro), pero está claro que tampoco se la tomaron muy en serio, había intención de dotarla de un aire delirante y culebronesco que el espectador más avezado seguramente captará. El resultado, pues hombre, está simpático. No es un peliculón, pero tampoco te aburres demasiado. Dejémoslo en astracanada chispeante, consumible, y estupendo reflejo de las libertades y desprejuicios del cine de aquella década.
En ese sentido, el reparto está a la altura. Un sensacional Udo Kier como desquiciado Barón Von Frankenstein de actitud arrogante e ideas prácticamente nazis. Su esposa, la extraña Monique van Vooren, en cuyo currículum localizamos materia tan variada como un capítulo del "Batman" sesentero, "El Decamerón", "Lesbianismo Asesino" o el "Wall Street" de Oliver Stone (!!!). De la prole resultante destaco a la niña, por fea y malrollera, Nicoletta Elmi, que había intervenido en sendos clásicos del fantástico fetuccini del calibre de "¿Quién la ha visto morir?" u "Orgía de sangre" y lo haría en tantos otros como "Rojo Oscuro", "El medallón ensangrentado" o, sobre todo, "Demons", dando vida a la siniestra acomodadora. Hablando de mujeres, la criatura con vagina, y que se pasa toda la peli en pelotas, es Dalila Di Lazzaro, cuyo bello palmito luciría en unas cuantas pelis para pajeros o en el "Phenomena" (the movie, no the horrible evento) de Dario Argento. El restante reparto viene repleto de segundones extraídos del cine popular ítalo parlante, especialmente mucho "peplum" y no menos "giallos". Sin embargo, sería feo obviar la presencia de Arno Jürging, quien interpreta al "Igor" de r-igor (ejem...) de la película, y lo hace a lo grande, histriónicamente, soltando tremebundas miradas y, sobre todo, sacando lascivamente la lengua viperina o, directamente, lamiendo las recientes cicatrices de la criatura con vagina. Toda una puesta a prueba del estómago de los sufrientes espectadores.
Del clan de los estrictamente Warholianos -director aparte-, rescatamos al guapo pero soso Joe Dallesandro, mostrando hasta el rabo (le vimos de idéntica tesitura en los tres clásicos de Paul Morrissey, "Trash", "Flesh" y "Heat") y en funciones de co-guionista Pat Hackett, quien hizo tres cuartos de lo mismo para Warhol con "Bad", sin embargo, no aparece acreditada. Tampoco el prestigioso Tonino Guerra, guionista de exquisiteces para el esnob medio como "Amarcord", "La Aventura" o "Blow-Up". Supongo que el ego de Paul Morrissey era demasiado grande como para asumir una co-paternidad.

domingo, 18 de octubre de 2009

MIEDO AZUL

A inicios de los 80 se puso muy de moda en el cine norteamericano adaptar para la gran pantalla la última novela del famoso escritor Stephen King. Sin comerlo ni beberlo, nos vimos literalmente invadidos por toda clase de producciones. La cosa empezó con títulos y cineastas de prestigio, como el Carpenter de "Christine" o el Cronenberg de "La Zona Muerta", pero poco a poco las películas inspiradas en la obra del escritor comenzaron a perder fuelle en taquilla, y de la "serie A" se pasó a la "serie B", con títulos como la simpática "Los ojos del gato", la fallida "Ojos de Fuego" y la que hoy comentamos, "Miedo Azul", que vendría a ser el estandarte de la decadencia de la moda King.
La película se inspiraba en la novela "El ciclo del hombre lobo", un pequeño libro de letra gruesa ilustrado por el magnífico dibujante Bernie Wrightson, que hacía poco había colaborado con el escritor adaptando a las viñetas la película "Creepshow". Puesto que en aquellos tiempos cualquier productor hubiera pagado para llevar al celuloide hasta la lista de la compra de King, Dino de Laurentiis se animó a convertir lo que era una historia de hombres lobo en un largometraje, justo cuando los licántropos estaban de capa caída. El resultado final fue "Silver Bullet", "Miedo Azul", un film de aspecto telefílmico agradable de ver pero poco más que contó con los efectos especiales del papá de "E.T.", Carlo Rambaldi, al parecer no muy inspirado en aquel momento ya que más que un hombre lobo, lo que el veterano técnico Italiano había creado era un hombre oso. Así como suena.
"Miedo Azul" no cuenta nada que no hayamos visto antes. Un pueblo anda aterrorizado porque una extraña criatura está asesinando a sus habitantes. Un niño impedido y su tío alcohólico deciden desvelar el misterio y descubren atónitos que se trata del mentado hombre lobo. Pero, ¿qué habitante del pacífico pueblo es el que se transforma en un monstruo con la llegada de la luna llena?, la verdad es que no cuesta nada descubrirlo.
Daniel Attias, que venía de asistir a gente del calibre de Steven Spielberg (con "E.T.") o Sam Fuller (con "Perro Blanco"), se encargó de las tareas del director, y está claro que no lo hizo demasiado bien ya que no ha vuelto a dirigir para la gran pantalla desde aquel lejano 1985, centrando todo su campo de acción en la caja tonta.
Los rostros familiares de "Miedo Azul" nos llegan a través del reparto, el incombustible Gary Busey, al que muchos recordarán como el malo de "Arma Letal", el decadente ídolo de las jovencitas Corey Haim y tres veteranos del género, Evertt McGill, uno de los personajes más célebres de la serie de David Lynch "Twin Peaks" y extraño padre de familia a las órdenes de Wes Craven en "El sótano del miedo", el eterno secundario y protagonista de la saga de "El Padrastro" Terry O´Quinn y el actor de culto Lawrence Tirney.

sábado, 10 de julio de 2010

LA HABITACIÓN DEL MIEDO

Armand Mastroianni, antes de dedicarse casi de modo exclusivo a parir productos televisivos, había dirigido alguna peli de terrores con cierto "nombre", destacando sin ninguna clase de dudas su debut, el resultón slasher "Sabe que estás sola". "La habitación del miedo", o "Cameron´s Coset" en versión original, marcó el fin de su carrera puramente cinematográfica (al menos hasta este mismo 2010, según iemedebe) y, muy concretamente, le borró del mapa como "prometedor" cineasta especializado en el género que más nos mola. Recuerdo que la prensa franchute del gremio ("Mad Movies" y "L´Ecran Fantastique" en cabeza) se emperró en convertir a "Cameron´s Closet" en algo así como un cult-film incluso antes de su estreno (lo mismo hicieron con "Spookies", sin éxito) y por esa razón la alquilé nada más verla en los estantes del que entonces era mi video-club favorito. No me gustó. Ayer, más viejo y peludo, decidí volver a verla y creo que mi opinión ha mejorado un poco... aunque no excesivamente.
Un niño con poderes telequinésicos sirve de puerta a un demonio negro para adentrarse en nuestra dimensión y armarla parda. Un poli y una psicóloga lucharán codo con codo para detenerlo.

En el reparto destaca, como mero apunte curioso, Tab Hunter, ídolo "teen" caído en desgracia tras confesar su homosexualidad y rescatado por John Waters para "Polyester". En el apartado técnico encontramos nombres tan suculentos como los de Carlo Rambaldi a los efectos especiales (el padre físico de "E.T.") y Harry Manfredini a la música (habitual de los soundtracks de la saga "Viernes 13" e inventor del famoso "sh, sh, ah, ah"). El guion corre a cargo de Gary Brandner, quien se adapta su propia novela. Este señor también es el responsable del libro que inspiró la peli (y la saga) de "Aullidos".

"La habitación del miedo" es un thriller sobrenatural con un deje un tanto telefílmico y en el que no para de paliquearse, le cuesta un poquito tirar palante y el final es algo desconcertante, pero en general tampoco resulta fallida, su historia se sigue con cierto interés y hace gala de algunos notables sustos y momentos inquietantes, destacando la aparición de cierto bicho en el armario frente a los ojos de un asustado policía. La sangre no chorrea por doquier pero está presente, la ingeniosa muerte del personaje que interpreta Tab Hunter vendría a ser un ejemplo.
Visible sí, imprescindible no.

lunes, 22 de enero de 2024

HWANGGEUMNYEONPILGWA GAEGUJANGI OEGYESONYEON

Los exploitations de “E.T. El extraterrestre” se cuentan por decenas y, por supuesto, la animación coreana, una de las industrias con más cara de la historia del cine, no pudo dejar la ocasión de expoliar el largometraje de Spielberg con dos productos animados protagonizados por el encantador extraterrestre, uno de ellos inencontrable y el que nos ocupa: “Hwanggeumnyeonpilgwa gaegujangi oegyesonyeon”. Prueben a decir en alto el título original. Obviamente, por aquí nos gusta ese título, pero, internacionalmente, este plagio de “E.T.” cuenta con toda una amalgama de ellos: “E.T. and the Magic Pencil”, “E.T. and the Magic Crayon”, “Golden Pencil and the Mischievous Alien Boy”, “Gold Pencil and Alien Boy”…
La cosa va sobre una raza extraterrestre que está destrozando las galaxias. Una reina extraterrestre enviará a su hijo (E.T.) a la tierra para salvarla. Allí, este se encontrará con unos niños meones y muy ruidosos. La madre de E.T.  les entregará un lapicero mágico a cada uno y, en una nave espacial con forma asimismo de lapicero, emprenderán una aventura sideral con el fin de ayudar al E.T. a derrotar a los extraterrestres malos.
La película es confusa, extraña y extremadamente cruel, ya que presenciamos un par de muertes demasiado violentas para un film de animación infantil.
El caso es que da la sensación de que el plagio es mayor de cara a comercializar la película que en sí misma. Obviamente el extraterrestre protagonista está claramente inspirado en el diseño de Carlo Rambaldi, aunque con ciertas diferencias. En la animación es de color verde y va vestido con algo parecido a un mono espacial. Además, no se trata exactamente de E.T., es otro extraterrestre llamado Mikel (al menos así traduce en la estupenda edición en Blu Ray a cargo de "Asian Trash Cinema") que además habla y tiene dotes de mando. Vamos, que el bicho se parece, pero en absoluto pretende ser E.T., aunque en la caratula de vídeo guarde un parecido más que evidente con la criatura de Spielberg, marroncito, desnudo, y tocando el dedo al niño, solo que hay trampa, porque en vez de proceder con su icónico índice luminoso, lo hace con el lapicero mágico que da título a la película. Así pues, nos encontramos con una doble estafa, ya que, si se pretende ver un exploit de “E.T.” tal cual lo conocemos, pronto comprobamos que el parecido no es tanto, y que nos la han colado. La prueba está en que existe un póster de cine menos engañoso en el que se ve al marciano tal cual es.
Como fuere, esta película es una auténtica rareza y una buena muestra de lo que eran capaces de hacer los coreanos con sus dibujos animados allá en los años 80. La animación es tosca —como viene siendo habitual en ellos—, a veces las caras de los personajes son tan solo borrones, pero, en general, está lo suficientemente entretenida para que le prestemos atención la hora y el par de minutos que tiene de duración. Ahora, sin todos estos elementos exploit que son los que la hacen atractiva, no sería más que un largometraje de dibujos animados al uso y del montón que, curiosamente, recuerda a un episodio de Doraemon (¿casualidad?).
La otra película de animación coreana que explota “E.T.”, aún con sus delirios, sí que sería un plagio más evidente del universo creado por Spielberg y, espero algún día poder dar cuenta de ella aquí. Por el momento, confórmense solo con esta.
Dirige un tal Young-su Lee, que no cuenta con crédito alguno en ninguna otra película.

domingo, 6 de noviembre de 2016

LOS FOTOCROMOS DE "CUATRO MOSCAS SOBRE TERCIOPELO GRIS"

En la época que era declarado fan de Dario Argento hubiese dado un riñón por ver esta película, entonces bastante difícil de localizar. Una de sus primeras obras ubicadas en pleno periodo pro-giallo. Años después conseguí verla durante el Festival de Sitges en pantalla grande como parte de una retrospectiva dedicada al italiano. ¿Valió la pena esperar tanto?, bueno, la encontré un poco aburrida, pero aún así me gustó.
Recientemente me la agencié de nuevo para darle un repaso y de este modo acompañar sus fotocromos con un poco de bla bla. ¿Resultado?, ¡menudo tostón!. No es ya que pueda ser peor o mejor dentro de la obra del papá de "Suspiria", es que directamente no soporto sus patéticos intentos de comedia y en "Cuatro moscas sobre terciopelo gris" hay muchos (¡Dario, no te dediques al humor que no es lo tuyo, cojones!). Sin hablar ya de la violencia, bastante más suave que de costumbre. Técnicamente tiene sus aciertos, sí (ese accidente en cámara lentísima), pero a rasgos generales no me gustó. Me aburrí mucho y un poco más.
Lo que llama la atención son algunos de los nombres que van apareciendo a lo largo de los créditos y en diversas funciones, gente como Mimsy Farmer (habitual del espagueti-trash, la has visto en pelis de Fulci, Deodato, Crispino o Margheriti), Bud Spencer, Ennio Morricone, Carlo Rambaldi y el eterno Luigi Cozzi. Como nota curiosa mentar que el prota, Michael Brandon, interpretaba al Senador Brandt en “Capitán América: El primer vengador”, es el tipo que convence a Steve Rogers para salir a los escenarios a dar un puñetazo a Adolph.

En cuanto a "Cuatro moscas sobre terciopelo gris", desde luego no puedo decir que esté entre lo mejor de Dario Argento, pero ya que tenemos sus entrañables fotocromos (además, parece que completos), se los dejamos para que puedan darle gusto a sus respectivas mingas. 












sábado, 30 de mayo de 2026

SANGRE PARA DRÁCULA

Y seguimos con el rey de los vampiros, matando dos plumíferos de un tiro porque, así, cumplimos con la cuenta pendiente de reseñar al film que, en doble sesión, acompaña/ba a aquel simpático y bizarro hito que fue "Carne para Frankenstein". "Sangre para Drácula" la hicieron básicamente los mismos, pero el resultado es algo distinto. Justo, hace unas semanas leí en las páginas de "Fangoria" una entrevista de por ahí los dosmiles con el director de ambas, Paul Morrissey. Comentaba que con la reseñada ahora pretendía hacer algo un poco más serio. Contenido. Menos demencial. Y, efectivamente, el mejor y más cómodo modo de definirla sería diciendo aquello de: "Coge "Carne para Frankenstein" y despréndela de todos sus excesos, especialmente los sanguinolentos, pero también los delirantes y obtendrás "Sangre para Drácula"". Considerando que la del "Moderno PrometeDo" únicamente funciona y entretiene gracias a esos mismos elementos tan llamativos, lo que quedará será un rollo patatero, tanto como para que los censores británicos no lo incluyeran en la lista de "Video Nasties", lo opuesto a lo ocurrido con su coetánea.
Drácula está en las últimas. Se muere de hambre porque no localiza vírgenes en Rumanía a las que churrupetear la hemoglobina. Su Renfield particular -Anton- le convence para trasladarse a Italia (país co-productor, obvio es) en busca de muchachas de himen intacto. Y proceden. Terminarán instalados en el casoplón de una familia aristócrata al borde la ruina compuesta por padre y madre + sendas hijas jóvenes y... ¿vírgenes? No todas, algunas se lían entre ellas o con el atractivo leñador que tienen empleado. A Drácula le costará dios y ayuda (y alguna indigestión) echarse un trago.
La idea de un Conde decadente se ha visto ya varias veces en el cine, aunque desconozco si este fue el primer caso, una decisión lógica viniendo de creadores tan subversivos como Morrissey y los suyos. Pero funciona. Lo cierto es que el personaje, y sus vivencias, son lo mejor de todo el film, en parte gracias a un grandioso, y muy adecuado, Udo Kier, quien tuvo que someterse a un régimen severo con el fin de quedarse en los huesos. Molan también esos paralelismos con la adicción a la heroína y Drácula sufriendo tremendos tembleques o vomitando la sangre de las víctimas equivocadas, imágenes estas que han devenido medianamente icónicas con respecto a la película y, un poco también, al fantástico de los setenta. PERO, ese temible pero, ahí quedan los méritos de "Sangre para Drácula". Bueno, vale, lo olvidaba, y el desenlace, que es cuando, por fin, recuperamos el gran guiñol truculento de "Carne para Frankenstein", con furia y crueldad. Lástima que la cosa se reduzca a diez minutos, porque lo demás es... pues eso, pura chapa. Diálogos y más diálogos, repetición de ideas (cuando el vampiro seduce y chupa a las hijas golfas para luego descubrir con horror que la ha cagado, son dos escenas básicamente idénticas que se suceden seguidas), una especie de metáfora sobre la guerra de clases, por aquello de aportar su granito intelectual, y poco más de llamativo, gracioso e ingenioso. Por supuesto definir "Sangre para Drácula" como terror es ser muy generoso. Supongo que lo más abundante acá es el drama. Cierto culebrón. Y unas gotitas de comedia. En fin, todo muy de los setenta.
Otros que regresan de "Carne para Frankenstein" son el histriónico "Igor" de aquella (extrañísimo Arno Jürging), aquí como el sirviente de Drácula y sin aparcar ni por un momento su tendencia a la mueca desaforada. En radical contraste está Joe Dallesandro y su guapo rostro inmóvil, soltando las frases que le dicta el guion como quien recita la lista de la compra. Complementan el elenco actoral dos nombres de peso, Vittorio De Sica como padre de familia y nada menos que Roman Polanski interpretando a un pueblerino. La guinda viene por parte las chavalillas, que actúan igualmente con sosería y, aunque un par de ellas se pasan media peli en pelotas y fornicando, gastan unos aspectos bastante anoréxicos capaces de asesinar la libido de un muerto de hambre -sexualmente hablando... bueno, y también en el otro sentido- de mi porte.
Tras la cámara, Andy Warhol poniéndose medallas que no le pertocan y Carlo Rambaldi ocupándose de los efectos especiales. Dada su escasez, supongo que el hombre se aburrió tanto como nosotros.