Durante mucho tiempo consideré "Aquarius" como "la última película buena del cine de terror moderno italiano". Revisada recientemente, cambio el slogan a: "La -casi- única película buena del cine de terror moderno italiano".
Seamos prácticos, visto hoy, el trabajo de gente como Lucio Fulci, Sergio Martino, Umberto -papanatas- Lenzi o, especialmente, Lamberto Bava, resulta bastante aburrido. O, mejor, totalmente mortecino. Sin embargo, "Aquarius" no solo mantiene el tipo, además logra algo casi imposible de encontrar en un producto ítaloparlante adscrito al género de mis amores: No aburre. Y no solo no aburre, ¡entretiene!. Eso sí que es un milagro. Dentro de tal elitista tendencia también cabe el amigo Dario Argento, especialmente en sus mejores tiempos. Y no es puta casualidad, pues los lazos entre el padre de "Inferno" y Michele Soavi, director debutante en "Aquarius", eran bien fuertes. De hecho, la gracia de esta película es que se erige casi como testamento de la era dorada del terror italiano post-Mario Bava por así decirlo, el de los 70 y, muy especialmente, los 80. Y lo firma el pupilo más aventajado posible, el amigo Soavi, en cuyo curriculum previo encontramos el famoso documental que dedicó a su maestro Argento con "Il mondo dell'orrore di Dario Argento" para quien, antes de currar como director, lo hizo como asistente y actor (en "Tenebre", "Phenomena" y "Ópera"). Pero Argento no fue el único, también dio lo suyo para Lamberto Bava en idénticas funciones ("Cuchillos en la oscuridad", "Demons", el remake de "La máscara el demonio" y "Blastfighter, la furia de la venganza", en la primera hacía de -si la memoria no me falla- asesino travesti y en la segunda era el tipo de la media-máscara que reparte propaganda del estreno del film diabólico en el metro). Su vinculación al horror italiano no se queda ahí, ya que Soavi ha ejercido exclusivamente de intérprete en films tan característicos como "Alien 2", "Miedo en la ciudad de los muertos vivientes" (la de Fulci, para quien también colaboró en "El destripador de Nueva York"), "El día del cobra" (de Enzo G. Castellari), "Los invasores del abismo" (de Ruggero Deodato) o "Il gatto nero" (de Luigi Cozzi -amigo de Víctor-). Y aunque curiosamente su nombre siempre va asociado al de Argento, en realidad otro para quien curró a destajo en sus inicios fue el no menos legendario Aristide Massaccesi, más conocido como Joe D´Amato. Michele fue actor, co-guionista no acreditado y asistente en títulos tan variados y demenciales como "Bronx lucha final", "2020 Los rangers de Texas", "Terror sin límite", "Calígula 2" o "Ator el poderoso". Tal vez por ello fue Massaccesi, y no Argento, el primero en producirle un largometraje comercial, es decir, este mismo "Aquarius" que Aristide apadrinó desde su flamante "Filmirage" y que, como guinda del pastel, cuenta con un guión original de Luigi Montefiori, más conocido como George Eastman, el caníbal de "Gomia, terror en el mar Egeo" (dirigida por D´Amato, of course), que pal caso se esconde tras el alias de Lew Cooper. Ahí es nada. Visto lo visto, está claro que solo Michele Soavi podía cerrar el círculo aplicando lo aprendido y, encima, tan bien (y americanizando su nombre a Michael, como debe ser).
Un puñado de actores hambrientos, y su director, ensayan desesperadamente un espectáculo teatral de danza moderna sobre un anónimo asesino. Todo pinta que va a ser un desastre. Esa noche, la prota de la función, aquejada de dolores en el tobillo, hace caso omiso al jefe y se marcha al hospital más cercano para que le venden la pupa. Su presencia motivará la huida de un peligrosísimo psicópata que se le cuela en el coche, se carga a la chica de guardarropía del teatro y desaparece. Llega la policía, registra el lugar, no encuentra nada y se marcha dejando únicamente dos agentes que de poco servirán (uno de ellos encarnado por el propio Soavi). El director decide aprovechar el suceso y convierte su obra en un inesperado biopic del psycho-killer visitante... así que, pa meterse caña con los ensayos, se encierra a si mismo y a los actores en el teatro, escondiendo la llave. Poco saben todos ellos que el homenajeado también ronda por allí, dispuesto a cargárselos y, para más inri, la primera persona a la que asesina es la única que sabe dónde está escondida la llave de la puerta principal. La noche que les espera será de órdago.
"Aquarius" fui a verla el día de su estreno, al cine. Lo recuerdo muy bien porque los Viernes por la tarde solía reunirme con los idiotas de mis ex compañeros de EGB para acudir a las películas. En aquella ocasión, elegí yo. Naturalmente entonces ya sabía mucho sobre la peli de marras gracias a mis queridas revistas francesas, aunque la reconocía más por el título que allí recibió, "Bloody Bird". Al entrar, un sensacionalista cartel que el mismo cine se había sacado de la manga, nos advertía que lo que íbamos a ver era muy fuerte porque resultaba "totalmente verosímil". Menuda chorrada!!. De hecho, y aunque lo pasamos muy bien durante el visionado, al terminar uno de mis "amigos" criticaba el desenlace del film aludiendo, justamente, a su falta de verosimilitud. En fin, jóvenes presuntuosos. A mi todo aquello me daba igual, me la sudaba, había disfrutado como un enanito y salí bien saciado, ya que por entonces lo que buscaba con desesperación en un film de horror era la más generosa y gráfica truculencia y, en ese sentido, "Aquarius" iba la mar de bien servida. ¡Qué tiempos aquellos en los que el cine de terror incluía gore valiente y gráfico, pero en sus justas dosis, sin caer en el exceso por el exceso, ni el humor, ni la estilización en busca de la aprobación de las élites políticamente correctas!, preocupándose más por ser "una de miedo con gore" que "una gore con miedo" o, peor, "una gore con gore" o, ya de pesadilla, "una gore con risas".
El caso es que, menos experimentado en estas lides, consideraba "Aquarius" una muestra moderna de "giallo". Bien cierto es que guarda algunas características propias de esa clase de cine, pero en realidad la obra de Michele Soavi encaja mucho mejor en la etiqueta de "slasher". ¿Una mezcla de lo mejor de ambos bandos?, pues sí, me parece bien. Por parte "slasher" tenemos a un asesino mudo e imparable ataviado con un uniforme negro y una máscara de lo más chanante. Esa cabeza de búho gigante es ya legendaria. Tenemos el grupo de jóvenes servidos para ser asesinados con las más variadas armas y los crímenes más impactantes y sangrientos, que incluyen cosas tan clásicas como hachas o una surrealista pero efectivísima sierra mecánica. Y tenemos el climax en el que la "final girl" y el malo se enfrentan cara a cara, así como la aparente invulnerabilidad del segundo. En el terreno del "giallo" encaja el mini-puzzle que resolver del final, el asesinato enfocado como todo un arte (los cadáveres de las víctimas reunidos es algo muy "slasher", pero no lo de presentarlos de forma tan artística) y, en general, la concepción elegante, bonita y estilizada que Soavi tiene del terror, algo directamente heredado de su amigo y vecino Dario y que destaca especialmente con la hipnótica y pomposa banda sonora, así como con esas plumas flotantes o los números musicales de la obra que ensayan los protagonistas (el sumum de lo cual viene cuando la que conoce la ubicación de la llave es asesinada brutalmente delante de todos, convencidos de que el agresor es el actor disfrazado. Ese es uno de los momentos más "giallo", más Argento, de la fiesta, a base de soundtrack orquestal e iluminación azulada).
Hace unas líneas hablaba de los asesinatos truculentos y salvajes. Déjenme volver a ello. En la época se consideraba "Aquarius" como una película "fuerte" y seguramente en 1987 sí encajaba en la etiqueta. No estábamos tan acostumbrados a ver de modo claro y sin disimulos cómo una sierra mecánica abría el estómago a un tipo, y aquí es algo que está bien presente y, además, rodado de modo muy efectivo, muy tétrico, con una linterna como única fuente de luz, el asesino con la máscara salpicada de sangre y la víctima, gritando agónicamente, rodeados de oscuridad y asentados sobre un Argentiano suelo inundado de agua. Brillante. En posteriores entrevistas Soavi decía que no se consideraba muy amigo del gore (¡ni del terror de los ochenta!, al que acusa de poco imaginativo), pero que aceptaba que un film de terror iba ligado a la muerte y la sangre, y que en cierto modo esta última era lógicamente inevitable. También comentaba que el presupuesto con el que contaron para "Aquarius" era mínimo, y que lo efectos especiales se resolvieron del modo más rudimentario. Hay una chica -embarazada!- que es partida por la mitad y cuando se revela su medio-cuerpo, nos damos cuenta que se trata de un auténtico maniquí al que han pegado unas tripas. No digo que cante hasta el extremo de resultar risible y chapucero, para nada, pero sí es verdad que el momento pasa fugazmente ante nuestros ojos evitando resultar demasiado evidente. Lo mismo que la decapitación del director de la obra de teatro. Pero que nadie se confunda, porque esa pobreza queda totalmente compensada por la inmensa capacidad de Michele Soavi, que se muestra como un cineasta de lo más talentoso a la hora de dotar de ritmo a su película, de sacar buen partido del montaje y, en fin, de jugar con el suspense. "Aquarius" es impactante y sangrienta, sí, pero también emocionante. Digamos que podríamos partirla en cuatro cachos. Arranque, masacre (donde mueren el 90% de los personajes secundarios, sin descanso), enfrentamiento y desenlace. El enfrentamiento es el segmento más delicado porque, casi sin diálogos, y a base de sonido e imagen, el director se centra en el puro suspense, cuando el psycho-killer tiende una trampa a la "final girl" que debe agenciarse la llave de la puerta sin que su agresor se de cuenta, aunque lo tenga a medio metro. Muy logrado momento de puro cine, que eclosiona con el inevitable bis a bis de la pareja, destacando el instante de él colgando del techo y deslizándose por un grueso cable hacia ella. De infarto.
Quizás uno de los puntos más flojillos de la película sean algunos de sus actores, ya sabemos que en la mayoría de las pelis de terror italianas suelen ser muy malos, ridículos. Aquí se salvan de la pura quema por los pelos, aunque queda sitio para algunas sobreactuaciones notables. Sin embargo, la mayor de todas ellas da el pego, porque se trata del director de la función teatral, un tipo ególatra, cruel y manipulador al que el rollo histriónico le va como anillo al dedo. De hecho, es uno de los personajes que más recuerdo dejan y para mi significó descubrir al actor que le da vida, David Brandon y sus notables orejones. Había protagonizado "Caligula 3" para el mismo Joe D´Amato (un evidente exploitation de la de Tinto Brass, donde ya coincidió con Soavi), y luego también saldría en el "Crímenes en portada" de Lamberto Bava. Pero su rol más extraño y atípico es el primero, haciendo de ángel "Ariel" para Derek Jarman en su epopeya arty-punk "Jubilee" (connotaciones de una carrera paralela en el teatro y otras artes más elevadas y respetadas).
Barbara Cupisti es la guapa "final girl" de rigor que has visto también en películas de algunos clásicos como Fulci ("El destripador de Nueva York", ¡su debut!), Argento ("Ópera"), o el fucking Lenzi ("La porte dell´inferno"), así como en "El engendro del diablo" y "Mi novia es un zombie" del mismo Soavi (a lo tonto él y la moza llevaban años coincidiendo en la pantalla, así que será verdad eso de que son o fueron pareja, apunte este que no he podido corroborar).
Sin embargo, el rostro más mítico de todo el film es el de un -habitualmente- sobreactuado Giovanni Lombardo Radice (alias John Morgen) haciendo de supergay. La fama a nivel fandom le llegó cuando Fulci decidió taladrarle la cabeza en "Miedo en la ciudad de los muertos vivientes" y Lenzi castrarlo para "Caníbal Feroz". Lo vi in person en su visita a un festival patrio, pero -paradójicamente- era más soso que una cocacola con solo cinco cucharadas de azúcar.
Terminamos este repasito con la fea Mary Sellers (sin vínculos con el inspector Clouseau) y que también mostraba su poca atractiva faz en el temible remake de "La máscara del demonio", cortesía de Bava hijo de... Mario, "Contamination .7" (de D´Amato) y "Ghost House", de -oootra vez- Umberto Lenzi currando para "Filmirage". Curiosamente esta costrosa peliculita que consumí en un cine porno justo cuando probaba suerte proyectando otra clase de productos menos grumosos (¡¡vamos, ni el puto "deuce" y sus cutre-cines!!), reciclaba el soundtrack completo de "Aquarius" que -como ya he señalado- está muy bien y tiene un peso importante en la película. Uno de sus tres responsables, probablemente el más reconocible, es Simon Boswell, inevitablemente ligado al universo de Dario Argento y que también ha puesto su talento al servicio de una ralea de films sin desperdicio: "Phenomena", "Demons 2", "Crímenes en portada", "Karate Kimura" (!), "Santa Sangre" (estupenda su partitura para este clásico de Alejandro Jodorowsky producido por el hermano de Dario), "Hardware, programado para matar" y "Dust Devil" (Richard Stanley siempre se ha declarado admirador del dire de "Suspiria"), "El señor de las ilusiones" (de Clive Barker) y, muy recientemente, "The Theatre Bizarre" (obviamente en el capítulo firmado por Stanley) y la horrenda e incomprensiblemente reputada "The ABCs of death".
¿Y qué le pasó a Michele Soavi después?, pues que Terry Gilliam vio "Aquarius" y le gustó tanto, que decidió ficharlo como director de segunda unidad en "Las aventuras del barón Munchausen". Contaba también Gilliam que el amigo dio bastantes problemas durante el rodaje a la hora de agenciarse más dinero del acordado por obra y gracia de cierto "grupo de presión" de poca recomendable casta. Con todo, Soavi declaraba en "L´Ecran Fantastique" que había decidido subirse al carro para vivir la experiencia y aprender. Movidas raras pero, al parecer, no tan graves porque años después Gilliam y el italiano volverían a encontrarse, repitiendo roles, en la espantoide "El secreto de los hermanos Grimm"... así que, nunca se sabe.
Luego llegaron "El engendro del diablo" y "La secta" (esta vez, sí, producidas por su querido Dario Argento, que metió bastante la mano en ambas) y la peli que le consagró, la bonita, curiosa, chorra y rara "Dellamorte Dellamore", subnormalmente titulada en España "Mi novia es un zombie" de la que Martin Scorsese posee una copia en su colección privada. Cuando parecía que Soavi iba a alcanzar la cima (le llegaban ya propuestas desde Hollywood, como dirigir la vomitosa "Abierto hasta el amanecer"), movidas de corte personal/familiar le retiraron del cine durante cinco largos años, truncando su prometedora carrera. Retomó la silla del director para la televisión italiana, donde dirigió algunos telefilms policíacos que ni he visto, ni me apetece ver. Hace poco leí que el muchacho tenía intención de regresar a la big screen y con una de terrores, pero habrá que ver qué pasa, porque los tiempos han cambiado mucho y tal vez su creatividad haya caducado. O no, veremos. De momento y hasta entonces, podremos gozar ad infinitum de este "Aquarius", clásico del terror moderno mundial que, como dicen los yankees, es "highly recomended". Sin duda alguna.
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miércoles, 6 de noviembre de 2013
martes, 20 de diciembre de 2011
LA SECTA
"La Secta" y "El engendro del diablo" son las míticas colaboraciones perpetradas entre Dario Argento y Michele "Aquarius" Soavi (si obviamos aquí el documental previo que el segundo dedicara al primero). En ellas, Argento producía y Soavi dirigía. Que si, que Michele y Dario eran muy colegas... aunque el primero que creyó en las capacidades directiles de Soavi no fue el director de "El pájaro de las plumas de cristal", sino Aristide Massaccesi/Joe D´Amato, que le produjo su film de debút. Después de la sorpresa y la buena prensa, Argento decidió poner su nombre a lo grande en las dos pelis del novatillo (con letra más pequeña). Ambas se estrenaron en las pantallas Barcelonesas. Y yo, enamorado entonces de los dos cineastas italianos, corrí a verlas. Del "Engendro del diablo" ya hablé en su día, pero baste resumirlo en que, con grados diferentes, ambas me decepcionaron enormemente. La del "diablo" me pareció una abominación ridícula, "La Secta" simplemente un coñazo. ¿Dónde estaba el gore, y los monstruos, y los crímenes retorcidos?, ¡¡uuuugh!!. Pero claro, os hablo de 1991, cuando yo era un mocoso atontao. Ahora que soy un adulto atontao, pero adulto al fin y al cabo, he visto "La Secta" y... en fin, lo que a inicios de los 90 me parecieron inconvenientes, en este nuevo intento se han transformado en virtudes. No es que me moleste el gore y las estridencias, me molan mucho, pero también me mola una buena historia de suspense, tirando a reposada, sin excesos de violencia, sin bichejos y especialmente apoyada en la atmósfera.Kelly Curtis, retirada hermana mayor de Jamie Lee, interpreta a una profesora solitaria y reprimida que es liada por una secta satánica con un fin que, aunque no desvelaré, resulta sencillo deducir (la influencia de "La semilla del diablo" es notable). Dicha secta viene comandada por Herbert Lom. Ambos actores están a la altura, y es verdad eso que dicen de que una buena interpretación contribuye mucho al regusto positivo que te deja un film.
Lo más curioso de "La Secta" es que no parece italiana. No excesivamente, al menos. Soavi, dotado de innegable talento para esto del peliculismo, se contiene mogollón y apuesta por una sobriedad abrumadora, sin "italianeces" que den el cante (especialmente con los actores, que es donde se suele notar más). Sí que hay algo de gore (poco pero, por ello, más impactante), sí que hay algún actor habitual del fetuccini-horror (el inimitable Giovanni Lombardo Radice, quien por cierto interpreta a un personaje llamado Martin Romero. Recuerden que Argento y Romero son coleguitas, y este segundo hizo un -aburrrrrrrrrrrido- film titulado "Martin" -"El regreso de los vampiros vivientes", ¡glups!, en Spain-), y sí que hay algun delirio (el conejo que adquiere casi inteligencia humana), pero nada que moleste, de hecho tampoco escasean los buenos momentos, como el arranque, con un pseudo-Charles Manson matando a un grupo de hippies o la idea de representar al mal mediante agua.
"La Secta", como digo, es principalmente un thriller de personajes, solvente, resultón y que funciona. No es para guardártelo en tu videoteca tampoco, pero un visionado bien lo merece (eso sí, el final-final es HORRIBLE... aunque se perdona).
sábado, 12 de diciembre de 2009
EL ENGENDRO DEL DIABLO
Siempre me resultó curioso que, por muy colegas que fueran Michele Soavi y Dario Argento (alumno y profesor, básicamente) en realidad el primero que le dio una oportunidad al debutante Michele no fue el director de "Suspiria" sino Aristide Massaccesi (más conocido como Joe D´Amato), que como todos sabéis le produjo la estupenda "Aquarius". Entonces sí, acompañado del prestigio que le otorgó su primera peli, Soavi vio como Argento le reclamaba para dirigir un nuevo film del que iba a ser productor, "La Chiesa", aquí estrenada como "El engendro del diablo". La vi en el momento de su estreno, y me llevé una enorme decepción. Siempre consideré que los dos films de Soavi producidos por Dario Argento eran los peores de su carrera (este y "La Secta"), y en concreto creía que el título español de "La Chiesa" le hacía mucha justicia (por lo de engendro, obviamente). Ayer la repasé tras muchos años de no verla... y puedo decir que, aunque no la considere ya un engendro, sigue pareciéndome un producto muy muy flojo.Cuando Lamberto Bava vino a Barcelona a presentar "Demons", contó que "El engendro del diablo" nació originalmente como "Demons 3", pero que por movidas de derechos y otras mandangas fue derivando hasta convertirse en algo independiente (aunque en algunos países también se la conoce con ese título). Sin embargo, "La Chiesa" todavía conserva muchos ingredientes típicos de la saga demoníaca, como el modo en que la infección comienza a extenderse (mediante cortes) y toda la estructura de su segunda mitad, que para algo es la peor.
De entrada el film apuesta más por el suspense que por el horror puro (y ya no digamos la sangre), centrándose en narrar el descubrimiento que un bibliotecario y una restauradora (arquitecta, dicen por ahí) hacen en los sótanos de la iglesia en la que curran, donde se oculta una puerta a los infiernos. De pronto, y del modo más tonto, estos personajes pasan a ser secundarios (o menos), entran en juego un montón más (algunos tan irritantes como la "cómica" pareja de ancianos) y todos quedan encerrados en la iglesia, dando pie a secuencias de delirio totalmente absurdo (¿un niño tocando un saxofón?), un poco más de terror / gore (y sí, más "Demons". A gusto personal destaca la pava hecha puré por el metro) y, en fin, notables idas de olla (matan a una maestra a ojos de todos ensartándole un hierro por el cuello y luego parece que nadie lo recuerde, actuando con tranquilidad).
El resultado es muy muy desigual al no decidirse por ninguna de las dos partes... a la primera le falta garra, y a la segunda algo de coherencia, y la cortada de rollo intermedia nos confunde, a pesar de que no se puede negar el valor de algunas secuencias visualmente muy logradas y estimulantes, como la de la cruz en el suelo a modo de puerta a los infiernos, el modo peculiar de dar las campanadas o... no se, la aparición de alguna que otra criatura.
Flojilla.
sábado, 4 de noviembre de 2023
KILLING BIRDS (LOS PÁJAROS ASESINOS)
Ya cuando el "fetuccini horror" ochentero entraba en serio declive -es decir, 1988- van Flora Films y Filmirage (la factoría comandada por Aristide Massaccesi), dos titanes del exploitation con sabor a pasta -de la que se ingiere- y se rejuntan para parir a pachas "Killing Birds", estrenada en vídeo en las Españas con, básicamente, el mismo título y una frase promocional graciosamente engañosa, tal y como se estilaba entonces, "Vuelven los pájaros asesinos"... ¿vuelven, de dónde? Obviamente la distribuidora lanzaba ahí una referencia a ya saben qué clásico, por aquello de ver si alguien picaba. Curiosamente, en otros países se estrenó absurdamente como la quinta parte de la seudo-saga "Zombi", compuesta por dos primeras dosis genuinas (cortesía de Fulci + algún desaprensivo), seguida de una cuarta de mentirijillas según el inútil de Claudio Fragasso y coronada por hasta cuatro films, totalmente ajenos, que algunos yankis sin escrúpulos decidieron retitular. Concretamente, "Zombi VIII" la firma Dustin Ferguson... eso lo aclara todo. Sí, en "Killing Birds" hay zombies... aunque su origen es más sobrenatural que, hummm, accidental. Lo cierto es que la trama es un poco caótica y, si la pillas, es por los pelos.
Cual asesino de Rosemary, un militar llega al hogar, tras ejercer heróicamente en el campo de batalla, y se encuentra a su mujer fornicando con otro. Saca el cuchillo y los degüella. Justo después, se topa con una familia al completo, pues también me los cargo, aunque no al bebé. Ese me lo quedo. Y, de pronto, uno de los pajarracos de caza propiedad del militar sale de su jaula, le ataca y le saca un ojo. ¡Ea! El animal estaría ofendido ante semejante escabechina, no sé.
Pasan unos años y un grupo de estudiantes universitarios acuden a la zona del crimen en busca de un plumífero la mar de raro. Allí habita un sospechoso ornitólogo ciego. Y justo al lado está la casa donde ocurrió el crimen. ¿Qué hacen los chavales? Pues meterse en ella, provocando que los fantasmas torturados de las víctimas despierten, dispuestos a matarlos a todos. Así, por las buenas.
Claudio Lattanzi, que hasta entonces había currado como machaca o asistente en cosas bien conocidas como "Aquarius", "Ghost House" o "El engendro del diablo", se desvirgaba aquí en los roles de director y co-guionista. No debió hacerlo muy bien, porque el mismo Sr. Massaccesi terminó a los mandos del film (cosa que Lattanzi desmiente, por supuesto). En este caso, ambos mutaron en un solo seudónimo ridículo, el de Claude Milliken. El debutante no volvería a dirigir nada con cara y ojos hasta 2018 y, curiosamente, fue un documental que me encantaría ver, "Aquarius Visionarius, Il cinema di Michele Soavi". No deja de ser gracioso que, en su día, Soavi dedicara algo parecido a Argento ("Dario Argento's World of Horror", donde Lattanzi ejerció de asistente) y fuese Massaccesi quien le diera su primera oportunidad de dirigir, por lo que, podríamos decir, se siguió la tradición (ahora le tocaría a un aspirante centrar su docu en Claudio Lattanzi, pero dudo que ocurra mientras lo último que facturara aquel -hace tres años- sea una cosa con muy mala pinta titulada "Crucified" o "Everybody´s End", según donde).
Pasan unos años y un grupo de estudiantes universitarios acuden a la zona del crimen en busca de un plumífero la mar de raro. Allí habita un sospechoso ornitólogo ciego. Y justo al lado está la casa donde ocurrió el crimen. ¿Qué hacen los chavales? Pues meterse en ella, provocando que los fantasmas torturados de las víctimas despierten, dispuestos a matarlos a todos. Así, por las buenas.
Claudio Lattanzi, que hasta entonces había currado como machaca o asistente en cosas bien conocidas como "Aquarius", "Ghost House" o "El engendro del diablo", se desvirgaba aquí en los roles de director y co-guionista. No debió hacerlo muy bien, porque el mismo Sr. Massaccesi terminó a los mandos del film (cosa que Lattanzi desmiente, por supuesto). En este caso, ambos mutaron en un solo seudónimo ridículo, el de Claude Milliken. El debutante no volvería a dirigir nada con cara y ojos hasta 2018 y, curiosamente, fue un documental que me encantaría ver, "Aquarius Visionarius, Il cinema di Michele Soavi". No deja de ser gracioso que, en su día, Soavi dedicara algo parecido a Argento ("Dario Argento's World of Horror", donde Lattanzi ejerció de asistente) y fuese Massaccesi quien le diera su primera oportunidad de dirigir, por lo que, podríamos decir, se siguió la tradición (ahora le tocaría a un aspirante centrar su docu en Claudio Lattanzi, pero dudo que ocurra mientras lo último que facturara aquel -hace tres años- sea una cosa con muy mala pinta titulada "Crucified" o "Everybody´s End", según donde).
En el reparto de "Killing Birds" destacan el cuadriculado rostro de un acabadísimo Robert Vaughn, caracterizado con un maquillaje horrible, y la pizpireta Lara Wendel, aquella que se despelotó siendo una pre-púber en "Maladolescenza" y luego se prestaría a salir en cosas como "Tenebre", "Morirás a medianoche" o la mentada "Ghost House". A Leslie Cumming también podemos verla en otro subproducto de parecido calibre, "Witchcraft / Encuentro con la maldad" (o la cuarta parte de la saga "La Casa")
En cuanto a la película en sí misma, pues hombre, ya saben, no esperen nada. Ni siquiera "pájaros asesinos", porque no los hay. Como mucho, uno extrayendo un ojo -lo que no da para un buen título-
Una vez superado el aparentemente "diferente" arranque del film, luego la cosa se torna ultra-rutinaria, con los chavales siendo cazados por zombies a base de largos paseos y escenas de suspense sin suspense. Los efectos especiales son de lo más mediocres. Y el gore menos gráfico de lo habitual. Todo concluye de forma precipitada y altamente tontaina. Mala sí, pero con el filtro de la nostalgia, y poniéndole cierto cariño, se puede ver... sin dejar de visitar sus redes sociales o páginas web favoritas en el intervalo.
¡Ah! me dice la secre que la casa donde se comete el crimen también salía en "El más allá" de Fulci. ¿Pues bien, no?
En cuanto a la película en sí misma, pues hombre, ya saben, no esperen nada. Ni siquiera "pájaros asesinos", porque no los hay. Como mucho, uno extrayendo un ojo -lo que no da para un buen título-
Una vez superado el aparentemente "diferente" arranque del film, luego la cosa se torna ultra-rutinaria, con los chavales siendo cazados por zombies a base de largos paseos y escenas de suspense sin suspense. Los efectos especiales son de lo más mediocres. Y el gore menos gráfico de lo habitual. Todo concluye de forma precipitada y altamente tontaina. Mala sí, pero con el filtro de la nostalgia, y poniéndole cierto cariño, se puede ver... sin dejar de visitar sus redes sociales o páginas web favoritas en el intervalo.
¡Ah! me dice la secre que la casa donde se comete el crimen también salía en "El más allá" de Fulci. ¿Pues bien, no?
sábado, 13 de septiembre de 2025
IL GATTO NERO
Siempre pensé que "La madre del mal", última aportación de Dario Argento a su particular saga de las progenitoras cabronas (ya saben, precedida por "Suspiria" e "Inferno"), era lo que normalmente llamamos un "final deslucido". El fandom -y nuestro Víctor- flipó con ella, pero por la cantidad insalubre de gore bruto y desaforado. Sin embargo, tras la hemoglobina, no había nada. Y lo que había, tampoco valía mucho. De hecho, en mi más reciente revisión, no pude ni terminarla y me fui a dormir pensando aquello de "¿Podría haber un cierre peor que este?". Pues sí, podría. Tal y como descubrí con horror hace unas cuantas lunas.
Dicha joya comporta, además, una serie de problemas extra. De entrada, la ensalada de títulos. Me decantaré por el más "oficioso", "Il gatto nero" (tengan en cuenta que en algunos países llegó a estrenarse como ¡¡la sexta entrega de "Demons"!!). El otro problema es su director, el entrañable Luigi Cozzi / Lewis Coates. Me cae bien, la verdad, y duele admitir que su película es un truño inconmensurable.
Al mentado empacho de títulos debemos añadir un origen "caotizante". De primeras el proyecto nació como esa tercera parte oficial -mucho antes de "La madre del mal"- con guion de Daria Nicolodi y supuesta dirección de Dario Argento. Sin embargo, el asunto se fue al agua y, años después, la Nicolodi cedió su libreto a Cozzi quien, al no querer asumir la responsabilidad de poner fin a una franquicia tan respetada, se sacó de la manga un seudo homenaje, incluyendo en la trama referencias directas a "Suspiria", a Argento y reciclando la famosa banda sonora de "Goblin" para sendos pasajes (también hay guiño a "Seis mujeres para el asesino", recreando a su famoso psycho-killer, cosa que repetirá en el futuro). A Daria Nicolodi no le gustó el desaguisado y se apartó. Entonces, entra en escena Menahem Golan con su nueva y flamante "21st Century" dispuesto a adquirir la cinta. El hombre se había comprometido a rodar una adaptación de "El gato negro" según Edgar Allan Poe (muy de moda entre gerifaltes del subproducto por ahí finales de los ochenta) y, a falta de nada concluso, decide que la peli de Cozzi, con oportunos cambios y añadidos, daría el pego. Así, le pide al director que meta alguna referencia al relato de Poe y filme sendas escenas de un felino negro andando por ahí. El italiano accede (¡faltaría!), dando como resultado el esputo del que ahora les hablo. La presencia de la obra literaria es nula. Se justifica como la película dentro de la película que anda protagonizado la protagonista, ¿suena a galimatías?... pues eso no es nada. Como resultado obtenemos el gag más simpático de "It gatto nero", el director de dicha película dentro de la película no es otro que Michele Soavi, quien por la misma época rodaría "El engendro del diablo" -nacida de primeras como el "Demons 3" oficial. Sin embargo, trifulcas legales desestimarían su pertenencia a la saga... aunque en algunos mercados así es como se vendió, esta vez de manera no oficial. ¡¡Menudas paradojas pajeras!!-.
El caso es que la mentada actriz es pareja de un director de éxito especializado en horrores, quien anda preparando su nuevo gran proyecto, nada menos que un film basado en la existencia de otra de las terribles brujas de Thomas De Quincey (al que ya estrujaron Argento y la Nicolodi en su día), "Levana". Al ser mentada la invocan y despierta muy cabreada, con ganas de reencarnarse en el bebé de la protagonista... o eso creo. Por ello, se pasa el rato atormentándola a base de visiones propias de un mal refrito de "Pesadilla en Elm Street", mientras va despachando al resto del reparto en secuencias de licuosa y divertida truculencia, destacando ese estómago estallando al que tanto partido había sacado ya Cozzi en su "Contaminación: Alien invade la tierra".
Sentadas las bases, lo que queda es jolgorio narrativo y aburrimiento al peso. Efectivamente, NO estamos ante la tercera de la saga, pero PODRÍA haberlo sido y eso provoca cagarrinas. Como parte del asunto "tributoso", Cozzi procura imitar las maneras de Argento recurriendo a luces de colorines y un inadecuadísimo rock duro -cortesía del grupo de tercera "Bang Tango"- ambientando sonoramente los momentos intensos, aunque luego se expanda a casi toda clase de situaciones. Por supuesto, el afán mimetizador no garantiza nada, porque lo que queda va trufado de muchas incongruencias + momentos absurdos y ridiculizables (con especial fijación en el careto de patata rancia que gasta la temible "Levana", así como esa desconcertante escena en la que todo se revela un disfraz, pero no, pero sí, pero tampoco...)
El reparto viene compuesto por una galería de nombres condenados a participar en esta clase de simpáticos furruños. Florence Guérin (con cierta retirada a Rose Byrne), Urbano Barberini (prota masculino del "Demons" original), Brett Halsey (de impresionante filmografía en la que no falta nadie: Antonio Margheriti, Lucio Fulci, Bruno Mattei, Jesús Franco o ¡Francis Ford Coppola!), Luisa Maneri ("Vicios Pequeños", "Body Count") y, por supuesto, una madurita Caroline Munro haciendo lo que puede.
Me da penica, de verdad, pero esto no hay dios que lo soporte.
Dicha joya comporta, además, una serie de problemas extra. De entrada, la ensalada de títulos. Me decantaré por el más "oficioso", "Il gatto nero" (tengan en cuenta que en algunos países llegó a estrenarse como ¡¡la sexta entrega de "Demons"!!). El otro problema es su director, el entrañable Luigi Cozzi / Lewis Coates. Me cae bien, la verdad, y duele admitir que su película es un truño inconmensurable.
Al mentado empacho de títulos debemos añadir un origen "caotizante". De primeras el proyecto nació como esa tercera parte oficial -mucho antes de "La madre del mal"- con guion de Daria Nicolodi y supuesta dirección de Dario Argento. Sin embargo, el asunto se fue al agua y, años después, la Nicolodi cedió su libreto a Cozzi quien, al no querer asumir la responsabilidad de poner fin a una franquicia tan respetada, se sacó de la manga un seudo homenaje, incluyendo en la trama referencias directas a "Suspiria", a Argento y reciclando la famosa banda sonora de "Goblin" para sendos pasajes (también hay guiño a "Seis mujeres para el asesino", recreando a su famoso psycho-killer, cosa que repetirá en el futuro). A Daria Nicolodi no le gustó el desaguisado y se apartó. Entonces, entra en escena Menahem Golan con su nueva y flamante "21st Century" dispuesto a adquirir la cinta. El hombre se había comprometido a rodar una adaptación de "El gato negro" según Edgar Allan Poe (muy de moda entre gerifaltes del subproducto por ahí finales de los ochenta) y, a falta de nada concluso, decide que la peli de Cozzi, con oportunos cambios y añadidos, daría el pego. Así, le pide al director que meta alguna referencia al relato de Poe y filme sendas escenas de un felino negro andando por ahí. El italiano accede (¡faltaría!), dando como resultado el esputo del que ahora les hablo. La presencia de la obra literaria es nula. Se justifica como la película dentro de la película que anda protagonizado la protagonista, ¿suena a galimatías?... pues eso no es nada. Como resultado obtenemos el gag más simpático de "It gatto nero", el director de dicha película dentro de la película no es otro que Michele Soavi, quien por la misma época rodaría "El engendro del diablo" -nacida de primeras como el "Demons 3" oficial. Sin embargo, trifulcas legales desestimarían su pertenencia a la saga... aunque en algunos mercados así es como se vendió, esta vez de manera no oficial. ¡¡Menudas paradojas pajeras!!-.
El caso es que la mentada actriz es pareja de un director de éxito especializado en horrores, quien anda preparando su nuevo gran proyecto, nada menos que un film basado en la existencia de otra de las terribles brujas de Thomas De Quincey (al que ya estrujaron Argento y la Nicolodi en su día), "Levana". Al ser mentada la invocan y despierta muy cabreada, con ganas de reencarnarse en el bebé de la protagonista... o eso creo. Por ello, se pasa el rato atormentándola a base de visiones propias de un mal refrito de "Pesadilla en Elm Street", mientras va despachando al resto del reparto en secuencias de licuosa y divertida truculencia, destacando ese estómago estallando al que tanto partido había sacado ya Cozzi en su "Contaminación: Alien invade la tierra".
Sentadas las bases, lo que queda es jolgorio narrativo y aburrimiento al peso. Efectivamente, NO estamos ante la tercera de la saga, pero PODRÍA haberlo sido y eso provoca cagarrinas. Como parte del asunto "tributoso", Cozzi procura imitar las maneras de Argento recurriendo a luces de colorines y un inadecuadísimo rock duro -cortesía del grupo de tercera "Bang Tango"- ambientando sonoramente los momentos intensos, aunque luego se expanda a casi toda clase de situaciones. Por supuesto, el afán mimetizador no garantiza nada, porque lo que queda va trufado de muchas incongruencias + momentos absurdos y ridiculizables (con especial fijación en el careto de patata rancia que gasta la temible "Levana", así como esa desconcertante escena en la que todo se revela un disfraz, pero no, pero sí, pero tampoco...)
El reparto viene compuesto por una galería de nombres condenados a participar en esta clase de simpáticos furruños. Florence Guérin (con cierta retirada a Rose Byrne), Urbano Barberini (prota masculino del "Demons" original), Brett Halsey (de impresionante filmografía en la que no falta nadie: Antonio Margheriti, Lucio Fulci, Bruno Mattei, Jesús Franco o ¡Francis Ford Coppola!), Luisa Maneri ("Vicios Pequeños", "Body Count") y, por supuesto, una madurita Caroline Munro haciendo lo que puede.
Me da penica, de verdad, pero esto no hay dios que lo soporte.
jueves, 29 de noviembre de 2012
TENEBRE
Un escritor yankee de gran éxito, especializado en novelas de asesinatos, llega a Roma para promocionar su nuevo libro. Justo aterriza, comienzan a producirse crímenes, en los que el culpable se limita a seguir las fechorías del psycho-killer de la novela y, ya de paso, implica a su autor en todo ello. Este, ayudado por unos y otros, investigará, descubrirá, luego se perderá... y nosotros con él. Pero eso no importa porque la peli termina en un delirante y generoso baño de sangre que lo arregla todo... vamos, que te deja tan contento que te suda la polla si eso cuadra con aquello o no.
De entre medias, pues mucho material para el recuerdo, destacando sin duda alguna la estupenda y pegadiza banda sonora de los casi-Goblin Simonetti-Morante-Pignatelli, cuyo tema central es ya todo un clásico. Luego, pues ea, un reparto de lo más típico del cine de género italiano que intenta no parecerlo demasiado (Anthony Franciosa, John Saxon, John Steiner o el gran Giuliano Gemma), una buena ración de crímenes -misóginos- y bastante truculentos (la tipa a la que obligan a comer las páginas de la novela, la fascinante pareja de lesbianas viciosas, la adolescente con el estómago reventado a base de hacha... que por cierto, esto último en la versión en vídeo de la época andaba parcialmente censurado), las inimitables, carnosas, voluptuosas e inexpresivas hembras italianas, el inquietantemente erótico flash-back (protagonizado por una churri de notoria nariz... ¡cómo le ponen a Argento las hembras narigudas!, será por propio complejo... si hasta su santa hija tiene una napia de órdago), ese maravilloso primerísimo primer plano de la ensangrentada cuchilla limpiándose bajo el agua del grifo (y que tanto me influyó en mis propios delirios creativos), el presentador de televisión recibiendo un hachazo en pleno cabestro y, en fin, como apuntaba antes, el brutal clímax final bañado en hemoglobina, en el que muere hasta el apuntador, en el que vemos cómo un brazo es troceado con todo lujo (muy impactante!) y donde Dario Argento da rienda suelta a sus desvaríos. ¡Aaaay!, pero cómo molaban las locuras del italiano en aquellos tiempos, ¿o no?, en "Tenebre" tenemos el fascinantemente inútil paseo de la cámara por la fachada de un edificio (¡¿pero pol qué?!) o ese doberman incansable y cabezón. Otro de mis momentos favoritos: La sra. de Argento, Daria Nicolodi, abandona una habitación, la cámara se desplaza un metro y encuadra un objeto metálico puntiuagudo brillando (¡¿pero pol qué, again?!)... aunque para objetos puntiagudos, el final-final y su escultura asesina... absurdo, demencial... brillante.
Vamos, que sí, que a diferencia de "Phenomena", "Tenebre" volvió a gustarme. Es más, resulta bastante entretenida... algo no muy habitual en el cine de Argento... y el cine italiano en general. Y como dato fricoso, por ahí pululan Lamberto Bava y Michele Soavi ayudando a su mentor y marcándose unos cameos y tó.
En fin, un título imprescindible para fans de Dario Argento y, ¿por qué no?, del terror de la época. Hasta casi me atrevería a decir que "Tenebre" fue su última peli buena de verdad... a pesar de que, obvio, en aquel momento recibió palos de los críticos hasta en el DNI o, como dirán allá, l´identità nazionale. Pero ¿¿qué coño sabrán ellos, hijos de puta??.
miércoles, 6 de septiembre de 2023
GALERÍA DE ESCANEOS BONITOS 26 (MADE IN ITALY)
Imágenes extraídas de las fermosas páginas de "Mad Movies", "L´Ecran Fantastique", "Impact" y otras revistas franchutes que me alegraron la adolescencia por ahí los años 80/90....
Retomamos la sección de escaneos bonitos, y procedemos con una apuesta segura, el horror (y el "exploitation") parido/s en Italia a lo largo de la década de los ochenta. No todo lo que viene a continuación se puede considerar bueno... pero sí conserva esa pátina tan peculiar e inimitable que gastaban esta clase de productos y los hacía tan jodidamente entrañables.
Retomamos la sección de escaneos bonitos, y procedemos con una apuesta segura, el horror (y el "exploitation") parido/s en Italia a lo largo de la década de los ochenta. No todo lo que viene a continuación se puede considerar bueno... pero sí conserva esa pátina tan peculiar e inimitable que gastaban esta clase de productos y los hacía tan jodidamente entrañables.
La primera entra de lleno en el grupo de las buenas. O, mejor, las cojonudas. Ya lo dije en su momento, para mí "Aquarius" es la mejor película de terror producida en Italia, de toda la vida. Y, especialmente, un colofón estupendísimo a su época dorada.
Lo que aquí tenemos son una imagen icónica de Barbara Cupisti apunto de ser -fallidamente- asesinada por el psycho-killer del jeto de búho y la impactante secuencia en la que un tipo rescata a su novia -preñada-, que ha caído por un agujero a merced del villano, y al tirar de ella recupera únicamente la mitad, cercenada con una sierra mecánica (aunque, curiosamente, en el momento no oímos el motor de la misma. De hecho, ¿¿pero qué demonios hace semejante aparato en el taller de un teatro??.... ¡pues rimar! ¿qué si no?)
Yes! "Aquarius" se confeccionó con muy pocas liras, y todo era rudimentario no, lo siguiente. Por mucho que ame el film de Michele Soavi, no puedo contener el deseo de remarcar lo muy descaradamente que canta el maniquí utilizado como tronco de la víctima. En la pantalla da el pego.... aquí, no tanto.
Dios bendiga los efectos prácticos de chichinabo.
El bueno de Lamberto Bava tiene mucha presencia en la entrada de hoy. De primeras, este especie de collage que me he currado de "Demons 2", donde un poseído atrapa al actor con cara de boxeador Lino Salemme, cabolo mediante.
Luego, un par de instantáneas extraídas de "Disturbios en el cementerio", el pestiño que casi provoca el linchamiento de su director en el Festival de Sitges de la época. Lo cierto es que, a pesar de la poca calidad del film, están guapos los bichos, especialmente el segundo.
Decimos "ciao!" a Bava Junior del mejor modo posible, con una de las víctimas del asesino de "Crímenes en portada". Tal es la locura de este que, en lugar de ver la belleza de las modelos que asoman en las páginas de una revista sexy, su mente las transforma en monstruos, como esta a la que han puesto careto de avispa. La gracia consiste en reconocer de quien se trata. ¿No le suenan esas deliciosas, preciosas y perfectas ubres censuradas? Sí, amiguitos, estamos ante la mismísima Sabrina Salerno, culpable de deslechar los testículos de media población adolescente española a finales de los ochenta (incluidos los míos, faltaría más).
¿Que no, siguen sin recordar? Pues dejen que les refresque la memoria...
(para gosssarlas más y mejor, CTRL + botón izquierdo del ratón)
Creo que la de "Yo amo estudiantes" la tuve un tiempo
adornando mi carpeta escolar.
Bien, ahora que se han secado las lágrimas, y lo que no son lágrimas, vayamos a
por el colofón.
adornando mi carpeta escolar.
Bien, ahora que se han secado las lágrimas, y lo que no son lágrimas, vayamos a
por el colofón.
No es terror, pero sí italiano y muy "cool". ¿Hay cosa más macarra que Franco Nero dándoselas de un bigotudo Harry Callahan, sujetando un pistolón plateado? No, padre. Encima, de la mano de todo un experto en estas lides, don Enzo G. Castellari. Se trata de "El día del cobra", cuya reseña tecleé hace doce años.
viernes, 28 de agosto de 2009
TERRY GILLIAM, EL SOÑADOR REBELDE
Me acuerdo perfectamente como, siendo chaval y viendo "El sentido de la vida" de mis queridos Monty Python, me llevé un sonoro chasco con el corto que la precedía. Lo encontré aburrido, y esperaba ansioso su final para ver a Cleese, Idle, Palin, Chapman y Jones en acción (y los dibujitos graciosos del tal Gilliam, que en "El sentido de la vida" son especialmente disfrutables). Desde aquel momento, cada vez que me ponía esa peli en el vídeo, pasaba el corto a cámara rápida. De la experiencia saqué algo en claro: No me interesaba el cine de Terry Gilliam como director. Previamente había visto "La bestia del reino" y "Los héroes del tiempo" y, por cosas de la edad, era de los que pensaban estar ante más material Monty Python, que así es como nos lo vendían los distribuidores (luego aprendí que si no la firmaban los seis, no la consideraban como tal). Aunque ambas tuvieron aspectos que llegaron a fascinarme, no me gustaron tanto como "La vida de Brian", por ejemplo (no cuento aquí "Los caballeros de la mesa cuadrada" pues estaba co-dirigida con Terry Jones). Eran un poco plastas, como "Brazil".Sabía del áurea de respeto que Gilliam tenía entre intelectuales, y me repateaba las tripas... aunque no tanto como para seguir intentándolo. "Las aventuras del barón de Munchausen" se me hizo interminable. Tampoco es que "El rey pescador" cambiara las cosas. Yo fui de los tontos que no supieron ver nada en "12 Monos", la encontré soporífera, complicada y cargante. Esta última palabra sería ya entonces clave para definir las películas de Gilliam. Y a ella se uniría la de agobiante. "Miedo y asco en Las Vegas" la vi -en vídeo- sabiendo ya qué esperar, y no me defraudó... en ese aspecto. En cuanto supe que en "Tideland" Gilliam iba suelto, sin nadie que le controlase, me negué a verla (aún no lo he hecho). Y finalmente tenemos la de los hermanos Grimm, que, sí, me dio tanta grimm-a que ni terminé, cerré el dvd a la mitad.
Con todos estos datos, ¡¿cómo puede ser que sintiera curiosidad ante un libro que repasaba las hazañas de Terry Gilliam hasta "Miedo y asco en Las Vegas" escrito nada menos que por Jordi Costa y Sergi Sánchez con motivo del festival de cine de San Sebastián?!... pues porque me gusta leer sobre cine y cineastas, y Gilliam, cuanto menos, tiene su pasado Pythoniano, lo que es motivo de peso para que me lo llevara de los estantes de casa de mi buen amigo (y fan de Terry... o de "Brazil", mejor dicho) Goblin (previo permiso, claro).
El caso es que me lo he leído con bastante rapidez, y no negaré que entretiene lo suyo. Son especialmente interesantes los apartados dedicados a las trifulcas legales que Gilliam tuvo que sortear -y soportar- con "Brazil" y "Las aventuras del barón de Munchausen", y descubrir que Michele Soavi, director de "Aquarius" y "Mi novia es un zombie" y ayudante de dirección en "Munchausen", recibía un sueldo mayor al impuesto gracias a chanchullos con la mafia (¡toma!). Lo único que me ha sobrado e irritado es la mega-comida de polla que Costa y Sánchez le dedican al cineasta. Los autores son incapaces de mostrarse ni levemente críticos ante cualquier posible error o salida de tono de Terry Gilliam... sorben sus orines hasta las últimas consecuencias. De hecho, el propio Gilliam es más auto-crítico que ellos en sus declaraciones.
Ahora entiendo por qué los autores dan TANTO valor al -discutible, sobre todo viendo "El rey pescador" o la de los Hnos.Grimm- espíritu rebelde y contestatario del cineasta... seguramente porque ellos no lo poseen ni quieren poseerlo.
domingo, 17 de mayo de 2015
LOS FOTOCROMOS DE "LA SECTA"
Ni los fotocromos (cortesía de Alex Gardés) son la polla, ni la peli es una maravilla (aunque tampoco está mal, tal y como expliqué en su respectiva reseña), sin embargo lo fascinante de lo que sigue es que el nombre del director, Michele Soavi, está ¡mal escrito!. Hay que ser zopenco pa cagarla en algo así... pero ya saben, Spain is different (en su favor hay que decir que ese error no se cometió en el poster).
Pasen y pean...
Pasen y pean...
sábado, 29 de enero de 2022
LA MÁSCARA DEL DEMONIO 1990
En 1990 la carrera de Lamberto Bava alcanzó cotas de absoluta infamia cuando se atrevió a dar el paso que todos temían: Remakear la legendaria y ultra-valorada película de su sagrado padre, "La máscara del demonio". Y encima, para televisión (en coproducción con España, que la estrenó en una especie de serie llamada "Sabbath". Ojo a la frase promocional del cartel aquí expuesto: "Sufrieron una posesión infernal..." ¡JA!). Claro que uno podría justificarlo diciendo que lo que hizo Bava Hijo fue readaptar la historia escrita por Nikolai Gogol en la que se inspiró Bava Padre. ¡Paparruchas!, que no nos chupamos el dedo, leñe. La cuestión es que cuando la nueva "Máscara del demonio" se anunció en las páginas de la francesa "L´Ecran Fantastique", echando mano de sendas creaciones del bueno de Sergio Stivaletti para las fotos, todo pintaba medio decente. Puro espejismo.
Unos jóvenes esquiadores caen por una fosa y llegan hasta una especie de iglesia subterránea donde encuentran a una tipa hecha un cubito de hielo luciendo una máscara adherida al rostro. Cuando la extraigan, liberarán al mal bicho, que se dedicará a poseerlos en piña e intentar tirarse al más guapo de todos.
¿Cómo llamar a esto? Los yankis usan la palabra "dreck". Tras mirar el diccionario y descubrir que se traduce en "bazofia", la encontré muy adecuada. No ya por el efecto comparativo con respecto a la película de Mario Bava (que me cae en gracia, pero para nada me deslumbra) o el texto de Nikolai Gogol (que ni he leído, ni leeré), el problema es que esta "Máscara del demonio 1990" es absolutamente insoportable. Los efectos especiales están bien, el diseño de producción luce bonito, e incluso hay una escena de sexo con una bruja con patas de gallo que podría destacarse por bizarra... pero lo cierto es que toda ella -la peli, no la bruja- es taaaaan jodidamente sosa, aburrida y pesada que, en fin, nada la salva. Pero nada. Horrorosa, repetitiva, cargada de diálogos de mendrugo, ese surrealismo cansino tan típico de los italianos cuando no saben qué coño hacer (como ocurría en la parte final de "El engendro del diablo", conocida en Japón como "Demons 3", mientras que a la reseñada como "Demons 5", tiene su gracia y sentido) y, en fin, dura, dura de sufrir.
En el reparto destacan las presencias de Mary Sellers y Michele Soavi. Hay que tener en cuenta que tres años antes ambos habían coincidido en el rodaje de "Aquarius", con la curiosidad añadida de que, allí, Michele era el dire que daba órdenes a la actriz. También merece la pena mentar a Debora Caprioglio, pero más que nada por sus abundantes y sabrosas carnes. Al año siguiente se haría famosilla como la "Paprika" de Tinto Brass.
Tras esta "Máscara del demonio 1990", no sé quien debió revolverse más en su tumba, si Mario o Nikolai.
Unos jóvenes esquiadores caen por una fosa y llegan hasta una especie de iglesia subterránea donde encuentran a una tipa hecha un cubito de hielo luciendo una máscara adherida al rostro. Cuando la extraigan, liberarán al mal bicho, que se dedicará a poseerlos en piña e intentar tirarse al más guapo de todos.
¿Cómo llamar a esto? Los yankis usan la palabra "dreck". Tras mirar el diccionario y descubrir que se traduce en "bazofia", la encontré muy adecuada. No ya por el efecto comparativo con respecto a la película de Mario Bava (que me cae en gracia, pero para nada me deslumbra) o el texto de Nikolai Gogol (que ni he leído, ni leeré), el problema es que esta "Máscara del demonio 1990" es absolutamente insoportable. Los efectos especiales están bien, el diseño de producción luce bonito, e incluso hay una escena de sexo con una bruja con patas de gallo que podría destacarse por bizarra... pero lo cierto es que toda ella -la peli, no la bruja- es taaaaan jodidamente sosa, aburrida y pesada que, en fin, nada la salva. Pero nada. Horrorosa, repetitiva, cargada de diálogos de mendrugo, ese surrealismo cansino tan típico de los italianos cuando no saben qué coño hacer (como ocurría en la parte final de "El engendro del diablo", conocida en Japón como "Demons 3", mientras que a la reseñada como "Demons 5", tiene su gracia y sentido) y, en fin, dura, dura de sufrir.
En el reparto destacan las presencias de Mary Sellers y Michele Soavi. Hay que tener en cuenta que tres años antes ambos habían coincidido en el rodaje de "Aquarius", con la curiosidad añadida de que, allí, Michele era el dire que daba órdenes a la actriz. También merece la pena mentar a Debora Caprioglio, pero más que nada por sus abundantes y sabrosas carnes. Al año siguiente se haría famosilla como la "Paprika" de Tinto Brass.
Tras esta "Máscara del demonio 1990", no sé quien debió revolverse más en su tumba, si Mario o Nikolai.
sábado, 15 de enero de 2022
CUCHILLOS EN LA OSCURIDAD
La vida está lleno de misterios. No existe una razón lógica para mi reciente ataque de "Lambertobavaitis" seguido de unas ganas irrefrenables por ver o revisar algunos títulos de su filmografía (como irán sufriendo las próximas semanas). Sobre todo aquellos inéditos y/o olvidados -por y para mí-. Cierto que el hijo de Mario Bava es un habitual de este blog. Hemos reseñado un puñado de sus creaciones: "Disturbios en el cementerio", "Cena con el vampiro", "El devorador del océano", "Demons", "Demons 2" o "Crímenes en portada", pero eso no significa que nos apasione. Ni siquiera que nos guste. No. Lamberto Bava era (y, suponemos, es) bastante limitado. Pero ya saben lo pernicioso de la vil nostalgia. Uno no puede evitar sentir cariño por estos personajes que le acompañaron durante su crecimiento como aficionado al cine de género. Esa es la razón de que me enfrente de nuevo a "Cuchillos en la oscuridad", un seudo-giallo tardío de 1983 que, alquilado y visto en su época, únicamente logró hacerme caer rendido de sueño.
Cuenta la historia de un músico que se instala a vivir en una casita aislada del mundanal ruido porque necesita crear, concretamente la banda sonora de un film de terror. En eso que por el lugar ronda una misteriosa figura que va asesinando a todas las chicas que le visitan. Porque sí, aunque se supone que en esa casa se está muy tranquilo, lo cierto es que no para de entrar y salir peña, casi parece el "Mercadona" en fin de semana. Como es de ley, el músico se pondrá a investigar toda la movida.
Bien, lo divertido de consumir estas italianadas ochenteras está en, obviamente, el personal implicado. Nombres y rostros que has visto en otras de su misma condición. Así, localizamos en las letras al eterno guionista Dardano Sacchetti, acompañado por otra que tal, Elisa Briganti. La música, de gran importancia -por la trama y tal-, la firman otro par de eternos, Guido y Maurizio De Angelis. En tareas de asistente de dirección, un grande, Michele Soavi que, además, se marca un papel bastante potente. Ya saben que al hombre le iba eso de actuar. Sigo diciendo que algún día alguien debería dedicarle un libro, con extensa entrevista incluida. Este caballero es historia viva del -para mí- mejor cine de género italiano (Nota: Resulta que sí existe uno, editado por el Festival de Sitges. Me hice con el y, recién leído, puedo afirmar que, sí, está un rato bien. Te deja satisfecho). Y ya que hablamos de actuar, también aquí hay agradables sorpresas, como el prota Andrea Occhipinti, que anduvo en sendas películas de Lucio Fulci, lo mismo que el niño rubio cabezón Giovanni Frezza. Sin olvidarnos de Fabiola Toledo.
Una vez visto y dicho esto (recuerden: la parte divertida), queda lo aburrido: Ver "Cuchillos en la oscuridad" (nacida "La casa con la scala nel buio"), una peliculita de inevitables tintes Darioargentianos (eso de que el prota sea un artista enfrentado a un misterio) pero únicamente en el concepto, porque estilísticamente es sosa, mortecina y perezosa. Y narrativamente, aburrida y sin sorpresas. Gran parte de las escenas consisten en largos paseos de sus protagonistas por la casa, con un nivel cero de suspense. Y los crímenes están dentro de lo común y corriente. Nada especialmente ingenioso o, al menos, truculento. No me extraña que me quedara sopa viéndola en su día... lo único llamativo es el final, por quien sale y cómo sale, pero para eso le dan al avance rápido y se ahorran la modorra previa.
Cuenta la historia de un músico que se instala a vivir en una casita aislada del mundanal ruido porque necesita crear, concretamente la banda sonora de un film de terror. En eso que por el lugar ronda una misteriosa figura que va asesinando a todas las chicas que le visitan. Porque sí, aunque se supone que en esa casa se está muy tranquilo, lo cierto es que no para de entrar y salir peña, casi parece el "Mercadona" en fin de semana. Como es de ley, el músico se pondrá a investigar toda la movida.
Bien, lo divertido de consumir estas italianadas ochenteras está en, obviamente, el personal implicado. Nombres y rostros que has visto en otras de su misma condición. Así, localizamos en las letras al eterno guionista Dardano Sacchetti, acompañado por otra que tal, Elisa Briganti. La música, de gran importancia -por la trama y tal-, la firman otro par de eternos, Guido y Maurizio De Angelis. En tareas de asistente de dirección, un grande, Michele Soavi que, además, se marca un papel bastante potente. Ya saben que al hombre le iba eso de actuar. Sigo diciendo que algún día alguien debería dedicarle un libro, con extensa entrevista incluida. Este caballero es historia viva del -para mí- mejor cine de género italiano (Nota: Resulta que sí existe uno, editado por el Festival de Sitges. Me hice con el y, recién leído, puedo afirmar que, sí, está un rato bien. Te deja satisfecho). Y ya que hablamos de actuar, también aquí hay agradables sorpresas, como el prota Andrea Occhipinti, que anduvo en sendas películas de Lucio Fulci, lo mismo que el niño rubio cabezón Giovanni Frezza. Sin olvidarnos de Fabiola Toledo.
Una vez visto y dicho esto (recuerden: la parte divertida), queda lo aburrido: Ver "Cuchillos en la oscuridad" (nacida "La casa con la scala nel buio"), una peliculita de inevitables tintes Darioargentianos (eso de que el prota sea un artista enfrentado a un misterio) pero únicamente en el concepto, porque estilísticamente es sosa, mortecina y perezosa. Y narrativamente, aburrida y sin sorpresas. Gran parte de las escenas consisten en largos paseos de sus protagonistas por la casa, con un nivel cero de suspense. Y los crímenes están dentro de lo común y corriente. Nada especialmente ingenioso o, al menos, truculento. No me extraña que me quedara sopa viéndola en su día... lo único llamativo es el final, por quien sale y cómo sale, pero para eso le dan al avance rápido y se ahorran la modorra previa.
domingo, 28 de agosto de 2016
LOS FOTOCROMOS DE "EL ENGENDRO DEL DIABLO"
Ya los tenemos aquí de nuevo, Dario Argento y Michele Soavi, sospechosos habituales en este blog. Y vuelven con una de sus populares colaboraciones, la más floja de todas ellas tal y como expliqué en su día. Sin embargo, eso no significa ni por un momento que los fotocromos de “El engendro del diablo” hagan honor a su título, muy al contrario, están bastante chulos. ¿A que sí?.
sábado, 2 de mayo de 2026
PESADILLA (WITCH STORY)
En 1989 el cine de terror italiano, sobre todo aquel de baja estofa (es decir, saquen a Dario Argento y Michele Soavi de la ecuación. Tal vez también a Pupi Avati), llevaba casi una década intentando que sus productos pasaran por norteamericanos, generalmente a base de pseudónimos anglófilos, actores yankis en horas bajas, salidas narrativas propias de aquel cine, etc, etc (habrá quien considere que eso no ocurría con las de caníbales... y yo digo, ok, pero es que, para mí, esas eran de aventuras, de supervivencia, pero ni mucho menos terror en el sentido estricto) Normalmente nunca colaba. La cosa cantaba como una almeja. Sin embargo, poco a poco, y a base de intentarlo, al final lograron su objetivo. Al final, final. Ello coincidió, no por casualidad, con la decadencia de su respectiva micro-industria. Y el mejor ejemplo es esta "Witch Story" -título internacional, lo de "Pesadilla" para su versión patria obedecerá, supongo, a que por entonces el fenómeno "Freddy" comenzaba a despuntar con mucha fuerza-. Es la peli italiana más yanki concebible... el problema es que, para lograrlo, el "fetuccini horror" tuvo que deshacerse de todas y cada una de sus señas de identidad. Cero delirio, cero tetas, escasísima truculencia (¿se pueden creer que en un momento dado alguien utiliza una sierra mecánica para agredir y el asunto se desarrolla fuera de cuadro?) y todo cocinado casi a la manera de un telefilm, uno de esos entonces, que eran especialmente insulsos y muermos. Visto así, entiendo que el grifo dejara de chorrear porque el resultado es, ¿Cómo decirlo, diáfanamente? Espantoso. "Pesadilla" no es una película, es un generador de bostezos, y de gama alta. Mira que hace relativamente poco hablaba de otra de las producciones de tan gris periodo, "Specters", pero es que, comparándola a la ahora reseñada, y con todas sus carencias, aquella parecía un dechado de virtudes e imaginación, porque lo que es "Pesadilla"... en fin, no he visto cosa más muerta, genérica, plana, desalmada, perezosa y aburrrrrrrrrrida en mi puta vida. La odio.
Una turba descontrolada de pueblerinos cabreados prenden fuego a la bruja local. Esta, como no podía ser de otro modo, manda una maldición antes de fenecer y les asegura que sus parientes futuros pagarán el pato. Damos un salto de sesenta años. El ¿nieto? del dueño de la casa llega dispuesto a adecentarla con ayuda de unos amigos. Ello despertará las iras de la bruja en, primero, formato de niña chunga con camisón y pelotita (inevitablemente retrotrayendo a la cría fantasmagórica del capítulo que Federico Fellini rodó como parte de esa -pretenciosa y plasta- antología titulada "Historias extraordinarias") y, aluego, la posesión de algunos de los presentes, lo que les permitirá regodearse en sobreactuaciones descojonables. El problema está en que estos son una panda de adolescentes estereotipados, típicamente yankis de los ochenta, absolutamente insufribles. Detestables. Lo tenemos todo, la prota virginal, la golfa del grupo (se marca un bailecito sensual, sí, pero en ningún momento asoma una triste ubre), el mazas posesivo.... incluso el puto gordo gracioso que solo piensa en comer y se pasa media peli recibiendo toda clase de bromas crueles y desprecios. Si fuese una película actual habría un "friki" con camiseta de "La noche de Halloween", pero, afortunadamente, por entonces todavía no era algo recurrente. En cualquier caso, la chica virginal y su noviete, conscientes del cristo, deciden pedir ayuda... ¿a quién? la salida más recurrente y previsible, un cura.
Por lo visto en los USA este furruño se vende como una secuela de "Superstición" y, oiga, aquella tampoco es que fuese una joya, pero ya le gustaría a la que nos ocupa poder disponer de algunos de sus atributos (graciosamente, en Alemania pasa por segunda entrega de ¡¿"La bruja de mi madre?!"). ¿Y a quién tenemos que culpar? pues a unos cuantos, aunque comenzaremos por el padre del todo ello, el co-guionista, co-productor y director debutante, un señor que responde al gracioso nombre de Alessandro Capone. Sí, en serio, ¡Al Capone!. La cosa daría para unos cuantos chistes ("¡deja el cine y vuelve al contrabando de alcohol, desgraciao!"), pero no hace falta, él mismo se encarga de proporcionarnos materia cuando, al terminar el film, se lo dedica "a su familia". Da que pensar. Según declaraciones de la época para la añorada revista "Impact", se vendía como fan del género, pero enemigo del gore por el gore y, sobre todo, la escuela "exploit" italiana previa aunque, curiosamente, confesaba simpatías hacia "Evil Clutch"... ¡¿ma cosa dicce?!... sin embargo, para parafraseos absurdos, cuando asegura que su intención quedaba lejos de intentar mimetizar el cine yanki. ¡¡Aaaaaaro!!.
La consiguiente carrera del muchacho se desarrollaría de la misma poco emocionante manera a base de comedias, thrillers.... en fin, todo muy genérico. Tal vez únicamente destacaría, por la curiosidad implícita, la serie televisiva "El maxipolicía" a mayor gloria de un desubicado Bud Spencer. No es baladí porque, justo, el hijo de este, Giuseppe Pedersoli, ejerce de co-productor en "Witch Story". ¿¿Cómo se dice "¡enchufe!" en italiano??.
El otro único nombre destacable es el del compositor de la banda sonora, Carlo Maria Cordio, un habitual de ese "ítaloexploit" (con especial predilección por la factoría de Aristide Massaccesi) que tanto detestaba Al.
Decía que a la hora de culpar de semejante desaguisado tocaba señalar a más individuos que al mismo director (y a Spencer Junior). Pues bien, ahí va: primero a los señores de "Vinegard Syndrome", quienes tomaron la absurda decisión de sacar "Pesadilla" en blu-ray previa restauración en ¡¡4K!! ¡¡¿¿PARA ESTO??!! De verdad, lo de los yankis es preocupante. Y, justo, esta edición ha sido la culpable de que un puñado de mongolos la descubrieran tardíamente (como siempre) y reseñaran en sus redes sociales (ahí tenemos al resto de conspiradores). Claro, echando a la paella las gotas de nostalgia, el aparente exotismo (lo de su procedencia italiana, por mucho que no se note en ninguno de los fotogrumos) y la indulgencia + tragaderas propias del atontado fandom moderno del horror -más el de esos lares-, pues te encuentras que incluso la dejan medianamente bien. MEDIANAMENTE BIEN. ¡¡¿¿A ESTO??!!. De verdad, compañeros, algo no funciona en nuestro planeta. Maldigo el día que el cine de terror, incluido aquel de naturaleza más "anómala", pasó a ser materia aceptada y normalizada. Algo murió en ese fatídico momento.. y, por desgracia, no fue Alessandro Capone.
Una turba descontrolada de pueblerinos cabreados prenden fuego a la bruja local. Esta, como no podía ser de otro modo, manda una maldición antes de fenecer y les asegura que sus parientes futuros pagarán el pato. Damos un salto de sesenta años. El ¿nieto? del dueño de la casa llega dispuesto a adecentarla con ayuda de unos amigos. Ello despertará las iras de la bruja en, primero, formato de niña chunga con camisón y pelotita (inevitablemente retrotrayendo a la cría fantasmagórica del capítulo que Federico Fellini rodó como parte de esa -pretenciosa y plasta- antología titulada "Historias extraordinarias") y, aluego, la posesión de algunos de los presentes, lo que les permitirá regodearse en sobreactuaciones descojonables. El problema está en que estos son una panda de adolescentes estereotipados, típicamente yankis de los ochenta, absolutamente insufribles. Detestables. Lo tenemos todo, la prota virginal, la golfa del grupo (se marca un bailecito sensual, sí, pero en ningún momento asoma una triste ubre), el mazas posesivo.... incluso el puto gordo gracioso que solo piensa en comer y se pasa media peli recibiendo toda clase de bromas crueles y desprecios. Si fuese una película actual habría un "friki" con camiseta de "La noche de Halloween", pero, afortunadamente, por entonces todavía no era algo recurrente. En cualquier caso, la chica virginal y su noviete, conscientes del cristo, deciden pedir ayuda... ¿a quién? la salida más recurrente y previsible, un cura.
Por lo visto en los USA este furruño se vende como una secuela de "Superstición" y, oiga, aquella tampoco es que fuese una joya, pero ya le gustaría a la que nos ocupa poder disponer de algunos de sus atributos (graciosamente, en Alemania pasa por segunda entrega de ¡¿"La bruja de mi madre?!"). ¿Y a quién tenemos que culpar? pues a unos cuantos, aunque comenzaremos por el padre del todo ello, el co-guionista, co-productor y director debutante, un señor que responde al gracioso nombre de Alessandro Capone. Sí, en serio, ¡Al Capone!. La cosa daría para unos cuantos chistes ("¡deja el cine y vuelve al contrabando de alcohol, desgraciao!"), pero no hace falta, él mismo se encarga de proporcionarnos materia cuando, al terminar el film, se lo dedica "a su familia". Da que pensar. Según declaraciones de la época para la añorada revista "Impact", se vendía como fan del género, pero enemigo del gore por el gore y, sobre todo, la escuela "exploit" italiana previa aunque, curiosamente, confesaba simpatías hacia "Evil Clutch"... ¡¿ma cosa dicce?!... sin embargo, para parafraseos absurdos, cuando asegura que su intención quedaba lejos de intentar mimetizar el cine yanki. ¡¡Aaaaaaro!!.
La consiguiente carrera del muchacho se desarrollaría de la misma poco emocionante manera a base de comedias, thrillers.... en fin, todo muy genérico. Tal vez únicamente destacaría, por la curiosidad implícita, la serie televisiva "El maxipolicía" a mayor gloria de un desubicado Bud Spencer. No es baladí porque, justo, el hijo de este, Giuseppe Pedersoli, ejerce de co-productor en "Witch Story". ¿¿Cómo se dice "¡enchufe!" en italiano??.
El otro único nombre destacable es el del compositor de la banda sonora, Carlo Maria Cordio, un habitual de ese "ítaloexploit" (con especial predilección por la factoría de Aristide Massaccesi) que tanto detestaba Al.
Decía que a la hora de culpar de semejante desaguisado tocaba señalar a más individuos que al mismo director (y a Spencer Junior). Pues bien, ahí va: primero a los señores de "Vinegard Syndrome", quienes tomaron la absurda decisión de sacar "Pesadilla" en blu-ray previa restauración en ¡¡4K!! ¡¡¿¿PARA ESTO??!! De verdad, lo de los yankis es preocupante. Y, justo, esta edición ha sido la culpable de que un puñado de mongolos la descubrieran tardíamente (como siempre) y reseñaran en sus redes sociales (ahí tenemos al resto de conspiradores). Claro, echando a la paella las gotas de nostalgia, el aparente exotismo (lo de su procedencia italiana, por mucho que no se note en ninguno de los fotogrumos) y la indulgencia + tragaderas propias del atontado fandom moderno del horror -más el de esos lares-, pues te encuentras que incluso la dejan medianamente bien. MEDIANAMENTE BIEN. ¡¡¿¿A ESTO??!!. De verdad, compañeros, algo no funciona en nuestro planeta. Maldigo el día que el cine de terror, incluido aquel de naturaleza más "anómala", pasó a ser materia aceptada y normalizada. Algo murió en ese fatídico momento.. y, por desgracia, no fue Alessandro Capone.
sábado, 18 de abril de 2026
SPECTERS
Aunque, paradójicamente, 1987 sea el año en que el terror italiano parió su mejor película, es decir, "Aquarius", es un hecho patente y demostrando que para cuando llegaron los últimos coletazos de la sagrada década, la confección de esa clase de materia, desde aquel punto concreto del planeta, comenzaba a declinar. No hay más que ver qué andaban produciendo los
-entonces todavía no tan- viejos maestros como Lucio Fulci y su aenémica "Aenigma", Lamberto Bava y su ristra de mortecinos telefilms o Luigi Cozzi y la sosísima "Paganini Horror". Solo Dario Argento mantenía el listón más o menos dignamente... claro que para eso era el niño mimado de la pandi (y contaba con medios solventes, lo que no es una razón, pero ayuda). A toda esta amalgama de cosas olvidables podemos sumar incursiones outsiders como "Pesadillas" de Alessando Capone (reseña en breve) o la que toca hoy, "Specters", de Marcello Avallone (según donde, y por no perder las viejas costumbres, mutado a Mark Vallone), el típico artesano de no muy extensa pero variada filmografía (con la inevitable presencia de comedias picantes y materia pajera en general) que, un par de años después, reincidiría en eso del terror con una cosa inédita para mis sufridos ojos, "Maya".
"Specters", como digo, se diferencia escasamente de la normalidad reinante. Por entonces el fetuccini horror (y, una vez más, descarto acá a Soavi y Argento) se regía, sobre todo, por una extraña estética tirando como a artificial, de karaoke rancio, vídeo-clip de saldo, con preferencia por empaquetarlo todo a base de luces, humo, un rollo así como muy moderno
"Specters", como digo, se diferencia escasamente de la normalidad reinante. Por entonces el fetuccini horror (y, una vez más, descarto acá a Soavi y Argento) se regía, sobre todo, por una extraña estética tirando como a artificial, de karaoke rancio, vídeo-clip de saldo, con preferencia por empaquetarlo todo a base de luces, humo, un rollo así como muy moderno
-para la época- pero frío y desangelado. A ello sumen un guion.... sin guion. Lo trágico acá es que uno de los -demasiados- responsables es el gran Dardano Sacchetti, que, como el terror que él ayudó a moldear unos años antes, se encontraba ahora en horas bajas de inspiración. También ronda un actor tan socorrido en esos entonces/parajes como Donald Pleasence y los efectos especiales en manos de la nueva superstar del gremio, Sergio Stivaletti. Así las cosas, tenemos unos arqueólogos que, sin comerlo ni beberlo, liberan un monstruo en las catacumbas de la ciudad de Roma (estamos ante una de esas raras películas del género que no ocultan su nacionalidad) dispuesto a cepillarse al reparto según convenga. Para dar algo más de lustre, se sacan la subtrama seudo-romántica entre el ayudante del arqueólogo jefe y una rubia sexy que, entre queja y berrinche (se siente totalmente abandonada por él, hasta el punto de, en pleno follaje, dejarla ahí abierta de piernas, supurante, y salir por patas... un modo como cualquier otro de asegurarte sus atenciones), se dedica a cantar canciones pop y actuar en películas de terror. Así, con la excusa, se marcan un guiño a "La mujer y el monstruo" y aluego otro a "Nosferatu", pero este en formato pesadilla (referenciar a clásicos incunables siempre aporta algo de caché, contribuye a que tu condición de renegado director de una de terror d/huela menos). Llegado el momento, y de modo completamente arbitrario, la churri terminará como "damisela en peligro", lista para ser rescatada. De por medio, pues una criatura de pasable aspecto y sendas muertes más o menos truculentas, pero sin llegar a los excesos de los "golden years".
"Specters" se sitúa en esa nada envidiable lista de películas que ni gustan, ni disgustan. Es completamente prescindible lo que, en el fondo, vendría a ser la peor de las calificaciones posibles. Y por una vez, y en perfecta concordancia con el mondongo, el cartel del siempre magnífico E.Sciotti tampoco brilla especialmente.
"Specters" se sitúa en esa nada envidiable lista de películas que ni gustan, ni disgustan. Es completamente prescindible lo que, en el fondo, vendría a ser la peor de las calificaciones posibles. Y por una vez, y en perfecta concordancia con el mondongo, el cartel del siempre magnífico E.Sciotti tampoco brilla especialmente.
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