Más por completismo que por otra cosa, me acerqué al cine este fin de semana a ver la secuela directa de “La noche de Halloween” de 2018 de la factoría Blumhouse, que recuerdo que me gustó.
Esta secuela de las andanzas de Michael Myers directamente conectada con la película madre, venía precedida del éxito de la anterior entrega y con el ¿aliciente? de que además de David Gordon Green repitiendo en la dirección, esta vez el guion lo firmaba junto a una eminencia de la comedia USA de las últimas hornadas como es Danny McBride. Obviamente, por el rango de edad en el que se encuentra McBride, es una víctima nostálgica del fenómeno Michale Myers, pero claro, es sobrada la eficacia de McBride escribiendo comedia pero ¿cómo abordará un slasher mítico? No puede ser más marciana la cosa. También se especuló con que esta secuela y la que vendrá a continuación se rodarían a la vez con la intención de ser estrenadas seguidas en Octubre de este año. Con la pandemia de por medio y la incertidumbre general de cómo irá el cine en las salas próximamente, al final Green y McBride recularon y decidieron hacer solo una película por si acaso, quedando pendiente la siguiente y rodarla o no en función del rendimiento de esta.
“Halloween Kills” hace aguas de una manera brutal.
La cosa es la siguiente; Al final de la anterior entrega Michael Myers muere quemado gracias al brutal enfrentamiento con Laurie Strode. La acción se sitúa justo donde acaba aquella y resulta que, lógicamente, Michael no está muerto. Y como no lo está, comienza la carnicería. Mata a los bomberos que acuden a apagar el fuego de la casa donde este arde y, de paso, mata a todo aquél que se encuentre por el camino, por lo que la primera parte de la película hace justo honor a su título y parece ser que “Halloween Kills” va a ser simplemente eso, Michael Myers destrozando con facilidad a todo dios, cosa esta que me ha parecido la mar de estupenda. Sin embargo, pasado un rato, entran en escena los habitantes del pueblo donde se sucede la acción que, hartos de los 40 años que Michael lleva cargándose a la peña, y bajo el lema de “El mal muere esta noche”, salen todos con palos y piedras a la búsqueda de este para lincharle. Y ya está, ese es todo el argumento. Entre medias, Laurie permanece convaleciente en el hospital mientras suelta sentencias grandilocuentes sobre la maldad de Michael Myers, un loco que se escapa del manicomio es confundido con Michael para regocijo del pueblo sediento de sangre, y se suceden una serie de flashbacks a los años 70, que solo sirven como excusa para justificar la presencia de algunos personajes secundarios que, aunque nos importan un pimiento, tienen vínculos directos con las víctimas de Michael en la primera película de la franquicia, y, también en “¡¡Sanguinario!!” a la que se tiene en cuenta en esta secuela. Por supuesto, un puñado de secundarios de la película de Carpenter, aparecen aquí repitiendo su papel 43 años después… solo que si no tenemos fresca aquella ¡no no damos cuenta de quienes son! Asimismo la película entera la pasamos viendo guiños a las películas de la saga, incluida la tercera, con la aparición de las tres máscaras ya míticas de la bruja, el esqueleto y la calabaza, que son la seña de identidad de “Halloween III”.
“Halloween Kills” es un pequeño desbarajuste sin apenas argumento que no va a ninguna parte, con un final de lo más tontorrón y en el que lo que impera, a partir de la media hora de metraje, es un sopor abrumador de difícil digestión. Es un coñazo de aúpa y también una chorrada.
En la parte positiva, puede que sea la película de la franquicia más violenta y sangrienta en lustros, los asesinatos son potentes, gráficos, vistosos y la hemoglobina abundante. Pero sucede que, igual porque uno ya ha visto de todo en el cine o bien porque a pesar de esto, quizás los asesinatos no son tan buenos, “Halloween Kills” es incapaz de generar en el espectador sorpresa alguna. Se queda impávido. Y eso, es malo. También salvaría los minutos iniciales del film, con ese flashback a los 70 que no viene muy a cuento, pero que sirve para que veamos a un clon de Donald Pleasence, muy bien maquillado, que nos permite contemplar en pantalla en pleno 2021 de nuevo al Dr. Loomis. Se ve que en producción se percataron de que el director de arte de la película, Tom Jones Jr, era igualito a Donald Pleasence y se les ocurrió sacarle en la película. Y esto está muy bien. Además se agradece que no hayan tirado de infografía a la hora de resucitar al doctor.
Por lo demás, y como les dije al principio, es verla por completismo, porque a nivel mierdoso, yo diría que está a la altura de la aburridísima sexta parte.
Por otro lado, quizás en un pequeño alarde de postmodernismo, “Halloween Kills” rescata en uno de sus papeles principales a Anthony Michael Hall. Le recordarán porque se trata de aquel jovencito pelirrojillo y simpático de “La mujer explosiva”, o el poli harto del gnomo en “Gnomo Cop”. Pero el tiempo no pasa en balde y está irreconocible, ya que aquél joven pizpireto se ha convertido en un señor cincuentón, orondo, cabezón y feo como el demonio al que, una vez reconocemos, la verdad es que agradecemos ver.
Para Octubre de 2022 se estrenará, también dirigida por David Gordon Green, la tercera y en teoría última película de la franquicia, “Halloween Ends”, que tras esta no presagia nada bueno, y que aún así, iré a ver al cine porque, al margen de si estas secuelas contemporáneas resulten buenas o no, pocas cosas me gusta más que, acercándonos a la festividad de todos los santos, acudir al cine a ver una película de Halloween. Porque, además, a parte de la Navidad, Halloween, que ni siquiera nos pertenece aunque ya llevamos muchos años celebrándolo, es otra de mis festividades favoritas. Y el día 31 de Octubre cae sí o sí, en cine o en casa, una o dos películas de terror mínimo.
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lunes, 25 de octubre de 2021
jueves, 20 de diciembre de 2012
CUENTOS DE ULTRATUMBA
Hace escasos días, cuando comentábamos la película "Condenados de ultratumba", les advertía de que no la confundieran con, justamente, otra producción "Amicus" de parecido título e intenciones, esta "Cuentos de ultratumba" de la que hablaremos a continuación, fechada el año 1973 y con un título original más llamativo, "From beyond the grave", algo así como "mas allá de la tumba".En esta ocasión, y sin salirnos del tema episódico, tenemos cuatro historias, todas ellas basadas en relatos del escritorcillo R. Chetwynd-Hayes, que en 1981 volvería a vérselas con el cerebro pensante tras "Amicus", Milton Subotsky, en la simpática "El club de los monstruos" (donde Chetwynd-Hayes figuraba como personaje), producida por otra compañía, pero de parecido espíritu y esencia a las "Amiculadas". El siempre grande, siempre único Peter Cushing interpreta al inquietante y paliducho dependiente de una tienda de antigüedades. Cada comprador, y cada objeto que vende, protagonizará su propia "horror story"... con resultados diversos.
La primera es la peor. Otro grande, David Warner (el actor más mal peinado del mundo), entra en la tienda y compra un espejo que tiene 400 años de antiguedad. De hecho, engaña a Cushing haciéndole creer que es más barato (y es que todos los protas de todas las historias que terminan con un final chungo, intentan estafar al tendero, el único que paga el precio acordado, sobrevive). En casa, monta una sesión de espiritismo con unos amigos y, de este modo, despierta al fantasma de un especie de Jack el destripador que vive dentro del espejo y obliga a Warner a sacrificar mozas para poder salir de su encierro paranormal. Mucho líquido rojo, pero poco más. El final es previsible y tonto a más no poder. Lo único destacable de esta historia es que algunas de sus imágenes (concretamente las de un asesinato) aparecen fugazmente en "La lista negra", la última aventura de "Harry Callahan", cuando este mira por televisión extractos de las terribles y amorales películas de terror dirigidas por el personaje de Liam Neeson.
La segunda es, seguramente, la mejor. Y no porque sea una maravilla, pero al menos resulta algo más imprevisible, original y con un final bastante ingenioso. Un pobre desgraciado que vive con una mujer que le trata como la mierda y un hijo que pasa de él, se hace amigo del entrañable Donald Pleasence, quien le presenta a su hija... interpretada por la hija real del mismo actor, Angela (imagínense al amigo Donald con peluca y menos arrugas), cuyos inquietantes rostro y mirada son explotados muy inteligentemente. Entre esta y el prota comienza a florecer el amor y, con ello, el deseo de que su esposa fallezca, a través del vudú, la magia negra o lo que coño sea. Lo dicho, está curiosa.
La que hace tres baja el nivel, aunque tiene un arranque muy prometedor. El típico inglés de bombín y paraguas viaja en el tren camino de su casa, en eso que una extravagante mujer le increpa y le advierte que tiene un especie de demonio invisible sentado en su hombro y que, poco a poco, irá creciendo. El tio se piensa que está loca e intenta escaquearse, pero esta se presenta como medium y le ofrece una tarjeta por si algún día necesita sus servicios. No hace falta decir que el supuesto bicho existe y que se cebará con la esposa del gentleman. Tanto, que se verá obligado a recurrir a la puñetera medium... y aquí se estropea la historia, adquiriendo un tono semi-humorístico y grotesco que no le hacía ni falta. Encima, superada esta parte, el final se nos presenta como previsible y totalmente anodino. Una pena.
Llegamos a la cuarta, sobre una puerta antigua que, al ser instalada en casa, si la abres a medianoche, entras en un habitáculo medieval donde un especie de brujo se dedica a sacrificar a inocentes (especialmente churris) para mantenerse vivo. Un poco lo mismo que la primera historia, la del espejo. La elegida para tal menester es la guapísima Lesley-Anne Down... suerte de su maromo que la salvará y, como decía al principio, todo acabará bien.
Riza el rizo antes de los créditos finales un pequeño gag sobre un ladrón que entra en la tienda a robar y se encuentra con los trucos macabros del amigo Cushing.
Y ya está. Nada que destacar. "Cuentos de ultratumba" es una peli de esas de ver y olvidar al instante que chorrea por todos sus fotogramas la sosez y el espíritu siempre telefílmico de su director, el "chico para todo (pero no le pidas maravillas)" Kevin Connor, responsable de algunos títulos populares como "La tierra olvidada por el tiempo", "Los conquistadores de Atlantis" o, más adecuada para nuestros lectores, la aburrida "Motel Hell". "Cuentos de ultratumba" era su primera película, y resulta de lo más interesante que ya por entonces Connor hiciera gala de ese no-estilo que, a la larga, se convirtió en un sí-estilo. Su cine es como follar con condón, para hacernos una idea, y la peli hoy comentada encaja perfectamente en esa descripción.
sábado, 12 de marzo de 2011
PIRAÑA 3... SIN LA D
Ahora que tenemos el estreno oficial en España de "Piraña 3D", es el momento adecuado para recuperar estas rarezas. Publicada originalmente en el número 103, Abril de 1989, de la revista francesa "L´Ecran Fantastique", el cartel de la izquierda formaba parte de un artículo sobre cine de criaturas marinas asesinas y, por lo visto, este "Piranhas 3" (¿dónde están "Piranhas 1 y 2", así en plural?) iba a llevar por subtítulo "The Crawling Menace", se encontraba en plena pre-producción y el director asignado no era otro que Joseph Zito, el mismo baranda de "El asesino de Rosemary", "Desaparecido en combate", "Invasión USA", "Viernes 13, 4ª parte" o "Red Scorpion". Como vemos en el pre-cartel (bastante feo, dicho de paso) en esta ocasión las pirañas no iban a tener alas, como en la segunda parte, sino ¡¡patitas!! y se iban a pasear a su antojo, devorando bañistas dentro y fuera del agua.
Incluso había un reparto pensado, Peter Coyote y Daryl Hannah iban a encarnar los roles principales. Les seguía Donald Pleasence en el papel de científico, cómo no.
Por lo expuesto, daban a entender que los efectos especiales ya estaban en marcha y se habían creado las pirañas caminadoras que Zito calificaba de "Increíbles!" (eso seguro).
Por algún extraño y desconocido motivo, este "Piranhas 3: The crawling menace" jamás se llegó a rodar, para nuestra mayor tristeza.
Unos años después se anunció de nuevo una tercera parte de la franquicia, esta vez desvinculada del proyecto aquí comentado y que iba a producir y dirigir (con su pseudónimo habitual de Oliver Hellman) Ovidio G. Assonitis, responsable de la temible segunda parte (que sí, que la firma James Cameron, pero por lo visto fue algo temporal, y la verdadera culpa es de Assonitis). Este, como el otro, no vio la luz (tenéis el cartel a la derecha, extraído de un "Mad Movies"). ¿"Piraña 3" un proyecto maldito?.
A todo esto, ¿Cuál creéis que hubiera molado más?... yo me quedo con la de Joseph Zito, sin duda.
domingo, 1 de enero de 2012
EMPAREDADA
Por alguna extraña razón que desconozco, a finales de los 80 e inicios de los 90, a la peña le dio una inexplicable Poenitis... de Edgar Allan Poe. Es decir, que les entró la neura de readaptar los más famosos relatos del célebre escritor. Claro que los cineastas de más categoría en tal empresa fueron Dario Argento y George A. Romero con su "Los ojos del diablo", seguidos de cerca por Stuart Gordon y "El pozo y el péndulo" (producido por Charles Band). Así que imaginaos el nivel del resto: Roger Corman, Fred Olen Ray, Jim Wynorski... y Harry Allan Towers, legendario productor de "serie B" gracias a sus aportaciones cinematográficas del personaje de "Fu-Manchu" (curró incluso junto a Jesús Franco durante los años 60/70) asociado para la ocasión nada menos que con un ex-director porno francés (Gerard Kikoine, quien se había marcado un escueto tanto convirtiendo a Anthony Perkins en un nuevo "Dr.Jekyll/Mr.Hyde" con "Al borde de la locura"), un oscuro exploiter (Alan Birkinshaw) e incluso, en un momento dado, el mítico ex-"Cannon" Yoram Globus. Vaya panorama. Para dar un mayor toque exótico al asunto, Towers había descubierto lo baratico que salía rodar sus películas en Sudáfrica, y hasta allí arrastraba a sus equipos, cosa que también hizo en el caso que nos ocupa (en su periplo sudafricano, trabajó junto al peculiar Darrell Roodt, semireputado especialista en cine fantástico allá en su tierra y donde le llamen, suya es la infamemente famosa "Dracula 3000").Y sí, lo de Edgar Allan Poe es una puta excusa (que en los créditos figura como Edgar AllEn Poe... ¿trifulcas legales acaso?), ya que "Emparedada" no guarda ninguna relación con el supuesto relato que adapta, el de "The Premature Burial". En realidad tiene más puntos en común con "El Gato Negro". Primero porque todo el rato sale un gato negro (gñé!), y segundo porque, como dice el título, al asesino le va emparedar a sus víctimas. Estas son todas chicas malas salidas de un especie de psiquiátrico / residencia / correccional (que responde al poeniano nombre de Ravenscroft) cuya norma es aceptar únicamente a mozas de buen ver y mejor catar (y más si son ex-estrellas del porno en un intento de meterse -ja!- en eso del cine legítimo, como Ginger Lynn). Al lugar llega una profa nueva, muy guapa ella, que comienza a tener visiones en las que ve a un John Carradine hecho polvo en su última peli intentando salir de detrás de una pared. El dueño del castillo no es otro que "mister hachazo" Robert Vaughn. Y a sus servicios está un patético Donald Pleasence con peluquín y tirando a histriónico. Otros rostros más o menos conocidos son los de un joven Arnold Vosloo (futura "Momia") y William Butler (que hace el papel que siempre solía, noviete chulillo). Se trata de descubrir quien es el asesino y por qué mata (y salvo un crimen, poca sangre derrama), pero llegados a los 60 minutos de peli, ya ha dejado de interesarnos. El resto lo vemos porque, total, ya que estamos puestos, al menos que termine.
Aburrida, sosa, de ver-y-olvidar... en definitiva, muy de los 90.
domingo, 7 de marzo de 2010
DOBLE OBJETIVO
Otra de las innumerables simpáticas ponzoñicas del antimaestro Bruno Mattei (aquí, de nuevo, Vincent Dawn), especialmente obsesionado con dos cosas, el plagio y las "rambadas" (de "Rambo"). La diferencia con, por ejemplo, su clásico indiscutible dentro del subgénero, "Strike Commando", es que "Doble Objetivo" tiene menos gracia... es más insípida, rutinaria... y por supuesto, menos divertida por los motivos equivocados. Es decir, el efecto ridículo está bien presente, pero en un grado menor comparándola a la otra. Yo la vi en tres sesiones, incapaz de soportarla de un tirón (algo que hice en su momento con el "Stalker" de Tarkovsky, ¡ahí es nada!) y luego necesité una dosis de cine "mainstream" para limpiar mi alma.El gran Miles O´Keefe (más conocido como el "Tarzán" de Bo Derek o el "Ator" de Joe D´Amato y Al Bradley) interpreta a un "John Rambo" de pacotilla, obsesionado en recuperar a su hijo. El gobierno de los USA le hace un trato, lo manda al Vietnam a cumplir no se que misión y, a cambio, podrá llevarse al puto crío a su país. Lo que no sabe Miles, y a nosotros nos la sopla, es que además de vietnamitas, también están metidos los rusos, muy malos ellos.
A ver, lo dicho, aburrimiento total y absoluto. Que sí, que hay momentos para el regocijo... como el saltito que pega un soldado antes de morir por efecto de una granada.... la muerte del malo (cae desde el helicóptero al agua, a una distancia más que prudente, y se supone que palma).. y sobre todo, la aparición de un tiburón que primero ayuda al "Rambito" comiéndose a dos vigilantes y luego le ataca. Esta secuencia, absurda y sin sentido aparente, destaca también porque el 90% de las imágenes del bicho son robadas. Por un lado tenemos el mismo material de archivo que Enzo Castellari usó para su infame "Tiburón 3" y por otro... ¿extractos del mismo "Tiburón 3"?... y si no es de esa, de alguna otra del estilo, fijo.
Completan el reparto Donald Pleasence (¡¡cargante!!), Bo Svenson y algunos de esos actores yankis afincados en Filipinas y que solían prestar cara y músculos a todos los "exploitations" rodados allí, como Mike Monty.
El ahora ya legendario -por las razones equivocadas- Claudio Fragasso ejerce de co-guionista, entre otras tareas.
Produce, como no, "Flora Film"... especialista en que todas sus pelis hagan gala del mismo "look" acartonado y marronoso.
La caratula española es horrible... pero ya que la tengo, la pongo.
sábado, 23 de febrero de 2013
¡...O UNA MALDICIÓN DEL INFIERNO!
Producida por la "Cannon" cuando hacía apenas un año o dos que había sido adquirida por los temibles Golan/Globus, es decir 1980, "¡... o una maldición del infierno!" ("The Godsend" en v.o.) se sube al carro de las, por entonces muy de moda, películas con niño de aspecto angelical, pero aviesas intenciones. Subgénero este en continuo resurgimiento, como bien demostró la reciente -y curiosa- "La huérfana".
El caso que nos ocupa narra las vicisitudes de una feliz y extensa familia (cuatro ruidosos retoños) que un día reciben la visita de una misteriosa dama preñada, interpretada por la hija de Donald Pleasence en su rol habitual (pues eso, tía rara, de mirada inquietante... encasillamiento este del todo justificado). Justo antes de irse le entran los dolores y nace una niña. Dadas las circunstancias, madre e hija pasan la noche en la casa de la familia, pero al día siguiente, la mujer ha desaparecido por completo, dejándose al bebé. Por si no tuvieran ya suficiente con cuatro bocas que alimentar, los protas deciden quedarse a la intrusa y sumarla a su prole. Ea. A los pocos meses, aparece muerto el niño más joven de la familia que, oh misterio, justamente compartía cuna con la cría ilegalmente adoptada. La madre sufre lo suyo, pero se recupera rápido, "Bueno, al menos tenemos a Bonnie" (que asi se llama la niña rara). Viva!. Todo sigue su curso y tras unos cuantos meses más, estando de picnic, ¡pumba!, fallece "accidentalmente" otro de los hijos legítimos de la familia, justo cuando se había quedado solo con Bonnie. Los padres, en lugar de hundirse por completo, que sería lo lógico ¿no?, lo superan una vez más con relativa facilidad y continúan su vida... total, aún les quedan tres hijos más, ¿que más da que palmen a este ritmo?.
Y sí, lo has adivinado, ¡¡también muere otro!!. Esto les afecta un poquito más... pero no demasiado. Lo realmente absurdo aquí es que, a estas alturas, todavía no sospechan de Bonnie que ya se marca caretos bastante inquietantes. Con solo dos hijas en la familia y tras muchos esfuerzos, el padre ata cabos y decide que la adoptada es la culpable de las muertes, pero claro, ahora toca convencer a su histérica esposa (cuyo instinto maternal le pierde y se aferra a Bonnie sin percatarse de que hasta les impide echar el tan deseado quiqui de los Sábados por la noche) y, sobre todo, proteger la última hija que les queda.
En fin, ¿qué puedo decir que no haya insinuado sarcásticamente ya?, que sí, que "¡... o una maldición del infierno!" no es una peli muy verosímil que digamos y a ratos incluso te ríes, ya sea por la escandalosa y absurda ceguera de los padres o por las caras de mala que se marcan las niñas que interpretan a la intrusa... aunque, curiosamente, en otras secuencias funciona muy bien, incluso proporcionando algún sutil escalofrío. Aún así, el resultado final es comedidamente entretenido (o mejor digamos, soportable), a lo que ayuda el look tan característico de su época. Merece destacarse también la ingeniosa teoría del "por qué" de la presencia de Bonnie y sus malvados actos, algo que, al revés de todos los zopencos comentaristas del "Imdb", no desvelaré (¡¡pa una idea original que hay!!).
El director es, en este caso, directora. Se llama Gabrielle Beaumont y, sobre todo, se ha dedicado a la televisión, metiendo mano en series tan míticas como "M.A.S.H.", "El gran héroe americano", "Dinastía", "Los Colby", "Corrupción en Miami" o "Star Trek: La nueva generación". Entre sus largometrajes (también destinados a la caja tonta), nos encontramos con la tercera parte de "El señor de las bestias", nada menos.
El caso que nos ocupa narra las vicisitudes de una feliz y extensa familia (cuatro ruidosos retoños) que un día reciben la visita de una misteriosa dama preñada, interpretada por la hija de Donald Pleasence en su rol habitual (pues eso, tía rara, de mirada inquietante... encasillamiento este del todo justificado). Justo antes de irse le entran los dolores y nace una niña. Dadas las circunstancias, madre e hija pasan la noche en la casa de la familia, pero al día siguiente, la mujer ha desaparecido por completo, dejándose al bebé. Por si no tuvieran ya suficiente con cuatro bocas que alimentar, los protas deciden quedarse a la intrusa y sumarla a su prole. Ea. A los pocos meses, aparece muerto el niño más joven de la familia que, oh misterio, justamente compartía cuna con la cría ilegalmente adoptada. La madre sufre lo suyo, pero se recupera rápido, "Bueno, al menos tenemos a Bonnie" (que asi se llama la niña rara). Viva!. Todo sigue su curso y tras unos cuantos meses más, estando de picnic, ¡pumba!, fallece "accidentalmente" otro de los hijos legítimos de la familia, justo cuando se había quedado solo con Bonnie. Los padres, en lugar de hundirse por completo, que sería lo lógico ¿no?, lo superan una vez más con relativa facilidad y continúan su vida... total, aún les quedan tres hijos más, ¿que más da que palmen a este ritmo?.
Y sí, lo has adivinado, ¡¡también muere otro!!. Esto les afecta un poquito más... pero no demasiado. Lo realmente absurdo aquí es que, a estas alturas, todavía no sospechan de Bonnie que ya se marca caretos bastante inquietantes. Con solo dos hijas en la familia y tras muchos esfuerzos, el padre ata cabos y decide que la adoptada es la culpable de las muertes, pero claro, ahora toca convencer a su histérica esposa (cuyo instinto maternal le pierde y se aferra a Bonnie sin percatarse de que hasta les impide echar el tan deseado quiqui de los Sábados por la noche) y, sobre todo, proteger la última hija que les queda.
En fin, ¿qué puedo decir que no haya insinuado sarcásticamente ya?, que sí, que "¡... o una maldición del infierno!" no es una peli muy verosímil que digamos y a ratos incluso te ríes, ya sea por la escandalosa y absurda ceguera de los padres o por las caras de mala que se marcan las niñas que interpretan a la intrusa... aunque, curiosamente, en otras secuencias funciona muy bien, incluso proporcionando algún sutil escalofrío. Aún así, el resultado final es comedidamente entretenido (o mejor digamos, soportable), a lo que ayuda el look tan característico de su época. Merece destacarse también la ingeniosa teoría del "por qué" de la presencia de Bonnie y sus malvados actos, algo que, al revés de todos los zopencos comentaristas del "Imdb", no desvelaré (¡¡pa una idea original que hay!!).
El director es, en este caso, directora. Se llama Gabrielle Beaumont y, sobre todo, se ha dedicado a la televisión, metiendo mano en series tan míticas como "M.A.S.H.", "El gran héroe americano", "Dinastía", "Los Colby", "Corrupción en Miami" o "Star Trek: La nueva generación". Entre sus largometrajes (también destinados a la caja tonta), nos encontramos con la tercera parte de "El señor de las bestias", nada menos.
miércoles, 6 de mayo de 2009
BESTIA ASESINA
Todos sabemos que al señor Ruggero “Holocausto Caníbal” Deodato no le mola que le emparenten con el género de nuesos amores, osease: el terror. Claro que si se dedica a rodar películas como esta, pues lo va a tener un poco jodido… porque por mucho drama y mucha historia de amor que le meta (incluso gotas de filosofía cabaretera y bla bla), “Bestia Asesina” va sobre un señor que mata a gente y el policía dispuesto a cazarlo. Si me apuran, podemos llamarlo thriller… y si tenemos en cuenta su procedencia Italiana (menos disimulada de lo habitual, ahí esas imágenes del carnaval de Venecia) naturalmente la cosa nos acaba remitiendo al giallo.Michael York interpreta a un pianista de éxito afectado por una enfermedad que le envejece a ritmo alarmante. A medida que su piel se arruga, su cerebro se marchita y por ende, se va volviendo tarumba. Ello le empuja a convertirse en un asesino. El caso es que uno de sus amores, la hermosa Edwige Fenech, le comunica (vía telefónica) que está preñada de él y claro, el tipo se raya pensando a ver si el retoño le va a salir con su misma enfermedad. ¿Qué hacer?, matar a la futura madre.
Al Sr.York, y la Fenech, se suma el entrañable Donald Pleasence, con su eterna cara de despistado. También rulan algunos secundarios míticos del cine italiano de terror (Giovanni Lombardo Radice de “Miedo en la ciudad de los muertos vivientes” o Marino Masé de "Contaminación: alien invade la tierra") y el propio Deodato en un cameo hitchcockiano (justo antes del crimen de la churri que atraviesa el cristal).
El resultado está bastante por encima de lo que este tipo de cine suele ofrecernos y, vamos, que se puede ver.
sábado, 29 de marzo de 2014
AQUELLAS CARATULAS MARAVILLOSAS (40): UNA JETILLA ALUCINANTE
Siendo justos y honestos, el post de hoy no debería entrar en el club de las caratulas maravillosas porque lo que anal-izaremos y diseccionaremos a continuación no es una caratula, sino un recorte de prensa. Pero dado que, por lo demás, tratándose del pseudoengaño del que se trata, encaja perfectamente y de que este es nuestro puto blog, donde hacemos lo que nos da la puta gana y si no les gusta, pueden largarse a cualquier otro, pues, bueno, creo que la acción queda del todo justificada, ¿aquezi?.
Hace escasos días anduve por los dominios del rey de los cineastas "outsider" Juan Carlos Gallardo. Entre muchas otras y notorias cosas, resulta que el muchacho es un mega-fan del cine, especialmente si es "fantastique", y se entusiasma desmedidamente cuando arranca a hablar de ello. Y sin descanso. Solo alguien de este porte habría sido capaz de acumular a lo largo de los años los anuncios de prensa de estrenos cinematográficos adecuados a tales apetencias, y solo él los mostraría con orgullo y dilatada pasión, cosa que lotrodia hizo para mi y mis bonitos y honorados ojos verdes.
De entre todo el montoncillo de arrugados y amarillentos recortes, destacó este que sigue.....
Hace escasos días anduve por los dominios del rey de los cineastas "outsider" Juan Carlos Gallardo. Entre muchas otras y notorias cosas, resulta que el muchacho es un mega-fan del cine, especialmente si es "fantastique", y se entusiasma desmedidamente cuando arranca a hablar de ello. Y sin descanso. Solo alguien de este porte habría sido capaz de acumular a lo largo de los años los anuncios de prensa de estrenos cinematográficos adecuados a tales apetencias, y solo él los mostraría con orgullo y dilatada pasión, cosa que lotrodia hizo para mi y mis bonitos y honorados ojos verdes.
De entre todo el montoncillo de arrugados y amarillentos recortes, destacó este que sigue.....
¡¡Oh, "Una pandilla alucinante"!! el sobrevalorado clásico de Fred Dekker del año 1987, originalmente concebido como "The monster squad". Una de esas películas a las que el paso de los lustros otorga cierta pátina de notoriedad, aunque en su época no pareció contentar a nadie. Yo mismo acudí al cine a verla y recuerdo que salí algo confuso, ¿me había gustado o era una mierda?... lo que sí es cierto es que, ya en 1987, su tufo a producto "a lá Spielberg" quedaba algo anticuado. Total, amiguitos, que la nostalgia es mu mala.
Sin embargo, si miramos a fondo la ficha del film en "Imdb", concretamente su florido reparto, nos damos cuenta de que, no, Vincent Price no figura entre los protagonistas. Ni tan siquiera entre los secundarios. Vamos, es que ni cameo hay pal muchacho. ¿Y por qué Vincent Price?, coño, pues porque aparece en el cartelito en cuestión... acérquense y compruébenlo ustedes mismos...........
¡Ah, canastos!, ¡¡Vincent Price y asociación ociosa de monstruos!!, entonces no hablamos de la película de Fred Dekker, sino de esta otra con la que, además, la ilustración concuerda enormemente (salvo por el Frankenstein, que tampoco aparece en el cartel original, ¿de dónde lo habrán sacado?, a saber, pero ¿podría tratarse de "Herman Munster"?)....
"El club de los monstruos", o "The Monster Club" (que suena muy parecido a "The Monster Squad"), es un producto del año 1981 en el que Milton Subotsky en funciones de producer mandaba un notorio "hasta siempre" a la famosa productora británica de horrores episódicos "Amicus" de la que, no porque sí, él mismo había sido co-propietario en sus golden years (y ojo, no digo que "El club de los monstruos" fuese una "Amicus movie", porque pa entonces la factoría de horrores fílmicos llevaba ya un tiempo enterrada, pero es evidente que se nutre mucho de su espíritu y su esencia). El guiño/tributo se completaba con otras presencias tan propias de la "old school" como Roy Ward Baker a los mandos, John Carradine, Donald Pleasence y, ¡zí!, Vincent Price. Añadiremos que, a pesar de su patético intento de modernizarse (incorporando actuaciones de bandas rockeras esperando asín ganarse a la platea joven), y de ciertas chungueces, "El club de los monstruos" era una peli de lo más simpática y entrañable.
Pero algo fallaba, porque no, aquel recorte NO era el de la película de Roy Ward Baker. ¿Que cómo lo sé?, carayo, basta con acercarse a los créditos que hay en la parte inferior y fijarse en quién figura como director....
Pues sí, ingratos lectores, lo que aquí tenemos es otro caso de jeta típica de la época, con la diferencia de que la hemos sacado de su ambiente videoclubero habitual para llevarla hasta la prensa escrita. Por coincidencia de títulos originales, a algún listo/perezoso le pareció buena idea usar el cartel de "El club de los monstruos" para publicitar "Una pandilla alucinante". Si echamos atrás en el tiempo y recuperamos el cartel original de esta última, tanto el que se vio en salas como en video-clubs (cortesía de "Record Visión"), comprobaremos que las diferencias son así como muy notables (también en el tono, ya que con el falso anuncio parece que vayamos a ver básicamente una comedia, cosa que no era del todo la peli de Dekker).

¡¡Emoción, intriga y dolor de barriga!!.
Gracias a Juan C. Gallardo por el recorte, a Pajarillo por la presencia y a las almas anónimas que me han cedido -algunas sin saberlo- el resto de imágenes que dan vida y color a esta tan maravillosa -como siempre- entrada.
sábado, 18 de abril de 2026
SPECTERS
Aunque, paradójicamente, 1987 sea el año en que el terror italiano parió su mejor película, es decir, "Aquarius", es un hecho patente y demostrando que para cuando llegaron los últimos coletazos de la sagrada década, la confección de esa clase de materia, desde aquel punto concreto del planeta, comenzaba a declinar. No hay más que ver qué andaban produciendo los
-entonces todavía no tan- viejos maestros como Lucio Fulci y su aenémica "Aenigma", Lamberto Bava y su ristra de mortecinos telefilms o Luigi Cozzi y la sosísima "Paganini Horror". Solo Dario Argento mantenía el listón más o menos dignamente... claro que para eso era el niño mimado de la pandi (y contaba con medios solventes, lo que no es una razón, pero ayuda). A toda esta amalgama de cosas olvidables podemos sumar incursiones outsiders como "Pesadillas" de Alessando Capone (reseña en breve) o la que toca hoy, "Specters", de Marcello Avallone (según donde, y por no perder las viejas costumbres, mutado a Mark Vallone), el típico artesano de no muy extensa pero variada filmografía (con la inevitable presencia de comedias picantes y materia pajera en general) que, un par de años después, reincidiría en eso del terror con una cosa inédita para mis sufridos ojos, "Maya".
"Specters", como digo, se diferencia escasamente de la normalidad reinante. Por entonces el fetuccini horror (y, una vez más, descarto acá a Soavi y Argento) se regía, sobre todo, por una extraña estética tirando como a artificial, de karaoke rancio, vídeo-clip de saldo, con preferencia por empaquetarlo todo a base de luces, humo, un rollo así como muy moderno
"Specters", como digo, se diferencia escasamente de la normalidad reinante. Por entonces el fetuccini horror (y, una vez más, descarto acá a Soavi y Argento) se regía, sobre todo, por una extraña estética tirando como a artificial, de karaoke rancio, vídeo-clip de saldo, con preferencia por empaquetarlo todo a base de luces, humo, un rollo así como muy moderno
-para la época- pero frío y desangelado. A ello sumen un guion.... sin guion. Lo trágico acá es que uno de los -demasiados- responsables es el gran Dardano Sacchetti, que, como el terror que él ayudó a moldear unos años antes, se encontraba ahora en horas bajas de inspiración. También ronda un actor tan socorrido en esos entonces/parajes como Donald Pleasence y los efectos especiales en manos de la nueva superstar del gremio, Sergio Stivaletti. Así las cosas, tenemos unos arqueólogos que, sin comerlo ni beberlo, liberan un monstruo en las catacumbas de la ciudad de Roma (estamos ante una de esas raras películas del género que no ocultan su nacionalidad) dispuesto a cepillarse al reparto según convenga. Para dar algo más de lustre, se sacan la subtrama seudo-romántica entre el ayudante del arqueólogo jefe y una rubia sexy que, entre queja y berrinche (se siente totalmente abandonada por él, hasta el punto de, en pleno follaje, dejarla ahí abierta de piernas, supurante, y salir por patas... un modo como cualquier otro de asegurarte sus atenciones), se dedica a cantar canciones pop y actuar en películas de terror. Así, con la excusa, se marcan un guiño a "La mujer y el monstruo" y aluego otro a "Nosferatu", pero este en formato pesadilla (referenciar a clásicos incunables siempre aporta algo de caché, contribuye a que tu condición de renegado director de una de terror d/huela menos). Llegado el momento, y de modo completamente arbitrario, la churri terminará como "damisela en peligro", lista para ser rescatada. De por medio, pues una criatura de pasable aspecto y sendas muertes más o menos truculentas, pero sin llegar a los excesos de los "golden years".
"Specters" se sitúa en esa nada envidiable lista de películas que ni gustan, ni disgustan. Es completamente prescindible lo que, en el fondo, vendría a ser la peor de las calificaciones posibles. Y por una vez, y en perfecta concordancia con el mondongo, el cartel del siempre magnífico E.Sciotti tampoco brilla especialmente.
"Specters" se sitúa en esa nada envidiable lista de películas que ni gustan, ni disgustan. Es completamente prescindible lo que, en el fondo, vendría a ser la peor de las calificaciones posibles. Y por una vez, y en perfecta concordancia con el mondongo, el cartel del siempre magnífico E.Sciotti tampoco brilla especialmente.
miércoles, 28 de diciembre de 2022
GALERÍA DE ESCANEOS BONITOS 24 (CARTELES Y CURIOSIDADES)
Imágenes extraídas de las fermosas páginas de "Mad Movies", "L´Ecran Fantastique" y otras revistas franchutes que me alegraron la adolescencia por ahí los años 80/90....
A continuación les dejamos una serie de carteles curiosos de películas -no tan curiosas-. Algunos se parieron antes que la interfecta y no guardan conexión con su contenido. Otros pertenecen a proyectos jamás realizados. Y los hay simplemente bonitos. Gocen.
A continuación les dejamos una serie de carteles curiosos de películas -no tan curiosas-. Algunos se parieron antes que la interfecta y no guardan conexión con su contenido. Otros pertenecen a proyectos jamás realizados. Y los hay simplemente bonitos. Gocen.
Sobre la "falsa franquicia" made in Italy de "La Casa"
hablamos largo y tendido en el podcast de "Neon Maniacs",
pero es un fenómeno que nunca deja de sorprender y siempre
mola revisitarlo. Aquí tenemos el cartel de "La Casa 5", es
decir, "Beyond Darkness", dirigida por el inútil de Claudio
Fragasso oculto bajo el alias de Dan Edwards, aunque
finalmente recurriría al habitual Clyde Anderson.
hablamos largo y tendido en el podcast de "Neon Maniacs",
pero es un fenómeno que nunca deja de sorprender y siempre
mola revisitarlo. Aquí tenemos el cartel de "La Casa 5", es
decir, "Beyond Darkness", dirigida por el inútil de Claudio
Fragasso oculto bajo el alias de Dan Edwards, aunque
finalmente recurriría al habitual Clyde Anderson.
Esta era inevitable. El clásico. Siempre
disfruto mucho con los carteles de la época,
transmiten peligro, horror del duro, emociones
extremas... todas esas sensaciones que, siendo
jovenzuelo, disparaban mi imaginación y
adrenalina. Que luego la peli no me decepcionara -¡para
variar!- la puso en el pedestal donde reposa hoy.
disfruto mucho con los carteles de la época,
transmiten peligro, horror del duro, emociones
extremas... todas esas sensaciones que, siendo
jovenzuelo, disparaban mi imaginación y
adrenalina. Que luego la peli no me decepcionara -¡para
variar!- la puso en el pedestal donde reposa hoy.
Bendita sea.
Otro de esos carteles de películas ignotas
que, siendo joven, me fascinaban por todo
el misterio que las envolvía. En este caso
hablamos de un modestísimo título del año
que, siendo joven, me fascinaban por todo
el misterio que las envolvía. En este caso
hablamos de un modestísimo título del año
1978 dirigido por un tal Rodger Darbonne.
Tengo entendido que es aburrido hasta las
trancas y muy horroroso. Hoy en día pueden
localizarlo gratis online. Maldito y bendito interné.
Tengo entendido que es aburrido hasta las
trancas y muy horroroso. Hoy en día pueden
localizarlo gratis online. Maldito y bendito interné.
De esta no hablaré mucho porque ya lo hizo Víctor
en su respectiva reseña. Pero este pre-cartel, de cuando
la peli aún estaba pendiente de estreno, es un rato chulo.
Desde luego mucho mejor que la sosa caratula española.
en su respectiva reseña. Pero este pre-cartel, de cuando
la peli aún estaba pendiente de estreno, es un rato chulo.
Desde luego mucho mejor que la sosa caratula española.
Una imagen de la segunda entrega de "La matanza
de Texas" para anunciar el rodaje de la tercera. Curioso.
Esto podría ser un invento de la misma revista, nada
oficial, pero es de lo más gracioso.
de Texas" para anunciar el rodaje de la tercera. Curioso.
Esto podría ser un invento de la misma revista, nada
oficial, pero es de lo más gracioso.
Y llegamos a la rareza. A finales de los ochenta, el
productor Harry Alan Towers andaba desatadísimo rodando
adaptaciones de Poe en plan baratillo y se planteó poner
productor Harry Alan Towers andaba desatadísimo rodando
adaptaciones de Poe en plan baratillo y se planteó poner
al día La Momia con este proyecto que, ya lo adelanto, nunca
se materializó. Pero elementos interesantes tenía.
Anthony Perkins iba a dar vida a ¡la momia! (muy adecuado,
dirían algunos cabrones) Y le secundarían Christopher Lee
(quien sí acabaría liado en una peli moderna de momias) y
Donald Pleasence. A los mandos de todo ello, nada menos
que Gordon Hessler. ¿Habría molado? Naaah, no lo creo.
En cualquier caso, lo realmente espeluznante de todo este cristo
es pensar que, hoy día, ninguno de los nombres mentados vive ya.
Anthony Perkins iba a dar vida a ¡la momia! (muy adecuado,
dirían algunos cabrones) Y le secundarían Christopher Lee
(quien sí acabaría liado en una peli moderna de momias) y
Donald Pleasence. A los mandos de todo ello, nada menos
que Gordon Hessler. ¿Habría molado? Naaah, no lo creo.
En cualquier caso, lo realmente espeluznante de todo este cristo
es pensar que, hoy día, ninguno de los nombres mentados vive ya.
Fabuloso cartel de "Retaliator", pero por las razones
equivocadas... entre ellas el nulo parecido de Robert Ginty
con su versión de carne y hueso.
Y como colofón, sobredosis de Brian Yuzna...
equivocadas... entre ellas el nulo parecido de Robert Ginty
con su versión de carne y hueso.
Y como colofón, sobredosis de Brian Yuzna...
Por un lado, el proyecto que jamás vio la luz... y
nunca mejor dicho. Una puesta al día del hombre invisible.
Al final hubo varias y, en general, se dejaban consumir
dignamente. ¿Habría pasado lo mismo con la aportación
de mister Yuzna? Lo dudo... pero el cartel está majo.
nunca mejor dicho. Una puesta al día del hombre invisible.
Al final hubo varias y, en general, se dejaban consumir
dignamente. ¿Habría pasado lo mismo con la aportación
de mister Yuzna? Lo dudo... pero el cartel está majo.
Por otro, la que sí se hizo realidad... para
nuestro mayor disgusto. La secuela de "Re-Animator".
He escogido este pre-cartel (obviamente la imagen de
Jeffrey Combs pertenece a la original) por su tono
gótico, en blanco y negro, ahí con castillo y todo.
Desde buen principio, ya con el título, cantaba como
una pestilente almeja el guiño a "La novia de Frankenstein",
pero a la hora de diseñar el cartel, sobre todo con
la tipografía, se lo tomaron literalmente.
nuestro mayor disgusto. La secuela de "Re-Animator".
He escogido este pre-cartel (obviamente la imagen de
Jeffrey Combs pertenece a la original) por su tono
gótico, en blanco y negro, ahí con castillo y todo.
Desde buen principio, ya con el título, cantaba como
una pestilente almeja el guiño a "La novia de Frankenstein",
pero a la hora de diseñar el cartel, sobre todo con
la tipografía, se lo tomaron literalmente.
domingo, 10 de enero de 2016
LOS FOTOCROMOS (Y LA CARATULA DEL VHS) DE "EL PRINCIPE DE LAS TINIEBLAS"
En 1987 Don John Carpenter no se encontraba precisamente en el mejor momento de su carrera. Tras “La Cosa”, que aunque estupenda no olvidemos que fue un fracaso de taquilla, parió la pasable pero insatisfactoria (para nosotros, pero especialmente para él) “Christine”, la “bajada de pantalones” “Starman” y la también fracasada “Golpe en la pequeña China”. Demasiados hostiones seguidos. ¿Qué hacer?, pues lo que hacen muchos cineastas que vienen de un cine más modesto y no terminan de sentirse a gusto con los grandes estudios, volver a las esencias, menos dinero pero más independencia y libertad. Fichó para “Alive Films”, una compañía perfectamente adecuada a sus intereses, y rodó back to back esta de la que hablamos hoy, “El príncipe de las tinieblas”, y la superior “Están Vivos”, que cada año que pasa gana puntos, reputación y admiradores.
En su día, siendo como era ya fan de Carpenter, "El príncipe de las tinieblas" me dejó un poco frío. La encontré lenta y farragosa. Incluso complicada (salvo por algún detalle, como las inquietantes pesadillas del prota). Sé que el director, oculto tras el "fricoso" alias de Martin Quatermass, escribió un guión más interesado en la atmósfera, los personajes y ciertos motivos religiosos que en ofrecer espectáculo pirotécnico y sustos baratos (aunque alguno hay… y encima funciona. Tampoco es moco de pavo el elemento “asquerosidades”, cortesía de un buen puñado de insectos). La peli presentaba el ya clásico escenario de los individuos confinados en un mismo lugar luchando contra elementos externos (unos siniestros vagabundos comandados por Alice Cooper) e internos (el mal representado en estado líquido y que los va poseyendo uno a uno) tan propio de su mejor cine.
Volví a verla años después convencido de que, más adulto, sabría pillarle el rollo. En balde. Desde mi punto de vista “El príncipe de las tinieblas” no es una mala peli, ni mucho menos, pero tampoco la pondría entre las mejores del amigo Carpenter.
En el reparto encontramos algunos repetidores como Dennis Dun, Victor Wong o Donald Pleasence, nuevos fichajes como Peter Jason y Jameson Parker, entonces popular en mi tierra gracias a que la tele catalana emitía la serie de la que era protagonista, "Simon & Simon".
Como suele ser habitual en las pelis de tío John, la banda sonora está estupenda (firmada a medias entre él y su viejo colaborador Alan Howarth).
"El príncipe de las tinieblas" no mejoró la situación de John Carpenter, ya que fracasó en su paso por salas. Pero se resarció gracias a los video-clubs. Luego vino “Están Vivos” y seguidamente el cineasta se dejó tentar de nuevo por los big boys con “Memorias de un hombre invisible”, paso este que se saldó con…. ¡¡otra hostia gorda!!. ¡Si es que no aprende, leñe!.
Pues nada, les dejo a continuación con los fotocromos cedidos por el espléndido Alex Gardés (y la caratula de mi VHS... si es que aún lo tengo).
En su día, siendo como era ya fan de Carpenter, "El príncipe de las tinieblas" me dejó un poco frío. La encontré lenta y farragosa. Incluso complicada (salvo por algún detalle, como las inquietantes pesadillas del prota). Sé que el director, oculto tras el "fricoso" alias de Martin Quatermass, escribió un guión más interesado en la atmósfera, los personajes y ciertos motivos religiosos que en ofrecer espectáculo pirotécnico y sustos baratos (aunque alguno hay… y encima funciona. Tampoco es moco de pavo el elemento “asquerosidades”, cortesía de un buen puñado de insectos). La peli presentaba el ya clásico escenario de los individuos confinados en un mismo lugar luchando contra elementos externos (unos siniestros vagabundos comandados por Alice Cooper) e internos (el mal representado en estado líquido y que los va poseyendo uno a uno) tan propio de su mejor cine.
Volví a verla años después convencido de que, más adulto, sabría pillarle el rollo. En balde. Desde mi punto de vista “El príncipe de las tinieblas” no es una mala peli, ni mucho menos, pero tampoco la pondría entre las mejores del amigo Carpenter.
En el reparto encontramos algunos repetidores como Dennis Dun, Victor Wong o Donald Pleasence, nuevos fichajes como Peter Jason y Jameson Parker, entonces popular en mi tierra gracias a que la tele catalana emitía la serie de la que era protagonista, "Simon & Simon".
Como suele ser habitual en las pelis de tío John, la banda sonora está estupenda (firmada a medias entre él y su viejo colaborador Alan Howarth).
"El príncipe de las tinieblas" no mejoró la situación de John Carpenter, ya que fracasó en su paso por salas. Pero se resarció gracias a los video-clubs. Luego vino “Están Vivos” y seguidamente el cineasta se dejó tentar de nuevo por los big boys con “Memorias de un hombre invisible”, paso este que se saldó con…. ¡¡otra hostia gorda!!. ¡Si es que no aprende, leñe!.
Pues nada, les dejo a continuación con los fotocromos cedidos por el espléndido Alex Gardés (y la caratula de mi VHS... si es que aún lo tengo).
viernes, 29 de junio de 2012
EN BUSCA DEL AVIÓN PERDIDO
Que el mayor mérito de una película sea haberse aprovechado de un taquillazo ajeno antes que nadie, es mala señal. Y mucho me temo que ese sea el caso de este "En busca del avión perdido" que, con semejante título, no hace falta decir de qué film churrupetea. Claro que es el título Español, tal vez sea cosa de un distribuidor oportunista/desalmado y en realidad, en versión original, las intenciones no canten tanto. Hombre, TANTO no, pero tampoco se quedan cortas: "Race for the Yankee Zephyr", que así se llama de verdad, tiene cierto parecido con "Raiders of the lost ark"... ambos van a la búsqueda de algo de enigmático nombre. ¿O no?. Recuerdo cuando se estrenó "En busca del avión perdido" en este país de paletos. Aún caliente el éxito del film de Steven Spielberg, apareció en los periódicos el anuncio de esta producción Australiana (con ayuda de Nueva Zelanda y los mismos USA). Eso sí, en pequeñito, sin llamar mucho la atención (y mintiendo, el avión ilustrado tiene un aspecto más futurista del que vemos en la peli). Ya entonces pensé: "¡Vaya morrazo!". Y no tuve interés en deglutirla. Y así continué hasta que la encontré metida entre mis recién adquiridos Betas y pensé que ya iba siendo hora de darle una oportunidad.
Unos cazadores encuentran en lo alto de las montañas un viejo avión de la segunda guerra mundial desaparecido en su época (y ocurre a los 10 minutos de trama, por lo que la búsqueda dura bastante poco). Resulta que entre su cargamento hay unos lingotes de oro de los que un malvado mecenas quiere apropiarse a todo precio. Los cazadores, acompañados de la inevitable hija chillona de uno de ellos, harán lo posible para ganarles la "carrera" a la que hace mención el título original.
Francamente, mientras veía "En busca del avión perdido" tenía mis dudas de si realmente la intención de sus artífices fue imitar "En busca del arca perdida". A fin de cuentas, ambas están fechadas en el mismo año, 1981... ¿no es demasiado poco margen para que los segundos vieran la de Spielberg y se pusieran manos a la obra?. Tal vez simplemente fuese casualidad... pero claro, la idea de recuperar el regusto del viejo cine de aventuras es una casualidad muy gorda para aquellos tiempos en los que a nadie parecía interesarle meterse en tales mandangas. Aunque la peli va cargadita de pequeñas pistas, pequeños detalles, que le hacen dudar a uno. ¡Qué misterio más tonto!.
En todo caso, la labor de los Australianos tampoco es que sea gran cosa. Arranca más o menos bien, como un divertimento de sobremesa, pero su repetición de conceptos (vamos, que todo se limita a esa carrera que no parece acabar nunca) termina por aburrir. Ahora los malos se adelantan, ahora los buenos les paran los pies y ganan la partida, pero los malos vuelven a adelantarse, y los buenos una vez más intentan pararles los pies. Y bla, bla. Coñazo. Además, tampoco es muy espectacular ni llamativa en ningún aspecto, y el humor, basado en el típico antagonismo entre el chico y la chica, algo inadecuado (aunque no tanto como para inspirar a unos distribuidores de vídeo que, posteriormente, la editaron con la absurda y extraña caratula que les dejo aquí cerquita, totalmente de comedia cafre y con el detalle de que el George Peppard retratado es el que por entonces se dejaba ver en las filas del "Equipo A").
Pues sí, George Peppard interpreta al malo (y que de entrada, va vestido igual que "Arnold Toht"). Le siguen el prota guaperas/golfo de rigor, Ken Wahl (de "Ultimátum") y el bueno de Donald Pleasence tirando a sobreactuado, tanto como Lesley Ann Warren (aunque en su caso, la sobreactuación es un talento innato. Por cierto, se marca un numerito erótico tan chorra/cutre como sensual) y algún que otro secundario habitual del cine de aquellos lares. Dirige el cotarro David Hammings, más conocido por su faceta como actor -lo has visto en "Blow-Up" y "Rojo Oscuro", la de Argento- pero que en funciones de director también se marcó algún que otro título de interés, como "El Superviviente"... ¡y varios episodios de "El Equipo A"!, supongo que resultado de sus buenas relaciones con Peppard.
En definitiva, "En busca del avión perdido" es una mediocridad de tamaño colosal que, si de verdad no tienes nada que hacer, y te aburres muchísimo, y no hay nadie en la habitación dispuesta/o a darte placer carnal, y el calor es infernal y... etc, entonces, sí igual te sirva de algo. En caso contrario, ¡pal container!.
Unos cazadores encuentran en lo alto de las montañas un viejo avión de la segunda guerra mundial desaparecido en su época (y ocurre a los 10 minutos de trama, por lo que la búsqueda dura bastante poco). Resulta que entre su cargamento hay unos lingotes de oro de los que un malvado mecenas quiere apropiarse a todo precio. Los cazadores, acompañados de la inevitable hija chillona de uno de ellos, harán lo posible para ganarles la "carrera" a la que hace mención el título original.
Francamente, mientras veía "En busca del avión perdido" tenía mis dudas de si realmente la intención de sus artífices fue imitar "En busca del arca perdida". A fin de cuentas, ambas están fechadas en el mismo año, 1981... ¿no es demasiado poco margen para que los segundos vieran la de Spielberg y se pusieran manos a la obra?. Tal vez simplemente fuese casualidad... pero claro, la idea de recuperar el regusto del viejo cine de aventuras es una casualidad muy gorda para aquellos tiempos en los que a nadie parecía interesarle meterse en tales mandangas. Aunque la peli va cargadita de pequeñas pistas, pequeños detalles, que le hacen dudar a uno. ¡Qué misterio más tonto!.
En todo caso, la labor de los Australianos tampoco es que sea gran cosa. Arranca más o menos bien, como un divertimento de sobremesa, pero su repetición de conceptos (vamos, que todo se limita a esa carrera que no parece acabar nunca) termina por aburrir. Ahora los malos se adelantan, ahora los buenos les paran los pies y ganan la partida, pero los malos vuelven a adelantarse, y los buenos una vez más intentan pararles los pies. Y bla, bla. Coñazo. Además, tampoco es muy espectacular ni llamativa en ningún aspecto, y el humor, basado en el típico antagonismo entre el chico y la chica, algo inadecuado (aunque no tanto como para inspirar a unos distribuidores de vídeo que, posteriormente, la editaron con la absurda y extraña caratula que les dejo aquí cerquita, totalmente de comedia cafre y con el detalle de que el George Peppard retratado es el que por entonces se dejaba ver en las filas del "Equipo A").
Pues sí, George Peppard interpreta al malo (y que de entrada, va vestido igual que "Arnold Toht"). Le siguen el prota guaperas/golfo de rigor, Ken Wahl (de "Ultimátum") y el bueno de Donald Pleasence tirando a sobreactuado, tanto como Lesley Ann Warren (aunque en su caso, la sobreactuación es un talento innato. Por cierto, se marca un numerito erótico tan chorra/cutre como sensual) y algún que otro secundario habitual del cine de aquellos lares. Dirige el cotarro David Hammings, más conocido por su faceta como actor -lo has visto en "Blow-Up" y "Rojo Oscuro", la de Argento- pero que en funciones de director también se marcó algún que otro título de interés, como "El Superviviente"... ¡y varios episodios de "El Equipo A"!, supongo que resultado de sus buenas relaciones con Peppard.
En definitiva, "En busca del avión perdido" es una mediocridad de tamaño colosal que, si de verdad no tienes nada que hacer, y te aburres muchísimo, y no hay nadie en la habitación dispuesta/o a darte placer carnal, y el calor es infernal y... etc, entonces, sí igual te sirva de algo. En caso contrario, ¡pal container!.
martes, 20 de agosto de 2013
NOSFERATU EN VENECIA
Cuando la industria americana cerraba las puertas a algunas
de sus estrellas, y pensando quizás
–erróneamente- en conseguir un prestigio, fueron muchos los actores que se
marcharon a Europa a trabajar.
Otros, acabaron en Europa porque, por su alcoholismo o su
drogadicción, directamente, fueron declarados “non gratos” en Hollywood. Eso
ocurría a finales de los ochenta y primeros noventa, justo cuando comenzó la
producción de esta “Nosferatu en
Venecia”, editada en vídeo en su momento en nuestro país con el título de
“Nosferatu, Príncipe de las tinieblas”. Por eso, la presencia de estrellas en
esta película.
Y es que, tras la versión de Werner Herzog, los Italianos
deciden contratar de nuevo a Klaus Kinski para que repita como Nosferatu (si,
otra peli de Drácula… va a ser verdad que es el personaje más adaptado al cine,
solo por debajo de Sherlock Holmes), pero como los italianos, italianos
son, se ahorran todo el maquillaje,
haciendo aparecer a Kinski, que ya estaba reseco, viejo y lleno de
arrugas, tan solo con los ojos pintados,
los colmillos característicos (en este caso paletos característicos) y su
plateada melena al viento.
La película es una basura de las que hacen época, un
desbarajuste de tomo y lomo, que hacen que esto no sirva ni para comida de cucarachas.
Porque, en primer lugar; desconozco los motivos, las peleas,
las desavenencias y los malos rollos en producción, pero en la dirección de
esta mierda, metieron baza , Lewis Coates, Mario Caiano (“Con la esvástica en
el vientre”), Mauricio Lucidi (la versión italiana de “El quijote de Orson
Welles” o “La venganza de Hércules”) e incluso el zumbado de Kinski, sin embargo,
el único acreditado de entre los directores es Augusto Caminito, que se
atribuye su total autoría. Así que yo creo que es una de esas películas que en
realidad se hacen solas.
Tras ver la película, de confusa (es una sucesión de escenas
sin mucho orden ni concierto) y mal montada, no alcanzo a hacer una sinopsis
precisa, así que recurro a Internet para ver
alguna, y veo que tampoco se han enterado demasiado quienes la han
hecho. Les puedo decir que el Príncipe de la tinieblas, Nosferatu, es
resucitado por parte de unos gitanos, y decide irse a Venecia a seducir a
una princesa, hasta que llega un cazador de vampiros para hacerse cargo de el.
Eso es todo.
Cuando digo que “Unos gitanos le resucitan”, es porque lo hacen unos gitanos… no Rumanos
¡Andaluces y con traje de faralaes! De hecho, aparece “La chunga” bailando el
flamenco que resucitará al vampiro.
Por otro lado, el cine de género italiano, a finales de los
ochenta y primeros noventa, sufre una total perdida de entidad; si en los
primeros ochenta los realizadores eran unos estetas consumados, en los noventa, quizás por
abaratar costes, la fotografía sufre una bajada de calidad, es como si las
imágenes de sus películas no fueran tratadas, revelando en bruto el negativo,
quedando una estética de lo más sosa y fría, como de telefilme. Eso pasaba en
“Bestia Asesina”, en “Mi novia es un zombie”, y ocurre, de manera desmesurada,
en “Nosferatu en Venecia”. Así que, para mí, una estética muy fea.
Abuso de transiciones, flash backs que nos confunden, montaje
descolocado, cero de ritmo, escenas sangrientas que no funcionan… una maraña de
cosas que hacen que debieran habernos pagado por visionarla.
Junto a Klaus Kinski, que tendría como actor todo el
prestigio del mundo, pero que aceptaba salir en cualquier película de mierda
para luego liarse a bocados con los directores, tenemos a Donald Pleasence,
habitual en el cine Italiano, ya fuera en cosas de género como la anteriormente
mentada “Bestia Asesina”, como en pelis de Bud Spencer y Terence Hill, y
Christopher Plummer como el Van Helsing de turno, quien, aunque le echa
entusiasmo al asunto, su recital de gestos acaban provocando la risa del espectador.
Mala hasta decir basta.
sábado, 5 de julio de 2025
PAGANINI HORROR
Mientras hace siete días veíamos al Luigi Cozzi más despendolado, hoy toca centrarse en el "profesional", el artesano cumplidor, el director de cosas ultra-mediocres destinadas únicamente a rejuntar unas cuantas buenas liras para morir olvidadas. Toca hablar de "Paganini Horror", concebida por el cineasta -recurriendo, según el mercado, al seudónimo habitual de Lewis Coates - en plena etapa gris de su trayectoria, dejando atrás aquellos títulos que, no por menos chuscos, le habían proporcionado velados momentos de notoriedad, y viendo un futuro -el suyo y el del negocio- bastante poco halagüeño (justificadamente, añado).
Un grupo de pop-rock horterísimo anda en crisis. No logran componer un gran "hit", lo que cabrea como una mona a su agente. En eso que el teclista consigue la partitura original de una pieza inédita compuesta en su día por el célebre violinista Niccolò Paganini, con la idea de adaptarla a sus maneras. La elección del músico les viene de coña -al grupo y a la película misma- ya que arrastra la leyenda de haber vendido su alma al diablo a cambio de capacidades y gloria.
Embriagados de entusiasmo, deciden contratar a un famoso director de películas de terror para hacerles un vídeo-clip chévere que rodarán, nada menos, en la misma mansión veneciana donde Paganini hizo el diabólico trámite y, ya puestos, asesinó a la parienta (esto último invención de la película). Como es de ley, al poco de andar por ahí retozando y dándole lustro al instrumental, aparecerá ¿el fantasma? del violinista con ganas homicidas y pasarán un montón de cosas raras, entre ellas la apertura de un portal al mismísimo infierno.
Bien, "Paganini Horror" viene fechada el año 1988, ya con el cine fantástico "fetuccini" -sobre todo aquel de naturaleza "explioter"- dando sus últimos estertores. Según datos consultados, Cozzi pretendía inyectar a la trama su obsesión con los universos paralelos y demás zarandajas metafísicas, pero el productor, el célebre Fabrizio de Angelis -a quien como mecenas debemos buena parte de lo mejor del terror italiano de los ochenta (incluidos "clásicos" de Lucio Fulci o Enzo G. Castellari) y otros tantos furruños como director bajo el alias de Larry Ludman- le dijo que se dejara de monsergas y rodara una de terror convencional. Extrañamente, la versión que he visto sí lleva parte de todo ese material, así pues, o se trataba de un "director´s cut" (cosa bien dudosa, no es algo que se estile entre artesanos del ítalo-"trash") o en el guion original de Cozzi el asunto era todavía más desmadrado. Este venía co-escrito a medias con una de las actrices del film, la legendaria -y ya bajo tierra- Daria Nicolodi, entonces ex esposa y ¿ex? mano derecha de Dario Argento, quien le había negado sus créditos en aquellas películas de autoría compartida, incluida la intocable "Suspiria". Dicha elección narrativa -lo de las dimensiones y bujeros astrales- se agradece, porque otorga a "Paganini Horror" un algo levemente distinto, sin caer en la monotonía propia del slasher que, en principio, parece. No obstante, tampoco la salva de ser el pedazo de mediocridad que finalmente es, condimentada por actores acartonados y limitados, diálogos idiotas, truculencia discretita, ausencia de tetismo e incapacidad de provocar ninguna sensación salvo la del aburrimiento más atroz en infinitas dosis cuánticas.
Luigi Cozzi pudo desquitarse poco menos de treinta años después, desvariando a gusto en "Blood on Méliès´Moon". Algo es algo. Y, diré más, con todo lo "pura" que es "Paganini Horror" en su condición de "película de verdad" rodada a base de granulosos 35 milímetros y bla, bla, bla, me quedo con el despropósito digital posterior. Resulta bastante menos mortecino y denota el gozo que su director invirtió al realizarlo, todo lo contrario que el título ahora reseñado.
Por lo demás, pues un Donald Pleasence visto y no visto cumpliendo la papeleta a cambio de un bocata (luciendo esa sonrisilla golfa a la que solía recurrir para disimular las pocas ganas), un puñado de actores habituales de esta clase de materia (la negadísima Jasmine Maimone estuvo en "Demons", Pascal Persiano -gran apellido- en "Demons 2", Maria Cristina Mastrangeli repetiría en el futuro con el Cozzi más digital y Pietro Genuardi se prestaría a actuar en "Las puertas del infierno" de Umberto Lenzi o "Mi novia es un zombie" de Michele Soavi) y, como solía ser habitual, un maravilloso póster confeccionado -muy evidentemente antes de rodarse la película, pues la coincidencia de elementos es mínima- por ese "mostro" llamado Enzo Sciotti.
Un grupo de pop-rock horterísimo anda en crisis. No logran componer un gran "hit", lo que cabrea como una mona a su agente. En eso que el teclista consigue la partitura original de una pieza inédita compuesta en su día por el célebre violinista Niccolò Paganini, con la idea de adaptarla a sus maneras. La elección del músico les viene de coña -al grupo y a la película misma- ya que arrastra la leyenda de haber vendido su alma al diablo a cambio de capacidades y gloria.
Embriagados de entusiasmo, deciden contratar a un famoso director de películas de terror para hacerles un vídeo-clip chévere que rodarán, nada menos, en la misma mansión veneciana donde Paganini hizo el diabólico trámite y, ya puestos, asesinó a la parienta (esto último invención de la película). Como es de ley, al poco de andar por ahí retozando y dándole lustro al instrumental, aparecerá ¿el fantasma? del violinista con ganas homicidas y pasarán un montón de cosas raras, entre ellas la apertura de un portal al mismísimo infierno.
Bien, "Paganini Horror" viene fechada el año 1988, ya con el cine fantástico "fetuccini" -sobre todo aquel de naturaleza "explioter"- dando sus últimos estertores. Según datos consultados, Cozzi pretendía inyectar a la trama su obsesión con los universos paralelos y demás zarandajas metafísicas, pero el productor, el célebre Fabrizio de Angelis -a quien como mecenas debemos buena parte de lo mejor del terror italiano de los ochenta (incluidos "clásicos" de Lucio Fulci o Enzo G. Castellari) y otros tantos furruños como director bajo el alias de Larry Ludman- le dijo que se dejara de monsergas y rodara una de terror convencional. Extrañamente, la versión que he visto sí lleva parte de todo ese material, así pues, o se trataba de un "director´s cut" (cosa bien dudosa, no es algo que se estile entre artesanos del ítalo-"trash") o en el guion original de Cozzi el asunto era todavía más desmadrado. Este venía co-escrito a medias con una de las actrices del film, la legendaria -y ya bajo tierra- Daria Nicolodi, entonces ex esposa y ¿ex? mano derecha de Dario Argento, quien le había negado sus créditos en aquellas películas de autoría compartida, incluida la intocable "Suspiria". Dicha elección narrativa -lo de las dimensiones y bujeros astrales- se agradece, porque otorga a "Paganini Horror" un algo levemente distinto, sin caer en la monotonía propia del slasher que, en principio, parece. No obstante, tampoco la salva de ser el pedazo de mediocridad que finalmente es, condimentada por actores acartonados y limitados, diálogos idiotas, truculencia discretita, ausencia de tetismo e incapacidad de provocar ninguna sensación salvo la del aburrimiento más atroz en infinitas dosis cuánticas.
Luigi Cozzi pudo desquitarse poco menos de treinta años después, desvariando a gusto en "Blood on Méliès´Moon". Algo es algo. Y, diré más, con todo lo "pura" que es "Paganini Horror" en su condición de "película de verdad" rodada a base de granulosos 35 milímetros y bla, bla, bla, me quedo con el despropósito digital posterior. Resulta bastante menos mortecino y denota el gozo que su director invirtió al realizarlo, todo lo contrario que el título ahora reseñado.
Por lo demás, pues un Donald Pleasence visto y no visto cumpliendo la papeleta a cambio de un bocata (luciendo esa sonrisilla golfa a la que solía recurrir para disimular las pocas ganas), un puñado de actores habituales de esta clase de materia (la negadísima Jasmine Maimone estuvo en "Demons", Pascal Persiano -gran apellido- en "Demons 2", Maria Cristina Mastrangeli repetiría en el futuro con el Cozzi más digital y Pietro Genuardi se prestaría a actuar en "Las puertas del infierno" de Umberto Lenzi o "Mi novia es un zombie" de Michele Soavi) y, como solía ser habitual, un maravilloso póster confeccionado -muy evidentemente antes de rodarse la película, pues la coincidencia de elementos es mínima- por ese "mostro" llamado Enzo Sciotti.
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