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sábado, 26 de abril de 2025

PUEBLO MALDITO / AULLIDOS 4

Es comprensivo que, tras los desvaríos de Philippe Mora efectuados con la primera y segunda secuelas del clásico de Joe Dante, los desalmados seres humanos obcecados en no poner fin a tan errática franquicia decidieran comenzar de cero. Para ello, ficharon a un director veterano de capa caída pero con experiencia en el género fantástico, John Hough (aviso: después de consumir la reseñada, dolerá recordarle a los mandos de "Drácula y las mellizas", "La leyenda de la mansión del infierno" y "Objetivo: Patton" entre sus films respetados, o "Incubus", "Biggles, el viajero del tiempo" y "Escóndete y tiembla" entre los menos pero, como ven, más acordes a nuesas apetencias), encargando al guionista de turno regresar a la novela original de Gary Brandner y sus propias secuelas formato escrito, que las hubo. ¿¿Y quién fue el valiente que se atrevió a aceptar la tarea?? alguien que, a partir de ahí, plantaría semillas en la saga, Clive Turner. Al muchacho le carcomía la ambición, quería dirigir y producir, lo que le llevó a continuos conflictos con John Hough. Según las malas lenguas (es decir, Imdb), Turner rodó escenas nuevas a espaldas del realizador. Y cuando había quejas respecto al guion, señalaba a un aparentemente inexistente Freddie Rowe como culpable. Esa constante y continua revisión del libreto obligó en muchas ocasiones a tirar adelante la película de forma básicamente improvisada. Irónicamente, y a pesar de los pesares, a nivel adaptativo -en cuanto al material literario- esta cuarta entrega gasta una mayor fidelidad que la película inaugural, de ahí el subtitulo en inglés, "The Original Nightmare" (la pesadilla original, payo). Para su aterrizaje en España, sufrió una de aquellas mutaciones tan propias del video-clubismo de la época, y la saga en particular, "Pueblo Maldito". Actualmente puedes dar con ella en plataformas directamente como "Aullidos 4".
Entre los puntos de conexión narrativos con el "Aullidos" de 1981 tenemos a una mujer mediática (en este caso novelista de éxito), achuchada por el estrés, acudiendo a una casa de campo para hacer reposo, lastimosamente situada a la vera de una comunidad de licántropos. También está la lugareña sexy y misteriosa, que seduce al maromo de aquella. Este resulta ser un guaperas en plan "Geyperman", rollo Lorenzo Lamas (aunque guarde más similitudes con Miles O'Keeffe), genuinamente hilarante. Cada vez que aparece en escena, cuesta no echarse una risotada. Le pone cuadriculado rostro, y tableta, Michael T. Weiss, de discretita trayectoria, tanto como el resto del personal situado frente a la cámara, destacando a la protagonista Romy Walthall, quien retomaría a su personaje en la infame -ver más abajo- "Aullidos 7". Lo de la peña oculta tras la cámara es otro cantar. Hough y Turner aparte, localizamos a Steve Johnson encargándose de los efectos especiales (a pesar del descontento general, repetiría en "Aullidos 6" o, como se la conoció por aquí, "Escalofrío: the freaks") y dos productores de cierto calibre, el hoy poderoso Avi Lerner, fundador de "Nu Image / Millennium Films", y el veterano (y de turbia reputación) Harry Alan Towers, a quien debemos varias entregas del "Fu-Manchu" cinematográfico de los 60, "El millón de ojos de Sumuru" de Lindsay Shonteff, algunas cosas de Jesús Franco y, ya más para acá, "Al borde de la locura", "Emparedada" o "El fantasma de la ópera" y "Alianza Macabra", ambas con Robert Englund. Entre finales de los ochenta y mediados de los noventa, y con el saludable fin de abaratar costes, a Towers le dio por tirar de Sudáfrica como plató. Todas sus películas situadas en ese lapso pasaron por el trance, y "Pueblo Maldito" no es una excepción (salvo algunos exteriores rodados en USA para evitar dar mucho el cante). Encargándose de la segunda unidad, Cedric Sundstrom, posterior director de "actioners" costrosos tipo "Fuego contra fuego" y las tercera más cuarta entregas de "El guerrero americano". Su hermano Neal terminaría a los mandos de, justamente, "Aullidos 5: El regreso" ¿¿nepotismo??.
Aunque no he leído los libros de Gary Brandner, sí me he informado sobre las respectivas tramas y, aparentemente, ninguna incluye la de "Pueblo Maldito" en torno a una monja asesinada cuyo fantasma ronda por el lugar (tampoco la del campanario maldito traído desde Rumanía tocho a tocho). En cualquier caso, una compañera de conventos de aquella, ya retirada, se unirá a la escritora en su investigación. Llegado el momento, y con el fin de demostrar que la monja ectoplasmática y ella eran colegas de "profesión", extrae del bolso una enorme fotaca, tamaño folio y perfectamente alisada, donde ambas posan alegremente ahí en plan "selfie" portando sus hábitos. Otro instante de pura comedia involuntaria. Juntaletras y ex-monja se meterán en mil líos hasta dar con unos hombres / mujeres lobo que se habrán hecho esperar básicamente una hora y pico de película. Cuando aparecen, pues tampoco es que brillen muchísimo, aunque sí merece destacarse la transformación de uno: primero se derrite como un helado expuesto al sol, hasta formar un charco. Y, segundos después, de este emerge en su forma "licántropica". ¿Original? puede. ¿Aparatoso? También.
Lo de invertir en paciencia para ver a los peludos se convertiría en casi un ritual afín al resto de la franquicia. Llegado cierto punto -la séptima dosis-, los productores incluso pensaron en NO incluirlos, lo que habría sido la bomba. "Suerte" que Clive Turner, por entonces ya coronado amo y señor del caos, se opuso. Había extendido sus garras de guionista a las de actor (en la quinta) y, directamente, protagonista y director de la mentada, y terrible, "Aullidos 7". Fue una de sus últimas contribuciones al arte de fabricar películas, y con justicia.
Bien, a estas alturas sobra decir que "Pueblo Maldito / Aullidos 4" es un mojón de cuidado (superado en aciertos y calidad por las dos entregas siguientes, especialmente la sexta). Telefilmesca, sosa, desaboría, aburrida y con un nivel muy bajo de truculencia + tetas... que haberla/s hayla/s (fascinante la incursión descarada y gratuita de una pava desnuda en la caratula), pero no compensa.
Sin embargo, como materia reseñable es oro puro.

sábado, 14 de septiembre de 2024

TROG

Ocasionalmente he comentado lo tontito que me ponen las historias sobre rodajes de películas, a base de actores encarnando personas reales de la farándula, escenificando situaciones supuestamente genuinas, etc. Me encanta. Sea formato largometraje ("Hitchcock" es especialmente gozable), sea serie (ya dije mil maravillas de "The Offer" en su día) Bien, toca añadir una nueva al pack, "Feud" del 2017 (primera temporada). La he visto tardíamente porque desconocía su existencia. Narra en ocho capítulos la complicada relación de amor / odio entre Joan Crawford y Bette Davis, encarnadas por Jessica Lange y una Susan Sarandon que, según el plano, luce guapísima. Y lo remarco porque gastaba 70 tacos en aquel momento y, en fin, nunca una dama de esas edades había provocado en mi semejante impresión. ¿Hiper-maquillada, digitalmente mejorada? podría ser, pero tengan en cuenta que "Feud" juega con el hecho de que ambas estrellas son eso, señoras de avanzada edad y, en general, se explotan más sus arrugas que su atractivo. No sabría decir.
Me costó entrar en la serie. Pero cuando ocurrió, ya no pude soltarla, consumiendo hasta tres dosis diarias, algo muy raro en mí. Entre el mondongo humano, las judiadas que se hacían ambas marujas y demás -todo muy tremendo- destacan, obvio, aquellos segmentos dedicados a la realización de sendas películas. Y aunque ver a un maravilloso Alfred Molina dando vida a Robert Aldrich (siempre enfrentado a un no menos fantástico Stanley Tucci como Jack Warner) durante la creación de "¿Qué fue de Baby Jane?" es sumamente estimulante, lo supera el momento que se aborda la etapa todavía más decadente de Joan Crawford quien, les recuerdo, se convirtió en musa eventual de William Castle.
Durante el visionado, me pregunté si serían capaces de mostrar esa faceta de la actriz, y cómo procederían. Aquella misma tarde fui debidamente achantado al encontrarme el respectivo capítulo iniciándose con una recreación del trailer de "Strait-Jacket" o "El caso de Lucy Harbin" (un gallifante para los traductores. A diferencia de otras ocasiones, hicieron los deberes respecto a los títulos que algunas de estas películas han tenido en nueso país), primera colaboración Castle-Crawford. El segundo sorpresón fue una escena en la que se muestra el estreno de la misma, con un sosias del cineasta currándose sus legendarios "gimmicks" (y Jessica Lange encarnando a una beoda Crawford como pez fuera del agua). ¡¡Mola!! ¿y de quién se trataba? desde luego alguien muy distinto físicamente, pero en cierto modo adecuado: John Waters. Sí, el John Waters de "Pink Flamingos" al que tanto hemos recriminado por su condición de vendido y mangante. El mismo John Waters que, en muchas ocasiones, se declaró gran fan de William Castle, lo que por un lado le da un gracioso sentido a su elección, un genuino guiño a "connaisseurs", aunque, por otro, resulta un pelín irritante.
Pero no acaba aquí la cosa, porque fruto de su delirante divismo, la carrera de Joan Crawford siguió cuesta abajo, y lo siguiente fue aliarse con el productor Herman Cohen para participar en dos de su paternidad, "El circo del crimen" y, muy especialmente, "Trog", viéndose obligada a trasladarse hasta Inglaterra y dejarse dirigir por Freddie Francis. Esta parte mola especialmente. Resulta hilarante ver a la ex estrella rebajándose a un subproducto como aquel y sus muchas limitaciones, incluido cambiarse de vestuario en una sucia flagoneta a falta de camerino (aunque Herman Cohen aseguraría años después que el vehículo estaba en perfectas condiciones)
La actriz da vida a una científica emperrada en estudiar, domesticar y proteger a un troglodita localizado en una cueva. Vivía ahí metido sin enterarse que el resto de la humanidad había... errr... ¿evolucionado? Le llama Trog cariñosamente, y él responde haciendo toda suerte de cucamonas y ruiditos. Hasta logran que escupa algunas palabrejas en inglés. No obstante, los bípedos racionales somos muy malos, y lo único que queremos es ver a Trog muerto. Ahí es donde Doctora Crawford hará lo indecible por evitarlo.
Volviendo a "Feud", podría considerarse que cae un poco en la trampa de, una vez más, tratar el terror, o el cine de género, como basura rastrera, algo indigno que avergüenza a sus propios artífices, quienes proceden motivados únicamente por el vil metal. En algún momento Jack Warner se refiere al asunto valiéndose de etiquetas como explotación, serie B, gran guiñol o el continuo "desprecio afectuoso" que dispensa a Robert Aldrich por ello. Honestamente, viendo "Trog", cuesta mucho no darles la razón.
Aunque el terror británico de tirón clásico queda fuera de mis apetencias, tras la serie me entraron ganas de ver la movida esta del troglodita, así que recurrí a mi amigo Enorm, quien me la consiguió en escasas horas. Y, jodeeeer, decir mala es quedarse corto. Sí, amigos, "Trog" es un truñaco de tres pares de cojones que provoca, justo, tres cosas: sopor, vergüenza ajena y risas. Hay absurdeces a mansalva, incongruencias narrativas, momentos muy muy ridículos (ver al simio emitir ruidos duele) y un desenlace mega-tonto de aquellos que dices "¿Tanto drama pa esto?" No, no logran que empatices con Trog (bastante lamentable en su aspecto. El careto era un sobrante de "2001: Una odisea en el espacio", y no es un chiste, es un hecho) Francamente, te da igual lo que le ocurra. En cualquier caso, empatizas con Joan Crawford y su sufrimiento... salvo si te llamas Bette Davis, quien dijo que lo suyo hubiese sido cometer suicidio tras participar en semejante ñordo.
Otros de los implicados (y suicidas en potencia) son Michael Gough y, sorpresón, un jovenzuelo David Warbeck encarnando a un periodista (y preparándose para lo que le esperaba en el futuro) La "story" se la debemos en parte a John Gilling, director de algunos títulos bien reconocibles como "La carne y el demonio", "La plaga de los zombies" + "El reptil" (ambas para Hammer), la española "La cruz del diablo" y "Cuando las balas vuelan", secuela de "Licencia para matar" según Lindsay Shonteff, la franquicia exploiter de 007 que dio pie al nacimiento del agente "Charles Vine", posteriormente relanzado por Shonteff como "Charles Bind" en otra oscura saga de entrañable recuerdo.

lunes, 15 de agosto de 2022

MAGIC

“Magic” es una estupenda película de finales de los 70 que, aun habiéndose estrenado en nuestro país en su momento, y por lo general, no ocupar el lugar que se merece a causa de ciertos problemas de distribución —la Fox solo contaba con una parte de los derechos— han relegado, a nivel internacional, al nicho televisivo, donde durante años se ha emitido con regularidad. En los USA, hasta su reciente aparición en Blu Ray, nunca había tenido edición en vídeo o DVD. En nuestro país, sin embargo, ha contado con varias de origen sospechoso; primero fue editada en VHS de mala manera por I.V.E y, veintitantos años después, lo fue en DVD por R&S distribuciones, que nos ofrecía una copia infecta en pantalla cuadrada y con una caratula cutre a más no poder. Además, llevaba un subtítulo no oficial por el que hoy es conocida la película: “El muñeco diabólico”, cosa del todo incomprensible si tenemos en cuenta que en su estreno por salas se lanzó simplemente como “Magic” -acompañándose por un pequeño subtítulo que rezaba: “Una historia de amor alucinante”- y por el más que obvio hecho de que ya existía una película extremadamente popular que llevaba ese título —la de Chucky, por supuesto—. Más adelante, con la fiebre del DVD pirata, se lanzaría una nueva edición totalmente fraudulenta que, sin embargo, respetaría su formato original de dieciséis novenos y una calidad de imagen mayor que la de las anteriores.
Como fuere, se trata de una perturbadora película a mayor gloria del talento de Anthony Hopkins que en su momento, ya solo el trailer, presentado por el muñeco de ventriloquia protagonista, Fats, aterró a las plateas de finales de los 70 de manera sorprendente, teniendo incluso que retirarlo porque provocaba ataques de nervios a los espectadores.
La película, que se basa en una novela escrita previamente por el guionista William Goldman —que recibió la friolera de un millón de dólares por los derechos para la adaptación al cine y la escritura del libreto— cuenta la historia de Corky, un joven mago al que no le va muy bien en sus incursiones en las “Open nights” de los locales de la ciudad. Para reforzar su espectáculo, lo mezclará con un numerito de ventriloquia en el que un muñeco a imagen y semejanza suya hará chistes obscenos a la par que interactuará con los juegos de magia. Y la cosa así, sí que funciona. De esta forma, un exitoso manager decidirá lanzarlo al estrellato presentando el número de Corky a la cadena de televisión HBO. La única condición que pone el canal, es someter al artista a un reconocimiento médico, cosa a la que este se niega irracionalmente, huyendo a su pueblo natal para no tener que oír hablar del tema. Allí se reencuentra con su novia del instituto, con la que mantendrá un affaire.
Cuando su manager se presenta allí de improviso sospechando el por qué de su animadversión hacia la prueba médica, comprobará que Corky tiene un severo trastorno mental, puesto que le pilla teniendo una acalorada discusión con su muñeco.
Todo se complicará cuando Corky, dominado por su propia marioneta, asesina al manager. Pero ¿es una enfermedad mental de Corky? ¿O es que el muñeco tiene vida propia?
Por supuesto se trata de una película con más de cuarenta años y el impacto que pudiera provocar al espectador en 1978 es considerablemente menor al causado hoy en día, pero, por encima de la capacidad para aterrarnos, queda la calidad de la obra, excelentemente rodada por Richard Attenborough que con un ritmo pausado, que se torna histérico en las secuencias de mayor tensión, consigue que el espectador se quede pegado a la butaca sin pestañear. Da gusto sentarse a ver una película como esta en los tiempos que corren.
Attenborough no era más que uno de los varios nombres que optaban a la silla de director, de hecho aceptó rodarla porque de esta manera se aseguraba la futura financiación para su proyecto sobre Gandhi, pero hubo varios antes que él que aspiraban a encargarse de “Magic”, entre ellos Spielberg, del mismo modo que se barajaron actores de la talla de De Niro o Jack Nicholson —cuenta la leyenda que rechazó el papel de Corky porque se le imponía usar bisoñé y no quiso...—. También se pensó en contratar a Gene Wilder para que pusiera voz al muñeco, pero el productor Joseph E. Levine se opuso rotundamente, alegando que no quería ningún cómico en la película, ya que consideraba acabaría con el tono eminentemente serio que debía llevar “Magic”. Con los años, se llegó a preguntar a Wilder en una entrevista si había algún papel que le hubiera gustado interpretar y respondió, tajantemente, que el de Corky en “Magic”, ya que estimaba podría haberlo efectuado estupendamente. Yo, casi le secundo.
“Magic” es un clásico relativamente olvidado, y uno de los títulos influyentes de la época. El propio Don Mancini asegura cuanto debe a “Magic” su creación “El muñeco diabólico” y, de hecho, en la reciente serie de televisión sobre Chucky, incluye una escena que homenajea directa y abiertamente a la película de Attenborough. Pero no solo Chucky bebe de esta; todas las de muñecos de ventriloquia asesinos posteriores la tienen bien presente, si bien tampoco es la primera dentro de lo que podríamos llamar un subgénero (otra destacable es "Devil Doll" dirigida por Lindsay Shonteff. Curiosamente conocida en España como ¡¡¡"El muñeco diabólico"!!!!). Lo que sí que es, sin duda, es la mejor.
Junto a Anthony Hopkins, tenemos en el reparto a un inmejorable Burgess Meredith, a Ann-Margret y Ed Lauter en el papel de su esposo, que acusa problemas mentales tan severos, o más, que los del personaje de Corky. Todos están geniales.
Una de las imprescindibles de los 70.

lunes, 18 de octubre de 2021

SEÑORA, QUÉDESE MUERTA

“Señora, quédese muerta” es un popular film australiano perteneciente a la corriente del Ozploitation, que resulta una muestra más que palpable de lo inútil que puede llegar a ser un director.  De ahí, que la cosa comience como una vulgar serie Z con actores que sobreactúan, una banda sonora infame y un par de momentos descacharrantes, para, poco a poco, volverse un thriller de lo más formal y correcto. Claro, que una vez la película pasa a ser visible, es cuando el espectador empieza a aburrirse. Esa es la poca pericia de su director, Terry Bourke, que sabiendo filmar en condiciones, acaba rodando escenas de mierda, váyanse ustedes a saber si dominado por la pereza o por un criterio extraño a la hora de dar por buenas las tomas.
La cosa va de un encargado de mantenimiento en aparta-hotel con ciertas tendencias psicóticas. Habla con una muñeca hinchable, hace cosas raras…
En una de las habitaciones hay una mujer despótica que trata fatal a este individuo. Esto no es óbice para que él, en sus ratos de solaz, la espíe con intenciones onanistas. Un día, esta señora le pegará la bronca, y este, decide violarla y asesinarla metiéndole cabeza abajo en un acuario con el fin de ahogarla. Cuando intenta deshacerse del cadáver su vecino le sorprende, por lo que también tendrá que matarlo. Todo se complica cuando llega de visita la hermana de la señora a la que ha dado matarile, y se da cuenta de que algo raro pasa allí, ya que aunque no la encuentra a ella por la casa, sí que encuentra pistas suficientes para intuir que ha sido asesinada y, por supuesto, su principal sospechoso es ese extraño individuo de mantenimiento. Comienza así, el juego del gato y el ratón.
Resulta muy curioso que pretendiendo ser una película sórdida y cruel —el de mantenimiento mata, sin miramientos, incluso perros—, se queda a medio camino de eso, porque, pese al montón de asesinatos que nos muestra, la sangre y el gore brilla por su ausencia. Se queda cortísima en cuestiones de hemoglobina. Esto no sería más que una de sus muchas torpezas que va combinando con momentos bien rodados y llenos de tensión. Pero, una de cal y otra de arena, al final el visionado se va haciendo cuesta arriba.
Terry Bourke, su principal artífice, no deja de ser un tipo interesante; periodista y escritor, su primer acercamiento al cine llega en Hong-Kong, donde residía en los años 60, y se pone a producir películas para los chinos. También le da por dirigir y se pega la machada de rodar la primera producción de Hong Kong realizada  por un occidental, “Sampan”, un film que tuvo infinidad de problemas con la censura del país porque este de dedicó a filmar en ella a señoritas orientales en pelotas. También por esa época, trabaja como jefe de producción para una película de Lindsay Shonteff —que le va a la zaga—, el director de “Nº1 del Servicio Secreto”.
Con unos humos y con el ego bien subidito, en los años 70 regresa a su Australia natal, y se aprovecha de las subvenciones del gobierno (la Ozploitation, claro), poniéndose a rodar películas, algunas buenas, otras regulares, la mayoría horrorosas, que le convierten en uno de los nombres visibles de la corriente cinematográfica pegándose otra machada; rodó un episodio piloto para una serie que, si se llegaba a realizar, se titularía “Fright”, y que fue rechazado por su extrema violencia en televisión. Le echó dos cojones, la tituló “Night Of Fear”, y buscó distribución para estrenarla en salas. No pudo estrenarla porque la censura se la tumbó, pero, a día de hoy, “Night Of Fear” está considerada la primera película de terror Australiana y, por ende, poseedora de un culto arrollador en el país.
El tema es que las películas fueron funcionando y su nombre sonando, al mismo tiempo que su reputación de déspota y desequilibrado crecía. Gente que trabajó con él lo acusó de pesetero, de tratar mal a los compañeros, de ser mentiroso compulsivo y un ser profundamente envidioso que arremetía contra cualquier otro que se dedicara al cine, y de tenérselo creidísimo a pesar de ser un director que penduleaba bastante; pasaba de rodar una genialidad, a no saber ni dónde colocar la cámara.
Con esta “Señora, quédese muerta” (estupendo título), incluso llegó a recibir algún premio en festivales de cine de terror de tercera, pero tras un par de películas más, en 1987 abandona el cine para siempre, dejando un interesante legado de películas exploit en su haber.
Curiosamente, “Señora, quédese muerta”, no logró estrenarse en cines en Australia, pero consiguió exportarla a varios países, entre ellos el nuestro, donde se estrenó en vídeo como tantos y tantos productos de la época. Pero más allá de eso, la película tiene medio visionado.
Curioso individuo este Terry Bourke.

domingo, 21 de junio de 2015

LOS FOTOCROMOS (EL POSTER Y LAS CARATULAS VHS / BETA) DE "Nº1 DEL SERVICIO SECRETO"

No es, ni mucho menos, esta la primera vez que el legendario súper-agente de serie B/Z “Charles Bind”, hijo legítimo de SIR Lindsay Shonteff, aparece en nuestro micro-universo. Lo hizo cuando este blog aún andaba en pañales y lo hizo en “Malas pero divertidas”. Así que no podía faltar ahora que nos ha dado por airear fotocromos y posters de tiempos en los que todo parecía más estimulante y divertido.
Efectivamente, en mi viaje al Mundo de Oz/cine “Retiro” particular, tuve la suerte de que el Mago/Alex Gardés me alegrara la vida regalándome los mismos fotocromos y el poster de la primera película de la saga, que por otro lado es la “mejor”, “Nº1 del servicio secreto”.
¿Todos?, pues por cantidad diría yo que no… es por ello que compensaremos “el fallo” incluyendo, cartel aparte, no una sino dos caratulas de sendas ediciones en VHS y Beta del film, por aquello de que supuren felicidad y valoren nuestra infinita y magnánima generosidad… casi tan pura y lozana como la del mismo Alex.
Aquí lo tienen amigos, al mejor agente secreto del inmundo:





sábado, 2 de junio de 2007

NUMERO UNO

En cuanto me da la locura de turno por un tipo de película, primero devoro las famosas, las conocidas, y cuando esto ya ha sido digerido, entonces doy el paso siguiente: Buscar las copias, a cada cual más oscura y cerda. Cuando me dio el remalazo "James Bond", me zampé mucha basura, de mayor o menor calidad, desde los aún reputados "Matt Helm" o "Flint" a cosas más marginales como ese curioso "Duncan Jax". Pero está claro que la fotocopia de 007 que se ganó un puesto de honor en mi corazoncito es la dedicada a inmortalizar las aventuras del agente número uno, es decir Charles Bind.
Hablamos de tres films en los que, mientras al protagonista se le cambia el rostro en cada uno, el director siempre es el mismo, el extrañísimo cineasta británico Lindsay Shonteff. Shonteff tiene en su haber una película bien considerada, "Devil Doll", uno de los primeros títulos sobre muñecos con vida propia. Luego le sigue mucha serie B sobre espías rodada en pleno boom bondiando (los 60), para entrar en los 70 y 80 por la puerta de la serie Z.
Shonteff, seguramente en paro, incluso se atrevió a rodar un par de peliculillas en formato video, para probar dice él, una de las cuales (drama post-nuclear) llegó a nuestras tierras con el título de "Cold Fury". Sin embargo, fue durante esta etapa en la que Shonteff dirigió las tres películas de Nº1 y que, junto a la mentada "Devil Doll", le han acabado por convertir en un personaje de culto (ya fallecido).



"Nº1 del Servicio Secreto" contaba con un cartel estupendo y un slogan muy inspirado, "James Bond es el mejor agente secreto, pero yo soy el número uno". Ya en ésa época recordaba perfectamente haber visto el film anunciado en la prensa con motivo de su estreno en salas, eso si, todo a niveles muy modestos. Cuando lo pipeé en los estantes de uno de los trillones de video clubs que entonces pululaban por la ciudad condal, se me cayeron las bragas... en ese preciso momento iba yo padeciendo jamesbonditis, y aquella parecía una dosis altamente satisfactoria.
Lo que más llama la atención de esta película es su extremada pobreza. Lejos del glamour propio de las aventuras de 007, aquí todo se desarrolla en lugares sucios, oscuros y estrechos... pero no como una estética buscada expresamente, sino como lógico resultado de la escasez de presupuesto. Varios son los actores que, habiendo aparecido en films legítimamente Bondianos, aquí se marcan desde roles principales (el jefe de Nº1) a casi de extra. Sin embargo, es el prota, Nicky Henson, quien borda al personaje. Es el Nº1 ideal, y no hay más que ver los títulos siguientes para darse cuenta. Las chicas Nº1 son temiblemente feas, para lo que uno espera de estas producciones y las situaciones se desarrollan de modo lento y aburrido. El film carece de ritmo y es tan pobre que cuando un coche se estampa contra una pared, lo vemos ya estrellado, sin ser testigos del piñote en sí. Y cuando lo que se estampa en la cabeza de un esbirro contra un cristal, no vemos el golpe ni la rotura, vemos el "después". Pobre donde los haya.
Sin embargo, hay una serie de ideas que hacen de "Nº1 del servicio secreto" algo muy especial, y son las "macarradas" del protagonista. Nº1 es capaz de partir un cuchillo por la mitad  de un balazo (ojo, horizontalmente, de punta a mango) o enfrentarse a una vampira (de las que muerden de verdad) que le acosa. Siempre acompañado de una música heroica genial que le decora cada hazaña (junto a la simpática canción que abre y cierra el film, de lo mejor de la peli).
De todas las escenas de acción para lucimiento de Nº1 destaca una que fue la que me convirtió en fan total del personaje (y motivo este por el que aún conservo una copia original de la peli en mi videoteca). En un momento de la narración, Nº1 se enfrenta a un ejército (literal) de mercenarios... verlo para creerlo, desenfunda sus dos armas (un par de magnum 44 nada menos) y, mientras hace piruetas con ambas, va disparando uno por uno contra los soldados (y eso que entre las dos pistolas, hacen únicamente 12 balas). Cuando acaba con el último de ellos haciéndole estallar en la mano la granada que iba a lanzarle, se presenta otro coche lleno de mercenarios. Entonces, de un par de saltos circenses y pirueta mortal en el aire, Nº1 aterriza junto a su fardón buga, aprieta un botón y de debajo surge una metralleta con la que, cómo no, se dedica a hacer trizas a los mercenarios... y no me quedo corto, que vemos brazos y piernas saltar por los aires, con sus muñones ensangrentados y todo. Surrealista, desde luego, pero absolutamente genial
.


Naturalmente, me había vuelto un enamorado del film de Lindsay Shonteff, lo veía una y otra vez, sobre todo la masacre de los mercenarios, pero jamás de los jamases se me hubiera ocurrido pensar que poco después localizaría ¡¡¡una segunda parte!!!. Uno siempre cree que las secuelas son exclusivamente para films de gran éxito, no para oscuras y deprimentes producciones inglesas de serie B/Z. Sin embargo, ahí estaba, "Licencia para amar y matar". Todo cuadraba, el nombre del personaje y, claro, el director. Recuerdo perfectamente haber sufrido un escalofrío tremebundo de placer orgásmico cuando encontré aquella joya. Raudo me la llevé a casa y la devoré en un plis.
Aunque el cartel, también muy bonito, luce otro slogan muy potente, "El cero nunca va antes de su nombre", la peli en realidad está por debajo de las posibilidades que ofrecía el film anterior. De entrada ya echas de menos a Nicky Henson, y tienes que conformarte con el soseras de Gareth Hunt, quien se dejó ver en la serie de "Los Nuevos Vengadores". Como en el caso de "N1º del servicio secreto", "Licencia para amar y matar" básicamente no se entiende, pero da igual, es la sucesión de gags absurdos lo que de verdad interesa. Una cosa que llama la atención de esta nueva aventura del agente Nº1 es la mejoría en cuanto a medios económicos. Es evidente que Shonteff cuenta con más pasta, aunque no le sabe sacar ningún partido, la verdad. En general la peli resulta bastante desaboría, a pesar de que mantienen la entrañable "musiquita heroica" y la canción de turno está a la altura de la que sonaba en la primera parte... pero por lo general, poco más. ¿Ideas que destacar?, pues ese super-malo capaz de descuartizar un insecto a balazos y que se entrena disparando sobre blancos humanos, pero sobre todo la escena en la que Nº1 es atacado por una stripper con afiladas cuchillas colgando de sus senos, que se convierten en potentes hélices cuando las hace voltear. El agente secreto intenta repeler el ataque con una silla de madera, que tras pasar por las hélices se convierte en ¡¡un par de palillos!!. Por lo demás, más bien olvidable.


Y donde caben dos, caben tres. Fue ojeando un libro recopilatorio de la publicación "Shock Xpress", en concreto en un artículo dedicado a Shonteff, que me enteré de la inesperada tercera película del agente secreto, "Number One Gun". Desafortunadamente nunca he podido verla, aunque tampoco es que me haya esforzado mucho para ello. Nuevamente en esta ocasión el prota cambia de rostro (y por lo que se ve en el cartel, esta vez se han pasado otorgando el rol a un tipo con cara de cromo) y el argumento, parece ser, es idéntico al del primer film. Por lo demás, desconozco el nivel de macarradas, si la banda sonora sigue siendo fiel a la saga y ¡absolutamente todo!. Por youtube rula este trailer que da algunas pistas.