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lunes, 3 de octubre de 2016

EL HERMANO MÁS LISTO DE SHERLOCK HOLMES

Tras el éxito mundial de “El Jovencito Frankenstein”, al ser tentado Gene Wilder  por el productor Richard A. Roth para que debutara como autor con una parodia de Sherlock Holmes, Wilder, creyendo que los méritos de “El jovencito Frankenstein” radicaba en su talento  y no en el de Mel Brooks, decide escribir una parodia centrada en el hermano menor de Sherlock Holmes que firmará como guionista y director, además de, claro está, protagonizarla. Todo esto, sonaba de maravilla en el papel.  Para ello, prácticamente, rueda un “Spin off” del "Jovencito Frankenstein", ya que toma a casi todo el reparto de aquella, la personalidad de sus personajes, y los adapta  a las situaciones ambientadas en el Londres de Sherlock Holmes.
Lo que pasa es que, Wilder, a pesar de ser un excelente actor cómico,  ni mucho menos es el genio de Brooks, por lo que el resultado de esta película es poco menos que infame y vergonzante. En serio, “El hermano más listo de Sherlock Holmes” es una autentica patata. De hecho, le dieron a Wilder presupuesto para que entregase un film de 140 minutos, y la duración final es de 89. No había por dónde coger aquella película.
 Y es que Wilder es incapaz de hacer una buena parodia, entre otras cosas porque es incapaz de escribir un buen argumento. A día de hoy, sigo sin saber exactamente sobre que trata la película. Sabemos que aparece por ahí Sherlock Holmes, y que Gene Wilder es su hermano menor, torpe, necio y envidioso, pero más allá de eso, la película es un batiburrillo de chistes malos, peores y nefastos y numeritos musicales agrios e insoportables, que no en pocas ocasiones, incitan al espectador a dejar de ver la película.
El mayor problema es que Gene Wilder trata por todos los medios de repetir “El Jovencito Frankenstein”, contando con Marty Feldman, Madeline Kahn y Dom DeLuise y un estilo de humor directamente sustraído de la obra maestra de Brooks. Pero se notan tanto las intenciones de Wilder, que no son otras que plagiar -amparándose en la creación de un universo ficticio en el que los mismos actores interpretarán distintos roles en parodias de los personajes más importantes de la literatura de ficción- que da mucha vergüenza verle hacer el ridículo de esa forma. Entonces, si el chiste en la de Mel Brooks era que el  protagonista no era el Dr. Frankenstein sino Fronkonstin, en esta, el hermano de Holmes, no será Sherlock sino Sherluck. Y así sucesivamente.
Todo esto sería excusable si la película tuviera un par de gags memorables, sin embargo, debe ser la cosa menos graciosa, carente de ritmo y aburrida de la historia de la comedia. Absolutamente insoportable.
En consecuencia, la película fue un fracaso absoluto. Sin embargo, en España, no llegaría a los casi cuatro millones de espectadores que llegaría a congregar “El Jovencito Frankenstein”, pero si que llegaría al millón y medio sin inmutarse, lo que está muy bien. Eso si, tardaría siglos en ver una edición en vídeo para los video-clubes, apareciendo al mercado casi de tapadillo. No había gustado a nadie.
Wilder, que en un principio estaba totalmente emperrado en dirigir para así hacer un uso correcto de sus guiones –y cobrar mayores royalties- después repetiría tras las cámaras rodando sus peores películas que son  “El mejor amante del mundo”, “La mujer de Rojo” con la que conseguiría su gran éxito y la floja “Terrorífica Luna de Miel”. Quedó claro que su lugar estaba delante de la cámara, y si era en compañía de Richard Pryor, tanto mejor.
Por lo pronto, “El Hermano más listo de Sherlock Holmes”, es para matarle.

viernes, 18 de noviembre de 2016

LA MUJER DE ROJO

Un hombre de negocios queda cautivado un día, al ver en el parking a una sugerente mujer vestida de rojo, la cual se pegaba un bailecito la mar de sexy encima de una rendija por la que salía aire que mecía su vestido de seda, mostrando sus braguitas rojas pensando la muy puerquilla que estaba sola.
Este señor se obsesiona de tal manera con ella, que organiza toda suerte de engaños y pantomimas con el fin de poder quedar y pegarle un polvo.
“La Mujer de Rojo” en realidad es una película que muestra  lo difícil que es permanecer fiel en el matrimonio, y más aún, lo difícil que es poder vivir una aventura sin ser pillado. En definitiva, cuenta los estreses y vicisitudes que vive cualquier casado cuando decide salir a echar una canita al aire. Huelga decir que en la vida real no suele ser con un pivón como era por aquél entonces, en el ya lejano 1984, Kelly Le Brock.
“La Mujer de Rojo”, aún precedida de críticas que la defenestraban, resultó ser un éxito arrollador en todas partes del mundo,  y en particular en españa, dónde casi logra congregar en salas de cine a casi 3 millones de espectadores, una cifra espectacular para una comedia.
Escrita por el propio Gene Wilder (D.E.P), se trata de un remake “a la americana” de la película francesa “Un elefante se equivoca enormemente”de Yvés Robert, concebido en un época en la que a los americanos les gustaba mucho hacer sus propias versiones de películas francesas de éxito. Sin ir más lejos, “Tres hombres y un bebé” de Leonard Nimoy, era el remake Americano de “Tres solteros y un biberón” de Coline Serrau, que se rodó tan solo unos años antes. Pues “La Mujer de Rojo” lo mismo, solo que además supuso la tercera película como director de Gene Wilder, el debut para la gran pantalla de Kelly Le Brock-  que luego despuntaría con “La Mujer Explosiva” hasta que se echó de novio a Steven Seagal, quién la esclavizaría- y la película con la que Wilder iniciaría su relación con Gilda Radner, según conocidos de los dos actores cómicos, una de las parejas más solidas y felices de Hollywood, cosa cierta si tenemos en cuenta la enorme depresión en la que se sumió Wilder tras la muerte de esta, y de la que no se recuperó hasta el día de su muerte, el pasado Agosto de 2016.
Tan famosa como la película –o más- es la magnífica banda sonora compuesta por canciones de Stevie Wonder en su momento de mayor popularidad, y que incluía ese clásico imperecedero que era “I just called to say I love you” que le valió el Oscar a la mejor canción ese año.
El caso es que la película la vi en su momento, cuando apenas tendría  yo ocho o nueve años, que ya era fan de Wilder. Sin embargo es una de esas película que, archicionocidas y grabadas en el subconsciente, recordaba como bastante coñazo. Claro, han tenido que pasar 30 años para comprender, tras un reciente visionado, que no le pasa nada. Se trata de una comedia cercana al “High Comedy”, con Wilder poniendo un ojo en la obra de Blake Edwards que profundiza en las relaciones de pareja, y más concretamente en las infidelidades; porque va de eso, de cómo las pasa putas un señorin a la hora de follarse a un bombón, esquivando las sospechas de su esposa, con el consecuente arrepentimiento final… ¡como la vida misma, vaya! Entonces, claro, un mocoso de esa edad, podía disfrutar de “El jovencito Frankenstein” o de “Locos de Remate”… pero esta, igual de enloquecida que las otras en cierto modo, pues como que no. ¿Qué  va a saber un pre puber?
Vista hoy, me parece una comedia muy fresca y agradecida, y además el argumento me gusta mucho, me gusta como se va desarrollando todo, el tempo –aunque este falle completamente y mate la película en la escena del aeropuerto- y sobretodo, Gene Wilder, que está espléndido. En su salsa.
Junto a él, la Radner y la Le Brock, tenemos al también espléndido Charles Grodin (“Huída a medianoche”, “Millonario al Instante"), que supone un complemento para Wilder, en esta película, de lo más divertido.

domingo, 26 de julio de 2015

LOS FOTOCROMOS (Y EL POSTER) DE "TERRORIFICA LUNA DE MIEL"

Después del exitazo que supuso para su carrera como director –y de rebote como actor- “La mujer de rojo” en 1984, el gran Gene Wilder se encontraba pletórico y en la cresta de la ola. Para su siguiente proyecto estaba en posición de hacer lo que le saliera de los cojones, y en 1986 se puso manos a la obra con “Terrorífica luna de miel”, “Haunted Honeymoon” en v.o., un tributo a las viejas comedias de misterio situadas en caserones supuestamente encantados protagonizadas por gente como Bob Hope o Red Skelton.
Wilder interpreta a un actor de seriales radiofónicos de misterio y suspense que contare matrimonio y parte de luna de miel al viejo caserón en el que creció. El tipo tiene un especie de neura o tic que le afecta a la dicción –y por ende al trabajo-, así que su tía decide provocarle un shock para curarle jugando con las leyendas de fantasmas que rulan por allí. O algo así.
Mi Sra. madre y yo fuimos a ver “Terrorífica luna de miel” juntos cuando se estrenó, convencidos de que iba a ser desternillante. Nos aburrimos. Solo recuerdo como divertido el gag del –falso- hombre lobo que exclama “Mierda!” cuando menos te lo esperas y el tipo deforme pegado a la pared al que Wilder magrea las napias. Esto último perfectamente representado en el poster y en uno de los fotocromos que siguen. La peña se partía con esta parte, yo la encontré demasiado extensa.
Años después, convencido de que “Terrorífica luna de miel” iba a gustarme más con el paso del tiempo, la revisé y… no, seguía sin funcionar. Fue un fracasazo en su día a todos los niveles, lo que puso fin a la carrera de Gene Wilder como director. Encima no mucho después Gilda Radner, co-protagonista y mujer del actor, falleció de cáncer.
Toda la carrera de Gene Wilder como filmmaker siempre ha estado algo ligada a la del hombre que le descubrió, el eterno Mel Brooks. “El hermano más listo de Sherlock Holmes” y “El mejor amante del mundo” tenían un inevitable tufo “spoof” muy del Brooks setentero. Y “Terrorífica luna de miel”, al mezclar terror y comedia, retrotrae un poco a “El jovencito Frankenstein”.
Y es que la sombra de Brooks es muy alargada, como también pudo verse con “Mi bello legionario” de Marty Feldman. Curiosamente no fue hasta que Wilder se desentendió de esa influencia con “La mujer de rojo” (remake de una peli francesa, no lo olviden) que conoció el éxito como director. Hummm.
Todo este rollo ha servido para introducir los fotocromos y el poster de “Terrorífica luna de miel”, como siempre cortesía de Alex Gardés y que, creo yo, no están completos. Sea como sea, disfruten…










lunes, 12 de junio de 2017

FUNNY BABY

La última película de Gene Wilder como protagonista, data de 1990, y no podía ser más desafortunada y pringosa.
No se dejen engañar por el póster; si en este bien podemos pensar que se trata de un film de hombre maduro lidiando los envites de aun alocado bebe al estilo de otras “Baby Movies” como “Mira quien habla”, “Baby, tu vales mucho” o “Las Locas peripecias de un señor Mamá”, nada estaría más lejos de las intenciones de la película. Para empezar, el título original anglosajón, nada tiene que ver con el título castellano, paradójicamente, también anglosajón… Así, “Funny Baby” no es más que la estúpida traducción que se le hace al original “Funny about love”. Así que de bebes cagándose por los pasillos, o correteando peligrosamente por las cornisas de un apartamento de Manhattan, nada de nada. En realidad, ni tan siquiera es una comedia. Se trata de un melodrama de corte absolutamente televisivo que trata los problemas y/o consecuencias de un matrimonio incapaz de tener hijos, lo que desemboca en cabreos, divorcios, y  nuevas parejas. Con un contenido más dramático que cómico, si acaso hay una pátina de esto último en una escena “slapstick” en la que Wilder se ha de lavar las manos antes de masturbarse para una inseminación in vitro. Pero encima, esa secuencia estaría incluso mal construida.
Es tan pija y tan pretenciosa esta película, que su concepción se debe a un artículo sobre parejas infértiles de la revista de tendencias “Esquire”.
Gene Wilder, a punto de entrar en su conocida depresión, evidencia síntomas de cansancio, y ni por asomo le vemos en ese alarde de energía de títulos anteriores, lo que es una absoluta pena. Ya para el cine, después de esta, solo le veríamos en su última reunión con RichardPryor en la nefasta “No me mientas, que te creo” y el resto es historia.
El dato marciano y de interés, radica en su director, nada menos que Leonard Nimoy, el mítico Doctor Spock de la saga original de “StarTrek”, quien teniendo una carrera paralela como realizador, además de dirigir un par de entregas de la saga que le convirtió en un icono, se dirige unas cuantas películas, rancias, que denostan los intereses del director. No contento con esta “Funny Baby” tan espantosa, también es el responsable de “Tres hombres y un bebé”, remake americano del éxito Francés “Tres solteros y un biberón” en la que tres solteros tendrán que cuidar a un pequeño bebé, “El precio de la pasión”, sobre el divorcio y las relaciones materno filiares y con Liam Neeson,  o “Esposa por herencia” dónde Patricia Arquette  se tendrá que casar con el hermano de su novio (¡) y entrar a formar parte de una comunidas religiosa estricta. Por lo que, ya se ve por dónde iban los tiros, pero matrimonio, divorcio, paternidad, le traían de cabeza al bueno de Spock. ¡Qué cosa más rara!
La película no se estrenó en cine en nuestro país. Cuando una película de estudio llegaba en plenos 90 directamente al videoclub, era porque, o había hecho muy mala taquilla, o era espantosa y las posibilidades de explotación aquí eran mínimas; “Funny Game” no hizo mala taquilla del todo en los USA.
Eso si, bien reconocible en videoclubes su carátula, muchos la alquilarían pensando que iban a desternillarse; craso error.
Junto a un reparto que no me importa un rábano, destaca en el mismo la presencia de una jovencita Mary Stuart Masterson, antes de convertirse en una estrella fugaz, pegando polvos con un Gene Wilder a punto de cumplir los sesenta tacos.
Muy flojita, la verdad.

domingo, 4 de septiembre de 2016

LOS FOTOCROMOS DE "EL EXPRESO DE CHICAGO" (EN TRIBUTO AL GRAN GENE WILDER)

No eran estos los fotocromos que tenía pensados para hoy, pero los hechos acaecidos "obligan". Sí, hace escasos días nos dijo adiós uno de los grandes, Gene Wilder. No necesita presentación, y la película de hoy tampoco, "El expreso de Chicago", cuyo éxito marcó el inicio de su asociación artística con Richard Pryor. Juntos formaron un dúo cómico de lo más entrañable y rentable esputando títulos como "Locos de remate", la muy entretenida "No me chilles, que no te veo" y "No me mientas... que te creo".
Ahora ninguno de los dos rula ya por este sucio planeta. Y disculpen si mis llantos se los dedico a Wilder, un tipo que siempre me cayó muy bien y, lo que es más importante, siempre me regaló montones de risas. Inevitable citar "El jovencito Frankenstein", pero también "Los productores", "Un mundo de fantasía" (eternamente mal tratada, pero que ahora comienza a ganar prestigio), "Todo lo que usted siempre quiso saber sobre el sexo pero nunca se atrevió a preguntar", "Sillas de montar calientes" y no olvidemos su faceta como director, especialmente con la exitosa "La mujer de rojo".
En fin, sirvan pues estos fotocromos para dar el último adiós a tan maravilloso loco de despeinados pelos rubios e intensa mirada azul. Ya le echábamos de menos desde el momento que se retiró del cine, pero más lo haremos ahora que sabemos que no volveremos a verle en una pantalla. ¿O sí?, esa es la grandeza de las películas, que siempre que uno lo quiera puede reencontrarse con sus actores favoritos y pasar un rato inolvidable con ellos, independientemente de que vivan o no, y del tiempo transcurrido. Y ver de vez en cuando a Gene Wilder es siempre, simple y llanamente, un gustazo.
Descanse en paz, caballero.













lunes, 8 de septiembre de 2008

LOS PRODUCTORES

Parece más que claro lo mucho que el cine de Mel Brooks nos tira a los miembros de este blog, así que con el caballero seguimos.
El primer film de Brooks es, por otro lado, un filón que a su artífice le sigue proporcionando a día de hoy mastodónticos beneficios en forma de musical. De hecho, en los teatros españoles no hace demasiado que se estrenó, con actores que ni de coña le llegan a la suela del zapato a los enormes Gene Wilder y Zero Mostel y su habitual manía de mirar a la cámara de vez en cuando.
Un productor de musicales, venido a menos, convence a un contable para preparar una estafa: Reunir un montón de guita engañando a un grupo de ancianitas para que inviertan en un nuevo proyecto, gastar lo menos posible, esperar que fracase y, así, quedarse la diferencia. Para asegurarse el tiro deciden que sea el peor musical jamás llevado a un escenario, 
una apología del nazismo. Obviamente, será un éxito rotundo.
Hacía años que no me sentaba ante esta película, y hay que ver lo bien que se conserva y lo disfrutable que es. Quizás se trate de la comedia mas estándar de Brooks, y también una de las mejores, un autentico festival de risas para todo amante del género que se precie de serlo.
Cinematográficamente hablando tampoco desmerece, ya que contiene una escena mítica y que debería recordarse tanto como a Gene Kelly encaramado a la farola, aquella en la que Mostel y Wilder bailan alrededor de una gigantesca fuente. Esta peli apesta a clásico por los cuatro costados.
Naturalmente, lo mejor es el dúo protagonista, en especial Gene Wilder, muy jovencito, pero dejándonos ver ya toda su capacidad, con esos absurdos registros faciales que hicieron de este hombre uno de los reyes de la comedía. Es cuestión de tiempo que a este actorazo se le redescubra.
Un peliculón en toda regla. Cuenta con un fallido remake de 2005 que pasaré a reseñar un día de estos.

domingo, 26 de diciembre de 2010

EL JOVENCITO FRANKENSTEIN

No cabe duda que esta es, no ya la mejor comedia de Mel Brooks, sino una de las mejores comedias de todos los tiempos, y uno de los extraños casos de parodias que superan con creces el material que homenajean. Por lo que a mi respecta, el "Frankenstein" de la "Universal" es cojonudo, pero "El jovencito Frankenstein" es infinitamente mejor, no solo por contener algunos de los gags más brillantes de la historia del cine, si no porque recrea la atmósfera de la original a la perfección. A lo que voy es que si "El jovencito Frankenstein" fuera una película de terror, sería más convincente el monstruo interpretado por Peter Boyle que el Boris Karloff. Y ahora que los puristas digan lo que quieran, que me la trae floja.
¿Y cómo soporta la peli el paso de los años? Maravillosamente. Lo cierto es que no decae ni un poquito. Se sostiene por si misma desde el primer fotograma, desde la primera escena con Gene Wilder explicando sus teorías sobre la muerte cerebral, e insultando a la cobaya humana que le sirve para demostrar esas ideas (“cochino, cerdo, ¡HIJO DE ZORRA¡” ¿Se acuerdan? ) y mantiene ese ritmo hasta el final. De antología son los gags del encuentro del monstruo con la niña que tira flores al pozo, se le acaban y le pregunta “¿Y ahora qué tiramos?”. Boyle, para conseguir una estruendosa carcajada, tan solo tiene que mirar a cámara de manera cómplice. Ya sabemos lo que viene después, pero por si a alguno se le había olvidado, podemos ver a la niña volar por encima de la cabeza de sus preocupados padres, que se preguntan donde estará. La cría aterriza sobre su cama, a la par que sus padres abren la puerta, y allí se la encuentran durmiendo plácidamente. Una escena que solo podía haber sido coreografiada por un maestro. ¿Y qué decir del cameo de Gene Hackman? Ese ciego que pide a dios un poco de compañía y de pronto irrumpe el monstruo en su casa. En su intención de colmar a su visita de atenciones, por poco lo devuelve a la tumba, abrasado, empapado y quemado.
Y el mejor gag de la peli, justo cuando el monstruo ha cobrado vida, que Gene Wilder se está vanagloriando de su creación, a Igor, interpretado por el gran Marty Feldman no se le ocurre otra cosa que sacarse de su bolsilla un cigarrito y encenderlo, motivo este por el que descubrimos que el monstruo tiene miedo al fuego. Y me podía tirar así un rato largo (Nota de Naxo: Has olvidado el de "a... no se qué". Ese para mí es la joya)
A la hora de decidir si reseñaba o no esta peli he tenido dudas, porque, salvo que es genial en todos sus aspectos, no se qué más puedo decir de ella. Creo que de esta peli está todo dicho. Pero sí, me quería dar el gustazo de comentar lo buena que es y que forme parte de este blog, porque lo merece (la película.... y el blog, claro).

domingo, 9 de agosto de 2015

LOS FOTOCROMOS (Y EL PÓSTER) DE “TRANSYLVANIA 6-5000”

Hablar de "Transylvania 6-5000" significa hacerlo de un personaje que desde chavalín siempre me llamó la atención, Rudy De Luca. Si algo destaca en su curriculum es la larga asociación que mantuvo con Mel Brooks, para quien co-escribió guiones ("La última locura", "Máxima Ansiedad") y actuó ocasionalmente ("La loca historia del mundo", "Spaceballs" o en la misma "Máxima Ansiedad" interpretando su personaje más mítico, el del asesino que se pirra por matar. Años después lo retomaría a modo de homenaje en "El silencio de los borregos", donde hizo amistad con su director, el infame Ezio Greggio. Tanto es así que volvería a colaborar con él como escritor en otro de sus spoofs, "Box Office 3D: il film dei film"... la tengo por ahí pero no me atrevo a verla). Cuando no curraba para el director de “Los Productores”, De Luca ponía su estampa en otras comedias bien reconocibles como “Cavernícola”. Todo esto, y un par de leves experiencias como director en la caja tonta, dio alas al caballero para debutar el año 1985 en el largometraje para cines con "Transylvania 6-5000", una comedia de terror. Resulta curioso que cuando los colaboradores de Brooks pasan a la dirección han de facturar, cuanto menos, una comedia de terror, caso también de la peli que comentamos hace un par de semanas, "Terrorífica luna de miel" de Gene Wilder. Es como si pensaran "Bueno, si se me asocia con Mel Brooks, y Mel Brooks es famoso por "El jovencito Frankenstein", eso quiere decir que lo más lógico sería hacer algo por el estilo". Craso error, porque tanto "Terrorífica luna de miel" como esta "Transylvania 6-5000" son productos criminalmente fallidos... en todo, pero especialmente en lo único que esperas de ellos: hacer reír. De hecho, después de esta peli, Rudy De Luca no volvió a dirigir absolutamente nada más (curiosidad: se asoció de nuevo con Mel Brooks para otro parodia del cine de terror ya en la etapa chunga del judío, la muy mediocre "Drácula, un muerto muy contento y feliz").
“Transylvania 6-5000” llegó aquí de la mano del infame/fascinante José Frade. Recuerdo que el cartel me flipaba, y no es pa menos -como pueden comprobar- porque está muy bien. Pero no fui al cine a verla, lo hice con la familia en casita gracias a las bondades del VHS. Desafortunadamente nos aburrió y no nos hizo desternillarnos de risa ni nada que se le parezca. La verdad es que no he vuelto a verla desde entonces, igual debería probar... tal vez..... Aunque tras lo experimentado con "Terrorífica luna de miel" no albergo muchas esperanzas.
La cosa va de unos periodistas de personalidades muy opuestas (uno muy escéptico, el otro todo lo contrario) que son enviados a investigar en un castillo de Transylvania porque dicen haber visto a la criatura de Frankenstein y otros monstruos. Cosas que recuerdo: el gag de cuando todo el personal del lugar sufre un ataque de risa al preguntar uno de los periodistas por los mentados seres (empezaba bien, pero se hacía muy largo) o el asqueroso, forzadísimo y estúpidamente meloso "happy end".
Sin embargo, en lo que "Transylvania 6-5000" sí destaca y mucho es en su extenso, florido y notable reparto. Tenemos a Jeff Goldblum, que no necesita presentación. Joseph Bologna (curiosamente venía de interpretar a uno de los amigos de Gene Wilder en "La mujer de rojo"). El rubito Ed Begley Jr. Carol Kane (de "Llama un extraño"). El pederasta Jeffrey Jones. Una erotiquísima Geena Davies, medio enseñando las tetitas, en su tercer papel pal cine que a mí de chaval me puso mu farruquito (fue en este rodaje donde ella y Goldblum se conocieron pa liarse más adelante). La actriz de comedia Teresa Ganzel, que mostraba las tetorras en "La gran locura americana" (lástima que de cara deje bastante que desear). El hoy detestado -por sus comentarios racistas- Michael Richards de "Seinfeld" interpretando a un agotador mayordomo obsesionado en resultar gracioso (otra de las cosillas que recordaba de la peli) y el propio Rudy De Luca parodiando a "Lawrence Talbot", el hombre lobo clásico, llamándose "Lawrence Malbot".
Para 2016, Rudy anuncia su regreso a la escritura cinematográfica abiertamente cómica con una cosa titulada "Big Finish". ¡Molt bé, home!.
Todo este macro-rollo tiene una utilidad: Introducir los fotocromos y el póster de la época que José Frade se encargó de fabricar para promocionar en las Españas "Transylvania 6-5000", cortesía, cómo no, de Alex Gardés...














lunes, 15 de agosto de 2022

MAGIC

“Magic” es una estupenda película de finales de los 70 que, aun habiéndose estrenado en nuestro país en su momento, y por lo general, no ocupar el lugar que se merece a causa de ciertos problemas de distribución —la Fox solo contaba con una parte de los derechos— han relegado, a nivel internacional, al nicho televisivo, donde durante años se ha emitido con regularidad. En los USA, hasta su reciente aparición en Blu Ray, nunca había tenido edición en vídeo o DVD. En nuestro país, sin embargo, ha contado con varias de origen sospechoso; primero fue editada en VHS de mala manera por I.V.E y, veintitantos años después, lo fue en DVD por R&S distribuciones, que nos ofrecía una copia infecta en pantalla cuadrada y con una caratula cutre a más no poder. Además, llevaba un subtítulo no oficial por el que hoy es conocida la película: “El muñeco diabólico”, cosa del todo incomprensible si tenemos en cuenta que en su estreno por salas se lanzó simplemente como “Magic” -acompañándose por un pequeño subtítulo que rezaba: “Una historia de amor alucinante”- y por el más que obvio hecho de que ya existía una película extremadamente popular que llevaba ese título —la de Chucky, por supuesto—. Más adelante, con la fiebre del DVD pirata, se lanzaría una nueva edición totalmente fraudulenta que, sin embargo, respetaría su formato original de dieciséis novenos y una calidad de imagen mayor que la de las anteriores.
Como fuere, se trata de una perturbadora película a mayor gloria del talento de Anthony Hopkins que en su momento, ya solo el trailer, presentado por el muñeco de ventriloquia protagonista, Fats, aterró a las plateas de finales de los 70 de manera sorprendente, teniendo incluso que retirarlo porque provocaba ataques de nervios a los espectadores.
La película, que se basa en una novela escrita previamente por el guionista William Goldman —que recibió la friolera de un millón de dólares por los derechos para la adaptación al cine y la escritura del libreto— cuenta la historia de Corky, un joven mago al que no le va muy bien en sus incursiones en las “Open nights” de los locales de la ciudad. Para reforzar su espectáculo, lo mezclará con un numerito de ventriloquia en el que un muñeco a imagen y semejanza suya hará chistes obscenos a la par que interactuará con los juegos de magia. Y la cosa así, sí que funciona. De esta forma, un exitoso manager decidirá lanzarlo al estrellato presentando el número de Corky a la cadena de televisión HBO. La única condición que pone el canal, es someter al artista a un reconocimiento médico, cosa a la que este se niega irracionalmente, huyendo a su pueblo natal para no tener que oír hablar del tema. Allí se reencuentra con su novia del instituto, con la que mantendrá un affaire.
Cuando su manager se presenta allí de improviso sospechando el por qué de su animadversión hacia la prueba médica, comprobará que Corky tiene un severo trastorno mental, puesto que le pilla teniendo una acalorada discusión con su muñeco.
Todo se complicará cuando Corky, dominado por su propia marioneta, asesina al manager. Pero ¿es una enfermedad mental de Corky? ¿O es que el muñeco tiene vida propia?
Por supuesto se trata de una película con más de cuarenta años y el impacto que pudiera provocar al espectador en 1978 es considerablemente menor al causado hoy en día, pero, por encima de la capacidad para aterrarnos, queda la calidad de la obra, excelentemente rodada por Richard Attenborough que con un ritmo pausado, que se torna histérico en las secuencias de mayor tensión, consigue que el espectador se quede pegado a la butaca sin pestañear. Da gusto sentarse a ver una película como esta en los tiempos que corren.
Attenborough no era más que uno de los varios nombres que optaban a la silla de director, de hecho aceptó rodarla porque de esta manera se aseguraba la futura financiación para su proyecto sobre Gandhi, pero hubo varios antes que él que aspiraban a encargarse de “Magic”, entre ellos Spielberg, del mismo modo que se barajaron actores de la talla de De Niro o Jack Nicholson —cuenta la leyenda que rechazó el papel de Corky porque se le imponía usar bisoñé y no quiso...—. También se pensó en contratar a Gene Wilder para que pusiera voz al muñeco, pero el productor Joseph E. Levine se opuso rotundamente, alegando que no quería ningún cómico en la película, ya que consideraba acabaría con el tono eminentemente serio que debía llevar “Magic”. Con los años, se llegó a preguntar a Wilder en una entrevista si había algún papel que le hubiera gustado interpretar y respondió, tajantemente, que el de Corky en “Magic”, ya que estimaba podría haberlo efectuado estupendamente. Yo, casi le secundo.
“Magic” es un clásico relativamente olvidado, y uno de los títulos influyentes de la época. El propio Don Mancini asegura cuanto debe a “Magic” su creación “El muñeco diabólico” y, de hecho, en la reciente serie de televisión sobre Chucky, incluye una escena que homenajea directa y abiertamente a la película de Attenborough. Pero no solo Chucky bebe de esta; todas las de muñecos de ventriloquia asesinos posteriores la tienen bien presente, si bien tampoco es la primera dentro de lo que podríamos llamar un subgénero (otra destacable es "Devil Doll" dirigida por Lindsay Shonteff. Curiosamente conocida en España como ¡¡¡"El muñeco diabólico"!!!!). Lo que sí que es, sin duda, es la mejor.
Junto a Anthony Hopkins, tenemos en el reparto a un inmejorable Burgess Meredith, a Ann-Margret y Ed Lauter en el papel de su esposo, que acusa problemas mentales tan severos, o más, que los del personaje de Corky. Todos están geniales.
Una de las imprescindibles de los 70.

viernes, 27 de octubre de 2023

FRANKENSTEIN HOSPITAL GENERAL

A los gacetilleros americanos, esos que gustan tanto de realizar listas clasificando lo más deficiente, señalan esta película como la peor de cuantas se han rodado a cerca del mito de Frankenstein. Eso a grandes rasgos para que nos hagamos una idea de a lo que nos enfrentamos. Y quizás se quedan cortos en cuanto a sus apreciaciones. “Frankenstein Hospital General” es francamente mala, una de esas comedias que no hacen gracia cuando lo pretenden… ni tampoco cuando no. Sustentada a base de estúpidas conversaciones —porque el presupuesto es tan bajo que no llega para ningún gag visual a la spoof— cuenta la historia del bisnieto del Dr. Frankenstein, que se hace llamar Dr. Frankenheimer y trabaja en un hospital. En el sótano ha montado un laboratorio donde, con la ayuda de un contrahecho llamado Iggy, pretende juntar partes humanas con el fin de dar vida a una criatura superior. Cuando lo consigue, esta da signos de clara subnormalidad, sembrando el caos en el hospital. ¿Les suena, más o menos? Efectivamente, “Frankenstein Hospital General” trata de ser una sucesora de “El jovencito Frankenstein”, pero, como si de la misma criatura de la película se tratara, esta ha salido bastante subnormal.
Rodada en color en las escenas que transcurren dentro del hospital, se torna al blanco y negro en las que los protagonistas se encuentran en el laboratorio, en imágenes que parecen directamente plagiadas —mal plagiadas— del clásico de Mel Brooks. Esto sería el único toque original de toda la cinta que, a su vez, es su mayor torpeza, evidenciando lo mucho que se quiere parecer a “El jovencito Frankenstein”, máxime cuando hace acto de presencia el monstruo cuyo parecido al interpretado por Peter Boyle es manifiesto. Hasta emite la misma clase de sonidos. Y el espectador acaba sonrojando.
El resultado de esta comedia paródica es verdaderamente desasosegante. Un total y absoluto aburrimiento. La nada.
A finales de los años ochenta, rozando los 90, cuando esta película de 1988 fue lanzada directamente a vídeo por el sello Midwest (que era uno más de los subsellos de la mítica distribuidora Record Vision) en nuestro país, recuerdo ver la caratula en las estanterías y pensar que se trataba de una mala película de terror, porque eso es lo que parece si no nos fijamos bien y reparamos en que el edificio que representa el hospital, es también una cabeza de Frankenstein. Como fuere, nunca le dediqué mucha atención hasta hoy que me ha dado por verla.
El protagonista, no obstante, es un actor cómico de mucho talento que solamente sale en mierdas —con la excepción de la descojonante “Jeckyll & Hyde… Hasta que la risa nos separe” a la que adoro pero que, por norma general, está considerada también una peste—, Mark Blankfield, cuya filmografía la componen papeles secundarios y apariciones estelares en diversos spoofs (incluidos los de Mel Brooks), y que aquí da vida a un trasunto del Dr, Fronkonsteen de Gene Wilder poniéndole muchas ganas pero sin brillar en absoluto, por culpa, quizás, de la puta mierda de guion que tenía que escupir. Irwin Keyes, con su particular físico y gigantismo, da vida a un monstruo de Frankenstein que sería bastante convincente de no ser por lo más arriba expuesto; el intentar replicar, de modo nada inspirado, al de Peter Boyle. Pocos más destacarían en el reparto, pero, a modo de guiño, tenemos cameos imperceptibles para  Bobby Pickett, el autor de la clásica canción “Monster Mash” que aparece un momentito en la película. Esta se vanagloria orgullosa de contar entre sus filas con Lou Cutell. ¿Quién es Lou Cutell? uno que en “El jovencito Frankenstein” hace de aldeano sosteniendo la antorcha cuando quieren linchar al monstruo.
En cuanto a la directora de “Frankenstein Hospital General”, que también es actriz y montadora así como desempeña cualquier tipo de trabajo para el cine, o es una cachonda o realmente se avergüenza de su trabajo, porque, aquí firma bajo el nombre de Deborah Roberts, pero en realidad se llama Deborah Romare (o Deborah Sahagun después de casada), y según el trabajo que haga firma con un apellido u otro. Así, puedes ver créditos suyos como Deborah Blanchette, Deborah Romare Sahagun o Deborah Sarmiento... poco importa, no hay ni un solo trabajo actoral o de dirección que podamos destacar por encima de este.
A día de hoy “Frankenstein Hospital General” está olvidadísima. Y no me extraña ni lo más mínimo.

sábado, 20 de enero de 2024

¡TODO SOBRE MÍ!

En su autobiografía, Dario Argento perdía el entusiasmo y las ganas de narrar batallitas a medida que avanzaba la lectura. Es decir, a cada nueva película, menos tiempo le dedicaba. En la suya, William RIP Friedkin, simplemente -y muy acorde a sus radicales maneras-, se limitaba a ignorar aquellos títulos que no consideraba propios. Así, "El contrato del siglo" y "La tutora" no existían. Pues bien, lo mismo podemos aplicar a la reciente autobiografía del legendario Mel Brooks. No se salta títulos a lá Friedkin, pero sí actúa como Argento, dedicándoles menos atenciones de forma progresiva.
Es un hecho conocido y aceptado que el pequeño y enérgico judío se arrepintió muchas veces de haberse dejado llevar por el gustirrinín del éxito. Sus dos primeras obras, "Los productores" y "El misterio de las doce sillas", eran lo que él mismo califica de "comedias inteligentes". Sin embargo, que ninguna funcionara demasiado bien en taquilla le empujó a aceptar un encargo, el de una "comedia tonta" tirando a vulgar, "Sillas de montar calientes". Su monumental éxito condenó a Brooks de por vida, obligado a no salir nunca del camino que esta había trazado, centrándose en la parodia bufa de géneros cinematográficos populares. Apostando por productos menos a su gusto y más al del público, lo que se traduce en el obvio desencanto en el que se sumió su carrera como director de cine. A partir de "La última locura", Mel Brooks abordaba cada nueva empresa con menos entusiasmo y pasión que la anterior, limitándose a su rol de artesano de la comedia tonta. Y eso, como digo, se refleja en sus memorias. A la escasez de anécdotas interesantes y longitud, hay que sumar, incomprensiblemente, la reproducción de diálogos y gags extraídos de sus films. ¿No comprende que el lector interesado ya se sabe todo eso de memoria? ¿qué necesidad hay? ¿compensar la escasez de información? ¡¡coño, lo que yo quiero es chicha!! Desafortunadamente, el autor no tiene el corazón puesto en "La loca historia del mundo", "Spaceballs" o "Drácula, un muerto muy contento y feliz"... y se nota. Una pena.
Las cosas mejoran un poquito cuando llegamos a "Que asco de vida", película más en consonancia con sus dos primeras obras. Luego ya Brooks se olvida del cine, centrándose en su mayor satisfacción, el musical de Broadway inspirado en "Los productores". Este se come buena parte del tocho. Y a mi no es que me interesara demasiado, por ello terminé saltándome párrafos, especialmente aquellos en los que se limita a lamer ojetes.
Porque de culos húmedos y buenrollismo forzado los hay para matar y rematar. En la vida de Mel Brooks todo era color de rosa. Cuando se mete en algún tema pantanoso, lo pasa por encima y de puntillas. Como lo relacionado con el fallecimiento de Anne Bancroft, su esposa. Es comprensivo por el dolor que ello debe causarle, pero, siendo un momento tan determinante, se ve raro en una autobiografía. También descoloca que ni mente los finales de algunos de sus grandes colaboradores, es decir Gene Wilder, Marty Feldman o Madeline Kahn. En cambio, no tiene vergüenza alguna en dorarle la píldora a su hijo Max, presumiendo de méritos y logros que, obviamente, el chaval no hubiese conseguido de no ser "hijo de". Coño, la editorial de peso que editó su primer libro la regentaba un amigo íntimo de su puto padre... si eso no es enchufe, ya me dirán qué es.
Dejando de lado las películas propiamente dichas, el resto del tochito se centra en la vida del comediante. Sin embargo, mientras dedica líneas y líneas, a veces en exceso, a su infancia y, sobre todo, su participación en la segunda guerra mundial (tal vez por querer demostrarnos unos orígenes humildes y su sacrificio por la patria), a partir de que logra meterse en el mundo del espectáculo, el terreno personal pasa a un segundísimo plano. Tocándolo muy de vez en cuando, aleatoriamente y sin dar demasiados detalles.
Más interesante resulta la historia de Brooksfilms, la productora con la que pretendía rodar materia ajena a la comedia. Así, cual subtrama paralela, narra los pormenores de la hermosa "El hombre elefante" o "La mosca". Destaca en ese apartado la conflictiva confección de uno de sus pocos fracasos, "Guerreros del sol" (que no estaría mal revisar / reseñar). Pero, incluso esta, con los años dio beneficios. Ya les digo, en el universo de Brooks parece no haber lugar para las malas noticias y los descalabros, cuando todos sabemos que su carrera como director se fue desinflando, y mucho, con el tiempo. No me creo que hable de éxito taquillero respecto a algunas de esos últimos largometrajes. Supongo que el pequeño judío entendía el espectáculo como alegría, color, luz, positividad, siempre preocupadísimo por la audiencia. Podríamos decir que el libro está diseñado para eso, complacer al lector, no hacerle pasar demasiados malos tragos y concluir con una sonrisa. Y sí, el viaje es ameno y dinámico, solo que la sensación obtenida cuando terminas se parece mucho a dejar la mitad de la tarta sin devorar.
Tal vez "¡Casi todo sobre mí!" habría sido un título más adecuado.

domingo, 7 de septiembre de 2008

SILLAS DE MONTAR CALIENTES

Y seguimos con Mel Brooks. Después de "Máxima Ansiedad" le toca el turno a una de sus mejores y más célebres comedias, "Sillas de montar calientes", en la que el judío se ríe del western y, de paso, de los musicales. Curiosamente esta es su primera producción directamente adscrita al género "spoof", ya que antes la preceden un par de comedias más estándar, sin tanta fijación en el elemento paródico ("Los productores" y la aburrida "El misterio de las doce sillas"). Su éxito convertiría a Brooks en un auténtico especialista (muy a su pesar).
Un político corrupto quiere que el ferrocarril cruce por en medio de Rock Ridge, un pacífico pueblo. Pero sus habitantes se oponen. Tras un fracasado intento de asustarlos mandándoles un grupo de forajidos, toma una decisión radical, nombrar sheriff a un negro, asumiendo que no durará ni un día. Evidentemente las cosas se la torcerán cuando el tipo no sólo se adapte de maravilla, sino que logre hacerse amigo del tirador más rápido del condado.
Y este último no es otro que el inmenso Gene Wilder, quien se come la función con patatas. Le sigue el mismo Brooks, con dos papeles y un cameo fugaz, pero que destaca interpretando al alocado gobernador, dando pie a algunos de los momentos más descojonables de un film que apuesta por el humor más cazurro y delirante, los chistes a costa del racismo (y la homofobia) son continuos.
Llegado su tramo final, el realizador pierde los papeles y sitúa la acción en plenos años 70 y en medio de los estudios "Warner", donde los afeminadísimos bailarines de un musical (comandados por Dom De Luise) se pelean con los rudos cowboys. Hasta este último visionado, semejante desenlace me parecía excesivo, un "no sabemos por donde tirar"... pero hoy he cambiado de opinión, creo que es muy ocurrente y genialmente caótico.
Como decía, "Sillas de montar calientes" se inscribe perfectamente entre lo mejor de Mel Brooks, está repleta de gags inolvidables (¡Mongo!) y entretiene más que mucho.

viernes, 6 de octubre de 2023

EL HOMBRE DE ROJO

Obra de teatro producida por la compañía de comedias de Quique Camoiras y dirigida por el propio actor, que en cierto modo se aprovechaba del éxito de la película “La mujer de rojo”, por lo menos en lo que al título se refiere. Ni tan siquiera es una parodia de la misma. La única conexión que tiene esta obra con la película de Gene Wilder es la carátula con la que la grabación de la misma se distribuyó en vídeo —esta vez sí , una parodia del póster original de “La mujer de rojo”— y el hecho de que justo antes de abrir el telón, para dar comienzo a la función, se escuchaba, en el teatro donde se interpretase la obra, el “I Just Called”. Decir te amo” de Stevie Wonder. Por lo demás, se trata de una obra cómica para el total y absoluto lucimiento de Quique Camoiras en la que se cuenta con la particularidad de que, este, va vestido de riguroso rojo. Por lo demás, y con un par de decorados al máximo, se trata de la típica obra humorística en la que una serie de personajes entran y salen en escena mientras les suceden cosas. Todo muy exagerado y haciendo los actores un uso excesivo de la sobreactuación.
Así, cuenta la historia del dueño de un hotelito que se queja de que no va nadie, y cuando empiezan a llegar clientes parece molestarle . En esa tesitura habrá enredos de cama, señoritas en ropa interior, ladrones de variado pelaje y unas joyas escondidas. Todo ello a disposición de Camoiras que se erige como el rey indiscutible de la función contando con el beneplácito del público en todo momento.
Dos horas de implacable teatro de vodevil, largas como un día sin pan, con un humor que ya en el año de su producción, 1985, pecaba de rancio y obsoleto en lo que son los resquicios de un actor de otra época dando sus últimos coletazos en los 80. Esto en su momento debía tener mucha gracia —aunque yo nunca conecté con el humor de Camoiras, ni siquiera de niño—pero los fans del cómico entonces aún eran muchos y sus obras de teatro contaban con un gran éxito de público.
Más allá de esto, resulta curiosa la labor de preservación del teatro de revista que realizó, sin darse cuenta, la distribuidora de vídeo de José Luis Sánchez Codina Olimpy Vídeo. Además de producir películas de Mariano Ozores para su distribución exclusiva en cinta magnetoscópica y otro tipo de productos audiovisuales de difícil catalogación, también sacó un buen número de grabaciones de obras de revista de nuestros cómicos más queridos, a saber: Pajares y Esteso, Juanito Navarro, Antonio Ozores, etc… así como una integral de Quique Camoiras. Además de “El hombre de rojo”, otros celebrados títulos ochenteros de su compañía de comedia como puedan ser “Don Armando Gresca” o “Qué solo me deja”, conocieron su propia edición. Lina Morgan,
Al margen de lo que estas obras le puedan parecer a uno (a mí unas me hacen más gracia, otras, como las de Camoiras, ninguna), lo que es cierto es que Olimpy registró en vídeo un material que, De otra manera, se habría perdido para siempre. Lo grabó, distribuyó y rescató del más vil de los olvidos. Hoy estas cintas no tienen demasiado valor, no están demasiado cotizadas en el mercado del coleccionismo pero, desde luego, son un documento histórico de nuestro teatro, vodevil o no, y nuestro humorismo imprescindible si se quiere estudiar o conocer la comedia de primera mano.
“El hombre de rojo”, por sus características, y que todavía coleaba en el imaginario colectivo la película a la que toma como reclamo, puede que sea una de las cintas de Olimpy Vídeo más recordadas.

viernes, 29 de agosto de 2008

MÁXIMA ANSIEDAD

Aaaay, ¡el cine y su poder curativo!. Nada como una buena dosis de peliculismo para que todo lo feo desaparezca durante 90 minutos (con suerte). Eso sí, hay que elegir la película adecuada, por supuesto. ¿Es esa "Máxima ansiedad"?. Hombre, quizás no sea la mejor de las recetas, pero el dolor de cabeza lo quita, desde luego.
Estamos en 1977. El bueno de Mel Brooks dejaba atrás su etapa dorada ("El jovencito Frankenstein", "Sillas de montar calientes", "La última locura"...) y comenzaba a decaer. Vale que aún faltaba por venir la divertida "La loca historia del mundo" pero, siendo francos, el hombre no volvería a revivir sus momentos más inspirados (curiosamente, estos coinciden cuando en su cine dejan de intervenir Gene Wilder y Marty Feldman). Por eso "Máxima Ansiedad" ya comienza a hacer muestras de cansancio, sobre todo desde su mitad hasta el final.
Por si no lo sabíais, se trata de un homenaje paródico al cine de Alfred Hitchcock. Hay citas a "Psicosis", "Los pájaros", "Vértigo" o "Con la muerte en los talones" y en general Brooks intenta recrear, a su manera, el estilo del maestro del suspense. Por ahí dicen que no lo consigue, aunque claro, Brooks no es Hitchcock... y este no es Brooks, así que...
El caso es que en la peli el judío interpreta a un psiquiatra que entra como director de un instituto dedicado a curar la mente de los muy, muy enfermos (literalmente). Una vez allí, descubrirá un complot para asesinar a un importante empresario, movida que intentará detener con ayuda de la hija de aquel. O algo parecido, tampoco es que me quedara muy claro. ¡Pero no importa! Lo que sí importa es que "Máxima Ansiedad" es una comedia tontorrona, sin nada especialmente llamativo (salvo los gags directamente inspirados en "Los pájaros" y "Psicosis" y las coñas a costa de retorcidos movimientos de cámara), pero que entretiene lo justo.
Para llevarla acabo, Brooks se rodeó de algunos de sus habituales, como Madeline Kahn, Cloris Leachman, Harvey Korman, Ron Carey o Charlie Callas. En el guión tenemos a Rudy De Luca (el hombre que un poco después dirigiría "Transylvania 6-5000". En la peli interpreta a un divertido psicópata que adora matar) y Barry Levinson, nada menos, el prestigioso director de "Rain Man" que en aquella época solía colaborar con Brooks y los suyos. Además, interpreta a un desquiciado botones tan aficionado como Norman Bates a interrumpir la sagrada hora de la ducha.

sábado, 30 de mayo de 2020

EL MISTERIO DE LAS DOCE SILLAS

En el agradable pero poco vistoso audio comentario de la simpática/tontuna "Spaceballs, la loca historia de las galaxias", Mel Brooks explica, no sin cierto desencanto, que el éxito de "Sillas de montar calientes" fue su bendición y a la vez su maldición. Hasta entonces únicamente había dirigido dos películas de presupuesto modesto y que él consideraba "personales", "Los Productores" y esta de la que pasaré a hablarles hoy, "El misterio de las doce sillas". Un par de comedias no excesivamente desmadradas, con un cierto poso realista, lejos del elemento paródico, metacinematográfico, abiertamente bufo y referencial que sería una constante en casi todo el resto de su carrera a raíz de aquel peculiar western de guasa. El pequeño judío literalmente comenta que tras semejante éxito había "emprendido el camino equivocado" y que tendría que haberse mantenido fiel a sus primeras películas y "olvidarme de todo este asunto de tener que llenar asientos en los cines". Unas palabras muy reveladoras y que aclaran mucho la naturaleza de "El misterio de las doce sillas", extrañamente ambientada en la Rusia de los años 20 (y basada en una novela de idéntica procedencia). 
Una aristócrata, caída en desgracia tras la revolución, confiesa el día de su muerte que ocultó todas sus joyas en el fondo de una de las lujosas doce sillas que amueblaban su antigua mansión. El yerno de la muerta, el cura golfo que la ha confesado y un joven vagabundo saldrán a la búsqueda de tan preciado tesoro, viviendo toda suerte de trifulcas más o menos graciosas.
Cuando era jovencito, y mi fanatismo por Mel Brooks se encontraba en pleno apogeo, consideraba "El misterio de las doce sillas" su película más aburrida y menos divertida. Y es cierto que puede ser así, pero ello no significa que sea la peor. Seguramente, desde un punto de vista cinematográfico y "autoral", son más malas algunas de las que hizo en los 90. Pero aún así, por estúpidas y chorriles, aquellas resultan incluso más amenas que esta tragicomedia en la que, como decía, tenemos a un Brooks bastante contenido, dispuesto a explotar cierto tono más de enredo antes que absurdista, añadiendo unas gotitas de slapstick, sobre todo por ciertas secuencias aceleradas. Sonríes a ratos, sí, pero la verdad es que no es una peli tremendamente divertida y, además, gasta un tono gris y cuenta con un final sutilmente amargo que de chaval no me gustó nada de nada (aunque el de la novela es peor, con un crimen de por medio).
El florido reparto lo componen Ron Moody, un debutante Frank Langella (papel que quería hacer Gene Wilder, pero Brooks se lo negó al considerar que no pegaba como galán/golfo, por lo que el rizado actor acabó rechazando salir en la peli) y un Dom DeLuise desatadísimo. Inevitablemente, el propio Brooks se reserva un papel secundario.
Vista hoy día, quizás mis impresiones han mejorado sustancialmente, pero no tanto como para incluir su dvd o blu-ray en mi colección. Será que tengo mal gusto, o que soy demasiado simple, pero sigo prefiriendo aquellas obras que Mel Brooks hizo después, destinadas a "llenar asientos en los cines".

sábado, 10 de mayo de 2025

LA BESTIA DEL REINO

Según datos fiables, cuando los dos Terrys pertenecientes al clan "Monty Python" -es decir, Gilliam y Jones- compartieron la dirección del -verdadero- largometraje de debut del grupo cómico, uséase "Los caballeros de la mesa cuadrada", chocaron sobre todo en un aspecto: el detallismo. Por lo visto, al yanki del grupo (Gilliam), le pirraba eso de currarse hasta la extenuación el aspecto plástico de cada puñetero plano, fijándose en lo más nimio a la búsqueda de una ambientación medieval tan perfecta como realista. Y, claro, ello atrasaba el rodaje para mayor desesperación de su compañero, Jones, más práctico y acostumbrado al modo televisivo -y rápido- de ejecutar las cosas. Tal vez, a causa de la posible insatisfacción resultante, Gilliam se lio con otra fábula medieval en cuanto tuvo ocasión (solo dos años después), "La bestia del reino" y, esta vez, comandada exclusivamente por él, a su gusto, pudiendo dedicar el tiempo necesario (a pesar de contar con escaso montante y, por ello, limitando muchas veces las tomas a una única oportunidad) a las mariconadas estéticas. Y, tal vez again, por ello la ambientación de los años oscuros resultante es aún más sucia, cutre, degradada y, claro, detallista, de lo que fue en "Los caballeros de la mesa cuadrada". Justo, toda aquella "lugubredad", los pasillos de los castillos envueltos en perpetua sombra, los parajes siempre neblinosos, los dientes negros de prácticamente el reparto completo, las pústulas en la piel, etc, etc... fueron lo que me traumó cuando la tele de Cataluña la programó siendo yo un impresionable jovenzuelo. Eso y, por supuesto, el tremendo despliegue de gran guiñol y chorreante gore. Todos conocemos lo mucho que a los "Python" les molaba, eventualmente, tirar de esas maneras en sus películas. Se supone que era John Cleese su más dedicado practicante. Pero, visto lo visto, Terry Gilliam también tenía mucha culpa. En "La bestia del reino" dichos excesos sanguinolentos alcanzan cotas brutales, de difícil digestión para un crío. Lo que, como decía, sumado a toda la cochambre y mierda abundante, pues imaginen el resultado. Tal vez por ello el film, según leí ayer mismo, gasta cierta mala fama. Especialmente considerando la dirección que tomaría la carrera de su responsable, mucho más reputada y culturamente aceptable -para el resto, no es mi caso-. Pero "La bestia del reino" (simpático título patrio del muy musical y original "Jabberwocky") era SU película de debut y el muchacho, joven y cargado de energía, se dejó llevar por el lado salvaje.
Remarco lo de SU porque, inevitablemente, y como solía ocurrir en la época, durante muchos años se consideró "La bestia del reino" como un film de los seis "Monty Python" al completo (ver imagen acompañatoria como ejemplo). Algo trasladable también a la siguiente obra de Gilliam, "Los héroes del tiempo", y que a él le cabreaba como una mona en celo. Tanto como para incluso batallarlo legalmente, hasta lograr que un juez dictaminara como "castigable" dicha equivocada (o mal intencionada) asociación. Las pelis de Terry Gilliam son única y exclusivamente de Terry Gilliam, aunque para parirlas contara con ayuda eventual de otros "Python" y estas guarden paralelismos con la obra del sexteto. En el caso de "La bestia del reino" la cosa es evidente. Su semejanza y conexiones con "Los caballeros de la mesa cuadrada" resultan inconfundibles y directas, tanto como recibir un sopapo. Diría incluso que hay guiños buscados aposta. La presencia del invencible y misterioso "Caballero Negro" está entre los más obvios. También el nombre del personaje protagonista, Dennis, encarnado -en ambas películas- por el entrañable integrante del clan Michael Palin. Igualmente encontramos al "otro Terry", Jones, en un papelillo memorable (supongo que sería todo un gusto para él poder vérselas en semejante tesitura sin tener que discutir con su colega). Y, dato curioso, el mismo John Cleese rechazó la oferta para participar. Gilliam, además de dirigir, co-guionizar y unas cuantas cosas más, se marca un cameo en el que es llamativamente devorado por la bestia del título, lo mismo que el otro Terry. En ambos casos los cadáveres quedan reducidos a un esqueleto sangrante con puntuales pedazos de chicha en sus masticados huesos... y, ¡¡cuidao!!, la cabeza perfectamente impoluta. Desconozco si fue un efecto buscado aposta por sus responsables, pero en la época, durante el visionado vía televisión, fue un familiar el que detectó que dicho modo de proceder por parte del monstruo era igual al de "comer sardinas", te zampas todo menos el perolo. Muy gracioso.
Pues sí, la cosa va de criatura hedionda aterrorizando un reino. En eso que un jovenzuelo de noble corazón, pero algo lerdo, llega en busca de fortuna. A pesar de su primigenia mala suerte, terminará por accidente enfrentado a la bestia, venciendo y llevándose los respectivos laureles... aunque, en este universo, y en la mente del mal lechado Gilliam, ello no se traduce, para nada, en un final feliz. Toda "La bestia del reino" gasta un cabronismo notorio. Es más, diría que la misantropía chorrea por sus fotogramas. Apenas abundan los personajes positivos. Aquí todo dios es despiadado, interesado, traicionero, imbécil y cruel, muy cruel.
En fin, disfrutaría como un enano detallando las muchas amputaciones, mutilaciones y barbaridades que presenciamos asombrados a lo largo del film (algunas dignas de "Mal Gusto", y no voy desencaminado, el propio Peter Jackson ha declarado en sendas ocasiones que su sentido del gran guiñol es pura consecuencia de un amor procesado a "Monty Python" y, entendemos, los curreles individuales de sus integrantes) o deteniéndome en el aspecto del monstruo. Alucinante. Algo así como una gallina diabólica. Cojonudamente diseñada y ejecutada. Pero todo eso se lo dejo a ustedes, si es que no han tenido todavía la sabia idea de consumir esta película. Una que sin ser redonda, ni especialmente graciosa -de hecho, a ratos le pesa el culo-, merece la pena por sus muchos aciertos y sorprendentes salidas. En cualquier caso, y por no perder las viejas costumbres -ni formas-, comentaré brevemente algunos de los rostros que asoman por sus fotogramas, todos ellos inconfundiblemente británicos (a pesar de contar con un director de origen yanki) y asociados a títulos muy propios de la naturaleza de este ciber-antro: John Le Mesurier (de "El hermano más listo de Sherlock Holmes"), Bernard Bresslaw (el cíclope de "Krull"), Neil Innes (algo así como el séptimo "Monty Python", uno especialmente interesado en el apartado musical), Bryan Pringle (el siniestro criado de "Terrorífica luna de miel", otra curiosa conexión con Gene Wilder), la tetuda y carnosa Alexandra Dane (mostrar escotazo fue una constante a lo largo de su carrera, sobre todo en comedias picantonas), Brian Glover (el malcarado cliente de "La oveja degollada" en "Un hombre lobo americano en Londres") y nada menos que David Prowse, es decir, el "Darth Vader" original. Ese mismo año 1977, mientras alcanzaba velada notoriedad encarnando a tan icónico villano, intervenía en el film de Terry Gilliam nuevamente oculto tras un casco y su armadura bañadas en negro tizón.